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votar es una pérdida de tiempo


columna de lísperguer
Senador de extrema derecha defiende sistema binominal.

El senador binominal Carlos Larraín (derecha conservadora, RN) vuelve a insistir en una columna reciente sobre la inestabilidad que causaría en la vida política chilena reformas políticas como la derogación del sistema binominal y el retorno a la democracia representativa -que incluye un sistema electoral proporcional. Según él, el sistema binominal "potencia la estabilidad, tiene un alto grado de representatividad y produce efectos muy similares a los que produciría un sistema formalmente proporcional".  Esta es derechamente una representación absurda del sistema político que defiende.
El senador no ha querido entender que las protestas y movimientos sociales de los últimos cuatro meses desmienten sus creencias interesadas. La estabilidad de que ha gozado Chile no se derivó del sistema binominal, sino del hecho de que los partidos políticos de izquierda en el Congreso. La estabilidad se deriva del alejamiento de la izquierda tradicional de sus luchas históricas por la democracia y la libertad. Muy probablemente, a la estabilidad también puede haber contribuido el régimen de terror en que todavía vive Chile tantos años después del alejamiento aparente de los militares parias de la vida política. En los últimos veinte años Carabineros ha asesinado a decenas de manifestantes, sin que la Concertación levantara siquiera una ceja. Con luz verde para matar es fácil mantener el orden: en esto Larraín y los otros pinochetistas tienen mucha experiencia.
¿Qué entenderá Larraín por representatividad? Hagamos un repaso del binominal. De los 38 senadores que deben ser elegidos, en cada circunscripción (19) cada bloque (Concertación y Alianza) presenta 2 candidatos (o sea 4, y hay que elegir a 2). El que saca la mayor votación es elegido 1er senador. Pero el 2o senador no es el que tenga la 2a mayoría de votos, sino la 1ra mayoría de la otra lista, aunque tenga menos votos que el 2o candidato de la lista rival. Los diputados son elegidos según el mismo patrón. (Por esa razón en las primeras elecciones parlamentarias en 1990 salió elegido senador el ideólogo de la dictadura, Jaime Guzmán, aunque sólo tenía el 17 por ciento de los votos, casi la mitad que los candidatos de izquierda.)
Esto quiere decir, simplemente, que los electores elegimos sólo a un senador, si acaso y dicho esto con mucha generosidad: el político elegido en primera mayoría. Los otros no son elegidos, sino nombrados por las directivas de los partidos, que de este modo secuestran ilegítimamente la voluntad ciudadana. Los senadores y diputados nombrados directamente por las directivas, sin pasar por el paripé de las elecciones, son un ejemplo extremo de lo que algunos llaman la democracia chilena. El sistema binominal es derechamente una negación de la democracia.
No vale la pena detenerse en las otras insensateces (por ejemplo, que los anarquistas quieren participar en elecciones) y falsedades del senador. La última en su texto es que la extrema izquierda es la que pide democracia. Yo no me siento de extrema izquierda y sin embargo quiero que mi país vuelva a ser una democracia que se rija por un principio fundamental que distingue a este régimen político de todos los demás: un ciudadano equivale a un voto. En el sistema binominal, el voto del ciudadano vale la mitad, si acaso. El sistema binominal es una farsa humillante. Ir a votar no tiene el menor sentido y es una completa pérdida de tiempo. Por esa razón, los demócratas debemos seguir negándonos a participar en las elecciones, porque sólo legitiman un sistema injusto y estúpido que es la negación de una de nuestras principales virtudes como país y que perdimos en septiembre de 1973.
lísperguer

persisten asesinatos en colombia


Pese a los avances en seguridad, Colombia sigue siendo un país peligroso para activistas sociales, sindicalistas y políticos. Continúa conflicto que ha desestabilizado a Colombia durante décadas.
[Chris Kraul] San Onofre, Colombia. Pregúntele a Arleth Mendoza si se siente segura ahora que el gobierno colombiano ha desmovilizado a las milicias de extrema derecha y casi ha declarado victoria en su larga guerra contra los rebeldes de izquierda.
Su marido, Antonio, un concejal que defendió a los campesinos sin tierra, fue asesinado a balazos en julio, dejando a sus tres hijos, todos menores de nueve años, huérfanos de padre.
"No hubo aviso, ni amenazas. Lo mataron a sangre fría", dijo la viuda, que todavía parece estar en shock después de seis semanas. "Daba todo a sus amigos y familia, pero desde que murió no he recibido ni la menor ayuda de la municipalidad o del estado, ni siquiera los mil quinientos pesos que costó sepultarlo."
Colombia ha logrado avances en seguridad en la última década, pero sigue siendo un país peligroso para activistas de derechos humanos, líderes sindicales y políticos. Decenas de activistas han sido asesinados este año en una ola de intimidación que deja en claro que el conflicto civil y el caos que ha desestabilizado a Colombia durante más de cuarenta años están lejos de haber pasado.
Antonio Mendoza entró a la política para ayudar a los campesinos desplazados a buscar la restitución de sus tierras en manos de usurpadores y tenía esperanzas de que la nueva ley que compensa a las víctimas del largo conflicto podría hacer avanzar el proceso. Pensaba que podía usar canales pacíficos para recuperar la tierra que sus electores habían perdido a manos de criminales milicias hace diez años.
Pero muchas de las bandas paramilitares que se desmovilizaron en 2006 y antes se han transformado en lo que el gobierno llama bacrims -bandas criminales. Han reanudado las actividades de sus predecesores, apropiándose de la tierra obligando a los campesinos a huir, extorsión y narcotráfico. A menudo forjan alianzas con los rebeldes de izquierda, los que, aunque debilitados, todavía causan estragos en las zonas rurales con secuestros y atentados contra la infraestructura energética y el personal.
Dos asesinos mataron a Mendoza el 1 de julio cuando bebía una cerveza en un salón de billar local. No han habido detenciones, pero sus actividades le ganaron poderosos enemigos entre las bandas que acumulan tierras aquí en el departamento de Sucre para dedicarlas a la minería y a las plantaciones de teca, y entre los narcotraficantes para quienes San Onofre es una importante ruta para el transporte de drogas. La comuna ofrece un corredor perfecto hacia el Caribe, desde donde la cocaína es embarcada ilegalmente hacia Estados Unidos.
"Era una persona muy noble y humanitaria", dijo Arleth Mendoza sobre su marido. "Ayudaba a quien le pidiera ayuda. El bienestar de los otros era para él más importante que el suyo propio."
Dos días antes de la entrevista con la viuda, Luis Díaz Villa, un dirigente sindical en el vecino departamento de Córdoba, fue asesinado a balazos. Villa es el sindicalista número 52 asesinado este año en Colombia, de acuerdo a la CUT, el sindicato más grande del país. (El gobierno colombiano pone en duda las cifras del sindicato, diciendo que los asesinados son quince.)
Y en la pequeña ciudad de Chinacota al nordeste de Colombia el mes pasado, los asesinos fueron a por la candidata a concejal y madre soltera María Elizabeth Mendoza, uno de los doce funcionarios públicos actuales o aspirantes asesinados este año. La policía no ha mencionado motivos ni sospechosos de su asesinato, diciendo solamente que fue asesinada por dos hombres armados en una motocicleta.
Aunque los defensores de los pobres y de los marginados generalmente corren riesgos, quizás los que se encuentran en línea de fuego son los líderes de los grupos de campesinos despojados, los que, como Antonio Mendoza, han sido alentados por la reciente ley de compensación.
El gobierno ha elevado las expectativas de las víctimas pero carece del dinero y el personal policial y judicial para hacer avanzar oportunamente el proceso, dijo Marco Romero, director de CODHES, una organización de derechos humanos con sede en Bogotá.
"Los grupos armados están tratando de hacer que los campesinos escojan entre sus vidas o sus tierras", dijo Romero. "Como los asesinatos continúan, tendrán más miedo y es menos probable que presenten demandas. Protegerlos es un enorme reto para el gobierno."
Después de ocho años de avances con el presidente Álvaro Uribe, que terminó su mandato en agosto de 2010, muchos índices de criminalidad reflejan un deterioro reciente en seguridad en el país. Aunque el número de homicidios en Colombia ha caído en un dos por ciento en lo que va de año, ha habido un aumento del veinticinco por ciento en los secuestros y víctimas de masacres, de acuerdo a la oficina de monitoreo de derechos humanos de la vicepresidencia colombiana.
Los analistas ven el surgimiento de la violencia como el principal factor en la reciente renuncia del ministro de Defensa Rodrigo Rivera. Responsable de las fuerzas militares y de la policía, supervisó durante sus trece meses de mandato operaciones que resultaron en la muerte de Víctor Julio Suárez Rojas, un comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia conocido por su nombre de guerra Mono Jojoy, y del comandante Pedro Guerrero.
El presidente Juan Manuel Santos anunció a principios de mes que el gobierno gastaría ochocientos millones de dólares adicionales en seguridad en los siguientes cuatro años, incluyendo la contratación de veinte mil agentes de policía más. Al día siguiente, el 6 de septiembre, anunció cambios en las comandancias de las fuerzas militares.
El aumento de la violencia ha creado un creciente problema político para Santos, que quiere que el Congreso estadounidense apruebe un tratado de libre comercio con Colombia. El acuerdo ha estado en el limbo durante cinco años, en parte porque un grupo de demócratas en el Congreso cree que la aprobación debe ser aplazada hasta que Colombia mejore sus antecedentes en derechos humanos.
Aunque reconoce que el proyecto de libre comercio es probable que sea aprobado este año, el representante James McGovern (demócrata de Massachusetts) ve una preocupante tendencia en la violencia. En una reunión con Santos este último mes, dice, expresó su preocupación por la "consolidación de redes criminales y paramilitares en muchas partes del país."
"Estoy muy alarmado por el aumento de los asesinatos y amenazas contra líderes de las víctimas y de los despojados en Sucre y Córdoba, donde estuve, así como contra defensores de los derechos humanos y sindicalistas en todo Colombia", dijo McGovern.
El auge económico colombiano ha dado a las bandas criminales o sus apoderados un nuevo incentivo para hacerse con tierras, las que pueden vender luego a compañías mineras, agrícolas y madereras, dijo Juan David Díaz, líder de MOVICE en Sucre, una organización de defensa de las víctimas y de los campesinos despojados.
"Exigimos que el estado expropie la tierra que estos grupos todavía controlan, y es por que nos están amenazando", dijo Díaz, que habló por teléfono desde Miami, adonde huyó en junio después de recibir numerosas amenazas.
Romero, del CODHES, observó que la violencia puede estar relacionada con las inminente elecciones locales, cuando los grupos armados tratan de ganar influencia y hacer elegir a sus candidatos favoritos.
"Colombia es única en el mundo: está tratando de compensar a las víctimas cuando el país está todavía en guerra", dijo Romero. "Esos criminales no se han desmovilizado nunca."
[Pese a la deteriorada situación de derechos humanos en el país, el Congreso estadounidense finalmente aprobó el tratado de libre comercio con Colombia.]

