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SOBRE LOS RESULTADOS DE LAS ELECCIONES EN EEUU


No hay grandes dudas sobre la precisión de los resultados electorales en Estados Unidos, pero el sistema y la cultura electorales norteamericanas deben ser más transparentes y asegurar su integridad.
Ha habido una inundación de informes, rumores y teorías en los últimos días sobre los problemas que han tenido las elecciones presidenciales. Son sobre todo los escritores de bitácoras los que han planteado preguntas: ¿Por qué las máquinas de conteo de votos en Ohio agregaron casi 4.000 votos fantasmas para el presidente Bush, y por qué las máquinas en Florida empezaron misteriosamente a contar para atrás? ¿Por qué los funcionarios electorales de otro lugar de Ohio cerraron el local donde se estaban contando los votos y echaron a la prensa y al público?
Los defensores del sistema se han apresurado a desdeñar esas preguntas como el trabajo de "teóricos de la conspiración", pero no convencen. Hasta que nuestro sistema electoral no sea mejorado -con máquinas que funcionen mejor y mayor transparencia- no podemos esperar que los votantes tengan absoluta confianza en los resultados anunciados.
La votación electrónica resultó ser un problema, tal como habían advertido los críticos. No hay evidencias de robos de votos ni de errores a gran escala. Pero este país debería tener elecciones en las que el público no tenga razones para preocuparse de si los votos son contados propiamente, y aun no llegamos a ese punto. En el condado de Franjklin, Ohio, un local electoral agregó 4.000 votos a favor del presidente Bush, aunque tenía menos de 800 votantes inscritos. En el condado de Broward, los funcionarios electorales de Florida observaron cuando se tabulaban las papeletas de los ausentes, los totales empezaron a bajar en vez de subir. Votantes en varios estados informaron que cuando seleccionaban a John Kerry, se les contabilizaba como si hubieran votado por el presidente Bush.
Estos problemas fueron todos detectados y arreglados, pero no hay modo de saber qué otras disfunciones de las máquinas no se descubrieron, ya que la mayoría de las máquinas no tienen un modo fiable de chequear los errores. Es probable que cuando un distrito electoral agrega por error 4.000 votos a los totales de un candidato, el error sea observado, pero imprecisiones más pequeñas pueden no serlo. Tampoco hay modo de estar seguro de que el escenario de pesadilla de los críticos de la votación electrónica no haya ocurrido: los votos pueden haber sido trasladados de un candidato a otro dentro de la máquina, mediante un programa secreto.
Es importante dejar claro que no hay pruebas de que algo así haya ocurrido, pero seguirán surgiendo preocupaciones y teorías paranoicas si los programas usados en las elecciones no se hacen públicos. Los votantes que usaron máquinas electrónicas tienen derecho a un comprobante impreso para verificar sus votos, como lo lograron los habitantes de Nevada, de modo que ellos sí están seguros de que sus votos fueron registrados con precisión.
La escandalosa decisión del condado de Warren, Ohio, de cerrar el edificio donde se estaban contando los votos es un ejemplo extremo de otro serio problema con las elecciones: la falta de transparencia. En algunos estados, los periodistas fueron excluidos de los locales de votación. Los exagerados rumores del condado de Cuyahoga, Ohio, donde los resultados oficiales incluyeron 90.000 votos extra, fueron el resultado su extrañamente complicado método de anunciar los resultados electorales, que es diferente de acuerdo a si los años son pares o impares. El país necesita desarrollar una cultura electoral en la que los funcionarios de todo el país mantengan las cosas automáticamente transparentes y simples como sea humanamente posible.
Además de maquinarias de votación con las que sea fácil detectar errores, la mejor defensa ante teóricos de las conspiraciones es que los funcionarios electorales actúen con transparencia e integridad. También en esto el sistema actual es defectuoso. Ohio y Florida, dos estados clave en las elecciones, tienen secretarios de estado muy partidistas que favorecieron a los republicanos en todas sus decisiones. Si queremos que los votantes confíen en los árbitros, es necesario primero que los árbitros sean imparciales.
14 de noviembre de 2004
18 de noviembre de 2004
©new york times
©traducción mQh

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