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no se sabe qué pasó con pablo


Testimonio por la desaparición de Pablo Miguez, secuestrado en 1977, a los 15 años. En la causa que investiga los crímenes cometidos en El Vesubio, Lila Pastoriza relató su encuentro con Míguez en la ESMA: "Me contó que lo habían torturado delante de su madre para que ella diera los datos de una hipoteca o una casa que tenían", dijo.
[Alejandra Dandan] Argentina. "No es que haga diferencias pero es un caso especial", dijo Lila Pastoriza. "A 33 años no se sabe nada de lo que pasó con Pablo, nunca nadie dijo nada. No sé por qué razón lo llevaron por distintos campos, si es que estaba tomada una decisión, si la estaban retardando. Lo sometieron a un deambular por los centros clandestinos, hay puntas para investigar qué pasó con él, hay gente que lo decidió y gente que lo ejecutó, que eran los dueños de la vida. Que hablen, no porque eso vaya a resolverlo, sino que permitiría avanzar con el conocimiento de la verdad. Si la conciencia les pesa, decirlo los va a aliviar."
Lila Pastoriza es una de las sobrevivientes de la ESMA. Ya había declarado en el juicio por los crímenes en el centro clandestino de los marinos, pero el miércoles pasado la convocaron como testigo en la sala donde se investigan los crímenes del Vesubio. Pablo Míguez es el adolescente de 15 años secuestrado el 12 de mayo de 1977, a la madrugada, de una casa de Avellaneda. Lo secuestraron con su madre Irma Beatriz Sayago o Violeta como la llamaban en el centro, y Jorge Antonio Capello, su compañero. Pablo pasó varios meses en El Vesubio, y seguramente después del 10 de agosto, tras un traslado masivo, lo llevaron a la ESMA, dijo Lila. Ahí estuvo aproximadamente un mes y medio en Capuchita, al lado de Lila, y frente a los gritos de la sala de torturas.
Capuchita era el espacio de los secuestrados del GT3 de la ESMA y de los grupos operativos que estaban vinculados con ellos. Lila era una secuestrada de la Marina y había sido detenida por el SIN, estaba ahí con otros compañeros. En un lugar bastante precario, dijo, con veinte cuchetas, tabiques con colchonetas y dos cuartos de interrogatorios o torturas. Cuando no estaba en funcionamiento, es decir, cuando, como ellos decían, "no estaban trabajando", los cuartos se usaban para que los detenidos sometidos como mano de obra esclava hicieran trabajos de archivo con los diarios. Lila era una de ellos. El 10 de agosto, contó, hubo un gran traslado que por diversas razones no va a olvidar. Llegaron otros grupos con detenidos de la Aeronáutica, en un escenario "terrible con situación de constantes picanas", picanas móviles y el guardia que trajo a Pablo se paró delante de Lila, frente al cuartito, y le dijo algo así como: "Mirá a lo que hemos llegado". Le levantó la capucha a Pablo. "Era flaco, alto, esmirriado, y estaba con ropa un poco rosa, por eso al principio pensé que era una chica."
En ese mes y medio Pablo habló mucho. En general lo dejaban hablar, explicó, le pusieron un tabique blanco, y decían que eso era de la gente que iba a ser liberada. No lo torturaron, no lo interrogaron. En verdad nadie habló con él en todo el tiempo que estuvo, señaló. "No tenía interrogador, aunque siempre era mejor tener a alguien, aunque más no sea para hablar. Bah, teníamos dueño."
En la ESMA, Pablo hablaba con alguno de los guardias. Entre ellos, Lila mencionó a Chispa. "Lo que pedía –dijo– era que lo lleven con su papá, que no era un militante político."
Durante la estadía, cuando podían hablar, Pablo le contó a Lila de El Vesubio. De su secuestro, del hermano del compañero de su madre, también de apellido Capello, que había sido uno de los militantes del ERP ejecutados de Trelew. Le contó, además, que tenía otros dos hermanos. Que el día del secuestro habían levantado a la madre y su pareja, pero que luego también volvieron por él, que estaba más arriba. Apenas llegaron a El Vesubio, recordó, estaban torturando a su madre, a Capello y a Luis, otro secuestrado con ellos.
Además, le dijo, lo dejaban andar por ahí, aunque no sabía por qué. Le dijo que no se despidió de su mamá, que la madre estaba en la cocina donde se hacía el café a los represores. Sí le contó que "la tortura era constante", que la comida era muy mala. "No sé si era flaco porque siempre fue flaco o porque estaba mal. Me habló de la enfermería, que era un lugar en el que torturaban, que había más de una casa y me dijo: ‘A la gente la matan’." En ese momento, Lila le preguntó cómo lo sabía, y él le dijo que era porque había leído en un diario la noticia sobre los muertos en el falso enfrentamiento de Monte Grande. Y le aclaró que eran todos los que estaban con ellos.
"Era un chico muy alegre, tremendamente vivaz", dijo. "Sabía dónde había estado y dónde estaba, a mí nunca me contó detalles de lo que había vivido ahí adentro, lo que sí me contó es que lo habían torturado delante de su madre para que ella diera los datos de una hipoteca o de una casa que tenían. Yo me puse tan mal que me dijo: ‘Calmate, no me dolió tanto...’."
Pablo tenía pesadillas, soñaba con la madre. "No había visto yo casos de este tipo –dijo–, uno se acostumbra a muchas cosas, pero ésta era una situación de un chico que además aparecía más chico."
Un día de finales de septiembre la levantaron para llevarla al baño. Estaba tabicada. A la vuelta vio que se abría una puerta y uno de los "Pedros", los encargados de la seguridad, alguien que en este caso mencionó como "Pedro Willy", se lo llevó de la mano con el tabique puesto. Fue la última vez que lo vio. "Era un día de varios traslados, pero no era un día de traslado masivo, como alguna vez creí, porque esos días no me llevaban al baño, se habían llevado a tres o cuatro, y generalmente era para llevarlos a otro centro clandestino o iban a ser liberados, pero nosotros nunca lo sabíamos."
Lila quiso pensar que lo habían liberado, contó, pero el día antes de declarar ante la Conadep, alguien le dio un volante con la cara de Pablo que decía que no había aparecido nunca.
En la audiencia, mientras los querellantes le preguntaban, Lila, que investigó qué pasó antes y después con la vida de Pablo, señaló otros detalles de la estadía de él en El Vesubio. Entre otros casos, que a la noche lo llamaba el jefe para jugar al ajedrez. "Que los guardias eran muy bravos, después supe que había visto cuando violaban a su madre y, por comentarios del GT3, supe que había un lugar terrible que le decían La Ponderosa, por las cosas que pasaban ahí adentro, y mucho tiempo después supe que La Ponderosa era El Vesubio."
Otro sobreviviente del centro clandestino ubicado cerca del cruce entre Camino de Cintura y la Ricchieri ubicó a Pablo más tarde en la comisaría de Valentín Alsina, en Lanús. El ex secuestrado era Juan Farías, a quien terminaron legalizando más tarde en la cárcel de La Plata. El ingreso de Pablo en Valentín Alsina coincidió con la legalización de otro detenido que estaba ahí. La comisaría aparentemente era eso, uno de los lugares que se usaban para blanquear detenidos. Juan Farías tiempo después le contó a Lila que a Pablo lo llevaron ahí, que estaba muy bien, muy entero, convencido de que iba a salir en libertad y que cuando él se fue todavía estaba adentro.
Entre las personas a las que Lila dice que todavía hay que buscar está el cabo Pino, de la comisaría de Alsina. Era una de las personas que más los maltrataban, contó; en ocasiones los hacía comer con las manos atadas en la espalda mientras él les ponía la comida en la boca.
11 de octubre de 2010
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piezas de rompecabezas


El abogado del ’Tuso’ resultó vecino de oficina del ex senador Mario Uribe y de finca de Santiago Uribe Vélez, señalados como coautores del complot. Un implicado implicó al ex presidente Alvaro Uribe. Apareció muerto el 23 de abril de 2009, tres semanas después de salir de la cárcel.
[Daniel Coronell] Colombia. Juan Carlos Sierra, alias ’el Tuso’, cuya declaración fue revelada por El Espectador, puede ser la pieza clave para armar un enorme rompecabezas. Él y algunos allegados suyos conectan varias historias de los últimos años.
Libardo Duarte, conocido como ’Monomaicol’ o ’Bam Bam’, fue durante mucho tiempo el lugarteniente del Tuso. Un buen día, una carta suya llegó a manos del entonces presidente Álvaro Uribe. Duarte estaba preso en La Modelo, y los internos deben registrar la salida de correspondencia; pero esta carta no tenía sello de salida de la cárcel, tampoco de radicación en la Casa de Nariño.
La misiva del recluso, escrita en una bella caligrafía, había aparecido sobre el escritorio del primer mandatario sin explicaciones. Allí aseguraba que a través de un hueco, que conectaba dos celdas, el paramilitar Francisco Villalba le había ofrecido 250 millones de pesos para que declarara en contra de Álvaro Uribe.
De acuerdo con la epístola, Villalba quería compartir con su amigo Duarte 500 millones de pesos que le habían entregado Gustavo Petro, Piedad Córdoba y Daniel Coronell para desacreditar al presidente, vinculándolo con una masacre. Según la versión del ex director de Inteligencia del DAS Fernando Tabares, por esa misma época el secretario general de la Presidencia, Bernardo Moreno, les señalaba a él y a la directora María del Pilar Hurtado que esas tres personas (Petro, Córdoba y Coronell) y la Corte Suprema de Justicia eran los blancos de mayor interés para el presidente de la República.
Para colmo de casualidades, por esos días, y también sin número de radicación, el entonces Jefe de Estado recibió otra carta desde la cárcel. La firmaba el propio Francisco Villalba, quien le pedía perdón por haber hecho una declaración en su contra y se regocijaba porque había sido tocado "por el espíritu de Dios, a través de nuestro señor Jesucristo".
El plan se les cayó porque las dos cartas estaban escritas con la misma letra. Esa letra es idéntica a la de otro recluso, Jesús Amado Sarria, viudo de ’la Monita Retrechera’ y protegido por una trabajadora social que resultó compañera del grupo de oración del secretario jurídico de Palacio, Edmundo del Castillo.
Villalba reveló, inmediatamente, que Sarria le había hecho firmar un papel en blanco para trasladarlo a un patio mejor. Sostuvo esa versión y sus señalamientos contra Álvaro Uribe hasta cuando lo mataron, el 23 de abril del año pasado, tres semanas después de salir de la cárcel.
Otra célebre carta sin radicación la recibió el entonces mandatario de José Orlando Moncada Zapata, alias ’Tasmania’, en lo que ya está judicialmente probado como un complot contra el magistrado auxiliar de la Corte Suprema que investigaba la parapolítica y, particularmente, al senador Mario Uribe.
El hombre que movió la carta de Tasmania fue su abogado, Sergio González, a la vez apoderado del Tuso. La ex directiva del DAS Martha Leal declaró que por instrucciones de Bernardo Moreno fue a Medellín -con cargo a gastos reservados- para recibir la carta de manos del abogado González.
Cuando Tasmania se retractó, aseguró que el Tuso le había prometido una casa para su mamá a cambio de su declaración. El abogado del Tuso resultó vecino de oficina del ex senador Mario Uribe y de finca de Santiago Uribe Vélez, señalados en otro testimonio como coautores del complot.
Como si fuera poco, el abogado González fue uno de los precursores de la visita de alias ’Job’ a la Casa de Nariño y el hombre que relacionó al DAS con un fotógrafo que vendió una información contra Yidis Medina, después de que ella declaró que le habían comprado el voto para aprobar la primera reelección.
Ahora, su mandante el Tuso atestigua sobre los favores que le hizo Mario Uribe. Cuenta que lo recomendó con el ministro plenipotenciario de la Embajada en España, Ignacio Guzmán. Según el extraditado, eso fue como andar con pasaporte diplomático mientras hacía sus vueltas de narcotráfico. También revela los negocios de fincas que hizo con el primo del presidente y habla de los apartamentos que le cedió y las camionetas que le regaló.
Estamos cerca de llenar el álbum.
11 de octubre de 2010
9 de octubre de 2010
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felipe muñoz sabía todo


Alba Luz Flórez, la ex detective que espió a la Corte Suprema, asegura que el actual director del DAS, Felipe Muñoz, se enteró de lo que ella hacía y trató de ocultarlo. Teme por su vida, pero no dice que quién la quiere muerta es su antiguo jefe, el presidente Uribe.

Colombia. SEMANA: El actual director del DAS, Felipe Muñoz, dice que a usted no se le debe creer porque salió de la institución por tratar de robar recursos de los gastos reservados. ¿Qué le responde?
Alba Luz Flórez: Me extraña el procedimiento del doctor Felipe Muñoz, porque él tiene pleno conocimiento de lo que yo hice para el DAS. Él sabía de las acciones que se realizaron para tratar de encubrir lo que hoy sabe la opinión pública. Se lo contaba el doctor Wilson Puerto Cantor, director de la Oficina de Fuentes Humanas, a quien le manifesté que había que pagarles a las personas que nos ayudaron con la fuente. Todo el tiempo ha estado enterado.

Sin embargo, el director Muñoz dice que él ha ayudado a la investigación para conocer la verdad de este caso.
Todo lo contrario. Felipe Muñoz me ha perseguido. No comprendo, por ejemplo, por qué ahora entabla una denuncia penal contra mí por la entrega de información reservada a la Fiscalía. Él sabe plenamente que esa información es producto de los seguimientos. ¿Entonces, dónde se ve la disposición real de colaboración con la justicia? Posiblemente está escondiendo algo. Ese peculado que me atribuyó era para esconder esta verdad que hoy en día sabe todo el mundo.

¿De qué manera se ha sentido perseguida?
Recién se empezó a conocer lo que se había hecho en el DAS, Felipe Muñoz ordenó trasladarme varias veces para alejarme y callar a las personas que estábamos adelantando esas actividades en la Corte. Después, me declararon insubsistente y me hicieron ver ante la opinión pública como una delincuente. Luego, un agente del DAS llamado Jack Musikka Beltrán fue visto por testigos saliendo del DAS con publicaciones que me afectaban. Se reunió en su casa y en la de la señora Nubia Esperanza Castellanos, y repartieron en los 210 apartamentos del conjunto donde yo vivía información contra mí. Decían que soy una delincuente y una prostituta. Que la Mata Hari me quedó en pañales. Era una campaña de desprestigio contra mí.

Además de la campaña de desprestigio que usted señala, ¿se sintió en peligro?
Yo sentí que mi integridad física estaba en riesgo cuando empezaron a distribuir esa información. El DAS no utiliza este protocolo amenazante, sino que cambia su estrategia intimidatoria para provocarme temor. Decidí protegerme y ocultarme.

¿Y cómo se oculta?
Me disfrazo. Uso pelucas, utilizo a veces ropa de hombre. Son medidas de autoprotección, porque no cuento con ningún tipo de protección y me la estoy dando yo.

¿Creía que la iban a matar? ¿Es verdad que se vestía como indigente para que no la reconocieran?
Tenía mucho temor. Me decía: "Dios, van a acabar con mi vida, me van a matar, me van a callar". Sufría tanto que decidí no volver a mi casa sino quedarme en lugares diferentes y vestir como una indigente para ocultarme. Yo veía a un habitante de la calle comiéndose un pan y deseaba ser él, que solo tenía ese pan pero estaba tranquilo. Yo, en cambio, estoy perseguida, amenazada y sola.

¿Dónde dormía? ¿Qué comía?
En hoteles para personas muy pobres. No podía ir a mi casa. Estuve varios días sin comer. Tampoco me daba hambre. La crisis era tan terrible que no podía comer. Solo pensaba en que me iban a matar en cualquier momento. Pensaba mucho en mi familia, en mis seres queridos.

En medio de esa desesperación siempre quedaba la puerta de la justicia para contar lo que había pasado. ¿Contempló esa posibilidad?
Claro, yo hablé con William (Romero, ex director de Fuentes Humanas del DAS). Le dije: "Busquemos ayuda". Él me decía que no había nada, y yo respondía que no podíamos subestimar la labor de la justicia. Decidí ir directamente a donde el doctor Misael Rodríguez, el fiscal que lleva la investigación, y le dije: "Yo soy la que están buscando". Le dije: "Estoy acá para contarle lo que ha pasado". También le dije que sobre las fuentes no podía dar información, porque eran personas que yo manipulé. Les garanticé que nada les iba a pasar, que las iba a proteger.
Él me manifestó que no había manera de protegerlas con el silencio, porque tenía muchísima información de los que le ayudaron. Me dijo: "Si usted quiere realmente colaborar con la justicia, tiene que decir toda la verdad". Fue algo terrible. Yo prefería morirme antes que delatar a esas personas.

Para cumplir su misión usted reclutó al mayor de la Policía Frank Grijalba, coordinador de seguridad de la Corte Suprema, a dos señoras de los tintos, al conductor y a uno de los escoltas del magistrado Iván Velásquez, y usó como contacto a un ex novio suyo, el mayor Julián Laverde. ¿Qué ha sabido de él?
Lo último que supe es que empezó un proceso disciplinario en su contra y que posiblemente lo destituyeron, pero no he podido saber de él. Me preocupa mucho su situación. No solamente la de él, sino la de María y la de Yaneth también. María pasó unos momentos terribles. Cuando yo vi que María estaba en el hospital, sentí mucho dolor. Sentía remordimiento al pensar que ella estaba sufriendo por mi culpa. Durante varios días no pude conciliar el sueño por lo de Betty (nombre clave en la operación)… y por lo de Yaneth.

¿Y qué supo de María, que hasta hace unos días servía café en la Sala Penal de la Corte?
Que estuvo muy agobiada, muy angustiada. Me sentí muy mal cuando la oí decir en las noticias que yo había llegado como un ángel, pero que no se imaginó que era un ángel para embrutecerlos, decía ella. Me sentía culpable y le he pedido a Dios que me dé la oportunidad, algún día, de mirarlos a los ojos y pedirles que me perdonen porque todo ese sufrimiento que están llevando en sus espaldas es por mi culpa. Yo quisiera hablar con ellos, pero pienso que en este momento me deben odiar.

Usted es una mujer joven y atractiva; aprovechó una antigua relación sentimental para acercase a su blanco. ¿Hasta dónde estaba decidida a llegar para cumplir su misión?
Pues sí… Estuve a punto de estar otra vez con Julián, a pesar de que ya no lo quería. Lo estimaba mucho, pero no era el hombre que amaba. Fue algo extremo a lo que estuve dispuesta con tal de dar resultados. Necesitaba hacer eso: conquistar a Julián, que él me colaborara. Y me favoreció que ya lo hubiera conocido. Pero no es fácil acercarse a una persona por la cual ya no se siente nada.

Algunos implicados que estaban arriba en la cadena de mando del DAS dicen que a usted la mandaron a conseguir información, pero no a grabar, que eso fue algo que hizo por su propia cuenta. ¿Qué les responde?
Es ilógico pensar que un detective con un salario básico de 1.200.000 pesos vaya a actuar por su cuenta. ¿De dónde salen los dineros que se les dieron a las fuentes? De los gastos reservados. ¿Con qué se pagó mi fachada como vendedora de productos Omnilife y estudiante? Mi jefe me dijo: "Necesitamos grabaciones de lo que se discute al interior de la Corte". ¿Cómo alguien con ese sueldo puede conseguir una grabadora que cuesta millones de pesos?

¿Por qué dice usted que vale tanto esa grabadora?
No es cualquier grabadora, es un aparato de una tecnología impresionante. Mide más o menos tres centímetros de largo y tres milímetros de grosor. Es muy fácil de camuflar. Puede grabar a grandes distancias. Es una grabadora de espionaje.

¿Quién le entregó a usted ese equipo?
Mi jefe, el señor William Romero, me los envió a través de mi oficial del caso, y después me dijo: "Mira, estas son grabadoras de larga duración, no hay ningún problema con ponerlas dos o tres horas antes, para que no despierten sospechas y se pueda grabar lo que más se pueda". Más o menos tenía un cubrimiento de seis horas, suficiente para una sesión de la Sala Plena o la Penal.

¿Cómo recibió la orden para esta misión, llamada Plan Escalera?
El señor William Romero me dijo: "He estado reunido con la doctora María del Pilar y con el doctor Fernando Tabares, y me manifestaron que necesitan personal para que adelanten estas actividades en la Corte. Actividades de espionaje a la Corte, por unos posibles nexos que existen de grupos al margen de la ley con los magistrados de la Corte Suprema de Justicia".
Después vino una orden institucional y se definió la misión. No decía el blanco como tal -Corte Suprema de Justicia-, porque es un trabajo de encubrimiento, sino se denominaba ’Bacrim’. Pero el objetivo final era buscar información privilegiada en la Corte Suprema de Justicia.

En su interrogatorio usted dice que en 2008 recibió la instrucción de llevar información sobre el proceso por parapolítica contra el senador Mario Uribe, luego ahí no se estaba investigando ninguna relación de los magistrados.
Sí, claro, pero es que yo no puedo cuestionar ese tipo de órdenes, porque vienen de mi superior. Si no las cuestiona mi jefe, ni la doctora María del Pilar, por qué yo, que soy el último eslabón, iba a hacerlo. Yo no podía indagar, sino tenía que cumplir. En el DAS se maneja un principio de compartimentación que consiste en que el detective solamente debe enterarse de la información que le compete.

Una vez recibe la orden, ¿usted decide autónomamente la estrategia?
No, toda la estrategia es consultada con mis jefes. Como era una oficina de Fuentes Humanas, se basaba en el reclutamiento de fuentes efectivas que nos suministraran información privilegiada. La coordinación de las grabadoras y todos los expedientes que se debían sacar y toda la información que se debía recolectar ya era hablada con mi jefe, y mi jefe a la vez con sus superiores. Fue un trabajo sistemático, organizado y orientado.

En algún momento en su declaración cuenta que le dijo a uno de sus reclutados: "Usted no trabaja para la Corte Suprema de Justicia, todos trabajamos para el presidente de la República". ¿Usted sentía que estaba trabajando para el presidente?
Es que el presidente Álvaro Uribe era mi ídolo y yo, como funcionaria del DAS, como mujer de Inteligencia, tenía que ser fiel a mi institución y a lo que tenía que ver con seguridad nacional. Cuando uno ingresa al DAS o a la Policía, como que le implantan el chip de la seguridad nacional. Yo sentía eso y se lo hacía sentir a ellos. Es que es la seguridad nacional, es el Presidente. Yo lo sentía así.

¿Su relación se limitó a su jefe?
A mi jefe y a mis oficiales de caso. Hasta ahí llegó.

¿Usted no puede dar constancia de que la orden venía de María del Pilar Hurtado?
Doy constancia, porque eso era lo que me manifestaba mi jefe, "que la doctora María del Pilar está contenta con su gestión, y Tabares". Pero nunca, en ningún momento, tuve reunión con ella.

