Blogia
mQh

reportajes

sociedad secreta suelta misterios


[James Barron] Por primera vez los masones se echan a la calle en campañas de reclutamiento.
Durante más de dos siglos, los francmasones y sus solemnes rituales han jugado un secreto y misterioso papel en la vida de Estados Unidos.
Uno de los símbolos de los masones se parece un montón al ojo omnisciente que hay en el reverso de los billetes de un dólar. Y mirad quién está al otro lado.
George Washington no fue el primer masón, y ni siquiera fue el más famoso. Mozart introdujo elementos de la masonería apenas disimulados en sus óperas. Han pertenecido a la masonería nada menos que catorce presidentes y casi todo el resto, desde el reverendo Norman Vincent Pale hasta el cómico Red Skelton. Los masones presidieron la ceremonia cuando se colocó la primera piedra de la Estatua de la Libertad.
Pero los masones han estado menguando firmemente -cualquiera sean sus secretos, aparentemente no tienen ninguno que evite la muerte- y sus filas han estado envejeciendo. Así que los masones del estado de Nueva York han empezado a imitar a otras sociedades masónicas haciendo algo que en el pasado habrían considerado herético: están buscando activamente a nuevos miembros. Y, en el proceso, una hermandad famosa por su reticencia, que ahora recompensa el servicio a la comunidad, ha levantado un poco el velo del secreto.
Los masones no están entregando las contraseñas secretas que se supone que deben conocer sus miembros para entrar a las reuniones (en estos días, mostrar una tarjeta de cuotas al día sería suficiente). Pero sí están ofreciendo visitas guiadas a la sede de la Gran Logia de Nueva York.
Así la gente puede ver los cielos rasos dorados, las paredes de mármol, las bancas a lo largo de los lados para los miembros comunes y, en cada extremo, los sillones parecidos a tronos de los masones de alto rango. Y, en el salón de conferencias en la puerta de al lado, hay más oro, aunque sólo está pintado en una gigantesca copia de una estatua de George Washington.
La logia también contrató a una firma de relaciones públicas para que corriera la voz sobre su aniversario 225, que fue el mes pasado. Y los masones han colocado anuncios en cines y han ofrecido clases de un día para entregar los tres primeros grados masónicos en una sola sesión. Hasta entonces, los candidatos a ser masones tenían que pasar meses aprendiendo lo que necesitaban saber para elevarse de Aprendiz a Compañero a Gran Maestro.
"Todavía no lo pensamos como reclutamiento o como que estamos tratando de acumular gente", dice Thomas M. Savini, director de la biblioteca en la sede de la Gran Logia de Nueva York, en la calle 23 West y la Avenida de las Américas. "Pero creo que hemos llegado a un punto en que nos dimos cuenta que no decir nada no lo hace más fácil".
También llegaron a un punto en que no podían seguir ignorando lo que decían los demás sobre ellos en 'El Código Da Vinci' y otros éxitos de venta como 'The Book of Fate', de Brad Meltzer.
"Lo que nos dio ‘El Código Da Vinci' fue la oportunidad de decir: ‘Esto es lo que somos'", dijo Savini.
En la sede de la gran logia hay una docena de decoradas habitaciones donde se reúnen regularmente sus cerca de 60 logias.
Esas habitaciones no tienen ventanas.
onduciéndonos hacia una de ellas, el Gran Maestro, o líder de todos los masones del estado de Nueva Cork, Neal I. Bidnick, dice que todas las logias del mundo tienen la misma estructura, con un altar y candelabros en el centro. En un extremo hay dos trozos de piedra, cada una del tamaño de un bloque de cemento: uno cortado, el otro pulido.
"Tomamos a un buen hombre y pulimos sus lados rudos", dice Bidnick. (Los masones no admiten a mujeres).
En los pasillos de la sede de la gran logia, las paredes están cubiertas de fotografías enmarcadas de masones del pasado y presente. La mayoría son del pasado: Hubert H. Humphrey, el ex vice-presidente; y William J. Bratton, el comisario de policía que es ahora jefe de la policía de Los Angeles.
Pero hay menos nombres en los listados de miembros que en el pasado: 54 mil en Nueva Cork (había 346.413 en 1929). Los miembros volvieron a aumentar después de la Segunda Guerra Mundial, llegando a 307.323 en 1957, antes de empezar un prolongado decline.
Bidnick explica que los masones de Nueva York participan activamente en servicios comunitarios, apoyando la investigación médica y proporcionando 29 mil banderas estadounidenses a cada una de las aulas escolares de la ciudad. Pero todavía hay cuartos secretos donde se reúnen los masones.
"¿Por qué los traemos a habitaciones como esta?", pregunta Bidnick. "Básicamente todos nuestros rituales son educativos. Todas estas cosas que te muestran en la televisión, son suposiciones erróneas".
Describió un encuentro con un periodista de un canal de televisión por cable. "La mujer de la CNN leyó algunos pasajes sobre una cuerda y una capucha y preguntó: ‘¿Es eso lo que hacéis?", recordó. "No, eso no es lo que hacemos".
Conoce las teorías conspirativas. "Nos preguntan a menudo por qué usamos la G como símbolo", dice Bidnick. "Nos vino a visitar una persona de la CNN antes de ‘El Código Da Vinci'. Nos indicó que sólo en alemán e inglés la palabra Dios empieza con G. Pero la masonería es una institución educativa, así que la G es la G de la geometría".
Y, en una pared, hay un panel de vitrales con una G en un rectángulo y compases.
La geometría es una de las siete artes liberales. Un masón que no pudiera recordar las otras seis, sólo tiene que levantar la vista, pues están escritas en el techo: aritmética, retórica, lógica, gramática, música y astronomía. Las cuatro virtudes cardinales -fortaleza, prudencia, moderación y justicia- también están escritas ahí.
Y Bidnick dice que cuando los masones hablan de Dios, se refieren al gran arquitecto del universo. Según él y Savini, en ello no hay ninguna referencia teológica. Savino dijo que la masonería no tenía dogmas. "No le dice a un hombre cómo interpretar un símbolo, que queda abierto para que la gente de fuera los pueda mal interpretar", dijo.
No quisieron describir en detalle qué pasa en la habitación cuando se reúnen los miembros. Savini explicó lo que dijo eran ideas erróneas: de que hay tatuajes secretos, por ejemplo. "La masonería no tiene nada que ver con tatuajes", dijo. "Nadie te hace un tatuaje cuando te conviertes en masón".
Sin embargo, él mismo tiene un tatuaje, aunque no es un tatuaje masónico.
Y Savini señala que el ojo en el billete de un dólar no es realmente un símbolo masónico. "Usamos el ojo", dice, "pero los ópticos también lo usan. Sería ridículo que dijéramos que tiene una vinculación masónica que no existe".

