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nueva prueba sobre robo de bebés


Una carta encontrada en la casa de un represor sirve de prueba del plan sistemático de apropiación de niños.
[Irina Hauser] Argentina. La nota que se intercambiaron los apropiadores de Catalina de Sanctis Ovando habla de una asignación previa de los bebés y demuestra que el Movimiento Familiar Cristiano sabía de dónde venían los niños. Como contracara, la joven también conserva un texto que su madre biológica envió a sus padres en el que pedía "quiéranme en mi hija".

Cuando era chiquita, Catalina se miraba al espejo y se llamaba a sí misma "cara de nada". Hacía muecas a ver si algo cambiaba. "Cara de nada", repetía. Quería decir que no se parecía a nadie, que sentía un vacío gigante y una distancia abismal respecto de quienes la criaban. Como muchos hijos de desaparecidos arrancados de los brazos de sus padres en la última dictadura, ella pasó la mayor parte de su vida con la convicción secreta de no ser la persona que le decían que era. Pero optaba por no indagar demasiado, mirar hacia adelante, o no mirar, y encerrarse en su cuarto. Aun el día que entendió todo al ver un aviso de Abuelas de Plaza de Mayo en la televisión, decidió seguir como hasta entonces. Varios años después, cuando la Justicia obtuvo indicios de que podía ser una nieta apropiada se escapó hasta Paraguay para evitar que analizaran su ADN. Protegía a sus apropiadores o –mejor dicho– tenía miedo de ellos, sobre todo de él, Carlos Hidalgo Garzón, un mayor retirado que trabajó en inteligencia del Ejército. La historia de Catalina de Sanctis Ovando está atravesada por todas esas contradicciones y por una prueba fundamental escrita en un papel, que al final la llevó a "abrir los ojos" y asimilar su historia: una carta de su apropiadora, que daría cuenta de que alrededor de los nacimientos en Campo de Mayo funcionaba una maquinaria para el robo de los bebés de las mujeres secuestradas, en la que además el Movimiento Familiar Cristiano tuvo un papel influyente en la selección de los niños y su asignación a determinadas personas.
María Francisca Morilla, la apropiadora, había escrito la carta a mano y la dirigía a su esposo, asignado en Tucumán. Lo llamaba por un nombre falso, pero con sus mismas iniciales (Carlos Helguera Gonçalves). Sobre el final decía textual: "Vino la asistente del Movimiento y quedó encantada con el departamento. Conversamos mucho y me explicó que ella hace siete años que está en el Movimiento y nunca vio que entregaran niños con problemas de salud o malformaciones, que son muy sanitos y que a ella le llamaba la atención lo normal que son esos partos. Luego te contaré en detalle la conversación". El encabezado tiene fecha del 7 abril de 1977, que coincide con la del secuestro de la mamá de Catalina, Miryam Ovando, quien fue vista por última vez unos días antes, cuando estaba embarazada aproximadamente de seis meses. Uno de "esos partos" en la maternidad de Campo de Mayo fue el suyo.
Catalina encontró la carta mientras revolvía entre cosas viejas en la casa donde habían vivido sus apropiadores. No hacía mucho que había recuperado su identidad. En ese momento estaba con Rodrigo, su pareja. "El se puso como loco, la veía como algo de gran valor, y para mí era una pavada. Me parecía que podía tener muchas interpretaciones. Mi apropiadora me había hablado alguna vez, al reconocer que yo no era su hija, de que habían estado en lista de espera del Movimiento para adoptar. Así lo decía. Cuando entendí qué era esa lista de reparto de bebés y que yo había formado parte de ella me dio mucha impresión, me pareció perverso", cuenta Catalina a Página/12.
La carta quedó en un armario y fue hallada después por la Justicia durante un allanamiento. Los abogados de Abuelas de Plaza de Mayo pidieron esta semana en el juicio sobre apropiación de hijos de desaparecidos que sustancia el Tribunal Oral Federal 6 (TOF6) que sea incorporada como una prueba clave de la existencia de un plan sistemático de apropiación de niños (ver aparte), donde el Movimiento Familiar Cristiano los ofrecía en adopción, para dar apariencia de legalidad a las entregas. También ofrecieron la declaración testimonial de Catalina. Todo está a consideración de los jueces.

"Quiéranme en Mi Hija"
Desde hace algunos meses que Catalina lleva en su cartera otra carta, la contracara de aquella de su apropiadora. La que la llevó a reencontrarse con su identidad. Es una carta que escribió su mamá estando en cautiverio poco después de que ella naciera, dirigida a sus padres y a su hermano. Les cuenta lo "hermoso y terriblemente triste a la vez" que es "después de tanto tiempo tener la posibilidad de encontrarme frente a un papel y poder escribir, hablar, sentir". Les dice en una parte que "estén todo lo tranquilos que puedan. Cuiden y quieran mucho a la nena (creo que está con ustedes, por supuesto), ojalá sea ella quien reciba todo de ustedes ahora (...) hay que tener fe y por sobre todas las cosas, saber que conservamos lo más importante: La vida. Los quiero mucho como siempre, más que siempre. Recuérdenme y quiéranme en mi hija, ella es quien sin saberlo lleva en sus venitas la sangre que yo llevo y quien más cerca de mí estuvo durante todo este tiempo. La extraño, la necesito".
Miryam tenía 21 años cuando fue secuestrada. Estudiaba psicología en la Universidad de Rosario y militaba en la Juventud Peronista, igual que su esposo, Raúl René de Sanctis, que era estudiante de antropología. A él se lo llevaron en mayo de 1977. Se habían mudado a Buenos Aires, a una casa en Virreyes meses antes, y siguen desaparecidos. En el libro de partos del Hospital Militar de Campo de Mayo aparece el nombre de la apropiadora de Catalina como si hubiera dado a luz por cesárea el 17 de agosto de ese año a las cinco de la tarde. Pero unos pocos renglones más arriba dice "Ovando", la palabra cesárea tachada y cambiada por "legrado" y la referencia de que habían removido un "feto sin vida de 45 días" a las 10.10 de la mañana. La fecha: 11 de agosto.
Catalina no fue entregada a su familia biológica, sino a sus apropiadores a poco de nacer. Tiene recuerdos borrosos de su infancia, itinerante según la provincia a la que asignaran a su apropiador. Cree haber sido "bastante payasa" de chica, por lo que vio en sus fotos. De los seis o siete años en adelante recuerda una vida más triste, en Capital Federal, en la que se percibía diferente de todas sus compañeras de la Escuela Santa Ana y distinta de quienes creía sus padres, que la llamaban María Carolina (Hidalgo Garzón). "Un día, subiendo en el ascensor, me miré en el espejo y le dije a mi apropiadora que no me veía cara de nada. Tendría siete u ocho años. Ella decía que era parecida a su padre y al hijo del hermano de mi apropiador. Siempre buscando excusas, siempre mintiendo, como cuando decía que era psicopedagoga. Toda la vida me mintió con su edad", reprocha Catalina. "En la secundaria me di cuenta de que no había fotos de ella embarazada; ¿qué me dijo? Que no se usaba y que tenía temor porque había perdido varios embarazos", añade. "Las cosas estaban más que claras, sólo que yo no quería ver", confiesa.