18 de octubre de 2011
16 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer


inverosímil complot iraní


Muy raro y bizarro este complot. Difícil decir cómo sigue esta historia, o si recién empieza o si ya se terminó. O’Donnell sobre la acusación de Obama que Irán planeaba asesinar al embajador saudí en Estados Unidos.
[Santiago O’Donnell] Muy raro y bizarro el complot denunciado por el gobierno de Estados Unidos, involucrando nada menos que al gobierno iraní, en un intento de asesinato del embajador saudita en Washington (foto) a través de un vendedor de autos usados de Texas y un narco mexicano que resultó ser buchón de la DEA.
Nada es como parece. Una cosa es inventar una excusa para justificar una invasión, y de esto Estados Unidos está lleno de ejemplos lejanos y recientes. Otra cosa es fabricar un incidente cuando el país se está retirando derrotado de dos guerras y está en medio de la peor crisis económica desde la Gran Depresión.
Hay que ver el contexto. Tanto en Afganistán, donde la invasión desplazó un régimen talibán enfrentado con las tribus chiítas, como en Irak, donde Estados Unidos transfirió el poder a la mayoría chiíta tras derrocar a Saddam Hussein, Washington depende de la colaboración iraní para llevar adelante sus misiones. En Medio Oriente ocurre algo parecido con la influencia iraní sobre el movimiento chiíta libanés Hezbolá. Esto no quiere decir que Estados Unidos e Irán son aliados ni mucho menos. Washington alentó las protestas en Irán que se sucedieron a las cuestionadas elecciones del 2009 y ha acusado al régimen islámico de alentar la insurgencia de facciones chiítas en Irak. Estados Unidos también encabeza la lista de países que busca sancionar y aislar a Irán por su programa nuclear. Pero queda claro que Ahmadinejad, el carismático presidente iraní, no es un Khadafi indefenso. Si Washington quiso inventar un conflicto, lo hizo en un momento inoportuno, dada la correlación de fuerzas.
También llama la atención la cantidad de agencias involucradas: la DEA, el FBI, la CIA, Migraciones Mexicanas, Aduana de Estados Unidos, dos fiscales federales, un juez del estado de Nueva York. Normalmente los complots yanquis se arman con una carpetita de alguna agencia de inteligencia, algún general presenta la carpetita en el Capitolio, después algún funcionario la lleva a las Naciones Unidas. Como Colin Powell con el cuento de las armas de destrucción masiva para invadir a Irak. Y esto se hace así porque las agencias de seguridad tienen una larga historia de vigilarse entre sí, ya que compiten por partidas presupuestarias en el Congreso. El caso más notorio de esta competencia es el de Watergate, donde el FBI desbarató el encubrimiento de la CIA de la red de espionaje de Richard Nixon, por lo que el entonces presidente debió renunciar.
Por ley, el FBI se encarga de los atentados terroristas en territorio de Estados Unidos, actuando como lead agency (agencia líder), mientras que la CIA lo hace en el exterior, aunque a veces el FBI es convocado en el exterior para hacer peritajes y trabajo técnicos, y la CIA es llamada a prestar informes de Inteligencia sobre presuntos terroristas extranjeros que intentan operar en territorio estadounidense. Pero los mandatos se respetan. Así como en el exterior la CIA regularmente "pisa" operaciones de la DEA y el FBI, esto es, ejercita la potestad de frenarlas invocando razones de seguridad nacional, dentro de Estados Unidos el FBI recela y desconfía de todo lo que hace la CIA. La DEA, al igual que el FBI, depende del Departamento de Justicia, mientras que la CIA reporta directamente a la Casa Blanca y mantiene vínculos históricos con el Departamento de Estado y cierta distancia del Pentágono y el Departamento de Defensa. La DEA no tiene el mandato de combatir el terrorismo, como la CIA y el FBI, pero en cambio la CIA y el FBI sí tienen como misión combatir el narcotráfico, aunque la CIA sólo puede hacerlo en el exterior. Esto hace que las competencias se crucen y se superpongan. Es común que la DEA detenga a un narco tras meses de investigación, sólo para enterarse de que es un buchón del FBI. O que el FBI detenga a un terrorista y descubra que es un operador encubierto de la CIA. Otras agencias como el Servicio Secreto Uniformado (Casa Blanca), el Buró de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (Departamento del Tesoro), el Servicio Aduanero (Departamento de Estado) y las agencias de Inteligencia de Estado y Defensa mantienen distintas competencias de narcotráfico y terrorismo. Estas competencias se basan en leyes y se financian con partidas aprobadas por el Congreso estadounidense, a partir de los detallados informes secretos anuales que los responsables de esas agencias presentan ante los Comités de Inteligencia de las dos cámaras. Ese complejo entramado de competencias e intereses tiende a desalentar la participación del FBI y de la DEA en los complots, asesinatos, secuestros y golpes de Estado gestados por la CIA, que por algo ocurren fuera de Estados Unidos.
Acá, por las extrañas características del caso, las tres agencias tomaron parte en la investigación de la fiscalía. La denuncia supuestamente apareció en medio de una investigación narco que llevaba adelante la DEA. Como involucraba un acto terrorista en Estados Unidos tomó cartas el FBI, y al agregarse extraoficialmente otros supuestos complots en el exterior, fue convocada la CIA. Como el vendedor de autos usados fue detenido en Nueva York, a su regreso de un frustrado viaje a México para contratar a los narcos, intervino la Justicia de ese Estado. En Estados Unidos el FBI mantiene un prestigio que la CIA hace rato perdió y existe una larga tradición de independencia judicial, a pesar de que el fiscal general forma parte del gabinete presidencial. Por eso es llamativo que el FBI y el juez de Nueva York avalen una denuncia que a todas luces parece dudosa.
Que Irán contrate a un vendedor de autos usados, vaya y pase. El hombre se había fundido y perdido su trabajo en medio de la recesión. El año pasado viajó a Irán, la madre patria, y allí pudo haber entrado en contacto con alguna gente. Pero que un Estado teocrático contrate sicarios de un cartel narco, que un cuerpo de elite como los Kuds planee una operación tan torpe, escapa a toda lógica. El escepticismo con que fue recibida la denuncia en todo el mundo tuvo su eco en la prensa estadounidense. "Esto se parece a un salad bar de cocina fusión de las ansiedades de la seguridad estadounidense", describió un analista citado por el Huffington Post. Para agregar más confusión, mientras los voceros del Departamento de Defensa y del Pentágono salían a aclarar que se trataba de un tema judicial que debía ser resuelto por la vía legal y diplomática, la canciller Hillary Clinton hacía llamados a la comunidad internacional a aislar al régimen iraní.
Veinticuatro horas después del anuncio, el propio Obama tuvo que salir a defender la acusación. "No hubiéramos hecho esta denuncia si no tuviéramos los elementos respaldatorios", dijo el presidente norteamericano. Su lógica es bastante razonable. O sea, está bien, suena increíble que el gobierno iraní autorice semejante mamarracho. Pero también es ridículo pensar que lo voy a armar yo, parece decir Obama. Yo no soy Bush, el FBI no es la CIA, parece decir. Si la vamo’ a inventar nosotros, nosotros que inventamos Hollywood, entonces la vamo’ a inventar bien.
En todo caso, de comprobarse que todo fue armado, el daño para la credibilidad estadounidense, dadas las instituciones y los personajes involucrados, será mucho mayor que la mentira de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein.
En un punto el tema es sencillo. La denuncia judicial sostiene que escuchas telefónicas y una transferencia bancaria demuestran el involucramiento de altos oficiales Kuds en el complot. Irán niega que esas pruebas existan. Dice que es imposible transferir cien mil dólares desde Irán a Estados Unidos y que decir "el Chevrolet está listo" no quiere decir "asesinen al embajador". ¿Cuánto hay de verdad, cuánto de mentira y cuánto de exageración? En un corto tiempo se sabrá, o algún día, o nunca.
Sea como fuere, lo que asoma es la ansiedad del gobierno estadounidense ante una situación de vulnerabilidad y una sensación de inseguridad, que son dos cosas distintas. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se había acostumbrado a una hegemonía económica y militar que ya no es tal. La pérdida de poder relativo coincide con una crisis moral por un sistema agotado, el fin del sueño americano.
Si la denuncia del complot es un vil pretexto para intentar aislar a Irán, zarpazo de un tigre herido que resiste batirse en retirada, agachada de Obama para aplacar a los neocons y el lobby militar, entonces Estados Unidos está mucho peor de lo que muchos pensaban.
Pero si lo que dice Obama está más o menos cerca de la verdad, si hubo algún tipo de luz verde de algún estamento del gobierno iraní, entonces habrá que celebrar que dentro de todo el asunto se haya encauzado por la vía de la justicia y de la diplomacia. Lo que hoy se percibe como una patética sobreactuación pasará a ser una señal de madurez de una potencia que acepta los límites que le impone su nueva realidad.
Mmmmmm, raro. Muy raro y bizarro este complot. Difícil decir cómo sigue esta historia, o si recién empieza o si ya se terminó.
17 de octubre de 2011
16 de octubre de 2011
©página 12
cc traducción c. lísperguer

