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La retirada de Gaza debiera ser el primer paso para retirarse también de Cisjordania y volver a poner en la mesa de negociaciones la creación de un estado palestino.
El plan del primer ministro Ariel Sharon de retirar los asentamientos judíos de Gaza, ahora aprobado por el Parlamento israelí, causa emociones mezcladas.
Merece apoyo simplemente porque conduce a desmantelar los asentamientos judíos que obliga a las tropas de protección de Israel a defender aglomeraciones de viviendas remotas rodeadas por palestinos hostiles. Gaza -un hormigueante y sediento tramo de tierra en el que viven 7.500 militantes judíos rodeados por más de un millón de árabes y protegido por 20.000 soldados israelíes- es el ejemplo supremo de la bancarrota de la política de asentamientos. Con todo, no es más que un asunto secundario.
Abandonar Gaza hará de Israel un país más seguro sólo si es el primer paso hacia su devolución de Cisjordania. Desafortunadamente, hay pocas razones para creer que Sharon comparte esta opinión.
Sharon, que tiene ahora 76 años, es el líder que lleva la mayor responsabilidad de la implantación de asentamientos en territorios conquistados por Israel en la guerra de 1967, de modo que es quizás la persona más indicada para desmantelarlos. Su gobierno obviamente está consciente de que cada colono adicional en Cisjordania hace más difícil que Israel devuelva territorios que serán parte de un estado palestino si se quiere que haya alguna vez una paz verdadera en la región.
Sin embargo, Sharon parece estar buscando una manera de desatenderse del problema mucho más difícil que es Cisjordania. Su principal estratega político dijo en una entrevista reciente que el principal propósito del plan de retirada de Gaza era sacar definitivamente de la mesa de negociaciones el tema del estado palestino.
La vieja ‘hoja de ruta' para la paz, que el gobierno de Bush fracasó vergonzosamente en convencer a Israel que la adoptara, exige colaborar con funcionarios palestinos elegidos para establecer un plan para la retirada gradual de Israel. A su vez, la responsabilidad de los palestinos será terminar con las actividades terroristas contra los israelíes.
El problema obvio ha sido siempre la ausencia de un líder palestino que esté dispuesto a tomar decisiones difíciles. Pero los moderanos palestinos existen, así como gobiernos moderados interesados en ayudar en el proceso de paz. Alcanzar esa meta será un camino largo y difícil, pero la principal regla de Israel debería ser no provocar más daños y especialmente no ampliar los asentamientos en Cisjordania para evitar que la situación empeore.
En lugar de eso, Sharon sigue su propia hoja de ruta para Israel, que incluye borrar todo vestigio de los acuerdos de paz de Oslo, golpear a los militantes palestinos donde y cuando pueda, haciendo caso omiso de los civiles inocentes que se encuentran en la línea de fuego, e incorporando territorios de Cisjordania detrás de la nueva valla de seguridad de Israel -así como reduciendo las pérdidas israelíes en Gaza.
No es sorpresa que este plan despierte enormes sospechas y resistencia entre los palestinos y sus partidarios. Para ellos, el plan de Sharon es cortar la patria nacional palestina en un remiendo de tierras controladas por Israel. Los militantes de Hamas y de la Yihad Islámica harán todo lo posible por hacer creer que Israel se está retirando debido a su ‘lucha armada'. La respuesta mucho más humana y sensible sería aceptar la oportunidad que ofrece el plan de retirada de Gaza.
El plan para Gaza de Sharon tiene que superar todavía muchos obstáculos antes de que sea una realidad. El poderoso y fanático movimiento de los colonos usará ciertamente todos los medios, incluyendo la violencia, para impedir la retirada. El propio Partido Likud de Sharon está profundamente dividido, y Benjamin Netanyahu, el ministro de finanzas, tiene fuertes aliados en Israel y en Estados Unidos que lo secundarán en sus planes de descarrilar el plan. Y si el plan sigue adelante, se ha hecho muy poco para ayudar a los moderados palestinos para que impidan el probable intento de Hamas de apoderarse de la administración de Gaza.
El gobierno de Bush y otros partidarios del plan de Sharon para la retirada de Gaza, incluyendo a Shimon Peres del Partido Laborista, deberían instar a Sharon a involucrar a Egipto y a palestinos moderanos para la siguiente fase. Conviene a los intereses de Israel que esos líderes sean vistos como los beneficiarios de la retirada, no Hamas, y que se otorgue un incentivo para demostrar que pueden manejar sus propios asuntos y controlar a sus propios extremistas.

28 de octubre de 2004
©new york times
©traducción mQh
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