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murió s. neil fujita


Renombrado diseñador gráfico.
[William Grimes] Murió el sábado en Greenport, en North Fork, Long Island, el diseñador gráfico S. Neil Fujita, que usó pinturas y fotografías vanguardistas para crear algunas de las carátulas de discos más extraordinarias de los años cincuenta y que diseñó las deslumbrantes cubiertas de ‘A sangre fría’ [In Cold Blood] y ‘El padrino’ [The Godfather]. Tenía 89 años.
La causa de su muerte fueron complicaciones después de un derrame, dijo su hijo Kenji. Fujita vivía cerca, en Southold, Nueva York.
Fujita fue contratado en 1954 por Columbia Records para formar un equipo de diseñadores que prosiguiera con el legado del famoso diseñador del sello, Alex Steinwas, y competir con el trabajo innovador que estaban haciendo sellos de jazz, como Blue Note.
Formado como pintor, Fujita se alejó del estilo de ilustración de Steinweiss e incorporó obras de pintores expresionistas abstractos e importantes fotógrafos en cubiertas que establecieron una palpable sinergia entre el arte visual más reciente y los principales referentes del jazz progresivo.
En el álbum ‘Time Out’, de Dave Brubeck, y en ‘Mingus Ah Um’, de Charles Mingus, Fujita utilizó su propias, brillantemente coloreadas abstracciones geométricas para sugerir un sentido acentuado de movimiento, mientras el fotomontaje de los miembros de Jazz Messengers, el quinteto dirigido por Art Blakey, en el álbum del mismo nombre, creaba un sentido de urgencia documental.
‘Round About Midnight’, una de las carátulas de jazz más memorables de la época, mostraba a un meditabundo Miles Davis, fotografiado por Marvin Koner, inundada por una taciturna luz roja.
"Tenía un gusto fabuloso y fue uno de los primeros directores de arte en el campo que se destacó por su riguroso objetivo en diseño", dijo el diseñador Milton Glaser, que hizo carátulas para Fujita. "Era una suerte de síntesis de los principios Bauhaus y la sensibilidad japonesa".

Sadamitsu Fujita nació el 16 de mayo de 1921 en Waimea, Hawai, donde su padre, un inmigrante japonés, trabajaba como herrero en una plantación de azúcar. El nombre Neil le fue asignado en el internado en Honolulu.
Después de la secundaria se mudó a Los Angeles, donde siguió cursos en el Instituto de Arte Chouinard (ahora Cal Arts). Sus estudios fueron interrumpidos abruptamente en 1942 cuando, como hijo de inmigrantes japoneses, fue enviado a un campo de internamiento en Wyoming.
En 1943 se enroló en el Equipo de Combate del Regimiento 442, compuesto casi enteramente de voluntarios japoneses-americanos, que se convirtió en una unidad muy decorada de la Segunda Guerra Mundial. Estuvo en combate en Italia y en Francia antes de trabajar como traductor en el frente Pacífico.
Después de salirse del ejército en 1947, Fujita empezó a estudiar en el Chouinard con una beca para veteranos y, como un paso práctico, su último año lo dedicó a estudiar diseño gráfico.
Cuando estaba en el Chouinard se casó con Aiko Tamaki, una compañera de estudios. Además de su hjijo Kenji, de Staatsburg, Nueva York, le sobreviven otros dos hijos (David y Martin, ambos de Southold); su hermano Hisao, de Hemet, California; y seis nietos.
Tras completar sus estudios en 1949 (el instituto Chouinard no otorgaba diplomas en ese entonces), Fujita se incorporó a N.W. Ayer, en Filadelfia, una de las principales agencias publicitarias de su época, y empezó a desarrollar su estilo distintivamente modernista. Su trabajo en Ayer, particularmente su galardonado anuncio para la Container Corporation of America, lo puso en el centro de la atención en Columbia.
"Cuando llegué a Columbia, estaban trabajando en desarrollar conceptos para la carátula de un álbum, pero era solamente tipografía y quizás una foto del artista y algunas formas distribuidas de algún modo interesante", dijo en una entrevista con Voice en 2007, la revista de la organización AIGA, dedicada a las artes visuales. "Creo que fui el primero en usar pintores, fotógrafos y dibujantes para hacer las carátulas de álbumes". Incapaz de limitarse a las carátulas de discos, en 1957 Fujita dejó Columbia, volvió al año siguiente, y la volvió a dejar para siempre en 1960 para empezar con su propia firma. En 1963 fue aproximado por Ruder & Finn, la firma de relaciones públicas, para fundar una filial de diseño, Ruder, Finn & Fujita, que fue bautizada posteriormente como Fujita Design.
Los editores figuraban prominentemente entre los clientes de Fujita. Hizo la cubierta de la antología de cuentos de John Updike, ‘Plumas de paloma’ [Pigeon Feathers], en 1962. Para ‘A sangre fría’ [In Cold Blood], le propuso al autor, Truman Capote, un austero diseño que mostraba, sobre las letras del título, un largo alfiler de sombrero con un bulbo rojo en un extremo, que parecía una hinchada gota de sangre. Cuando Capote objetó que la sangre no debía ser roja porque había pasado mucho tiempo, Fujita cambió el color a burdeos y agregó un fúnebre borde negro a la sobrecubierta.
Para ‘El padrino’ [The Godfather], Fujita diseñó una pesada, gótica tipografía con la parte superior de la ‘G’ extendida para enfatizar los tres primeros caracteres del título. Encima, una mano sin cuerpo que sujeta una barra de control en forma de X amarrada a la palabra ‘Padrino’ con los hilos de un titiritero.
Fujita enseñó durante muchos años en la Universidad de Arte del Museo de Filadelfia [Philadelphia Museum College of Art], el Pratt Institute en Brooklyn y la Escuela de Diseño Parsons en Manhattan. A mediados de los años noventa, se mudó a Southold y volvió a pintar, exhibiendo localmente sus pinturas.
31 de octubre de 2010
27 de octubre de 2010
©new york times
cc traducción mQh
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juicio a las juntas y procesos orales


