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viejo racismo en el sur


[Howard Witt] Racismo del Viejo Sur revive en una ciudad de Texas. Billy Ray Johnson fue golpeado y arrojado encima de un hormiguero. Sus cuatro agresores blancos recibieron una palmada en la muñeca.
Linden, Texas, Estados Unidos. Agarraron a Billy Ray Johnson frente a la tienda de abarrotes en esta somnolienta ciudad de Texas del Este, un lugar donde en algunos jardines cuelgan banderas confederadas y en la oficina de correos del pueblo un mural de esclavos descalzos recogiendo algodón saluda a los clientes.
Una fría noche de septiembre de 2003, llevaron en coche al negro de 42 años, retardado mental, a un pastizal de vacas donde un grupo de jóvenes blancos celebraba una fiesta. Lo emborracharon, lo hicieron bailar, le gritaron insultos raciales. Luego, según la declaración en tribunales, uno de los agresores de Johnson le pegó un puñetazo en la cara, dejándolo inconsciente. Agarraron su cuerpo inconsciente y lo echaron en el portaequipajes de una camioneta y lo arrojaron encima de un hormiguero de hormigas de fuego.
Johnson, cuyos familiares dicen que se comportaba al nivel de un niño de 12 años antes del ataque, estuvo en coma durante una semana. Sufrió una hemorragia cerebral que distorsionó su pronunciación, debilitó sus piernas y le privó de la capacidad de cuidar de sí mismo. Su cuerpo estaba cubierto de cientos de dolorosas picaduras de hormigas.
Hoy, vive de la asistencia pública, confinado en una residencia cerca de Texarkana, donde su familia teme que permanecerá por el resto de su vida.
Los cuatro jóvenes blancos condenados por varios cargos del incidente están confinados en una cárcel del condado, pero no será por largo tiempo. El mes pasado un juez sentenció a tres de los cuatro a penas de 30 días de cárcel, y al cuarto a 60 días.
Sin embargo, incluso eso fue más de lo que los jurados que vieron los dos casos pensaron que era apropiado: Absolvieron a los acusados de los cargos más graves y no recomendaron ninguna pena de prisión.
Para muchos afro-americanos en Linden, el empobrecido condado de Cass, en las fronteras de Arkansas y Louisiana, lo que le pasó a Johnson fue nada menos que un crimen de odio, aterradoramente reminiscente de las peores agresiones raciales en el Viejo Sur.
"Hay gente aquí haciéndole cosas a los perros, y reciben más de un año de cárcel", dijo Lue Wilson, 58, prima de Johnson y tutora legal. "No conseguirás nunca que un jurado del condado de Cass condene a un blanco por hacerle algo a un negro".
Pero para muchos blancos de aquí, el incidente fue simplemente una historia de unos "chicos traviesos" que bebieron demasiado y perdieron el control.
"Fue algo desafortunado e insensato", dijo Wilford Penny, 73, que el mes pasado completó su sexto término como alcalde de Linden. "Pero no creo que haya nada racial en esto. Los tipos estaban bebiendo y a este tipo [Johnson] le gustaba bailar. No me sorprende que cuando estaban borrachos hayan usado la palabra nigger. El niño negro estaba donde no tenía que estar, aunque ellos lo llevaron allá".

Construido por Esclavos
La historia pesa fuertemente sobre este pueblo fundado a mediados de los 1850 cuya antigua prosperidad agrícola se construyó sobre las espaldas de los esclavos comprados más arriba en el cercano Río Colorado, de Shreveport y Nueva Orleans.
El mural con el esclavo en el vestíbulo de la oficina de correos fue pintado en los años 30 por Víctor Arnautoff, un renombrado artista de la escuela realista social, y a pesar de periódicas protestas de clientes negros, los funcionarios de correos dicen que no tienen intención de retirarlo.
Hoy la palabra ‘boy' todavía se desliza con facilidad de los labios de algunos blancos cuando se refieren a afro-americanos, una infamia a la que Wilson, un veterano de la guerra de Vietnam y obrero metalúrgico jubilado, dijo que se había acostumbrado hace tiempo.
E inquietantes incidentes teñidos por la raza todavía dividen a los 2.256 habitantes de Linden, un quinto de los cuales son negros y cuatro quintos, blancos.
En 1994 un negro que había estado cortejando a una blanca fue encontrado muerto de un balazo en su ingle. Y otro incidente en 2001, un negro que estaba saliendo con una blanca fue encontrado colgando de un árbol. Funcionarios de la localidad determinaron que el primer caso fue un accidente de caza y el segundo un suicidio, a pesar de persistentes dudas de familiares y funcionarios de derechos civiles.
"Hay pocas áreas en Texas que hayan evitado la era de los derechos civiles", dijo Gary Bledsoe, presidente de la sucursal tejana de la NAACP. "Linden es uno de esos. Es una isla de los años cincuenta".
La Texarkana Gazette, el diario más grande de la región, publicó un editorial el mes pasado criticando las livianas sentencias dictadas contra los agresores de Johnson.
"Es triste constatar", escribió el diario, "que todos nosotros estamos de acuerdo en que si las circunstancias de cambiaran -si cuatro negros hubiesen cometido este crimen con una persona blanca-, las cosas habrían sido diferentes".
Sin embargo, otros ven más matices en el caso de Johnson, y en el del estado de las relaciones raciales en la localidad.
"Creo que es injusto para el condado que se transforme en un problema racial", dijo Tina Richardson, asistente del fiscal del distrito que llevó el caso y el único abogado negro del condado de Cass. "Sé que en este momento el estigma es que el condado de Cass parece que los blancos tienen un montón de prejuicios contra los negros. Pero lo que tienes es gente buena y gente mala no importa dónde estés viviendo en el país".
"Había tantos, quizás más, blancos que estuvieron decepcionados por el resultado" del caso de Johnson como los que se contentaron, agregó Richardson.

En el Fondo del Asunto
Si Johnson fue golpeado porque era negro o porque era retardado mental está en el centro de las contradictorias versiones del caso. Los testigos que asistieron a la fiesta en el pastizal el 27 de septiembre de 2003, dieron a las autoridades evidencias de los dos cargos.
"Todos sabían que Johnson era retardado mental, que no era normal", dijo un residente blanco de Linden, de 23, que asistió a la fiesta pero habló a condición de no ser identificado. "Se estaba divirtiendo, bebiendo. Luego empezaron a reírse de él, a hacerlo bailar. Estaban tratando de divertirse, de transformarlo en un mono".
En un momento durante la fiesta, Richardson dijo que las declaraciones en el tribunal demostraban que a Johnson lo convencieron de meter la mano en la fogata para sacar un leño ardiendo -evidencia de que estaba siendo engañado por su incapacidad mental.
Pero muchos otros testigos informaron que Johnson fue también sometido a "un montón de insultos racistas", dijo Richardson.
"La palabra n", dijo, "y referencias al Ku Klux Klan, preguntándole a Johnson que haría si el KKK saliera por la noche".
Cuando la fiesta empezó a apagarse después de medianoche, según las evidencias, Christopher Colt Amox, que tenía 20 entonces, le pegó a Johnson un puñetazo en la boca, haciéndolo caer al suelo. Cuando Johnson yacía semi-inconsciente, vomitando y atorándose, Amox y otros tres jóvenes -James Cory Hicks, entonces de 24; Dallas Chadwick Stone, entonces de 180; y John Wesley Owens, entonces de 19- debatieron sobre si llamar a una ambulancia, dijeron las autoridades. En lugar de eso, lo echaron a una camioneta, lo llevaron tres kilómetros más lejos hacia un camino de tierra poco transitado y lo arrojaron junto a un vertedero municipal encima de un nido de hormigas de fuego.
Varias horas después, Hicks, que a la sazón trabajaba como guardia de la Cárcel del Condado de Cass, volvió al lugar de los hechos y llamó al sheriff local para reportar que había encontrado a "un hombre desmayado".
Funcionarios policiales locales y del FBI investigaron el caso y llegaron todos a la conclusión de que lo que le pasó a Jonhson fue un crimen basado en su incapacidad mental, no en su raza. Por eso no se presentaron cargos por delitos de odio o violación de derechos civiles.

Crueldad y Vileza
"Esta es una banda de tipos que son viles y crueles, y han maltratado a un negro que era retardado", dijo Malcolm Bales, jefe de la división criminal en el despacho del fiscal en Marshall, Texas, que incluye al condado de Cass. "Eso es terrible. Pero no da pie para un caso federal de derechos civiles".
En lugar de eso, los cuatro agresores acusados por varios cargos de asalto con agravante y lesiones por omisión a una persona incapacitada que podrían enviarlos a prisión por hasta 10 años. Stone y Owens se declararon culpables de los cargos de omisión y accedieron a testificar contra Amox y Hicks, que optaron por los juicios con jurado.
En esos casos los jurados, tres de los cuales eran negros, absolvieron a Amox y Hicks de asalto con agravante. Amox fue condenado por agresión menor, y Hicks por lesiones por omisión a una persona incapacitada.
Los dos jurados recomendaron sentencias suspendidas y libertad condicional como castigo. Pero el juez de distrito Ralph Burgess, usando su autoridad para imponer un período adicional en la cárcel, sentenció el mes pasado a Owens, Stone y Amox a 30 días de cárcel, y sentenció a Hicks a 60 días.
"Estaban tratando de hacer parecer una felonía, como si le hubieran golpeado, y él [Amox] le golpeó una vez", dijo Michael Spencer, el presidente del jurado en el juicio de Amox. "No era como si ellos simplemente estaban ahí, le dieron de patadas y lo golpearon".
"Esto no es algo sobre lo que tengamos prejuicios y vayamos a dejar marcharse a los ‘chicos traviesos'", agregó Spencer. "Pero el tipo tenía un trabajo y no creemos que vuelva a representar una amenaza para la sociedad... No queríamos necesariamente meterlo un año en la cárcel".

Familia Piensa Demandar

Pero el resultado del caso y la negativa de las autoridades a presentar cargos por crímenes de odio contra los agresores de Johnson han indignado a funcionarios de derechos civiles. La familia de Johnson está pensando presentar una denuncia contra los cuatro hombres, y la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color NAACP está presionando a funcionarios federales y del estado para que nombren a un fiscal especial para considerar presentar cargos adicionales.
"No hay duda de que es un caso racial", dijo Bledsoe, de la NAACP. "Un lote de tipos se emborracha y justo tenía a una persona de otra raza para hacerlo bailar y ridiculizarlo. Está claro que debería ser clasificado como un crimen de odio".
La mayoría de las familias de los acusados se negaron a conceder entrevistas sobre el caso. Pero Martha Howell, la madre de Hicks, dijo que su hijo nunca tocó a Johnson y no merecía ser castigado.
"La reputación es de estos chicos está arruinada para toda la vida", dijo. "Y Johnson está mejor hoy que nunca en su vida. Vagaba por las calles y la familia nunca sabía dónde estaba. Ahora está en una residencia y tiene a alguien que cuida por él".
Johnson no lo ve así.
Sentado hace poco en su atestado y mal ventilado cuarto que comparte con otro paciente de la residencia, hojeando ociosamente unas desteñidas fotos de los viejos coches que algún día le gustaría reparar, le pregunté a Johnson cómo se sentía en estos días.
"Me quiero ir a casa", dijo enfáticamente, en sus únicas palabras inteligibles. "Casa".

Al autor se le puede escribir a: hwitt@tribune.com

8 de junio de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh

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