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opinión

fascista con monumento


El monumento a Guzmán
[Carlos Peña] ¿Debería asistir la Presidenta de la República a la inauguración del monumento a Jaime Guzmán? ¿Sería mejor que no fuera? El memorial -así se le ha llamado- está listo. Un espejo de agua, siluetas que se recortan, senderos que se bifurcan, un jardín a desnivel. Y a falta de cipreses, ligustrinas.
La Presidenta tomará una decisión en el momento adecuado -declaró el ministro Vidal.
Así, entonces, la pregunta está vigente: ¿debe o no asistir a esa ceremonia la Presidenta de la República?
Aparentemente, las razones para asistir sobran.
Jaime Guzmán fue un profesor claro y elocuente, un político eficaz y un líder carismático. Nunca, que se sepa, empuñó arma alguna. Prefirió las palabras. Solía tejer discursos en los que los argumentos encajaban como piezas bien bruñidas. Y la claridad de sus clases llegaba a anestesiar toda reacción crítica: algo tan claro, pensaban sus alumnos, no podía ser erróneo. Aun cuando su desempeño público en medio de un debate abierto fue más bien escaso -casi toda su vida política y universitaria se desenvolvió con opositores enmudecidos por el temor o por el castigo-, no cabe duda de que era un hombre inteligente con una profunda vocación pública.
¿Por qué entonces siquiera dudar que la Presidenta deba asistir a la inauguración de un monumento en su nombre?
La razón es tan obvia como las anteriores. Y tiene mayor peso.
Ocurre que Jaime Guzmán fue uno de los sustentos intelectuales de una dictadura que elaboró, y luego ejecutó, una política sistemática, y casi siempre inmisericorde, de violación a los derechos humanos. Nada menos. Su adhesión a ese régimen no fue ni por oportunismo ni por miedo. Tampoco es posible ver en él a alguien ingenuo y cándido que no era capaz de distinguir entre militares genuinos y violadores de los derechos humanos. Él fue solidario con la dictadura por convicción intelectual y política: creyó a pie juntillas que la democracia carecía de valor intrínseco (un simple medio, decía), que debía ser precedida por las reformas económicas (en esto su argumento era casi del marxismo clásico) y que, en cualquier caso, debía dotarse de salvaguardas y de protecciones que evitaran que las mayorías (casi siempre rendidas por la demagogia, pensaba él) hicieran su voluntad.
En lo que respecta a los derechos humanos, se movió en medio de una curiosa ambigüedad: apoyó a algunas víctimas y al mismo tiempo justificó al régimen que las castigaba; pareció comprender el dolor de quienes se acercaron a él, pero siguió apoyando con entusiasmo a la dictadura que, él sabía, torturaba y hacía desaparecer personas. Como muchos intelectuales conservadores -Guzmán fue uno de ellos- tenía misericordia, pero al mismo tiempo una rara fascinación por la fuerza militar y la violencia; creía en la responsabilidad moral por los propios actos, pero al mismo tiempo actuaba como si ella no se relacionara con la acción política.
Todas esas características de Guzmán -con las que él forjo su posición pública y labró su sitio en la memoria colectiva- impiden que la Presidenta pueda asistir a la inauguración de ese memorial.
Y es que la Presidencia de la República -cuyo capital simbólico es deber de Michelle Bachelet cuidar- es portadora de virtudes y convicciones colectivas que, desgraciadamente, riñen con la conducta que Jaime Guzmán desplegó en la parte más notoria de su vida pública.
Por lo mismo, si es comprensible que sus partidarios y amigos le rindan un homenaje y procuren perpetuar su memoria, no es razonable que lo haga la Presidenta de la República.
A ellos los motivos les sobran. Y está muy bien y es muy legítimo que los tengan.
Pero la Presidencia -la más alta institución de la República, justo lo opuesto de la dictadura que Jaime Guzmán hizo esfuerzos por legitimar- no tiene ningún motivo para homenajearlo. Hay motivos para lamentar su muerte violenta e injustificable, sin duda, pero no hay motivos para erigir su recuerdo en parte de la República.
Porque la inauguración de ese memorial con la presencia de la Presidenta hará toda la diferencia que media entre una ceremonia de recuerdo ejecutada por quienes creyeron lo que él creyó, o un acto mediante el cual Jaime Guzmán comienza a ingresar al panteón de la República.
La Presidenta dirá.
Y por supuesto nada de lo anterior tiene que ver con la reconciliación o la condena de su asesinato. Es simplemente que negar el pasado -lo que cada uno hizo o dejó de hacer ayer- equivale al absurdo de querer saltar fuera de la propia sombra.

12 de octubre de 2008
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el cura demoníaco y la iglesia


