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kurdos quieren estado propio


[Jeffrey Fleishman] A pesar de avances en las elecciones del domingo, los que quieren independencia no están dispuestos a abandonar su causa.
Chamchamal, Iraq. Hay un bastón contra la puerta y el viejo líder tribal está sentado al sol en la ciudadela. Con un susurro podría convocar a mil hombres armados. Prefiere no hacerlo.
Pero no te equivoques, dice, porque ha llegado la hora de que los kurdos se apoderen de los yacimientos petrolíferos, cierren los pasos de la montaña en el norte y declaren su independencia.
Karim Agha es un probado aliado de Estados Unidos, pero forma también parte de ese creciente número de kurdos cuyo intento de fundar un estado independiente podría fragmentar a Iraq y socavar la política norteamericana en la región. A pesar de una fuerte participación en las elecciones del domingo que les dará una influencia sin precedentes en el nuevo gobierno nacional, los kurdos están discutiendo sobre si es tiempo de declarar su propio estado.
"La guerra contra Saddam Hussein terminó y todos tienen su libertad, excepto los kurdos", dijo Agha, con su arma apoyada contra la pared y el rosario de cuentas entre los dedos. "Estamos rodeados de enemigos y no podemos seguir esperando con nuestro país. Sería una vergüenza que Estados Unidos nos abandonara".
Temiendo que un intento de independencia pueda provocar la furia de los vecinos Turquía e Irán, que tienen sus propias poblaciones kurdas, los principales partidos políticos kurdos dicen que son partidarios de un Iraq unificado. Pero muchos kurdos creen que el caos en el país crea una excelente oportunidad para reclamar la disputada ciudad petrolera de Kirkuk y secesionarse. Más de 1.7 millones de kurdos, un 45 por ciento de su población, firmaron una petición de independencia que fue recientemente entregada a Naciones Unidas.
La lucha es entre el pragmatismo y un sueño de siglos. Sugiere que la influencia de los políticos kurdos y aliados de Estados Unidos como Jalal Talabani y Massud Barzani puede estar disminuyendo. Hombres como Agha, jefe de la tribu hamawand, están más dispuestos a luchar que a doblegarse ante la presión internacional, especialmente cuando se trata de la independencia y destino de Kirkuk.
"Talabani y Barzani no deben renunciar a Kirkuk", dijo Agha. "Si lo hacen, la gente los abandonará. No lo aceptaremos. Queremos que se resuelva pacíficamente. Pero si no es posible, ya hemos perdido un montón de vidas por Kirkuk, y estamos dispuestos a perder un montón más. Nos mantendremos con el petróleo de Kirkuk, y no lo abandonaremos".
Lo que pase en Kirkuk en los próximos días y semanas es tan crucial para la estabilidad de Iraq como lo es para el sur la lucha entre chiíes y sunníes. El objetivo de los kurdos ha sido obtener una mayoría en las elecciones locales de Kirkuk el domingo, y reivindicar la ciudad multi-étnica como parte de su estado semi-autónomo en el norte. El próximo paso de los kurdos, dice gente como Agha, será reclamar la independencia.
Los kurdos esperan que los votos de unos 70.000 de ellos, expulsados de Kirkuk durante el régimen de Hussein y que ahora quieren volver, les de la ventaja que buscan en el consejo del ayuntamiento, ahora equilibrado entre kurdos, árabes, turcomanos y cristianos asirios. Parecen estar cerca de lograrlo: la participación árabe en Kirkuk fue de entre 25 y 40 por ciento, y la participación kurda fue superior al 70 por ciento, de acuerdo a partidos políticos de la localidad.
Un aumento del poder kurdo provocaría la ira de Turquía, que está preocupada de que el control kurdo de Kirkuk y sus reservas de petróleo puedan crear inestabilidad entre los marginados 13 millones de kurdos de Turquía. Una situación semejante podría crear problemas regionales si los kurdos de Irán y Siria también exigieran más autonomía.
Washington ha estado ejerciendo presión sobre los kurdos para que no se separen de Iraq. Los dos partidos kurdos más importantes, el Partido Democrático del Kurdistán y la Unión Patriótica del Kurdistán, quieren evitar alejarse de su aliado más poderoso. Dicen que la realidad política es simple: Estados Unidos tomará partido por Turquía, que es miembro de la OTAN, y no por un pueblo de montañeses al que se le ha negado durante años su independencia.