¿Solo cuando SEMANA destapó el caso de las ’chuzadas’ usted descubrió el alcance de lo que había hecho?
Fue un momento terrible. Nunca me imaginé que fuera a salir a la luz pública todo esto. Nadie esperó eso. Yo sentía que me iba a enloquecer. Me llamó un compañero y me dijo: "Alba, aquí llegó la Fiscalía con nombres propios: Samanta, su seudónimo, Alba Luz y su clave 1066 y sus carpetas operativas, administrativas, las personas que trabajamos en el Plan Escalera". Fui y busqué a mi jefe, William Romero, y le dije: "Mire este problema tan terrible", y me contestó: "Sí, yo me enteré, pero no hay nada. Nosotros ocultamos la identidad de las fuentes", me dijo. Entre otras cosas, yo había entregado los números de las líneas de los magistrados y los investigadores. Cada vez que ellos cambiaban de teléfono, el DAS lo sabía.

¿Y a quién le entregaba esa información?
A mi jefe, al señor William Romero. Él me manifestaba que esa información no se desviaba sino que los únicos receptores iban a ser la doctora María del Pilar y el Presidente. Ahora me doy cuenta de que mi información alimentaba muchas áreas de Inteligencia.

Usted está en el programa de protección a testigos. ¿La están protegiendo efectivamente?
No, señor. Hace aproximadamente un mes la señora Fanny, del Programa de Protección de Víctimas y Testigos, me hizo la entrevista, me manifestó que se me iba a hacer un estudio del nivel de riesgo de mi condición. Pero hasta ahora, no hay nada.

¿Es cierto que usted sacó del país unos documentos para protegerse?
Sí, eso es verdad. Lo hice porque William me dijo: "Alba, se dio la orden de destruir". Entonces los dos dijimos: "¿Por qué destruir? Si llega a pasar algo, ¿cómo podemos manifestar lo que realmente sucedió?". Entonces él me dijo que como la situación estaba tan complicada hiciéramos un backup ante alguna eventualidad. "Guardemos esto, y que sea como un comodín, como un seguro de vida, como un seguro de salvación para un proceso judicial o algo así".

¿Usted conserva todavía esas copias en lugar seguro?
Se las entregué a la Fiscalía, y les hice un backup que está en un lugar seguro.

¿Y si a usted le llega a suceder algo?
Hay instrucciones precisas, y la justicia conoce esos documentos.

¿Qué piensa del remoquete de Mata Hari que le puso la prensa?
Yo soy Alba Luz. No me pueden comparar con nadie más. Yo soy única. Además, la Mata Hari murió en una forma terrible, fusilada. No quiero que me comparen con ella. No me merezco eso. Llámenme Samanta, Alba Luz, como soy yo, por favor.
11 de octubre de 2010
9 de octubre de 2010
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murió gloria stuart


Actriz de ‘Titanic’. Actriz estelar en los años treinta que abandonó la actuación para dedicarse al arte y fue redescubierta décadas después en el papel de sobreviviente del Titanic.

[Dennis McLellan] Murió Gloria Stuart, actriz principal en los años treinta en Hollywood, que fue nominada a un Oscar por su primer papel significativo en casi sesenta años -como la vieja Rosa [Old Rose], la centenaria sobreviviente del Titanic en la película de James Cameron, que recibiera un Oscar en 1997.
Stuart, miembro fundador del Gremio de Actores de Cine que más tarde llegó a ser una lograda pintora y fina imprentera, falleció el domingo noche en su casa en West Los Angeles, informó su hija, Sylvia Thompson.
Hace cinco años a Stuart le habían diagnosticado un cáncer al pulmón.
"También había sobrevivido a un cáncer a las mamas", dijo Thompson, "pero no le prestaba atención a la enfermedad. Era una mujer muy fuerte y tenía otras cosas que hacer".
En julio, la actriz recibió un homenaje en la Academy Centennial Celebration With Gloria Stuart, en el Teatro Samuel Goldwyn, en Beverly Hills.
"En los años treinta era una actriz encantadora y guapa y nunca entendí por qué su carrera no llegó más lejos entonces", dijo el crítico e historiador de cine Leonard Maltin, que entrevistó a Stuart en el escenario durante la velada el lunes.
En cuanto al publicitado retorno de la actriz en ‘Titanic’: "Me impresionó la atención que recibió por esa actuación y realmente quería ganar ese Oscar. Pensé que había dado en el clavo en esa película. Fue muy irónica y agradable".
Como una exuberante actriz rubia trabajando para Universal Studios y 20th Century Fox en los años treinta, Stuart apareció con Claude Rains en ‘El hombre invisible’ [The Invisible Man], de James Whale, y con Warner Baxter en ‘Prisionero del odio’, de John Ford.
También apareció con Eddie Cantor en ‘Escándalos romanos’ [Roman Scandals], con Dick Powell en ‘Vampiresas de 1935’ [Gold Diggers of 1935], de Busby Berkeley, y con James Cagney en ‘Aquí viene la Armada’ [Here Comes the Navy]. Y fue la heroína romántica de dos películas de Shirley Temple, ‘Pobre niña rica’ [Poor Little Rich Girl] y ‘Rebeca, la de la granja del sol’ [Rebecca of Sunnybrook Farm].
Pero la mayoría de esos roles, dijo Stuart más tarde, "fueron papeles estúpidos sin nada que hacer" -"chica periodista, chica detective, chica enfermera"- y "se hizo cada vez más evidente que yo no iba a ser una gran estrella como Katharine Hepburn y Loretta Young".
Después de hacer 42 largometrajes entre 1932 y 1939, 20th Century Fox no renovó su contrato. Fue su último contrato con un estudio. En los años cuarenta trabajó en cuatro películas y se retiró en 1946.
Para 1974 la ‘encantadora rubia de las películas sonoras’ se había convertido en una de las entradas del libro de Richard Lamparski, ‘Whatever Happened to’.
‘Titanic’, la película de 200 millones de dólares, del guionista y director Cameron, cambió todo eso.
Stuart fue Rose Calvert, la centenaria superviviente del Titanic que se aparece después de que buscadores de tesoros contemporáneos, revisando los restos del buque hundido, encuentran un retrato de ella, al carboncillo, luciendo un invaluable collar de diamante azul.
La actuación de Stuart como Old Rose es el marco del drama romántico de 1977 con Leonardo DiCaprio como el artista de clase baja, Jack Dawson, y Kate Winslet como la joven de clase alta, Rose.
En ‘Gloria Stuart: I Just Kept Hoping’, su autobiografía de 1999, dice que después de leer el guión, "sabía que el papel que quería y por el que había esperado durante tantos años al fin le había llegado. Podía imaginarme muy bien en el papel de Old Rose".
Cameron dijo al Times, en una entrevista en 1997, que eligió a Stuart porque estaba "buscando a un profesional de los años treinta y cuarenta, alguien jubilado, quizás después de haber estado por un tiempo fuera del radar de Hollywood".
"Tenía que ser alguien que representaría la última parte de la vida de alguien a la que reconoceríamos, Kate Winslet, así que no podía ser alguien como Katharine Hepburn. Nos acordábamos muy bien de cómo se veía de joven", dijo Cameron. "Gloria se había alejado lo suficiente, y el resultado fue una fantástica actuación".
A los 87, Stuart se convirtió en la actriz de mayor edad que haya sido nominada a un Oscar.
Además de las nominaciones al Oscar y al Globo de Oro, ganó el premio del Gremio de Actores de Cine [Screen Actors Guild] por su extraordinaria actuación, como actriz, en un papel secundario (con Kim Basinger, que ganaría un Oscar por ‘Los ángeles al desnudo’ [L.A. Confidential].
En la exitosa secuela salpicada de premios, Stuart llegó a inundarse de cartas de admiradores y peticiones de entrevistas. También tuvo que aceptar que la reconocieran en el supermercado y a ver sus películas en la televisión. La revista People llegó a llamarla una de las cincuenta personas más hermosas del mundo.
En 2000, varios cientos de admiradores se reunieron en el Hollywood Boulevard, junto al Teatro Egipcio, para la inauguración de la estrella de Stuart en el Paseo de la Fama de Hollywood.
"No puedo describir lo gratificante y pleno y cálido que es", dijo en la ceremonia. "Me despierto cada día y me digo: ‘Que vida tan maravillosa. Que afortunada soy’".
Californiana de tercera generación, nació el Cuatro de Julio de 1910 como Gloria Stewart, en Santa Monica. Más tarde cambió su apellido a Stuart, calculando que las seis letras coordinarían perfectamente con las seis letras de ‘Gloria’ en la marquesina del teatro.
En la secundaria siguió cursos de cuento y poesía y trabajó como periodista voluntaria en el Santa Monica Outlook.
Cuando estudiaba en la Universidad de California en Berkeley, donde actuaba en un grupo de teatro universitario, Stuart conoció a un guapo joven escultor, Gordon Newell. Se casaron en 1930 y se mudaron a Carmel, donde ella trabajó en el diario local y actuó en pequeñas producciones teatrales.
En 1932, después de tomar el papel de Masha en la producción de ‘La gaviota’, de Chéjov, de un pequeño teatro en Carmel, el director visitante le pidió volver a hacer el papel en otro pequeño teatro de la región de Los Angeles.
Directores de reparto tanto de Paramount como de Universal vieron su actuación y le ofrecieron hacer una prueba de cámara. Terminó firmando un contrato de siete años con Universal, a razón de 125 dólares a la semana, incluyendo lecciones de canto y actuación.
Stuart empezó a participar en actividades sindicales mientras rodaba la comedia de horror de Whale de los años treinta, ‘El caserón de las sombras’, con Boris Karloff and Melvyn Douglas.
"Todos estábamos exhaustos después de largas jornadas de trabajo, y Melvyn Douglas se inclinó sobre mí de modo teatral", contó en una entrevista con Los Angeles Times n 1998. "Susurró en mi oído la palabra ‘sindicato’. Y yo pensé, ‘Sí’".
En la época, según escribió en su autobiografía, "los actores tenían jornadas larguísimas, especialmente las mujeres, porque en las mañanas estaba incluido el tiempo que dedicábamos al peinado y al maquillaje. Las comidas eran servidas a conveniencia del equipo de producción. No había asignación por el tiempo gastado en el viaje, no había horas de descanso fijas, no se pagaban las horas extras ni el sobretiempo doble. Y si un actor de contrato rechazaba un papel elegido por el estudio, él o ella eran suspendidos sin paga, y el tiempo se agregaba al contrato".
Pese a la resistencia del estudio, en 1933 se fundó el Gremio de Actores de Cine.
Tras descubrir la política como "pato el agua", Stuart ayudó en 1936 a formar la Liga Antinazi de Hollywood, el mismo año que ella y la escritora Dorothy Parker ayudaron a organizar la League to Support the Spanish War Orphans [Liga de Apoyo a los Huérfanos de la Guerra Española]. También se hizo miembro del Comité Demócrata de Hollywood y estuvo en el directorio ejecutivo del Comité Demócrata del estado de California.
La incipiente carrera cinematográfica de Stuart sufrió un traspié con su matrimonio con Newell y su divorcio posterior. En 1934 se casó con el guionista Arthur Sheekman, con el que tuvo a su hija Sylvia.
Stuart, cuya carrera en Universal no lograba despegar, firmó contrato con 20th Century Fox en 1935.
Después de que, en 1939, Fox se negara a renovar su contrato, trabajó en teatro de verano en la Costa Este y intentó sin éxito hacerse un hueco en Broadway antes de volver a Hollywood y dirigir sus energías creativas hacia el arte del decoupage. Abrió una tienda en La Ciénaga Boulevard, llamada Décor Ltd., que llevó durante más de cuatro años.
En 1954, inspirada por una exposición de pinturas impresionistas en París, empezó a pintar. Su primer espectáculo unipersonal en las Hammer Galleries en Nueva York en 1961, fue un éxito de crítica. Art News la llamó "una hábil ingenua, con una seductora variedad de temas". Luego expondría en importantes galerías.
En 1975, cuatro años después de que su marido contrajera Alzheimer, Stuart decidió volver a la actuación. De 1975 a 1988 tuvo cerca de una docena de papeles en televisión y cine, incluyendo un baile con Peter O’Toole en una escena en un club nocturno en la película ‘Mi año favorito’ [My Favorite Year], de 1982.
Cuando su marido enfermó, Stuart siguió un curso sobre el bonsai. Se convirtió en un miembro honorable de los clubes locales de bonsai, y sus árboles forman parte de la colección en la Biblioteca Huntington, Colecciones de Arte y en los Jardines Botánico de San Marino.
Cinco años después de la muerte de Sheekman en 1978, Stuart reanudó su amistad con un viejo amigo de sus años en la universidad: Ward Ritchie, que se había convertido en un renombrado pintor. La amistad creció rápidamente hasta convertirse en un romance de otoño. Gracias a Ritchie, Stuart se interesó en la impresión tipográfica y se compró su propia imprenta.
Dedicaba gran parte de su tiempo a diseñar e imprimir libros de artistas (hechos a mano, ediciones limitadas de libros impresos, con su propia gráfica y escritura). Su trabajo se encuentra en el Museo J. Paul Getty, de Los Angeles, el Museo de Victoria y Alberto, de Londres, y otros.
Cerca de cuatro meses después de la muerte de Ritchie en 1996, a los 91, Stuart recibió una llamada del director de reparto de James Cameron, Mali Finn.
"Al día siguiente, Jim llegó con una cámara de video", contó Stuart al Times en 1997. "Le leí cerca de una hora, luego, como no oía nada, le escribí un carta y le dije: ‘He vuelto a leer el manuscrito y debería haberlo leído con más atención’. Se lo mandé por correo el viernes y el lunes Mali Finn llamó y dijo: ‘¿Te gustaría ser Old Rose? Me puse a gritar y a aullar".
Además de su hija, a Stuart la sobreviven cuatro nietos y doce biznietos.
11 de octubre de 2010
27 de septiembre de 2010
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laura bonaparte