Von Wernich y la "oportunidad" de la Iglesia.
[Washington Uranga] Argentina. Hoy, 9 de octubre, se cumple un año desde que el Tribunal de La Plata decidió de manera unánime condenar al sacerdote católico Christian von Wernich por delitos de lesa humanidad. Fue luego de un juicio prolongado, ajustado a derecho y con todas las garantías para el acusado, más allá de las afirmaciones que, en sentido contrario, hacen sus incondicionales. Frente al repudio de gran parte de la sociedad, la institución eclesiástica católica a través de la Conferencia Episcopal dio a conocer un más que tibio comunicado insistiendo en su línea argumental en la materia: dijeron que el cura actuó "bajo su responsabilidad personal". Traducido: no hay responsabilidad institucional. El superior inmediato de Von Wernich es el obispo de Nueve de Julio, Martín de Elizalde. Él pidió "perdón" en nombre de la Iglesia por los delitos de Von Wernich, pero pateó la pelota para adelante respecto de las sanciones al cura violador de los derechos humanos. "Oportunamente se habrá de resolver, conforme a las disposiciones del Derecho Canónico (la ley eclesiástica), acerca de la situación de Christian von Wernich", afirmó entonces el obispo.
Hace ya un año de tales afirmaciones y no se conoce que el proceso eclesiástico contra Christian von Wernich haya avanzado. No se conoce sanción canónica (ajustada al derecho eclesiástico) contra el cura. Eso hace pensar o que todo ha quedado congelado y la "oportunidad" de la sanción no llegará nunca o bien que cualquier medida en este sentido ha quedado en secreto. Esto último es improbable porque, de acuerdo con las informaciones que trascienden desde el lugar donde se encuentra recluido el cura condenado por delitos de lesa humanidad, el sacerdote sigue ejerciendo sus funciones religiosas y ni siquiera se le han retirado las licencias (autorizaciones) eclesiásticas para actuar como ministro de la Iglesia Católica.
Está claro que para las autoridades eclesiásticas de Von Wernich las pruebas de la Justicia civil no son suficientes, por más categóricas que éstas hayan resultado para los jueces. Quizás hasta pueda decirse que, aunque nunca lo haya manifestado públicamente de esa manera, para su obispo el cura es inocente, lo cual lo convertiría en presunta "víctima" de alguna "conspiración contra la Iglesia". Si no fuera así es difícil explicar por qué la Iglesia "experta en humanidad", como lo sostiene la doctrina social católica, sigue sosteniendo a alguien que con sus prácticas ha demostrado exactamente lo contrario. "Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón (el de la Iglesia)", se dice en el documento conciliar Gaudium et Spes (Nº 1).
Un año después de su condena, el cura torturador está preso y en su lugar de reclusión sigue gozando de todas las atribuciones y consideraciones de su condición sacerdotal. Para el obispo de Nueve de Julio y para la jerarquía de la Iglesia Católica todavía no ha llegado la oportunidad para aplicarle las sanciones eclesiásticas que podrían corresponderle a Von Wernich por los cargos de violación de los derechos humanos que se le probaron en la Justicia civil.
Los obispos de la Conferencia Episcopal Argentina pueden decir, en términos estrictos, que sólo al superior de Von Wernich, en este caso el obispo de Nueve de Julio, le corresponde adoptar las eventuales sanciones. Pero más allá de las cuestiones formales existe también una responsabilidad ética y moral que les cabe a todas las autoridades eclesiásticas, que deben responder ante toda la sociedad y ante su propia feligresía. La pregunta entonces es: ¿hasta cuándo la institución eclesiástica seguirá actuando de una manera que sólo puede entenderse como complicidad con uno de los suyos que es claramente un violador de los derechos humanos? El problema ya no es ni siquiera Von Wernich, sino una vez más la Iglesia misma y la credibilidad de sus autoridades frente a la sociedad.

9 de octubre de 2008
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diputada tohá quiere nueva constitución


Una nueva Constitución para el Bicentenario. Cada vez más políticos y profesionales se unen a la exigencia de una nueva Constitución.
[Carolina Tohá y Javier Couso] Desde el retorno a la democracia, Chile ha reconstruido su sistema político bajo el imperio de la Constitución Política de 1980 y bajo la influencia de las formas políticas que se generaron durante la transición. Esto ha dado lugar a un sistema con características muy especiales: un padrón electoral congelado con una presencia casi nula de jóvenes elige un Parlamento, en el que, producto del sistema electoral binominal, dos grandes fuerzas políticas (Concertación de Partidos por la Democracia y Alianza por Chile) se dividen en forma muy pareja la representación parlamentaria, y excluyen a otros grupos políticos. Paralelamente, las normas constitucionales exigen quórums extremadamente altos para el tratamiento de los temas sensibles, razón por la cual las principales reformas o se hacen por consenso o no se hacen. El centralismo es otra característica distintiva que genera una fuerte concentración de las decisiones en el gobierno central. A ello se suman tradiciones políticas forjadas bajo los primeros años de la transición democrática, que favorecen los acuerdos políticos al interior de grupos pequeños y cerrados, con escasa deliberación pública. Finalmente, existe un Tribunal Constitucional que, en lugar de limitarse a dirimir conflictos de competencias entre los poderes públicos, se erige como un árbitro final e inapelable que determina el contenido de cruciales políticas públicas que debieran ser zanjadas democráticamente.
Como consecuencia de todos estos factores, la política chilena resulta ser muy poco competitiva y deliberante, muy eficaz para generar estabilidad pero inadecuada para procesar reformas significativas, bastante elitista en su composición y en su funcionamiento y poco transparente en su forma de procesar los conflictos.
No es raro, entonces, que exista el desencuentro que todos conocemos entre política y ciudadanía: nuestro sistema nunca les dio demasiada importancia a los ciudadanos y éstos, que aceptaron este orden de cosas en el pasado, se han vuelto harto más exigentes, desconfiados y opinantes de lo que eran al inicio de los noventa. Los chilenos ya no tienen miedo ni son tan obsecuentes hacia la autoridad. Enhorabuena.
El sistema político, que en el pasado fue una gran fortaleza de nuestro país, se está transformando en un problema. Algo tenemos que hacer para ponerlo en línea con lo que hoy es Chile y con lo que esperan los ciudadanos. No se trata de hacer un ajuste por aquí y un retoque por allá, sino de cambiar la filosofía de base que tiene nuestro sistema: desconfianza de los ciudadanos y blindaje contra el cambio. En lugar de ello, necesitamos acordar un sistema caracterizado por la transparencia, la participación, la competencia, la deliberación y transformarlo en menos refractario al cambio. Para ir en esa dirección de manera armoniosa y coherente, se requiere un replanteamiento de nuestro orden constitucional. La actual Constitución tiene un pecado de origen por haber sido elaborada en dictadura y entre cuatro paredes por personeros cuya adhesión a la democracia era precaria, y porque fue aprobada en un plebiscito que no contó con las mínimas garantías. Esto atenta contra su plena legitimidad y genera la percepción de que no es compartida por todos los chilenos.
Contrariamente a lo que se suele pensar, la historia constitucional de nuestro país ha estado marcada por experiencias similares, en que el orden constitucional ha surgido del punto de vista de los vencedores y ha dejado fuera la visión de los derrotados. Por lo dicho, ha llegado la hora en que los chilenos nos atrevamos a discutir abierta y democráticamente un arreglo que exprese valores compartidos. No se trata de reproducir experiencias traumáticas y conflictivas de algunos países de la región, sino, al contrario, de proponernos un debate pacífico y con altura de miras para definir las reglas del juego que regirán nuestra vida democrática hacia adelante, como lo hicieron en su momento con mucho éxito España y Brasil tras salir de sus experiencias autoritarias. Los chilenos nos hemos ganado con creces el derecho a soñar con una Constitución que nos represente a todos, generada democráticamente y actualizada con el país que hoy somos y con el que queremos llegar a ser.

6 de octubre de 2008
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doble discurso chileno


Política exterior chilena y doble discurso ante expulsión de J.M. Vivanco.
[Esteban Silva Cuadra] Santiago, Chile. La expulsión del territorio de la República Bolivariana de Venezuela del chileno José miguel Vivanco, director de la institución estadounidense Human Rights Watch (HRW), junto a otro directivo estadounidense, gatilló una serie de roces entre los gobiernos de Chile y Venezuela, lo que refleja que la política exterior de Chile se encuentra profundamente impregnada por la ideología conservadora y el doble discurso.
La nacionalidad de José Miguel Vivanco, de ningún modo debiera transformarse en un conflicto artificial entre los gobiernos de Chile y de la República Bolivariana de Venezuela. Sus opiniones -las que motivaron su expulsión de Venezuela- mediante una decisión soberana del gobierno del presidente Hugo Chávez, le representan a él y su institución y en nada tienen que ver con Chile y con el pueblo chileno.
Un solo ejemplo: La argumentación del gobierno chileno, esgrimida por el canciller subrogante Alberto Van Klaveren, al anunciar el envío de una nota diplomática al gobierno bolivariano en rechazo de la expulsión que afectó al chileno José Miguel Vivanco, es una demostración contundente del doble estándar dominante en la actuación gubernamental, actitud que puede ser leída como una demostración del alto sesgo ideológico conservador dominante en nuestra cancillería y la cada vez más indisimulada animadversión que exhibe el actual canciller Alejandro Foxley y un sector importante de altos funcionarios de la cancillería, particularmente cuando se trata de declaraciones, iniciativas y actuaciones del gobierno del presidente Hugo Chávez Frías en relación a nuestro país y a la región. La posición política del ministro Foxley y de algunos dirigentes de la Concertación, no hace sino que estimular la escalada de agresivas declaraciones en contra de Hugo Chávez y de su gobierno (las que de paso condicionan a UNASUR presionando a la misma presidenta Bachelet) por parte de dirigentes de la derecha política y económica, así como de connotados analistas y periodistas del pensamiento único que opinan sin contrapeso en mayoría de los medios de comunicación.
La decisión tomada de expulsar a Vivanco se efectuó invocando las leyes y la constitución vigente de la República Bolivariana de Venezuela.
Más allá de las diferentes realidades de cada país y de la opinión que se tenga sobre la pertinencia u oportunidad de las medidas tomadas, aquella decisión se tomo siguiendo el mismo razonamiento que invocó hace solo tan solo 3 meses atrás el gobierno de Chile para expulsar de su territorio a los ciudadanos italianos Giuseppe Gabriele y Dario Ioseffi, los que fueron acusados de injerencia indebida al ser aprendidos luego de entrevistar y filmar al lonko (mensajero) de la comunidad mapuche de Chupilko, que desde hace 17 años denuncia la usurpación de sus tierras por parte de la empresa Forestal Mininco.
Los italianos fueron detenidos en el sur de Chile y por decisión del ministerio del interior fueron finalmente conducidos al aeropuerto internacional y expulsados del país. Acusados por infracción a la ley de extranjería debido a que ingresaron como turistas al país, se les responsabilizó de infringir la ley de extranjería al participar en actividades de política interna.
Los jóvenes italianos no elaboraron documento escrito alguno- (como lo si hicieron en Caracas los directivos de HRW con un amplio despliegue)- mediante el cual hubiesen criticando la institucionalidad vigente, la falta de reconocimiento constitucional de nuestros pueblos originarios, la conducción del gobierno de la presidenta MIchelle Bachelet, o denunciando las dificultades sociales, económicas, territoriales y culturales que afectan hoy al pueblo mapuche. Tampoco efectuaron una conferencia de prensa y sin embargo fueron expulsados de Chile sin contemplaciones. Aquello, (a la inversa de lo ocurrido con las declaraciones de personeros del gobierno chileno sobre la expulsión de José Miguel Vivanco de territorio venezolano), tampoco generó una protesta oficial ante Chile por parte del gobierno italiano, por el hecho que ambos fuesen ciudadanos de ese país.
Una situación similar se vivió en abril del 2008 cuando el gobierno chileno expulsó del país a al ciudadano francés Thomas Bourgeois y a los ciudadanos españoles Jesús Fuentes, Félix Torrealba y Jesús Duero, integrantes del grupo rock ’Puente Romano’ junto a dos jóvenes españolas, cuyas identidades no fueron reveladas, las que fueron detenidas cuando acudieron a las dependencias policiales a visitar a sus compañeros. Los jóvenes fueron expulsados por el ministerio del Interior invocando la violación a nuestra ley de extranjería actual, que prohíbe participar en actos políticos a ciudadanos extranjeros. Los europeos participaron en un acto cultural en la Villa Francia en Santiago en homenaje a los hermanos Vergara Toledo asesinados por agentes de la dictadura de Augusto Pinochet en 1985. En este caso la sola participación de estos jóvenes en un acto considerado por el gobierno como acto político fue suficiente para expulsarlos.
En ambos casos no hubo la presentación de un documento, ni criticas publicas formuladas por los expulsados ( como las efectuadas en caracas por los directivos de HRW) y sin embargo, en el caso de Vivanco motivaron el envío de una nota de protesta diplomática por parte de Chile al gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, involucrándonos así de manera artificial y desde una clara impronta ideológica conservadora en un lamentable incidente bilateral.
No se puede tener un doble discurso y una doble practica- como las que tiene la cancillería chilena- sin que quede al descubierto sus contradicciones y debilidades. No se puede observar la paja en el ojo ajeno y no ver la propia, sin que queden al descubierto las incoherencias y en último término, una concepción de política internacional que trasunta una clara política conservadora, Se protesta ante Venezuela en este caso invocando nuestra historia reciente y nuestra sensibilidad en los temas de derechos humanos pero se guarda absoluto silencio ante países que violan sistemáticamente los derechos humanos y encabezan injerencias indebidas en amplias regiones del planeta como los Estados Unidos de América.
La política exterior de Chile no puede construirse sobre una concepción ideológica sesgada y conservadora. Nuestra política exterior debe contribuir a la integración sudamericana y latinoamericana sin aislar a ningún país ni a sus gobernantes, con respeto a la autodeterminación y la soberanía de cada país. Debemos trabajar por un mundo multipolar, para que la globalización sea incluyente y regulada, impulsando la transformación profunda de los organismos multilaterales y de Naciones Unidas, para impulsar un comercio mundial más justo para los países en desarrollo. Debemos retomar un enfoque fundamental que se encuentra en el centro de la política internacional desarrollada por el presidente Salvador Allende y que hoy frente a los cambios progresistas que se desarrollan en la América Latina y el Caribe del siglo XXI, adquiere plena vigencia: El rechazo a las fronteras ideológicas en las relaciones internacionales, el respaldo activo al derecho de autodeterminación de los pueblos y el respeto a la soberanía de los países y sus instituciones de acuerdo a sus propios procesos democráticos, así como la no injerencia de poderes imperiales y fácticos en los asuntos internos de los estados. Debemos impedir que se impongan las posturas conservadoras que pretenden repartir certificados de buena conducta. Para Chile en su relación vecinal y regional esto es muy importante.
En América Latina y entre nuestros países no se debe reproducir una guerra fría o un intento artificial de dividirnos entre populistas versus demócratas o entre centro o social liberales versus izquierdas estatistas enfoque que le interesa introducir en nuestro continente al imperio y a las fuerzas conservadoras y de derecha en nuestro país.
Refiriéndose al tema la presidenta Michelle Bachelet señaló en el 2006 "acá no hay un eje del mal de ciertos gobiernos y un eje de los que pudieran ser democráticos. Acá las amenazas no son las personas, que por lo demás están siendo elegidas por sus ciudadanos". Agregando que su política exterior, "tendrá como centro de gravedad y sello la promoción de una identidad regional común en América Latina". Espero que se retome ese enfoque y se detenga la equivocada política a la que nos ha conducido el canciller Foxley respecto de nuestra relación bilateral con la República Bolivariana de Venezuela. En este tema haría bien el canciller en asumir y "aceptar el principio de la diversidad" y examinar lo negativo que es el doble discurso en política internacional.

El autor es consejero de la Escuela Latinoamericana de Postgrado (ELAP) de la Universidad ARCIS y miembro del Comité Central del Partido Socialista de Chile.

23 de septiembre de 2008
©aporrea 
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democracia incompatible con capitalismo


La democracia y el espíritu global del capitalismo.
[Walter Mignolo] Los terratenientes y sectores de la burguesía cruceña y tarijeña se desataron, una vez más, en campañas de destrucción y tomas de oficinas de gobierno, semejante a las protestas lideradas por estudiantes y sectores obreros, en toda América Latina, durante la Guerra Fría. En aquel momento el Estado estaba en manos de gobernantes que o bien dependían de instrucciones foráneas o bien les convenía, política y económicamente, ligarse a ellas. O bien eran simplemente dictaduras.
Ahora, en cambio, en Bolivia (aunque también en Argentina durante los cuatro meses de huelga liderada por la Sociedad Rural Argentina con apoyo de los pequeños y medianos propietarios de tierra), es el sector económico fuerte quien se lanza a las protestas, a las huelgas, a la destrucción, al bloqueo de calles que, en Bolivia, iniciaron las y los indígenas y en Argentina los piqueteros y piqueteras. No son ya obreros que piden mejoras de condiciones de vida, ni estudiantes manifestándose contra el imperialismo, sino la clase económicamente pudiente que se lanza a la lucha para defender sus privilegios.
Ambos ejemplos, el de Argentina y el de Bolivia, ponen en evidencia dos realidades que definirán los futuros globales. Una es ya sabida, pero es necesario recordarla: democracia y capitalismo son incompatibles. Esto lo aprendemos, aunque lo olvidamos, cuando leemos por un lado ‘Capitalismo y Esclavitud’ (1944), del politólogo y ex primer ministro de Trinidad y Tobago y, por otro, el libro de Milton Friedman, ‘Capitalismo y Libertad’ (1962), cuyas teorías económicas fueron influyentes en Ronald Reagan, Margaret Tatcher, Augusto Pinochet y, más tarde, en Europa del Este en proceso de ligarse a la Unión Europea. La otra es que a la democracia no se llega por medio de planes y planos, en computadoras, para manejar la población. A la democracia se llega por el diálogo y al diálogo se llega poniendo de lado el espíritu global del capitalismo como horizonte de vida. Sin ello, ‘democracia’ seguirá o bien siendo pura retórica o excusa para otros fines.
En Bolivia es también notable, aunque no siempre evidente, que ya no se trata de la derecha económica y la izquierda socialista, siguiendo el esquema de la Guerra Fría. Se trata de otra cosa. Si bien Evo Morales proviene del sindicalismo, fue un momento histórico en el cual la conciencia indígena estaba guiada y subsumida en la conciencia marxista, que corresponde a la subjetividad y la historia de la población de descendencia europea, por sangre o por espíritu.
Tampoco se trata de un proyecto de gobierno de regreso al ayllu, como se suele escuchar en algunas de las críticas de la clase terrateniente y de la burguesía colonial del sur. Estas críticas ocultan sus propios límites: esto es, el hecho de que los conflictos que se presentan hoy en Bolivia son provocados por una etno-clase que defiende su tradición y sus privilegios acusando al gobierno de pretender volver a su tradición. En fin, se trata del conflicto de la tradición sostenible de la modernidad y la tradición que la modernidad construyó como tradición superada, no sostenible. En el camino hacia la democracia, si verdaderamente es allí a donde queremos llegar, es necesario develar esta lógica de poder inculcada en el sentido común.
El gobierno de Evo Morales expulsó al embajador de Estados Unidos. La acusación fue de conspiración con los terratenientes y burguesía colonial de las tierras bajas, para desestabilizar el gobierno. Los medios de Estados Unidos informan que el gobierno norteamericano manifestó que tal medida deteriorará el intercambio bilateral entre Bolivia y EE.UU.
El gobierno de EE.UU. no desmintió que el embajador estuviera en complicidad con los sectores rebeldes contra el gobierno. Ahora bien, dado todo lo que sabemos por informes y libros que se han publicado en los últimos dos años en Estados Unidos y por el nivel de apoyo del presidente George W. Bush (que en este momento se acerca a los índices de aceptación que tenía Alejandro Toledo en Perú en los últimos años de su gobierno), no debería sorprendernos que así fuera.
La lucha del capitalismo contra la democracia es hoy global y llegó a su punto culminante disfrazada de ‘guerra contra el terrorismo’. Lo cual no quiere decir que no haya que combatir el terrorismo. Quiere decir que los argumentos para mantener el control de la economía capitalista tienen, como uno de sus temas, la lucha contra el terrorismo. Esta confusión fue una de las notables estrategias del gobierno de Bush: uno de cuyos ejemplos ilustres es declarar la guerra contra los terroristas que estaban en Afganistán y atacar a Irak por intereses económicos.
En el espíritu global del capitalismo, las ganancias y el aumento de las riquezas son el horizonte último de la vida. La publicidad para vender esta información como mercancía consiste en que el aumento del capital bruto nacional y global será beneficioso para todo el mundo. En tanto, las consecuencias de vidas humanas y de vida planetaria quedan en suspenso, en segundo lugar, mientras llegue al momento en que "el desarrollo económico nos deposite en el terreno de la libertad". Una espera semejante al premio del cielo al final de una vida sin pecados.

El autor es profesor en la Universidad de Duke, Estados Unidos, e investigador de la Universidad Andina Simón Bolívar, en Ecuador.

16 de septiembre de 2008
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infamia en bolivia


"Collas de mierda". Los ecos que llegan desde Bolivia: de un racismo inadmisible e implacable.
[Sandra Russo] Bolivia. El excelente documental de Emilio Cartoy Díaz, ‘Bolivia para todos’, que emitió Canal 7 y que sigue circulando en debates y encuentros para analizar la crisis que se agudizó radicalmente esta semana, permite tomar nota sensible de lo que las palabras y las fotos no llegan a transmitir. Las notas de la televisión tampoco. Cabe preguntarse ahora que las papas queman y hay muertos, desde dónde se mira la crisis boliviana. Los noticieros hablan del tema de una manera pasteurizada, como si se tratara de ‘querer’ o ‘no querer’ a Evo Morales, presidente legítimo y relegitimado.
Uno de los hallazgos del documental es haber registrado no sólo el aquelarre del racismo más repugnante, sino la manera en que la propia televisión boliviana fue adaptándose para informar sobre la rebelión de los departamentos ‘blancos’. Un docente que vio el documental me decía el sábado que se había sentido estúpido de pronto, al advertir que había "comprado" la información en sachet que dan los grandes medios: se había hecho la idea de que Santa Cruz, Pando, Beni, Cochabamba, en fin, los lugares desde los que se reclama la autonomía, eran "opositores en bloque", territorios ficticios en los que el rechazo a Morales brotaba de mayorías con otras ideas e intereses. Y precisamente porque en cada uno de esos departamentos hay miles y miles de partidarios de Evo Morales que están siendo censurados, perseguidos, amenazados y ahora asesinados, como los militantes de Pando, es que la crisis tiene otra cara, una mueca monstruosa que sin embargo no sale por tevé.
En el trabajo de Cartoy Díaz también se puede ver cómo la pantalla partida de la televisión boliviana comenzó a producir un efecto erosionante del poder presidencial. Normalmente, cuando habla un presidente su investidura reclama la pantalla entera. No fue eso lo que le cedió la televisión, que comenzó a dividir los planos y a incluir ventanas en las que, al mismo tiempo que se veía a Morales, se veía también a los prefectos de Santa Cruz o Cochabamba diciendo lo suyo. La pantalla se desmembró antes que el país. La pantalla fue la primera en bajar la estatura presidencial. Y esa pantalla nos recuerda otras pantallas partidas. Que cada cual recuerde.
El desprecio sin fondo que los bolivianos blancos sienten por los collas y por las diferentes etnias originarias del país es una herramienta política que tiene como objetivo y presa el capital. En ese sentido, no hay desprecio histórico sin botín en el medio. Los sentimientos colectivos de manipulación, doblegación y exterminio siempre han servido de impulso para que los portadores del odio puedan quedarse con todo. El racismo, en fin, es apenas un instrumento económico. Pero sostenerlo, sentirlo, experimentarlo, demanda una preparación de siglos que permanece intacta. Las que hoy tratan de imponerse en Bolivia son subjetividades melladas en su forma y fondo por una visión del Otro Degradado, expropiado de sus derechos y reivindicaciones. ¿La democracia? Una excusa reemplazable por alguna otra forma de gobierno que deje cada cosa en su lugar.
"Fuera collas de mierda", rezaba una pared en Santa Cruz. No era sólo una pared. Eran muchas paredes. Eran gritos también. Mucha gente como la gente gritando "fuera collas de mierda". Lo que se cocina en Bolivia no es sólo un golpe de Estado en alguna de sus formas posibles. No es sólo un intento desesperado de los dueños del dinero por retener sus privilegios y su statu quo. Es un extracto de infamia, una muestra del veneno histórico inoculado año tras año en un país que hasta hace poco tenía un presidente que no hablaba bien el castellano, y no porque fuera colla.
La cocina ideológica y emocional de la reacción contra Evo Morales hace pensar en que cada crimen que tuvo o tenga lugar en Bolivia es de lesa humanidad.

15 de septiembre de 2008
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lamento boliviano


No se trata de confrontaciones espontáneas sino de ataques concertados contra campesinos desarmados.
[Santiago O’Donnell] Dio pena ver por televisión esta semana a jóvenes clasemedieros bolivianos armados con palos, piedras, pistolas y escopetas tomando aeropuertos, canales de televisión y todo tipo de instituciones públicas, destruyendo mercados populares y apaleando a campesinos, en decenas de acciones de choque repartidas entre Santa Cruz, Beni, Pando y Chuquisaca, coordinadas y previamente concertadas por los gobernadores, con un diplomático estadounidense actuando como facilitador, acciones que culminaron con la masacre de quince líderes indígenas ametrallados a la vera de un camino en Pando, asesinados por un escuadrón de la muerte que respondería al gobernador, Leonel Fernández, hoy buscado por genocidio.

Bolivia te rompe el corazón. Tanto odio, tanta destrucción, tanta impotencia escenificada en una especie de pueblada burguesa en contra de los indígenas y los campesinos para mantener viejos privilegios, ante la pasividad del gobierno, de su policía y de las fuerzas armadas. El presidente Evo Morales, recientemente ratificado por dos tercios del voto, debe tragar saliva ante cada nueva embestida para evitar dar la orden que lleve al baño de sangre.

Bolivia está al borde de la guerra civil. Aunque el gobierno y los líderes de la oposición acordaron sentarse a negociar esta tarde, las rebeliones son muy difíciles de controlar una vez que se desatan, y su propia inercia las lleva a radicalizarse. No hay salida política posible cuando se desconoce la ley, las autoridades legítimamente elegidas y las reglas de juego de la democracia. Cuando las disputas se dirimen a través del uso de fuerza, ganan los que tienen más fierros.

En Bolivia los fierros pesados son de las fuerzas armadas. Por algo sus cuarteles y destacamentos son prácticamente las únicas instituciones federales que las patotas autonomistas no han atacado. Los militares en actividad han dado muestras de lealtad al gobierno de Morales. Se trata de una cuestión cultural. El 90 por ciento de los soldados bolivianos son indígenas. El servicio militar es obligatorio, pero muchos blancos consiguen libretas médicas. "El indígena que no hace cuartel (colimba) es mal visto en su comunidad, como que no se hizo hombre. Evo es el primer presidente que hizo cuartel desde la dictadura y eso los militares lo respetan", cuenta uno de sus asesores.

Cuando asumió en el 2006, Morales pasó por alto una promoción de generales, presuntamente involucrados en una compra irregular de misiles, para nombrar a su cúpula militar. Desde entonces no ha habido intrigas ni complots dentro de la fuerza y la cúpula se ha mantenido intacta, a pesarde los esfuerzos de algunos militares retirados vinculados a la oligarquía cruceña.

Los autonomistas dicen que no van a devolver los edificios federales que tomaron, sino que los van a reconvertir en entes provinciales, y así van a empezar a aplicar los estatutos autonómicos que votaron el año pasado.

Pero no es lo mismo tomar el edificio de la dirección impositiva que capturar los ingresos que esa oficina percibía antes de la toma, por la sencilla razón de que el gobierno redireccionó a los grandes contribuyentes para que paguen sus impuestos y tributos directamente en La Paz. Así como los estatutos fueron declarados ilegales de antemano por la Corte Electoral y desconocidos por la comunidad internacional, lo mismo pasa con las instituciones que surgen de su aplicación.

Sin fuentes de ingresos y con las rutas cortadas, la rebelión de los ricos no puede durar mucho porque los empresarios pierden plata. Por dar un ejemplo, la feria de Santa Cruz, la más grande del país, debía arrancar en dos semanas. El año pasado reunió a 3000 empresarios de 40 países. Ahora quién sabe si se hace, ni quién va a participar, ni cómo van a llegar con las rutas cortadas y los aeropuertos tomados.

Lo más triste es que todo este caos se desató porque el gobierno impuso un recorte promedio del seis por ciento en sus transferencias a las prefecturas para pagarle una modesta jubilación a los más pobres, la llamada Renta Dignidad. Y no es que las prefecturas venían sufriendo la codicia del gobierno central, sino todo lo contrario: además de contar con uno de los sistemas fiscales más federales del mundo, la estatización de los hidrocarburos que decretó el gobierno que hoy combaten había triplicado sus ingresos en menos de tres años.

El problema principal que tienen los autonomistas es la creciente popularidad de Evo Morales. El presidente que llegó al gobierno con poco más de la mitad de los votos había prometido una reforma redistributiva pero necesitaba algún tipo de acuerdo con la oposición para sumar los dos tercios en la Asamblea Legislativa que iba a modificar la Constitución. Pero en el referéndum revocatorio del mes pasado Morales sumó más del 67 por ciento de los votos. Si repite la performance en el referéndum constitucional de principios del año que viene, entonces su Constitución habrá sido refrendada por mayoría absoluta, reelección incluida, sin necesidad de hacer concesiones.

Este es el escenario que desespera a los autonomistas. Su única esperanza es que Morales muerda el anzuelo y desate una represión feroz que los ponga en el lugar de víctimas, para así justificar su insurrección. Pero hasta ahora Morales ha hecho prevalecer su paciencia aymara, su muñeca de gremialista y su visión de estadista, prefiriendo mostrarse débil antes que entrar en la espiral de violencia.

Pero en un punto Morales es prisionero de su propio éxito. Cuanto más avanza con sus reformas, más crece su popularidad. Cuanto más crece su popularidad, más se aísla la oposición autonomista. Cuanto más se aísla la oposición, más arriesga. Perdida por perdida, sale a quemar las naves. El objetivo ya no es imponer el programa propio sino incendiar el proyecto del gobierno en un acto de destrucción mutua. Para lograrlo, los autonomistas no dudan en recurrir a lo más bajo de la política: el racismo, la xenofobia, el macartismo, la demagogia, el nacionalismo barato, los insultos, las patotas, los palos, las palizas, los saqueos, las masacres.

Entonces el pueblo agredido quiere reaccionar y el jefe de Estado intenta contenerlo. Pero no es fácil esperar que actúe la Justicia, que funcionen las instituciones, que se calmen las aguas para recuperar lo robado y rehacer lo destruido. No es fácil sentarse a ver cómo las llamas del odio se devoran rutas, oficinas, estaciones, mercados, vidas humanas y la esperanza de un futuro mejor. Te rompe el corazón.

14 de septiembre de 2008
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lágrimas de hiena


Las lágrimas de Bussi.
[Osvaldo Bayer] Más de lo mismo. O peor. Si uno no fuese pesimista, llegaría a serlo. Basta leer las últimas estadísticas, los últimos estudios, para preguntarnos por enésima vez: ¿en qué mundo vivimos?
Pero basta de prolegómenos. A los hechos. El Banco Mundial lo acaba de decir: un cuarto de la población mundial vive por debajo del nivel de pobreza. ¿Y el progreso, cuál es el progreso? ¿Y quién es pobre? Para hacer esa estadística la organización calificó de pobre a quien gana menos de 1,25 dólar por día. En el África al sur del Sahara, la mitad de la población vive en estado de pobreza extrema. Por otra parte, 850 millones de seres humanos no saben cómo van a alimentarse al día siguiente. La mitad, niños.

Saltemos de esa África a Alemania, uno de los países mejor organizados económicamente del mundo. Claro, según el punto de vista de lo que se entienda por organización. Un estudio sobre la situación económica desde el 2004 hasta los seis primeros meses del 2008, realizado por la Fundación Hans-Böckler, lo dice con estas palabras: "El impulso económico pasó de largo ante los asalariados, los jubilados y los pobres. Los salarios reales netos entre esos dos años se han visto rebajados en un 3,5 por ciento. En cambio, las ganancias de las empresas y sus ejecutivos han tenido una "verdadera explosión" (textual). Han crecido en el mismo período del 21,8 al 26,3 por ciento.

De esas cifras pasemos a Estados Unidos. Vayamos a las estadísticas oficiales que acaba de publicar el Washington Post. Según las mismas "el umbral de pobreza oficial para una familia de cuatro miembros ha sido fijado en 21.203 dólares por año. La cifra de estadounidenses que viven por debajo de esa barrera de nivel de pobreza subió de 36,5 millones de personas en el 2006 a 37,3 millones en 2007.

Otro estudio oficial, de la Organización Mundial de la Salud, pone el siguiente ejemplo patético que nos llama a preguntarnos: ¿vivimos en un mundo racional? Se señala el caso de la ciudad escocesa de Glasgow, típico Primer Mundo. Se ha constatado que un niño del barrio pobre de Calton tiene una esperanza de vida de 28 años menor que otro del barrio aristocrático de Lenzie. Y partiendo del ejemplo increíble de esos dos barrios británicos comienza a analizar el problema de los "países en desarrollo", como amablemente se les califica. Basta un caso ejemplar: en Nigeria, un niño de cada cuatro muere antes de los cinco años. En cambio, en los países del Primer Mundo, en los primeros cinco años de vida, muere un niño cada 150. "La biología no puede explicar eso", dice la Organización Mundial de la Salud. Pero sí la pobreza, la explotación, la falta de medios, agregamos. Y algo más increíble pero cierto, para repetir: "Niños de madres bolivianas analfabetas tienen un riesgo de morir del 10 por ciento; los de madres con instrucción tienen un riesgo de morir del 0,4 por ciento".

Estas cifras deberían enseñarse en todos los colegios del mundo y los medios de comunicación tendrían que informar y promover diariamente debates acerca de estos temas. Los seres humanos, desde niños debieran aprender que estos problemas existen y que la búsqueda de una solución debe ser el fundamento de la existencia. No resolverlos es cinismo y perversión.

Pero el mismo diario en que leo esos informes entrega una cartulina lujosamente impresa que invita a conocer los nuevos hoteles de increíble lujo que se han levantado en las playas de Dubai, el emirato árabe del petróleo. Todo es de un lujo indescriptible –que se describe con talento publicitario– y está dedicado por supuesto para ejecutivos de grandes empresas mundiales y a todos aquellos que dispongan de mucho dinero. En este año ya se han inaugurado ocho hoteles con categoría feudal y para muy pronto diez hoteles más, todos, por supuesto, cinco estrellas. Se promete un "Shopping Heigh light" en un "verdadero paraíso del comprar". Es un idioma con grata saliva como esta frase: "Quien ame lo individual y le dé especial importancia a las boutiques personales, él sí que llegará al placer total en Dubai. Allí encontrará la moda noble y la extravagante y una cantidad enorme de accesorios excepcionales". Y después de eso, los restaurantes con comidas de "exóticos aromas". Todo es de un lujo fino y entrador. "Shoppings, souks y cultura." Una trilogía que se convierte en la última página de "Sport, playas y wellness".

Y ya está. Por algo la Justicia argentina lo condenó al más bestial e inferior de los asesinos públicos, nuestro general Bussi, a prisión perpetua en su ‘country’. Quedamos a tono.

Y poco a poco las bellezas naturales y los tesoros culturales se van cerrando cada vez más para que lleguen hasta ellos los que pueden y lo merecen en esta sociedad. Aunque se alcen los pueblos con su infinita protesta. En la misma Argentina, ya vienen los hoteles cinco estrellas enfrente de las cataratas del Iguazú con vista directa, para que la gente de pro no tenga que molestarse. O la Quebrada de Humahuaca, ese escenario increíble de la nobleza del pasado y de lo autóctono, hoy depredado por la avidez de la ‘inversión’ que destruye sólo para producir dinero, dinero, dinero. Todo se compra y se humilla a quienes han vivido siglos en ese silencio y en esa nobleza del estar y no del querer ser, como definía nuestro gran antropólogo Kusch al comparar las culturas originales con la llamada ‘civilización’.

O el hermosísimo lago Posadas, en la amada Patagonia, ese paisaje que quiere ser comprado para buscar ganancias aunque se envenene todo con el deseo de la codicia. Como dice la gente que vive desde hace siglos en esos paisajes, de pronto vienen con un papelito firmado y dicen que les pertenece todo. Buscan el oro, como los primeros conquistadores. Y para ello tienen un papelito firmado por las respectivas "autoridades".

Voy a mi biblioteca y lo encuentro. Sonrío. Allí, en un cuadernillo, tengo los sueños de un socialista libertario. Alexander Berkman, un pensador increíble, un maestro de la bondad y el debate, tan perseguido y siempre tan actual. Describe la realidad con una sabiduría más vigente que nunca: "Supongamos que tú y yo y un grupo de gente sufrimos un naufragio y podemos llegar a una isla rica en toda clase de frutos. Por supuesto tenemos que trabajar para recoger los alimentos. Pero supongamos que de pronto uno de nosotros nos señala que toda la isla le pertenece a él y que ninguno de nosotros tendría derecho ni siquiera a un bocado sin antes pagarle a él un tributo. Nos quedaríamos perplejos, ¿no es cierto? Hasta nos reiríamos a carcajadas por tal estúpida arrogancia. Pero si hubiera seguido molestando lo habríamos tirado al mar con toda justicia. Supongamos más: que nosotros y nuestros antepasados hubiéramos cultivado la isla y producido todo lo que necesitábamos. Y de pronto llega alguien y se declarara dueño de todo. ¿Qué le responderíamos? Creo que ni siquiera le prestaríamos atención. Le diríamos que tendría que compartir con nosotros el trabajo para vivir allí. Pero supongamos que él insistiera en su ‘derecho a la propiedad’ y nos mostrara un papel firmado por alguien sosteniendo que todo le pertenece a él. Nosotros le responderíamos que está loco. Pero si él hubiera tenido un gobierno como respaldo, habría recurrido a él para que ‘protegiera su derecho’. Y entonces, el gobierno hubiera enviado policías y militares, que nos habrían expulsado para defender así ‘el derecho a la propiedad’. Y se convertiría in aeternum en el ‘propietario legal’".

Tal cual, Berkman nos describe lo que ocurrió en la historia de la humanidad. ¡Si lo sabrán los pueblos originarios cuando llegaron los conquistadores con la cruz y la espada!

En la Argentina tenemos en nuestra historia cientos de esos casos. El devenir patagónico tal vez sea el caso más emblemático. Y hace pocos días, en varios actos, se trató de no olvidar esa historia del despojo y del llamado ‘derecho de la propiedad’. Se cumplió el centenario de La Anónima, empresa fundada hace justo cien años por Mauricio Braun y José Menéndez, dueños de la tierra, de las ovejas, de la explotación del cobre, de entidades financieras, de las comunicaciones navales y todo lo subsidiario a ellas, etc. etc. Época de los ‘liberales positivistas’. El ‘derecho’ a la propiedad. En el acto del centenario, en el local del supermercado de los herederos de los nombrados Braun y Menéndez de Puerto Madryn, vecinos hicieron un acto en el cual habló el escritor patagónico Jorge Espíndola y se entregaron cien orejas de yeso para recordar el genocidio que los ‘propietarios’ llevaron a cabo con los pueblos originarios del sur. Los dueños de todo pagaban a los llamados ‘cazadores de indios’ una libra esterlina por par de orejas de esos seres humanos originarios de esas tierras. Todo un símbolo. Además, los muralistas Chelo Candia y Román Cura hicieron un mural de protesta en una pared de baldío, pero que prestamente fue tapado por ‘desconocidos’.

Niños con hambre. Violencia en las calles. Guerras por todos lados. Riqueza desmesurada y pobreza humillante. Una constante degradación. ¿Nos queda solamente llorar nuestro cinismo como Bussi, o imaginarnos el mundo como lo pensaba Alexander Berkman, una isla plena de frutos para todos?

Sí, reconozco, la ingenuidad también existe. ¿Por qué no? Aunque comencemos por pintar un mural en Puerto Madryn y nos lo borren de inmediato. Aceptar un mundo así es tratar de consolar las lágrimas de Bussi.

30 de agosto de 2008
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