el otro ejército de estados unidos


Una mirada en el Comando Conjunto de Operaciones Especiales de las fuerzas militares de Estados Unidos. El ejército secreto de Estados Unidos secuestra, detiene, tortura, mata y es impune.
[Dana Priest y William M. Arkin] Los aviones no tripulados y las fuerzas paramilitares de la CIA han matado a decenas de dirigentes de al Qaeda y a miles de sus militantes. Pero hay otra misteriosa organización que ha asesinado incluso a más enemigos de Estados Unidos desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Los operativos de la CIA han encarcelado e interrogado a casi cien sospechosos de terrorismo en sus ex cárceles secretas en todo el mundo, pero las tropas de esta otra organización secreta han encarcelado e interrogado casi a mil, manteniéndolos en cárceles controladas por la organización en Iraq y Afganistán.
Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, este secreto grupo de hombres (y algunas mujeres) se ha multiplicado por diez mientras mantiene un nivel de oscuridad que ni siquiera la CIA ha logrado. "Somos la materia oscura. Somos la fuerza que pone orden en el universo, pero que no puede ser vista", dijo, hablando a condición de conservar el anonimato, un robusto marine de la Armada.
Los SEALs [marines de la Armada] forman parte del Comando Conjunto de Operaciones Especiales de las Fuerzas Armadas estadounidenses, conocido como JSOC, que ha pasado de ser un equipo de rescate de rehenes rara vez usado en el ejército secreto de Estados Unidos. Cuando los miembros de esta fuerza de elite asesinaron a Osama bin Laden en Pakistán en mayo, los jefes del JSOC celebraron no solamente el éxito de la misión sino también el hecho de que casi nadie sabía de la existencia del comando, con sede en Fayetteville, Carolina del Norte.
Este artículo, la adaptación de un capítulo del recién publicado ‘Top Secret America: The Rise of the New American Security State’, de los periodistas del Washington Post Dana Priest y William M. Arkin, lleva la crónica del espectacular surgimiento del JSOC, gran parte del cual no ha sido revelado nunca. Dos presidentes y tres ministros de Defensa han pedido al JSOC rutinariamente que prepare misiones de recabamiento de inteligenca y operaciones letales, mayormente en Iraq y Afganistán, aunque también en países con los que Estados Unidos no está en guerra, entre ellos Yemen, Pakistán, Somalia, Filipinas, Nigeria y Siria.
"La CIA no tiene el tamaño ni la autoridad para hacer algunas de las cosas que nosotros sí podemos hacer", dijo un operador del JSOC.
El presidente también ha otorgado al JSOC la rara autoridad de seleccionar individuos para ser incluidos en sus listas de muerte, y luego asesinarlos, antes que capturarlos. Los críticos acusan que estas misiones de cacería y eliminación de individuos equivalen a asesinatos, una práctica prohibida por las leyes estadounidenses. La lista negra del JSOC normalmente no está coordinada con la CIA, que maneja una lista similar, pero más corta.
Creada en 1980 pero remodelada en los últimos años, el JSOC ha crecido de mil ochocientos efectivos antes del 11 de septiembre de 2001 a veinticinco mil, una cifra que fluctúa de acuerdo a la misión. Tiene su propia división de inteligencia, sus propios aviones espía y aviones de reconocimiento, incluso sus propios satélites. También tiene sus propios combatientes en el espacio virtual, los que, el 11 de septiembre de 2008, bajaron de la red a todos los sitios yihadistas.
La oscuridad ha sido una de las características de la unidad. Cuando los oficiales del JSOC trabajan en agencias civiles del gobierno o en embajadas estadounidenses en el exterior, lo que ocurre a menudo, no usan uniforme militar, a diferencias de sus otros colegas militares. En el combate no llevan nombre ni identificadores de rango. Se esconden detrás de varios apodos: Ejército Secreto de Virginia del Norte (Secret Army of Northern Virginia), Task Force Green, Task Force 11, Task Force 121. Los jefes del JSOC no hablan casi nunca en público. No tienen una página web pública.
Pese al secreto, el JSOC no puede realizar operaciones encubiertas como la CIA. Las acciones encubiertas, en las que el papel de Estados Unidos se mantiene secreto, exige una orden presidencial y una notificación parlamentaria. Muchos funcionarios de seguridad nacional, sin embargo, dicen que las operaciones del JSOC son tan similares a las de la CIA que equivalen a operaciones encubiertas. La unidad recibe órdenes directamente del presidente o del ministro de Defensa, y es dirigida por un cadena de mando solamente militar.
Durante la presidencia de George W. Bush, las operaciones del JSOC eran rara vez comunicadas de antemano al Congreso -y normalmente tampoco después- porque los abogados del gobierno las consideraban "actividades militares tradicionales" que no exigen esa notificación. El presidente Obama ha adoptado la misma opinión, pero ha insistido en que las misiones sensibles del JSOC sean comunicadas a los líderes del Congreso.

Fuerza Letal
La primera misión del JSOC en 1980, la Operación Garra de Águila, el intento de rescate de diplomáticos retenidos como rehenes por estudiantes iraníes en la embajada estadounidense en Teherán, terminó con la colisión de un helicóptero en el desierto y la muerte de ocho miembros del equipo. El extremo secreto de la unidad también provocó la desconfianza de los comandantes militares tradicionalistas y, como resultado, fue rara vez utilizada durante conflictos.
El ministro de Defensa Donald Rumsfeld, todavía dolido por la capacidad de la CIA para entrar por primera vez en Afganistán y frustrado por la lentitud del ejército, infundió nueva vida a la organización. El núcleo del JSOC incluye a la Delta Force del Ejército, los marines de la Armada, el Team 6, el Escuadrón de Tácticas Especiales 24 de la Fuerza Aérea y el Regimiento Ranger No. 75.
El carácter letal del JSOC quedó demostrado en la batalla de la montaña Tora Bora en diciembre de 2001. Aunque bin Laden y muchos de sus seguidores finalmente huyeron a través de la frontera con Pakistán, una historia del ejército narraba que en las noches del 13 y 14 de diciembre el JSOC mató a tantas tropas enemigas que los "cadáveres de los combatientes de al Qaeda fueron retirados al día siguiente del campo de batalla" en camiones.
También ha cometido errores. El 1 de julio de 2002, en lo que la Rand Corp. clasificó como "el ataque por error más grave de toda la guerra", un equipo de reconocimiento del JSOC, persiguiendo a talibanes, fue atacado y un helicóptero de combate AC-130 disparó contra seis sitios en el pueblo de Kakarak. Según los cálculos cayeron entre 48 y cientos de civiles. El "incidente de la boda", como se conoció debido a que entre los blancos se encontraba una boda, convenció a muchos afganos que las fuerzas estadounidenses despreciaban la vida de los civiles.
Sin embargo, el 16 de septiembre de 2003, Rumsfeld firmó un decreto consolidando al JSOC como el centro del universo contraterrorista. Incluía un listado de quince países y las actividades permitidas bajo diversos escenarios, y daba la aprobación previa para realizarlas.
En Iraq y Afganistán, las acciones letales contra al_Qaeda fue garantizada sin una aprobación adicional. En los otros países -entre ellos Argelia, Irán, Malasia, Mali, Nigeria, Pakistán, Filipinas, Somalia y Siria-, el JSOC necesitaba la aprobación explícita del país implicado o al menos una aprobación de un superior en la cadena de mando estadounidense. En Filipinas, por ejemplo, el JSOC podía emprender operaciones psicológicas para confundir o atrapar a operativos de al Qaeda, pero para acciones letales necesitaba aprobación de la Casa Blanca. Para atacar blancos en Somalia necesitaba al menos la aprobación del ministro de Defensa, mientras que los ataques en Pakistán y Siria necesitaban la aprobación presidencial.
En el otoño de 2003, JSOC recibió un nuevo comandante que convertiría la organización en el arma más efectiva en el arsenal antiterrorista de Estados Unidos. Desde su privilegiada posición como subdirector de operaciones en el Comando Conjunto, el general de brigada Stanley A. McChrystal había llegado a creer que en los círculos más altos del gobierno existía una aversión a tomar decisiones. Nadie quería equivocarse, así que hacían más preguntas o agregaban más capas al proceso. El nuevo énfasis en la cooperación entre agencias también significó reuniones más grandes y más largas. Cualquiera de entre una multitud de agencias podía retrasar una operación hasta que fuera demasiado tarde.
McChrystal creía que tenía que "escabullir el control" de la sofocantes burocracia de Washington, dijo a sus asociados. Trasladó sus oficinas a la Base Aérea Balad, a 72 kilómetros al nordeste de Bagdad, y trabajó en un viejo hangar de cemento con tres centros de mando conectados: uno para luchar contra los afiliados de al Qaeda en Iraq, otro para la lucha contra los extremistas chiíes en el país y el tercero para sí mismo, de modo que pudiera supervisar todas las operaciones.
Persuadió a otras agencias de inteligencia de que lo ayudaran -la presencia de la CIA creció a cien; el FBI y la Agencia de Seguridad Nacional a ochenta, juntos. Ganó su lealtad exponiendo completamente la operación a todos los involucrados. "Mientras más gente comparte tu problema, mejor lo resolverás", diría.
McChrystal instaló una sola mesa de trabajo y un portal donde las tropas podrían subir documentos, chatear, buscar inteligencia disponible sobre blancos -fotografías, biometría, transcripciones, informes de inteligencia- y seguir el tráfico de mensajes de los comandantes durante el curso de las operaciones.
Luego dio acceso a este a los rivales burocráticos del JSOC: la CIA, la NSA, el FBI y otros. También empezó a colocar a sus hombres en cada una de las agencias de seguridad nacional en Washington. En total, desplegó 75 funcionarios entre agencias de Washington y cien más en todo el mundo. Rotaban cada cuatro meses, de modo que ninguno quedara desconectado del combate.
Algunos veían a los enlaces como espías de una organización que ya era demasiado importante. Pero esas sospechas no lograron hacer descarrilar ni al JSOC ni a McChrystal.
Los rumores decían que comía una sola vez al día y corría 16 kilómetros diarios. Con su cara tensa, sus ojos intensos y delgado, se parecía a su personaje. Un letrero en Balad decía: "175 2." Diecisiete horas de trabajo, cinco de sueño, dos para comer y hacer ejercicios.
La legendaria ética del trabajo de McChrystal se mezclaba bien con su exuberancia irlandesa y su aspecto de hombre corriente. Consideraba que beber cerveza con sus subordinados era un importante ejercicio de camaradería. Prefería que le llamaran por su nombre de pila. Parecía casi ingenuamente confiado. (Este rasgo fue la causa de la perdición de McChrystal en 2010, después de que fuera ascendido a comandante de las tropas en Afganistán. Él y miembros de su círculo íntimo hicieron comentarios inapropiados sobre sus jefes civiles en presencia de un periodista de Rolling Stone. McChrystal ofreció su renuncia, y Obama la aceptó rápidamente.)

