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opinión

inverosímil complot iraní


Muy raro y bizarro este complot. Difícil decir cómo sigue esta historia, o si recién empieza o si ya se terminó. O’Donnell sobre la acusación de Obama que Irán planeaba asesinar al embajador saudí en Estados Unidos.
[Santiago O’Donnell] Muy raro y bizarro el complot denunciado por el gobierno de Estados Unidos, involucrando nada menos que al gobierno iraní, en un intento de asesinato del embajador saudita en Washington (foto) a través de un vendedor de autos usados de Texas y un narco mexicano que resultó ser buchón de la DEA.
Nada es como parece. Una cosa es inventar una excusa para justificar una invasión, y de esto Estados Unidos está lleno de ejemplos lejanos y recientes. Otra cosa es fabricar un incidente cuando el país se está retirando derrotado de dos guerras y está en medio de la peor crisis económica desde la Gran Depresión.
Hay que ver el contexto. Tanto en Afganistán, donde la invasión desplazó un régimen talibán enfrentado con las tribus chiítas, como en Irak, donde Estados Unidos transfirió el poder a la mayoría chiíta tras derrocar a Saddam Hussein, Washington depende de la colaboración iraní para llevar adelante sus misiones. En Medio Oriente ocurre algo parecido con la influencia iraní sobre el movimiento chiíta libanés Hezbolá. Esto no quiere decir que Estados Unidos e Irán son aliados ni mucho menos. Washington alentó las protestas en Irán que se sucedieron a las cuestionadas elecciones del 2009 y ha acusado al régimen islámico de alentar la insurgencia de facciones chiítas en Irak. Estados Unidos también encabeza la lista de países que busca sancionar y aislar a Irán por su programa nuclear. Pero queda claro que Ahmadinejad, el carismático presidente iraní, no es un Khadafi indefenso. Si Washington quiso inventar un conflicto, lo hizo en un momento inoportuno, dada la correlación de fuerzas.
También llama la atención la cantidad de agencias involucradas: la DEA, el FBI, la CIA, Migraciones Mexicanas, Aduana de Estados Unidos, dos fiscales federales, un juez del estado de Nueva York. Normalmente los complots yanquis se arman con una carpetita de alguna agencia de inteligencia, algún general presenta la carpetita en el Capitolio, después algún funcionario la lleva a las Naciones Unidas. Como Colin Powell con el cuento de las armas de destrucción masiva para invadir a Irak. Y esto se hace así porque las agencias de seguridad tienen una larga historia de vigilarse entre sí, ya que compiten por partidas presupuestarias en el Congreso. El caso más notorio de esta competencia es el de Watergate, donde el FBI desbarató el encubrimiento de la CIA de la red de espionaje de Richard Nixon, por lo que el entonces presidente debió renunciar.
Por ley, el FBI se encarga de los atentados terroristas en territorio de Estados Unidos, actuando como lead agency (agencia líder), mientras que la CIA lo hace en el exterior, aunque a veces el FBI es convocado en el exterior para hacer peritajes y trabajo técnicos, y la CIA es llamada a prestar informes de Inteligencia sobre presuntos terroristas extranjeros que intentan operar en territorio estadounidense. Pero los mandatos se respetan. Así como en el exterior la CIA regularmente "pisa" operaciones de la DEA y el FBI, esto es, ejercita la potestad de frenarlas invocando razones de seguridad nacional, dentro de Estados Unidos el FBI recela y desconfía de todo lo que hace la CIA. La DEA, al igual que el FBI, depende del Departamento de Justicia, mientras que la CIA reporta directamente a la Casa Blanca y mantiene vínculos históricos con el Departamento de Estado y cierta distancia del Pentágono y el Departamento de Defensa. La DEA no tiene el mandato de combatir el terrorismo, como la CIA y el FBI, pero en cambio la CIA y el FBI sí tienen como misión combatir el narcotráfico, aunque la CIA sólo puede hacerlo en el exterior. Esto hace que las competencias se crucen y se superpongan. Es común que la DEA detenga a un narco tras meses de investigación, sólo para enterarse de que es un buchón del FBI. O que el FBI detenga a un terrorista y descubra que es un operador encubierto de la CIA. Otras agencias como el Servicio Secreto Uniformado (Casa Blanca), el Buró de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (Departamento del Tesoro), el Servicio Aduanero (Departamento de Estado) y las agencias de Inteligencia de Estado y Defensa mantienen distintas competencias de narcotráfico y terrorismo. Estas competencias se basan en leyes y se financian con partidas aprobadas por el Congreso estadounidense, a partir de los detallados informes secretos anuales que los responsables de esas agencias presentan ante los Comités de Inteligencia de las dos cámaras. Ese complejo entramado de competencias e intereses tiende a desalentar la participación del FBI y de la DEA en los complots, asesinatos, secuestros y golpes de Estado gestados por la CIA, que por algo ocurren fuera de Estados Unidos.
Acá, por las extrañas características del caso, las tres agencias tomaron parte en la investigación de la fiscalía. La denuncia supuestamente apareció en medio de una investigación narco que llevaba adelante la DEA. Como involucraba un acto terrorista en Estados Unidos tomó cartas el FBI, y al agregarse extraoficialmente otros supuestos complots en el exterior, fue convocada la CIA. Como el vendedor de autos usados fue detenido en Nueva York, a su regreso de un frustrado viaje a México para contratar a los narcos, intervino la Justicia de ese Estado. En Estados Unidos el FBI mantiene un prestigio que la CIA hace rato perdió y existe una larga tradición de independencia judicial, a pesar de que el fiscal general forma parte del gabinete presidencial. Por eso es llamativo que el FBI y el juez de Nueva York avalen una denuncia que a todas luces parece dudosa.
Que Irán contrate a un vendedor de autos usados, vaya y pase. El hombre se había fundido y perdido su trabajo en medio de la recesión. El año pasado viajó a Irán, la madre patria, y allí pudo haber entrado en contacto con alguna gente. Pero que un Estado teocrático contrate sicarios de un cartel narco, que un cuerpo de elite como los Kuds planee una operación tan torpe, escapa a toda lógica. El escepticismo con que fue recibida la denuncia en todo el mundo tuvo su eco en la prensa estadounidense. "Esto se parece a un salad bar de cocina fusión de las ansiedades de la seguridad estadounidense", describió un analista citado por el Huffington Post. Para agregar más confusión, mientras los voceros del Departamento de Defensa y del Pentágono salían a aclarar que se trataba de un tema judicial que debía ser resuelto por la vía legal y diplomática, la canciller Hillary Clinton hacía llamados a la comunidad internacional a aislar al régimen iraní.
Veinticuatro horas después del anuncio, el propio Obama tuvo que salir a defender la acusación. "No hubiéramos hecho esta denuncia si no tuviéramos los elementos respaldatorios", dijo el presidente norteamericano. Su lógica es bastante razonable. O sea, está bien, suena increíble que el gobierno iraní autorice semejante mamarracho. Pero también es ridículo pensar que lo voy a armar yo, parece decir Obama. Yo no soy Bush, el FBI no es la CIA, parece decir. Si la vamo’ a inventar nosotros, nosotros que inventamos Hollywood, entonces la vamo’ a inventar bien.
En todo caso, de comprobarse que todo fue armado, el daño para la credibilidad estadounidense, dadas las instituciones y los personajes involucrados, será mucho mayor que la mentira de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein.
En un punto el tema es sencillo. La denuncia judicial sostiene que escuchas telefónicas y una transferencia bancaria demuestran el involucramiento de altos oficiales Kuds en el complot. Irán niega que esas pruebas existan. Dice que es imposible transferir cien mil dólares desde Irán a Estados Unidos y que decir "el Chevrolet está listo" no quiere decir "asesinen al embajador". ¿Cuánto hay de verdad, cuánto de mentira y cuánto de exageración? En un corto tiempo se sabrá, o algún día, o nunca.
Sea como fuere, lo que asoma es la ansiedad del gobierno estadounidense ante una situación de vulnerabilidad y una sensación de inseguridad, que son dos cosas distintas. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se había acostumbrado a una hegemonía económica y militar que ya no es tal. La pérdida de poder relativo coincide con una crisis moral por un sistema agotado, el fin del sueño americano.
Si la denuncia del complot es un vil pretexto para intentar aislar a Irán, zarpazo de un tigre herido que resiste batirse en retirada, agachada de Obama para aplacar a los neocons y el lobby militar, entonces Estados Unidos está mucho peor de lo que muchos pensaban.
Pero si lo que dice Obama está más o menos cerca de la verdad, si hubo algún tipo de luz verde de algún estamento del gobierno iraní, entonces habrá que celebrar que dentro de todo el asunto se haya encauzado por la vía de la justicia y de la diplomacia. Lo que hoy se percibe como una patética sobreactuación pasará a ser una señal de madurez de una potencia que acepta los límites que le impone su nueva realidad.
Mmmmmm, raro. Muy raro y bizarro este complot. Difícil decir cómo sigue esta historia, o si recién empieza o si ya se terminó.
17 de octubre de 2011
16 de octubre de 2011
©página 12
cc traducción c. lísperguer

