el infierno es poco
El Negro no pudo.
[Mario Wainfeld] Hace varios años, el maestro Osvaldo Bayer escribió: "Roberto Arlt lo hubiera calificado como ‘un turrito’. (...) Pero la Historia siempre es mucho más justa y precisa en su devenir que esos calificativos: sin ninguna duda, Eduardo Emilio Massera pasará a ser en la galería de los argentinos el más grande de los asesinos de la vida de la República, hasta el presente". El cronista no puede ni pretende superar esa síntesis, apenas agregarle unas líneas.
Massera, comandante en Jefe de la Armada, fue el más ambicioso de los comandantes que gobernaron el país, el único que amasó un proyecto político propio. Leopoldo Fortunato Galtieri fue ovacionado en actos de masas, soñó con perpetuarse. Se despertó en pocas semanas, con la resaca a cuestas. Massera, aunque jamás convocó multitudes, había intentado mucho más. Como detalló el periodista Claudio Uriarte en su notable biografía del marino, se había propuesto una hazaña paradójica: proveniente del arma ancestralmente gorila, imaginó llegar a ser el sucesor de Juan Domingo Perón. Una parte de las perversiones de la ESMA tenía que ver con ese proyecto. También su oratoria, que incluía diatribas más o menos explícitas al "liberalismo" de José Alfredo Martínez de Hoz y recuperaba tópicos del desarrollismo.
Se reunía con dirigentes empresarios y algunos sindicalistas canallas, viajaba al exterior, articulaba con la Logia P-2, hablaba con políticos europeos que lo detestaban, por usar un eufemismo.
Creó el diario Convicción y hasta fundó el Partido de la Democracia Social. Los perros de la guerra eran cínicos y psicóticos aun cuando querían ser convocantes.
Jorge Rafael Videla divagaba sobre "la cría del Proceso", una inmarcesible fuerza que se haría mayoría democrática. Su proyecto era confuso, seguramente pensaba en los jóvenes que acudían al programa de Bernardo Neustadt y Mariano Grondona: gente linda, de universidades privadas, que predicaba la necesidad de hacer más y decir menos.
El Negro Massera, mimado por la farándula y la crema de la sociedad argentina, tenía objetivos más precisos. Se miraba al espejo y veía al nuevo Perón. Liderar la represión, ensangrentarse las manos, ganarse así el respeto de sus compañeros de armas formaba parte de la construcción de esa fantasía funambulesca. Tal era su delirio.
* * *
Con el tiempo se fue sabiendo. Los centuriones no luchaban sólo por purificar a la Patria. A menudo privatizaban el aparato terrorista estatal en beneficio propio. El Almirante fue pionero en eso de secuestrar empresarios, hacerse de sus bienes de fortuna: los inmuebles y los caballos de carrera fueron algunos de sus berretines.
También fue notoria la desaparición de Fernando Branca, el esposo de su amante Martha McCormack. El comandante mezclaba la vida pública con la privada, cuando lo público estatal tenía como vigas fundantes el crimen y el miedo.
* * *
La política económica era la del establishment, que escribía la obra y la interpretaba. El plan sistemático de exterminio, tanto como la ocupación del Estado y el territorio nacional, requerían el concurso de las Fuerzas Armadas. La jerarquía de la Iglesia Católica bendecía. Las corporaciones dividieron tareas.
A los centuriones (por tener fierros y estructura) les cupo la conducción del Estado.
Ese tramado explica por qué se le permitía a Massera licencias tales como diferenciarse del credo de "Joe". Y aún brutales desbordes de violencia, mejicaneadas y crímenes que, amén de Branca, terminaron con la vida de algunos hombres y mujeres de las clases dominantes. Esos fueron, en rigor, los únicos "excesos" de la dictadura, producto de cierta forma tolerada (o soportada) de descontrol.
El "botín de guerra", en cambio, jamás fue un exceso, sino un incentivo.
* * *
Massera era, seguramente, un criminal, un sádico y un corrupto. Videla, un falso santurrón con una estructura familiar perversa. Roberto Viola, una perfecta nulidad que surgió como segundo presidente del Ejército, cerrándole el paso a Massera. Galtieri, un alcohólico con un par de jugadores menos. Un cronista que ahora dicta clases de democracia desde una tribuna de doctrina se cansó de elogiarlos a todos. El ascetismo de Videla, la verba de Massera, "los elocuentes silencios" de Viola. Mariano Grondona, años antes, se había arrobado con la parquedad de Juan Carlos Onganía. En verdad, esos elocuentes silencios sólo probaban que el represor Viola era un supino pelotudo.
Que personajes tan mediocres hayan conducido una etapa tan fundacional remite, sin duda, a la clásica "banalidad del mal" descripta por Hannah Arendt. En un contexto determinado cualquiera puede dirigir un campo de concentración o presidir un país que también lo es.
Pero, sobre todo, las limitaciones de las cúpulas militares corroboran un dato que se va haciendo sentido común. Las Fuerzas Armadas, desde su cúpula hasta los Grupos de Tareas, duraron y tuvieron poder porque eran engranajes de un régimen con cabezas más pensantes, intereses más precisos, cuadros con ideas menos embotadas.
Hubo internas, claro: empresarias y uniformadas. A veces se mestizaron, como sucedió en Papel Prensa: Videla era sponsoreado por sus actuales dueños, Massera pensaba en otro diseño.