–¿Y cómo fue que supiste la verdad? ¿Cuando te citó la Justicia o antes? –le preguntó Página/12.
–Mucho antes. Estaba empezando a estudiar Bellas Artes en la facultad y un día veo que pasan una publicidad de Abuelas en la tele. Ahí toda la nebulosa que tenía cobró forma. Justo por esa época, además, venía pensando que no sabía si había soñado, o si tenía una fantasía o era un verdadero recuerdo, que me habían dicho alguna vez que era adoptada. Tomé coraje y le pregunté a mi apropiadora: "Yo soy hija de desaparecidos, ¿no?". Llorando me dijo que sí, pero que ella me había curado el ombligo y mis padres habían muerto en un enfrentamiento, y que las familias no querían saber nada con los hijos de sus parientes detenidos, y que las Abuelas de Plaza de Mayo mentían y arrancaban a los hijos de sus familias, que por eso ella no me había contado la verdad. Me advirtió que si yo contaba algo ellos iban a ir presos.
Catalina recuerda que se llenó de más miedo. Su apropiador, a quien describe como "alcohólico", se volvió "más agresivo" de lo habitual. Su apropiadora, "más depresiva". "En casa había un ambiente muy violento e inestable", dice. A medida que ella iba armando el rompecabezas, Hidalgo Garzón –que ahora tiene arresto domiciliario por su actuación en el centro clandestino La Cacha– la empezó a tratar de "subversiva". Le decía "pacifista" y le llegó a escribir una carta en la que la trataba de "desagradecida" porque "la sangre criminal tira".

Verdad y Locura
Las primeras denuncias de que Catalina podía ser apropiada llegaron a Abuelas en el año 2000. Alguien que conocía a la familia dio los datos y las sospechas. En 2007, un nieto recuperado –Manuel Gonçalves– la fue a ver a la salida del profesorado de Educación Física, donde estudiaba tras abandonar Bellas Artes. "Me explicó que había un proceso judicial en marcha y que contara con ellos. Yo salí corriendo", relata. Ese mismo año la citó el juez federal Ariel Lijo, le explicó que podía ser hija de desaparecidos y le pidió una muestra de sangre. "Quedamos en venir una fecha. Pero no me localizaron más porque me fui", dice. Huyó con su pareja, Rodrigo, en una camioneta donde subieron hasta los tres gatos de ella. Pararon en Corrientes y luego siguieron hacia Paraguay, donde tenían expectativas de quedarse a vivir en un lugar llamado San Bernardino. "Llegamos, llovía, no había nadie, nos habían pedido coima por pasar una luz amarilla, teníamos pánico por haber cruzado la frontera sin registrarnos. Así que volvimos y terminamos en San Luis, donde vive la familia de Rodri, que nos prestó una quinta. Ahí me hicieron el allanamiento. Se llevaron mi ropa para sacar ADN", suspira.

¿Por qué te escapaste?
No quería dar sangre o material genético en forma voluntaria. Sentía culpa con mis apropiadores, a quienes aún llamaba mamá y papá. No quería que por mi culpa fueran presos. Era algo infantil, tenía el fantasma que me habían inculcado de que las Abuelas eran malas. Les tenía miedo, a veces hasta odio. Pero después del allanamiento tuve cierto alivio. Ya está, pasó lo que tenía que pasar. Y volvimos a Buenos Aires. Mientras estaban en proceso los estudios genéticos, Rodrigo se puso a buscar información por Internet y a través de Abuelas para deducir quiénes podían haber sido mis padres. Hasta trataba de sacarle datos a Hidalgo Garzón. Catalina habla de (su ahora) marido con admiración: "Le mostró unas páginas de Abuelas y le preguntó si sabía quién era mi mamá. Y efectivamente él le señaló el nombre correcto. Le contó que un día después de ir a buscarme en el Ford Falcon a Campo de Mayo, llamó preguntando si habían ‘volado el paquete’, o sea a mi mamá. Dijo que el médico que me había entregado fue (el apropiador) Norberto Bianco".

En septiembre de 2008 el juez Lijo citó a Catalina. Se dirigió a ella como "Laura Catalina", su nombre completo y auténtico. Ella se enojó mucho. "Es el nombre que te puso tu mamá", le dijo él. "En ese momento me dieron la carta que ella había escrito en cautiverio. Yo ni creía que fuera de ella. Me dieron unas fotos horribles, viejas y borrosas. Mi primera impresión fue no creer el resultado", asegura. También fue notificada su familia biológica, pero Catalina no quiso conocerlos por entonces.
Sus apropiadores fueron citados a indagatoria y se descompensaron. "Quedé atrapada, teniendo que hacerme cargo de ellos", se queja. Hidalgo Garzón se hizo pasar por loco y en el ínterin insultaba a Catalina a través de una página web. Lo mismo hacía con el juez. A mediados de 2010 una junta de médicos forenses concluyó que intentaba mostrarse más deteriorado de lo que estaba. El y su mujer fueron procesados y recientemente enviados a juicio oral. El vive en un geriátrico, ella con un pariente.

Familia
Catalina decidió que no quería verlos más recién en la segunda mitad del año pasado. Fue después de que se animó a contactar a su familia biológica, casi todos de Rosario. Osqui, primo hermano de su papá, le mandó un montón de fotos por e-mail.
Dos semanas después se fue para allá. Conoció también a Fabián, el hermano de su mamá. Y se quedó muy impactada al ver a otro primo de su papá, Javier. "¡Me vi igual a él!", exclama. Esa primera vez fueron a comer a una parrilla de "el inglés", un compañero de rugby de su papá. Y conoció a las parejas de todos, y los hijos, y encontró una familia enorme, a la que ahora visita cada dos por tres. Para el 11 de agosto le hicieron un cumpleaños sorpresa. La llenaron de fotos de sus padres, que lleva consigo a todas partes. Son fotos en las que ahora por fin se reconoce a sí misma. La emociona tanto como saber que su mamá "hacía gimnasia deportiva y yo acrobática", "mi papá estudiaba para ser antropólogo, algo que me hubiera gustado a mí". "Uno es una suma del ambiente y lo genético, yo siempre me sentí diferente de mis apropiadores; lo genético fue más fuerte", celebra. El paso que faltaba lo dio en marzo cuando les mandó un mail a sus seres queridos que decía en letras de color violeta: "Familia, amigos, les escribo desde esta nueva dirección de correo electrónico con éste, mi nombre... a ver si nos vamos acostumbrando... ¡ustedes y yo! ¡Los quiero mucho y los extraño! Besitos y abrazos. ¡Catalina!". Al final de la entrevista, le salió una frase del alma: "Ahora puedo vivir con alegría".
La carta que Myriam Ovando les escribió a sus padres mientras estaba secuestrada: "Cuiden y quieran mucho a la nena (creo que está con ustedes, por supuesto), ojalá sea ella quien reciba todo de ustedes ahora (...) hay que tener fe, y por sobre todas las cosas, saber que conservamos lo más importante: La vida. Los quiero mucho como siempre, más que siempre. Recuérdenme y quiéranme en mi hija, ella es quien sin saberlo lleva en sus venitas la sangre que yo llevo y quien más cerca de mí estuvo durante todo este tiempo".
4 de septiembre de 2011
©página 12

policías golpean a los pibes más pobres


Ocho policías de santa fe detenidos por apremios ilegales contra tres menores arrestados. Los jóvenes concurren a El Refugio de Santa Fe, destinado a chicos en situación de calle. Los detuvieron cuando pedían monedas en bulevar Gálvez. Acusan a los policías de golpearlos y hasta de pasarles corriente por el cuerpo.
[Luis Bastús] Argentina. Ocho policías de dos comisarías céntricas de la ciudad de Santa Fe están detenidos bajo acusación de haber sometido a golpes y choques de electricidad a tres menores de edad que arrestaron el lunes de madrugada, cuando estos regresaban a un hogar transitorio del Ministerio de Desarrollo Social, luego de procurarse unas monedas haciendo malabares y limpiando vidrios de coches en un semáforo del bulevar Gálvez. Además de los apremios, los policías les quitaron los 15 pesos que los adolescentes habían conseguido.
Los jóvenes concurren al Centro de Permanencia Transitoria para Niños y Adolescentes "El Refugio", en Ituzaingó al 1800, destinado a chicos en situación de calle que encuentran allí un lugar de contención cercano a las esquinas del centro santafesino donde realizan actividades diversas en procura de dinero. Los policías llevaron detenidos a los tres jóvenes porque alguien interpretó que estaban "en actitud sospechosa" frente a unas vidrieras. No es la primera vez que se suscitan denuncias de este tenor donde las víctimas son menores de edad de ese efector social, según confirmó Carolina Galcerán, directora provincial de Promoción de Derechos de la Niñez, Adolescencia y Familia.
Una denuncia anónima al 911 hizo que una patrulla de la seccional 1ª encarara en la medianoche del domingo pasado hacia el bulevar Gálvez, donde encontró a tres jóvenes --uno de 17 y dos de 15 años-- que suelen limpiar vidrios de automóviles en los semáforos a cambio de monedas. Ellos debían regresar a El Refugio antes de la 1, tal como indica el reglamento de ese hogar. Pero los agentes los obligaron a subir al patrullero y los llevaron a la comisaría 1ª, donde su paso no quedó asentado en el libro de guardia.
Luego los derivaron a la seccional 3ª, por cuestiones de jurisdicción. Aquí sí registraron el ingreso de los adolescentes, pero omitieron exponer la salida. Tratándose de menores de edad, la autoridad debería haber citado a los padres o tutores para retirarlos de la comisaría, en lugar de haberlos liberado sin más trámite.
Los menores pasaron la noche en esa dependencia policial, distante a un par de cuadras de su hogar transitorio. En la mañana del lunes, al recuperar la libertad, le contaron a los operadores del albergue social que los policías en la seccional 3ª los sometieron a golpes, que los atormentaron con una picana de mano y que jugaron entre ellos a hacer puntería con una pelota de tenis lanzada contra los menores privados de su libertad.
Ese relato se tradujo en una denuncia del área del Estado provincial a cargo por apremios ilegales ante la Dirección de Asuntos Internos de la Policía, y en una presentación ante la jueza de instrucción nº 4, Susana Luna, quien tomó declaración a los adolescentes. En paralelo, un médico forense revisó a los menores pero no verificó lesiones compatibles con la violencia que denunciaron haber sufrido. "Eso no destierra la posibilidad de que hayan ocurrido los apremios", aclaró una fuente de la Secretaría de Seguridad.
El jefe de la UR I, Juan Mondino, ordenó separar primero a tres policías de la seccional 3ª por la irregularidad en el registro del paso de los menores por esa dependencia. En ese documento deben asentarse todas las novedades que ocurren en la comisaría. En los papeles, los tres pibes de El Refugio nunca estuvieron allí.
La jueza Luna ordenó el allanamiento de las comisarías involucradas y dispuso la detención de otros cinco efectivos. En total son el comisario M. F., subjefe de la seccional 3ª, cuatro suboficiales y tres agentes de policía. Luego de indagarlos por la comisión de apremios ilegales y hurto, la magistrada dispuso que quedaran detenidos e incomunicados. Ante esa situación la jefatura de la UR I decidió pasarlos a disponibilidad.
El Refugio, creado por el gobierno provincial en 2005, es un hogar abierto que funciona bajo la órbita del Ministerio de Desarrollo Social. Entre diez y quince chicos de seis a dieciocho años residen allí de manera transitoria. Se alimentan, se visten, reciben educación y participan de actividades recreativas. Mientras tanto, los operadores de calle también se ocupan de restablecer el vínculo de los chicos con sus familias.
Su ubicación, en Ituzaingó al 1800 -corazón del barrio Candioti Sur- es "estratégica para los pibes", al decir de uno de los coordinadores del lugar. Porque la casa está cerca del circuito urbano que estos menores, que por lo general están alejados de su núcleo familiar, suelen frecuentar sin tener un lugar adonde regresar y hallar contención.
Los jóvenes que frecuentan el hogar suelen ser blancos de sospecha en un vecindario caracterizado por los hábitos y la idiosincrasia de una clase media acomodada que no asimila del todo la convivencia con este espacio de contención social.
4 de septiembre de 2011
©rosario 12

denuncian brutalidad policial en cañada


La hermana del chico de 17 años golpeado por la policía y tirado en un baldío, dijo a Rosario/12 que "quieren que vuelva a robar para ellos". Harán la denuncia en Rosario.
[José Maggi] Argentina. La familia de un menor de 17 años denunció ayer que éste fue brutalmente golpeado por policías de Cañada de Gómez en el interior de la comisaría Primera, y dejado inconsciente en un baldío. Según su hermana, el chico es un ex adicto recuperado y "quieren obligarlo a que vuelva a robar para ellos como hizo en el pasado". La Asociación de Derechos Humanos de Cañada de Gómez, respaldó la denuncia. "Es una práctica habitual, en este lugar ya fueron echados varios jefes policiales por casos graves como este, pero todos se manejen con la misma impunidad" dijo Rubén Moreno. La madre del joven viajará el lunes a Rosario para radicar la denuncia en la justicia provincial, porque en la comisaría rechazaron tomársela. "Si no hacemos la denuncia, en cualquier momento vamos a encontrar muerto a mi hermano", confesó su hermana.
Rocío López, tiene 21 años y es la hermana que denunció el hecho ante Rosario/12 ."Mi hermano salió al baile, y fue a Puebla (un boliche de Cañada de Gómez), donde un pibe le tiró una jarra de cerveza, y él salió afuera y los pibes le empezaron a pegar. Los policías lo agarraron entonces cerca de la vía, donde lo esposaron y se lo llevaron. Mi hermano gritaba "por qué me llevan, por qué me llevan?", hasta que llegaron a la comisaría y lo pusieron en la celda, donde le pegaron, le tiraban hielo, y agua fría, y le dieron un cabezazo contra la reja. El nene se descompuso y lo tiraron en un baldío. Dos chicos lo encontraron y llamaron una ambulancia de urgencias, y como no vino, terminó apareciendo la policía y lo trasladaron a un hospital. Mi hermano estuvo desde las seis de la mañana hasta las 10 de inconsciente, y no reconocía a nadie. Recién a esa hora estuvo mejor y más lúcido. Entonces mi mamá lo acompañó para hacer la denuncia en la comisaría, pero el policía no le quiso tomar la denuncia, y le dijo que ’eran todas mentiras, y que contra la policía no declaraba nadie’ y que era mentira que los policías le habían pegado".
Rocío defendió a su hermano, "él no está loco, nos dijo que la policía le había pegado, y se lo dijo al jefe de la comisaría Primera de Cañada. Mi hermano describió a los policías que le pegaron pero no sabe los nombres, por eso mi mamá va a ir con él a Rosario a denunciarlos, porque acá no le quisieron tomar la denuncia".
Rocío relató que su hermano " cuando tenía once años o doce años tuvo problemas con la droga, y choreaba para ellos, para la policía, porque jamás llevó nada a mi casa. David estuvo internado en Ida y Vuelta (una institución de rehabilitación) tres años, donde se recuperó, tenía su novia, su trabajo, su hija, y ahora quieren arruinarlo de vuelta, para que vuelva a hacer lo mismo".
La joven explicó que " hace varios años tres o cuatro, había unos policías que el juez de acá los sacó. Ya no están y le daban la droga a mi hermano y un grupo de amigos, y los mandaban a robar".
Para la joven "la policía le tiene bronca, porque mi hermano cambió y no es como los otros pibes que siguen robando para ellos".
Según Rocío "los mismos policías les dan la droga y los mandan a robar cosas, y nadie puede salirse porque el que quiere irse lo matan. Al final lo pibes terminan quemados por la droga .Estos son los policías de la comisaría Segunda", aclaró aunque a su hermano lo golpearon en la otra seccional, la Primera.
"Si no hacemos la denuncia, en cualquier momento vamos a encontrar muerto a mi hermano", confesó.
Por su parte Rubén Moreno, quien junto a Adriana Diez conducen la Asociación de Derechos Humanos de Cañada de Gómez, fueron quienes canalizaron la denuncia de la joven " porque esto es ya algo habitual en Cañada, la policía se maneja con impunidad, y tenemos casos graves repetidos", recordó Moreno.
4 de septiembre de 2011
©rosario 12

