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página roja

los dos lados de la frontera


Uno violento, el otro pacífico. El Paso es la tercera ciudad más segura de Estados Unidos. Ciudad Juárez una de las más violentas de México.
[James C. McKinley Jr.] El Paso, Estados Unidos. Todos los días, cuando se baja del autobús en México y cruza la frontera para ir a su trabajo en el centro de El Paso, Edith Escobedo dice que se siente segura. Durante al menos las siguientes ocho horas, se dice a sí misma, se siente a salvo de la violencia que está destruyendo Ciudad Juárez.
"Allá vivimos con miedo", dijo Escobedo mientras esperaba clientes en la boutique Casa Sylvia. "Es miedo, pura inseguridad. Ni siquiera podemos salir de noche. Me asombra que aquí sea tan diferente. Es otro modo de vida".
Juárez y El Paso sólo están separadas por el angosto Río Grande y un par de puestos fronterizos que han hecho poco para frenar el constante transporte de mercaderías a uno y otro lado de la frontera y las visitas de familia.
Las dos ciudades están tan cerca que la ventana de la oficina del alcalde de El Paso tiene vista al centro de Juárez.
Pero en otras cosas, en estos días las dos ciudades están a mundos de distancia.
El Paso todavía goza de su prestigio como una de las ciudades más seguras de Estados Unidos, mientras que Juárez, una ciudad de 1.5 millones de habitantes que ha sido siempre ruda, se ha convertido en un campo de batalla de los carteles de la droga. El año pasado murieron en las guerras de la droga más de 1.550 personas.
Peor todavía, otros delitos violentos -robo de automóviles, extorsión, asaltos armados- han aumentado mientras las sitiadas autoridades luchan por responder a las balaceras de todos los días.
"Es extraño ser la tercera ciudad más segura de Estados Unidos junto a una zona de guerra", dijo el alcalde John Cook de El Paso, mirando los destartalados barrios de Juárez.
Sin embargo, lo que está ocurriendo al otro lado de la frontera -una violenta guerra territorial provocado por los intentos del gobierno mexicano de acabar con los carteles- se está cobrando sus víctimas en una miríada de maneras. Los estadounidenses han reducido sus visitas a sus familiares en México, y los mexicanos se aventuran al lado americano sólo en pequeños números, sea porque tienen miedo de dejar sus casas de noche o porque no tienen dinero.
El año pasado, el hospital público local en El Paso trató a 48 personas heridas en balaceras en México y funcionarios policiales en Estados Unidos gastaron gran parte de su tiempo tratando de pensar cómo impedir que la violencia se extienda a sus jurisdicciones.

"Allá reina el caos, la situación es completamente caótica", dijo Fernando Apodaca, un agente de seguros de El Paso, repitiendo la opinión de muchos estadounidenses aquí. "Los criminales controlan la ciudad".
Apodaca, 47, dejó de hacer negocios al otro lado de la frontera, como había hecho durante toda su vida adulta, después de que le robaran el coche a punta de pistola el 17 de septiembre, a plena luz del día.
Los expertos dicen que muchos factores han impedido que la violencia se extienda a El Paso, desde la alta concentración de agentes de policía debido a operaciones de frontera hasta el temor a la pena de muerte que rige en Texas.
Pero algunos tienen otras teorías. El alcalde Cook, por ejemplo, piensa que los  problemas de Juárez empezaron cuando fracasó la campaña mexicana contra el tráfico de narcóticos. La operación destrozó la red de distribución de drogas en el lado mexicano, provocando las guerras territoriales. Eso no ha ocurrido en el lado estadounidense, dijo Cook, pero si ocurriera, dijo, habría un estallido de violencia similar.
Los temores de que la violencia en México se pueda extender a Estados Unidos alcanzan los más altos niveles del gobierno federal. La semana pasada, el ministro de Seguridad Interior, Michael Chertoff, dijo que el gobierno de Bush había diseñado planes para enviar un contingente de agentes federales y soldados a sitios problemáticos si la violencia llegaba a extenderse hacia el lado americano.
El conflicto en Juárez ha llevado a algunos en El Paso a proponer soluciones radicales. En una simbólica resolución de apoyo a Juárez, el concejo del ayuntamiento de El Paso votó hace poco unánimemente para pedir a Washington que considera legalizar las drogas como un modo de poner fin a la violencia. "Pensamos que por lo menos debería ser discutido", dijo el concejal Beto O’Rourke. El lunes, el concejo retrocedió después de que el alcalde vetara la resolución y los miembros locales del Congreso advirtieron que la posición del concejo podría poner en peligro la ayuda federal.
Sin embargo, la fracasada medida fue un signo del deseo general que reina aquí de volver a los días relativamente pacíficos de antes de diciembre de 2006, cuando el presidente mexicano, Felipe Calderón, empezó la campaña actual para erradicar a los carteles de la droga.
Al otro lado del río, las vibrantes calles de Juárez en el pasado se ven ahora oscuras y lúgubres mientras sus habitantes se apresuran por llegar a casa. Los restaurantes, bares y clubes nocturnos que servían a los turistas estadounidenses y a estudiantes y soldados de Fort Bliss están cerrando sus puertas por falta de clientes.

Una noche hace poco, tres mariachis esperaron en el frío durante cinco horas a que apareciera algún turista por Avenida Juárez. Pero no llegó nadie. Hace un año, dijeron, turistas, jóvenes y soldados norteamericanos llenaban la avenida, mientras los vendedores ambulantes voceaban sus mercaderías sórdidas y sagradas, orientando a la gente hacia las farmacias, el mercado de la ciudad, clubes de striptease, restaurantes y cantinas.
"Normalmente estaba lleno de gente todos los días", dijo Luis Olivier, un cantante de cuarenta años. "Pero desde que empezaron las ejecuciones, ya no viene nadie".
El alcalde de Juárez, José Reyes Ferriz, dice que su ciudad tiene un departamento de policía con una espantosa falta de personal y mal equipado, pese a los programas para reclutar a nuevos agentes y purgar a los agentes corruptos. Reyes calculó que Juárez necesitaba al menos cuatro mil agentes de policía para recuperar el control de las calles. Sólo tiene mil seiscientos.
Dijo que los tres mil soldados y agentes federales enviados por Calderón para mitigar la violencia sólo habían tenido un éxito limitado. Los soldados, por ejemplo, no sabían nada de cómo trabajar en términos policiales y patrullaban formando largas columnas, que son fácilmente visibles y evitadas.
En los últimos seis meses, los asesinatos se han hecho más frecuentes, más osados y más espeluznantes. Un cuerpo fue decapitado y colgado de un puente. Otros fueron metidos en gigantescas calderas.
La mayoría de las víctimas son hombres jóvenes reclutados en otras ciudades para pelear por los barones de la droga en guerra. Pero al menos cuarenta de las víctimas eran transeúntes inocentes, y entre ellos algunos habitantes de El Paso.
"Esta es una guerra de verdad y el ayuntamiento, desgraciadamente, es el teatro de esta guerra", dijo Reyes.
No en El Paso, una prolija ciudad del desierto con seiscientos mil habitantes. Allá el año pasado hubo dieciséis asesinatos y los delitos violentos bajaron en un cuatro por ciento, dice la policía. Las calles de El Paso son conocidas por ser algo apagadas, antes que peligrosas.
El Paso es una ciudad donde la gente se siente tan segura que dejan sus pertenencias en el coche o salen a pasear de noche por sus calles. El mayor problema que ha tenido la policía hace poco es una serie de robos en supermercados de barrio, dijo el jefe de policía Gregory Allen. Algunos dicen que las diferencias culturales explican la paradoja.
Howard Campbell, antropólogo de la Universidad de Texas, El Paso, dijo que la mayoría de los habitantes de la ciudad estadounidense son inmigrantes recientes o sus hijos, que tienden a ser cautos, respetuosos de la ley y de las autoridades. Eso, junto con el Fort Bliss y la fuerte presencia policial, crean una atmósfera de ley y orden, dijo el profesor Campbell.

Para algunos de los veinticinco mil residentes de El Paso que van a sus trabajos diarios en El Paso, cada cruce está fraguado de peligros.
Sus temores no son infundados. Marisela Granados de Molinar, 48, era gerente de oficina en el despacho del fiscal general mexicano en Juárez, pero había vivido durante décadas en El Paso, con su marido, José A. Molinar Jr., encargado de una bodega. Durante los últimos once años ella partía a su trabajo al otro lado de la frontera, sin preocuparse nunca de que podía ser atacada, dijo su marido.
Pero el 3 de diciembre, Granados accedió a llevar a su jefe -Jesús Martín Huerta Hiedra-  al otro lado de la frontera porque (ella) tenía un pase especial para cruzar en uno de los puentes internacionales y quería ir al Wal-Mart. Los pistoleros los sorprendieron en una esquina a eso de las 4:15 p.m. y les metieron 85 balas en el coche.
Molinar dijo que supo que algo había salido mal cuando su esposa no le llamó durante su almuerzo, como hacía siempre. Era una rutina que tenían, un chequeo de seguridad. Se enteró del asesinato por la televisión, corrió a la escena del crimen para quedarse estupefacto junto al cuerpo sin vida de su mujer.
"Nunca tuvo miedo", dijo. "Pensaba que ella no era lo suficientemente importante como para preocuparse".

7 de febrero de 2009
22 de enero de 2009
©new york times
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drama familiar continuado


Detienen al hermano de Roberto Piazza, acusado de violar a su hijo. El diseñador escribió un libro donde reveló que su hermano abusó de él en la adolescencia. El hijo de Ricardo Piazza, de 24 años, lo leyó y se animó a hacer su propia denuncia en la Justicia: contó que su padre lo violaba de chico. El hombre lo negó. Ayer quedó preso.
Argentina. Es una novela en capítulos, a cual más dramático, más terrible. El año pasado, en su libro ‘Corte y Confesión’, el diseñador Roberto Piazza denunció que su hermano mayor Ricardo, que hoy tiene 61 años, abusaba sexualmente de él cuando era un niño. Ahora, siguiendo el ejemplo de su tío, un sobrino de Piazza que tiene 24 años denunció a su padre, el mismo Ricardo Piazza, y aseguró que fue abusado por él "desde los 5 a los 14 años". Luego de una investigación de más de un mes, tras realizar pericias y tomar testimonios, entre ellos el de Roberto Piazza, el juez de Santa Fe Jorge Patrizzi dispuso la detención de Ricardo. "Es inentendible lo que hizo mi hermano durante mi adolescencia, pero es increíble lo que hizo con su propio hijo. Es vomitivo, me descompone. No tiene derecho a vivir, ni a respirar nuestro oxígeno", declaró Roberto Piazza no bien se supo en forma pública la noticia.
En su libro, dado a conocer a mediados del año pasado, el diseñador Piazza se preguntaba por qué su madre, ya fallecida, nunca se hizo cargo de lo que hacía con él su hermano Ricardo. "Mamá lo sabía. Sospechaba. Pero nunca se animó a decir nada. No podía defenderme. Estaba tan paralizada como yo (...) ¿Nunca, durante años, nadie vio nada en una casa que sólo tenía tres dormitorios? (...) ¿Mis maestras no percibieron que yo tenía un comportamiento diferente en la escuela, que era un chico que dibujaba árboles secos y que no hablaba?"
En el libro, como en cada reportaje periodístico, Roberto Piazza reivindica su homosexualidad, a la vez que condena el abuso sexual de niños y niñas. "A partir de mi libro, de lo que yo cuento allí, mi sobrino se animó a contar lo que le estuvo pasando durante muchos años, de los 5 a los 14 años", contó ayer. Sobre su hermano Ricardo, además de considerar "vomitivo" lo que hizo con su propio hijo, opinó que "es una persona que nunca va a cambiar, que nunca va a reconocer lo que hizo. Esas personas no se curan jamás, no sirven para nada".
Si bien la causa contra Ricardo Piazza, por la denuncia de su hijo, fue investigada por el juez Jorge Patrizzi, ahora se encuentra en manos del juez subrogante Pedro Guevara. El titular del juzgado se encuentra de licencia. La primera medida procesal tomada por Guevara, tras la detención, fue realizar un careo entre el padre y el hijo denunciante. Según trascendió, el imputado negó la imputación. De todos modos, se le abrió una causa por "abuso sexual infantil y violación", en su caso agravada por el vínculo.
Roberto Piazza advirtió que no parará hasta que su hermano "pague por lo que hizo". Sobre su caso personal, recordó que con su libro "destapó una olla de una familia en la que nadie quiso hablar". Más benévolo con su madre, el diseñador, en el libro, carga duro contra su padre, también fallecido: "Me decía ‘sos un puto de mierda’ y lo defendía a él (por Ricardo) porque era el mayor, el nene bien de la familia".
Para difundir su historia, el diseñador tuvo que esperar "que mi vieja haya fallecido y esperar que mi papá muera hace siete años". Dijo que pudo romper el silencio "tratamiento psicoanalítico de por medio porque ya no bancaba más seguir callado". Ahora, por su libro, "mi sobrino se animó y otros chicos y chicas, abusados, me escriben para pedir que los ayude".

7 de febrero de 2009
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policías caen tras asalto



Tres federales detenidos por robar al cliente de un banco tras retirar dinero. Son tres policías de la comisaría 41ª, detenidos luego de robar en una salidera a un contratista que había retirado unos 3 mil pesos de un banco de Boedo. Los descubrieron con un auto sin patente y el vehículo de la víctima. Fueron exonerados.
[Carlos Rodríguez] Argentina. La víctima, un contratista de obra de 54 años, había retirado 1500 pesos y 520 dólares de un banco del barrio de Boedo. A bordo de su automóvil, un Fiat Palio, fue interceptado por tres hombres que se movilizaban en un Fiat Duna sin chapa patente y que, pasado el mediodía del lunes, a pocas cuadras de la entidad bancaria, le robaron el dinero y el vehículo. Hasta allí, una típica salidera bancaria. El dato saliente vino después cuando, en Pichincha y Garay, en el barrio de San Cristóbal, un móvil de la División Robos y Hurtos detuvo a un hombre que iba al volante del Duna, cuyos datos ya habían circulado por la red policial, minutos después del robo, denunciado ante la comisaría 20ª. El chofer del Duna resultó ser un federal que cumplía funciones en la seccional 41ª, en La Paternal. Poco después cayó un segundo policía que, en un descuido inconcebible, había dejado su 9 milímetros reglamentaria en el interior del Palio, abandonado en Matheu al 1800. El tercer policía ladrón fue detenido recién ayer, por la tarde, en Villa del Parque. Los tres fueron echados de la fuerza y enfrentan una causa por ‘robo agravado’. Ahora se investiga si tuvieron participación en otros hechos similares ocurridos en los últimos meses.
El ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández, confirmó ayer que los tres policías formaban parte de "una banda dedicada a realizar salideras bancarias en el área de la Capital Federal". Los tres uniformados cumplían servicio en la comisaría 41ª y fueron "desafectados de sus cargos por el jefe de la Policía Federal", comisario Néstor Valleca, según informó Fernández a la prensa. El ministro lamentó lo sucedido, pero a la vez resaltó que la fuerza policial "tiene sus propios anticuerpos, porque los que detuvieron a los policías fueron otros policías que cumplieron con su deber".
Fernández sostuvo que la fuerza "está compuesta en una inmensa mayoría por gente honesta". En ese sentido, en un intento por superar el mal trago, aseguró que la Policía Federal, sólo en el mes de enero de este año, "lleva detenidos más de 900 delincuentes". Además, se decomisaron "más de 80 armas y se esclarecieron unos 700 hechos delictivos", entre ellos la salidera bancaria en la que participaron los tres federales. El ministro dijo que la forma de superar estos hechos "es fortalecer la institución". Por eso insistió en rescatar "que la propia policía tiene sus anticuerpos para reaccionar ante una situación" como la ocurrida.
Todo comenzó pasado el mediodía del lunes, cuando una patrulla de Robos y Hurtos empezó a perseguir al Fiat Duna sin patente que había participado en la salidera bancaria. En la esquina de Pichincha y Garay se produjo la detención del conductor de ese vehículo, identificado luego como el agente de la Policía Federal Julián Andrés Molina, numerario de la comisaría 41ª. Cerca del Duna circulaba el Fiat Palio que le había sido robado al contratista de obra.
En el interior del Palio iban dos personas. Los policías de Robos y Hurtos siguieron también a ese vehículo, que fue dejado abandonado, luego de una breve persecución, en Matheu al 1800. Dentro del auto, los policías encontraron "una pistola nueve milímetros provista por la Policía Federal, que pertenecía al también agente Daniel Riente, de la misma comisaría", informó el ministro Fernández. El agente fue detenido horas después, cuando intentaba escapar. "Todo hace pensar que, frente a la persecución y viendo que su carrera se terminaba abruptamente, el agente Riente se olvidó la pistola reglamentaria, lo que permitió su rápida identificación y su búsqueda en los lugares que frecuentaba", comentó a Página/12 una fuente policial. En el mismo rodado encontraron un teléfono celular que pertenecía al tercer policía involucrado.
Desde la tarde del lunes comenzó la búsqueda del tercer hombre, cuya identidad se tenía, dado que se sabía que era otro miembro de la misma comisaría que no había concurrido a prestar servicio y que tampoco había justificado la razón de su ausencia. "El tercer detenido es un cabo de la Federal de apellido Avellaneda, según confirmó el propio comisario Valleca", le comentó a este diario una fuente del Ministerio de Seguridad. El vocero aclaró que existe la sospecha, como siempre ocurre con las salideras bancarias, que hubo "alguien, tal vez un empleado del banco, que les dio a los policías el dato que permitió cometer la salidera". Tal vez por esa razón, hasta anoche no se había informado oficialmente sobre cuál es el banco del que retiró el dinero el contratista de obra.
Todo parece indicar que la misma banda formada por policías habría participado en otros hechos similares ocurridos en los últimos tiempos. "No se descarta esta posibilidad, pero no podemos adelantar nada porque el tema es motivo de investigación", dijo el ministro Fernández cuando se lo consultó sobre si los tres policías tenían antecedentes. Los policías detenidos fueron puestos a disposición del Juzgado de Instrucción porteño número 12 a cargo de Ricardo Warley, quien los indagará hoy. Sobre el primer policía detenido, Julián Andrés Molina, se dijo que tiene 25 años y "muy poco tiempo de pertenencia a la fuerza".

4 de febrero de 2009
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policía busca a nieta de pinochet


No compareció a audiencia de formalización en su contra por violenta agresión a su pareja. Nieta de Pinochet con orden de captura por evadir justicia.
[Leslie Ayala Castro] Santiago, Chile. La hija mayor de Augusto hijo no se ha presentado al 2º Juzgado de Garantía, pese a que fue notificada por el ataque propinado a su tercer marido, a quien arrojó por las escaleras y golpeó en la cabeza con un elemento contundente. La airada reacción, según consta en el parte policial, fue porque su cónyuge no le dio dinero para la peluquería.
A pesar de haber sido notificada personalmente por un funcionario del Segundo Juzgado de Garantía, la nieta mayor de Augusto Pinochet Ugarte, María Verónica Pinochet Molina (35), no asistió a la audiencia de formalización en la cual se le imputaría su autoría en una violenta agresión contra su tercer marido, Miguel Morales Salazar (43).
La instancia judicial estaba fijada para el pasado viernes 30 de enero a las 12:30 horas y la mujer no compareció.
Por este motivo el tribunal despachó una orden de detención en su contra, que deberá ser concretada por la Brigada de Investigaciones Criminales (Bicrim) de Conchalí, entidad que deberá aprehenderla para que enfrente a la justicia. Hasta el cierre de esta edición, la nieta favorita de Lucía Hiriart aún no había sido habida por la PDI.
Una tórrida historia de maltratos llevó a que el padre de su tercera hija M.M.P (7) la denunciara hace algunas semanas, luego de haber recibido severos golpes en su cuerpo y haber sido arrojado por las escaleras.
La agresión se enmarcó en una violenta pelea intrafamiliar que sostuvieron en su residencia, ubicada en el exclusivo condominio de calle Caciques Chilenos #1166, en la comuna de Huechuraba.
Fuentes policiales señalaron que, tras analizar los antecedentes, la Fiscalía Centro Norte decidió formalizar una indagatoria contra la mujer que posee anotaciones prontuariales por ataques anteriores contra terceros.

La Peluquería
Según consta en el parte policial que data del 6 de noviembre, María Verónica Pinochet le había pedido el día anterior a Morales dinero "para ir a la peluquería entre otras cosas".
Éste le manifestó que no tenía plata para satisfacer sus requerimientos, ante lo cual la mujer montó en cólera. Se produjo una discusión y al cabo de unos minutos la imputada se lanzó sobre él "golpeándolo con sus manos y un objeto contundente".
Acto seguido, ella lo empujó, cayendo éste por las escaleras desde el tercero al segundo piso.
Morales señaló a los efectivos que tras lo ocurrido decidió escapar a la casa de su madre. El sujeto confidenció a los policías que no es la primera vez que Pinochet Molina lo violenta, y que por el bienestar de su hija no ha realizado más denuncias.
En el Centro Referencial de Maipú se le constataron contusiones faciales y en los brazos, además de erosiones en sus rodillas producto de la caída por las escaleras.
Trascendió que el fiscal José Morales le imputará a la mujer el delito de lesiones menos graves en el contexto de violencia intrafamiliar, por lo que Pinochet Molina arriesga penas que van desde los 61 a 540 días de presidio.
Ésta no es la primera vez que María Verónica enfrenta la justicia por haber golpeado a su tercer marido. Hace un año se realizó una audiencia de suspensión condicional de una causa en su contra por lesiones leves.
Esta vez el Ministerio Público le imputó haber ocasionado lesiones de carácter leve a Morales cuando estaban separados. El 27 de noviembre del 2007 la mujer fue a retirar a su hija M.M.P, quien había pasado la Navidad junto a su padre en la casa de Huechuraba.
En ese momento tuvo otra discusión con Morales, tras lo cual comenzó a pegarle en plena vía pública con golpes de pies y puño, motivo por el cual tuvo que intervenir la hermana de éste, la que también resultó herida en medio de la furia de Pinochet Molina.
En febrero del 2006 ésta protagonizó otro confuso incidente que fue investigado por la Segunda Fiscalía Militar. Esa vez se le atribuyó haber golpeado a una carabinera en medio de un choque en el que resultó herida su pequeña hija.

4 de febrero de 2009
©la nación
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policías implicados en secuestro


Detuvieron por el caso Bergara al jefe de la distrital de Berazategui. El jefe policial ahora preso está acusado por encubrimiento en el caso del secuestro del empresario. López, el subteniente dueño de la casa donde apareció Bergara fue procesado con prisión preventiva.
[Horacio Cecchi] Argentina. El comisionado Roque Luján, jefe de la Distrital de Berazategui, fue detenido ayer por orden de la Justicia, acusado de encubrimiento en el caso del secuestro del empresario Leonardo Bergara. Además, el ahora ex jefe de calle de Los Patos, Jorge López, y el desde hace años ex cabo de la 3ª de Varela, José Luis Pardini, compartirán más que el haber vestido temporariamente el uniforme de la Bonaerense: el juez federal de Quilmes, Luis Armella, los procesó y dictó la prisión preventiva, acusados de haber participado de una u otra forma en el secuestro. Luján, el quinto policía detenido durante la investigación, era el jefe directo de tres de los procesados en el caso.
"A ninguno de los dos, ni Pardini ni López, el juez les creyó ni una palabra", deslizó a Página/12 una fuente de la investigación. A López –que sostiene que le plantaron al secuestrado en su casa–, porque no pudo explicar el motivo del regalo y ni siquiera arriesgó el nombre de a quién pertenece el gesto samaritano. De Pardini, la cuestión parece más obvia. En el llamado que se registró a su propio celular no sólo se escucha que alguien hace un pedido referido a "la comida del chancho", sino que el pedido, según la misma fuente, está hecho a nombre de un tal "José Luis", curiosamente coincidentes con los nombres del ex cabo de la 3ª. En otro orden del mismo desorden, el juez Armella decidió rechazar el pedido de apartamiento del caso, solicitado por el mismo José Luis.
López, hasta ayer subteniente y jefe de calle de la subdelegación de El Pato –ver unas líneas más abajo–, y Pardini fueron procesados con prisión preventiva por orden del juez Armella, tras las indagatorias sobre ambos en las que –cabe recordar– ambos se declararon inocentes. Por qué el juez y la fiscal federal Silvia Cavallo no creyeron las versiones defensistas.
Por partes: López sostuvo que la puerta de su casa es de doble hoja y que quitaron el candado que él había colocado y un tornillo y abrieron la puerta sin la llave y que le plantaron a Bergara. Pero la casa está ubicada al final de una calle que cierra su recorrido allí. "No es una casa de paso. No es que pasaban por ahí y vieron una casa medio abandonada y lo tiraron como quien se lo saca de encima en un descampado", dedujeron los investigadores. Para hilvanar la sospecha, agregan que "la casa está totalmente cubierta de rejas" y para colmo el perito demostró que quien abrió para dejar a Bergara no violentó la puerta ni levantó los goznes ni ningún tornillo, sino que abrió como quien abre su casa.
"La casa –aseguró a este diario el mismo investigador– tiene una cama y todo lo necesario para tener guardado allí a alguien." Pero, además, llamó la atención que a la casa de López jamás se acercó nadie a robar nada. "Nunca tuvo problemas, porque siendo conocido en el barrio y siendo el jefe de calle, los vecinos le avisaban enseguida si veían algo raro." Creen también que a Bergara lo llevaron en un auto que no llamó la atención a los vecinos porque ya había sido visto.
En favor de la versión del plantado, está confirmado que poco antes de que se recibiera el llamado al 911 anunciando que había un hombre encadenado, otro llamado al mismo número denunciaba un robo en un sector distante de la casa, lo que obligó a movilizar patrulleros y vigilancia hacia esa zona (el robo nunca existió), evidencia de zona liberada para llegar y colocar libremente a Bergara en la cama.
Las pruebas no parecen demasiado consistentes a la hora de demostrar que López fue quien introdujo a Bergara en su casa, pero sí creen que tienen indicios suficientes para procesarlo y mantenerlo tras las rejas. En realidad, no es sólida la explicación del ex jefe de calle de que alguien pasó por ahí y ya que estaba dejó un Bergara. Pero sí tienen una sospecha que les resulta muy verosímil de que a López literalmente le hicieron una cama, y él puede conocer a quien le dejó el regalo, pero no lo puede decir porque se trata del vuelto por algún diferendo en negocios con participación de más de una jerarquía.
Así, se llega a la situación de Pardini, igual de complicada que la de López pero más fácil de entender: "Pardini no fue detenido solamente porque alguien llamó a su celular y habló de ‘la comida del chancho’ –aseguró el investigador–, sino que el pedido estaba dirigido a ‘José Luis’". En relación al Renault 9 gris a nombre de un familiar y que funcionaba para la remisería de Pardini, "Bergara y la mujer no reconocieron el auto pero tampoco dijeron que no era. Dudaron, que no es lo mismo que decir que no".
Pardini había recusado al juez Armella porque en una investigación anterior el juez recibió una amenaza. Se investigó el número del que provenía y éste pertenecía a un celular de Pardini. Armella abrió una causa en su contra y ahora Pardini pidió que se apartara por enemistad. Pero Armella rechazó la recusación.
Con Vega y Costa, más Luján, los procesados ya suman cinco policías y ex policías pasados del otro lado del mostrador. En el caso de López, el ministro de Seguridad Stornelli dispuso apartarlo de la policía.

3 de febrero de 2009
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guerreros letales en iraq


‘Lethal Warriors’ en Iraq vinculados a una serie de crímenes en casa. Hombres del 2o Batallón del Ejército, del Regimiento de Infantería No. 12, han sido acusados y condenados por una serie de atracos armados, violencia doméstica y asesinatos.
[Paloma Esquivel, Christine Hanley y Christopher Goffard] Condado de Orange, Colorado Springs, Estados Unidos. Se llamaban a sí mismos los Guerreros Letales [Lethal Warriors] y durante sus dos períodos en Iraq los soldados del 2o. Batallón del Ejército, del Regimiento de Infantería No. 12 [2-12], sobrevivieron algunos de los episodios más cruentos de la guerra, cazando insurgentes por los laberintos de Bagdad y Tikrit en medio de bombas improvisadas, fuego de morteros y balaceras. Para junio de 2007, en lo que un comandante llamó el "corazón de la oscuridad", la unidad estaba perdiendo a un soldado por día, en una bolsa para cadáveres o en una camilla. En los dos períodos murieron 32 de ellos.
El 30 de noviembre de 2007, Kenneth Eastridge, un nervudo sobreviviente de la guerra con el cuerpo cubierto de tatuajes, se encontró en un bar de mala muerte de Colorado Springs, el Rum Bay, no muy lejos de la base en Fuerte Carson de la unidad. Eastridge, un chico que abandonó la secundaria y vivía en un proyecto de vivienda social de Louisville, Kentucky, se había enrolado en el ejército para escapar de lo que parecía ser un callejón sin salida en su vida como civil, sólo para contravenir repetidas veces las reglas del ejército y terminar sometido a una corte marcial.
Así que esa fría noche a apenas dos días de que le dieran de baja, Eastridge no tenía nada que hacer, acompañado por otros dos veteranos de su unidad, también endurecidos por la guerra, Louis Bressler y Bruce Bastien.
La policía dice que el trío tramó un asalto en compañía de un soldado raso del ejército, lo que dejó a Bressler preocupado de que este pudiese divulgar el plan. Más tarde esa noche, dice la policía, Bressler mató al soldado con un revólver calibre 38.
Ahora Eastridge, 25, está tras las rejas en una cárcel de Colorado, después de aceptar un acuerdo que reduce su condena a diez años a cambio de su declaración.
El ejército se apresuró a desechar cualquier vínculo entre lo que él y los otros soldados vieron en Iraq y las acusaciones en su contra.
"Cualquiera que cometa crímenes de esa naturaleza, está fuera de cualquier cosa que haya aprendido en el ejército estadounidense", dijo el teniente Brian Pearl, el oficial al mando de la unidad. "Aquí nadie los ha preparado para hacer lo que hicieron".
Sin embargo, hay una historia más larga de los que pelearon con la unidad de setecientos soldados: una serie de robos, violencia doméstica y absurdos asesinatos.
Seis de los veteranos están en la cárcel, implicados en cuatro incidentes con armas de fuego y cinco homicidios desde agosto de 2007. Los asesinatos se extienden entre Colorado y la ciudad balneario del condado de Orange, donde un veterano de la compañía está acusado de haber golpeado a su novia hasta matarla.
En octubre, un soldado que servía en Iraq con otra unidad del Fuerte Carson fue acusado de degollar a una mujer y dejarla morir en las colinas cerca de Colorado Springs, lo que llevó al senador Ken Salazar (demócrata de Colorado) a pedir una "revisión rápida y completa" de los expedientes de los soldados acusados.
Preguntó si acaso el ejército, en su celo por alcanzar las cifras de reclutamiento, ha hecho la vista gorda con los soldados acusados de delitos graves, faltas graves o problemas de salud mental. El ejército ha puesto a un grupo de trabajo a estudiar el asunto.
"Este es un tema del ejército y algo a lo que deben prestar atención los niveles más altos del gobierno", dijo Salazar en una entrevista.
No está claro cómo se conectan estos crímenes, si acaso. Pero algunos familiarizados con los casos encuentran imposible pasar por alto el hecho de que lo que tienen de común es el telón de fondo de la guerra en Iraq.
"Piense sobre Vietnam", dijo Amanda Phillips, una de los abogados públicos de Eastridge. "Esta es apenas la punta del iceberg".
Sheilagh McAteer, una de los abogados de Eastridge que es miembro del grupo de trabajo que estudia los crímenes cometidos por veteranos de la guerra contra Iraq, dijo que ha presenciado un aumento en la adicción a las drogas y en casos de violencia doméstica.
"Es anecdótico, aunque pareciera que hay alguna conexión", dijo. "Se pondrá peor antes de mejorar. Ahora hay tipos que están volviendo de su tercer período".
Aunque algunos de los acusados han sido diagnosticados con trastorno de estrés post-traumática, el significado sigue turbio. Bressler fue condenado el 19 de noviembre por conspiración para matar en el caso de la muerte del soldado raso del ejército, Kevin Shields. Ed Farry, el abogado de Bressler, dijo que el diagnóstico de su representado no jugó ningún papel en el caso. "Estas personas no son monstruos y no son asesinos sólo por tener estrés post-traumática", dijo Farry.
¿Qué pasó con los soldados? ¿Abrió Iraq una fisura psicológica preexistente, o la creó? ¿Fue la guerra sólo una desviación de una vida destinada a tener problemas?

Una Vida Atribulada
En septiembre, mientras esperaba su sentencia y su turno en el estrado, Eastridge, cuyo brazo luce un tatuaje que se parece a una insignia de las SS nazis, recordó una entrevista en la cárcel en la que dijo que tuvo problemas desde niño.
Eastridge dijo que su madre era una drogadicta que abandonó a la familia cuando él tenía diez años. Dos años después estaba un día jugando con la pistola de su padre cuando esta se disparó y mató a su mejor amigo. Fue condenado por homicidio imprudente y condenado a una pena remitida. Abandonó la escuela secundaria y decidió enrolarse.
"No tenía nada más que hacer", dijo Eastridge.
Confrontado por su expediente como delincuente juvenil, el ejército lo dispensó. Durante su primer periodo en Iraq, de agosto de 2004 a julio de 2005, sufrió una herida en la cabeza cuando su Humvee pisó una bomba, pero no fue tratado nunca por un neurocirujano, dice su abogado.
Después del primer periodo de Eastridge, fue acusado en Colorado Springs de apuntar un arma contra la sien de una amiga y acusado de amenazas, pero el ejército lo volvió a enviar a Iraq en octubre de 2006 antes de que se resolviera el caso.
La guerra fue feroz. La misión era mitigar la guerra sectaria que escalaba en Doura, un barrio al sur de Bagdad donde convivían sunníes, chiíes y cristianos.
"Nos estaban matando todos los días", dijo Eastridge. "Todos nos estábamos quebrando".
Los soldados debieron sortear bombas improvisadas, ataques de morteros y tiroteos con armas de fuego de pequeño calibre en su cacería de insurgentes puerta a puerta por calles y callejones.
"En mi escuadrón yo era el tipo que iba siempre delante. Me ofrecían de voluntario. Supongo que creían que yo estaba loco", dijo Eastridge. "Yo quería matar a todos esos tipos malos".
La ansiedad llegó a ser tan erosiva, dijo Eastridge, que él y otros soldados decidieron escapar del campo de batalla disparándose mutuamente con una pistola robada calibre 32. Él dispararía a su amigo en el brazo, y su amigo le dispararía en la pierna. Pero el arma se trabó, dijo.
Durante su segundo periodo, según muestra su expediente médico, Eastridge fue tratado por estrés crónica, insomnio, depresión y ansiedad. Dijo que ingería tres a cinco píldoras de Valium antes de salir en alguna misión. Dijo que el ejército lo había hallado desmayado por efectos del Valium después de tener sexo con su novia, una conductora de camiones del ejército.
El incidente lo hizo terminar en un campamento del ejército en Kuwait durante un mes, donde llenaba sacos de arena catorce horas al día, dijo.
Evaluadores del ejército lo diagnosticaron con estrés post-traumático y trastornos de personalidad antisocial y observaron que tenía "ideas homicidas". El ejército lo sometió a una corte marcial y lo licenció en noviembre en términos que su abogado calificó de menos que honorables.
Incluso antes de que el ejército se deshiciera de él, dijo, había empezado a cometer atracos con sus amiguetes del 2-12, Bastien y Bressler, que habían retornado hace poco de Iraq.
"Estaba tratando de reunir dinero para comprarme un departamento", dijo Eastridge. "No quería ser violento. Sólo estaba tratando de salir adelante".
La noche del 30 de noviembre hubo una fiesta en el Rum Bay, un club que se ha hecho conocido por sus peleas tarde en la noche. Eastridge, sin trabajo y esperando todavía el veredicto sobre la acusación de amenazas, estaba allí con Bressler y Shields, que estaba en la misma sección y celebraba su cumpleaños número veinticuatro. La policía dice que fue entonces que Shields se enteró de sus planes de cometer otro atraco.
Según la versión de Eastridge, salieron del bar ebrios. Entonces, dice la policía, pararon en un parque, donde Shields empezó a discutir y se peleó a puñetazos con Bressler antes de que este le disparara, porque sabía demasiado y tenía miedo que pudiera delatarlos. El cuerpo de Shields fue encontrado al día siguiente.
La policía dice que Bressler y Bastien también estuvieron implicados en el asalto y asesinato, tres meses antes, de un soldado de veintitrés años llamado Robert James. En este caso Bastien se declaró culpable de conspiración para cometer un homicidio y cómplice de asesinato en el caso de Shields. Fue sentenciado a sesenta años de prisión.
Eastridge se declaró culpable de complicidad en el asesinato de Shields y aceptó declarar en el juicio de Bressler. Bressler fue absuelto del cargo de homicidio en primer grado, pero fue condenado por el cargo menor de conspiración para matar, que le podría significar una sentencia de veinticuatro años en prisión. Todavía enfrenta cargos por homicidio en primer grado por la muerte de James.
En noviembre Eastridge fue sentenciado a diez años de cárcel a cambio de su testimonio.
En la cárcel, Eastridge meditó sobre cómo sería su vida cuando vuelva a la calle, posiblemente entrados sus treinta años. Tendrá que ganarse la vida. "Quizás como bombero", dijo. Pero no estaba seguro. "Lo único que sé hacer es disparar".

Disparos Mortales
Seis meses después del asesinato de Shields, otros dos soldados del 2-12 -aparentemente no conectados con el grupo de asaltantes en Colorado Springs- recorrían las calles de la ciudad con una AK-47, según la policía.
Según la policía, el 26 de mayo Jomar Falu-Vives y Rodolfo Torres-Gandarilla viajaban en un Chevy Tahoe cuando Falu-Vives disparó contra un capitán del ejército que estaba parado en un cruce. Los dos fueron acusados de homicidio frustrado.
La policía dice que once días después el dúo volvió a la calle y Falu-Vives disparó contra una pareja que se encontraba colocando un letrero de venta de objetos usados. Falu-Vives fue acusado de homicidio. Torres-Gandarilla está acusado de complicidad.
Tres meses después de esos asesinatos, en otro caso igualmente no relacionado, los alguaciles del sheriff del condado de Orange dicen que golpearon a la puerta de un condominio en San Clemente y encontraron a un surfista rubio de ojos azules, John Needham, 25, cerca de su novia, Jacque Villagomez, que agonizaba a causa de una golpiza.
Después de pelear con el 2-12 en Iraq, dicen familiares y amigos, Needham fue licenciado el año pasado tras sufrir heridas de metralla en sus piernas y espalda, vivía atormentado por pesadillas y estaba tan nervioso que se sobresaltaba con el sonido de la vajilla. Como dijo su hermano, "no llegó bien". Needham fue acusado de homicidio y espera su juicio.

En el País de las Maravillas
Fuera del recinto de Fuerte Carson, los frondosos vecindarios de Colorado Springs se extienden hasta las Montañas Rocosas, donde todavía se extrae oro y cuya impresionante vista desde Pikes Peak inspiró ‘America the Beautiful’.
Es una ciudad militar, sede de la Academia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, dos bases de la Fuerza Aérea y de un recinto militar de casi dieciocho mil efectivos. Funcionarios locales están familiarizados con las dificultades que deben enfrentar los soldados que "vuelven al País de las Maravillas", un término usado para explicar la transición de la guerra a la vida civil.
"Hemos oído de soldados en el centro comercial que simplemente se arrojan al suelo cuando suena algún trueno", dijo Davida Hoffman, asistente social que dirige un programa local para veteranos. En el Fuerte Carson el 2-12 se prepara activamente.
Una soleada mañana este otoño, el sargento mayor Charles Sasser y el teniente coronel Brian Pearl, el oficial a cargo del batallón, dirigió a los soldados durante los ejercicios en Camp Red Devil, un campamento de adiestramiento en el accidentado terreno de la base.
Pearl cree que los asesinatos asociados a la unidad no están relacionados con las experiencias de guerra de los soldados, sino que se originan en situaciones personales independientes de la vida en el ejército.
"Si esos tipos no hubiesen estado en la infantería del 2-12, habrían hecho lo mismo", dijo Pearl. "La gente dirá: ‘En el ejército estadounidense les enseñan a matar gente’. Pero a nosotros se nos entrena para tomar decisiones éticas".
Dijo que el batallón tenía la tasa más alta de reenlistamiento del ejército y que cientos de soldados que volvían de la guerra no mataban a nadie. A principios del próximo año, la unidad volverá al campo de batalla.
"Nuestros soldados se desangraron, sudaron y lloraron durante quince meses en Iraq", dijo. "Ahora están preparados para ir a Afganistán. Hacen todo lo que les pidamos".

27 de enero de 2009
21 de diciembre de 2008
©los angeles times
cc traducción mQh
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disolvió los cuerpos en ácido


Mexicano confesó haber disuelto cuerpos de víctimas con ácido.
[Marc Lacey] Ciudad de México. Pozole es un popular guiso mexicano que puede llevar cerdo, maíz molido y toda una serie de verduras y condimentos. Pero el nombre de esta delicia ha adquirido un nuevo y siniestro significado: las autoridades mexicanas han detenido a un hombre vinculado a cientos de muertes en la guerra de las drogas, a quien han empezado a llamar ‘el Pozolero’
El hombre, Santiago Meza López, conocido como ‘el Pozolero’ en la prensa mexicana, ha confesado haber disuelto en ácido los restos de trescientas personas  cuando trabajaba para un importante narcotraficante, informó el ejército mexicano el viernes. La disolución de los cuerpos está ganando cada vez más popularidad en la guerra entre narcotraficantes rivales aquí, y la práctica se ha hecho conocida como hacer pozole.
Meza, 45, confesó haber recibido seiscientos dólares a la semana para disponer de los cuerpos para Teodoro García Simental, un barón de la droga que rompió con el cartel de Arellano Félix, de Tijuana, y se dice que está en guerra con Fernando Sánchez Arellano, su ex jefe, dijeron las autoridades.
Soldados y agentes de policía pasearon a Meza ante periodistas el viernes en una remota zona en las afueras de Tijuana, donde fue acusado de arrojar los cuerpos en pozos en la última década, lanzando ácido sobre ellos y dejarlos disolver en la tierra.
Meza admitió las acusaciones de la policía, que le ordenaron responder a los periodistas. "Pido perdón a las familias de estas personas", dijo, según el diario Reforma.
En septiembre, la policía encontró tres barriles de ácido con restos humanos frente a un restaurante marino, con una nota que decía: "Vamos a hacer pozole" con los que trabajen para el ingeniero, en referencia al apodo de Sánchez Arellano.
Las autoridades sospechan que García está detrás de estos y otros asesinatos. Algunos cuerpos mutilados han estado apareciendo en las calles de Tijuana. Los militares estuvieron el jueves a punto de capturar a García.

26 de enero de 2009
©new york times 
cc traducción mQh
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mil dólares por policía muerto


Narcotraficante más buscado de Colombia ofrece mil dólares por cada policía asesinado. La policía colombiana está tomando todas las medidas correspondientes tras el ofrecimiento de Daniel Rendón, alias ‘Don Mario’.
Colombia. El narcotraficante más buscado de Colombia, Daniel Rendón Herrera, alias ‘Don Mario’, ofreció dos millones de pesos (unos 1.000 dólares) por cada policía asesinado en la región del Urabá (noreste) donde es buscado, informó hoy el director de la Policía, general Oscar Naranjo.
El oficial inició a despachar este viernes desde la ciudad de Medellín (unos 400 kilómetros al noroeste de Bogotá) para buscar controlar el aumento de la criminalidad y los ataques en esa región de Colombia.
"Mis policías están cumpliendo con su deber y esa decisión que ha tomado ese delincuente de ‘Don Mario’ lo que va conseguir es que sea sometido a la ley. Se están afinando todas las medidas para proteger a los uniformados", dijo.
Naranjo señaló que las intenciones criminales de la banda de ‘Don Mario’, pedido en extradición por EEUU y por quien se ofrece una recompensa de más de dos millones de dólares, están dirigidas a atacar a los policías que actúan en los departamentos de Antioquia y Córdoba, donde operan sus hombres.
El general indicó que se reforzaron las medidas de seguridad en esas zonas para garantizar la tranquilidad de la comunidad y alertó a sus hombres para que activen todos los protocolos para evitar ser blanco de ataques de sicarios del narcotraficante.
Asimismo, indicó que ‘Don Mario’ dio a sus sicarios la orden de atacar a la Policía y de enfrentarse con sus miembros en cualquier circunstancia.
La zona donde opera ‘Don Mario’ es conocida con el Urabá, una región bananera que por su cercanía a las costas del Caribe es usada por los narcotraficantes para enviar cargamentos de cocaína hacia el exterior.
El extinto capo del cartel de Medellín Pablo Escobar usó esa misma estrategia de ofrecer dinero por la muerte de policías para detener la persecución en su contra en la década de los noventa.

24 de enero de 2009
©la tercera
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