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reunión gil-auc tuvo testigos


’Vecino’ testigo de una nueva reunión Gil-Auc. El exjefe del Bloque Héroes de Los Montes de María dijo que el exsenador estuvo en una reunión convocada por Vicente Castaño y alias ‘Macaco’.
Colombia. Edwar Cobos Téllez alias ‘Diego Vecino’ dijo que fue testigo de una reunión del exsenador Luis Alberto Gil con algunos jefes de la cúpula de las Auc, durante un almuerzo citado por Vicente Castaño alias ‘El Profe’ en una finca de Carlos Mario Jiménez alias ‘Macaco’, jefe militar del bloque Central Bolívar, Bcb. Sin embargo, aclaró desconocer que haya habido un pacto entre Gil y los paramilitares.
La declaración del jefe político del Bloque Héroes de los Montes de María le dio un giro al juicio que adelanta la Corte Suprema contra el senador Gil por nexos con paramilitares.
Desde noviembre de 2010 hasta mayo de 2011, ningún testigo, incluyendo al político santandereano, había mencionado esta tercera reunión entre el excongresista y los paramilitares. Hasta el momento, los testigos han reconocido la existencia de dos reuniones, ambas entre Gil e Iván Roberto Duque alias ‘Ernesto Báez’, justificándolas con el pretexto que el excongresista asistió a ellas para pedir garantías de seguridad al jefe político del Bcb.
Aunque  ‘Diego Vecino’ ya había declarado ante un magistrado auxiliar el 26 de octubre de 2009, el paramilitar amplió su versión sobre la reunión que él llamó del "Piamonte", en relación con el corregimiento del Bajo Cauca antioqueño donde alias ‘Macaco’ tenía una de sus fincas.
"Fue una sorpresa ver a varios políticos allí reunidos. Si uno ve políticos en una reunión de esas, deduce que tenía fines políticos. Pero yo no organicé esa reunión y no puedo decir si se habló de temas electorales. Con todo el respeto, señores de la Corte, tendrían que preguntarle eso a ‘Ernesto Báez’", dijo el paramilitar a los magistrados de la Sala Penal.

La Reunión de Piamonte
Según ‘Diego Vecino’, la reunión realizada en la finca de ‘Macaco’ se realizó para limar diferencias entre las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu) a cargo de Carlos Castaño, y el Bcb, de alias ‘Macaco’ y Rodrigo Pérez Alzate alias ‘Julián Bolívar’, y establecer una estrategia política con miras a las elecciones regionales de 2002.
"Entre julio y septiembre de 2001 nos reunimos en La 21 (finca de Carlos Castaño, ubicada en Córdoba). Allí se habló del proyecto político y social creado por Castaño, cuyo objetivo era llegar a instancias como Alcaldías, Asambleas, Gobernaciones y Congreso.  Discutimos si se creaba una lista única nacional propuesta por ‘Ernesto Báez’ o si nos acogíamos a unas listas regionales propuestas por el Bloque Norte, a cargo de ‘Jorge 40’. Cuando se  habló del tema del narcotráfico hubo una fuerte discusión. El Bcb dijo que rompía relaciones con el Bcb", dijo ‘Diego Vecino’.
El exparamilitar contó que, para evitar la ruptura definitiva entre los dos grupos, él y otros jefes paramilitares como Diego Fernando Murillo alias ‘Don Berna’, Rodrigo Tovar Pupo alias ‘Jorge 40’ y Salvatore ‘El Mono’ Mancuso’ buscaron a Vicente Castaño.
"Le contamos y luego él nos llamó para contarnos que había un almuerzo en la finca de Carlos Mario (alias ‘Macaco’). Ese día Salvatore me dijo que fuera preparando el discurso, porque yo era bueno en eso de la mediación", contó el exjefe del Bloque Héroes de los Montes de María.
Aunque no recordó la fecha, dijo que la reunión de Piamonte fue semanas después de la cita en La 21, es decir, durante el segundo semestre de 2001.
"Estábamos ‘Macaco’, ‘Mancuso’, Cuco (Ramiro Cuco Vanoy), ‘Don Berna’ y ‘Jorge 40’. No estaban ‘Ernesto Báez’ ni ‘Julián Bolívar’. Mi sorpresa fue ver a varios dirigentes políticos como Mario Salomón Náder (exsenador), y a Luis Alberto Gil Castillo y al coronel Aguilar (exgobernador de Santander Hugo Aguilar Naranjo), quien iba con una comitiva", dijo el exjefe paramilitar.
En 2001, Aguilar Naranjo y Gil Castillo eran integrantes del movimiento Convergencia Ciudadana, ahora PIN. El primero le apostaba a la Gobernación de Santander, y el segundo, después de haber sido diputado de ese departamento, a una curul en el Senado. Ambos arrasaron en las urnas y derrotaron al tradicional Partido Liberal.
"Indudablemente Luis Alberto Gil estaba con el coronel Aguilar. No puedo decir de qué hablaron en la reunión porque yo me trasladé hacia la zona de la piscina, donde estaba ‘Chente’ (Vicente Castaño) y alias ‘Pepe’ y ‘Byron’. No me consta que haya habido pactos. Eso hay que preguntárselo a la gente del bloque Central Bolívar porque yo era de otro bloque", reiteró alias ‘Diego Vecino’.
En su defensa, el exsenador Luis Alberto Gil interrogó al exjefe paramilitar y le dijo que se contradecía, al no contar los detalles que rindió durante la primera declaración ante la Corte. "Usted dijo que esa reunión de Piamonte tenía dos objetivos. Una, buscar la confianza del Bcb y dos, hablar del proyecto político. Que Salvatore le dijo que llevaran políticos, que eso generaba más confianza. Ahora dice que no sabe los objetivos de la reunión", le dijo el excongresista.
Durante la declaración, alias ‘Diego Vecino’ aseguró que de acuerdo con los listados presentados por alias ‘Ernesto Báez’ durante la reunión en la finca La 21, "las cuotas políticas de los paramilitares al Congreso eran Carlos Arturo Clavijo y Carlos Higuera Escalante, al Senado por Santander, y Rocío Arias, a la Cámara por Antioquia", dijo el exjefe paramilitar.
Sobre el exdiputado de Antioquia Leonardo de Jesús Zapata, el testigo citado por la Corte el lunes 9 de mayo de 2011 y quien aceptó ser el enlace entre Gil y ‘Ernesto Báez’ para concretar las dos reuniones reconocidas por el excongresista, alias ‘Diego Vecino’ dijo "que el diputado era cercano al Bloque Central Bolívar y a ‘Báez’".
Durante la etapa de testimonios, aún falta que declaren el coronel (r) Aguilar Naranjo y alias ‘Macaco’. La jornada de audiencias está programa hasta el viernes 13 de mayo de 2011.
12 de mayo de 2011
10 de mayo de 2011
©verdad abierta

los negocios de los paras


Una investigación realizada por la Corporación Nuevo Arcoiris revela cómo los ’paras’ se fueron apropiando de regalías del petróleo y del carbón, la tierra y los recursos de la salud.
Colombia. Sobre la economía de los paramilitares. De eso habla el libro ‘Los negocios de los paras’, una investigación hecha por la Corporación Nuevo ArcoIris que pone en relieve cuáles fueron esas redes de corrupción en la que las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) lograron meterse.
A través de varios casos, todos sorprendentes, se devela de qué forma la inoperancia de las instituciones de control y regulación estatales permitieron que los ‘paras’ se fueran apropiando, poco a poco, de las regalías del petróleo y del carbón, la tierra y hasta de los recursos de la salud.
En este último caso, el nombre del senador Dieb Maloof sobresale. Según la investigación de Nuevo Arco Iris, él, en alianza con el Bloque Norte de las AUC, logró saquear a la Empresa Social del Estado José Prudencio Padilla.
El escándalo de Enilse López también tiene lugar en ‘Los negocios de los paras’. De acuerdo con el estudio, su caso demuestra que las reformas a la explotación de los juegos de azar iniciadas desde el 2001 abrieron la oportunidad para el surgimiento de poderosos operadores que consecuentemente se convirtieron en determinantes de la política electoral regional.
Mauricio Romero, coordinador editorial de la investigación, señala que a lo largo del trabajo, que tardó casi un año, se evidencia cómo los resultados de las reformas en el sector de la salud en las zonas en donde las AUC tuvieron influencia, como en la costa del país, son desalentadoras.
"La privatización de los servicios y su financiación, que buscaba crear empresarios en el sector salud y de juegos de azar, terminó creando ventajas para delincuentes y oportunistas, quienes se han alzado con los recursos del sector, en medio de un mar de necesidades", se lee en el libro.
 
