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vaticano quiere olvidar el limbo


[Ian Fisher] La existencia del limbo no fue nunca más que una hipótesis.
Roma, Italia. Por cruel y anticuada que sea, debe dar algo de vergüenza deshacerse de una tradición eclesiástica que pudo inspirar poemas como ‘El infierno’, o los tenebrosos versos de Seamus Heaney: "Los pescadores de Ballyshannon / Encontraron un niño anoche en sus redes / Junto con el salmón".
Pero el limbo, ese infierno de los bebés no bautizados, paganos ilustres e incluso algunos musulmanes, está desapareciendo: otra lección de que mientras la creencia en Dios puede permanecer intacta, las cosas sobre él que cree la gente sí están cambiando.
Este mes 30 importantes teólogos de todo el mundo se reunieron en el Vaticano para debatir, entre otros dilemas, el problema de qué ocurre con los bebés que mueren sin haber sido bautizados. No les gusta la palabra, pero lo que están haciendo en realidad como asesores teológicos del Papa Benedicto XVI, es deshacerse finalmente del limbo -un concepto que no fue nunca parte de la doctrina oficial de la iglesia, pero que ha sido una persistente teoría medieval sobre el destino de los difuntos, de algún modo diferente al cielo y al infierno.
A diferencia del purgatorio, una suerte de sala de espera para el cielo de aquellos que cometieron algunos pecados veniales, la teoría del limbo dejaba fuera del cielo a los niños solamente en virtud del pecado original. Como concepto, el limbo ha caído en desgracia bastante tiempo, por ser teológicamente cuestionable e innecesariamente cruel. Es difícil imaginar una razón para privar del cielo a los inocentes. En estos días provoca más risitas que otra cosa, como lo demuestra la discreta sorna de la cobertura periodística con titulares como "Limbo Condenado Al Infierno".
Pero sigue siendo una reliquia interesante, extrañamente relevante para lo que ha sido y quiere ser la Iglesia Católica. La teoría del limbo choca contra uno de los temas más polémicos para la iglesia: el aborto. Si los fetos son seres humanos, ¿qué pasa con sus almas cuando se comete aborto? Plantea incógnitas sobre la amplitud de la noción de salvación de la iglesia de su nuevo líder, el Papa Benedicto XVI.
Y tiene algunas consecuencias para la vida real. La iglesia está creciendo enormemente en países pobres de África y Asia donde la mortalidad infantil sigue siendo alta. Mientras las preocupaciones de los expertos que están reconsiderando el limbo son más teológicas, no estaría mal para el futuro de la iglesia si una madre africana que ha perdido un bebé recibe en 2005 noticias más esperanzadoras de su sacerdote que una madre italiana hace cien años.
"Hay que tomar en cuenta la teología correcta, pero si ofrece algún consuelo, cuanto mejor", dice el Padre Luis Ladaria, el jesuita español que es secretario general de la Comisión Teológica Internacional, el órgano oficial que debate sobre el limbo. A diferencia de otros problemas -el reciente y emocional debate sobre la homosexualidad en el sacerdocio, por ejemplo- parece haber unanimidad en que el limbo debería abandonar el escenario de la iglesia, incluso si de momento no está claro qué doctrina lo reemplazará.
"El limbo no ha sido nunca una verdad definitiva de la fe", dijo el cardenal José Ratzinger, elegido como Papa Benedicto antes este año, en una entrevista de 1984, durante su largo reinado como guardián doctrinario del Papa Juan Pablo II. "Personalmente, lo dejaría fuera, ya que no ha sido nunca otra cosa que una hipótesis teológica".
Como Papa, Benedicto no ha dicho nada sobre el asunto, aunque muchos expertos -pero, hay que observar, no todos- dicen que la controversia sobre el limbo empezó con uno de los héroes espirituales de Benedicto: San Agustín.
La teología es complicada, pero el fondo del asunto es que Agustín, que creía en el pecado capital del hombre, convenció en 418 a un concilio que rechazara toda noción de un "lugar intermedio" entre el cielo y el infierno. Sostuvo que el bautismo era necesario para la salvación, y que los bebés no bautizados en realidad se iban al infierno, aunque en sus escritos posteriores concedió que allí vivirían en las más suaves condiciones.
Era "una doctrina bastante sombría", dijo el Padre Gerald O’Collins, jesuita australiano y autor de ‘A Concise Dictionary of Theology’ (Paulist Press: 2000). "Estás o no estás en el infierno".
En la Edad Media los teólogos, especialmente Santo Tomás de Aquino, postularon una idea ligeramente más alegre: el limbo, del latín ‘limbus’, que significa borde o límite. Allí los inocentes vivirían eternamente en lo que Tomás llamó un estado de "felicidad natural", aunque no en el cielo.
Era el Limbo de los Bebés. También había un limbo temporal de los Padres, donde Dante colocó, junto a otros, a Virgilio, su guía a través del infierno, Moisés, Sócrates, Platón e incluso el caballeroso guerrero musulmán Saladino (con el que, dicho sea de paso, Saddam Hussein suele compararse).
Aunque el limbo no tiene sus bases en las escrituras, y por tanto no fue nunca una doctrina oficial, siguió siendo parte importante de las tradiciones de la iglesia -así como una imagen definitoria del catolicismo- sea como un claro compromiso teológico, sea como algo ligeramente bellaco, dependiendo de a quién se preguntaba.
Seguía siendo fuerte en 1905, cuando el Papa Pío X explicó claramente: "Los niños que mueren sin ser bautizados se van al limbo, donde no disfrutan de la presencia de Dios, pero tampoco sufren".
Pero las ideas empezaron a cambiar con las reformas del Concilio Vaticano Segundo a principio de los años sesenta, cuando la iglesia sostuvo que todos -cristianos bautizados o no- podían alcanzar la salvación por medio del misterio del poder redentor de Cristo. El Papa Juan Pablo II continuó con el decline del limbo, omitiendo la palabra del catecismo más reciente y el año pasado, no mucho antes de su muerte, pidiendo a la comisión teológica que considerara oficialmente el tema de los bebés no bautizados.
Juan Pablo, que colocó el problema del aborto en el centro de las preocupaciones de la iglesia, se interesó en él por una razón específica: el destino de los fetos abortados. En su encíclica de 1995 escribió a las mujeres que abortaban: "También debéis pedir el perdón de vuestros hijos, que ahora están con el Señor". Pero no dijo si estaban e el limbo o en el cielo.
El misterio de Dios, y de la ignorancia del hombre, de acuerdo al Padre Ladaria, es el punto de partida de las labores de la comisión. Para algunos observadores de la iglesia, que sostiene que los juicios del Papa son infalibles en algunos asuntos, cuestionar el limbo es una rara aunque bienvenida admisión de error.
"Esto llamará la atención como algo que se parece a la capacidad de enmendar rumbo", dijo James J. O’Donnell, decano de la Universidad de Georgetown y profesor de literatura clásica. Esencialmente, dijo, es como decir: "Mejor progresemos hacia la ignorancia que permanecer enfrascados en una afirmación que trae quizás más complicaciones y problemas de lo que vale".
O’Donnell, autor de ‘Augustine: A New Biography’ (HarperCollins: 2005), dijo que también sería interesante asistir a la eliminación del limbo durante el reinado de Benedicto.
Benedicto, observó, es también un estudioso agustino, y dejando de lado el problema de los bebés no bautizados, Agustín era un hombre que en general proponía una visión más amplia sobre a quién debería admitirse en la iglesia.
En los años previos a su confirmación como Papa, el cardenal Ratzinger propuso varias doctrinas que tenían "la apariencia, y a veces más que la apariencia, de exclusividad y separatismo" de los católicos con respecto a otras doctrinas, dijo. Deshacerse del limbo, dijo, podría ser interpretado como un signo del apoyo de Benedicto a una mayor inclusividad en los planes divinos.
"Aunque Agustín mismo no era particularmente tolerante de una doctrina que era más gentil con respecto a los niños no bautizados, todavía podrías decir que moverse en esa dirección tiene un aire distintivamente agustino".
Se dice a menudo que a la iglesia le toma siglos moverse, no días ni años. El Padre Ladaria elevó la vista al cielo cuando se le preguntó sobre cuándo se terminaría el informe sobre el limbo. Probablemente no menos de un año, dijo, cuando la comisión vuelva a reunirse.

28 de diciembre de 2005

©http://www.nytimes.com/2005/12/27/international/europe/27cnd-limbo.html?hp=&pagewanted=all
©traducción mQh

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