Sacando Partido de la Tecnología
La dependencia de la resistencia iraquí de la tecnología moderna también dio una ventaja al moderno JSOC y sus socios, especialmente a la Agencia de Seguridad Nacional. La NSA aprendió a localizar todas las señales electrónicas en Iraq. "Hicimos nuestro agosto", dijo un alto comandante del JSOC, hablando a condición de conservar el anonimato, para describir las operaciones secretas.
Una innovación fue llamaba la Varita de Zahorí Electrónica, un sensor llevado por los comandos que podía detectar la ubicación de un celular en particular. El pitido se hacía más fuerte cuando un soldado con el dispositivo se acercaba a la persona que llevaba el teléfono.
Matar al enemigo era la parte fácil, dijeron comandantes del JSOC; localizarlo era lo más difícil. Pero gracias a Roy Apseloff, director del National Media Exploitation Center, la agencia del gobierno estadounidense para analizar documentos incautados por las fuerzas armadas y la comunidad de inteligencia, el recabamiento de inteligencia del JSOC mejoró dramáticamente. Apseloff ofreció a McChrystal prestarle sus propios empleados en Fairfax para estudiar ítemes incautados durante allanamientos. El equipo de Apseloff bajaba los contenidos de unidades de memoria flash, celulares y ordenadores bloqueados o dañados para extraer nombres, números de teléfono, mensajes e imágenes. Luego procesaban y almacenaban los datos, relacionándolos con otras informaciones que pudieran ayudar a los analistas a encontrar no solamente a un tipo malo sino a toda una red de ellos.*
El mayor reto era como encontrar las gemas en el tacho de basura con suficiente rapidez como para ser útil. La clave era más ancho de banda, la línea electrónica que transportaba informaciones como correos electrónicos y llamadas telefónicas en todo el mundo. Afortunadamente para las fuerzas armadas y el JSOC, los atentados de 2001 coincidieron con un desarrollo no-relacionado: la caída de las punto com. Creó una sobreabundancia en la capacidad comercial de los satélites y las fuerzas armadas compraron gran parte de esta.
En un año desde la llegada de McChrystal, el JSOC había coordinado a 65 estaciones en todo el planeta para permitir a los espectadores participar en las teleconferencias por video de 45 minutos que dictaba dos veces al día. Para 2006, el JSOC había aumentado en tres años cien veces su capacidad de ancho de banda, de acuerdo a altos oficiales.
El otro reto que enfrentaba el JSOC era humano: interrogadores mal preparados tenían poca información sobre los detenidos individualmente y no sabían qué preguntar o cómo preguntar de modo más efectivo. Peor, algunos miembros de la Task Force 121 del JSOC estaban golpeando a los prisioneros.
Incluso antes de que las fotos tomadas por militares en la cárcel de Abu Ghraib empezaran a circular en 2004, un informe confidencial advirtió que algunos interrogadores del JSOC estaban maltratando a los prisioneros y ocultándolos en recintos secretos. Las tropas del JSOC también detenían a las madres, esposas e hijas cuando en una casa no encontraban al hombre al que andaban buscando. El informe advertía que esas detenciones y otras operaciones de barrido masivas eran contraproducentes si se quería ganar el apoyo de los iraquíes.
Otra investigación sobre los centros de detención del JSOC en Iraq durante un periodo de cuatro meses en 2004 concluyó que los interrogadores daban a algunos prisioneros sólo pan y agua, en un caso durante diecisiete días. Otros prisioneros eran encerrados en celdas han hacinadas que no podían estar de pie ni tenderse mientras sus verdugos ponían música a todo volumen para impedirles dormir. Otros aun eran desnudados, empapados con agua fría y luego interrogados en cuartos con aire acondicionado o dejados a la intemperie.
Finalmente 34 soldados de grupos de trabajo del JSOC fueron disciplinados en cinco ocasiones en un periodo de un año a partir de 2003.
McChrystal ordenó a su jefe de inteligencia, Michael Flynn, que profesionalizara el sistema de interrogatorios. Para el verano de 2005, las cabinas de interrogatorio del JSOC, en Balad quedaban a la vuelta de la esquina de la enorme conejera de cuartos donde los especialistas utilizaban memorias, ordenadores, celulares y documentos para usar durante los interrogatorios. Los mapas de papel fueron retirados de las paredes y remplazados con pantallas planas y sofisticados mapas computarizados. A los detenidos dispuestos a cooperare se les enseñaba a usar un ratón para recorrer sus vecindarios virtuales para identificar a blancos potenciales.
El JSOC tenía que acatar las reglas establecidas en el Manual de Campo del Ejército para interrogar a los detenidos. Pero a sus interrogadores se les permitía mantenerlos apartados de los otros prisioneros y retenerlos durante noventa días, con las aprobaciones correspondientes de sus superiores y en algunos casos de abogados del Ministerio de Defensa, antes de que fueran integrados a la población normal de las cárceles militares.
El nuevo sistema de interrogatorios también incluía al FBI y a un equipo judicial que reunía evidencias necesarias para juicios en la Corte Penal Central en Bagdad. Desde principios de 2005 a principios de 2007, los equipos enviaron a más de dos mil personas a juicio, dijeron altos oficiales.

Bajas
Al Qaeda utilizó la invasión norteamericana de Iraq como un llamado a las armas para terroristas y reclutas en todo Oriente Medio, los que empezaron a llegar desde Túnez, Libia, Egipto y Arabia Saudí -hasta doscientos al mes en el punto más álgido. Hacia fines de 2005 emergió un impactante panorama: Iraq abundaba en redes de al Qaeda semiautónomas.
Al Qaeda había dividido Iraq en secciones y nombrado a un comandante provincial a cargo de cada una. Estos comandantes además dividían sus territorios en distritos y nombraban a militantes para encargarse de cada uno, de acuerdo a oficiales. Había líderes urbanos dentro de esas zonas y células en cada ciudad. Había jefes para combatientes extranjeros, para finanzas y para comunicaciones.
Hacia la primavera de 2006, usando un ancho de banda extendido y la constante vigilancia de aviones espías, el JSOC llevó a cabo una serie de ataques, conocida como Operación Arcadia, en la que recogieron y analizaron 662 horas de video filmadas en diecisiete días. La operación incautó 92 discos compactos y montañas de documentos, lo que provocó otra rondas de allanamientos en catorce ubicaciones. Esos golpes proporcionaron discos duros, unidades de memoria flash y un sótano donde se apilaban 704 discos compactos, incluyendo copias de una sofisticaba campaña de propaganda de al Qaeda. La Operación Arcadia condujo, el 7 de junio de 2006, a la muerte del jefe de al Qaeda en Iraq, Abu Musab al-Zarqawi, cuando el JSOC ordenó un ataque aéreo para asesinarlo.
El carácter letal del JSOC era evidente en sus listas de bajas: en 2008, solamente en Afganistán, comandos del JSOC atacaron quinientos blancos y mataron a unas mil personas, contaron oficiales. En 2009 realizaron 464 operaciones y mataron a cuatrocientos a quinientos enemigos. Mientra Iraq se hundía en el caos en el verano de 2005, el JSOC realizó trescientos allanamientos al mes. Más del cincuenta por ciento de los comandos de la Delta Force del Ejército del JSOC tienen ahora Corazones Púrpuras.
Los ataques más intensos en Iraq le recordaban a McChrystal la descripción de Lawrence de Arabia de "anillos de pesar", el coste emocional entre pequeños grupos de combatientes. Grandemente influido por la vida de Lawrence, McChrystal veía a sus tropas del JSOC como modernas fuerzas tribales dependiendo unas de otras para formar alianzas y sobrevivir.
Si ganar guerras se lograra sólo con asesinatos, el libro del JSOC ya podría estar escrito. Pero en la época moderna ninguna guerra se gana solamente matando a suficientes enemigos. En la edad de las armas de precisión, ocurren accidentes que provocan enormes reveses políticos.
Cada ataque del JSOC en el que también quedaron civiles heridos o muertos, o casas o medios de supervivencia destruidos, se convirtió en una fuente de quejas tan profundas que es difícil calcular los efectos contraproducentes, todavía en desarrollo. El éxito del JSOC en los ataques contra las casas, negocios e individuos correctos era sólo del cincuenta por ciento, de acuerdo a dos comandantes. Consideran que esta tasa era buena.
"A veces nuestras acciones eran contraproducentes", dijo McChrystal en una entrevista. "Podíamos decir: ‘Tenemos que matar a ese tipo’, pero los efectos de nuestra acción kinésica eran negativos y ellos [las fuerzas armadas convencionales que ocupaban gran parte del país] debían encargarse del caos."
En 2008, Bush mandó al JSOC, brevemente, a Pakistán. Para atenuar la inquietud de la embajadora estadounidense Anne Patterson sobre las crecientes muertes de civiles en ataques del JSOC en otros países, los comandos le entregaron una consola Predator para que pudiera presenciar los ataques en tiempo real. Debido a la indignación pública en Pakistán, oficiales norteamericanos cancelaron la misión después de sólo tres allanamientos. La CIA continúa realizando ataques con aviones no tripulados en el país.

Burocracia
El Ministerio de Defensa ha dado el JSOC un papel mayor en las misiones no militares, incluyendo el trazado del flujo de dinero desde bancos internacionales para financiar redes terroristas. También se ha implicado profundamente en "operaciones psicológicas", que fueron rebautizadas como "operaciones de información militar" para que sonaran menos amenazadoras. El JSOC envía rutinariamente pequeños equipos de militares vestidos de paisano a embajadas estadounidenses para ayudar en lo que llaman campañas en medios y de mensajes de texto.
Cuando asumió el presidente Obama, simpatizó de inmediato con la organización. (Ayudó que el director de la CIA, Leon Panetta, tuviera un hijo que, como reservista de la Armada, estaba desplegado con el JSOC.) Pronto Obama estaba usando al JSOC incluso más intensamente que su predecesor. En 2010, por ejemplo, ordenó secretamente enviar tropas del JSOC a Yemen para asesinar a los líderes de al Qaeda en la Península Arábiga.
La Primavera Árabe obligó a la Casa Blanca a retrasar algunas misiones del JSOC. Entretanto, la organización está ocupada con su nuevo edificio de dos mil ochocientos metros cuadrados que es su nuevo centro de comando. A diferencia de oficinas anteriores, no está ubicado en alguna parte oscura del planeta. Está al otro lado de la carretera del Pentágono en prístino esplendor suburbano, a apenas cinco minutos de la oficina civil de McChrystal y sus restaurantes cerveceros favoritos.
Como lo implica su nombre, el objetivo del Grupo de Trabajo Conjunto para Operaciones Especiales-Región de la Capital Nacional no es la siguiente red terrorista, sino otro de sus enemigos de toda la vida: la burocracia de Washington. Cerca de cincuenta curtidos combatientes del JSOC y un puñado de otros agencias de inteligencia y policiales federales trabajan allá.
México está en primer lugar en su lista de deseos. De momento el gobierno mexicano, cuya Constitución limita los contactos con las fuerzas armadas estadounidenses, depende de otras agencias federales -la CIA, el Ministerio de Seguridad Interior, el Servicio de Control de Drogas (DEA) y el Servicio de Inmigración y Aduanas- para el recabamiento de inteligencia y otras tareas.
Pero el grupo de trabajo de la Capital Nacional del JSOC no está simplemente esperando ociosa que pueda ser útil a sus vecinos del sur. Está creando paquetes de objetivos para las agencias nacionales norteamericanas que han solicitado su ayuda, incluyendo el Servicio de Inmigración y Aduanas, la segunda agencia policial federal del país y la última en ocupar un papel importante en las actividades contraterroristas de Estados Unidos.
[Del libro ‘Top Secret America’, de Dana Priest y William M. Arkin.]
17 de octubre de 2011
2 de septiembre de 2011
©washington post
cc traducción c. lísperguer

violeta parra se fue a los cielos


Una muchacha y una guitarra.
[Mariano Del Mazo] Intratable, tierna, bohemia, áspera, aguda, frágil, indomable, Violeta Parra fue una de las artistas populares más emblemáticas de Chile y a la vez profundamente ignorada por décadas de cultura pinochetista. Capaz de sacrificar sus propias canciones para recopilar el cancionero popular por la cordillera, de alzar una carpa con la Universidad del Folklore, de exponer en el Louvre, de enloquecer de amor en París y de suicidarse a los 49 años, su vida es cinematográfica y a la vez un peligro para los lugares comunes de las buenas intenciones. De la mano de decisiones artísticas casi impecables y de una actriz notable capaz de interpretarla, el director chileno Andrés Wood filmó ‘Violeta se fue a los cielos’, una biopic que captura las mil aristas de la artista sin perder el filo. Radar habló con los dos para saber cómo y por qué lo hicieron.