la cia, europa y gadafi


Documentos encontrados en Trípoli demuestra estrechos lazos de la CIA con el servicio de espionaje de Libia.
[Rod Nordland] Trípoli, Libia. Documentos encontrados en una oficina abandonada del ex jefe del espionaje libio proporcionan nuevos detalles sobre las estrechas relaciones de la Central de Inteligencia Americana (CIA) con el servicio de inteligencia libio: en al menos ocho ocasiones, Estados Unidos habría enviado a Libia a sospechosos de terrorismo para ser interrogados en ese país, pese a su reputación por el uso de la tortura.
Aunque se sabía que los servicios de inteligencia occidentales habían empezado a colaborar con Libia después de que el país abandonara su programa para construir armas no convencionales en 2004, los documentos dejados atrás cuando los rebeldes entraron a Trípoli muestran que la cooperación era mucho más amplia de lo que se creía generalmente, tanto con la CIA como con su equivalente británico, el MI-6.
Algunos documentos indican que la agencia británica estaba incluso dispuesta a rastrear números de teléfono para los libios, y otro documento parece ser la propuesta de un discurso escrito por los norteamericanos para el coronel Muamar al-Gadafi sobre su renuncia a las armas no convencionales.
Los documentos fueron descubiertos el viernes por periodistas y Human Rights Watch. Había al menos tres carpetas con documentos en inglés, una de ellas marcada como CIA y las otras dos como MI-6, entre una enorme pila de documentos en árabe.
Fue imposible verificar la autenticidad de los documentos y ninguno de ellos lleva membrete. Pero las carpetas incluyen algunos documentos que hacen específica referencia a la CIA y sus detalles son consistentes con lo que se sabe sobre la transferencia de sospechosos de terrorismo al extranjero para ser interrogados, y con otras prácticas de la agencia.
Y aunque el alcance de los traslados de prisioneros a Libia no era público, informes en los medios de prensa lo mencionaron a veces como un país que era utilizado por Estados Unidos como parte de su criticado programa de entregas de sospechosos de terrorismo.
Una portavoz de la CIA, Jennifer Youngblood, se negó el viernes a hacer comentarios sobre los documentos. Pero agregó: "No puede sorprender a nadie que la Central de Inteligencia Americana trabaje con gobiernos extranjeros para ayudar a proteger nuestro país contra el terrorismo y otras amenazas."
El ministerio de Asuntos Exteriores británico declaró: "Es una política permanente de nuestro gobierno no hacer comentarios sobre asuntos de inteligencia."
Aunque la mayoría de las entregas mencionadas en los documentos parecen haber sido operaciones de la CIA, al menos una de ellas fue realizada por el MI-6.
"El programa de entregas consistía en entregar a personas de interés relacionadas con al Qaeda para que fueran torturadas y sacarles así información", dijo Peter Bouckaert, director de emergencias de Human Rights Watch, que estudió los documentos en la sede del servicio secreto en el centro de Trípoli.
Los documentos cubren el periodo 2002-2007, y muchos de ellos se concentran en el periodo de que va fines de 2003 y 2004, cuando Moussa Koussa era director de la Organización de Seguridad Exterior. (Koussa fue el último ministro de Relaciones Exteriores de Libia.)
El discurso que parece haber sido redactado para el coronel Gadafi fue encontrado en la carpeta de la CIA y parece haber sido enviado justo antes de la Navidad de 2003. El discurso, de una página, describe al dictador libio bajo una luz positiva. Concluye, usando el nombre revolucionario que se daba el gobierno libio, que "en una época en que el mundo está celebrando el nacimiento de Cristo, y como muestra de nuestra contribución a un mundo lleno de paz, seguridad, estabilidad y compasión, la Gran Jamhariya ofrece su honesto llamado para la creación de una zona libre de armas de destrucción masiva en el Medio Oriente."
El chaparrón de comunicaciones sobre las entregas están fechadas después de la renuncia de Libia a su programa de armas. En varios casos los documentos hablan explícitamente sobre la detención de un sospechoso por un gobierno amigo, y luego sugiere enviar un avión para recoger al sospechoso y entregarlo a Libia para ser interrogado. Un documento incluye un listado de 89 preguntas que los libios debían hacer a un sospechoso.
Aunque algunos de los documentos advierten a las autoridades libias respetar los derechos humanos de los detenidos, la CIA no obstante los entregó -para ser interrogados- al servicio libio, que tiene una conocida historia de brutalidad.
Un documento en la carpeta de la CIA dice que los operativos estaban "en condiciones de entregar a Shaykh Musa para ser puesto bajo su custodia, similar a lo que hemos hecho con otros miembros del LIFG en los últimos tiempos." El LIFG es el Grupo de Combate Islámico Libio, que buscaba el derrocamiento del coronel Gadafi, y que los estadounidenses creen que tenían vínculos con al Qaeda.
Cuando los libios pidieron que les enviaran a Abu Abdullah al-Sadiq, otro militante del grupo, el funcionario encargado escribió, el 4 de marzo de 2004, que "estamos comprometidos a desarrollar esta relación para beneficio de nuestros dos servicios" y prometió hacer lo que podía para localizarlo, de acuerdo a un documento en la carpeta de la CIA.
Dos días después, un funcionario envió un fax a los libios diciendo que Sadiq y su mujer embarazada estaban planeando viajar a Malasia y las autoridades de ese país accedieron a subirlos a un vuelo de la British Airways con destino a Londres, que paraba en Bangkok. "Estamos planeando encargarnos de la pareja en Bangkok y subirlos a nuestro avión para llevarlos a su país", escribió el funcionario.
Bouckaert, de Human Rights Watch, dijo que se había enterado, leyendo los documentos, que Said era el nombre de guerra de Abdel Hakim Belhaj, que ahora es un jefe militar de los rebeldes.
En una entrevista el miércoles, Belhaj entregó una detallada descripción de su encarcelamiento, que se corresponde con lo que se lee en los documentos. También dijo que fue detenido en Bangkok y que fue torturado por dos funcionarios de la CIA.
En una ocasión, los libios trataron de enviar su propio avión para extraditar a un militante del Grupo de Combate Islámico Libio, Abu Munthir, y su esposa e hijos, que estaban detenidos en Hong Kong debido a irregularidades en los pasaportes.
Sin embargo, el avión libio fue enviado de vuelta, aparentemente debido a que las autoridades de Hong Kong no querían que aterrizaran aviones libios en el país. En un documento clasificado como "Secreto / Sólo Estados Unidos /Excepto Libia", se sugiere a los libios que alquilen un avión en otro país. "Si el pago de un vuelo chárter es un problema, nuestra agencia estaría dispuesta a colaborar con el dinero", dice el documento.
Mientras que el interrogatorio de militantes de una organización terrorista obviamente tenía valor para la inteligencia occidental, la cooperación fue más allá de eso. En un caso, por ejemplo, los libios pidieron a los operativos rastrear un número de teléfono para ellos, y en un documento que estaba en la carpeta del MI-6 se respondía que pertenecía a la Red Árabe de Noticias [Arab News Network] en London. No está claro por qué querían saber los libios a quién pertenecía ese número de teléfono.
Los documentos también sugieren indicios de rivalidades entre los servicios en cuanto a Libia. En la carpeta del MI-6, un documento se jactaba de haber entregado a alguien llamado Abu Abd Alla a los libios. "Esto era lo menos que podíamos hacer por usted para demostrarle la extraordinaria relación que hemos construido en los últimos años", se lee en un fax sin firma de 2004.
"Curiosamente, recibimos una petición de los estadounidenses para canalizar peticiones de información de Abu Abd a través de ellos, lo que no tenemos intención de hacer."
[Scott Shane contribuyó al reportaje desde Washington.]
4 de septiembre de 2011
2 de septiembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