La historia de una Madre de Plaza de Mayo que perdió a tres de sus hijos fue escrita primero por la periodista francesa Claude Mary para el diario francés Libération. Esta nueva versión en castellano de la vida de una madre, que además es psicóloga y feminista, lleva prólogos de Tununa Mercado y Marta Vasallo. Página/12 publica este capítulo como adelanto del libro de la editorial Marea.
[Claude Mary] La Plaza. Los jueves a la tarde nos encontramos en la Plaza de Mayo. A medida que pasa el tiempo, alguna de nosotras falta a la cita. Casi todas hemos superado los ochenta años. Los empleados de ese barrio de ministerios y de bancos cruzan la Plaza en forma rápida, ya acostumbrados a nuestra presencia.
Siempre nos acompañan personas solidarias, ya sean militantes de la agrupación HIJOS, algún periodista extranjero, o turistas que no dejan Buenos Aires sin pasar por la Plaza. También llegan del interior del país familias que les explican a sus hijos el significado de las siluetas blancas pintadas en el piso.
En la Plaza, la ronda empieza a las 15.30. Yo tomé como costumbre llevar mi pañuelo blanco y el cartel sobre el cual pegué las fotos de mis hijos, de sus parejas y del padre de mis hijos.
Nuestro movimiento tiene una trayectoria muy amplia. Pero siempre insisto en recordar que los protagonistas de la historia, los que lucharon, pagando el precio con su vida, a favor de la justicia legal y social, son los desaparecidos. Fueron ellos quienes sembraron las semillas de cómo pueden desarrollarse las luchas populares en nuestro país. Preservar sus nombres, sus historias de vida, es lo que más importa.
A medida que pasaba el tiempo, me fui preguntando dónde nos ubicó la sociedad. Algunos argentinos dicen que no se atreverían a dirigirles la palabra a las Madres, que no sabrían qué decirles. Como si hubieran delegado en nosotras la tarea de "hacer algo a favor de los desaparecidos".
En definitiva, ¿no habrá sido más sencillo hacer recaer todo sobre nuestras espaldas? Como si acaso esta tragedia concerniera solamente a las Madres, a las Abuelas, a los Familiares, a los jóvenes de HIJOS.

Madres de la Plaza
Quedan vacíos enormes en la historia de nuestro país. Un solo desaparecido es una pérdida irreparable para la sociedad en su conjunto.
Pero al mismo tiempo, me pregunto si las Madres no nos apresuramos en ocupar ese primer plano. Cuando volvió el régimen democrático, tomamos conciencia de la notoriedad que fuimos adquiriendo: tuvimos acceso a un lugar de poder, después de haber sido la esposa de, la madre de... Resulta que todo lugar de poder transforma las actitudes, el modo de actuar, de pensar, de hablar.
De la misma forma que la Virgen María ha trascendido por la inmolación de su hijo, la muerte de sus hijos arrancó a las Madres del anonimato, del modo más brutal. La mayoría de ellas no poseía otra identidad social que aquella que la relacionaba con los comerciantes del barrio, sus amigas, sus vecinas.
Al principio, cada una salió a la calle, sola, para buscar un hijo, una hija. En la mayoría de los casos, no estaban al tanto de las actividades de sus hijos. Una le creyó a su hija cuando le dijo que "enseñaba el catecismo" en una villa. Pero se fue dando cuenta de que se trataba de otra cosa, que sus hijos estaban comprometidos en una lucha política. Otras aseguraban que sus hijos "no tenían nada que ver". Otras esperaron meses antes de presentar un habeas corpus, porque tenían la impresión de que hacerlo era una manera de denunciar a sus hijos, o de acusarlos. Cuando viajaban al exterior, algunas madres se sentían paralizadas por el miedo a las represalias si hablaban de lo que ocurría en la Argentina.
Otras creyeron el rumor según el cual las Madres en el exilio escondían a los desaparecidos. Otras fueron víctimas de alucinaciones. Me pasó a mí también, en Suiza, cuando vi a una jovencita muy alta y flacucha, atrás de quien salí corriendo. Durante algunos segundos, me pareció reconocer la silueta de Irene. Hace poco tiempo hablé con madres que me dijeron que habían pasado por experiencias parecidas.
A pesar de esas similitudes, nos cuesta mucho hablar entre nosotras. Algunas madres lo justificaban diciendo que no pueden pensar solamente en la muerte. Cuando pensaban en su hijo, su hija, los imaginaban vivos, felices, y ponían un cubierto en la mesa para su cumpleaños. Será amor, o la consecuencia de la ausencia; tan insoportable que se termina inventando un fantasma con quien hablar.
Nosotras, que luchamos para que por fin se conozca la verdad, ¿no tendríamos que empezar por hacer conocer nuestra propia verdad? La verdad de nuestra lucha, por supuesto, pero sin ocultar nuestras dudas, nuestras debilidades, nuestros temores. Eso nos haría más humanas. Poco importa si éramos ricas, pobres, católicas o ateas, si estábamos de acuerdo o no con nuestros hijos, si teníamos o no un compromiso político.
Conozco muy bien las dificultades de ese camino, que mi formación y mi profesión me han ayudado a transitar durante tantos años. Quizá algunas madres, solas, no lo pueden hacer.
¡Conozco tanto la alteración que conlleva una desaparición! Cada madre reacciona según lo que ha vivido. Muchas veces, nos ponemos a hablar de los hijos como si fueran chiquitos. ¡Cuántas veces me pasó! Y cuando me doy cuenta, me digo a mí misma: "¿Pero por qué no hablé de otra cosa?"
Y resta también esa dificultad de todas las madres del mundo para separarse de los hijos. Esa ambivalencia entre dos metas: que despliegue sus propias alas, o que ese tesoro tan precioso nos pertenezca para siempre.
¿Por qué seríamos nosotras, Madres de la Plaza de Mayo, la excepción a esa tendencia? Infelizmente, con el pasar del tiempo, puede ocurrir que ese deseo de posesión crezca. Y a veces, la Madre no resiste la tentación de transformarse en la última heroína. Al dolor de la desaparición del hijo se contrapone el goce del papel de Madre, del deber de la Madre de alzarse al máximo de su omnipotencia, al punto de dejar más allá, en la sombra, a los hijos desaparecidos.

Genealogía de una Madre
Trascender el mundo de la familia o del barrio siendo arrasada por la muerte de un hijo, de una hija, lleva consigo consecuencias negativas para la mujer, en ese entonces llamada "madre de desaparecido".
"Desaparecido", "madre de desaparecido", son expresiones completamente ambiguas, inventadas por la crueldad de esos criminales.
La desaparición para un ser humano es una dimensión inalcanzable. Más allá de toda comprensión. Algo impensable, que alude a la invisibilidad. En la vida, nada se pierde completamente. Todo lo real se gasta, se deshilacha, se rompe, pero nada de lo real desaparece.
¿Qué queda de la identidad de una madre cuando sus hijos de desaparecen? Algunas tuvieron el dolor de padecer la desaparición de todos sus hijos. Es el caso de René Epelbaum, fallecida sin nunca haber sabido algo del destino de sus tres hijos secuestrados.

¿Puede Desaparecer la Genealogía?
En mi caso, ¿me considero madre porque Luis está vivo? Pero ¿cuál es mi papel de madre con respecto a mis otros hijos desaparecidos? Quiero que me entiendan bien, estoy hablando de una función materna, y no de la lucha que llevaré hasta mis últimos días para aportar mi testimonio, para intentar saber cuál fue el destino de mis hijos y el de los treinta mil desaparecidos.
Sé que cuesta mucho escucharlo, pero no hay madre si no viven más el hijo o la hija.
Es el/la hijo/a quien significa a la madre. La madre cuyos hijos desaparecieron se encuentra expulsada del significante. Se vuelve el espectro de lo que ha sido. Se la llama "madre del desaparecido" en un lenguaje que la nombra al mismo tiempo que la despoja. Un lenguaje que borra lo que fue y la nombra por lo que ya no es.
Es el motivo por el cual hablo de la crueldad que esos canallas han incrustado hasta en el lenguaje.
Recuperar nuestra capacidad de pensar en medio de tanta brutalidad quiere decir recuperar nuestra dignidad.
Quisiera que estas palabras lleguen a las mujeres que en todo el mundo están viviendo situaciones parecidas a las nuestras. El surgimiento del movimiento de las Madres de Plaza de Mayo, su fenomenal continuidad hasta hoy en día no se deben a heroicas cualidades propias, de nosotras, madres argentinas.

