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mascotas

los perros también van a misa


Predican a los cánidos en Westchester. Una congregación presbiteriana acepta perros, a los que el pastor considera parte de la familia de la iglesia.
[Jeff Gottlieb] Cuando el servicio presbiteriano estaba a punto de comenzar, uno de los fieles empezó a hacer problemas, haciendo un espectáculo de sí mismo una vez más un domingo. Pero eso es lo que otros miembros de la iglesia de Westchester esperan que haga Mr. Booby.
En la Iglesia Presbiteriana del Pacto [Covenant Presbyterian Church] en Westchester, los perros como Mr. Booby son feligreses bienvenidos en los servicios nocturnos del domingo, donde los aullidos y repentinos ataques de rascadera pueden interrumpir las oraciones, y la hucha de la colecta lleva tentempiés para caniches y cobradores por igual. Y el Reverendo Tom Eggebeen dijo que entiende perfectamente bien que algunos de los asistentes deban salir una que otra vez.
La idea que inició el servicio, explicó Eggebeen, era hacer más confortable la asistencia a la iglesia, que tiene 120 miembros, sin contar una docena de perros que normalmente asisten al servicio. Gatos y otros animales no son admitidos, quizás debido a la creencia de que de todas las criaturas de Dios, los perros son los que probablemente necesitan más cuidados.
"Lo esencial del asunto es ofrecer un servicio de culto para toda la familia, incluyendo a los amigos cuadrúpedos... Sus mascotas son muy, muy importantes para ellos y prácticamente son consideradas como integrantes de la familia", dijo. "Yo no podría subir al púlpito el domingo y decir: ‘Dejad a vuestros hijos en casa’".
Más que un truco ingenioso o un esfuerzo para aumentar la asistencia, los servicios con perros son parte de un creciente movimiento en las iglesias a favor del reconocimiento del vínculo emocional entre los humanos y sus mascotas.
Las bendiciones de animales, funerales y orientación psicológica para superar la pérdida de una mascota son cada vez más comunes en muchas denominaciones.
La Iglesia del Pacto no es la única que permite a perros en la iglesia. La Iglesia Presbiteriana Underwood Hills, en Omaha, ha estado realizando sus Paws for Prayers desde diciembre de 2008, pero va a terminar con el programa debido a la decreciente asistencia, tanto humana como animal.
La pastora de Underwood Hills, Becky Balestri, dijo que ha recibido más bromas que objeciones, y la gente pregunta si el himno de la reunión es ‘How Much Is That Doggie in the Window’.
Laura Hobgood-Oster, profesora de religión y estudios medioambientales de la Universidad Southwestern en Texas, contó que la bendición anual de animales en las iglesias se venía realizando desde hace varias décadas.
Dijo que los perros empezaron a asistir a un pequeño número de iglesias hace tres o cuatro años, pero que ha encontrado un artículo en un diario del siglo 19 de una pequeña iglesia de Texas que escribía sobre la asistencia de perros bien adiestrados a la iglesia.
Eggebeen dijo que no había recibido reacciones de las autoridades presbiterianas.
"Si estuviera sacrificando pollos, quizás la jerarquía diría algo, pero en lo esencial las congregaciones presbiterianas se han mostrado bastante indiferentes", dijo.
Aunque ha recibido tarjetas y cartas de todo el país felicitándolo por el servicio con perros, también ha recibido "algunas cosas realmente odiosas".
Un escritor en una página web religiosa atacó a Eggebeen, diciendo que gente como él "difunden un falso Evangelio".
"El primer paso para ser miembro de una iglesia o la razón para asistir a un servicio religioso debería ser la convicción, no la comodidad", escribió. "Si te sientes repentinamente llamado a oír la palabra de Dios porque Fido puede ir contigo, entonces deberías reconsiderar el propósito de tu salida".
Una tarde de un domingo reciente, diez personas y ocho perros se unieron a Mr. Booby, en el servicio canino de la Iglesia del Pacto en Westchester.
Los perros estaban con correa, y cada uno recibió una almohadilla de lana de oveja artificial para que pudieran echarse, mientras sus dueños se sentaron en sillas plegables.
Un par de velas parpadeaban sobre la mesa. Cuando los dueños echaban dinero en la hucha, recibían a cambio un bizcocho para perros.
Los animales estuvieron tranquilos durante los treinta minutos del servicio, excepto por un ocasional ladrido de Mr. Booby.
Sin embargo, los perros son, después de todo, perros, pese a las protestas de algunas personas.
Cuando uno empieza a ladrar, a veces los otros se unen, como un pastor dirigiendo un coro desafinado. "Cantamos ‘Sublime gracia’ y eso parece calmarlos", dijo Eggebeen.
En un servicio, un perro se volvió tan pendenciero que su dueño lo tuvo que sacar fuera. "Pero he visto lo mismo con niños revoltosos", dijo el pastor.
La Reverenda Donna Lee Merz y Gracie, su perro salchicha en miniatura, son asistentes habituales en el servicio con perros en la Iglesia del Pacto, incluso aunque Merz es la pastora de la Primera Iglesia Presbiteriana de Gardena.
"Son momentos apacibles estar con Gracie juntas en presencia de Dios", dijo.
El dueño de Mr. Booby, Leonard Yee, dijo que su mestizo de bulldog espera con ansiedad el servicio. "Le encanta", dijo Yee. "Lo reconoce cuando estamos en el estacionamiento. Sabe dónde está el salón. Quiere ver a sus amigos perros".
Como en el servicio sólo para humanos antes en el día, hay peticiones de oraciones, pero en este caso los perros son incluidos.
"Por las operaciones de rescate que fracasan, por George y por toda la gente que ayuda a los animales abandonados", dice una petición.
Otra pide a la gente orar por "Sharon, por su perro extraviado, Buddy".
Yee dijo que pensaba pedir una oración por Mr. Booby, que fue operado hace poco de una rodilla.

