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[Lila Azam Zanganeh] Mussolini fue editor de Hitler. Sus leyes raciales se inspiraron directamente en ‘Mein Kampf'.
¿Eran Adolfo Hitler y Benito Mussolini almas ideológicas afines o aliados difíciles? ¿Compartían una visión de pureza nacional y étnica o el suyo era un pacto surgido de la fusión de conveniencias políticas? Aunque su asociación formal duró apenas cuatro años -de 1939 a 1943-, ha conservado una larga vida en el más allá, especialmente entre los italianos, que no han logrado nunca dar respuesta a las preguntas de cómo y en qué medida estaban los dos dictadores vinculados ideológicamente.
El tema es ahora tema de renovadas especulaciones, fomentadas por un provocativo libro: ‘Il Contratto: Mussolini Editore di Hitler' [El contrato: Mussolini, editor de Hitler]. Publicado este verano por Dedalo en Italia, fue escrito por Giorgio Fabre, un periodista del respetado semanario Panorama y autor de varios libros sobre el fascismo italiano. Para realizar el trabajo de investigación para ‘El Contrato', Fabre se sumergió profundamente en los archivos del ministerio italiano de Asuntos Exteriores y emergió con evidencias que documentan una asociación literaria no conocida previamente entre Hitler y Mussolini. Data de febrero de 1933, menos de una semana después de que Hitler fue nombrado canciller de Alemania, cuando dos de sus hombres de confianza, uno de ellos Rudolf Hess, viajaron clandestinamente a Rome y ofrecieron a Mussolini que comprara los derechos del manifiesto de Hitler, ‘Mi lucha'.
Publicado por primera vez en 1925 por la editorial nazi, Franz Ehe Verlag, el libro se transformó en un éxito de ventas en Alemania, y ayudó a Hitler, un extremista marginal que era más conocido por conspirar en un fracasado golpe de estado en Munich, a obtener poder político.
Hacia 1933, con Hitler en el poder y participando en el escenario mundial, los editores extranjeros mostraron un repentino interés. La editorial británica Hurst & Blackett pagó al editor alemán un adelanto de 2.611 marcos (unos mil dólares). En Estados Unidos, la editorial Houghton Mifflin & Company pagó un adelanto de 500 dólares por una primera edición de 7.000 ejemplares.
Mussolini, sin embargo, los superó a todos. De acuerdo a los documentos desenterrados por Dabre y reproducidos en el libro, Il Duce ordenó que se girara a Franz Eher Verlag la suma de 53.625 marcos (unos 20.000 dólares), los derechos más altos que se pagarían por una traducción extranjera en esos años en Italia. ¿Por qué utilizó Mussolini el poder del estado para comprar ‘Mein Kampf' y por qué gastó con tanto derroche? Porque, dice Fabre, la compra era de hecho una contribución a la campaña del Partido Nazi para las elecciones legislativas de marzo de 1933, con la que Hitler redondearía su "revolución legal", en palabras de su biógrafo Joachim Fest.
Ambos regímenes mantuvieron el trato en el más absoluto secreto. Mussolini, que había estado en contacto con Hitler durante varios años, insistió en que el dinero fuera transferido "anónimamente y en metálico". Hitler, temeroso de quedar en deuda con Mussolini, finalmente rehusó usar ese dinero en su campaña.
Fue sólo después de que los nazis ganaran las elecciones que la traducción siguió adelante. El ministerio italiano de Asuntos Exteriores redactó un contrato, que fue firmado por los alemanes el 30 de mayo de 1933, estipulando entre otras cosas que el traductor italiano no debía ser judío. El renombrado editor a cargo del proyecto, Valentino Bompiani, no fue informado de esta cláusula y -en una de las más grandes ironías de la época- contrató a Angelo Treves, un distinguido traductor que era judío. Cuando los alemanes objetaron, se dice que Bompiani sacó el nombre de Treves del libro cuando fue publicado por primera vez en marzo de 1934 bajo el título de ‘La mia battaglia', con una nueva introducción de Hitler. El libro conquistó rápidamente el mercado italiano, y tuvo su tercera impresión a seis meses de su publicación.
Si el episodio hubiera terminado ahí no habría sido más que una sórdida nota al pie de página en la crónica de una oscura asociación. Pero en opinión de Fabre, la implicación de Mussolini con la traducción de ‘Mein Kampf' es parte de una historia mayor. Cuando lo entrevisté en Roma, Fabre contó cómo la traducción marcó el inicio de una campaña de medidas anti-semitas encubiertas en Italia, que culminó con las leyes raciales de 1938, que excluyeron efectivamente a los judíos de todas las funciones públicas.
Este sigue siendo un capítulo visiblemente vergonzoso de la historia italiana, pero uno cuyas complejidades han sido minimizadas por muchos en Italia. Dicen que Mussolini actuó sólo pragmáticamente y sólo por cuenta de Hitler, ya que él se mantuvo apartado del anti-semitismo ideológico. El difunto Renzo De Felice, el eminente biógrafo italiano de Mussolini, escribió que Mussolini consideraba ‘Mein Kampf' "indigerible" y pensaba que su autor estaba "literalmente enfermo de ideologías racistas y anti-semitas".
Fabre no está de acuerdo. Dice que los materiales de archivo demuestran que mientras es posible que Mussolini -que sabía alemán- no haya leído ‘Mein Kampf' de pe a pa, se le mostró un sumario de su contenido junto con citaciones de las escalofriantes teorías raciales del libro, que él subrayó con su propia mano a fines de 1933.
Fabre sostiene que durante su alianza con Alemania, Mussolini tenía intenciones de presentar su propia versión del anti-semitismo, más "política" y menos abiertamente brutal que la de Hitler.
A principios de 1034, Mussolini retiró a varios judíos de posiciones altamente visibles del gobierno, las finanzas y la academia. También sacó a su supuesta y antigua amante, Margherita Sarfatti, que era judía, del Il Popolo d'Italia, el diario del partido fascista, y prohibió a la periodista fascista judía, Anita Levi Carpi que representara a Italia en un viaje oficial a Japón. "Uno no envía a judíos por el mundo", apuntó Mussolini en un documento oficial que Fabre cita en el libro. (De hecho, antes de las leyes raciales de 1938, muchos judíos italianos pertenecían al partido fascista).
Previsiblemente, la respuesta italiana a ‘Il Contrato' ha seguido líneas políticas. Escribiendo para Il Corriere della Sera, el importante diario centrista italiano, el conocido crítico literario Dino Messina calificó el libro de Fabre de "fascinante", y su hallazgo en los archivos "verdaderamente importante". Dijo que, como resultado, los italianos tendrían que revisar su historia. Pero diarios más conservadores, incluyendo a Il Domenicale, el semanario cultural iniciado por un estrecho colaborador del primer ministro Silvio Berlusconi, se ha mostrado escéptico con las conclusiones de Fabre, así como muchos académicos, políticos y periodistas.
Cuando lo entrevisté en su elegante apartamento romano, Giano Accame, historiador y miembro fundador del Movimiento Social Italiano, un partido neo-fascista de la posguerra, definió la tesis de Fabre como "exagerada". "Ciertamente Mussolini no compartía las opiniones de Hitler sobre los judíos", dijo, en su sala de estudios, que estaba adornado con un busto y una fotografía autografiada de Mussolini. "Pero se dio cuenta de que al cerrar una alianza con los alemanes se había hecho de muchos enemigos judíos en todo el mundo. En ese momento tomó la despreciable decisión de decretar las leyes raciales". En lo que se refiere a la decisión de Mussolini de publicar ‘Mein Kampf', fue "un gesto diplomático de amistad" hacia Hitler.
Fabre, por otro lado, sostiene que Mussolini fue "un Hitler fracasado", que lamentaba no haber escrito nunca su propia ‘Mein Kampf'. Como quiera que sea, la colaboración de los dos dictadores preparó el terreno para las leyes raciales de 1938. Cinco años después, Víctor Emmanuel III, Rey de Italia, hizo detener a Mussolini y firmó una apresurado armisticio con los aliados. Italia fue pronto ocupada por los nazis, que reinstalaron en el poder a Mussolini al timón de la República títere de Salo. Más de 8.000 judíos fueron deportados; 5.644 de ellos murieron en Auschwitz.
La obra de Fabre ha arrojado indudablemente una nueva luz sobre un siniestro capítulo de la historia italiana, largo tiempo distorsionada y desterrada de la memoria colectiva del país.
Alessandra Mussolini, la nieta del dictador y euro-parlamentaria de un partido de extrema derecha, se negó a comentar el legado de su abuelo y el libro de Fabre. "No quiero decir cosas que me traigan problemas después", me dijo. Otros han sido igual de cautos.
A Fabre no le sorprende. "Una vez que comienzas a investigar, te enfrentas a un gran problema", dijo. "Una parte de la clase gobernante falsificó completamente la verdad después de la guerra y se niega hasta el día de hoy a reconocer la asociación entre Mussolini y Hitler". ‘Il Contrato' es así más que un libro provocador: es una invitación a saldar cuentas con los demonios de un auto-engaño patriótico.

6 de noviembre de 2004
©new york times
©traducción mQh
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