"El riesgo era alto, pero también la inconciencia. La película es una mezcla de libertad y rigor", dice, para empezar, Andrés Wood, director de ‘Violeta se fue a los cielos’, extraordinaria biopic de una artista inabarcable, contradictoria, áspera y brillante, que se estrena en Argentina el 27 de este mes. La película fue vista por 350 mil espectadores, va a representar a Chile en los próximos Oscar y está basada en el libro homónimo de uno de los hijos de Violeta, Ángel Parra. El libro fue apenas un punto de partida: la película es finalmente un abordaje sesgado de algunas de las características del complejo temperamento de una mujer incómoda. "Violeta Parra no cabe en una sola película", razona Wood. Y vaya que razona y razonó: demoró siete años en decidirse a hacerla. Mientras tanto se consolidó como uno de los realizadores más interesantes de su país con films como ‘El desquite’, ‘La buena vida’ y, sobre todo, ‘Machuca.’
¿Cómo contar la vida de Violeta Parra? ¿Qué elegir, qué descartar? Desde la niña campesina con la cara mordida por la viruela que veía cómo su padre se emborrachaba guitarra en mano hasta la mujer abatida por el desamor y la tristeza que se pegó un tiro a los 49 años, en 1967, toda la existencia de la Viola aparece atravesada por condimentos cinematográficos: la infancia pobre, su pasión por los hombres –especialmente por hombres más jóvenes que ella–, la tragedia de la muerte de una hija bebé, el exilio, el descalabro económico, la política, la compositora sorprendente, la artista plástica intuitiva que llega a exponer en el Louvre... En fin, ¿cómo contar el escarpado y ancho espacio que queda entre la engañosa esperanza de ‘Gracias a la vida’ y el espíritu proto punk de ‘Maldigo del alto cielo’?

Según el Favor del Viento
‘Violeta se fue a los cielos’ terminó de definirse en el exacto momento en que el casting del protagónico llegaba a su fin y Wood entendió que había encontrado a su Violeta Parra. La elegida fue Francisca Gavilán, una hermosa actriz de teatro que cantaba aceptablemente y tocaba la guitarra... como zurda. Con maestría, Gavilán se va devorando pacientemente la película. No sólo cantó todas las canciones que integran la banda de sonido sino que también aprendió a tocar la guitarra como diestra. La interpretación dramática es soberbia y es posible que funcione como un boomerang que se dirige hacia su nuca profesional, como ocurrió por caso con Edgardo Nieva y Gatica: para bien y para mal, esta morocha afeada nunca va a dejar de ser Violeta Parra. Dice Francisca: "Crecí escuchándola. Creo que nos pasa a la mayoría de los chilenos: está en nuestro oído desde siempre. Pero ahora mi admiración ha crecido enormemente. Durante el proceso de filmación me dediqué a estar enfocada todo el tiempo en ella, fue una etapa de concentración máxima. Lloré mucho. Leía las escenas y me involucraba profundamente. Fue un reto total. Y además, cómo aprender a tocar la guitarra siendo zurda... Fue durísimo: ¡a los 37 años no es fácil aprender nada! Con mucha aplicación logré sacar algo de Violeta y dar con la voz que quiso mostrar Wood". Técnicamente, el canto de Gavilán es más dotado que el de Violeta. Asombra su parecido tímbrico y la diferencia con la original es, tal vez y sin hacer poesía barata, la ausencia del dolor y el resentimiento implosivo que Violeta dejaba drenar por su voz. La asesoría de la banda de sonido fue de Chango Spasiuk. "Necesitaba un referente un poco más alejado del proyecto que me diera una visión de lo que debería ser la música y la sonoridad general. Chango fue esa persona", dice Wood.
Si bien el film rastrea una vida a través de un montaje que alterna planos realistas y oníricos, sin coherencia cronológica y haciendo eje en el volcánico estado emocional de la protagonista más que en cuestiones de tiempo y lugar –el rodaje se realizó en Chile, en la Argentina y en Francia–, hay una entrevista televisiva editada en viñetas a lo largo del film que funciona como eje narrativo, casi como separadores que unidos captan la fragilidad de la artista y los ánimos alterados por distintos acontecimientos (rupturas, muertes, fracasos). Como una fiera arrinconada, Parra logra empero exhibir en vivo y en directo su humor feroz y su inteligencia impiadosa ante los prejuicios y la imbecilidad supina del periodista. La entrevista ocurre en el marco de un programa de la TV argentina y el rol de periodista lo cubre un efectivo Luis Machín en su estereotipo de porteño soberbio y engolado.

Periodista: Sin ánimo de ofender... ¿usted es india?
Parra: ¿Por qué me voy a ofender? Soy india, pero no totalmente. ¡Siempre estuve enojada con mi madre porque no se casó con un indio!

Ámbar Violeta
"Ella es la película", subraya Wood sobre Francisca Gavilán. "Hicimos un casting y un montón de actrices se parecían más o cantaban más al estilo de Violeta. Pero había algo en ella que la hacía diferente a todas las demás. Francisca me ayudó a construir secuencias, a encontrar cosas que yo no veía."
La aproximación de Wood a la compositora es puramente emotiva y privilegió lo episódico a lo biográfico, el mundo interior probable de Parra a datos de los diarios de época. Los folklorólogos trasandinos habrán perseguido con lupa los contenidos. Vano esfuerzo. "Cuando sentíamos que estábamos siendo biográficos, parábamos. Hay un aspecto que dudamos mucho de incluir o no, y que finalmente dejamos afuera: la influencia explícita de su hermano mayor Nicanor. Ella misma lo decía: ‘Sin Nicanor no hay Violeta’. De alguna manera, la estructura de la película no pudo contener a este hermano/padre. Y sí resalta a Hilda, una hermana que la historia sitúa en una posición secundaria", explica Wood. En esta frase, el director deja espiar las barajas de su arte: la estructura es la que manda, la estética, siempre en tensión entre –como dijo al principio– "el rigor y la libertad".
Frágil y tempestuosa, irascible, intratable, tierna y despojada, bohemia y provocadora, "áspera y fea" (como la definió María Elena Walsh citando el poema ‘La higuera’ de Juana de Ibarbourou luego de un encuentro –más bien un choque– en París, cuando lo más dulce que les dijo la chilena a ella y a Leda Valladares fue "argentinitas burguesas"), la Violeta de Wood aparece lejos del poster, extremadamente humana se diría, y en ese trazo que nunca es grueso y que por el contrario está formado por líneas sutiles, por silencios, por una poética cinematográfica que en los mejores momentos se acerca a Leonardo Favio, la artista gana paradójicamente en realismo: no es el icono de la canción latinoamericana, la heroína de izquierda, ni la arpillerista que épicamente expone en el Louvre; es una mujer atenazada por sus propias contradicciones y debilidades, y a su vez una mujer blindada en sus convicciones: una mirada social que siempre partió del campesinado y los mineros; una inclaudicable decisión de evitar un destino de "esposa que envejece criando hijos y fregando calcetines", y más. Fue, claramente entonces, también, entre muchas otras cosas, feminista, vanguardista, liberal, rebelde... No: Violeta Parra no cabe en una película.
La verdadera Violeta Parra tejiendo los tapices en arpillera que terminaría exponiendo en el Louvre.

Chillán-París-Santiago
La película tiene un abordaje triple que, en la edición final, aparece organizadamente fragmentado: la infancia en Chillán –donde tal vez Wood tropieza con algunos símbolos redundantes–, su relación con el músico suizo Gilbert Favre, a quien conoce luego del tremendo impacto de la noticia de la muerte de su pequeña hija, y el regreso final a Chile para montar la carpa artística en la comuna de La Reina, en las afueras de Santiago.
Las tres son situaciones biográficas insoslayables, poderosas. La niñez transita entre una orgullosa pobreza y la mezcla de miedo y admiración que le despertaba su padre, un profesor de carácter dulce que se volvía temerario por el alcohol: de él sacó los primeros rudimentos musicales, de él heredó la primera guitarra. También aparece su desapego por la escuela, la necesidad de trabajar. La vida de Violeta, hay que decirlo, se puede seguir paso a paso en sus extraordinarias ‘Décimas. Autobiografía en verso’: "Semana sobre semana / transcurre mi edad primera. / Mejor no hablar de la escuela; / la odié con todas mis ganas, / del libro hasta la campana, / del lápiz al pizarrón, / del banco hasta el profesor. / Y empiezo a amar la guitarra / y adonde siento una farra / allí aprendo una canción".
La infancia operó en ella como plataforma de un conocimiento profundo del chileno rural y por añadidura del folklore. Ya era Violeta Parra cuando abandonó toda veleidad de compositora para transformarse en una recopiladora tenaz, una mezcla de Atahualpa Yupanqui y Leda Valladares que recorrió montañas y valles buscando a los viejos de cada comarca para que le pasaran relatos y canciones. Iba con un cuaderno y un lápiz y, en el mejor de los casos, más acá en el tiempo, con un precario grabador. También tuvo un programa de radio semanal, muy escuchado, que difundía sus hallazgos de campo.
La relación con Gilbert Favre (interpretado por el francés Thomas Durand) se asentó sobre un volcán en erupción. Violeta ya se había separado dos veces, ya tenía tres hijos, y fue en París donde se desarrolló gran parte del romance con el que sería el gran amor de su vida. La irrupción de Gilbert –clarinetista, carilindo, 18 años menor que ella– le otorga a la película otro ritmo, una impronta mundana que funde cierta descontractura algo impostada del sudamericano en el exilio –un clima que bien podría haber filmado Pino Solanas– con una melancolía extrema de nieve cayendo sobre el Sena. En este tramo ocurre la exposición de arpilleras y esculturas de alambre en el Museo de las Artes Decorativas del Palacio del Louvre, una muestra consagratoria que sin embargo no rescató a Violeta Parra de un ostracismo que, si bien en parte era forjado por ella, potenciaba el destrato de las autoridades culturales de su país. Violeta Parra fue un personaje central en la vida cultural de Chile que, sin embargo, diseñó su obra artística desde los márgenes.
El amor por Gilbert estuvo sellado por la pasión y, también, por celos insondables. En el muy buen libro ‘Las cuerdas vivas de América’ (Sudamericana), de Guillermo Pellegrino, se narra una anécdota patéticamente extraordinaria del nivel de celos que corroía la relación. Habla Favre: "Estuve muy enamorado de ella. El problema radicó en la convivencia, nos peleábamos mucho. Violeta era muy celosa, me acuerdo de que cuando me enseñó a tocar la quena me decía que era mejor cerrar los ojos, y yo le hacía caso. Con el tiempo advertí que me daba esa indicación para que en las actuaciones yo no mirase mujeres".
Al final, harto de los desplantes, de la paranoia y de la locura posesiva, el suizo se fue con una boliviana. Ya Violeta había empezado a descender a los infiernos. Lo perseguía, lo increpaba. En la película aparece preguntándole, desesperada: "¿Es joven? ¿Es joven?". Y más adelante, ya desquiciada: "¡Tráela, tráela, vivamos todos juntos!".
El final de ‘Violeta se fue a los cielos’ llega después de su última obcecación: la carpa de La Rueda. Un emprendimiento con una intención altruista: formar una Universidad de Folklore, y tener todas las noches actuaciones en vivo mientras se servían comidas típicas. Gilbert Favre iba a tocar a menudo y la relación con Violeta no terminaba de cortarse: entre sinuosas idas y vueltas, Parra sentía que la pareja podía ser posible. Cuando Favre tomó una decisión definitiva y se fue a vivir a Bolivia, Violeta cayó en un pozo irreversible. Eso se sumó al fracaso económico de la carpa y a la indiferencia del entorno cultural chileno. Un momento memorable del film es cuando una tormenta cordillerana cae pesadamente sobre la carpa y Violeta (Francisca Gavilán) canta una demoledora versión de ‘Maldigo del alto cielo.’

