malta, isla de intrigas
[Lyn Hamilton] Invadido innumerables veces, este país multicultural es algo abrumador, pero atractivo, incluso si, o especialmente si llegas con algún misterio en tu cabeza.
Me extravié. Otra vez. Los letreros hacia el cuartel de la policía de Malta en Floriana, que hasta ahora apuntaban hacia la derecha, indican ahora inexplicablemente hacia la izquierda, lo que quiere decir que entre el letrero que tengo enfrente y el último que pasé, debería haber una comisaría de policía. Pero a menos que los agentes cuelguen la ropa en el balcón del primer piso y vendan fruta y verduras en la planta baja, esta no es la comisaría.
Sin embargo, alguien que estaba cerca quería ayudarme. "Hola, querida", me llamó una voz.
Me volví y vi a un alegre grupo de viejos malteses descansando a la sombra de un laurel de jardín de botones rosados.
"¿Tienes novio, querida?", preguntó una de las mujeres.
Con la edad que tengo y proviniendo de un lugar donde no es común que te hagan de primeras esta pregunta, me quedé desconcertada, pero cuando lo preguntó una segunda vez, le dije que no. Las sonrisas desaparecieron. Una de las mujeres buscó torpemente un pañuelo y se secó una lágrima. Pensé que no era amable provocar el llanto de las octogenarias de la isla.
"Pero casi tengo uno", mentí.
Todos volvieron a sonreír. Pedí indicaciones y antes de que me diera cuenta y a pesar de mis protestas, estábamos todos de pie, moviéndonos, lentamente, con bastones y todo, hacia una imponente edificio a una cuadra de ahí.
Cuando llegamos, no quise entrar. Estaba en Malta para investigar y escribir una novela de misterio con un asesinato, entendéis, y aunque necesitaba saber la ubicación del cuartel de la policía, no tenía por qué hacerme amiga íntima del hosco agente que había al otro lado del portalón. Murmuré mis gracias, me volví y me alejé a toda prisa, dejándolos a todos parados allá. Imagino que todavía están contando a sus nietos sobre la rara turista que se arrepintió de acudir a la policía y que tenía una situación marital poco clara.
O quizás no. Los malteses están más que acostumbrados a las visitas, raras y otras, que invaden su país. Casi todos los países con intereses en el Mediterráneo, desde los fenicios en el siglo 9 antes de Cristo hasta los británicos en el 20, han reclamado a Malta en propiedad, seducidos por una de las bahías naturales más hermosas del mundo y una fantástica ubicación en medio del Mar Mediterráneo entre Sicilia y Túnez. Algunas de las más grandes figuras de la historia -San Pablo, Napoleón, el Conde Rogerio el Normando- han puesto sus pies en las rocosas playas de Malta. Todos han dejado sus huellas en el paisaje de la isla y, como resultado, Malta es un museo vivo, un lugar donde ráfagas de historia mediterránea, de miles de años, pueden ser vistas, tocadas y olfateadas.
Para una escritora, la particular mezcla de historia de Malta es irresistible. Para una autora como yo, que escribe misterios arqueológicos, hay suficientes criptas, cavernas y catacumbas para ocultar cientos de cadáveres. Pero incluso para una escritora es difícil captar la esencia del lugar.
Los malteses se enorgullecen de las analogías alimentarias para definirse a sí mismos. Dirán que su cultura es como su comida, una mezcla, refiriéndose al hecho de que hasta hace poco las amas de casa maltesas llevaban la cena de la familia a la panadería de la localidad, donde la colocaban con las demás en el horno de ladrillos y el alimento adquiría los aromas y sabores de todas las otras. Te dirán que su carácter nacional es como el pan maltés: de corteza dura por fuera, blando por dentro.
Sea la analogía con la comida correcta o no, se necesita un cierto tipo de persona para aguantar lo que han aguantado los malteses. Han sufrido conflictos con los que no tenían nada que ver, y casi murieron de hambre y fueron bombardeados hacia el término de la Segunda Guerra Mundial. Conquistados, pero nunca subyugados; aplastados, pero no asimilados, los casi 400.000 habitantes de las islas maltesas son testaruda, feliz y, a veces, irritantemente malteses.
Hace 25 años que vengo aquí y sin embargo tengo que confesar que he pasado gran parte del tiempo en Malta irremediablemente extraviada, una confesión bochornosa ya que la isla es de apenas 27 kilómetros en su punto más extenso, y 14 en su parte más ancha. Sé dónde está todo -pero no necesariamente lo encuentro. Yo culpo de esto parcialmente a una definición de las señalizaciones de carretera que, a pesar de mejoras recientes, es esencialmente caprichosa. Para mí, tanto las señalizaciones como el maltés, una lengua que el resto de los humanos no podemos ni comprender ni pronunciar correctamente, tienen como fin mantener a los intrusos al quite. Nosotros, invasores modernos, tenemos la fortuna de que casi todo el mundo habla inglés.
No soy la única que sufre de dislexia direccional. Casi todos los viajeros independientes en Malta pasan una parte de su tiempo tratando de saber dónde están, lo que es una fuente de hilaridad para los habitantes. Un amigo canadiense que trabajaba aquí descubrió la tradición de apostar sobre lo tarde que llegarían los primerizos en llegar a la oficina en su primer día de trabajo.
Cuando volví por nostalgia para quedarme una semana la primavera pasada, estaba decidida a no extraviarme. El plan era el siguiente: Para mantenerme en la línea, hablando arqueológicamente, empezaría por el principio, o al menos en el alba de la habitación humana, y avanzaría hacia las principales épocas en la historia de la isla. Esa es una de las maravillas de Malta. Puedes cubrir varios milenios en apenas unos días. Para dar cuenta de mi ineptitud geográfica, sólo viajaría por autobús.
Para hacer el plan más fácil, encontré un hotel a corta distancia del terminal central justo al lado de la principal puerta de la capital, Valletta. El autobús que abordé llena de optimismo esa primera mañana se veía tan antiguo como los sitios prehistóricos que pensaba visitar: un rotundo y pequeño número en una rejilla hechiza y dos relicarios en el panel -uno para la Virgen María, y otro para la selección italiana de fútbol. El hombre que iba a mi lado me explicó que los autobuses son privados, que sus dueños son a menudos los choferes mismos, y que operan en un esquema de rutas directas. Hay un horario, agregó, pero los choferes parten cuando quieren.
"No se puede extraviar", me aseguró cuando salíamos del terminal con un brutal bocinazo y un regüeldo del tubo de escape. "Si se queda en el bus lo suficiente, llegará de vuelta aquí".
Liberada del terror que provoca conducir en Malta: conducen por la izquierda, las curvas dan miedo y no hay, nunca, un estacionamiento, me senté para disfrutar del viaje hacia mi destino, los templos de Hagar Qim y Mnajdra. Pasamos por una serie de pequeños pueblos, con el tinte amarillo mantecoso de las piedras de aquí. Miré las fachadas donde los panaderos, banqueros, zapateros remendones y fabricantes de ataúdes ejercen sus oficios como lo han hecho durante siglos. Miré a los niños en sus elegantes uniformes jugando en los patios de las escuelas, a un sacerdote saludando a sus feligreses, a mujeres haciendo la cola del pan, y a hombres en un café argumentando ruidosamente, probablemente sobre política.
Pronto los pueblos dieron lugar al campo, a pequeños terrenos de tierras agrícolas de matices rojizos, separados por murallas de piedras. El terreno es extraordinariamente variado si se considera los apenas 190 kilómetros cuadrados de la isla, llenas de escarpadas cordilleras, profundos valles y una costa que tiene tantas playas como empinados acantilados. Los polvorientos caminos están alineados con laureles, buganvillas e hibiscos, que contrastan por su brillo con la tierra pedregosa. Estaba demasiado cautivada para ver el letrero con mi destinación desapareciendo en la distancia. Afortunadamente, el camino de vuelta no era demasiado largo. Hagar Qim y Mnajdra son antiguos templos de piedra en la costa sur de Malta: Hagar Qim está arriba de una cuesta con vistas al mar, Mnajdra en un promontorio a unos 500 metros más abajo. Hacia el año 3.600 antes de Cristo, o unos 1.500 años después de que llegaran los primeros habitantes de la isla (probablemente de Sicilia), ocurrió algo extraordinario. Utilizando solamente herramientas de piedra, comenzaron a cavar templos circulares con varias cámaras en las rocas calizas de la isla, estructuras tan grandes que los viajeros del siglo 17 pensaron que eran el trabajo de gigantes. Las ruinas salpican Malta y su isla hermana, Gozo.
Única' es una palabra usada en abundancia, pero los megalíticos templos de Malta son justamente únicos. No había nada como ellos antes y a pesar de una rara teoría opuesta, no ha habido nada semejante desde entonces. Anteriores a Stonehenge y a la Gran Pirámide de Giza en más de mil años, son las obras arquitectónicas de piedra de pie más antiguas del mundo -lugares poderosos y evocativos que parecen salir de la roca.
Son mis preferidos: Hagar Qim es el más imponente de los dos, con grandes bloques de piedra amarilla y rocas erguidas de 5 metros de alto que evocan su antigua grandeza; Mnajdra es un complejo de tres templos con una impresionante fachada cóncava y un vestíbulo en el cual, durante los equinoccios, el sol da sobre un altar de piedra.
Es aquí donde se encontraron varias estatuillas de mujeres voluptuosas, incluyendo la llamada Venus de Malta. Qué representaban los templos fue alguna vez un tema de intensas especulaciones. Hace algunos años se propuso la tesis de que estaban dedicados a una gran deesa, y la teoría se ha mantenido. De acuerdo a esta, un pueblo de agricultores pacíficos construyó los templos para representar el cuerpo de la deesa. Entrar al templo era como entrar en su vientre. Es una teoría atractiva, fácil de creer cuando estás aquí.
Con todo, no todo el mundo está de acuerdo. Un colega turista en Mnajdra señaló primero una marcas picadas en una roca, y luego la diminuta isla de Filfla, justo frente a la costa.
"Está bastante claro de qué se trata", dijo.
Para mí no estaba nada de claro, y quizás era evidente.
"Estrellas", explicó.
Es mejor un hombre con una teoría que con un avance. En una visita anterior un hombre se hacía acercado a unas desprevenidas turistas y sugerido que tener sexo en el altar de piedra era la máxima experiencia de la vida. "Quizás", susurró seductor, "quiera reunirse conmigo después de que cierre el templo".
O quizás no. Tener sexo en el altar quizás ya no sea una opción, ahora que hay guardia de seguridad en el sitio. Hace tres años unos patanes inescrupulosos -almas gemelas de los que mataron a los dos últimos halcones malteses en 1982- destruyeron Mnajdra, echando abajo muchas de sus macizas piedras. Ha sido restaurado, y ahora está más bello que nunca.
El tiempo es corto, y yo tenía que cubrir varios países y me quedaban sólo cinco días más para hacerlo, así que volví a la parada del bus para dirigirme a mi siguiente sitio: el Hipogeo Hal Safieni, un templo subterráneo para los muertos, que estuvo en el pasado lleno de los huesos de miles de personas.
El método de transporte es esencialmente ineficiente y exige un montón de idas y vueltas. Sin embargo, me dio una amplia oportunidad para darme el gusto de probar mi comida maltesa favorita: una bolsa de pasteles escamosos rellena de queso ricotta llamados pastizzi'; pasteles calientes rellenos de dátiles, llamados imqaret'; y gbejniet', pequeños quesos pimentados, todos listos en los numerosos tenderetes de las cocinerías que rodean el terminal. Así fortificada pero todavía aturdida por mi primer descuido, estaba dispuesta a seguir el viaje.
Para llegar al hipogeo y a los templos cercanos de Tarxien, las guías de viaje aconsejan desembarcar en la iglesia de Tarxien. Es más o menos lo mismo que decirle alguien en el centro de Los Angeles que tome el bus hacia Santa Mónica y se base en Starbucks. No hay un límite distinguible entre las dos ciudades; es difícil saber cuando has salido de una y entrado en la otra. También hay un montón de iglesias. Cada pueblo tiene al menos una, y normalmente varias. A pesar de un valiente intento, me pasé de parada.
Preocupada de perder también mi visita turística -debido a la fragilidad del sitio, las visitas al hipogeo son limitadas y deben ser reservadas de antemano-, pedí ayuda. Los malteses se enorgullecen de su cortesía y a menudo te preguntan si piensas que son amables. Salvo un raro chofer cascarrabias, la mayoría de ellos lo son. Una pareja muy agradable me llevó hasta la puerta del hipogeo. Dijeron que iban en la misma dirección que yo, pero no era verdad. Los vi dar un rodeo después de despedirnos.
El hipogeo, construido hacia el 3.600 antes de Cristo, es impresionante. Similar en forma a los templos que visité antes, es un lugar misterioso, oscuro y húmedo y vagamente desorientador. Se oyen ruidos en los pasillos débilmente iluminados, las sombras se ven estropeadas, la curva de las paredes ligeramente distorsionada. La gente que construyó esto debe haber sido extraordinaria, pero 1.600 años después de construir el primer templo, desaparecieron. Nadie sabe por qué. Malta estuvo inhabitada durante un largo tiempo.
Con los siglos, la gente empezó a volver poco a poco, por accidente o con un propósito, y la isla se transformó en un satélite de los fenicios, cartaginenses, romanos, bizantinos, árabes, normandos, hohenstaufens, angevinos, aragoneses y castellanos -los poderes imperiales de Europa pasándola de un lado a otro según crecían y decaían sus fortunas.
Quedan vestigios de todos, y uno de los lugares más placenteros para vivirlos es Mdina y su vecina, Rabat.
Los fenicios construyeron el primer centro urbano de Malta casi exactamente en el centro de la isla. Luego los bizantinos fortificaron la ciudad, como los árabes más tarde. La muralla árabe todavía existe, pero la ciudad misma, Mdina, es ahora una ciudadela medieval con amplias vistas desde sus bastiones. Es fácil de encontrar: La cúpula de su catedral se ve desde kilómetros de distancia, y con 500 metros de lado a lado incluso para mí es difícil de esquivar, aunque sus arquitectos trataron de confundir a los invasores con calles estrechas y angulosas y callejones sin salida.
Una ciudad de casas particularmente bonitas, desde las normandas hasta las barrocas, rezuma ambiente. En planta baja las casas no tienen ventanas, pero sí balcones en el primer piso. Se cuentan historias de grandes tesoros, de secretos protegidos por las murallas, y cuando se camina por sus calles adoquinadas, sobre todo en la noche, uno se convence de que esas historias son verdaderas.
Mdina también fue importante para Roma, porque la isla, acordonada de mansiones y granjas, aprovisionaba al imperio. Justo en las afueras de Mdina, en la periferia de Rabat, se halla el Museo Romano de Antigüedades. El edificio, lamentablemente cerrado por renovación la primavera pasada, es neoclásico, pero fue levantado sobre las ruinas de una mansión romana del año 50 antes de Cristo, y los pisos originales de mosaicos, algunas de sus columnas y muchos de sus artefactos todavía están ahí.
El más importante visitante de la era romana fue San Pablo, que supuestamente naufragó aquí en el año 60 después de Cristo. Los malteses no se oponen a que lo diga, pero las evidencias en apoyo de la presencia del apóstol aquí no son concluyentes. Otros lugares, como Creta, disputan el reclamo de Malta. Sin embargo, los malteses trazan su conversión a él, y prácticamente todos los malteses son católicos, la mayoría de ellos devotamente. El nombre de San Pablo está asociado a las obras arquitectónicas más bellas de la isla, lugares donde uno puede pasarse días. En Mdina encontrarás una catedral del siglo 17, donde sus frescos muestran al apóstol predicando a los isleños. En Rabat hay una Iglesia de San Pablo, construida sobre una gruta en la que se dice que se refugió, y unas catacumbas llamadas por su nombre están en las cercanías. Más allá, dos iglesias marcan el acontecimiento mismo: el naufragio de San Pablo en Valletta y la Bahía de San Pablo.
Si San Pablo fue quien más influyó en la mente de los malteses, los visitantes que causaron el mayor impacto en el paisaje fueron los Caballeros de Malta. Esos caballeros errantes, expulsados de Jerusalén, Acre, Chipre y finalmente de Rhodes -huyendo eternamente de la creciente marea del islam- necesitaban un hogar. Aunque tenían algo más lujoso en mente, no tenían muchas alternativas. El precio estaba bien: el Sacro Emperador romano Carlos V les cedería la isla por un apreciado halcón maltés al año para sus cotos de caza. En 1530, la Soberana Orden Militar y Practicante de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, de Rhodes y de Malta tomó posesión de la isla y empezó, como otras muchas civilizaciones antes -y como harían después los franceses y los británicos- a moldear Malta a su capricho.
Los otomanos persiguieron a los caballeros fueron perseguidos hasta Malta, pero surgieron victoriosos después de un sitio particularmente sangriento en 1565. Ahora héroes de Europa, tenían los recursos necesarios para construir lo que quisieran con la ayuda del arquitecto del Papa Pío IV.
Su obra maestra es Valletta, una ciudad fortificada en una cuña de tierra entre el Puerto de Marsamxett y el Puerto Grande. Valletta es una ciudad moderna en muchos respectos, con edificios gubernamentales por todas partes y el habitual complemento de cadenas de restaurantes de comida rápida y tiendas de recuerdos.
Pasé una agradable media hora en una diminuta tienda de zapatos conversando de cosas que son normales en las ciudades pequeñas de todo el mundo. Mostrándome orgullosamente fotografías de sus nietos, el zapatero me dijo que la tienda había sido de la familia durante generaciones, pero que sus bien educados hijos no tenían interés en ella. Estaba en contra del ingreso en la Unión Europea, aunque Malta ingresó esta primavera. En su opinión, eso era el último ataque extranjero.
Aunque sea moderna, Valletta es todavía la ciudad de los caballeros. Pasé dos días caminando por sus calles, buscándolos. Son fáciles de encontrar -a veces literalmente, con sus caras trazadas en la piedra de sus sarcófagos. Más que eso, casi todas las calles y callejones muestran su presencia. Originalmente, los caballeros cuidaban a los enfermos durante las Cruzadas, pero estaban preparados para combatir. Había suficientes almenas, murallas, bastiones, armerías y fuertes para tener contentos para siempre a los historiadores militares, y el Puerto Grande fortificado es una vista impresionante.
También fueron capaces de crear belleza. Dirigidos por un Maestre, los caballeros se organizaban en langues', lenguas, cada una con su propia residencia, o auberge'. Uno de los edificios más atrayentes en Valletta es el Albergue de Castilla y León, ahora la sede del primer ministro. Muchos de los edificios de los caballeros siguen en pie, están en uso y merecen una visita: el Albergue de Provenza es hoy el atractivo Museo Nacional de Arqueología, la Sagrada Enfermería es el Centro Mediterráneo de Conferencias y el palacio del Maestre es ahora el Parlamento.
No es solamente en los edificios que se puede encontrar a los fantasmas de los caballeros. El Monte de Sceberras, sobre el que yace la ciudad, no fue nivelado, y las calle descienden en todas direcciones desde la arteria principal, la calle de la República. Las más empinadas fueron apisonadas, y algunas todavía lo son, con subidas de sólo dos o tres pulgadas, que es más o menos todo lo que un caballero con armadura completa podía levantarse. En la tarde, después de que las tiendas y las oficinas han cerrado, casi podía oír el metálico ruido de sus armaduras en las calles vacías.
Aunque Valletta fue originalmente austera, que convenía a los caballeros que habían hecho votos de pobreza, las modas barrocas europeas llegaron a Malta en los años de 1650 y cambiaron para siempre la faz de la isla. Debe haber algo en la exageración o en los grandes gestos que atrae la sensibilidad maltesa, porque Valletta sigue siendo un excelente ejemplo de arquitectura barroca. Su expresión más opulenta es la iglesia de los caballeros, la Co-Catedral de San Juan. Aunque por fuera se ve desaliñada, por dentro es un himno al exceso glorioso, cada centímetro labrado, dorado o pintado.
A su modo, la transformación de la catedral fue un reflejo de la de los caballeros, los que, ignorando sus votos, se enriquecieron con exceso. Cuando Napoleón propuso que era tiempo de que se marcharan, lo hicieron con profundo dolor, ya que habían vivido bajo el encanto de la isla durante 268 años.
Caer bajo el hechizo de Malta es extraordinariamente fácil. Hay algo sobre esta rocosa y reseca isla y su gente que hechiza inesperadamente, no importa por qué no cómo de reluctante se haya llegado a la isla. Creo que es porque no importa lo a menudo que se la visite, siempre hay algo que sorprende, algo que te hará sonreír.
Finalmente vi el interior de la comisaría de policía maltesa. La comisaría no era hostil, solamente caótica -el sargento, en lo que parecía una conferencia telefónica, tenía un auricular en cada oreja y estaba gritando. Me dirigí hacia él a denunciar el extravío de mi pasaporte. (En Malta los pasaportes no se pierden ni son robados, sino solamente extraviados).
De algún modo pensé que era apropiado, dado el tiempo que pase extraviándome, que mi pasaporte pasara por lo mismo. Cuando rellenaba los formularios, pensé que lo que realmente había extraviado en Malta era mi corazón.
4 de octubre de 2004
17 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Sin embargo, alguien que estaba cerca quería ayudarme. "Hola, querida", me llamó una voz.
Me volví y vi a un alegre grupo de viejos malteses descansando a la sombra de un laurel de jardín de botones rosados.
"¿Tienes novio, querida?", preguntó una de las mujeres.
Con la edad que tengo y proviniendo de un lugar donde no es común que te hagan de primeras esta pregunta, me quedé desconcertada, pero cuando lo preguntó una segunda vez, le dije que no. Las sonrisas desaparecieron. Una de las mujeres buscó torpemente un pañuelo y se secó una lágrima. Pensé que no era amable provocar el llanto de las octogenarias de la isla.
"Pero casi tengo uno", mentí.
Todos volvieron a sonreír. Pedí indicaciones y antes de que me diera cuenta y a pesar de mis protestas, estábamos todos de pie, moviéndonos, lentamente, con bastones y todo, hacia una imponente edificio a una cuadra de ahí.
Cuando llegamos, no quise entrar. Estaba en Malta para investigar y escribir una novela de misterio con un asesinato, entendéis, y aunque necesitaba saber la ubicación del cuartel de la policía, no tenía por qué hacerme amiga íntima del hosco agente que había al otro lado del portalón. Murmuré mis gracias, me volví y me alejé a toda prisa, dejándolos a todos parados allá. Imagino que todavía están contando a sus nietos sobre la rara turista que se arrepintió de acudir a la policía y que tenía una situación marital poco clara.
O quizás no. Los malteses están más que acostumbrados a las visitas, raras y otras, que invaden su país. Casi todos los países con intereses en el Mediterráneo, desde los fenicios en el siglo 9 antes de Cristo hasta los británicos en el 20, han reclamado a Malta en propiedad, seducidos por una de las bahías naturales más hermosas del mundo y una fantástica ubicación en medio del Mar Mediterráneo entre Sicilia y Túnez. Algunas de las más grandes figuras de la historia -San Pablo, Napoleón, el Conde Rogerio el Normando- han puesto sus pies en las rocosas playas de Malta. Todos han dejado sus huellas en el paisaje de la isla y, como resultado, Malta es un museo vivo, un lugar donde ráfagas de historia mediterránea, de miles de años, pueden ser vistas, tocadas y olfateadas.
Para una escritora, la particular mezcla de historia de Malta es irresistible. Para una autora como yo, que escribe misterios arqueológicos, hay suficientes criptas, cavernas y catacumbas para ocultar cientos de cadáveres. Pero incluso para una escritora es difícil captar la esencia del lugar.
Los malteses se enorgullecen de las analogías alimentarias para definirse a sí mismos. Dirán que su cultura es como su comida, una mezcla, refiriéndose al hecho de que hasta hace poco las amas de casa maltesas llevaban la cena de la familia a la panadería de la localidad, donde la colocaban con las demás en el horno de ladrillos y el alimento adquiría los aromas y sabores de todas las otras. Te dirán que su carácter nacional es como el pan maltés: de corteza dura por fuera, blando por dentro.
Sea la analogía con la comida correcta o no, se necesita un cierto tipo de persona para aguantar lo que han aguantado los malteses. Han sufrido conflictos con los que no tenían nada que ver, y casi murieron de hambre y fueron bombardeados hacia el término de la Segunda Guerra Mundial. Conquistados, pero nunca subyugados; aplastados, pero no asimilados, los casi 400.000 habitantes de las islas maltesas son testaruda, feliz y, a veces, irritantemente malteses.
Hace 25 años que vengo aquí y sin embargo tengo que confesar que he pasado gran parte del tiempo en Malta irremediablemente extraviada, una confesión bochornosa ya que la isla es de apenas 27 kilómetros en su punto más extenso, y 14 en su parte más ancha. Sé dónde está todo -pero no necesariamente lo encuentro. Yo culpo de esto parcialmente a una definición de las señalizaciones de carretera que, a pesar de mejoras recientes, es esencialmente caprichosa. Para mí, tanto las señalizaciones como el maltés, una lengua que el resto de los humanos no podemos ni comprender ni pronunciar correctamente, tienen como fin mantener a los intrusos al quite. Nosotros, invasores modernos, tenemos la fortuna de que casi todo el mundo habla inglés.
No soy la única que sufre de dislexia direccional. Casi todos los viajeros independientes en Malta pasan una parte de su tiempo tratando de saber dónde están, lo que es una fuente de hilaridad para los habitantes. Un amigo canadiense que trabajaba aquí descubrió la tradición de apostar sobre lo tarde que llegarían los primerizos en llegar a la oficina en su primer día de trabajo.
Cuando volví por nostalgia para quedarme una semana la primavera pasada, estaba decidida a no extraviarme. El plan era el siguiente: Para mantenerme en la línea, hablando arqueológicamente, empezaría por el principio, o al menos en el alba de la habitación humana, y avanzaría hacia las principales épocas en la historia de la isla. Esa es una de las maravillas de Malta. Puedes cubrir varios milenios en apenas unos días. Para dar cuenta de mi ineptitud geográfica, sólo viajaría por autobús.
Para hacer el plan más fácil, encontré un hotel a corta distancia del terminal central justo al lado de la principal puerta de la capital, Valletta. El autobús que abordé llena de optimismo esa primera mañana se veía tan antiguo como los sitios prehistóricos que pensaba visitar: un rotundo y pequeño número en una rejilla hechiza y dos relicarios en el panel -uno para la Virgen María, y otro para la selección italiana de fútbol. El hombre que iba a mi lado me explicó que los autobuses son privados, que sus dueños son a menudos los choferes mismos, y que operan en un esquema de rutas directas. Hay un horario, agregó, pero los choferes parten cuando quieren.
"No se puede extraviar", me aseguró cuando salíamos del terminal con un brutal bocinazo y un regüeldo del tubo de escape. "Si se queda en el bus lo suficiente, llegará de vuelta aquí".
Liberada del terror que provoca conducir en Malta: conducen por la izquierda, las curvas dan miedo y no hay, nunca, un estacionamiento, me senté para disfrutar del viaje hacia mi destino, los templos de Hagar Qim y Mnajdra. Pasamos por una serie de pequeños pueblos, con el tinte amarillo mantecoso de las piedras de aquí. Miré las fachadas donde los panaderos, banqueros, zapateros remendones y fabricantes de ataúdes ejercen sus oficios como lo han hecho durante siglos. Miré a los niños en sus elegantes uniformes jugando en los patios de las escuelas, a un sacerdote saludando a sus feligreses, a mujeres haciendo la cola del pan, y a hombres en un café argumentando ruidosamente, probablemente sobre política.
