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lo escondido en la memoria


"¿Somos un pueblo maldito? No, eso sería echar la culpa a otros".
[Juan Forn] Rodolfo Walsh oyó la frase "Hay un fusilado que vive" en un café de La Plata adonde iba a jugar al ajedrez. Se asomó a ver qué pasaba y terminó desnudando a toda la sociedad argentina, como bien dice Osvaldo Bayer en el prólogo de ‘Operación Masacre’. El español Alberto Méndez oyó la misma frase por la misma época, pero en Roma, adonde se habían exiliado sus padres republicanos después de la Guerra Civil. En su caso la frase vino en plural: "Hay fusilados que viven". Eran las cosas que se decían en voz baja en aquellos tiempos de silencio (como famosamente los define un libro de Luis Martín Santos), cuando en España "daba miedo que alguien supiera que sabías" y, fuera de España, los exiliados recibían con ansia a todo recién llegado para saber qué había sido de los amigos perdidos. No sólo pasaba en Roma sino en México y Argentina, lo sabemos bien.
Como Walsh, Méndez también se asomó a ver qué pasaba: en cuanto cumplió los dieciocho volvió a España con su hermano, pero necesitó cuarenta años para terminar el único libro que escribió en su vida. Méndez tenía sesenta y tres años cuando se publicó en 2004. Once meses después estaba muerto. No llegó a asistir a la catarsis colectiva que produjo (vendió 300 mil ejemplares, recibió póstumamente el Premio Nacional y el Premio de la Crítica, etc.). Es interesante señalar que, en el mismo momento en que el librito de Méndez producía ese inesperado efecto, el establishment español bloqueaba los intentos del juez Garzón por reconsiderar los crímenes del franquismo como causas de lesa humanidad, imprescriptibles. A dos meses de morir, Méndez le había escrito a un amigo: "Mi vida ha sido, y así pretendo que sea, una vida oscura y oscurecida por mi dedicación al trabajo y a la familia. El resto ha sido mi obcecación tan fracasada como enfermiza por contribuir a la caída de la dictadura. Lo malo es que, además de no caer, me arrojó encima toda la excrecencia que emanaba de ella".
Para los jóvenes de izquierda españoles de los años ’60, Alberto Méndez y su hermano eran una leyenda (y para la policía franquista de la época eran como los Dalton o Jesse James y sus hermanos, recordó Jorge Herralde en la necrológica con que despidió a Méndez). En 1964 lo expulsaron de la Universidad en Madrid, cuando era líder de la asamblea de estudiantes, además de arrebatarle el título de licenciado en Filosofía. Poco después fundó con su hermano una editorial de izquierda llamada Ciencia Nueva, que fue un secreto orgullo en el mustio panorama español de entonces hasta que Fraga Iribarne (ministro de Información y Turismo de Franco) la cerró. La llegada de la democracia fue corriendo a Méndez al costado: le concedió seguir trabajando en el mundo editorial pero ya a sueldo de otros, España devino posmoderna y europea y Méndez era en las reuniones del mundillo como esos paraguas que nadie reclama y quedan olvidados para siempre en el guardarropa de un teatro.
‘Los girasoles ciegos’ no tiene ni 150 páginas, son cuatro cuentos interconectados, cuatro escenas íntimas y anónimas del fin de la guerra civil y los tres años posteriores. Es todo lo que ha quedado de la pluma de Méndez, salvo un reportaje, el único que le hicieron después de publicar el libro (que no había llegado a agotar la primera, modesta edición, cuando él se murió). El reportaje se titula ‘La vida en el cementerio’ porque así describe Méndez los años ’39 al ’42 en España. Yo incluiría sin dudarlo ese reportaje al final del libro, porque lo pone en impresionante perspectiva, funcionaría como epílogo perfecto. Ahí Méndez cuenta que las cuatro historias son reales, o tienen su origen en la realidad. Hubo efectivamente un capitán franquista que, horas antes de que Franco tomara Madrid, se rindió a los republicanos porque no quería formar parte de la victoria (en el reportaje Méndez dice: "Franco pudo tomar Madrid mucho antes pero le pareció insuficiente, así que decidió cercar primero la ciudad y desangrarla. A Madrid no la defendía un ejército regular, eran hombres y mujeres que iban cada día a trabajar y, al salir, cogían el fusil y se iban al frente y luego volvían a casa a echarse un rato antes de entrar a trabajar"). Cuando los nacionales toman Madrid, juzgan por desertor a ese capitán y lo fusilan ("Yo conocí al menos dos personas que sobrevivieron a los fusilamientos y se despertaron en una tumba. Los franquistas tenían mucha prisa por matar y no mataban bien", dice Méndez en el reportaje).
Refiriéndose a la caída de Madrid y las primeras consecuencias de la entrada de Franco en la ciudad, Juan Eduardo Zúñiga escribió: "Pasarán años y olvidaremos todo, y lo que hemos vivido nos parecerá un sueño, y será un tiempo del que no convendrá acordarse. Pero yo era un adolescente en ese tiempo y es un momento de la vida en que uno tiene alta capacidad retentiva". Méndez escribió en su vejez (o durante toda su vida) un libro que tiene la capacidad retentiva de esas adolescencias humilladas y ofendidas por lo que suele llamarse el viento de la Historia. España se jacta de haber escuchado primero la versión de los vencedores de la Guerra Civil, luego las múltiples versiones de los perdedores y más tarde las justificaciones de aquellos que habían perdido en el bando vencedor. "De todo ha habido ya. Cada una de las facciones ha justificado el comportamiento de sus respectivas huestes", dijo hace poco desde un editorial de El País uno de esos neoespañoles de pacotilla que abundan en la prensa y la literatura hispana actual. La versión castiza del "eso ya pasó, loco", tan presente en estas tierras en estos tiempos. Méndez, en su libro, le hace decir a uno de sus personajes: "¿Somos un pueblo maldito? No, eso sería echar la culpa a otros".
Para Méndez, en España se habló durante sesenta años de la guerra como si perteneciera al pasado, "y no está nada claro que esto sea así". Uno de los más inesperados efectos de ‘Los girasoles ciegos’ (que se ha colado furtivamente en la currícula educativa española, para intenso fastidio de los momios de la Real Academia de la Historia, que ya han hecho pública su queja) es que en este momento se están grabando y rodando por todos los rincones de España los testimonios de los últimos que quedan de aquella época, aquellos que tuvieron que callar durante la dictadura y después nadie les prestaba atención, y aún necesitan "contar lo que les pasó, al servicio de la comprensión". Todo está escondido en la memoria, si León me permite la paráfrasis, con el acento tan puesto en "todo" como en "escondido". En una novela de AB Yehoshua, un árabe le dice a un israelí: "A los judíos suele ofenderles la verdad que con tanto ahínco buscan". A los españoles y a los argentinos también, aunque no la buscamos con mucho ahínco.
18 de junio de 2011
17 de junio de 2011
©página 12