* * *
Quizá la última aparición pública recordable de Massera fue su arenga final en el Juicio a las Juntas. Vituperó a la veleidosa opinión pública. Auguró una reivindicación futura. Soñaba con un regreso personal. Se equivocaba, por partida doble.
El cronista cree percibir o intuye que con el tiempo, para las nuevas generaciones, las características personales de los genocidas se irán diluyendo. Devendrán arquetípicos, perderán individualidad, quedarán subsumidos en lo que hicieron: el terrorismo de Estado, la destrucción de las conquistas sociales, una regresión cultural feroz.
La democracia, la lucha por los derechos humanos, la superación de la memoria colectiva confinaron a los represores a un lugar ominoso. Fueron criminales, traicionaron a su Patria, la llevaron a la quiebra, perdieron vergonzosamente una guerra internacional. Después de demasiadas peripecias están siendo juzgados, con la ley en la mano, por tribunales comunes.
* * *
Además de una condena judicial, Massera tiene, claro, la de la sociedad, convalidada por la autocrítica de comandantes en Jefe de gobiernos democráticos. También es un logro colectivo que el señor de la ESMA falleciera sin que nadie haya ejercitado violencia contra él. Un ejemplo inmenso que se debe a las Madres, las Abuelas, los sobrevivientes y los familiares de las víctimas.
Hace años que yacía como un vegetal, sólo era noticia a través del humor negro de la revista Barcelona. Ayer, dejó de existir, por decirlo de algún modo. Bien muerto estás, turrito.
mwainfeld@pagina12.com.ar
9 de noviembre de 2010
©página 12
[Robert Fisk] Irak. Como de costumbre, los árabes sabían. Sabían todo de las torturas en masa, del promiscuo tiroteo de civiles, del escandaloso uso del poderío aéreo contra viviendas de familias, de los despiadados mercenarios estadounidenses y británicos, los cementerios de muertos inocentes. Todo Irak lo sabía. Porque ellos eran las víctimas.
[Osvaldo Bayer] Argentina. Pilagás. Un modelo de lo que dejó la llamada colonización para los pueblos originarios. Cuando quisieron defender lo suyo de los invasores, la solución occidental y cristiana: balazos, muerte, persecución. El bosque, la selva como último recurso, como último refugio. Pero el presente y el futuro les anuncia: hasta allí los van a perseguir, hasta de allí los van a expulsar con la palabra progreso. Irán a engrosar, como otros originarios, las villas miseria de las grandes ciudades del progreso.
[Luis Ortolani Saavedra] Argentina. "Pinta tu aldea y serás universal" decía León Tolstoi. Un debate originado en torno a la causa Díaz Bessone que en este momento se lleva adelante en los Tribunales Federales de Rosario, resulta el emergente de un debate más general sobre el tema de los derechos humanos, la lógica del terrorismo de estado y el juzgamiento de los represores.
[Mario Goloboff] No por nada, nuestra literatura narrativa se inicia con ‘El matadero’ (1838-40), de Esteban Echeverría. Y en un matadero. Real y alegórico a la vez, privilegiado escenario de las grandes disputas que no cesarán hasta hoy. Aunque cambien los colores, las divisas, los vivas y los mueras, los que están de éste o de aquel lado. El espacio donde la carne se acuchilla, se taja, se corta, se sangra, es el lugar, el teatro que volvimos emblemático para la Nación. Otras artes también se harían cargo de él: la plástica, con la pintura del siglo XIX y, en el XX, entre los más notables, los lacerantes trabajos de Carlos Alonso; el cine, en algún filme de Isabel Sarli recordado displicentemente, pero que acaso nos representara con signos que en su momento no pudimos distinguir, perturbados por la exaltante diva. Aunque en Echeverría ya estaba todo concentrado, y el tiempo y la historia no hicieron más que desplegarlo: la matanza no sólo de animales, la huella de sangre que nos alimenta, el aniquilamiento brutal del oponente (aquí, unitario; antes y después, federal; y después, después...).
[Luis Gusmán] Esta formulación está restringida al espacio del que se ocupa la película, ya que el tema excede cualquier observación del orden del comentario. La primera cuestión que se plantea en la película es el pasaje en que su lucha pasa del pronombre singular, su, a nuestra lucha, pronunciada por uno de los padres: la lucha se pluraliza. La otra cuestión es territorial. Cuando las madres se adueñaron del lugar, madres derivó en Madres de Plaza de Mayo. En las marchas los hombres eran reprimidos por la policía; por lo tanto, se quedaban en los alrededores, vigilando, protegiendo, mirando, pero sobre todo discutiendo; como dicen en las entrevistas, de política y de fútbol. Entonces la pregunta latente, que es el motor del asunto y premisa del film va encontrando alguna especie de respuesta. Uno de los hallazgos de la película, es que no hay una respuesta, porque no podría haber una, sino varias y distintas. Y se hacen oír.
[Daniel Coronell] Colombia. Juan Carlos Sierra, alias ’el Tuso’, cuya declaración fue revelada por El Espectador, puede ser la pieza clave para armar un enorme rompecabezas. Él y algunos allegados suyos conectan varias historias de los últimos años.
Santiago, Chile. Venezuela acudió el domingo 26 a las urnas para renovar su Poder Legislativo. Si bien en las semanas previas se registraron razonables aprensiones en torno a la limpieza de las elecciones -debate que incluso se manifestó en el Congreso chileno-, éstas transcurrieron en un clima correcto y no ha habido acusaciones de fraude. De hecho, el proceso ha sido valorado por los observadores internacionales y organismos hemisféricos como la OEA.