Maldigo la primavera
con sus jardines en flor;
y del otoño el color,
yo lo maldigo de veras;
a la nube pasajera
la maldigo tanto y tanto
porque me asiste el quebranto.
Maldigo el invierno entero.
con el verano embustero.
Maldigo profano y santo:
¡cuánto será mi dolor!

El revólver estaba ahí, en un cajoncito, y no tardará en detonar. La película se desliza sobre el final hacia un desasosiego existencial en el que sobra la metáfora del gavilán matando a una gallina (‘El gavilán’ es una de las canciones más emblemáticas de Violeta). Queda una sensación de amarga belleza que es, finalmente, lo que subyace en la obra de la chilena. Queda, dice ahora Francisca Gavilán, el legado de una mujer libre: "Libre en la creación, en el amor, en su manera de vivir y ser. Recopiló, pintó, escribió, fue madre, esposa, mujer intensa. Un genio. En Chile se la valora poco: somos mezquinos con nuestros genios. Se nos olvidan rápido. Por eso esta película es importante". "Para mí, Violeta –completa Andrés Wood– no es un símbolo de nada. Es algo bien concreto. Es una luz hacia donde nos deberíamos mover como cultura. Para reconocernos y profundizar en lo que somos."
Más allá del inobjetable valor cinematográfico, la película puede servir como disparador para volver a explorar una obra algo oculta: nunca fue valorada en su justa –gigante– medida debido en parte al devastador efecto de tantas décadas de cultura pinochetista. Por otra parte, siempre resultó torpe ubicarla como bandera política, a pesar del contenido testimonial de algunas pocas canciones. En todo caso es una obra política en el amplio sentido capaz de saltar sobre su cancionero más conocido (la perfección del repertorio que eligió Mercedes Sosa en su insuperable homenaje de 1971, las experimentaciones lúdicas como ‘Mazúrkica modérnica’, la protesta de ‘Qué dirá el Santo Padre’, tantas más). Ese salto, sin contar la labor de artista plástica, llegaría hasta sus recopilaciones folklóricas, las Décimas y las increíbles Centésimas –que acaba de musicalizar y presentar Carmen Baliero en Buenos Aires–, una extenuante progresión numérica en verso: "Una vez que me asediaste / dos juramentos me hiciste / tres lagrimones vertiste / cuatro gemidos sacaste / cinco minutos dudaste / seis más porque no te vi / siete pedazos de mí / ocho razones me aquejan / nueve mentiras me alejan / diez que en tu boca sentí / once cadenas me amarran / doce quieren desprenderme / trece podrán detenerme / Catorce que me desgarran / Quince perversos embarran"... Y así, 300 números en 600 versos.
Los hilos conductores de la obra nunca son aislados y se los puede relacionar con otra de sus facetas artísticas: los tapices. Cada aspecto forma una trama, la trama es un conjunto. El caos –"hago lo que me sale: una canción, una arpillera, un tapiz, qué más da"– aparece ordenado en la sensibilidad arrebatada de una artista total.

Periodista: ¿Tiene algún consejo para los jóvenes creadores?
Parra: ¿Un consejo...? Tal vez les diría que escriban como quieran, que usen los ritmos que les salgan, que prueben instrumentos diversos, que se sienten en el piano y destruyan la métrica, que griten en vez de cantar, que soplen la guitarra y que tañan la trompeta, que odien la matemática y que amen los remolinos. La creación es un pájaro sin plan de vuelo que jamás volará en línea recta.
Pájaro sin plan de vuelo, Violeta está en los cielos. Distingue dicha de quebranto con sus dos luceros. Y maldice.
17 de octubre de 2011
©página 12

la paradoja de zuccotti


La ocupación de Wall Street por los indignados y el inverosímil complot iraní.
[Horacio Verbitsky] El burdo anuncio del complot iraní se produjo cuando la ocupación de Wall Street iba por su tercera semana y crecía el apoyo sindical. Un abigarrado microcosmos a pocos metros del Ground Zero reúne a indignados por la pérdida de su empleo o sus ahorros, con cristianos de distintas denominaciones, hippies viejos, partidos marxistas, marginales y asambleístas a la porteña. Obama intenta apoyarse en la fuerza de ese tea party al revés, pero después de tres años de flotar, pocos le creen.

El apellido de John E. Zuccoti se ha hecho famoso en todo el mundo, por un motivo paradójico para un ex funcionario de Planeamiento Urbano: en la media manzana de Manhattan que lleva su nombre, acampan desde el 17 de setiembre los indignados del barrio de las finanzas. Para no dejar nada librado a la imaginación, su movimiento se llama "A Ocupar Wall Street", que ayer participó en un intento de globalizar la protesta, a mil ciudades en ochenta países. El mérito de Zuccotti fue conseguir que la poderosa siderúrgica US Steel donara ese espacio a cambio de que la ciudad le autorizara exceder la altura permitida en su edificio One Liberty Plaza. El status jurídico de esa pequeña plaza de 3100 metros cuadrados, convertida en un microcosmos bullicioso, justo enfrente del predio de las torres volteadas hace una década por dos certeros avionazos, agrega confusión al embrollo: es de uso general pero su propiedad sigue siendo privada. En el capitalismo de las corporaciones, su carácter privado asegura que esté abierta al público las 24 horas del día, a diferencia de las plazas públicas, cuyas rejas se cierran por la noche. Su actual propietario es la inmobiliaria y financiera Brookfield, que compró el edificio de la US Steel y cuyo copresidente y director es el mismísimo John Zuccotti, quien desde su ventana puede observar el uso no convencional de su plaza.
La policía fue astuta y brutal con ellos cuando se desplazaron desde allí para bloquear el puente que conecta Nueva York con Brooklyn, el sábado 1º. Los dejó penetrar y los guió hacia el carril central vehicular y una vez que lo cubrieron arrestó a 700 y golpeó a mansalva por obstruir el tránsito. Pero los trató con guante de seda diez días después cuando decidieron realizar visitas a domicilio de algunos milmillonarios del East Upper Side, como el empresario australiano de medios Rupert Murdoch y los hermanos David y Charles Koch. Los Koch son refinadores de petróleo propietarios de la segunda empresa más grande de Estados Unidos y una de las principales contaminadoras de ambiente del mundo. David vendió en 35 millones de dólares el departamento en la Quinta Avenida que le había comprado a Jackie Bouvier Kennedy Onassis porque le quedaba chico. Ambos hermanos, de 71 y 75 años, son conocidos por la generosidad con que financian en forma abierta actividades artísticas, culturales y comunitarias y, con disimulo, organizaciones y actividades que retratan al presidente Barack Obama como un peligroso populista cuyas políticas conducen al socialismo o incluso que está poseído por el demonio. Es una ironía involuntaria que el pabellón de los dinosaurios del Museo de Ciencias Naturales lleve el nombre de David Koch, quien donó veinte millones de dólares para ponerlo a nuevo. Moneda menuda en comparación con los cien millones que le costó la reparación del teatro municipal de Nueva York en el Lincoln Center, que también fue rebautizado en su homenaje. Los Koch se han cuidado de que su relación con el Tea Party sea indirecta. No lo financian en forma oficial pero intentan conducirlo desde su Fundación Norteamericanos por la Prosperidad, que dicta cursos para los distintos tea parties, con el propósito de enseñarles a ser efectivos en política.
Entre la emboscada en el puente y los escraches consentidos hubo una comprensiva declaración del propio Obama porque los indignados "expresan la frustración" popular por el funcionamiento del sistema financiero. Obama y los demócratas perciben a los indignados como un equivalente de izquierda capaz de equilibrar el peso del Tea Party y mejorar sus alicaídas chances electorales. Esta expresión de deseos no parece fácil de conciliar con los objetivos de los manifestantes. Hasta el clima ha sido benigno con ellos. El Indian Summer, equivalente a nuestro Veranito de San Juan, llegó con temperaturas insólitas de hasta 28 grados, que ayudan a que una congregación numerosa parezca una fiesta, por dramáticas que sean las motivaciones de su convocatoria. Un gigantesco megáfono de papel maché señala el tablado en el que se turnan grupos musicales, a cuyo ritmo algunos jóvenes bailan capoeira cuando no se usa para propalar mensajes políticos. Un sesentón de larga cabellera, barba y bigotes blancos a lo Buffalo Bill, lee el diario en un sillón, como si estuviera en el living de su casa. Es uno de los hippies viejos que no resistieron la tentación de este volver a vivir, rodeado de jóvenes cuyas proclamas contra la codicia de los bancos no desentonan con las de las movilizaciones de hace medio siglo. Con una diferencia sustancial: mientras aquellos denunciaban el consumismo, muchos de éstos se niegan a ser excluidos. Entre carpas y revoltijos de ropa usada, que algunos venden y otros compran, la plaza está tapizada de papeles, y sobre todo, de cartones, cubiertos de consignas escritas con marcador. Así cuestionan los programas de salvataje de los bancos, iniciados por George W. Bush y profundizados por Obama y formulan preguntas de rotundo sentido común como "Si salvan a los bancos, ¿por qué no salvaron mi empleo?". También se ofrecen ejemplares de un diario, Wall Street Ocupado, bitácora impresa de la toma.

Código de Barras
Otras propuestas salieron de buenas impresoras, con advertencias atribuidas a Jefferson y Lincoln sobre los riesgos para la democracia por la excesiva concentración de riqueza y de poder e incluso gráficos que ejemplifican sus proporciones. Uno ilustra qué parte del ingreso piensan los que contestaron la encuesta que debería apropiarse el 20 por ciento más rico de la población, qué proporción creen que se apropian y cuál es el porcentaje real de concentración. Cada barra es más alta que la anterior y la última mucho más alta. Esas incitaciones a mejorar la calidad de la representación ("Queremos democracia, no corporacioncracia", dice un cartel) podrían favorecer el intento de Obama por apoyarse en la fuerza potencial de esta movilización. Es lo que hizo Néstor Kirchner desde mayo de 2003 luego de las masivas movilizaciones del año y medio previo. Kirchner impulsó un cambio sustancial de paradigma desde el minuto cero de su inesperada gestión, con escasa resistencia de un sistema político en ruinas, y así obtuvo niveles de adhesión popular sin precedentes, que le permitieron profundizar ese rumbo. En cambio, Obama lleva casi tres años de gobierno y las rectificaciones que ha introducido son mínimas para el gusto de quienes se habían ilusionado con un giro drástico de políticas, pero suficientes para enardecer a una derecha cada día más militante, que ya lo derrotó en las elecciones de mitad de mandato. Debilitado en el Congreso, se vio forzado a realizar nuevas concesiones, que agravaron la desconfianza y el malestar. Obama no se animó a ser el líder nuevo que había prometido y que Kirchner fue sin haberlo anunciado. La frustración popular no es por el funcionamiento del sistema financiero sino por la incapacidad de Obama para regularlo y restringirlo de modo que deje de imponer su ley al gobierno, al que abastece de los principales funcionarios en la materia. En cambio, ocho años después de la asunción de Kirchner y a una semana de la obtención del tercer mandato para el mismo proyecto, el ministro de Economía y candidato a la vicepresidencia, Amado Boudou, cuestiona en la reunión del G20 en París las políticas que en la Argentina hicieron crisis hace diez años y hoy están estallando en todo el mundo.