la paradoja de zuccotti


La ocupación de Wall Street por los indignados y el inverosímil complot iraní.
[Horacio Verbitsky] El burdo anuncio del complot iraní se produjo cuando la ocupación de Wall Street iba por su tercera semana y crecía el apoyo sindical. Un abigarrado microcosmos a pocos metros del Ground Zero reúne a indignados por la pérdida de su empleo o sus ahorros, con cristianos de distintas denominaciones, hippies viejos, partidos marxistas, marginales y asambleístas a la porteña. Obama intenta apoyarse en la fuerza de ese tea party al revés, pero después de tres años de flotar, pocos le creen.

El apellido de John E. Zuccoti se ha hecho famoso en todo el mundo, por un motivo paradójico para un ex funcionario de Planeamiento Urbano: en la media manzana de Manhattan que lleva su nombre, acampan desde el 17 de setiembre los indignados del barrio de las finanzas. Para no dejar nada librado a la imaginación, su movimiento se llama "A Ocupar Wall Street", que ayer participó en un intento de globalizar la protesta, a mil ciudades en ochenta países. El mérito de Zuccotti fue conseguir que la poderosa siderúrgica US Steel donara ese espacio a cambio de que la ciudad le autorizara exceder la altura permitida en su edificio One Liberty Plaza. El status jurídico de esa pequeña plaza de 3100 metros cuadrados, convertida en un microcosmos bullicioso, justo enfrente del predio de las torres volteadas hace una década por dos certeros avionazos, agrega confusión al embrollo: es de uso general pero su propiedad sigue siendo privada. En el capitalismo de las corporaciones, su carácter privado asegura que esté abierta al público las 24 horas del día, a diferencia de las plazas públicas, cuyas rejas se cierran por la noche. Su actual propietario es la inmobiliaria y financiera Brookfield, que compró el edificio de la US Steel y cuyo copresidente y director es el mismísimo John Zuccotti, quien desde su ventana puede observar el uso no convencional de su plaza.
La policía fue astuta y brutal con ellos cuando se desplazaron desde allí para bloquear el puente que conecta Nueva York con Brooklyn, el sábado 1º. Los dejó penetrar y los guió hacia el carril central vehicular y una vez que lo cubrieron arrestó a 700 y golpeó a mansalva por obstruir el tránsito. Pero los trató con guante de seda diez días después cuando decidieron realizar visitas a domicilio de algunos milmillonarios del East Upper Side, como el empresario australiano de medios Rupert Murdoch y los hermanos David y Charles Koch. Los Koch son refinadores de petróleo propietarios de la segunda empresa más grande de Estados Unidos y una de las principales contaminadoras de ambiente del mundo. David vendió en 35 millones de dólares el departamento en la Quinta Avenida que le había comprado a Jackie Bouvier Kennedy Onassis porque le quedaba chico. Ambos hermanos, de 71 y 75 años, son conocidos por la generosidad con que financian en forma abierta actividades artísticas, culturales y comunitarias y, con disimulo, organizaciones y actividades que retratan al presidente Barack Obama como un peligroso populista cuyas políticas conducen al socialismo o incluso que está poseído por el demonio. Es una ironía involuntaria que el pabellón de los dinosaurios del Museo de Ciencias Naturales lleve el nombre de David Koch, quien donó veinte millones de dólares para ponerlo a nuevo. Moneda menuda en comparación con los cien millones que le costó la reparación del teatro municipal de Nueva York en el Lincoln Center, que también fue rebautizado en su homenaje. Los Koch se han cuidado de que su relación con el Tea Party sea indirecta. No lo financian en forma oficial pero intentan conducirlo desde su Fundación Norteamericanos por la Prosperidad, que dicta cursos para los distintos tea parties, con el propósito de enseñarles a ser efectivos en política.
Entre la emboscada en el puente y los escraches consentidos hubo una comprensiva declaración del propio Obama porque los indignados "expresan la frustración" popular por el funcionamiento del sistema financiero. Obama y los demócratas perciben a los indignados como un equivalente de izquierda capaz de equilibrar el peso del Tea Party y mejorar sus alicaídas chances electorales. Esta expresión de deseos no parece fácil de conciliar con los objetivos de los manifestantes. Hasta el clima ha sido benigno con ellos. El Indian Summer, equivalente a nuestro Veranito de San Juan, llegó con temperaturas insólitas de hasta 28 grados, que ayudan a que una congregación numerosa parezca una fiesta, por dramáticas que sean las motivaciones de su convocatoria. Un gigantesco megáfono de papel maché señala el tablado en el que se turnan grupos musicales, a cuyo ritmo algunos jóvenes bailan capoeira cuando no se usa para propalar mensajes políticos. Un sesentón de larga cabellera, barba y bigotes blancos a lo Buffalo Bill, lee el diario en un sillón, como si estuviera en el living de su casa. Es uno de los hippies viejos que no resistieron la tentación de este volver a vivir, rodeado de jóvenes cuyas proclamas contra la codicia de los bancos no desentonan con las de las movilizaciones de hace medio siglo. Con una diferencia sustancial: mientras aquellos denunciaban el consumismo, muchos de éstos se niegan a ser excluidos. Entre carpas y revoltijos de ropa usada, que algunos venden y otros compran, la plaza está tapizada de papeles, y sobre todo, de cartones, cubiertos de consignas escritas con marcador. Así cuestionan los programas de salvataje de los bancos, iniciados por George W. Bush y profundizados por Obama y formulan preguntas de rotundo sentido común como "Si salvan a los bancos, ¿por qué no salvaron mi empleo?". También se ofrecen ejemplares de un diario, Wall Street Ocupado, bitácora impresa de la toma.