4 de octubre de 2006
©new york times
©traducción mQh
rss

en esta casa hay fantasmas


[Kathryn Matthews] La ley no exige que los vendedores comuniquen que las casas están embrujadas.
John Knott, propietario de Quadrille, una compañía de tejidos y tapices de Manhattan, pensaba que tendría sorpresas cuando compró una casa de fin de semana en el campo, una casa del Renacimiento Griego de 1839, en Kinderhook, en el condado de Columbia, Nueva York. Era inevitable que surgieran inconvenientes -un tejado con filtraciones, tuberías problemáticas, problemas con la caldera.
Pero no había esperado fantasmas.
Incluso después de que empezaran a aparecer los signos, seguía siendo escéptico. Un invitado francés fue despertado de un profundo sueño al alba -a pesar de que usaba tapones, por los repetidos ruidos de golpes en la puerta del dormitorio, aunque nadie estaba golpeando. Un visitante que se quedó a dormir en el piso superior despertó para ver una asombrosa visión de esclavos africanos trabajando la tierra. Y una amiga íntima, la florista de Nueva York Helena Lehane, dio pronto término a una visita después de ser acosada por angustiantes pesadillas; sus gritos -descritos por Knott como desgarradores- hicieron que todo el mundo corriera hacia su cuarto. Lehane, que se describe como psíquicamente sensible, recuerda su experiencia en la casa como un encuentro con "una presencia maligna'. Volvió a Manhattan a toda prisa a la mañana siguiente.
"Había oído sobre todas esas cosas locas que estaban ocurriendo", dice Knott. "Pero me negaba a creer que estaba viviendo en una casa encantada".
Entonces, una noche que leía en cama, despierto a las tres de la mañana, los sonidos de la pesada respiración de un hombre, que parecía venir del techo, llenó la habitación. "Aparentemente", dijo, "el hecho de que hubiera estado despierto toda la noche en una habitación brillantemente iluminada no fue un hecho disuasivo para lo que quiera que fuese".
El hombre no ha reaparecido, pero si lo hace, Knott está preparado para tratarlo con respeto.
El Valle de Hudson ha inspirado toda la vida historias sobrenaturales, muchas de ellas ambientadas en el condado de Columbia, al este del río a unos 48 kilómetros al sur de Albany. La zona nutrió el fantasmagórico imaginario de Washington Irving, que reunió materiales para su ‘La leyenda de Sleepy Hollow' cuando vivía en Kinderhook como profesor particular de los hijos de Peter Van Ness, un importante magistrado de la localidad. Casi dos siglos después, Hans von Behr, ingeniero metalúrgico jubilado y fotógrafo de Greenwich Village, utilizó 17 relatos sobre casas encantadas en el condado de Columbia -incluyendo su propia casa de verano en Old Chatham- para su libro ‘Ghost in Residence', (North Country, 1986).
La casa de von Behr, construida en 1790 y conocida como el Old Chase Place, gozaba de la reputación de ser una casa encantada, según su hijo, Bob, que ahora vive allá permanentemente con su esposa, hija y madre. En los días en que su padre soltero vivía allí, dijo Bob von Behr, visitantes de la casa hablaron de ráfagas de aire frío, visiones de figuras flotantes, pasos y repiqueteos. Ahora las cosas se han calmado. "Estamos convencidos de nuestros fantasmas se mudaron debido a que nuestra familia es demasiado aburrida o demasiada bulliciosa", dijo.
Aunque los residentes de toda la vida no son inmunes, los espíritus parecen tener una especial afinidad con los desconocidos de la ciudad que compran viejas casonas como segunda casa. Atraídos por el romanticismo de restaurar una vieja vivienda, los vecinos de fines de semana se sienten repentinamente inquietos cuando llega el momento de echarse a domir en una vieja y crujiente casona en un camino abandonado. La inquietud crece si los vecinos trasmiten los rumores de que la casa está encantada.
"Como uno de los primeros asentamientos en el estado de Nueva York, el condado de Columbia abunda en casas viejas, con una razonable cuota de casas de las que se dice que están encantadas", dijo Jim Eyre, miembro del directorio de la Sociedad Histórica del Condado de Columbia y editor de su revista, la Columbia County History and Heritage. "Esta zona ha estado siempre cargada de historias de fantasmas'.
En 1941, Esther Leeming Tuttle, modelo y actriz, y su marido, Ben, recibieron advertencias de este tipo cuando compraron la granja holandesa de Jesse Merwin en Kinderhook como casa de verano. Merwin era amigo de Washington Irving y fue la inspiración de Ichabod Crane. Tuttle, que ahora tiene 95 y todavía vive en la casa, dijo que aunque ella misma nunca tuvo encuentros con fantasmas, los miembros de su familia sí los tuvieron. Un fantasma se apareció a uno de sus hijos en el porche; la puerta del dormitorio donde alojaba su suegra se abrió misteriosamente y se abría y cerraba sola. Los Tuttle no se asustaron. "Pensamos que si teníamos fantasmas, que eran del tipo amistoso", dijo. "Pensé que era un privilegio tenerlos en casa".

Fantasmas y Agentes Inmobiliarios
Jean Hamilton, presidente de Xonos, una compañía de software y comercio por internet, y miembro de una firma de inversiones, y su marido, se encontraron con un espíritu menos amistoso en Broadstairs, su casa en el pueblo de Ghent en el condado de Columbia.
Se encogieron de hombros ante los vagos rumores de apariciones antes de comprarla en 1984; se habían prendado de la casa de diez habitaciones, tres cuartos de baño y un vestíbulo central de 1720 que fue antes una posada y está situada en un terreno de 142 hectáreas. "Nos considerábamos realistas testarudos, y definitivamente no creíamos en esas cosas", dice la señora Hamilton. Incluso después de que se mudaran y empezaran a oír esos raros ruidos -sonidos que eran como si se estuviesen arrastrando muebles, un sordo coro de murmullos en el rellano y pasos en la noche-, rechazaron las explicaciones sobrenaturales.
Entonces un invitado, Bill Placke, un banquero de Summit, Nueva Jersey, dormitaba en el cuarto de invitados junto a su esposa dormida, contó, cuando a los pies de la cama se paró una esquelética aparición envuelta en un vestido blanco. Se balanceó hacia él y desapareció. "Nunca sentí tanto miedo en mi vida", confesó.
Y cuando el cuñado de la señora Hamilton, Jim McCarthy, un abogado de Connecticut, alojó solo en Broadstairs una gélida noche de invierno, los ruidos diversos que había atribuido a la ‘reacción' de la casa ante el agudo frío, se cambiaron repentinamente en nítidos pasos de alguien que subía por la escalera, cada vez más fuertes y más cercanos, hasta que se pararon abruptamente frente a la puerta de su dormitorio. Esperaba que irrumpiera algún "individuo feroz" de carne y hueso, pero no hubo más que silencio. "Nunca he vuelto a dormir solo en esa casa", dijo McCarthy. "Si tuviera que hacerlo, llevaría una escopeta".
Hamilton y su marido investigaron la historia de su casa y descubrieron que había sido el escenario de al menos dos asesinatos: en 1791 un antiguo dueño, Cornelius Hogeboom, había sido asesinado en el lugar, y un siglo más tarde, John Schmidt, un granjero que trabajaba en Broadstairs, golpeó a su hijastro hasta que lo mató con un martillo y fue acusado de matar a otro hombre, cuyo cuerpo encontraron enterrado en el sótano.
Todo esto hace sentido para el doctor Hans Holzer, que vive en Manhattan y ha escrito más de cien libros sobre lo paranormal, incluyendo ‘Ghosts' (Black Dog & Leventhal Publishers, 1997). En casos de muertes violentas o no naturales, el cuerpo etéreo (aura, alma) no logra hacer la transición hacia ‘el otro lado', dijo, porque no está consciente de su propia muerte o tiene asuntos pendientes.
El doctor Paul Kurtz, un conocido escéptico de los asuntos sobrenaturales, ofrece explicaciones menos románticas. "Conocer la historia de una casa puede estimular la imaginación creativa", dijo Kurtz, presidente del Comité de Investigación Científica de Asuntos Paranormales de Amherst, Nueva York, que publica la revista Skeptical Inquirer. Incluso tiene algunas experiencias personales.
Hace unos 35 años, dijo, él y su esposa compraron una vieja casa de campo en el condado de Saratoga. Desde el día que llegaron, empezaron a oír ruidos extraños e inquietantes, y su alarma inicial fue alimentada por los rumores locales de que su casa estaba embrujada. Sin embargo, después de investigar el asunto, descubrieron que el fantasma era una guarida de ardillas que empujaban bellotas en el suelo del desván.
Lo que más aterra a muchos propietarios con casas encantadas no es el fantasma mismo, sino su posible efecto disuasivo en futuros compradores. Los vendendores tienden a guardar silencio sobre los espíritus residentes, y lo mismo hacen los agentes inmobiliarios.
"Si alguien es muy sensible a las vibraciones de una casa, probablemente le diré algo", dice Marjorie Cartwright, una agente inmobiliaria para Arthur Lee, de Red Rock en East Chatham, que se especializa en casas de fin de semana y segundas. "Otros no se enteran de nada, ¿así que para qué mencionar el asunto?"
Normalmente la ley no exige revelar la presencia de un fantasma, aunque un caso en tribunales en 1991 anuló un contrato de 650 mil dólares más abajo en otro pueblo del río Hudson, Nyack, Nueva York, por un asunto similar. Los compradores prospectivos, que vivían a una hora de distancia y no estaban familiarizados con las tradiciones locales, se quejaron de que no se les había dicho que la casa estaba encantada. El tribunal determinó que el dueño había perjudicado el valor potencial de reventa de la casa de los compradores al incluirla en una atracción ‘encantada' en giras turísticas locales y hablando con la prensa local sobre la casa.
A veces un propietario (el vendedor de Nyack era aparentemente un ejemplo) en realidad disfruta de la reputación de la casa como encantada, y puede hablar orgullosamente de ella con amigos y desconocidos por igual. Y las tabernas de campo se sabe que publicitan en sus páginas web como atracciones turísticas a sus supuestos fantasmas.
Knott no ha pensado nunca en vender su casa de fin de semana, a pesar de los fantasmas. Pero su actitud tiene más que ver con tolerancia que con orgullo. "No soy tan aficionado que me vuelva completamente loco, pero no me afecta personalmente -excepto una vez", dijo. "Francamente, la renovación de mi casa -y tratar con los contratistas- demostró ser un dolor de cabeza mucho peor que cualquier fantasma".

13 de octubre de 2006
©new york times
©traducción mQh
rss

juzgados en el banquillo 11


[William Glaberson] Dispensando justicia en un pueblo chico: una mezcla de ensayos y errores. Un caso de confusión.
Cuando en marzo de 1999 Gary Betters recibió una carta del juez Gori, diciéndole que su demanda de pago había sido desechada, se quedó muy confundido. El mensaje era de un solo párrafo, y era confuso. Incluso la fecha estaba equivocada.
Pero eso sólo fue el principio de sus problemas.
Le escribió al juez Gori pidiendo un nuevo juicio. El juez no respondió nunca.
Betters decidió apelar en el juzgado del condado. Pero no pudo convencer a ningún abogado de que se ocupara del caso; varios de ellos, dijo, le dijeron que no les convenía enemistarse con el juez del pueblo.
Dejado a su suerte, Betters presentó una queja ante la Comisión Encargada de la Conducta Judicial, y la verdad salió a la luz: Los investigadores de la comisión descubrieron que el juez Gori había visitado las oficinas del pueblo de Malone antes del juicio y había entrevistado al principal testigo de la defensa, el tesorero del ayuntamiento, que le dijo que él no le debía nada a Betters.
El juez Gori le dijo al abogado del pueblo que no necesitaba asistir al juicio porque ya había decidido desechar el caso. El abogado estaba sorprendido.
Pero cuando, en una audiencia a puertas cerradas, el juez Gori se explicó a sí mismo ante la comisión, dijo que no sabía que había una regla que prohíbe ponerse en contacto con una de las partes para discutir las evidencias de un caso. Además, argumentó el abogado de la comisión, una moción jurídica presentada por el ayuntamiento había asombrado completamente al juez Gori, incluso después de que hiciera varios llamados al teléfono de ayuda del estado para jueces de pueblos.
"No entendía nada de ese concepto", declaró el juez Gori.
Fue una admisión vergonzosa, pero insignificante en comparación con el alegato de su propio abogado, John A. Piasecki. Dijo que el manejo plagado de errores que había hecho su cliente del caso de la demanda de Betters era una denuncia de todo el sistema, que coloca a legos en el estrado, brindándoles escasa formación y dejando en ellos la tarea de interpretar las leyes.
Piasecki preguntó si el estado había alguna vez corroborado la capacidad de lectura del juez Gori. (No lo había hecho). Incluso trató de interrogar al abogado de Malone para demostrar que lo que él estaba argumentando era la obvia diferencia entre el juez Gori y alguien que en realidad entendía la ley.
Piasecki, abogado él mismo del condado de Franklin, instó a una "corrección largamente esperada" del sistema de los juzgados, que dijo que "socava la confianza en la integridad del poder judicial".
La comisión no se conmovió. El juez dijo, determinó, tenía el deber de aprender la ley. "Los jueces de pueblo tienen un enorme poder en casos civiles y criminales", declaró la comisión, "y no es ilógico esperar de ellos que conozcan y acaten los procedimientos reglamentarios básicos".
Sin embargo, el juez Gori recibió el castigo público más leve que la comisión puede imponer: una amonestación.
En cuanto a Better, nunca encontró a un abogado que se ocupara de su recurso. Hoy, todavía piensa que su aprendizaje de la ley en el condado de Franklin le costó un montón más que mil dólares 588 dólares con 60 centavos.
"Eso echó por tierra mi confianza en el poder judicial", dijo.