7 de febrero de 2010
2 de febrero de 2010
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proponen explotar carne de perro


El desarrollo y los perros. Conferencista propuso hacer guisos de perros abandonados para exportar a China. No pudo terminar su exposición. En Chile también se escuchan idioteces similares.

[Sergio A. Rossi] Argentina. El Seminario Internacional de Desarrollo Local, Posicionamiento Económico Global y Nichos Específicos de Mercado, que tuvo lugar en la ciudad de Trinidad, combinó nivel académico e interesante menú de posibilidades concretas. Destacados intelectuales desplegaron un arsenal de herramientas para mitigar efectos colaterales del proceso de globalización, convirtiendo en oportunidades desventajas aparentes de algún actor no favorecido.
El arquitecto Ruiz Derrepent expuso cómo potenciar nuestros saldos exportables apelando a dos "yuyos" vernáculos, sin ingeniería genética ni agroquímicos. El tártago rojo (Euphorbiaceae) sumaría a sus conocidas propiedades oleaginosas un enorme prestigio ornamental. Los jardines de la torre Eiffel lucen esta belleza rústica de nuestro paisaje nativo. Apoyándose en "la marca parisina" las exportaciones de tártago rojo debidamente puesto en valor se aproximarían a las de tubos sin costura, con una inversión mucho menor por puesto de trabajo. Manteniendo limpios tantos baldíos que afean nuestras ciudades. También destacó las posibilidades hasta hoy insospechadas del mburucuyá (passiflora ceruela), modesta enredadera y modesto alimento en las siestas veraniegas. Su industrialización permitiría el desarrollo de una industria química no dependiente de insumos importados. Su proliferación en baldíos y andurriales permitiría, a través de un manejo sustentable, utilizar la rayadura de su cáscara como colorante sustituto para jugos con sabor a naranja. O al menos con su color.
La licenciada Rueda Cordero analizó la posibilidad de vender en Italia nuestra estrella federal (Euphorbia pulcherrima), utilizada como souvenir en la península con el nombre, de inspiración vaticana, de "estrella de navidad". Propuso superar la polémica sobre el origen mexicano de este componente del ser nacional, buscando el asociativismo con el país azteca (estrategia win win) para inundar los países católicos con este producto, trabajando en contraestación y proveyendo de manera continua al exigente mercado europeo. No quedó aclarado si la exposición atrajo la atención del público por lo ajustado de la tesis o por lo ajustado del negro vestido que ceñía la escultural figura de la licenciada.
El doctor en economía Ricardo Von Lothrin desarrolló su teorema sobre transporte y aspiraciones colectivas, según el cual toda localidad, independientemente de su ubicación geográfica y su matriz económica, encontrará siempre una línea recta que la posicione en la intersección entre una hidrovía y un corredor bioceánico, en la medida en que sepa contratar especialistas en marketing de ciudades y posicionamiento publicitario global.
Dos pequeños incidentes empañaron, sin embargo, el evento. El primero durante la sesión inaugural, cuando el joven economista Ferdinando Aguirre, encadenado junto al micrófono, intentó una arenga aduciendo que los únicos desarrollados localmente y beneficiados globalmente han sido los constructores y difusores de estas teorías sobre el desarrollo local.
El segundo, durante la exposición del profesor Juan Ignacio Méndez Castels, que comenzó explicando lo que, en su juventud, percibió como un despropósito de cierto pensamiento orientalista. De su primer viaje a la India, en los ’60, trajo un regusto amargo por la coexistencia de pobreza extrema y vacas sagradas caminando por la calle. En su último viaje a China encontró soluciones y capitales.
"Sesenta millones de dólares estadounidenses de inversión en frigoríficos. Frigoríficos especializados en carnes alternativas dijo- . De carne de perro, como he visto en restaurantes VIP de Quang Tri".
Siguió adelante a pesar de cierto murmullo: En un primer momento la faena abarcaría perros callejeros o vagabundos. Sin estrictos controles de calidad ni resguardos sanitarios, se utilizaría para elaborar guisos enlatados que abastecerían a la enorme población carcelaria de la gran potencia asiática. Esta primera etapa demandaría mano de obra con poca especialización, posibilitando la rápida absorción de compatriotas sin trabajo. Con la empresa ya en marcha y el mecanismo de producción ajustado, comenzaría el negocio de cortes seleccionados para mercados exigentes: una creciente y pujante población enriquecida tras centurias de hambrunas y ascetismo obligado. Nueva burguesía o burocracia privilegiada, estos nuevos ricos suponen un mercado sin techo, una demanda infinita para la capacidad de producción local. Debemos alimentar al mundo. China no sólo puede comprarnos soja y aceite. El delicatessen canino tiene mayor valor agregado. Y una ventaja adicional: puede producirse en suelo y ambiente urbano. La mano de obra que expulsa el complejo sojero puede ser reabsorbida en el propio medio al que acude con esperanza el hombre humilde desarraigado por el progreso....
¿Presiones de multinacionales de agroquímicos? ¿Enojo de criadores de perros de raza? ¿Repudio del sentido común general? No pudo terminar. Lo echaron a patadas. Dijo que era el precio que pagan los pioneros.

sapitorossi@gmail.com

15 de enero de 2010
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diputados quieren perreras


Legislar de espalda a la gente. Diputados aprueban acuerdo para perreras municipales.
[Paola Dragnic] Durante la tarde del lunes 21 de diciembre, mientras en el Senado se sacaba de tabla la discusión del Boletín 6499-11 que contempla la eliminación de perros abandonados, la Cámara de Diputados daba un silencioso golpe magistral. En agosto pasado, cinco diputados de la Concertación presentaron un ‘Proyecto de Acuerdo’ (#853) para la creación de –textual- "Perreras Municipales". El Proyecto de Acuerdo permaneció ahí, congelado, hasta que ese lunes, a las 19.16 horas de la tarde, poco después de que el Senado decidiera posponer el polémico proyecto que pretende eliminar a los perros abandonados, cincuenta (50) diputados levantaron la mano y aprobaron el Proyecto de Acuerdo para la creación de "Perreras Municipales". ¿Solo coincidencias? ¿Qué significa esto? ¿Podrá la sociedad civil –los representados- trabajar algún día cara a cara con sus representantes sin el temor permanente de estas jugarretas legislativas?
¿Cuál es la obsesión que está penando en el Congreso para que, a pesar de las premuras legales ad portas al balotaje del próximo 17 de enero, tantos legisladores estén empeñados en dejar listo un cuerpo legal que asegure sacar a los perros de las calles de Chile? ¿Algún tratado de libre comercio lo exige como requisito primordial? ¿Votos comprometidos, algún compromiso olvidado con la Asociación de Municipalidades? Resulta difícil comprender esta repentina urgencia en el actual escenario político que, a solo días de la elección presidencial, debiera priorizar otros asuntos bastante más importantes que la impopular medida de andar capturando perros abandonados.
Pero no. La necesidad política o la obsesión personal –quien sabe- de terminar este período legislativo amarrando a toda costa algún proyecto de retiro y eliminación de perros abandonados, ha desarrollado una impresionante creatividad en los promotores de la polémica e ineficaz medida. Es fácil recordar entonces esas últimas leyes de amarre que la Junta de Pinochet se apresuró a firmar incluso un día antes de la asunción de Patricio Aylwin en el gobierno. No hay que exculpar, pero queda el consuelo al menos de que esa pequeña junta integrada por almirantes y generales, no fue elegida por nosotros y de una manera u otra, la sociedad civil tenía más razones para entender que simplemente no estaba representada. Pero hoy, los diputados y senadores que cruzan raudos la ruta hacia Valparaíso, han sido designados con la respetable misión de representar a una sociedad civil que deja descansar sus intereses en el actuar diario de estos honorables. Quizás ahí está el primer error. Creer ciegamente que somos correctamente encarnados en estos trabajadores de las leyes. Cobrar lealtades al voto quizás no corresponde. Pero en el deber moral de los legisladores está promover el diálogo con sus representados y legislar –como alguna vez dijo la diputada Laura Rodríguez- de cara a la gente.
La repentina aprobación unánime de este "Proyecto de Acuerdo" para crear las perreras municipales, no es más que una prueba concreta y violenta, de la sordera e indiferencia legislativa de quienes nos representan. Más aun cuando horas antes, la gestión de organizaciones animalistas consiguió bajar la discusión del proyecto de Ley (boletín 6499-11) que en sus artículos 11 y 12, plantea la "eutanasia" como solución al control de población canina. Durante meses, diversos personajes públicos y especialmente profesionales de diversas organizaciones no gubernamentales que trabajan el tema del Control Ético de la Fauna Urbana y bienestar animal como CEFU y Proanimal, han intentado tomar contacto con los senadores y las autoridades sanitarias del país, para exponer los argumentos técnicos, económicos, idiosincrásicos y de modelación poblacional que demuestran la ineficacia del exterminio de perros como control de población, y asimismo hacer llegar propuestas alternativas para enfrentar la problemática de los perros abandonados en Chile. Los esfuerzos parecen infructuosos y es más que probable que nuestros legisladores ni siquiera sepan bien qué es lo que están votando y en qué gastarán 6 mil 500 millones de pesos. ¿Alguno habrá leído los informes técnicos de quienes trabajan día a día en el control de población de perros?
El Ministerio de Salud convocó a una mesa de trabajo que reúne a profesionales de la sociedad civil y universidades con el fin de discutir y acotar acuerdos en común para abordar este problema. Pero la tozudez de los parlamentarios llega a ser ofensiva. Los senadores, encabezados por Mariano Ruíz-Esquide (DC), han hecho caso omiso de esta instancia continuando con el lobby interno y con los medios de comunicación para afirmar el proyecto de ley (6499-11) y lograr revertir así la arremetida de las organizaciones animalistas que han instalado una verdad dolorosa: habiendo tantas necesidades sociales, el estado gastará dinero ineficazmente en matar perros. ¿Ni siquiera respetan una mesa de expertos convocada por el gobierno? ¿Cuál es el fin entonces de esta instancia sino calmar las pasiones, distraer a los interesados y liberar el camino para poder de igual forma aprobar ahora las perreras municipales? Un retroceso peligroso pues solo volver a hablar de Perreras Municipales, indica que, ahora nuestros diputados, han sido sordos y ciegos a la hora de escuchar a los entendidos en la materia. Nostalgias apresuradas quizás, pero el boletín 6499-11 al menos tocaba algunos conceptos importantes y regulaba varios aspectos que el ahora Proyecto de Acuerdo de perreras municipales #853 omite ferozmente. Hoy, el boletín 6499-11 fue retirado de tabla pero lamentablemente no porque los senadores hayan entendido la importancia de escuchar a los expertos reunidos en una mesa de trabajo, sino gracias al lobby de líderes sociales que han sabido trabajar internamente en el parlamento.
Quizás, algunos senadores comprendieron que el boletín 6499-11 estaba un tanto dañado públicamente y que el costo político del mismo podía ser alto. Quien sabe. Quizás tantas manifestaciones, afiches, notas de prensa, protestas y activismo virtual también influyeron. No lo sabremos, pero lo cierto es que los parlamentarios están decididos y si por el Senado no se puede, los diputados están dispuestos a inmolarse. La algarabía que generó la suspensión temporal del boletín 6499-11, permitió entonces que de espaldas a sus electores, los diputados aprobaran silenciosamente, por unanimidad y en corta y breve ceremonia, ese proyecto de acuerdo para crear perreras municipales. Gol. ¿Qué significa? Quizás algo más peligroso que la existencia misma del boletín 6499-11. Un proyecto de acuerdo es algo así como un espaldarazo político a la idea de legislar sobre el tema propuesto. Basta ahora que cualquier diputado presente la moción, y el compromiso general de aprobarlo está asumido. Lapidario y con un golpe en seco, los diputados han dado esta señal.
Pero el peligro es aun mayor, porque la aprobación de este acuerdo, tan contundente, no solo encarna la sordera parlamentaria ante un problema para el que sí hay soluciones más humanas, efectivas y éticas, sino que deja al descubierto la comodidad actual de los diputados que entonces echarán mano al marco legislativo existente sin tener que crear una ley especial. ¿Cómo es esto? Pues en Chile no está prohibido el retiro de perros. El mismo proyecto de acuerdo comienza nombrando los dictámenes de contraloría que sancionan la eutanasia para dejar en claro que "supuestamente" no se puede matar y aclarar también que nada se dice de capturarlos y acopiarlos. El texto, astutamente, luego argumenta el deber sanitario de evitar las zoonosis y el dramático escenario de las jaurías caninas que "traen enfermedades". Corto y preciso. Cómo hay que evitar la transmisión de zoonosis, y los servicios de salud y las municipalidades deben velar por esto, la recolección de perros es una actividad más de este "deber". Y pueden estar en lo cierto. El texto se desarrolla con una lógica basta simple y burda: como no tienen recursos para capturar a los perros y mantenerlos en "perreras" para evitar las zoonosis, simplemente se necesita dinero. Es decir, en realidad no es necesaria toda una ley para ello sino simplemente recursos para que las instancias aludidas puedan cumplir su deber de evitar las zoonosis caninas. Eso sí, claro, sin matarlos. Siempre se acompaña una frase de bronce con la palabra enfermedad para mantenerse en el marco legal y en el cumplimiento del deber ser. Que golazo. Veamos el texto:
"Problemática de todos los días y de todos los lugares de nuestros país, se ha convertido la vagancia de cientos de perros callejeros que deambulan como jaurías en busca de alimento y de lugares donde poder albergarse (…) Los perros vagos se convirtieron en el paisaje conocido de las calles de distintas ciudades de Chile, trayendo consigo enfermedades y brote de suciedad en las calles" (…) Ahora cual es el punto en particular motivo de la presentación de este proyecto de acuerdo. La mayoría de los municipios no cuentan con recursos extraordinarios para llevar a cabo actividades de prevención de enfermedades relacionadas con el cuidado de los perros callejeros (…) (…) La Cámara de Diputados acuerda oficiar y solicitar a S.E. la Presidenta de la República que instruya al Ministerio de Hacienda y al Ministerio de Salud: 1.- Para que analicen la posibilidad de otorgar recursos específicos a los Municipios para la creación de Perreras Municipales con el objeto de que se implanten programas efectivos de prevención de enfermedades en la población (…).
El tremendo retroceso que implica la sola redacción de este documento está a la vista solo en el uso de las palabras. Hablar de perreras municipales nos retorna a los años ’50. Los perros son vagos, y no abandonados. Pareciera no haber responsabilidad humana en esta problemática y reducir el asunto a una mera necesidad de dinero para poder encerrar a los perros y así evitar enfermedades, es simplemente una falta de respeto a las decenas de profesionales que día a día intentan que nuestros representantes entiendan que hay mecanismos eficaces para solucionar de una vez por todas este problema que, sin duda, nos importa a muchos. La sola aprobación de este proyecto de acuerdo, haciendo caso omiso de todo un largo proceso de negociaciones y trabajo de la sociedad civil para aportar a la toma de decisiones desde la expertiz de quienes sí conocen el tema, es simplemente una burla a todos los que asistimos a la urna a votar y garantizamos un sueldo millonario para que estos señores y señoras se informen, aprendan y legislen con argumentos sólidos y técnicos. Las jugarretas legislativas que están aplicando en esta y otras materias, nos muestra a un parlamento insolente con el pueblo que lo eligió, un parlamento que engaña a los ciudadanos y que a cualquier costo y de cualquier forma, aprobará aquellas normativas que se han instalado (quien sabe por qué razón) en la pupila de varios honorables. Es inverosímil creer simplemente en una descoordinación entre el Senado, la Cámara y el Ministerio de Salud en materia de "control canino". Y si así fuera o así defendieran esta "maravilla legal", nos queda entonces la profunda preocupación sobre la seriedad en la que se están generando nuestras leyes, todas. Ahora nos queda esperar el pronunciamiento de la tan ignorada Mesa Técnica que se ha creado en el MINSAL para analizar el problema de los perros abandonados. Y sin duda, las señales que se emitan desde el ejecutivo sobre este Proyecto de Acuerdo. El período legislativo concluye este 20 de enero. Solo tres días después de las elecciones presidenciales. Así es que todos estaremos atentos al curso que tomen los hechos y que sin duda, se reflejará en el sufragio este próximo 17 de enero. Como dato de la causa, es importante nombrar que los honorables diputados autores del Proyecto de Acuerdo son: Fernando Meza, Alejandro Sule, José Pérez, Marco Espinoza, todos radicales. José Miguel Ortiz (DC), Ramon Farías (PPD), Marcelo Díaz (PS). En la página web de la cámara, fácilmente podemos ver quienes votaron a favor, entre ellos varios diputados y diputadas, que se habían manifestado contrarios al agónico boletín 6499-11.

10 de enero de 2010
22 de diciembre de 2009

de qué se lamentan los gatos


Interesante columna en The New York Times, sobre conducta animal.
[John Tierney] ¿Se lamentan los gatos de algo alguna vez? Montones de lectores respondieron esta peculiar pregunta planteada en mi columna Findings que giró sobre investigaciones del arrepentimiento entre los animales. También había historias sobre otros animales y mañana veremos algunas reacciones generales en los comentarios de los lectores (y una historia sobre perros) de uno de los investigadores, Michael Platt, un neurobiólogo de Duke.
Hoy nos ocuparemos de los gatos. Mi respuesta favorita sobre los felinos es que "lamentan no ser suficientemente grandes como para comerse a sus cuidadores". Ese comentario le hizo ganar el premio a Tom Civiletti, que vive en Oak Grove, Oregon, y administra Lamb & Loom, una tienda de alfombras. Se ganó un ejemplar de ‘Wild Justice: The Moral Lives of Animals’, de Marc Bekoff y Jessica Pierce. Al aceptar el premio, Civiletti explicó algo más su punto de vista:

"En cuanto a los gatos, creo que son criaturas bastante admirables, pero como mascotas su interacción con los humanos es profundamente diferente a la de los perros, que se comportan como si fueran humanos -o que su gente son perros. Los gatos no tienen esa ilusión. No somos miembros de sus manadas, ni ellos de nuestras familias. Somos convenientes y por eso nos toleran".

Un mención de honor va para Vera Sampson, que distingue entre pesar y remordimiento:

"¿Que si los gatos se lamentan? Sí. ¿Pero sienten remordimiento? No.
"Yo tenía un hermoso gato grande que era el terror de los pájaros, cuya cacería le estaba estrictamente prohibida, por lo que cuando le sorprendí lo encerré en la casa durante una semana.
"Un día llegó a casa con unas plumas de pájaro pegadas en sus bigotes. Cuando le saqué una y pregunté: ‘Titus, ¿qué es esto?’, una mirada de preocupación pasó por su cara. "Voy a tener problemas", pensó, y se lamentaba no de haber capturado y comido un gorrión, sino de no haberse limpiado bien la cara antes de entrar".

Otra mención de honor va para kryptogal, que hizo una útil distinción entre la decepción y la vergüenza:

"La decepción con respecto a las consecuencias de las malas decisiones de uno requiere un nivel bastante alto de cognición. Un animal debe tener una comprensión rudimentaria de causa y efecto y la capacidad de imaginar diferentes consecuencias. Si un chimpancé empuja la Palanca A y recibe brécol pero ve a su amigo preferir la Palanca B y recibir una sabrosa banana, puede sentirse decepcionado si piensa que él también pudo haber empujado la Palanca B. Este tipo de pesar exige una lógica bastante sofisticada. Quizás los gatos, perros y chimpancés son capaces de este nivel de cognición en algunas situaciones. Pero mirar a otro animal obtener un alimento sabroso simplemente podría provocar envidia, que no requiere nada de cognición.
"En contraste, la vergüenza es una emoción demostrativa de lo que sienten los animales sociales cuando quebrantan una regla del grupo. La vergüenza sirve un propósito dual: proporciona un incentivo interno para evitar el rompimiento de las normas y entrega una demostración de reconciliación externa para ayudar a mitigar la rabia de los miembros del grupo. La vergüenza no requiere una cognición del mismo nivel que la decepción y el pesar. Sólo requiere que el animal reconozca el hecho de que su grupo está enfadado. Sin embargo, la vergüenza supone un animal altamente social. Es por esto que los perros exhiben con facilidad conductas de vergüenza, mientras que los gatos, pese a poseer niveles similares de inteligencia, no muestran sentir vergüenza".
No ser suficientemente grandes como para comerse al cuidador caería en la primera categoría -decepción, pero no remordimiento- y por eso exige una lógica más sofisticada que lamentarse por algo que el gato ya se comió. Comparto la corazonada de Civiletti de que los gatos son capaces de esta hazaña mental, pero claramente se necesita más investigación, que preferiblemente no debe incluir ningún acto de alimentación.

[19 de noviembre de 2009]
[10 de junio de 2009]
new york times]

marines prohíben algunos perros


El Cuerpo de Marines prohíbe pit bulls, rottweilers y otras razas caninas en Camp Pendleton y otras bases.
[Tom Perry] El Cuerpo de Marines prohibirá a los perros con temperamentos agresivos en Camp Pendleton y otras bases de acuerdo a una nueva política desarrollada después de que un niño de tres años fue mordido fatalmente en Camp Lejeune, Carolina del Norte.
Las razas prohibidas son pit bulls, rottweilers e híbridos de lobo.
Las familias que llegan a las viviendas de la base ya no podrán introducir a perros de esas razas. Las familias que ya viven en la base podrán conservar sus perros hasta el 30 de septiembre de 2012, pero sólo si reciben un certificado de "perro bueno".
En las unidades residenciales de Camp Pendleton hay 190 pit bulls y treinta rottweilers, de acuerdo a funcionarios. La base tiene más de 7.300 unidades residenciales para familias.
No se permiten perros en las barracas ni en los cuarteles de solteros o reclutas. Todos los perros -y gatos- en residencias familiares deben ser inscritos. Ninguna familia puede tener más de dos mascotas.
Camp Pendleton todavía debe determinar cómo se evaluará a los perros para obtener el certificado de exención.
En tres bases marines de Carolina del Sur, 83 de los 85 perros de las razas mencionadas recibieron certificados después de aprobar un test de la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales.

8 de noviembre de 2009
9 de octubre de 2009
©los angeles times 
©traducción mQh
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soldado rescata a cachorro iraquí