Código de Barras
Otras propuestas salieron de buenas impresoras, con advertencias atribuidas a Jefferson y Lincoln sobre los riesgos para la democracia por la excesiva concentración de riqueza y de poder e incluso gráficos que ejemplifican sus proporciones. Uno ilustra qué parte del ingreso piensan los que contestaron la encuesta que debería apropiarse el 20 por ciento más rico de la población, qué proporción creen que se apropian y cuál es el porcentaje real de concentración. Cada barra es más alta que la anterior y la última mucho más alta. Esas incitaciones a mejorar la calidad de la representación ("Queremos democracia, no corporacioncracia", dice un cartel) podrían favorecer el intento de Obama por apoyarse en la fuerza potencial de esta movilización. Es lo que hizo Néstor Kirchner desde mayo de 2003 luego de las masivas movilizaciones del año y medio previo. Kirchner impulsó un cambio sustancial de paradigma desde el minuto cero de su inesperada gestión, con escasa resistencia de un sistema político en ruinas, y así obtuvo niveles de adhesión popular sin precedentes, que le permitieron profundizar ese rumbo. En cambio, Obama lleva casi tres años de gobierno y las rectificaciones que ha introducido son mínimas para el gusto de quienes se habían ilusionado con un giro drástico de políticas, pero suficientes para enardecer a una derecha cada día más militante, que ya lo derrotó en las elecciones de mitad de mandato. Debilitado en el Congreso, se vio forzado a realizar nuevas concesiones, que agravaron la desconfianza y el malestar. Obama no se animó a ser el líder nuevo que había prometido y que Kirchner fue sin haberlo anunciado. La frustración popular no es por el funcionamiento del sistema financiero sino por la incapacidad de Obama para regularlo y restringirlo de modo que deje de imponer su ley al gobierno, al que abastece de los principales funcionarios en la materia. En cambio, ocho años después de la asunción de Kirchner y a una semana de la obtención del tercer mandato para el mismo proyecto, el ministro de Economía y candidato a la vicepresidencia, Amado Boudou, cuestiona en la reunión del G20 en París las políticas que en la Argentina hicieron crisis hace diez años y hoy están estallando en todo el mundo.

Marx, Jesús y los Gurúes
Otros sectores de la plaza son el reducto de la New Age y sus propuestas espirituales sobre el buen vivir. No faltan tampoco los partidos políticos marxistas que se atreven a explicar cómo funcionan las clases sociales, cosa que aquí es pecado mortal porque contradice el Sueño Americano por el cual cualquiera puede lograr lo que se proponga, siempre que tenga el talento y la voluntad suficientes. Distintas minorías étnicas, de género o nacionales aportan sus propios reclamos, por la igualdad de derechos de las mujeres o contra los tratados de libre comercio con Colombia, que horas después obtendrían la demorada ratificación legislativa, con 262 votos en la Cámara de Representantes y 66 en el Senado. Hay marginales que no tienen nada mejor que hacer y vecinos de clase media en busca de causas nobles y emociones fuertes, que reproducen el clima del asambleísmo porteño de 2002, con club del trueque incluido. Todos ellos conviven en paz y armonía con diversos grupos de distintas denominaciones cristianas, cuyas publicaciones y discursos explican que el mensaje de Jesús es mejor que el del capitalismo. Parte de la plaza está rodeada por un muro de un metro de altura. Los albañiles que trabajan en las construcciones del barrio se sientan sobre él a comer su vianda y así acompañar la movilización. Como el Ground Zero está en obra, los trabajadores con sus cascos son muchos. Sobre las veredas externas se ubican los turistas con sus bolsas de compras de Century 21, una tienda gigantesca reconstruida en 2002 luego de los daños que le causó el atentado a las torres. Algunos ejecutivos del denunciado sistema financiero, con la ropa y los zapatos más pulcros que pueda imaginarse, escrutan ese extraño universo humano con actitud de entomólogos. La diversidad parece asegurada cuando a pocos metros una pelirroja robusta de ojos saltones y cartel en mano vocea las ventajas de amor sobre los préstamos a interés. "Yo era parte del 1 por ciento. Ahora estoy en el 99 por ciento", dice el cartel que sostiene un hombre con rasgos asiáticos, mientras explica frente a una cámara de televisión cómo quebró su empresa y el banco se quedó con todos sus activos. Muy cerca otra cámara, pero de utilería, representa a la detestada cadena Fox News, el modelo que en la Argentina siguen los medios del aventurero de extrema derecha Daniel Hadad. Los canales comerciales realizan notas selectivas y los diarios que se reparten en forma gratuita en el subte presentan la concentración como una cumbre del alcohol, la droga y el sexo, pero por Internet puede verse también una transmisión continua (http://www.livestream.com/globalrevolution), operada por quienes se definen como periodistas independientes. Bajo la consigna "Citizen media is not a crime", sus imágenes registraron la extrema violencia con que la policía descargó sus bastones sobre piernas y brazos de los ocupantes, sentados para no permitir el desalojo, a primera hora del viernes. Como parte del desconcierto oficial ante un fenómeno que nadie había previsto, las autoridades intentaron aproximaciones laterales, con la ilusión de desgastar a los acampantes. El pretexto fue la limpieza, ordenada por Brookfield, que en una fecha incierta prohibió la instalación de carpas o bolsas de dormir. Se afirma que esa directiva precedió a la ocupación de la plaza, pero como nadie ofrece pruebas de ello se sospecha que fue dictada ad hoc. Pero la dirigencia política teme los efectos impredecibles de cualquier desborde y por detrás de la escena acordó con la empresa que se negociara con los ocupantes, para que permitieran la limpieza de la plaza sin abandonarla. El desalojo se pospuso y los manifestantes recorrieron las calles del distrito financiero con escobas y trapos de piso, voceando que venían a limpiar la mugre de los negocios. La discusión pasó a centrarse en el uso de las carpas y las bolsas de dormir. Sin ellas, en cuanto la temperatura deje de estar diez grados por encima de lo normal, la libertad de permanecer en la plaza será apenas una ironía. Desde el momento de la convocatoria, que proliferó sin liderazgos verticales por las virósicas redes sociales, los ocupantes de Wall Street declararon que su inspiración era la plaza Tahrir de El Cairo. La simpatía por esa clase de revolución es proporcional a la distancia a la cual ocurre. Aunque hasta ahora no puede predecirse si el movimiento crecerá como sueñan sus organizadores, su mera desordenada existencia hace transpirar al poder político y económico, sobre todo a partir de la adhesión de la central sindical AFL-CIO, que envió militantes a enfrentar la represión.

