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opinión

cuidado con los enanos terroristas


No es un chiste. La estupidez derechista difunde un nuevo peligro para la civilización cristiana: los vientres de las mujeres ilegales son usados para procrear terroristas.
[Rubén Navarrette Jr.] Phoenix, Arizona, Estados Unidos. Después de unos días aquí en la quinta ciudad estadounidense -que también está en el centro del debate nacional sobre la inmigración-, tuve la posibilidad de analizar este volátil asunto desde muchos puntos de vista diferentes.
Pero no vi a ningún bebé terrorista.
Telespectadores de ‘Anderson Cooper 360’, de CNN, reconocerán que ese término se refiere a niños nacidos en suelo estadounidense de padres que son inmigrantes ilegales. Los niños reciben automáticamente la ciudadanía estadounidense en virtud de la 14 Enmienda y luego enviados a los países de sus padres para ser criados como terroristas enanos que odian a Estados Unidos. Entonces, décadas después, cuando los niños se han convertido en adultos, podrían fácilmente -porque poseen la ciudadanía estadounidense- volver a entrar a Estados Unidos para atacar al país desde dentro.
Así que los bebés terroristas son como una especie de célula durmiente, una célula a la que hay que hacer dormir siesta de vez en vez, porque de otro modo se ponen mañosos.
¿Es este un panorama terrorífico? Obviamente. ¿Se parece en algo a la realidad? No, no se parece en nada. De hecho, lo más espeluznante son los legisladores oportunistas que son capaces de llevar a nuevas profundidades para aterrorizar a la gente para concitar apoyo para la propuesta -sin duda extremista- de reformar o eliminar la 14 Enmienda.
De eso se trata. Es una trama elaborada para esa parte del electorado que cree que los inmigrantes ilegales está aprovechándose injustamente de la disposición constitucional que convierte a todos los nacidos en suelo estadounidense en ciudadano estadounidense.
Las dos republicanas de Texas que participan activamente en este infundio -Debbie Riddle, representante del estado, y Louie Gohmert, congresista-, fueron invitadas al programa de Cooper de esta semana, y ninguna de las dos pudo proporcionar evidencia alguna sobre la existencia de estos míticos bebés terroristas. De hecho, con las preguntas de Cooper asumieron una actitud extremadamente defensiva. Se podría decir que estas republicanas sembradoras del terror estaban actuando de un modo que podría ser descrito adecuadamente como infantil.
Riddle y Gohmert dijeron que recibieron informaciones en conversaciones con "ex agentes del FBI". Por eso, Cooper entrevistó a Tom Fuentes, que contribuye regularmente con CNN y fue subdirector del FBI en la oficina de operaciones internacionales de 2004 a 2008.
"El FBI tiene 75 oficinas en el extranjero, incluyendo Jordania, Turquía, Israel, Arabia Saudí, Yemen, Pakistán", dijo Fuentes. "Nunca hubo ningún informe verosímil -en realidad, ningún informe sobre este asunto- que hubiese pasado por los varios mecanismos de comunicación que indicara que existía un plan para procrear bebés terroristas".
El FBI también ha hecho todo lo posible para refutar el rumor como una historia sin fundamentos.
Por supuesto, esta patraña no sólo no es creíble; probablemente no es nada más que un producto de la imaginación de las políticas. Pero es útil porque ayuda a ilustrar un inquietante fenómeno aquí en Arizona, donde los partidarios de la nueva ley de inmigración del estado parece que les hace creer que tienen que justificar la propuesta no solamente asustando a la gente, sino también proponiendo cambios de imagen extremos. Toman cosas que son familiares, y tratan de convertirlas en algo siniestro.
Esos no son bebés estadounidenses, dicen; son futuros terroristas. No son inmigrantes ilegales corrientes y molientes que llegan a Arizona para trabajar y alimentar a sus familias; son mulas de los carteles mexicanos de la droga, dice el gobernador de Arizona Jan Brewer. Y los coyotes que han estado llevando a Estados Unidos inmigrantes ilegales durante generaciones, no son coyotes: son carteles de la droga, los que -de acuerdo con Brewer- ahora controlan todas las operaciones de transporte de ilegales en Estados Unidos.
La Patrulla Fronteriza derribó rápidamente esas historias como falsas, mientras el FBI refutaba el rumor de que los bebés están utilizando la 14 Enmienda para perjudicarnos.
Me gustó ver eso. Ya hay suficiente deshonestidad en el debate sobre la inmigración; ciertamente no queremos que nos lleguen más propuestas del estado de Arizona. Sin embargo, hay continuo flujo de mentiras y verdades a medias.
Las tres grandes mentiras -repetidas por altos funcionarios republicanos- son que el gobierno federal no está haciendo bien su trabajo de proteger las fronteras, que la ley es un intento de reprimir los carteles de la droga y que la raza no es un tema de debate. Nada de todo esto es verdad. Así que, ¿por qué la repiten?
Aquellos que creen en la ley de inmigración del estado y consideran que es una buena idea dar atribuciones a la policía local y a los alguaciles del sheriff para implementar la ley federal de inmigración, deberían atenerse a la ley tal como está formulada. Deberían tratar de crear una realidad alternativa para convencer a más personas.
Un prominente abogado mexicano-estadounidense, que ha sido durante largo tiempo un visible y ruidoso miembro de la comunidad latina de Phoenix, me advirtió que no vale la pena tratar de entender qué dicen.
Por ejemplo, le pregunté cómo podía la gente seguir argumentando que el gobierno de Obama no estaba haciendo lo suficiente para proteger las fronteras cuando todas las evidencias sugieren lo contrario.
"A esa gente no la vas a convencer nunca", dijo. "Sus motivaciones son políticas. No se basan en la realidad".
Temo que eso no sea suficiente. Si los partidarios de la SB1070 creen realmente en los méritos de su causa, deberían ser capaces de ganar el debate naturalmente, sin recurrir a la magia negra ni a sembrar el terror ni a interpretaciones fanáticas. Y si no pueden hacerlo, si tienen que retratar a los bebés como terroristas y a los inmigrantes como mulas para ganar apoyo para su causa, entonces deberían decirles claro y fuerte que están en el lado equivocado del debate -para no decir en el lado equivocado de la historia.
Nada puede cambiar eso.
16 de agosto de 2010
13 de agosto de 2010
©cnn
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campos de concentración para ilegales


Candidata republicana propone encerrar a extranjeros en campamentos para inmigrantes. La idea la vienen defendiendo grupos neonazis europeos desde hace al menos diez años, cuando EUA inició su guerra contra el terrorismo.
[Robin Marty] Tom Brokaw dobló ‘The Greatest Generation’ durante la Segunda Guerra Mundial, pero algunos capítulos de esa historia, como la internación de los japoneses en Estados Unidos, son momentos que la mayoría de nosotros miramos con pesar.
Excepto una candidata republicana para la legislatura del estado de Florida, que piensa que deberíamos volver a adoptar la idea, esta vez como un modo de encerrar a los inmigrantes ilegales.

En una entrevista que publica Justin Elliott en Salon’s War Room  el 12 de agosto recién pasado, la candidata republicana a la legislatura de Florida defendió su polémica propuesta de detener a inmigrantes ilegales y enviarlos a "campos" donde puedan ser encerrados en masa.
"Podemos enviarlos al campo y encerrarlos entre altas murallas y dejarlos ahí", dijo Marg Baker, agente inmobiliaria que busca la nominación republicana para el distrito 48 del estado, al norte de Tampa.
Baker fue filmada defendiendo la idea de los campos en una asamblea local del Proyecto 9-12, el grupo de activistas de Glenn Beck, a principios de mes. Hoy contó a Salon que le molestaba la manera en que algunos habían interpretado sus comentarios. "Están diciendo que quiero construir campamentos de prisioneros como los que había en Alemania", lo que no sería así, dijo Baker.
Interrogada sobre si lo que tenía en mente se parecía más a los campos de internamiento de la era de la Segunda Guerra Mundial, Baker dijo: "Algo similar. Pero desgraciadamente en los campos japoneses se encerró a ciudadanos estadounidenses. Lo que yo quiero son campamentos para encerrar a los ilegales".
Agregó: "Necesitamos lugares donde puedan comer y dormir y respirar aire fresco. Podría ser un campamento de tiendas... Tampoco deben vivir muy cómodamente allí, porque si no, volverán".
La AP informa que otros candidatos republicanos han rechazado la idea.
La página web de Baker menciona cinco "razones" por las cuales no tolerar a inmigrantes ilegales, incluyendo "prostitución".
Enfatizó que quiere que todos los inmigrantes ilegales sean encerrados en campos, no solamente los latinos. Aunque agregó crípticamente: "La gente está entre nosotros... Quién sabe". [Hasta aquí la entrevista en Salon].

Ah, la candidata no quiere encerrarlos en lugares remotos hasta que se mueran de alguna enfermedad o de hambre o, sabes, meterlos en cámaras de gas como en el Holocausto. Simplemente quiere apartarlos de la gente bien. Y las condiciones de vida allí no deben ser muy buenas, para que no la pasen bien.
Las observaciones de Baker conjuran parte de lo mejor de la retórica republicana, combinando los sentimientos de rechazo de los inmigrantes con la imagen de las Cadillac Welfare Queens [Reinas de la Seguridad Social en Cadillac] de los años ochenta, que adoran vivir del erario público porque es más fácil que trabajar.
Felizmente, la mayoría de los republicanos han podido reconocer que la candidata se pasó de la raya. De acuerdo a Salon, la idea de meter en campos de concentración a los inmigrantes ha sido rechazada por la mayoría de sus opositores.
Oh, y para aclarar las cosas, Baker dice que no es racista. Está más que dispuesta a encerrar en esos campos a todos los ilegales, no solamente los latinos.
Así que cuidado, malditos suecos ilegales.
16 de agosto de 2010
14 de agosto de 2010
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sultanato de uribe llega a su fin


