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OCULTANDO EL PROBLEMA DE LOS REFUGIADOS


Europa debería formular una política común sobre los refugiados e inmigrantes ilegales, sin olvidar que necesita extranjeros para paliar sus graves problemas de escasez de mano de obra y envejecimiento de la población, problemas que se anuncian cada vez más serios en el horizonte de las economías europeas.
Las espantosas escenas que hemos visto recientemente de desesperadas familias africanas a la deriva en herrumbrosos botes en el Mediterráneo, ponen de relieve la urgente necesidad que tiene Europa de formular una política común para solucionar el problema de los solicitantes de asilo, refugiados e inmigrantes ilegales que lo arriesgan todo para escapar de sus desgraciados países.Este problema global requiere más que la vieja respuesta de empujar a los que logran pasar las fronteras hacia una vida oscura, y almacenando a los demás.
Alemania e Italia han propuesto instalar centros de tramitación en países norteafricanos como Libia, Túnez y Marruecos para tratar los casos de refugiados de África, Oriente Medio y Asia. Esta inquietante propuesta se motiva en parte por una crecientemente violenta reacción populista contra los solicitantes de asilo en esos dos países. Sin una imagen clara sobre cómo funcionarán estos campos -especialmente en países que no son conocidos por su respeto de los derechos humanos y en la ausencia de una política europea común sobre los refugiados-, es una mala idea. Esta semana fue rechazada resueltamente por Francia y España, cuyo nuevo gobierno de centro-izquierda ha sido mucho más acogedor de todas las variadas formas de inmigración que su predecesor conservador. Una propuesta similar hicieron hace poco los ministros del Interior de Estonia, Latvia, Lituania, Austria y Eslovaquia. Expresaron su preocupación sobre Chechenia y otros refugiados y propusieron habilitar campos de tránsito. Comprensiblemente, el gobierno ucraniano rechazó la propuesta, en primer lugar porque nadie pidió su opinión.
Es obvio que aquellos que entran ilegalmente a Europa, como en Estados Unidos, plantean un serio problema. Muchos de ellos viven fuera de los sistemas legales y sociales de los países en que residen. Pero este problema no puede ser solucionado encargando su solución fuera de las fronteras.
Los refugiados que terminen en campos de tránsito extranjeros muy probablemente deberán pasar ahí largos períodos de tiempo en lo que es en realidad un régimen de detención, y muy posiblemente en desagradables condiciones. Libia, en particular, tiene un horrendo historial, ya que envía a los solicitantes de asilo a la fuerza de vuelta a países como Eritrea y Sudán, donde serán sin ninguna duda perseguidos.
Es posible que centros de tránsito adecuadamente habilitados, gestionados y supervisados sean parte de una eventual solución. Pero la tarea más urgente de Europa es formular una política de asilo común, que reconozca que los solicitantes de asilo tengan derecho a una completa protección hasta que sus casos sean vistos.
La Unión Europea debería también modernizar sus procedimientos para la inmigración legal. Eso ayudaría a contrarrestar la ominosa escasez de mano de obra y las crisis de la jubilación que es probable que resulten debido al agudo descenso de las tasas de natalidad en varias de las grandes economías de Europa. Mientras estas medidas no se apliquen, los campos de tránsito no harán más que ocultar el problema.

20 de octubre de 2004
©http://www.nytimes.com/2004/10/20/opinion/20wed3.html?th
©traducción mQh

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