La Solidaridad de las Madres
En julio de 1996 fui invitada por el Partido Verde y el Parlamento Europeo a participar en Tuzla, Bosnia, en un encuentro de Mujeres solidarias con las mujeres de Srebrenica. Las similitudes eran asombrosas.
Una noche de 1995, soldados y policías serbios –y algunos bosnios– irrumpieron en la ciudad de Srebrenica y se llevaron a todos los hombres. Del mismo modo que las Madres, esas mujeres fueron golpeando las puertas de las comisarías, de los tribunales, del Parlamento Europeo, hasta de las Naciones Unidas.
Igual que nosotras, se encontraban y pronunciaban las mismas palabras: "¿A usted también?". En el Tribunal Internacional de La Haya fueron recogidos numerosos testimonios siguiendo el fundamento del artículo, "la voz de las víctimas". Esas voces revelaban los crímenes atroces cometidos y reclamaban que nunca se olvidara Srebrenica.
En Tuzla, una tarde me encontré con un grupo de enfermeras y de médicos catalanes. Estábamos con una mujer bosnia que se negaba a hablar. Lo único que hacía era tejer. Con la ayuda de una intérprete, le pregunté si quería enseñarme cómo se hacía su trabajo. Me senté en un banquito, cerca de ella, con la precaución de no tocarla. Me mostró cómo se pasaba la aguja entre los hilos de la trama. Fue mi turno de probar, pero no lo logré en el primer intento. De repente, la mujer se dio vuelta y con rudeza me trató de torpe, y de repente se puso a sollozar sin poder parar. Lo único que hice fue tomarle la mano. Algo en ella se soltó. Creando esta situación, la ayudé a salir de su "lugar" de víctima a buscar el "tercer lugar", el que permite seguir viviendo.

La Vida Es Más Fuerte
Nosotras, madres de desaparecidos, somos muy similares a todas esas mujeres. No queremos ser reconocidos como madres míticas. No somos seres de excepción, solamente mujeres desesperadas que llegaron a los derechos humanos por sufrir un dolor sin nombre. En la historia de la humanidad no hay una madre que se haya consolado de la muerte de un hijo. ¿Acaso las representaciones de la muerte de Cristo no muestran a María sollozando, desconsolada?
Somos parecidas, y también distintas unas de otras. Las diferencias son las características de todo grupo humano y no resulta fácil hermanarlas. Nuestro grupo tampoco es una excepción en este sentido. Porque somos distintas, la organización de Madres tiene un modo de funcionamiento horizontal. Cada una tiene su propia palabra y su propia voz, sin una presidenta que tenga autoridad sobre las demás. Cada una tiene su conciencia por guía.
Quisiera remarcar que, de modo absoluto, uno quisiera defender los derechos humanos las veinticuatro horas. Pero debemos autorizarnos –sobre todo las personas directamente afectadas– a hacer otra cosa.
Y si bien nunca dejaré de ser una víctima del genocidio que devastó mi país, si bien mi duelo se apagará conmigo, nunca lograron encerrarme en ese espacio donde la muerte ronda la derrota.
Quiero recordar que nunca estuvimos completamente solas. Familiares, esposos, hermanos, colegas estuvieron a nuestro lado. Personalmente, tuve el inestimable apoyo recibido en México, que me salvó de la locura. Obviamente, aquí, en Buenos Aires, las condiciones eran distintas. Los partidos políticos les dieron la espalda a las Madres, pero hubo personas, abogados valientes, periodistas extranjeros dispuestos a testimoniar. Hay que recordar que las Madres fueron recibidas en el exterior donde dieron su testimonio. Y sin la Conadep y el Nunca más quizá no hubiéramos resistido tanto hasta hoy en día.
Que nuestro pañuelo blanco adquiera un sentido depende de nosotras, de nuestra capacidad de pasarlo a otras manos, como un símbolo de una lucha más amplia, para una vida mejor, más justa.
Nada se hace solo. La solidaridad, inestimable conducta humana, se construye con múltiples gestos, raramente con grandes frases. No hace falta idealizar a los que toman este camino. Todos somos capaces, con nuestros medios, sean cuales fueren nuestra religión, nuestro rango social, nuestro modo de ver el mundo. Defender los derechos humanos es acceder a la posibilidad de compartir, con otros seres humanos, la generosidad que está adentro de cada uno.
10 de octubre de 2010
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azucena villaflor


Día de la Madre. Ni cortando esa flor pudieron terminar con la primavera. Documental sobre Azucena Villaflor, Madre de Plaza de Mayo que fuera secuestrada y asesinada el represor Alfredo Astiz.
[Diego Bocchio] Argentina. Diego Csöme, Claudia Bueno, Laura Villafañe y Julián Cosenza, integrantes del equipo documentalista del Instituto de Medios de Comunicación de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) y autores de un documental sobre su vida, se confiesan enamorados de la figura de Azucena Villaflor, esa mujer que al decir basta abrió una grieta en el curso de la historia argentina e inventó una nueva categoría para ese vínculo privado que une a madres e hijos o hijas. Desaparecida ella también después de fundar Madres de Plaza de Mayo, marcada por Alfredo Astiz con un beso justo antes de ser secuestrada y conducida hacia la muerte en las profundidades del Río de la Plata, Azucena es la protagonista ausente del documental que lleva su nombre y que el próximo martes, en vísperas del Día de la Madre, se presentará en la UNLaM.

¿Qué trabajos previos existían sobre Azucena?
Claudia Bueno: –Se trabajó sobre las Madres, claro, pero no sobre Azucena, no es tan conocida su historia. Hay un trabajo bibliográfico de Enrique Arrosagaray, que es de Avellaneda como Azucena y que, incluso, fue compañero de escuela de uno de sus hijos. El hizo una investigación muy profunda y publicó un libro –‘Los Villaflor de Avellaneda’–, y es uno de los entrevistados del documental. En cuanto a relatos audiovisuales, nada. Sí hay documentales antropológicos de cuando se restituyen los restos de Madres desaparecidas, en los que se hace hincapié en la aparición de los restos de Azucena.

Diego Csöme: –En contraposición, nuestra elección fue contar quién fue Azucena como madre y como mujer. Tratamos de no quedarnos en el instante fundacional de Madres, sino hurgar en su vida anterior.
Al encarar esta historia relativamente desconocida, ¿qué encuentran?

Laura Villafañe: –Empezamos por ir a la raíz, sus hijos, y, ahí, enfrentamos descubrimientos sorpresivos, nos encontramos con la mujer y con la madre, con esa faceta no histórica, y con lo que sucede cuando te tocan un hijo. La forma en que Azucena reacciona ante ese hecho es lo que genera un quiebre en la historia argentina.

Claudia: –Uno de los hijos lo cuenta muy bien en el documental. Los familiares de los desaparecidos cumplían un circuito que era el que los mismos militares les pautaban. Los "entretenían" llenando fichas, yendo al vicariato, al Ministerio del Interior, de escritorio en escritorio; de esa forma nadie iba a encontrar a sus seres queridos. Uno de sus hijos, Pedro, cuenta: "La genialidad de mi mamá fue que un día dijo: ‘¡Basta! Así no vamos a encontrar a nadie. Vayámonos a la Plaza’". Ese es el quiebre. Azucena hizo todo lo que políticamente estaba mal hacer en esa época. Pero, en el relato intimista surge que, para ella, lo que hacía no era nada excepcional. La hija, Cecilia, cuenta: "Cuando yo tenía complejo de fea en la escuela, mi mamá me llevó a un concurso de baile. Y cuando mi hermano Toto se rompió el brazo, mi mamá estuvo detrás de él hasta que se le soldó el hueso roto. Así que, cuando mi hermano Néstor desapareció, mi mamá salió a buscarlo. Es pura lógica de madre".

Diego: –A través de la mirada de los hijos, nos encontramos con una mamá maravillosa. Y se reivindica el porqué una mamá sale a buscar a su hijo: por amor; a partir de ese amor, se gestará un movimiento histórico.
Azucena tenía ángel. Las Madres dicen en el documental: "Azucena llegaba y era como que llegaba nuestra madre. Todas íbamos corriendo a abrazarla". Como los grandes líderes, tenía algo especial dentro de su carisma que hacía que todas las otras madres estuviesen a su alrededor. Pero también era muy estratégica para moverse.

Una madre común y una madre extraordinaria, en un mismo cuerpo. ¿Y cómo era su vínculo con su propia madre?
Claudia: –La mamá de Azucena era muy chica cuando la tuvo, tenía quince años. El papá de Azucena la anotó como hija de él y en el casillero correspondiente al nombre de la madre trazó una línea. Es decir, ella fue inscripta como de madre desconocida. Doce años después, la madre la volvió a inscribir, pero, esta vez, como de padre desconocido.
Con lo que, en Avellaneda, hay dos partidas de nacimiento diferentes.
Más allá de la complejidad legal, lo cierto es que ni la madre ni el padre biológicos se encargaron en forma directa de la crianza de Azucena, sino que la crió como a su propia hija la tía Magdalena. Y sus tres primas funcionaron en su vida como sus hermanas.
El padre murió muy joven en un accidente de trabajo y ahí volvió la madre, que fue a buscarla a casa de los Villaflor. Para entonces, Azucena tenía ya catorce años. Y ella no quería volver con la madre, se pasó casi un año enferma y perdió un año de colegio, hasta que finalmente volvió a vivir con sus tíos. Vivió muy poco tiempo Azucena con su madre biológica, tenía una relación muy difícil con ella; incluso, de grande, se quedaba angustiada cada vez que la madre iba a visitarla. Elvira, la empleada doméstica de la casa de Azucena de toda la vida, cuenta que cuando la madre iba a verla no le preguntaba ni cómo estaba. Iba a buscar plata.

¿Y este elemento tan fuerte de la historia personal cómo juega en el relato?
Julián Cosenza: –Tratamos de no usarlo más que como dato biográfico, sin construir a partir de ese dato una hipótesis del tipo "Fue tan buena madre porque su madre había sido muy mala". El dato de que no fue reconocida por su mamá y que ella apareció para hacerse cargo de su crianza cuando ya tenía 14 años es muy fuerte y sólo eso da para una película. Por eso, lo incluimos como dato de su biografía que abre una puerta, pero sin ahondar más. El núcleo del relato es el secuestro del hijo y lo que ello desencadena.

¿Con qué testimonios cuenta el relato?
Laura: –Azucena tuvo cuatro hijos: Néstor, que es quien desapareció junto a su esposa, Raquel Mangin; Pedro, Cecilia y Adrián. Pedro y Cecilia nos dieron su testimonio.
Con Adrián, ’Toto’, no nos contactamos, porque los hermanos nos dijeron que tuvo una mala experiencia con un reportaje que les hicieron a los tres juntos cuando aparecieron los restos de Azucena en General Lavalle y, a partir de ese momento, decidió no dar más notas.

Diego: –También entrevistamos a Aída Sarti y Pepa Noia, de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora. Pepa fue una de las 14 madres de la primera ronda, el 30 de abril de 1977, y estuvo presente en el momento en que Azucena se paró en la iglesia Stella Maris, en el vicariato del Ejército, y dijo: "Vayámonos a la Plaza". Pepa cuenta ese instante fundacional. Y está su prima, Lidia Moreman, hija de la tía Magdalena, que era incondicional con Azucena y la acompañó a las primeras marchas. Era como una Madre más.

Julián: –Y que es quien se da cuenta de que "Gustavo Niño" (Astiz) era un infiltrado. Lidia cuenta en el documental que ella le decía a Azucena: "Este tipo es cana", incluso, adelante de él. "No le des datos." Pero Azucena le abrió las puertas de su casa. Los testimonios revelan que más de una vez Astiz llevó a Madres a sus casas en su auto, tras haberse metido en el grupo haciéndose pasar por hermano de un desaparecido. Tanto Lidia como el marido de Azucena le advertían que no les gustaba ese tipo...

Claudia: –Hablan también Elvira, la empleada doméstica, Enrique Arrosagaray, el biógrafo, y Lila Pastoriza, que estuvo detenida en la ESMA con Azucena y fue quien brindó el testimonio que permitió reconstruir qué pasó con ella tras su secuestro.
En 2005, cuando encuentran en General Lavalle los restos de las víctimas de los vuelos de la muerte y sale a la luz la historia de Azucena, Lila se da cuenta de que Azucena Villaflor fue la mujer con la que ella había estado en la ESMA. Azucena estuvo detenida dos días en Capuchita, en diciembre del ’77. Gracias al testimonio de Lila, los hijos pudieron reconstruir cómo habían sido los últimos días de vida de su mamá. Ese testimonio está en el documental.