Se dio el lujo de estigmatizar a quienes hicieron denuncias contra su gobierno mientras se presentaba como un presidente respetuoso del disenso.
[María Jimena Duzán] Estoy contando los días, las horas y los minutos que le quedan de gobierno al presidente Uribe con una emoción cercana al paroxismo. Y lo hago no precisamente porque sea una devota del santismo -de hecho no voté por Juan Manuel ni creo en sus milagros-, sino porque tengo la convicción de que cada minuto que pasa, cada segundo que corre, a los colombianos nos quedan menos días y menos horas bajo la sombra tutelar de un gobierno que durante ocho años no fue una dictadura ni una democracia, sino un sultanato.
Giovanni Sartori utilizó esa definición en su último libro -la de que no estamos ni en una dictadura ni en una democracia sino en un sultanato- para explicarles a los italianos lo que significaba el gobierno de Berlusconi. Sin embargo, la frase sirve para definir también la verdadera naturaleza política del gobierno de Uribe.
Dirán que es una exageración tachar de dictador al presidente Uribe, pero como bien lo afirma Sartori, en estos tiempos la toma de las democracias por parte de los gobiernos autoritarios se hace cuidando las formas. Por cuestión de estética, asegura el intelectual italiano, ningún gobernante se declara dictador, pero "todos los que simulan no serlo, generalmente lo son". Un indicio de su verdadera naturaleza es si el poder lo ejerce concentrado en su persona y si las reformas constitucionales que apoya intentan debilitar y asfixiar a los contrapoderes que los obstaculizan. En el caso de Uribe, esas dos características se cumplen al pie de la letra: ha tratado de quitarle a la Corte Suprema la competencia de investigar y juzgar a sus familiares y compadres políticos investigados por parapolítica, y acaba de presentar un proyecto para que la Fiscalía pase a ser controlada por el Presidente en momentos en que se están adelantando las investigaciones que tienen a casi todos los miembros de su círculo íntimo investigados y/o en la cárcel.
Afortunadamente, el nuevo ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, de un tacazo ha desechado esta propuesta que nos deja el sultán de despedida.
Bajo su sultanato, Álvaro Uribe hizo lo que quiso sin rendirle cuentas a nadie; impuso sus gustos, su forma de vestir y su lenguaje de hacendado paisa; se volvieron lugares comunes sus símiles entre la política y las bestias y entre las bestias y los magistrados de las cortes.
Gobernó como un sultán sobre el Congreso y creó un partido de papel para que se postrara a sus pies. Dispuso de sus ministros como si fueran personal de servicio y su corte de fieles cumplió sus designios transgrediendo incluso las fronteras de la ley para demostrarle su lealtad. Fue despótico con todo lo que le quitara protagonismo: con los partidos, con los gremios, con las instituciones.
Su gobierno fue epicentro de los peores escándalos de corrupción que se recuerden desde el proceso 8.000, pero ’el pueblo’ nunca le pasó ninguna cuenta de cobro. Uribe, el sultán, logró convencerlos de que todas esas denuncias eran calumnias y montajes hechos en su contra por los enemigos de la seguridad democrática que le hacían el juego al terrorismo de las Farc. Les triplicó los subsidios y les aseguró que con él siempre tendrían papa en la boca.
Ni las ’chuzadas’ del DAS, ni la compra de su primera reelección, ni los ’falsos positivos’ le hicieron mella en su popularidad y, por el contrario, se dio el lujo de macartizar a quien se le vino en gana y de estigmatizar a quienes hicieron denuncias contra su gobierno, al tiempo que se esforzaba en presentarse como un gobernante respetuoso del disenso, de la división de poderes, de la oposición y de la crítica.
Si no es porque la Corte Constitucional en buena hora frenó su segunda reelección, muy probablemente hoy el país estaría enterrando lo que nos queda de democracia en medio de un gran júbilo. Uribe habría cerrado ya la Corte Suprema y en lugar de andar en la unidad nacional de Santos, el país estaría embarcado en lo que Sartori ha dado en llamar una "Constitución inconstitucional"; se habrían eliminado las estructuras garantistas sin llamar mucho la atención y a Uribe se le habría permitido un ejercicio concentrado e incontrolado del poder político hasta por lo menos 2019.
Ahora entenderán por qué cuento las horas, los minutos y los segundos que le faltan a este sultanato para que expire. Ante semejante perspectiva, cualquier cosa que nos pueda pasar con Juan Manuel, por mala que sea, desde ya la considero una ganancia.

2 de agosto de 2010
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el presidente de los mandados