"Para los kurdos, lo mejor es estar con los árabes en un Iraq unido", dice Nesherwan Mustafa, un importante asesor político de Talabani. "Los kurdos son un grupo pequeño en Iraq, así que es mejor para nosotros seguir con los árabes. Los árabes controlan 122 países en la región, así que nuestros intereses políticos y económicos están en seguir con Iraq. Pero al mismo tiempo, los jóvenes nos están preguntando: ‘¿Qué hemos logrado en Iraq desde la caída de Hussein?'"
Líderes kurdos como Talabani, que luchó en las montañas durante décadas contra los ejércitos de Bagdad y es ahora un candidato a la presidencia de Iraq, han hecho extraordinarios progresos en el país. Pero progresos en los últimos años han fortalecido la determinación de otros kurdos de secesionarse.
Sherko Bekas, poeta, es uno de ellos. La ceniza de su cigarrillo crece a medida que habla de la historia de los sufrimientos de su pueblo.
Beka me cuenta cómo los kurdos, después de la Primera Guerra Mundial, fueron obligados a entrar en Iraq por los aliados hace más de ochenta años. Desde entonces, dijo, los kurdos han estado políticamente oprimidos y masacrados por sucesivos regímenes iraquíes.
Es fundador del Movimiento por el Referéndum, que el domingo montaron sin permiso urnas de votos frente a los colegios electorales, preguntando a los kurdos si apoyaban la independencia.
"Así ahora queremos separarnos del vínculo con Iraq", dijo Bekas. Agregó que los kurdos habían gozado de democracia y capitalismo durante 12 años cuando estaban protegidos de las fuerzas de Hussein por la ‘zona de exclusión aérea' patrullada por Estados Unidos y Gran Bretaña tras la Guerra del Golfo Pérsico de 1991. "Es imposible tratar de poner juntos a kurdos y árabes. Sabemos que la geografía y la historia están contra nosotros. Pero si Estados Unidos lo permitiera, podríamos ser independientes".
Bekas y otros intelectuales kurdos apoyaron decididamente a Washington. Durante la invasión norteamericana, los kurdos proporcionaron a Estados Unidos pistas aéreas, guerrilleros de las montañas como guías y la disposición sobre una milicia de 50.000 hombres. Pero ese apoyo se está disipando entre muchos kurdos que creen que Estados Unidos los está ignorando para no fastidiar a los árabes.
"Estoy decepcionado de la política estadounidense hacia los kurdos", dijo Bekas. "Estados Unidos no entiende bien a Iraq".
Los senderos de cabras están dispersos como hilos en las montañas de invierno. En la cima de algunas colinas hay bunkeres chamuscados del Ejército iraquí tras un bombardeo de aviones norteamericanos hace dos años. El valle, Chamchamal, un pueblo de grises y marrones, inicia sus ritmos cotidianos: los chicos de la gasolina vendiendo a gritos diesel ilegal, el crujido y chirrido de los carros tirados por burros.
Agha es delgado, un guerrillero montañés con una aguda percepción política. Está en una habitación bañada por la luz del sol. Con un pañuelo blanco y negro enrollado en su cabeza, Agha toma café y rodajas de frutas. Esta es la sala donde se resuelven las disputas tribales, donde se arreglan matrimonios y donde voces ahogadas pagan respetos y piden perdón. Es la habitación donde a Agha le gusta hablar sobre una nueva nación.
Hay un mapa en la pared de cómo piensa él que debería verse un Kurdistán independiente. Las fronteras se extienden profundamente en Turquía, pasando por el norte de Iraq y el oeste de Irán. La imagen trastornaría al gobierno de Bush, pero es el sueño de viejos guerreros. Agha dice que le gustaría morir en ese lugar, dejar ese lugar a sus nietos.
"Mi abuelo peleó contra los turcos hace mucho tiempo. Todos hemos luchado contra los regímenes iraquíes", dijo. "Hemos sido atacados y matados y todavía no tenemos autodeterminación. Mira Kuwait: Es un país pequeño, más pequeño que Kurdistán. Sin embargo, tiene una silla en Naciones Unidas y millones de kurdos no la tenemos".
Como muchos jefes de clan en este escarpado país, Agha comprende los matices del poder. Los aliados, dice, son más importantes que los juicios apresurados. Hay momentos en que hay que pelear, dice, pero a menudo hay un modo de no hacerlo.
"Somos un pueblo pequeño, pero somos amigos del pueblo norteamericano y esperamos que ellos cumplan sus promesas", dijo Agha.
"Esperamos que no nos dejen caer como hicieron en 1991, cuando nos levantamos contra Saddam y los norteamericanos no nos ayudaron", dice. "Sabes, es como si estuviéramos construyendo una casa, pero de momento no tiene puertas, ni tejados ni verjas. Estamos expuestos a la lluvia y al viento".

3 de febrero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

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