dictadura y violencia de género
María Sondereguer, investigadora sobre violencia de género. En una investigación particular realizada por Sondereguer, casi todas las mujeres que estuvieron presas durante la dictadura reconocen haber sufrido algún tipo de abuso sexual. Hasta el año pasado se consideraba un delito que prescribía.
[Mariana Carbajal] Argentina. Desde hace más de tres años, María Sondereguer dirige una investigación sobre la violencia sexual y de género durante el terrorismo de Estado. En ese marco, un equipo de investigadores de los Centros de Derechos Humanos de las Universidades Nacionales de Lanús y de Quilmes vienen recolectando testimonios y analizado los que han aparecido en diversos juicios que dan cuenta de las violaciones que han sufrido las mujeres detenidas en los centros clandestinos durante la última dictadura militar. "Las denuncias que constan en el Nunca Más y los testimonios que han surgido con la reapertura de los juicios luego de la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida nos permiten señalar su sistematicidad", señaló Sondereguer en una entrevista con Página/12. Encabeza el centro de DD.HH. de la UNQ, donde es profesora titular y desde 2009, además, directora nacional de Formación en Derechos Humanos de la Secretaría de DD.HH. de Nación.
¿Encontraron denominadores comunes en los testimonios?
Un elemento significativo es que en los testimonios que hemos recabado en la investigación, por fuera de los tribunales, y en muchos casos en conversaciones muy privadas y en un clima de confianza personal, casi todas las mujeres que estuvieron detenidas en los campos clandestinos de detención reconocen haber sufrido alguna forma de violencia sexual: desnudez forzada, manoseos de carácter sexual, penetración con objetos, picana en los pechos y genitales, violaciones sexuales.
¿Qué significado tuvo la violación de mujeres en el marco del terrorismo de Estado?
Consideramos que la "intervención" sobre los cuerpos por parte de los perpetradores se inscribe en un dispositivo disciplinario. La violencia sexual y las violaciones a las mujeres en el terrorismo de Estado tienen una función domesticadora. En los cuerpos se inscribe la disputa política: así, mientras el cuerpo violado de los varones es destituido de su masculinidad, en el cuerpo violado de las mujeres la agresión sexual inscribe la "soberanía" de los perpetradores. La "ocupación" del cuerpo de la mujer se asimila a la ocupación del territorio enemigo. Esta apropiación vale también para la "entrega" del cuerpo de las mujeres, en los vínculos sexuales e incluso amorosos, y no sólo en los encuentros sexuales forzados, sino en aquellos vínculos "consentidos" entre secuestradas y sus captores. Sabemos que el contexto no es neutro y está pautado por la violencia, y es indispensable reflexionar sobre las condiciones del consentimiento. Para las Fuerzas Armadas y las fuerzas de Seguridad, hay una gramática de los cuerpos que tiene una significativa incidencia en su constitución como sujetos.
Se habían relatado violaciones y otros delitos sexuales durante el Juicio a las Juntas. ¿Por qué no se investigaron?
Tanto en las declaraciones ante la Conadep como en el Juicio a las Juntas Militares en 1985, las mujeres denunciaron distintas formas de violencia sexual y en algunos casos expresaron haber sido violadas. Incluso puede estimarse que la cantidad de mujeres violadas fue muy superior a los casos denunciados. Hay que tener en cuenta que no se preguntó específicamente a las mujeres por las violaciones sexuales, las declaraciones fueron espontáneas. La percepción de que el número fue significativo se ve reforzada por la gran cantidad de testimonios de detenidos que dicen haber presenciado una violación. Pero en ese momento las denuncias de prácticas de violencia sexual hacia las mujeres –o hacia los varones– quedaron subsumidas en la figura de los tormentos y en las distintas vejaciones, y fueron relegadas ante la figura de la desaparición forzada que se consideró el elemento central de la metodología del terrorismo de Estado. Las violaciones y los abusos sexuales no adquirieron rango de hechos demostrables y por lo tanto no gozaron de jerarquía en la indagación de jueces y fiscales. Es necesario recordar que en el Código Penal argentino la violación sexual estaba tipificada como "delito contra la honestidad" y recién en el año 1999 la definición fue sustituida por la designación de "delito contra la integridad sexual". Incluso hoy, las acciones penales en el caso de una violación son "acciones dependientes de instancia privada", es decir, dependen de la acusación o denuncia de la persona agraviada.
¿Qué cambió para que ahora haya otra escucha?
Fue necesaria una transformación de los marcos sociales de memoria para que se empezaran a crear las condiciones para "nuevos" recuerdos: por un lado, la incorporación de la perspectiva de género en la investigación de violaciones masivas a los derechos humanos en situaciones de conflicto armado o en procesos represivos internos permitió identificar una práctica reiterada y persistente de violencia sexual hacia las mujeres y el debate jurídico a nivel internacional pudo entonces caracterizar la violencia sexual en el contexto de prácticas sistemáticas de violencia como una violación específica de los derechos humanos; por otro, en la indagación sobre los crímenes de violencia sexual ocurridos durante la dictadura se inscriben también otras circulaciones discursivas: las nuevas teorizaciones sobre género, los movimientos sociales feministas y algunos temas clave como la trata y tráfico de personas. La perspectiva de género nos ofrece una nueva capacidad de análisis que nos permite tomar distancia de la invisibilización que la problemática tuvo tanto en las políticas públicas como en las víctimas y en quienes reflexionan sobre estos temas.
A nivel de la jurisprudencia internacional, ¿cómo se consideran las violaciones sexuales en contextos de terrorismo de Estado o guerras?
En la legislación internacional, las violaciones sexuales sistemáticas son consideradas violaciones a los derechos humanos. El Estatuto de la Corte Penal Internacional (Estatuto de Roma), aprobado en 1998, estipula que es un crimen de lesa humanidad la violación, la esclavitud sexual, la prostitución y el embarazo forzados u otros abusos sexuales de gravedad comparable, cuando son parte de un ataque sistemático o generalizado contra una población civil. Pero ya en los tribunales internacionales ad hoc de Ruanda y la ex Yugoslavia la violencia sexual sistemática había sido probada y tipificada como tal. En la jurisprudencia interamericana, hace un par de años, la corte Interamericana de DD.HH. consideró la violencia sexual como una violación a la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia hacia las Mujeres, en el caso de la masacre de mujeres en el Penal Castro Castro de Perú y recientemente estableció como tortura, entre otras violaciones a los DD.HH., la violencia sexual ejercida por agentes estatales contra dos mujeres indígenas en el estado de Guerrero, México.
17 de enero de 2011
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[Mariana Carbajal] Argentina. Dos policías retirados que integraron el D2, el centro de detención y torturas de la ciudad de Mendoza en la última dictadura militar, fueron detenidos y encarcelados, tras ser denunciados en el juicio por crímenes de lesa humanidad que se sigue en la capital provincial por una testigo que los señaló como quienes la violaron de modo reiterado durante los nueve meses que estuvo presa en la cárcel clandestina que funcionaba en la Central de Policía de la calle Belgrano. Uno de ellos trabajaba actualmente en el planta verificadora de autos que maneja la fuerza. "Me manoseaban en la celda, me violaban", contó Rosa del Carmen Gómez. Ella y otras dos testigos más del juicio, Silvia Ontivero y Luz Faingold, relataron, con mucho dolor, haber sido violadas salvajemente durante su permanencia en el D2. "Soportamos todo tipo de torturas, pero quizá la más horrorosa fue que por la calidad de mujer me violaron varias veces al día cuanto señor estaba de turno", declaró Ontivero y recordó con "horror" cómo otra de las detenidas, que estaba recién operada, también fue vejada sexualmente. "Hasta hoy recuerdo sus sollozos diciendo que era virgen y entonces hicieron una violación contra natura", dijo Ontivero, que tiene hoy 60 años y llegó desde Chile, donde vive, para testificar Faingold era menor de edad cuando fue detenida y violada: tenía 17 años recién cumplidos.
[Dennis McLellan] Murió Peter Yates, director de cine británico conocido por ‘El relevo’ [Breaking Away], ‘La sombra del actor’ [The Dresser] y ‘Bullitt’, la película de 1968 con Steve McQueen cuya histórica secuencia de persecución en coche por las accidentadas calles de San Francisco fue un momento crucial de su carrera como actor y director. Tenía 81 años.
[Daniel Hernández] México. Fue un duro golpe para David Romo, ex ‘obispo’ de la más famosa iglesia de la Santa Muerte en Ciudad de México.
[Dennis McLellan] Murió Aron Kincaid, actor conocido por sus películas playeras de los años sesenta como ‘Chicas en la playa’ [The Girls on the Beach] y ‘El fantasma en la bikini invisible’ [The Ghost in the Invisible Bikini], y trabajó más tarde como modelo y artista. Tenía 70 años.
[Eduardo Febbro] París, Francia. La heredera del líder de la extrema derecha más poderosa del Viejo Continente, el Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, derrotó al ala más dura del partido y se quedó con las riendas de este movimiento, al que Le Pen llevó al umbral de la presidencia en abril de 2002. Marine Le Pen, su hija, sucedió a su padre al cabo de un reinado absoluto que duró 40 años y durante el cual Jean-Marie Le Pen sacó del proverbial 3 por ciento de los votos que el partido concitaba a principios de los años ’80, para propulsarlo como una de las fuerzas políticas más sólidas de Francia con porcentajes que, según las elecciones y las encuestas, rozan el 17 y 18 por ciento de los votos. El congreso del Frente Nacional que se abrió este sábado en Tours (suroeste) dio paso a la sucesión mediante una elección entre dos corrientes adversas dentro de la ultraderecha francesa: la de Marine Le Pen y la del radical Bruno Gollnisch. Según el diario Le Monde, "alrededor de dos tercios votaron por la hija de Jean-Marie Le Pen y un tercio por su adversario", Bruno Gollnisch.
Argentina. "Mi mamá ya me había advertido que a ellos también se los podían llevar", contó Yamila Horane Bulit al reanudarse el juicio por los crímenes cometidos en la ESMA. La testigo es hija de una pareja secuestrada el 8 de diciembre de 1977 en la Iglesia de la Santa Cruz, donde participaban del grupo de familiares de desaparecidos y militantes de derechos humanos que fue marcado por Alfredo Astiz.
[Santiago O’Donnell] El atentado contra la congresista Gabrielle Giffords (foto) en Arizona pegó fuerte en Estados Unidos. No tanto porque murieron seis personas. Eso ya no sorprende en el país norteamericano, como tampoco sorprenden las guerras interminables, los asesinos seriales, los sobres bomba o los ex empleados de oficinas federales que abren fuego a mansalva en edificios públicos. Todas esas formas de violencia ocurren cada tanto en Estados Unidos, mucho más que en cualquier otro país del mundo. Parece mucho, pero ya están acostumbrados.