Pronto los pueblos dieron lugar al campo, a pequeños terrenos de tierras agrícolas de matices rojizos, separados por murallas de piedras. El terreno es extraordinariamente variado si se considera los apenas 190 kilómetros cuadrados de la isla, llenas de escarpadas cordilleras, profundos valles y una costa que tiene tantas playas como empinados acantilados. Los polvorientos caminos están alineados con laureles, buganvillas e hibiscos, que contrastan por su brillo con la tierra pedregosa. Estaba demasiado cautivada para ver el letrero con mi destinación desapareciendo en la distancia. Afortunadamente, el camino de vuelta no era demasiado largo. Hagar Qim y Mnajdra son antiguos templos de piedra en la costa sur de Malta: Hagar Qim está arriba de una cuesta con vistas al mar, Mnajdra en un promontorio a unos 500 metros más abajo. Hacia el año 3.600 antes de Cristo, o unos 1.500 años después de que llegaran los primeros habitantes de la isla (probablemente de Sicilia), ocurrió algo extraordinario. Utilizando solamente herramientas de piedra, comenzaron a cavar templos circulares con varias cámaras en las rocas calizas de la isla, estructuras tan grandes que los viajeros del siglo 17 pensaron que eran el trabajo de gigantes. Las ruinas salpican Malta y su isla hermana, Gozo.
Única' es una palabra usada en abundancia, pero los megalíticos templos de Malta son justamente únicos. No había nada como ellos antes y a pesar de una rara teoría opuesta, no ha habido nada semejante desde entonces. Anteriores a Stonehenge y a la Gran Pirámide de Giza en más de mil años, son las obras arquitectónicas de piedra de pie más antiguas del mundo -lugares poderosos y evocativos que parecen salir de la roca.
Son mis preferidos: Hagar Qim es el más imponente de los dos, con grandes bloques de piedra amarilla y rocas erguidas de 5 metros de alto que evocan su antigua grandeza; Mnajdra es un complejo de tres templos con una impresionante fachada cóncava y un vestíbulo en el cual, durante los equinoccios, el sol da sobre un altar de piedra.
Es aquí donde se encontraron varias estatuillas de mujeres voluptuosas, incluyendo la llamada Venus de Malta. Qué representaban los templos fue alguna vez un tema de intensas especulaciones. Hace algunos años se propuso la tesis de que estaban dedicados a una gran deesa, y la teoría se ha mantenido. De acuerdo a esta, un pueblo de agricultores pacíficos construyó los templos para representar el cuerpo de la deesa. Entrar al templo era como entrar en su vientre. Es una teoría atractiva, fácil de creer cuando estás aquí.
Con todo, no todo el mundo está de acuerdo. Un colega turista en Mnajdra señaló primero una marcas picadas en una roca, y luego la diminuta isla de Filfla, justo frente a la costa.
"Está bastante claro de qué se trata", dijo.
Para mí no estaba nada de claro, y quizás era evidente.
"Estrellas", explicó.
Es mejor un hombre con una teoría que con un avance. En una visita anterior un hombre se hacía acercado a unas desprevenidas turistas y sugerido que tener sexo en el altar de piedra era la máxima experiencia de la vida. "Quizás", susurró seductor, "quiera reunirse conmigo después de que cierre el templo".
O quizás no. Tener sexo en el altar quizás ya no sea una opción, ahora que hay guardia de seguridad en el sitio. Hace tres años unos patanes inescrupulosos -almas gemelas de los que mataron a los dos últimos halcones malteses en 1982- destruyeron Mnajdra, echando abajo muchas de sus macizas piedras. Ha sido restaurado, y ahora está más bello que nunca.
El tiempo es corto, y yo tenía que cubrir varios países y me quedaban sólo cinco días más para hacerlo, así que volví a la parada del bus para dirigirme a mi siguiente sitio: el Hipogeo Hal Safieni, un templo subterráneo para los muertos, que estuvo en el pasado lleno de los huesos de miles de personas.
El método de transporte es esencialmente ineficiente y exige un montón de idas y vueltas. Sin embargo, me dio una amplia oportunidad para darme el gusto de probar mi comida maltesa favorita: una bolsa de pasteles escamosos rellena de queso ricotta llamados pastizzi'; pasteles calientes rellenos de dátiles, llamados imqaret'; y gbejniet', pequeños quesos pimentados, todos listos en los numerosos tenderetes de las cocinerías que rodean el terminal. Así fortificada pero todavía aturdida por mi primer descuido, estaba dispuesta a seguir el viaje.
Para llegar al hipogeo y a los templos cercanos de Tarxien, las guías de viaje aconsejan desembarcar en la iglesia de Tarxien. Es más o menos lo mismo que decirle alguien en el centro de Los Angeles que tome el bus hacia Santa Mónica y se base en Starbucks. No hay un límite distinguible entre las dos ciudades; es difícil saber cuando has salido de una y entrado en la otra. También hay un montón de iglesias. Cada pueblo tiene al menos una, y normalmente varias. A pesar de un valiente intento, me pasé de parada.
Preocupada de perder también mi visita turística -debido a la fragilidad del sitio, las visitas al hipogeo son limitadas y deben ser reservadas de antemano-, pedí ayuda. Los malteses se enorgullecen de su cortesía y a menudo te preguntan si piensas que son amables. Salvo un raro chofer cascarrabias, la mayoría de ellos lo son. Una pareja muy agradable me llevó hasta la puerta del hipogeo. Dijeron que iban en la misma dirección que yo, pero no era verdad. Los vi dar un rodeo después de despedirnos.
El hipogeo, construido hacia el 3.600 antes de Cristo, es impresionante. Similar en forma a los templos que visité antes, es un lugar misterioso, oscuro y húmedo y vagamente desorientador. Se oyen ruidos en los pasillos débilmente iluminados, las sombras se ven estropeadas, la curva de las paredes ligeramente distorsionada. La gente que construyó esto debe haber sido extraordinaria, pero 1.600 años después de construir el primer templo, desaparecieron. Nadie sabe por qué. Malta estuvo inhabitada durante un largo tiempo.
Con los siglos, la gente empezó a volver poco a poco, por accidente o con un propósito, y la isla se transformó en un satélite de los fenicios, cartaginenses, romanos, bizantinos, árabes, normandos, hohenstaufens, angevinos, aragoneses y castellanos -los poderes imperiales de Europa pasándola de un lado a otro según crecían y decaían sus fortunas.
Quedan vestigios de todos, y uno de los lugares más placenteros para vivirlos es Mdina y su vecina, Rabat.
Los fenicios construyeron el primer centro urbano de Malta casi exactamente en el centro de la isla. Luego los bizantinos fortificaron la ciudad, como los árabes más tarde. La muralla árabe todavía existe, pero la ciudad misma, Mdina, es ahora una ciudadela medieval con amplias vistas desde sus bastiones. Es fácil de encontrar: La cúpula de su catedral se ve desde kilómetros de distancia, y con 500 metros de lado a lado incluso para mí es difícil de esquivar, aunque sus arquitectos trataron de confundir a los invasores con calles estrechas y angulosas y callejones sin salida.
Una ciudad de casas particularmente bonitas, desde las normandas hasta las barrocas, rezuma ambiente. En planta baja las casas no tienen ventanas, pero sí balcones en el primer piso. Se cuentan historias de grandes tesoros, de secretos protegidos por las murallas, y cuando se camina por sus calles adoquinadas, sobre todo en la noche, uno se convence de que esas historias son verdaderas.
Mdina también fue importante para Roma, porque la isla, acordonada de mansiones y granjas, aprovisionaba al imperio. Justo en las afueras de Mdina, en la periferia de Rabat, se halla el Museo Romano de Antigüedades. El edificio, lamentablemente cerrado por renovación la primavera pasada, es neoclásico, pero fue levantado sobre las ruinas de una mansión romana del año 50 antes de Cristo, y los pisos originales de mosaicos, algunas de sus columnas y muchos de sus artefactos todavía están ahí.
El más importante visitante de la era romana fue San Pablo, que supuestamente naufragó aquí en el año 60 después de Cristo. Los malteses no se oponen a que lo diga, pero las evidencias en apoyo de la presencia del apóstol aquí no son concluyentes. Otros lugares, como Creta, disputan el reclamo de Malta. Sin embargo, los malteses trazan su conversión a él, y prácticamente todos los malteses son católicos, la mayoría de ellos devotamente. El nombre de San Pablo está asociado a las obras arquitectónicas más bellas de la isla, lugares donde uno puede pasarse días. En Mdina encontrarás una catedral del siglo 17, donde sus frescos muestran al apóstol predicando a los isleños. En Rabat hay una Iglesia de San Pablo, construida sobre una gruta en la que se dice que se refugió, y unas catacumbas llamadas por su nombre están en las cercanías. Más allá, dos iglesias marcan el acontecimiento mismo: el naufragio de San Pablo en Valletta y la Bahía de San Pablo.
Si San Pablo fue quien más influyó en la mente de los malteses, los visitantes que causaron el mayor impacto en el paisaje fueron los Caballeros de Malta. Esos caballeros errantes, expulsados de Jerusalén, Acre, Chipre y finalmente de Rhodes -huyendo eternamente de la creciente marea del islam- necesitaban un hogar. Aunque tenían algo más lujoso en mente, no tenían muchas alternativas. El precio estaba bien: el Sacro Emperador romano Carlos V les cedería la isla por un apreciado halcón maltés al año para sus cotos de caza. En 1530, la Soberana Orden Militar y Practicante de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, de Rhodes y de Malta tomó posesión de la isla y empezó, como otras muchas civilizaciones antes -y como harían después los franceses y los británicos- a moldear Malta a su capricho.
Los otomanos persiguieron a los caballeros fueron perseguidos hasta Malta, pero surgieron victoriosos después de un sitio particularmente sangriento en 1565. Ahora héroes de Europa, tenían los recursos necesarios para construir lo que quisieran con la ayuda del arquitecto del Papa Pío IV.
Su obra maestra es Valletta, una ciudad fortificada en una cuña de tierra entre el Puerto de Marsamxett y el Puerto Grande. Valletta es una ciudad moderna en muchos respectos, con edificios gubernamentales por todas partes y el habitual complemento de cadenas de restaurantes de comida rápida y tiendas de recuerdos.
Pasé una agradable media hora en una diminuta tienda de zapatos conversando de cosas que son normales en las ciudades pequeñas de todo el mundo. Mostrándome orgullosamente fotografías de sus nietos, el zapatero me dijo que la tienda había sido de la familia durante generaciones, pero que sus bien educados hijos no tenían interés en ella. Estaba en contra del ingreso en la Unión Europea, aunque Malta ingresó esta primavera. En su opinión, eso era el último ataque extranjero.
Aunque sea moderna, Valletta es todavía la ciudad de los caballeros. Pasé dos días caminando por sus calles, buscándolos. Son fáciles de encontrar -a veces literalmente, con sus caras trazadas en la piedra de sus sarcófagos. Más que eso, casi todas las calles y callejones muestran su presencia. Originalmente, los caballeros cuidaban a los enfermos durante las Cruzadas, pero estaban preparados para combatir. Había suficientes almenas, murallas, bastiones, armerías y fuertes para tener contentos para siempre a los historiadores militares, y el Puerto Grande fortificado es una vista impresionante.
También fueron capaces de crear belleza. Dirigidos por un Maestre, los caballeros se organizaban en langues', lenguas, cada una con su propia residencia, o auberge'. Uno de los edificios más atrayentes en Valletta es el Albergue de Castilla y León, ahora la sede del primer ministro. Muchos de los edificios de los caballeros siguen en pie, están en uso y merecen una visita: el Albergue de Provenza es hoy el atractivo Museo Nacional de Arqueología, la Sagrada Enfermería es el Centro Mediterráneo de Conferencias y el palacio del Maestre es ahora el Parlamento.
No es solamente en los edificios que se puede encontrar a los fantasmas de los caballeros. El Monte de Sceberras, sobre el que yace la ciudad, no fue nivelado, y las calle descienden en todas direcciones desde la arteria principal, la calle de la República. Las más empinadas fueron apisonadas, y algunas todavía lo son, con subidas de sólo dos o tres pulgadas, que es más o menos todo lo que un caballero con armadura completa podía levantarse. En la tarde, después de que las tiendas y las oficinas han cerrado, casi podía oír el metálico ruido de sus armaduras en las calles vacías.
Aunque Valletta fue originalmente austera, que convenía a los caballeros que habían hecho votos de pobreza, las modas barrocas europeas llegaron a Malta en los años de 1650 y cambiaron para siempre la faz de la isla. Debe haber algo en la exageración o en los grandes gestos que atrae la sensibilidad maltesa, porque Valletta sigue siendo un excelente ejemplo de arquitectura barroca. Su expresión más opulenta es la iglesia de los caballeros, la Co-Catedral de San Juan. Aunque por fuera se ve desaliñada, por dentro es un himno al exceso glorioso, cada centímetro labrado, dorado o pintado.
A su modo, la transformación de la catedral fue un reflejo de la de los caballeros, los que, ignorando sus votos, se enriquecieron con exceso. Cuando Napoleón propuso que era tiempo de que se marcharan, lo hicieron con profundo dolor, ya que habían vivido bajo el encanto de la isla durante 268 años.
Caer bajo el hechizo de Malta es extraordinariamente fácil. Hay algo sobre esta rocosa y reseca isla y su gente que hechiza inesperadamente, no importa por qué no cómo de reluctante se haya llegado a la isla. Creo que es porque no importa lo a menudo que se la visite, siempre hay algo que sorprende, algo que te hará sonreír.
Finalmente vi el interior de la comisaría de policía maltesa. La comisaría no era hostil, solamente caótica -el sargento, en lo que parecía una conferencia telefónica, tenía un auricular en cada oreja y estaba gritando. Me dirigí hacia él a denunciar el extravío de mi pasaporte. (En Malta los pasaportes no se pierden ni son robados, sino solamente extraviados).
