traición en la mafia
[William Glaberson] Entró por la puerta de atrás del tribunal de Brooklyn para arruinar al hombre que dice que es el padrino de una de las cinco familias mafiosas de Nueva York. Y fue al grano de inmediato.
Nueva York, Estados Unidos. "Era el jefe oficial de la familia Bonanno", dijo Salvatore Vitale a una corte federal tan sólo cinco minutos después de la vista preliminar del juicio por crimen organizado y asesinato de Joseph C. Massino, su cuñado.
La última y devastadora traición de Massino, en un caso construido sobre la cooperación sin precedentes con gente de Bonanno, estuvo puntuada por las preguntas en stacatto del fiscal, Greg D. Andres.
¿Cometió usted algún delito, preguntó Andres, por orden de Massino?
Vitale dijo que sí, mirando al fiscal a los ojos, y no al corpulento hombre sentado a la mesa de la defensa al que conoce desde que eran jóvenes en las calles de Nueva York.
"Sí cometí delitos por él", dijo Vitale, siempre evitando la mirada de Massino. "Cometí asesinatos".
Y así empezó lo que se ha dado en llamar el caso más grande de defección en la mafia desde que Salvatore Gravano, el lugarteniente conocido como Sammy el Toro ayudara a enviar a su jefe, John J. Gotti a morir en la cárcel.
Ayer fue solo el comienzo, cuando Vitale declaró como testigo hacia el final del día del juicio. Pero fue suficiente para mostrar lo perjudicial que podía ser el testimonio de Vitale, que se espera que tomará toda la semana.
Mencionó algunos de los delitos que dijo que Massino le había ordenado cometer: "Incendios, secuestros, robo y allanamiento, extorsión, usura". Todo un catálogo de la mafia moderna. Y dijo que los confesaría todos.
Hizo el cuadrangular de los informantes de la mafia: contó al jurado que Massino, 61, le había dado órdenes de matar a ocho hombres. Dio los nombres de los gángsteres asesinados que ahora son conocidos en la sala del tribunal del juez Nicholas G. Garaufis, donde los fiscales han tratado un asesinato tras otro: Sonny Red, Sonny Black, Russell, George.
A veces, Vitale, 56, que habló suave pero convincentemente, tuvo dificultades en recordar a algunos de los hombres que dijo que habían sido eliminados por orden de Massino.
Pero no vaciló cuando contó por qué se había volcado contra Massino, del que dijo que había sido su mejor amigo, el paraninfo de su boda, y quien le enseñó a nadar cuando eran jóvenes.
Dijo que a él lo habían traicionado primero. En los años noventa, dijo, Massino lo aisló de la familia. Conservó su título de lugarteniente, dijo, "pero me aislaron -tenía el título, pero no podía hacer nada".
Al otro lado de la sala del tribunal, en la primera fila, con sus labios apretados, estaba Josephine Massino, la esposa de Massino y hermana de Vitale. Escuchó cuando su hermano trataba de explicar por qué estaba ayudando a los fiscales a poner a su marido en prisión por el resto de su vida.
El hermano, en el programa de protección de testigos, dijo a la corte que en el pasado "no había nada que yo no hiciera por él". Pero entonces, dijo, fue detenido en 2001 y excluido por Massino. Dijo que creía que lo habían abandonado cuando los fiscales cerraban el cerco sobre la familia Bonanno.
"Iban a dejar a mi esposa y a mis hijos en la calle", dijo. Desde su posición en la sala del tribunal, Massino se arrellanó en la silla y suspiró, como si Vitale hubiera hecho algo prohibido.
Si se dio cuenta de la pequeña conmoción, no lo hizo notar. "Es por eso que decidí hacer lo que estoy haciendo hoy", dijo.
Se ha confesado culpable en once asesinatos y accedió a prestar testimonio para el gobierno a cambio de indulgencia.
El abogado de Massino, David Breitbart, dijo que atacará a Vitale por mentiroso y por ser un asesino.
Mientras hacía gala ante Andres de su enciclopédico conocimiento de la familia mafiosa, Vitale se mostró tranquilo. En un traje a la medida, con su cabello salpicado de canas peinado hacia atrás ordenadamente, describió los asesinatos, intrigas y planes del modo en que un contable hablaría de pérdidas y beneficios.
Tomó notes, declaró, sobre los miembros de la mafia en la ciudad y las entregó a los fiscales. Conocía los movimientos de Massino de los últimos 25 años, porque Massino se los contaba. Sabía todo de las posiciones de Massino en el mundo de la mafia, donde los hombres juran guardar los secretos.
Ayer Salvatore Vitale empezó a contar al jurado lo que él sabía.
29 de junio de 2004
17 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
Nueva York, Estados Unidos. "Era el jefe oficial de la familia Bonanno", dijo Salvatore Vitale a una corte federal tan sólo cinco minutos después de la vista preliminar del juicio por crimen organizado y asesinato de Joseph C. Massino, su cuñado.La última y devastadora traición de Massino, en un caso construido sobre la cooperación sin precedentes con gente de Bonanno, estuvo puntuada por las preguntas en stacatto del fiscal, Greg D. Andres.
¿Cometió usted algún delito, preguntó Andres, por orden de Massino?
Vitale dijo que sí, mirando al fiscal a los ojos, y no al corpulento hombre sentado a la mesa de la defensa al que conoce desde que eran jóvenes en las calles de Nueva York.
"Sí cometí delitos por él", dijo Vitale, siempre evitando la mirada de Massino. "Cometí asesinatos".
Y así empezó lo que se ha dado en llamar el caso más grande de defección en la mafia desde que Salvatore Gravano, el lugarteniente conocido como Sammy el Toro ayudara a enviar a su jefe, John J. Gotti a morir en la cárcel.
Ayer fue solo el comienzo, cuando Vitale declaró como testigo hacia el final del día del juicio. Pero fue suficiente para mostrar lo perjudicial que podía ser el testimonio de Vitale, que se espera que tomará toda la semana.
Mencionó algunos de los delitos que dijo que Massino le había ordenado cometer: "Incendios, secuestros, robo y allanamiento, extorsión, usura". Todo un catálogo de la mafia moderna. Y dijo que los confesaría todos.
Hizo el cuadrangular de los informantes de la mafia: contó al jurado que Massino, 61, le había dado órdenes de matar a ocho hombres. Dio los nombres de los gángsteres asesinados que ahora son conocidos en la sala del tribunal del juez Nicholas G. Garaufis, donde los fiscales han tratado un asesinato tras otro: Sonny Red, Sonny Black, Russell, George.
A veces, Vitale, 56, que habló suave pero convincentemente, tuvo dificultades en recordar a algunos de los hombres que dijo que habían sido eliminados por orden de Massino.
Pero no vaciló cuando contó por qué se había volcado contra Massino, del que dijo que había sido su mejor amigo, el paraninfo de su boda, y quien le enseñó a nadar cuando eran jóvenes.
Dijo que a él lo habían traicionado primero. En los años noventa, dijo, Massino lo aisló de la familia. Conservó su título de lugarteniente, dijo, "pero me aislaron -tenía el título, pero no podía hacer nada".
Al otro lado de la sala del tribunal, en la primera fila, con sus labios apretados, estaba Josephine Massino, la esposa de Massino y hermana de Vitale. Escuchó cuando su hermano trataba de explicar por qué estaba ayudando a los fiscales a poner a su marido en prisión por el resto de su vida.
El hermano, en el programa de protección de testigos, dijo a la corte que en el pasado "no había nada que yo no hiciera por él". Pero entonces, dijo, fue detenido en 2001 y excluido por Massino. Dijo que creía que lo habían abandonado cuando los fiscales cerraban el cerco sobre la familia Bonanno.
"Iban a dejar a mi esposa y a mis hijos en la calle", dijo. Desde su posición en la sala del tribunal, Massino se arrellanó en la silla y suspiró, como si Vitale hubiera hecho algo prohibido.
Si se dio cuenta de la pequeña conmoción, no lo hizo notar. "Es por eso que decidí hacer lo que estoy haciendo hoy", dijo.
Se ha confesado culpable en once asesinatos y accedió a prestar testimonio para el gobierno a cambio de indulgencia.
El abogado de Massino, David Breitbart, dijo que atacará a Vitale por mentiroso y por ser un asesino.
Mientras hacía gala ante Andres de su enciclopédico conocimiento de la familia mafiosa, Vitale se mostró tranquilo. En un traje a la medida, con su cabello salpicado de canas peinado hacia atrás ordenadamente, describió los asesinatos, intrigas y planes del modo en que un contable hablaría de pérdidas y beneficios.
Tomó notes, declaró, sobre los miembros de la mafia en la ciudad y las entregó a los fiscales. Conocía los movimientos de Massino de los últimos 25 años, porque Massino se los contaba. Sabía todo de las posiciones de Massino en el mundo de la mafia, donde los hombres juran guardar los secretos.
Ayer Salvatore Vitale empezó a contar al jurado lo que él sabía.
29 de junio de 2004
17 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
traición en la mafia
[William Glaberson] Entró por la puerta de atrás del tribunal de Brooklyn para arruinar al hombre que dice que es el padrino de una de las cinco familias mafiosas de Nueva York. Y fue al grano de inmediato.
Nueva York, Estados Unidos. "Era el jefe oficial de la familia Bonanno", dijo Salvatore Vitale a una corte federal tan sólo cinco minutos después de la vista preliminar del juicio por crimen organizado y asesinato de Joseph C. Massino, su cuñado.
La última y devastadora traición de Massino, en un caso construido sobre la cooperación sin precedentes con gente de Bonanno, estuvo puntuada por las preguntas en stacatto del fiscal, Greg D. Andres.
¿Cometió usted algún delito, preguntó Andres, por orden de Massino?
Vitale dijo que sí, mirando al fiscal a los ojos, y no al corpulento hombre sentado a la mesa de la defensa al que conoce desde que eran jóvenes en las calles de Nueva York.
"Sí cometí delitos por él", dijo Vitale, siempre evitando la mirada de Massino. "Cometí asesinatos".
Y así empezó lo que se ha dado en llamar el caso más grande de defección en la mafia desde que Salvatore Gravano, el lugarteniente conocido como Sammy el Toro ayudara a enviar a su jefe, John J. Gotti a morir en la cárcel.
Ayer fue solo el comienzo, cuando Vitale declaró como testigo hacia el final del día del juicio. Pero fue suficiente para mostrar lo perjudicial que podía ser el testimonio de Vitale, que se espera que tomará toda la semana.
Mencionó algunos de los delitos que dijo que Massino le había ordenado cometer: "Incendios, secuestros, robo y allanamiento, extorsión, usura". Todo un catálogo de la mafia moderna. Y dijo que los confesaría todos.
Hizo el cuadrangular de los informantes de la mafia: contó al jurado que Massino, 61, le había dado órdenes de matar a ocho hombres. Dio los nombres de los gángsteres asesinados que ahora son conocidos en la sala del tribunal del juez Nicholas G. Garaufis, donde los fiscales han tratado un asesinato tras otro: Sonny Red, Sonny Black, Russell, George.
A veces, Vitale, 56, que habló suave pero convincentemente, tuvo dificultades en recordar a algunos de los hombres que dijo que habían sido eliminados por orden de Massino.
Pero no vaciló cuando contó por qué se había volcado contra Massino, del que dijo que había sido su mejor amigo, el paraninfo de su boda, y quien le enseñó a nadar cuando eran jóvenes.
Dijo que a él lo habían traicionado primero. En los años noventa, dijo, Massino lo aisló de la familia. Conservó su título de lugarteniente, dijo, "pero me aislaron -tenía el título, pero no podía hacer nada".
Al otro lado de la sala del tribunal, en la primera fila, con sus labios apretados, estaba Josephine Massino, la esposa de Massino y hermana de Vitale. Escuchó cuando su hermano trataba de explicar por qué estaba ayudando a los fiscales a poner a su marido en prisión por el resto de su vida.
El hermano, en el programa de protección de testigos, dijo a la corte que en el pasado "no había nada que yo no hiciera por él". Pero entonces, dijo, fue detenido en 2001 y excluido por Massino. Dijo que creía que lo habían abandonado cuando los fiscales cerraban el cerco sobre la familia Bonanno.
"Iban a dejar a mi esposa y a mis hijos en la calle", dijo. Desde su posición en la sala del tribunal, Massino se arrellanó en la silla y suspiró, como si Vitale hubiera hecho algo prohibido.
Si se dio cuenta de la pequeña conmoción, no lo hizo notar. "Es por eso que decidí hacer lo que estoy haciendo hoy", dijo.
Se ha confesado culpable en once asesinatos y accedió a prestar testimonio para el gobierno a cambio de indulgencia.
El abogado de Massino, David Breitbart, dijo que atacará a Vitale por mentiroso y por ser un asesino.
Mientras hacía gala ante Andres de su enciclopédico conocimiento de la familia mafiosa, Vitale se mostró tranquilo. En un traje a la medida, con su cabello salpicado de canas peinado hacia atrás ordenadamente, describió los asesinatos, intrigas y planes del modo en que un contable hablaría de pérdidas y beneficios.
Tomó notes, declaró, sobre los miembros de la mafia en la ciudad y las entregó a los fiscales. Conocía los movimientos de Massino de los últimos 25 años, porque Massino se los contaba. Sabía todo de las posiciones de Massino en el mundo de la mafia, donde los hombres juran guardar los secretos.
Ayer Salvatore Vitale empezó a contar al jurado lo que él sabía.
29 de junio de 2004
17 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
Nueva York, Estados Unidos. "Era el jefe oficial de la familia Bonanno", dijo Salvatore Vitale a una corte federal tan sólo cinco minutos después de la vista preliminar del juicio por crimen organizado y asesinato de Joseph C. Massino, su cuñado.La última y devastadora traición de Massino, en un caso construido sobre la cooperación sin precedentes con gente de Bonanno, estuvo puntuada por las preguntas en stacatto del fiscal, Greg D. Andres.