Marx, Jesús y los Gurúes
Otros sectores de la plaza son el reducto de la New Age y sus propuestas espirituales sobre el buen vivir. No faltan tampoco los partidos políticos marxistas que se atreven a explicar cómo funcionan las clases sociales, cosa que aquí es pecado mortal porque contradice el Sueño Americano por el cual cualquiera puede lograr lo que se proponga, siempre que tenga el talento y la voluntad suficientes. Distintas minorías étnicas, de género o nacionales aportan sus propios reclamos, por la igualdad de derechos de las mujeres o contra los tratados de libre comercio con Colombia, que horas después obtendrían la demorada ratificación legislativa, con 262 votos en la Cámara de Representantes y 66 en el Senado. Hay marginales que no tienen nada mejor que hacer y vecinos de clase media en busca de causas nobles y emociones fuertes, que reproducen el clima del asambleísmo porteño de 2002, con club del trueque incluido. Todos ellos conviven en paz y armonía con diversos grupos de distintas denominaciones cristianas, cuyas publicaciones y discursos explican que el mensaje de Jesús es mejor que el del capitalismo. Parte de la plaza está rodeada por un muro de un metro de altura. Los albañiles que trabajan en las construcciones del barrio se sientan sobre él a comer su vianda y así acompañar la movilización. Como el Ground Zero está en obra, los trabajadores con sus cascos son muchos. Sobre las veredas externas se ubican los turistas con sus bolsas de compras de Century 21, una tienda gigantesca reconstruida en 2002 luego de los daños que le causó el atentado a las torres. Algunos ejecutivos del denunciado sistema financiero, con la ropa y los zapatos más pulcros que pueda imaginarse, escrutan ese extraño universo humano con actitud de entomólogos. La diversidad parece asegurada cuando a pocos metros una pelirroja robusta de ojos saltones y cartel en mano vocea las ventajas de amor sobre los préstamos a interés. "Yo era parte del 1 por ciento. Ahora estoy en el 99 por ciento", dice el cartel que sostiene un hombre con rasgos asiáticos, mientras explica frente a una cámara de televisión cómo quebró su empresa y el banco se quedó con todos sus activos. Muy cerca otra cámara, pero de utilería, representa a la detestada cadena Fox News, el modelo que en la Argentina siguen los medios del aventurero de extrema derecha Daniel Hadad. Los canales comerciales realizan notas selectivas y los diarios que se reparten en forma gratuita en el subte presentan la concentración como una cumbre del alcohol, la droga y el sexo, pero por Internet puede verse también una transmisión continua (http://www.livestream.com/globalrevolution), operada por quienes se definen como periodistas independientes. Bajo la consigna "Citizen media is not a crime", sus imágenes registraron la extrema violencia con que la policía descargó sus bastones sobre piernas y brazos de los ocupantes, sentados para no permitir el desalojo, a primera hora del viernes. Como parte del desconcierto oficial ante un fenómeno que nadie había previsto, las autoridades intentaron aproximaciones laterales, con la ilusión de desgastar a los acampantes. El pretexto fue la limpieza, ordenada por Brookfield, que en una fecha incierta prohibió la instalación de carpas o bolsas de dormir. Se afirma que esa directiva precedió a la ocupación de la plaza, pero como nadie ofrece pruebas de ello se sospecha que fue dictada ad hoc. Pero la dirigencia política teme los efectos impredecibles de cualquier desborde y por detrás de la escena acordó con la empresa que se negociara con los ocupantes, para que permitieran la limpieza de la plaza sin abandonarla. El desalojo se pospuso y los manifestantes recorrieron las calles del distrito financiero con escobas y trapos de piso, voceando que venían a limpiar la mugre de los negocios. La discusión pasó a centrarse en el uso de las carpas y las bolsas de dormir. Sin ellas, en cuanto la temperatura deje de estar diez grados por encima de lo normal, la libertad de permanecer en la plaza será apenas una ironía. Desde el momento de la convocatoria, que proliferó sin liderazgos verticales por las virósicas redes sociales, los ocupantes de Wall Street declararon que su inspiración era la plaza Tahrir de El Cairo. La simpatía por esa clase de revolución es proporcional a la distancia a la cual ocurre. Aunque hasta ahora no puede predecirse si el movimiento crecerá como sueñan sus organizadores, su mera desordenada existencia hace transpirar al poder político y económico, sobre todo a partir de la adhesión de la central sindical AFL-CIO, que envió militantes a enfrentar la represión.

Remember Telleldín
Esta invocación a repetir en el corazón del capitalismo los métodos de la revolución árabe coincidió con la denuncia del Procurador General Eric Holder de un pintoresco complot organizado por las Brigadas Al Quds de la Jihad Islámica, para asesinar al embajador saudita en Washington que, según filtraciones extraoficiales del mismo gobierno estadounidense, incluirían nuevos atentados en Buenos Aires. Obama dijo que en su momento mostraría las pruebas. El general Colin Powell, el afroamericano que había ocupado el cargo de mayor importancia en su país antes de Obama, llegó a exponer en las Naciones Unidas sobre la presencia de Armas de Destrucción Masiva en Irak. Pero luego de la invasión dispuesta con ese pretexto, se demostró que esa clase de armamento nunca existió en Irak. Del mismo modo, fue un invento el ataque naval en el Golfo de Tonkin que hace medio siglo justificó la escalada en la guerra de Vietnam. Cuando estas falacias quedan al descubierto, siempre es tarde. Lo más notable es el tipo de combinación que el gobierno de Obama quiere que el mundo crea: un iraní que vive hace treinta años en Texas, donde se vio varias veces con la Justicia no por terrorismo sino por fraudes y quiebras, viaja a Irán, donde toma contacto con un militar iraní, es decir un terrorista antioccidental. De regreso a su país, donde nunca nadie lo escuchó hablar de política, hace un contacto en México con el cartel de los Zeta, que se encargará del operativo. Las combinaciones fueron realizadas por teléfono de línea, los pagos se transfirieron desde Irán por el sistema bancario y los Zeta que manejan enormes cantidades de dinero se conformaron con un millón y medio para operar en el corazón del poder mundial. Como final feliz, el narcotraficante mexicano en realidad era un agente de la DEA. Esta historia exuda a entrapment o sting operation, es decir la incitación a delinquir por parte de las autoridades. El escepticismo de la prensa estadounidense ha sido estruendoso, alimentado por las investigaciones de los centros de estudios más serios sobre la situación en México y Centro América, como InSight Organized Crime. Esta ONG señaló que según el informe oficial el vendedor de autos y su presunto contacto narco se reunían para planificar los atentados en la ciudad de Reynosa, "que no es territorio de los Zetas sino del Cartel del Golfo". También la red de Inteligencia Southern Pulse desdeñó que Irán pudiera creer que los Zetas "atacarían un blanco en Estados Unidos", porque "respetan al FBI y a la Justicia", sostuvo su director Samuel Logan.
Hay una coincidencia llamativa, sobre todo para la Argentina: el detenido por el complot es un vendedor de autos usados que se manejaba en los márgenes de la ley. Es notable que nadie se haya preguntado si el perfil del idiota elegido para la trama no se modeló sobre el de Carlos Telleldín. Hasta que puedan evaluarse las presuntas pruebas, el gobierno argentino deberá moverse con más cautela que nunca en este terreno cubierto de cáscaras de banana.
17 de octubre de 2011
16 de octubre de 2011
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planeta indignado


Miles de indignados por todo el planeta. Bruselas fue uno de los epicentros de la protesta mundial en contra del sistema financiero mundial. A lo largo del trayecto por la capital belga, cada vez que los 7000 manifestantes pasaban por un banco o cualquier otra institución financiera un coro de silbidos y gritos en todos los idiomas rompía el consenso festivo de la marcha.
[Eduardo Febbro] Bruselas, Bélgica. "La Bolsa o la vida." La pancarta colgada en la fachada del edificio de la Bolsa de Bruselas sirvió de hilo conductor de la jornada Unidos para un Cambio Global, que congregó a decenas de miles de personas en todo el planeta. A lo largo del trayecto por la capital belga, cada vez que los 7000 manifestantes pasaban por un banco o cualquier otra institución financiera un coro de silbidos y gritos en todos los idiomas posibles rompía el consenso festivo de la marcha. Al igual que en otras capitales del mundo, la impune industria bancaria fue el blanco principal del encono popular. "Culpables, ladrones, cabrones", gritaba un apuesto señor belga de unos 50 años a quien un indignado español le había enseñado a decir esas palabras en castellano. Cuando la marcha llegó a la sede de la Bolsa, el griterío se volvió un slogan común: "¡Puaj, Culpables!". Acto seguido, los indignados venidos de varios países de Europa arrojaron una lluvia de zapatos contra el edificio de la Bolsa ante la mirada atónita y llena de incomprensión de los periodistas belgas que cubrían el evento. Un inmenso foso sigue separando a las círculos oficiales de los medios y a los miles de jóvenes y no tanto que salieron a expresar su hartazgo y la repugnancia frente a un sistema mundial que protege y subvenciona a los ladrones y castiga a las víctimas con todo el peso de la irresponsabilidad y la indolencia.
A lo largo del recorrido, los indignados pegaron decenas de cartelitos en los distribuidores automáticos de billetes, hicieron una sentada en la plaza de Burckère, lanzaron profusos insultos ante la sede del banco Euroclear –la institución se dispone a despedir a 500 personas– sin cansarse jamás de cantar el himno mundial de las marchas: "We are the 99%", es decir, el 99 por ciento de la humanidad víctima de la barbarie social perpetrada sin piedad por esos señoritos con corbata, salarios de reyes y cuentas de banco con dinero que no les pertenece, según explicaba André, un joven belga con un diploma de ingeniero en redes, pero sin trabajo. A medida que iba pasando el tiempo y las cifras de la participación en otras ciudades del mundo iban llegando a sus oídos, los indignados celebraban y aplaudían el éxito y la visibilidad planetaria del movimiento. "No somos ni marionetas, ni mercadería del liberalismo, somos gente con conciencia y aquí estamos para que nos vean", decía Antonio, un indignado español que se expresaba con orgullo y en un tono bien subido de voz. Jon Aguirre Such, uno de los miembros del grupo Democracia Ya que impulsó el movimiento del 15-M, resumió muy bien la situación cuando explicó que el alcance y la extensión de las protestas "demuestran que no se trata de un tema que atañe únicamente a los españoles, sino al mundo entero. La crisis es mundial, los mercados actúan a escala global, la respuesta es entonces mundial". Hasta los más aguerridos militantes contra el sistema financiero mundial observan azorados la forma en que, paulatinamente, la bronca financiera, el repudio a la forma en que se empañó la democracia van ganando las capitales del mundo. En este sentido, el economista Thomas Coutrot, copresidente del movimiento Attac, señalaba que "lo que está ocurriendo es un fenómeno muy prometedor. Los ciudadanos ya no quieren delegar las decisiones en los hombres políticos y los partidos. Hoy quieren influenciar. Es una suerte de retorno a las fuentes de la democracia".
"Los países de la Zona Euro pusieron 160 mil millones de euros para salvar a Grecia sin consultar con nadie, y eso en momentos en que los sistemas sociales de Europa se están hundiendo bajo el peso de los recortes. Eso no es democracia", dice colérico Jean, otro joven indignado belga. Al lado de él, en la concentración ante la Bolsa, Javier, un indignado español que vino a Bruselas hace una semana a participar en los talleres sociales organizados desde el domingo pasado, completa el panorama con cifras más concretas: "Si hacemos un balance, da escalofríos: los Estados europeos entregaron 5,3 billones de dólares para rescatar a los bancos de la crisis. Ningún Estado consultó con la población, es decir, con quienes votamos a los que están en el poder. Esa suma equivale a 16 veces la deuda de Grecia y es más del cuatrocientos por ciento de lo que todos los países de la Unión Europea gastan juntos en educación o salud pública. ¡Pues nos están tomando por tontos o por dormidos!". Los argumentos de estos indignados dejan en una posición excéntrica al puñado de contramanifestantes que se habían congregado al principio de la marcha para protestar contra los indignados. Era un grupito de dandies, vestidos a propósito como tales, a quienes un indignado les dijo: "Si ustedes no nos dejan decidir, no los vamos a dejar dormir". Con algunos incidentes, vidrios rotos pero sin choques fuertes con la policía, la marcha belga se congregó para el acto final en el Parque del Centenario.
El 15-0 levantó a buena parte del planeta, con mayor o mejor éxito según los lugares. En Roma, la protesta sobrepasó las intenciones de los indignados. Bajo una enorme pancarta que decía "Gente de Europa, de pie", decenas de miles de italianos llenaron las calles de la capital italiana expresando su indignación. Estudiantes, hombres políticos y representantes de las asociaciones civiles recorrieron Roma con globos y carteles en lo que fue una caminata pacífica hasta que un grupito de violentos sembró el caos en el centro de la ciudad. Los incidentes estallaron cerca de la estación de trenes Roma Termini, en la Via Merulana. No caben dudas de que los disturbios fueron provocados por lo que se conoce como "profesionales de la provocación urbana". Los 200 violentos quemaron autos, rompieron cajeros automáticos, saquearon vitrinas e incendiaron un anexo del Ministerio de Defensa. Los disturbios dejaron un saldo de 70 heridos. Nada de ello ocurrió en Londres. La marcha londinense se inició en un clima festivo, pero con episodios graciosos debido a la carrera de gato contra ratón entre la policía y los manifestantes. Scotland Yard protegió con un muro de policías el objetivo final de los manifestantes, es decir, la London Stock Echange, o sea, la Bolsa de Londres. A fuerza de dar vueltas por el recinto, los manifestantes consiguieron rodear la Bolsa, pero sin mayores incidentes. Ante la sorpresa general, Julian Assange, el fundador de Wikileaks demorado en Gran Bretaña a la espera de una decisión, una medida judicial sobre su extradición a Suecia, se sumó a los manifestantes. Assange dijo a la multitud que había venido "por solidaridad con los movimientos que se desarrollan en el mundo entero" y porque "todos queremos que haya un poco de justicia en el sistema financiero mundial".
Madrid y Barcelona también fueron escenario de movilizaciones impresionantes. En Madrid, los indignados llenaron la plaza Cibeles y volvieron a copar la Puerta del Sol, ya símbolo histórico de las protestas del 15-M. Los indignados de la capital española pusieron en escena un "escudo antimercados". Cada manifestante levantó el amuleto que tenía en la mano para ahuyentar "la magia negra" de los mercados. En Barcelona, decenas de miles de personas se concentraron en la Plaza de Cataluña con el mismo propósito que el resto del planeta. La única diferencia radica en una cifra: el desempleo de los jóvenes alcanza en España el 20,89 por ciento.
Curiosamente, en Francia, el país de Stéphane Hessel, el autor del libro ‘Indígnense’ que le dio el nombre al movimiento a través del mundo, las marchas tuvieron un impacto limitado. En París hubo varios grupos de manifestantes que luego convergieron ante la sede de la Municipalidad, donde celebraron una asamblea popular. Los indignados se congregaron también en una decena de ciudades del país, pero sin alcanzar jamás la intensidad de otras ciudades del mundo. Los analistas explican la escasa movilización por el hecho de que el desempleo de la juventud es menor y que, globalmente, la situación es más sana que en España o Italia. Sin embargo, el sistema financiero goza de los mismos privilegios y la misma impunidad que en Londres, Madrid o Nueva York. El 15-0 demostró ayer que el espíritu de la revuelta y del hartazgo sembrado hace siete meses en la Plaza del Sol irradia hoy en todo el planeta mientras las clases políticas concernidas guardan un silencio de muertos ante el desfile de las decenas de miles de seres vivos que marchan con la misma consigna: "¡Basta, ladrones!".
17 de octubre de 2011
16 de octubre de 2011
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un muro conveniente


Han pasado cincuenta años desde la construcción del Muro de Berlín. Pero ese tipo de muros se siguen construyendo, como en Israel y Estados Unidos.
[Juan Gelman] Se ha cumplido medio siglo desde que las autoridades comunistas de Alemania Oriental plantaron en Berlín el muro que partió a la ciudad en dos. Occidente lo llamó "de la vergüenza", mientras que del otro lado le dieron el suave nombre de "bastión de defensa antifascista". El 13 de agosto de 1961 se levantó un cerco de alambre de púas que días después comenzó a ser de concreto. Era domingo, pero el Este trabajó y el Oeste fue tomado por sorpresa.
La Casa Blanca protestó de inmediato, pero a los altos funcionarios que lo hicieron, incluido el entonces secretario de Estado Dean Rusk, no les pareció tan mal: así lo prueban documentos desclasificados que dio a conocer el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington (www.gwu.edu, 12-8-11). El éxodo de quienes huían del régimen de Walter Ulbricht aumentaba cada día creando problemas a las dos Alemanias, divididas por acuerdos de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial: su número ascendió a más de 100.000 en el primer semestre de ese año, en julio su promedio diario era de 1100 y el 9 de agosto llegaron más de 1600 al centro de acogida de refugiados de Marienfeld.
Walter Ulbricht, el mandamás de Alemania Oriental, alarmado por las consecuencias económicas y políticas del hecho, anunció el 10 de agosto la adopción de "severas medidas" que había pactado secretamente en julio con Nikita Krushev. Francia, EE.UU. y Gran Bretaña que, como la URSS, ocupaban la ciudad dividida en cuatro zonas y enclavada en territorio de Alemania Oriental, temían que se les impidiera el acceso y el de la población alemana en general a Berlín Oeste. Washington estimó que el muro no era una amenaza para sus intereses de fondo y que era mejor que se quedaran en casa quienes buscaban huir de ella. Dean Rusk llegó a decir que el muro "facilitaría el acuerdo" (con la URSS) sobre el estatuto de Berlín.
Líderes de la clase política no pensaban distinto, incluso con anticipación. El presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y renombrado dirigente demócrata J. William Fulbright sugirió en una entrevista televisiva que cortar la fuga de alemanes orientales podría ser objeto de negociación con Moscú. Y agregó: "La verdad de este asunto es que los rusos tienen de todos modos el poder para hacerlo... creo que si la semana próxima optan por cerrar sus fronteras (en Berlín), podrán hacerlo sin violar ningún tratado... (los alemanes del Este) tienen el derecho de cerrar sus fronteras" (www.nytimes.com, 3-8-61). Sólo que tardaron unos días más de lo predicho por Fulbright.
Llewellyn Thompson, embajador de EE.UU. en Moscú, había ya escrito al Departamento de Estado que "tanto nosotros como los alemanes del Oeste consideramos que será una ventaja a largo plazo que los refugiados potenciales se queden en Alemania del Este". La erección del muro no le habrá caído nada mal al señor embajador. Ni al Departamento de Estado.
Los documentos desclasificados revelan las fallas de la CIA y otros servicios de espionaje in situ: se enteraron del muro cuando lo estaban levantando. Hay un registro del disgusto del entonces presidente John F. Kennedy por no haber sido informado de la movida de Ulbricht con la antelación que corresponde. La oficina de informaciones y análisis de la CIA elevaba reseñas pálidas. El 10 de agosto, tres días antes del nacimiento del muro, señaló que el régimen de Alemania oriental estaba considerando la adopción de "medidas más duras para reducir" la estampida de refugiados, pero no proporcionó una lista de eventualidades posibles. Fue el mismo día en que Walter Ulbricht había declarado: "Analizamos la cuestión con nuestros amigos soviéticos y representantes del Pacto de Varsovia y hemos estado de acuerdo en que llegó el momento de decir hasta aquí y no más". El comité asesor de Kennedy en materia de inteligencia exterior tardó varios meses en advertir que las declaraciones del dirigente comunista habían sido "el indicador más claro" de lo que iba a suceder. Como le dijo un canario a otro: "Tarde piaste".
La destrucción del muro comenzó en la noche del 9 de noviembre de 1989 y marcó el inicio de la implosión del llamado "socialismo real" en Europa. Los berlineses del Este comenzaron la tarea a pico y martillo y los del Oeste no tardaron en unírseles. Todavía pueden verse algunos fragmentos en Berlín, cerca de la Puerta de Brandemburgo, que se conservan como memoria histórica. Otros se repartieron por todo el mundo. El resto, con el tiempo, se convirtió en mercancía, 80 bloques fueron subastados sólo en Montecarlo. En una feria berlinesa se venden pedacitos de muro que cuestan en promedio 5 dólares, los paños de tres toneladas de peso no valen menos de 5000 y el comercio de la vergüenza ha enriquecido a más de uno. Y esa clase de muros se siguen construyendo, como bien saben los palestinos a los que Israel encierra en su propio territorio. O los mexicanos en América latina, tan lejos de Dios y tan cerca de EE.UU., como hace mucho que se dice.
17 de octubre de 2011
16 de octubre de 2011
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