De algún modo pensé que era apropiado, dado el tiempo que pase extraviándome, que mi pasaporte pasara por lo mismo. Cuando rellenaba los formularios, pensé que lo que realmente había extraviado en Malta era mi corazón.
4 de octubre de 2004
17 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
traición en la mafia
[William Glaberson] Entró por la puerta de atrás del tribunal de Brooklyn para arruinar al hombre que dice que es el padrino de una de las cinco familias mafiosas de Nueva York. Y fue al grano de inmediato.
Nueva York, Estados Unidos. "Era el jefe oficial de la familia Bonanno", dijo Salvatore Vitale a una corte federal tan sólo cinco minutos después de la vista preliminar del juicio por crimen organizado y asesinato de Joseph C. Massino, su cuñado.
La última y devastadora traición de Massino, en un caso construido sobre la cooperación sin precedentes con gente de Bonanno, estuvo puntuada por las preguntas en stacatto del fiscal, Greg D. Andres.
¿Cometió usted algún delito, preguntó Andres, por orden de Massino?
Vitale dijo que sí, mirando al fiscal a los ojos, y no al corpulento hombre sentado a la mesa de la defensa al que conoce desde que eran jóvenes en las calles de Nueva York.
"Sí cometí delitos por él", dijo Vitale, siempre evitando la mirada de Massino. "Cometí asesinatos".
Y así empezó lo que se ha dado en llamar el caso más grande de defección en la mafia desde que Salvatore Gravano, el lugarteniente conocido como Sammy el Toro ayudara a enviar a su jefe, John J. Gotti a morir en la cárcel.
Ayer fue solo el comienzo, cuando Vitale declaró como testigo hacia el final del día del juicio. Pero fue suficiente para mostrar lo perjudicial que podía ser el testimonio de Vitale, que se espera que tomará toda la semana.
Mencionó algunos de los delitos que dijo que Massino le había ordenado cometer: "Incendios, secuestros, robo y allanamiento, extorsión, usura". Todo un catálogo de la mafia moderna. Y dijo que los confesaría todos.
Hizo el cuadrangular de los informantes de la mafia: contó al jurado que Massino, 61, le había dado órdenes de matar a ocho hombres. Dio los nombres de los gángsteres asesinados que ahora son conocidos en la sala del tribunal del juez Nicholas G. Garaufis, donde los fiscales han tratado un asesinato tras otro: Sonny Red, Sonny Black, Russell, George.
A veces, Vitale, 56, que habló suave pero convincentemente, tuvo dificultades en recordar a algunos de los hombres que dijo que habían sido eliminados por orden de Massino.
Pero no vaciló cuando contó por qué se había volcado contra Massino, del que dijo que había sido su mejor amigo, el paraninfo de su boda, y quien le enseñó a nadar cuando eran jóvenes.
Dijo que a él lo habían traicionado primero. En los años noventa, dijo, Massino lo aisló de la familia. Conservó su título de lugarteniente, dijo, "pero me aislaron -tenía el título, pero no podía hacer nada".
Al otro lado de la sala del tribunal, en la primera fila, con sus labios apretados, estaba Josephine Massino, la esposa de Massino y hermana de Vitale. Escuchó cuando su hermano trataba de explicar por qué estaba ayudando a los fiscales a poner a su marido en prisión por el resto de su vida.
El hermano, en el programa de protección de testigos, dijo a la corte que en el pasado "no había nada que yo no hiciera por él". Pero entonces, dijo, fue detenido en 2001 y excluido por Massino. Dijo que creía que lo habían abandonado cuando los fiscales cerraban el cerco sobre la familia Bonanno.
"Iban a dejar a mi esposa y a mis hijos en la calle", dijo. Desde su posición en la sala del tribunal, Massino se arrellanó en la silla y suspiró, como si Vitale hubiera hecho algo prohibido.
Si se dio cuenta de la pequeña conmoción, no lo hizo notar. "Es por eso que decidí hacer lo que estoy haciendo hoy", dijo.
Se ha confesado culpable en once asesinatos y accedió a prestar testimonio para el gobierno a cambio de indulgencia.
El abogado de Massino, David Breitbart, dijo que atacará a Vitale por mentiroso y por ser un asesino.
Mientras hacía gala ante Andres de su enciclopédico conocimiento de la familia mafiosa, Vitale se mostró tranquilo. En un traje a la medida, con su cabello salpicado de canas peinado hacia atrás ordenadamente, describió los asesinatos, intrigas y planes del modo en que un contable hablaría de pérdidas y beneficios.
Tomó notes, declaró, sobre los miembros de la mafia en la ciudad y las entregó a los fiscales. Conocía los movimientos de Massino de los últimos 25 años, porque Massino se los contaba. Sabía todo de las posiciones de Massino en el mundo de la mafia, donde los hombres juran guardar los secretos.
Ayer Salvatore Vitale empezó a contar al jurado lo que él sabía.
29 de junio de 2004
17 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
Nueva York, Estados Unidos. "Era el jefe oficial de la familia Bonanno", dijo Salvatore Vitale a una corte federal tan sólo cinco minutos después de la vista preliminar del juicio por crimen organizado y asesinato de Joseph C. Massino, su cuñado.La última y devastadora traición de Massino, en un caso construido sobre la cooperación sin precedentes con gente de Bonanno, estuvo puntuada por las preguntas en stacatto del fiscal, Greg D. Andres.
¿Cometió usted algún delito, preguntó Andres, por orden de Massino?
Vitale dijo que sí, mirando al fiscal a los ojos, y no al corpulento hombre sentado a la mesa de la defensa al que conoce desde que eran jóvenes en las calles de Nueva York.
"Sí cometí delitos por él", dijo Vitale, siempre evitando la mirada de Massino. "Cometí asesinatos".
Y así empezó lo que se ha dado en llamar el caso más grande de defección en la mafia desde que Salvatore Gravano, el lugarteniente conocido como Sammy el Toro ayudara a enviar a su jefe, John J. Gotti a morir en la cárcel.
Ayer fue solo el comienzo, cuando Vitale declaró como testigo hacia el final del día del juicio. Pero fue suficiente para mostrar lo perjudicial que podía ser el testimonio de Vitale, que se espera que tomará toda la semana.
Mencionó algunos de los delitos que dijo que Massino le había ordenado cometer: "Incendios, secuestros, robo y allanamiento, extorsión, usura". Todo un catálogo de la mafia moderna. Y dijo que los confesaría todos.
Hizo el cuadrangular de los informantes de la mafia: contó al jurado que Massino, 61, le había dado órdenes de matar a ocho hombres. Dio los nombres de los gángsteres asesinados que ahora son conocidos en la sala del tribunal del juez Nicholas G. Garaufis, donde los fiscales han tratado un asesinato tras otro: Sonny Red, Sonny Black, Russell, George.
A veces, Vitale, 56, que habló suave pero convincentemente, tuvo dificultades en recordar a algunos de los hombres que dijo que habían sido eliminados por orden de Massino.
Pero no vaciló cuando contó por qué se había volcado contra Massino, del que dijo que había sido su mejor amigo, el paraninfo de su boda, y quien le enseñó a nadar cuando eran jóvenes.
Dijo que a él lo habían traicionado primero. En los años noventa, dijo, Massino lo aisló de la familia. Conservó su título de lugarteniente, dijo, "pero me aislaron -tenía el título, pero no podía hacer nada".
Al otro lado de la sala del tribunal, en la primera fila, con sus labios apretados, estaba Josephine Massino, la esposa de Massino y hermana de Vitale. Escuchó cuando su hermano trataba de explicar por qué estaba ayudando a los fiscales a poner a su marido en prisión por el resto de su vida.
El hermano, en el programa de protección de testigos, dijo a la corte que en el pasado "no había nada que yo no hiciera por él". Pero entonces, dijo, fue detenido en 2001 y excluido por Massino. Dijo que creía que lo habían abandonado cuando los fiscales cerraban el cerco sobre la familia Bonanno.
"Iban a dejar a mi esposa y a mis hijos en la calle", dijo. Desde su posición en la sala del tribunal, Massino se arrellanó en la silla y suspiró, como si Vitale hubiera hecho algo prohibido.
Si se dio cuenta de la pequeña conmoción, no lo hizo notar. "Es por eso que decidí hacer lo que estoy haciendo hoy", dijo.
Se ha confesado culpable en once asesinatos y accedió a prestar testimonio para el gobierno a cambio de indulgencia.
El abogado de Massino, David Breitbart, dijo que atacará a Vitale por mentiroso y por ser un asesino.
Mientras hacía gala ante Andres de su enciclopédico conocimiento de la familia mafiosa, Vitale se mostró tranquilo. En un traje a la medida, con su cabello salpicado de canas peinado hacia atrás ordenadamente, describió los asesinatos, intrigas y planes del modo en que un contable hablaría de pérdidas y beneficios.
Tomó notes, declaró, sobre los miembros de la mafia en la ciudad y las entregó a los fiscales. Conocía los movimientos de Massino de los últimos 25 años, porque Massino se los contaba. Sabía todo de las posiciones de Massino en el mundo de la mafia, donde los hombres juran guardar los secretos.
Ayer Salvatore Vitale empezó a contar al jurado lo que él sabía.
29 de junio de 2004
17 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
nadie conoce a los candidatos
[Louise Roug] Los empleados de la comisión electoral de Mosul renunciaron en masa. Ahora tiene tres miembros. Y nadie conoce a los candidatos. Sus nombres no se publican por temor a las represalias.
Mosul, Iraq. Una mañana hace poco un columna de vehículos blindados trajo aquí a soldados norteamericanos y albaneses para controlar el campo de aviación de Mosul.
Pocas horas después, llegaron en un enjambre de helicópteros el embajador norteamericano John D. Negroponte y los más importantes jefes militares norteamericanos el general George W. Casey y el teniente general Thomas Metz para reunirse con funcionarios electorales iraquíes. Las presentaciones no tomaron mucho tiempo. La comisión que supervisa las elecciones en la tercera ciudad de Iraq se compone de dos personas.
Aunque los funcionarios norteamericanos insisten en que las elecciones se llevarán a cabo, hay importantes obstáculos por superar antes de la votación del 30 de enero. Mosul, con sus 1.8 millones de habitantes, se ha hecho tan volátil que los soldados norteamericanos que trabajan en proyectos comunitarios ya no tienen contacto con la población local.
En las calles de la ciudad no hay carteles ni octavillas de la campaña electoral, pero algunos panfletos amenazan con decapitar a los que vayan a votar.
Todo el personal de la comisión electoral renunció el mes pasado y el gobierno local tiene dos semanas para reclutar y adiestrar a los 800 empleados que necesita para atender a los colegios electorales en toda la provincia.
"Empezaremos de cero", dijo el mayor Tony Cruz del Batallón Asuntos Civiles 426. Mosul, considerada una ciudad modelo a principios de la ocupación norteamericana, se ha transformado en un importante campo de batalla de los rebeldes que quieren impedir la votación y los funcionarios norteamericanos determinados a que tenga lugar. La credibilidad de las elecciones se vería amenazada si la violencia impide que grandes números de votantes aquí y en la provincia vecina que incluye a Faluya se acerquen a las urnas.
Algunos habitantes ya han declarado que se quedarán en casa el día de las elecciones. "Para ser honesto, mi vida es más importante para mí que las elecciones", dijo Nabil Nurildin, un maestro de 28 años. "El gobierno no es capaz de proteger a los ciudadanos para que puedan votar en los locales de votación".
Los norteamericanos que dirigen 150.000 tropas en Iraq han prometido "acciones agresivas" para asegurar que las elecciones sigan adelante en las dos provincias de "gran importancia": Nineveh, que incluye a Mosul, y Al Anbar, su vecina.
Mosul, ubicada cerca de importantes reservas de petróleo, es la capital de la provincia de Nineveh, que tiene fronteras con Siria.
La ciudad misma está en el límite entre las áreas controladas por los kurdos en el norte y el resto del país, dominado por los árabes. Los musulmanes sunníes constituyen casi la mitad de la población de la ciudad.
Hace poco los insurgentes lanzaron ataques desde mezquitas de Mosul. Tres importantes políticos kurdos fueron asesinados el jueves al ser atacados desde un coche en movimiento, y un soldado norteamericano murió en otro incidente.
La violencia ha escalado desde el asesinato del gobernador de la provincia en julio. Después de una importante batalla en Faluya en noviembre, los jefes norteamericanos dicen que los rebeldes buscaron refugio en Bagdad y en Mosul.
Ese mes hubo revueltas en Mosul, y en sitios claves, incluyendo una comisaría de policía, fueron atacados. Desertaron miles de agentes de la policía iraquí.
En diciembre pasado un terrorista suicida mató a 15 soldados norteamericanos y siete agentes de la policía iraquí en el comedor de una base militar cerca de aquí. El ataque fue el más mortífero hasta el momento contra una instalación norteamericana en Iraq.
Los jefes militares norteamericanos, que han estado tratando de "conquistar los corazones y la mente" aquí, han sufrido un serio revés la semana pasada cuando un avión de guerra estadounidense bombardeó por error una casa en Aitha, a unos 50 kilómetros al sur de Mosul, matando al menos a 14 personas. El incidente dio fuego a sentimientos anti-norteamericanos.
El año pasado, la unidad de asuntos civiles empleó a unos 20 intérpretes de la localidad. Pero después de amenazas de muerte, sólo quedan cinco.
Algunos soldados dicen que los ataques contra ellos han disminuido ligeramente en las últimas dos semanas. En diciembre pasado, militares norteamericanos capturaron a dos personas a los que identificaron como miembros de la red del militante jordano Abu Musab Zarqawi. Los hombres habían estado dirigiendo los atentados en la ciudad, dijeron oficiales militares.
El general de división Carter Ham, comandante del Destacamento Especial Olympia en Mosul, se ha referido a los dos funcionarios locales de la comisión electoral, Khaled Kazer y Ahmed Ali, como la gente más importante en la provincia porque coordinarán la contratación de personal para la votación y supervisarán las elecciones.
En la reunión en el aeropuerto, Kazer y Ali, antiguos soldados en la veintena, hablaron largamente con los generales y funcionarios norteamericanos. A partir de hoy, la prensa local publicará anuncios llamando a votar y anuncios de reclutamiento de empleados para la comisión electoral, dijo Kazer, cuya esposa también participa en el proyecto electoral.
Kazer mostró un folleto con fotocopias de carteles que estaban circulando en Mosul. "Votando mejoras tu futuro", decía uno. Otro declaraba: "Una voz es más rica que el oro".
Cruz, el oficial de asuntos civiles y asesor financiero de West Hills, dijo que muchos habitantes aquí no sabían demasiado sobre la votación, en la que los votantes elegirán a listas de candidatos para un parlamento nacional que a su vez elegirá al presidente y primer ministro.
"Un montón de gente aquí piensa que están votando por un presidente", dijo.
Abdul Wahid Khalil, 25, dijo que no conocía las listas ni los candidatos, pero debido a que los clérigos habían llamado a los chiíes a participar, él votaría incluso "si me cuesta la vida".
Pero Nurildin, un árabe sunní, se mostró escéptico. "Supe algo sobre algunos candidatos a través de los medios en Bagdad, pero no en Mosul, y no creo que haya elecciones en Mosul porque todavía no he visto ningún cartel, panfleto ni siquiera entrevistas, como está pasando en otras provincias".
En noviembre, los rebeldes quemaron materiales para la inscripción de votantes que se guardaban en una bodega. Pero llegarán nuevos suministros, dijo Cruz. "Mosul se ha transformado en el principal proyecto", dijo. "Habrá elecciones".
Duraid Kashmoula, gobernador de Nineveh, calcula que un 50 por ciento de los votantes de Mosul ya se han inscrito, y un 80 por ciento de los votantes de áreas circundantes participarán en las elecciones.
Kazer no es tan optimista, y calcula que la participación será de un 40 y 70 por ciento, respectivamente. Las predicciones, sin embargo, se basan en anécdotas.
"Incluso el gobernador que dice a la gente que todo marcha bien, está prejuiciado", dijo Cruz. "No hay modo de calcular esto".
Un grupo estadounidense, el Instituto Internacional Republicano, ha realizado varios sondeos sobre qué piensan los iraquíes sobre su futuro, pero en su último sondeo excluyeron a Mosul por razones de seguridad.
"Debido a que somos una de las peores provincias, será fácil arrojar la toalla", dijo Cruz. Pero "si las elecciones fracasan, la misión de la coalición habrá fracasado".
Una noche hace poco, hacia las diez, Cruz, Kazer y Ali estaban en un edificio que perteneció alguna vez a Uday Hussein, el hijo de Saddam Hussein. En la mesa había un mapa extendido de la provincia. El trío parecía cansado.
Entonces sonó el celular de Kazer. Era un amigo, diciendo que quería trabajar en la comisión electoral. Kazer sonrió radiante. La comisión tenía ahora tres miembros.
Roaa Ahmed contribuyó a este reportaje.
15 de enero de 2005
17 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Mosul, Iraq. Una mañana hace poco un columna de vehículos blindados trajo aquí a soldados norteamericanos y albaneses para controlar el campo de aviación de Mosul.Pocas horas después, llegaron en un enjambre de helicópteros el embajador norteamericano John D. Negroponte y los más importantes jefes militares norteamericanos el general George W. Casey y el teniente general Thomas Metz para reunirse con funcionarios electorales iraquíes. Las presentaciones no tomaron mucho tiempo. La comisión que supervisa las elecciones en la tercera ciudad de Iraq se compone de dos personas.
Aunque los funcionarios norteamericanos insisten en que las elecciones se llevarán a cabo, hay importantes obstáculos por superar antes de la votación del 30 de enero. Mosul, con sus 1.8 millones de habitantes, se ha hecho tan volátil que los soldados norteamericanos que trabajan en proyectos comunitarios ya no tienen contacto con la población local.
En las calles de la ciudad no hay carteles ni octavillas de la campaña electoral, pero algunos panfletos amenazan con decapitar a los que vayan a votar.
Todo el personal de la comisión electoral renunció el mes pasado y el gobierno local tiene dos semanas para reclutar y adiestrar a los 800 empleados que necesita para atender a los colegios electorales en toda la provincia.
"Empezaremos de cero", dijo el mayor Tony Cruz del Batallón Asuntos Civiles 426. Mosul, considerada una ciudad modelo a principios de la ocupación norteamericana, se ha transformado en un importante campo de batalla de los rebeldes que quieren impedir la votación y los funcionarios norteamericanos determinados a que tenga lugar. La credibilidad de las elecciones se vería amenazada si la violencia impide que grandes números de votantes aquí y en la provincia vecina que incluye a Faluya se acerquen a las urnas.
Algunos habitantes ya han declarado que se quedarán en casa el día de las elecciones. "Para ser honesto, mi vida es más importante para mí que las elecciones", dijo Nabil Nurildin, un maestro de 28 años. "El gobierno no es capaz de proteger a los ciudadanos para que puedan votar en los locales de votación".
Los norteamericanos que dirigen 150.000 tropas en Iraq han prometido "acciones agresivas" para asegurar que las elecciones sigan adelante en las dos provincias de "gran importancia": Nineveh, que incluye a Mosul, y Al Anbar, su vecina.
Mosul, ubicada cerca de importantes reservas de petróleo, es la capital de la provincia de Nineveh, que tiene fronteras con Siria.
La ciudad misma está en el límite entre las áreas controladas por los kurdos en el norte y el resto del país, dominado por los árabes. Los musulmanes sunníes constituyen casi la mitad de la población de la ciudad.
Hace poco los insurgentes lanzaron ataques desde mezquitas de Mosul. Tres importantes políticos kurdos fueron asesinados el jueves al ser atacados desde un coche en movimiento, y un soldado norteamericano murió en otro incidente.
La violencia ha escalado desde el asesinato del gobernador de la provincia en julio. Después de una importante batalla en Faluya en noviembre, los jefes norteamericanos dicen que los rebeldes buscaron refugio en Bagdad y en Mosul.
Ese mes hubo revueltas en Mosul, y en sitios claves, incluyendo una comisaría de policía, fueron atacados. Desertaron miles de agentes de la policía iraquí.
En diciembre pasado un terrorista suicida mató a 15 soldados norteamericanos y siete agentes de la policía iraquí en el comedor de una base militar cerca de aquí. El ataque fue el más mortífero hasta el momento contra una instalación norteamericana en Iraq.
Los jefes militares norteamericanos, que han estado tratando de "conquistar los corazones y la mente" aquí, han sufrido un serio revés la semana pasada cuando un avión de guerra estadounidense bombardeó por error una casa en Aitha, a unos 50 kilómetros al sur de Mosul, matando al menos a 14 personas. El incidente dio fuego a sentimientos anti-norteamericanos.
El año pasado, la unidad de asuntos civiles empleó a unos 20 intérpretes de la localidad. Pero después de amenazas de muerte, sólo quedan cinco.
Algunos soldados dicen que los ataques contra ellos han disminuido ligeramente en las últimas dos semanas. En diciembre pasado, militares norteamericanos capturaron a dos personas a los que identificaron como miembros de la red del militante jordano Abu Musab Zarqawi. Los hombres habían estado dirigiendo los atentados en la ciudad, dijeron oficiales militares.
El general de división Carter Ham, comandante del Destacamento Especial Olympia en Mosul, se ha referido a los dos funcionarios locales de la comisión electoral, Khaled Kazer y Ahmed Ali, como la gente más importante en la provincia porque coordinarán la contratación de personal para la votación y supervisarán las elecciones.
En la reunión en el aeropuerto, Kazer y Ali, antiguos soldados en la veintena, hablaron largamente con los generales y funcionarios norteamericanos. A partir de hoy, la prensa local publicará anuncios llamando a votar y anuncios de reclutamiento de empleados para la comisión electoral, dijo Kazer, cuya esposa también participa en el proyecto electoral.
Kazer mostró un folleto con fotocopias de carteles que estaban circulando en Mosul. "Votando mejoras tu futuro", decía uno. Otro declaraba: "Una voz es más rica que el oro".
Cruz, el oficial de asuntos civiles y asesor financiero de West Hills, dijo que muchos habitantes aquí no sabían demasiado sobre la votación, en la que los votantes elegirán a listas de candidatos para un parlamento nacional que a su vez elegirá al presidente y primer ministro.
"Un montón de gente aquí piensa que están votando por un presidente", dijo.
Abdul Wahid Khalil, 25, dijo que no conocía las listas ni los candidatos, pero debido a que los clérigos habían llamado a los chiíes a participar, él votaría incluso "si me cuesta la vida".
Pero Nurildin, un árabe sunní, se mostró escéptico. "Supe algo sobre algunos candidatos a través de los medios en Bagdad, pero no en Mosul, y no creo que haya elecciones en Mosul porque todavía no he visto ningún cartel, panfleto ni siquiera entrevistas, como está pasando en otras provincias".
En noviembre, los rebeldes quemaron materiales para la inscripción de votantes que se guardaban en una bodega. Pero llegarán nuevos suministros, dijo Cruz. "Mosul se ha transformado en el principal proyecto", dijo. "Habrá elecciones".
Duraid Kashmoula, gobernador de Nineveh, calcula que un 50 por ciento de los votantes de Mosul ya se han inscrito, y un 80 por ciento de los votantes de áreas circundantes participarán en las elecciones.
Kazer no es tan optimista, y calcula que la participación será de un 40 y 70 por ciento, respectivamente. Las predicciones, sin embargo, se basan en anécdotas.
"Incluso el gobernador que dice a la gente que todo marcha bien, está prejuiciado", dijo Cruz. "No hay modo de calcular esto".
Un grupo estadounidense, el Instituto Internacional Republicano, ha realizado varios sondeos sobre qué piensan los iraquíes sobre su futuro, pero en su último sondeo excluyeron a Mosul por razones de seguridad.
"Debido a que somos una de las peores provincias, será fácil arrojar la toalla", dijo Cruz. Pero "si las elecciones fracasan, la misión de la coalición habrá fracasado".
Una noche hace poco, hacia las diez, Cruz, Kazer y Ali estaban en un edificio que perteneció alguna vez a Uday Hussein, el hijo de Saddam Hussein. En la mesa había un mapa extendido de la provincia. El trío parecía cansado.
Entonces sonó el celular de Kazer. Era un amigo, diciendo que quería trabajar en la comisión electoral. Kazer sonrió radiante. La comisión tenía ahora tres miembros.
Roaa Ahmed contribuyó a este reportaje.
15 de enero de 2005
17 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
muerte sin honores
[David Zucchino] Para las familias de los contratistas que trabajan en la guerra encargada de Iraq, no hay cartas presidenciales ni salvas de 21 disparos, sólo consternación y pena.
Rosharon, Tejas, Estados Unidos. Cuando los parroquianos del Johnson's Market Bar and Grill se enteraron de que su amigo Allan Smith había muerto en Iraq, le rindieron tributo jugando a los dardos y bebiendo cerveza, dos de los pasatiempos favoritos de Smith.
"Allan lo hubiese aprobado", dijo Pat Johnson, el dueño, que se complació cuando en el funeral se mostró un video de Smith luchando con un oso de circo, e inmovilizándolo.
En otro suburbio de Houston, Dona Davis había recibido un email de su marido Leslie pocas horas antes de que le dijeran que había muerto en el mismo atentado suicida en el que murió Smith el 21 de diciembre. Entonces comenzó a preparar lo que llamó un "funeral patriota".
"Mi marido amaba a su país", dijo Davis. "Una de las últimas cosas que me dijo fue: Estamos haciendo algo bueno aquí'".
Leslie Wayne Davis y Allan Keith Smith no eran soldados. Eran contratistas civiles, parte de un ejército de mecánicos, carpinteros y electricistas que apoyan la misión militar norteamericana en Iraq. Empleados de Halliburton Co., murieron junto a dos de sus colegas y 14 soldados en un comedor militar en Mosul.
Estados Unidos nunca ha estado antes en una guerra como esta, donde el enemigo está en todas partes y en ninguna, donde los civiles tienen tareas que antes realizaban los soldados y donde abuelos de edad mediana mueren junto a soldados de infantería de 19 años. Esta es la primera guerra por encargo del país, donde los civiles proporcionan los dos pilares del ejército en la logística y los aprovisionamientos.
Es una guerra sin frente, donde los civiles comparten los riesgos y el peso del combate. La gente muere en las más prosaicas de las circunstancias: durmiendo, yendo al trabajo, almorzando.
A diferencia de los soldados y marines que mueren en acción, los contratistas que mueren en Iraq tienden a morir anónimamente, y se los menciona sólo al pasar. Un diario local publicó un reportaje sobre Davis y Smith, proporcionando algunos detalles biográficos mínimos.
Pero sus muertes no son menos trágicas, y los mismos estertores de pena y dolor que sacuden las familias de los militares, sacuden a las familias de los civiles.
A diferencia de las familias de los militares, las familias de los contratistas no han tenido años para endurecerse con la posibilidad de la muerte en combate. Sus seres queridos no llevan rifles ni pesadas ametralladoras. Son civiles que hacen sus trabajos, y cada muerte repentina y violenta causa conmoción, sin importar cuántos contratistas mueren en el caos de Iraq.
El Pentágono y los órganos de prensa llevan una lista meticulosa de los soldados y marines caídos. Los diarios locales publican historias detalladas y obituarios elogiando sus servicios y valor. Los muertos reciben funerales militares con guardias de honor, salvas 21 disparos y ceremonias con banderas. Sus familias reciben cartas del presidente Bush.