Una comparación entre los procesos orales abiertos contra los represores desde 2003 y el juicio a las juntas. En los juicios contra los represores abiertos a partir de la anulación de las leyes de punto final y obediencia debida es un dato constante la militancia de las víctimas, que era ocultada en el juicio a los ex comandantes.
[Alejandra Dandan] Argentina. La hipótesis podría plantearse en estos términos: los juicios orales sobre los crímenes en los centros clandestinos de la última dictadura parecen estar haciendo aparecer a los desaparecidos. Los testimonios de sobrevivientes y familiares construyen en las audiencias nuevos relatos que acentúan, entre otras cosas, sus identidades políticas. A contramano de lo que sucedió con la emblemática causa 13, elaborada a partir del informe Conadep, estos procesos recuperan las carnaduras cotidianas, los modos de vida, los deseos y detalles no sólo de ellos sino también de los sobrevivientes y los aleja de la idea exclusiva de las víctimas para volver a situarlos en el terreno político. Pero, además, hay nuevas aristas en las investigaciones. Intentos de comprobar paisajes hasta ahora invisibilizados, como la violencia sexual sobre varones y mujeres o la presencia en los lugares del horror de niños y adolescentes. Con todo eso, aparece por primera vez, además, la voz de los HIJOS. No sólo hablan en las audiencias sobre los efectos de la represión sobre sus vidas, sino que van recogiendo datos de las historias de sus padres con los que siguen armándolos, y por lo tanto armándose. Lo que sigue es un intento de puntear eso que aparece cada día en los tribunales, ante un público al que todavía, sin embargo, le cuesta aparecer.

Los Militantes
Una de las características de los juicios contra los represores en estos tiempos es la acentuación de la idea de la militancia. Julio Santucho empezó a sentarse entre el público que asiste a las audiencias de los crímenes de Automotores Orletti luego de declarar sobre el secuestro de sus hermanos Carlos y Manuela y de su esposa Cristina. "Mi idea era ir a reivindicar la militancia de las chicas", dice a Página/12. "Adhiero al enfoque del genocidio, y por lo tanto creo que no agarraron a inocentes. Lo que ahora noto es que no estoy solo con esa idea, me sentía solo en esta posición cuando volví al país hace veinte años, no se podía defender esa posición, ahora eso está, en los juicios está presente." Desde que declaró vuelve a los tribunales cada tanto, pero especialmente cuando sabe que hablará uno de los sobrevivientes que ha estado con sus desaparecidos. Usualmente lo acompaña su hijo Miguel, que cuando termina la audiencia suele acercarse a los sobrevivientes como quien quiere saber más detalles. "A nivel familiar –dice Julio–, noto que mi hijo, más que yo, va a buscar datos de lo que le pasó a su madre, de las torturas por ejemplo, y eso que es un golpe muy fuerte, él lo busca y quiere saber eso, llenar un vacío. Es como si dijera: desaparecido está bien, pero quiere saber qué es un desaparecido, qué pasó, eso es lo yo experimento ahora, que mi hijo y muchos hijos tienen necesidad de esto, aunque sufra, me parece que es mejor, que los fortalece, y ésa es una función importante que hay que reconocer a los juicios."
Miguel D’Agostino es sobreviviente del circuito del Club Atlético, Banco y Olimpo. Declaró ahora pero lo viene haciendo desde la Conadep. Apenas empieza a pensar en los cambios, subraya la idea de la militancia. "En el ’84 ni lo decíamos", dice en línea con lo que repiten en estos días los abogados de los organismos de derechos humanos que integran las querellas de las causas, sobrevivientes y fiscales. A comienzos de los ochenta, con el Juicio a las Juntas sostenido en la teoría de los dos demonios, los sobrevivientes no hablaban de su pasado de militantes, entre otras razones porque podían quedar detenidos. Pero, además, las prioridades eran otras, dice en este caso la abogada Ana Oberlín: había que probar la existencia de los desaparecidos, de los centros, la sistematicidad de la represión. "Ibamos a declarar en ese momento y todavía nos estaban vigilando", advierte D’Agostino. A algunos compañeros los llamaban a las casas. Hubo uruguayos que quedaron presos al regresar a su país. Y muchos familiares no hablaban porque seguían paralizados por el miedo. "Eso empezó a cambiar en los últimos años, desde la calle, con la publicación de cosas como las biografías políticas", arriesga el mismo D’Agostino. Señala, entre otras cosas, la publicación de libros que marcaron un quiebre y en el que la voz de los sobrevivientes aparece parada en el espacio político antes del exterminio.
Daniel Cabezas declaró sobre el asesinato de su hermano y el secuestro de su madre en las audiencias de la ESMA. A Thelma Jara de Cabezas la obligaron a sentarse en una confitería de la Avenida del Libertador a dar una entrevista fraguada con un reportero de la revista Para Ti para desprestigiar a los Montoneros y los familiares de las víctimas. Mucha agua había pasado bajo el puente, cuando Daniel se sentó a prepararse para la audiencia. "Al comienzo me senté a estudiar porque no sabía cómo abordar eso de ser hijo y además militante, leí la teoría del genocidio del sociólogo Daniel Feierstein pero me di cuenta de que se me empantanaba todo porque no soy teórico, así que me puse a leer la sentencia de la causa 13, donde queda clarísimo la teoría de los dos demonios, y en el caso de mi madre vi que los jueces se preocupaban por saber si era montonera, o le mostraron la revista para que reconociera si había o no había participado del reportaje." En ese contexto, decidió contar quién era su hermano, ese supuesto subversivo: "Quise contar qué hacían, hablar de la vida cotidiana como militantes, mostrar que no se levantaban a limpiar sus armas y salían a disparar, que los domingos al mediodía en casa nos juntábamos a comer un guiso de lentejas, que estaba mi vieja, que de pronto llegaba Cristina, La Gallega, de un territorio o el Gordo Tití y la Gorda, que nadie sabía los nombres reales pero eran amigos, estaban en casa, unos militaban con mi hermano en la UES y llegaba su novia que no militaba y hablaban de política y se iban y después cada uno diseñaba actividades en sus ámbitos, pegatinas por el 1º de Mayo". En una de esas pegatinas, un grupo de tareas mató a su hermano. "Podría haber ido armado, porque las armas se usaban de manera defensiva, la gente debe saber y recordarlo porque todos conocían a militantes en los barrios."
Esa misma trama recuperó el alegato de los fiscales en la causa ABO. Presentaron el alegato con un eje en las historias de vida, pero además las identidades políticas de las organizaciones y sistematizaron las caídas no por fechas como en la Conadep, sino por grupos de pertenencia política. Fue un correlato de lo que apareció en el relato de los testigos en las audiencias, no fue completamente espontáneo. Esa fiscalía, por ejemplo, decidió no preguntar sobre las torturas porque lo daban como elementos probados.
En otras causas, el tema apareció de diferentes maneras. En ocasiones se instaló como una estrategia defensiva. Como en el Juicio a las Juntas, al comienzo de estos nuevos juicios los abogados de los represores intentaron azuzar a los testigos preguntándoles por la militancia en lo que parecía un modo de justificar la masacre. Una expresión de esa postura todavía puede verse en estos días en el juicio del Tribunal Oral Federal de San Martín contra Luis Abelardo Patti. Su defensa, encabezada por el ex camarista Alfredo Bisordi, preguntó a Orlando Ubiedo –testigo y ex secretario general de la Uatre– qué quiso decir cuando habló de las tareas de "contrainteligencia" y para qué la hacían cuando con ese método los militantes sólo intentaban cubrirse las espaldas porque se sabían perseguidos. En la mayor parte de los juicios, esas chicanas sin embargo ya no aparecen: los defensores no preguntan por la militancia. Una de las razones es que, advertidos por las querellas, los testigos empezaron a hablar solos y a situarse en ese espacio político antes de que aparezcan las preguntas: eso no sólo les permitió recuperar sus lugares, sino construir la historia por sí mismos y no como un efecto de la sospecha del otro.
Estela Segado cree que ésa es una de las cuestiones más importantes de los juicios. Coordinadora del Archivo Documental de la Secretaría de Derechos Humanos de Nación, está convencida de que el terrorismo fue una persecución a la militancia, en la que todo militante era considerado terrorista por el solo hecho de ser militante. Que los jueces de la causa 13 estuvieron más interesados en saber si la persona había sido montonera que si había sido torturada. "En estos nuevos tiempos, se abre la posibilidad de comprender esta cuestión de que ‘militancia’ no es sinónimo de ‘asesino terrorista’, y la gente que militaba tiene el permiso para contar cuestiones que no se contaban: como las formas de poder resistir, como estar armados o meter libros en un taparrollos y donde logran decir que tomar pastillas de cianuro se hacía en ese marco."
¿Pero esa recuperación es tan nueva? Segado dice que sí y que incluso "la militancia todavía está unida a la cuestión de lo delincuencia terrorista".

