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no hay que aplazar las elecciones en iraq


Las elecciones en Iraq dividen a la prensa estadounidense. Los Angeles Times opina que una postergación de las elecciones no haría más que envalentonar a los insurgentes.
En estos días, cada atentado suicida en Iraq produce nuevos llamados a posponer las elecciones nacionales convocadas para el 30 de enero, a menos de cuatro semanas. Los que piden un aplazamiento son normalmente musulmanes sunníes -que han perdido el poder de que gozaron durante el régimen de Saddam Hussein. Pero las voces también incluyen a otros bien intencionados fuera del país que se preocupan de que unas elecciones boicoteadas por una comunidad del 20 por ciento de la población podría derrengar de manera permanente a un gobierno representativo. Eso no tiene por qué ocurrir.
Postergar las votaciones para la asamblea nacional interina de 275 miembros que redactarán una Constitución interina y luego formarán una legislatura permanente en otra ronda de elecciones más tarde en el año, daría a los terroristas el poder de decidir si y cuándo se realizarán las elecciones. Postergarlas no garantizará un aumento de la seguridad; podría incluso empeorar. Tampoco aseguraría que los políticos sunníes finalmente participen en ellas; simplemente podría animarles a exigir más postergaciones. Y un aplazamiento permitiría que los insurgentes continúen atacando a un gobierno nombrado por Washington.
Un retraso también traicionaría a los musulmanes chiíes, que constituyen el 60 por ciento de la población iraquí y que sufrieron enormemente durante Hussein. Fueron en gran parte privados de sus derechos civiles desde que el país se formó con los restos del Imperio Otomano después de la Primera Guerra Mundial. Los actuales gobernantes de Bagdad fueron instalados por Estados Unidos en junio; su falta de legitimidad agrega combustible a la resistencia. Una razón por la que en su último mensaje Osama bin Laden insta a los sunníes a boicotear las elecciones es que no quiere ver a un gobierno en Bagdad que pueda llamarse legítimo.
Gran parte de los que participan en el debate en Estados Unidos sobre las elecciones de enero se apresura a desdeñar el hecho de que las elecciones fueron prometidas al pueblo iraquí, y que verían en cualquier cambio motivos siniestros de parte de Washington. El gran ayatollah Ali Sistani, el líder religioso chií, cuenta con que las elecciones tengan lugar, y ha emitido un edicto religioso instruyendo a sus seguidores a ir a las urnas. La principal lista chií de candidatos incluye a políticos sunníes y kurdos étnicos, pero la mayoría de sus candidatos son chiíes, de los que se espera que ganen la mayoría de los escaños en cualquier elección, honestas o distorsionadas.
El gobierno de Bush y el primer ministro interino, Iyad Allawi, se muestran firmes en su determinación de que las elecciones tengan lugar el 30 de enero y de animar a los sunníes a participar en ellas, a pesar de los peligros. Hacer campaña cuando los insurgentes están tratando de matarte va de lo difícil a lo suicida; las elecciones no serán el reflejo de una democracia jeffersoniana. Es probable que se ataque los locales de votación. Incluso bajo las mejores condiciones, los sunníes estarán probablemente subrepresentados cuando se cuenten los votos.
Claramente preocupados, el presidente Bush y Allawi están lanzando la idea de fijar una cuota para los sunníes si la participación de los electores de la minoría es demasiado baja. Quizás se puede reservar en la asamblea de transición un 20 o 25 por ciento de los escaños para los sunníes. No tiene por qué ser una solución permanente, pero reconocería el carácter excepcional de estas elecciones.
El nuevo gobierno iraquí tendrá que tratar los derechos de las minorías sunní y kurda si quiere tener éxito, y debería exhortar a más iraquíes a alistarse en el ejército y las fuerzas policiales, de modo que las tropas estadounidenses puedan empezar a retirarse.
El gobierno de Bush tiene a la democracia iraquí como un faro para las naciones árabes de Oriente Medio. Es un objetivo loable, pero la necesidad imperativa a corto plazo es al menos establecer un gobierno en Bagdad que pueda reclamar alguna legitimidad desde Mosul a Basra, y eso hará que la mayoría de los iraquíes sientan que han reconquistado su soberanía.

5 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
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