Ninguna organización lleva una lista oficial de los contratistas muertos, de acuerdo a Stan Soloway, del Consejo de Servicios Profesionales, un grupo profesional entre cuyos miembros hay contratistas militares. Dijo que el grupo representa a 30.000 contratistas en Iraq, de un total de contratistas dos o tres veces mayor.
Soloway calcula que desde marzo han muerto en Iraq entre 200 y 250 contratistas. Las bajas no oficiales según informes de prensa que lleva el Conteo de Bajas de la Coalición en Iraq, un grupo de investigación privado, llegan a 202, entre las que hay 72 norteamericanos.
Halliburton, con 40.000 empleados y contratistas en Oriente Medio, dice que 63 de sus trabajadores han muerto en Iraq -más que los de las otras empresas, de acuerdo a Soloway.
Los militares norteamericanos, con 150.000 tropas en Iraq, han sufrido 1.356 bajas.
Las principales causas de muerte de los contratistas, listadas en la página web del Conteo de Bajas, son los ataques contra convoyes y emboscadas en carretera (48), ejecuciones realizadas por secuestradores (29), bombas improvisadas en la calle (18) y atentados suicidas con bomba y coches-bomba (25), incluyendo a Smith y Davis.
El Pentágono proporciona funerales con honores militares completos en cementerios de las fuerzas armadas para los militares muertos en Iraq. Las familias de los contratistas se encargan de sus propios funerales.
Después de que los militares enviaran los restos de Smith y Davis a la Base Aérea de Dover en Delaware, después de que los empleados de Halliburton escoltaran los cuerpos de vuelta a casa en Tejas, y después de que representantes de Halliburton pasaran dos horas con los seres queridos de los dos hombres muertos, las familias se quedan a hacer el resto.
Dona Davis tomó el anillo de bodas de su marido y la remplazó por el suyo propio, enterrándolo con él. Se aseguró de que su funeral incluyera un video de Leslie hablando en el reciente funeral de su hermano, donde dice que su hermano había "ido a un lugar mejor en el cielo". Ella cree que Leslie está allá ahora.
Los amigos de Smith pegaron un blanco de dardos a su ataúd. Rieron con el video de la lucha con el oso y lloraron cuando sonó la canción favorita de Smith, Silver Wings', de Merle Haggard. Hubo sollozos cuando se mostró una instantánea de Smith sosteniendo a su nieto recién nacido en el hospital.
Tanto Smith, 45, como Davis, 53, eran abuelos. Tenían el doble de edad que la mayoría de los soldados que almorzaban ese día en el comedor donde murieron. El soldado típico es soltero, terminó hace pocos años la escuela secundaria y tiene pocas deudas o compromisos. El contratista típico es un hombre de edad mediana, casado o divorciado, y persigue un salario grandioso.
Los amigos de Smith dicen que se marchó a trabajar para Halliburton en Iraq como capataz para ganar dinero y dar una mejor vida a sus dos hijas y a su nieto de cuatro meses, y para comprarle un coche a una de sus hijas. La familia de Davis dice que él se marchó por sentido del deber, a trabajar como controlador de calidad, con la esperanza de que Halliburton lo integrara a su plantilla permanente en el extranjero de modo que él y su esposa pudieran viajar por el mundo.
Hombres como Davis y Smith, con toda una vida de habilidades adquiridas y experiencia, son muy pedidos en una época en que unas fuerzas armadas reducidas se han volcado hacia los civiles para que hagan trabajos que antes hacían los soldados. Halliburton, una compañía de servicios de energía basada en Houston, ha estado entre los principales contratistas privados en Iraq, principalmente a través de su filial de ingeniería, la KBR.
Cuando se presentó la oportunidad de trabajar para la compañía en Iraq, Smith y Davis se aferraron a ella, a pesar de las súplicas de la familia y amigos de que no corrieran ese riesgo.
Lo Tengo Todo Bajo Control
Smith era un hombre fuerte con cara de pan y una personalidad despreocupada. Su vida se centraba en sus hijas, Brandy, 21, y Savanah, 18, y en su nieto, Koda. Era un parroquiano del Johnson's Bar, un bar que se ciñe a un estrecho camino condal que pasa por pastizales ganaderos y torres de perforación de petróleo en Rosharon en la punta sur de Houston.
Smith se ganaba la vida con una firma de servicios de jardinería. Vivía en una caravana a menos de un kilómetro y medio de Johnson y era socio, y un amigo de toda la vida, de una taberna llamada Hoot N Annie's.
Miranda Selvera, 29, que trabajaba para Smith como camarera, contó que había convencido a su marido de no ir a Iraq, pero no había podido convencer a Smith.
"Sólo sonrió y me dijo que quería una vida mejor para él y sus hijos", dijo.
Terry Alabama' Hartley, que jugó a los dardos con Smith durante más de una década, dijo que le había dicho la noche antes de que se marchara, en octubre: "Man, no necesitas ir allá". Hartley dijo que Smith "me tomó por el cuello y me dijo: Chico, lo tengo todo bajo control'".
La hija de Smith, Brandy Wilkison, vive en su caravana, adonde llegaron dos consejeros de Halliburton la tarde del 21 de diciembre a entregarle la noticia de la muerte de su padre.
Dijo que su padre pensaba volver en primavera para una breve visita para ver a su hermana, Savanah, que se graduaba de la secundaria y para el nacimiento del primer hijo de Savanah, que debía nacer en junio.
"Luego se volvería a marchar y terminaría el año, para volver a casa y criar a sus nietos", dijo Brandy. Le dijo que su salario "era más que suficiente" y "mucho mejor que cortar el césped".
Ella siente ahora la pérdida. "Era valiente. Yo dependía mucho de él, y ahora ya no está y me siento como perdida".
Cuando él se marchó a Iraq, dijo, Smith le pasó la firma de jardinería al novio de Brandy. "Vamos a mantener el nombre -Allan's Lawn Service", dijo.
Smith estaba preocupado de los ataques con mortero en la base de Mosul donde vivía, dijo su novia, Ellen Hanley. Le dijo que un mortero había impactado en una bodega cercana. "Pero no le tenía miedo a nadie", dijo Hanley.
El día antes de que muriera Smith, Hanley se operó de un cáncer. "Entonces me llegaron las noticias de Allen, y eso era más de lo que podía soportar", dijo.
La muerte de Smith ha dejado un hueco en Rosharon, una diminuta comunidad donde se conoce todo el mundo y la mayoría de la gente trabaja en la construcción de casas o en el petróleo. Todos reconocieron su camioneta Dodge beige, con la que iba al bar de Johnson o a comer al restaurante Chili.
Selvera dijo que su hijo de cuatro años todavía sonreía y saludaba cuando veía pasar la camioneta de Smith, que conduce ahora su hija.
"Entonces grita: ¡Llegó Allan!", dijo Selvera. "Y yo tengo que contarle: No, no es él'".
Cerca del Cielo
A 80 kilómetros, en Magnolia, en los suburbios del norte de Houston, Dona Davis trató de convencer a su marido de no ir a Iraq en junio pasado. Sigue pensando sobre el tiempo que pasó hace tres décadas cuando estuvo de servicio en las lanchas patrulleras de la Marina en Vietnam, y de cómo temía que alguien llamara a la puerta.
Cuando eso ocurrió el 21 de diciembre, no había un oficial militar en la puerta sino dos representantes de Halliburton. "Estoy completamente perdida", dijo al enterarse. Se puso histérica, llorando y gritando, dijo.
Finalmente encontró consuelo en lo que le había dicho su marido cuando ella trató de mantenerlo en casa. "Me dijo: Dona, estoy tan cerca del cielo en Iraq que en Houston'", dijo.
Leslie Davis, conocida como Bub', era un hombre religioso, un ex diácono que enseñaba el catecismo y rezaba antes de la comida. Apoyó al misión norteamericana en Iraq, dijo su viuda. Daba caramelos a los niños iraquíes hasta que los militares, preocupados de la seguridad de la base, construyeron una muralla que se lo impidió.
Dona dijo que su marido ganaba más o menos el mismos dinero con Halliburton que en sus trabajos previos como auditor de compañías petrolíferas norteamericanas.
"No me hablaba de los peligros, y eso lo hacía aposta", dijo. "Bromeaba sobre el hecho de que debía almorzar con el chaleco antibalas puesto. Si los habían atacado con morteros, me diría: Los chicos pasaron una noche bulliciosa'".
Leslie y Dona, con 35 años de matrimonio, intercambiaban emails todas las noches -los de Leslie decorados con banderas de Estados Unidos y de Tejas- y hablaban por teléfono casi todos los días. Él le hablaba a menudo del miedo y de la ansiedad que veía en los ojos de los jóvenes soldados. Leslie tenía 19 años cuando Vietnam, y Dona cree que estaba reviviendo su juventud en una zona de combate lejos de casa.
Después de un fatal atentado con coche-bomba en Mosul, dijo Dona, Leslie que contó que se había encontrado con un turbado y joven soldado que había sobrevivido.
"Dijo que quiso abrazar a ese joven, pero no lo hizo porque no quiso hacerlo frente a otros soldados", dijo. "Y entonces me contó que hubiese preferido morir él antes que esos chicos".
El día que murió, la familia estaba preparando una cena para las vísperas de Navidad. El novio de la hija de los Davis, Angie, 35, quería pedirla en matrimonio esa noche. La cena fue cancelada.
"Sabes", dijo Angie, limpiándose las lágrimas que mancharon su maquillaje, "lo primero que habría hecho es escribirle un email a mi papá, para contárselo. Lo habría hecho muy feliz".
A pesar de los peligros, dijo, su padre se marchó a Iraq "porque era allá donde lo necesitaba Dios".
Para Dona, que empezó a salir con Leslie cuando estaban los dos en el noveno, su muerte la ha destrozado. La pareja quería trabajar para Halliburton y viajar por el mundo antes de volver a ver crecer a sus nietos. Leslie había planeado tomar libre en marzo para reunirse con Dona en Roma.
"Es difícil imaginarse la vida sin él", dijo.
Ese día en Mosul Davis no quería almorzar, dijo Dona, pero sus colegas lo convencieron. Uno de ellos, Dennis Barcelona, le dijo a Dona que él trató de salvar a Leslie cuando este yacía sangrando de una herida en su muslo cerca de su ingle. Barcelona dijo que uso una camisa para hacer un torniquete, pero fue incapaz de parar el derrame.
Para su cumpleaños en noviembre, Leslie le envío a Dona una esterilla de oraciones que había hecho hacer en Iraq. Bordados en el reverso estaban los nombres y las edades de los cuatro hijos de la pareja y sus 11 nietos.
Dona pensó que era típico de su marido hacérselo todo más difícil tratando de recordar las edades y no solamente las fechas de nacimiento. Él había tenido que calcular la edad de todos, redondeándolos para arriba o para abajo. Las edades que escogió correspondían precisamente a las edades de sus hijos y nietos el día en que murió.
"Fue casi como una premonición", dijo Angie.
En el funeral de Leslie cientos de personas se agolpearon en la capilla, entre ellos los dos representantes de Halliburton. Se colocaron monitores en el exterior para los que quedaron fuera.
"La gente se acercaba a él. Le encantaba a todo el mundo", dijo Angie. "Si tú trabajabas un día para mi padre, te hacías amigo de él para toda la vida".
Había un águila y una bandera americana en el ataúd. Debido a que Davis era un veterano, dos marinos de la Marina estaban presentes para prestar sus respetos al ataúd, tocar a silencio y ofrecer a Dona una bandera norteamericana plegada.
Pocos días después, en la salita de su casa de estilo rancho, donde las ventanas dan a varias hectáreas de ondulados prados de magnolia, Dona y Angie no lloraban como cuando la despedida final.
"Ese funeral fue una celebración de su vida", dijo Dona.
Después de toda las turbulencias en Iraq, dijo Angie, su padre estaba finalmente en paz.
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
"Allan lo hubiese aprobado", dijo Pat Johnson, el dueño, que se complació cuando en el funeral se mostró un video de Smith luchando con un oso de circo, e inmovilizándolo.
En otro suburbio de Houston, Dona Davis había recibido un email de su marido Leslie pocas horas antes de que le dijeran que había muerto en el mismo atentado suicida en el que murió Smith el 21 de diciembre. Entonces comenzó a preparar lo que llamó un "funeral patriota".
"Mi marido amaba a su país", dijo Davis. "Una de las últimas cosas que me dijo fue: Estamos haciendo algo bueno aquí'".
Leslie Wayne Davis y Allan Keith Smith no eran soldados. Eran contratistas civiles, parte de un ejército de mecánicos, carpinteros y electricistas que apoyan la misión militar norteamericana en Iraq. Empleados de Halliburton Co., murieron junto a dos de sus colegas y 14 soldados en un comedor militar en Mosul.
Estados Unidos nunca ha estado antes en una guerra como esta, donde el enemigo está en todas partes y en ninguna, donde los civiles tienen tareas que antes realizaban los soldados y donde abuelos de edad mediana mueren junto a soldados de infantería de 19 años. Esta es la primera guerra por encargo del país, donde los civiles proporcionan los dos pilares del ejército en la logística y los aprovisionamientos.
Es una guerra sin frente, donde los civiles comparten los riesgos y el peso del combate. La gente muere en las más prosaicas de las circunstancias: durmiendo, yendo al trabajo, almorzando.
A diferencia de los soldados y marines que mueren en acción, los contratistas que mueren en Iraq tienden a morir anónimamente, y se los menciona sólo al pasar. Un diario local publicó un reportaje sobre Davis y Smith, proporcionando algunos detalles biográficos mínimos.
Pero sus muertes no son menos trágicas, y los mismos estertores de pena y dolor que sacuden las familias de los militares, sacuden a las familias de los civiles.
A diferencia de las familias de los militares, las familias de los contratistas no han tenido años para endurecerse con la posibilidad de la muerte en combate. Sus seres queridos no llevan rifles ni pesadas ametralladoras. Son civiles que hacen sus trabajos, y cada muerte repentina y violenta causa conmoción, sin importar cuántos contratistas mueren en el caos de Iraq.
El Pentágono y los órganos de prensa llevan una lista meticulosa de los soldados y marines caídos. Los diarios locales publican historias detalladas y obituarios elogiando sus servicios y valor. Los muertos reciben funerales militares con guardias de honor, salvas 21 disparos y ceremonias con banderas. Sus familias reciben cartas del presidente Bush.
Ninguna organización lleva una lista oficial de los contratistas muertos, de acuerdo a Stan Soloway, del Consejo de Servicios Profesionales, un grupo profesional entre cuyos miembros hay contratistas militares. Dijo que el grupo representa a 30.000 contratistas en Iraq, de un total de contratistas dos o tres veces mayor.
Soloway calcula que desde marzo han muerto en Iraq entre 200 y 250 contratistas. Las bajas no oficiales según informes de prensa que lleva el Conteo de Bajas de la Coalición en Iraq, un grupo de investigación privado, llegan a 202, entre las que hay 72 norteamericanos.
Halliburton, con 40.000 empleados y contratistas en Oriente Medio, dice que 63 de sus trabajadores han muerto en Iraq -más que los de las otras empresas, de acuerdo a Soloway.
Los militares norteamericanos, con 150.000 tropas en Iraq, han sufrido 1.356 bajas.
Las principales causas de muerte de los contratistas, listadas en la página web del Conteo de Bajas, son los ataques contra convoyes y emboscadas en carretera (48), ejecuciones realizadas por secuestradores (29), bombas improvisadas en la calle (18) y atentados suicidas con bomba y coches-bomba (25), incluyendo a Smith y Davis.
El Pentágono proporciona funerales con honores militares completos en cementerios de las fuerzas armadas para los militares muertos en Iraq. Las familias de los contratistas se encargan de sus propios funerales.
Después de que los militares enviaran los restos de Smith y Davis a la Base Aérea de Dover en Delaware, después de que los empleados de Halliburton escoltaran los cuerpos de vuelta a casa en Tejas, y después de que representantes de Halliburton pasaran dos horas con los seres queridos de los dos hombres muertos, las familias se quedan a hacer el resto.
Dona Davis tomó el anillo de bodas de su marido y la remplazó por el suyo propio, enterrándolo con él. Se aseguró de que su funeral incluyera un video de Leslie hablando en el reciente funeral de su hermano, donde dice que su hermano había "ido a un lugar mejor en el cielo". Ella cree que Leslie está allá ahora.
Los amigos de Smith pegaron un blanco de dardos a su ataúd. Rieron con el video de la lucha con el oso y lloraron cuando sonó la canción favorita de Smith, Silver Wings', de Merle Haggard. Hubo sollozos cuando se mostró una instantánea de Smith sosteniendo a su nieto recién nacido en el hospital.
Tanto Smith, 45, como Davis, 53, eran abuelos. Tenían el doble de edad que la mayoría de los soldados que almorzaban ese día en el comedor donde murieron. El soldado típico es soltero, terminó hace pocos años la escuela secundaria y tiene pocas deudas o compromisos. El contratista típico es un hombre de edad mediana, casado o divorciado, y persigue un salario grandioso.
Los amigos de Smith dicen que se marchó a trabajar para Halliburton en Iraq como capataz para ganar dinero y dar una mejor vida a sus dos hijas y a su nieto de cuatro meses, y para comprarle un coche a una de sus hijas. La familia de Davis dice que él se marchó por sentido del deber, a trabajar como controlador de calidad, con la esperanza de que Halliburton lo integrara a su plantilla permanente en el extranjero de modo que él y su esposa pudieran viajar por el mundo.
Hombres como Davis y Smith, con toda una vida de habilidades adquiridas y experiencia, son muy pedidos en una época en que unas fuerzas armadas reducidas se han volcado hacia los civiles para que hagan trabajos que antes hacían los soldados. Halliburton, una compañía de servicios de energía basada en Houston, ha estado entre los principales contratistas privados en Iraq, principalmente a través de su filial de ingeniería, la KBR.
Cuando se presentó la oportunidad de trabajar para la compañía en Iraq, Smith y Davis se aferraron a ella, a pesar de las súplicas de la familia y amigos de que no corrieran ese riesgo.
Lo Tengo Todo Bajo Control
Smith era un hombre fuerte con cara de pan y una personalidad despreocupada. Su vida se centraba en sus hijas, Brandy, 21, y Savanah, 18, y en su nieto, Koda. Era un parroquiano del Johnson's Bar, un bar que se ciñe a un estrecho camino condal que pasa por pastizales ganaderos y torres de perforación de petróleo en Rosharon en la punta sur de Houston.
Smith se ganaba la vida con una firma de servicios de jardinería. Vivía en una caravana a menos de un kilómetro y medio de Johnson y era socio, y un amigo de toda la vida, de una taberna llamada Hoot N Annie's.
Miranda Selvera, 29, que trabajaba para Smith como camarera, contó que había convencido a su marido de no ir a Iraq, pero no había podido convencer a Smith.
"Sólo sonrió y me dijo que quería una vida mejor para él y sus hijos", dijo.
Terry Alabama' Hartley, que jugó a los dardos con Smith durante más de una década, dijo que le había dicho la noche antes de que se marchara, en octubre: "Man, no necesitas ir allá". Hartley dijo que Smith "me tomó por el cuello y me dijo: Chico, lo tengo todo bajo control'".
La hija de Smith, Brandy Wilkison, vive en su caravana, adonde llegaron dos consejeros de Halliburton la tarde del 21 de diciembre a entregarle la noticia de la muerte de su padre.
Dijo que su padre pensaba volver en primavera para una breve visita para ver a su hermana, Savanah, que se graduaba de la secundaria y para el nacimiento del primer hijo de Savanah, que debía nacer en junio.
"Luego se volvería a marchar y terminaría el año, para volver a casa y criar a sus nietos", dijo Brandy. Le dijo que su salario "era más que suficiente" y "mucho mejor que cortar el césped".
Ella siente ahora la pérdida. "Era valiente. Yo dependía mucho de él, y ahora ya no está y me siento como perdida".
Cuando él se marchó a Iraq, dijo, Smith le pasó la firma de jardinería al novio de Brandy. "Vamos a mantener el nombre -Allan's Lawn Service", dijo.
Smith estaba preocupado de los ataques con mortero en la base de Mosul donde vivía, dijo su novia, Ellen Hanley. Le dijo que un mortero había impactado en una bodega cercana. "Pero no le tenía miedo a nadie", dijo Hanley.
El día antes de que muriera Smith, Hanley se operó de un cáncer. "Entonces me llegaron las noticias de Allen, y eso era más de lo que podía soportar", dijo.
La muerte de Smith ha dejado un hueco en Rosharon, una diminuta comunidad donde se conoce todo el mundo y la mayoría de la gente trabaja en la construcción de casas o en el petróleo. Todos reconocieron su camioneta Dodge beige, con la que iba al bar de Johnson o a comer al restaurante Chili.
Selvera dijo que su hijo de cuatro años todavía sonreía y saludaba cuando veía pasar la camioneta de Smith, que conduce ahora su hija.
"Entonces grita: ¡Llegó Allan!", dijo Selvera. "Y yo tengo que contarle: No, no es él'".
Cerca del Cielo
A 80 kilómetros, en Magnolia, en los suburbios del norte de Houston, Dona Davis trató de convencer a su marido de no ir a Iraq en junio pasado. Sigue pensando sobre el tiempo que pasó hace tres décadas cuando estuvo de servicio en las lanchas patrulleras de la Marina en Vietnam, y de cómo temía que alguien llamara a la puerta.
Cuando eso ocurrió el 21 de diciembre, no había un oficial militar en la puerta sino dos representantes de Halliburton. "Estoy completamente perdida", dijo al enterarse. Se puso histérica, llorando y gritando, dijo.
Finalmente encontró consuelo en lo que le había dicho su marido cuando ella trató de mantenerlo en casa. "Me dijo: Dona, estoy tan cerca del cielo en Iraq que en Houston'", dijo.
Leslie Davis, conocida como Bub', era un hombre religioso, un ex diácono que enseñaba el catecismo y rezaba antes de la comida. Apoyó al misión norteamericana en Iraq, dijo su viuda. Daba caramelos a los niños iraquíes hasta que los militares, preocupados de la seguridad de la base, construyeron una muralla que se lo impidió.
Dona dijo que su marido ganaba más o menos el mismos dinero con Halliburton que en sus trabajos previos como auditor de compañías petrolíferas norteamericanas.
"No me hablaba de los peligros, y eso lo hacía aposta", dijo. "Bromeaba sobre el hecho de que debía almorzar con el chaleco antibalas puesto. Si los habían atacado con morteros, me diría: Los chicos pasaron una noche bulliciosa'".
Leslie y Dona, con 35 años de matrimonio, intercambiaban emails todas las noches -los de Leslie decorados con banderas de Estados Unidos y de Tejas- y hablaban por teléfono casi todos los días. Él le hablaba a menudo del miedo y de la ansiedad que veía en los ojos de los jóvenes soldados. Leslie tenía 19 años cuando Vietnam, y Dona cree que estaba reviviendo su juventud en una zona de combate lejos de casa.
Después de un fatal atentado con coche-bomba en Mosul, dijo Dona, Leslie que contó que se había encontrado con un turbado y joven soldado que había sobrevivido.
"Dijo que quiso abrazar a ese joven, pero no lo hizo porque no quiso hacerlo frente a otros soldados", dijo. "Y entonces me contó que hubiese preferido morir él antes que esos chicos".
El día que murió, la familia estaba preparando una cena para las vísperas de Navidad. El novio de la hija de los Davis, Angie, 35, quería pedirla en matrimonio esa noche. La cena fue cancelada.
"Sabes", dijo Angie, limpiándose las lágrimas que mancharon su maquillaje, "lo primero que habría hecho es escribirle un email a mi papá, para contárselo. Lo habría hecho muy feliz".
A pesar de los peligros, dijo, su padre se marchó a Iraq "porque era allá donde lo necesitaba Dios".
Para Dona, que empezó a salir con Leslie cuando estaban los dos en el noveno, su muerte la ha destrozado. La pareja quería trabajar para Halliburton y viajar por el mundo antes de volver a ver crecer a sus nietos. Leslie había planeado tomar libre en marzo para reunirse con Dona en Roma.
"Es difícil imaginarse la vida sin él", dijo.
Ese día en Mosul Davis no quería almorzar, dijo Dona, pero sus colegas lo convencieron. Uno de ellos, Dennis Barcelona, le dijo a Dona que él trató de salvar a Leslie cuando este yacía sangrando de una herida en su muslo cerca de su ingle. Barcelona dijo que uso una camisa para hacer un torniquete, pero fue incapaz de parar el derrame.
Para su cumpleaños en noviembre, Leslie le envío a Dona una esterilla de oraciones que había hecho hacer en Iraq. Bordados en el reverso estaban los nombres y las edades de los cuatro hijos de la pareja y sus 11 nietos.
Dona pensó que era típico de su marido hacérselo todo más difícil tratando de recordar las edades y no solamente las fechas de nacimiento. Él había tenido que calcular la edad de todos, redondeándolos para arriba o para abajo. Las edades que escogió correspondían precisamente a las edades de sus hijos y nietos el día en que murió.
"Fue casi como una premonición", dijo Angie.
En el funeral de Leslie cientos de personas se agolpearon en la capilla, entre ellos los dos representantes de Halliburton. Se colocaron monitores en el exterior para los que quedaron fuera.
"La gente se acercaba a él. Le encantaba a todo el mundo", dijo Angie. "Si tú trabajabas un día para mi padre, te hacías amigo de él para toda la vida".
Había un águila y una bandera americana en el ataúd. Debido a que Davis era un veterano, dos marinos de la Marina estaban presentes para prestar sus respetos al ataúd, tocar a silencio y ofrecer a Dona una bandera norteamericana plegada.
Pocos días después, en la salita de su casa de estilo rancho, donde las ventanas dan a varias hectáreas de ondulados prados de magnolia, Dona y Angie no lloraban como cuando la despedida final.
"Ese funeral fue una celebración de su vida", dijo Dona.
Después de toda las turbulencias en Iraq, dijo Angie, su padre estaba finalmente en paz.
16 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
nadie conoce a los candidatos
[Louise Roug] Los empleados de la comisión electoral de Mosul renunciaron en masa. Ahora tiene tres miembros. Y nadie conoce a los candidatos. Sus nombres no se publican por temor a las represalias.
Mosul, Iraq. Una mañana hace poco un columna de vehículos blindados trajo aquí a soldados norteamericanos y albaneses para controlar el campo de aviación de Mosul.
Pocas horas después, llegaron en un enjambre de helicópteros el embajador norteamericano John D. Negroponte y los más importantes jefes militares norteamericanos el general George W. Casey y el teniente general Thomas Metz para reunirse con funcionarios electorales iraquíes. Las presentaciones no tomaron mucho tiempo. La comisión que supervisa las elecciones en la tercera ciudad de Iraq se compone de dos personas.
Aunque los funcionarios norteamericanos insisten en que las elecciones se llevarán a cabo, hay importantes obstáculos por superar antes de la votación del 30 de enero. Mosul, con sus 1.8 millones de habitantes, se ha hecho tan volátil que los soldados norteamericanos que trabajan en proyectos comunitarios ya no tienen contacto con la población local.
En las calles de la ciudad no hay carteles ni octavillas de la campaña electoral, pero algunos panfletos amenazan con decapitar a los que vayan a votar.
Todo el personal de la comisión electoral renunció el mes pasado y el gobierno local tiene dos semanas para reclutar y adiestrar a los 800 empleados que necesita para atender a los colegios electorales en toda la provincia.