En sus últimos meses en Iraq, el mayor Steven Hutchison encontró inesperadamente alguien a quien querer. Su equipo de once hombres estaba de compras en una base del ejército cerca de Basra cuando Hutchison ordenó un descanso.
[Jason Felch] Iraq. El equipo de transición, cuyo trabajo era adiestrar a policías y soldados iraquíes, detuvieron sus vehículos blindados en el restaurante Subway en la base y pidieron bocadillos.
Hutchison pagó, como era su costumbre, y dio la señal para marcharse, recuerdan los miembros del equipo. Pero el asesor de logística lo paró.
Los soldados se hallaban reunidos en la parte trasera de uno de los vehículos y estaban jugando con un esquelético cachorro amarillo, uno de los muchos perros abandonados que merodean por las calles iraquíes.
Nueva misión, ladró Hutchison. Cogió al cachorro de un mes para llevarlo a su blindado, le dio su bocadillo de pavo y agua de su botella.
"El mayor Hutchison quedó atrapado", escribió más tarde en un email el sargento Andrew Hunt a la familia de Hutchison. "Ella dormía con él en la cama en la noche y en el día dormía la siesta debajo de la cama... La llevaba en su regazo todo el día mientras visitábamos a nuestros colegas iraquíes en otros lugares".
Hutchison no era un soldado típico. Para empezar, tenía sesenta años. Nacido en Cincinnati, se crió en Long Beach y estudió en la Secundaria Wilson antes de enrolarse en el ejército en 1966. Estuvo dos veces en Vietnam con la Aerotransportada 101 y recibió una Estrella de Bronce.
Aparte de su pecho lleno de medallas, también tenía un doctorado en psicología. Después de una carrera militar de veintidós años, había recibido su doctorado en la Universidad de Delaware y luego enseñó psicología organizacional en la Loyola Marymount University, el Claremont McKenna College y la Universidad de California en Long Beach. Entre las veintinueve publicaciones mencionadas en su currículum, destaca esta: ‘¿Qué tienen en común el ego, la energía, el amor propio, la eficacia personal, el optimismo y la inadaptación? ¿Estructuras de personalidad relacionadas con la salud o neurosis revisada?’
Era arisco y retraído, no exactamente un hombre de familia, dijo su hermano menor Richard Hutchison, de Mesa, Arizona. Se había casado cuatro veces, y estaba alejado de sus dos hijas mayores. Las fuerzas armadas habían sido siempre su única familia.
Cuando su cuarta esposa, Kandy Rhode, murió de cáncer en 2006, Hutchison se hundió en una profunda desolación. Puso su casa en Scottsdale, Arizona, a la venta y se enroló en el programa de re-enrolamiento de personal en retiro del ejército, que reintegra a ex soldados de menos de 64 años que quieran servir otro periodo en servicio activo.
La decisión consternó a muchos de sus familiares.
"Era el hombre más liberal que conocía", recordó su sobrina Laurie Hutchison. "Todo el mundo decía: ‘¿Por qué vas a volver a las fuerzas armadas a pelear por una causa que la mayoría de los liberales rechaza?’ Pero se le rompía el corazón con el sufrimiento de todos esos iraquíes y afganos, y creía apasionadamente que mucha gente no veía el lado humano de porqué estábamos allá".
Hutchison fue asignado a Ft. Riley, Kansas, donde los equipos de transición del ejército se preparan antes de su despliegue. Cuando llegó, con el talego colgando de su hombro, los miembros de su equipo se mostraron escépticos; la mayoría eran treinta años más jóvenes.
"Me dije inmediatamente: ‘¿Estamos tan necesitados que tenemos que poner a viejos en los equipos de transición?’", dijo Elext Holmes, el asesor de logística del equipo, en el funeral de Hutchison.
Pero sus hombres aprendieron pronto a respetar su tranquilo liderazgo. Hutchison nunca decía a nadie qué hacer, pero sus actos determinaban las normas. Era siempre el primero en ofrecerse como voluntario para trabajos pesados en la base. Y después de volver de una extenuante patrulla, preguntaba despreocupadamente si alguien lo quería acompañar para una carrera.
"Era profesor de psicología, y sabía lo que estaba haciendo", dijo Holmes.
Hutchison pasó el primer año de su periodo de dos en Afganistán, el segundo en Iraq. Su base era el Fr. Riley y fue asignado al 2o Batallón, Regimiento Blindado 34, Equipo de Combate de la 1ra Brigada, División de Infantería No.1.
Su equipo en Iraq lo llamaba "el testarudo viejo cabro".  Era obcecado, mostraba poca paciencia con las reglas del ‘Nuevo Ejército’ y ocasionalmente ignoraba algunas de ellas, dijeron familiares y miembros de su equipo.
El libre pensador que se alojaba en él se expresaba de modo estrafalario, como llevar pantalones cortos color púrpura para sus trotes mañaneros alrededor de la base. Más de una vez le ordenaron ponerse el uniforme de gimnasia del ejército. Pero a los pocos días le volverían a ver -un hombre canoso de 1 metro 95 corriendo con pantalones cortos color púrpura.
Finalmente tuvo problemas con sus superiores sobre Laia, el nombre con que Hutchison bautizó al cachorro que había adoptado su equipo -como mascota. El Comando Central no permite que el personal militar mantenga mascotas nativas; los perros callejeros eran sacrificados por lo general el mismo día que eran capturados. En varias ocasiones sus superiores ordenaron a Hutchison deshacerse de su perro.
Hutchison se negó repetidas veces a obedecer esa orden, corriendo el riesgo de ser castigado bajo el Código Uniforme de Justicia Militar, recuerdan los miembros de su equipo. Ocultaba a Laia en su tienda de campaña, o la enviaba a otra base cuando sus superiores se encontraban en la zona.
El 10 de mayo, Hutchison dejó a Laia atrás cuando salió con su equipo para un patrullaje en Al Farr, Iraq, cerca de Basra. Una bomba improvisada explotó cerca de su vehículo, y Hutchison murió por las heridas que le causó la metralla.
Le quedaba un mes para su cumpleaños número 61, lo que lo convirtió en la baja estadounidense de mayor edad en Iraq, de acuerdo al ministerio de Defensa.
Después de su funeral en Ft. Riley, fue sepultado en Scottsdale el 19 de mayo, y le sobreviven su madre, hermano, hermanastro, media hermana y sus dos hijas.
Tras la muerte de Hutchison, Hunt pidió a un oficial -el mismo que había ordenado a Hutchison deshacerse de Laia- si podían enviarla a Estados Unidos como un tributo al mayor.
"Llevénsela de aquí y no dejen que la vuelva a ver", dijo el oficial de acuerdo a un email de Hunt.
Para preparar el viaje, Hunt trabajó con la embajada norteamericana en Iraq y el programa de la SPCA, International’s Baghdad Pups, que ha reasentado a 146 perros y gatos desde que empezara en febrero de 2008, de acuerdo a la portavoz de SPCA, Stephanie Scroggs. A la organización sin fines de lucro le cuesta un promedio de cuatro mil dólares rescatar a una mascota.
Laia, que sufrió un revés hace poco cuando perdió una pierna debido a una infección, está viviendo ahora en Michigan con la familia de un agente especial del Servicio de Inmigración y Aduanas que trabajó en Iraq con el equipo de Hutchison. Richard, el hermano de Hutchison, piensa visitarla pronto; su madre ya lo hizo.
"Ha crecido terriblemente desde que la vimos la última vez", dijo Hunt a la familia de Hutchison en un email reciente. "Como al mayor Hutchison, no le puedes decir a Laia qué debe hacer".

28 de septiembre de 2009
9 de agosto de 2009
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dudan de emociones de perros


Esa mirada avergonzada bien puede ser otra cosa. Según estudio, la gente atribuye emociones humanas a sus mascotas. ¿Pueden los perros mostrar emociones humanas?
[Rob Stein] Muchos dueños de perros han tenido esta experiencia: Al llegar a casa se encuentran con el chucho mirando avergonzado, con la cabeza gacha, las orejas aplastadas, el rabo entre las piernas, quizás escabulléndose para ocultarse detrás del sofá. Intrigados, pronto descubren la razón: su par de zapatos favorito fue reducido a pedazos, o quizás el cubo de basura de la cocina ha sido volcado.
¿Pero está su compañero canino realmente mostrando que se siente culpable? ¿O es esto sólo un ejemplo de que la gente proyecta sentimientos humanos sobre sus amigos cuadrúpedos?
Un nuevo estudio concluye que lo último es lo más probable: que la conducta que la gente interpreta como culpabilidad del perro es simplemente una reacción a sutiles señales de los dueños.
"No estoy negando que la gente haya tenido esa experiencia. La he vivido yo mismo", dice Alexandra Horowitz, profesora asistente de psicología en Barnard College en Nueva York, que realizó el estudio publicado en el número de julio de la revista Behavioural Processes. "Pero no creo que podamos decir que los perros se sienten culpables. No creo que refleje una emoción íntima del modo que creemos".
Horowitz realizó la investigación como parte de un interés más amplio en entender los antropomorfismos: la tendencia de la gente a atribuir emociones humanas a los animales.
"Una de las cosas que me interesa es la desconexión entre cómo los científicos se refieren a la conducta animal y cómo lo hacen los dueños de mascotas", dice Horowitz said. "En la ciencia, los antropomorfismos están prohibidos. Pero parece ser que, entre los no científicos, es una manera frecuente de hablar sobre animales. Incluso los científicos que se refieren a los monos de sus laboratorios por números, en casa dirán, por ejemplo, que su perro está malicioso. Yo quería poner a prueba esos casos".
Así que Horowitz ideó un experimento con catorce personas con sus perros -seis hombres y ocho mujeres, incluyendo seis chuchos, un griffon de Bruselas, un terrier tibetano, un cockapoo, un shih tzu, un terrier color trigo, dos salchichas y un Labrador cobrador.
Horowitz pidió a los dueños que mostraran un bizcocho a sus perros, ordenarles no comerlo y luego salir de la habitación. Cuando el dueño desaparecía, ella les permitía comer los bizcochos o los retiraba. Cuando volvían, les decía a los dueños que el perro había obedecido, o que no había desobedecido y se había comido el bizcocho. Los dueños reprochaban a los perros desobedientes. Pero la mitad de los dueños fueron engañados. Sólo la mitad supo de verdad qué había pasado.
Y lo sorprendente fue que los perros que habían obedecido mostraban al menos una de las nueve conductas asociadas con la ‘mirada de culpabilidad’ que los que no habían obedecido: agachar la cabeza, meter el rabo entre las piernas, o mover rápidamente el rabo por abajo, mojarse los labios, ofrecer una pata, o escabulléndose.
De hecho, Horowitz descubrió que los chuchos mostraban esas conductas cuando sus dueños creían que habían desobedecido y los regañaban.
"El perro que demostró más culpabilidad en su mirada, era un perro inocente", dijo. "Eso fue sorprendente".
Horowitz concluyó que esa conducta es probablemente el resultado de sutiles señales que los perros detectan en sus dueños que los hacen anticipar el castigo, y no que se sientan necesariamente culpables.
"Lo que llamamos la mirada culpable se yuxtapone con la conducta sumisa, una postura que se puede adoptar cuando piensas que alguien está enfadado o podría castigarte", dijo. "Parece que los perros están respondiendo a señales de sus dueños. Es una reacción o anticipación de cuando alguien está enfadado o podría castigarte".
Los perros que era más probable que exhibieran conductas en respuesta a un reproche, eran los que habían pasado por adiestramiento en obediencia, dijo.
"Pueden haber aprendido que es bueno adoptar esas conductas cuando detectan ciertas señales corporales o un cierto tono de voz de sus dueños", dijo. "Creo que la reacción es una anticipación del castigo. Se han dado cuenta de que esa conducta está relacionada con un castigo posterior. Es una diferencia sutil, pero importante".
Horowitz enfatizó que su experimento no pudo medir si los perros se sienten culpables, sino solamente que las conductas que los humanos interpretan como demostraciones de culpabilidad en realidad no demuestran eso.
"Eso no quiere decir que los perros no se sientan culpables. Cuando están jugando juntos, manejan un código de conducta y pueden distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. Y creo que lo que llamamos la mirada culpable existe, pero no creo que está relacionada necesariamente con la culpa de verdad", dijo. "Pero no puedo decir que sé qué están sintiendo".
Horowitz reconoce que sus estudios pueden ser recibidos con escepticismo por muchos dueños de perros.
"Un montón de dueños también creen que los perros les expresan su afecto hacia ellos con besos y lametazos en la cara cuando vuelven a casa. Esa es una manera de hablar sobre la conducta de los perros", dijo. "Pero si te fijas en la conducta de sus ancestros -los lobos-, cuando un lobo vuelve al grupo, todos los otros animales lo rodean y lamen la cara. Están tratando de que regurgite el alimento que ha comido. Así que los lametazos son un intento de que regurgitemos un poco de comida para saber dónde hemos estado".
Otros investigadores elogiaron el estudio.
"Es una conclusión alarmante e inquietante", dijo Clive D.L. Wynne, profesor asociado de psicología en la Universidad de Florida en Gainesville, que edita la revista que publicó el estudio. "Vivimos con estos animales en casa pensando y creyendo que ellos y nosotros estamos en la misma longitud de onda. Lo que muestra el estudio es que no nos entendemos. No nos entendemos de ninguna manera".
Pero otros investigadores dijeron que aunque el estudio está bien hecho y es provocador, siguen creyendo que no es concluyente.
"Creo que es un estudio bueno e importante", dijo Marc Bekoff, profesor emérito de conducta animal en la Universidad de Colorado en Boulder. "Pero no estoy convencido de que este sea el fin de la historia. No creo que demuestre que los perros no se sienten culpables y que no podamos interpretar esa conducta como culpabilidad".
En el estudio participaron muy pocos perros, y se sabe muy poco sobre el origen de los animales y sus dueños para saber cómo interpretar esos datos, dijo.
"Creo que el mensaje es que la mirada culpable no quiere decir necesariamente que el perro haya hecho algo", dijo Bekoff, observando que la investigación indica que la gente es bastante precisa en la interpretación de las emociones animales. "Pero podría querer decir que el perro hizo algo. Hay bastante consenso sobre las emociones que la gente atribuye a los animales, y muchas veces tienen razón".