los martínez de hoz contra osvaldo bayer


Los Martínez de Hoz al ataque.
[Osvaldo Bayer] No me puedo quejar. Hay que tener suerte. Los Martínez de Hoz me han iniciado juicio. Eso no le pasa a cualquiera. Ahora sí que me siento un elegido por el destino.
Es por el film ‘Awka Liwen’ donde se analiza la Campaña del Desierto de Roca y mencionamos al fundador de la Sociedad Rural que fue, por supuesto, un Martínez de Hoz. El juicio alcanza también al codirector del film, Mariano Aiello y al historiador Felipe Pigna. Los que inician el juicio son los dos nietos de José Alfredo Martínez de Hoz, el conocido ministro de Economía de la dictadura de la desaparición de personas. A nosotros nos defenderá el conocido abogado de derechos humanos Beinusz Szmukler.
"¡Qué extraño!", me digo, los tataranietos se sienten injuriados por lo que se sostiene del retatarabuelo y no por lo que hizo el abuelo, el mejor amanuense de la última dictadura más feroz de nuestra historia. La acusación contra nosotros es por "injuriar" al fundador de la Sociedad Rural. Lo escrito en esa acusación provoca hasta conmiseración en el lector, cuánto sentimiento cuando se habla de los hechos de un antepasado de hace ciento cincuenta años. Y nace una especie de sonrisa irónica cuando el lector piensa: ¿por qué tanto sentimiento por un lejísimo antepasado y no dolor y vergüenza por un abuelo que dominó en una brutal dictadura la economía mientras a su lado se torturaba, se desaparecía, se arrojaba vivos a prisioneros al mar desde aviones? Personaje que sigue teniendo juicios en la actualidad por acciones deshonestas, entre ellas la de Papel Prensa.
Me hubiera gustado que esos nietos me hubieran desafiado a un debate en la Biblioteca Nacional, por ejemplo, donde hubiéramos podido públicamente abrir todos los documentos que aseveran lo que sostenemos en el film. No. Inician un juicio, donde exigen una condena en dinero impagable por la cual los supuestos condenados deberíamos pagar solicitadas en todos los diarios del país declarándonos culpables de haber falsificado la historia. Por mi parte no tengo ningún temor. En mi vida de investigador histórico sobre los aspectos más oscuros y dramáticos de nuestra historia del último siglo he ganado todos los juicios o se han enterrado todas las amenazas de juicios. Porque siempre he sostenido que en historia no se puede mentir ya que, de hacerlo, alguna vez vendrá un investigador surgido de las bibliotecas y archivos para demostrar la verdad. Si en este caso el juez podría tener en cuenta el "dolor de retataranietos", demostraré que no tengo ni por asomo fondos como para pagar lo que exigen –ellos, acostumbrados a las grandes sumas– y preferiré ir a la cárcel para pagar lo que no he cometido. No será la primera vez que estaré entre rejas por lo que escribo, aunque eso fue en dictaduras militares.
Leer el escrito de los nietos del ex ministro dictatorial nos despierta curiosidad. Sostienen, por ejemplo, que lo que se describe acerca del retatarabuelo estanciero Martínez de Hoz causará daños irreparables a la actual familia. Por ejemplo, le escriben el juez: "¿Advierte Vuestra Señoría el daño que las acreditadas falsedades de los autores contra los Martínez de Hoz causarán a la familia, a los suscriptos y a nuestros descendientes si tales falsedades son introducidas al ámbito escolar? El perjuicio contra nuestra familia sería, lisa y llanamente irreparable".
Ante esta frase podemos sonreír: no se hagan problemas, el daño irreparable ya ha sido hecho por el abuelo José Alfredo Martínez de Hoz, repetimos, ministro de la dictadura más feroz de nuestra historia. Con ganarnos el juicio por unas escenas de nuestro film acerca de la Campaña del Desierto y el genocidio indígena no van a limpiar nunca jamás el nombre de Martínez de Hoz. Les recomiendo que en vez de preocuparse por el retatarabuelo, los descendientes se quiten la parte de Hoz, y se llamen a partir de ahora sólo Martínez, que es un apellido muy difundido y así pueden liberarse de ese terrible pasado familiar que es la figura del ministro dictatorial. El es quien asestó un golpe feroz e ilevantable contra su familia al ser ministro de esa dictadura.
Más todavía que el abogado que nos hace el juicio, ese nieto, se llama justamente José Alfredo Martínez de Hoz, igual que el ministro de la vergüenza nacional.
¿No es acaso este juicio un principio de tratar de hacer olvidar nuestro presente con una acusación contra un film que habla de la historia de cómo se robaron las tierras en las cuales vivieron durante siglos los pueblos originarios?
Los nietos demandantes sostienen que su retatarabuelo no intervino para nada con respecto a esas ocupaciones de tierras donde nacieron luego los grandes latifundios tan bien representados por la actual Sociedad Rural.
Justamente, ahora, aquí, voy a reproducir un documento de la Sociedad Rural donde habla acerca del fundador de esa entidad de estancieros, justamente de José Martínez de Hoz.
Esta solicitada fue publicada nada menos que el lunes 11 de junio de 1979, es decir, en plena dictadura militar de Videla, a página entera, siendo ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, por el diario Clarín, cuando se cumplieron cien años de la Campaña del Desierto. La solicitada dice, a todo título: "La Sociedad Rural Argentina, las Fronteras y los Indios". En la misma se trae la resolución del ministro de Guerra, coronel Martín de Gainza de junio de 1870 que (textual) "acude a la Sociedad Rural Argentina pidiéndole se hiciera cargo de adquirir 1500 caballos para el Ejército con destino a la campañas contra los indios". Luego sigue la solicitada (textual): "El entonces señor presidente de la Sociedad Rural Argentina, don José Martínez de Hoz respondió a ese petitorio diciendo: En contestación a la nota de V.E.... felicitándose la Sociedad Rural de que V.E. le haya dado esta brillante oportunidad para demostrar cuánto puede hacer en beneficio de los intereses rurales que está encargada de promover, cooperando siempre en todo sentido cuando se trata de dar seguridad y bienestar a nuestros pobladores de la campaña". Aquí habría que decir que más bien se refería a la propiedad nueva de que se iban apoderando los nuevos dueños de la tierra con ayuda oficial. Luego, en la solicitada viene la circular firmada por Martínez de Hoz del 4 de julio de 1870 donde dice: "Siendo un deber de todo ciudadano prestar su auxilio y cooperación a los gobiernos, siempre que se ocupen de la seguridad y bienestar de las sociedades que dirigen, la corporación que presido no ha titubeado ni un momento en encargarse de la compra de 1500 caballos que el Excmo. Gobierno Nacional necesita urgentemente. La Comisión Directiva de la Sociedad Rural no ha trepidado ni un solo momento en tomar a su cargo tan importante comisión, porque ha creído que aceptándola trabaja en el sentido de favorecer los intereses rurales que tiene el deber de promover". Firmado José Martínez de Hoz.
"Los intereses rurales", dice el retatarabuelo de quienes nos iniciaron juicio. ¿Cuáles intereses, los de los pueblos originarios que vivían allí desde hacía veinte siglos? No, los intereses de los recién llegados que vieron que eso era una fuente de riquezas. El mismo día se hace la "asamblea general extraordinaria de la Sociedad Rural". Y en el comunicado señala que el objeto de esa reunión es tratar la oferta hecha por "el gobierno de la Pcia. de Bs. As. al de la Nación para alejar los indios al otro lado del río Negro". Misión que llevará a cabo ocho años después el general Roca. En la asamblea se resuelve ofrecerle al gobierno "la cooperación de los hacendados sin limitación alguna". Estas tres palabras lo dicen todo.
Luego, los hacendados levantan el tono y ofrecen al gobierno: "La más decidida cooperación para reunir los elementos bélicos necesarios que, ayudando a los que tiene la Nación, sirvan a repeler los indios lejos de nuestras fronteras actuales". Todo, firmado por José Martínez de Hoz.
Y trescientos ganaderos.
Luego sí, Martínez de Hoz muere antes de la expedición de Roca. Pero es que la Campaña del Desierto ya había comenzado mucho antes.
Bien, he presentado la primera prueba. Mi esperanza es –aunque yo vaya preso por faltar el respeto "a la Sociedad Rural"– que con esto tome un nuevo curso la gran polémica en el país acerca del genocidio que los argentinos cometimos hace un siglo y medio contra los pueblos originarios. Así que, bienvenido el juicio que nos han iniciado los Martínez de Hoz. Servirá para ventilar ese oscuro pasado.
3 de septiembre de 2011
©página 12


murió marc hannibal


Actor y cantante.
Murió el 23 de julio, en Salem, Oregon, por causas naturales, el actor, cantante y ex jugador de los Harlem Globetrotter, Marc Hannibal. Tenía 80 años.
Hannibal hizo su debut en televisión en 1963 en ‘CBS Repertoire Workshop’, narrando la historia del histórico caso de Dred Scott en la Corte Suprema. Fue la estrella principal en varios programas de variedades, incluyendo ‘Hannibal’s Trunk.’ Hannibal fue también un actor invitado en las series de televisión ‘Dragnet’, ‘Adam 12’ y ‘Misión: Imposible’ [Mission Impossible] y apareció en películas como ‘Aeropuerto’ [Airport], ‘Fools’, ‘The Strangers in 7A‘ y ‘The Grasshopper.’ En 1975 fue el actor protagonista de la película de culto italiana ‘Los fantásticos tres supermanes’ [Superuomini, superdonne, superbotte] (conocida en varios títulos en inglés, incluyendo ‘Three Fantastic Supermen’) como un gladiador superhombre.
En 1976 produjo y actuó en un espectáculo de variedades llamado ‘On the Strip’, en vivo desde Las Vegas.
Como cantante trabajó en clubes nocturnos en toda América del Norte en los años sesenta, introduciendo a Phyllis Diller en Gaslight Square en St. Louis, y en los hoteles The Sands y Union Plaza en Las Vegas en los años setenta. Grabó dos álbumes: el primero, sin título, lo produjo Phillips; el segundo, ‘Night Times’, la discográfica independiente First American. En 2002, su canción ‘Forever Is a Long, Long Time’ fue utilizada por Royce Da 5’9" en su canción ‘Boom’, que fue incorporada en el álbum ‘Rock City (version 2.0)’ así como la banda sonora de la película de MTV de 2001, ‘Hip Hopera: Carmen.’ La carrera musical de Hannibal fue narrada en el libro ‘The First Book of Oregon Jazz, Rock and All Sorts of Music’, de Carolan Gladden.

Frank Charles Hannibal Jr. nació en St. Louis. Después de egresar de la Escuela Secundaria Politécnica Benson, en Portland, Oregon, como estrella del baloncesto, sirvió durante un breve periodo en el ejército. En 1954 Hanninal fue reclutado por los Harlem Globetrotters y estuvo de gira con ellos durante dos años. Luego jugó con el equipo de Marques Haynes, los Harlem Magicians.
Le sobreviven tres hijas y un hijo.
4 de septiembre de 2011
28 de agosto de 2011
©variety
cc traducción c. lísperguer

dentro del cartel 3


Las cosas marchaban bien para el piloto John Ward, cuando transportaba cocaína por el cartel de Sinaloa. Pero los hombres al otro lado lo tenían preocupado. Tercera entrega.
[Richard Marosi] John Charles Ward despegaría un poco antes del amanecer, cuando podía correr sin focos por la pista y ascender hacia el envolvente abrazo de un cielo encapotado.
Sobrevolando con su avioneta monomotor las apretujadas autopistas de California, se servía un whiskey con Seven y planeaba la ruta hacia Pensilvania. En la avioneta había 110 kilos de cocaína. Al otro lado de la ventanilla, nada más que nubes.
"No hay bordillos en el cielo", dijo Ward. "No hay ningún lugar donde te puedas estacionar."
Transportar cocaína para el cartel de Sinaloa era el mejor trabajo que Ward había tenido en años. No se requería traficar en la calle, empaquetar ni hacer nada sucio. Entregaba la droga a un distribuidor en Pensilvania y volvía con un petate lleno hasta arriba con 2.8 millones de dólares, guardando para sí mismo un fardo de sólo quince centímetros.
Si despegaba al amanecer del Aeropuerto Municipal Corona del condado de Riverside, Ward podría volver al día siguiente para alimentar las máquinas contadoras de billetes en su casa en Carlsbad.
Sin embargo, tenía algunos persistentes problemas. Los distribuidores mexicanos en Pensilvania estaban tratando de reducir costes contratando a camioneros inmigrantes para recoger drogas en California del Sur. Y agentes estadounidenses estaban vigilando de cerca a los traficantes en sus centros de distribución en las antiguas ciudades del condado de Lancaster, Pensilvania:
Ward era un experto en cuanto a borrar sus huellas. Normalmente alojaba en un motel de cabañas justo a un lado de la pista del Aeropuerto de Smoketown, que se describía como la "puerta hacia territorio menonita de Pensilvania." Después de medianoche se vestía de negro y trasladaba los bolsos de gimnasia llenos de cocaína desde el avión hasta su cuarto. Evitaba a la gente, pagaba en efectivo la mayoría de las veces y, si alguien preguntaba, decía que era un corredor de aviones.
"El dinero nunca paró. El producto nunca paró", dijo. "Todo se movía continuamente."