Uribe: función de despedida.
[Atilio A. Boron] Incondicional peón del imperio, Álvaro Uribe se despide de la presidencia de Colombia con una nueva provocación: la denuncia de la existencia de campamentos de las FARC en territorio venezolano. Ni lerdo ni perezoso, el Departamento de Estado salió a respaldar sin reservas la acusación formulada por Bogotá en la OEA, alentado por la supuesta "contundencia" de las pruebas presentadas por Uribe que denuncian al gobierno de Hugo Chávez por permitir la instalación de campamentos de la FARC y la realización de diversos programas de entrenamiento militar de unos 1500 efectivos de la guerrilla en territorio venezolano. El vocero del Departamento de Estado, Philip Crowley, declaró con singular insolencia que "Venezuela ha mostrado una conducta desafortunada e insolente" con su vecino y amenazó que si ese país "no coopera, Estados Unidos y los demás países obviamente lo tomarán en cuenta." En la misma línea se manifestó el subsecretario adjunto para América latina, Arturo Valenzuela, declarando que la denuncia hecha por Uribe era "muy seria." Ambas declaraciones hablan elocuentemente sobre el talante moral de ambos funcionarios.
Fueron los administradores imperiales quienes le pidieron a Uribe una última "prueba de amor" pocos días antes de abandonar la presidencia. Como es de público conocimiento, el prontuario que la DEA, la CIA y el FBI han venido construyendo sobre Uribe por sus íntimas y prolongadas vinculaciones con los narcos no le permite desobedecer ninguna orden originada en Washington, so pena de correr la misma suerte que el ex presidente panameño Manuel A. Noriega y terminar sus días en una cárcel de máxima seguridad de los Estados Unidos.
Miente Uribe porque, en primer lugar, si las FARC controlan cerca del 30 por ciento del territorio nacional (como el propio gobierno colombiano lo ha reconocido más de una vez) no se entiende qué sentido puede tener distraer nada menos que 1500 hombres del teatro de operaciones en Colombia y organizar 85 campamentos guerrilleros en Venezuela. Es en la propia Colombia donde la crisis y putrefacción del Estado oligárquico permite que amplias franjas de su territorio, especialmente en las zonas selváticas, estén controladas por la guerrilla, los narcos y los paramilitares. Diversas autoridades ecuatorianas comentaron luego del ataque que las fuerzas colombianas realizaron en su territorio que Ecuador no limita al norte con Colombia sino con una tierra de nadie controlada por las organizaciones descriptas más arriba. Con una necedad sin límites Uribe acusa a sus vecinos de no hacer lo que él mismo ha dado sobradas muestras de ser incapaz de hacer: controlar su propio país. Cerrando los ojos ante esta realidad Estados Unidos se monta sobre esta falaz denuncia para, desde allí, acosar al gobierno bolivariano por su falta de colaboración en la lucha contra el narcotráfico, obviando el molesto hecho de que el mayor exportador mundial de cocaína –y, ahora, de narcotraficantes– es la Colombia militarizada por Uribe y devenida gracias a su invalorable colaboración en un protectorado norteamericano.
Ante semejante cuadro de descomposición política, denunciar que las FARC se instalan en Venezuela –¡y para colmo con el aval y la complicidad del gobierno de Hugo Chávez!– es una vulgar engañifa al servicio del imperio que carece por completo de entidad como para ser tomada mínimamente en serio.
En segundo lugar, ¿cómo olvidar que Uribe fue el hombre que mintió alevosamente cuando sus fuerzas, apoyadas por las de Estados Unidos, incursionaron en territorio ecuatoriano aduciendo que iban en persecución de una columna de las FARC. Las pruebas demostraron que los guerrilleros a los que supuestamente se perseguía luego de un enfrentamiento ocurrido en territorio colombiano estaban durmiendo –vestidos inclusive con pijamas– al momento de producirse el ataque y que, en consecuencia, lo que tuvo lugar en Santa Rosa de Sucumbíos no fue un combate sino lisa y llanamente una masacre indiscriminada.
Tercero, ¿cómo se le puede creer a un hombre que desde la presidencia convalidó la acción de los paramilitares y del terrorismo de Estado? El 16 de febrero de este año la unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía colombiana publicó un informe en el que se revela que algo más de 4000 paramilitares de las AUC, las Autodefensas Unidas de Colombia, aseguraron haber perpetrado 30.470 asesinatos en el período comprendido desde mediados de los ochenta hasta su "desmovilización" en 2003-2006. Agréguese a esto que tan sólo en el año 2009 los paracos y las "fuerzas de seguridad" asesinaron a 40 sindicalistas, convirtiendo a Colombia en el país más peligroso del mundo para ese tipo de actividad.
Cuarto, el denunciante es nada menos que el responsable intelectual y político de la masacre serial conocida con el nombre de "falsos positivos". Durante los tres últimos años de gobierno de Uribe se comprobó que –ante el acoso del gobierno para que mostrara resultados concretos en la lucha contra la guerrilla– el ejército diseñó y ejecutó un plan criminal: recorrer las comunidades y aldeas más pobres del país ofreciendo trabajo a la enorme masa de desocupados y reclutando a un elevado número de indigentes, campesinos indefensos y jóvenes marginados, que luego eran asesinados a sangre fría y a sus cadáveres se los hacía pasar como pertenecientes a guerrilleros ejecutados en combate para cobrar la recompensa establecida por el gobierno u obtener estímulos o ascensos en su carrera militar. Según estimaciones muy conservadoras estos crímenes de Estado superan los mil casos.
Como ocurrió con todos los terrorismos de Estado que asolaron la región, los crímenes de lesa humanidad cometidos tenían también un trasfondo económico. En el caso de la Colombia de Uribe, entre las corruptas fuerzas armadas, los paramilitares y el narco se repartieron millones de hectáreas que en su desesperado éxodo dejaban tras de sí los campesinos desplazados por los bombardeos y masacres indiscriminadas a que estaban sometidos. La cifra de los campesinos desplazados ascendería a 4.500.000 y sus tierras –por lo menos unos seis millones de hectáreas– fueron luego transferidas, con gran provecho para los encargados de desalojarlos, a los terratenientes y el agronegocio, auspiciantes y cofinanciadores del paramilitarismo.
Este es el hombre que hoy levanta su dedo acusador en contra de la revolución bolivariana. Es evidente que lo suyo es una maniobra más, dictada por los estrategas del imperio, para acosar al gobierno de Hugo Chávez y para legitimar la violenta militarización de la política exterior norteamericana. Por eso Washington insiste en desplegar su impresionante dispositivo militar: allí están las siete bases en Colombia; en Aruba y Curazao, a pocos kilómetros del litoral marítimo venezolano; en El Salvador y en Honduras y, ahora, la autorización para introducir nada menos que 7000 marines y toda clase de armamento en la vecina Costa Rica. Por eso también la Cuarta Flota. El gobierno de Uribe cumple así un servicio de extraordinaria importancia tratando de crear las condiciones que justifiquen la intervención militar norteamericana en América del Sur y, en lo inmediato, mantener viva la tensión entre Colombia y Venezuela luego del recambio presidencial y perjudicar las chances electorales de Chávez.
Preocupado por su futuro y agobiado por el espectro de Noriega pudriéndose en una cárcel gringa, Uribe se esmera hasta el último día de su mandato para mostrar su total sumisión a los dictados de los imperialistas. Por eso es importante desenmascarar y denunciar al denunciante, y exigir la pronta intervención de la Unasur para desbaratar los planes de Washington en nuestra América. Este no es un tema para la OEA, que además no supo manejar la provocación uribista, sino para la Unasur, que será puesta a prueba con este incidente.