El Caso de Dieb Maloof
"Lo de Dieb Maloof es una cosa muy calculada, lo que hace es legislar en beneficio propio", dijo recientemente en una entrevista radial el director de Nuevo Arco Iris, León Valencia.
La red familiar y de amigos políticos creada por el exsenador, señala la investigación, es un ejemplo de cómo una red ligada con los paramilitares del Bloque Norte se apoderó de una parte importante de los recursos de la salud en los departamentos de la costa caribe, a través del saqueo de la ESE José Prudencio Padilla.
La modalidad, agrega el estudio, era crear una red de cooperativas de trabajo asociado manejadas por personas cercanas al exsenador Maloof. El texto elaborado por Nuevo Arco Iris recuerda que Dieb Maloof fue ponente en la reforma realizada a la ley 100 en el 2006 con la que se fortaleció a las EPS para el manejo de los recursos públicos.
"De la contratación de la ESE en el 2005 el 50% se hizo a través de cooperativas, es decir, con 24, de las cuales 13 estaban ligadas a Maloof. Eso quiere decir que de un presupuesto de 165.000 millones de pesos de la ESE, 82.000 millones fueron contratados con cooperativas y, las 13 relacionadas con Maloof, manejaron 23.245 millones de pesos", revela la investigación.
Como consecuencia de los malos manejos, la ESE José Prudencio Padilla, que reemplazó al ISS en la costa norte, fue liquidada en el 2006.
El caso de la ESE José Prudencia Padilla es solo uno de los muchos que el libro ‘Los negocios de los paras’ utiliza para reflejar cómo políticos, paramilitares y herederos se la idearon para robarse los recursos del sector.

El Caso Enilse López
Dice la investigación que Enilse López logró configurarse como empresaria del monopolio del chance en la costa caribe con casi 20.000 vendedores y una nómina cercana a 4.000 empleados en los departamentos de Magdalena, con Aposmar; Bolívar, con Unicat; Sucre, con Aposucre, y Atlántico, con Uniapuestas.
Su caso -agrega el estudio- pone en evidencia cómo las reformas a la explotación de los juegos de azar iniciadas desde el 2001 abrieron la oportunidad para el surgimiento de poderosos operadores que consecuentemente se convirtieron en determinantes de la política electoral regional.
Según el libro de Nuevo Arco Iris, la consolidación del poder político de la ’Gata’ en la costa logró crear una red de familiares y amigos que fueron ubicados en puestos clave.
"La dimensión de las cifras involucradas en las apuestas de El Chance explica por qué un operador como la ’Gata’ se convirtió en un factor clave del engranaje político y militar del Bloque Norte de las AUC", resalta la investigación.
El texto señala y destaca cómo la receta para el saqueo a los recursos de la salud y la apropiación de regalías del petróleo y del carbón "combinaba la amenaza y ejercicio de violencia y la ubicación de personas de confianza en puestos claves en las administraciones locales, instituciones prestadoras de servicios, y cooperativas".
12 de mayo de 2011
©verdad abierta

nadie mató a juan soto


columna de lísperguer
El disidente cubano Juan Soto no fue asesinado.
Oportunidad para discutir el rol de la prensa y la probidad de los periodistas. Esta noticia es falsa: tanto los médicos del hospital donde murió Juan Soto, como sus familiares más cercanos han desmentido tajantemente esta información. Cualquier periodista pudo saberlo en su momento, antes de difundir un hecho falso, porque bastaba con hablar con las autoridades del hospital o con los familiares para saber la verdad. ¿Y cuál es el punto de los disidentes? ¿Difamar al régimen cubano? La agresión contra Libia se originó en una noticia falsa: que aviones libios habían bombardeado una manifestación en una plaza de Trípoli matando, según los rebeldes, a más de mil personas, 200 según otras. Ese bombardeo nunca existió, aunque se lo usa como justificación para destruir la infraestructura libia y para asesinar a la familia Kadafi. Y sobre esto, los periodistas, adiestrados para obedecer, también callan.
lísperguer

la ley del colt


Quizás haya que recordar que a las armas las carga el diablo. Las víctimas lo saben, pero ellas no están en condiciones de opinar.
[Pablo Capanna] Cumpliendo con un ritual que ya parece haberse integrado al folklore estadounidense y empieza a ser imitado en otros países, el año 2011 se inició con una matanza. Un loco, no tan suelto, regó de balas a una multitud y logró que Arizona se apuntara para el Guinness en la categoría Asesino Masivo, esta vez con un peculiar matiz político.
Todos los pasos previos se habían cumplido; el crimen se había anunciado con videos de YouTube y en los más delirantes blogs, pero nadie le había dado importancia. Era como para creer que el injustamente criticado Michael Moore tenía razón.
Disparando a mansalva en el patio de un supermercado donde se estaba realizando un encuentro político del Partido Demócrata, el asesino mató a tres personas e hirió a unas cuantas más. Pero no llegó a cumplir su objetivo de ultimar a la legisladora Gabrielle Giffords, a quien no le perdonaba que le hubiera ganado una banca al frente derechista Tea Party.
El derrotado candidato del Tea Party era Jesse Kelly, un marine veterano del Golfo. En sus afiches de campaña aparecía con un inconfundible look Rambo, que se resaltaba con el slogan "¡Ponga un combatiente en el Congreso!" Pero hasta sus electores consideraron que el militante criminal se había excedido un poco.
Paradójicamente, la diputada Giffords tampoco defendía los principios del Mahatma Gandhi. Estaba entre quienes habían votado refuerzos presupuestarios para la campaña de Irak y apoyaba la libre portación de armas para defensa propia, al estilo de la Asociación del Rifle.
Los secuaces de Charlton Heston no son los únicos que se amparan en una lectura fundamentalista de la segunda enmienda de la Constitución. A lo sumo están dispuestos a admitir que las armas se vendan con una leyenda del tipo: "Esta ametralladora puede hacer daño. Usela con cuidado".
Al parecer, hay muchos estadounidenses que tienden a ver al mundo como un saloon, donde las disputas se resuelven a los tiros. Son los que están convencidos de que una buena Magnum es el mejor respaldo para sus derechos individuales, y hasta que es una garantía de igualdad. Se amparan en el refrán "Dios hizo a los hombres, pero el revólver del coronel Samuel Colt los hizo iguales", el día que acabó con guapos y forzudos. Piensan que el Old Equalizer es un recurso eficaz "para combatir la inseguridad", en lugar de agravarla, como uno tendería a pensar.
Descubrimos que una organización de Chicago llamada Concealed Carry Inc., que curiosamente es dirigida por un señor llamado John Birch, sortea un revólver por mes (con curso de tiro incluido) para que el ciudadano que resulte agraciado pueda defenderse de los maleantes.
No es difícil encontrar ecos de estas actitudes en la literatura popular, que a menudo se escribe para halagar a un mercado políticamente cambiante, pero siempre sensible al miedo. A veces son algo más que ecos, y casi parecen líneas editoriales. Por cierto, no sólo se los encuentra en el policial sino hasta en la ciencia ficción, un género que podría llegar a creerse alejado de la política.