Veterano
Para cuando el presidente Nixon declaró la "guerra contra las drogas" en 1971, Ward había estado transportando drogas hacia California durante años. Plantaba hierba en una granja que poseía en Missouri y la enviaba por camión. Años después, respondiendo a una demanda de mejor marihuana, se asoció con campesinos en pueblos mexicanos y contrató a pilotos -algunos de ellos veteranos de la Guerra de Vietnam- para trasladar la droga al otro lado de la frontera.
Pero no eran de fiar, así que decidió aprender a pilotar. Viajó a Hawai para adiestrarse en vientos cruzados y contrarios y en pequeñas islas.
"Me dije a mí mismo: ‘Voy a ser el mejor transportista del mundo. Voy a ser el tipo sin rollos’", dijo Ward.
Durante tres décadas pilotó más de cincuenta aviones, desde pequeños Beechcraft Musketeer de tres plazas hasta Aero Commanders 500, que llenaba con 675 kilos de marihuana. En los años setenta y ochenta, hizo viajes cortos al norte de México, aterrizando en pistas marcadas por llantas quemadas, e hizo largos viajes a través de la Sierra Madre, donde alegres campesinos corrían a caballo junto a la avioneta, disparando sus pistolas al aire.
Ward era luchador e inteligente, un yonki de la adrenalina con una inclinación por las cosas más finas. Su trabajo le pagó una hacienda en el desierto, un velero bautizado Romancing y fiestas regadas con Dom Perignon. Le gustaban los retos del contrabando aéreo e ideó ingeniosos métodos para evitar ser detectado.
Cruzando la frontera, volaba rozando la copa de los árboles para eludir los radares. Aterrizaba en el desierto en pistas improvisadas en las que su equipo disponía los focos alimentados por un generador. Para problemas de motor, llevaba un bolso de herramientas con fusibles y llaves. Para problemas humanos, se metía en la cintura un revólver de 9 milímetros.

Con Ventaja
Las autoridades federales, que sabían del contrabando aéreo de Ward desde 1975, lo perseguían en el cielo del desierto, pinchaban sus teléfonos e instalaban aparatos de rastreo en su avioneta, algunos de los cuales encontró y colgó en su bar en casa para alardear con sus amigos.
En 1981, agentes aduaneros requisaron tres de sus avionetas en aeropuertos en el condado de Riverside. Fue condenado por conspiración para traficar drogas como el jefe de trece pilotos y miembros del personal de tierra. Cumplió cuatro años de cárcel de su sentencia de ocho, y volvió a volar.
En 1990, agentes federales vieron a la avioneta de Ward aterrizar en una pista cerca de Death Valley. El personal de tierra descargó 225 kilos de marihuana, y Ward se perdió en el cielo nocturno. Un piloto del gobierno lo persiguió, pero lo perdió de vista. Los agentes encontraron el avión más tarde en el Aeropuerto Municipal de Banning. El compartimento de carga estaba cubierto de tierra y, el motor, todavía caliente, pero Ward había desaparecido.
Los agentes capturaron al personal de tierra, que delataron a Ward. Fue acusado de conspiración [para traficar drogas] en este caso, y por otro en el condado de Riverside. Si lo condenaban, podía ser sentenciado a diez años de prisión.
Su abogado Tom George Kontos, ex fiscal federal de Los Angeles, negoció un convenio declaratorio que resultó en un año de arresto domiciliario.
Ward quedó eternamente agradecido del elegante abogado que dijo que era hábil a la hora de convencer a jueces. "Podía hipnotizar a las aves para sacarlas de los árboles", dijo Ward.
Kontos y Ward trabaron amistad, asistiendo a sus respectivas bodas e invirtiendo en un negocio de coches usados. Ward recomendó a Kontos a otros traficantes; Kontos vendió a Ward su casa en Carlsbad, que fue pagada con dinero de la droga.
Ward bautizó a su segundo hijo en honor a Kontos. "Me describía como el hermano que nunca tuvo", dijo Ward. "Era mi héroe."

Echando Concreto
Ward y su esposa vivían en una enorme casa de dos plantas que daba a una laguna de agua salada en Carlsbad. Los vecinos lo veían ocupado en su garaje donde estaba diseñando un aparato para remolcar aviones. Muy rara vez llegaron a saludarlo, pero se imaginaban que se trataba de un inventor excéntrico de raras maneras. No tenían ni idea de que Ward enterraba dinero en su patio ni que se ganaba la vida transportando drogas en el país.
Ward empezó a pilotar para el cartel de Sinaloa en 2004, formando equipo con Rafael Domínguez, criador de caballos de carrera del condado de Riverside que tenía conexiones con distribuidores de drogas en California del Sur.
Cuando Domínguez tenía un cargamento de cocaína listo para su embarque, telefoneaba a Ward diciéndole que había conseguido otro trabajo para "echar concreto."
La cocaína era la mejor que había probado Ward en su vida, y se creía que venía de una red de distribución de drogas encabezada por Víctor Emilio Cazares, presuntamente un importante lugarteniente del cartel de Sinaloa. Los ladrillos eran etiquetados con el logo de un escorpión.
"No estaba cortada... era de color anacarado, con olor a caramelo", dijo Ward. "La gente era capaz de arrancarte las manos por eso."
Ward transportaba casi 112 kilos de cocaína por vuelo y cobraba 800 dólares por kilo, ganando cerca de 110 mil dólares por viaje, más cinco mil dólares para gastos.
Los camioneros, algunos con antecedentes irregulares, entregaban casi el doble de esa cantidad por menos de la mitad de la tarifa de Ward.
A Ward no le gustaba la conducta descuidada y los recortes de gastos de los distribuidores de la Costa Este a los que entregaba las drogas. Ya había discutido con uno de ellos, Noe Coronado, que cultivaba un aspecto de pandillero de Culiacán -copete y pantalón de rayón brillante- que lo hacía destacarse en el mundo de vaqueros azules y gorra de béisbol de Lancaster, Pensilvania.
A Ward le preocupaba que la falta de discreción de Coronado los pusiera a ambos en peligro. Sin embargo, era difícil resistir el atractivo de otro negocio. "No se trataba solamente de un encargo de contrabando. Era mi carrera", dijo Ward. "Pensaba mucho sobre el asunto y trataba de evitar los errores que cometían otros."
Cuando Ward recibía una llamada para otro embarque, dejaba las herramientas en su garaje, cogía su transmisor-receptor y su GPS y su bolso de viaje. En la puerta, se despedía de su mujer con un beso.
"No me preguntes cuándo vuelvo. No me preguntes dónde voy... Te veré más tarde", le diría.
Ward llegaba siempre un poco antes del amanecer al Aeropuerto Municipal de Corona, un lugar polvoriento con una cafetería y una escuela de vuelo y un remolque de doble ancho que hacía las veces de oficina del gerente.
Él y Domínguez conducirían hasta el avión y arrojarían los bolsos marineros en el compartimento para carga. Unos quince minutos antes del amanecer, Ward despegaba solo en dirección al este.
La Socata 1992, una avioneta francesa, tenía una velocidad de crucero de 320 kilómetros por hora y un rango de mil trescientos kilómetros, lo que significaba que tenía que parar cuatro veces para reabastecerse de combustible. Ward veía abajo los puestos de control en la autopista plagada de polis. Arriba podía beber, fumarse quizás un porro o mirar una película porno en su portátil.
Si volaba por debajo de los cinco mil quinientos metros, no necesitaba un plan de viaje. La mayoría de los aeropuertos donde paraba eran somnolientos aeropuertos municipales o empresas familiares.
Sin embargo, Ward no corría ningún riesgo. Después de rodar hacia una parada de reabastecimiento, revisaba la lista de revisión de mantenimiento como si fuera un equipo de asistencia de Nascar de un solo hombre.
"No perdíamos ni un segundo", dijo. "Cuando aterrizas, apagas el ordenador mientras llenas el tanque de la avioneta. Te informas del tiempo mientras pones el galón de aceite..., lo metes, arrojas el pico, te limpias las manos y vuelves a subirte."
Al anochecer podía ver las onduladas y verdes colinas y tierras agrícolas del sur de Pensilvania. Normalmente aterrizaba en Smoketown, pero pensando que su uso excesivo podía llamar la atención, había empezado a utilizar aeropuertos en York y Carlisle, ambos a menos de cien kilómetros de Lancaster.
Ward había sermoneado a Coronado sobre su chillona apariencia. Lo había criticado una vez por utilizar el señalizador en ruta a un restaurante y por no tener los documentos del vehículo al día.
Coronado rechazaba la actitud autoritaria de Ward, pero este no retrocedió. "Lo tenía que vestir y decirle qué hacer, pero es que en realidad era un desastre", dijo Ward. "Así no se viaja."
Finalmente los sermones tuvieron el efecto deseado. Para el otoño de 2006, Coronado había cambiado su guardarropa, cambiado sus pantalones brillantes por Docker y había dejado de conducir sin seguro o con licencias vencidas. También había seguido el consejo de Ward y empezó con un negocio de limpieza de alfombras, como fachada.
Pero Coronado había seguido trabajando con otros proveedores menos caros, y su indiscreción rindió sus frutos.
El 12 de enero de 2007, dos hombres llegaron desde Nueva York para recoger cocaína que Coronado había recibido por camión. Informados del trato, agentes del Servicio de Control de Drogas [Drug Enforcement Administration] los siguieron y detuvieron a Coronado después de la transacción. Los agentes encontraron 1.8 millones de dólares en su casa.
Corriendo el peligro de ser sentenciado a veinte años de cárcel, Coronado fue obligado a colaborar. Se negó a delatar a sus conexiones mexicanas, por miedo a represalias contra su familia. Pero estaba dispuesto a hablar sobre los embarques de cocaína que recibía por aire desde California.
Una mañana de junio de 2007, Ward salió de casa a recoger el diario. Lo esperaban varias brigadas de policías y agentes de la DEA.
"¡No les digas nada a estos idiotas!", le gritó a su esposa. "¡Estos tipos no son amigos!"
Ward pensaba que Kontos podía llegar a un acuerdo, como había hecho en el pasado. Pero los fiscales, sospechando que Kontos estaba lavando dinero, habían requisado doce de sus propiedades. Se declaró culpable de conspirar para obstruir a la justicia, recibió una sentencia de veintiún meses y accedió a cooperar.
Kontos confesó que Ward había enterrado el dinero de las drogas en su patio. Los detectives no encontraron nada allí, pero hallaron 67 mil 500 dólares en una bolsa de nueces en el congelador.
Ward se declaró culpable de cargos relacionados con tráfico de drogas y lavado de dinero y fue sentenciado a diez años de cárcel. El gobierno federal confiscó la casa en Carlsbad, el dinero en el congelador y su avioneta Socata. Su socio, Domínguez, fue también condenado a diez años.
La carrera de Ward como piloto había terminado.
Kontos "dijo que nunca defendería a un informante, y el tipo resultó ser uno de ellos", dijo Ward.

Libros y una Vista
Reo federal número 74505-012 en la Herlong Correctional Institution de California del Norte, Ward trabaja en la cocina, sirviendo comidas y barriendo el suelo. Ha cumplido cuatro años de su sentencia en una cárcel de mínima seguridad, sin reja perimetral, mucho más parecida a un campamento que a una prisión.
Ward, 64, pasea por el extenso patio, sigue clases de álgebra, lee libros sobre historia estadounidense y disfruta de la vista de Sierra Nevada.
Todavía está vivo, incluso después de todos los peligros que corrió en sus años de contrabando: fallos mecánicos a tres mil metros de altura, días empantanado en el sofocante desierto, encuentros con osos en Alaska, polis mexicanos, guerrilleros colombianos, pistoleros y barones de la droga roñosos.
Algunos días se lamenta, pero no hoy. Después de todo, volverá a ser un hombre libre después de unos años más en esta amable prisión.
"Soy la persona más afortunada del mundo", dijo Ward. "Si pusieras tu suerte contra la mía, no tendrías ninguna posibilidad."
3 de septiembre de 2011
27 de agosto de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

ministro hinzpeter, ¿por qué no se calla?


columna de lísperguer
Ministro Hinzpeter lamenta que muchos chilenos vean a carabineros como enemigos.

Como profundamente hiriente, errada, inoportuna e innecesaria ha de considerarse la declaración del ministro Hinzpeter sobre la renuncia del general Gordon. Resulta incoherente que diga que "muchos ciudadanos enfrentan a las fuerzas de orden y seguridad como si fueran sus adversarios o enemigos" cuando nos estamos refiriendo al incidente en que un carabinero asesinó al joven Manuel Gutiérrez.
¿Cómo y por qué ocurrió ese asesinato?
El sargento Millacura, que estaba libre, se trasladó voluntariamente a la comisaría y, con sus compañeros, retiraron varias UZI para salir de patrulla. Originalmente declaró que estaban siendo atacados con armas de fuego y que usó su arma para disuadir el ataque. Todo esto era falso. La investigación de la PDI desmiente que los manifestantes hayan disparado y estos ciertamente no se encontraban en el grupo de vecinos que miraban desde lejos (150 metros) lo que estaba pasando. O sea, el ataque contra ese grupo de vecinos fue arbitrario.
Aun se han de dilucidar muchos aspectos de este asesinato (por ejemplo, quién autorizó u ordenó a los carabineros a llevar armas de guerra para reprimir la manifestación), pero lo que es evidente es que ocurre en el marco o como consecuencia de una doctrina de Carabineros en que no se respetan en absoluto ni los ddhh ni las libertades públicas ni el estado de derecho vigente -una doctrina en la que manifestantes, encapuchados violentos, delincuentes y vecinos de poblaciones pobres son todos una sola y misma cosa: enemigos.
Sin duda hay ciudadanos que ven a Carabineros como enemigos, pero la percepción es comprensible porque Carabineros participó en un golpe de estado y dictadura de inspiración y mandato extranjeros -que empezó con el asesinato del comandante en jefe René Schneider en octubre de 1970, por un grupo neonazi (Patria y Libertad; más tarde se harían pasar por católicos para fundar la UDI) a la paga de la embajada estadounidense. Si algunos ciudadanos ven a Carabineros como enemigos de la patria, hay buenas razones para ello.
Decirle a la familia Gutiérrez que el niño Manuel murió porque muchos chilenos ven a Carabineros como enemigos está muy cerca de la infamia, porque la verdad es que lo mataron porque Carabineros ve a los chilenos como enemigos.
El general Gordon debió haberse marchado hace mucho tiempo, pues su mandato ha estado asociado a intolerables actos de violencia: el asesinato frustrado (por un carabinero) de Kathya Rojas Mora, niña de 10 años, en circunstancias similares al asesinato de Manuel, en septiembre de 2008; el asesinato del comunero mapuche Jaime Mendoza Collío en agosto de 2009; el asesinato en un furgón policial, de un culatazo en la cabeza, de Francisco Coronado Cárdenas, en junio de 2010; y otros incidentes reprochables, como las golpizas y torturas de estudiantes en buses policiales (comprobado por la directora del Instituto de Derechos Humanos), los allanamientos ilegales (en el sur y en Santiago), el espionaje de parlamentarios, la infiltración de marchas estudiantiles para provocar disturbios y justificar la intervención policial, y muchos otros incidentes que muestran en Carabineros el culto de una violenta cultura policial antipopular (la humillación de Juanito Mozo, el bautizo violento de aspirantes a carabineros, la muerte de dos aspirantes en Curacaví).
Hizo bien el gobierno en aceptar la renuncia de este general, pero sería mejor que el ministro Hinzpeter se abstuviera de declaraciones inoportunas e innecesarias.
lísperguer