27 de julio de 2010
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miedo a la libertad


Preso en Guantánamo durante varios años, fue enviado sin cargos a Argelia, donde desapareció. Antes de ser deportado, había suplicado no ser enviado a casa por temor al gobierno y a los fundamentalistas que tratarían de reclutarlo. Tras la publicación de este editorial de The New York Times, volvió a aparecer.
Un preso que ruega que le dejen quedarse indefinidamente en el centro de detención de Bahía Guantánamo antes que ser enviado a Argelia tiene probablemente poderosas razones para temer la recepción en casa.
Abdul Aziz Naji, que ha estado detenido en Guantánamo desde 2002, dijo al gobierno de Obama que de ser trasladado a Argelia sería torturado, sea por el gobierno argelino o por organizaciones fundamentalistas allá. Aunque pidió quedarse en la prisión, el gobierno lo mandó a su casa este fin de semana pasado y se lavó las manos. Casi inmediatamente después de llegar, desapareció, y su familia teme lo peor.
Es un acto de crueldad que desafía toda explicación.
Naji, 35 y nacido en Argelia, fue detenido por la policía de Pakistán en mayo de 2002 y entregado a los estadounidenses por sospechas de terrorismo. Admitió haber trabajado para el ala humanitaria de Lashkar-e-Taiba, la organización terrorista paquistaní, pero el gobierno de Bush nunca le acusó de nada, ni le explicó porqué estaba retenido ni demostró ninguna relación con actos terroristas.
El gobierno de Obama, que está tratando de reducir la población en Guantánamo, forcejeó con los abogados de Naji hasta la misma Corte Suprema por el derecho a enviarlo a Argelia. Naji alegó que una vez que estuviera en su país natal, sería torturado, o por el gobierno que lo sospecha de ser un terrorista, o por organizaciones fundamentalistas que lo presionan para que se incorpore a su causa.
El tribunal, que emitió una lacónica orden rechazando su petición, aparentemente aceptó las garantías del gobierno de Obama de que el gobierno argelino había prometido no torturar a Naji. Según un fallo de la Corte Suprema en 2008, el gobierno goza de amplia discreción para decidir cuando aceptar esas promesas de parte de un gobierno extranjero.
Naji pidió asilo político en Suiza, pero a las pocas horas de conocida la orden judicial, fue subido a un avión en dirección a Argelia. El tribunal se negó a aceptar una petición similar de otro argelino en Guantánamo que no desea volver a casa, Farhi Saeed Bin Mohammed, que aún no ha sido retornado, pero que fue ser reenviado en cualquier momento. Otros cuatro presos argelinos han hecho peticiones similares.
Argelia puede haber prometido no torturar a esos dos hombres, pero es difícil tomar la promesa en serio, o saber si no ha sido quebrantada. Funcionarios de gobierno dijeron que no han detenido a Naji, pero no han informado sobre su ubicación, que es lo que deben hacer prontamente.
El informe sobre derechos humanos en el país publicado por el Departamento de Estado en marzo pasado, dice que la tortura en Argelia se ha reducido, pero que aún prevalece. Menciona a abogados de derechos humanos diciendo que la práctica es habitual para extraer confesiones en casos de seguridad. Hay gente desaparecida en el país, dice el informe, y organizaciones armadas -que obviamente no hacen promesas al gobierno- siguen actuando impunemente.
Apoyamos los esfuerzos del gobierno por cerrar la cárcel de Guantánamo, y entendemos la preocupación de que si el próximo año hay un Congreso dominado por los republicanos podría ser todavía más difícil. No hay razones para entregar presos a gobiernos que Estados Unidos considera hostiles y que son conocidos por sus torturas e impunidad.
El gobierno se niega a deportar presos a Libia, Siria y otros países conocidos por sus métodos. Debería encontrar un nuevo hogar para los argelinos.

Actualización
Daniel Fried, enviado especial del Departamento de Estado a cargo del cierre del centro de Bahía Guantánamo dijo el domingo que Estados Unidos había entregado a Naji al gobierno argelino, que lo detuvo durante algunos días para interrogarlo, lo llevó ante juez y lo dejó en libertad el domingo, después de la publicación de este editorial.

26 de julio de 2010
24 de julio de 2010
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el hedor uribista