Todo Sigue Igual
La carrera judicial de William Gori no pudo empezar de manera más humilde.
"Nadie querría abandonar la aserrería para hacer este trabajo", dijo el juez Gori, que alzó su mano para la posición en 1997, después de que el juez de entonces anunciara su retiro.
Sin oposición, se ganó el apoyo de los republicanos y luego de los demócratas en Duane. La presidente republicana Pamela M. LeMieux, dijo que él causó entre los líderes del partido la impresión de ser responsable y "muy estricto".
En las elecciones generales su único opositor fue Gary Anderson, un ex contable que se presentó como candidato de lo que llamada el Partido del Pino. "Nadie quiere el trabajo", dijo Anderson.
Ni siquiera la campaña fue especialmente interesante, recordó el juez Gori. "Todo lo que dije fue: ‘Soy Bill Gori. Soy candidato a juez y soy el único interesado en hacer un buen trabajo para el pueblo'". Ganó con 64 votos, contra 39 de Anderson.
Si el proceso no fue un modelo de una selección judicial meticulosa, ese hecho puede ser un un punto extra en Duane. El pueblo fue llamado así en honor de sus fundadores, descendientes del primer juez federal de Nueva York.
Cuando el presidente George Washington nombró al juez James Duane, un prominente abogado, para el puesto en 1789, usó la nominación para mostrar sus aspiraciones a elegir a los jueces en una democracia. La elección de quién formaría parte de los tribunales del país era un asunto de "primera importancia", escribió Washington, y el sistema judicial era "el pilar sobre el que debe descansar nuestro tejido político".
Hoy ese tejido está un poco deshilachado en el condado de Franklin.
Thomas Catillaz, ex alcalde de Saranac Lake, dijo que cuando los partidos políticos allá encuentran a un candidato, "usualmente dan gracias a Diospor el hecho", dijo. "Y si eres elegido, lo eres por los próximos veinte años".
Cuando los jueces son amonestados públicamente, ese es a menudo el fin del asunto. Como dice el juez Gori, cuando recibió su segunda amonestación el año pasado, el diario local de Malone "colocó la noticia en las últimas páginas".
Se presentó a elecciones después de cada fallo, pero no tenía oponentes. Gary Cring, un maestro retirado que ha vivido en Duane los últimos seis años, dijo que no se había enterado de que el juez Gori había sido amonestado. Si se hubiese sabido, dijo, los votantes habrían mostrado menos entusiasmo en cuanto a reelegirlo. "La gente se imagina que está haciendo bien su trabajo", dijo Cring.
Pero LeMieux, la presidente republicana, dijo que al ayuntamiento no le competía fiscalizar a sus jueces. "Si hizo algo grave, me imagino que el sistema judicial no le permitiría seguir siendo juez", dijo. "Si ellos no lo echaron, ¿quiénes somos nosotros para hacerlo?"
Y así el juez Gori se arrastra hacia su tercer mandato de cuatro años, aprendiendo a hacer su trabajo en el proceso. No comparte el desdén de su abogado por cómo funcionan los juzgados.
"Realmente creo que los juzgados orales son los tribunales que están más cerca de la gente", dijo, y ser abogado podría interferir con eso. "A veces, los abogados se quedan colgados de ciertas cosas, así que quizás en algunos casos no se te hace justicia".
Pero un informe de la policía del estado del año pasado sugirió que en Duane, la verdadera justicia, y comprensión de la gente, puede ser todavía un trabajo no empezado.
Parece que Brandon L. Lucas, un esquelético chico de 19 del condado vecino, estaba tratando de pagar una multa que le habían pasado en Duane por pescar con el cebo equivocado. Como el juzgado del cuartel de bomberos estaba vacío, como ocurre a menudo, Lucas se dirigió a la casa del juez Gori.
Pronto Lucas estaba en el asiento de atrás de un coche de un policía del estado, esposado, y llorando. Un enfadado juez Gori lo había reprendido y llamado a la policía, le dijo el hombre al periodista que lo localizó. Evidentemente no había visto el letrero en el garaje del juez: "Si pasa este punto, estará violando una serie de reglas y ordenanzas".
El fiscal de distrito decidió no procesarlo. Y Lucas tomó su propia decisión en cuanto a meterse en la jurisdicción del juzgado de Duane: No lo hará más.
"Nunca volveré a pescar en ese lugar", dijo.

26 de septiembre de 2006
©new york times
©traducción mQh
rss

juzgados en el banquillo 10


[William Glaberson] Dispensando justicia en un pueblo chico: una mezcla de ensayos y errores. País en el límite.
Los problemas de Gori y sus colegas jueces no son nada nuevo. En 1973, la Comisión Estatal de Investigaciones llegó al pueblo del condado de Franklin, Saranac Lake, para examinar el trabajo de un juez, un trabajador de mantención y vendedor de aspiradoras, cuya "inepto y torpe manejo", dijo, había estropeado un caso de robo.
Lo que descubrieron los investigadores les alarmó. Faltaba dinero. Las actas eran chapuceras. En una gaveta sin llave había un montón de dinero proveniente de multas. Las relaciones del juez con la policía eran demasiado estechas, y uno de sus libros de leyes tenía 44 años.
Asombrados, los investigadores ampliaron su pesquisa para incluir a todos los juzgados del condado y luego la extendieron a Nueva York. Llamando a una reforma en todo el estado, concluyeron que "esas deficiencias e ineptitudes" en los juzgados "simplemente no deben tolerarse".
Pero desde entonces es poco lo que ha cambiado en los juzgados del condado de Franklin.
En noviembre pasado, un juez de pueblo de toda la vida, Roy H. Kristoffersen, un vendedor, renunció después de que los funcionarios empezaran a investigar unas acusaciones, que él negó, de que "tomó decisiones favorables" para el hijo de otro juez de pueblo - en Saranac Lake, el mismo lugar que provocó la investigación hace 33 años.
Otro juez, Maria A. Cook, conductora de un bus escolar que todavía tiene el cargo en el juzgado de Chateaygay, no solamente arreglaba las multas por exceso de velocidad a petición de otro colega juez, sino también era tan ignorante de las reglas éticas, determinó la comisión el otoño pasado, que levantó acta oficiale del arreglo: "Reducido en interés del juez Danny LaClair".
Otro juez de pueblo, el que había dejado en libertad a un acusado de violación como favor a un amigo, trató de explicar las cosas a la comisión: "Quizás usted no sepa lo que pasa en el North Country, pero aquí todos somos amigos".
Estos casos no sólo sugieren la dimensión del problema en los juzgados de Franklin. Una revisión para este artículo de los archivos de apelaciones rara vez consultados en el condado de Franklin mostraron un preocupante reguero de torpezas legales e ignorancia judicial en los últimos cinco años.
Un juez parecía no solamente no entender que los cargos criminales debían ser probados más allá de toda duda razonable, escribió el juez del juzgado del condado, Robert G. Main Jr. Otro juez omitió la protección constitucional que otorga un abogado a todo acusado. Inmediatamente después de que una mujer acusada de fraude dijera que no podía pagarse un abogado, dijo el juez Main, el juez del pueblo tomó su declaración de culpabilidad, en lugar de asignarle un abogado.
Estos problemas no son noticias nuevas para los muchos abogados que hacen la ronda de los juzgados del condado de Franklin. Algunos dicen que los evitan porque los jueces a menudo tienen problemas en entender sus alegatos.
En un lugar tan pobre y remoto como el condado de Franklin, los defectos de esos modestos juzgados pueden verse grandes. Casos demasiado pequeños como para llamar la atención del resto del sistema jurídico -desalojos, cargos de delitos menores, riñas entre vecinos, infracciones de carretera y solicitudes de fianza- tienen serias consecuencias para los vecinos de pueblos chicos, que tienen poco dinero o acceso a un abogado.
Alexander Lesyk, abogado de oficio del condado de Franklin durante quince años hasta hace algunos meses, dijo que aunque tuvo algunos logros ante los jueces locales defendiendo a clientes pobres, "creo que ninguno de ellos posee suficiente formación como para presidir un juicio, dirimir cuestiones institucionales, hacer frente a un abogado o controlarlo cuando sea necesario".
Pero oponerse a un juez puede ser malo para los negocios, dicen algunos abogados.
El fiscal de distrito Champagne dijo que cuando su despacho se entera de algún juez que se aparta de la ley, tiene que actuar con cuidado. "No nos vamos a enfrentar con un juez que tenga que presidir una audiencia preliminar en un caso criminal la próxima semana", dijo.

26 de septiembre de 2006
©new york times

©traducción mQh
rss

juzgados en el banquillo 9


[William Glaberson] Dispensando justicia en un pueblo chico: una mezcla de ensayos y errores. Una noche en el juzgado.
"El juzgado de Duane está ahora sesionando", anunció el juez Gori.
Cuatro tubos fluorescentes proporcionaban la única luz en la sala de reuniones toscamente terminada que se convierte en tribunal de tanto en tanto. Había un bar portátil contra una de las paredes, y se podía ver la cocina del cuartel de bomberos, con su revoltijo de viejas botellas de refrescos y cafeteras. La bandera norteamericana clavada con tachuelas a la pared tuvo que ser retirada para permitir, esta gélida noche de invierno, que el juez accediera al termostato.
Sentado tras dos mesas plegables pegadas había un nervioso adolescente, en el juzgado para responder por dos multas por exceso de velocidad, junto a su padre que miraba con las mandíbulas apretadas. El principal testigo contra el adolescente era un policía del estado, que también era el agente de seguridad del juzgado.
Y detrás de un estropeado escritorio de madera estaba el juez Gori. Gordinflón, con ojos que se llenan de lágrimas en momentos sentimentales, llevaba una camisa marrón abierta y se podía ver su camiseta.
El ordenador del juzgado que compró con su propio dinero estaba en casa; se lo llevó hace dos meses para aprender a encenderlo, dijo. No tenía toga de juez. Son demasiado caras, dijo. Su salario judicial es de tres mil 750 dólares al año.
"Nos faltan algunas cosas", dijo.
Se mudó a Duane, con una población de 159 habitantes, desde el condado de Saratoga cuando estaba en los cuarenta, después de divorciarse, atraído por la posibilidad de salir de cacería con sus perros.
"Quizás es la soledad", dijo el juez Gori, que volvió a casarse. "Aquí, cuando te levantas de noche, y no pasan coches por la autopista, no se oye nada".
Sin embargo, en el condado de Franklin los senderos de la gente se cruzan de modos a veces inverosímiles y volátiles: los indios mohicanos, dueños de nuevas y lujosas casas de vacaciones, turistas de Adirondack y pescadores, y otros que cruzan las fronteras para negocios menos respetables. Las drogas y la violencia intrafamiliar están aumentando, y las cárceles del estado son grandes empleadores.
Cuando el juez Gori se mudó aquí hace veinte años, el auge en la construcción de prisiones estaba ofreciendo trabajos. Después de años de trabajo comoadiestrador de perros, "recogí mis herramientas y volví al oficio de albañil, al oficio de mampostero", dijo.
Como un montón de recién llegados en pueblos chicos, quería sentirse involucrado. Pero no le gustaba la sangre, así que excluyó la posibilidad de apuntarse como bombero. En lugar de eso, se sintió atraído al juzgado en el desgastado cuartel de bomberos. "La ley como que me ha interesado siempre", dijo.
Sin embargo, ese interés no incluía la fascinación por los tecnicismos de que se ocupan los abogados. "Si te fijas, la ley es puro sentido común", dijo.
Desde que fuera elegido en 1997, la mayor parte de su trabajo han sido casos de tráfico. Si alguna vez hubo delitos graves en Duane, dijo, probablemente pasaron desapercibidos en las largas noches de Adirondack. "Somos un pueblo acogedor, tranquilo. Aquí dos personas se pelean y una pierde y la otra gana, y se ponen de pie, se dan la mano y nadie supo nunca nada", dijo.
Han habido un puñado de casos graves, las primeras fases de algunos procesos por delitos graves. Una vez los policías del estado lo visitaron cuando estaba trabajando en un sitio en construcción. Dijeron que un vecino estaba cultivando marihuana, y querían una orden para allanar su propiedad. Entre el polvo y el cemento, William Gori, adiestrador de perros y mampostero, puso sus herramientas a un lado y sopesó los derechos garantizados por la constitución. "Me senté", contó, "y leí todo. Miré las fotos". Los policías recibieron la orden que querían.
En la sala improvisada esta noche de invierno, se mostró cálidamente comprensivo con la mujer que había olvidado pegar la pegatina de su registro en su parabrisas. Caso desechado.
Pero el adolescente con la multa por exceso de velocidad se enfrentó a un estricto juez Gori. El chico tenía multas en una media docena de pueblos del condado de Franklin, y su abogado propuso combinar los casos en otro juzgado.
De ningún modo. "Lo que pasa en el pueblo de Duane", declaró el juez Gori, "se queda en el pueblo de Duane".
Eso no siempre es verdad. El otro caso que llamó la atención de la Comisión Encargada de la Conducta Judicial implicaba a Lucille K. Millett, una mujer mohicana de la reserva que se extiende a ambos lados de la frontera del país con Canadá. Una noche de 2004 esperaba frente al juzgado de Duane a su hermana, que había llegado allí por una infracción de carretera. El juez Gori llamó adentro a Millett, le pidió su permiso de conducir y pidió a la policía del estado que corroborara sus datos en el ordenador.
En una entrevista, Millett dijo que estaba asustada y avergonzada; a nadie más se le pidió el permiso de conducir. Lo único que podían pensar las hermanas, dijo, era que ellas eran las únicas indias americanas en el juzgado.
Presentó una queja ante la comisión, que resolvió al año pasado que el juez Gori no tenía derecho a pedir nada a nadie fuera del juzgado que no estuviera acusado de nada.
Interrogado sobre el caso, el juez Gori negó que tuviese prejuicios. Dijo que pensaba que había actuado dentro de las atribuciones de su autoridad.
"Uno aprende de los errores", dijo. "Me dijeron que era incorrecto. No lo volveré a hacer".
Es una muestra de su aislamiento que su audiencia disciplinaria fue una de las pocas ocasiones en que tuvo la oportunidad de codearse con el mundo jurídico más amplio. Asiste a los cursos de actualización todos los años. Pero dijo que el ayuntamiento no pudo pagar su asistencia al congreso anual de magistrados del estado, realizado el año pasado en las Cataratas del Niágara, ni podía él pagarse el viaje él mismo.
Sin embargo, está convencido de que él y otros jueces en el área de Nueva York son personas honestas tratando de hacerlo bien. "Desde el punto de vista económico", agregó, "no podría ser más barato".

26 de septiembre de 2006
©new york times
©traducción mQh
rss

juzgados en el banquillo 8


[William Glaberson] Dispensando justicia en un pueblo chico: una mezcla de ensayos y errores.
Duane, Nueva York, Estados Unidos. Gary Betters pensaba que él conocía la ley tan bien como cualquier otro norteamericano. Psicólogo escolar, quería obtener mil 588 dólares con sesenta centavos que decía que le debía el cercano pueblo de Malone por ayudar a gestionar un programa de recreación durante el verano. Cuando presentó una demanda en el Juzgado de Duane, esperaba que el juez prestara oídos a los dos lados, y luego resolviera.
Como otros muchos que van a tribunales en el estado de Nueva York, recibió un curso intensivo en los extraños modos de la justicia en los pueblos chicos.
Aunque nadie se apareció a defender al ayuntamiento, el juez William J. Gori empezó de todos modos el juicio. Aunque el juez hizo declarar extensamente a Betters, dejó de lado hacerle jurar que diría la verdad. Y aunque el juez Gori le dijo a Betters que tenía todavía otra semana para presentar más evidencias, el juez siguió adelante y resolvió en el caso de todos modos.
Betters recibió las noticias en una carta del juzgado: su caso había sido desechado. No se le daba ninguna razón. "No puede entender cómo un acusado puede ganar sin ni siquiera haberse presentado", dijo en una entrevista.
La Comisión Encargada de la Conducta Judicial del estado descubrió cómo. El juez Gori, aparentemente, había ido a la oficina del pueblo de Malone antes del juicio, había entrevistado al principal testigo del pueblo, y había luego informado al abogado del pueblo que había decidido desechar el caso.
El juez Gori dijo a la comisión que él no había escuchado nunca que existía una regla jurídica básica que impedía que un juez, excepto en circunstancias muy extraordinarias, tomara contacto en secreto con una de las partes en litigio. "En mi manual ni siquiera aparece el tema", dijo.
La falta de familiaridad con los principios jurídicos básicos es extraordinariamente común en lo que se conoce como juzgados orales, un legado de la era colonial que sobrevive en más de mil pueblos y pequeñas ciudades de Nueva York.
Durante generaciones los jueces los han apodado los ‘juzgados de la gente pobre', donde la gente de a pie puede obtener justicia con poco o nada de formalismos ni gastos. Pero hay pocas instancias más vívidas donde presenciar sus deficiencias que aquí en uno de los rincones más pobres de Nueva York: el condado de Franklin, un lugar de ruda belleza en la frontera canadiense donde sólo uno de los 32 jueces locales es abogado.
Los jueces del condado han llamado repetidas veces la atencion de los funcionarios de la comisión de la conducta judicial, que desde fines de los años setenta ha impuesto medidas reglamentarias públicamente a quince de ellos, a algunos incluso dos veces. Los errores de Gori son nimios en comparación con otros: Para devolver un favor a un amigo, un juez dejó en libertad bajo fianza a un acusado de violación. Otro sentenció a una beneficiaria de la seguridad social a 89 días de cárcel por no pagar la tarifa de un taxi de un dólar cincuenta. Los jueces del condado de Franklin han presidido casos en estado de ebriedad, arreglado casos e incluso negado un abogado a los acusados. Uno de ellos se negó a nombrar un abogado para un alcohólico retardado de diecinueve años.
Aquí en Duane, una pequeña ciudad en el centro del condado, el juez Gori es de muchos modos un típico juez de pueblo chico del estado de Nueva York.
Albañil y ex adiestrador de perros, con educación secundaria, es un hombre de 59 años que lleva vaqueros sujetos con suspensores. Los jueves por la noche se instala en el cuartel de bomberos para realizar sus sesiones. Su conocimiento de la ley es pobre. A veces lo domina su propio temperamento.
Carece de estrado, libros jurídicos o notulista. Es juez casi por accidente, y la gente aquí dice que ha ocupado la posición durante casi una década debido en gran parte a que nadie quiere ocuparse del cargo. Aunque los funcionarios del estado lo han castigado dos veces por lapsos graves en la realización de su trabajo, pocos votantes de Duane lo saben o les preocupa. "Nadie preguntó nunca nada", dijo el juez Gori.
Sin embargo, parece bien intencionado. Como otros muchos jueces, describe su trabajo como servicio público, y dice que estudia derecho varias horas todas las semanas.
Pero hay pruebas de que eso parece no ser suficiente. Cuando la comisión de la conducta judicial llamó al juez Gori a rendir cuentas por su manejo del caso de Betters, su defensa fue asombrosa, según se lee en una transcripción de la sesión. Su propio abogado culpó al estado por administrar los juzgados del modo en que lo hace: Dijo que no era posible que los jueces con tan poca formación -seis días de clases y un curso de actualización de 12 horas una vez al año- conocieran las reglas básicas para ocuparse de un pleito.
El fiscal de distrito del condado, Dereck P. Champagne, dice que cuando asumió funciones hace cinco años, tuvo que abandonar cientos de casos criminales porque los jueces no habían hecho nada en torno a ellos durante demasiado tiempo. Champagne dice que su personal de cuatro procuradores a tiempo completo es demasiado pequeño incluso para realizar visitas a los juzgados, separados por enormes distancias.
El condado de Franklin es más grande que Rhode Island. Pero sólo tiene un juez de tribunal superior en el juzgado del condado de Malone. Así que aquí los jueces de media jornada -fontaneros, carniceros y choferes de buses escolares- tienen a menudo la última palabra en cuestiones legales, con la autoridad para emitir órdenes de allanamiento, realizar juicios, meter en la cárcel a algunos y decretar la libertad de los amigos.
"La realidad es, básicamente, que no tiene ninguna calificación, excepto ser votante, para mandar a alguien a la cárcel, y esa es una situación muy grave", dijo Champagne. "Colocar a un lego -algunos de los cuales ni siquiera terminaron la secundaria- en esa posición, es una receta para el desastre".

26 de septiembre de 2006
©new york times
©traducción mQh
rss

box femenino: le dicen la gata


[Natalí Schejtman] La tigresa Acuña: Me dicen la gata.
Es la número uno de la AMB en su categoría, buena parte de sus rivales le duran menos de un minuto, es la gran responsable de que se reglamentara el box femenino en la Argentina y pasa por su mejor momento: la semana pasada retuvo el título mundial Supergallo y el público la dejó adentro de Bailando por un sueño. Pero la Tigresa Acuña no se conforma con eso y está decidida a darle al box todo el glamour que nunca tuvo (y a cobrar lo mismo que los hombres por hacerlo).

El Tigre
"¡Muy bien, flaca, corregiste lo que te dije!" El que le habla a Marcela Acuña es Ramón Chaparro, su entrenador, marido y secretario privado. Es, también, el responsable de su pegadizo sobrenombre y el que despierta en la Tigresa el animalito doméstico en el que se transforma cuando asiente con cierto gesto embobado el comentario, en el gimnasio municipal de Caseros. Ramón le había corregido que no levantara tanto las piernas para bailar, al comenzar el ensayo de Bailando por un sueño. A la tarde, en ese mismo lugar –un galpón con bolsas que caen del techo y paredes estampadas con dibujos de Bonavena, Monzón, Gatica y, obvio, la heroína local– le estará escrutando ganchos y rectos. Se conocieron cuando ella tenía 7 años y empezó a entrenar full contact (boxeo con patadas) con Chaparro en Formosa. A los 15 de ella, él –22 años más– dejó a su mujer y cuando oficializaron la pareja, provocaron tal sismo que hubo portazos familiares, huidas y hasta un llamado a la policía, reacciones que se ablandarían con el tiempo. Aunque prefiere verla boxear, no le saca los ojos de encima cuando baila, y ante las divagaciones que puede despertar tener de esposa a una boxeadora, Ramón aclara que la Tigresa no es ninguna fiera, a pesar de un apodo ganado por bravucona: "Sólo una vez pegó en la calle. Un tipo la estaba molestando. Ella le dio en la boca del estómago y lo dejó gateando. Estaba embarazada de tres meses".

Licenciada
Siempre le gustaron los deportes de contacto, pero la decisión de ser boxeadora la tomó a los 19, en frente de la tele: "Nos juntábamos a ver las peleas de Tyson o de De la Hoya. Una vez vimos a Christy Martin peleando por televisión, ésas fueron las primeras peleas de mujeres que se empezaron a transmitir. Y ahí un compañero empezó: ‘La única que le puede ganar a Christy Martin es la Tigresa'." Así comenzó un recorrido sinuoso, porque el deporte en la Argentina no estaba reglamentado. La Tigresa y Ramón se mudaron a Buenos Aires para poder agilizar ese trámite, recibiendo negativas compulsivas que apelaban, entre otras cosas, a que todavía no estaban hechos los estudios para conocer los efectos de los golpes en el cuerpo de la mujer. Mientras, ya había logrado dar dos peleas ‘dignas' (perdió en las dos) con Martin y con Lucía Rijker en el exterior. Hasta que después de insistir tanto –y recibir muestras varias de discriminación– llegó la reglamentación en el 2001 y obtuvo la Licencia Número Uno, nombre del documental que la tiene como protagonista, con fecha de estreno en el 2007: "Soy una mujer que traspasó las costumbres: haber boxeado en la Argentina, ser campeona mundial en el Luna Park... Hice mucha historia".

¿Querían Show?
La Tigresa nunca tuvo perfil bajo, pero este año sus garras mediáticas están más afiladas que nunca: les quita dramatismo a las piñas, elige resaltar el logro más que el sacrificio y hace una apología de las uñas de manicura: "Cuando decís una mujer boxeadora, por ahí te imaginan con muchos músculos, mal hablada, sin nada de maquillaje, sin nada de feminidad. Pero a mí me gusta darle un toque femenino a todo lo que hago. Y al boxeo, que he elegido como mi profesión, le quiero dar eso, un toque de glamour. Ya que al principio la gente decía que era un show, a mí se me ocurrió la gran idea de decir: bueno, ¿les parece que es un show? Hagamos un show. Obviamente nos estamos matando a golpes, eso no cambia. Pero yo le agrego vestimenta, botitas, top, batas bien llamativas, peinados, maquillajes, música. Nunca tuve la oportunidad de ver qué piensan mis rivales de todo ese quilombo, pero yo te puedo asegurar que llegar con bombos y platillos las saca de concentración y mal. En el mundo, algunas pelean con polleritas. Una de mis rivales, Anahí Gutiérrez, tenía abajo una tanga así, mal. Yo le doy un toque de glamour más con que viene toda la gente del espectáculo. Siempre digo: ¿querían show? Yo les doy show."

Ringtone
La madre de La Tigresa, ya fallecida, soñaba con que su hija bailara danzas españolas: "Después se dio cuenta de que lo que me gustaba era tirar piñas y patadas y me acompañó en eso. Mirá lo que son las cosas...". "Las cosas" son que ahora el show business quiso explotar otra faceta de la boxeadora y logró que el sueño de su madre tuviera una inesperada concreción. Tinelli captó la popularidad creciente de La Tigresa –ayudada por su relación con Natalia Oreiro, a quien entrena junto con Ramón para el rol de "La Monita" en Sos mi vida– y compró ese combo de coquetería, aguante y humildad. "Yo no bailo bien, pero he mejorado un montón. Me gusta porque la gente ve que no sólo soy una deportista, sino que puedo ser muy mujer y muy sensual." Cuando se lo ofrecieron, temía que el público se lo tomara a mal, pero otra vez Ramón y sus hijos Maximiliano y Josué la convencieron. Ya fue nominada tres veces por el jurado para abandonar la competencia, pero dos veces el público la salvó. Mañana se sabrá si sigue o se va. De todas formas, La Tigresa vislumbra una larga vida en los medios y ya tiene diseñado un papel a su medida: "Me encantaría hacer tipo un Rocky femenino, tipo Nikita... Pelearme en la calle. Ser una heroína".

Los Soñadores
Es la número uno AMB en la categoría Supergallo, buena parte de sus rivales pugilistas le duran menos de un minuto (chequear si no la última pelea contra Paola Herrera en el Luna Park) y por ahora sigue siendo la cara de un deporte reglamentado en gran parte gracias a ella. Pero La Tigresa no quiere dejar de lado otra reivindicación: la abismal diferencia de ganancia que existe en el boxeo entre hombres y mujeres. "Yo soy tricampeona mundial y todavía vivo alquilando y no tengo un medio de movilidad. Por eso siento que estamos muy ligados con Javier, mi soñador en el programa de Tinelli. El quiere una casa para sus abuelos, que son muy humildes. Y yo quiero dejarles una casa a mis hijos." Dice que está resignada, que los beneficios de la paridad van a ser disfrutados por las próximas generaciones, pero no pierde de vista el objetivo de la casa propia: "Todo el mundo cree que ahora porque estoy mediática yo ya tengo casa, auto y departamento para ir en Mar del Plata. Ahora que estoy en la tele todos me dicen ‘Ahora sí te comprás la casa'. Pero escuchame, ¿vos sabés lo que vale una casa? Así como sigan subiendo los alquileres y las propiedades no sé cuándo voy a poder comprar".
"Cuando decís mujer boxeadora, por ahí te imaginan con músculos, mal hablada, sin maquillaje ni feminidad. Pero quiero darle al boxeo un toque de glamour. Le agrego vestimenta, botitas, top, batas llamativas, peinados, maquillajes, música. ¿Querían show? Yo les doy show."

La Tigresa y las Perras
"Ella decía que no se iba a pelear y al final fue la primera que se peleó", se sonríe Ramón mientras La Tigresa sigue bailando. Se refiere al enfrentamiento que su mujer tuvo con la jueza Moria Casán en Bailando por un sueño. Con las reglas del espectáculo bien aprendidas, ella ya se encargó de decir que "está todo bien con Moria" y "mandarle un saludo grande" mirando a cámara desde la mesa de Mirtha Legrand, rodeada de vedettes que parecían entusiasmadas con eso de tener una nueva amiga boxeadora. Florencia de la V, desde su flamante rol de columnista de la revista Paparazzi, la había alertado sobre las contrincantes televisivas: "Estas diosas vienen con vidrio picado en la bombacha. Es más, creo que es preferible cruzarse con el Tyson de la buena época". Pero en lo de Mirtha, todas se mostraron amorosas: mientras le preguntaban cuándo iba a ser la próxima pelea, Marcela hablaba de la Locomotora Oliveras, campeona CMB (de su misma categoría Supergallo) y su rival más declarada, diciendo que a veces sentía que se quería colgar de ella y que hablaba mal a sus espaldas. "¡Se te quieren colgar de tus guantes!", decía una vedette. "En todos los rubros pasa lo mismo."

De Marta a Mirtha
Marta es la vecina cubana de los Chaparro-Acuña y gracias a su buena mano para los peinados fue la responsable del pelo de La Tigresa en las peleas más resonantes. Pero desde hace pocos días, la boxeadora menciona con nombre y apellido a la peluquería de Puerto Madero que ahora se encarga de su pelo. No es que la fama se le haya subido a la cabeza: "Marta siempre lo hizo de buena onda, para salvarme y darme una mano. Quiere lo mejor para mí, pero ella tiene otro trabajo... No tiene tanto tiempo. Ahora me está ayudando con el baile. Como es cubana, conoce todos esos ritmos latinos y me ayuda a mover más la cintura". El nuevo coiffeur marcó la llegada a su cabeza con un cambio de look radical, que pudo verse esta semana en lo de Tinelli y lo de Mirtha Legrand. La jornada de peluquería duró tanto que La Tigresa llegó dos horas tarde a un homenaje que le estaban haciendo en la Casa del Boxeador y decidió, entonces, cancelar su asistencia al cumpleaños de Beatriz Salomón. Eso es cintura.

29 de octubre de 2006
©página 12
rss

amenazas tras desaparición


[Adriana Meyer] Detalles sobre la ola de amenazas que siguio a la desaparicion de Jorge Julio López. Llamados, cartas y golpes en las sombras.
Las intimidaciones que se realizaron durante el juicio y las que se sucedieron hasta hoy. El cadáver de Punta Lara y el llamado que provino del Comando en Jefe del Ejército. "Si Etchecolatz es condenado, volamos la cueva montonera", le habían dicho a Chicha Mariani.
Medio centenar de funcionarios judiciales, decenas de testigos y abogados, y un grupo de militantes escucharon sesiones de tortura en sus celulares, recibieron advertencias de grupos como Resistencia Republicana, fueron golpeados por la policía o incluso fueron secuestrados por algunas horas. El juicio oral del que participó Jorge Julio López, ex militante y sobreviviente de la dictadura, estuvo signado por amenazas que aumentaron y se expandieron por todo el país cuando se hizo pública su desaparición. Y más allá de la preocupación oficial, los esfuerzos declamados y los planes para proteger testigos, las intimidaciones se siguen produciendo. Por el momento no hay rastros de los autores de estos hechos. La única pista condujo al Comando en Jefe del Ejército.
Los organismos de derechos humanos nucleados en la agrupación Justicia Ya! de La Plata hicieron un listado de las amenazas que se conocen hasta la fecha y las calificaron de "una acción política para amedrentar no sólo a testigos sino al pueblo todo, y dirigida a garantizar la impunidad de los genocidas".
Según expresaron, "el juicio a Etchecolatz se desarrolló bajo amenazas constantes", entre ellas:

- Militantes de la Asociación Anahí y de la Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos fueron amenazados a través de llamadas telefónicas en las que se reproducían conversaciones mantenidas en ámbitos privados.
- Chicha Mariani, querellante en la causa contra Etchecolatz y presidenta de la Asociación Anahí, recibió insistentes amenazas desde el inicio del juicio. Una de ellas fue muy elocuente: "Si Etchecolatz es condenado, volamos la cueva montonera", en referencia a la casa en la que en 1976 fue asesinada su nuera Diana Teruggi y secuestrada su nieta Clara Anahí.
- Uno de los testigos, sobreviviente de un centro clandestino de detención, fue intimidado en la propia sala del juicio momentos antes de su declaración por un joven oficial de la Policía Federal.
- El 16 de septiembre, aniversario de la Noche de los Lápices, Nilda Eloy, testigo y querellante en el juicio, recibió en su contestador telefónico grabaciones con sonidos de sesiones de torturas.

Justicia Ya! consideró que la desaparición de López, el 18 de septiembre, no se dio en ese momento por azar. Ese día se exponían los alegatos de la querella y era obligatorio que el testigo estuviera presente en la sala de audiencias. Según explicaron miembros de la agrupación, la ausencia de López impedía alegar a dos de los letrados de la querella que solicitarían la condena por genocidio. Sólo fue posible que el alegato se hiciera en forma completa por un recurso legal extraordinario presentado por los abogados.
Una vez terminado el juicio y cuando la denuncia sobre la desaparición de López ya era pública, las intimidaciones recrudecieron.

- Eloy recibió una llamada en la que le pidieron el teléfono del presidente del tribunal, Carlos Rozansky, para informarle que iban a encontrar el cuerpo de López en Quilmes y que los ‘Fernández' eran los responsables. Poco después fue recibida una llamada en el 911 diciendo que había un cuerpo calcinado en Punta Lara. En la causa por la desaparición de López hay un listado de llamadas recibidas y realizadas a los teléfonos del testigo y de Eloy. De allí surge que, en forma casi simultánea al aviso al 911, se realizaron desde el Comando en Jefe del Ejército cinco intentos de comunicarse con Eloy. Además, López llamó a su compañera de juicio el domingo 17 para confirmarle que su hijo lo llevaría al tribunal, pero esa comunicación no aparece en el listado que aportó la empresa Telefónica a la Justicia.

- El hallazgo del cuerpo calcinado en Punta Lara fue considerado por la agrupación como un ‘mensaje mafioso'. Argumentan que a esa persona, que aún no ha sido identificada, la mataron el mismo día que se leyó la sentencia y que su cuerpo fue arrojado en una zona donde la Triple A solía hacer aparecer cadáveres. A tantos días, la falta de información sobre este hecho sigue alimentando las sospechas. Incluso una versión indicaría que ese cuerpo podría pertenecer al vecino de López que logró hacerlo salir de su casa antes del secuestro (ver aparte). La suspicacia comenzó por la misma difusión del hecho, cuando la policía filtró a la prensa el dato de que podía ser el cuerpo de López, sin ningún peritaje que lo acreditara.

- El 19 de septiembre el juez Rozansky recibió dos llamados del Servicio Penitenciario, desde teléfonos a los que los internos no tienen acceso.

- El 27 de septiembre la hija de Eloy recibió llamadas amenazantes, y en dos oportunidades su custodia se presentó en un Falcon verde.

- A diez días de la desaparición de López, media docena de jueces y fiscales de todo el país había recibido mensajes de un insólito remitente: III Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo. A los fiscales Jorge Auat, Miguel Osorio y Eduardo Taiano, entre otros, les dijeron "sabemos que usted está recibiendo presiones del Gobierno para actuar en función de quienes no buscan justicia sino venganza".

- El 29 de septiembre una sobreviviente de la Noche de los Lápices recibió una carta con amenazas de tres ex comisarios bonaerenses.

- El 2 de octubre Pablo Giachiello, estudiante platense de Bellas Artes y militante del Partido Obrero, fue golpeado por tres hombres que le dijeron "te tenemos marcado" por sus actividades por la aparición de López.

- El 9 de octubre en José Mármol se produjo la detención de dos militantes del Movimiento 26 de junio. Ariel y María Montes se habían juntado con sus compañeros para participar de una actividad por la aparición de López cuando un grupo de policías los llevó a la seccional de esa localidad, los esposaron y golpearon durante cuatro horas y los amenazaron con "desaparecerlos" igual que a López. En el Ministerio de Seguridad provincial no dieron crédito al hecho ni apartaron al personal policial, aunque las lesiones fueron probadas por la Justicia.

- El mismo lunes 9, el yerno de la ex detenida Cristina Saborido fue tajeado por dos hombres, uno de ellos armado con una pistola, cuando volvía de acompañar a su novia. Su cuñada, Agustina Tula, hija de Cristina, había recibido un correo electrónico el día anterior en el que le advertían que "al zurdito del novio de tu hermana lo tenemos enlistado también, ya vas a ver lo que le hacemos". Esto ocurrió luego de que Saborido respondiera a las declaraciones del ex presidente de facto Reynaldo Bignone, quien había incitado a la juventud a "culminar lo que no pudimos o no supimos terminar".

- El 18 de octubre fue intimidado Ramiro González, militante de una de las agrupaciones que nuclea a hijos de desaparecidos. Según denunció, estaba por llegar a su casa de Villa del Parque cuando fue interceptado por un vehículo con cuatro personas que entre insultos le mostraron fotos para que marcara a los compañeros y ante cada respuesta negativa recibía un golpe. Luego de dos horas, y tras tomarle las huellas dactilares, lo soltaron y lo amenazaron diciéndole: "Esto no es joda, vos y tus compañeros van a terminar todos muertos". González y sus compañeros ya habían presentado una denuncia al recibir una amenaza un día antes del inicio del juicio a Etchecolatz, en la que les decían que no acudieran a presenciarlo.

- En la actualidad, dos fiscales que llevan causas de derechos humanos, el propio juez Arnaldo Corazza, tres jueces de tribunal oral y el camarista Leopoldo Schiffrin están amenazados, al igual que los abogados de Justicia Ya!. El testigo Walter Docters y la familia Marciano tienen custodia policial a partir de diversos hechos intimidatorios.

29 de octubre de 2006
©página 12
rss