13 de julio de 2009
2 de julio de 2009
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dejemos ladrar a los perros


Denuncian espantosos casos de insensibilidad: la extracción de las cuerdas vocales de perros y gatos. Usa tu voz por los perros, para que puedan conservar las suyas. Campaña contra la desvocalización, o la extirpación de las cuerdas vocales.
[Alicia Graef] Massachusetts/Boston, Estados Unidos. Probablemente no son pocos los que aprecian un poco de paz y tranquilidad de vez en cuando, pero hay algunos que llegan al extremo de desvocalizar a sus mascotas para conseguirlo.
La desvocalización es una intervención quirúrgica menor con un alto riesgo de complicaciones que utiliza sea una aproximación oral, o una laringotomía que resulta esencialmente en cortar o remover las cuerdas vocales de un animal, un polémico procedimiento que muchos veterinarios se niegan a realizar.
"Un corte en los tejidos en la parte de atrás de la garganta es unas de las cosas más dolorosas que existen. Muchas veces el perro tiene que ser operado nuevamente porque la membrana vuelve a crecer. No es bueno para el perro. Es sólo bueno para la gente", dice el doctor Nicholas Dodman, profesor de la Facultad de Medicina Veterinaria Cummings de la Universidad Tufts y renombrado psicólogo animal.
Ese tipo de intervención rápida no hace nada para fomentar la tenencia responsable de mascotas entre la gente, y es un modo fácil de producir modificaciones de la conducta.
Mientras que algunos de los que están a favor de esta "operación de conveniencia" alegan que esta puede ayudar a animales que de otro modo terminarían en refugios debido a sus ladridos. Sin embargo, los perros desvocalizados siguen terminando en refugios y podrían encontrar más dificultades a la hora de encontrar un nuevo hogar adoptivo, porque algunos encuentran los resuellos y sonidos guturales que emiten cuando están operados todavía más bizarros e irritantes que los ladridos.
Una vez desvocalizados, los perros pierden su capacidad de comunicarse y socializar normalmente, lo que puede producir frustración y provocar problemas de conducta, aparte de hacerlos potencialmente peligrosos para personas que se quedan sin la capacidad de observar los avisos cuando los canes están irritados.
La Animal Law Coalition (ALC) ha presentado un proyecto de ley -la Ley de Prohibición de la Desvocalización de Perros y Gatos (H.B. 344)-, patrocinado por la representante Lida Harkings que penaliza la desvocalización de perros y gatos en Massachusetts, a menos que se haga por razones médicas.
Este desarrollo es la consecuencia de una campaña ciudadana iniciada por Jordan Star, un chico de quince miembro de Care2 que presentó el proyecto con la ayuda de la Coalición de Protección y Rescate de Mascotas. Star, que trabajó en un proyecto de ley para prohibir el alquiler de mascotas en Massachusetts, dijo que "[el proyecto] se convirtió en algo mucho más importante" de lo que había imaginado y que desde entonces ha recibido el apoyo del senador del estado Scott Brown, además de otros legisladores.
El proyecto de ley también es apoyado por organizaciones como la Sociedad Protectora de Animales, la Asociación Médico-Veterinaria, el Centro Médico Animal Angell, la Coalición Jurídica Animal, la Liga de Rescate Animal, la Sociedad Protectora Amigos de los Perros, el Refugio Animal Marbleahead, MassPAWS y la MSPCA, entre otras.
Si te preguntas quiénes podrían estar a favor de la desvocalización, la respuesta es que son los sospechosos de siempre.
De acuerdo a la ALC, "desvocalizar o silenciar permite actividades ilegales asociadas con perros y gatos: Los dueños que tratan de eludir las restricciones sobre la tenencia a mascotas, las leyes de ruidos molestos y de licencia de perros, pueden simplemente querer extraer las cuerdas vocales de los perros. Todavía peor son los criaderos comerciales que ocultan de este modo la cantidad de perros y gatos que mantienen y las misérrimas condiciones de su crianza, que recurren a la desvocalización quirúrgica. Esta, o el silenciamiento, permite albergar a perros sin ser detectados. También los tenedores de perros de pelea utilizan la desvocalización para evitar delatar sus actividades criminales".
Para más información visita la página web de Animal Law Coalition.
Si vives en Massachusetts, ponte en contacto con los legisladores del estado y pídeles que apoyen la Ley de Prohibición de la Desvocalización de Perros y Gatos patrocinada por Lida Harkins.

22 de junio de 2009
©care2
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