A esta altura habría que aclarar que más allá de la retórica belicista de Chávez, el movimiento de tropas en la frontera y los comunicados de ocasión llamando a la calma, nadie cree que la cosa pase a mayores.
[Santiago O’Donnell] La bomba que tiró Uribe en la sede de la Organización de Estados Americanos resultó ser una bombita de mal olor. "El show uribista resultó bastante precario. Más de dos horas de bla bla bla mostrando fotos que podrían ser de cualquier lado, a lo Colin Powell, con ese estilo berreta del Departamento de Estado. A los embajadores se los veía molestos por la longitud de la presentación y la inocencia de las fotos", contó un funcionario del organismo que presenció la sesión.
Pero el daño ya estaba hecho. Ante la provocación uribista, Chávez respondió como de costumbre, escalando, y mandó a su embajador a formalizar la ruptura de las relaciones entre Venezuela y Colombia en la sede misma del organismo multilateral. "Este es un lugar para firmar tratados de paz, no para romper relaciones", se lamentó un diplomático con trayectoria en el organismo. Se lo escuchaba molesto con el show colombiano-estadounidense, pero al mismo tiempo reconocía errores de manejo del chileno Insulza, el secretario general de la OEA, ante la previsible sobreactuación de Chávez.
"Tendría que haber pateado la pelota afuera, llamar a consultas, pedir un cuarto intermedio, cualquier excusa para estirar diez días hasta que se vaya Uribe. Los venezolanos ya venían con la instrucción de romper relaciones, la OEA tendría que haberlo sabido de antemano y hacer gestiones para que lo hagan por fuera de la OEA, para preservar la institución."
Pero no: por algo la OEA está en Washington y los estadounidenses hicieron sentir que jugaban de locales y presionaron fuerte a Insulza con el apoyo de Canadá para que Uribe tuviera su pataleta de despedida en la sesión extraordinaria del jueves pasado. Y el State Department se encargó de darle el toque hollywoodense clase B al show del embajador Hoyos. Para cumplir la misión encomendada, el diplomático colombiano debió rebajarse a decir que los guerrilleros iban a Venezuela a "descansar y ponerse gorditos" y cosas por el estilo, mientras pasaban fotos que mostraban a cuadros de las FARC tomando cerveza en la playa o bañándose en un río. Como si la frontera venezolana fuera una sucesión de bases de "R&R", esas que usan los soldados yanquis para emborracharse e irse de putas con un permiso de dos semanas antes de volver a la guerra. Guión con sello de un Departamento de Estado cuya sección latinoamericana, por lo menos, parece copada por los dinosaurios de derecha nostálgica, sin que el subsecretario Valenzuela, tan apto para la discusión teórica, logre o intente imponer políticas más acordes con la prédica, o a esta altura más bien la retórica, de Obama.
Argentina, Brasil y los países del ALBA hicieron todo lo posible para evitar la reunión. A Ecuador el chiste le costó la renuncia de su embajador en el organismo, ya que al parecer Correa perdió la paciencia y dijo algunas cosas de más. Se entiende: Quito ya padeció el juego de Uribe de tirar la piedra, esconder la mano, victimizarse y pasar a la ofensiva con pruebas de cuarta avaladas por expertos militares que hablan inglés.
Esta vez el tema arrancó con una cordial invitación del presidente electo Santos para que Chávez estuviera presente en su asunción dentro de dos semanas, gesto que llevaba implícita una propuesta de relanzar las relaciones e intentar por enésima vez dejar atrás las fricciones del pasado reciente, propuesta que el mandatario venezolano acogió de buena manera. Y eso que Santos, ex ministro de Defensa de Uribe, procesado en Ecuador por bombardeo, era hasta hace unos días el blanco preferido de los dardos verbales del líder bolivariano.
Uribe, que al parecer no había dado su beneplácito, respondió con una catarata de insultos y agravios hacia su colega venezolano. Chávez no dejó pasar la invitación a hacer demagogia nacionalista para la tribuna interna y respondió indignado retirando a su embajador y cancelando su visita a la asunción de Santos. Es todo lo que necesitó Uribe para cantar retruco en el campeonato de demagogia y, azuzado por los dinosaurios del State Department, exigió la reunión en la OEA para salpicar con su bombita de olor a diplomáticos acostumbrados a los buenos modales.
Aquí los caminos se bifurcan. Hay quienes dicen que se trató de una jugada genial de Uribe para posicionar a su delfín Santos, un duro si los hay, como el bueno de la película que perdona a Chávez y consigue la paz. Otros dicen que la iniciativa de Santos de acercarse a Chávez sorprendió y descolocó a Uribe, y que por eso el presidente saliente provocó la pelea. Habría que indagar en la psiquis del caudillo colombiano con aspiraciones autocráticas para entender su estado de ánimo a pocos días de perder buena parte de su poder, después de una compra de congresistas para habilitar su reelección y su frustrado intento de rerreelección, que de tan antirrepublicano chocó con la negativa de su aliado carnal, amén de un fallo de la Corte Electoral colombiana.
Lo que queda clarísimo después de la exposición del excelentísimo embajador de Colombia ante la OEA es que no había ninguna razón de política externa, ningún indicio de ataque inminente, que justificara la actitud de un "pato cojo" como Uribe de provocar una crisis internacional que repercutió en el mundo, y que retrotrajo a la OEA a sus tiempos menos felices de tutela imperial.
Porque es obvio que las guerrillas colombianas tienen presencia en Venezuela. Basta recordar que Uribe aceptó una mediación de Chávez con las FARC. ¿Cómo se tejen esos contactos? ¿Cómo se hace para dialogar cara a cara con un guerrillero sin extenderle un salvoconducto para que pueda venir? Pero ojo, también hay presencia de las guerrillas colombianas en Ecuador y Brasil. Pequeño detalle: las guerrillas colombianas trafican cocaína y heroína a gran escala. Ninguna frontera de Sudamérica es impermeable al narcotráfico. Pregunten en Salta. O en Misiones.
Entonces los vecinos de Colombia deben negociar con las guerrillas para que limiten su actuación fronteras afuera al rubro comercial. Esto se hace a través de la diplomacia, facilitando la presencia de algún embajador en las sombras que ejerza la representación de la empresa narcomilitar. Esa clase de arreglos requiere cierta tolerancia con lo que pueda pasar en parajes remotos que ningún Estado controla. Todo esto lo saben de memoria los embajadores que dieron marco institucional al cuento de Hoyos en la OEA.
A esta altura habría que aclarar que más allá de la retórica belicista de Chávez, el movimiento de tropas en la frontera y los comunicados de ocasión llamando a la calma, nadie cree que la cosa pase a mayores. Ni siquiera Chávez está tan loco como para atacar a un poderoso ejército, encima movilizado y en combate, como lo es el colombiano. Y Venezuela tiene lo suyo: no es ni por asomo un país tan indefenso como Ecuador. Hasta Uribe y Santos entienden la diferencia.
Por eso no bien se había anunciado la ruptura ya estaba en marcha el operativo reencuentro, y mientras tanto los pasos fronterizos siguen abiertos al comercio por voluntad de los dos países.
El tropiezo de la OEA es ganancia pura para la Unasur. Néstor Kirchner tiene prácticamente garantizado un debut exitoso como presidente del bloque y gestor de la reconciliación, con visitas agendadas en Miraflores y Nariño en medio de la pelea. Chávez quiere arreglar porque la economía venezolana no aguanta sin venderle a Colombia y para darle un impulso al liderazgo de su aliado y socio comercial argentino. Uribe quiere arreglar porque la economía colombiana necesita crecer con energía venezolana y porque si no arregla esta semana Santos arregla la semana que viene y él queda pintado.
Mientras tanto habrá que taparse las narices, abrir las ventanas y esperar.