El Caso
En ese contexto, se advierte además la acentuación de los relatos personales. Los detalles. Las historias de vida, pero también la situación individual del secuestro, la tortura y opresión. Oberlin habla de una época distinta. Frente a los ochenta, años en lo que se necesitaba acreditar las desapariciones, los nuevos procesos penales muestran un acento puesto en la vivencia personal, dice. "De esta manera, presenciamos testimonios mucho más ricos en el detalle de la experiencia de cada sobreviviente. Pasamos de la necesidad de probar los desaparecidos y la sistematicidad a lo que le pasó a cada uno, empieza la reconstrucción más personal."
La instancia del juicio oral que permite una escenificación de la Justicia es otro de los elementos en juego. La posibilidad de situarse por primera vez ante el círculo de acusados, de los responsables directos, lo potencia: "Los relatos se singularizan", dice en este caso José Nebbia del CELS. "El que lo hizo está sentado ahí y lo están juzgando por lo que te hizo a vos, el relato se construye desde otro lugar y eso sólo aparece como una reparación para las víctimas: todos sienten un gran alivio una vez que terminaron de hablar, se sacan una mochila gigante."
Los detallados relatos de las torturas entran en ese contexto. Son mucho más masivos de los que había habido hasta ahora. Todavía siguen siendo estremecedores y sorprendentes. "Antes –dice Oberlín–, muchos de los que habían sido torturados ni siquiera tomaban las torturas como un tema frente a lo que les había pasado a sus compañeros, como las muertes o desapariciones, se minimizaban y ahora aparecen."
En esa singularización hay ejes que todavía son terreno de debate. Hablan y aparecen las fisuras, los discursos se humanizan, se hablan de los datos entregados en la tortura con los que terminó cayendo una persona. También de los "quebrados". Situaciones que han convertido a las víctimas durante años sujetos recelados o cuestionados. Inés Sánchez, una antropóloga que es hija de una desaparecida del Vesubio, declaró que su madre había estado en el interior de la "sala Q" del Vesubio, donde estaban "los quebrados". Llegó al campo clandestino embarazada de dos meses, había intentado poner los dedos en el enchufe para suicidarse, no se lo permitieron, intentó escaparse, tampoco pudo. "Dicen que mi madre participaba en las torturas –dijo ella–, mi mamá era una víctima más, más allá de lo que cada uno puede hacer, las cartas estaban echadas."
Cuando aparecen narradas por los sobrevivientes, esas zonas oscuras, parte de los espacios del tabú entre los ex detenidos, suelen estar atadas a nuevas miradas. En las audiencias suele escucharse la palabra "trabajo esclavo" entre quienes estuvieron sometidos a las tareas de acopio de información o a servir a los represores. O se empiezan a contar las lides del cautiverio como relatos de estrategias de resistencia.
Una de ellas fue Adriana Marcus. En la declaración en el juicio de la ESMA, mencionó con esas palabras que así como otras secuestradas pintaban con lápiz de labios las puertas de un baño del Globo para rebelarse cuando los represores las llevaban a cenar, ella pedía calamaretis fritos porque era el plato más caro. O cuando la obligaban a desgrabar las escuchas ilegales de compañeros que por teléfono se daban citas, transcribían esos párrafos como inentendibles o los nombres con puntos suspensivos.

La Violencia Sexual
En el alegato de ABO, la querella encabezada por Rodolfo Yanzón acusó a los represores por la figura de la violencia sexual a partir del Protocolo de Estocolmo: "La tortura sexual empieza por la desnudez forzada, que en muchos países es un factor constante de toda situación de tortura. Nunca se es tan vulnerable como cuando uno se encuentra desnudo y desvalido".
Arturo Chillada era un militante de la JP de Mercedes, desde hace años vive en España. Desde el consulado argentino en Madrid lo explicó en primera persona al declarar en la causa del Vesubio: "A mí me agredieron una sola vez y en concreto porque no recordaba el número que me habían puesto y me lo hicieron recordar a base de golpes", explicó. Adentro del centro, dijo, los guardias los humillaban. Lo hicieron bañar con su amigo Javier, contra la pared, mientras los represores de atrás se reían y les decían que froten los cuerpos uno con otro. Y se reían, les gritaban, comentaban.
Ana Oberlín, Lorena Balardini y Laura Sobredo prepararon un documento para fundamentar el ingreso de este tema en las audiencias. En él recuerdan que desde la reapertura del proceso de justicia se profundizan cuestiones que hasta ahora fueron invisibilizadas. "Uno de estos temas ha sido el ejercicio de la violencia de género en sentido amplio, a través de la comisión de violaciones sexuales y de todo tipo de abusos y vejaciones a detenidos-desaparecidos, varones y mujeres alojados en centros clandestinos". Y dicen: "De los testimonios surge nítidamente que las agresiones sexuales a las que fueron sometidos los detenidos no configuraron situaciones aisladas, sino que formaron parte de este plan general de aniquilamiento y degradación de la subjetividad de las personas. Además, la violencia sexual en toda su amplitud, así como la violación sexual en particular, fue ejecutada por personas pertenecientes a las diferentes fuerzas armadas y de seguridad e incluso en algunos casos por civiles que actuaron como parte del accionar represivo".

Contextos
Myriam Bregman, de la querella de Justicia Ya!, indica que muchos de los nuevos aspectos que aparecen en los juicios se dan a partir de entender por dónde deben ir las preguntas. Entre ellos, menciona el rol de los medios durante la dictadura, recuerda que se están abriendo juicios o se abrieron contra Editorial Atlántida por ejemplo por los casos de Cabezas y Angelina Barrios. Que aparece una búsqueda específica sobre el rol de la Iglesia, los curas que aparecieron en los centros clandestinos, los archivos y los civiles. "A partir de las preguntas –dice– salió el dato que el gerente de la Ford, que le decían ‘El loco Antonio’, de apellido Suárez, estaba tan compenetrado con la represión que participaba de operativos con el grupo de tareas de la ESMA." O los datos que indican que Antonio Pernías llevaba a los prisioneros a comer a las casas de la alta sociedad para que vean que se estaban recuperando, donde también había curas, como destacó el testimonio de Silvia Labayrú. La participación civil para Bregman no es secundaria, sino que es una clase social empresaria que armó y preparó el golpe. Otro de los temas son los llamados testigos contextuales: bomberos, vecinos, empleados que están apareciendo por primera vez a declarar porque algo fuera de las salas se empezó a habilitar para que lo hagan. Pero también hijos de víctimas que tienen la necesidad de situarse a través de sus relatos en ese espacio.

Las Deudas
No todo sin embargo es pura potencia. Hay traspiés. Pablo Llonto recuerda que como se sabía, por la organización de las causas hay testigos que deben declarar una y otra vez en distintos juicios. O una polución sobreabundante de datos que obliga a los querellantes a estar despiertos con cientos de antenas, porque muchos de los datos que aparecen en una audiencia sirven para otro, y se pierden. Esos recortes deja además a varios testigos en el aire. Hace unas semanas, pasó por la causa de El Vesubio un bombero voluntario de Monte Grande que por un llamado del intendente local acudió a levantar los cuerpos de la masacre que lleva el nombre de esa localidad. Al hombre le preguntaron si eso era normal. El dijo que en "la época de la subversión los llamaban para ir a buscar cadáveres a todos lados". Nadie le preguntó nada sobre esas búsquedas quizá porque el objeto del juicio era uno de los centros clandestinos, pero esa información quedó en el aire. Sucedió también con Lila Pastoriza en Vesubio, cuando declaró sobre Pablo Miguez. Ella dijo que pudo saber que Pablo había sido visto por ultima vez en la comisaría de Valentín Alsina en Lanús. Nadie recogió el guante en ese momento para iniciar allí una pesquisa.
También hay testigos que se van sin contar lo que se esperaba que cuenten. Los hay. "Nosotros no tenemos capacidad para hablar con todos los testigos", dice Liliana Mazea, querellante en El Vesubio. "A veces no se acuerdan de lo que ya declararon o de lo que pasó, pero además cuando te secuestraron y vos no estuviste en una organización ni estabas comprometido por nadie, la cadena se rompe por el eslabón mas débil: la gente tiene medio de que le vuelva a pasar porque no tiene esa red solidaria que les permitió hablar a otras víctimas, van casi obligados, les cuesta decir lo que sufrieron o pasaron porque tienen medio, que es otro de los logros del genocidio".
Por último, Yanzón enumera otros datos como la actuación de los jueces. "Vemos en otras ciudades -sobre todo en Mendoza- la gran complicidad de jueces y algunos fiscales con la impunidad, algunos de ellos dispuestos a dar pelea y proferir amenazas, cosa que medida que avanzan los juicios se va haciendo mas evidente". Otro de los temas es la Defensoría General de la Nación. "Son muchos los defensores oficiales que están trabajando, la mayoría son buenos profesionales, pero pasan los límites de una defensa técnica, cuando tratan de probar la "complicidad" de algunas víctimas con los represores, tratándoles de quitar justamente su lugar de víctimas para devaluar sus testimonios y establecer que los crímenes tuvieron otro apoyo y participantes: es gravísimo que, como un órgano estatal, tiendan a deslegitimar el lugar de víctimas en aras de posicionar mejor procesalmente a sus defendidos".
31 de octubre de 2010
©página 12
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chacal en primera persona


Es el represor vivo de más jerarquía en la ex causa Feced. A tal punto que ahora los expedientes llevan su nombre. Está acusado de más de veinte casos de secuestros, 11 de ellos seguidos de torturas y 10 homicidios cuyas víctimas pasaron por el centro clandestino de detención La Calamita en Granadero Baigorria. Esta fue su declaración ante los jueces tras negarse a responder cualquier tipo de preguntas.
Argentina. Óscar Pascual Guerrieri fue indagado en los tribunales federales de San Isidro el 15 de octubre por el juez federal rosarino Marcelo Bailaque y la fiscal Mabel Colalongo. Durante el interrogatorio se negó a contestar preguntas sobre 21 casos de secuestros, 11 de ellos seguidos de torturas y 10 homicidios cuyas víctimas pasaron por el centro clandestino de detención La Calamita en Granadero Baigorria , cuando era el segundo jefe del Destacamento de Inteligencia 121. A cambio, prefirió despacharse con un largo discurso que ahora quedó incorporado a los expedientes a los que accedió Rosario/12. Parte de esa larga declaración se reproduce en esta nota.

El Elegido
"Quiero dejar presente que en la época democrática, años en que estuvo el gobierno luego del relevo del Dr. Alfonsín (se refiere al gobierno de Carlos Menem) por concurso he prestado servicios por mis méritos profesionales en la Secretaría de Inteligencia del Estado, durante diez años. Y no me mandaron por ser peronista o radical, sino por mis méritos. Estuve con el Dr (Bautista) Yofre y (Hugo) Anzorreguy, fui el primero que entré y el último que me fui. Si me seleccionaron en esa época deben haber hecho una compulsa para ver quien era Guerrieri, si hubiera sido como dicen por ahí no me hubieran llamado. Soy altamente democrático, depende qué se entienda por democracia, yo entiendo respeto a las instituciones, al orden, a la jerarquía. En esa Secretaría yo tuve las mejores calificaciones con 100 puntos durante diez años.

Enfermo y Mortificado
"Estoy haciendo un sacrificio enorme, hace cinco meses que estoy sufriendo una epicrisis avalado por el médico forense, esto tiene dos partes, una ciatalgia, que puede ser consecuencia de una hernia de disco, que me tiene loco. También tengo presión arterial alta y tuve un ACV transitorio. Gracias a Dios no se volvió a repetir, es peor tener un transitorio que uno definitivo, porque el transitorio puede darse en cualquier momento uno nuevo. Así estoy en ese momento. Por eso me remito al articulo 18 de la Constitución Nacional que claramente señala como responsable al juez que autorice cualquier medida que implique mortificación. Le pido tengan consideración a mi estado de salud que no es normal, tengo 75 años y hace 9 que estamos metidos en este tema. Yo soy una persona de bien, no un asesino"

Una Desgracia con Suerte
"Acá tuvimos una desgracia, con la calidad profesional que tuvo la doctora Colalongo acá tendría que estar sentado todo el Ejercito Argentino porque todos recibimos las órdenes 405 y 505 y sin embargo estamos unos pocos. Yo no soy soldado del Proceso ni de este ni de otro, entre al Ejercito a los 12 años, cuando me fui vino este despelote de la guerra contra la subversión. No puedo salir de las garras del Ejército. Ni queriendo ni no queriendo. Hay una jerarquía en la Institución y no pude rebelarme y decir esto u hago y esto no. Tampoco hay que confundir asociación ilícita con subordinación, yo siempre estuve bajo subordinación, de hecho cuando el jefe decía "subordinación y valor", nosotros decíamos "para defender a la patria". Si yo hubiese sabido que me incorporaba para integrar una asociación ilícita nunca me hubiera incorporado al Colegio Militar.

Pedido Intimidante
"Mi familia es de origen italiano donde rige el respeto. En el fondo si pudiera hablar con la doctora Colalongo a solas ella me entendería. A mi me queda poco de vida y mi aspiración es que los argentinos nos encontremos juntos en un abrazo. Entregué mi vida a la patria y hoy soy asesino, por haber cumplido las órdenes de defensa de la patria y la seguridad. ..Siempre me muestran como el malo para demostrar que los otros eran buenos, y los otros no eran buenos, eran más malos que nosotros, ellos trajeron el desorden, una idea foránea, en una agresión externa al país. Pero yo seguiré en la silla de los malos, en las esposas de los malos. Desconozco todos los cargos que se dicen acá en forma personal.

El Ejecutor
"Quiero dejar en claro algo que está mal dicho, en el sentido que yo adelante mío tenía mandos: el general Galtieri, Jauregui, coronel Pozzi, los hombres coroneles que integraban el centro de operaciones tácticas, que eran tres. Me acuerdo de uno solo, Gazzari Barroso, la causa se llama Guerrieri porque esa gente murió, pero murió después, en la época en que estaban dirigían y ordenaban, y yo cumplía órdenes, yo era un ejecutor. Yo llegué en 1977, y recibí una orden que le dijo Galtieri a Pozzi, que como él estaba con Calamita, a mí me iban a poner a cargo de la organización del Mundial 78, etapa que se ve vigorizada en cuanto a la seguridad cuando la selección va a Rosario y yo voy como seguridad de la selección en Granadero Baigorria. De hecho tengo un plato con un reconocimiento para todos los que colaboraron para que Argentina saliera campeón".

Flor de Campeón
"En ese tiempo intervengo en los torneos de esgrima en florete y sable. En florete salgo primero de todo el cuerpo y ello me proyecta al campeonato nacional que se hacia en julio del 77. En el desarrollo del torneo me corto el tendón de Aquiles. En función de ello el 8 de julio me internan y luego estoy seis meses en convalecencia, se imagina que en ese estado no estaba corriendo subversivos por la calle, estaba con un pie en un balde.

El Custodio
"Además por el tema del mundial de fútbol tengo muchas comisiones a Brasil. Tenían la función de organizar todo para que no fracasara un evento de tal magnitud. Yo a la Calamita no la conozco porque no estuve ahí, si la cancha de Rosario Central, a Menotti y a los que estaban ahí. Pero las órdenes las daban los muertos vivos".

Brutos
Sobre las circunstancias que rodean al acto es político ideológico . Soy una persona de 75 años con la preparación que tenemos los militares que son muy buenas. Los militares no somos brutos, los habrá , al igual que algunos del tribunal oral federal, pero he hecho todo lo que había que hacer para ser un buen militar. Al Colegio Militar no mandan a idiotas, mandan a oficiales buenos, estuve cinco años ahí, fui profesor de la escuela de inteligencia, es decir, tuve méritos que se acrecentaron cuando fui a la SIDE.

Asesinando a Bailaque
"A mí me parece que estos juicios y si ahora sale uno nuevo, dan una vuelta tremenda y a empezar de vuelta y a empezar de nuevo. Nadie pregunta porqué ocurrió esto. No es que yo me levantaba y decía "ahora voy a matar a Bailaque". Nosotros teníamos una agresión interna y externa. El soldado no es el responsable de la victoria o derrota en una guerra, los responsables de la cuestión son los que implementan la política nacional de defensa, y en esa época sea gobierno de facto o democrático con Isabel Perón, había una política de defensa y esa política era de aniquilar la subversión y yo no soy responsable de esa política implementada, y eso nadie me lo preguntó. Pero hoy cargo con la mochila que ellos no cargan. Es decir, estoy en el grupo de los malos por haber cumplido las órdenes que nos dieron. No se si está bien o mal, fueron las órdenes que nos dieron. Montesquieu dijo que a lo mejor la ley no gusta pero es ley. Yo venía por una calle que era mano y me cambian la mano en el camino, y entonces cometo la infracción. No hay que mirar por el espejo retrovisor, hay que mirar para adelante. ¿Qué ganamos con gente en cautiverio, memoria de un solo lado". Lleno está de publicaciones que dicen que hubo una guerra. ¿Qué fue el ataque a Formosa, un avión que llega y mata a soldados y a estos se les da 800 pesos y a los que atacaron 600.000 y el gobierno nacional ha colocado a la justicia en el medio de esto, en primera línea". "Me regocijaba ayer viendo el poder de Chile, miran para delante no para atrás""

Condenado
"Yo ya estoy condenado. Y todos están creyendo que lo hacen bien, porque están cumpliendo las órdenes del gobierno nacional. Fijese lo que se produce cuando la señora de Bonafini le dice "turros" a la Corte Suprema y no le pasa nada, como si fuera la madre de todos nosotros. Otro tema, acá contribuyó mucho el tema de los medios de comunicación que prejuzgan y condenan junto con la aparatología que montan las ideologías foráneas que están apareciendo. La justicia nos juzga con códigos civiles que no tienen nada que ver. Esto es política no justicia".

Tren Ala
"Y ahora cuidado que si no favorecen con la corporación judicial lo que quiere el gobierno nacional, con el tiempo le va a pasar lo que nos pasa a nosotros ahora: se van a encontrar con el tren bala para que los lleve rápido a cumplir la condena.

Videla y Pelé
"Vuelvo a pedir que se ponga en claro que yo no era Videla, era el teniente coronel Guerrieri, un ejecutor, no lo conozco a Videla, yo estaba con el tema del Mundial". Además el tema de la doctrina francesa, puede ser que nos valgamos de esa doctrina, y cuál es el problema, si yo hoy le pregunto un futbolista para copiar, usted copiaría a Pelé, entonces nosotros no íbamos a copiar a un boliviano, sino a los mejores".

Un Tipo de Primera
"Hoy recibo 600 pesos del Ejército, tiene que trabajar mi mujer y recibir la dádiva de mis hijos. Un coronel. Esto es mucho sufrimiento y estoy mortificado. No los hago responsable a los jueces, se dónde están. Muchos jueces saben lo que pasa, ojalá me cure de esto que tengo y que Dios decida. En el fondo destaco los profesionales como la señora fiscal Colalongo y así también una querellante. En Rosario estuvimos detenidos en la policía federal en condiciones indignas. He compartido la prisión con piratas, que detuvieron en San Nicolás. Yo no tengo sangre azul pero me enseñaron otras cosas. A comer con cubiertos. Yo fui un soldado profesional de primera. Y de todos los que fueron al juicio oral, ustedes sabrán quiénes eran de primera y quienes no".
El teniente coronel Oscar Pascual Guerrieri presentó tres escritos periodísticos como defensa, con los que intenta probar que los juicios por terrorismo de estado son políticos. Uno es el libro de Ceferino Reato, ‘Operación Primicia’, analizado en una nota del diario Clarín que postula que "el ataque al batallón de Formosa le puso fecha al golpe de estado del 24 de marzo de 1976". Para Reato "la agrupación creó el escenario de violencia que facilitó la llegada de los militares al poder". El segundo documento es una nota de Clarín a Mario Vargas Llosa, en la que el flamante Nobel de literatura, sostiene que "Cristina conduce un gobierno corroído por la corrupción". El tercer texto es una nota de la revista Noticias publicada en los primeros días de octubre de 2010 titulada "Kirchner prostituyó los derechos humanos". La frase pertenece a una declaración del periodista Jorge Lanata.
31 de octubre de 2010
©rosario 12
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querellas por ejecutados políticos


Presentan más de un centenar de querellas por ejecutados políticos.
Santiago, Chile. La Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (Afep) presentó este viernes 141 nuevas querellas por los casos de 157 víctimas de violencia por parte de agentes del Estado, entre ellos 10 niños, para que sean investigadas por el ministro en visita Mario Carroza, designado a mediados de este año por la Corte Suprema para la instrucción de estas causas.
La presidenta de la agrupación, Alicia Lira, aprovechó la oportunidad para cuestionar la actitud del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, el que a su juicio no ha concurrido como parte querellante en estas causas, estando facultado por ley.
Con esta nueva presentación las querellas por ejecutados políticos en manos del ministro Carroza sumarían cerca de 300.
El magistrado además de estas causas está a cargo de la indagatoria por el asesinato del senador (UDI) Jaime Guzmán ocurrido en abril de 1991 y de la investigación por el secuestro, homicidio y desaparición forzada de cuatro miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) y uno del Partido Comunista, ocurrido en septiembre de 1987.
30 de octubre de 2010
29 de octubre de 2010
©la nación
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infiltración pinochetista de cs


columna de lísperguer
Jueces pinochetistas persisten en aplicar prescripción en casos de derechos humanos.

¿Quién debe resolver cómo se han de interpretar los tratados internacionales? Todos entendemos que el estado chileno ratificó los convenios internacionales que prohíben dictar la prescripción penal en crímenes contra los derechos humanos. A partir de ese momento, se subentiende que Chile debe aplicar las normas internacionales. Estos dos jueces pinochetistas se niegan a ello y siguen resolviendo sobre la base de criterios perimidos, que convienen a sus protegidos. El presidente podría purgar el poder judicial de estos jueces prevaricadores, si tuviese voluntad y coraje. En la CS son el principal obstáculo para la justicia. Es impresentable que Chile todavía no retire de este poder del estado a los pinochetistas infiltrados. Es como si Alemania hubiese permitido que los nazis se perpetuasen de manera encubierta en el poder y juzgasen ellos a sus compañeros de las SS. Segura y Ballesteros deben ser juzgados por prevaricación y expulsados del poder judicial.
lísperguer


los muertos no hablan


columna de lísperguer
Dice el juez que no está probado que los militantes patriotas fueron asesinados.

Este es un fallo aberrante e inaceptable. Que el juez no pueda concluir que los dos militantes fueron asesinados probablemente lo demostrarían los informes forenses. En lenguaje sencillo esto se llama prevaricación, pues es una resolución de manifiesta injusticia. Lo que puede ser más monstruoso todavía es que estos asesinatos fueron cometidos dos años antes del ajusticiamiento de Jaime Guzmán, y parecería probable que hayan sido tomados en cuenta por sus autores a la hora de decidir la ejecución del político de extrema derecha, por considerársele responsable ideológico de esos crímenes. Con estos fallos no puede el presidente demostrar ante el mundo que aquí impera un estado de derecho. Lo que demuestran es que el poder judicial se encuentra infiltrado por pinochetistas y que no podemos esperar de él verdadera justicia. En lugar de poner fin a esta causa, este fallo la vuelve a abrir con un nuevo actor más.
lísperguer



murió philippa foot


Filósofa. Creadora del Dilema del Tranvía.
[William Grimes] Falleció el 3 de octubre en su casa en Oxford, Inglaterra, la filósofa Philippa Foot, que argumentaba que los juicios morales poseían una base racional, y que introdujo el célebre experimento en el razonamiento ético conocido como el Dilema del Tranvía.
Su muerte fue anunciada en la página web del Somerville College, Oxford, donde obtuvo sus grados académicos y enseñó durante muchos años.
En sus primeras obras, especialmente en los ensayos ‘Creencias morales’ [Moral Beliefs] y ‘Los argumentos morales’ [Moral Arguments], publicados a fines de los años cincuenta, Foot discrepó con filósofos como R.M. Hare y Charles L. Stevenson, que sostenían que los juicios morales eran en última instancia expresiones de actitudes o emociones, debido a que no podían ser declarados verdaderos o falsos del mismo modo que los juicios sobre hechos.
Foot rechazaba esta "teoría de la empresa privada", como la llamó, resaltando las conexiones entre las interpretaciones morales y de hechos. Además, insistía en que virtudes como la valentía, la sabiduría y la moderación son indispensables para la vida humana y las piedras fundamentales de la moral. Sus escritos sobre la materia contribuyeron a establecer las virtudes éticas como la principal aproximación al estudio de los problemas morales.
"Va a ser recordada no por representar una posición o un punto de vista particular, sino por haber cambiado el modo en que la gente piensa sobre estos temas", dijo Lawrence Solum, que enseña filosofía del derecho en la Universidad de Illinois y estudió con Foot. "Hizo que la gente viera las cosas de un modo fundamentalmente nuevo. Pocos hacen eso en filosofía".
Sin embargo, fue el Dilema del Tranvía el que captó la imaginación de los estudiosos fuera de su disciplina. En 1967, en el ensayo ‘El problema del aborto y la doctrina del doble efecto’ [The Problem of Abortion and the Doctrine of the Double Effect] discutió, utilizando una serie de provocadores ejemplos, las distinciones morales entre las consecuencias voluntarias e involuntarias, entre hacer y permitir, y entre imperativos positivos y negativos -el deber de no causar daño contra el deber de prestar ayuda.
Su ejemplo más llamativo, ofrecido en apenas unas frases, era el dilema ético al que se enfrentaba un conductor de un tranvía descontrolado que avanzaba peligrosamente hacia cinco trabajadores tranviarios. Al desviar el tranvía hacia un ramal donde sólo se halla un trabajador, el conductor podría salvar cinco vidas.
Claramente, el conductor debería desviar el tranvía y dejar arrollar sólo a un trabajador y no cinco.
Pero ¿qué pasa con el cirujano que también podría salvar cinco vidas, matando a un paciente y distribuyendo los órganos de este entre otros cinco pacientes que, de otro modo, morirían? Las matemáticas son las mismas, pero aquí, en lugar de elegir entre dos imperativos negativos -el deber de no infligir dolor- como el conductor, el doctor sopesa un imperativo negativo con el imperativo positivo de prestar ayuda.
Discutiendo sobre este tipo de problemas, Foot esperaba aclarar las reflexiones sobre los problemas morales en torno al aborto en particular, aunque aplicó un enfoque similar a temas como la eutanasia.
La filósofa Judith Jarvis Thomson agregó dos complicaciones al Dilema del Tranvía, que ahora con inseparables de este.
Imaginen, escribió, a un transeúnte que ve cómo el tranvía se acerca velozmente hacia los trabajadores y puede desviarlo jalando la palanca junto a las vías. A diferencia del conductor, que debe elegir entre matar a una o cinco personas, el transeúnte puede negarse a intervenir o, al jalar la palanca, aceptar las consecuencias involuntarias de la muerte de un ser humano, una opción preferida por la mayoría de las personas a las que se presentó este problema.
O supongamos, sugirió, que el transeúnte observa desde una pasarela el inminente desastre que causará el tranvía y se da cuenta de que arrojando un objeto pesado a las vías podría detenerlo.
Resulta que el único peso disponible es un gordo que está parado junto a él. La mayoría de los entrevistados a los que se presentó este problema, vio una distinción moral entre jalar la palanca y arrojar al hombre a los rieles, incluso aunque el resultado final, en términos de vidas salvadas, es idéntico.
Las paradojas sugeridas por el Dilema del Tranvía y sus variantes han atraído no solamente a filósofos morales, sino también a neurólogos, economistas y psicólogos evolucionistas. También han inspirado el surgimiento de una subdisciplina conocida jocosamente como la tranviología, cuyo inflado cuerpo de comentarios "hace que el Talmud se vea como las CliffsNotes", escribió el filósofo Kwame Anthony Appiah en su libro ‘Experimentos de ética’ [Experiments in Ethics] (2008).

Philippa Judith Bosanquet nació el 3 de octubre de 1920 en Owston Ferry, Lincolnshire, y creció en Kirkleatham, Yorkshire del Norte. Su madre, Esther, era hija del presidente Grover Cleveland. Su padre, William, era capitán en los Coldstream Guards cuando se casó con su madre y se encargó, más tarde, de la administración de una enorme empresa siderúrgica en Yorkshire.
Foot estudió filosofía, política y economía en el Somerville College, donde se licenció en 1942. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó como investigadora del Real Instituto de Asuntos Internacionales, compartiendo su departamento en Londres con el futuro novelista Iris Murdoch.
En 1945 se casó con el historiador M. R. D. Foot, después de que Murdoch la dejara por el economista Thomas Balogh. El matrimonio terminó en divorcio. Le sobrevive su hermana Marion Daniel, de Londres.
Foot empezó a dar charlas de filosofía en Somerville en 1947, un año después de recibir su licenciatura y llegó a cargos importantes como subdirectora e investigadora senior antes de jubilarse en 1988. En 1974 fue nombrada profesora de filosofía en la Universidad de California, Los Angeles, de la que se retiró en 1991.
En los años setenta, Foot revisó algunas de sus afirmaciones sobre la naturaleza objetiva de la moralidad, tolerando que se deslizara una dosis de subjetividad en sus discusiones sobre temas como el aborto y la eutanasia. La influencia de Wittgenstein, y su giro lingüístico sobre problemas filosóficos adquirió cada vez más importancia en sus escritos, que giraban escrupulosamente sobre los varios sentidos y dificultades de términos como "debería", "podría" y "bueno".
En ‘Bondad natural’ [Natural Goodness] (2001), ofreció una nueva teoría de la razón práctica, argumentando que las moralidades están enraizadas en necesidades humanas objetivas que pueden compararse con las necesidades físicas de plantas y animales, que son descritas con las mismas palabras.
En una entrevista con Philosophy Today en 2001 se refirió a un comentario de un colega que, en su libro, parecía que consideraba el vicio como un defecto natural.
"Eso es exactamente lo que creo, y quiero decir que describimos los defectos en los seres humanos del mismo modo que los defectos en plantas y animales", dijo. "Una vez empecé una charla diciendo que en la filosofía moral es muy importante empezar hablando sobre plantas".
Sus ensayos más importantes fueron compilados en ‘Las virtudes y los vicios: y otros ensayos de filosofías moral’ [Virtues and Vices and Other Essays in Moral Philosophy] (1978) y ‘Moral Dilemmas: And Other Topics in Moral Philosophy’ (2002).
Pese a su influencia, Foot siguió siendo de una arrebatadora modestia. "No soy nada inteligente", dijo a The Philosophers’ Magazine en 2003. "Sé algo de filosofía, creo. Pero no soy inteligente. Me cuesta entender los argumentos complicados".
29 de octubre de 2010
9 de octubre de 2010
©new york times
c traducción mQh
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justificadas dudas sobre poder judicial


columna de lísperguer
Juez cierra juicio por asesinato de militantes de izquierda, sin responsables.

Estos fallos aberrantes son los que, aquí y al otro lado de la frontera, justifican la desconfianza en el poder judicial chileno. Mientras el gobierno busca furibundo la extradición de un ciudadano acusado de ser el autor intelectual del asesinato del ideólogo de la dictadura, Jaime Guzmán, el poder judicial absuelve a los autores del asesinato de dos militantes de la resistencia, ocurrido dos años antes y que está probablemente en el origen de la conspiración para asesinar al senador. La obscenidad ideológica de esta situación es evidente. Por otro lado, la CS condenó a los encubridores del homicidio en Colonia Dignidad a un año y medio de prisión remitida, pero con el voto en contra de los jueces Segura y Ballesteros, que preferían aplicar la prescripción penal, pese a los tratados que los jueces borran tan frecuentemente con el codo. Nuestro poder judicial no ha sido purgado. Lo demuestra este fallo.
lísperguer