un clásico de la mano dura
22 de noviembre de 2008
[Luis Bruschtein] El Malevo Ferreyra había fundado una corriente política que se llamaba ‘Horizonte Norteño’, Honor, al que calificaba de partido "itinerante", o sea, apoyaba al que le parecía mejor, aunque siempre apoyó al mismo: el de su viejo jefe durante la dictadura y ex gobernador Antonio Domingo Bussi. Parecía el personaje cantado de una novela negra mediocre, el del malo que tiene cosas buenas, el lugar común del pistolero valiente que al final, en la realidad, se achica hasta el drama mezquino del personaje violento, acostumbrado al ejercicio impune del poder de vida y muerte sobre los demás, que no puede concebir que la justicia es igual para todos, incluso para él.
En 1986 fue absuelto por la muerte del ‘Prode’ Correa. En 1988 fue acusado nuevamente por el crimen de un jefe de los ‘Gardelitos’. El cadáver del hampón, que estaba en la morgue policial, fue rociado con ácido y se perdieron todas las pruebas. El comando Atila, un grupo clandestino formado por efectivos policiales, había acudido en su ayuda.
En 1991 secuestró a tres ladrones en Salta, los llevó a Tucumán, donde los tuvo encerrados un día entero y después los fusiló en Laguna de los Robles. Fue condenado a cadena perpetua en 1993, pero en 1996 Bussi, entonces gobernador, le bajó la pena y pudo salir en libertad en 1998. "Es un hombre de la ley y el orden –dijo en ese momento Bussi, que seguramente se ha excedido, pero que revela en su encarcelación una conducta ejemplar–." Volvió a estar preso y se las arregló para salir nuevamente.
El Malevo había hecho escuela durante la dictadura. Había aprendido junto a Bussi que quien tiene el poder, tiene todo. Había visto cómo se despersonalizaba a los prisioneros, cómo se los torturaba y cómo se los asesinaba. El que tiene el poder es más que las personas comunes. Es el ángulo primitivo sobre el que se basa la mano dura, el espíritu glorioso de los linchamientos.
Antes de fundar Honor, en 1999 tenía el partido ‘Fidelidad y Honestidad Republicana’, que era un sublema del partido bussista ‘Fuerza Republicana’, que llevó como candidata a diputada a su mujer, María de los Ángeles Ferreyra.
En el ’93, cuando era juzgado por el triple asesinato, el comisario se fugó con ayuda de sus secuaces y se ocultó en un rancho de Pacará Pintado, en las afueras de la ciudad de Tucumán. Una vecina se quejó de que los caballos del prófugo invadían sus terrenos y se enredó a gritos y puteadas con la esposa del Malevo. La represalia no tardó en llegar. El Malevo juntó 30 hombres, balearon la casa de los vecinos, golpearon a toda la familia y los amenazaron de muerte.
Para algunos tucumanos, el Malevo era el héroe de la lucha contra la inseguridad. Un paladín de la ley, como dijo Bussi. La brutalidad como símbolo del orden y el progreso. Un hombre violento y descontrolado empujando el progreso. Una imagen que se propone todos los días en todo el país. El progreso de la mano de la brutalidad. También era la idea básica de la dictadura, de todas las dictaduras. No es tan casual que en este caso se entrelacen en la mismo figura.
Porque el pedido de mano dura encarna inexorablemente en esos personajes que actúan el lado oscuro de quienes la reclaman. Ellos hacen secretamente lo que les repugna a quienes lo aclaman. Y quienes después se horrorizan cuando la salvajada se hace pública. El Malevo fue el protagonista oscuro de ese pacto, igual que sus víctimas. Un pacto que está latente cada vez que "ciudadanos intachables" piden mano dura. Porque alguien tiene que hacer lo que ellos piden (lo que al mismo tiempo ellos no pueden o desprecian hacer porque son ciudadanos intachables). Es el reclamo para que alguien peor que los delincuentes actúe en sus nombres. Una forma de delegar la brutalidad y la violencia que está en ellos mismos. Por eso, el Malevo estaba convencido de que actuaba en nombre de los que piden mano dura. Y no se equivocaba. Era un producto de ese reclamo.
©página 12 
[Sergio Widder] La crónica relata lo siguiente: Berlín, 10 de noviembre de 1938 - "Una ola de destrucción, saqueo y barbarie sin precedentes desde la guerra de los 30 años en Alemania, y desde la revolución bolchevique en Europa, arrasó sobre el territorio alemán hoy, cuando las cohortes nacionalsocialistas se cobraron venganza contra los negocios y las oficinas judías y las sinagogas, por el asesinato de Ernst von Rath, tercer secretario de la Embajada de Alemania en París a manos de un joven judío polaco. Todo comenzó temprano por la mañana, prácticamente en cada ciudad y en cada pueblo del país; la destrucción, los saqueos y los incendios continuaron a lo largo de toda la jornada. Multitudes silenciosas observaron lo que ocurría; la policía se limitó a dirigir el tránsito y a realizar arrestos masivos de judíos, según dijeron, "para su propia protección". El fuego en las sinagogas fue meramente controlado, con el objeto de que no se expandiera a las construcciones adyacentes. Al anochecer no había ninguna tienda, café u oficina judía, ni tampoco ninguna sinagoga que no hubiera sido destruida, quemada o severamente dañada. Fue entonces que el ministro de propaganda, Joseph Goebbels, dijo: "El enojo justificado y comprensible del pueblo alemán ante el cobarde asesinato de un diplomático alemán en París por parte de los judíos se ha expresado extensivamente anoche. Las acciones de represalia se han extendido a lo largo de numerosas ciudades. Ahora pedimos que estas acciones cesen. Daremos una respuesta final a los judíos a través de las leyes y la normativa".
[Jim Trainum] He sido agente de policía durante veinticinco años, y nunca entendí porqué admitiría alguien haber cometido un crimen que no cometió. Hasta que obtuve una confesión falsa en un caso de asesinato.
[Christian Castillo] En diciembre de 2007, mientras algunos sostenían que hasta el 2015 se extendería una ‘onda larga’ de crecimiento capitalista, escribíamos en la revista Estrategia Internacional que "lejos de toda visión evolutiva propia de los brokers de las finanzas, que consideran que el Banco Central norteamericano siempre podrá evitar las grandes pérdidas, y que por tanto se puede seguir arriesgando y endeudándose sin límites (...) el único pronóstico realista es prepararse para la irrupción de una crisis generalizada y profunda, lo que llevará a la expropiación de los ahorros de las clases medias, despidos masivos de trabajadores no sólo en la periferia sino también en los países centrales". Hoy estamos viendo la materialización en gran escala de este pronóstico.
[Carlos M. Vilas] La crisis financiera y económica que se originó en el mundo desarrollado y el modo en que Estados Unidos y la Unión Europea están reaccionando frente a ella han dado lugar a una serie de calificaciones curiosas que revelan, detrás del manto de la ironía, una cierta incomprensión de la crisis misma, de sus causas, la proyección de sus efectos. "Socialismo estilo USA", "nacionalismo de mercado", "fin del neoliberalismo", son algunas de las reacciones de muchos observadores. Se apunta básicamente a la decidida intervención estatal en el salvamento de firmas quebradas, en la compra de deudas incobrables, en el volcado de dineros públicos para resolver angustias privadas. Gracejos como los mencionados sugieren que incluso los críticos del neoliberalismo se tomaron en serio el discurso neoliberal y realmente creyeron que, en el capitalismo financiero y globalizado, el estado llegaba a su fin.
Aspirar a la grandeza es algo inherente en el carácter americano, así que puede ser desorientador cuando el país tropieza o pierde confianza en principios e instituciones fundamentales. Es la situación en que se encuentra Estados Unidos ahora que se prepara para elegir a un nuevo presidente: Hemos visto el interés del gobierno en venerables empresas financieras; hemos presenciado ocho años de usurpación de poderes de parte del Ejecutivo y erosión de las libertades civiles; todavía nos estamos recuperando de un criminal atentado cometido por terroristas en nuestro propio territorio y estamos todavía tratando de idear una estrategia para impedir que vuelva a ocurrir.
[Martín Becerra] ‘El diario de Agustín’, film de Ignacio Agüero y Fernando Villagrán, conmueve con uno de los fraudes más extendidos sobre el rol de los medios de comunicación: su pretendida autonomía. Estrenada esta semana en Buenos Aires en el marco del festival ‘DocBsAs’, la película expone la complicidad de grandes medios de comunicación no sólo con la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) sino también con un preludio de instalación de miedo, caos e inseguridad para que las fuerzas armadas allanaran su acceso al poder estatal.
[Leopoldo Schiffrin] Argentina. Largos años he venido ocupándome del crucial tema de los delitos del Derecho de Gentes, que incluyen los delitos de lesa humanidad y una de cuyas características principales es que no pueden prescribir, o sea que la acción penal puede ser ejercida contra ellos en todo tiempo (por ejemplo, los crímenes de exterminio masivo del nazismo). Otra característica esencial de los delitos del Derecho de Gentes consiste en que son perseguibles por los tribunales de todo los países (jurisdicción universal).