25 de julio de 2010
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amnistía, justicia y verdad


Amnistías en América Latina, justicia y verdad. La posición de Naciones Unidas con respecto a las amnistías no puede ser más clara: no son admisibles si evitan el juicio de personas que puedan ser penalmente responsables.
[Navi Pillay] La sentencia reciente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que ordena a Brasil revisar su ley de amnistía representa un hito crucial en la lucha contra la impunidad en una región que todavía tiene que comprender plenamente y hacer frente a las atrocidades cometidas durante varios de los conflictos internos en las últimas décadas. Las leyes de amnistía que ignoran intencionalmente los abusos de derechos humanos no sólo distorsionan los registros históricos que cada país tiene que formular, sino también minimizan el sufrimiento de las víctimas y merman su derecho a saber la verdad y obtener una reparación.
Los gobiernos suelen justificar su recurrencia a las leyes de amnistía generales en nombre de una rápida reconciliación. La historia muestra, sin embargo, que blindar de la rendición de cuentas a los autores, al tiempo que niega la justicia y la reparación a las víctimas, es probable que provoque nuevos conflictos en lugar de sanar las heridas del pasado. Cuando se han concedido amnistías en el afán y la ansiedad de pasar la página de los conflictos, o para la razón más siniestra de encubrir los abusos, su derogación debe ser siempre una opción abierta que se debería tomar en la primera oportunidad.
Sin embargo, en América del Sur y en otros lugares, el olvido sigue siendo activa y oportunamente promovido a través de leyes antiguas y nuevas. Esto ocurre a pesar del hecho de que, como la Corte Interamericana de Derechos Humanos señaló, dejar indefensas a las víctimas y perpetuar la impunidad en la práctica o por mandato legal son actos manifiestamente incompatibles con la letra y el espíritu de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Un caso de ello es el de Brasil, donde el Tribunal Superior de Justicia negó la posibilidad de modificar la ley de amnistía de 1979, afirmando que los crímenes cometidos durante la dictadura no eran sino "actos políticos". En Chile, la ley de amnistía sigue vigente 32 años después de su promulgación y a pesar del repudio internacional en los fallidos intentos para condenar al ex dictador chileno Augusto Pinochet. Es más, la posibilidad de otorgar un indulto a ciertos violadores de derechos humanos, con motivo del bicentenario en septiembre, se está debatiendo en estos días.
En Uruguay, el gobierno tuvo que intervenir a última hora para evitar la promulgación de un proyecto de ley que hubiera permitido la liberación de los autores de violaciones de derechos humanos debido a su vejez.
En este contexto, medidas para mejorar la rendición de cuentas son aún más notables. En Argentina, el país con el mayor número de juicios de derechos humanos en el mundo, los tribunales continúan presidiendo los casos de crímenes de lesa humanidad y graves violaciones de los derechos humanos cometidas durante la guerra sucia de 1976-1983 en ese país. El ex dictador Rafael Videla se encuentra nuevamente ante los tribunales por los abusos de derechos humanos cometidos en esa época. Argentina ha demostrado que el conocimiento de la verdad es un derecho que no tiene ningún estatuto de limitaciones. Es también un derecho que nadie puede negar o renunciar. Toda persona y cada sociedad tienen el derecho a saber quién viola los derechos humanos y saber por qué, cuándo, dónde y cómo se cometieron los crímenes, así como a ser informadas sobre el destino de las víctimas.
Las amnistías que entierran la verdad y eximen a los responsables de crímenes del pasado contra los derechos humanos pueden socavar la perspectiva de construir sociedades justas y seguras en el futuro. La impunidad fomenta el resentimiento y la falta de confianza en las instituciones de gobierno. Ha inspirado a algunos autores a cometer nuevos crímenes y también puede alentar a otros a unirse a las filas de los violadores de derechos humanos.
La posición de Naciones Unidas con respecto a las amnistías no puede ser más clara: no son admisibles si evitan el juicio de personas que puedan ser penalmente responsables de crímenes de guerra, genocidio, crímenes contra la humanidad o violaciones graves de los derechos humanos, incluidos los delitos que se dirigen específicamente a las mujeres, así como delitos relacionados con el género.
El ejercicio de estos derechos es incompatible con la impunidad normativa o de hecho. Los países del hemisferio occidental deben prestar atención a la sentencia de la Corte Interamericana y entregar la justicia negada durante tanto tiempo a las víctimas de las violaciones de los derechos humanos.

La autora es la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

24 de julio de 2010
19 de julio de 2010
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en busca de la identidad perdida


"Durante siglos logramos respuestas culturales para el incesto, para el parricidio, para el genocidio. Hoy nos enfrentamos a nuevas categorías, desde la negación de la identidad hasta la alabanza a los asesinos de nuestros propios padres".
[Vicente Battista] Ni Adán ni Eva, se supone, tuvieron conflictos de identidad. Es posible que hayan sufrido la carencia de padres naturales, pero en su reemplazo contaron con el Padre Eterno, algo colérico, por cierto: ante la primera desobediencia los echó de casa. El exilio no los amilanó, cubrieron su desnudez y comenzaron a tener hijos: había que poblar el mundo. Caín y Abel fueron los primeros, y aunque no les fue del todo bien, ni uno ni otro se enfrentaron a conflictos de identidad: tenían real conciencia de quiénes eran sus padres. Esta certeza en gran medida se iba a repetir con todos los seres humanos que poco a poco fueron ocupando el planeta, ya sea aquellos que continuaban con la tradición judeo-cristiana, aquellos que habían nacido bajo el paganismo o aquellos que profesaban otras confesiones. Tan importante como las dos preguntas iniciales –¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?– es saber quiénes son nuestros padres, existimos gracias a ellos, sin ellos seríamos la nada, y la nada no se formula preguntas.
Nuestros abuelos prehistóricos fueron de la horda al clan y del clan a la familia consanguínea, para finalmente arribar a la monogámica; hay quienes aseguran que en ese estadio se podría establecer el comienzo de la civilización. La monogámica era una familia fundada en el predominio del hombre: se hacía necesario procrear hijos cuya paternidad no se discutiese. Con el propósito de evitar esas discusiones, los patriarcas judíos optaron por la línea materna. Esto, sin embargo, no les evitó padecer problemas de identidad: José, hijo de Jacob, fue vendido por sus hermanos a los ismaelitas y ellos, a su vez, lo vendieron a los egipcios.
José revirtió su condición de esclavo y llegó a ser gobernador de Egipto. Investidura que no le hizo olvidar su origen: cuando lo consideró preciso reconoció a sus padres y se proclamó hijo de Israel.
El conflicto de Moisés era más grave: ignoraba que había sido adoptado por la hija del faraón, se consideraba egipcio e incluso ante la presencia de Jahvé dudó de su verdadera identidad, pero no bien la confirmó, aceptó su origen, se puso al frente del pueblo de Israel e inició el éxodo hacia la tierra prometida.
El destino de Edipo fue más adverso. Con el fin de evitar la maldición del oráculo, el rey Layo ordenó la ejecución del recién nacido. El súbdito que debía cumplir la orden se apiadó del niño y desencadenó la tragedia: Edipo mataría al rey Layo, su padre, y se casaría con Yocasta, su madre. De esa unión incestuosa iban a nacer dos varones: Eteocles y Polinices, y dos mujeres: Antígona e Ismene. Los cuatro, a su vez, desatarían nuevas catástrofes.
Las epopeyas de José y de Moisés pertenecen a la tradición judía y están puntualizadas en el Antiguo Testamento: Génesis y Exodo. Los funestos destinos de Edipo y de sus cuatro hijos pertenecen a los mitos tebanos, fueron revelados por Homero en el undécimo canto de la Odisea ("Vi también a la madre de Edipo, la bella Epicasta, que cometió sin querer una gran falta, casándose con su hijo; pues éste, luego de matar a su propio padre, la tomó por esposa") y más tarde desarrollados por Sófocles y por Esquilo en sus tragedias Edipo Rey, Antígona y Los siete contra Tebas. Identidad, parricidio, incesto, respeto por los muertos. Estos incidentes, recogidos en libros, sagrados o no, establecieron las normas morales, las pautas culturales que desde entonces regirían en la sociedad. La identidad, saber quiénes son nuestros padres, es una de esas normas.
En 1976 se instauró un régimen de terror en la Argentina. Las Fuerzas Armadas habían estudiado la metodología de crímenes y torturas instaurada por los nazis en Alemania, y con voluntad de alumnos aventajados la pusieron en práctica aquí. Treblinka, Auschwitz, Maidanek fueron campos de exterminio; la ESMA, El Olimpo, La Perla, también. Los jerarcas del gobierno nazi de Alemania debieron responder por más de seis millones de asesinatos. Los jerarcas del gobierno nazi de la Argentina, por treinta mil. Varía el número de muertos; no la forma en que se cometieron los crímenes. Las tropas aliadas juzgaron a los criminales alemanes; el gobierno de Raúl Alfonsín juzgó a algunos criminales argentinos, a otros les otorgó el beneficio de "la obediencia debida", más tarde el gobierno de Carlos Menem indultó a todos; luego fiel a su estilo, el gobierno de Fernando de la Rúa optó por el silencio y finalmente los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner pusieron las cosas otra vez en su lugar: los responsables de crímenes de lesa humanidad, tantos militares como civiles, volvieron a someterse a la Justicia.
Los soldados del Tercer Reich destruían a la familia completa: asesinaban a los abuelos, a los padres y a los hijos. Los soldados del Proceso se propusieron imitar esa metodología –en 1977 el general Ibérico Saint Jean proclamó eufórico: "Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos", aunque más tarde optaron por otro modo de destrucción: asesinaban a los abuelos y a los padres; pero en lugar de matar a los hijos, los vendían o los canjeaban en pos de algún beneficio. Más de un verdugo se quedó con esos niños. Se dio así la paradoja de que represores y torturadores criaran con ternura "maternal" a los hijos de los padres que habían asesinado. Ahora algunos de esos hijos adoptados se niegan a la certeza de descubrir a sus verdaderos padres; otros van más lejos: aceptan a sus padres asesinos y repudian a sus padres asesinados.
A lo largo de la historia de la humanidad no se había dado una perversión de ese calibre. Durante siglos logramos respuestas culturales para el incesto, para el parricidio, para el genocidio. Hoy nos enfrentamos a nuevas categorías, desde la negación de la identidad hasta la alabanza a los asesinos de nuestros propios padres, que a simple vista parecen un diabólico disparate pero que, sin embargo, comienzan a producir preguntas inéditas. Se hace difícil, terriblemente duro y difícil, elaborar las respuestas.

23 de julio de 2010
22 de julio de 2010
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