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quemó vivo a indigente


Detenido autor de homicidio. Quemó vivo a indigente de Los Angeles.
Los Angeles, Estados Unidos. Un barbero acusado de matar a un indigente cerca de su trabajo el año pasado, arrojándole un líquido inflamable y encendiéndolo, fue arrestado este jueves, informó la policía.
Según la policía, Benjamin Martin, 30, fue vinculado al crimen por testigos que lo reconocieron y por muestras de ADN recogidas en la escena del crimen. Aparentemente su motivo fue una "franca antipatía personal y algo de locura", dijo el subcomisario Charlie Beck.
Martin fue detenido en Rancho Mirage, a unos 193 kilómetros al este de Los Angeles. Está acusado a matar a John McGraham, 55, el 9 de octubre de 2008, cuando el indigente se encontraba en una esquina de Los Angeles.
Los testigos dijeron a la policía que vieron a un hombre perseguir a McGraham, arrojarle un líquido y huir. McGraham sufrió quemaduras en un noventa por ciento de su cuerpo y murió en un hospital.
La policía dijo que la historia de McGraham transmitida en el programa ‘America Most Wanted’, de FOX, ayudó a generar "numerosos datos y pistas", que llevaron a la detención de Martin.
No hay ningún Martin en la guía telefónica de Rango Mirage. Jason Lee, portavoz de la policía de Los Angeles, dijo que no sabía si Martin tenía un abogado.
Los testigos describieron a McGraham como un elemento fijo de esa calle de Los Angeles que tenía amigos entre los vecinos y era visitado regularmente por su familia. Los tenderos y vecinos que lo alimentaban y daban limosna y ropa dijeron que era un hombre tranquilo e inofensivo al que le gustaba beber Dr Pepper y escuchar música en su radio portátil.
El teniente de policía Mark Tappan dijo que Martin era un barbero de la zona donde fue atacado McGraham. Agentes de policía dijeron a Los Angeles Times que Martin le guardaba rencor al indigente. Hablaron a condición de conservar el anonimato debido a que la investigación está todavía en curso.
La policía dijo que no pensaba que Martin fuera un pandillero, pero la muestra de ADN que le tomaron cuando fue condenado por un delito de drogas lo vinculó al asesinato, dijeron los agentes el Times.
David McGraham, hermano de la víctima, dijo que los agentes le habían prometido que encontrarían al culpable, pero "a medida que pasaba el tiempo no pensé que eso fuera a ocurrir. Pensé que el asesino se saldría con la suya".
Entonces su hermana le llamó para comunicarle la detención de Martin. "Pensé: ‘Dios mío, no puedo creerlo. Lo han capturado’", dijo.

23 de enero de 2009
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banda mixta con polis


Detuvieron a un ex cabo de la bonaerense vinculado con el caso Bergara. La Justicia federal allanó la comisaría 1ª de Quilmes y realizó otros trece operativos en busca de Leandro Bergara y sus secuestradores. En uno de ellos fue detenido el ex cabo de la Bonaerense ‘el Oreja’ Ocampo. Hay tres prófugos más: de la Bonaerense.
[Horacio Cecchi] Argentina. La Justicia federal de Quilmes detuvo a un ex cabo de la Bonaerense, uno de los cuatro prófugos en la investigación por el secuestro de Leonardo Bergara, y el tercero detenido (el cuarto fue liberado por falta de mérito) en el caso que ya lleva más de 3200 folios de expediente. Además, allanó la sospechada comisaría 1ª de ese partido, la más céntrica, ante la breve sorpresa de circunstanciales testigos y el peligroso acostumbramiento de los vecinos. El nuevo detenido, el ex cabo exonerado de la Bonaerense Néstor Daniel "el Oreja" Ocampo, viene a confirmar la hipótesis de que se trata de una banda mixta: mitad bonaerenses, mitad ex bonaerenses. Durante la mañana será indagado. Ayer no fue reconocido en rueda de presos por un albañil que trabajaba en la casa de los Bergara. Además, dos Renault 9 supuestamente utilizados por la banda no fueron identificados por dos de los albañiles ni por la esposa de Bergara. Entretanto, el juez federal Luis Armella firmó el procesamiento del teniente Víctor Vega, y el teniente Maximiliano Costa seguirá detenido por el momento.
Del Oreja Ocampo, de 45 años, poco se puede decir de su devenir con uniforme, porque llegó a cabo y quedó afuera. Preventor de raza, según fuentes policiales, lo exoneraron el 20 de febrero del ’90 mientras revistaba en la 3ª de Varela, acusado de asociación ilícita, robo reiterado, privación ilegítima de la libertad y adulteración de documento público. El Oreja era uno de los cuatro buscados en la causa que ya lleva más de 16 cuerpos (a razón de 200 folios cada uno).
Con defensa oficial (la defensora federal Sandra Pesclevi), Ocampo fue enfrentado a una rueda de reconocimiento ante uno de los testigos del secuestro, un albañil que trabajaba en la casa de los Bergara, pero que no lo reconoció como uno de los cuatro hombres vestidos de policías y enmascarados que secuestraron a la pareja Bergara el 22 de diciembre pasado, para luego liberar a la mujer.
Hoy, durante la mañana seguramente, Ocampo será indagado por el juez Armella y la fiscal federal Silvia Cavallo. La defensa tendrá sus complicaciones: con el secreto de sumario dictado, podrá aconsejar a Ocampo con monosílabos ya que por el momento nadie tiene acceso al voluminoso expediente. Lo mismo ocurrió un día antes con el defensor de Maximiliano Costa, el teniente del servicio de calle de la vapuleada comisaría 1ª, porque aparece en una escucha de un llamado de los secuestradores en que le preguntan "¿qué pasó con la comida del chancho?", que podría significar un código para mencionar al secuestrado. Costa, asesorado por el abogado Diego Martín Alvarez –quien fue víctima de un secuestro en 2007 a manos de un primo–, de todos modos se declaró inocente.
Los pasos de la investigación sorprenden. Ayer, en la búsqueda de los prófugos y de la propia víctima, se realizaron 14 allanamientos hasta detectar al Oreja en uno de ellos.
De todas formas, de los operativos el más llamativo fue el allanamiento a la comisaría 1ª. Se sobreentiende que para realizar semejante operativo, en pleno centro, a una cuadra de la plaza principal, la fiscal Silvia Cavallo y el juez Luis Armella deberían contar con datos firmes. Como aseguraron el ministro de Seguridad, Carlos Stornelli, y el jefe de Gabinete de Daniel Scioli, Alberto Pérez, las detenciones –y ahora el allanamiento a la 1ª– tienen "carácter preventivo y no quiere decir que toda la fuerza esté bajo la espada de Damocles". Lo que ambos funcionarios prefirieron no mencionar ni recordar es que el carácter preventivo se está aplicando sobre fuerzas dedicadas a la prevención. El caso es grave y la situación, no lo es menos: se trata de un secuestro extorsivo, un caso semejante a tantos otros casos que se utilizaron para batir el parche de la mano dura. En este caso, la diferencia es notoria.
Lejos de batir el parche de la inseguridad –como el mismo gobierno bonaerense hizo a fines del año pasado para impulsar la vigésima reforma al Código Procesal Penal–, ahora murmurar la idea de inseguridad representa una invitación a su propia inseguridad política: una fuerza destinada a la prevención contra la inseguridad debe ser protegida bajo el argumento de que todo el andamiaje de una investigación que tiene a parte de sus integrantes en el centro de sus sospechas (apenas siete u ocho, un jefe liberado con falta de mérito y media comisaría involucrada) es apenas un plan de "carácter preventivo".

15 de enero de 2009
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secuestradores eran de la bonaerense


Detienen a un jefe y un teniente de la bonaerense, vinculados con el secuestro de Bergara. Se trata del jefe de la Departamental de Berazategui y un subordinado. El jefe recibió en su celular un llamado de los secuestradores poco antes de que la familia recibiera un llamado de la banda.
Argentina. El jefe de la Departamental de Berazategui y un subordinado fueron detenidos por orden de la Justicia Federal de Quilmes en vinculación al secuestro del empresario Leonardo Bergara. En la casa del subordinado, un teniente, fueron hallados 7 kilos de marihuana. Un llamado de uno de los secuestradores al celular del jefe policial detenido, inmediatamente antes de que el mismo secuestrador llamara a la familia de Bergara para negociar el rescate, dio argumentos suficientes para las detenciones. Luego se realizaron cuatro allanamientos. El gobernador Daniel Scioli sólo se refirió al secuestro: "Hay que cuidar la vida de Leonardo", dijo, en lo que se interpretó como un mensaje público de que no se responsabilizaría por los riesgos de la búsqueda, dirigido a la Bonaerense. De las detenciones de los dos uniformados, ni mención. El ministro de Seguridad, Carlos Stornelli, relativizó la participación de los dos policías detenidos como "tangencial", sin especificar en qué consistiría la tangente.
Bergara fue secuestrado alrededor de las 9 de la mañana del lunes 22 de diciembre pasado, en Ranelagh, en territorio donde tenía jurisdicción el capitán de la Bonaerense Juan Vicente Cardozo, jefe de la Departamental de Berazategui. El empresario viajaba con su esposa en su 4x4 Grand Cherokee y fue interceptado por al menos cuatro hombres que simulaban ser policías, enmascarados y armados. Minutos después liberaron a la mujer y dejaron la 4x4 a un lado de la autopista Buenos Aires-La Plata, cerca del cementerio Parque Iraola, de Hudson.
El 30 de diciembre pasado, la fiscal federal de Quilmes, Silvia Cavallo, obtuvo una pista de los investigadores que apuntaba sobre el capitán Cardozo. Ese día, uno de los secuestradores había llamado a la familia para negociar el rescate de Bergara, que inicialmente habría estado fijado en un millón de dólares y que después fue recortado hasta medio millón. Instantes antes, ese mismo número fue detectado en un llamado al celular de Cardozo. Poco después, el capitán se presentó ante los investigadores de la DDI de Quilmes para argumentar que en su celular, que estaba en poder del teniente Ariel Víctor Vega, había recibido el llamado de un informante que tenía datos sobre los secuestradores, pero las explicaciones no cerraron en la lógica de los investigadores. El llamado recibido al celular de Cardozo no estaba grabado porque no provenía de una escucha, pero la conversación que tuvo el secuestrador con la familia sí fue grabada. En ella se entregó la primera prueba de vida: Bergara leía una noticia sobre el hallazgo de un galeón en Puerto Madero.
Al capitán y al teniente los siguieron durante unos días y luego la fiscal Cavallo pidió las detenciones, que se realizaron el lunes pasado a la medianoche, junto con cuatro allanamientos. Los dos policías se encontraban en su puesto, en la Policía Distrital de Berazategui, y quedaron a disposición de la fiscal y del juez federal de Quilmes, Luis Armella. "La fiscal no es de la idea de allanar y sostiene la política de negociar en casos de secuestros", dijo a este diario una fuente de la investigación. Pero después de la evidencia de la participación policial, Cavallo terminó por avanzar con los allanamientos.
Se realizaron en Villa Dominico, Mercedes, Pilar y en la propia Distrital de Berazategui. En Villa Dominico, Merlo 4467, donde vive el teniente Vega, encontraron siete kilos de marihuana. Siguiendo el hilo, los investigadores detectaron que tanto Cardozo como Vega habían participado en dos operativos de secuestro de drogas, realizados el 30 de octubre y el 12 de noviembre pasado. En el primero, realizado en una casa en la avenida 12 y calle 114, de Berazategui, la Bonaerense secuestró más de 100 kilos de marihuana y se detuvo al dueño del inmueble. En el segundo, realizado en Camino General Belgrano al 2300, de Quilmes, fueron secuestrados otros 100 kilos y seis de cocaína y fue detenida una mujer. La droga aparentemente llegaba desde las provincias del norte argentino y era comercializada en la zona de La Plata. La investigación sobre los narcos estaba en manos del juez Armella, el mismo que ordenó ahora las detenciones de los dos policías. Ahora se intenta determinar si los siete kilos hallados en lo de Vega son un recorte de los operativos o si provenían de otra línea y también si hay vinculación entre los secuestradores y la red de narcos.
Scioli no batió parches contra la inseguridad como acostumbra, y sólo se refirió al cuidado por la vida del secuestrado. Muchos lo interpretaron como un mensaje público anunciando que no pretende cargar con los riesgos de un operativo que ponga en peligro la vida de Bergara. Stornelli sólo se refirió a su teorema de las tangentes.

7 de enero de 2009
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asesinato en caldera del diablo


El intendente radical Raúl Seco Encina fue asesinado a sangre fría por su enemigo político, el empresario Héctor Tregnaghi. Le había ganado las elecciones por 200 votos y le clausuró el hipódromo, de su propiedad, por falta de habilitación.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. El disparo quebró la tranquilidad de la localidad de Vera, en el norte santafesino, y la muerte de su destinatario, el intendente Raúl Seco Encina, conmovió a toda la población. Ocurrió ayer después del mediodía y se trató de un crimen a sangre fría. El homicida es el principal adversario político de la víctima, el empresario Héctor Tregnaghi, quien perdió en las últimas elecciones por 200 votos. Es además el dueño de un hipódromo que había sido clausurado, días atrás, por el intendente. "Me querés fundir", le reprochó el asesino antes de dispararle a quemarropa, en la calle, cuando Seco Encina bajaba de su auto y se aprestaba a ingresar a un estudio de televisión por cable. Pensaba hacer un balance de un año de gestión y anunciar una cena popular de Navidad. El autor del crimen lo estaba esperando en la vereda, con un revólver 38 en la cintura. "Fue un tiro en el medio del pecho, a 40 centímetros de distancia. Un asesinato a mansalva", dijo a Página/12 el secretario de prensa del intendente, Ricardo Musso, testigo del crimen. "Lo que sucedió es inexplicable", agregó.
Vera está a 250 kilómetros al norte de la ciudad de Santa Fe, casi en el límite con el Chaco. Tiene 23.000 habitantes. Su intendente había empezado el día de buen humor: a las 9 llamó a los periodistas de FM Activa y les preguntó si podían hacer una nota del balance del año. Un clásico. "A las diez de la mañana estoy allí", les prometió. Pero algún contratiempo alteró su rutina, así que recién llegó a la emisora casi a las once. Pidió disculpas por la demora: "Se me hizo tarde, pero les prometo que el 24 de diciembre voy a estar acá todo el tiempo que sea necesario", les dijo a los periodistas. Y los invitó a una conferencia de prensa para un anuncio sorpresa.
Ya en su despacho de la Municipalidad de Vera, el intendente develó la incógnita. "Este año ha sido muy difícil para el norte santafesino por la situación económica y la sequía, así que hemos decidido organizar una cena de Navidad para que todos los verenses puedan tener un plato de comida, un pan dulce y una sidra", comentó. Era una cena popular que él y su gabinete querían compartir en familia.
La rueda terminó alrededor de las 12.30, se despidió de los periodistas y marchó hacia el canal de cable para otra entrevista. Lo acompañaba su secretario de prensa, Roberto Musso. Seco Encina, fiel a su costumbre, subió al volante del auto oficial de la municipalidad –un Volkswagen Bora– y manejó hasta la cita. Pero en la puerta del canal lo esperaba el empresario Héctor Tregnaghi, que le salió al paso. Los dos se conocían bien. El año pasado habían competido por la intendencia, uno por una fracción de la UCR enrolada en el Frente Progresista y el otro por el Frente para la Victoria. Ganó el intendente por 200 votos y empezó su tercer mandato consecutivo. En los últimos meses, la disputa se mezcló con la situación del hipódromo "La Ilusión", que regenteaba el empresario y que, según el intendente, carecía de habilitación provincial y municipal.
Tregnaghi había llegado unos minutos antes a la cita de la muerte, estacionó su camioneta 4x4 con la que solía moverse –una Eco Sport amarilla– y se bajó con un revólver calibre 38 en la cintura, que ocultó debajo de la campera.
Alrededor de las 13, llegaron Seco Encina y su secretario. "Cuando salimos del auto, se nos vino encima y nos increpó a los dos", contó a este diario el secretario del intendente, testigo del crimen. "Raúl había abierto la puerta de atrás para sacar una carpeta que pensaba usar en el programa de TV. Y Tregnaghi se le puso adelante." "¡Los voy matar a los dos!", gritó. "¡Ustedes no saben con quién están tratando!", nos dijo. Estaba totalmente sacado y altanero", comentó Musso.
Seco Encina trató de apaciguar: "Vos estás totalmente equivocado", le dijo. Pero fue lo único que alcanzó a decir.
"¡No, yo no estoy equivocado!", le contestó el atacante. Y pasó a la acción: empujó al intendente contra el auto. Y ahí, sin decir más, sacó el arma y disparó. "Fue un tiro a 40 centímetros de distancia, en el medio del pecho. Un asesinato a mansalva, una barbaridad", balbuceó Musso. Aún estaba impactado, pero siguió con su relato. "Escuché el estampido y miré a Raúl. No sabía si le había pegado. Por un instante tuve la ilusión de que fuera una bala de fogueo. ‘A lo mejor éste lo quiere asustar, esas cosas raras’, pensé. Raúl tenía corbata y una camisa blanca que enseguida se manchó de sangre. Y ahí sí me di cuenta de que le habían pegado un tiro. Raúl ya había cambiado la cara."
"¡Pará, pará, pará! ¡Mirá lo que hiciste, dejá de hacer locuras!", le gritó Musso a Tregnaghi. Otro testigo del crimen que ya declaró en sede policial trató de intervenir, a pesar de que había quedado atónito por la escena.
Tregnaghi volvió a apuntar. "¡A vos también te voy a hacer cagar!", le gritó al secretario de Seco Encina. Musso se ocultó detrás del baúl del Bora. Pero no hubo otro disparo. "¡Llamá a la ambulancia!", suplicó el secretario de prensa. Tregnaghi no respondió, subió a su camioneta y se entregó en la sede de la Unidad Regional 19, donde quienes lo escucharon dicen que dijo: "Le pegué un tiro a Seco".
Desesperado, Musso le pidió las llaves del auto al intendente y lo llevó hasta la clínica San Roque. Los médicos intentaron compensarlo, pero sin éxito. A los pocos minutos, falleció. Había sido un disparo certero al corazón.

23 de diciembre de 2008
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lo tentaron unos demonios


Declaró el acusado. Apresan a dos jardineros por la muerte de mujer de Montgomery de 83 años.
[Nick Miroff] Cuarenta y ocho horas después de haber golpeado y quemado viva a una mujer de 83 años, Lila Meizell, Ramón Alvarado se puso sus zapatos de cuero blanco nuevos y se encaminó hacia La Frontera, una cantina de estilo mexicano en un centro comercial del condado de Montgomery.
Fue el día después de Acción de Gracias, y Alvarado había pasado gran parte de la tarde ensimismado en sus cosas, ocultando a sus compañeros de piso las quemaduras que tenía en sus piernas. Ahora podía relajarse. Sus bolsillos estaban repletos de dinero.
Un gandul de 32 años que había llegado a El Salvador diez años antes, Alvarado vivía en el sótano de la casa de su tía, donde dormía en un colchón en el lavadero junto a la caldera. Pequeño y delgado, de rasgos angulosos y pesados párpados, sus amigos le llamaban ‘El Garrobo’ -la Iguana. Al cabo de un rato estaba comprando Miller Lite e invitando a todo el mundo.
¿Dé dónde había sacado el dinero? Normalmente Alvarado era tranquilo y estaba siempre en bancarrota, pero esa noche se mostró fanfarrón. "Estaba pagando los tragos de todo el mundo", dijo Joel Guevara, que alquilaba el cuarto junto al de Alvarado. "Pero había algo raro en él".
Mientras Alvarado seguía bebiendo, Guevara volvió a casa y se echó a dormir. Despertó cuando la policía lo sacó de la cama. Los agentes estaban revisando la casa y cuando Guevara vio a los perros policiales olfateando por el lugar, asumió que sus compañeros de piso tenían problemas de drogas. "Pensé: ‘Ah, así es cómo obtienen el dinero’", dijo.
Pero los perros estaban siguiendo una pista de gasolina que los llevó al cuarto de Alvarado. Cuando la policía se llevaba a Alvarado esposado, un agente llevó a Guevara a un lado y le explicó que Alvarado, su primo José Antonio Alvarado y Ana Rodas, la mujer de José, eran sospechosos del asesinato de la afable anciana, a la que José se refería como "la viejita", o "la abuelita".
"Acostumbraba a darle refrescos en los meses de verano y siempre tenía una propina extra", dijo Guevara, que ya no vive en la casa de Alvarado. Suspiró profundamente. "Es espeluznante".
Los archivos judiciales muestran que los Alvarado no tenían antecedentes criminales. José Alvarado y Rodas, que podrían ambos ser condenados a la pena capital por homicidio en primer grado, eran buenos trabajadores y sumisos, dijeron amigos y familiares, y tenían dos hijos en casa, Darwin, 13, y David, 10. Los hombres trabajaban como jardineros para Lila Meizell. Pero José Alvarado le robó y pidió a su mujer y a su primo que le ayudaran a encubrir el delito.
Una tarde planearon y ejecutaron un sórdido plan de asesinato, tan mal concebido como cruel.
"Perdí la cabeza", dijo José Alvarado, hablando desde un teléfono de pago en la cárcel del condado de Montgomery la semana pasada. "No sé qué decir. Todo pasó tan de repente. Me tentaron los demonios".
José Antonio Alvarado, ‘Tony’ para sus amigos, llegó a Estados Unidos hace catorce años. Provenía de San Miguel, una ciudad salvadoreña, contó su madre, María Alvarado. Algunos amigos creen que cruzó la frontera ilegalmente, pero como su mujer, su primo Ramón y muchos inmigrantes salvadoreños y centroamericanos, obtuvo un permiso temporal protegido -un tipo de residencia condicional otorgado ampliamente después del huracán Mitch-, que le permitía vivir y trabajar legalmente en Estados Unidos.
La portavoz del Servicio de Inmigración y Aduanas, Ernestine Fobbs, dijo que la agencia no haría comentarios sobre los tipos de residencia de los tres sospechosos ni sobre sus antecedentes, pero indicó que el servicio de inmigración había emitido órdenes de detención para los tres, lo que quiere decir que podrán ser deportados después de cumplir sus penas de prisión cuando sean condenados. La orden de detención no indica necesariamente que los Alvarado estuvieran ilegalmente en el país, dijo.
Los Alvarado se habían asentado en los suburbios de Maryland y llevaban una de otro modo tranquila vida de largas horas de trabajos mal pagados. Mientras Rodas trabajaba en una tintorería en Rockville, dijeron sus amigos, José Alvarado consiguió empleo como jardinero en el Club de Campo de Rockville, en Chevy Chase. (El club de campo no confirmó si Alvarado había trabajado ahí).
"Mi hijo es un hombre bueno, es un hombre amable", dijo María Alvarado, 53, en su casa en Silver Spring la semana pasada. La estaban llamando desde la escuela de sus nietos cuando buscaba frenéticamente un abogado para que lo defendiera, asombrada por la tarifa de trescientos dólares la hora que le estaban pidiendo.
"No bebe", dijo María Alvarado sobre su hijo, temblando. "No fuma ni usa drogas".
María Alvarado dijo que José y su mujer no tenían problemas económicos. Sus amigos y compañeros de piso dijeron lo mismo: que José había tenido montones de trabajos durante el otoño -recogiendo hojas, recortando setos y otras ocupaciones de jardinería. Su camión permaneció aparcado frente a la casa de la familia durante la semana pasada, relleno de ramas de árboles de su último trabajo.
Pero documentos judiciales muestran una historia económica llena de problemas. Ana Rodas pidió la bancarrota según el Capítulo 7 de 2002, y el año pasado, José Alvarado debió pagar 2.169 dólares a Montgomery Housing Partnership, una organización sin fines de lucro que ofrece viviendas para personas de bajos ingresos. En diciembre pasado José fue acusado de pagar con cheques sin fondo, pero el caso fue desechado después de que devolviera el dinero.
Entretanto, la familia estaba viviendo en una casa cada vez más atiborrada. Archivos de propiedad dejan ver que la madre de José Alvarado compró, en enero de 2007, una casa de 102 metros cuadrados en Downer Drive, por 450 mil dólares. Con su trabajo preparando ensaladas en Marshall’s Bar and Grill en Foggy Bottom, donde dice que trabajó los últimos dieciocho años, María Alvarado ganaba once dólares la hora y trabajaba normalmente de once de la mañana a diez de la noche, seis días a la semana.
Para cubrir la hipoteca, María Alvarado llenó su casa con inquilinos. José, Ana y sus dos hijos dormían arriba con ella. Otro primo, Inmar Alvarado, dormí en el sofá en la salita. Alquilaba un cuarto en el sótano a Joel Guevara por cuatrocientos dólares al mes, y otro espacio en el sótano a una pareja con un bebé, que también se marcharon después del asesinato de Meizell.
Su sobrino Ramón se instaló en el lavadero con una vieja televisión y cubrió las ventanas con toallas. Para mantener su privacidad, colgó una sábana entre su colchón y la zona de la lavadora y la secadora. Sus ropas todavía yacían dispersas la semana pasada, incluyendo los arrugados pantalones negros que llevó a La Frontera la noche de su detención.

Lila Meizell era una de las mejores clientes de José Alvarado y debía aparecerse cada tanto para ocuparse del pequeño jardín de su rosal trepador en Inwood Avenue en Wheaton. Hacía todo lo que ella le dijese.

"Cuando llegaba la señora lo abrazaba", contó Inmar Alvarado, 45, que acompañó a Alvarado a casa de Meizell en algunas ocasiones. "Era muy amable".
Recuerda una visita a casa de Meizel en que José le llamó la atención sobre las escaleras, que debían ser reparadas. "Va a caer y se va a matar", dijo Alvarado entonces, preocupado por la seguridad de la mujer cuyo asesinato ayudaría a preparar algunos meses después.
El 19 de noviembre Alvarado recibió un cheque de Meizell por 75 dólares, de acuerdo a su declaración a la policía. Agregó dos ceros a la suma, depositando el cheque de 7.500 dólares y retirando el dinero. Pronto empezó a preocuparse: ¿Qué pasaría cuando Meizell revisara su cuenta bancaria?
El plan fue urdido en el dormitorio de Alvarado el 26 de noviembre, según la declaración que hizo Alvarado a la policía. Después de informar a su mujer y primo sobre el fraude con el cheque, Ramón Alvarado propuso una solución. Por 1.200 dólares él mataría a la mujer. Luego los tres discutieron el mejor modo de matar a Meizell, según la policía, y fue Ana Rodas la que sugirió que quemaran la casa para destruir las evidencias.
En una furgoneta Dodge, José y Ramón Alvarado se trasladaron hasta Inwood Avenue, a unos diez minutos de distancia, y aparcaron en la calle de Meizell. Poco antes de las ocho de la noche, José Alvarado llamó a la puerta y cuando Meizell respondió le pidió los 43 dólares que le debía por otra trabajo en el jardín. Ella estaba hablando por teléfono con su novio, Roosevelt Saverino, y le dijo que José estaba en la puerta.
Ramón estaba acechando en la oscuridad, detrás de José.
"Ella dijo: ‘Espera un segundo, no cuelgues’", dijo Saverino. Meizell no parecía preocupada.
Luego se cortó la comunicación.
Cuando José Alvarado se alejó con el cheque de 43 dólares, Ramón embistió la puerta y entró para atacar a Meizell, según contó Ramón a la policía. Gritó cuando Ramón la estrangulaba y golpeaba, golpeándole la cabeza contra varios muebles. Mientras José esperaba en la furgoneta, Ramón controló el pulso de Meizell y concluyó que estaba muerta.
Luego, según la confesión de Ramón a la policía, arrojó gasolina sobre su cuerpo y en la salita. Encendió una cerilla, la dejó caer sobre Meizell, que aún respiraba. La salita estalló en llamas. Pero las llamas alcanzaron sus pantalones, y Ramón se quemó las dos piernas, lanzándose sobre el césped de Meizell para apagar las llamas. Volvieron a casa porque Ramón no quiso pedir ayuda médica por temor a ser descubierto. La policía y los bomberos ya estaban en camino.
De regreso en el dormitorio donde habían urdido el plan, Ramón detalló cómo había asesinado a Meizell, de acuerdo a la declaración que prestó Ana Rodas a la policía. José entonces pagó a su primo los 1.200 dólares acordados y pasó mil dólares a su mujer. Poco después se fueron de compras.
Dos días después, cuando Joel Guevara volvió a casa después de un viaje de Acción de Gracias para ver a sus hijos, el recién comprado sedán Volvo de fines de los años noventa de José Alvarado estaba aparcado frente a su casa. Y Darwin y David le pidieron ayuda para instalar su nuevo ordenador.
"¿Cómo puedes hacer eso y luego dormir por la noche?", preguntó la hija de Meizell en una conferencia telefónica la semana pasada. Residente de Virginia del Norte, habló a condición de conservar su anonimato para proteger su duelo. No conocía a los Alvarado, ni sabía que su madre los contrataba para trabajar en el jardín. "La recordarán y tendrán que vivir con eso por el resto de sus vidas", dijo.
En el porche de la casa de Meizell, donde los paramédicos trataron sin éxito de resucitarla, amigos y parientes han instalado un monumento improvisado entre cristales rotos y escombros calcinados. Los adornos en su jardín yacían por el suelo, pero su patio se veía todavía arreglado desde la última vez que José Alvarado recogió las hojas.
"Ella estaba siempre en el patio, y en el vecindario la conocía todo el mundo", dijo Rob Segreti, que vive en la casa de al lado y a menudo veía a los Alvarado desde su ventana.
Desde la cárcel José Alvarado dijo que lo carcomía el remordimiento y estaba desesperado por salir. ¿Quién se ocuparía de sus hijos? ¿Por qué se metió su mujer en esto?
"Esta es una pesadilla", dijo en español. "Estoy arrepentido".
"Sé que esto crea una imagen negativa de los hispanos", dijo. "Los norteamericanos van a pensar que somos todos iguales, que somos todos criminales".
Pero ¿por qué hizo? Quizás habría tenido que pasar algún tiempo en la cárcel por el fraude con el cheque, pero ahora su familia está destruida y él, su esposa y su primo pueden ser condenados a muerte.
Fue una tentación repentina e impulsiva, dijo. "Demonios".
Después de que se le acabara el crédito de la llamada, su madre trató de explicar algo más. Semanas antes alguien había arrojado dos huevos contra su casa, dijo -el primer mal augurio. En El Salvador, la madre de Ramón fue a ver a una médium para saber qué significaba.
La psíquica le dijo que alguien había maldecido a su familia, y que los podía proteger a cambio de trescientos dólares. Pero la familia no pagó. Diez días después, la casa fue nuevamente atacada con huevos, y la semana pasada las cáscaras eran todavía visibles. "Brujería", dijo María Alvarado en español. "Fue brujería lo que los hizo hacer eso".

Matt Zapotosky Meg Smith contribuyeron a este reportaje.

20 de diciembre de 2008
10 de diciembre de 2008
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decapitó a uno de sus hijos


Un remisero está acusado en Córdoba de haber asesinado a golpes a sus dos hijos, de 4 y 2 años, y decapitar a uno de ellos. Según una carta que dejó, lo hizo porque la ex esposa se negaba a rehacer la pareja. Ella lo había dejado por violento.
Argentina. La casa vacía de su ex marido –estaban separados desde hacía un tiempo– fue la primera señal de alarma y lo que la empujó a radicar la denuncia. Ahí debían estar los hijos de ambos, de 2 y 4 años, que habían ido a pasar el día. Según fuentes familiares, las continuas agresiones físicas y verbales que su ex le propició durante la convivencia habrían precipitado la separación. Un colchón manchado de sangre y una carta donde el hombre la amenazaba con asesinar a los chicos si no volvían a estar juntos fue lo único que encontró cuando los fue a buscar, el martes a última hora. Después de medio día de búsqueda, los cuerpos de los niños fueron encontrados por la policía, severamente golpeados y mutilados, en las primeras horas de la mañana de ayer, en un monte cercano a Icho Cruz. Ahí vivían, en un pueblo de mil quinientos habitantes. Los detalles para encontrar los cadáveres los concedió el padre de las víctimas, detenido y acusado de ser el autor de los asesinatos.
La mamá de los niños, Mariela Guzmán, había denunciado la desaparición de Tiago, de 2 años, y de Andrés, de 4, la noche del martes. Los chicos habían pasado todo el día con su papá, Ariel Liendo, un remisero de quien Guzmán se había separado hacía poco tiempo por violencia doméstica, según aseguraron fuentes cercanas al círculo familiar del ex matrimonio. La joven madre –21 años– se preocupó cuando anochecía y sus hijos no regresaban, por lo que decidió ir a buscarlos a la casa de su ex pareja. La preocupación se convirtió en desesperación cuando halló la vivienda vacía, razón por la que denunció la desaparición de ambos niños en la comisaría de Icho Cruz.
La búsqueda se inició de inmediato. La casa de Liendo fue la primera en ser revisada. Un colchón con manchas de sangre y un martillo tirado a un costado fueron las dos primeras pruebas que los efectivos encontraron en el lugar y que indicaban un final macabro. Dos cartas donde el hombre amenazaba a su ex mujer con asesinar a los hijos de ambos prácticamente definieron el asunto. "A los chicos los vas a volver a ver en el cielo", escribió Liendo en uno de los mensajes. Lo ocurrido hasta el momento bastó para que Guzmán entrara en un estado de shock y debiera ser atendida por personal médico.
Si bien los hechos ya se sentían en el ambiente, aún era necesario encontrar a los pequeños y a su papá, aún desaparecidos. El hombre no contestaba su celular. La pista de la investigación llevó a los efectivos, a las órdenes del fiscal de Villa Carlos Paz, Ricardo Mazuchi, a tomar la Ruta 14. En horas de la madrugada, a mitad de camino entre la ciudad natal de los nenes y Majú Sumaj –los primeros parajes del Valle de Punilla cordobés–, hallaron la moto de Liendo, en la que se cree que se llevó a los niños. Luego, a media mañana, fue localizado el remisero, que vestía una remera toda manchada de sangre.
Fue él mismo el encargado de brindar los detalles del lugar exacto donde se encontraban los cuerpos de los chicos a los mismos efectivos que lo detuvieron como principal acusado del doble crimen. Hasta el lugar llegaron los familiares de las víctimas –tanto de parte de la madre como de la del sospechoso– que intentaron lincharlo.
En sus precisiones, el hombre indicó que los cadáveres se encontraban en la zona de Las Jarillas, a unos 10 kilómetros de Icho Cruz. Las explicaciones fueron ciertas. En ese lugar, los efectivos hallaron los cadáveres de Tiago y Andrés, quienes habían sido asesinados a golpes y presentaban severas mutilaciones. Inclusive, el mayor estaba decapitado. El abuelo materno de las víctimas, Julio Guzmán, fue el encargado de reconocer los cuerpos sin vida. "Están destrozados, están destrozados. ¿Por qué se ensañó con los chicos?", expresó en medio de un llanto desconsolado.
Según la línea de investigación más fuerte, el móvil habría sido la negativa de la joven a rehacer la pareja a la que hace no mucho tiempo había puesto fin. En tanto, los cuerpos de los hermanos fueron trasladados a la Morgue Judicial de Córdoba. Liendo quedó detenido, imputado del delito de "doble homicidio calificado por el vínculo".

4 de diciembre de 2008
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secuestro y ejecución en saavedra


Un chico de 18 años que había sido raptado en capital el domingo apareció baleado en Quilmes. El caso no tiene hipótesis concretas. A Rodolfo González lo secuestraron en la tarde del domingo. Ayer apareció su cuerpo en un descampado del Ceamse en Quilmes. Lo habían baleado en la sien.
[Carlos Rodríguez] Argentina. "Es un caso raro, todavía no hay una hipótesis definitiva". La fuente policial, consultada por Página 12, optó por la cautela y eludió una definición acerca de las causas por las que fue asesinado el estudiante de 18 años Rofolfo Ramón González. El caso comenzó en la tarde del domingo, luego de que el joven saliera de su casa en el barrio porteño de Saavedra, en su auto, para ir a jugar un partido de fútbol con unos amigos. Poco después de las 19.30, la familia recibió una primera llamada telefónica en la cual le hicieron saber que el chico había sido secuestrado y que pedían un rescate de 50 mil pesos para dejarlo en libertad sano y salvo. Hubo una segunda comunicación, una oferta de la familia a entregar cinco mil pesos, la promesa de un nuevo llamado para seguir la negociación y luego el silencio. Ayer, a las 8 de la mañana, un hombre encontró el cuerpo de González en la localidad bonaerense de Bernal. Había recibido golpes en el rostro y tenía una herida de bala en la cabeza. Al cadáver le habían prendido fuego y estaba quemado en forma parcial. El asesinato habría ocurrido poco después de la desaparición y el móvil es un misterio.
"Tenía toda la apariencia de un secuestro exprés, pero no se entiende por qué cortaron la negociación y se produjo el desenlace en una forma tan inesperada", comentó la fuente de la Federal que habló con este diario. El cuerpo fue hallado en la calle Espora, a la altura del kilómetro 17 de la autopista Buenos Aires-La Plata, en la localidad de Bernal, partido de Quilmes, dentro de un predio que pertenece a la Coordinación Ecológica Área Metropolitana (Ceamse), a 150 metros del Río de la Plata. El cuerpo fue encontrado por Ariel Jiménez, quien se dirigía a su trabajo, en el obrador del Ceamse.
"La calle en la que apareció el cuerpo es de tierra. El cadáver estaba boca abajo, en unos pastizales, y tenía el torso desnudo. Sólo llevaba un pantalón de jean corto y zapatillas. Tenía golpes en el rostro y un proyectil que había ingresado por el lateral derecho de la cabeza. En el lugar hallaron una vaina servida calibre 45, pero no está confirmado que lo hayan asesinado en ese lugar", precisó una fuente judicial. También hallaron, junto al cuerpo, una botella de gaseosa con combustible. Al lugar, luego de la denuncia de Jiménez, llegaron en forma casi simultánea la Gendarmería y un móvil de la comisaría octava de Quilmes. En relación con el hallazgo del cuerpo interviene la fiscal de Quilmes Bárbara Velasco, pero el secuestro es investigado por el fiscal federal porteño Óscar Amirante, dado que la primera denuncia había sido formulada por los familiares de González ante la comisaría 49ª de la Federal.
El cuerpo fue identificado "por la vestimenta y por un aro que llevaba" puesto el joven, quien había salido de su casa, en Holmberg al 4500, en el barrio porteño de Saavedra, manejando su Volkswagen Gol de color blanco. "Iba solo en el auto, para jugar al fútbol con unos amigos", comentó a los periodistas una joven llamada Irene, amiga del chico asesinado, quien dijo que la víctima había terminado de cursar el secundario la semana pasada en el Comercial 15 de la Capital Federal. La joven dijo que lo había visto por última vez en la noche del sábado.
"La familia me envió un mensaje (el domingo a la noche) para saber si Rodolfo estaba conmigo. Por eso empezamos a hablar entre todos los amigos y conocidos hasta que me llamó el hermano para decirme lo que estaba pasando", contó Irene a la prensa. Las fuentes policiales dijeron que unas dos horas después del secuestro, los autores llamaron a la familia del joven y le pidieron un rescate de 50 mil pesos. Los padres hicieron la denuncia policial y en un segundo contacto con los secuestradores ofrecieron pagar cinco mil pesos. Los captores rechazaron el ofrecimiento y quedaron en volver a llamar, pero nunca lo hicieron.
El caso quedó en manos del fiscal Óscar Amirante y de la División Antisecuestros de la Federal. No hubo más novedades, hasta que el cuerpo fue hallado, a las 8 de ayer, en la zona de Bernal. Al cadáver lo encontraron en unos pastizales, a unos siete kilómetros de la tosquera en la que fue hallado el cadáver de Diego Peralta, el estudiante de 17 años que fue secuestrado y asesinado en 2002. La Policía Bonaerense comunicó el hallazgo a la Federal y de esa manera se reunieron los datos necesarios como para identificar al joven, incluso antes de que el cuerpo fuera enviado a la Morgue Judicial del cementerio de Ezpeleta, donde se hizo el reconocimiento formal. "No puedo creer lo que pasó. No lo entiendo. La semana pasada tuvimos la fiesta de egresados. El era un chico espectacular, de bien, estudiaba, trabajaba. Era muy divertido. Tenía una vida normal", aseguró Irene refiriéndose a su compañero de estudios.
El Gol en el que iba González fue encontrado, parcialmente quemado, en la localidad bonaerense de Valentín Alsina. La autopsia habría determinado que la muerte se produjo en la noche del domingo, muy pocas horas después del secuestro.

3 de diciembre de 2008
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confundió a agente con ladrón


Esposa de sospechoso de narcotráfico mató a agente del FBI.
[Dam Nephin] Glenshaw, Pensilvania. Un agente del FBI que quería arrestar a un sospechoso de narcotráfico en su casa cerca de Pittsburgh fue muerto el miércoles por la esposa del hombre, que pensó que le estaba disparando a un ladrón, dijeron las autoridades.
El agente Samuel Hicks recibió el impacto de bala a eso de las seis de la mañana en un vecindario de clase media en el distrito de Indiana. El agente de 33 años participaba en un allanamiento en la casa de Robert Korbe, que fue detenido en un caso relacionado con drogas.
Christina Korbe, 40, fue imputada por homicidio. Su abogado, Sumner Parker, dijo que su cliente estaba con su hija de diez años y su hijo de cinco cuando llegaron los agentes y puede haber temido por su seguridad.
Korbe "finalmente llamó al 911 para que la policía fuera a su casa, basándose en lo que creía que estaba pasando", dijo Parker, agregando que representa a su cliente a cargo del estado.
De acuerdo a la querella criminal contra Christina Korbe, los policías llegaron poco después de las seis de la mañana, se presentaron como policías y vieron correr a un hombre dentro. Los agentes abrieron la puerta a empellones y rompieron el cristal de la ventana para entrar.
Primero entró Hicks y torció a la izquierda. Se oyó un disparo, gritó "Me dieron", y la policía lo arrastró hasta la calle y llamaron al 911.
Más tarde Christina Korbe dijo a la policía que ella estaba arriba en las escaleras y pensaba que había disparado contra un ladrón. Llamó al 911 y fue detenida mientras hablaba por teléfono. Korbe dijo que los agentes no se identificaron.
Robert Korbe dijo que le dijo a su esposa que se quedara arriba mientras él atendía. Cuando se dio cuenta de que era la policía, corrió hacia el sótano, echó la cocaína por una bañera, se vistió y escapó por la puerta de atrás antes de ser detenido, dice la querella.
Christina Korbe estuvo en el cuartel de la policía del condado de Allegheny hasta el miércoles noche cuando fue trasladada en una camilla, llorando, con una manta blanca cubriéndole el rostro. Fue subida a una ambulancia y llevada a un hospital porque se estaba sintiendo mal.
Su marido era una de las 35 personas acusadas en el caso de veintisiete cargos que acusa a los acusados de conspirar para traficar cocaína y crack de octubre de 2007 hasta septiembre de 2008. Christina Korbe no fue mencionada en la acusación.
El miércoles Robert Korbe apareció brevemente por la corte y fue representado por un abogado de oficio, aunque dijo al juez que pensaba contratar a su propio abogado.
En su casa había dicho a periodistas cuando lo trasladaban a un vehículo policial que "dispararon contra uno de ellos".
El agente del FBI William Crowley, dijo un portavoz de la agencia: "Basándome en la información que tenemos no hay ningún indicio de que los agentes en la escena del crimen hayan disparado ni un solo tiro".
Hicks trabajaba para el FBI desde marzo de 2007. Había sido policía en Baltimore y maestro, casado y con un hijo de tres años.
"El agente especial hizo el sacrificio último que hace todo agente de policía por su país", dijo en una declaración leída a la prensa Michael Rodríguez, agente encargado de la oficina del FBI en Pittsburgh.
"Sirvió con honor y valentía y será extrañado por sus colegas aquí en Pittsburgh y en todo el FBI", dijo.
El director del FBI Robert S. Mueller III dijo: "La pérdida de Sam Hicks es una tragedia. Nuestros corazones y oraciones van por la familia de Sam y por los miembros de la oficina regional de Pittsburgh".
El último agente especial del FBI muerto en la línea del deber fue Barry Lee Bush, que fue muerto accidentalmente por un colega frente a un banco el 5 de abril de 2007, en Readington, Nueva Jersey, de acuerdo al FBI.
Bush, 52, de Forks Township, Pensilvania, y otros agentes perseguían a tres asaltantes de banco armados, pero no dispararon sus armas, declararon la autoridades.

Joe Mandak en Pittsburgh contribuyó a este reportaje.

24 de noviembre de 2008
©20 de noviembre de 2008
©pocono record
cc traducción mQh
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