Veteranos al Poder
El candidato del Tea Party que le disputaba la banca a la diputada Giffords cultivaba una imagen de hombre valiente y decidido. Su aptitud para legislar parecía medirse por la cantidad de bajas que había provocado al enemigo. Con eso no hacía más que enancarse en el mito de la autoridad que supuestamente confieren las cicatrices de guerra. Entre los mentores de ese mito había estado Robert A. Heinlein (1907-1988), uno de los escritores de ciencia ficción más exitosos de todos los tiempos.
Heinlein era un ingeniero que había hecho una corta carrera política en la izquierda, junto a Upton Sinclair. Luego de pasar unos años en la Marina, se había dedicado a escribir, y con el andar del tiempo se había vuelto un referente de la derecha más dura. El asesino Charles Manson le había hecho un flaco favor al proclamar que su fuente de inspiración era ‘Forastero en tierra extraña’, una fantasía transgresora de Heinlein.
En ‘Tropas del espacio’ (1959), una novela que algunos califican de "polémica" y otros prefieren llamar "fascista", Heinlein imaginaba un mundo en estado de guerra permanente, donde todo está militarizado. Puesto que el poder ha sido puesto en manos de los veteranos, la guerra se hace necesaria para garantizar el suministro de ex combatientes. Cualquier parecido con la visión de Mussolini y sus fasci di combattimento no es casual.
El contexto es el de una guerra galáctica contra una raza de insectos inteligentes a los que se llama "bichos", con lo cual su exterminio no pasa de ser una simple fumigación. En esas circunstancias el mejor gobierno es el de los hombres de acción, fogueados en el combate. Ellos son los únicos que tienen derecho a votar, porque han recibido la mejor educación, el entrenamiento militar de supervivencia.
Los "infantes móviles" de Heinlein, enfundados en sus armaduras, parecían prefigurar a esos monigotes blancos que una década más tarde defenderían al Imperio en ‘La Guerra de las Galaxias’. Esos soldados acorazados, que son unos chicos inocentones en la feria del pueblo, pero se vuelven genocidas cuando están en misión de venganza, parecerían reflejar cierta fascinación por el añejo militarismo latinoamericano. Entre ellos abundan nombres como Flores, Rojas, Ibáñez, Silva o Cunha. Uno de los campos donde se entrenan se llama "San Martín" y sus naves ostentan nombres tan sorprendentes como el del jefe apache Gerónimo, el zulú Chaka y el nicaragüense Augusto César Sandino.
El protagonista es un argentino que responde al nombre de Rico, como el célebre comando. Ha jurado vengar a sus padres el mismo día en que esos bichos pusilánimes y jactanciosos arrasaron Buenos Aires.
Con todo, entre las tropas espaciales no hay machismo ni discriminación racial. Hombres y mujeres, negros y blancos (y eventualmente gays y héteros) son iguales después de que una sádica disciplina y la moral "científica" del adiestramiento los ha convertido en máquinas de matar.
Desde su aparición, la novela generó amores y odios. Sus defensores insisten en que no es belicista y que sólo hay que verla como un gran relato de acción. Lo cual no es cierto, porque la acción es escasa y más de dos tercios tratan de la teoría y práctica de la disciplina cuartelera. Aseguran que es una parodia, aunque se hace difícil creerlo. Lo mismo dicen de la película que le dedicó Verhoeven en 1997. Aquí se la conoció como ‘Invasión’: un título que confunde aún más las cosas, porque para el caso los únicos invasores somos nosotros.
Paródica o no, el hecho es que la novela nunca dejó de provocar debates, y muchos parecen habérsela tomado tan en serio como Charles Manson se tomó a ‘Forastero en tierra extraña’. Cuando se publicó, autores como James Blish, Gordon Dickson o John Sladek recogieron el desafío e intentaron neutralizar el fascismo con humor. Quienes mejor lo lograron fueron Harry Harrison con ‘Bill, héroe galáctico’ (1965), y Joe Haldeman con ‘La guerra interminable’ (1974).
Mucha agua corrió bajo los puentes, y tras no pocas inundaciones los criterios cambiaron y la novela dejó de provocar rechazo. Si ‘Tropas del espacio’ indignaba a algunos lectores en los años ’70, hoy parece que la indiferencia hubiera triunfado. Todos parecen aceptar sin discusión que se trata de una parodia posmoderna, aunque al autor no le hubiera gustado escucharlo.
Hace años, un crítico de izquierda como H. Bruce Franklin ponía a Heinlein como ejemplo de las virtudes y las taras de la ciencia ficción. Pero después de la dinastía Bush y del 11-S, la paranoia y el chauvinismo parecen haber ganado la partida.
El crítico Eric S. Raymond, en ‘Una historia política de la ciencia ficción’ (2007), no duda en proclamar que lo único que vale en el género es la hard sf que creó Heinlein: lo demás no existe o es un experimento literario. En un gesto de remozado macartismo, Raymond no deja de mencionar que los mejores autores del grupo Futurians eran en realidad comunistas a sueldo de Moscú. Si a veces nos quejamos de pertenecer a una sociedad intolerante, pensemos que no estamos solos. Y ni siquiera somos demasiado originales.

Armas para Mi Gente
Heinlein puede ser lectura apropiada para muchos militantes del Tea Party y no pocos miembros de las milicias armadas, que se preparan para defender a la raza blanca del caos que vendrá. Esta última es otra idea que Heinlein expuso, de manera nada paródica por cierto.
Pero hay otro autor de ciencia ficción que puso la portación de armas en el centro de una serie de ficciones que se hicieron clásicas, aunque son pocos quienes las leen hoy.
Aquí nos vemos obligados a desmentir a Michael Moore (que parece argentino a la hora de criticar a sus compatriotas), porque el escritor en cuestión es canadiense.
Hablamos de A. E. van Vogt (1912-2000), un prolífico autor que junto a Heinlein y Asimov estuvo en la primera línea de los escritores promovidos por el editor Campbell. Hubo un tiempo en que Campbell se entusiasmó con la "dianética" de L. R. Hubbard, la parodia del psicoanálisis que sirvió de base a esa Iglesia de la Cienciología que hoy triunfa en Hollywood. Van Vogt lo siguió y en 1950 dejó de escribir para dedicarse a la predicación. Tras unos años de silencio volvió al ruedo, pero nunca recuperó la fama que le habían dado sus historias de Slan y de No-A. Aquéllos eran relatos ambiciosos, grandilocuentes y generalmente confusos, donde todos los baches se tapaban con la solemne afirmación de que eran historias regidas por una lógica no-aristotélica, o que sus personajes se comportan como superhombres.
De este orden era la saga de las ‘Tiendas de armas’, desarrollada en las novelas ‘Las armerías de Isher’ (1951) y ‘Los fabricantes de armas’ (1947). Los cuentos que le habían dado origen databan todos de la época de la guerra, pero no había ningún indicio que permitiera notarlo.
El clima era el de la space opera: una historia de acción, seudociencia y aventura sin mayores pretensiones, en el contexto de un imperio galáctico del más remoto futuro.
El gobierno imperial es decadente y corrupto, pero todavía conserva el poder y la impunidad para cometer injusticias. Frente a él actúa, a la manera de Robin Hood, una misteriosa corporación de armeros que vende armas a sus víctimas y hasta ofrece un sistema alternativo de justicia. Las tiendas de armas suelen materializarse en algún lugar público cuando más se las necesita, y ostentan un letrero luminoso que dice: "El derecho a comprar armas es el derecho a ser libre".
Las armas que ofrecen tienen poderes casi mágicos, pero se venden con la condición de que sólo sean usadas en defensa propia. La red de tiendas, que se burla del poder imperial, ha sido creada por un hombre que se ha vuelto inmortal tras desplazarse entre el remoto pasado y el lejano futuro, y cumple el papel de un árbitro del poder.
Para darle un toque realista a la historia, la corporación de armeros también se ha corrompido y aspira a conquistar el poder, pero el precario equilibrio de fuerzas garantiza que ni ella ni el imperio se excedan demasiado. De paso es un buen escenario para tejer movidas aventuras.
El mundo de las armerías es mucho más ingenuo que el de Heinlein, y el papel que en él desempeñan sus armas por lo general no pasa de la intimidación. No sabemos si ésta era la intención del autor, pero el hecho es que nadie lo objetó como a Heinlein. Sin embargo, con el tiempo parece haberse incorporado a la ley del Colt. El slogan "el derecho a poseer armas es el derecho a ser libre" suele ser invocado por los partidarios de la Asociación Nacional del Rifle. Recientemente, algunos círculos anarquistas aplaudieron la aparición de Wikileaks y sus escraches informáticos, comparándola con las armerías de Van Vogt.
Quizás haya que recordar que a las armas las carga el diablo. Las víctimas lo saben, pero ellas no están en condiciones de opinar.
12 de mayo de 2011
7 de mayo de 2011
©página 12