¿Cometió usted algún delito, preguntó Andres, por orden de Massino?
Vitale dijo que sí, mirando al fiscal a los ojos, y no al corpulento hombre sentado a la mesa de la defensa al que conoce desde que eran jóvenes en las calles de Nueva York.
"Sí cometí delitos por él", dijo Vitale, siempre evitando la mirada de Massino. "Cometí asesinatos".
Y así empezó lo que se ha dado en llamar el caso más grande de defección en la mafia desde que Salvatore Gravano, el lugarteniente conocido como Sammy el Toro ayudara a enviar a su jefe, John J. Gotti a morir en la cárcel.
Ayer fue solo el comienzo, cuando Vitale declaró como testigo hacia el final del día del juicio. Pero fue suficiente para mostrar lo perjudicial que podía ser el testimonio de Vitale, que se espera que tomará toda la semana.
Mencionó algunos de los delitos que dijo que Massino le había ordenado cometer: "Incendios, secuestros, robo y allanamiento, extorsión, usura". Todo un catálogo de la mafia moderna. Y dijo que los confesaría todos.
Hizo el cuadrangular de los informantes de la mafia: contó al jurado que Massino, 61, le había dado órdenes de matar a ocho hombres. Dio los nombres de los gángsteres asesinados que ahora son conocidos en la sala del tribunal del juez Nicholas G. Garaufis, donde los fiscales han tratado un asesinato tras otro: Sonny Red, Sonny Black, Russell, George.
A veces, Vitale, 56, que habló suave pero convincentemente, tuvo dificultades en recordar a algunos de los hombres que dijo que habían sido eliminados por orden de Massino.
Pero no vaciló cuando contó por qué se había volcado contra Massino, del que dijo que había sido su mejor amigo, el paraninfo de su boda, y quien le enseñó a nadar cuando eran jóvenes.
Dijo que a él lo habían traicionado primero. En los años noventa, dijo, Massino lo aisló de la familia. Conservó su título de lugarteniente, dijo, "pero me aislaron -tenía el título, pero no podía hacer nada".
Al otro lado de la sala del tribunal, en la primera fila, con sus labios apretados, estaba Josephine Massino, la esposa de Massino y hermana de Vitale. Escuchó cuando su hermano trataba de explicar por qué estaba ayudando a los fiscales a poner a su marido en prisión por el resto de su vida.
El hermano, en el programa de protección de testigos, dijo a la corte que en el pasado "no había nada que yo no hiciera por él". Pero entonces, dijo, fue detenido en 2001 y excluido por Massino. Dijo que creía que lo habían abandonado cuando los fiscales cerraban el cerco sobre la familia Bonanno.
"Iban a dejar a mi esposa y a mis hijos en la calle", dijo. Desde su posición en la sala del tribunal, Massino se arrellanó en la silla y suspiró, como si Vitale hubiera hecho algo prohibido.
Si se dio cuenta de la pequeña conmoción, no lo hizo notar. "Es por eso que decidí hacer lo que estoy haciendo hoy", dijo.
Se ha confesado culpable en once asesinatos y accedió a prestar testimonio para el gobierno a cambio de indulgencia.
El abogado de Massino, David Breitbart, dijo que atacará a Vitale por mentiroso y por ser un asesino.
Mientras hacía gala ante Andres de su enciclopédico conocimiento de la familia mafiosa, Vitale se mostró tranquilo. En un traje a la medida, con su cabello salpicado de canas peinado hacia atrás ordenadamente, describió los asesinatos, intrigas y planes del modo en que un contable hablaría de pérdidas y beneficios.
Tomó notes, declaró, sobre los miembros de la mafia en la ciudad y las entregó a los fiscales. Conocía los movimientos de Massino de los últimos 25 años, porque Massino se los contaba. Sabía todo de las posiciones de Massino en el mundo de la mafia, donde los hombres juran guardar los secretos.
Ayer Salvatore Vitale empezó a contar al jurado lo que él sabía.
29 de junio de 2004
17 de enero de 2005
©new york times
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candomblé gana fieles
[Michael Astor] Religión brasileña prohibida en el pasado tiene cada vez más seguidores. Esclavos africanos llevaron a Brasil sus propias religiones, como el candomblé, que incluye sacrificios animales.
Belford Roxo, Brasil. Más allá de las fachadas de las iglesias y terrazas en el arenoso lado norte de Río, donde termina el asfalto y empiezan los caminos de tierra, Brasil se transforma en a África.
El sonido de los atabaques', o tambores africanos, se eleva en el aire de la noche desde una casa de ladrillos ilegal, y un tenor canta a todo pulmón invocaciones en la antigua lengua yoruba de Nigeria.
Dentro, niños algo aburridos juegan tranquilos mientras las mujeres con faldas desordenadas bailan en círculo, cantando para invocar a los orixas, los dioses adorados por sus ancestros africanos.
Este es el candomblé, una religión que en el pasado estuvo prohibida en Brasil y que ahora gana aceptación pública, superando una competencia feroz y a veces violenta.
Llevada a Brasil por esclavos africanos, religiones como el candomblé, tambor de mina, batuque y umbanda se han practicado durante mucho tiempo en secreto, con sus deidades disfrazadas de santos católicos. La diosa del mar Imanya, por ejempo, se transformó en la Virgen María.
Incluso después de que se aboliera la esclavitud en 1888, el candomblé siguió siendo considerado primitivo, si no blasfemo -terreno de los pobres y desposeídos.
Ahora las religiones afro-brasileñas están floreciendo en todo Brasil, incluso entre la clase media. "El candomblé sigue creciendo porque la gente está buscando apoyo espiritual. Están siempre yendo de iglesia en iglesia, pero cuando se ponen serios con el candomblé, se transforma en un asunto de la familia", dice la Madre Eliana, que dirige unos 4.000 terreiros', o templos candomblé en Río.
"Se están abriendo nuevos terreiros. Es imposible llevar la cuenta de todos", dijo Ricardo Oliveira de Freitas, un investigador asociado al Instituto Superior de Estudios Religiosos, un laboratorio ideológico de Río.
La oposición más fuerte proviene de las iglesias evangélicas, que también están creciendo rápidamente en el tradicionalmente católico Brasil.
Desde los años ochenta, los evangélicos han atacado físicamente los terreiros, lanzándoles piedras y realizando ruidosas protestas a las puertas de los templos.
Los predicadores los reprueban, especialmente su sacrificios rituales de animales de granja, calificándoles de obras del demonio.
Los sacrificios de animales son difíciles de ignorar.
Las ofrendas de sangre y de partes del cuerpo de los animales se ven normalmente en las esquinas de la calle. Algunos creen que los ataques de los evangélicos han fortalecido el candomblé.
En 2002, los seguidores del candomblé ganaron dos juicios por difamación contra la Iglesia Universal del Reino de Dios, que publicó fotos de ellos en su diarios diciendo que estaban poseídos por el demonio.
"Con los juicios, los seguidores del candomblé empezaron a descubrir que tienen derechos garantizados por la Constitución. Este fue un poderoso mensaje al pueblo, que durante años tuvo que disfrazar su religión", dijo José Marmo da Silva de Ato Ire, un grupo que trabaja distribuyendo información sanitaria en los terreiros.
El antropólogo Raúl Ludy, autor de libros sobre el candomblé, dice que los evangélicos han cambiado de tácticas: "En lugar de atacar el candomblé, algunas iglesias están incorporando algunos elementos del culto en sus servicios -no los rituales complejos, pero sí elementos que son familiares para los que se han criado en la religión".
Freitas, investigador, dice que los centros de candomblé tienen un atractivo social del que carecen muchas iglesias.
"En los terreiros la gente come, coquetea y corteja. Es una religión que celebra la vida", dijo. No tienen problemas en aceptar a los homosexuales, las prostitutas y otros que son marginados por las iglesias más importantes.
Brasil se ha presentado durante mucho tiempo como una sociedad multicultural, pero en los últimos años se ha dado cuenta de la mitad de piel más clara de la población de 182 millones de habitantes controla la mayor parte de la riqueza y poder de la nación.
En la década pasada el movimiento de derechos civiles para los negros ha estado exigiendo beneficios tales como cuotas raciales en las universidades, contratos, empleo y en la televisión y en roles de películas.
Silva dijo que muchos terreiros desempeñan una función, sirviendo como centros de la conciencia negra donde la gente se informa sobre salud, educación y derechos civiles.
Pero algunos se preocupan de que la creciente popularidad del candomblé lo distancie de sus raíces. "Un montón de gente sigue una clase y se declaran maestros", dice la Madre Eliana.
"Pero abrir un terreiro es una obligación seria. Hacemos un montón de cosas, como sacrificios de animales y escarificaciones rituales, que asustan a la gente. Tenemos que preparar a la gente para que entiendan por qué lo hacemos".
2 de enero de 2005
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Belford Roxo, Brasil. Más allá de las fachadas de las iglesias y terrazas en el arenoso lado norte de Río, donde termina el asfalto y empiezan los caminos de tierra, Brasil se transforma en a África.El sonido de los atabaques', o tambores africanos, se eleva en el aire de la noche desde una casa de ladrillos ilegal, y un tenor canta a todo pulmón invocaciones en la antigua lengua yoruba de Nigeria.
Dentro, niños algo aburridos juegan tranquilos mientras las mujeres con faldas desordenadas bailan en círculo, cantando para invocar a los orixas, los dioses adorados por sus ancestros africanos.
Este es el candomblé, una religión que en el pasado estuvo prohibida en Brasil y que ahora gana aceptación pública, superando una competencia feroz y a veces violenta.
Llevada a Brasil por esclavos africanos, religiones como el candomblé, tambor de mina, batuque y umbanda se han practicado durante mucho tiempo en secreto, con sus deidades disfrazadas de santos católicos. La diosa del mar Imanya, por ejempo, se transformó en la Virgen María.
Incluso después de que se aboliera la esclavitud en 1888, el candomblé siguió siendo considerado primitivo, si no blasfemo -terreno de los pobres y desposeídos.
Ahora las religiones afro-brasileñas están floreciendo en todo Brasil, incluso entre la clase media. "El candomblé sigue creciendo porque la gente está buscando apoyo espiritual. Están siempre yendo de iglesia en iglesia, pero cuando se ponen serios con el candomblé, se transforma en un asunto de la familia", dice la Madre Eliana, que dirige unos 4.000 terreiros', o templos candomblé en Río.
"Se están abriendo nuevos terreiros. Es imposible llevar la cuenta de todos", dijo Ricardo Oliveira de Freitas, un investigador asociado al Instituto Superior de Estudios Religiosos, un laboratorio ideológico de Río.
La oposición más fuerte proviene de las iglesias evangélicas, que también están creciendo rápidamente en el tradicionalmente católico Brasil.
Desde los años ochenta, los evangélicos han atacado físicamente los terreiros, lanzándoles piedras y realizando ruidosas protestas a las puertas de los templos.
Los predicadores los reprueban, especialmente su sacrificios rituales de animales de granja, calificándoles de obras del demonio.
Los sacrificios de animales son difíciles de ignorar.
Las ofrendas de sangre y de partes del cuerpo de los animales se ven normalmente en las esquinas de la calle. Algunos creen que los ataques de los evangélicos han fortalecido el candomblé.
En 2002, los seguidores del candomblé ganaron dos juicios por difamación contra la Iglesia Universal del Reino de Dios, que publicó fotos de ellos en su diarios diciendo que estaban poseídos por el demonio.
"Con los juicios, los seguidores del candomblé empezaron a descubrir que tienen derechos garantizados por la Constitución. Este fue un poderoso mensaje al pueblo, que durante años tuvo que disfrazar su religión", dijo José Marmo da Silva de Ato Ire, un grupo que trabaja distribuyendo información sanitaria en los terreiros.
El antropólogo Raúl Ludy, autor de libros sobre el candomblé, dice que los evangélicos han cambiado de tácticas: "En lugar de atacar el candomblé, algunas iglesias están incorporando algunos elementos del culto en sus servicios -no los rituales complejos, pero sí elementos que son familiares para los que se han criado en la religión".
Freitas, investigador, dice que los centros de candomblé tienen un atractivo social del que carecen muchas iglesias.
"En los terreiros la gente come, coquetea y corteja. Es una religión que celebra la vida", dijo. No tienen problemas en aceptar a los homosexuales, las prostitutas y otros que son marginados por las iglesias más importantes.
Brasil se ha presentado durante mucho tiempo como una sociedad multicultural, pero en los últimos años se ha dado cuenta de la mitad de piel más clara de la población de 182 millones de habitantes controla la mayor parte de la riqueza y poder de la nación.
En la década pasada el movimiento de derechos civiles para los negros ha estado exigiendo beneficios tales como cuotas raciales en las universidades, contratos, empleo y en la televisión y en roles de películas.
Silva dijo que muchos terreiros desempeñan una función, sirviendo como centros de la conciencia negra donde la gente se informa sobre salud, educación y derechos civiles.
Pero algunos se preocupan de que la creciente popularidad del candomblé lo distancie de sus raíces. "Un montón de gente sigue una clase y se declaran maestros", dice la Madre Eliana.
"Pero abrir un terreiro es una obligación seria. Hacemos un montón de cosas, como sacrificios de animales y escarificaciones rituales, que asustan a la gente. Tenemos que preparar a la gente para que entiendan por qué lo hacemos".
2 de enero de 2005
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
victoria de las elecciones en café
[Anthony Shadid] En la intersección del nuevo y del viejo Iraq, lo que importa es la votación misma.
Bagdad, Iraq. En Shahbandar, un célebre café de Bagdad cuyo nombre evoca un tiempo (el pasado) y un ambiente (el intelectual), tres hombres se sentaron a fumar cigarrillos y a matar el tiempo bebiendo un azucarado té el jueves y debatieron sobre lo que significan las elecciones venideras para un país golpeado por tres décadas de tiranía, guerra y amargas desilusiones.
"Ir a votar es una victoria para el pueblo iraquí", dijo Ali Danif, 45, escritor.
"Las elecciones son más importantes que los candidatos", insistió Jamal Karim, su locuaz amigo.
Para no quedarse atrás, un sonriente Suheil Yassin intervino diciendo: "Mi deseo es morir en la puerta de uno de los locales de votación", una expresión que era deliberadamente dramática. "Quiero ser el mártir de las urnas".
Las primeras elecciones competitivas de Iraq en décadas son un asunto torpemente contenido. La violencia acecha ominosamente el proceso, que terminará con la elección de un nuevo parlamento el 30 de enero. Los nombres de los candidatos no han sido publicados, por temor a que sean asesinados. Las manifestaciones son pocas, los carteles son a menudo despegados y casi nadie conoce algún programa electoral, mucho menos sus candidatos.
Pero en Shahbandar, un café de más un siglo que ha sido durante largo tiempo el corazón intelectual de esta fatigada ciudad, donde hombres con desgastadas chaquetas de traje y jerseyes se reúnen a debatir en pequeños círculos, hay un marcado optimismo sobre lo que significan las elecciones para la gente que anhela un cambio decisivo después de casi dos años de ocupación. Para muchos de los hombres reunidos aquí, sentados debajo de retratos de la historia de Bagdad, las elecciones son más importantes que los candidatos.
"Sin elecciones, habrá tiranía", dijo Kadhim Hassan, 37, escritor.
La luz al fin de la mañana bañaba el atiborrado café con un suave brillo y Hassan estaba sentado en una angosta banca de madera. Calificó la votación de "momento histórico", luego su cara adquirió una expresión adusta. "La guerra y los desastres", dijo, sacudiendo la cabeza -para eso son buenos los iraquíes.
"Ahora la mayoría de la gente cree que están viviendo en la oscuridad", dijo Hassan. "Es hora de salir a la luz".
Shahbandar, con su tejado abovedado y sus paredes de ladrillos, es un artefacto de lo que alguien podría llamar una época más civilizada de Bagdad, antes de que las conversaciones giraran sobre los secuestros que se han transformado en una epidemia, antes de las frustraciones con la electricidad que aún no mejora, antes de las quejas sobre las colas en las gasolineras que se extienden por kilómetros y duran ya más de un mes.
Viejas pipas de agua están ordenadas en hileras, junto con samovares y jarras de bronce acumulando polvo. Afuera está la conejera de librerías a lo largo de la calle de Mutanabi, llamada según un sabio del siglo 10, cuyas palabras todavía son recitadas de memoria por casi todos los árabes. En la esquina está la Qushla, la sede en Bagdad del gobierno otomano, que cayó en la Primera Guerra Mundial. Fue en esa época que el café fue renovado y llamado oficialmente con el nombre de sus antiguos dueños, quienes comenzaron a atraer a los hombres de letras de la ciudad.
Shahbandar no tiene mesas de backgammon, naipes ni dominós, el equipaje de la mayoría de los cafés árabes. En su lugar hay conversaciones -un buen montón-, especialmente al mediodía, cuando el espacio en los sofás es limitado y las colillas de cigarrillos se apilan en el suelo.
"No me convencen las elecciones", declara Abdel-Rahman Abbas, 60, ex empleado municipal con un cuidado mostacho y una chaqueta deportiva azul. "Los americanos pueden hacer lo que quieran, y ya tomaron una decisión".
Abbas estaba preocupado. Compartía el cinismo de muchos sobre los más importantes partidos políticos iraquíes, la mayoría de los cuales operaban en el exilio durante el régimen de Saddam Hussein. Dijo que pensaba que las elecciones sólo intensificarían las divisiones sectarias que, a pesar de las provocaciones, todavía no habían estallado. Y expresó una nostalgia evocada a menudo: En su mente, la monarquía que cayó en 1958 sería un gobierno tan bueno como cualquiera.
"No es más que un juego", dijo.
Pero Abbas es una voz solitaria. No es que los otros pensaran que las elecciones serán pacíficas; pocos son los que no predicen la violencia. Pero muchos de los escritores, críticos literarios e intelectuales parecían estar diciendo que el precio valía la pena de pagar.
Para los más entusiastas en Shahbandar, el ambiente recordaba otros momentos críticos en Bagdad desde la invasión norteamericana de marzo de 2003: El optimismo aumentaba en cada momento decisivo, anunciado como un nuevo comienzo, incluso si resultaba ser de corta duración.
"Si hubieran hecho las elecciones primero, no tendríamos la situación que tenemos ahora", dijo Heidar Mohammed, 37, vendedor de libros. "Si hubiera habido elecciones, la gente habría aceptado al gobierno desde el principio".
Un barbudo con una abultada mochila distribuyó octavillas entre los parroquianos. Una decía: "Hacia un Iraq democrático, unido y justo". Detrás de él había un vendedor de diarios pregonando sus mercaderías: "¡Lea el diario! ¡150 dinares!" Uno de los titulares anunciaba los daños causados el miércoles por la explosión de tres coches-bomba en Mosul, la tercera ciudad del país.
"Un país no progresa sin hacer sacrificios", dijo Mohammed.
Mencionó la guerra de Irán-Iraq y la batalla de 1988 para recuperar la península de Faw en el Golfo Pérsico. Murieron miles, dijo, "en nombre de la locura de Saddam. Si perdemos 100 o 200 personas como mártires de las elecciones, el sacrificio valdrá la pena".
"Es el precio que tenemos que pagar", agregó Mohammed Thamer, poeta. "No tenemos alternativa, no hay solución".
Junto a la puerta del café, chocan el pasado y el futuro de Iraq. En las paredes adentro hay fotografías de la historia de Iraq: el equipo de lucha con los torsos desnudos de 1936, la corte del Rey Faisal después de la Primera Guerra Mundial, el funeral del Rey Ghazi en 1939. Afuera, los carteles de la campaña electoral con promesas como: "Elecciones son seguridad y estabilidad". "Iraq primero", dice otro.
Danif, Karim y Yassin, amigos que se reúnen todos los jueves en el café, sonrieron cuando hablaron sobre la votación. Como otros, saben poco de los candidatos, los partidos o sus programas. Pero celebran lo que significan las elecciones.
"En política no confío en nadie", dijo Karim, 48. "Sólo confío en el pueblo iraquí".
Yassin sorbió de su té, luego habló
"Con las elecciones", dijo, "se pasarán las páginas del régimen totalitario y nunca volverán a ser abiertas".
La embajada norteamericana ha hecho esfuerzos por limitar su participación pública en las elecciones, y los militares norteamericanos, que desplegarán sus 150.000 tropas durante las elecciones, se mantendrán alejados de los colegios electorales. Dado el nivel de descontento y escepticismo sobre Estados Unidos en Iraq, puede ser la mejor manera de asegurar la legitimidad de las elecciones.
"A veces cuando los norteamericanos dicen Buenos días', nos ponemos desconfiados", dijo Yassin, crítico literario.
Pero no había nada de la furiosa indignación sobre la ocupación mostrada a menudo en lugares como Ciudad Sáder, leal al clérigo militante chií, o en barrios predominantemente sunníes, como Adhamiyah. En lugar de eso, los tres hombres dijeron que esperarían.
"Terminará, tarde o temprano", dijo Yassin. "Lo dice la historia".
En las paredes hay fotografías de una ocupación anterior: la entrada en Bagdad en 1917 del general de división británico Stanley Maude a la cabeza del ejército que había derrotado a los otomanos, el pontón que construyó en el Tigris, un puesto militar británico de 1923. Maude murió en la guerra; Iraq no alcanzó la independencia sino en 1932.
"Los norteamericanos se marcharán", dijo Karim. "Se marcharán como otros que ocuparon Iraq, tarde o temprano".
Entretanto, los tres hombres dijeron que tenían esperanzas.
"Tengo optimismo, mil por ciento", exclamó Danif.
Karim asintió. "Yo soy dos veces más optimista", dijo.
Yassin sonrió. "Soy optimista, pero sé que habría obstáculos y dificultades". Asintió con los otros y dijo: "Es sólo el principio".
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
"Ir a votar es una victoria para el pueblo iraquí", dijo Ali Danif, 45, escritor.
"Las elecciones son más importantes que los candidatos", insistió Jamal Karim, su locuaz amigo.
Para no quedarse atrás, un sonriente Suheil Yassin intervino diciendo: "Mi deseo es morir en la puerta de uno de los locales de votación", una expresión que era deliberadamente dramática. "Quiero ser el mártir de las urnas".
Las primeras elecciones competitivas de Iraq en décadas son un asunto torpemente contenido. La violencia acecha ominosamente el proceso, que terminará con la elección de un nuevo parlamento el 30 de enero. Los nombres de los candidatos no han sido publicados, por temor a que sean asesinados. Las manifestaciones son pocas, los carteles son a menudo despegados y casi nadie conoce algún programa electoral, mucho menos sus candidatos.
Pero en Shahbandar, un café de más un siglo que ha sido durante largo tiempo el corazón intelectual de esta fatigada ciudad, donde hombres con desgastadas chaquetas de traje y jerseyes se reúnen a debatir en pequeños círculos, hay un marcado optimismo sobre lo que significan las elecciones para la gente que anhela un cambio decisivo después de casi dos años de ocupación. Para muchos de los hombres reunidos aquí, sentados debajo de retratos de la historia de Bagdad, las elecciones son más importantes que los candidatos.
"Sin elecciones, habrá tiranía", dijo Kadhim Hassan, 37, escritor.
La luz al fin de la mañana bañaba el atiborrado café con un suave brillo y Hassan estaba sentado en una angosta banca de madera. Calificó la votación de "momento histórico", luego su cara adquirió una expresión adusta. "La guerra y los desastres", dijo, sacudiendo la cabeza -para eso son buenos los iraquíes.
"Ahora la mayoría de la gente cree que están viviendo en la oscuridad", dijo Hassan. "Es hora de salir a la luz".
Shahbandar, con su tejado abovedado y sus paredes de ladrillos, es un artefacto de lo que alguien podría llamar una época más civilizada de Bagdad, antes de que las conversaciones giraran sobre los secuestros que se han transformado en una epidemia, antes de las frustraciones con la electricidad que aún no mejora, antes de las quejas sobre las colas en las gasolineras que se extienden por kilómetros y duran ya más de un mes.
Viejas pipas de agua están ordenadas en hileras, junto con samovares y jarras de bronce acumulando polvo. Afuera está la conejera de librerías a lo largo de la calle de Mutanabi, llamada según un sabio del siglo 10, cuyas palabras todavía son recitadas de memoria por casi todos los árabes. En la esquina está la Qushla, la sede en Bagdad del gobierno otomano, que cayó en la Primera Guerra Mundial. Fue en esa época que el café fue renovado y llamado oficialmente con el nombre de sus antiguos dueños, quienes comenzaron a atraer a los hombres de letras de la ciudad.
Shahbandar no tiene mesas de backgammon, naipes ni dominós, el equipaje de la mayoría de los cafés árabes. En su lugar hay conversaciones -un buen montón-, especialmente al mediodía, cuando el espacio en los sofás es limitado y las colillas de cigarrillos se apilan en el suelo.
"No me convencen las elecciones", declara Abdel-Rahman Abbas, 60, ex empleado municipal con un cuidado mostacho y una chaqueta deportiva azul. "Los americanos pueden hacer lo que quieran, y ya tomaron una decisión".
Abbas estaba preocupado. Compartía el cinismo de muchos sobre los más importantes partidos políticos iraquíes, la mayoría de los cuales operaban en el exilio durante el régimen de Saddam Hussein. Dijo que pensaba que las elecciones sólo intensificarían las divisiones sectarias que, a pesar de las provocaciones, todavía no habían estallado. Y expresó una nostalgia evocada a menudo: En su mente, la monarquía que cayó en 1958 sería un gobierno tan bueno como cualquiera.
"No es más que un juego", dijo.
Pero Abbas es una voz solitaria. No es que los otros pensaran que las elecciones serán pacíficas; pocos son los que no predicen la violencia. Pero muchos de los escritores, críticos literarios e intelectuales parecían estar diciendo que el precio valía la pena de pagar.
Para los más entusiastas en Shahbandar, el ambiente recordaba otros momentos críticos en Bagdad desde la invasión norteamericana de marzo de 2003: El optimismo aumentaba en cada momento decisivo, anunciado como un nuevo comienzo, incluso si resultaba ser de corta duración.
"Si hubieran hecho las elecciones primero, no tendríamos la situación que tenemos ahora", dijo Heidar Mohammed, 37, vendedor de libros. "Si hubiera habido elecciones, la gente habría aceptado al gobierno desde el principio".
Un barbudo con una abultada mochila distribuyó octavillas entre los parroquianos. Una decía: "Hacia un Iraq democrático, unido y justo". Detrás de él había un vendedor de diarios pregonando sus mercaderías: "¡Lea el diario! ¡150 dinares!" Uno de los titulares anunciaba los daños causados el miércoles por la explosión de tres coches-bomba en Mosul, la tercera ciudad del país.
"Un país no progresa sin hacer sacrificios", dijo Mohammed.
Mencionó la guerra de Irán-Iraq y la batalla de 1988 para recuperar la península de Faw en el Golfo Pérsico. Murieron miles, dijo, "en nombre de la locura de Saddam. Si perdemos 100 o 200 personas como mártires de las elecciones, el sacrificio valdrá la pena".
"Es el precio que tenemos que pagar", agregó Mohammed Thamer, poeta. "No tenemos alternativa, no hay solución".
Junto a la puerta del café, chocan el pasado y el futuro de Iraq. En las paredes adentro hay fotografías de la historia de Iraq: el equipo de lucha con los torsos desnudos de 1936, la corte del Rey Faisal después de la Primera Guerra Mundial, el funeral del Rey Ghazi en 1939. Afuera, los carteles de la campaña electoral con promesas como: "Elecciones son seguridad y estabilidad". "Iraq primero", dice otro.
Danif, Karim y Yassin, amigos que se reúnen todos los jueves en el café, sonrieron cuando hablaron sobre la votación. Como otros, saben poco de los candidatos, los partidos o sus programas. Pero celebran lo que significan las elecciones.
"En política no confío en nadie", dijo Karim, 48. "Sólo confío en el pueblo iraquí".
Yassin sorbió de su té, luego habló
"Con las elecciones", dijo, "se pasarán las páginas del régimen totalitario y nunca volverán a ser abiertas".
La embajada norteamericana ha hecho esfuerzos por limitar su participación pública en las elecciones, y los militares norteamericanos, que desplegarán sus 150.000 tropas durante las elecciones, se mantendrán alejados de los colegios electorales. Dado el nivel de descontento y escepticismo sobre Estados Unidos en Iraq, puede ser la mejor manera de asegurar la legitimidad de las elecciones.
"A veces cuando los norteamericanos dicen Buenos días', nos ponemos desconfiados", dijo Yassin, crítico literario.
Pero no había nada de la furiosa indignación sobre la ocupación mostrada a menudo en lugares como Ciudad Sáder, leal al clérigo militante chií, o en barrios predominantemente sunníes, como Adhamiyah. En lugar de eso, los tres hombres dijeron que esperarían.
"Terminará, tarde o temprano", dijo Yassin. "Lo dice la historia".
En las paredes hay fotografías de una ocupación anterior: la entrada en Bagdad en 1917 del general de división británico Stanley Maude a la cabeza del ejército que había derrotado a los otomanos, el pontón que construyó en el Tigris, un puesto militar británico de 1923. Maude murió en la guerra; Iraq no alcanzó la independencia sino en 1932.
"Los norteamericanos se marcharán", dijo Karim. "Se marcharán como otros que ocuparon Iraq, tarde o temprano".
Entretanto, los tres hombres dijeron que tenían esperanzas.
"Tengo optimismo, mil por ciento", exclamó Danif.
Karim asintió. "Yo soy dos veces más optimista", dijo.
Yassin sonrió. "Soy optimista, pero sé que habría obstáculos y dificultades". Asintió con los otros y dijo: "Es sólo el principio".
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
tropas dañan babilonia
Tropas norteamericanas han dañado Babilonia, según el Museo Británico.
Londres, Reino Unido. Tropas norteamericanas que utilizan como base la antigua ciudad iraquí de Babilonia han causado daños y contaminado artefactos que datan de miles de años en uno de los más importantes sitios arqueológicos del mundo, declaró el sábado el Museo Británico.
Por ejemplo, vehículos militares aplastaron un camino de adoquines de 2.600 años de antigüedad, y los fragmentos arqueológicos, incluyendo adoquines quebrados con el sello del Rey Nabucodonosor II, quedaron desparramados por el sitio, dice un informe del museo. Los dragones de la Puerta de Ishtar fueron desfigurados por fisuras y hendiduras cuando alguien trató de despojarlos de sus ladrillos decorativos, dice el informe.
John Curtis, curador del departamento del Lejano Oriente del Museo Británico, que fue invitado por los iraquíes a estudiar el sitio, dijo en el informe: "Es lo mismo que establecer un campamento militar en los alrededores de la Gran Pirámide de Egipto, o en torno a Stonehenge en Gran Bretaña".
Reconoció que al principio la presencia norteamericana protegió el sitio de los saqueadores. Pero obras posteriores -incluyendo el cubrimiento de extensas áreas con grava para instalar estacionamientos y pistas de aterrizaje de helicópteros- fueron perjudiciales, dijo.
En una entrevista el sábado con Television News de la Associated Pres, el ministro iraquí de Cultura, Mufid al-Jazairi, dijo: "Pensaba que la ciudad arqueológica de Babilonia había sufrido daños, pero no sé exactamente qué tanto es el daño".
Las ruinas de Babilonia han sido ocupadas desde los primeros días de la invasión por los marines norteamericanos y, más recientemente, por soldados polacos y de otros países. Babilonia se encuentra a 80 kilómetros al sur de Bagdad.
Un portavoz militar polaco en Iraq, el teniente coronel Artur Domansky, dijo que las tropas estaban colaborando con las autoridades iraquíes en sus esfuerzos por proteger el sitio. "He pedido a nuestros arqueólogos que preparen una respuesta específica a las acusaciones, pero tengo que darle tiempo", dijo.
Los principales sitios de la ciudad -la Puerta de Ishtar, las ruinas de Babilonia y el Palacio de Nabucodonosor- se encuentran en un área apartada del perímetro del campamento, y son administrados por funcionarios iraquíes como un parque arqueológico pagado.
Militares norteamericanos dicen que todas las obras en el terreno han sido paralizadas y que están considerando reubicar a las tropas para proteger las ruinas.
El teniente coronel Steven Boylan, un portavoz militar norteamericano, dijo que todas las obras de ingeniería eran discutidas con el director del museo de Babilonia. "Un arqueólogo estudió todos los proyectos de construcción para medir su impacto sobre las ruinas históricas", dijo.
16 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
Londres, Reino Unido. Tropas norteamericanas que utilizan como base la antigua ciudad iraquí de Babilonia han causado daños y contaminado artefactos que datan de miles de años en uno de los más importantes sitios arqueológicos del mundo, declaró el sábado el Museo Británico.Por ejemplo, vehículos militares aplastaron un camino de adoquines de 2.600 años de antigüedad, y los fragmentos arqueológicos, incluyendo adoquines quebrados con el sello del Rey Nabucodonosor II, quedaron desparramados por el sitio, dice un informe del museo. Los dragones de la Puerta de Ishtar fueron desfigurados por fisuras y hendiduras cuando alguien trató de despojarlos de sus ladrillos decorativos, dice el informe.
John Curtis, curador del departamento del Lejano Oriente del Museo Británico, que fue invitado por los iraquíes a estudiar el sitio, dijo en el informe: "Es lo mismo que establecer un campamento militar en los alrededores de la Gran Pirámide de Egipto, o en torno a Stonehenge en Gran Bretaña".
Reconoció que al principio la presencia norteamericana protegió el sitio de los saqueadores. Pero obras posteriores -incluyendo el cubrimiento de extensas áreas con grava para instalar estacionamientos y pistas de aterrizaje de helicópteros- fueron perjudiciales, dijo.
En una entrevista el sábado con Television News de la Associated Pres, el ministro iraquí de Cultura, Mufid al-Jazairi, dijo: "Pensaba que la ciudad arqueológica de Babilonia había sufrido daños, pero no sé exactamente qué tanto es el daño".
Las ruinas de Babilonia han sido ocupadas desde los primeros días de la invasión por los marines norteamericanos y, más recientemente, por soldados polacos y de otros países. Babilonia se encuentra a 80 kilómetros al sur de Bagdad.
Un portavoz militar polaco en Iraq, el teniente coronel Artur Domansky, dijo que las tropas estaban colaborando con las autoridades iraquíes en sus esfuerzos por proteger el sitio. "He pedido a nuestros arqueólogos que preparen una respuesta específica a las acusaciones, pero tengo que darle tiempo", dijo.
Los principales sitios de la ciudad -la Puerta de Ishtar, las ruinas de Babilonia y el Palacio de Nabucodonosor- se encuentran en un área apartada del perímetro del campamento, y son administrados por funcionarios iraquíes como un parque arqueológico pagado.
Militares norteamericanos dicen que todas las obras en el terreno han sido paralizadas y que están considerando reubicar a las tropas para proteger las ruinas.
El teniente coronel Steven Boylan, un portavoz militar norteamericano, dijo que todas las obras de ingeniería eran discutidas con el director del museo de Babilonia. "Un arqueólogo estudió todos los proyectos de construcción para medir su impacto sobre las ruinas históricas", dijo.
16 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
victoria de las elecciones en café
[Anthony Shadid] En la intersección del nuevo y del viejo Iraq, lo que importa es la votación misma.
Bagdad, Iraq. En Shahbandar, un célebre café de Bagdad cuyo nombre evoca un tiempo (el pasado) y un ambiente (el intelectual), tres hombres se sentaron a fumar cigarrillos y a matar el tiempo bebiendo un azucarado té el jueves y debatieron sobre lo que significan las elecciones venideras para un país golpeado por tres décadas de tiranía, guerra y amargas desilusiones.
"Ir a votar es una victoria para el pueblo iraquí", dijo Ali Danif, 45, escritor.
"Las elecciones son más importantes que los candidatos", insistió Jamal Karim, su locuaz amigo.
Para no quedarse atrás, un sonriente Suheil Yassin intervino diciendo: "Mi deseo es morir en la puerta de uno de los locales de votación", una expresión que era deliberadamente dramática. "Quiero ser el mártir de las urnas".
Las primeras elecciones competitivas de Iraq en décadas son un asunto torpemente contenido. La violencia acecha ominosamente el proceso, que terminará con la elección de un nuevo parlamento el 30 de enero. Los nombres de los candidatos no han sido publicados, por temor a que sean asesinados. Las manifestaciones son pocas, los carteles son a menudo despegados y casi nadie conoce algún programa electoral, mucho menos sus candidatos.
Pero en Shahbandar, un café de más un siglo que ha sido durante largo tiempo el corazón intelectual de esta fatigada ciudad, donde hombres con desgastadas chaquetas de traje y jerseyes se reúnen a debatir en pequeños círculos, hay un marcado optimismo sobre lo que significan las elecciones para la gente que anhela un cambio decisivo después de casi dos años de ocupación. Para muchos de los hombres reunidos aquí, sentados debajo de retratos de la historia de Bagdad, las elecciones son más importantes que los candidatos.
"Sin elecciones, habrá tiranía", dijo Kadhim Hassan, 37, escritor.
La luz al fin de la mañana bañaba el atiborrado café con un suave brillo y Hassan estaba sentado en una angosta banca de madera. Calificó la votación de "momento histórico", luego su cara adquirió una expresión adusta. "La guerra y los desastres", dijo, sacudiendo la cabeza -para eso son buenos los iraquíes.
"Ahora la mayoría de la gente cree que están viviendo en la oscuridad", dijo Hassan. "Es hora de salir a la luz".
Shahbandar, con su tejado abovedado y sus paredes de ladrillos, es un artefacto de lo que alguien podría llamar una época más civilizada de Bagdad, antes de que las conversaciones giraran sobre los secuestros que se han transformado en una epidemia, antes de las frustraciones con la electricidad que aún no mejora, antes de las quejas sobre las colas en las gasolineras que se extienden por kilómetros y duran ya más de un mes.
Viejas pipas de agua están ordenadas en hileras, junto con samovares y jarras de bronce acumulando polvo. Afuera está la conejera de librerías a lo largo de la calle de Mutanabi, llamada según un sabio del siglo 10, cuyas palabras todavía son recitadas de memoria por casi todos los árabes. En la esquina está la Qushla, la sede en Bagdad del gobierno otomano, que cayó en la Primera Guerra Mundial. Fue en esa época que el café fue renovado y llamado oficialmente con el nombre de sus antiguos dueños, quienes comenzaron a atraer a los hombres de letras de la ciudad.
Shahbandar no tiene mesas de backgammon, naipes ni dominós, el equipaje de la mayoría de los cafés árabes. En su lugar hay conversaciones -un buen montón-, especialmente al mediodía, cuando el espacio en los sofás es limitado y las colillas de cigarrillos se apilan en el suelo.
"No me convencen las elecciones", declara Abdel-Rahman Abbas, 60, ex empleado municipal con un cuidado mostacho y una chaqueta deportiva azul. "Los americanos pueden hacer lo que quieran, y ya tomaron una decisión".
Abbas estaba preocupado. Compartía el cinismo de muchos sobre los más importantes partidos políticos iraquíes, la mayoría de los cuales operaban en el exilio durante el régimen de Saddam Hussein. Dijo que pensaba que las elecciones sólo intensificarían las divisiones sectarias que, a pesar de las provocaciones, todavía no habían estallado. Y expresó una nostalgia evocada a menudo: En su mente, la monarquía que cayó en 1958 sería un gobierno tan bueno como cualquiera.
"No es más que un juego", dijo.
Pero Abbas es una voz solitaria. No es que los otros pensaran que las elecciones serán pacíficas; pocos son los que no predicen la violencia. Pero muchos de los escritores, críticos literarios e intelectuales parecían estar diciendo que el precio valía la pena de pagar.
Para los más entusiastas en Shahbandar, el ambiente recordaba otros momentos críticos en Bagdad desde la invasión norteamericana de marzo de 2003: El optimismo aumentaba en cada momento decisivo, anunciado como un nuevo comienzo, incluso si resultaba ser de corta duración.
"Si hubieran hecho las elecciones primero, no tendríamos la situación que tenemos ahora", dijo Heidar Mohammed, 37, vendedor de libros. "Si hubiera habido elecciones, la gente habría aceptado al gobierno desde el principio".
Un barbudo con una abultada mochila distribuyó octavillas entre los parroquianos. Una decía: "Hacia un Iraq democrático, unido y justo". Detrás de él había un vendedor de diarios pregonando sus mercaderías: "¡Lea el diario! ¡150 dinares!" Uno de los titulares anunciaba los daños causados el miércoles por la explosión de tres coches-bomba en Mosul, la tercera ciudad del país.
"Un país no progresa sin hacer sacrificios", dijo Mohammed.
Mencionó la guerra de Irán-Iraq y la batalla de 1988 para recuperar la península de Faw en el Golfo Pérsico. Murieron miles, dijo, "en nombre de la locura de Saddam. Si perdemos 100 o 200 personas como mártires de las elecciones, el sacrificio valdrá la pena".
"Es el precio que tenemos que pagar", agregó Mohammed Thamer, poeta. "No tenemos alternativa, no hay solución".
Junto a la puerta del café, chocan el pasado y el futuro de Iraq. En las paredes adentro hay fotografías de la historia de Iraq: el equipo de lucha con los torsos desnudos de 1936, la corte del Rey Faisal después de la Primera Guerra Mundial, el funeral del Rey Ghazi en 1939. Afuera, los carteles de la campaña electoral con promesas como: "Elecciones son seguridad y estabilidad". "Iraq primero", dice otro.
Danif, Karim y Yassin, amigos que se reúnen todos los jueves en el café, sonrieron cuando hablaron sobre la votación. Como otros, saben poco de los candidatos, los partidos o sus programas. Pero celebran lo que significan las elecciones.
"En política no confío en nadie", dijo Karim, 48. "Sólo confío en el pueblo iraquí".
Yassin sorbió de su té, luego habló
"Con las elecciones", dijo, "se pasarán las páginas del régimen totalitario y nunca volverán a ser abiertas".
La embajada norteamericana ha hecho esfuerzos por limitar su participación pública en las elecciones, y los militares norteamericanos, que desplegarán sus 150.000 tropas durante las elecciones, se mantendrán alejados de los colegios electorales. Dado el nivel de descontento y escepticismo sobre Estados Unidos en Iraq, puede ser la mejor manera de asegurar la legitimidad de las elecciones.
"A veces cuando los norteamericanos dicen Buenos días', nos ponemos desconfiados", dijo Yassin, crítico literario.
Pero no había nada de la furiosa indignación sobre la ocupación mostrada a menudo en lugares como Ciudad Sáder, leal al clérigo militante chií, o en barrios predominantemente sunníes, como Adhamiyah. En lugar de eso, los tres hombres dijeron que esperarían.
"Terminará, tarde o temprano", dijo Yassin. "Lo dice la historia".
En las paredes hay fotografías de una ocupación anterior: la entrada en Bagdad en 1917 del general de división británico Stanley Maude a la cabeza del ejército que había derrotado a los otomanos, el pontón que construyó en el Tigris, un puesto militar británico de 1923. Maude murió en la guerra; Iraq no alcanzó la independencia sino en 1932.
"Los norteamericanos se marcharán", dijo Karim. "Se marcharán como otros que ocuparon Iraq, tarde o temprano".
Entretanto, los tres hombres dijeron que tenían esperanzas.
"Tengo optimismo, mil por ciento", exclamó Danif.
Karim asintió. "Yo soy dos veces más optimista", dijo.
Yassin sonrió. "Soy optimista, pero sé que habría obstáculos y dificultades". Asintió con los otros y dijo: "Es sólo el principio".
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
"Ir a votar es una victoria para el pueblo iraquí", dijo Ali Danif, 45, escritor.
"Las elecciones son más importantes que los candidatos", insistió Jamal Karim, su locuaz amigo.
Para no quedarse atrás, un sonriente Suheil Yassin intervino diciendo: "Mi deseo es morir en la puerta de uno de los locales de votación", una expresión que era deliberadamente dramática. "Quiero ser el mártir de las urnas".
Las primeras elecciones competitivas de Iraq en décadas son un asunto torpemente contenido. La violencia acecha ominosamente el proceso, que terminará con la elección de un nuevo parlamento el 30 de enero. Los nombres de los candidatos no han sido publicados, por temor a que sean asesinados. Las manifestaciones son pocas, los carteles son a menudo despegados y casi nadie conoce algún programa electoral, mucho menos sus candidatos.
Pero en Shahbandar, un café de más un siglo que ha sido durante largo tiempo el corazón intelectual de esta fatigada ciudad, donde hombres con desgastadas chaquetas de traje y jerseyes se reúnen a debatir en pequeños círculos, hay un marcado optimismo sobre lo que significan las elecciones para la gente que anhela un cambio decisivo después de casi dos años de ocupación. Para muchos de los hombres reunidos aquí, sentados debajo de retratos de la historia de Bagdad, las elecciones son más importantes que los candidatos.
"Sin elecciones, habrá tiranía", dijo Kadhim Hassan, 37, escritor.
La luz al fin de la mañana bañaba el atiborrado café con un suave brillo y Hassan estaba sentado en una angosta banca de madera. Calificó la votación de "momento histórico", luego su cara adquirió una expresión adusta. "La guerra y los desastres", dijo, sacudiendo la cabeza -para eso son buenos los iraquíes.
"Ahora la mayoría de la gente cree que están viviendo en la oscuridad", dijo Hassan. "Es hora de salir a la luz".
Shahbandar, con su tejado abovedado y sus paredes de ladrillos, es un artefacto de lo que alguien podría llamar una época más civilizada de Bagdad, antes de que las conversaciones giraran sobre los secuestros que se han transformado en una epidemia, antes de las frustraciones con la electricidad que aún no mejora, antes de las quejas sobre las colas en las gasolineras que se extienden por kilómetros y duran ya más de un mes.
Viejas pipas de agua están ordenadas en hileras, junto con samovares y jarras de bronce acumulando polvo. Afuera está la conejera de librerías a lo largo de la calle de Mutanabi, llamada según un sabio del siglo 10, cuyas palabras todavía son recitadas de memoria por casi todos los árabes. En la esquina está la Qushla, la sede en Bagdad del gobierno otomano, que cayó en la Primera Guerra Mundial. Fue en esa época que el café fue renovado y llamado oficialmente con el nombre de sus antiguos dueños, quienes comenzaron a atraer a los hombres de letras de la ciudad.
Shahbandar no tiene mesas de backgammon, naipes ni dominós, el equipaje de la mayoría de los cafés árabes. En su lugar hay conversaciones -un buen montón-, especialmente al mediodía, cuando el espacio en los sofás es limitado y las colillas de cigarrillos se apilan en el suelo.
"No me convencen las elecciones", declara Abdel-Rahman Abbas, 60, ex empleado municipal con un cuidado mostacho y una chaqueta deportiva azul. "Los americanos pueden hacer lo que quieran, y ya tomaron una decisión".
Abbas estaba preocupado. Compartía el cinismo de muchos sobre los más importantes partidos políticos iraquíes, la mayoría de los cuales operaban en el exilio durante el régimen de Saddam Hussein. Dijo que pensaba que las elecciones sólo intensificarían las divisiones sectarias que, a pesar de las provocaciones, todavía no habían estallado. Y expresó una nostalgia evocada a menudo: En su mente, la monarquía que cayó en 1958 sería un gobierno tan bueno como cualquiera.
"No es más que un juego", dijo.
Pero Abbas es una voz solitaria. No es que los otros pensaran que las elecciones serán pacíficas; pocos son los que no predicen la violencia. Pero muchos de los escritores, críticos literarios e intelectuales parecían estar diciendo que el precio valía la pena de pagar.
Para los más entusiastas en Shahbandar, el ambiente recordaba otros momentos críticos en Bagdad desde la invasión norteamericana de marzo de 2003: El optimismo aumentaba en cada momento decisivo, anunciado como un nuevo comienzo, incluso si resultaba ser de corta duración.
"Si hubieran hecho las elecciones primero, no tendríamos la situación que tenemos ahora", dijo Heidar Mohammed, 37, vendedor de libros. "Si hubiera habido elecciones, la gente habría aceptado al gobierno desde el principio".
Un barbudo con una abultada mochila distribuyó octavillas entre los parroquianos. Una decía: "Hacia un Iraq democrático, unido y justo". Detrás de él había un vendedor de diarios pregonando sus mercaderías: "¡Lea el diario! ¡150 dinares!" Uno de los titulares anunciaba los daños causados el miércoles por la explosión de tres coches-bomba en Mosul, la tercera ciudad del país.
"Un país no progresa sin hacer sacrificios", dijo Mohammed.
Mencionó la guerra de Irán-Iraq y la batalla de 1988 para recuperar la península de Faw en el Golfo Pérsico. Murieron miles, dijo, "en nombre de la locura de Saddam. Si perdemos 100 o 200 personas como mártires de las elecciones, el sacrificio valdrá la pena".
"Es el precio que tenemos que pagar", agregó Mohammed Thamer, poeta. "No tenemos alternativa, no hay solución".
Junto a la puerta del café, chocan el pasado y el futuro de Iraq. En las paredes adentro hay fotografías de la historia de Iraq: el equipo de lucha con los torsos desnudos de 1936, la corte del Rey Faisal después de la Primera Guerra Mundial, el funeral del Rey Ghazi en 1939. Afuera, los carteles de la campaña electoral con promesas como: "Elecciones son seguridad y estabilidad". "Iraq primero", dice otro.
Danif, Karim y Yassin, amigos que se reúnen todos los jueves en el café, sonrieron cuando hablaron sobre la votación. Como otros, saben poco de los candidatos, los partidos o sus programas. Pero celebran lo que significan las elecciones.
"En política no confío en nadie", dijo Karim, 48. "Sólo confío en el pueblo iraquí".
Yassin sorbió de su té, luego habló
"Con las elecciones", dijo, "se pasarán las páginas del régimen totalitario y nunca volverán a ser abiertas".
La embajada norteamericana ha hecho esfuerzos por limitar su participación pública en las elecciones, y los militares norteamericanos, que desplegarán sus 150.000 tropas durante las elecciones, se mantendrán alejados de los colegios electorales. Dado el nivel de descontento y escepticismo sobre Estados Unidos en Iraq, puede ser la mejor manera de asegurar la legitimidad de las elecciones.
"A veces cuando los norteamericanos dicen Buenos días', nos ponemos desconfiados", dijo Yassin, crítico literario.
Pero no había nada de la furiosa indignación sobre la ocupación mostrada a menudo en lugares como Ciudad Sáder, leal al clérigo militante chií, o en barrios predominantemente sunníes, como Adhamiyah. En lugar de eso, los tres hombres dijeron que esperarían.
"Terminará, tarde o temprano", dijo Yassin. "Lo dice la historia".
En las paredes hay fotografías de una ocupación anterior: la entrada en Bagdad en 1917 del general de división británico Stanley Maude a la cabeza del ejército que había derrotado a los otomanos, el pontón que construyó en el Tigris, un puesto militar británico de 1923. Maude murió en la guerra; Iraq no alcanzó la independencia sino en 1932.
"Los norteamericanos se marcharán", dijo Karim. "Se marcharán como otros que ocuparon Iraq, tarde o temprano".
Entretanto, los tres hombres dijeron que tenían esperanzas.
"Tengo optimismo, mil por ciento", exclamó Danif.
Karim asintió. "Yo soy dos veces más optimista", dijo.
Yassin sonrió. "Soy optimista, pero sé que habría obstáculos y dificultades". Asintió con los otros y dijo: "Es sólo el principio".
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
coalición chií no quiere asustar
[Doug Struck y Bassam Sebti] Algunos dicen que la coalición implantará un gobierno al estilo iraní.
Bagdad, Iraq. La coalición de partidos chiíes que se espera que gane la mayoría de los escaños en Iraq el 30 de enero trató de sábado de desechar los temores de que instale en el país un gobierno al estilo iraní. La coalición insistió en que es un movimiento nacionalista que incluirá a todos los grupos.
"Esta no es una competencia entre sunníes y chiíes. No tenemos ninguna intención de formar un estado islámico o religioso en Iraq, o un estado chií o un gobierno al estilo iraní", dijo Mowaffak Rubaie, uno de los líderes de la coalición en una rueda de prensa para mitigar las preocupaciones de la minoría musulmana sunní de Iraq sobre lo que ocurrirá si los chiíes, largo tiempo oprimidos, acceden al poder.
Los líderes hablaron cuando la comisión electoral iraquí anunciaba procedimientos para seguir adelante con los comicios nacionales, a pesar de llamados de líderes sunníes a aplazar la votación debido a la persistente violencia en el país.
En un esfuerzo por prevenir los atentados, los coches particulares no serán permitidos en las calles en los tres días previos a la votación, dijeron funcionarios de la comisión. Dijeron que todo ciudadano en las dos áreas turbulentas que se siente demasiado intimidado como para inscribirse podrá inscribirse y votar el día mismo de las elecciones. Y prometieron que los resultados preliminares serán dados a conocer un día después de los comicios.
"Estas elecciones serán históricas", dijo Abdul Hussein Hindawi, el director de la comisión electoral. "Ya comenzó la cuenta regresiva".
El período de la cuenta regresiva, sin embargo, ha sido repetidas veces estropeada por la violencia. Un marine norteamericano murió el sábado en Babil, al sur de Bagdad, aunque las autoridades estadounidenses se ha negado a entregar detalles sobre la muerte del militar. Proyectiles de mortero estallaron el sábado cerca del enclave de la Zona Verde en Bagdad central, un convoy norteamericano sufrió el impacto de una bomba improvisada en una calle al oeste de Bagdad y un edificio del gobierno local en Ramadi fue impactado por proyectiles, de acuerdo a informes locales y testigos.
Un grupo militante islámico, el Ejército de Ansar al-Sunna, reclamó responsabilidad por el secuestro de 15 guardias nacionales iraquíes desde un autobús el viernes cerca de la ciudad de Hit. Nada se sabe sobre su destino.
"Vuestros hermanos muyahedines montaron una emboscada... y los cobardes se rindieron. Con la ayuda de Dios se capturaron a 15 guardias paganos, y requisaron sus armas", declaró el grupo en su página web.
Los militantes que se oponen a las elecciones han incrementado sus ataques y advertido a los iraquíes que no se acerquen a los colegios electorales. Funcionarios electorales iraquíes han dicho que la policía, comandos del ejército y la Guardia Nacional tratará de montar un círculo de seguridad en torno a los colegios, manteniendo alertas a las fuerzas multinacionales encabezadas por Estados Unidos para posibles respaldos.
El general de brigada norteamericano Carter Ham, cuyo mando incluye a las tropas norteamericanas en la agitada ciudad norteña de Mosul, juró el sábado que restaurará suficiente orden allí como para que las elecciones tengan lugar. De acuerdo a informes desde Mosul, las milicias que controlan parte de la ciudad han matado o amenazado a candidatos y trabajadores de la campaña y paralizado las preparaciones de las elecciones.
"Las elecciones tendrán lugar", dijo Ham en una rueda de prensa en Bagdad. "No será fácil, pero tendrán lugar. Hay esperanzas para la gente del norte de Iraq".
Los sunníes del norte y centro de Iraq, que representan un 20 por ciento de la población, votarán probablemente en bajos números debido a las amenazas. Un participación sunní disminuida probablemente incrementará el poder de los candidatos políticos chiíes a los 275 escaños de la Asamblea Nacional.
Los principales partidos chiíes han formado una coalición paraguas encabezada por Absul Azis Hakim, un clérigo con estrechos lazos con el régimen chií de Irán. Esos vínculos llevaron a muchos votantes sunníes a llamar la lista de candidatos la "lista iraní" y hay amplias especulaciones sobre la influencia iraní en el próximo gobierno.
La posibilidad inquieta hace tiempo a funcionarios norteamericanos. En abril de 2003, el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld dijo: "No permitiremos que la minoría estridente que clama transformar Iraq en un reflejo de Irán tenga éxito. No permitiremos que la transición democrática del pueblo iraquí sea tomada de rehén por los que quieren instalar alguna forma de dictadura".
Los chiíes, que comprenden un 60 por ciento de la población, y los partidos chiíes son ahora aliados de Estados Unidos en su oposición a los rebeldes que amenazan con descarrilar las elecciones.
"Como los chiíes somos la mayoría, la democracia nos conviene", dijo Abel Abdul Mahdi, miembro de la coalición chií y actual ministro de Finanzas. "No queremos un estado islámico, o un estado chií. Queremos un estado democrático".
Rubaie dijo que los iraquíes deben elegir entre la democracia y gente como "Osama bin Laden y Saddam Hussein y Zarqawi [el extremista jordano], que están llamando al pueblo iraquí a no tomar parte en las elecciones".
El intento de desalojar a los militantes de Al Qaeda de Zarqawu de Faluya hace tres meses causó una extensa devastación de la ciudad, principalmente debido a los bombardeos norteamericanos. El gobierno iraquí comenzó el sábado a pagar indemnizaciones a los habitantes que huyeron de Faluya y han permanecido en Bagdad. Pero el intento causó confusión y quejas.
"¿Qué haces con 150.000 dinares?", protestó Waleed Ahmed Qaisi, 46, cuya casa fue prácticamente destruida durante la operación militar. "¿Con este dinero voy a reconstruir mi casa o pagar el hotel, o comprarme ropa?"
Khalida Ahmed, 55, madre de siete hijos, dijo que necesitaba urgentemente el dinero. La familia perdió al jefe de familia durante el bombardeo norteamericano de Faluya hace tres meses. Cuando empezó una nueva operación militar, Ahmed decidió trasladarse a Bagdad, donde alojó en un cuarto de las antiguas barracas de la Fuerza Aérea Iraquí, que ahora alberga a mucha gente sin casa.
"Debe ser un chiste del gobierno", dijo Ahmed. "No este dinero no me alcanza ni para pagar el transporte a Faluya. Pero no tengo alternativas; tengo que aceptarlo, porque lo necesito".
Jackie Spinner en Baghdad contribuyó a este reportaje.
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. La coalición de partidos chiíes que se espera que gane la mayoría de los escaños en Iraq el 30 de enero trató de sábado de desechar los temores de que instale en el país un gobierno al estilo iraní. La coalición insistió en que es un movimiento nacionalista que incluirá a todos los grupos."Esta no es una competencia entre sunníes y chiíes. No tenemos ninguna intención de formar un estado islámico o religioso en Iraq, o un estado chií o un gobierno al estilo iraní", dijo Mowaffak Rubaie, uno de los líderes de la coalición en una rueda de prensa para mitigar las preocupaciones de la minoría musulmana sunní de Iraq sobre lo que ocurrirá si los chiíes, largo tiempo oprimidos, acceden al poder.
Los líderes hablaron cuando la comisión electoral iraquí anunciaba procedimientos para seguir adelante con los comicios nacionales, a pesar de llamados de líderes sunníes a aplazar la votación debido a la persistente violencia en el país.
En un esfuerzo por prevenir los atentados, los coches particulares no serán permitidos en las calles en los tres días previos a la votación, dijeron funcionarios de la comisión. Dijeron que todo ciudadano en las dos áreas turbulentas que se siente demasiado intimidado como para inscribirse podrá inscribirse y votar el día mismo de las elecciones. Y prometieron que los resultados preliminares serán dados a conocer un día después de los comicios.
"Estas elecciones serán históricas", dijo Abdul Hussein Hindawi, el director de la comisión electoral. "Ya comenzó la cuenta regresiva".
El período de la cuenta regresiva, sin embargo, ha sido repetidas veces estropeada por la violencia. Un marine norteamericano murió el sábado en Babil, al sur de Bagdad, aunque las autoridades estadounidenses se ha negado a entregar detalles sobre la muerte del militar. Proyectiles de mortero estallaron el sábado cerca del enclave de la Zona Verde en Bagdad central, un convoy norteamericano sufrió el impacto de una bomba improvisada en una calle al oeste de Bagdad y un edificio del gobierno local en Ramadi fue impactado por proyectiles, de acuerdo a informes locales y testigos.
Un grupo militante islámico, el Ejército de Ansar al-Sunna, reclamó responsabilidad por el secuestro de 15 guardias nacionales iraquíes desde un autobús el viernes cerca de la ciudad de Hit. Nada se sabe sobre su destino.
"Vuestros hermanos muyahedines montaron una emboscada... y los cobardes se rindieron. Con la ayuda de Dios se capturaron a 15 guardias paganos, y requisaron sus armas", declaró el grupo en su página web.
Los militantes que se oponen a las elecciones han incrementado sus ataques y advertido a los iraquíes que no se acerquen a los colegios electorales. Funcionarios electorales iraquíes han dicho que la policía, comandos del ejército y la Guardia Nacional tratará de montar un círculo de seguridad en torno a los colegios, manteniendo alertas a las fuerzas multinacionales encabezadas por Estados Unidos para posibles respaldos.
El general de brigada norteamericano Carter Ham, cuyo mando incluye a las tropas norteamericanas en la agitada ciudad norteña de Mosul, juró el sábado que restaurará suficiente orden allí como para que las elecciones tengan lugar. De acuerdo a informes desde Mosul, las milicias que controlan parte de la ciudad han matado o amenazado a candidatos y trabajadores de la campaña y paralizado las preparaciones de las elecciones.
"Las elecciones tendrán lugar", dijo Ham en una rueda de prensa en Bagdad. "No será fácil, pero tendrán lugar. Hay esperanzas para la gente del norte de Iraq".
Los sunníes del norte y centro de Iraq, que representan un 20 por ciento de la población, votarán probablemente en bajos números debido a las amenazas. Un participación sunní disminuida probablemente incrementará el poder de los candidatos políticos chiíes a los 275 escaños de la Asamblea Nacional.
Los principales partidos chiíes han formado una coalición paraguas encabezada por Absul Azis Hakim, un clérigo con estrechos lazos con el régimen chií de Irán. Esos vínculos llevaron a muchos votantes sunníes a llamar la lista de candidatos la "lista iraní" y hay amplias especulaciones sobre la influencia iraní en el próximo gobierno.
La posibilidad inquieta hace tiempo a funcionarios norteamericanos. En abril de 2003, el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld dijo: "No permitiremos que la minoría estridente que clama transformar Iraq en un reflejo de Irán tenga éxito. No permitiremos que la transición democrática del pueblo iraquí sea tomada de rehén por los que quieren instalar alguna forma de dictadura".
Los chiíes, que comprenden un 60 por ciento de la población, y los partidos chiíes son ahora aliados de Estados Unidos en su oposición a los rebeldes que amenazan con descarrilar las elecciones.
"Como los chiíes somos la mayoría, la democracia nos conviene", dijo Abel Abdul Mahdi, miembro de la coalición chií y actual ministro de Finanzas. "No queremos un estado islámico, o un estado chií. Queremos un estado democrático".
Rubaie dijo que los iraquíes deben elegir entre la democracia y gente como "Osama bin Laden y Saddam Hussein y Zarqawi [el extremista jordano], que están llamando al pueblo iraquí a no tomar parte en las elecciones".
El intento de desalojar a los militantes de Al Qaeda de Zarqawu de Faluya hace tres meses causó una extensa devastación de la ciudad, principalmente debido a los bombardeos norteamericanos. El gobierno iraquí comenzó el sábado a pagar indemnizaciones a los habitantes que huyeron de Faluya y han permanecido en Bagdad. Pero el intento causó confusión y quejas.
"¿Qué haces con 150.000 dinares?", protestó Waleed Ahmed Qaisi, 46, cuya casa fue prácticamente destruida durante la operación militar. "¿Con este dinero voy a reconstruir mi casa o pagar el hotel, o comprarme ropa?"
Khalida Ahmed, 55, madre de siete hijos, dijo que necesitaba urgentemente el dinero. La familia perdió al jefe de familia durante el bombardeo norteamericano de Faluya hace tres meses. Cuando empezó una nueva operación militar, Ahmed decidió trasladarse a Bagdad, donde alojó en un cuarto de las antiguas barracas de la Fuerza Aérea Iraquí, que ahora alberga a mucha gente sin casa.
"Debe ser un chiste del gobierno", dijo Ahmed. "No este dinero no me alcanza ni para pagar el transporte a Faluya. Pero no tengo alternativas; tengo que aceptarlo, porque lo necesito".
Jackie Spinner en Baghdad contribuyó a este reportaje.
16 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
capitalista a regañadientes
[Susan B. Glasser] El vendedor y su país han pagado un alto precio por la estabilidad.
Nizhny Novgorod, Rusia. Alexander Markus sacudió la cabeza cuando miraba dos cajas idénticas con ropa interior masculina.
Este es su negocio ahora, y ha aprendido demasiado bien la diferencia entre los calzoncillos que se venden y esos que, como los dos modelos rusos que ha examinado en su bodega, no se venderán. "Demasiado caro", dijo. "Mal empaquetado". Y se encogió de hombros. Es "trivial", dijo, repitiendo una palabra que usa al menos una docena de veces al día, "pero tengo que comer".
En el pasado, Markus estudió física avanzada y fue reclutado para trabajar en una planta de investigación nuclear soviética ultra secreta. Hoy, es un capitalista a regañadientes en un país todavía incómodo con las fuerzas del mercado que se liberaron con la caída del comunismo. "Renunciaría mañana mismo, con gusto", dijo. "Los negocios para hacer negocios no me han interesado nunca".
En el caníbal mundo de los negocios rusos, la trivialidad de la vida de Markus representa una especie de victoria, un producto de la tentativa estabilidad que reina en Rusia bajo el presidente Vladimir Putin. "Antes, no tenía sentido tener propiedades porque las perdías todas", dijo Markus. "Ahora hay algunas reglas que hasta las autoridades obedecen".
Pero su fe en el sistema -en cualquier sistema- desapareció a lo largo de la estridente, violenta y torcida ruta que precedió su tranquila vida como vendedor de corpiños y bañadores. El negocio de Markus es un reflejo de su país: A cambio de estabilidad, los rusos dieron carta blanca a su presidente y son indiferentes a las intrigas del Kremlin que hacen de esta una época de incertidumbre sobre el futuro del comercio ruso.
La carrera de Markus, contada durante varios días de entrevistas con él, su familia, amigos y colegas, describe el arco del capitalismo ruso. En los años ochenta acogió la empresa libre y flirteó con la idea de ser un disidente. En los noventa aprendió duramente lo que llama irónicamente "los negocios rusos" -mafiosos armados que se apoderaron de su primera tienda, empleados corruptos que hicieron quebrar el banco con el que hacía negocios, compañías occidentales que prometían pero cuyos productos no eran lo que parecían.
Sólo ahora, gracias a los bragas polacas y calcetines turcos y a la relativa prosperidad de Putin, tiene Markus algún grado de seguridad económica. A los 38 ha levantado una cadena de seis tiendas en esta ciudad industrial junto al Río Volga. Da empleo a 50 personas, mantiene a tres hijos y juega juegos de ordenador en la oficina porque su trabajo no presenta ninguna dificultad para alguien que esperaba ser físico nuclear.
"En resumen", dijo, "me aburro".
Hace tiempo que Markus dejó de creer en los demócratas y ahora le "dan ganas de vomitar porque son como todos los demás". Dice que cree que el sistema está dominado por burócratas "parásitos" y oligarcas codiciosos como Mikhail Khodorkovsky, el magnate del petróleo encarcelado cuya compañía, Yukos, está siendo demolida por el estado como parte del intento de Putin de concentrar el poder en el Kremlin.
Markus es uno de los millones que votaron por Putin que están dispuestos a aceptar un sistema más autoritario como el precio de una vida más previsible. Sin embargo, no es un creyente incondicional de las promesas de la Rusia de Putin.
Cuando conducía a través de las averiadas calles de Nizhny Novgorod, Markus indicó con un gesto el nuevo centro comercial en manos de unos grandes almacenes turcos. "Todavía no tenemos que vernóslas con estos gigantes. Es por eso que podemos vivir", dijo. Pronto, explicó, tendrá que ampliar sus negocios para hacer frente a la competencia. Pero Markus tiene miedo de transformarse en lo que desprecia: un capitalista como Khodorkovsky, que hace dinero "parándome la espalda de mis vecinos" y vulnerable a la manipulación del estado, o algo todavía peor.
Así Markus sigue siendo un escéptico, un escepticismo que ganó a punta de pistola. "Una rica experiencia en este país me dice que la verdadera estabilidad sólo se alcanza después de la muerte", dijo. Y no estaba bromeando.
Pocas Reglas, Grandes Riesgos
"No quiero escupir en el espejo por las mañanas", dijo Markus, discutiendo de buen humor con su mejor amigo, Valera Nakaryakov, de vuelta para visitarlo después de haber emigrado hace más de diez años.
Nakaryakov estaba ansioso de culpar el "salvaje capitalismo" de Rusia por los muchos reveses que ha sufrido Markus. Él había considerado tomar el mismo camino. "Tuve que tomar una decisión muy pensada: o meterme en negocios aquí, o emigrar", dijo. "Me marché". Hoy, Nakaryakov es un ciudadano británico, un prominente y joven físico espacial en la Universidad de Warwick, que tiene más de 58 publicaciones académicas en su currículum. Es consultor de la NASA y la Agencia Especial Europea, y sus últimos descubrimientos son tema de entusiastas notas de la prensa.
Bebiendo una cerveza cerca de las aulas donde en el pasado eran inseparables, Nakaryakov le dijo a su amigo que siempre lo vería como un capitalista involuntario.
"Te obligaron a meterte en los negocios", dijo. "Lo hiciste contra tu voluntad".
En realidad, fue la política -la única cosa con la que coqueteó Markus- la que lo puso en el camino de transformarse en un vendedor de ropa interior.
Fue en 1989, y al joven físico conocido como Sasha por sus amigos le faltaba un mes para terminar sus estudios. A él y Nakaryakov -ambos casados y con hijas- les esperaban prestigiosos trabajos en Arzamas-16, la cercana planta nuclear secreta. Pero Nizhny Novgorod, en esa época todavía una ciudad industrial militar llamada Gorky, hervía de activistas que esperaban emular al científico nuclear disidente Andrei Sakharov, que pasó la mayor parte de los años ochenta en el exilio aquí. "Entonces éramos todos demócratas", recordó Markus.
"Todo se estaba derrumbando", dijo Markus. "Me quería sentir como un disidente y ayudé a echarlo abajo completamente". Ese Primero de Mayo se unió a los manifestantes en el desfile anual de los trabajadores gritando lemas en pro de la democracia. La policía los detuvo. "La gente estaba contenta, estábamos todos cantando canciones revolucionarias. Incluso en la cárcel estábamos contentos", dijo.
Los profesores partidarios de la causa no pudieron silenciar el escándalo de la detención. A Markus no le permitieron terminar los estudios, y Nakaryakov y otros amigos perdieron los trabajos prometidos en Arzamas-16. "Encontraron una oveja negra en el grupo, así que decidieron que nadie saldría libre", dijo Markus.
No sabía qué hacer hasta que un amigo "me dio un dato de que había una palabra llamado negocio'" y lo conectó con un grupo que compraba ordenadores a bajo precio en Moscú y los vendía a precios más altos en Nizhny. Markus se transformó en el director técnico porque él "al menos había visto un ordenador antes". Se ganaba mucho dinero. "Todos los negocios tenían éxito en esa época", recordó. "No había reglas del juego en el nuevo mercado -ni en el país- y la actitud era lo que se gana fácil, se gasta fácil'".
Nunca fue una persona que gustara de los grupos, así que Markus decidió iniciar sus propios negocios. "Estaba aprendiendo", dijo. "Más tarde me di cuenta de que no importa lo que vendas, provisto que no se trate de personas, drogas o armas".
Pero era confuso. Estaba excitado con el dinero que nunca tuvo antes y rodeado de nuevos y dudosos amigos del mundo del comercio gris. Su matrimonio se derrumbó en 1991, cuando se disolvió la Unión Soviética. "Se metió en negocios y así es como comenzó a hundirse", dijo su primera esposa, Anna Mariniechenko. "La gente empezó a tener un dinero que no habían tenido nunca antes; era la época de las fiestas. Muchos rusos quedaron en la bancarrota en esa época".
Para entonces, el nombre de Nizhny Novgorod había sido recuperado y las autoridades imaginaron un futuro comercial para la ciudad basándose en su propia historia como un cruce comercial entre los ríos Volga y Oka.
Markus abrió una modesta pulpería en la calle de Gorky. Pero pronto los bandidos comenzaron a cebarse en propietarios como él, exigiendo dinero de protección. Markus dormía en casa con una nueva esposa y un rifle de caza. Una noche de 1993 los pistoleros entraron a su apartamento y exigieron que les entregara la tienda. "Pusieron una pistola contra mi esposa, y por supuesto les di la tienda", dijo.
Cuando fue a su tienda a suplicar que se la devolvieran, un gángster le hizo una proposición diferente, pidiéndole a Markus que trabajara en su banco. Aceptó y aprendió desde dentro el funcionamiento de los llamados bancos que proliferaron en los años noventa, haciendo las veces de escondites y operaciones de lavado de dinero para unos pocos colegas bien conectados.
En apariencia él estaba ahí para controlar las garantías de pago de los que obtenían préstamos. "Pero resultó que nadie lo necesitaba. Todos los bancos daban crédito exclusivamente sobre la base de la amistad o por órdenes directas de los dueños", recordó Markus. En 1995 el banco explotó en lo que era una "quiebra fraudulenta".
Encontró trabajo en una importante firma agrícola que vendía frutas, y la odió de inmediato. Su segunda esposa lo dejó. Después del desastre del banco, "tanto los maleantes como la policía empezaron a perseguirme", recordó. Los policías le encontraron primero, y pasó un mes en la cárcel convenciéndoles de que él era simplemente un testigo, no un implicado, de los delitos del banco.
Fue entonces que Markus prestó por primera vez atención al mundo de los calcetines, medias y ropa interior, iniciando varias pequeñas tiendas. Encontró un proveedor en Moscú e importó mercaderías turcas baratas. Pero los negocios no marchaban bien. En 1997 los socios de Markus lo dejaron y se encontró a sí mismo con una deuda de 10.000 dólares.
Llegaron mensajeros amenazándolo, exigiendo dinero. Markus no tenía modo de pagar y, como dijo irónicamente, "ellos no podían hacer nada, excepto matarme, y si me mataban, se quedarían sin nada".
Luego la firma de Moscú envió a un imponente atleta llamado Oleg Gavryuchenkov a "impresionarme". Gavryuchenkov, que dijo que debía su formidable físico a años de water polo, se negó a comentar su primer encuentro con Markus. Interrogado sobre los negocios en los que estaba involucrado entonces, replicó con una modesta sonrisa: "Gente que tenía problemas en los negocios -nosotros resolvíamos esos problemas".
Al principio Markus trató de reunir dinero trabajando para una firma francesa que vendía suplementos alimentarios. Pero incluso esta compañía, descubrió, hacía trucos. A pesar de la larga lista de ingredientes mencionados en los suplementos, "la mayoría de ellos no se hallaban en los productos", dijo.
Después de tres meses se rindió y se dirigió a Moscú a pagar su deuda trabajando directamente para la empresa turca importadora. Era la primavera de 1998.
"Me transformé en un esclavo", dijo.
La economía rusa se fundió ese agosto. El negocio, junto a decenas de miles de otros más, se fue a la ruina cuando la devaluación del rublo hizo que el coste de las cosas importadas se hiciera prohibitivo. En la crisis, sin embargo, Markus vio una oportunidad. Había decidido que Gavryuchenkov, el corpulento cobrador, era un tipo decente, y los dos hicieron una propuesta a la gerencia de la firma. Venderían las existencias de la compañía a precios de mercado al por mayor en el terreno del estadio Luzhniki de Moscú.
Y así, ese otoño, Markus aprendió lo que era levantarse a las cuatro de la mañana para un duro día de trabajo y descargar los restos de la compañía. Incluso después de todo lo que había pasado, las brutales leyes del mercado fueron una revelación. "Luzhniki es un lugar donde puedes ganar 2.000 o 3.000 dólares al día, y perder 5.000 o 10.000", dijo. "No es un modo de vida muy humano".
A fines de 1998, Markus tenía suficiente dinero y calcetines turcos como para volver a casa y empezar un nuevo negocio. El primer eslabón de lo que sería su modesta cadena fue una esquina alquilada en una tienda de alimentación. Había espacio para sólo un soporte de calcetines. Pero Markus le dio a la empresa un nombre grandioso: European Tricotage'.
Después de todo lo que le había pasado antes, vender ropa interior era difícilmente lo peor que pudo pasar a Markus. "Fue un placer", dijo, "traer a la gente un poco de belleza".
Cauto Optimismo
Markus estaba examinando Número Uno', su primera tienda en la Plaza de la Libertad. Era el clímax de la temporada de bañadores, dos asistentes de ventas estaban ocupados con clientes y él miró las ordenadas perchas de camisetas rebajadas impresas llamativamente con nombres de marcas como Nike, Polo, Donna Karan y Dolce & Gabbana.
"Todos saben qué son y no tratamos de ocultarlo", dijo. "Las marcas verdaderas son completamente inaccesibles para la gente que compra en nuestras tiendas".
Cada año durante los últimos cinco, los negocios de Markus han crecido. Número Uno' ha sido siempre su tienda que mejor funciona; el volumen ahora es de más de 20.000 dólares al mes. Los gángsteres ya no se aparecen exigiendo dinero. "El último ofrecimiento de protección me lo hicieron hace cuatro años. Y rechazamos con gran placer", dijo Markus. European Tricotages es ahora un nombre conocido, y vende también al por mayor. Hace poco hizo su primer viaje de negocios a Turquía.
Presionado por sus clientes ansiosos de normalizar' los negocios, Markus decidió hace un año incluso abrir una cuenta bancaria de la compañía, un gran paso después de años de operar sólo con dinero contante.
Pero Markus hoy es todavía solamente un miembro de lo que el director de la asociación de pequeños empresarios rusos llama el "proletariado comercial". Está visiblemente estresado, un fantasma barbudo cuyas ropas se le caen del cuerpo. Come rara vez durante el día, manteniéndose con café y cigarrillos. No tiene coche ni teléfono móvil. Su modesto apartamento, donde vive con su tercera esposa, su hija de 10 años y su hijo de 12, le cuesta 300 dólares al mes.
El sueño de la ciudad capitalista modelo en el Volga se ha esfumado hace mucho; Nizhny Novgorod hoy no está ni siquiera entre las diez primeras regiones de la inversión extranjera. Las compras promedio en las tiendas de Markus son de 7 dólares. Los dependientes de Markus trabajan a comisión, y se llevan a casa unos 100 dólares al mes durante los períodos flojos.
La agobiante mano de los burócratas, o chinovniki' en ruso, es un problema constante. "El señor Chinovnik es un parásito para gente como yo", dijo. Normalmente, deja en manos de su hermano Maksim, ingeniero civil de profesión, la tarea de solucionar dolores de cabeza como la multa de 85 dólares que están tratando de anular por tener mala la hora en la caja. "Nos pusieron la multa y les dijimos: No vamos a pagar, llévennos a juicio'", recordó Maksim. "Pero los inspectores de impuestos dijeron: No, tú nos llevas a juicio'. Llevar a un inspector de impuestos a juicio es mala para el futuro. Eso entendimos".
"Durante 1.500 años", dijo, "el gobierno nos acusa de vivir en Rusia".
Y, sin embargo, a veces, Markus es cautelosamente optimista, y tiene planes de abrir unos almacenes en Moscú y ampliar sus negocios al por mayor. "Estamos empezando el proceso en el que la gente piensa en el mañana", dijo. "Durante diez años para nosotros fue muy difícil hacer planes. Teníamos tantos problemas. Pero ahora me gustaría hacer algunos planes".
Ve su pequeño imperio de ropa interior como un refugio en el que protegerse de Rusia, donde trabaja rodeado de un pequeño círculo de amigos en los que confía, como su hermano Maksim, su compañero de infancia Dima y su primo Sergei. No tiene planes de meterse en política, no en grupos comerciales ni en proyectos de acción cívica de ningún tipo.
"Como muchos de mi generación hace mucho tiempo me aparté del estado y estoy viviendo en el mundo que más me gusta", dijo. "Toda persona que se mete en negocios, construye su propio estado".
21 de diciembre de 2004
15 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Este es su negocio ahora, y ha aprendido demasiado bien la diferencia entre los calzoncillos que se venden y esos que, como los dos modelos rusos que ha examinado en su bodega, no se venderán. "Demasiado caro", dijo. "Mal empaquetado". Y se encogió de hombros. Es "trivial", dijo, repitiendo una palabra que usa al menos una docena de veces al día, "pero tengo que comer".
En el pasado, Markus estudió física avanzada y fue reclutado para trabajar en una planta de investigación nuclear soviética ultra secreta. Hoy, es un capitalista a regañadientes en un país todavía incómodo con las fuerzas del mercado que se liberaron con la caída del comunismo. "Renunciaría mañana mismo, con gusto", dijo. "Los negocios para hacer negocios no me han interesado nunca".
En el caníbal mundo de los negocios rusos, la trivialidad de la vida de Markus representa una especie de victoria, un producto de la tentativa estabilidad que reina en Rusia bajo el presidente Vladimir Putin. "Antes, no tenía sentido tener propiedades porque las perdías todas", dijo Markus. "Ahora hay algunas reglas que hasta las autoridades obedecen".
Pero su fe en el sistema -en cualquier sistema- desapareció a lo largo de la estridente, violenta y torcida ruta que precedió su tranquila vida como vendedor de corpiños y bañadores. El negocio de Markus es un reflejo de su país: A cambio de estabilidad, los rusos dieron carta blanca a su presidente y son indiferentes a las intrigas del Kremlin que hacen de esta una época de incertidumbre sobre el futuro del comercio ruso.
La carrera de Markus, contada durante varios días de entrevistas con él, su familia, amigos y colegas, describe el arco del capitalismo ruso. En los años ochenta acogió la empresa libre y flirteó con la idea de ser un disidente. En los noventa aprendió duramente lo que llama irónicamente "los negocios rusos" -mafiosos armados que se apoderaron de su primera tienda, empleados corruptos que hicieron quebrar el banco con el que hacía negocios, compañías occidentales que prometían pero cuyos productos no eran lo que parecían.
Sólo ahora, gracias a los bragas polacas y calcetines turcos y a la relativa prosperidad de Putin, tiene Markus algún grado de seguridad económica. A los 38 ha levantado una cadena de seis tiendas en esta ciudad industrial junto al Río Volga. Da empleo a 50 personas, mantiene a tres hijos y juega juegos de ordenador en la oficina porque su trabajo no presenta ninguna dificultad para alguien que esperaba ser físico nuclear.
"En resumen", dijo, "me aburro".
Hace tiempo que Markus dejó de creer en los demócratas y ahora le "dan ganas de vomitar porque son como todos los demás". Dice que cree que el sistema está dominado por burócratas "parásitos" y oligarcas codiciosos como Mikhail Khodorkovsky, el magnate del petróleo encarcelado cuya compañía, Yukos, está siendo demolida por el estado como parte del intento de Putin de concentrar el poder en el Kremlin.
Markus es uno de los millones que votaron por Putin que están dispuestos a aceptar un sistema más autoritario como el precio de una vida más previsible. Sin embargo, no es un creyente incondicional de las promesas de la Rusia de Putin.
Cuando conducía a través de las averiadas calles de Nizhny Novgorod, Markus indicó con un gesto el nuevo centro comercial en manos de unos grandes almacenes turcos. "Todavía no tenemos que vernóslas con estos gigantes. Es por eso que podemos vivir", dijo. Pronto, explicó, tendrá que ampliar sus negocios para hacer frente a la competencia. Pero Markus tiene miedo de transformarse en lo que desprecia: un capitalista como Khodorkovsky, que hace dinero "parándome la espalda de mis vecinos" y vulnerable a la manipulación del estado, o algo todavía peor.
Así Markus sigue siendo un escéptico, un escepticismo que ganó a punta de pistola. "Una rica experiencia en este país me dice que la verdadera estabilidad sólo se alcanza después de la muerte", dijo. Y no estaba bromeando.
Pocas Reglas, Grandes Riesgos
"No quiero escupir en el espejo por las mañanas", dijo Markus, discutiendo de buen humor con su mejor amigo, Valera Nakaryakov, de vuelta para visitarlo después de haber emigrado hace más de diez años.
Nakaryakov estaba ansioso de culpar el "salvaje capitalismo" de Rusia por los muchos reveses que ha sufrido Markus. Él había considerado tomar el mismo camino. "Tuve que tomar una decisión muy pensada: o meterme en negocios aquí, o emigrar", dijo. "Me marché". Hoy, Nakaryakov es un ciudadano británico, un prominente y joven físico espacial en la Universidad de Warwick, que tiene más de 58 publicaciones académicas en su currículum. Es consultor de la NASA y la Agencia Especial Europea, y sus últimos descubrimientos son tema de entusiastas notas de la prensa.
Bebiendo una cerveza cerca de las aulas donde en el pasado eran inseparables, Nakaryakov le dijo a su amigo que siempre lo vería como un capitalista involuntario.
"Te obligaron a meterte en los negocios", dijo. "Lo hiciste contra tu voluntad".
En realidad, fue la política -la única cosa con la que coqueteó Markus- la que lo puso en el camino de transformarse en un vendedor de ropa interior.
Fue en 1989, y al joven físico conocido como Sasha por sus amigos le faltaba un mes para terminar sus estudios. A él y Nakaryakov -ambos casados y con hijas- les esperaban prestigiosos trabajos en Arzamas-16, la cercana planta nuclear secreta. Pero Nizhny Novgorod, en esa época todavía una ciudad industrial militar llamada Gorky, hervía de activistas que esperaban emular al científico nuclear disidente Andrei Sakharov, que pasó la mayor parte de los años ochenta en el exilio aquí. "Entonces éramos todos demócratas", recordó Markus.
"Todo se estaba derrumbando", dijo Markus. "Me quería sentir como un disidente y ayudé a echarlo abajo completamente". Ese Primero de Mayo se unió a los manifestantes en el desfile anual de los trabajadores gritando lemas en pro de la democracia. La policía los detuvo. "La gente estaba contenta, estábamos todos cantando canciones revolucionarias. Incluso en la cárcel estábamos contentos", dijo.
Los profesores partidarios de la causa no pudieron silenciar el escándalo de la detención. A Markus no le permitieron terminar los estudios, y Nakaryakov y otros amigos perdieron los trabajos prometidos en Arzamas-16. "Encontraron una oveja negra en el grupo, así que decidieron que nadie saldría libre", dijo Markus.
No sabía qué hacer hasta que un amigo "me dio un dato de que había una palabra llamado negocio'" y lo conectó con un grupo que compraba ordenadores a bajo precio en Moscú y los vendía a precios más altos en Nizhny. Markus se transformó en el director técnico porque él "al menos había visto un ordenador antes". Se ganaba mucho dinero. "Todos los negocios tenían éxito en esa época", recordó. "No había reglas del juego en el nuevo mercado -ni en el país- y la actitud era lo que se gana fácil, se gasta fácil'".
Nunca fue una persona que gustara de los grupos, así que Markus decidió iniciar sus propios negocios. "Estaba aprendiendo", dijo. "Más tarde me di cuenta de que no importa lo que vendas, provisto que no se trate de personas, drogas o armas".
Pero era confuso. Estaba excitado con el dinero que nunca tuvo antes y rodeado de nuevos y dudosos amigos del mundo del comercio gris. Su matrimonio se derrumbó en 1991, cuando se disolvió la Unión Soviética. "Se metió en negocios y así es como comenzó a hundirse", dijo su primera esposa, Anna Mariniechenko. "La gente empezó a tener un dinero que no habían tenido nunca antes; era la época de las fiestas. Muchos rusos quedaron en la bancarrota en esa época".
Para entonces, el nombre de Nizhny Novgorod había sido recuperado y las autoridades imaginaron un futuro comercial para la ciudad basándose en su propia historia como un cruce comercial entre los ríos Volga y Oka.
Markus abrió una modesta pulpería en la calle de Gorky. Pero pronto los bandidos comenzaron a cebarse en propietarios como él, exigiendo dinero de protección. Markus dormía en casa con una nueva esposa y un rifle de caza. Una noche de 1993 los pistoleros entraron a su apartamento y exigieron que les entregara la tienda. "Pusieron una pistola contra mi esposa, y por supuesto les di la tienda", dijo.
Cuando fue a su tienda a suplicar que se la devolvieran, un gángster le hizo una proposición diferente, pidiéndole a Markus que trabajara en su banco. Aceptó y aprendió desde dentro el funcionamiento de los llamados bancos que proliferaron en los años noventa, haciendo las veces de escondites y operaciones de lavado de dinero para unos pocos colegas bien conectados.
En apariencia él estaba ahí para controlar las garantías de pago de los que obtenían préstamos. "Pero resultó que nadie lo necesitaba. Todos los bancos daban crédito exclusivamente sobre la base de la amistad o por órdenes directas de los dueños", recordó Markus. En 1995 el banco explotó en lo que era una "quiebra fraudulenta".
Encontró trabajo en una importante firma agrícola que vendía frutas, y la odió de inmediato. Su segunda esposa lo dejó. Después del desastre del banco, "tanto los maleantes como la policía empezaron a perseguirme", recordó. Los policías le encontraron primero, y pasó un mes en la cárcel convenciéndoles de que él era simplemente un testigo, no un implicado, de los delitos del banco.
Fue entonces que Markus prestó por primera vez atención al mundo de los calcetines, medias y ropa interior, iniciando varias pequeñas tiendas. Encontró un proveedor en Moscú e importó mercaderías turcas baratas. Pero los negocios no marchaban bien. En 1997 los socios de Markus lo dejaron y se encontró a sí mismo con una deuda de 10.000 dólares.
Llegaron mensajeros amenazándolo, exigiendo dinero. Markus no tenía modo de pagar y, como dijo irónicamente, "ellos no podían hacer nada, excepto matarme, y si me mataban, se quedarían sin nada".
Luego la firma de Moscú envió a un imponente atleta llamado Oleg Gavryuchenkov a "impresionarme". Gavryuchenkov, que dijo que debía su formidable físico a años de water polo, se negó a comentar su primer encuentro con Markus. Interrogado sobre los negocios en los que estaba involucrado entonces, replicó con una modesta sonrisa: "Gente que tenía problemas en los negocios -nosotros resolvíamos esos problemas".
Al principio Markus trató de reunir dinero trabajando para una firma francesa que vendía suplementos alimentarios. Pero incluso esta compañía, descubrió, hacía trucos. A pesar de la larga lista de ingredientes mencionados en los suplementos, "la mayoría de ellos no se hallaban en los productos", dijo.
Después de tres meses se rindió y se dirigió a Moscú a pagar su deuda trabajando directamente para la empresa turca importadora. Era la primavera de 1998.
"Me transformé en un esclavo", dijo.
La economía rusa se fundió ese agosto. El negocio, junto a decenas de miles de otros más, se fue a la ruina cuando la devaluación del rublo hizo que el coste de las cosas importadas se hiciera prohibitivo. En la crisis, sin embargo, Markus vio una oportunidad. Había decidido que Gavryuchenkov, el corpulento cobrador, era un tipo decente, y los dos hicieron una propuesta a la gerencia de la firma. Venderían las existencias de la compañía a precios de mercado al por mayor en el terreno del estadio Luzhniki de Moscú.
Y así, ese otoño, Markus aprendió lo que era levantarse a las cuatro de la mañana para un duro día de trabajo y descargar los restos de la compañía. Incluso después de todo lo que había pasado, las brutales leyes del mercado fueron una revelación. "Luzhniki es un lugar donde puedes ganar 2.000 o 3.000 dólares al día, y perder 5.000 o 10.000", dijo. "No es un modo de vida muy humano".
A fines de 1998, Markus tenía suficiente dinero y calcetines turcos como para volver a casa y empezar un nuevo negocio. El primer eslabón de lo que sería su modesta cadena fue una esquina alquilada en una tienda de alimentación. Había espacio para sólo un soporte de calcetines. Pero Markus le dio a la empresa un nombre grandioso: European Tricotage'.
Después de todo lo que le había pasado antes, vender ropa interior era difícilmente lo peor que pudo pasar a Markus. "Fue un placer", dijo, "traer a la gente un poco de belleza".
Cauto Optimismo
Markus estaba examinando Número Uno', su primera tienda en la Plaza de la Libertad. Era el clímax de la temporada de bañadores, dos asistentes de ventas estaban ocupados con clientes y él miró las ordenadas perchas de camisetas rebajadas impresas llamativamente con nombres de marcas como Nike, Polo, Donna Karan y Dolce & Gabbana.
"Todos saben qué son y no tratamos de ocultarlo", dijo. "Las marcas verdaderas son completamente inaccesibles para la gente que compra en nuestras tiendas".
Cada año durante los últimos cinco, los negocios de Markus han crecido. Número Uno' ha sido siempre su tienda que mejor funciona; el volumen ahora es de más de 20.000 dólares al mes. Los gángsteres ya no se aparecen exigiendo dinero. "El último ofrecimiento de protección me lo hicieron hace cuatro años. Y rechazamos con gran placer", dijo Markus. European Tricotages es ahora un nombre conocido, y vende también al por mayor. Hace poco hizo su primer viaje de negocios a Turquía.
Presionado por sus clientes ansiosos de normalizar' los negocios, Markus decidió hace un año incluso abrir una cuenta bancaria de la compañía, un gran paso después de años de operar sólo con dinero contante.
Pero Markus hoy es todavía solamente un miembro de lo que el director de la asociación de pequeños empresarios rusos llama el "proletariado comercial". Está visiblemente estresado, un fantasma barbudo cuyas ropas se le caen del cuerpo. Come rara vez durante el día, manteniéndose con café y cigarrillos. No tiene coche ni teléfono móvil. Su modesto apartamento, donde vive con su tercera esposa, su hija de 10 años y su hijo de 12, le cuesta 300 dólares al mes.
El sueño de la ciudad capitalista modelo en el Volga se ha esfumado hace mucho; Nizhny Novgorod hoy no está ni siquiera entre las diez primeras regiones de la inversión extranjera. Las compras promedio en las tiendas de Markus son de 7 dólares. Los dependientes de Markus trabajan a comisión, y se llevan a casa unos 100 dólares al mes durante los períodos flojos.
La agobiante mano de los burócratas, o chinovniki' en ruso, es un problema constante. "El señor Chinovnik es un parásito para gente como yo", dijo. Normalmente, deja en manos de su hermano Maksim, ingeniero civil de profesión, la tarea de solucionar dolores de cabeza como la multa de 85 dólares que están tratando de anular por tener mala la hora en la caja. "Nos pusieron la multa y les dijimos: No vamos a pagar, llévennos a juicio'", recordó Maksim. "Pero los inspectores de impuestos dijeron: No, tú nos llevas a juicio'. Llevar a un inspector de impuestos a juicio es mala para el futuro. Eso entendimos".
"Durante 1.500 años", dijo, "el gobierno nos acusa de vivir en Rusia".
Y, sin embargo, a veces, Markus es cautelosamente optimista, y tiene planes de abrir unos almacenes en Moscú y ampliar sus negocios al por mayor. "Estamos empezando el proceso en el que la gente piensa en el mañana", dijo. "Durante diez años para nosotros fue muy difícil hacer planes. Teníamos tantos problemas. Pero ahora me gustaría hacer algunos planes".
Ve su pequeño imperio de ropa interior como un refugio en el que protegerse de Rusia, donde trabaja rodeado de un pequeño círculo de amigos en los que confía, como su hermano Maksim, su compañero de infancia Dima y su primo Sergei. No tiene planes de meterse en política, no en grupos comerciales ni en proyectos de acción cívica de ningún tipo.
"Como muchos de mi generación hace mucho tiempo me aparté del estado y estoy viviendo en el mundo que más me gusta", dijo. "Toda persona que se mete en negocios, construye su propio estado".
21 de diciembre de 2004
15 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh