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civiles huyen de zonas mixtas


[Edward Wong y Kirk Semple] Continúan secuestros y asesinatos arbitrarios de civiles.
Bagdad, Iraq. La guerra de Iraq ha entrado en una fase más sangrienta, con cada vez menos bajas americanas en los últimos cinco meses mientras los asesinatos de civiles iraquíes han aumentado terriblemente por la violencia religiosa, espoloneando a cientos de miles de iraquíes de huir de áreas mixtas sunní-chiíes.
La nueva tendencia, detallada en cifras de bajas y emigración y en entrevistas con comandantes estadounidenses y funcionarios iraquíes, ha llevado a reforzar la división entre árabes sunníes y chiíes, empujando al país hacia una escisión de hecho a lo largo de líneas religiosas y étnicas -un resultado que el gobierno de Bush ha tratado tenazmente de evitar durante los últimos tres años.
La naturaleza de la guerra de Iraq ha estado cambiando al menos desde el otoño pasado, cuando aumentaron las fricciones políticas entre sunníes y la mayoría chií mientras tropas americanas empezaron a llevar a cabo un plan de largo plazo para reducir su presencia en las calles. Pero los asesinatos recrudecieron más agudamente después del atentado con bomba del 22 de febrero contra una venerada mezquita chií, que desencadenó una ola de violencia religiosa.
En marzo fueron asesinados unos 900 civiles iraquíes, un aumento con respecto a los 700 del mes anterior, de acuerdo al Conteo de Bajas de la Coalición Iraquí, una organización independiente que registra las muertes. Entretanto, al menos 29 soldados estadounidenses fueron matados en marzo, el segundo total mensual más bajo desde el inicio de la guerra.
La Casa Blanca dice que en la mayoría de las 18 provincias iraquíes hay poca violencia. Pero las cuatro o cinco provincias donde ocurren la mayoría de los asesinatos y migraciones son los principales centros demográficos y económicos de Iraq, regiones generalmente mixtas que incluyen a la capital Bagdad y contienen gran parte de la infraestructura delm país -factores cruciales para las perspectivas iraquíes de estabilidad. La reacción de la opinión pública iraquí ante la violencia ha sido substancial. Desde el atentado contra la mezquita de 30 mil a 36 mil iraquíes han abandonado sus hogares debido a la violencia religiosa o por temor a ‘represalias’, dicen funcionarios de la Organización Internacional para las Migraciones en Ginebra. El ministerio iraquí de Migraciones y Desplazamientos calculó que al menos 5.500 familias han sido desplazadas, y el grupo más grande, unas 1.250 familias, se han asentado en la ciudad santa chií de Nayaf después de abandonar Bagdad y las ciudades predominantemente sunníes del centro de Iraq.
Las familias están viviendo con familiares o en edificios abandonados y ha empezado una crisis de escasez de alimentos y de agua, dicen funcionarios.
"Hemos vivido durante 30 año en Latifiya", dijo Abu Husseein al-Ramahi, un campesino chií con una familia de siete, refiriéndose a una aldea al sur de Bagdad que es un bastión de la resistencia árabe sunní. "Pero hace un mes, dos hombres armados y enmascarados dijeron que si me quedaba en la zona, mi familia y yo seríamos matados. Dispararon cerca de mis pies. Me volví inmediatamente a casa y salimos del área temprano a la mañana siguiente, hacia Nayaf".
La familia de Ramahi y otros emigrantes están ahora ocupando ilegalmente un hotel abandonado en la ciudad santa.
"Es casi una sigilosa polarización de Iraq a lo largo de líneas étnicas o religiosas", dijo Anthony H. Cordesman, un especialista militar del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington.
En el caos, dijo, "vemos una lenta, firme pérdida de la confianza, un creciente proceso de desconfianza que se advierte en el día a día cuando la gente se riñe por cuestiones políticas. Todo se ha convertido en un tema religioso o étnico".

La cambiante violencia y las nuevas tendencias migratorias están nutriendo un debate sobre si Iraq se está deslizando hacia la guerra civil. Aunque esa situación no será posible de determinar en el corto plazo, el debate mismo podría aumentar la presión que se ejerce sobre el presidente Bush en casa para reducir las 133.000 tropas estadounidenses aquí. Incluso si las bajas estadounidenses continúan disminuyendo, las encuestas muestran que la opinión pública estadounidense tiene pocas ganas de participar en una guerra civil en Iraq.
Comandantes en Iraq dicen que los grupos rebeldes en Iraq, especialmente Al Qaeda en Mesopotamia, han cambiado el blanco de sus ataques en un intento por fomentar la guerra civil y socavar las negociaciones para formar un gobierno de cuatro años. "Lo que estamos viendo ahora es su cambio de blanco, de tropas de la coalición a civiles iraquíes y fuerzas de seguridad iraquíes", dijo el general de división Rick Lynch, portavoz del comando estadounidense. "El enemigo está tratando de estropear la formación de este gobierno de unidad nacional, está tratando de incitar a la violencia religiosa".
Docenas de cuerpos, estrangulados o ejecutados con balazos en la cabeza, aparecen a diario solamente en Bagdad. El espeluznante trabajo se atribuye usualmente a escuadrones de la muerte o milicias chiíes, que llevan uniformes de la policía y del ejército iraquíes. Entretanto potentes atentados con bomba, una táctica favorita de la resistencia sunní, continúa devastando áreas civiles y bases iraquíes y centros de reclutamiento.
El número de secuestros de iraquíes está aumentando debido a una explosión de bandas criminales que trabajan por su propio provecho o con grupos políticos armados. Cientos de civiles son secuestrados cada semana, habitualmente por rescates de 20 mil a 30 mil dólares. En las últimas semanas, hombres enmascarados han irrumpido en oficinas en Bagdad y huido llevándose a los empleados.
Al mismo tiempo, comandantes estadounidenses han reducido el número de patrullas y han tratado de empujar a las fuerzas de seguridad iraquíes a asumir un papel más visible.
Ese cambio, junto con mejores blindajes y detección de bombas, puede explicar en parte la reducción de las bajas. En octubre pasado murieron 95 soldados estadounidenses. Esa cifra se ha reducido mes a mes desde entonces, pero descendió más abruptamente en febrero y marzo: a 29 en marzo, de 55 en febrero.
Las bajas civiles iraquíes aumentaron en general durante el mismo período, de 465 en octubre, de acuerdo al Conteo de Bajas de la Coalición Iraquí, que lleva el registro de bajas en base a boletines de prensa, un método que se cree entrega cálculos extremadamente bajos.
La amplia tendencia es también sostenida por cifras sobre la cantidad de ataques. Un funcionario del Pentágono dijo que los ataques contra estadounidenses, tropas iraquíes y civiles iraquíes seguían siendo unos 600 por semana desde septiembre pasado, pero que el blanco de los ataques había cambiado. En septiembre, el 82 por ciento de los ataques fueron contra fuerzas estadounidenses y 18 por ciento contra iraquíes; en febrero, 65 por ciento lo fueron contra extranjeros, y 35 contra iraquíes.
Importantes funcionarios americanos están preocupados de que a pesar del creciente número de fuerzas de seguridad iraquíes que están siendo adiestradas y equipadas, y el gran número de insurgentes matados o capturados en los últimos seis meses, el número total de ataques no se ha reducido, dijo un funcionario del ministerio de Defensa.
"Debería inquietarnos que todavía se mantenga en el mismo nivel", dijo el funcionario, que no está autorizado para hablar públicamente sobre la tendencia. "Con el número de operaciones que se producen y el creciente número de gente que estamos deteniendo, y realmente con el número de éxitos tácticos que estamos teniendo, deberíamos esperar una reducción de esa tendencia".
Funcionarios americanos dicen que la solución al derramamiento de sangre reside en que los iraquíes formen rápidamente un gobierno de unidad nacional, con representantes de todos los principales grupos dispuestos a llegar a un compromiso.
Pero con cada suceso político histórico -la transferencia de soberanía en 2004, dos elecciones en 2005, el referéndum sobre la constitución-, los estadounidenses han afirmado que el país debería estabilizarse. En lugar de eso, la violencia ha continuado intensamente, a veces cambiando de naturaleza, como está haciendo ahora, pero nunca descendiendo. Y a medida que la emigración resultante continúa, los grupos políticos de Iraq tienen menos incentivos para hacer compromisos, ya que se separan y aíslan en sus enclaves.
Muchos iraquíes dicen que están huyendo por miedo a que las fuerzas de seguridad iraquíes tomen partido.
La policía y las fuerzas especiales están infestadas de reclutas de las milicias, en su mayor parte de partidos políticos chiíes, y son acusadas por los sunníes de llevar a cabo ejecuciones religiosas. Un canal de televisión sunní advirtió la semana pasada a los espectadores no admitir a policías o soldados iraquíes en sus casas a menos que fueran acompañados de tropas americanas.
"Ahora mandan las milicias", dijo Aliyag al-Bakr, 42, un maestro sunní que tenía dos familiares que fueron secuestrados y ejecutados por hombres armados de negro en Bagdad el 22 de febrero. "Tengo más miedo de las milicias iraquíes que de los norteamericanos. Pero la presencia americana sigue siendo el origen de todos los problemas".
Parte de la emigración está tomando lugar dentro de Bagdad, y las familias se están mudando de una calle en otra, de barrio a barrio, dentro de una capital cada vez más segregada.
Otras están atravesando vastas extensiones de desierto. Al menos 761 familias se han asentado en Bagdad después de mudarse desde la provincia de Anbar y otras áreas dominadas por los sunníes al oeste, de acuerdo a cifras del gobierno iraquí. Lo mismo está ocurriendo en el extremo sunní: hay informes sobre 50 familias que se han trasladado desde Bagdad a la ciudad sunní de Faluya.
Los grupos socorristas han estado repartiendo entre familias colchones, mantas, utensilios de cocina y otros aparatos en todo el centro y sur de Iraq.
Jemini Pandya, portavoz de la Organización Internacional para las Migraciones, dice que es una respuesta de corto plazo a lo que podría convertirse en un problema duradero. "Estamos haciendo trabajo de emergencia", dijo. "La situación de los desplazados no se resolverá pronto".

Eric Schmitt contribuyó al reportaje para este artículo desde Washington, Khalid W. Hassan desde Baghdad, y un empleado iraquí desde Nayaf.

2 de abril de 2006
©new york times
©traducción mQh
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