declaró teniente encargado del archivo


Declaró un integrante del Consejo de Guerra.
Argentina. El Tribunal Oral Federal No. 2 no se expidió ayer sobre el pedido de nulidad del testimonio que la camarista federal Laura Inés Cosidoy brindó el martes en calidad de testigo de la defensa de tres imputados. La decisión pasó para el día lunes cuando se retomen las audiencias.
En tanto en la última jornada de la semana del Juicio a la Patota dio un escueto testimonio, quien fuera uno de los integrantes del consejo estable de guerra durante la dictadura, teniente coronel Ramón Víctor Alcalde.
Previamente al inicio del testimonio, el fiscal Gonzalo Stara se opuso al mismo, por entender que "por el rol ejercido por éste no tenía ajenidad a lo ocurrido en nuestra zona, con lo cual de su testimonio podía surgir una autoincriminación bajo juramento o incurrir el testigo en falso testimonio".
No obstante el sólido planteo, "el tribunal rechazó esta oposición, dando inicio al testigo de la defensa, quien parecía estar cubierto por un manto de impune amnesia; pese a que se le exhibió un acta de Consejo de Guerra y reconoció su firma en la misma", señaló la abogada querellante Leticia Fascendini.
El testigo de la defensa dijo que "hasta el momento desconocía el expediente que se le enseñó donde constaba el acta con su firma". Tampoco recordó "a ninguno de sus colegas integrantes del mismo".
"Su memoria, en cambio, resultó muy clara al momento de recordar en qué lugar del Comando tenía su oficina y resaltar que sus funciones eran en el área de administración de personal, archivando papeles", dijo Fascendini.
La jornada había despertado gran expectativa porque el TOF No. 2 había anunciado que resolvería el pedido de nulidad del abogado de la Secretaría de Derechos Humanos Álvaro Baella -quien tuvo el apoyo de la fiscal Stara, y de las restantes querellas- sobre el testimonio de Cosidoy, quien trató de "mentirosos" a una docena de testigos que habían pasado frente al mismo tribunal en el marco de la causa Díaz Bessone,
En su testimonial la camarista pidió explayarse sobre los ex presos que declararon en su contra revelando que no los asistía debidamente, o que sentían que era parte del mismo grupo que los interrogaba. La camarista, que reconoció su estrecha amistad con el general Leopoldo Galtieri, enumeró cada trámite judicial que hizo en favor de cada uno de ellos, logrando su sobreseimiento o su libertad. No conforme con esto leyó supuestas cartas elogiosas que les habrían enviado sus ahora denunciantes cuando eran sus defendidos.
Cosidoy se presentó ante el tribunal con una verdadera "guardia pretoriana": el actual jefe de la brigada antinárcoticos Gustavo Spoletti, su segundo el "Chino" Paz (a quien Cosidoy no quiso investigar por las irregularidades denunciadas en el operativo de detención del célebre narco Jorge Halford solo 24 horas antes) y del ex jefe del grupo, Alejandro Franganillo.
12 de mayo de 2011
©rosario 12

abuelas y nietos subversivos


Los documentos de inteligencia de la policía bonaerense sobre las Abuelas de Plaza de Mayo y los niños desaparecidos. La perito de la Comisión Provincial por la Memoria, Claudia Bellingeri, explicó ayer en el juicio por robo de bebés los documentos hallados en el archivo de la Dippba.
[Irina Hauser] Argentina. "DS" no son las iniciales de un nombre. Es una sigla: "Delincuente Subversivo". Era el sello que la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (Dippba) usaba para identificar a los "enemigos", incluso a los niños secuestrados con sus padres o nacidos en cautiverio durante el terrorismo de Estado. Así los rotulaba en las "fichas" donde se dejaba constancia de sus datos personales, pero que conducían a otra parte, a su legajo, donde había más información todavía sobre sus características o actividades. "Extremista", decía, por ejemplo, en el caso de Clara Anahí Mariani, cuando era una beba de cinco meses, a quien su abuela María Isabel Chorobik de Mariani –fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo– todavía busca.
El material fue exhibido ayer en pantalla gigante durante el juicio sobre el plan sistemático de apropiación de hijos de desaparecidos por Claudia Bellingeri, la perito del archivo del viejo organismo de inteligencia policial que ahora gestiona la Comisión Provincial por la Memoria, y que está plagado de evidencias sobre la persecución planificada y organizada a las embarazadas, a sus hijos, a las abuelas que los buscaban y a jueces que intentaban restituirles su identidad. Los documentos exhibidos forman parte de un informe entregado al Tribunal Oral Federal 6 (TOF6) y revelan seguimientos en dictadura y en democracia, e incluso la entrega de expedientes íntegros por parte de los Tribunales de Menores (donde las Abuelas llevaban sus denuncias) a la policía de Ramón Camps.
Bellingeri, designada por la Cámara Federal de La Plata, mostró imágenes del archivo de la Dippba y le explicó al TOF6 –que preside la jueza María Roqueta– que fueron peritados 363 documentos. Se calcula, estimó, que hay más de 300 mil fichas personales de toda la provincia de Buenos Aires elaboradas por esa central de espionaje que "tenía por función perseguir e investigar a los ciudadanos considerados peligrosos". Funcionó, precisó, desde 1956 y fue desactivada en 1998.

Buscadoras Buscadas
Aquellas mujeres que desde los inicios conformaron Abuelas de Plaza de Mayo tenían fichas y legajos con los que la Dippba seguía sus actividades en torno de la búsqueda de sus nietos, las controlaba y a la vez relevaba la información que ellas recopilaban acerca de la posible suerte de los niños y sobre sus captores. Hay fichas por lo menos de dieciséis abuelas, entre ellas de la actual titular de la entidad, Estela Carlotto, de Chicha Mariani y de Alicia Zubasnabar de De la Cuadra. Algunas se pudieron ver en el juicio. Fueron elaboradas, explica el informe escrito de la comisión, entre los años setenta y el comienzo de los ochenta. A las abuelas también las clasificaban como "DS".
Hay reportes de inteligencia que describen sus actividades. Especifican que "medios propios" –o sea, "infiltrados" de la Dippba– "han logrado establecer que la Agrupación denominada Abuelas de Plaza de Mayo realizaron una acción panfletaria en la zona céntrica de Quilmes". Añaden el horario, recorrido, participantes. Otros partes reproducen sus afiches: "Mi abuela me está buscando, ayúdela a encontrarme"; "Día Universal de los Derechos Humanos". Así, hay un seguimiento de todos los carteles callejeros, con los cuales la inteligencia policial armaba listados de los niños secuestrados, y de este modo se centraliza la información tanto sobre ellos como sobre los familiares que los buscaban.
"Medios propios obtuvieron ejemplar de folleto" que "describe a algunos de los niños desaparecidos con sus fotos (...) en la fecha personal de esta delegación actuando en cobertura en la Facultad de Bellas Artes, obtuvo el original de una carta que las Abuelas de Plaza de Mayo enviaron a los alumnos de la UNLP por el ayuno para la libertad de los presos políticos", dice otro memorando. En él también se agrega un listado de 103 jóvenes embarazadas cuyos bebés nacieron en cautiverio, con su fecha de secuestro, armado por un informante en base a datos que circulaban públicamente y que él mismo señala como "parciales", explicó la perito Bellingeri. "Medios propios han logrado obtener mediante infiltración" una "fotocopia de comunicado cuyo título es Situación 1º Localización de niños Post Morten" (sic), dice otro reporte de la Dippba. Del mismo modo, los agentes seguían de cerca todo lo que se publicaba o decía en los medios sobre el tema. Se hallaron 250 casetes de video VHS con filmaciones propias del organismo y programas televisivos, además de 160 casetes de audio.
Entre los legajos individuales que consigna el acecho a las Abuelas, quizás uno de los más elocuentes es el de Chicha Mariani. "Regreso al país de la Sra. Mariani", dice, y está basado en información del 17 de marzo de 1982, cuando ella volvía efectivamente después de haber participado en el Congreso de Derechos Humanos de Amnistía Internacional. Al lado del texto de la Dippba tipeado a máquina, aparece una nota manuscrita que dice que se "sugiere" la intervención de su delegación en Capital Federal y que se pase la información al coronel Enrique Rospide (ya fallecido) para que "colabore". Según explicó la experta Bellingeri, del análisis de los documentos se desprende que Rospide, que era uno de los asesores de confianza de Camps, centralizaba "el seguimiento de casos de niños apropiados, organismos de derechos humanos internacionales, Madres, Abuelas y Familiares". Eran una suerte de vector de la llamada "información sensible" que a menudo le derivaba el comisario Pedro Domingo Costilla, uno de los agentes de planta de la Dippba, que intervenía en forma directa en el control, especialmente, de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

"Factor Extremismo"
"Clara Anahí Mariani, con sólo cinco meses de vida, posee un legajo en el que se la cataloga como ‘extremista’", o ‘factor extremismo’", destaca el informe de la Comisión por la Memoria, que también hace notar que como sus "antecedentes" se adjunta el reporte de seguimientos a su padre, Daniel Enrique Mariani, asesinado en 1977. "La ubicación de los legajos con los nombres de los niños que fueron secuestrados en una mesa que la Dippba llamaba ‘DS’", como figuraba en las fichas, "convalida la idea que Camps tenía respecto de ellos: eran ‘hijos de los subversivos’ y por lo tanto víctimas de la violencia estatal", dice el análisis de la documentación. Uno de los legajos, referido al seguimiento de la mamá de Clara Anahí, antes de su asesinato en una verdadera masacre el 24 de noviembre de 1976 (cuando la beba tenía tres meses), muestra que había un pedido del Batallón 601 a la Dirección de Inteligencia para que se identificara a la ginecóloga y la dentista que la habían atendido durante el embarazo.
Otro legajo, que mostró la perito en la audiencia ante el TOF6, revela el seguimiento a María José Lavalle Lemos, quien había sido entregada a Teresa Isabel González, una suboficial de la brigada de San Justo y su esposo, Nelson Rubén, en el momento mismo en que el juez Juan Ramos Padilla viaja a Mar del Plata, cuando buscaba restituirle su identidad, algo que se logró. La chiquita era hija de Mónica María Lemos y Gustavo Antonio Lavalle, secuestrados en 1977 en José C. Paz, y nació en cautiverio. Los informes de inteligencia de carácter confidencial muestran preocupación de la policía por la detención de González así: "Se sabe que la criatura se la entregaron en la brigada de San Justo y el que el certificado lo firmó Vidal", "es evidente (...) que la Policía de la Provincia volverá a estar en los diarios" y "es probable que Ramos Padilla intente hacer otra cosa en la zona. Adoptamos las previsiones del caso y esperamos confiadamente".

Justicia Cómplice
Los expedientes judiciales que se abrían con los hábeas corpus o denuncias "de personas que buscaban saber sobre el paradero de sus nietos se transforman en un material de inteligencia para la persecución de los familiares de las víctimas que reclaman y para el análisis al interior" de la Dirección de Inteligencia de "la información que las abuelas tenían respecto del secuestro de niños y mujeres embarazadas", advierte el informe de la CPPM. Esto, dice, se producía a través de dos mecanismos. En uno de ellos, el aparato de inteligencia policial trata los "hábeas corpus" como búsquedas de paradero que "concluyen de manera negativa, es decir, sin informar el destino de la víctima aun cuando se trate de menores de edad o de mujeres embarazadas". Peor aún: Se "crean acontecimientos fraguados" como "falsos enfrentamientos" en los que se identifica a las víctimas pero jamás se usa esa la información para responder un hábeas corpus y no aparece ningún pedido posterior de las autoridades judiciales. Pero los investigadores de la comisión han advertido también que había un seguimiento directo a las acciones judiciales específicas de las Abuelas de Plaza de Mayo, al punto de que ciertos tribunales de menores le giraban a la Dippba los expedientes completos basados en sus presentaciones. Quien era juez de Menores de Junín, Juan José Rogger –por caso–, manda una copia del expediente impulsado por Abuelas, una de ellas María Paulina Ferrarese de Urra, cuyo nieto habría nacido en cautiverio. Lo mismo hace el juez de San Martín, Eduardo Basso, y la lista sigue.
La declaración de Bellingeri no terminó y seguirá otro día seguramente con la explicación de cómo se construían los legajos de todas las víctimas, entre los cuales se encuentra, como muchos otros, el de Laura, la hija asesinada de Estela Carlotto, que estuvo detenida en La Cacha y dio a luz un niño, uno de los 400 que aún no pudieron recuperar su identidad. Todos estos documentos serán muy importantes para el Tribunal Oral a la hora de evaluar las pruebas que muestren un plan sistemático para apropiarse de los hijos de desaparecidos.
12 de mayo de 2011
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tras las huellas de las monjas francesas


Los detalles sobre las monjas Alice Domon y Léonie Duquet que el juicio oral sacó a la luz. El abogado Horacio Méndez Carrera alegará mañana en el juicio sobre la ESMA. Cuenta los datos que aportó el proceso oral. La reconstrucción de los secuestros y el cautiverio en el centro clandestino.
[Alejandra Dandan] Argentina. Horacio Méndez Carrera dice que hace veinticinco años le pidieron tres cosas: que identifique la forma en la que desaparecieron las monjas francesas; que encuentre a los autores y el modo de condenarlos. También dice que si entonces le hubiesen dicho que iban a pasar 25 años para la condena, aquellos que le encargaron la búsqueda todavía estarían buscando abogados. Hoy será finalmente el encargado de reconstruir en un alegato –en la audiencia por los crímenes de la ESMA– la historia de Léonie Duquet y Alice Domon. De recoger los nuevos elementos que sobre esa historia aportó el histórico juicio oral que se acerca a la etapa final y en el que por primera vez los testigos reconstruyeron no sólo el padecimiento de las religiosas en el centro de exterminio, sino también por qué se convirtieron en blanco de los grupos de tareas.
"Se sigue diciendo que las dos religiosas fueron secuestradas por la solicitada y yo estoy seguro de que eso no fue así", dice Méndez Carrera sobre el trabajo de recolección del dinero que llevó adelante el grupo de familiares de desaparecidos desde la Iglesia de la Santa Cruz para publicar la primera solicitada con la lista de desaparecidos. Para el abogado, la razón de la desaparición de las monjas se remonta a Perugorría, el pueblo correntino donde Alice Domon empezó a trabajar con las Ligas Agrarias. Alice después se trasladó a Buenos Aires, donde se vinculó con el obispado de Quilmes para buscar, al comienzo, a los desaparecidos correntinos. Ahí empezó a atender a las víctimas, a los familiares, a los más pobres de los pobres, a "armar grupitos", dice Méndez Carrera, y enviarlos a la "casita" que Léonie tenía en Ramos Mejía. "Para los marinos esa casita de Léonie era un aguantadero: el lugar donde ellas les daban de comer a los más pobres y les daban algo de dinero."
Los alegatos de ESMA empezaron la semana pasada con la reconstrucción de lo que sucedió con el grupo de las doce víctimas de la Iglesia de la Santa Cruz, secuestradas el 8 y 10 de diciembre de 1977, en vísperas de la publicación de la solicitada. Méndez Carrera y Luis Zamora completarán hoy ese alegato, profundizando en cuatro víctimas, entre ellas, las dos religiosas francesas de la Orden de las Misiones Extranjeras. En el transcurso de los dieciséis meses de audiencias, distintos testimonios permitieron reconstruir la vida de ellas. Declararon hermanos, familiares, religiosas y también militantes de Corrientes.
Esos testimonios –muchos de los cuales no se escucharon en el Juicio a las Juntas, el primer momento en el que se juzgaron estos crímenes para condenar solamente a los jefes militares– iluminaron el día a día de las dos. El de Alice, dueña de la historia tal vez más conocida, y de Léonie, que, por ejemplo, el día del secuestro dejó arriba de la mesa de su casa el dinero necesario como para un pasaje de avión a Francia. Un dinero que los marinos no tocaron porque –según las hipótesis– no debían despertar sospechas en el barrio: Léonie tenía que recorrer quince metros entre la puerta de su casa y la calle, y si se daba cuenta de que la estaban secuestrando en ese trayecto podía poner en alerta a los vecinos, que la conocían muy bien, en un barrio en el que estaba desde hacía siete años.

La Historia
Alice trabajó con las Ligas hasta marzo de 1977. "Las Ligas Agrarias eran un movimiento importantísimo en una Argentina feudal –dice Méndez Carrera–, donde estaban los barones del tabaco que explotaban a los pobres tabacaleros de una forma infame, los mataban de hambre, y toda esa economía se hacía con una producción muy artesanal, el que no tenía un tractor recurría al arado a mano, había hambre y la situación era espantosa porque los chicos si se enfermaban se morían, no de hambre pero sí por las enfermedades."
Durante su estadía en Perugorría, Alice viajó a Francia para un encuentro de la orden. El capítulo se hizo en 1975, y en ese momento pidió ser relevada de los votos de la congregación. Méndez Carrera se detuvo bastante en ese dato durante la entrevista con Página/12 porque –en su hipótesis– es un dato que usaron los marinos para secularizarlas, para quitarles la estampa de religiosas y mencionarlas como "mujeres" y hacerlas entrar, de alguna manera, en el grupo de los enemigos a exterminar. Lo que él sostiene sobre ese momento, e intentó demostrarlo durante el juicio, es que pese a la renuncia, ellas no dejaron de ser monjas. Que en Francia hubo un cisma dentro de la congregación, que con ellas renunciaron otras quince religiosas y que cuando Alice volvió, se instaló en el mismo lugar de Perugorría donde estaba y mantuvo encuentros regulares con la jefa de su congregación.
"Perugorría era el corazón de la orden –dice el abogado–. Tan es así que cuando venía la superiora pasaba un mes ahí, se instalaba con ellas, miraba todo."
En ese pueblo, Alice replicó el compromiso de su primer tiempo en Buenos Aires. Ella era especialista en catequesis para discapacitados. Cuando llegó de Francia, trabajó en la diócesis de Morón, donde atendió al hijo discapacitado del represor Jorge Videla. "El carisma de estas mujeres las llevaba a vivir como los más desamparados –sigue Méndez Carrera–. Antes de irse a Perugorría, ella estuvo en Villa Lugano cinco años y se instaló cerca del basurero, el lugar más próximo al basurero, porque ahí estaban las familias más desamparadas, las que vivían y comían basura."
Para marzo de 1977, la dictadura había matado a un integrante de las Ligas, había desaparecido a otros, había secuestrado y otros estaban en vísperas de serlo. "O sea que fue un desastre –dice el abogado–. Y en ese marco, a ella le dicen que si no se va, van a seguir desapareciendo familias, así es que ella se viene a Buenos Aires para tratar de hacer gestiones, ayudar a las familia de allá, a las que estaban desaparecidas y a procurar la liberad de los otros y así fue como se vincula con Novak."
El obispo Jorge Novak, de Quilmes, tenía una oficina de Justicia y Paz. Caty, el apodo con el que llamaban a Alice, "escuchaba y tomaba nota de todas aquellas personas con hijos desaparecidos y no sólo eso, sino que brindaba ayuda: aparte de apoyo espiritual estaba en el apoyo material que era tratar de brindarles el sustento para vivir. Ellas les daban plata y los acompañaban a hacer trámites para saber qué había pasado con esas personas".
Uno de los testimonios que apuntalaron esa hipótesis en el juicio fue el de la superiora provincial Evelina Irma Lamartine: dos veces mencionó la palabra "conexión" entre Alice y Léonie, y Méndez Carrera asegura que recién entonces comprendió el hilo conductor de sus historias, dejó de preguntarse por un compromiso político más orgánico y entender lo que ahora define como el "carisma" de las dos. "Lamartine dijo que había una conexión con la casita de Léonie –explica Méndez Carrera–. Caty le llevaba esos grupitos a Léonie, ahí los alimentaban, porque había un problema de hambre, además. En lo de Léonie hacían una especie de parada, se organizaban. Alice preparaba recursos de hábeas corpus en el obispado y acompañaba a la gente a hacer las presentaciones o lo que fuera. Entonces, esa conexión que había entre Léonie y Alice era muy íntima. Alice se fue a vivir a lo de Léonie seis meses antes de ser secuestradas, vivían juntas y se querían profundamente."
Léonie vivía en una casa con techo de chapa, al lado de una capilla de Ramos Mejía. Asistía al cura en las misas, era maestra de maestros de catequesis, y fundamental en el barrio. A Alice la secuestraron el 8 de diciembre en la Santa Cruz. Evelina le dijo a Léonie en ese momento que se fuera. Las tres habían estado detenidas tiempo antes en una de las redadas en Plaza de Mayo, con ellas también había estado otra de las compañeras, Ivonne Pierron, que luego salió del país en un avión de la Embajada de Francia. Léonie dijo que no, que no se iría, convencida de que Alice iba a salir en libertad. Y se iba a quedar a esperarla. El sábado siguiente, el día 10 de diciembre, el mismo día en que secuestraban a Azucena Villaflor en Avellaneda, también la secuestraron a ella.

La ESMA
El Tigre Acosta era el jefe de inteligencia de la ESMA. O en palabras de una de las testigos, "el director ejecutivo". En las últimas audiencias habló y luego de horas, mencionó a las monjas, pero no las llamó monjas sino "mujeres". Dijo que la ESMA durante la semana del secuestro estuvo cerrada. Y aunque admitió la infiltración de Alfredo Astiz y hasta la suya, intentó decir que ese secuestro no fue de la ESMA sino de otros. Que él el 10 de diciembre estaba soplando la torta de cumpleaños de su hija en Puerto Belgrano. "Una tomada de pelo –dice el abogado–, una parodia. Todos los datos que recogimos nos sirven para decir que ese tipo no estuvo en Puerto Belgrano, sino en Buenos Aires y si hubiese estado allá lo mismo sería responsable. Inventan cualquier cosa para justificarse, porque es la primera vez que están sentados en el banco de los acusados con una sentencia a punto de caer sobre sus cabezas, por homicidio a prisión perpetua, por hechos gravísimos, cometidos contra un grupo de civiles inermes, pero curiosamente este grupo de civiles inermes con sus pañuelos blancos los derrotó, porque si estos señores están ahí sentados es por el espíritu de lucha inquebrantable de todas estas mujeres."

¿Qué se sabe hoy del secuestro de Léonie?
Del secuestro participan cuatro personas. Entre ellas, el Loco Suárez. Había sido teniente de la Marina, trabajaba en una empresa multinacional, trabajó en la Ford y la Coca-Cola de Córdoba. Era amante del rugby y de la caza mayor. Los sábados y domingos se dedicaba a ir a la ESMA a participar de operativos especiales. Y el Loco Suárez es el hilo conductor que nos permite llegar perfectamente a la ESMA, porque no era bombero, no era del Ejército: los sábados y domingos estaba ahí, porque el tipo lo hacía por deporte: así como cazaba elefantes en el Africa, salía a cazar monjas acá, es lo mismo.

¿Cuál es la reconstrucción de lo que sucedió con ellas en el interior de la ESMA?
Hicieron dos recorridos distintos: Caty estuvo en el sótano. Léonie en Capuchita, desde el sábado 10 hasta el domingo estuvo bien. Una de las testigos la ve rezando y diciendo: "Creo que mi hermana está acá también". Cometieron la crueldad de separarlas, aunque luego las juntan para la foto. Las dos padecieron las torturas. Una testigo, Graciela García, contó que cuando a ella le aplicaron la picana en la vagina tuvo una gran infección, quiere decir que era común picanear a las mujeres en esa zona y tal es así que después la ven a Alice que no podía caminar. O sea que las destrozaron en la picana, aparte de haberle reventado la boca, el ojo, dejarle moretones en toda la cara, en los brazos, porque les pegaban y ellas se protegían, por eso tenían azules los brazos. Por las fechas que dio Acosta, y los datos de la causa, se supone que las trasladaron pocos días más tarde en el vuelo de la muerte del 14 de diciembre, en un avión manejado por los pilotos detenidos el martes. También se sabe que adentro de la ESMA Caty estuvo separada de Azucena. Pero que las dos, del mismo modo, preguntaban a todos los que veían por lo mismo: cuál es tu nombre. Les pedían los datos convencidas de que iban a salir. Alice además preguntó una y otra vez por el chico rubio, por cómo estaba, convencida de que entre los secuestrados también estaba Astiz.
12 de mayo de 2011
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murió jackie cooper


Fue niño estrella en los años treinta. Posteriormente destacó como ejecutivo de un canal de televisión y director.
[Dennis McLellan] Murió Jackie Cooper, cuyos despeinados cabellos rubios y carnosos labios y la capacidad de llorar ante las cámaras lo convirtieron en un niño estrella en películas de los años treinta como ‘Las peripecias de Skippy’ [Skippy] y ‘El campeón’ [The Champ]. Tenía 88 años.
Cooper, que se convertiría en un exitoso actor de televisión en los años cincuenta, en un importante ejecutivo de un canal de televisión de los sesenta y en un director galardonado con un Emmy en los setenta, falleció el martes en una clínica de reposo en Santa Mónica después de una breve enfermedad, informó su hijo John.
Ex miembro del reparto de ‘La pandilla’ [Our Gang] que empezó su carrera en Hollywood como extra en películas mudas a los tres años, Cooper alcanzó al estrellato a los ocho cuando fue el personaje del título de ‘Las peripecias de Skippy’, la película de 1931 basada en una popular tira cómica sobre el hijo de un inspector sanitario y su amigo granuja, Sooky.
La película, en la que Cooper aparece llorando en tres escenas, le ganó una nominación a un Oscar al mejor actor principal. Lionel Barrymore ganó el Oscar ese año. Cooper sólo guardó vagos recuerdos de la ceremonia. Se quedó dormido en el regazo de la actriz Marie Dressler.
Incluido en el reparto cuatro veces con el malencarado Wallace Beery, Cooper es recordado por su papel como el fiel hijo de un boxeador, Beery, caído en desgracia en ‘El campeón’(1931) y como el joven Jim Hawkins, con Beery como Long John Silver, en ‘La isla del tesoro’ [Treasure Island], (1934).
"Era el favorito de todos, y tenía algo que te hacía querer ayudarle", contó al Times el miércoles Ann Rutherford, que trabajaba para MGM en los años treinta y cuarenta. Dijo que "era encantador, y fue un excelente productor de televisión".
Conocido como ‘America’s Boy’ durante sus días de apogeo en MGM, Cooper fue tratado siempre como una gran estrella.
Puso las improntas de sus pies y manos en el Teatro Chino de Grauman. Diarios y revistas lo seguían constantemente. Y tenía un club de fans, un diario con su nombre y una secretaria para responder su correo.
También conoció al presidente Franklin D. Roosevelt y al aviador Charles Lindbergh. Clara Bow era una visita frecuente en su casa en Beverly Hills, y George Gershwin pasó un día por su casa para tocar en el piano de la familia.
A los trece empezó a salir con la adolescente Judy Garland. A los diecisiete, según revelaría décadas después, tuvo una aventura secreta con una colega mayor: la actriz Joan Crawford.
Pero, según Cooper, había un distintivo lado negativo de la fama.
Como un bien valioso de los estudios, le prohibían andar en patines, en bicicleta o incluso cruzar la calle solo, por temor a que le pasara algo. Recibió una mala educación de sus tutores en el plató, y tuvo que soportar las mismas presiones y responsabilidades que sus colegas adultos.
Cooper llevó la crónica de los altibajos de su carrera en su cándida autobiografía de 1981, ‘Please Don’t Shoot My Dog’, escrita con Dick Kleiner.
El título del libro se refiere a un traumático incidente en el plató de ‘Las peripecias de Skippy’, que la dirigía un tío de Cooper, Norman Taurog.
Una vez que el joven Cooper no pudo llorar en una importante escena que exigía llantos, Taurog lo amenazó con sacar del set a su pequeño perro y llevarlo a la perrera. El incidente provocó que Cooper creyera que su perro había sido matado a balazos por un guardia de seguridad.
"Podía visualizar a mi perro, lleno de sangre después de un espantoso disparo", escribió Cooper. "Empecé a sollozar, tan histéricamente que era casi demasiado para la escena. [Taurog] trató de calmarme diciéndome que tal vez mi perro había quedado vivo, que si me apuraba y calmaba un poco y hacía la escena como él quería, podríamos ir a ver si mi perro seguía vivo o no".
Sólo después de hacer la escena tan bien como pudo, se enteró Cooper de que su perro estaba ileso. También vio a Taurog, al guardia y a su abuela riéndose por el engaño.
"Más tarde, la gente trató de consolarme diciéndome que era mejor que fuera un niño estrella", escribió Cooper. "Me hablaron sobre el dinero que había ganado. Mencionaron las cosas excitantes que ya había hecho, la gente que había conocido, la preparación que había tenido, todo eso y mucho más...
"Pero ninguna racionalización, ninguna excusa puede compensar lo que pierde un niño -lo que yo perdí- cuando te privan de una infancia normal para que hagas carrera en el cine".

Nació como John Cooper Jr. en Los Angeles el 15 de septiembre de 1922. Su madre, Mabel, era una pianista acompañante que había trabajado en espectáculos de variedades. Su padre, también pianista y compositor, llevaba una pequeña tienda de música en Los Angeles cuando se conocieron; dejó a su esposa e hijo antes de que Jackie cumpliera dos años.
De niño a Cooper siempre le dijeron que su padre había muerto. Pero años más tarde descubrió que entre 1935 y 1948 su madre le había enviado a John Cooper cien dólares a la semana -del dinero ganado por Jackie.
Tras la muerte de su padre, su madre, en apuros económicos, inició una gira con un espectáculo de vaudeville y Jackie terminó viviendo con su abuela materna.
Para complementar el dinero que Mabel enviaba a casa, la abuela de Jackie se unió a un grupo de personas que se paraban a la puerta de los estudios de cine cercanos con la esperanza de conseguir trabajo como extras -un trabajo por el que pagaban dos dólares al día y un almuerzo.
Después de hacer una audición para Hal Roach, el productor de las comedias de ‘La pandilla’, Cooper firmó un contrato de cincuenta dólares a la semana. Entre 1929 y 1931, apareció en quince comedias de ‘La pandilla’.
Después de su brillante papel en ‘Las peripecias de Skippy’ en 1931, Cooper firmó un contrato con MGM, que lo mantuvo ocupado con más de una docena de películas en los siguientes cinco años.
Como la mayoría de los niños estrellas, Cooper vivió una tranquila carrera como adolescente. Considerado por Louis B. Mayer como un actor más bien soso, el contrato de Cooper con MGM terminó cuando cumplió catorce.
Sus días de gloria como niño estrella habían terminado. Pero trabajando para varios estudios durante los siguientes seis años, apareció en casi dos docenas de películas, incluyendo ‘Reina a los catorce años’ [That Certain Age], con Deanna Durbin; como Henry Aldrich en ‘What a Life’ y ‘Henry quería ir a Alaska’ [Life with Henry]; con Henry Fonda en ‘La venganza de Frank James’ [The Return of Frank James]; y como un adolescente que entra a la madurez en ‘La edad feliz’ [Seventeen].
Pero la carrera de Cooper iba cuesta abajo cuando se enroló en la Armada durante la Segunda Guerra Mundial. Habiendo sido un apto percusionista en su adolescencia, pasó parte de la guerra como percusionista de una banda formada por el ex director de banda civil, Claude Thornhill, que actuaba en bases remotas en el Pacífico Sur.
Al volver a casa después de la guerra, Cooper era, a los veintitrés, prácticamente un desconocido en Hollywood. Lo mejor que pudo conseguir fueron algunos roles estelares en varias películas B, incluyendo ‘Kilroy estuvo aquí’ [Kilroy Was Here], una comedia con ex niño estrella Jackie Coogan.
"Tenía miedo", contó sobre su frustrado retorno a Hollywood en una entrevista de 1956. "No sabía qué hacer. Era un hombre que llevaba pantalones largos que todavía era identificado como un niño estrella. La gente esperaba que yo actuara, y yo no podía".
En 1943 decidió mudarse a Nueva York y empezar de nuevo, en el teatro.
Al año siguiente, hizo su debut en Broadway en el drama ‘Magnolia Alley’. La obra fue cancelada después de algunas funciones, pero le reportó reseñas positivas y lo ayudó a darse a conocer como actor de teatro.
Ese mismo año firmó para ser Ensign Pulver en la exitosa obra de Broadway, ‘Mr. Roberts’, en una compañía de teatro itinerante.
Al volver a Broadway en 1951, Cooper apareció con Janis Paige en ‘Remains to Be Seen’. En los siguientes años, apareció frecuentemente en antologías dramáticas de televisión en vivo, como ‘Kraft Theatre’, ‘U.S. Steel Hour’ y ‘Philco Television Playhouse’.
Para 1954, Cooper se había convertido en un exitoso piloto de carrera a nivel amateur y se había casado y divorciado dos veces: a la actriz secundaria June Horne, con la que tuvo un hijo; y con la actriz neoyorquina Hildy Parks. Poco después de su divorcio de Parks en 1954, Cooper se casó con Barbara Kraus, con la que tuvo tres hijos: Russell, Julie y Cristina.
En 1955 volvió a Hollywood como el actor principal de ‘The People’s Choice’, una comedia de equivocaciones en la que fue Socrates ‘Sock’ Miller, un naturalista del gobierno y concejal enamorado de la hija del alcalde.
La serie, que co-produjo y dirigió, estuvo tres años en NBC. Es mejor recordada por su utilería: el personaje de Cooper tenía una mascota basset hound, Cleo, cuyas irónicas observaciones podían ser oídas por los televidentes.
Cooper trabajó en otra serie, ‘Hennesey’, una comedia dramática en la que fue el teniente Chick Hennesey, un joven oficial médico de la Armada. La serie, de la que fue productor y principal director, fue emitida por CBS de 1959 a 1962.
En 1961, Cooper, que había hecho en televisión algunos cortos de reclutamiento para la Armada durante la serie, fue destinado como capitán de la Reserva Naval de Estados Unidos, y sirvió durante muchos años.
En 1964 fue nombrado vicepresidente a cargo de las operaciones en la Costa Oeste de Screen Gems, una rama de Columbia Pictures’ TV.
Durante sus 51 años como director de Screen Gems, la compañía vendió series como ‘Mi bella genio’ [I Dream of Jeannie], ‘Gidget’, ‘La novicia voladora’ [The Flying Nun] y el culebrón diurno ‘Los días de nuestas vidas’ [Days of Our Lives].
Después de renunciar a Columbia, Cooper fundó una compañía de producción independiente con el productor Bon Finkel para desarrollar propiedades para el cine y televisión.
También siguió actuando, haciendo ocasiones apariciones en programas de entrevistas por televisión y como actor en ‘Mobile One’, una breve serie de 1975, de ABC, en la que era un periodista de televisión. Cooper también fue el editor del diario de Clark Kent, Perry White, en cuatro películas de ‘Superman’.
Pero en los años setenta y ochenta dedicó su vida profesional a la dirección. Ganó su primer Emmy en 1974 por dirigir un episodio de ‘MASH’ y su segundo en 1979 por dirigir el episodio piloto de ‘La sombra blanca’ [The White Shadow], con Ken Howard en el papel principal.
En 1981 dirigió a su colega el ex niño estrella Mickey Rooney en una película de televisión, ‘Leave ’em Laughing’, la historia de un hombre que dio refugio a 37 niños sin casa en Chicago.
Cooper contó al New York Times que para la película trabajó con "niños que nunca habían actuado antes, porque son más auténticos". Pero dijo que él era "un mal director de niños".
"En mis películas no puedo lograr con los niños lo que debería, porque no les miento ni los engaño ni los escurro para sacarles lo que tienen", dijo. "Sufro porque creo que deberían estar jugando fuera, así que encuentro modos de no hacerlos infelices".
Además de su hijo John Cooper, le sobrevive su hijo Russell.
12 de mayo de 2011
5 de mayo de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh