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católicos dudan del papa


[Charles E. Curran] Un católico llamado a la disidencia.
Crecí como un típico católico de antes del Concilio Vaticano Segundo. Entré al seminario a los 13 y me ordené sacerdote 11 años después, sin haber cuestionado nunca la doctrina de la iglesia. Pero como teólogo moral en los años sesenta, comencé a ver las cosas de manera diferente, concluyendo finalmente que los católicos, aunque deben preserva un núcleo de doctrinas de fe básicas, pueden y a veces deben disentir de las enseñanzas más periféricas de la iglesia.
Desafortunadamente, las autoridades de la iglesia católica lo ven de otra manera. En el verano de 1986, la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Vaticano, entonces bajo el cardenal José Ratzinger, el poderoso guardián de la ortodoxia doctrinaria en todo el mundo, concluyó una investigación de mis escritos que duró siete años. El Papa Juan Pablo II aprobó la conclusión de que "alguien que disiente del magisterio como usted no es conveniente ni elegible para enseñar teología católica". El cardenal Ratzinger -ahora el Papa Benedicto XVI- ordenó a la Universidad Católica de América que revocara mi licencia para enseñar teología debido a mi "obstinado rechazo a aceptar las enseñanzas de la iglesia".
Fui despedido. Fue la primera vez que un teólogo católico estadounidense fue censurado de este modo. En discusión estaba mi desacuerdo con las enseñanzas de la iglesia sobre "la indisolubilidad del matrimonio sacramental consumado, el aborto, la eutanasia, la masturbación, la contracepción artificial, el intercurso sexual premarital y los actos homosexuales", de acuerdo a su documento final. Es verdad que yo cuestioné la idea de que tales actos fueran siempre inmorales y nunca aceptable (aunque yo pensaba que mi desacuerdo sobre estos asuntos era bastante matizado).
Desafortunadamente el Vaticano -que estaba avanzando hacia la aplicación de mayor disciplina y ortodoxia- no aceptaría nada de esto. Siete años antes, había castigado al teólogo suizo Hans Küng debido a sus enseñanzas sobre la infalibilidad de la iglesia. Más tarde, el cardenal Ratzinger "silenció" al franciscano brasileño Leonardo Boff, un partidario de la teología de la liberación. Hace poco, Ratzinger dijo que el jesuita estadounidense Roger Haight no podría enseñar teología católica sino cambiaba su interpretación del papel de Jesucristo.
Desde 1986 ninguna institución católica me ha ofrecido trabajo. Aunque sigo siendo un católico bautizado y sacerdote católico -el Papa y el cardenal no intentaron expulsarme-, mi caso envió un mensaje inconfundible e inequívoco a los católicos del mundo de que no se tolerarían desviaciones.
La doctrina oficial católica ha causado siempre la impresión de que el Papa y los obispos no quieren ni pueden cambiar las enseñanzas morales porque estas enseñanzas se basan en la ley de Dios. Ciertamente el Papa Benedicto XVI insistirá en el mismo enfoque.
Pero no tiene por qué ser así. La historia muestra que la iglesia católica ha cambiado sus posturas morales en el curso de los años sobre varios temas (sin admitir que sus posiciones previas eran equivocadas). Una triste página en la historia del catolicismo, por ejemplo, es que durante 1.800 años ningún Papa ni la iglesia condenaron la esclavitud. Y hasta el siglo 17, los Papas condenaron en los términos más enérgicos el interés de los préstamos como una violación de la ley divina.
La historia no es el único argumento a favor de un cambio en las enseñanzas morales de la iglesia. Los católicos en general reconocen que muchas (si no todas) las enseñanzas morales católicas sobre temas específicos pertenecen a la categoría de enseñanzas "no infalibles". A pesar de la "agobiante infalibilidad" que busca colocar más y más posiciones más allá de todo cuestionamiento, el hecho es que muchos temas morales están abiertos para la re-interpretación y reflexión.
Han ocurrido cambios dramáticos en algunos aspectos de la enseñanza papal social en los últimos dos siglos. El Papa Gregorio XVI condenó en una encíclica de 1832 la libertad de conciencia en la sociedad como una "enseñanza absurda y errónea o más bien, demencia" y se opuso a la igualdad y a la participación de los ciudadanos en la vida cívica y política. El pueblo, escribió, es "una multitud ignorante" que debe "ser controlada por la autoridad de la ley". El Vaticano Segundo, sin embargo, aceptó la libertad religiosa de todos los seres humanos.
Tratando la vida cívica, política y económica, las enseñanzas papales sociales contemporáneas otorgan gran importancia a la historia y a la noción de que las ideas sociales pueden cambiar con el tiempo. En estas áreas, ahora las enseñanzas de la iglesia enfatizan la libertad, la igualdad y la participación de la persona, así como el modelo de "relacionalidad" que ve a la gente en múltiples relaciones con Dios, vecinos cercanos y lejanos, la Tierra, y el individuo.
Pero en la ética sexual papal, todavía prevalece una metodología más antigua. La inmutable naturaleza humana y la eterna ley de Dios, no los desarrollos históricos ni la persona entendidos a la luz de estas relaciones, constituyen las consideraciones fundamentales. Muchos dentro y fuera de la iglesia católica que sienten alguna disonancia entre las enseñanzas sexuales y sociales del Papa tienen razón. Hay una metodología diferente en operación en estas dos áreas.
Algunos cambios ocurrirían lógicamente en las enseñanzas sexuales si estas enseñanzas emplearan la misma metodología usado en las enseñanzas papales sociales. Por lo mismo, las enseñanzas sexuales papales, como las posturas sociales, no podrían reclamar certidumbre absoluta sobre temas complejos y específicos.
La historia nos recuerda que los cambios en la doctrina moral católica provienen siempre de las bases. Entrevistas con católicos de a pie que lloraban la muerte del Papa Juan Pablo II indicaron que incluso los que le admiraban y amaban estaban fuertemente en desacuerdo con algunas de sus enseñanzas morales específicas. Incluso los más decididos defensores de la condena papal de la contracepción artificial entre esposos reconocen que la inmensa mayoría de los católicos no obedecen al Papa.

Charles E. Curran es profesor de valores humanos en la Universidad Metodista del Sur y autor recientemente de ‘The Moral Theology of Pope John Paul II' [Teología Moral del Papa Juan Pablo II] (Georgetown University Press, 2005).

22 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

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