los noble herrera no apelarán


Los Noble Herrera no apelarán y aceptaron comparar su ADN con todo el Banco Genético.
Argentina. Los representantes legales de los hijos adoptivos de la dueña de Grupo Clarín , Felipe y Marcela Noble Herrera, confirmaron que no apelarán la última medida de la Justicia, que ordenó una nueva extracción de sangre o saliva y su comparación con todos los datos del Banco Nacional Genético, decisión que reclamaban tanto las Abuelas de Plaza de Mayo como las querellas de las dos familias que iniciaron la búsqueda de dos nietos desaparecidos durante la dictadura militar. El ex juez Gabriel Cavallo calificó la decisión de sus defendidos como "un gesto de generosidad, de pacificación".
La jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, podría fijar en las próximas horas la fecha para realizar la extracción, pese a que siguen pendientes los recursos de apelación que Abuelas de Plaza de Mayo habían presentado cuestionando que el cotejo de los ADN se hiciera dentro de un plazo de tiempo determinado, y que quedaron sin resolver ante la Cámara Nacional de Casación Penal.
El abogado de los hermanos Noble Herrera, Horacio Silva, al anunciar la decisión afirmó que "llegaron a la conclusión que dado el contexto y los padecimientos que han sufrido y, sobre todo, los efectos que han generado en la salud de su madre, y con el solo objeto de ponerle fin a la causa, han tomado la decisión de hacerse la extracción y han aceptado además que la comparación sea con todas las familias que tengan información genética en el Banco".
La defensa de los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble, a través de un comunicado consignó que Marcela y Felipe no quieren exponer a su madre "a nuevos agravios y sufrimientos durante el extenso plazo que podría durar una apelación ante la Corte", debido a "su edad y estado de salud".
Alejandro Carrió, Roxana Piña, Ignacio Padilla y Horacio Silva calificaron el caso de "inédito hostigamiento político y mediático" y como "algo sin precedentes en el país".
18 de junio de 2011
17 de junio de 2011
©página 12

el pistolero de los paras en aguachica


Alfredo Ballena delinquió con las autodefensas del Sur del César. Comenzó en los paramilitares como el ranchero de la tropa y se convirtió en sicario en su natal Cesar.
Colombia. Alias ‘Rancho’ no es un sobrenombre fortuito. A Alfredo Ballena lo conocieron así los paramilitares en Cesar por ser el ranchero, es decir, el encargado de prepararles la comida. Por ser un hombre de mediana estatura y sin musculatura, varios de sus compañeros lo discriminaron y lo señalaron como el ‘inservible’ del grupo. Lo que no sabían, entonces, es que terminó convirtiéndose en un criminal como ellos, como lo ha confesado en Justicia y Paz.
En una audiencia, por ejemplo, rompió en llanto cuando una mujer lo enfrentó: "¿Por qué mató a mi esposo si usted sabía que era inocente. El niño todavía pregunta por el papá". Alias ‘Rancho’ conocía a muchas de sus víctimas porque en el mismo departamento donde nació, mató.
En versiones libres ante la Fiscalía 34 de Justicia Paz, alias ‘Rancho’ contó cómo se unió a los paramilitares del Cesar y cometió más de 200 asesinatos, de los cuales 49 ya le fueron imputados en el Tribunal de Bucaramanga. Este es su perfil.

El Ranchero de los Primos
Alfredo Ballena se unió a los paramilitares del Cesar en agosto de 1995. Su compañera sentimental trabajaba para Roberto Prada Gamarra, un agricultor que junto al exdiputado Rodolfo Rivera Stapper y el finquero Luis Obrego Ovalle creó en 1993 las autodefensas para delinquir en Aguachica, en San Martín en la salida hacia San Alberto, Cesar, y en Ocaña, Norte de Santander.
Ballena contó en una versión libre que tras el asesinato de dos familiares, le pidió a su compañera que lo presentara con Prada Gamarra. "Ella me llevó a la casa de Roberto. Hablé con él y me dijo que si sabía cuáles eran las reglas. Yo ingresé a las Auc porque la guerrilla había matado a dos primos hermanos en 1993", dijo el exparamilitar, que a partir de ese momento asumió el alias de ‘Rancho’ por ser el encargado de la alimentación de la tropa.
De trabajar como jornalero en fincas de Pelaya, La Mata, Ayacucho, Simaña, Gamarra, Aguas Blancas, La Curva y San José, alias ‘Rancho’ se unió al grupo de Prada Gamarra que delinquía desde San Alberto hasta la entrada de Aguas Blancas. "Habíamos más o menos 15 paramilitares. Éramos alias ‘Mora’, ‘Frijolito’, ‘Guerrillo’, ‘Arete’ y ‘Camarón’. Ahí duré un mes únicamente", dijo.
Según alias ‘Rancho’, en septiembre de 1995 ingresó al grupo paramilitar de Juan Francisco Prada Márquez alias ‘Juancho Prada’, primo de Roberto Prada y exjefe paramilitar de las Autodefensa del Sur del Cesar, conocidas como Frente Héctor Julio Peinado Becerra en la desmovilización. "La jurisdicción de ‘Juancho’ era de Aguas Blancas hacia San Martín, Morrison, San José, Terraplén, La Curva, Barranca de Lebrija, Puerto Oculto y Los Ángeles. Yo estuve ahí hasta marzo de 1996", dijo.
El exparamilitar contó que esa fue la fecha en que un hacendado de la región los ‘contrató’ para hacer un desplazamiento masivo en Aguachica. "El comandante ‘Paso’, el segundo de ‘Juancho Prada’, fue contratado por el doctor Francisco Alberto Marulanda y su administrador alias ‘Caballito’ para que montaran una unidad de Auc en la finca Bellacruz. Se le dio duro a muchas personas para que salieran rápido de las tierras quemándoles las casas", contó en versión libre.
A comienzos de 1997 alias ‘Rancho’ dejó la cocina para ser nombrado patrullero urbano en Aguachica, el dispensario y punto clave de movilidad para los paramilitares.

El ‘Patrullero’ de Dos Bandos
A su llegada a Aguachica, alias ‘Rancho’ quedó a cargo de alias ‘Mario Pérez’ que, según contó, luego fue desaparecido por los mismos paramilitares el 8 de octubre de 1997. Delinquió junto a Armando Madriaga alias ‘María Bonita, Jairo Martínez alias ‘Pacho Paraco’ y Mario Castro alias ‘Mario’, estos dos últimos sus nuevos jefes para la época. Aunque su base era Aguachica, al convertirse en escolta de alias ‘Pacho Paraco’ también estuvo en Ocaña.
Según ‘Rancho’, los paramilitares delinquieron a sus anchas en el Cesar porque contaban con la complicidad de la Policía y el Ejército. A partir de ese tipo de vínculos, fue que pudieron cometer cientos de delitos y recobrar la libertad pese  a haber sido arrestado tres veces.
"Llegando de urbano uno conocía a los policías que trabajaban con los paramilitares. Que yo recuerde, una vez los policías fueron atacados por la guerrilla en el cruce de la 40. Eso fue en diciembre de 1997. Se trataba de la patrulla que nos colaboraba muchísimo a nosotros. Si por decir yo iba a cometer un homicidio, el comandante de las Auc coordinaba con el comandante de la policía para que despejara la vía para cometer el ilícito", explicó en versión libre. Esa misma coordinación la hicieron con el Ejército, dijo.
"Con el Ejército tuvimos relación con un capitán del Batallón 41 Ayacucho, Cesar. Eso fue en 1996. Por ejemplo, en una ocasión andábamos 15 paramilitares y 15 soldados. Se hizo una operación conjunta en la que se cometieron dos homicidios. Ellos requisaban discotecas, las cantinas abiertas y los paramilitares íbamos detrás con lista en mano", contó el exparamilitar.
Sobre los arrestos de los cuales salió librado, recordó una vez que cayó preso en Aguachica. Según contó, él le dijo a la policía que era paramilitar y que su jefe era alias ‘Mario’. "Me entregaron la pistola y la cédula, y me dejaron en libertad. Me dijeron "váyase", que usted no ha visto nada".
En Gamarra también resultó arrestado y la historia se repitió. "Los policías estaban de civil. Nosotros íbamos para Gamarra a capturar a una persona que estaba extorsionando el comercio y ellos estaban en el mismo operativo y los capturados fuimos nosotros. Nos llevaron al Comando de la Policía. Nos preguntaron que donde éramos y con solo decirles que ‘trabajábamos’ con ‘Mario’ nos dejaron ir", dijo alias ‘Rancho’ en versión libre.
En Ocaña, tras otro arresto, los paramilitares hicieron un canje con la policía de la zona para cobrar la libertad. "Nos bajaron del carro y nos metieron a un calabozo de la policía. Un capitán nos dijo que al otro día teníamos una indagatoria con un fiscal. Nosotros le dijimos que si él nos embalaba, nosotros decíamos quién era él. Nos dejó libres, menos a alias ‘Arley’ que no tenía problemas (no tenía prontuario en el pasado judicial)", contó alias ‘Rancho’.
El 17 de junio de 2000 alias ‘Rancho’ no contó con la misma suerte de los tres arrestos anteriores. Ese día fue capturado junto a alias ‘Chorola’ y ‘Memo’ en Aguachica y esa vez, a diferencia de sus dos cómplices, no quedó libre. Fue llevado ante un fiscal que lo investigaba por el asesinato de Pablo Gutiérrez Cárdenas, ocurrido el 6 de marzo de 2000, y por el cual ya fue condenado a 33 años de prisión por el Juzgado Primero del Circuito de Aguachica.
La justicia ordinaria también lo condenó a 33 años de prisión por el asesinato del exconcejal de Aguachica José Mario Saldaña Flórez, ocurrido el 24 de noviembre de 1999. Pese a estas dos condenas, el exparamilitar fue postulado a la Ley de Justicia y Paz, y por tanto la pena máxima que recibirá, al momento de que un magistrado le profiera sentencia, será máximo de ocho años.
17 de junio de 2011
15 de junio de 2011
©verdad abierta

