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corrupción en basra


[Thanassis Cambanis] Asesinatos de milicias de gobierno hacen parte de trama de corrupción.
Basra, Iraq. La resistencia que enturbia gran parte de Iraq no se ha apoderado de esta metrópolis sureña donde dominan los árabes chiíes y la ley religiosa está firmemente apoltronada. Basra hace frente a una amenaza diferente: una penetrante, homicida y gangsteril corrupción.
Noticias de asesinatos no resueltos, y fondos públicos desaparecidos compiten por la atención en el conservador territorio musulmán chií, donde tres partidos religiosos islamitas rivales -los que participaron en las elecciones defendiendo programas basados en principios religiosos para erradicar la corrupción- dominan el gobierno provincial.
El martes noche el periodista estadounidense Steven Vincent fue secuestrado y asesinado después de que escribiera una serie de artículos denunciando la corrupción y acusando a escuadrones de la muerte de la policía controlados por clérigos islamitas en un estallido de asesinatos no resueltos. Hace dos semanas fue asesinado el gobernador; en las calles de Basra se decía que estaba a punto a revelar incorrecciones financieras en el consejo provincial.
"No puedes describirlo, son tan corruptos", dijo el doctor Adel Makee al-Yassiry, un cirujano cardiotorácico y director del hospital de enseñanza de diez pisos de Basra, refiriéndose a los partidos políticos extremistas en el gobierno provincial. "Tienen milicias, y matarán a cualquiera que muestre documentos exponiendo la corrupción", dijo. "La gente tiene miedo de ser asesinada si denuncian la corrupción".
Yassiry es musulmán y apoya los ideales de los partidos en el poder. Pero como muchos en Basra, está consternado por burócratas corruptos en el servicio público que han limpiado el presupuesto de la administración de Basra, socavando el gobierno de los líderes islámicos, a los que llama "hombres respetuosos y honestos".
La corrupción está tan extendida que aunque el gobierno haya asignado nuevos contratos pare recoger la basura, hay mucho más basura en las calles de Basra ahora que al final del duro asedio de tres semanas de Basra durante la invasión estadounidense en marzo de 2003.
Los asesinatos también pueden ser peores que los de ese período. Pero en lugar de la guerra o de la resistencia, la tasa de homicidio aumenta por asesinatos casi diarios. De acuerdo a políticos de Basra, muchos de los homicidios son venganzas por el asesinato de funcionarios de partidos islámicos; algunos escuadrones de la muerte atacan a baazistas, y otra facción de los asesinatos parecen ser parte de los permanentes conflictos tribales que anteceden la caída del régimen de Saddam Hussein.
De acuerdo a informes forenses, en Basra se cometieron en los últimos nueve meses 1.176 homicidios. Los testigos dicen que muchos de los asesinos llevan uniformes de la policía y conducen patrulleras, y a menudo ultiman a sus víctimas a plena luz del día.
La mayor parte de los asesinatos permanecen no resueltos y la mayoría de la fuerza policial (la mitad a tres cuartos, según calculó hace poco el jefe de policía con periodistas), es en realidad milicianos islamitas leales a los partidos políticos que los financian, antes que al gobierno.
El gobernador Mohammed Musabah al-Wa'eli minimizó el número de asesinatos en Basra. "Son asesinatos tribales", dijo, desechando las cifras forenses.
"Creo que la cifra correcta está cerca de 100" el año pasado, dijo, sin citar evidencias y defendiendo la fuerza policial de la ciudad como la más efectiva.
Wa'eli asumió el cargo después de las elecciones de enero con un programa para erradicar la galopante corrupción. El gobernador anterior, del partido islámico dominante de Iraq, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, presidió un auge en el contrabando de petróleo y un colapso de los pocos servicios públicos que todavía funcionaban en Basra después de la invasión norteamericana.
Wa'eli, del Partido de la Virtud, es un islamita cuyo programa político en se distingue del programa del Consejo de la Revolución, el Partido Dawa o de cualquiera de otros islamitas chiíes que ocupan casi todas las sillas del consejo provincial. Pero su retórica anti-corrupción tocó un punto sensible, quitando poder al dominante Consejo Supremo. Pero sus esfuerzos apenas han comenzado a astillar la red de contrabando, sobornos y desfalcos que se ha apoderado de Basra.
Acusa al legado de Hussein y la ineptitud de sus predecesores en el gobierno, y también a Bagdad por no enviar más fondos federales a la provincia. Si hubiera más dinero, dice, los servicios públicos no serían tan asombrosamente escasos y las manzanas podridas del gobierno no deberían causar un impacto tan desproporcionado.
Esa explicación no tiene acogida en las calles de Basra.
"Solamente quieren más dinero que robar", dijo Abu Ihab, un acomodado vendedor de sistemas de aire acondicionado.
En Basra el debate ha sido muy diferente al de Bagdad, donde políticos laicos y religiosos están luchando sobre el papel del islam en la nueva constitución, mientras kurdos, chiíes y sunníes están maniobrando para maximizar su cuota de poder en el nuevo Iraq.
En Basra, la inmensa mayoría de los chiíes apoyan varios matices del fundamentalismo. El mayor debate en la elite política es si usar la fuerza o persuadir a la opinión pública a vivir según los dictados de la sharia o ley islámica.
La minoría sunní de la población (calculada en un 25 por ciento de una población de 2 millones) ha mantenido un perfil bajo desde que importante clérigos sunníes y ex funcionarios del Partido Baaz empezaran a ser asesinados el año pasado.
Mujeres como Anwar Mohammed Ridha al-Jabor, director de una estación de radio pública, dijo que continúa siendo acosada por actividades como conducir un coche, que muchos de los más importantes imanes de Basra creen que debería ser prohibido para las mujeres.
"Ya hay una república islamita aquí en Basra, pero nadie lo quiere decir en voz alta hasta que se escriba la constitución", dijo Jabor.
Los fieles han tomado muy en serio la islamización: Las tiendas de licores han sido incendiadas, casi ninguna mujer se atreve a salir sin el velo, y los restaurantes ya no sirven cerveza ni tocan música.
La reconstrucción se ha retrasado. Oxidados tanques del ejército iraquí decoran muchas calles que salen y entran de Basra, un recuerdo de la invasión de 2003. Almacenes y edificios oficiales bombardeados y saqueados durante la invasión (y algunos se remontan a la guerra de 1980-1988 contra Irán) yacen en ruinas.
La maleza y los escombros atascan los canales abiertos del alcantarillado y las acequias. Los vecinos de Basra deben comprar agua potable en los ubicuos tenderetes junto a las calles principales.
Cientos de ocupas se sofocan en 49 grados Celsius del verano en un edificio de oficinas abandonado de la Federación del Trabajo cerca del canal Shatt al-Arab, todavía esperando el proyecto de viviendas sociales prometido por el gobierno. Escasean la electricidad y el gas, aunque el 80 por ciento de la producción de petróleo provenga de los yacimientos petrolíferos de la provincia de Rumaila.
Los sobornos son normales en los negocios de los seis puertos de la provincia de Basra, que son los únicos puertos de Iraq. La corrupción ha penetrado supuestamente la fuerza policial. La semana pasada el jefe de policía se negó a ser entrevistado, mientras hacía frente a una pesquisa de una semana de una delegación del ministerio del Interior de Bagdad.
Uno de los raros políticos laicos de la provincia, Mufeedh Abdulzahra Mushaashie, 41, critica abiertamente al gobierno islámico de la provincia y a la policía, pero ha conservado estrechos lazos personales con ellos.
"La gente votó por los islamitas como una expresión de su espíritu religioso, pero los islamitas no han hecho nada por Iraq", dijo Mushaashie hace poco durante un almuerzo, mientras cuatro de sus guardaespaldas merodeaban en segundo plano. "Si quisiéramos un estado islámico en Basra, no estaríamos contrabandeando gasolina y petróleo y matando gente en la calle".
Mushaashie interrumpió varias veces la entrevista para intervenir en una típica crisis en desarrollo: Un poderoso jeque había sido asesinado en junio, y ahora sus familiares se habían vengado matando al agente de policía al que acusaban del asesinato.
Sin discutir los hechos del caso, la policía rodeó la casa del jeque y se llevó de rehenes a las mujeres hasta que los hombres, que se escondían, se rindieran.
"Tienes que ordenar a la policía que libere a las mujeres", gritó Mushaashie al gobernador, por el móvil. "De otro modo, la situación podría explotar".
Entonces llamó a un influyente miembro de la familia del jeque y lo reprendió por recurrir al asesinato. "Ya no estamos viviendo en la selva. Debemos funcionar de acuerdo a la ley", dijo. Finalmente, las mujeres fueron dejadas en libertad y la policía y la familia del jeque accedieron a discutir el asunto después de un período de tres días para calmar los ánimos.
Todos los partidos con una cuota de poder dicen que los vecinos de Basra están perdiendo la paciencia con la parada de partidos políticos, todos ellos jurando por los mismos valores, que parecen incapaces de cambiar su sombrío destino económico en la vida.
"No podemos hacer milagros", dijo Ali al-Kana'ani, director político del Consejo Supremo, el partido islámico que gobernó Basra desde abril de 2003 hasta febrero pasado y que todavía tiene el electorado más grande y la mayoría de los líderes políticos.
La corrupción, dijo, era el pilar fundamental del gobierno de Hussein, y ningún partido nuevo, islámico o no, puede cambiar eso en apenas unos años, dijo. "Antes, la corrupción administrativa ocurría detrás de las cortinas. Ahora la cortina se ha corrido un poco", dijo Kana'ani

Al escritor se le puede escribir a: tcambanis@globe.com.

9 de agosto de 2005
©boston globe
©traducción mQh

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