¿Cómo es ese testimonio de Lila Pastoriza?
Laura: –Lila cuenta que, un día, le llamó la atención que entrara un grupo de mujeres grandes: estaban, además de Azucena, las dos madres que habían sido secuestradas en la iglesia de la Santa Cruz, y estaba también una de las monjas francesas. Le llamó la atención porque le parecía un grupo de madres, o de tías, y no daban con el promedio de edad que veían entre los secuestrados en la ESMA. Lila cuenta que vio cuando se la llevaron a Azucena para torturarla y que trató de asistirla cuando volvió: tenía muchas marcas en los brazos y la notó floja, como entregada, muy caída. Pero aun así ella decía que lo único que quería era encontrar a "sus hijos", porque eran Néstor y su nuera, Raquel. Lila cuenta eso, la vio cuando llegó, habló algunas palabras con ella, la vio cuando la trajeron de vuelta de la tortura y después, de pronto, no la vio más.

Diego: –Y habían pasado apenas dos días en "capucha" y "capuchita", las dos dependencias del casino de oficiales de la ESMA; capucha era un altillo y capuchita era todavía peor, era como un entrepiso, pero arriba de todo, con cuchetas en el piso, con toda la gente amontonada. Lila cuenta que cuando llegó este grupo relativamente grande no había mucho lugar y quedaron más amontonados todavía. Era diciembre y el lugar no tenía ventanas prácticamente, era un hacinamiento. Y que, mientras ellas estaban encerradas en ese altillo, afuera, en los parques de la ESMA, los chiquitos de los oficiales andaban en bicicleta. Lila relata que, una vez, dentro de un grupo que llevaban en los aviones para los vuelos de la muerte, había un tipo al que llevaron por equivocación, que, al volver, les contó que les inyectaban pentotal y con eso los dormían, los subían a los aviones y los tiraban al agua. Así se enteraron de los vuelos de la muerte. Este testimonio nos terminó quedando afuera del documental. Pero sí incluimos las vivencias de Lila en esos pocos días compartidos en la ESMA con Azucena y lo que pasó cuando, al recuperarse sus restos, se dio cuenta de que aquella señora mayor de vestido floreado con la que recordaba que había estado hablando, era Azucena Villaflor.

Los Hijos de Azucena
¿Cómo fue el diálogo con los hijos de Azucena?
Claudia: –El contacto con Cecilia lo logramos a través de Aída Sarti, que tenía un vínculo muy estrecho con Azucena, que luego continuó con su hija. Una vez que nos contactaron, tuvimos una charla previa con Cecilia, porque quería saber el enfoque iba a tener nuestro trabajo, ya que había tenido experiencias insatisfactorias en relación con otros proyectos y estaba alerta. Cuando le contamos nuestra intención, enseguida nos dio la entrevista. Lo mismo pasó luego con Pedro. Tuvimos entrevistas personales previas con cada reporteado y el convencimiento fue en virtud del enfoque.

Diego: –Lo que nos encontramos en las entrevistas personales con ambos, tomando un café, primero, y con las cámaras, después, fue exactamente lo mismo. Contaron las mismas cosas, de la misma forma y con el mismo énfasis. Es su historia y es así, con la cámara o sin ella. Muy natural. Los hijos cuentan la intimidad del vínculo con su madre, pero también cómo ella empezó a moverse para encontrar a Néstor, cuando las Madres empezaron a ir a su casa y cómo vivieron, finalmente, su desaparición. Hablan de esa intimidad también, no solo de ella como mamá.

¿Y cómo fue el contacto con las Madres?
Claudia: –Aída Sarti fue nuestra primera entrevistada y se convirtió en una especie de ángel de la guarda del documental. Aída jugó un rol fundamental en la publicación de la famosa solicitada en el diario La Nación, el 10 de diciembre de 1977, el hecho que determina el secuestro de Azucena. Como Astiz estaba infiltrado en Madres sabía que estaban organizando la publicación de la solicitada, que el motor de esa movida era Azucena y que estaba pensado que saliera el 10 de diciembre. Entonces, él organiza un operativo de secuestros, que incluía a Azucena, para el día 8, en la iglesia de la Santa Cruz. Pero le sale mal porque Azucena no va a esa iglesia ese día; las Madres estaban terminando con los preparativos de la solicitada, juntando firmas y juntando la plata, y entonces se dividen en dos grupos ese día: Aída y Azucena se van a la iglesia Betania y Astiz manda el operativo a la Santa Cruz, donde estaban otras dos Madres, Mary Ponce y Esther Careaga, a quienes secuestran junto a una de las monjas francesas. Pero a Azucena no logran secuestrarla ese día.

Laura: –Entonces, el operativo solicitada sigue adelante y el día 9 es toda una corrida, porque llevan la solicitada a La Nación escrita a mano, y les dicen que la tipeen. Lo tienen que hacer corriendo, en los sótanos del Ministerio de Economía, donde trabajaba el marido de Nora Cortiñas, que es quien las hace entrar. Y Aída permanece haciendo vigilia el día completo en el diario La Nación.

¿Cómo aparece en el documental esta historia?
Julián: –Aparece contada a través del testimonio de Aída, que, además, lee en off parte de la solicitada. Y se ve la imagen de la solicitada, le sacamos fotos de un ejemplar guardado en la biblioteca del Congreso. En el ejemplar que había comprado Azucena aquella mañana del 10 de diciembre había salido la hoja prensada, como fruncidita, pero en el ejemplar que conservan en la hemeroteca del Congreso está bien. La solicitada es bien grande, ocupa casi toda una página: "Sólo pedimos la verdad".

Claudia: –Aída era muy unida a Azucena y estuvo en su casa la noche anterior a que la secuestraran. Recuerdo que fuimos con Diego a verla y nos abrió su corazón: nos dio todo, nos mostró todo, nos contó todo. Nos mostró las pancartas que usaban para las marchas los jueves, el boletín de la hija desaparecida. Fue la primera entrevistada y quien nos abrió las puertas con Cecilia. Tan estrecho fue el vínculo que se nos ocurrió la idea de que Aída fuera la voz de los off del documental. Y de hecho lo es. Y Julián la hizo actuar como parte de la artística que abre el documental. La vimos unas 15 veces desde que empezamos el documental y vino a la UNLaM a grabar.

Diego: –Las Madres nos abrieron sus puertas, nos invitaron a marchar con ellas, fuimos a la Plaza con ellas y nos dejaron filmarlas. Nos dieron todo.
¿Qué revela el testimonio de Elvira, la última persona que vio a Azucena antes del secuestro?

Diego: –Elvira cuenta la mañana en la que vio a Azucena irse caminando, con su bastón y con la bolsa de los mandados. Su testimonio lo tomamos en la misma casa de Azucena. En un momento, ella vuelve la mirada hacia la dirección por la que se fue Azucena y cuando corre la mirada empieza a recordar realmente cuando Azucena se estaba yendo por la mitad de la calle y se pone a llorar.
Ese es el testimonio real, lo más puro que hay, cuando se puede retroceder realmente en el tiempo, despojándose de todo lo que hay alrededor. Y entonces cuenta en la entrevista la imagen que ella tenía en la cabeza.
Esa no es una reconstrucción treinta años después: es la recuperación de aquella sensación. Ella mira a la calle como si la estuviera viendo irse otra vez.

Pedro y Néstor
¿Qué aprendizajes les transmitió hacer este documental?
Claudia: –Este documental nos dio la oportunidad de descubrir a una persona maravillosa y dar con la intimidad de aquel instante fundacional de Madres, con un sentimiento muy puro, con la fuerza del amor y los intereses nobles que dieron origen a un movimiento maravilloso.

Julián: –Investigar sobre la historia de vida de una persona, descubrir quién era y qué hizo, y darte cuenta de que no sabías nada de ella, te da la pauta de lo valioso que es trabajar con una figura de relevancia pública pero cuya historia, a la vez, es relativamente desconocida. Es como descubrir un pequeño tesoro.

Diego: –Esta realización nos llevó dos años. Mi mayor aprendizaje es lo que está plasmado. Otra cosa que me dejó es la reflexión sobre cuánto está dispuesto a sacrificar realmente uno por una causa; muchas veces uno dice "daría la vida por tal cosa" y hay que ver hasta qué punto efectivamente eso es cierto, como lo fue en esta historia. Y después, es que el amor de una madre no tiene límites, realmente no tiene límites. Eso te hace pensar que cuando vos discutís con tu vieja, te peleás o la mandás a cagar, quizá no te ponés a pensar que el amor de una madre hacia un hijo realmente no tiene ningún límite. Eso a mí me hizo replantear un montón de cosas. A veces nos enojamos por tantas cosas banales y quizás no les damos a nuestras viejas el abrazo a tiempo que le tenés que dar, esas cosas que te quedan...
(Silencio. La entrevista termina con todos emocionados.)
9 de octubre de 2010
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reforma de la justicia militar


Las condiciones para cumplir estándares internacionales. Huelga de hambre de comuneros mapuches apresuró una inevitable, obligada reforma de la justicia militar. Un análisis en CIPER.
[Pablo Contreras Vásquez] Santiago, Chile. La reforma a la Justicia Militar, gatillada por la huelga de hambre de los comuneros mapuches, era inevitable. Y desde hace cinco años, cuando la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) falló en contra del Estado de Chile por el caso Palamara. Pero no hay acuerdo para despojarla de todos los elementos cuestionados. Jueces ordinarios de carrera con especialización militar o uniformados con formación jurídica en retiro es una de las condiciones de independencia para cumplir con estándares internacionales.
La huelga de hambre de los comuneros mapuches ha gatillado la modificación de la Ley de Seguridad del Estado y del Código de Justicia Militar. La reforma a la justicia militar es, de hecho, una obligación internacional dada la condena al Estado de Chile ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en el caso Palamara hace casi cinco años.
De allí que la reforma a la Justicia Militar era inevitable: por consideraciones jurídicas (obligaciones internacionales) y políticas (el conflicto mapuche). Sin embargo, la profundidad de la reforma y sus alcances no tienen acuerdo político claro. A continuación, desarrollaremos las alternativas de reforma según los estándares de cumplimiento de normas internacionales sobre el debido proceso e imparcialidad e independencia de los tribunales militares.
Lo primero es que no parece haber piso político para abolir la Justicia Militar. Bien o mal esto nos pone en un escenario de reforma moderada. Examinemos sus claves:

a) Reducción de la competencia de los tribunales: La huelga de hambre de los comuneros mapuches sentó las bases de esta modificación en torno a la completa exclusión de civiles de la competencia de los tribunales militares. Justicia Militar sólo para militares. Se trata de una cuestión básica. Sin embargo, olvida parte importante de la reducción de competencia que busca extraer, asimismo, la competencia de los tribunales militares sobre los delitos comunes que cometen los uniformados, como robo, violación, falsificación o tortura, entre otros. Por lo tanto, el estándar debe ser: Justicia Militar para militares que cometen delitos militares. Eso es lo que exige la CIDH y, por lo tanto, la ley corta de reforma es insuficiente en este punto.

b) Debido proceso y garantías judiciales: En el mundo académico hay acuerdo en que debe sustituirse el proceso inquisitivo por los estándares actuales que establece el Código Procesal Penal. Esto no presenta problemas y debería ser asumido como un piso elemental. Lo que no genera consenso es la siguiente clave:

c) Independencia e imparcialidad de jueces militares: Este será el verdadero nudo gordiano de la reforma. Aquí se juegan los intereses corporativos de los cuerpos de justicia de las Fuerzas Armadas, el antiguo concepto de juez scabini o justicia "por pares" y la mantención de jueces militares bajo el estatuto de las Fuerzas Armadas. En otras palabras, que los jueces militares sigan siendo o no parte de la Administración del Estado, bajo el poder Ejecutivo. Esto es inaceptable y debe ser recalcado. ¿Cuáles son las alternativas? Jueces ordinarios de carrera con especialización militar o uniformados con formación jurídica en calidad de retiro. Cualquier opción fuera de este espectro no cumple los estándares internacionales.
[Pablo Contreras Vásquez, LLM ©Internacional Human Rigths Universidad de Northwestern]
9 de octubre de 2010
5 de octubre de 2010
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cuentas pendientes del fpmr


De la mano de un periodista de CIPER, una puesta al día sobre el asesinato de Jaime Guzmán. Las cuentas pendientes en la alta jefatura del Frente por el crimen de Guzmán.
[Cristóbal Peña] Desde una cárcel de Brasil, Ramiro (Mauricio Hernández) dio una entrevista televisiva con la que activó una bomba de tiempo: el asesinato de Jaime Guzmán fue una decisión colectiva de la jefatura del FPMR –aseguró–, y de ella participó Enrique Villanueva. Entonces, éste fue detenido y se agilizó la extradición de Galvarino Apablaza, ex líder del FPMR, finalmente rechazada por Argentina. No es primera vez que dice algo así. Según consta en el proceso del caso, al que tuvo acceso CIPER, al ser detenido en 1993, éste declaró que "por decisión de la Dirección Nacional (del FPMR) fue ajusticiada la rata Guzmán". El juez Mario Carroza debe desentrañar ahora una maraña de acusaciones originadas en rencillas que se arrastran desde los años en que la jefatura del grupo fue copándose de oficiales formados en Cuba sin mayor experiencia en la guerra subversiva contra Pinochet. Una trama con otros antecedentes desconocidos que aquí se relatan. Y en el telón de fondo, otra bomba: la posible infiltración del FPMR por el Ejército.
Cuando se enteraron de la noticia, los jefes máximos del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) no podían darle crédito. Roberto Nordenflycht, uno de sus más queridos y experimentados comandantes a quien conocían como Aurelio o -más en confianza- Huevo, había muerto de un modo absurdo, torpe, como un aficionado. Una fría noche de agosto de 1989, junto a un pequeño grupo de apoyo, fue al Aeródromo de Tobalaba a instalar dos lanzacohetes LOW apuntando hacia helicópteros del Comando de Aviación del Ejército. Hasta ahí podía ser excusable. Pero como el sistema de relojería que detonaría los lanzacohetes falló, la noche siguiente volvió al mismo lugar y una vez dentro se encontró con un teniente de Ejército y un conscripto. Entonces hubo un enfrentamiento a tiros y dos oficiales muertos, uno por cada bando.
Lo absurdo estuvo en el objetivo de la acción, pero principalmente en su origen: quien la autorizó fue el comandante Eduardo, alias de Conrado Francisco Enrique Villanueva Molina, quien en esos días estaba a cargo de la jefatura máxima del FPMR. Hoy Villanueva está en prisión preventiva por su presunta responsabilidad en el asesinato del senador Jaime Guzmán, ocurrido dos años más tarde, en abril de 1991.
Que Villanueva haya liderado en ese periodo el FPMR habla de su jerarquía. Pero esa situación era pasajera y obedecía a un motivo casual. El resto de la Comandancia, con Galvarino Apablaza Guerra a la cabeza, había partido a la conmemoración de los diez años del triunfo de la Revolución Sandinista en Nicaragua. Luego de ello, según confidencia hoy un ex oficial del FPMR, la Comandancia siguió viaje por diversos países del Medio Oriente en busca de apoyo político y financiero ante el nuevo escenario que se abría en Chile por el retorno de la democracia. En eso ocurrió la muerte de Nordenflycht, hijastro de Volodia Teitelboim y uno de los primeros oficiales formados en Cuba que retornó a Chile para enfrentar a la dictadura por las armas.
La muerte de Nordenflycht tuvo consecuencias que repercuten hasta hoy. Como Villanueva visó el fallido atentado a los helicópteros, y además tomó parte de esa acción, prestando una cobertura que a todas luces resultó ineficaz -y para algunos sospechosa-, fue sacado de la Comandancia y de otras tareas asignadas hasta entonces. Una de ellas tenía que ver con la vocería. Sin embargo, pese a ser degradado, siguió formando parte de la Dirección Nacional.
La distinción está explicitada a fojas 2413 del proceso judicial de caso Guzmán, correspondiente a la declaración que en julio de 1997 prestó el ex frentista Rodolfo Maturana, quien conoció de cerca ese proceso.
Al ser citado por el juez Hugo Dolmestch, quien entonces conducía esa investigación, Maturana dijo que desde 1989 o 1990 el comandante Eduardo, alias de Villanueva, "tenía ingerencia en la Dirección Nacional pero no en la Comandancia, que era el órgano superior y que en la práctica disponía de las acciones concretas a realizar, pues ya era disidente de las políticas operativas".
En estos días, Rodolfo Maturana refrendó sus dichos ante el ministro en visita Mario Carroza, quien reactivó la causa de Jaime Guzmán a raíz de la entrevista concedida a Chilevisión por Mauricio Hernández Norambuena. El comandante Ramiro, como es conocido este último, dijo que el asesinato de Guzmán fue una decisión colectiva de la Dirección Nacional y que de ella tomó parte Villanueva. Una tesis contraria a la sostenida por este último, quien plantea que esa acción obedeció a una decisión inconsulta de Ramiro para romper con un proceso de discusión en que el FPMR se debatía en esos días entre una línea política y otra militar.
Lo que no precisó Ramiro es el momento exacto en que la jefatura habría decidido la muerte de Guzmán. Habla de una lista que se elaboró a comienzos de los noventa en la que se sugirieron nombres de posibles víctimas. Y también de que "se informaba (a la Dirección) hace dos meses del seguimiento a Guzmán", lo que suponía "una aprobación tácita". Pero hay otro antecedente.
Ya en 1989, la Comandancia de la que entonces participaba Villanueva había aprobado una política de ejecuciones masivas llamada No a la Impunidad, que proponía la muerte de diversos colaboradores de la dictadura. Hubo incluso una lista pública de 50 posibles víctimas: el primero era Augusto Pinochet; el último, Jaime Guzmán. La campaña debutó con Roberto Fuentes Morrison, ex agente del Comando Conjunto conocido como el Wally, quien cayó bajo fuego del FPMR en junio de 1989.

"La Rata Guzmán"
No ha sido fácil para la justicia precisar responsabilidades en el asesinato de Jaime Guzmán. Menos tratándose de un grupo subversivo que a principios de los noventa vivía una aguda descomposición, con pugnas internas y desconfianzas que se arrastran hasta estos días entre protagonistas que están en la mira del ministro Carroza. Pese a esas dificultades, durante casi 20 años el expediente ha acumulado más de 5 mil fojas con testimonios que dan luces importantes de lo que antecedió al crimen del senador de la UDI.
Cuando Ramiro cayó detenido, en agosto de 1993, prestó una larga declaración a la Policía de Investigaciones. En ella recorrió su trayectoria subversiva y dio cuenta de los fundamentos de la lucha armada y del proceso vivido por el FPMR desde fines de los ochenta.
"Debido a mi trayectoria como rodriguista, es que paso a ser miembro de la Dirección Nacional del FPMR en calidad de ‘Comandante encargado operativo’ y asumo y tomo conocimiento, con toda responsabilidad, (de) la totalidad de las directrices político-militares diseñadas y ejecutadas hasta el momento de mi detención", se lee en la declaración, que quedó adjunta al proceso judicial del caso Guzmán.
Lo anterior sirve de preámbulo para lo que sigue:
"En el año 1991, y por decisión de la Dirección Nacional, fue ajusticiada la rata Guzmán. En dicha acción, y como jefe operativo, me correspondió supervisar y evaluar el desarrollo de ésta (…) Yo pienso que al pueblo más le hubiese gustado que este desgraciado pagara siendo colgado y dejado en pelotas en medio de una población, debido a que fue uno de los más connotados colaboradores de la violación a los derechos humanos".
Al decir luego que, "esta acción, en la Dirección Nacional nadie la plantea como un problema terminal", da a entender de paso que se trató de un plan concertado y discutido por la jefatura: "Este mismo análisis se realizó con el ajusticiamiento de Fontaine (coronel de Carabineros Luis Fontaine), ya que ambos tienen como denominador común la violación a los derechos humanos, el primero en forma ideológica y el otro en forma directa".
De acuerdo con este relato, la decisión de secuestrar a Cristián Edwards, en septiembre de 1991, respondió a una dinámica similar:
"A fines de 1990 participo en una reunión con integrantes de la Dirección Nacional o Colectivo del FPMR donde procedemos a analizar la situación general de nuestra organización, y debido a que se necesitaban recursos para su funcionamiento, para la mantención de las estructuras y cuadros, se decide realizar una operación de envergadura (…) En esta ocasión, se toma la decisión de realizar el secuestro de una persona, encomendándome la Dirección Nacional esta misión".
Aunque no firmó este testimonio, y por tanto carece de validez legal, unos días después de su detención, desde la cárcel de San Miguel, Ramiro prestó una primera declaración judicial en la que se refiere a la muerte de Guzmán en los siguientes términos:
"Yo formaba parte de la dirección del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, como miembro de la Dirección (Nacional), y como tal se tomaban decisiones de tipo político, las cuales eran cumplidas por las instancias que corresponden".
Para entonces las palabras de Ramiro no parecían apuntar a ningún dirigente en particular. Diecisiete años después, desde una cárcel de Brasil, las palabras de Ramiro tienen nombre y apellido.

Filosofía Aristotélica Tomista
Ramiro era uno de los jefes más cercanos a Nordenflycht. El primero no se había formado en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba ni había combatido en Nicaragua como el segundo. Ambos, sin embargo, eran hombres de acción. Probados en combate urbano en los años más duros de la dictadura.
Por eso fue natural que tras la muerte de Nordenflycht, Ramiro tomara transitoriamente su lugar al mando de las Fuerzas Especiales del FPMR, un grupo de elite encargado de operaciones de mayor envergadura. La cercanía entre ambos también llevó a que Ramiro pidiera duras sanciones contra Villanueva por su responsabilidad en la muerte de Nordenflycht. Pero no era el único motivo de discordia.
El comandante Eduardo, alias de Villanueva, había tenido un fuerte enfrentamiento con Ramiro al momento de finalizar el secuestro del coronel Carlos Carreño, liberado en Brasil en diciembre de 1987, tras 92 días de cautiverio. El primero, que era comandante y encargado de relaciones internacionales del FPMR, tenía mayor jerarquía que el segundo y esa jerarquía se la hizo sentir a la hora de discutir el modo de liberar al coronel de Famae. Un ex oficial del FPMR dice que debatieron violentamente y que incluso ambos se amenazaron con sus armas de fuego. Más tarde, por este hecho, Eduardo lograría una sanción para Ramiro.
Desde entonces la relación entre ambos estuvo lejos de ser armónica. Así lo corroboró Villanueva en su reciente declaración al juez Carroza, justificando en parte por qué Ramiro lo involucró en la muerte de Guzmán, a la vez que lo sindicó como informante de la Dirección de Seguridad Pública, la Oficina, que a comienzos de los noventa desarticuló los grupos armados mediante un proceso de infiltración.
Antipatía había. Eso es seguro. Pero también menosprecio de uno hacia el otro. Ramiro era un hombre operativo. De combate en terreno. En cambio Villanueva se debía más a la academia.
Villanueva era un cabo de la FACH que fue torturado y sometido a Consejo de Guerra junto al grupo constitucionalista de Alberto Bachelet, el padre de la ex Presidenta, antes de ser condenado y salir al exilio rumbo a Inglaterra. Después de licenciarse en Economía en la Universidad de Londres, partió a Cuba, colaboró en la formación de la Fuerza Aérea Sandinista y para 1987 oficiaba de vocero y encargado de las relaciones internacionales del FPMR. Su perfil era más cercano al de un intelectual que al de guerrillero.
En 1997, cuando su identidad y supuesta vinculación a la Oficina quedaron al descubierto por obra de sus propios ex compañeros de armas, el historiador Luis Oro Tapia, con el que dos años antes había coincidido en un postgrado en Ciencias Políticas la Universidad de Chile, dijo ante el juez Dolmestch sentirse muy sorprendido de la vida oculta de Villanueva Molina, el verdadero nombre de Eduardo:
"Efectivamente existió con él una relación de amistad y camaradería intelectual. Me interesaba que me colaborara en la parte de traducción del idioma porque yo no hablo inglés y muchos textos estaban en esa lengua. (Yo) le colaboraba sobre mis conocimientos de filosofía aristotélica tomista, indispensable para aprobar uno de los cursos", declaró el historiador.

Cosas de Niños
De acuerdo con varios testimonios, Villanueva había tenido un rol eminentemente político. Uno de esos testimonios corresponde al del ex frentista Rodolfo Maturana, quien en su declaración judicial de 1997 lo definió como "una persona muy inteligente y muy preparada intelectualmente. Su discurso y actuación fue siempre política y, que yo sepa, jamás fue operativo. Esto es, nunca participó de acciones armadas".
Esta es la razon principal por la cual Ramiro lo menospreciaba. Y también por qué Nordenflycht, el hijastro de Volodia Teitelboim, habría empujado a Villanueva a acompañarlo a la frustrada acción del Aeródromo de Tobalaba donde el primero perdió la vida. "Lo desafió, poniéndolo a prueba, aprovechando que los otros comandantes estaban fuera de Chile", dice un ex oficial del FPMR.
Ese reto también pudo haber traslucido una pizca de resentimiento, dice un cercano a la organización armada. A comienzos de 1989, cuando llegó la hora de elegir al sucesor de Raúl Pellegrin, los candidatos eran Salvador y Aurelio. Vale decir, Galvarino Apablaza y Roberto Nordenflycht. El elegido fue Salvador y Aurelio debió resignarse a ocupar el tercer puesto en el FPMR, detrás de Eduardo, como se hacía llamar Villanueva. "Tal vez Aurelio pensaba que él merecía ser el segundo y por eso actuó como actuó. Una cosa muy de niños", sostiene esta fuente.
A esa nueva Comandancia también llegó Gregorio, cercano a Villanueva y con pergaminos por su paso por Nicaragua. Gregorio, cuyo verdadero nombre es Iván Figueroa, también era un suboficial de la FACH que fue sometido a Consejo de Guerra tras el Golpe de Estado y condenado a pena de extrañamiento. En el exilio siguió los pasos de Villanueva y si no volvió a Chile con él fue porque permaneció en la Fuerza Aérea Sandinista hasta fines de los ochenta.
Resulta paradójico que Gregorio haya llegado a ocupar el puesto dejado por Bigote (Luis Eduardo Arriagada). Bigote era un antiguo dirigente formado en Chile que participó del asalto al cuartel de Los Queñes -donde murieron Raúl Pellegrin y su pareja Cecilia Magni, los dos máximos referentes del FPMR- y que en marzo de 1989 fue ejecutado por sus propios compañeros y hecho desaparecer tras ser acusado de traición. Seis años después de este hecho, Gregorio correrá la misma suerte por motivos similares.
La desaparición de ambos hoy es foco de investigación del juez Carroza, cuyo propósito es desentrañar si una probable infiltración en el FPMR puede haber llevado a algunas autoridades -civiles y militares- de la época a conocer los planes para asesinar a Guzmán.

Verano en Reñaca
En la entrevista que dio desde la cárcel en Brasil, al analizar lo ocurrido tras la muerte de Raúl Pellegrin, Ramiro dijo que a partir de ese momento "el Frente fue otro" y a la Dirección Nacional llegó gente a la que jamás había visto en su vida. O que si alguna vez había visto, habían hecho su carrera fuera de Chile. Se refería, con un cierto desdén, a gente como Gregorio y al propio Salvador. Galvarino Apablaza, el verdadero nombre de Salvador, era un oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias cubanas, con experiencia de guerra en Nicaragua, que estuvo yendo y viniendo antes asumir la dirección. En ese sentido era desconocido para la mayoría de los combatientes formados en Chile.
Ramiro dirá además en esa entrevista, que el nuevo estilo de conducción de Salvador impondrá una Comandancia, pues "un plan de guerra requiere una comandancia", y que a comienzos de 1990, en un ampliado de la Dirección Nacional, se definirán los nombres de colaboradores de la dictadura sujetos a ser ejecutados. Es probable que se haya referido a la reunión de Reñaca, celebrada en febrero de ese año, donde se constituyó la nueva jefatura y definieron las políticas a futuro. Esa discusión se extendió por varios meses y dio pie a la Consulta Nacional, que consistió en un proceso de discusión interna que estaba llegando a su cúlmine al momento de ocurrir el asesinato de Jaime Guzmán.
Un ex oficial del FPMR dice que a nivel de jefatura los principios de la Guerra Patriótica Nacional no estaban en discusión. Lo que se debatía era la estrategia a seguir. Al respecto había dos posturas. Más bien tres. Eduardo (Villanueva) proponía una vía política a largo plazo que favoreciera el trabajo social, sin abandonar la estrategia guerrillera. Ramiro y más tarde Gabriel o Chele, apodo de Juan Gutiérrez Fischmann, estaban por la "basificación", lo que significaba una guerra frontal y decidida. En medio de ambos grupos permanecían Salvador (Apablaza) y Gregorio (Figueroa), intentando conciliar ambas posturas. Ese proceso de discusión se romperá de golpe con el atentado a Guzmán, generando de paso duras críticas hacia Salvador por el estilo conducción.
El mismo ex oficial del FPMR sostiene que, al menos hasta 1990, en materia de ejecuciones a colaboradores del régimen militar, no había dos lecturas. Sólo matices. De hecho –según otra versión– los ex funcionarios de la FACH fueron los más proclives a atentar contra el ex comandante en jefe de esa institución, Gustavo Leigh, contra las dudas de otros jefes.
Dos meses después de esa reunión en Reñaca, Leigh y su socio y ex jefe de Inteligencia de la Fach, general Enrique Ruiz Bunger, quien protegió el funcionamiento del Comando Conjunto, quedaron muy malheridos tras ser sorprendidos en su oficina por dos pistoleros del FPMR.
Lo que ocurre un año después, cuando sobreviene el atentado a Jaime Guzmán, está cruzado por el proceso de debate, cuyas conclusiones habían comenzado a ser recogidas en la llamada Carta Orgánica Rodriguista. Una tarea eminentemente política a la que está abocado Villanueva, entre otras tareas vinculadas al área pública como la Juventud Patriótica y el Movimiento Patriótico Intransigente. Sus cercanos dicen que las conclusiones apuntaban a convertirse en partido político y que el proceso de discusión supuso la interrupción de la política de ejecuciones. Por eso, agregan hoy quienes trabajaron con él, Eduardo no supo responder cuando le preguntaron quiénes estaban detrás del crimen de Guzmán.

Informe Reservado
Entre los argumentos esgrimidos por el gobierno argentino para negar la extradición de Galvarino Apablaza (Salvador), quien es requerido por la justicia chilena por el crimen de Jaime Guzmán, se expuso la carencia de antecedentes que liguen al ex comandante Salvador y líder del FPMR con ese hecho. Un supuesto que se cumple parcialmente.
En septiembre de 1993, a un año y medio de la muerte del senador y fundador de la UDI, la Jefatura Nacional de Inteligencia Policial de la Policía de Investigaciones (JIPOL), entregó al juez del caso un informe reservado de cuatro puntos que indica, entre otras cosas referentes al FPMR, que el Chele (Juan Gutiérrez Fischmann) "es el máximo responsable de la decisión política del homicidio del senador Guzmán, ya que dicha acción se ejecutó con desconocimiento del líder máximo, comandante Salvador, y de una forma de quebrar las decisiones del Congreso del FPMR en marzo de 1991".
La información es concordante con lo señalado tres años después por el ex comisario Jorge Barraza, el policía que se llevó los principales créditos en la resolución de los casos Guzmán y Edwards. En una de sus declaraciones judiciales, el ex policía sostuvo que de acuerdo con una de sus fuentes, a la que identifica como la francesa Emmanuelle Verhoeven, el Chele (Juan Gutiérrez Fischmann) "es el verdadero responsable de la orden de ejecutar a Jaime Guzmán Errázuriz, ya que él le ordenó a Ramiro la ejecución en desconocimiento de Salvador y Gregorio".
Sin embargo, hay antecedentes en sentido contrario. No son pocos, partiendo por la ya citada declaración policial del propio Ramiro, que responsabilizó a la totalidad de la dirección del FPMR en el crimen.
En mayo de 1996, el ex director de la Dirección de Seguridad e Informaciones, Isidro Solís, declaró lo siguiente ante la justicia:

"Nosotros teníamos conocimiento de que el asesinato del senador Guzmán fue acordado por todos los miembros de esa Dirección Nacional e incluso que originalmente habían barajado los nombres de cuatro personas pertenecientes a la oposición: Sergio Diez, Sergio Fernández, el almirante (r) Ronald MacIntyre y Jaime Guzmán, habiendo en definitiva optado por este último en atención a que era el que contaba con menos protección".

No tenía ni qué decirlo. En octubre de ese mismo año, en la edición Nº 68 de El Rodriguista, revista oficial del FPMR, el Chele (Gutiérrez Fischmann) y Salvador (Apablaza) protagonizaron una entrevista en la que sostienen que "la acción de Guzmán formó parte de una de las líneas políticas asumidas al término de la dictadura en la perspectiva de la campaña No a la Impunidad. Esta fue una línea decidida colectivamente por la Dirección Nacional".
En cuanto a Villanueva, cualquiera haya sido su responsabilidad en el crimen de Jaime Guzmán –del que hoy es el único detenido–, lo cierto es que ese acontecimiento determinó poco después su alejamiento definitivo de la jefatura.
No obstante eso, un par de meses después del asesinato de Jaime Guzmán, Villanueva saldrá a reivindicar públicamentre el hecho al decir que "Guzmán bien ajusticiado está". Casi veinte años después, en una entrevista con El Mostrador, dirá que en esa oportunidad fue "sacado de contexto" y que para entonces desconocía quienes eran los verdaderos autores del crimen.
Para Ramiro, más que una línea disidente, el alejamiento de Villanueva marca el comienzo de su colaboración con la Oficina. No hay constancia de ello, sólo testimonios que se contradicen con otros y por tanto no resultan concluyentes. A ese misterio también está abocado el juez Carroza, que al dejar detenido a Conrado Francisco Enrique Villanueva Molina, el verdadero nombre de Eduardo, parte de una presunción que se refuerza por la reciente entrevista a Ramiro: Eduardo es uno de los autores del crimen de Jaime Guzmán.
9 de octubre de 2010
6 de octubre de 2010
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