"Empezaremos de cero", dijo el mayor Tony Cruz del Batallón Asuntos Civiles 426. Mosul, considerada una ciudad modelo a principios de la ocupación norteamericana, se ha transformado en un importante campo de batalla de los rebeldes que quieren impedir la votación y los funcionarios norteamericanos determinados a que tenga lugar. La credibilidad de las elecciones se vería amenazada si la violencia impide que grandes números de votantes aquí y en la provincia vecina que incluye a Faluya se acerquen a las urnas.
Algunos habitantes ya han declarado que se quedarán en casa el día de las elecciones. "Para ser honesto, mi vida es más importante para mí que las elecciones", dijo Nabil Nurildin, un maestro de 28 años. "El gobierno no es capaz de proteger a los ciudadanos para que puedan votar en los locales de votación".
Los norteamericanos que dirigen 150.000 tropas en Iraq han prometido "acciones agresivas" para asegurar que las elecciones sigan adelante en las dos provincias de "gran importancia": Nineveh, que incluye a Mosul, y Al Anbar, su vecina.
Mosul, ubicada cerca de importantes reservas de petróleo, es la capital de la provincia de Nineveh, que tiene fronteras con Siria.
La ciudad misma está en el límite entre las áreas controladas por los kurdos en el norte y el resto del país, dominado por los árabes. Los musulmanes sunníes constituyen casi la mitad de la población de la ciudad.
Hace poco los insurgentes lanzaron ataques desde mezquitas de Mosul. Tres importantes políticos kurdos fueron asesinados el jueves al ser atacados desde un coche en movimiento, y un soldado norteamericano murió en otro incidente.
La violencia ha escalado desde el asesinato del gobernador de la provincia en julio. Después de una importante batalla en Faluya en noviembre, los jefes norteamericanos dicen que los rebeldes buscaron refugio en Bagdad y en Mosul.
Ese mes hubo revueltas en Mosul, y en sitios claves, incluyendo una comisaría de policía, fueron atacados. Desertaron miles de agentes de la policía iraquí.
En diciembre pasado un terrorista suicida mató a 15 soldados norteamericanos y siete agentes de la policía iraquí en el comedor de una base militar cerca de aquí. El ataque fue el más mortífero hasta el momento contra una instalación norteamericana en Iraq.
Los jefes militares norteamericanos, que han estado tratando de "conquistar los corazones y la mente" aquí, han sufrido un serio revés la semana pasada cuando un avión de guerra estadounidense bombardeó por error una casa en Aitha, a unos 50 kilómetros al sur de Mosul, matando al menos a 14 personas. El incidente dio fuego a sentimientos anti-norteamericanos.
El año pasado, la unidad de asuntos civiles empleó a unos 20 intérpretes de la localidad. Pero después de amenazas de muerte, sólo quedan cinco.
Algunos soldados dicen que los ataques contra ellos han disminuido ligeramente en las últimas dos semanas. En diciembre pasado, militares norteamericanos capturaron a dos personas a los que identificaron como miembros de la red del militante jordano Abu Musab Zarqawi. Los hombres habían estado dirigiendo los atentados en la ciudad, dijeron oficiales militares.
El general de división Carter Ham, comandante del Destacamento Especial Olympia en Mosul, se ha referido a los dos funcionarios locales de la comisión electoral, Khaled Kazer y Ahmed Ali, como la gente más importante en la provincia porque coordinarán la contratación de personal para la votación y supervisarán las elecciones.
En la reunión en el aeropuerto, Kazer y Ali, antiguos soldados en la veintena, hablaron largamente con los generales y funcionarios norteamericanos. A partir de hoy, la prensa local publicará anuncios llamando a votar y anuncios de reclutamiento de empleados para la comisión electoral, dijo Kazer, cuya esposa también participa en el proyecto electoral.
Kazer mostró un folleto con fotocopias de carteles que estaban circulando en Mosul. "Votando mejoras tu futuro", decía uno. Otro declaraba: "Una voz es más rica que el oro".
Cruz, el oficial de asuntos civiles y asesor financiero de West Hills, dijo que muchos habitantes aquí no sabían demasiado sobre la votación, en la que los votantes elegirán a listas de candidatos para un parlamento nacional que a su vez elegirá al presidente y primer ministro.
"Un montón de gente aquí piensa que están votando por un presidente", dijo.
Abdul Wahid Khalil, 25, dijo que no conocía las listas ni los candidatos, pero debido a que los clérigos habían llamado a los chiíes a participar, él votaría incluso "si me cuesta la vida".
Pero Nurildin, un árabe sunní, se mostró escéptico. "Supe algo sobre algunos candidatos a través de los medios en Bagdad, pero no en Mosul, y no creo que haya elecciones en Mosul porque todavía no he visto ningún cartel, panfleto ni siquiera entrevistas, como está pasando en otras provincias".
En noviembre, los rebeldes quemaron materiales para la inscripción de votantes que se guardaban en una bodega. Pero llegarán nuevos suministros, dijo Cruz. "Mosul se ha transformado en el principal proyecto", dijo. "Habrá elecciones".
Duraid Kashmoula, gobernador de Nineveh, calcula que un 50 por ciento de los votantes de Mosul ya se han inscrito, y un 80 por ciento de los votantes de áreas circundantes participarán en las elecciones.
Kazer no es tan optimista, y calcula que la participación será de un 40 y 70 por ciento, respectivamente. Las predicciones, sin embargo, se basan en anécdotas.
"Incluso el gobernador que dice a la gente que todo marcha bien, está prejuiciado", dijo Cruz. "No hay modo de calcular esto".
Un grupo estadounidense, el Instituto Internacional Republicano, ha realizado varios sondeos sobre qué piensan los iraquíes sobre su futuro, pero en su último sondeo excluyeron a Mosul por razones de seguridad.
"Debido a que somos una de las peores provincias, será fácil arrojar la toalla", dijo Cruz. Pero "si las elecciones fracasan, la misión de la coalición habrá fracasado".
Una noche hace poco, hacia las diez, Cruz, Kazer y Ali estaban en un edificio que perteneció alguna vez a Uday Hussein, el hijo de Saddam Hussein. En la mesa había un mapa extendido de la provincia. El trío parecía cansado.
Entonces sonó el celular de Kazer. Era un amigo, diciendo que quería trabajar en la comisión electoral. Kazer sonrió radiante. La comisión tenía ahora tres miembros.
Roaa Ahmed contribuyó a este reportaje.
15 de enero de 2005
17 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Mosul, Iraq. Una mañana hace poco un columna de vehículos blindados trajo aquí a soldados norteamericanos y albaneses para controlar el campo de aviación de Mosul.Pocas horas después, llegaron en un enjambre de helicópteros el embajador norteamericano John D. Negroponte y los más importantes jefes militares norteamericanos el general George W. Casey y el teniente general Thomas Metz para reunirse con funcionarios electorales iraquíes. Las presentaciones no tomaron mucho tiempo. La comisión que supervisa las elecciones en la tercera ciudad de Iraq se compone de dos personas.
Aunque los funcionarios norteamericanos insisten en que las elecciones se llevarán a cabo, hay importantes obstáculos por superar antes de la votación del 30 de enero. Mosul, con sus 1.8 millones de habitantes, se ha hecho tan volátil que los soldados norteamericanos que trabajan en proyectos comunitarios ya no tienen contacto con la población local.
En las calles de la ciudad no hay carteles ni octavillas de la campaña electoral, pero algunos panfletos amenazan con decapitar a los que vayan a votar.
Todo el personal de la comisión electoral renunció el mes pasado y el gobierno local tiene dos semanas para reclutar y adiestrar a los 800 empleados que necesita para atender a los colegios electorales en toda la provincia.
"Empezaremos de cero", dijo el mayor Tony Cruz del Batallón Asuntos Civiles 426. Mosul, considerada una ciudad modelo a principios de la ocupación norteamericana, se ha transformado en un importante campo de batalla de los rebeldes que quieren impedir la votación y los funcionarios norteamericanos determinados a que tenga lugar. La credibilidad de las elecciones se vería amenazada si la violencia impide que grandes números de votantes aquí y en la provincia vecina que incluye a Faluya se acerquen a las urnas.
Algunos habitantes ya han declarado que se quedarán en casa el día de las elecciones. "Para ser honesto, mi vida es más importante para mí que las elecciones", dijo Nabil Nurildin, un maestro de 28 años. "El gobierno no es capaz de proteger a los ciudadanos para que puedan votar en los locales de votación".
Los norteamericanos que dirigen 150.000 tropas en Iraq han prometido "acciones agresivas" para asegurar que las elecciones sigan adelante en las dos provincias de "gran importancia": Nineveh, que incluye a Mosul, y Al Anbar, su vecina.
Mosul, ubicada cerca de importantes reservas de petróleo, es la capital de la provincia de Nineveh, que tiene fronteras con Siria.
La ciudad misma está en el límite entre las áreas controladas por los kurdos en el norte y el resto del país, dominado por los árabes. Los musulmanes sunníes constituyen casi la mitad de la población de la ciudad.
Hace poco los insurgentes lanzaron ataques desde mezquitas de Mosul. Tres importantes políticos kurdos fueron asesinados el jueves al ser atacados desde un coche en movimiento, y un soldado norteamericano murió en otro incidente.
La violencia ha escalado desde el asesinato del gobernador de la provincia en julio. Después de una importante batalla en Faluya en noviembre, los jefes norteamericanos dicen que los rebeldes buscaron refugio en Bagdad y en Mosul.
Ese mes hubo revueltas en Mosul, y en sitios claves, incluyendo una comisaría de policía, fueron atacados. Desertaron miles de agentes de la policía iraquí.
En diciembre pasado un terrorista suicida mató a 15 soldados norteamericanos y siete agentes de la policía iraquí en el comedor de una base militar cerca de aquí. El ataque fue el más mortífero hasta el momento contra una instalación norteamericana en Iraq.
Los jefes militares norteamericanos, que han estado tratando de "conquistar los corazones y la mente" aquí, han sufrido un serio revés la semana pasada cuando un avión de guerra estadounidense bombardeó por error una casa en Aitha, a unos 50 kilómetros al sur de Mosul, matando al menos a 14 personas. El incidente dio fuego a sentimientos anti-norteamericanos.
El año pasado, la unidad de asuntos civiles empleó a unos 20 intérpretes de la localidad. Pero después de amenazas de muerte, sólo quedan cinco.
Algunos soldados dicen que los ataques contra ellos han disminuido ligeramente en las últimas dos semanas. En diciembre pasado, militares norteamericanos capturaron a dos personas a los que identificaron como miembros de la red del militante jordano Abu Musab Zarqawi. Los hombres habían estado dirigiendo los atentados en la ciudad, dijeron oficiales militares.
El general de división Carter Ham, comandante del Destacamento Especial Olympia en Mosul, se ha referido a los dos funcionarios locales de la comisión electoral, Khaled Kazer y Ahmed Ali, como la gente más importante en la provincia porque coordinarán la contratación de personal para la votación y supervisarán las elecciones.
En la reunión en el aeropuerto, Kazer y Ali, antiguos soldados en la veintena, hablaron largamente con los generales y funcionarios norteamericanos. A partir de hoy, la prensa local publicará anuncios llamando a votar y anuncios de reclutamiento de empleados para la comisión electoral, dijo Kazer, cuya esposa también participa en el proyecto electoral.
Kazer mostró un folleto con fotocopias de carteles que estaban circulando en Mosul. "Votando mejoras tu futuro", decía uno. Otro declaraba: "Una voz es más rica que el oro".
Cruz, el oficial de asuntos civiles y asesor financiero de West Hills, dijo que muchos habitantes aquí no sabían demasiado sobre la votación, en la que los votantes elegirán a listas de candidatos para un parlamento nacional que a su vez elegirá al presidente y primer ministro.
"Un montón de gente aquí piensa que están votando por un presidente", dijo.
Abdul Wahid Khalil, 25, dijo que no conocía las listas ni los candidatos, pero debido a que los clérigos habían llamado a los chiíes a participar, él votaría incluso "si me cuesta la vida".
Pero Nurildin, un árabe sunní, se mostró escéptico. "Supe algo sobre algunos candidatos a través de los medios en Bagdad, pero no en Mosul, y no creo que haya elecciones en Mosul porque todavía no he visto ningún cartel, panfleto ni siquiera entrevistas, como está pasando en otras provincias".
En noviembre, los rebeldes quemaron materiales para la inscripción de votantes que se guardaban en una bodega. Pero llegarán nuevos suministros, dijo Cruz. "Mosul se ha transformado en el principal proyecto", dijo. "Habrá elecciones".
Duraid Kashmoula, gobernador de Nineveh, calcula que un 50 por ciento de los votantes de Mosul ya se han inscrito, y un 80 por ciento de los votantes de áreas circundantes participarán en las elecciones.
Kazer no es tan optimista, y calcula que la participación será de un 40 y 70 por ciento, respectivamente. Las predicciones, sin embargo, se basan en anécdotas.
"Incluso el gobernador que dice a la gente que todo marcha bien, está prejuiciado", dijo Cruz. "No hay modo de calcular esto".
Un grupo estadounidense, el Instituto Internacional Republicano, ha realizado varios sondeos sobre qué piensan los iraquíes sobre su futuro, pero en su último sondeo excluyeron a Mosul por razones de seguridad.
"Debido a que somos una de las peores provincias, será fácil arrojar la toalla", dijo Cruz. Pero "si las elecciones fracasan, la misión de la coalición habrá fracasado".
Una noche hace poco, hacia las diez, Cruz, Kazer y Ali estaban en un edificio que perteneció alguna vez a Uday Hussein, el hijo de Saddam Hussein. En la mesa había un mapa extendido de la provincia. El trío parecía cansado.
Entonces sonó el celular de Kazer. Era un amigo, diciendo que quería trabajar en la comisión electoral. Kazer sonrió radiante. La comisión tenía ahora tres miembros.
Roaa Ahmed contribuyó a este reportaje.
15 de enero de 2005
17 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh