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el precio de la intolerancia


Es demasiado temprano para un análisis completo del daño económico que se ha causado Alabama a sí misma con su radical y nueva ley de inmigración. Editorial NYT.
Los granjeros cuentan el coste de los cultivos que se pudrieron porque los trabajadores huyeron. Los gobiernos pueden calcular la pérdida de ingresos fiscales cuando empiecen a huir los contribuyentes. Es más difícil medir el precio de las reputaciones comerciales arruinadas o el valor de las inversiones perdidas o la productividad perdida mientras los alabameños hacen cola durante horas para demostrar su ciudadanía en cualquier transacción con el gobierno. O lo que el estado gastará finalmente para hacer frente a la avalancha de querellas, o adiestrar y desplegar agentes de policía en las redadas cada vez más amplias de la policía, o el coste de privar de recursos escasos a la lucha contra la verdadera criminalidad.
Un creciente número de alabameños dice que el precio será demasiado caro, y hay convincentes evidencias de que tienen toda la razón. Alabama ya es el último de los estados en cuanto a empleo y vitalidad económica. Ha luchado durante largo tiempo para atraer buenos empleos y se ha despojado de todo un pasado de intolerancia racial.
Ese fue el punto de inflexión y muchos productores extranjeros, incluyendo a Mercedes-Benz, Hyundai y Honda, se han instalado allá. Su buena reputación sufrió un serio revés con la detención en Tuscaloosa de una gerente visitante de Mercedes que fue sorprendido conduciendo sin su licencia y llevado a la cárcel como un potencial inmigrante ilegal.
Sheldon Day, alcalde de Thomasville, ha reclutado para su ciudad, agresivamente, a compañías extranjeras, incluyendo una empresa china -Golden Dragon Precise Copper Tube Group- que planea la construcción de una planta de cien millones de dólares, con más de trescientos empleos.
Ahora el alcalde Day está preocupado por ese proyecto y las perspectivas futuras. Fue citado por el Press-Register en Mobile diciendo que investigaciones comerciales se habían estancado desde la aprobación de la ley. "Sé que el tema de la inmigración ha sido usado contra nosotros".
Ciertamente, los competidores de Alabama no están perdiendo el tiempo. Después del incidente de Tuscaloosa, la página editorial del St. Louis Post-Dispatch invitó a Mercedes a Missouri. "En nuestro estado no pedimos los papeles de inmigración".
Los inmigrantes indocumentados constituyen el 4.2 por ciento de la fuerza laboral de Alabama, esto es 95 mil personas en un estado de 4.8 millones. A pesar de las chácharas sobre despejar el camino para los estadounidenses desempleados, no hay evidencias de que los alabameños estén corriendo en números apreciables para llenar el hueco dejado por los jornaleros y otros trabajadores inmigrados mal pagados.
La pérdida de trabajadores para llenar ofertas de trabajo, de trabajadores contribuyentes, puede llegar a peores si se permite que Alabama implemente una ley que exige que la gente que posee o alquila una caravana obtenga una pegatina de inscripción anual. Esto pone a los indocumentados en una posición insostenible: son delincuentes si no tienen una pegatina, y son delincuentes si tratan de obtener una. De momento, un juez ha emitido una orden paralizando la implementación. Pero si el estado gana, muchos miles de trabajadores podrían simplemente unirse al éxodo y perjudicar la economía.
El daño que causa la ley es particularmente desgarrador en ciudades pobres del estado, donde los pequeños negocios son el alma de la economía. Hemos hablado con tenderos y dueños de restaurantes latinos en lugares como Albertville que dicen que los negocios se han hundido, y que los clientes se han ocultado o huido. La situación no es mucho mejor en Huntsville o Birmingham.
No debe haber ninguna duda sobre la repugnancia moral de la ley de Alabama, que busca privar a familias de trabajadores de medios de subsistencia. Pero incluso los más entusiastas partidarios de la ley están empezando a reconocer su alto coste económico. Ya se está hablando de revisar o revocar la ley. Mientras más pronto lo haga Alabama -y lo aprendan otros estados-, mejor.
28 de noviembre de 2011
27 de noviembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

la policía y la prensa


La policía entorpece el trabajo de periodistas. Más que ofrecer disculpas, lo que los agentes deben hacer es aprender sus propias reglas en cuanto a la relación con la prensa. Editorial NYT.
En muchos países, usar una cámara o tomar apuntes te puede meter en problemas. No se supone que deba ocurrir en Nueva York. Sin embargo, cuando la policía desalojaba a los manifestantes de Ocupemos Wall Street del Parque Zuccotti en Lower Manhattan el 15 de noviembre, varios periodistas fueron aprehendidos y arrestados. La policía impidió que muchos documentaran lo que pasó esa noche.
El Comisionado de Policía, Raymond Kelly, debería considerar seriamente por qué ignoraron los funcionarios las directrices del departamento para tratar a los medios de prensa, directrices que prohíben interferir con actividades relacionadas con el recabamiento de información. En una carta a Paul Browne el lunes, el subcomisario de policía, el New York Times y otras doce organizaciones periodísticas dijeron que la policía fue "más hostil con la prensa" que cubría las protestas que en "cualquier otro evento de los últimos tiempos".
Antes de sacar las tiendas y otras estructuras del Parque Zuccotti, por ejemplo, un representante de la policía pidió a los periodistas en el área sus credenciales de prensa. Los periodistas y fotógrafos no necesitan credenciales para estar en áreas públicas. Se supone que los pases les dan un mejor acceso, pero aquellos que admitieron tener pases fueron llevados a un área vallada a cuadras de la comisaría de policía.
En otro sitio más cerca del parque, la policía se estaba llevando a un manifestante cubierto de sangre cuando un fotógrafo levantó su cámara. Cuando dos agentes de policía vieron la cámara, empujaron una barricada sobre el fotógrafo, gritándole que no tenía permiso para tomar fotos incluso si estaba en la acera.
La carta a los medios de noticias dice que un entrenamiento adicional "habría ayudado a evitar las numerosas e inapropiadas, sino inconstitucionales acciones" de los agentes. Un lugar donde empezar podría ser una revisión de las reformas de 1999 y una declaración de política emitida por el Comisionado de Policía, Howard Safir, ese año.
Esa política declaraba claramente que a menos que hubiera "circunstancias excepcionales", los que porten credenciales de prensa no serán restringidos a las áreas de prensa y que, "bajo ninguna circunstancia tendrá la prensa menos acceso que el público general". Es hora de que el Comisionado Kelly haga un intento serio de implementar el propio código de conducta del departamento.
28 de noviembre de 2011
25 de noviembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

paso por el infierno


Mario Villani, sobreviviente de cinco campos clandestinos. "Desaparecido reaparecido, ése fue mi paso por el infierno". Mario Villani sobrevivió porque arreglaba lo que robaban en los secuestros. Lo obligaron a reparar la picana y la modificó con menos carga eléctrica. El cautiverio más largo en los campos clandestinos de la dictadura.
[Nora Veiras] Argentina. "Soy un desaparecido, un sobreviviente, o si se quiere un desaparecido reaparecido. Este es el relato de mi paso por el infierno." Así se presenta Mario Villani en Desaparecido. Memorias de un cautiverio. El libro escrito junto a Fernando Reati es mucho más que un testimonio, es una despiadada y lúcida reflexión sobre el dilema de la vida en cinco centros clandestinos de detención. A lo largo de cuarenta y cuatro meses pasó por el Club Atlético, El Banco, El Olimpo, el Pozo de Quilmes y la ESMA. "Maldito si lo haces, maldito si no lo haces", repite este físico que a los 72 años desmenuza sin pudor qué significa "colaborar", cuál es el límite que cada uno le pudo poner a esa convivencia con el terror. "En mí vieron la posibilidad de utilizarme, de reparar lo que les robaban a los secuestrados, me tuvieron trabajando de bricoleur", dice con una ironía elaborada durante años de pensar en la complejidad de la condición humana de torturadores y torturados.
Villani contó ante tribunales de Argentina, Francia, Italia, España cómo después de negarse a reparar la picana eléctrica de Antonio Del Cerro, alias "Colores", un torturador que se ufanaba de su arte en la aplicación de tormentos, aceptó hacerlo. Le disminuyó la descarga. Durante una semana había escuchado los gritos de compañeros sometidos a la corriente directa. Los paros cardíacos se repetían, las muertes también. En Desaparecido, Villani y Reati, recuerdan esta y otras historias.

¿Cómo jugaba la inexistencia de fronteras entre represores y secuestrados en los centros clandestinos?
Eso fue determinante para todo. Estábamos inmersos en el espacio del represor. No existía la posibilidad de discutir entre nosotros, de analizar entre nosotros lo que nos estaba pasando, de apoyarnos: estábamos siempre mezclados con los torturadores. Ese borrado de fronteras, además, es unilateral: la libertad que el preso tiene a pesar de estar preso que es el momento de privacidad en la cárcel, nosotros no lo teníamos. Había torturadores como El Turco Julián, por ejemplo, que se quedaban a dormir.

Usted estuvo casi cuatro años secuestrado.
Estuve en cinco campos: desde noviembre del ’77 a agosto del ’81. He sido uno de los que más estuvieron. No es común que haya gente que haya estado tanto tiempo y en tantos campos. Supongo que debe haber influido el hecho de que a mí me usaron para reparar equipos de electrónica, electrodomésticos, que además eran cosas que se robaban y tenían que ponerlos en condiciones para llevárselos a sus casas o para venderlos.

Es increíble cuando usted les pide herramientas y le traen la mesa de trabajo que había diseñado y tenía en su casa.
A mí me habían secuestrado el 17 de noviembre del ’77 y eso me lo trajeron alrededor de marzo-abril del ’78, es decir que en algún lado lo tenían.

En el libro estremece la reflexión sobre el significado de colaborar en un campo clandestino. ¿Qué significa colaborar, cuál es el límite?
Me resultó difícil procesar eso. Todo es colaboración: que te vean vivo ya es una colaboración, aunque uno simplemente respire delante de otro. El otro recién secuestrado ve que uno está vivo y piensa a lo mejor "yo me salvo también", es una forma de controlarlo mejor, es involuntaria e inconsciente, no es una colaboración deliberada, pero los tipos utilizaban ese mecanismo. De ahí para adelante hay un montón de escalones de colaboración. Yo colaboré. Colaboré reparando. No colaboré torturando, no colaboré interrogando, no colaboré entregando gente. Pero, por ejemplo, secuestraron a uno de mis mejores amigos, en una cita conmigo.

¿Cuénteme cómo fue?
A Gorfinkiel lo secuestran a pesar de los esfuerzos que yo había hecho. Yo tenía una cita agendada codificada para el mismo día en que me secuestraron, no dije nada, me callé la boca y se dieron cuenta al siguiente, me volvieron a torturar. Supongo que debo haber admitido que sí porque total había pasado la cita. Además teníamos un convenio los que estábamos en el mismo ámbito: normalmente usábamos un número de teléfono alquilado para pasarnos mensajes. La única forma de comunicarnos era a través de lo que llamábamos buzones, pero sospechábamos que ese teléfono estaba pinchado, entonces decidimos conservar ese buzón para pasar mensajes de alarma: si un mensaje llegaba a ese buzón había que desconocerlo y pensar "se pudrió todo". Cuando me ordenaron llamar, pensé: "Esta es la mía" y dejé un mensaje ahí porque era el que usábamos como alarma, yo lo llamo a ese buzón y le dejo una cita... Y Jorge fue... No tendría que haber ido. Poco después, yo repartiendo la comida en el campo, le llevo la comida a la celda y se pone a llorar y me pide disculpas por no haber cumplido con la consigna. Ahí nos pusimos a llorar los dos. Yo le dije: "Pero escuchame, soy yo el que te entregó".

Usted cuenta que paradójicamente al ser secuestrados sentían cierto alivio por no seguir siendo perseguidos.
Además del alivio de no estar perseguido se sumaba el hecho de que yo, por lo menos, no tenía la certeza de que me iban a matar: pensaba que por ahí me salvaba. Pensaba "se acabó, no corro más". Fue pasando el tiempo y llegué a convencerme de que estábamos todos condenados a muerte. El alivio se terminó, continuó en el sentido que no seguía la pelea, no tenía que seguir escapando, pero estaba condenado.

A pesar de todo su objetivo era sobrevivir un día más, renovar la esperanza a pesar del horror en que vivía...
Es agotador pero a mí me resultó imprescindible. No me podía permitir hacer planes de futuro, no me podía permitir lamentarme y decir si salgo en libertad, me voy al exterior, no milito más o milito más. Me di cuenta de que si hacía eso no estaba prestando atención al aquí-ahora y era imprescindible que estuviera siempre atento, si no podía ligármela en cualquier momento. El único plan que me permitía hacer era llegar vivo al día siguiente.

Usted reflexiona sobre la dificultad de armonizar la necesidad de afecto con la desconfianza sobre todo. ¿Cómo se resolvía ese dilema?
La vida en un campo de concentración es una vida esencialmente dilemática. Continuamente estás frente a situaciones de "Maldito si lo haces" y "Maldito si no lo haces". A mí me sirvió el olfato, como línea general sabía que tenía que desconfiar pero no se puede vivir desconfiando. Llega un momento que uno lo siente por la piel, a veces te equivocás pero es el riesgo que corrés. Largabas alguna opinión pero no todas, con otro te abrías totalmente. Eso viene mezclado con la cuestión afectiva que es muy importante, que no es solamente formar pareja, lo afectivo se puede reducir a una mirada, un roce, los pequeños toques de contenido afectivo son básicos en un marco como ése. Para mí, la situación más importante fue con Juanita... (N de R: Juana Armelín, una chica que había militado en el Partido Marxista Leninista de La Plata que entabló una relación con Villani que el represor Samuel Miara, alias "Cobani", detectó y usó para humillarlos hasta que la hizo desaparecer).

El caso que muestra la perversión de Cobani.
A Cobani lo tengo acá (se señala entre ceja y ceja). Yo no tengo odio, tengo bronca, pienso que hay que condenarlos. Pienso que si bien yo en mi interior los condeno, no soy quién para condenar a nadie, será un juez o la Justicia, pero con Cobani no puedo ser tan objetivo. Por suerte después conocí a los hijos de Juanita, nos hicimos amigos y a través de esa relación por lo menos les pude contar.

¿Cómo superó el saber que hubo secuestrados que colaboraron al punto de torturar a sus compañeros?
Es una tortura más para el conjunto: para los prisioneros que ven que hay ex compañeros que se dieron vuelta, no saben si ellos no pueden llegar a caer en la misma. Antes creían que eran puros y resulta que terminaron así, en el fondo implica que nadie está a salvo de eso. Por otro lado, no es lo mismo que te torture un torturador que un ex compañero, pero además esa tortura no es sólo para el que está siendo torturado sino que el que tortura está sufriendo una tortura aunque no tenga conciencia de ello.

Ni siquiera esa degradación extrema les garantizaba la vida, no implicaba un salvoconducto.
No fue una garantía. En general fueron bastante despreciados, los usaban porque eran útiles, salvo algunos que terminaron pasándose con armas y bagajes para el otro lado. En general los usaban y los tiraban, eran forros.

Usted cuenta el caso de un hijo de un secuestrado-torturador al que no dejan entrar a la agrupación Hijos.
Eso es muy duro: qué culpa tiene el hijo de lo que hizo el padre. Son situaciones muy complejas, el ser humano es complejo, no es lineal. Esos hijos que no lo dejaron entrar estaban viendo un retoño del que torturó a sus padres y de un traidor. No se trata de justificar o no, hay que tratar de entender.

Usted dice que le sirvió comprender que eran seres humanos los torturadores.
Hitler era un ser humano. Me sirvió para manejarme con ellos. El relato ése del torturador que me torturaba y le dije: "No te entiendo", me abrió los ojos. Cuando le dije que a él lo estaban usando, me dijo hijo de puta pero paró de torturarme. Otra cosa, todavía hoy tengo que pelear contra una parte de mí que se pasa de rosca pensando "a estos hijos de puta los quiero reventar" porque en ese caso yo no me diferencio de ellos. Yo no soy como ellos y eso lo tengo que defender a muerte. Esa lucha que fue dentro de los campos, sigue hoy. Que ellos me vieran a mí como una cucaracha, como un ser despreciable, primero es su visión maniquea del mundo. Si yo tengo esa misma visión, soy igual que ellos.

¿Cómo vive el desenlace de los juicios a los represores: como una reparación, como una tarea cumplida?
Está la parte racional, lo vivo como reparación, como decir gané –no sé si decir gané porque no creo estar libre del todo como no creo que vos lo estés tampoco–. Logré sí hacer algo que intentaron impedir que hiciera. Por otro lado hay una cosa que me gratifica: no soy yo solo, es una sociedad que va cambiando. Todavía hay quien dice por algo será, que deberían haber matado a todos. Son procesos largos, complejos y contradictorios: como suma me parece que van en la dirección correcta. Estas condenas son un fruto de muchos años de lucha de mucha gente, y son un fruto también de la maduración interior de la sociedad.

El compromiso de dar testimonio, ¿puede implicar que ese horror no se repita?
Lo que hago está dirigido a que eso pase, pero no es indefectible que pase. Pienso que no hay que bajar los brazos. Hay que estar atentos siempre porque las fuerzas que hicieron producir esto están presentes en todo el mundo. Los que tienen en sus manos el poder se defienden con uñas y dientes: mientras les sirva hacerlo con métodos civilizados lo harán, pero si no recurrirán a cualquier método.
28 de noviembre de 2011
©página 12

murió john neville


Director y actor de teatro. Canadiense.
Murió el sábado en Toronto el actor y director de teatro canadiense nacido en Gran Bretaña, John Neville, que fue el rol titular en la película ‘Las aventuras del barón Munchausen’ [The Adventures of Baron Munchausen] (1988), de Terry Gilliam, y tuvo roles recurrentes en la serie de televisión ‘Expediente X’ [The X-Files], de los años noventa. Tenía 86 años. Sufría de la enfermedad de Alzheimer.
Su muerte fue anunciada por el Stratford Shakespeare Festival en Canadá,  donde había trabajado como director artístico en los años ochenta.
Neville trabajó en decenas de películas, series de televisión y producciones dramáticas durante una carrera que se extendió por seis décadas.

Nacido el 2 de mayo de 1925 en Londres, estudió actuación en la Real Academia de Arte Dramático.
En los años cincuenta actuó como invitado en partes de Shakespeare en la Old Vic Company, de Londres, lo que incluyó alternar con Richard Burton como Otelo y Iago y haciendo de Hamlet para la Ofelia de Judi Dench. Durante la gira por Norteamérica de la compañía en 1956, Neville fue Romeo con Claire Bloom como Julieta y tuvo el rol estelar en ‘Ricardo II’ [Richard II], Madcuff en ‘Macbeth’ y Tersitas en ‘Troilo y Crésida’ [Troilus and Cressida].
Décadas más tarde, Neville llegó a ser familiar para el público estadounidense cuando estuvo en el reparto de la fantástica ‘Las aventuras del barón Munchausen’ y como ‘El hombre bien manicurado’ [The Well-Manicured Man] en ‘Expediente X’.
Neville, que emigró a Canadá en 1972 y adquirió más tarde la ciudadanía, fue reconocido más a menudo por su trabajo en cine y televisión que por sus apariciones en el teatro, contó al National Post en 2003.
"Nunca por Shakespeare", dijo. "Está bien. ‘Expediente X’ me dio un tipo de perfil que no tenía antes, y uno no debería refunfuñar por eso".
28 de noviembre de 2011
24 de noviembre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

tres líderes kmer rouge a juicio


En Camboya. Cientos de víctimas y observadores llenaron la galería pública de la corte cuando los acusados oyeron cargos relacionados con atrocidades cometidas en los años setenta. Los recuerdos de ese periodo son todavía, para muchos, heridas abiertas.
[Mark Magnier] Nueva Delhi, India. Tres altos líderes khmer rouge que fueron acusados de haber planeado los "campos de la muerte" en Camboya en los años setenta, fueron juzgados en Phnom Penh el lunes mientras cientos de víctimas y transeúntes curiosos llegaron a la corte desde todo el país para observar los procedimientos.
El juicio patrocinado por Naciones Unidas debe tomar algunos meses. Además, han habido a menudo importantes retrasos en tribunales pasados entre el fin de las declaraciones y el fallo.
Esto refleja en parte la naturaleza altamente política de estos procedimientos en un país donde los sentimientos sobre ese brutal periodo de la historia son aún heridas abiertas y muchos de los que trabajaron con el régimen Khmer Rouge siguen en funciones prominentes de la sociedad.
Se agrega a la presión la avanzada edad de muchas de las víctimas y acusados, en medio de temores de que los que cometieron atrocidades mueran antes de ser juzgados.
Los tres acusados -Nuon Chea, 85, el principal ideólogo de los Khmer Rouge y segundo en el mando; Khieu Samphan, 80, ex jefe de estado; y Ieng Sary, 86, ministro de Asuntos Exteriores- se sentaron junto a sus abogados el lunes en una sala del tribunal construido para el caso.
Los cargos incluyen crímenes contra la humanidad, genocidio, persecución religiosa, homicidios y torturas.
La semana pasada un tribunal falló que el cuarto acusado, Ieng Thirith, 79, no será acusada porque padece de la enfermedad de Alzheimer, aunque los fiscales están recurriendo ese fallo. Es la esposa de Ieng Sary y ex ministro de Asuntos Sociales.
"Agradecemos el inicio de este juicio y creo que es bueno para Camboya", dijo Rupert Abbott, un investigador de derechos humanos de la organización Amnistía Internacional. "Es importante no solamente hacer justicia para las víctimas de los Khmer Rouge y que la corte acata normas internacionales. Es también importante crear un legado, un ejemplo, para la justicia en Camboya y mostrar lo que es un juicio justo".
El jefe máximo e inspirador ideológico de los Khmer Rouge, Pol Pot, murió en 1998 en la selva cuando era mantenido prisionero por sus propios compañeros.
Durante el régimen de 1975 1979, que fue el tema de la película ‘Los gritos del silencio’ [The Killing Fields], de 1984, se calcula que murieron un millón setecientos mil camboyanos de hambre, ejecutados o por agotamiento o falta de atención médica como resultado de radicales políticas para crear una sociedad socialista completamente agraria.
En la declaración inicial de la fiscalía, de acuerdo a la Associated Press, el co-procurador  Chea Leang describió las atrocidades de los khmer rouge cuando sus tropas ocuparon Phnom Penh, la capital, en abril de 1975 después de una guerra civil de cinco años y empezaron la evacuación forzada de cerca de un millón de habitantes de la ciudad hacia zonas rurales.
Chea Leang también prometió mostrar que el régimen, que era dirigido por tres de los acusados, "fue uno de los más brutales y horribles de la historia moderna". Se espera que ella y otros fiscales pidan la reclusión perpetua, la pena máxima, para los acusados.
Este es el segundo de cuatro casos del tribunal, fundado en 2006. En el primer caso, Kang Kek Ieu, conocido como Kaing Guek Eav en los expedientes del tribunal, ex director de la infame prisión S-21 del régimen, fue condenado en julio de 2010 y sentenciado a 35 años de cárcel. Los cargos contra el gendarme de la prisión, un oficial de menos nivel que los tres ahora en juicio, incluyen crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y delitos relacionados. La sentencia fue luego reducida a diecinueve años en parte por los años que lleva en prisión.
El tribunal ha sido acusado de interferencias políticas y los críticos dicen que ha sucumbido a la presión del gobierno para dejar de examinar muy de cerca la historia del régimen.
En el juicio actual la corte ha dividido el caso en varios mini-juicios a la luz de la edad de los acusados, en lugar de considerar todos los complejos cargos en un solo procedimiento.
Presumiblemente una razón es la preocupación de que todo el juicio pueda tomar demasiado tiempo", dijo Abbott. "Así que están tratando un solo delito a la vez".
El lunes cientos de personas -incluyendo a sobrevivientes, ex cuadros del régimen, monjes en túnicas y estudiantes con uniformes escolares- atiborraron la galería pública del tribunal para el inicio de cuatro días de alegatos en el estrechamente observado caso.
27 de noviembre de 2011
21 de noviembre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

murió anne mccaffrey


Escritora de literatura de fantasía. Autora de dos docenas de novelas de ‘Dragonriders of Pern’.
Murió en Irlanda la escritora de ficción de fantasía Anne McCaffrey, cuya visión de una alianza interestelar entre humanos y dragones engendró dos docenas de novelas de ‘Dragonriders of Pern’. Tenía 85 años.
Su editor, Random House, informó que McCaffrey murió a causa de un derrame el lunes en su casa en el campo al sur de Dublín, su hogar en las últimas cuatro décadas. Bautizó su casa, que diseñó ella misma, Dragonhold.
McCaffrey se interesó en el mundo de la literatura de ciencia ficción (generalmente dominado por los hombres) después de probar como cantante y actriz aficionada.
"Siempre he usado la emoción para escribir", dijo McCaffrey a la revista de ciencia ficción Locus en una entrevista en 2004. "La cosa es la emoción -si es visiblemente sentida por el escritor- que estará presente en todos los procesos que implica publicar un cuento y todavía impactar al lector. Pero tienes que quererlo realmente".
Fue la primera mujer en ganar los dos más importantes premios en literatura de ciencia ficción, el Hugo y el Nebula, en 1968 y 1969 respectivamente, después de la publicación de sus primeras dos novelas cortas ambientadas en el planeta imaginario de Pern.

McCaffrey nació en Cambridge, Massachusetts, el 1 de abril de 1926 y egresó del Radcliffe College en 1947. Se mudó a Irlanda en 1970 después de pedir el divorcio del que fue su marido durante veinte años. Tenía lazos ancestrales con Irlanda, que recién había iniciado un programa único para seducir a novelistas a vivir allá sin pagar impuestos a la renta.
Su popularidad surgió con la publicación en 1978 de ‘The White Dragon’, con la que completó la trilogía original empezada a fines de los años sesenta. Fue su única novela en llegar a la lista de éxitos de ventas del New York Times.
Pero mantuvo un ritmo prolífico, escribiendo veintiuna novelas más ambientadas en Pern en varios periodos de su historia imaginaria.
Durante la última década, a medida que se deterioraba su salud, colaboró cada vez más con su hijo Todd, con el que escribió cinco de las novelas Pern y escribió otras tres de su propia pluma. La novela 23, ‘Dragon’s Time’, fue publicada en junio y madre e hijo compartieron los créditos. La novela 24, ‘Sky Dragons’, debe aparecer el próximo año.
Le sobreviven dos hijos y una hija.
27 de noviembre de 2011
25 de noviembre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

filmar los alegatos en la corte suprema


Los pocos afortunados que pueden asegurarse asientos en la sala de audiencias no deberían ser los únicos testigos de la historia. Editorial de The Washington Post.
En marzo, la Corte Suprema debe dictar fallo en uno de sus casos más importantes de los últimos años: una impugnación constitucional contra la promulgación del presidente Obama del programa del seguro médico.
El caso también podría ser el más estrechamente observado, literalmente. Sería un vehículo apropiado para el primer alegato televisado de la corte.
A menudo hemos instado a los jueces a permitir las cámaras en la corte. Los argumentos de la Corte Suprema se concentran generalmente en temas de importancia nacional e implican normalmente a los mejores abogados del país y rara vez, si alguna, levantan los tipos de preocupaciones sobre la privacidad o seguridad que surgen en los juzgados menores donde la identidad de testigos y jurados debe a veces ser protegida.
La corte ha resistido firmemente, alegando que permitir los procedimientos televisados podría comprometer el decoro y cambiar la naturaleza de los reposados procedimientos porque los abogados -y quizá incluso los jueces- pueden entregarse a la sobre-dramatización. Algunos críticos temen que las transmisiones puedan estimular los estallidos de miembros del público. Otros dicen que las cámaras harán que los jueces sean reconocidos en la calle, aumentado los temores de seguridad e infringiendo la privacidad. Y otros aun temen que los medios puedan sacar algunos fragmentos de contexto. Finalmente, algunos creen que el público podría no entender los complicados procedimientos.
Estos no son argumentos para prohibir las cámaras: son argumentos para prohibir prácticamente toda cobertura de la corte y los jueces. Ninguna persona razonable los aceptaría.
Es difícil imaginar que la corte pierda el control de los procedimientos. Imaginemos el embarazo -y el riesgo para futuros negocios- de un abogado ostentoso que tiene que ser contenido por los jueces. Peor todavía, esas tonterías podrían en algunos casos costar el caso de los abogados si no logran tratar y refutar las serias preguntas sobre el asunto entre manos. Y hay una simple cura para los raros abogados que se niegan a dejar en casa las payasadas: la pérdida del alegato o la remoción de la sala de audiencias.
C-SPAN, que provee un valioso servicio televisando las sesiones parlamentarias y otras programaciones de asuntos públicos, ha ofrecido transmitir las audiencias sobre el seguro médico, a las que se ha asignado cinco horas y media. "Creemos que el interés público es servido mejor con la cobertura televisiva en vivo de este debate oral en particular", escribió el presidente de C-SPAN, Brian P. Lamb, en una carta del 15 de noviembre al juez presidente John G. Roberts Jr. "Este es un caso que afectará la vida de todos los estadounidenses, nuestra economía, y ciertamente será un tema de las inminentes campañas presidenciales".
Si una transmisión en vivo fuera objetable, los jueces podrían permitir que los procedimientos fueran filmados para ser transmitidos más tarde. Y si eso fuera demasiado, los jueces podrían al menos permitir la transmisión en audio en vivo del alegato o, como han hecho en otros casos altamente publicitados, acceder a la circulación el mismo día de la grabación en audio de los procedimientos. Los pocos afortunados que pueden asegurarse asientos en la sala de audiencias no deberían ser los únicos testigos de la historia.
27 de noviembre de 2011
25 de noviembre de 2011
©washington post
cc traducción c. lísperguer

saif gadafi, torturado y mutilado


Paramilitares habrían cortado los dedos de Saif Gadafi en venganza. El hijo de Gadafi era conocido por hacer el signo de la victoria frente a las cámaras y por llamar "ratas" a los rebeldes.
Libia. Los libios que lo capturaron brevemente después del bombardeo de la OTAN contra Sirte que condujo a la captura y muerte de su padre, dijo un doctor, pueden haberle cortado los dedos a Saif Gadafi.
Saif, hijo del coronel Moamar Gadafi, está retenido en la ciudad libia Zintán después de ser capturado cuando intentaba cruzar la frontera con Nigeria disfrazado de pastor de camellos. En fotografías se ven claramente vendas en torno al pulgar, el índice y el dedo corazón de su mano derecha.
Gadafi dice que quedó herido cuando aviones de la OTAN bombardearon un convoy que lo llevaba a él y a su padre hacia las afueras de Sirte durante un bombardeo de la OTAN.
Pero de acuerdo al Daily Mail, circula un rumor entre los soldados libios de que Saif fue capturado antes de escapar y que durante su cautiverio le cortaron los dedos en venganza por su hábito de aparecer frente a las cámaras durante la rebelión, haciendo el signo de la victoria y denunciando a los rebeldes como "ratas".
El doctor Andrey Murkhovsky, que trató a Saif después de su captura durante el fin de semana, dijo que la parte superior de sus dedos índice y pulgar había desaparecido y que su mano era un "desastre".
Dijo: "Podría haber sido una bomba. Pero es extraño, porque en ese caso habría otras marcas en su cuerpo, y no las tiene".
Soldados de Zintán también fueron acusados de cortar los dedos de Saif, pero rechazan toda responsabilidad. En un video visto por The Daily Telegraph, el jefe del consejo civil de Zintán, Taher al-Tourki, dice: "He recibido un montón de llamadas diciendo que le cortamos los dedos. No es verdad, pero nadie nos cree".
Entretanto, el presidente del consejo militar en Zintán parece empecinado en pedir la pena de muerte toda vez que se habla de juzgar a Saif. Interrogado sobre si quería que ejecutaran al hijo de Gadafi, Osama Jueili respondió: "Lo que la ley nos permita".
27 de noviembre de 2011
22 de noviembre de 2011
©the week
cc traducción c. lísperguer