técnicas de reclutamiento del alemán


En una imputación de cargos, la Fiscalía mostró cómo a las filas del Élmer Cárdenas de las Auc llegaron cientos de niños y que incluso ‘el Alemán’ se valió de secuestros y amenazas para reclutar a un menor.
Colombia. Durante la audiencia de legalización de cargos que se adelanta en contra de Freddy Rendón Herrera, alias ‘el Alemán’, un fiscal de la Unidad de Justicia y Paz logró documentar que este grupo paramilitar tuvo más de 400 menores de edad en sus filas. Muchos de ellos se desmovilizaron en el 2006 dentro del proceso de paz, habiendo cumplido la mayoría de edad durante su pertenencia al grupo paramilitar.
El exjefe paramilitar aseguró que los jóvenes que fueron reclutados por este grupo armado llegaron por su propia cuenta a las filas del Élmer Cárdenas y no por presión.
Según la Fiscalía, desde sus inicios en 1995 como ‘Los Guelengues’, hasta la desmovilización como Bloque Élmer Cárdenas en el 2006, los paramilitares de este fueron reclutados de manera voluntaria, sin embargo, terminaron reclutando menores de edad.
Durante los 11 años de existencia la Fiscalía solo pudo confirmar un caso de reclutamiento de Francisco Martínez Mena, quien fue secuestrado por el grupo paramilitar en 1996, para obligar a sus hermanos a unirse al Élmer Cárdenas.
‘El Alemán’ dijo que no era propiamente un caso de reclutamiento, debido a que los hermanos de Martínez Mena eran guerrilleros, y que lo que se buscaba era capturarlos con el fin de conseguir información sobre los movimientos de la guerrilla. Según el exjefe paramilitar estos hermanos se unieron al Bloque Élmer Cárdenas a cambio de la libertad de Martínez Mena, y se desmovilizaron en el 2006 con el Bloque.
Sin embargo, la Fiscalía registra el hecho de manera distinta, ya que uno de estos hermanos se unió a los paramilitares un año después del secuestro de su hermano. El representante del ente acusador mostró algunos casos de reclutamiento del Bloque Élmer Cárdenas, contando con algunas aclaraciones del ex jefe paramilitar sobre los detalles de lo practicado por el grupo.
Durante la invasión paramilitar de Río Sucio, el 20 de diciembre de 1996, los paramilitares secuestraron a Francisco Martínez Mena, un joven de 18 años que vivía en la cabecera municipal, con el objetivo de obligar a sus familiares a unirse a las autodefensas. Según la Fiscalía, uno de los hermanos de este joven cede ante la presión del grupo paramilitar, y liberan a Martínez Mena.
‘El Alemán’ dijo que para la toma de Río Sucio existía la orden de asesinar a una serie de personas, por ser supuestamente miembros o colaboradores de las Farc. Dos de los objetivos eran dos hermanos conocidos como los ‘Quinco’.
Durante la toma, dijo el ex jefe paramilitar, estos hermanos no pudieron ser encontrados, pero se reconoció a Martínez Mena como otro hermano de ellos. El grupo paramilitar vio el secuestro del joven, como una oportunidad de capturar a los hermanos ‘Quinco’, y obtener información sobre el frente de las Farc que delinquía en la zona.
Según lo dicho por ‘el Alemán’ al joven fue liberado 15 días después de su retención, le dieron plata para que fuera hasta su casa, y lo obligaron a contactar a sus hermanos pidiéndoles que se entregarán a las autodefensas.
Según el exjefe paramilitar estos hermanos se unieron al Bloque Élmer Cárdenas a cambio de la libertad de su hermano menor. Uno de ellos perdió una pierna durante un combate y se le conoció como ‘El Mocho’. ‘el Alemán’ aseguró que ambos hermanos se desmovilizaron con el Élmer Cárdenas en el 2006.
Ante las preguntas de la Procuraduría sobre las razones del reclutamiento de estos jóvenes, ‘el Alemán’ contestó que en los inicios del Bloque no se aceptaban menores, pero "por necesidades de hombres para la guerra llevo a reclutar jóvenes menores". La justificación del paramilitar de este hecho ante la sala, y respondiendo a la Procuraduría, fue que el Bloque tenía unas exigencias médicas y psicológicas de ingreso muy estrictas, y que en la mayoría de los casos solo eran pasadas por los menores.

Las Exigencias
La Procuraduría pidió a la Fiscalía que explicara los detalles sobre los perfiles de los que reclutaban, los exámenes que se hacían para ingresar al grupo, y la existencia de registros de las personas reclutadas.
La Fiscalía mostró que el Bloque Élmer Cárdenas reclutaba personas de dos grupos distintos.
Por una parte aceptaba ex guerrilleros desertores, ex militares y ex policías. Y por otra entrenaba miembros de la población civil que buscaran de manera voluntaria pertenecer al grupo paramilitar. Este segundo grupo de personas que en su mayoría eran personas jóvenes, muchos de ellos menores de edad, convocados por medio de las emisoras y de "voz a voz".
‘El Alemán’ aclaró que, aunque el grupo no manejó un documento en el que se establecieran los requisitos para ingresar al grupo, se discutió con los comandantes una serie de requisitos para ser aceptado por el grupo. Según ‘el Alemán’, las personas que se presentaban debían pasar un examen médico, en el cual se valoraba si eran atléticos, no sufrieran de pie plano, escoliosis y vicios como el cigarrillo, drogas o alcohol.
Además debían someterse a una "entrevista" para descartar infiltrados o gente con deseos de venganza. A través de la entrevista se trataba de controlar que no fueran muy jóvenes.
Todos estos controles, dijo ‘el Alemán’, fueron preparados y realizados por miembros del bloque, que eran médicos o enfermeros. La selección era aprobada por el jefe de las escuelas de formación de los paramilitares.
‘El Alemán’ dijo que en ningún momento existió un personal específicamente dedicado al reclutamiento, o que fuera de casa en casa exigiendo a las familias unirse al grupo.
Dijo que, con el paso del tiempo, la cantidad de ex militares y ex policías que se habían unido al grupo fue reduciéndose porque tenían comportamientos viciosos, y el número de jóvenes reclutados creció.
Durante su intervención, ‘el Alemán’ aseguró también que el trato entre mujeres y hombres era igual, pero que según sus registros el ingreso de mujeres a sus filas había sido mínimo.
17 de junio de 2011
15 de junio de 2011
©verdad abierta

a pablo escobar lo mató carlos castaño


"A Pablo Escobar lo mató Carlos Castaño": alias Jhon. Alias ‘Jhon’ fue entrenado por el mercenario Yair Klein y de allí pasó a las filas de los hermanos Castaño. Este paramilitar contó en Justicia y Paz otra versión sobre la muerte de Pablo Escobar.
Colombia. José Antonio Hernández Villamizar alias ‘Jhon’ asegura que han intentado matarlo por lo que sabe. El exparamilitar fue entrenado por el mercenario israelí Yair Klein y se convirtió en un tipo de ‘detective’ contratado por las Autodefensas de Puerto Boyacá y luego por la Casa Castaño.
En versiones libres ante Justicia y Paz, aseguró que participó en el operativo para asesinar al narcotraficante Pablo Escobar y cuando intentó dejar el paramilitarismo, fundó una empresa de vigilancia en Bucaramanga. En venganza por el asesinato de un socio, volvió al grupo de los hermanos Carlos y Vicente Castaño, de donde fue enviado al grupo de Juan Francisco Prada Márquez alias ‘Juancho Prada’ en el sur del Cesar.
VerdadAbierta.com reconstruyó la historia de alias ‘Jhon’ a partir de lo que ha confesado en Justicia y Paz. La Fiscalía 34 acaba de imputarle 43 crímenes ante una magistrada en Bucaramanga.

De Escolta a Detective de los ‘Pepes’
Cuando tenía 24 años, José Antonio Hernández contactó un subteniente del Ejército que lo vinculó con las autodefensas que delinquían en Puerto Boyacá, Boyacá. Allá recibió entrenamiento de Yair Klein sobre inteligencia militar. Fue bautizado con el alias de ‘Jhon’ y enviado a Bucaramanga para cumplir su primera misión: hacerle inteligencia a los periodistas.
Según contó en versión libre, un mayor retirado del Ejército lo contrató para que fuera escolta en un periódico. "Me enviaron a hacer inteligencia a la empresa, para saber si estaba infiltrada por la guerrilla. Recibía 150 mil pesos cada tres o cuatro meses en Puerto Boyacá por parte del señor Henry Pérez. En 1990 me dieron la orden de retirarme y retomar el entrenamiento. En el tiempo en que estuve en Bucaramanga le rendí informes a ‘Ariel Otero’", dijo. Luis Eduardo Meneses Báez alias ‘Ariel Otero’ fue jefe de las Autodefensas de Puerto Boyacá tras la muerte de Henry Pérez.
Alias ‘Jhon’ dijo que en 1990 conoció a Fidel y Carlos Castaño, cuando fue citado a una reunión en Medellín para una nueva misión. ‘Los Tangueros’, como eran conocidas las autodefensas promovidas por los Castaño en el Urabá cordobés, le dijeron que iban a conformar un grupo élite junto a ellos en los ‘Pepes’, Perseguidos por Pablo Escobar, para dar con el capo del narcotráfico en Medellín.
"Participé en una reunión con miembros de la fuerza pública y ‘Los Tangueros’. Éramos especiales en inteligencia militar. Estaban funcionarios de la Policía, del Das y seis miembros de la DEA y la CIA de Estados Unidos con quienes se compartía mucha información sobre los lugares que frecuentaba Pablo y sus bienes… La orden era llevarlo a una situación de aislamiento", dijo.
Según ‘Jhon’, siendo escolta de los hermanos Castaño participó en una segunda reunión realizada en la finca Sopetrán, ubicada en Medellín. "Eso fue una reunión de alto nivel con organismos del Estado, los hermanos Castaño, los hermanos Rodríguez Orejuela y Diego Fernando Murillo alias ‘Don Berna’, que para esa época no era nadie. El plan se mantuvo hasta dar de baja a Escobar", contó en una versión libre en Justicia y Paz.

"A Escobar Lo Mató Carlos Castaño"
Diferente a lo que han mostrado los documentales y los registros en medios de comunicación sobre la muerte del capo del Cartel de Medellín, el exparamilitar aseguró que fueron ‘Los Pepes’ y no el Bloque Búsqueda (creado por el Estado) los que mataron a Pablo Escobar.
"Eso fue en 1993. Ubicamos a Pablo Escobar en un barrio de Medellín. Estábamos la DEA, ‘Los Pepes’ y un grupo de la Dijin de la Policía. La ubicación se logró por unas interceptaciones que hizo un grupo móvil de inteligencia técnica. Se interceptó la comunicación y se ubicó en el barrio. Al sitio entran ‘Los Pepes’, ahí iba Carlos Castaño, ‘Z-A’, ‘Móvil 9’ y ‘18’. Esa unidad entró y le dio de baja a Escobar. Después lo entregaron muerto sobre el techo de la casa al coronel Aguilar (Hugo Heliodoro Aguilar Naranjo), que era el comandante de la Policía de Antioquia(sic)", contó alias ‘Jhon’.
Según el exparamilitar, el operativo fue coordinado para que los méritos se los llevara el Bloque de Búsqueda. "Escuché decir de boca de Carlos Castaño que él lo había matado y se lo entregaron al coronel Aguilar para darle el positivo al Bloque de Búsqueda. El que intercepta la comunicación es un equipo de los Castaño traído de Israel. Por eso es que Carlos entra y lo mata. El positivo era un convenio que ellos tenían porque Escobar era un enemigo común", dijo en versión libre.
Alias ‘Jhon’ dijo que después del operativo, comenzó un tipo de ‘canibalismo’ entre quienes habían participado de la muerte del narcotraficante. "A todos los que teníamos conocimiento de esto nos fueron eliminando, como sucedió con ‘A-Z’, ‘Móvil 9’ y ‘Móvil 18’. Se decía que era por la gravedad de dichas alianzas. Eso se volvió una carnicería humana", dijo.
El exparamilitar dijo que en 1994 dejó Medellín y viajó a Bucaramanga para convertirse en informante del Ejército. Luego, entre 1995 y 1996, fundó una empresa de seguridad privada.

De Empresario a Jefe ‘Para’
Después de alejarse un tiempo de los paramilitares, alias ‘Jhon’ se convirtió en jefe de su propia empresa. Sin embargo, en menos de un año se retiró cuando uno de sus socios fue secuestrado por el Frente Camilo Torres del Eln, ocurrido en agosto 1996. Volvió a buscar a Carlos Castaño.
"Me retiro porque secuestran en San Roque, Cesar, a mi socio. El Eln lo asesinó el 5 de septiembre de 2006. Debido a la persecución que había de la guerrilla hacia mí, me contacté con Carlos Castaño y me desplacé hasta Caucasia (Antioquia). Hice los contactos y fui citado a un sitio llamado San Pedro de Urabá, a la escuela de entrenamiento La 35. Me dieron apoyo", dijo.
Por orden de Carlos Castaño, alias ‘Jhon’ empezó a investigar el jefe del Eln, Nicolás Rodríguez Bautista alias ‘Gabino’. "Me ordenó que le hiciera inteligencia. Algunas personas cercanas al Eln fueron ajusticiadas y otro secuestradas por orden de Castaño. Trabajé ahí hasta 1998, cuando el CTI de Bucaramanga me capturó por un delito que cometí en 1991 en Cartagena. Duré un año detenido, hasta el 5 de febrero de 1999. Mi situación no mejoraba, entonces Carlos me dice que me le presente a ‘Juancho Prada’ en San Martín, Cesar", contó alias ‘Jhon’.
Alias ‘Juancho Prada’ fue jefe de las Autodefensas del Sur del Cesar y ayudó a los Castaño en la importación de paramilitares a otras zonas del país como el sur de Bolívar y el Catatumbo, en Norte de Santander. "Hablo con ‘Juancho Prada’ y me dice que me voy como responsable militar en la zona de Catatumbo, en Ocaña.  Me presenté con alias ‘El Negro’ y alias ‘Harold’, que eran los jefes en esa zona", dijo el exparamilitar.
Alias ‘Jhon’ contó que en las reuniones era presentado como jefe militar de las autodefensas en Ocaña, pero en realidad era el segundo de alias ‘El Negro’. "No tenía ningún financiero (paramilitar dedicado a las finanzas). Entonces, uno cobraba al comercio, otro a las estaciones gasolina y otro, el gramaje a los narcotraficantes. Por cada kilo que salía del Catatumbo cobrábamos 100 mil pesos", contó alias ‘Jhon’ en versión libre.

Complicidad con los Militares
El exparamilitar reconoció que las autodefensas no hubieran podido delinquir en la región sin la complicidad de las fuerzas militares. Cuando llegó a Ocaña en 1999, dijo que se presentó con algunos integrantes de la Policía para coordinar con ellos varios operativos. "Con el comandante del distrito lo que hacíamos era tirarle la ‘liga’. Es decir, darle de a cuatro o cinco millones  para mantener las coordinaciones, que era despejar la zonas para operativos o para ajusticiar a las personas que eran señaladas como objetivo militar", dijo.
Alias ‘Jhon’ recordó que entre septiembre y octubre de 1999 la Policía levantó un retén en el corregimiento de Otaré, para que los paramilitares asesinaran a dos personas. A comienzos de 2000 la policía también retiró por varios minutos el retén del Cerro de Las Flores para que los paramilitares hicieran una inspección, donde algunos informantes señalaban que estaba el Eln.
"En 2002 me contacté con un mayor de Ocaña. Con él se coordinaron varias cosas. Había un preacuerdo que era dejar salir a los guerrilleros de la cárcel de Ocaña. Ellos le hacían seguimiento, los interceptábamos y nosotros les dábamos de baja", explicó el exparamilitar.
Alias ‘Jhon’ delinquió con las Autodefensas del Sur del Cesar, conocidas en la desmovilización como Frente Héctor Julio Peinado, hasta agosto de 2002. Ese mes fue capturado por una contraguerrilla de la Policía y según le dijo a la Fiscalía, no lo mataron porque los paramilitares secuestraron a la novia de un teniente que había participado en su captura, y porque las autoridades sabían que había sido capturado vivo.
"Un mayor me dijo que soltara la novia del teniente pero que no podía hacer nada por mí. Yo le dije que tampoco podía hacer nada y que pensara lo que yo podía hablar en los juzgados. Él se puso nervioso y me sugirió que consiguiera a una persona que se pareciera a mí para hacer un canje. A mí me cambiaron y me sacaron en una moto", dijo alias ‘Jhon’.
En versiones libres, el exparamilitar reconoció que mientras fue jefe paramilitar en Ocaña despojó a la familia Quintero de sus fincas para instalar allí una base. "Las fincas quedan ahí pegadas a Ocaña, detrás del matadero, pero luego las devolví.", dijo.
También aseguró conocer sobre la ubicación de dos fosas, donde fueron arrojados los cuerpos de un señor señalado de ser ladrón, y de una joven señalada de ser informante de los militares. Alias ‘Jhon’ ha confesado 230 crímenes, de los cuales 43 ya le fueron imputados.
17 de junio de 2011
©verdad abierta

la ciencia del milagro


Un análisis científico de la acción divina. El milagro de la ciencia y la ciencia del milagro.
[Matias Alinovi] Hay en Roma una comisión de peritos que se quiere científica. ¿En qué sentido lo es? Podemos reconocer tres razones diversas en esa aspiración. En principio suele estar integrada por médicos. Los médicos, ¿son científicos? En un libro de Isaac Asimov cuya referencia perdí, leí alguna vez que, de todas las ciencias, la física era la que más había avanzado, y la medicina la que menos. La afirmación prueba que aun en el criterio escalonado del divulgador ruso-norteamericano, una comisión de médicos puede aspirar a ser una comisión científica. La comisión que nos ocupa quiere, además, que su palabra valga por un veredicto académico, y ése es el segundo sentido en que debemos considerar su pretensión: su razón de ser es gestionar un dictamen científico. Pero en tercer lugar, y es lo que aquí nos interesa, cada vez que establece los límites de lo inaudito, nuestra comisión legisla sobre una extraordinaria categoría epistémica: el milagro.
¿Qué es un milagro? De acuerdo con Voltaire, la violación de leyes inviolables, es decir, una mera contradicción en los términos, un oxímoron, una invención de la lengua sin contrapartida empírica. De acuerdo con la Congregación para la Causa de los Santos –la institución vaticana que estudia milagros, martirios y virtudes, y propone los ejemplos de santidad–, es un hecho que no puede ser explicado por causas naturales.
Es bien sabido que convertirse en santo supone atravesar las distintas etapas de un proceso laborioso inspirado en lo jurídico. Ese proceso tiene fases preliminares que pueden instruirse fuera de Roma. Pero en la segunda etapa, la decisiva, la causa es acogida en el Vaticano, y es allí donde el candidato podrá ascender, o no, los dos últimos escalones: la beatificación y la canonización. Alcanzar la beatitud implica sin embargo iniciar un proceso suplementario por el que debe comprobarse que Dios ha operado un milagro por intercesión del candidato. Una vez beatificado, para acceder a la canonización se exige un nuevo milagro comprobado, ejecutado por la intercesión del ahora beato.
En conclusión, todo santo cuenta en su haber con, al menos, dos milagros comprobados (a excepción de los mártires, de quienes no nos ocupamos aquí). Durante el proceso, los milagros presuntos son estudiados por una comisión de peritos –usualmente integrada por médicos si el milagro implica curación– y luego discutidos en un congreso especial de teólogos. Pero es nuestra comisión la que, en definitiva, examina los aspectos científicos de la operación milagrosa.
La mayoría de los milagros que examina la comisión es de naturaleza médica. En el devenir de la historia del milagro, los prodigios empíricos, las manipulaciones aparatosas de la realidad inanimada, han cedido terreno ante las curaciones milagrosas. Sabemos, sin embargo, que es posible, y hasta deseable, que la comisión investigue milagros de otro tipo: en un mensaje reciente al prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Benedicto XVI recordaba que de acuerdo con una tradición inveterada de la Iglesia, el milagro siempre debe ser físico, "pues no basta con un milagro moral".
¿Cuál fue el último milagro empírico, no médico, aprobado por la comisión? Una multiplicación de arroz. En el mes de enero de 1949, el fraile Juan Macías dio de comer en Badajoz, España, a una multitud hambrienta con tres tazas de arroz, que al ser arrojadas al agua hirviendo se multiplicaron indeciblemente. Una salvedad: Juan Macías había muerto trescientos años antes, en Perú, y el prodigio se verificó a través de la sola mención de su nombre por parte de la cocinera. A través de ese milagro comprobado, Macías accedió a la canonización.

Boyle, Hobbes y la Máquina de Vacío
La filosofía experimental que concibió primero el inglés Robert Boyle –la que sigue sustentado nuestras prácticas científicas– establece que los hechos pueden servir como fundamento del conocimiento en la medida en que no sean vistos como productos humanos. Es decir, la ciencia está basada en hechos naturales, y los hechos naturales son necesarios porque no suponen agencia humana. Todo lo que supone agencia humana es contingente: podría no haber sido como es. En cambio, el hecho natural, al estar definido como aquello que no admite agencia humana, puede, y debe, ser considerado como necesario. Para los detractores de Boyle, sin embargo, la contradicción de su filosofía estribaba en el experimento.
Porque Boyle producía los hechos experimentales que sustentaban su conocimiento a través de una máquina: la máquina de vacío. Pero si aspiraba a que esos hechos fueran fundamento de su conocimiento debía garantizar que fueran necesarios, es decir, que no admitían agencia humana alguna. Ahora bien, si esos hechos eran producidos por una máquina fabricada por los hombres, la agencia humana, ¿no se colaba de algún modo a través de la máquina, alterando así el supuesto básico de la filosofía de Boyle? Esa era la objeción de Thomas Hobbes a las prácticas experimentales de Boyle. Hobbes no creía que la máquina pudiera producir hechos –eventos sin agencia humana– simplemente porque era un producto humano. En consecuencia, siempre consideró como viciada de nulidad la actividad de Boyle: la ciencia experimental era una práctica extraviada. Por su parte, Boyle vivió preocupado por mostrar que en la máquina no se colaba el aire, que no había ningún descuido, que estaba bien sellada, es decir, que en la producción de los hechos no se filtraba inadvertidamente la agencia humana.
La analogía con los milagros estaría establecida en estos términos: nuestra comisión vaticana de peritos, que establece qué es un milagro y qué no lo es, es una máquina productora de hechos de fe. Los milagros podrían ser considerados como hechos de fe en la medida en que la comisión querría que los consideráramos como hechos sin agencia humana –la intercesión no sería agencia– y por lo tanto como necesarios. En un documental extraordinario sobre el Santo Sudario que periódicamente se repite por el canal de televisión Santa María, Amílcar Funes, un físico egresado del Instituto Balseiro, sostiene que Dios, cuando hace milagros, no altera las leyes de la física. Simplemente acelera, estimula o inhibe procesos naturales. Funes expresa así el supuesto epistemológico básico de nuestra comisión de peritos. La pregunta es: ¿por qué Funes y la comisión eligen pensar así?

La Ley del Milagro
Si decimos que un milagro no supone la alteración de las leyes de la naturaleza, el milagro solamente puede estribar en la aparición milagrosa del evento. Dios hace aparecer inopinadamente una luz –estimula una emisión inopinada de fotones, digamos– que en cuanto aparece en el mundo obedece las leyes de la física: se desplaza a una cierta velocidad, se difracta, se refleja. De paso imprime la imagen de un cadáver sobre una tela. Lo milagroso estribaría entonces en la irrupción de la voluntad divina en el mundo. De modo que ahora podríamos preguntarnos: ¿tiene sentido decir que una irrupción es milagrosa? En otros términos, una intervención divina, ¿es siempre una intervención a costa de la cadena causal? ¿Implica siempre una ruptura de esa cadena? Podría creerse que no. En algún sentido, la física podría considerar que el hombre es un milagro, puesto que no tiene cómo explicar la irrupción de la vida. Establecer las leyes de la naturaleza no supone un determinismo definitivo sobre todo lo que ocurrirá. Supone un determinismo, si se quiere, sobre el modo en que las cosas ocurrirán. No es lo mismo. ¿O sí?
Habría, entonces, una explicación para la posición epistemológica de Funes y de nuestra comisión: que Dios respete las leyes naturales al ejecutar un prodigio es el único camino para reconocer que algo es un milagro, en términos científicos. Es decir, al estudiar el Santo Sudario se podrá establecer, digamos, que allí se proyectó una luz de una determinada potencia –que podrá estimarse–, que imprimió una imagen precisa. Lo que al mismo tiempo permitirá sugerir que la utilización de una luz de esas características era impensable en ese momento, en ese lugar. En definitiva, se podrá explicar científicamente la impresión y establecer las características de la fuente de esa luz, para conjeturar que, al no ser plausible que una fuente semejante haya existido allí, lo que se ha verificado en la ocurrencia es una intervención divina en el mundo. El milagro estriba sólo en la irrupción, pero debe ser posible remontar la cadena causal para reconocerlo.
Dios no altera las leyes de la física, porque sólo así nos permite reconocer sus milagros. Los hechos prodigiosos deben poder explicarse. Si no, seríamos incapaces de apreciar lo extraordinario de su causa. En una curación milagrosa, la comisión podrá establecer, por ejemplo, que una alteración de las proteínas curó al enfermo. Podrá explicar de qué manera se verificó la curación. Ahora bien, ¿cómo pudo ocurrir que se alteraran las proteínas? La respuesta está sugerida en la explicación: intervención divina. No entender el mecanismo natural equivaldría a perder la pista divina para reconocer el milagro.
Pero entonces emerge una nueva interpretación para la aseveración de Funes: los milagros no alteran las leyes de la física porque son creados por el hombre. El respeto por las leyes naturales identificaría una agencia humana, más que una divina. Una agencia humana que identifica el milagro, cuando no hay dolo, y una agencia humana que lo fragua, cuando lo hay. Los milagros no alterarían las leyes naturales porque serían hechos de este mundo, reconocidos por hombres de este mundo. Nótese, sin embargo, que el milagro no es una mera ilusión, como podría ser la magia, simplemente porque supone un mensaje. Para que haya milagro debemos creer que alguien está diciéndonos algo, presuponer que hay anuncio. Si todo hecho es un hecho natural, el mundo es mudo. El milagro, sin embargo, suele interpelar a gente sin mayores recursos epistemológicos. Cuando los apóstoles ven caminar a Jesús sobre las aguas, se sorprenden milagrosamente, pero no se interrogan sobre cómo es posible el hecho, o si es o no un hecho natural. Es decir, la ocurrencia del milagro clausura la pregunta. Salvo para Tomás, y para nuestra comisión, que debe dictaminar a través del examen que allí ocurrió un milagro. Así, la comisión parece violar un presupuesto básico del milagro, que sería el de no examinarlo epistémicamente. El milagro sólo nos interpela desde el no examen epistémico. El milagro es sin por qué. La pregunta es entonces: ¿por qué existe la comisión? Y la respuesta es política: se trata de dar la batalla de la opinión pública.

El Testimonio de Hume
David Hume tiene un argumento que no ataca la producción milagrosa sino su testimonio, aunque una cosa depende naturalmente de la otra, puesto que no hay milagro si no hay testimonio del hecho milagroso. ¿En qué consiste el argumento de Hume? El filósofo se pregunta cuándo es razonable creer en los milagros. ¿Cuándo es razonable creer en el testimonio de hechos extraordinarios? Es decir, examina la cuestión del testimonio epistémico. De acuerdo con Hume, sería imposible obtener un testimonio que nos convenciera epistémicamente de que se ha producido un milagro. Un milagro exige un testimonio, pero ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro, a no ser que la naturaleza del testimonio sea más milagrosa que el hecho. En sus ‘Diálogos sobre religión natural’, dice Hume: "Cuando alguien me dice que vio resucitar a un muerto, inmediatamente me pregunto qué es más probable: que esta persona engañe o sea engañada, o que el hecho que narra haya podido ocurrir realmente". Cuando alguien nos dice que ha ocurrido un milagro, la experiencia, a su vez, nos dice que lo más probable es que no haya ocurrido, porque mientras lo milagroso ocurre raramente, la mentira es más o menos corriente. En conclusión, aunque metafísicamente la intervención divina podría ocurrir –la divinidad podría permitir que alguien resucitara, digamos–, puesto que nuestra experiencia es la única fuente para saber si el hecho ocurrió realmente, deberíamos contar con un testimonio aún más milagroso que el hecho mismo. Un testimonio con el que nunca damos.
17 de junio de 2011
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el personaje carlos


Olivier Assayas filmó la vida del más famoso terrorista internacional de los ’70. El director francés eligió atenerse a los hechos documentados acerca de Ilich Ramírez Sánchez. "La estructura de la película es la de un film de espionaje, porque así es como funcionaba él", dice.
[Horacio Bernades] París, Francia. "Antes de comenzar el rodaje fui a verlo a la prisión donde cumple cadena perpetua, para aclarar una serie de puntos oscuros. Estuvimos reunidos varias horas, yo pregunté y él respondió. Eso sí: es imposible saber cuánto de lo que me contó es verdad y cuánto no." En las oficinas que Unifrance, organización de apoyo al cine francés en el extranjero, tiene en la zona de Montmartre, Olivier Assayas recuerda su único encuentro con Ilich Ramírez Sánchez, un día de 2009, cuando salió de la prisión de Clairvaux haciéndose más preguntas de las que tenía al entrar. Tal vez le suceda lo mismo al espectador de Carlos, al salir del cine. Como dijo alguna vez Borges sobre Churchill, como ocurre seguramente con cualquier figura prominente de la alta política, el venezolano Ilich Ramírez Sánchez es –siempre fue– "un misterio dentro de otro misterio". En lugar de intentar aclararlo, al abordar la figura del más famoso terrorista internacional de los años ’70 Assayas ha preferido desplegar, a lo largo de casi tres horas, los hechos que una abundante documentación permite dar por ciertos.
Atenerse a lo documentado, ser lo más fiel posible a la verdad histórica, reducir al mínimo toda ficcionalización parecen haber sido las mayores obsesiones de Assayas, a la hora de encarar su primer film basado en hechos reales. ‘Carlos’ es también la primera película que el realizador de ‘Los destinos sentimentales’ y ‘Las horas del verano’ filma para la televisión. La primera miniserie, en verdad: ése es el formato original de Carlos, cuya duración original (330 minutos, repartidos en tres partes) el propio realizador redujo más tarde, para su exhibición en salas. De hecho, cuando se la exhibió en Cannes fuera de competencia, en mayo del año pasado, se lo hizo en simultáneo con su transmisión televisiva, por la pantalla de Canal +. Nacido en París en 1955, Assayas es algo así como el entrevistado ideal. No sólo muestra la mejor predisposición a la conversación, sino que además su condición de ex crítico de cine (fue parte de la redacción de Cahiers du Cinéma durante los ’80) le permite hablar de su trabajo con un infrecuente grado de autoconciencia. Como además entiende perfectamente el castellano (su padre, el guionista Jacques Rémy, vivió un tiempo en la Argentina), el diálogo fluye sin necesidad de traducción.

Carlos es su primera película basada en hechos reales. ¿Qué fue lo que le atrajo del personaje, como para dedicarle una miniserie completa?
Justamente el hecho de no haber abordado nunca un personaje real fue lo primero que me interesó. La necesidad de informarme, de leer libros, de chequear documentación, de contrastar fuentes y versiones: todo eso me resultó apasionante. Con ayuda de un asesor histórico llamado Stephen Smith consulté biografías, informes policiales en los archivos de la Securité francesa, las actas del juicio de mediados de los ’90. Por suerte está todo documentado. Pero además el propio personaje era fascinante, único. Un tipo absolutamente cinematográfico, por la complejidad de sus motivaciones, por su costado aventurero, por su condición de hombre de acción y de espía, por su vinculación con la alta política internacional y con lo secreto.

Más allá de su singularidad, ¿en qué medida Carlos representa la época que le tocó vivir?
Creo que en él puede leerse la trayectoria de muchos jóvenes que decidieron abrazar la política y la lucha armada en los ’70. Hay que tener en cuenta que, más allá de que termine convertido en algo así como un "mercenario de izquierda", Carlos tiene, en sus comienzos, todas las marcas del militante, del que combate por una causa. Más allá de los rasgos hasta caricaturescos que va a tomar, el propio modo en que ese idealismo inicial va derivando hacia el militarismo, el aventurerismo y la locura política también es representativo de la forma en que se dieron las cosas históricamente. En ese sentido puede decirse que su trayectoria refleja no sólo los ’70, sino también los ’80 y ’90, que es cuando concluye.

Sin embargo, usted no lo juzga, hasta el punto de que ni una sola vez en toda la película se menciona el seudónimo "El Chacal" que se le dio en la época.
Evitamos hacerlo, porque me parece un calificativo discutible. En cuanto a la toma de posición, no era lo que nos interesaba. Nos interesaba el personaje, tratamos de ser lo más fieles posibles a los hechos. Hay que tener en cuenta que prácticamente toda su vida está documentada, por lo cual esa fidelidad era posible. Sólo allí donde encontramos huecos de información recurrimos a la ficción.

Usted aclara eso en un cartel inicial.
Sí, nos pareció lo más honesto.

¿Tuvo presente la cuestión árabe, teniendo en cuenta que Carlos luchaba al servicio de esa causa?
Traté de atenerme a los hechos, más que a las interpretaciones. No creo que pueda interpretarse la película como proárabe o antiárabe: hablamos de determinados personajes, emprendiendo determinadas acciones en un momento determinado. En tal caso, lo que mostramos del mundo árabe es su complejidad. La causa palestina, por ejemplo: no todos la apoyaban del mismo modo, con las mismas políticas o la misma consecuencia. Incluso los que la apoyaban decididamente en un momento, más tarde dejaron de hacerlo, o viceversa. Se trata de realidades políticas muy cambiantes y diversas, hasta el punto de que hablar de "cuestión árabe", así, en singular, puede llamar a engaño.

Carlos es una película curiosa, en tanto funciona como film político y una de acción al mismo tiempo.
Intentamos que el personaje impusiera el carácter de la película. Por eso a veces digo que ‘Carlos’ está dirigida por Carlos: lo único que hice yo fue poner en escena los hechos que él protagonizó. Esa fusión entre política y acción está en él, no es que yo en algún momento haya intentado definir si estaba haciendo un film político o uno de acción.

¿No puede verse también como una de Bond en versión documentalista?
La estructura de la película es básicamente la de un film de espionaje, porque así es como funcionaba el personaje y quienes lo rodeaban.

Incluso el costado de sex-symbol hace pensar en Carlos como un James Bond de izquierda.
Es que Carlos era así, tal como lo muestro. El sexo y las mujeres ocupaban un lugar importante en su vida.

Es interesante el modo en que usted expande y contrae los tiempos del relato. En la versión cinematográfica se narran más de veinte años en algo más de dos horas y media. Sin embargo, de pronto usted le dedica casi una hora a la toma del cuartel central de la OPEP, casi como si fuera una película dentro de otra.
Tratamos de poner en escena todo aquello que estaba documentado. Dejamos afuera años enteros de la vida de Carlos porque sobre ellos no había mucha información, o la información que había no era confiable. A su vez, para la versión cinematográfica tuvimos que dejar afuera otro montón de cosas, ya que dura la mitad de la miniserie. Así que fue un trabajo delicado, que exigió toda una dosificación de tiempos y de ritmos en la mesa de montaje.

El montajista es un héroe. ¿Cómo se llama?
Trabajé con dos montajistas, que se deslomaron. Se llaman Luc Barnier y Marion Monnier. Volviendo al tema de los tiempos, en los momentos en que nos parecía que teníamos que "quedarnos" en la escena, lo hacíamos, no importaba cuánto durara. Dejamos que lo dramático impusiera las duraciones. En este sentido, intentamos no hacer una biopic al estilo de las del cine estadounidense, que son como un recorrido a través de una serie de hitos obligados.

Sus películas –las que no son de época, al menos– se caracterizan por la presencia de una cámara muy nerviosa, que parecería imponerles su inquietud a los personajes. En ‘Carlos’ da la impresión de que es al revés, que los personajes le imponen una dinámica a la cámara.
La idea era, efectivamente, que la cámara siguiera a los personajes. Si estaban quietos, se quedaba quieta. Si se movían, la cámara también lo hacía. O las cámaras, mejor dicho, ya que como suelo hacerlo, esta vez volví a filmar cada escena con varias, para tener más puntos de vista. Las escenas de acción están filmadas con el mismo criterio, sin buscar una espectacularidad "a la americana", sino siguiendo las acciones de los personajes. La otra diferencia reside en el tamaño de cuadro y en las lentes que usé. En lugar de filmar con teleobjetivo, que desenfoca los fondos, usamos lentes normales, que dan un foco parejo. Y los encuadres son más grandes que los que suelo usar. Más planos generales y americanos que planos cortos. En ambos casos –las lentes y el tamaño de cuadro–, la idea es relacionar a los personajes con el ambiente, con lo que los rodea, ya que estábamos filmando personajes históricos, y en cine la historia se manifiesta en términos espaciales.
17 de junio de 2011
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carlos, el terrorista


‘Carlos’ capta magistralmente el clima de época de los ’70. Ateniéndose siempre a datos y testimonios de la realidad y apelando a un estilo que por momentos parece casi documental, Assayas logra una película que impresiona por su homogeneidad.
[Luciano Monteagudo] No han transcurrido ni diez minutos de película y el relato ya ha pasado de París a Beirut y de Beirut a Londres y de un atentado con bomba a otro a punta de pistola. Corre el año 1973 y ese vértigo y esa violencia son el clima de época que tan bien –con tanta precisión, con tanto nervio, con tanto vuelo cinematográfico– registra ‘Carlos’, la estupenda realización del director francés Olivier Assayas dedicada a una de las figuras más enigmáticas, controvertidas e inasibles del terrorismo internacional de aquel momento.
El ‘Carlos’ del título es el venezolano Ilich Ramírez Sánchez, que si no fuera porque existió y existe en la realidad (actualmente cumple cadena perpetua en Francia, se diría que es un personaje de ficción, la creación de un guionista afiebrado, una criatura puramente cinematográfica. Su irrupción en la escena de comienzos de los ’70 marca un punto de inflexión en la violencia política de aquel momento, que no era poca y que a partir de entonces se exacerba, al menos para los parámetros europeos, acostumbrados a ver de lejos los conflictos del Tercer Mundo, hasta que ese campo de batalla en los márgenes se desplaza hacia su centro.
"Para mí las manifestaciones no sirven para nada, esto es una guerra y las guerras no se ganan desfilando", le dice Ilich a su novia chilena cuando ella le recrimina que no ha ido a marchar contra el golpe militar de Pinochet. "Ya no es tiempo de palabras, es tiempo de pasar a la acción", concluye. Y no podría ser más literal. Autoconvocado como soldado del Frente Popular para la Liberación de Palestina, demuestra primero su compromiso con la causa intentando primero asesinar a un alto representante del sionismo en su propia mansión y luego arrojando una bomba en un banco de origen israelí, ambos atentados en Londres, donde por entonces vivía este hijo de un abogado marxista, capaz de hablar varios idiomas y de moverse por el mundo como si fuera apenas su casa. Su traslado a París profundizará aún más su compromiso con el FPLP (enemigo de la OLP de Yasser Arafat, a quien consideraban un traidor) y radicalizará aún más sus acciones. Para entonces, su nom de guerre ya se ha hecho famoso en todo el mundo: Carlos.
Es notable la manera en que Assayas y su tremendo actor Edgar Ramírez –un venezolano de quien hasta ahora no se tenían casi noticias y que tiene un papel muy menor en el ‘Che’ de Steven Soderbergh– retratan la figura de Carlos. Ateniéndose siempre a datos y testimonios de la realidad y apelando a un estilo que por momentos parece casi documental, ambos logran hacer de Carlos una suerte de rock star de la guerrilla urbana. No por nada el personaje confiesa en sus comienzos que aspira a la "gloria", como si hablara de su consagración arriba de un escenario. Y si hay algo que sabe Carlos es que él no nació para figura secundaria: lo suyo es el centro de la escena, la tapa de los diarios. Y no tarda en conseguirlo, como cuando después de liquidar de un solo golpe a tres agentes de la policía política francesa, al día siguiente el legendario matutino Libération titula: ‘Match: Carlos 3, DTS 0’.
Basándose también en su rosario de conquistas amorosas, el film de Assayas aporta una lectura erótica del personaje, en principio enamorado solamente de sí mismo, como lo prueba la satisfacción con que se admira a sí mismo, a su apolíneo cuerpo desnudo, después de haber cometido un atentado. En ‘Carlos’ no hay ninguna comparación fácil entre las pulsiones sexuales de Carlos y la seducción fálica de las armas, pero aun así su sexualidad, su genitalidad incluso, está muy presente en el film, tanto en el apogeo de sus inicios como en sus días finales, cuando ya está gordo y fuera de forma y en un remoto dispensario de Sudán, último refugio de quien ha terminado convirtiéndose en un paria internacional, esos testículos de los que siempre se sintió tan orgulloso son examinados sin piedad por un médico que sólo le causa dolor cuando le diagnostica varicocele.
En un film que abarca más de dos décadas en la vida del personaje y cuyas casi tres horas de duración pasan como un rayo –al ritmo de la música de los grupos New Order y Wire– es difícil señalar una escena en particular o una actuación secundaria (el casting, que reúne actores de cuatro continentes, es impecable). La tremenda homogeneidad del conjunto es lo que impresiona.

‘Carlos’
(Francia/Alemania, 2010)
Dirección: Olivier Assayas.
Guión: Olivier Assayas y Dan Franck, basado en una idea de Daniel Leconte.
Fotografía: Yorick Le Saux y Denis Lenoir.
Intérpretes: Edgar Ramírez, Juana Acosta, Alexander Scheer, Nora von Waldstätten, Ahmad Kaabour.
17 de junio de 2011
16 de junio de 2011
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