Remember Telleldín
Esta invocación a repetir en el corazón del capitalismo los métodos de la revolución árabe coincidió con la denuncia del Procurador General Eric Holder de un pintoresco complot organizado por las Brigadas Al Quds de la Jihad Islámica, para asesinar al embajador saudita en Washington que, según filtraciones extraoficiales del mismo gobierno estadounidense, incluirían nuevos atentados en Buenos Aires. Obama dijo que en su momento mostraría las pruebas. El general Colin Powell, el afroamericano que había ocupado el cargo de mayor importancia en su país antes de Obama, llegó a exponer en las Naciones Unidas sobre la presencia de Armas de Destrucción Masiva en Irak. Pero luego de la invasión dispuesta con ese pretexto, se demostró que esa clase de armamento nunca existió en Irak. Del mismo modo, fue un invento el ataque naval en el Golfo de Tonkin que hace medio siglo justificó la escalada en la guerra de Vietnam. Cuando estas falacias quedan al descubierto, siempre es tarde. Lo más notable es el tipo de combinación que el gobierno de Obama quiere que el mundo crea: un iraní que vive hace treinta años en Texas, donde se vio varias veces con la Justicia no por terrorismo sino por fraudes y quiebras, viaja a Irán, donde toma contacto con un militar iraní, es decir un terrorista antioccidental. De regreso a su país, donde nunca nadie lo escuchó hablar de política, hace un contacto en México con el cartel de los Zeta, que se encargará del operativo. Las combinaciones fueron realizadas por teléfono de línea, los pagos se transfirieron desde Irán por el sistema bancario y los Zeta que manejan enormes cantidades de dinero se conformaron con un millón y medio para operar en el corazón del poder mundial. Como final feliz, el narcotraficante mexicano en realidad era un agente de la DEA. Esta historia exuda a entrapment o sting operation, es decir la incitación a delinquir por parte de las autoridades. El escepticismo de la prensa estadounidense ha sido estruendoso, alimentado por las investigaciones de los centros de estudios más serios sobre la situación en México y Centro América, como InSight Organized Crime. Esta ONG señaló que según el informe oficial el vendedor de autos y su presunto contacto narco se reunían para planificar los atentados en la ciudad de Reynosa, "que no es territorio de los Zetas sino del Cartel del Golfo". También la red de Inteligencia Southern Pulse desdeñó que Irán pudiera creer que los Zetas "atacarían un blanco en Estados Unidos", porque "respetan al FBI y a la Justicia", sostuvo su director Samuel Logan.
Hay una coincidencia llamativa, sobre todo para la Argentina: el detenido por el complot es un vendedor de autos usados que se manejaba en los márgenes de la ley. Es notable que nadie se haya preguntado si el perfil del idiota elegido para la trama no se modeló sobre el de Carlos Telleldín. Hasta que puedan evaluarse las presuntas pruebas, el gobierno argentino deberá moverse con más cautela que nunca en este terreno cubierto de cáscaras de banana.
17 de octubre de 2011
16 de octubre de 2011
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un muro conveniente


Han pasado cincuenta años desde la construcción del Muro de Berlín. Pero ese tipo de muros se siguen construyendo, como en Israel y Estados Unidos.
[Juan Gelman] Se ha cumplido medio siglo desde que las autoridades comunistas de Alemania Oriental plantaron en Berlín el muro que partió a la ciudad en dos. Occidente lo llamó "de la vergüenza", mientras que del otro lado le dieron el suave nombre de "bastión de defensa antifascista". El 13 de agosto de 1961 se levantó un cerco de alambre de púas que días después comenzó a ser de concreto. Era domingo, pero el Este trabajó y el Oeste fue tomado por sorpresa.
La Casa Blanca protestó de inmediato, pero a los altos funcionarios que lo hicieron, incluido el entonces secretario de Estado Dean Rusk, no les pareció tan mal: así lo prueban documentos desclasificados que dio a conocer el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington (www.gwu.edu, 12-8-11). El éxodo de quienes huían del régimen de Walter Ulbricht aumentaba cada día creando problemas a las dos Alemanias, divididas por acuerdos de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial: su número ascendió a más de 100.000 en el primer semestre de ese año, en julio su promedio diario era de 1100 y el 9 de agosto llegaron más de 1600 al centro de acogida de refugiados de Marienfeld.
Walter Ulbricht, el mandamás de Alemania Oriental, alarmado por las consecuencias económicas y políticas del hecho, anunció el 10 de agosto la adopción de "severas medidas" que había pactado secretamente en julio con Nikita Krushev. Francia, EE.UU. y Gran Bretaña que, como la URSS, ocupaban la ciudad dividida en cuatro zonas y enclavada en territorio de Alemania Oriental, temían que se les impidiera el acceso y el de la población alemana en general a Berlín Oeste. Washington estimó que el muro no era una amenaza para sus intereses de fondo y que era mejor que se quedaran en casa quienes buscaban huir de ella. Dean Rusk llegó a decir que el muro "facilitaría el acuerdo" (con la URSS) sobre el estatuto de Berlín.
Líderes de la clase política no pensaban distinto, incluso con anticipación. El presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y renombrado dirigente demócrata J. William Fulbright sugirió en una entrevista televisiva que cortar la fuga de alemanes orientales podría ser objeto de negociación con Moscú. Y agregó: "La verdad de este asunto es que los rusos tienen de todos modos el poder para hacerlo... creo que si la semana próxima optan por cerrar sus fronteras (en Berlín), podrán hacerlo sin violar ningún tratado... (los alemanes del Este) tienen el derecho de cerrar sus fronteras" (www.nytimes.com, 3-8-61). Sólo que tardaron unos días más de lo predicho por Fulbright.
Llewellyn Thompson, embajador de EE.UU. en Moscú, había ya escrito al Departamento de Estado que "tanto nosotros como los alemanes del Oeste consideramos que será una ventaja a largo plazo que los refugiados potenciales se queden en Alemania del Este". La erección del muro no le habrá caído nada mal al señor embajador. Ni al Departamento de Estado.
Los documentos desclasificados revelan las fallas de la CIA y otros servicios de espionaje in situ: se enteraron del muro cuando lo estaban levantando. Hay un registro del disgusto del entonces presidente John F. Kennedy por no haber sido informado de la movida de Ulbricht con la antelación que corresponde. La oficina de informaciones y análisis de la CIA elevaba reseñas pálidas. El 10 de agosto, tres días antes del nacimiento del muro, señaló que el régimen de Alemania oriental estaba considerando la adopción de "medidas más duras para reducir" la estampida de refugiados, pero no proporcionó una lista de eventualidades posibles. Fue el mismo día en que Walter Ulbricht había declarado: "Analizamos la cuestión con nuestros amigos soviéticos y representantes del Pacto de Varsovia y hemos estado de acuerdo en que llegó el momento de decir hasta aquí y no más". El comité asesor de Kennedy en materia de inteligencia exterior tardó varios meses en advertir que las declaraciones del dirigente comunista habían sido "el indicador más claro" de lo que iba a suceder. Como le dijo un canario a otro: "Tarde piaste".
La destrucción del muro comenzó en la noche del 9 de noviembre de 1989 y marcó el inicio de la implosión del llamado "socialismo real" en Europa. Los berlineses del Este comenzaron la tarea a pico y martillo y los del Oeste no tardaron en unírseles. Todavía pueden verse algunos fragmentos en Berlín, cerca de la Puerta de Brandemburgo, que se conservan como memoria histórica. Otros se repartieron por todo el mundo. El resto, con el tiempo, se convirtió en mercancía, 80 bloques fueron subastados sólo en Montecarlo. En una feria berlinesa se venden pedacitos de muro que cuestan en promedio 5 dólares, los paños de tres toneladas de peso no valen menos de 5000 y el comercio de la vergüenza ha enriquecido a más de uno. Y esa clase de muros se siguen construyendo, como bien saben los palestinos a los que Israel encierra en su propio territorio. O los mexicanos en América latina, tan lejos de Dios y tan cerca de EE.UU., como hace mucho que se dice.
17 de octubre de 2011
16 de octubre de 2011
©página 12

legalicemos la marihuana


Legalicemos, regulemos y gravemos la marihuana. Entre los argumentos a favor están que reduce la criminalidad y reactivaría la economía..
California, Estados Unidos. Quizás los dispensarios de marihuana médica no son imanes del crimen, después de todo. Esa es la conclusión que ofreció la Rand Corp. después de redondear un estudio que concluyó que las tasas de criminalidad aumentaron  en los vecindarios después de que dispensarios cercanos fueran cerrados.
El comité editorial del Times, sin embargo, alega que el estudio no es conclusivo.
¿Quiere decir eso que los dispensarios reducen, antes que aumentan, los delitos en los vecindarios? Desgraciadamente, pese al análisis de Rand, todavía no sabemos la respuesta. Hay tantos problemas obvios con el estudio de Rand, que es imposible sacar conclusiones sólidas sobre la delincuencia en cualquier sentido.
Después de señalar que el estudio se basa en "suposiciones infundadas" y lagunas en el análisis, el comité concluye:

"Sea que estos dispensarios parias atraigan la delincuencia o no, son una molestia. La falta de vigilancia significa que podrían vender cualquier cosa, incluyendo marihuana impregnada con drogas o químicos peligrosos. Los votantes de California querían que [los dispensarios] operaran como colectivos sin fines de lucro, y sin embargo no está claro que eso sea así. No sabemos nada tampoco sobre la importancia de las ventas a menores o a personas sin necesidades médicas legítimas. Los Angeles tiene razón en tratar de reprimir; ahora sus abogados sólo deben imaginar una manera de hacerlo que sea aprobada en tribunales."

Previsiblemente, los partidarios de la legalización han rechazado en masa el editorial. Aquí siguen algunos de los argumentos que están haciendo en nuestro debate.

Los dispensarios deberían funcionar conforme las mismas reglas que las tiendas de abarrotes
El verdadero problema es si los operadores que trabajaron de acuerdo a las reglas y solicitaron los permisos merecen seguir abiertos. Todas las otras "regulaciones" sobre ubicación, horario de apertura y administración son parte del decorado levantado para mostrar que se hace algo, con o sin propósito.
La opinión del Times refleja un prejuicio a favor de la regulación. Yo planteo que lo que necesitamos son menos leyes. Los partidarios de Ronald Reagan y el Tea Party deberían unirse para anular todas las leyes sobre la marihuana. El gravamen existente y las leyes DUI deberían ser suficientes para cubrir cualquier problema real. ¿Por qué deberían los locales de expendio de marihuana pagar otro tipo de impuestos o de permiso que las tiendas de abarrotes o las farmacias?
Este es Estados Unidos, y mientras el alcohol y el tabaco sean legales, todas las leyes contra la marihuana serán arbitrarias e hipócritas. Mientras los opiatos y la aspirina estén disponibles en farmacias las veinticuatro horas del día, los usuarios de marihuana médica no están siendo tratados con justicia ni gozan de la misma protección de la ley. Mientras el pollo frito y la Coca-Cola sean legales, los riesgos sanitarios de la marihuana reciben una atención desproporcionada en nuestras leyes y opiniones. La gente tiene derecho a comer demás, pero las consecuencias sanitarias y sociales son enormes.
Si el verdadero mandato de las regulaciones locales es el servicio a la comunidad, entonces los dispensarios de marihuana médica deberían operar con las mismas reglas que las tiendas de abarrotes.
-jhtobin

Comparando los dispensarios con las botillerías
Los colectivos pueden ser una "molestia" para ese periodista, pero para muchos, las abundantes botillerías son una molestia mayor. Hay muchas más droguerías y botillerías que dispensarios y ambas atraen a la delincuencia. La mayoría de estos locales de expendio de marihuana son propiedad de familias que están creando empleos, pagando renta e impuestos (completos, sin derecho a los incentivos tributarios que se otorgan a los negocios nuevos) y ayudando a la gente a tratar sus enfermedades de un modo seguro y no tóxico. Todos los días se publican estudios sobre los beneficios del cannabis, sin que este sesgado medio informe sobre ello. Despertemos y entendamos que la verdadera agenda es la prohibición pura y simple, no salvar vidas ni prevenir el crimen. Si ese fuera el caso, revaluemos el impacto farmacéutica y del alcohol en nuestra sociedad. Esas son las verdaderas drogas adictivas, que realmente matan gente -a diferencia del cannabis.
-MaryjaneStarbudz

La marihuana es más segura que el alcohol
Perdí la paciencia con el ignorante partido anti marihuana y ahora recurro a lo que llamo mi modo psíquico 2x4. Voy a seguir atacándoles verbalmente cada vez que pueda. Las vidas de demasiadas personas buenas han sido innecesariamente  arruinadas debido a sus ideas tan profundamente erróneas. También ofrezco argumentos racionales para mostrarles la luz. Simplemente tenemos demasiados problemas reales que resolver como para dedicarnos a este tipo de canibalismo social por una droga que es infinitamente más segura que el alcohol, una droga legal.
-shndlr

Legalizar la marihuana reduciría la criminalidad
Es patentemente absurdo responsabilizar a las tiendas por el aumento de la criminalidad; al contrario, se debe a que hay demanda que hay tráfico implicado en el comercio legal. Esto es bueno para nosotros como sociedad, a menos que seas de la policía, y luego te empiezas a preocupar por la seguridad laboral. Porque si la marihuana fuera legalizada completamente -y aquí el problema es la ley y no los dispensarios-, la delincuencia se reduciría.
Si tus temores comerciales te dan derecho a apoderarte de activos y a someter a sus dueños a este verdadero robo a mano armada, tendrás algunos problemas sobre la legalización.
La prohibición es una estafa perpetrada contra la gente mediante la colusión de la policía, la fiscalía, las cárceles, las pandillas carcelarias y los políticos que pretenden hasta el absurdo que la marihuana es un narcótico (que no lo es), y mantienen la intervención federal en las leyes estaduales (en contravención de los derechos de los estados garantizados en la Declaración de Derechos) para apropiarse de los activos legales de ciudadanos que no son culpables más que del cultivo y posesión de marihuana.
Tenemos un Congreso que es propiedad de las compañías de drogas legales. Nuestro telediario nocturno se hace con ellas. Sin embargo, creo que OxyContin y Vicodin son drogas más inquietantes que la marihuana y el hachís.
La prohibición no funcionó entonces, y no funciona ahora. Responsabilizar a los negocios que están tratando de desenmarañar el entuerto es completamente erróneo.
Pongamos fin a la histeria. Legalicemos la marihuana.
-pahartnett

Legalizar la marihuana mejorará la economía
"No te quedes con el porro, amigo, pasámelo." Vamos, levantemos la prohibición que apoyan los distribuidores de alcohol, y dejemos que la marihuana encuentre el camino en el convencional capitalismo americano.
-1Swami
15 de octubre de 2011
26 de septiembre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

pánico entre los plutócratas


El tiempo dirá si las protestas Ocupemos Wall Street cambiará la dirección de Estados Unidos. Sin embargo, las protestas ya han provocado una extraordinaria e histérica reacción de Wall Street, los super-ricos en general y los políticos y expertos que sirven los intereses de los más ricos de entre los ricos.
[Paul Krugman] Y esta reacción nos dice algo importante, a saber que los extremistas que representan una amenaza para los valores estadounidenses son los que F.D.R. llamaba "los realistas de la economía", no la gente que está acampando en el Parque Zuccotti.
Consideremos primero cómo han retratado los políticos republicanos las modestas, aunque crecientes manifestaciones, que han implicado algunos enfrentamientos con la policía -enfrentamientos que parecen derivarse de una reacción policial exagerada-, pero nada que pudiéramos llamar disturbios. Y de hecho no ha habido nada todavía comparable a la conducta de las muchedumbres del Tea Party en el verano de 2009.
Sin embargo, Eric Cantor, líder de la mayoría en la Cámara, denunció las "turbas" y que se "azucen enfrentamientos de estadounidenses contra estadounidenses." Los candidatos presidenciales de la G.O.P. han dicho lo que pensaban. Mitt Romney acusó a los manifestantes de librar una "guerra de clases", mientras que Herman Cain los llamó "anti-estadounidenses." Mi favorito, sin embargo, es el senador Rand Paul, que por alguna razón está preocupado de que los manifestantes empiecen a apoderarse de los iPads, porque creen que los ricos no merecen tenerlos.
Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York y titán de la industria financiera, aunque fue algo más moderado, también acusó a los manifestantes de tratar de "quitarles el trabajo a la gente que vive en esta ciudad", una declaración que no guarda ninguna relación con los objetivos reales del movimiento.
Y si estabas escuchando a las cabezas parlantes de CNBC, te habrás enterado que los manifestantes "ondean sus raras banderas" y están "alineados con Lenin."
Para entender todo esto hay que darse cuenta de que forma parte de un síndrome más amplio en el que los estadounidenses ricos que se benefician enormemente de un sistema torcido a su favor reaccionan con histeria ante cualquiera que señale justamente lo torcido que es el sistema.
El año pasado varios barones de la industria financiera enfurecieron con las muy moderadas críticas del presidente Obama. Denunciaron a Obama como un cuasi-socialista por respaldar la normativa Volcker, que simplemente prohibiría que los bancos con respaldo de garantías federales participen en especulaciones arriesgadas. Y en cuanto a su reacción a las propuestas de cerrar las lagunas que permiten que algunos paguen muy pocos impuestos -bueno, Stephen Schwarzman, presidente del Grupo Blackstone, las comparó con la invasión de Hitler de Polonia.
Y luego está la campaña de infamias contra Elizabeth Warren, la reformadora financiera que ahora es candidata al Senado de Massachusetts. No hace mucho tiempo un video en YouTube que mostraba a Warren haciendo una elocuente y realista defensa de gravar a los ricos se difundió rápidamente. Nada de lo que dijo era extremista: no era más que una versión moderna del famoso dicho de Oliver Wendell Holmes, de que "los impuestos son el precio de la sociedad civilizada."
Pero escuchando a los probados defensores de los ricos, uno podría pensar que Warren era la segunda venida de Leon Trotsky. George Will declaró que tenía una "agenda colectivista", que cree que el "individualismo es una quimera." Y Rush Limbaugh la llamó "un parásito que odia a su anfitrión. Está tratando de matar al anfitrión mientras le chupa la sangre."
¿Qué está pasando? La respuesta, con toda seguridad, es que los Dueños del Universo de Wall Street se han cuenta, en lo más profundo de sus almas, lo moralmente indefendible que es su posición. No son John Galt; ni siquiera son Steve Jobs. Son personas que se enriquecieron vendiendo complejas estratagemas financieras que, lejos de entregar claros beneficios al pueblo de Estados Unidos, ayudaron a empujarnos a una crisis cuyas secuelas siguen arruinando la vida de millones de ciudadanos.
Sin embargo, ellos no han pagado el precio. Sus instituciones fueron rescatadas por los contribuyentes, sin demasiadas condiciones. Siguen beneficiándose de garantías federales explícitas e implícitas -básicamente, todavía están jugando a que ganen los bancos y pierden los contribuyentes. Y sacan provecho de lagunas fiscales que en muchos casos permite que personas con ingresos de varios millones de dólares paguen menos impuestos que familias de clase media.
Este tratamiento especial no soportaría una revisión meticulosa, y por eso, tal como ven las cosas, no debe haber ninguna revisión. Cualquiera que muestre lo obvio, sin importar su tranquilidad y moderación, debe ser demonizado y expulsado del escenario. De hecho, mientras más razonable y moderado suene un crítico, más urgente es su demonización, y de aquí los frenéticos insultos contra Elizabeth Warren.
¿Así que quién es realmente anti-estadounidense aquí? No los manifestantes, que no hacen más que tratar de que sus voces sean oídas. No, los verdaderos extremistas son los oligarcas de Estados Unidos, que quieren suprimir toda crítica sobre las fuentes de su riqueza.
[Ilustración viene de mundo de daorino.]
14 de octubre de 2011
10 de octubre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

vital contra sobredosis, pero inaccesible


Naloxone es un fármaco crucial para recuperar a pacientes de sobredosis de heroína y otras drogas opiatas. Pero pese a que en sí mismo no es una droga, sólo se vende con receta.
[Maua Szalavitz] Esta semana Mark Kinzly salvó dos vidas. Pero no habría estado aquí para ayudar si un amigo no hubiese hecho por él una vez lo que él ahora hace repetidas veces para otros: proporcionar a víctimas de sobredosis el antídoto Naloxone, vital para su recuperación.
Ahora en Estados Unidos la sobredosis mata más personas que los accidentes carreteros, convirtiéndola en la principal causa de muerte relacionada con lesiones -de acuerdo a las últimas cifras de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. El número de muertes -37.485 en 2009- podría reducirse dramáticamente si Naloxone estuviera disponible libremente y en todos los botiquines de primeros auxilios.
Pero esto no es probable que ocurra hasta que la Administración de Drogas y Alimentos haga algo. Actualmente Naloxone sólo se puede obtener con una receta médica. Aunque lo distribuyen decenas de programas de canje de jeringas, centros de rehabilitación y especialistas en dolor en al menos dieciséis estados, los requisitos para acceder a una receta limitan severamente su disponibilidad para esas organizaciones que pueden permitirse tener médicos y personal.
Naloxone (su nombre comercial es Narcan) puede ser aplicada nasalmente o por inyección. Puede revertir rápidamente los efectos potencialmente letales de las drogas opiatas, que incluyen la heroína y los analgésicos de venta restringida con receta médica como OxyContin y Vicodin. No produce colocones -al contrario, porque bloquea los efectos de los opioides.
Naloxone es mucho más seguro que algunos fármacos actualmente disponibles sin receta. Ambos la insulina y el Tylenol (acetaminofén) pueden ser fatales si son mal administrados, pero es imposible sufrir sobredosis con Naloxone y tiene pocos efectos secundarios.
Las muertes por sobredosis vinculadas a los opioides de prescripción se triplicaron entre 1999 y 2006. La mayoría de las sobredosis fatales implicaron sea opioides bajo prescripción o heroína en combinación con alcohol y/o alguna otra droga depresiva, como el Valium o el Xanax.
Algunos casos ocurren cuando los pacientes con dolor ingieren, por error, demasiado o beben alcohol con sus medicaciones. Sin embargo, la mayoría parece implicar personas con historias de adicción que consiguen las drogas de fuentes no médicas. Por ejemplo, un estudio de las muertes relacionadas con fármacos sujetos a prescripción en un estado fuertemente afectado constató que menos de la mitad de las víctimas de sobredosis habían recibido los fármacos que las mataron y que el 95 por ciento mostraba signos de adicción, tales como inyectarse fármacos destinados al uso oral.
Pero mientras los adictos parecen tener pocos problemas a la hora de conseguir opioides sin receta, Naloxone es más difícil de obtener porque no existe un mercado negro del producto y pocas personas incluso saben que sólo se vende con receta. Y muchas farmacias ni siquiera lo tienen, debido a que normalmente lo usan solamente equipos de ambulancia y hospitales.

Kinzly es director de H.I.V. and Harm Reduction Services del Roxbury Comprehensive Community Health Care Center en Massachusetts. Paciente heroinómano en recuperación, volvió a caer en 2004 después de once años sin drogas.
Ese año, estaba trabajando en un proyecto H.I.V. en la Universidad de Yale y se pinchó accidentalmente con una jeringa infectada. El miedo y la depresión lo golpearon fuerte, incluso después de ingerir los medicamentos para impedir la infección.
"Eso me hizo decidir empezar a usar heroína", dice. Su racionalización era que "yo tomaba heroína para quitarme la depresión porque sabía que funcionaba. Realmente pensaba que podía usar una dosis, marcharme y estar bien."
Kinzly estaba mirando una victoria de Red Sox con un amigo cuando sufrió una sobredosis. "Soy fanático de Red Sox, pero es no lo que me dio sobredosis", bromea. Se había metido dos o tres dosis de heroína -dosis que pensaba que podía manejar. Peligrosamente, calculó mal su nivel de tolerancia después de años de abstinencia.
Como en el caso de Kinzly, el periodo de riesgo de sobredosis más alto en drogadictos ocurre después de periodos de abstinencia, a menudo entre personas que vienen de salir de la cárcel o de rehabilitación. Los nuevos usuarios son el otro grupo que corre los mayores riesgos.
Estos dos grupos son difíciles de alcanzar a través de programas como el canje de jeringas, que empezó con la distribución de Naloxone a usuarios de drogas. Es por eso que lograr que el fármaco se venda sin receta y fomentar que se incluya en los botiquines de primeros auxilios podrían hacer una gran diferencia.
Felizmente, en el caso de Kinzly, su amigo tenía Naloxone y sabía cómo ayudar. "Dijo que me miró y se dio cuenta de que me estaba poniendo gris y mis labios estaban azules. Yo tenía lo que llamó un gorgoteo de muerte. Metió el Narcan en una jeringa y me lo inyectó en mi brazo."
Kinzly despertó, avergonzado sobre su recaída cuando se dio cuenta de lo que había pasado. Debido a que Naloxone revierte los efectos de los estupefacientes, puede causar síntomas de abstinencia en los drogadictos. Los síntomas son desagradables pero no peligrosos.
"Ciertamente no me sentía grandioso, pero estaba muy agradecido", dice. "Estaba muy avergonzado pero increíblemente agradecido de que iba a tener otra oportunidad para limpiarme y ver crecer a mi hijo."
Antes de su propia sobredosis, había salvado con Nalaxone a cuatro personas y desde entonces ha salvado a diez más. Estudios e informes de usuarios de drogas sugieren que al menos la mitad de las víctimas de sobredosis de opioides no mueren solos, lo que quiere decir que tener Naloxone a mano podría potencialmente salvar todas esas vidas.
El primer programa para distribuir Naloxone a usuarios de drogas fue el Chicago Recovery Alliance, que empezó a hacerlo en 2001 con la ayuda de médicos. Dan Bigg, co-fundador de la alianza, informa que hacia fines de agosto su organización ha instruido a más de veintidós mil personas sobre la sobredosis, distribuido más de once mil cajas de Naloxone y ha recibido 2.720 informes de recuperaciones exitosas.
Un estudio de 2006 publicado en el Journal of Addictive Diseases concluyó que las muertes por sobredosis de heroína bajaron en un veinte por ciento en Chicago el año en que empezó el programa y un diez por ciento adicional al año siguiente, y siguió bajando después. Mientras que el estudio no pudo probar que el programa estuviera en el origen de la baja, no encontró ningún efecto nocivo asociado con la distribución de Naloxone. Tampoco lo han encontrado otros estudios.
De acuerdo a la Harm Reduction Coalition, para 2010 se habían distribuido en el país cincuenta mil cajas de Naloxone entre organizaciones municipales, estaduales y privadas en al menos dieciséis estado, con diez mil recuperaciones de sobredosis reportadas. Pero también se han producido probablemente recuperaciones no documentadas de sobredosis porque no existen informes de su administración y las agencias que trabajan en la prevención de la sobredosis no siempre recolectan estos datos.
Naloxone es muy efectivo porque desplaza los opioides de los receptores en el cerebro que bajan la respiración. La respiración ralentizada y finalmente el paro respiratorio es lo que causa la muerte por sobredosis de opioides. Debido a que esto pasa en el curso de una hora o más, a menudo hay tiempo para intervenir.
Desgraciadamente, muchos familiares y amigos de drogadictos están inconscientes de los síntomas de sobredosis y creen que, como la ebriedad, lo mejor que se puede hacer es que la persona "duerma la cruda". Esa ignorancia puede ser fatal.
"Estamos constantemente oyendo historias de un padre que se va a dormir y oye raros ronquidos de su hija", dice la doctora Sharon Stancliff, directora médica de la Harm Reduction Coalition. "Era tarde por la noche; no se dieron cuenta de lo que estaba pasando o pensaron que estaban durmiéndola. En la mañana, la chica estaba muerta. Ese es el tipo de cosas que oímos sobre las muertes con opioides de prescripción."
¿Qué puede hacer la gente si descubre repentinamente que un amigo o un miembro de la familia del que ni siquiera sospechaban su relación con las drogas, se pone azul, ronca de manera anormal o parece estar respirando demasiado lentamente? Es entonces cuando sí importa tener Naloxone en el botiquín de primeros auxilios.
Llamar de inmediato al 911 y realizar respiración boca a boca (no solamente compresiones del pecho; la sobredosis de opioides exige el anticuado boca a boca debido a sus efectos en el cerebro) son pasos vitales.
Sin embargo, cuando alguien sufre sobredosis y deja de respirar, el tiempo es fundamental. Mientras más pronto se administre Naloxone, mejor. Asombrosamente, en la mayoría de los casos la persona despierta malhumorada, pero no dañada cognitivamente ni peor en otros sentidos.
Los raros casos que han sido reportados en los que Naloxone no sirvió, han sido abrumadoramente sea sobredosis de otras drogas como cocaína o situaciones en las que la persona estaba muerta antes de que se le administrara Naloxone.
Como con el canje de jeringas, la oposición a la distribución de Naloxone ha provenido principalmente de aquellos que temen que la reducción de los daños relacionados con las drogas conduzca a un mayor consumo de drogas. Afortunadamente, como en el caso similar sobre el canje de jeringas, la investigación no avala esta conclusión.
La experiencia de Kinzly fue normal: desagradable y que espera no repetir. Tampoco lo quería, aparentemente, la mujer a la que le salvó la vida el lunes en una galería de tiro situada cerca de su trabajo. Entrada en los cuarenta con una historia de casi veinte años de adicción, ahora está en rehabilitación.
Kinzly también está de vuelta en recuperación. "Esta es una medicina buena", dice. "La gente que está en las garras de la adicción pueden tener algo que potencialmente les puede salvar la vida hasta que oigan el mensaje de la esperanza. Mientras más accesible sea, mejor estará la gente. Los muertos no tuvieron la oportunidad de convertirse en miembros productivos de la sociedad." Tampoco pueden salvar la vida de otros.
[La autora es una periodista en neurociencia para TIME y co-autora de ‘Born for Love: Why Empathy Is Essential—And Endangered’, con Dr. Bruce Perry y autora de ‘Help at Any Cost: How the Troubled-Teen Industry Cons Parents and Hurts Kids.’]
14 de octubre de 2011
22 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer


justificando el crimen de un ciudadano


El memorándum legal del gobierno sobre el asesinato de Anwar al-Awlaki es un paso en la dirección correcta, pero insuficiente. Editorial NYT.
Aparentemente el gobierno de Obama pasó meses sopesando las implicaciones jurídicas de un atentado contra Anwar al-Awliki, el ciudadano estadounidense que fue asesinado en Yemen el mes pasado después de ser acusado de ser un operativo terrorista. El gobierno preparó un detallado y cauto memorando para justificar la decisión, un refrescante cambio de la implacable estrategia jurídica del gobierno de Bush, que racionalizó la tortura, reclamó poderes presidenciales sin límites, y descarriló la lucha del país contra los terroristas.
Pero el memorando, tal como informa Charlie Savage en el The Times, es una base insuficiente para la transcendental decisión del gobierno de asesinar a uno de sus propios ciudadanos, independientemente de lo peligroso que se creyera que era. Por una cosa, el gobierno se ha negado a hacer público o incluso a reconocer su existencia. Fue descrito a Savage por funcionarios anónimos y el gobierno no comentará ni siquiera sus protocolos más básicos para elegir a blancos de asesinato.
La decisión de asesinar a Awlaki fue tomada enteramente en la rama ejecutiva. El memorando no fue compartido con el Congreso ni ningún juez independiente ni comisión de jueces emitió juicio alguno. El gobierno ignoró los derechos de Awlaki a un debido proceso.
El presidente Obama dijo que Awlaki, un clérigo musulmán radical, había tomado "la dirección en la planificación de campañas para asesinar a estadounidenses inocentes." El gobierno dijo que había inspirado varios atentados terroristas, incluyendo el intento fallido de atentar contra un avión de pasajeros con destino a Detroit el 25 de diciembre de 2009. Funcionarios dijeron que el papel de Awlaki iba más allá de la inspiración y tenía un papel operacional en los atentados, aunque no entregaron pruebas de ello. Si la Casa Blanca entregara evidencias que tiene para respaldar estas acusaciones, tendría más posibilidades de justificar la muerte del clérigo.
El memorando, redactado por dos abogados de la Oficina de Asesoría Jurídica del ministerio de Justicia, decía que Awlaki podía ser asesinado porque había tomado parte en la guerra entre Estados Unidos y al Qaeda y representaba una amenaza importante para los estadounidenses, pero no llega a analizar la calidad de las evidencias. Dijo que unirse a una fuerza enemiga lo había privado de su derecho a un debido proceso, mencionando varios fallos de la Corte Suprema que ponen la protección de vidas inocentes por encima del riesgo de posible muerte del sospechoso.
Awlaki no tenía derecho a todas las garantías -un juicio público en ausencia habría sido una pérdida de tiempo e impráctico-, pero como ciudadano estadounidense tenía derecho a algunas. El memorando decía que Awlaki debía ser capturado, si posible, con vida, un importante principio incluso si el gobierno no creyera que podía enviar comandos a Yemen para capturarlo.
El debido proceso significa más que un análisis de riesgo militar. Se requieren instrucciones públicas y claras sobre cómo acatar la ley federal y el derecho internacional al aprobar asesinatos selectivos, especialmente de estadounidenses. Y significa llevar la decisión más allá del Ejecutivo. Hemos argumentado que se necesita una revisión judicial, quizás un tribunal a puertas cerradas similar a las Cortes de Vigilancia de Espionaje Extranjero (Foreign Intelligence Surveillance Court) antes que alguien, especialmente un ciudadano, sea colocado en una lista negra.
El gobierno de Obama parece saber que las operaciones antiterroristas no escapan al imperio de la ley. Su causa sería mucho más fuerte si lo dijera, y en voz alta.
14 de octubre de 2011
11 de octubre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

ganó alabama, perdió eua


Un tribunal mantuvo las disposiciones de la draconiana ley contra los inmigrantes, lo que muestra lo peligroso que puede ser dejar que los estados definan sus propias políticas. Washington necesita ponerse serio sobre la necesidad de una reforma comprehensiva.
Esta semana Alabama se convirtió en el primero de varios estados que han aprobado draconianas leyes contra los inmigrantes después de defender con éxito, en un tribunal, las disposiciones claves de la ley.
La juez de distrito Sharon Lovelace Blackburn concluyó que partes del polémico proyecto de ley de Alabama no contradecían la autoridad del gobierno federal para regular la inmigración. Eso significa que, con efecto inmediato, las policías locales y estaduales deben detener y arrestar a cualquiera del que sospechen que se encuentra ilegalmente en el país. Las escuelas estarán obligadas a determinar el estatus de inmigración de los estudiantes y entregar la información a los funcionarios distritales. Y los inmigrantes detenidos sin documentos podrán ser acusados judicialmente.
La ley de Alabama es cruel e innecesaria. Pero el estado no es el único responsable del barullo legal. Tampoco lo es Blackburn, aunque su decisión de permitir que la policía implemente las leyes de inmigración contradice la de otros jueces federales que bloquearon leyes similares en Arizona y Georgia. El hecho es que una parte importante de la culpa la tiene Washington.
El Congreso y el gobierno de Obama han relegado la reforma de la inmigración en gran parte a una guerra de palabras, cada lado acusando al otro de la inercia administrativa. Como consecuencia, los estados han empezado a implementar sus propias soluciones redactando lo que se ha convertido en un retazo nacional de regulaciones. Este es difícilmente la manera que reparar el resquebrajado sistema de inmigración del país.
El único modo de impedir que los estados implementen leyes crueles e inhumanas es que el gobierno federal proporcione una solución comprehensiva que proteja la frontera y trate el problema de los once millones de inmigrantes ilegales que ya viven en Estados Unidos, así como proporcionar una estrategia de implementación sensible para deportar a los que representen un peligro.
Desgraciadamente, los legisladores no han sido capaces de reunir voluntad política para llegar a un acuerdo, y es improbable que lo logren antes de las elecciones de 2012. Lo que podrían hacer es dar un pequeño paso hacia la racionalidad revitalizando dos claves intentos bipartidistas de reforma.
Los legisladores deberían implementar leyes que provean una ruta condicional hacia la legalización para ciertos grupos de jóvenes inmigrantes ilegales. Conocida como la Ley DREAM, entregaría algo de ayuda a los que sirven en las fuerzas armadas o estudian en la universidad y aspirar a trabajar legalmente. Y el Congreso debería revisar la Ley de Oportunidades de Trabajo en la Agricultura, Prestaciones y Seguridad. Ese proyecto permitiría que los jornaleros que quieran regularizar su estatus de inmigración si acceden a pagar una multa y siguen trabajando en el campo por al menos tres años.
Washington no puede encargar a los tribunales que hagan su trabajo. El Congreso y el presidente deben tomar la iniciativa.
13 de octubre de 2011
30 de septiembre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer