el inverosímil caso duffau
28 de abril de 2009
[Horacio Cecchi] Argentina. El juicio por el caso Duffau llegó a su recta final. Casi cuatro semanas después de haberse iniciado las audiencias, ayer se avanzó sobre los alegatos. En términos neutros debería decirse que el fiscal de Morón Guillermo Bordenave pidió durante su alegato la máxima condena, la perpetua por torturas seguidas de muerte, contra los cinco policías de la comisaría de Ramos Mejía acusados de asesinar a golpes a Gastón Duffau luego de detenerlo en un McDonald’s. Y pidió dos años de prisión y cinco de inhabilitación para el jefe de la comisaría por negligencia. Si se apartara lo neutro y se abriera una pequeña hendija a las curiosidades bizarras, habría que recordar que el caso Duffau es por demás sobrenatural: uno de los acusados se suicidó cuando quería hablar con el juez; se realizaron dos autopsias y una verificación de autopsia porque la primera llegó a resultados fabulosos (de fábula); el médico policial Falomo Sileno aseguró con cara de poker que la víctima fue atropellada por un auto una semana antes y que al trasladarlo en la camioneta se le debió haber movido el huesito del cuello que le provocó la muerte; la segunda autopsia, en cambio, encontró casi un centenar de hematomas internos; se escucharon amenazas por lo bajo; investigan a la primera fiscal y a un médico. Bordenave demostró al tribunal que en todo Ramos Mejía y más aún en La Matanza no se había registrado en esos días que ningún misterioso vehículo hubiera embestido a un transeúnte, ni que un transeúnte hubiera sufrido fractura de cuello por impacto de parabrisas. Hoy será el turno de la defensa.
Sin pretender otra cosa que una síntesis, habrá que recordar que Gastón Duffau murió el 23 de febrero de 2008, después de que seis bonaerenses de la comisaría de Ramos Mejía lo detuvieran en un McDonald’s a pedido de la vigilancia del local, lo trasladaran hacia la comisaría (adonde nunca llegaron) y aparecieran en el hospital local, con el joven convenientemente esposado y muerto.
La estrategia de la defensa, cuyo turno de alegatos se abrirá hoy, consistió durante todo el caso en dos puntos fundamentales dentro de la habitual lógica del "yo, Bonaerense". El primero, en acusar a un automovilista que atropelló a la víctima; el segundo, en acusar al guardia del McDonald’s por la golpiza. Entre ambas, la lógica del sentido común abre una grieta como las que se abrieron recientemente en los Abruzzos: si se acusa al NN automovilista, la defensa debe asegurar lo que asegura Falomo Sileno, a la sazón, el médico policial de bisturí sospechado: que en el cuerpo no se registraban golpes salvo en el cráneo y en el cuello, típicos de atropellamiento por vehículo y que son los que le provocaron la muerte. Si acusan al vigilador de McDonald’s deben sostener lo contrario, que el cuerpo estaba lleno de golpes, tal como reconoce la autopsia definitiva realizada por forenses de Lomas de Zamora y de la propia Procuración de la Suprema Corte.
Lo más curioso –o fabuloso, como quiera verse– es que las defensas durante el juicio apuntaron hacia uno y otro puntos. Hoy se escuchará el alegato de una parte de las defensas en el que se intentará juntar los bordes de L’Aquila. Ayer, Bordenave aprovechó esa lógica para desandar puntillosamente los argumentos de los bonaerenses.
- El argumento del vehículo NN. Más allá de la sorprendente e inquietante hipótesis del sobrehumano calvario de Duffau, soportando una fractura de cuello y de cráneo en cristiano silencio durante dos a siete días, el fiscal Bordenave demostró que no existe el menor rastro del tal impacto de vehículo NN en ninguna de las calles no sólo de Ramos Mejía sino tampoco de La Matanza en los siete días anteriores al McDonald’s.
- El argumento del bisturí de Sileno. Contra lo que aseguró el médico policial, "en el cadáver de la víctima se registraron politraumatismos varios graves, compresión torácica abdominal y mecanismos intrínsecos de asfixia que provocaron el deceso de Gastón Duffau", sostuvo la segunda autopsia, quizá más preocupada y conservadora que la de Sileno en mantener como terreno de análisis el propio cuerpo humano. Habrá que reconocer que Sileno admitió, durante su testimonio, que realizó la autopsia apurado.
- Para colmo, el fiscal sostuvo que "los peritos forenses indicaron que dichas lesiones eran recientes y vitales y que no superaban los treinta minutos a la muerte de la víctima". Y, curiosa y coincidentemente, Bordenave recordó que todos los testigos del McDonald’s vieron a Duffau sin su remera, y que en su torso no exhibía ninguno del centenar de golpes que fueron detectados en la segunda autopsia.
Hoy alegarán Carlos Pousa Bogado, defensor del bonaerense Leonardo Brandán, y Rubén Fernández, del capitán Walter Cesari, jefe de la comisaría. Mañana será el turno de Miguel Racanelli, abogado de los otros policías, Luis Acuña, Mauro Ponti, Rubén Steingruber y Natalio Denaris. Habrá que recordar que un banquillo quedó vacío, ya que el sexto policía, David Maximiliano Mansilla, apareció ahorcado con una sábana mientras estaba bajo custodia del Servicio Penitenciario Bonaerense. El suicidio de Mansilla, al igual que antes el bisturí de Sileno, inscribió líneas fundamentales en el Guinness, luego de que se supo que Mansilla había pedido una audiencia con el juez y terminó desistiendo de la manera más terminante.
El juicio se realiza ante el Tribunal Oral 5 de La Matanza, integrado por los jueces Gabriela Silvia Rizzuto, Matías Mariano Deane y Javier Mario González.
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[Mariana Carbajal] Argentina. Le creyeron cuando relató su largo padecimiento de violencia cotidiana, malos tratos y humillaciones a los que la sometió por casi treinta años su concubino, Julio Rocha Rocabado, de 63 años. Pero no la exculparon de su muerte, ocurrida el 23 de marzo de 2007 en la vivienda que compartían, en Puerto Madryn, como consecuencia de las quemaduras que le provocó el agua hirviendo que le arrojó con una olla, después de haber sido agredida física y verbalmente y cuando él se encontraba recostado mandando mensajes de texto. Ayer, los jueces de la Cámara del Crimen de la ciudad chubutense condenaron a Valeria Pérez Aquino, de 58 años, boliviana, analfabeta, por homicidio simple a ocho años de cárcel. Le aplicaron la pena mínima –el máximo es de 25 años– bajo la modalidad de arresto domiciliario para que pueda cuidar de su hijo, de 27 años, que padece un grave retraso mental y tiene parálisis cerebral.
[Carolyn Thompson] Orchard Park, Nueva York, Estados Unidos. El crimen rezuma una brutal ironía: una mujer decapitada, presuntamente por el marido del que se había separado, en la oficina del canal de televisión que la pareja fundó con la esperanza de contrarrestar los estereotipos musulmanes.
[Pedro Lipcovich] Argentina. "Para protestar"; "Para pedir justicia", contestaban anoche vecinos de Murature al 1400, Villa Fiorito, cuando se les preguntaba por qué estaban a punto de quemar, en mitad de la calle, unas maderas viejas. El martes, una nena de nueve años –que había desaparecido al ir a hacer una compra– había sido encontrada muerta, con 17 puñaladas y rastros de violencia sexual, en la vivienda de un hombre que vivía a pocos metros. Los mismos vecinos, muchos de ellos muy jóvenes y que viven en situación de grave pobreza, se habían juntado para buscar a la niña y guiaron a la policía a la resolución del caso. El presunto agresor, cuando ya había sido detenido por la policía, fue sin embargo golpeado por vecinos, que después redujeron a escombros la casilla donde vivía.
[Ramit Plushnick-Masti] Wampum, Pensilvania, Estados Unidos. Jordan Brown, un niño de quinto, abordó el autobús y se dirigió a la escuela como lo hacía la mayoría de las otras mañanas en este pueblo rural al oeste de Pensilvania.
[Rose French] Nashville, Tennesee, Estados Unidos. El ADN de evidencias claves en el asesinato de una mujer de Tennessee no coincide con el ADN del hombre que pasó más de dos décadas en el corredor de la muerte acusado de su asesinato, de acuerdo a nuevos análisis de laboratorio del FBI.
El Alto, Bolivia. Cuando los miembros de la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen (FELCC) de El Alto recogieron los cadáveres de dos niños el miércoles, no imaginaban que, en menos de 24 horas, la investigación revelaría una truculenta historia protagonizada por un niño de 13 años de edad.
[Emilio Ruchansky] Argentina. Graciela Aguirre fue a declarar con los senos al aire, descalza, golpeada y toda ensangrentada. Habían pasado sólo cuatro horas de la muerte de su pareja, Ricardo Avila, luego de que ella le asestara el filo de un cuchillo en la garganta para defender a su hija. "No quise matarlo, fue un accidente. Yo quería que soltara a la nena, la tenía agarrada de los pelos y ella se había metido para defenderme", dice ahora, sentada bajo un limonero en el jardín de la casa de sus padres, en El Palomar, donde pasó un año y medio bajo prisión domiciliaria. Ayer, la Justicia la absolvió por entender que lo suyo fue en defensa propia y de sus hijos, aunque hacia rato que esta mujer merodeaba las comisarías de su barrio para que encarcelen a su pareja, al menos, "hasta que se le pase la borrachera". Aguirre dice que nunca la tomaron en serio y se lamenta: "Se pudo haber evitado".