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sequía amenaza costumbres


[Emily Wax] Repetidas sequías amenazan terminar con costumbres de toda la vida.
Nairobi, Kenia. Eran amigos del vecindario que de vez en vez flirteaban entre la lujuriosa hierba elefante de las sabanas del este de África.
Él era un gregario ganadero de 28 años que había estudiado en la universidad, hablaba cinco idiomas y complementaba sus ingresos trabajando para un negocio internacional de safaris.
Ella era una animada chica de 22 que había terminado la secundaria, respetaba a sus padres y era una encantadora narradora que había encontrado a alguien de su estatura, pues era alta.
Él logró conocer a sus padres, que prepararon en su granja la tradicional bebida de acogida hecha a base de azúcar, miel, hierbas, lecha agria y sangre de vaca. Para su dote él ofreció sus mejores bueyes y sus vacas lecheras más productivas.
Luego, con la bendición de sus padres, en la primavera pasada Moses ole Samante propuso matrimonio a Evelyn Kutingala.
Pero el compromiso de los dos jóvenes keniatas, ambos de la tribu masai, no transcurrió sin tensiones. A medida que la peor sequía en una generación en la región se extendía por el este de África, convirtiendo los pastizales en expansiones cubiertas de rocas y polvo, las posibilidades de casorio de Samante se pusieron tan escuálidas como su huesudo ganado.
Al mes morían más de 300 vacas. Pronto estuvieron casi todas muertas. Para diciembre había perdido ganado por más de diez mil dólares en un país donde la mayoría de la gente sobrevive con 350 dólares al mes. La boda fue cancelada. Y Samante se mudó a Nairobi a buscar trabajo.
"Es una época tan mala", dijo él. "Tuve que abandonar mis preciosos campos".
"¿Hay alguna posibilidad de que puedas aparejar dentro de poco las vacas que te quedan?", recordó a Kutingala suplicando en una llamada telefónica desde su aldea de Ntulele, a unos 190 kilómetros al sur de Nairobi. "Tengo miedo de que mis padres me casen con otro hombre, más viejo y más rico. Mi madre no quiere que gaste mi juventud".
Los hombres en edad de casarse en el este de África llaman a la actual temporada seca "la sequía que mató a la dote". En el continente más pobre del planeta, las sequías y los cambios climáticos están empujando a más y más africanos hacia las ciudades, aumentando la presión sobre recursos ya escasos y prácticas culturales cambiantes, que van desde la dieta hasta las costumbres matrimoniales.
Las organizaciones humanitarias calculan que 3.5 millones de personas, la mayoría pastores nómadas, sufren escasez de alimentos en Kenia. Unas 40 personas han muerto de enfermedades relacionadas con el hambre, y ha sucumbido un 70 por ciento del ganado en las zonas del nordeste afectadas por la sequía.
Los pastores masai que tratan de escapar de la sequía están llegando en tropel a Nairobi, dejando que su ganado se alimente de la hierba de las rotondas de la ciudad. Los escritorios de la policía están llenos de informes de pastores que han sido arrollados por coches. Los masai también están levantando congestionadas villas miseria donde vivir y recorren la ciudad implorando por un trabajo.
"La sequía y los cambios climáticos están destruyendo todo un modo de vida", dice Doug Keating, de Oxfam International, que está ayudando a distribuir ayuda en la región. "Si uno creyera que el modo de vida pastoral ya no es viable y que ellos deberían renunciar a su ganado, ¿cuál sería la alternativa? Millones de personas se dirigen hacia las ciudades. Creo que sabemos que las ciudades de Kenia apenas pueden sostener a los habitantes que tienen.

Vida Dura En Nairobi
Samante llegó por primera vez a Nairobi, una ciudad de altos edificios y alta tasa de delincuencia, después de una dura sequía de dos años que empezó en 1999, la séptima en atacar el este de África desde 1975. Sus padres le suplicaron que estudiara en la universidad, y el último anhelo de su agonizante padre para su hijo mayor, dijo Samante, era que estudiara lenguas extranjeras y que su vida no dependiera del ganado.
Samante llegó a Nairobi con 300 dólares para su matrícula en la universidad. Pero los perdió a manos de un ratero poco después de llegar a la ciudad que los keniatas han bautizado ‘Nairobos’.
"No teníamos coches, teníamos vacas, así que miraba a todos lados sin preocuparme demasiado", dice, riéndose de un antigua inocencia. "Y había tanta gente, algunos chocando violentamente conmigo. Yo simplemente sonreía y les daba la mano. Me miraban raro".
Volvió a su aldea a vender más vacas para reunir el dinero. Pero cuando volvió a Nairobi por segunda vez, le volvieron a robar.
Esta vez pensó que había reconocido al ladrón, un hombre que estuvo muy cerca de él haciéndole preguntas sobre la vida de los masai. Lo persiguió y empezó a pelear con él, dijo.
Los dos terminaron en la cárcel. Samante fue golpeado por otros reclusos que se burlaban de él por ser un "keniata del campo". Presenció angustiado cómo el ladrón usaba el dinero de su matrícula para comprar su libertad, dijo.
Finalmente Samante salió de la cárcel pidiéndole a un amigo que sobornara a los gendarmes. Pero tuvo que trabajar como guardia de seguridad para pagar la matrícula y le tomó años terminar sus estudios.
"No somos gente de la ciudad", dice Simon Kiraison, 22, un amigo de Samante, de Ntulele, que ahora trabaja en Nairobi. "No me puedo casar. Y siempre me atracan. La ciudad no alivia mis penas. Sólo me causa más".
Samante y sus amigos en la ciudad dicen que tienen miedo de la delincuencia y que están frustrados de que no pueden pagar la leche, que estaban acostumbrados a beber sin pagar por ella, ni encontrar sangre de vaca, que hacía parte de su dieta.
"La sangre de vaca es realmente fantástica", dijo Samante. "No entiendo por qué las tribus de Nairobi no la usan".
Lo peor de todo, sin sus novias y futuras esposas, se sentían solos.
Algunos de los hombres de campo que se mudaron a Nairobi empezaron a tener sexo con prostitutas, un tabú en la cultura masai. Los casos de HIV empezar a aumentar en la comunidad masai, que históricamente ha tenido una tasa más baja que el resto del país, de acuerdo a una encuesta del gobierno.
"Estamos perdiendo la dignidad", dijo Samante. "Yo quería seguir siendo un verdadero masai".

Debate Sobre la Dote
La boda de Samante y Kutingala debía ser una fiesta de todo el pueblo con más de mil invitados. Un mes antes los padres de Kutingala prepararon la tradicional cómoda matrimonial de ella que contenía sus telas, collares de cuentas y platería.
Pero a fines de noviembre, después de que él hubiera perdido casi todo su ganado, Samante se reunió con los padres de su novia.
"Cuando se los dije", contó Samante, "ni siquiera me miraron".
La sequía ha obligado a los mayores a reiniciar el debate sobre la dote y su papel en un África que se urbaniza a pasos acelerados. Líderes comunitarios citan ejemplos de chicas que han sido obligadas a casarse jóvenes por padres ansiosos por obtener las dotes con que remplazar su ganado. El mes pasado unos educadores rescataron a 20 niñas escolares en el barrio ganadero de Samburu de uniones prematuras, de acuerdo a informes de la televisión nacional.
La Iglesia Católica de Kenia, que ha ayudado a coordinar los proyectos de ayuda, ha acusado al gobierno de fracasar a la hora de combatir la sequía. En las últimas semanas varios funcionarios de alto rango han sido acusados de meterse al bolsillo un total de 1.3 billones de dólares de fondos públicos, dinero que según los críticos debió gastarse en proyectos de irrigación.
"Realmente es un gran problema ver cómo nuestra cultura está siendo erradicada por la sequía, la corrupción y las costumbres urbanas", dice Julius Lemanken, un masai que trabaja para World Vision, una organización que está ayudando a financiar proyectos alimentarios. A veces las culturas cambian naturalmente, por sí mismas. Pero ¿se pudo haber evitado? ¿Podrán mis nietos ser ganaderos como yo? ¿Conocerán nuestras tradiciones?"
Los jóvenes keniatas dicen que ellos están metidos entre fuertes tradiciones culturales, que todavía creen que deben acatar, y nuevas ideas sobre la riqueza. Los niños masai aprenden el proverbio que dice: "En realidad, todo el ganado del mundo pertenece a los masai. Incluso los que hay en India y en Occidente fueron robados en nuestras tierras".
"Me gustan las vacas. No puedo sacarme este modo de pensar. Si lo hago, seremos un pueblo perdido", dice Samante. "El minuto en que tenga dinero en el bolsillo, compraré vacas. Si tuviera dinero en el banco y no comprara vacas con él, me convertiría en un tipo pobre y patético".
Samante todavía quiere casarse, quizás en un año cuando pueda aparejar a las pocas vacas que le quedan. Simplemente espera que la familia de Kulingala la deje esperarlo.
"Ella tiene todo lo que debe tener una mujer joven", dice. "Yo me sentía tan feliz....".
"Él era un hombre exitoso y amable de mi propia edad", dice Kutingala que dijo a sus padres hace poco. "Todavía quiero hacer mi vida como mujer casada"

20 de marzo de 2006
©washington post
©traducción mQh
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impunidad en juicio en áfrica


[Craig Timberg] En casos de ex líderes, la justicia gira de los soldados a los tribunales.
Johannesburgo, Sudáfrica. La detención en marzo de ex presidente de Liberia, Charles Taylor, fue el último de una serie de pasos tentativos hacia el enjuiciamiento de líderes políticos en África por presuntos delitos de corrupción, violación y genocidio, entre otros.
Después de décadas durante las cuales altos personeros de gobierno estuvieron en gran parte más allá del alcance de las leyes nacionales e internacionales, recientemente los fiscales han podido procesar a Taylor por crímenes de guerra cometidos en Sierra Leona, instalar un tribunal respaldado por Naciones Unidas para enjuiciar a ex líderes del genocidio en Ruanda en 1994, y enviar a investigadores internacionales que han sido invitados por otros cuatro países africanos.
Los tribunales nacionales también se han puesto cada vez más agresivos. En Zambia, el ex presidente Frederick Chiluba se defiende contra acusaciones de corrupción, así como varios altos funcionarios en Nigeria, Kenia y Malawi. En Sudáfrica el ex vice-presidente Jacob Zuma, acusado de violar a una amiga de la familia la mitad más joven que él, está esperando el veredicto del tribunal.
"Hay un cambio muy importante en el modo en que la gente concibe el poder y quiere hacer las cosas en el continente", dijo Claude Kabemba, que estudia problemas de gobernabilidad en todo África para el Consejo de Investigación en Ciencias Humanas en Pretoria, Sudáfrica. "En muchos casos, la impunidad de hace una década ya no se considera admisible".
Según algunos observadores, la reciente serie de procedimientos jurídicos en el continente huele a justicia del vencedor. La detención de Taylor fue facilitada por el presidente Ellen Johnson-Sirleaf, un ex rival político. La acusación contra Chiluba han sido respaldada por su sucesor. Y Zuma, un populista del que se esperaba ampliamente que fuera el próximo presidente de Sudáfrica, ha dicho que sus problemas legales se derivan de una conspiración para obstaculizar su ascenso al poder.
Sin embargo, a pesar del sabor político de muchos de los casos, analistas, juristas y activistas de derechos humanos dicen que las acciones de los tribunales marcan una nueva era en la que los conflictos en África están siendo dirimidos cada vez más por jueces antes que por soldados. Puede ser un necesario primer paso, dicen sus partidarios, hacia una variedad más avanzada del imperio de la ley en la que todos los ciudadanos -independientemente de su posición política- sean tratados objetivamente por cortes imparciales.
"¿Qué tiene de malo la justicia del vencedor si es una mejor forma de justicia que la que había antes?", dice Desmond Silva, fiscal jefe del tribunal respaldado por Naciones Unidas que juzga a Taylor. De Silva anunció recientemente su renuncia al cargo, pero dijo que esperaba volver al trabajo para encabezar la acusación contra Taylor.
Ahora Taylor está esperando en una celda de una cárcel de Freewton, la capital de Sierra Leona, para ser procesado por once cargos de crímenes de guerra por financiar un grupo rebelde que dependía pesadamente de niños soldados y era conocido por violaciones masivas y por mutilar a civiles. Se ha declarado inocente.
El crecimiento de tribunales internacionales empezó en los años noventa después de los genocidios en Ruanda y Bosnia. El movimiento ganó fuerza con la creación del Tribunal Penal Internacional en La Haya en 2002.
El gobierno de Bush se opuso al tribunal internacional, prefiriendo en su lugar tribunales especiales como el que está ahora juzgando a Taylor. Argumentó que un tribunal internacional permanente con amplias atribuciones podría infringir la soberanía estadounidense y colocar a sus ciudadanos en situaciones jurídicas delicadas.
A pesar de la oposición de Estados Unidos, el apoyo al Tribunal Penal Internacional es alto en todo el mundo, y es visto ampliamente como un modo de llevar a justicia a los peores perpetradores de violaciones de los derechos humanos. La idea se ha hecho suficientemente popular en África y los líderes nacionales, que tradicionalmente han defendido celosamente su soberanía, se han volcado hacia los tribunales internacionales en busca de ayuda.
Los presidentes de la Costa de Marfil, el Congo y Uganda pidieron al Tribunal Penal Internacional que investigue las acciones de grupos armados que controlan partes de sus países, y en Uganda y el Congo se han firmado órdenes de detención para líderes de las milicias.
En la República de África Central, el presidente François Bozize pidió al tribunal que investigue las acciones de su predecesor, Ange-Félix Patasse.
"Políticamente tiene sentido ser un exponente de la justicia", dice Richard Dicker, director del programa de justicia internacional de Human Rights Watch, hablando desde la sede de la organización en Nueva York.
A medida que se fortalecen los tribunales internacionales, las cortes nacionales en muchos países han crecido en influencia y en autonomía. Con el decline de los líderes vitalicios, las nuevas generaciones de líderes africanos han sido presionados cada vez más -por la comunidad internacional y sus propios ciudadanos- para que recurran a otros medios que la violencia para resolver sus conflictos.
"Parece que hay un movimiento que dice que no toleraremos una situación es que la impunidad sea la norma", dijo Nobuntu Mbelle, coordinador de la Coalición para un Tribunal Efectivo sobre Derechos Humanos y Civiles, con oficinas tanto en Sudáfrica como en Nigeria. "No es lo mismo de siempre".
Las investigaciones de casos de corrupción en Kenia han provocado las renuncias de tres ministros de gabinete, y dos hijos del ex presidente Daniel Arap Moi han sido acusados de desfalco.
En Sudáfrica, que en los últimos 12 años desde el fin del apartheid se ha convertido en un centro neurálgico de la diplomacia y en un modelo democrático para muchos otros países, Zuma hace frente a la perspectiva de tener que pasar años en la cárcel por la acusación de violación. También será procesado por corrupción.
Muchos sudafricanos ven motivos políticos en los procesos de Zuma. Lo mismo es verdad en Nigeria, donde la campaña anti-corrupción dirigida por el presidente Olusegun Obasanjo es vista por muchos en el país como un ataque contra enemigos a medida que allana el camino para su posible postulación a un tercer mandato.
Un efecto de los prominentes casos judiciales ha sido refrenar modestamente la corrupción en Nigeria, de acuerdo a analistas políticos de allá, debido a que los funcionarios están intentando protegerse a sí mismos de investigaciones. Otro efecto es un creciente, aunque reluctante respeto por el imperio de la ley, dice Chidi Odinkalu, fundador de la Coalición contra la Impunidad, un grupo parasol con sede en Nigeria con más de 350 organizaciones de derechos humanos de todo el mundo.
"Los motivos son menos altruistas que el fomento del imperio de la ley porque sí", dijo Odinkalu, hablando desde Lagos, Nigeria. Agregó: "La política del imperio de la ley es que tenga consecuencias positivas para la causa de la justicia".
Hay cruciales excepciones, incluyendo la longevidad del presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, que ha gobernado esta sureña nación africana mediante medidas cada vez más represivas desde 1980. Otros presidentes africanos se han mostrado reluctantes a desconocer su autoridad, a pesar del importante retroceso económico y amplias evidencias de abusos de los derechos humanos y fraude electoral.
Incluso algunos partidarios de la implementación de normas internacionales de justicia en África se preocupan de que el temor a la justicia ha alentado a Mugabe, 82, a recurrir a cualquier medio para seguir en el poder.
Soportar ese problema, dice John Stremlau, antiguo profesor de relaciones internacionales en Johanesburgo y ahora en el Centro Carter de Atlanta, es mejor que renunciar a la justicia para las víctimas del más brutal de los regímenes africanos.
"Poner a los canallas en peligro es algo bueno", dijo Stremlau, hablando desde Atlanta. "Está fraguado de elementos idiosincrásicos e inconsistencias, pero la línea general es correcta".

2 de mayo de 2006
©washington post
©traducción mQh
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tirano caníbal con siniestro plan


[Lydia Polgreen] Para causar terror, cultivó su imagen de presidente caníbal que realizaba sangrientos rituales de sacrificios humanos. No se sabe si era verdad.
Freetown, Sierra Leona. En Vísperas de Navidad de 1989, una pequeña fuerza de unos cien hombres dirigidos por un oscuro ex funcionario del gobierno liberiano cruzó la frontera con la Costa de Marfil hacia el condado de Nimba, al norte de Liberia.
De acuerdo a la leyenda local, recontada por el estudioso africano Stephen Ellis en su libro ‘The Mask of Anarchy’, un bebé nacido en Monrovia, la capital de Liberia, habló milagrosamente inglés al nacer. Le dijo a su madre que el día de Navidad caería una lluvia de muerte y que no quería vivir en un mundo tan cruel y pronto exhalo su último suspiro.
El 25 de diciembre, cuando llovía torrencialmente, llegaron las noticias de que Charles Taylor había atacado a Liberia desde Monrovia. Como predijo el niño, pronto una lluvia de muerte inundaría África Occidental. Duraría catorce años.
El miércoles, con el diluvio apocalíptico detenido, Taylor fue arrestado en la pista del aeropuerto de Monrovia y trasladado inmediatamente aquí, donde fue metido en una celda mientras un tribunal internacional se prepara para enjuiciar a acusados de crímenes de guerra en Sierra Leona durante la guerra civil que duró una década. Se acusa Taylor de haberla empezado.
En el auge y caída de Taylor uno puede vislumbrar la historia de África Occidental, una historia de muerte, confusión y tragedia. De muchos modos era el hombre perfecto para explotar el prolongado final de una era -la lenta desaparición de la política nacionalista del Hombre Fuerte- y el principio de otra, en la que los señores de la guerra dominaban pequeñas insurgencias no-ideológicas que causaban el caos en gran parte de la región, enriqueciéndose y arrasando sus países natales.
En realidad, el concepto Hombre Fuerte, un agotado cliché del periodismo africano, parece chico para describir a Taylor, y llamarlo señor de la guerra no transmite la amplitud de sus ambiciones.
Fue esta mezcla de los dos papeles lo que fue diabólico y mortífero. Para cuando fue sacado del poder en 2003, habían muerto en conflictos iniciados por él más de 300 mil personas. Sus tropas y aliados habían saqueado Liberia y Sierra Leona, y parte de sus vecinos, a los que había robado hasta sus pendientes. Millones de personas habían sido desplazadas por todas partes en una media docena de países en torno a África Occidental. Solamente en Liberia se cree que robó al menos 100 millones de dólares, cuando fue presidente entre 1997 y 2003.
"Taylor poseía un mapa que llevaba consigo llamado la Gran Liberia", dice Douglas Farah, analista y autor que ha escrito extensamente sobre los vínculos de Taylor con redes criminales y terroristas. "Incluía partes de Guinea, campos de diamantes en Sierra Leona. Para él no era nada abstracto. Tenía una idea muy clara de lo que quería. Tenía un plan grandioso, y casi lo logró".

Taylor nació en las afueras de Monrovia; su madre era ama de casa en la tribu Gola y su padre un maestro que descendía de los esclavos retornados que fundaron Liberia.
Fue un activista estudiantil en los años setenta, criticando el corrupto régimen de William Tolbert. Luego asistió al Instituto Bentley, de Massachusetts, para estudiar economía. Volvió a Liberia en 1980, justo a tiempo para ver cómo un joven sargento del ejército, Samuel Doe, derrocaba el gobierno de Tolbert, asesinando al presidente.
Taylor se metió él mismo inmediatamente en la pandilla de Doe, y eventualmente controló el departamento de compras del gobierno.
Huyó de regreso a Estados Unidos después de caer en desgracia con Doe, llevándose un millón de dólares que presuntamente robó al gobierno.
Fue encarcelado en Massachusetts, pero escapó en 1985 después de cortar con una sierra los barrotes de su celda. De vuelta en África, se reunió con disidentes liberianos en Gana y, más importantemente, en Libia, donde el coronel Muammar al-Qaddafi estaba tramando y apoyando una revolución continental. En Libia siguió cursos de adiestramiento donde también se adiestraron hombres que más tarde jugarían roles protagonistas en las grandes tragedias africanas de los años noventa, que incluyeron a Foday Sankoh, en Sierra Leona, cuyo movimiento rebelde se haría conocido por su práctica de cercenar los brazos y piernas de los civiles, y Laurent Kabila, del Congo, el personaje central en una compleja guerra civil que finalmente se cobró la vida de cuatro millones de personas.
Con dinero y armas de Libia y el respaldo político y financiero de Burkina Faso y Costa de Marfil, cruzó a Liberia en diciembre de 1989. No había sido nunca soldado y tenía sólo una pequeña fuerza tras él. Sin embargo, se las arregló para provocar el caos a una escala sin precedentes y llegó a dominar gran parte de la región durante más de una década. ¿Cómo lo hizo?

En parte Taylor utilizó aptamente e incluso creó el lenguaje de su época. Fundió un pan-africanismo militante que clamaba por revoluciones sangrientas contra el neo-colonialismo con una agresiva lengua vernacular en la que el poder tenía siempre la razón. La nueva postura se ajustaba muy bien a los nuevos aires en la región.
"Hay una fuerte tendencia dentro de la diplomacia de África Occidental que dice básicamente que tienes que trabajar con los participantes más fuertes porque si no lo haces, esa persona volverá a la selva y peleará y desestabilizará la situación de otro modo", dice Mike McGovern, antropólogo del Grupo de Crisis Internacional que ha estudiados los conflictos de África Occidental.
En el corazón del horrendo genio de Taylor estaba su habilidad de manipulación de los valores políticos, sociales y culturales de África Occidental, rompiendo aparentemente intensos tabúes mientras los co-optaba para sus propósitos.
En sociedades donde el poder estuvo siempre asociado con la edad y los jóvenes se frustraban con la autoridad de los viejos, Taylor propugnó una filosofía de rompe-y-coge. Incapaz de casarse sin pagar el ‘precio de la novia’, o dote, y sin los medios para empezar una vida nueva hasta que sus padres y tíos murieran y ellos heredaran sus riquezas y tierras, estos hombres se convirtieron en reclutas ideales.
Sus comandantes obligarían a los niños a matar a sus padres o a otros parientes, rompiendo el último tabú, y luego los atochaban de metanfetaminas, marihuana y otras drogas para mantener a punto sus instintos asesinos. A menudo su paga tenía la forma de licencia para violar y saquear.
Sin embargo, aunque socavara el tradicional respeto por los mayores, sutilmente substituyó él mismo a esos viejos, encantando y al mismo tiempo esclavizando a una generación de niños que cometían matanzas en su nombre.
Esto explica el espeluznante lema de la campaña electoral de 1997: "Mató a mi mamá, mató a mi papá, votaré por él".
Taylor también co-optó a las sociedades secretas que dominan la vida en muchos países de África Occidental, como la sociedad de caza Poro, de Liberia. Esto le dio acceso a un mundo de poderes invisibles que le permitieron proyectar una imagen de misterio e invencibilidad. Los rumores de que practicaba el canibalismo, el sacrificio humano y sangrientos rituales de expiación reforzaron su imagen.
"Creó la imagen de un hombre aliado a fuerzas poderosas que no se podían comprender fácilmente", dice Ellis, el historiador.
Taylor se rodeó de objetos de protección: cetros tallados en madera de árboles sagrados y amuletos de invisibilidad. Era imposible decir si él realmente creía en esos objetos, o si eran solamente utilería.
También usó al cristianismo tradicional, logrando convencer al reverendo Jesse Jackson, al ex presidente Jimmy Carter y al evangelista Pat Robertson de que en el fondo él era un buen bautista.
Taylor también tenía un montón de dinero. En sus manos el estado liberiano se convirtió esencialmente en una organización criminal adjunta y redes terroristas que incluían a al Qaeda.
"Manejaba esta empresa criminal asombrosamente compleja y el estado podía proporcionar cosas muy necesarias como pasaportes diplomáticos y permisos de aviación a toda una gama de organizaciones criminales", dice Farah.
Incluso antes de que fuera elegido presidente en 1997, el inmenso campo que controlaba, con su rica dote de diamantes, caucho y maderas, generaban ingresos calculados en unos cien millones de dólares al año. Durante su período como presidente, los diplomáticos se referían a veces a Liberia como "Charles Taylor Inc."
Innegablemente un hombre codicioso, Taylor no era sin embargo rácano con sus amigos, dice Farah. Estaba más que dispuesto a compartir la riqueza que robaba junto con sus aliados regionales, como Libia y Burkina Faso.
Pero en general gobernaba por medio del terror. Incluso ahora, en su celda, hace que los africanos tiemblen. Liberia y Sierra Leona pidieron que fuera trasladado a La Haya para su juicio.
Tamba Ngawucha, cuyas manos fueron amputados por rebeldes respaldados por Taylor durante la guerra en Sierra Leona, dijo que estaba feliz de que el tirano hubiera sido arrestado. Pero cuando se le preguntó si debería ser enjuiciado aquí, agrandó los ojos.
"Aquí no queremos a ningún Charles Taylor", dijo Ngawucha, sacudiendo enérgicamente sus muñones ahuecados donde antes estuvieron sus manos. "Tenemos demasiado miedo de que nos vuelva a agredir. Sólo queremos paz".

2 de abril de 2006
©new york times
cc traducción mQh
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niñas como capital en kenia


[Edmund Sanders] La sequía en Kenia ha resultado en un agudo incremento de los matrimonios de niñas. Padres han cambiado a hijas de hasta ocho años por ganado y dinero.
Silall, Kenia. Soitanae Ole Kyoiogo observó impotente como sus adoradas vacas cayeron muertas en la sequía, una tras otra, hasta que no quedaron más que dos de su ganado de cincuenta.
Desesperado por alimentar a su familia, utilizó la única fuente de riqueza que le quedaba: sus hijas, de ocho y nueve años.
El padre masai, de 47, accedió a casar a las niñas con hombres de la localidad a cambio de tres vacas por niña, más algunas mantas y dinero.
Es uno de los efectos secundarios más tristes de la sequía en el este de África, que ha matado a decenas de personas y está amenazando a millones más con el hambre. Los defensores de los derechos del niño en Kenia informan de un agudo aumento de los matrimonios de niñas, especialmente entre las familias masai que quieren reemplazar su ganado. Un creciente número de padres en el campo keniata del sur están cambiando los futuros de sus hijas por sus dotes.
"Debido a la sequía, mi padre no iba a esperar que yo creciera", dice Timpian Soitanae, 9. "Me iba a regalar".
La madre de la niña, que se separó de Soitanae, frustró el plan secreto con la ayuda de un aldeano que alertaron a las autoridades y jefes tribales, dijeron funcionarios keniatas. La policía arrestó a Soitanae en diciembre, el tiempo suficiente como para sacar a las niñas de este villorrio de chozas de barro y llevarlas a un centro de rescate a unos 32 kilómetros.
La detención se produjo tres días antes de que sometiera a las niñas a una excisión genital, que debe hacerse antes del matrimonio.
A Timpian y su hermana, Suya, les da la risa tonta y ocultan sus caras en sus manos a la mera mención del matrimonio o de niños.
"Soy demasiado joven todavía", ríe Suya, cubriendo su avergonzada sonrisa con sus dedos de tamaño de muñeca.
Vestidas iguales con uniformes escolares verdes demasiado grandes, las niñas podrían pasar por mellizas. Se han matriculado en el primer año de una escuela primaria vecina y por la noche comparten el colchón de arriba de una litera.
Las dos dicen que no quieren volver a casa y dicen que se sienten traicionadas por su padre.
"Ya no lo quiero como antes", dijo Timpian.
Escudriñando el árido paisaje en torno a su casa, el padre negó los planes de matrimonio, diciendo que su ex esposa había inventado la historia. "Estoy simplemente tratando de alimentar a mi familia", dijo.
El alimento ha sido tan escaso que él, sus otras dos esposas y diez hijos sobreviven gracias a las donaciones de maíz del gobierno. Los campos en torno a la casa familiar están cubiertos de los cadáveres podridos de vacas, cabras y burros. Ellos desuellan a los animales muertos y venden las pieles por 1 dólar cincuenta cada una.
Soitanea también gana 70 dólares al mes como celador nocturno del pueblo. Pero eran las vacas las que mantenían a la familia, proveyendo leche, carne e incluso sangre.
"Para nosotros las vacas son todo", dijo. En la cultura masai, el prestigio e identidad de un hombre se miden por el número de vacas que posee.
La ley keniata prohíbe los matrimonios antes de los 18 años, incluso con el consentimiento de los padres, y penaliza la excisión genital femenina, una tradición africana que simboliza la transición de una niña hacia su condición de mujer. El procedimiento también es conocido como circuncisión femenina, e incluye cortar el órgano sexual femenino. Es doloroso y médicamente arriesgado.
A pesar de la ley, tanto el matrimonio precoz como la excisión genital son todavía ampliamente practicados, especialmente entre tribus como la masai, cuyo estilo de vida pastoral los mantiene a veces fuera del alcance del gobierno.
Defensores de los derechos de los niños dicen que empezaron a observar un creciente aumento de novias niñas cuando empezó a morir el ganado en el otoño pasado.
Aunque la sequía ha plagado a África del Este durante años, el fracaso de las lluvias de diciembre y las predicciones de que las lluvias de abril serán insuficientes han colocado a más de seis millones de personas en peligro en Kenia, Etiopía, Somalia y otros países. Grupos humanitarios predicen un desastre si suministros de alimentos de emergencia no llegan a la región hacia la primavera.
La defensora de los niños Prisilla Naisult Nangurai mide la desesperación por la edad de las niñas que ha estado rescatando.
"Ahora están trocando a niñas cada vez más jóvenes", dice Nangurai, que dirige el Centro de Rescate de Niñas de la Iglesia Africana del Interior en Kajiado. Diecisiete niñas huyeron al centro solamente en diciembre, dijo, el total mensual más alto que ha visto.
Niñas más jóvenes no ponen en peligro la autoridad de sus padres ni intentan escapar, dijo. Los padres "quieren casar a las niñas antes de que tengan edad de tomar sus propias decisiones", dijo Nangurai.
Ella y funcionarios de protección a la infancia del gobierno dicen que no tienen cifras de cuántos matrimonios precoces se han convenido en los últimos meses. Basan su preocupación en evidencias anecdotarias y observan que la mayoría de esas uniones forzadas no son nunca detectadas ni reportadas.
Nangurai dice que ella asesora a familias masai sobre los beneficios de educar a sus hijas. Pero con la sequía, esos argumentos caen en tierra árida.
"Cuando no hay agua ni comida, no puedo acercarme a una familia a hablar sobre la educación de las niñas", dijo Nangurai.
Los defensores de los niños han debido descansar cada vez más en intervención de la policía y en las agencias de protección de la infancia del gobierno.
"Nuestra carga está subiendo", dijo Louise Cheptoo, agente de protección infantil del distrito de Kajiado, donde estima que los matrimonios precoces ilegales se han duplicado en este último año. Algunas mañanas, las niñas que buscan refugio hacen cola esperando que llegue a las puertas de la oficina de gobierno en Cheptoo.
Encontrar hogares alternativos es un problema. "De momento, todos los recursos están estirados", dijo.
Algunas niñas son traídas por familiares preocupados o funcionarios de las escuelas, pero otras llegan solas a la oficina.
Cuando Naipei Melita, 9, oyó que su padre pensaba casarla con un hombre sesentón, no gastó tiempo en planear su fuga. Durante una sequía más leve hace tres años, vio cómo una hermana mayor fue casada a los diez a cambio de cinco vacas y derechos de pastoreo. Otra hermana escapó para evitar el mismo destino.
Naipei suplicó tan persistentemente que la dejaran ir a la escuela que su padre amenazó con golpearla si volvía a tocar el asunto. "¿Qué tienes tú que te hace tan especial?", le dijo.
En diciembre, le dijo a su padre que iba a lavar ropa. En lugar de eso, ella y una amiga se montaron en un tren de carga y llegaron al centro de rescate de Kajiado.
"Es una niña ambiciosa", dijo su profesora de ciencias, Veronica Mbuva. Aunque Naipeo nunca asistió antes a la escuela, sus amigas y hermanas la habían ayudado a aprender el alfabeto, a escribir su nombre y a contar hasta veinte.
Además de las clases académicas, las niñas son educadas sobre sus derechos según la ley. En un taller llamado ‘Habla’, a las niñas se las educa a no sentir miedo a decir lo que piensan. Es una idea atrevida para muchas niñas masai, que son criadas en una cultura donde las mujeres rara vez se dirigen a los hombres y no se supone que deban rechazar los avances sexuales.
Las instructoras empiezan con temas simples, como las opiniones de las niñas sobre la cafetería o las matrículas escolares, y avanzan gradualmente hacia temas más controvertidos, como el matrimonio precoz y la excisión genital, dijo Nangurai.
Para algunas niñas, la sensación de poder es evidente.
Cuando se le preguntó si acaso creía que ella valía lo que tres vacas, Timpian sacudió su cabeza. Al principio dijo que creía que valía ocho vacas. Pero minutos después subió su precio a diez.
Luego, después de pensarlo un rato, decidió que la riqueza de su futuro marido o el número de vacas no era tan importante como la educación.
Sobre todo, dijo, "yo quiero elegir a mi marido".

19 de marzo de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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suicidios y justicia en genocidio ruandés


[Craig Timberg] Cuando se inician los juicios populares por el genocidio de 1994, muchos acusados se suicidan para escapar a la justicia.
Shyorongi, Ruanda. En los años tras el genocidio de Ruanda en 1994, Innocent Mulinda, 39, empezó una familia, cultivó su granja de tierra roja y ganó las elecciones locales para un cargo gubernamental. Los rumores de que había participado en una milicia de asesinos en este pueblo en la ladera de un cerro, parecían cosa del pasado.
Pero todo eso cambió con una repentina venganza en abril pasado, dijeron testigos, cuando un miembro confeso de la milicia dijo ante un tribunal tradicional al aire libre que Mulinda no sólo era un compañero de la milicia, sino que además era el jefe, que portaba un AK-47, que levantaba puestos de control en las carreteras y exhortaba otros a matar.
Horas después del testimonio, cuando la oscuridad había caído sobre este vecindario de casas de paredes de adobe, Mulinda se bebió una botella de pesticida. Dejaría atrás a su mujer, dos hijos niños y sentimientos mezclados entre los ruandeses, que anhelan una justicia ordenada con confesiones completas y castigos adecuados para los autores de crímenes.
La terrible muerte de Mulinda, que su esposa dijo que tomó más de dos días, fue una más de una avalancha de suicidios e intentos de suicidio que han registrado funcionarios ruandeses en el curso del año pasado entre acusados de genocidio cuando los tribunales tradicionales empezaron a ver sus casos. Entre marzo y fines de diciembre, se suicidaron 69 acusados y otros 44 trataron de hacerlo. Muchos otros intentaron suicidarse, o se suicidaron, en los meses en que todavía no empezaba a llevarse la cuenta.
No está claro qué ha motivado los suicidios -un sentimiento tardío de culpa, vergüenza, temor a la cárcel o miedo a denunciar a amigos que también participaron en la masacre étnica de cien días durante la cual la mayoría de las 800 mil víctimas fueron matadas a machetazos o golpeadas con palos hasta la muerte.
Y aunque los sobrevivientes muestran poca simpatía por los participantes que se suicidaron más de una década más tarde, algunos dicen que sus esperanzas de clausura -una confesión pública de sus crímenes y denuncia de sus cómplices, así como detalles sobre las últimas horas de sus víctimas- se han visto entorpecidas por los suicidios.
"Nadie tiene el derecho a castigarse a sí mismo", dice Benoit Kaboyi, secretario ejecutivo de la asociación de sobrevivientes del genocidio más grande de Ruanda. "Tienen que sufrir por lo que han hecho".
Los ocho millones de habitantes de Ruanda están embotellados en un territorio más pequeño que Maryland, convirtiéndola en una de las sociedades agrarias más densamente pobladas del planeta. En muchos lugares, casi todo pedazo de la rojiza tierra se encuentra bajo cultivo en un mosaico de campos que se estiran hacia arriba, y a menudo sobre los innumerables cerros de Ruanda.
Muchos de los asesinatos ocurrieron cuando las milicias hutu recorrieron las aldeas en las escarpadas colinas buscando tutsis, una minoría étnica, y aquellos que trataban de defenderlos. En Shyorongi, una ciudad comercial al borde de la carretera a unos 20 kilómetros al norte de la capital, Kigali, las milicias mataron a unas 6000 personas -más personas que los habitantes de hoy.
Los acusados de organizar e incitar al genocidio están siendo juzgados en un tribunal internacional en la vecina Tanzania. El sobrecargado sistema judicial ruandés se ocupa solamente de acusaciones de asesinato y violación.
El caso de Mulinda fue tratado en uno de los más de 12 mil tribunales tradicionales, llamados gacaca, "a la sombra", donde ciudadanos corrientes juzgan, condenan y fijan castigos para los acusados de delitos menores como saqueo y participación indirecta en las muertes.
Esos tribunales no pueden dictar pena de muerte, pero sí pueden condenar a los hechores a largas penas de prisión o de servicio comunitario, y ordenar que se pague indemnización a los familiares de las víctimas. También pueden referir casos de violación y homicidio al sistema judicial criminal si cuentan con evidencias claras.
Se espera que los tribunales gacaca vean al menos 100 mil casos. Pero los funcionarios ficen que podrían llegar a 500 mil, ya que la primera ronda de acusados -muchos de los cuales son ex prisioneros liberados a cambio de su declaración de culpabilidad- implicarán a otros en sus testimonios.
Funcionarios de los tribunales, que empezaron a llevar cuenta de los suicidios en marzo después de una ronda inicial de casos en enero y febrero del año pasado, han documentado los horrores: Un viejo se lanzó a las agua del Lago Kivu, en la frontera occidental de Ruanda, el día en que fue acusado de matar a varios de sus nietos. Un hombre de 28, el último sobreviviente de su familia, se mató después de ser acusado de violar a su madre tutsi, de acuerdo a funcionarios del tribunal.
"A veces descubrimos situaciones que no podemos entender", dijo la secretaria ejecutiva del tribunal, Domitilla Mukantaganzwa. "Estamos orando por nuestro país".
En Gashora, a unos 50 kilómetros al este de Kigali, Sylvester Ngiriyambonye, 56, volvió a casa en 2003 después de pasar años en las lúgubres y hacinadas cárceles de Ruanda por su papel en la muerte de una mujer tutsi y su hija adolescente.
Dos años más tarde, un funcionario de gobierno visitó Gashora para empezar a organizar el tribunal gacaca donde, según las reglas y la confesión de culpabilidad de Ngiriyambonye, habría sido obligado a declarar contra otros miembros de la milicia. En lugar de eso, dijo su viuda, se colgó de un árbol.
En la cercana Lirima, Charles Rubuga, 67, fue acusado en abril pasado de matar a un hombre en una barricada en la carretera. Según sus familiares durante los tres días de vistas en el tribunal, negó las acusaciones.
"Pero volvió cambiado", dijo su viuda, Angelina Ntibanoga, 65, que estuvo casada con Rubuga durante 45 años.
"En todos los años que vivimos juntos, nunca agredí a nadie", recordó que decía. "Nunca he matado a nadie y ahora me están acusando de asesinato".
A la mañana siguiente, dijo ella, Rubuga caminó varios kilómetros hacia el río Nyabarongo, infestado de cocodrilos, se quitó la ropa, dejó a un lado su machete y se lanzó al agua.
Cualquiera fueran sus supuestos crímenes durante el genocidio, los que se han suicidado han abierto un inesperado agujero en las vidas de los amigos y familiares que quedan detrás.
En Shyorongi, Jeanviere Nzamwitakuze, 31, se casó con Mulinda un año después del genocidio. Ella había oído rumores de su participación, pero creyó en su versión de que había sido un miliciano de bajo nivel que nunca había matado a nadie.
Ahora tendrá que ocuparse de la cosecha de frijoles, maíz y guisantes de la familia ella sola, así como criar a sus hijos. Su decisión de dejarlos atrás le ha causado una gran tristeza y confusión, dijo, aunque sostiene que fue el dolor de un furúnculo en su pierna lo que lo llevó a matarse, no la angustia por las acusaciones.
"Hay tanta gente acusada de lo mismo, y todavía están vivos", dijo, apartando sus ojos llenos de lágrimas.
El hombre que acusó a Mulinda de participar en el genocidio, Canisous Munyeraraba, 36, un compañero de la milicia, implicó a más de una docena de milicianos. Por confesar la posesión ilegal de un arma y saqueo, Munyeraraba fue liberado de la prisión, al menos temporalmente, y recibirá eventualmente una condena reducida.
Munyeraraba dijo que el tormento de verse confrontados con sus horrendos crímenes es más de lo que algunos hombres pueden soportar. Dijo que Mulinda había sido un hombre afable y honorable, tanto antes como después de sus crímenes.
"Mucha gente cambió durante el genocidio", dijo Munyeraraba. Mulinda "no era una persona violenta. Simplemente se vio en medio de las atrocidades, como muchos otros".
Otros están menos inclinados a disculpar lo que Mulinda hizo. Beatrice Mukamusoni, 41, una alta y delgada tutsi, no vio a Mulinda cometer ningún crimen porque huyó de Shyorongi durante los primeros días de la masacre, dijo. Pero Mukamusoni, cuyo marido, padres, hermana e hijo mayor fue asesinados durante el genocidio, dijo que había oído rumores de que él era el jefe de la milicia de su vecindario.
"Toda la gente que jugó un papel debería resolver sus casos matándose", dijo, sin una huella de pesar.
Pero sus emociones sobre la muerte de Mulinda eran más complejas. En los últimos años había respetado su trabajo como funcionario oficial, y había disfrutado de una cordial amistad. Esas cosas no son infrecuentes en la Ruanda de después del genocidio, donde asesinos y sobrevivientes han vuelto a casa a las mismas aldeas, y a menudo viven lado a lado.
Al oír la noticia del suicidio de Mulinda, dijo, sólo sintió tristeza.
"Si no es inocente, quiere decir que muchos otros que viven entre nosotros tampoco lo son", dijo. "Así que ¿vamos a vivir solos aquí?"

Silver Bugingo contribuyó a este reportaje.

17 de febrero de 2006

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precio de la libertad en marruecos


[Craig Whitlock] Riñas con el rey pone a prueba libertades en Marruecos.
Sale, Marruecos. En este país norafricano la monarquía se remonta al siglo 9 y ha sobrevivido invasiones extranjeras, guerras civiles y conspiraciones comunistas. Ahora hace frente a una nueva amenaza: una abuela que predica la no-violencia y la democracia.
Esta semana los fiscales marroquíes deben continuar un juicio criminal contra Nadia Yassine, líder de Justicia y Caridad, un movimiento islámico clandestino que es cada vez más agresivo a la hora de criticar al gobierno del Rey Mohammed VI. Yassine, 47, estaba encargada hasta junio de criticar públicamente a la monarquía después de que afirmara en una entrevista en un diario que el país estaría mejor con una república que con un reinado.
"No creo que desaparezcamos porque ya no tengamos rey", dijo entonces Yassine. Podría ser condenada a tres o cinco años de prisión y una fuerte multa si es declarada culpable.
Aunque los comentarios de Yassine se hacen eco de observaciones que ha hecho muchas veces, su declaración tocó un nervio sensible en el palacio real que, como los gobiernos de muchos otros países musulmanes, está tratando de mantenerse en el poder frente a las presiones para adoptar la democracia.
Desde su ascenso al trono en 1999, Mohammed ha transformado a su país aprobando elecciones parlamentarias, una sólida prensa y derechos iguales para las mujeres, dando a los marroquíes más libertad que cualquiera de sus vecinos árabes en África del Norte y Oriente Medio. Esos cambios también han dado nueva vida a grupos de oposición largo tiempo reprimidos que están exigiendo al rey más concesiones, aunque no creen necesariamente en una democracia al estilo occidental.
Como resultado, los marroquíes están a la espera de quién ganará la última batalla entre Mohammed y Yassine, cuyas familias han reñido y dominado la política del país durante décadas.
Yassine no ha mostrado signos de retroceder. Cuando compareció ante el tribunal el verano pasado en Rabat, la capital, se dirigió a los tribunales con un pedazo de cinta adhesiva sobre su boca, adornada por un X roja. Era seguida por una enorme cantidad de seguidores. Más de 150 abogados se ofrecieron voluntariamente para defender su derecho a la libertad de expresión.
Desde entonces ha iniciado una página en internet, que actualiza en tres idiomas -francés, inglés y árabe. La gente que la conoce dice que está casi ansiosa de que la metan en la cárcel y así convertirse en una mártir política de su causa.
"Rechazo el tabú del silencio", dijo en una entrevista el mes pasado en su casa aquí en Sale, una ciudad de 400 mil habitantes al otro lado del río Bou Regreg, de Rabat. "Rehúso pagar con mi libertad".
Para la constitución marroquí es un delito criticar o insultar al rey, cuyo linaje se remonta al profeta Mahoma. Las autoridades dicen que han tolerado durante mucho tiempo los exhabruptos de Yassine, pero que esta vez ha ido demasiado lejos.
"En algunos países, tú puedes hablar sobre los valores republicanos", dice Nabil Benabdallah, el ministro de comunicaciones marroquí. "Aquí, tenemos valores monárquicos, y ella está transgrediendo esos valores".
Aunque su juicio ha atraído la atención internacional como una prueba de la seriedad de Marruecos en cuanto a la libertad de expresión y la democracia, ha arrojado menos luz sobre Yassine, una complicada figura cuya dedicación a los derechos del individuo son cuestionadas por mucha gente aquí.
Ella se define a sí misma como una feminista y partidaria de la democracia cuyo movimiento Justicia y Caridad ha jurado ser no violento. Pero Justicia y Caridad también predica el establecimiento de un estricto estado islámico y se ha opuesto enérgicamente a muchos de los cambios democráticos que se han introducido durante el reinado de Mohammed, tales como el nuevo código familiar que otorga más derechos a las mujeres.
Justicia y Caridad fue fundado por el padre de Yassine, Abdessalam Yassine, un clérigo que adhiere a la rama sufí del islam y que ha expresado su admiración por la revolución iraní y ha sido llamado la versión marroquí del ayatollah Ruhollah Khomeini. Al movimiento le está prohibido participar en la política nacional, pero su existencia es tolerada por el gobierno y es considerado quizás la fuerza popular más poderosa del país.
Muchos activistas pro-democracia en Marruecos temen que los Yassine no tenga intención de participar en una democracia multi-partidista. En la elite secular de Marruecos existen abiertas preocupaciones de que si Justicia y Caridad llega al poder, prohibiría inmediatamente el alcohol, obligaría a las mujeres a cubrirse con velos y anularía algunas de las otras libertades que hacen del país uno de los más moderados del mundo árabe.
Algunos que han luchado con dedicación por la emergente democracia marroquí dicen que apretar los dientes durante el juicio de Yassine.
"Es realmente irritante para la gente que ha luchado por los derechos de la mujer y la democracia", dice Latifah Ibabdi, presidente de la Unión para la Acción Feminista, un grupo de Rabat que ha tenido conflictos con Justicia y Caridad. "Ella sabe que el nuevo rey quiere avanzar hacia la democracia, pero no es ahí adonde quieren ir los fundamentalistas. En lo esencial, lo que ellos quieren es un estado islámico. Quieren que en Marruecos gobiernen los ayatollahs. No podemos admitirlo".
Otra persona con sentimientos encontrados es Abdelaziz Koukas, editor de al-Ousbouia al-Jadida, que entrevistó a Yassine el año pasado y publicó los comentarios que los pusieron a ambos en problemas con la ley. Él es uno de los acusados en el juicio de Yassine.
En una entrevista en un bar en Casablanca, dijo que no lamentaba haber dado espacio a Yassine para que expresara sus opiniones. "Son fundamentalistas, pero se supone que la democracia debe tolerar todas opiniones", dijo. "Suprimir las opiniones es todavía más peligroso".
Koukas miró su vaso de cerveza mientras reflexionaba sobre las perspectivas de que llegara al poder un movimiento islámico. "Si el jeque Yassine llegara al poder, no podríamos estar aquí", dijo. "No podríamos mirar a las mujeres. Si los fundamentalistas llegan al poder, nosotros, los periodistas, perderemos nuestras libertades".
Incluso los líderes del partido islámico de Marruecos permitido oficialmente abrigan dudas sobre Justicia y Caridad.
Abdelkader Amara, jefe parlamentario del Partido Justicia y Desarrollo, dijo que Yassine y su movimiento han evitado trabajar dentro del sistema cada vez más democrático de Marruecos.
"La gente quiere saber cuál es su programa", dice Amaera. "Para ser honestos, en el campo religiosos yo soy de la misma casa. Pero hasta ahora, no entiendo qué es lo que quieren".
Los Yassine han estado desafiando a los reyes marroquíes durante más de treinta años. En 1974, Abdessalam Yassine cometió el atrevido acto de escribir una carta pública de 120 páginas al rey Hassan II, cuestionando la legitimidad de su derecho al trono y le advirtió de un venidero "diluvio" islámico que lo sacaría del poder.
El reto fue considerado tan peregrino que Hassan, conocido por usar la tortura y la represión para mantenerse en el poder, hizo que Yassine fuera declarado demente y encerrado en un manicomio. Yassine estuvo encerrado o bajo arresto domiciliario durante la mayor parte del siguiente cuarto de siglo.
Tras la muerte de Hassan en 1999, Mohammed perdonó a varios conocidos presos políticos y ordenó la liberación de Yassin. Si Yassine se lo agradeció, no dio muestras de ello. En lugar de eso, volvió a tomar la pluma y envió otra carta al palacio. "A quien concierna", comenzaba, antes de acusar a Hassan de haber robado 50 billones de dólares al pueblo marroquí y exigiendo que el nuevo rey los devolviera.
Mohammed ignoró la carta y en lugar de eso recogió manifestaciones de apoyo en casa y en el extranjero por impulsar una nueva apertura política, incluyendo la creación de una comisión que investigó las violaciones de los derechos humanos durante el reinado de su padre. Pero las muestras de tolerancia no han apaciguado a los Yassine, que han mantenido sus críticas. Nadia Yassine se convirtió en la cara pública de Justicia y Caridad.
"Mi padre nunca tuvo nada personal con Hassan II. El problema era nuestra historia musulmana", explicó Nadia Yassine en su casa. "Los monarcas bajo los que vivimos representan la autocracia contra la que estamos luchando. Nuestro problema es con su filosofía política. No hay nada personal en ello".
Desde que empezara el juicio, Yassin ha obtenido apoyo de algunos círculos inesperados.
Marruecos ha sido durante largo tiempo uno de los aliados más fiables de Estados Unidos en el mundo musulmán. Desde los secuestros del 11 de septiembre de 2001, las agencias contraterroristas de Marruecos y Estados Unidos se han convertido en estrechos colaboradores, y los dos países firmaron un acuerdo de libre comercio que fue implementado el mes pasado. Sin embargo, el ministerio de Relaciones Exteriores reprochó al gobierno marroquí después del primer juicio de Yassine, publicando una declaración diciendo que le "preocupaba" el caso, agregando: "La medida contradice muchos de los importantes avances de Marruecos en la promoción de los derechos humanos".
Gregory W. Sullivan, portavoz del Buró de Asuntos de Oriente Próximo del ministerio de Relaciones Exteriores, dijo que la agencia estaba siguiendo estrechamente el caso. "Estamos preocupados de lo que la detención de Nadia Yassine pueda representar para el futuro de las reformas y las libertades de prensa y de expresión en Marruecos", dice.
Yassine ha encontrado otro aliado en un primo del rey, el príncipe Moular Hicham, un egresado de Princeton que es el segundo en la línea de sucesión al trono. En una carta abierta proclamó su "completa solidaridad" con su defensa, aunque rechaza sus puntos de vista políticos. "La supervivencia de la monarquía misma dependerá en última instancia de su capacidad de capear las opiniones adversas, por radicales que sean", escribió.

12 de febrero de 2006

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tropas de la onu a darfur


[Joel Binkley] El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas enviará tropas a Darfur.
Washington, Estados Unidos. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, tras reconocer el fracaso de la actual estrategia para poner fin a la carnicería en Darfur, Sudán, accedió el viernes a desplegar miles de soldados de Naciones Unidas en la provincia en conflicto.
Estados Unidos, que tiene este mes la presidencia del Consejo, presentó la moción, que fue aprobada de forma unánime. Los funcionarios reconocen que obtener el apoyo del consejo fue probablemente el paso menos difícil.
El gobierno sudanés se opone a las tropas de Naciones Unidas en Darfur, y funcionarios de Naciones Unidas dicen que no será fácil persuadir a estados miembros de contribuir con tropas para las nuevas fuerzas en Darfur. Estados Unidos no tiene intenciones de enviar tropas de combate , dijeron funcionarios.
Asumiendo que estos y otros retos sean superados, las primeras tropas de la ONU llegarán a Darfur en casi un año.
"Es una misión complicada, y operacional y logísticamente difícil", dijo John R. Bolton, embajador de Estados Unido ante la ONU.
Sin embargo, Jendayi Frazer, subsecretario de estado para asuntos africanos, dijo: "Tenemos que impedir que se deteriore la situación allá". Al menos 30 mil residente de Darfur han sido sacados de sus casas solamente el mes pasado, dijeron funcionarios de Naciones Unidas.
La violenta y caótica situación en Darfur plantea riesgos importantes de que las tropas deban chocar con tropas del gobierno sudanés y los rebeldes de Darfur.
Pero según el plan, dijo Kristen Silverberg, otra subsecretario de estado, las tropas de la ONU estarán mejor armadas que las de la Unión Africana UA que ahora patrullan Darfur. También se les proporcionará nuevas reglas de combate que les permitirá "proteger a civiles y hacer respetar el cese el fuego".
Las tropas recibirán un "mandato robusto", dijo Silverberg.
Funcionarios americanos y de Naciones Unidas dijeron que esperan que la fuerza de la ONU absorba la siete mil tropas de la UA que ya se encuentran allá, las rearme y luego aumento la presencia total de tropas hasta alcanzar un nivel de 12 mil a 20 mil. Más de 200 mil residentes de Darfur han sido asesinados desde que empezara la violencia hace tres años, y casi tres millones dependen de la ayuda internacional para sobrevivir.
En 2004, Naciones Unidas, Estados Unidos, la Unión Europea y la UA accedieron a enviar tropas para hacer respetar la tregua en Darfur, aunque ese cese el fuego se rompió poco después de ser firmado.
En los dos próximos años las tropas de varios países africanos tomaron posiciones en Sudán. Pero sólo fueron armadas con rifles de asalto AK-47 y operaron según reglas de combate que no les permitían entrar en el conflicto.
No pasó mucho tiempo para que las tropas gubernamentales y las fuerzas rebeldes de Darfur se dieran cuenta de que las tropas de la UA eran una pobre disuasión. A comienzos de este verano, la violencia volvió a aumentar. Para el otoño, las tropas de la Unión Africana se convirtieron en blanco; en octubre fueron asesinados cuatro soldados; el mes pasado, uno.
Un agente de la UA, entrevistado en un campamento militar de Darfur en noviembre, se quejó de que "somos corderos de sacrificio en una zona de amortiguación". Su comandante, el general J.B. Kazura, de Ruanda, dijo que "dados los obstáculos en el terreno, algo deberá ocurrir pronto". En enero, la Unión Africana pidió a Naciones Unidas que retomará la misión.
El acuerdo del Consejo de Seguridad alcanzado el viernes llama al Secretario General Kofi Annan a empezar la planificación de la transición "sin demora". Silberberg dijo que Estados Unidos esperaba que el plan fue completado "en algunos meses".
En las últimas semanas Annan ha estado pidiendo acción al Consejo de Seguridad, observando que "la inmensa mayoría de las milicias armadas no han sido desarmadas" y que "continúan los ataques a gran escala contra civiles".

4 de febrero de 2006

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matándose por el petróleo


[Lynda Polgreen] Olas de petróleo inundan míseras aldeas nigerianas.
Obioku, Nigeria. A primera vista es difícil imaginar que haya gente que pelee por este lugar.
El único modo de llegar desde el pueblo más cercano, es a través de un estero, en una canoa, y es una colección de destartaladas chozas que se bambolean en una playa cada vez más erosionada.
El domingo por la mañana, después de misa los niños del pueblo se sacan sus trajes del domingo y se encaminan hacia una embarrada poza a recoger agua. Sus madres utilizan el turbio líquido para preparar sopas con las magras capturas del día.
Sin embargo, van ya meses que una batalla campal opone a dos comunidades que reclaman la propiedad de este pueblo, y el derecho a controlar todo lo que haya debajo de su aguado suelo: potencialmente un enorme yacimiento de crudo que ha llamado la atención de una importante refinadora.
El conflicto ha causado decenas de muertos y heridos, obligado a cientos de personas a abandonar sus casas y enturbiado esta zona antes apacible del Delta del Níger. También ha sacado a relucir la desesperada lucha de las comunidades pobres por recoger las migas del fastuoso banquete que el boom del petróleo ha iniciado en este rincón del mundo, rico en petróleo y sin embargo espantosamente pobre.
"La región es sinónimo de petróleo, pero también de una increíble pobreza", dijo Anyakwee Nsirimovu, presidente del Instituto de Derechos Humanos y Ley Humanitaria del Delta del Níger [Institute of Human Rights and Humanitarian Law]. Esa combinación es una receta ineludible para el derramamiento de sangre y la miseria, dijo. "El mundo depende de su petróleo, pero para la gente del Delta del Níger, el petróleo es una maldición".
África se encuentra en el centro de un boom del petróleo, con compañías y gobiernos invirtiendo 50 billones de dólares en proyectos que posiblemente duplicarán la producción de petróleo del continente durante la próxima década.
En la sed de petróleo mundial y los intentos de Estados Unidos se obtenerlo fuera del problemático Oriente Medio, el petróleo africano se ha convertido en esencial. Se espera que África proporcione a Estados Unidos un cuarto de su suministro de petróleo en la próxima década, en comparación con el 15 por ciento actual, y gran parte de este provendrá del Golfo de Guinea, donde se ubica el Delta del Níger.
Pero gran parte de ese petróleo provendrá de lugares como Obioku, y con ello una enmarañada y a menudo sangrienta red de conflictos marcados por la pobreza y la casi total abdicación de responsabilidad del gobierno.
Aunque Nigeria eligió un gobierno democrático en 1999, que hizo crecer las esperanzas de la resignada región del delta, casi nada de la enorme riqueza que crea el petróleo llega a lugares como estos. El aislamiento de Obioku es total. Sin lanchas rápidas, el centro de salud o clínica más cercana está a un día de viaje. Tampoco existen aquí servicios telefónicos. La radio es la única que trae noticias del mundo exterior. Nada indica que la gente aquí vive en un país que disfruta de los altos precios del dólar.
"Por lo que concierne al gobierno, es como si no existiéramos", dijo Worikuma Idaulambo, presidente del consejo de jefes de Obioku.
Nigeria es un antiguo miembro de la OPEC que exportó casi 30 billones de dólares de petróleo en 2004, declaró el departamento de Energía de Estados Unidos.
Nigeria envía de vuelta a sus provincias el 13 por ciento de los beneficios del petróleo, una cuantiosa suma para los subdesarrollados que producen el petróleo. Gran parte de los beneficios son desviados por funcionarios regionales corruptos que a menudo se meten el dinero al bolsillo o lo malgastan en lujosos proyectos que no significan nada para la gente corriente.
El resultado ha sido una violenta lucha por trabajos, escuelas y otras ayudas que han ofrecido las compañías refinadoras para promover la cooperación de los residentes locales. Aquí en Obioku, como en muchos pueblos del delta, una refinadora, en este caso una subsidiaria de Royal Dutch Shell, ha aportado los únicos signos de modernidad. En 1998 Shell compró los derechos de perforación de un terreno cerca de un pequeño asentamiento pesquero al borde de Obioku, apenas un puñado de toscos refugios hechos de pasto y madera.
Shell firmó acuerdos con los jefes de Obioku y con las autoridades de la ciudad más cercana, Nembe-Bassambiri, para ayudar a desarrollar Obioku. Luego Shell construyó una torre de agua, donó al pueblo un generador y construyó una escuela básica. A cambio, la aldea accedió a permitir que Shell y sus contratistas trabajaran libremente.
Durante años Shell no hizo nada con el terreno. Y luego, a principios del año pasado, llegó un contratista de Shell para empezar las obras, y empezaron los problemas.
Funcionarios de un pueblo cercano, Odioma, reclamaron el terreno y exigieron que la compañía refinadora pagar tributos si quería empezar las perforaciones.
"Esta es tierra de Odioma", dijo Daniel I.L. Orumiegha-Ban, miembro del consejo de jefes de Odioma. "Nos pertenece. Todo aquel que diga lo contrario es un entrometido que quiere revisar cientos de años de nuestra historia".
Los jefes en Nembe-Bassambiri, que estaban recibiendo pagos sobre la premisa de que la tierra era de ellos, rechazaron los reclamos de Odioma.
Grupos de derechos humanos y ecologistas han criticado durante largo tiempo las prácticas de Shell, la más antigua y más grande refinadora del petróleo nigeriano. Como resultado de un agudo informe interno de 2003 que constataba que Shell, intencionadamente o no, "crea, nutre y exacerba los conflictos", la compañía rebautizó su estrategia de relación con la comunidad. Se retiró inmediatamente del área de Obioku y refirió la disputa a las autoridades oficiales locales.
En este serpentino laberinto de ríos y estuarios, donde los pescadores se ganan la vida a duras penas utilizando redes de pesca hechas en casas, quién era dueño de Obioku era una pregunta académica para los jefes de Odioma y Nembe-Bassambiri, hasta que llegó Shell. Pero con la repentina promesa de pago, la disputa escaló, primero con cartas cada más belicosas entre las tres aldeas.
Las palabras pronto dieron paso a la acción, y la sangre comenzó a correr en los ríos y esteros. En febrero llegó un bote lleno de asesores de gobierno local en una misión para alcanzar un acuerdo entre las comunidades en conflicto, y fue atacado. Doce personas fueron asesinadas.
Funcionarios en Nembe-Bassambiri responsabilizaron de la matanza a un grupo de jóvenes militantes de Odioma. Se cree que el grupo está implicado en el robo de petróleo desde los oleoductos.
Como es habitual aquí, los miembros del grupo fueron pagados por el contratista de una refinadora para encargarse de la seguridad de los estuarios, dijeron los jefes de Odioma y otras aldeas. Esos contratos son a menudo un modo de asegurarse la cooperación de los jóvenes que, de otro modo, atacarían las instalaciones y molestarían a los trabajadores.
Argumentando que querían detener a los miembros del grupo de jóvenes, una unidad de las fuerzas armadas nigerianas conocida como Destacamento Especial Conjunto, encargado de la seguridad en el Delta del Níger, llegaron a Odioma el 19 de febrero.
Pensando que el destacamento venía a ayudarlos, los jefes de Odioma se habían reunido en el palacio del rey de la aldea para recibirlos. Pero empezaron a disparar, y los jefes huyeron.
"Pensábamos que venían en son de paz", dijo Orumiegha-Bari, el jefe de Odioma. "Pero arrasaron nuestra aldea".
El ejército arrasó Odioma, dijeron los vecinos, dejando atrás un desolado paisaje lunar cubierto de una capa de ceniza, cristales rotos y concreto quemado donde alguna vez estuvo una aldea idílica. En el ataque murieron al menos 17 personas, incluyendo un niño de 12 llamado Lucky, dijo Orumiegha-Bari.
Ayebatari Silgbanibo estaba en su diminuto local de su negocio de ordenadores, que había empezado con un subsidio de Shell, cuando empezó la balacera. "No quería salir de mi negocio, porque es lo único que tengo", dijo Silgbanibo, 22. "Pero tenía miedo".
Cuando volvió, su ordenador y su impresora habían sido destruidos. Ahora es un pescador, como su padre y la mayoría de los hombres de la aldea, y gana alrededor de un dólar por día. Se suponía que el ordenador, que recibió porque Odioma tiene sus propios pozos, aparte de Obioku, debía sacarlo de toda una vida de pobreza.
"¿Cómo voy a comprar ahora un ordenador nuevo?", dijo. "Es imposible".
El general de brigada Elías Zamani, comandante del Destacamento Especial Conjunto, dijo que sus soldados abrieron fuego en Odioma sólo después de haber sido atacados. "Estaban emboscados esperando la llegada de nuestras tropas", dijo sobre el grupo de jóvenes.
Dijo que algunas casas habían sido destruidas cuando las balas perdidas impactaron los locales donde se almacenaba petróleo. El ejército rechaza el número de muertes, diciendo que los oficiales pidieron ver los cadáveres y tumbas y no pudieron encontrar ninguna. Pero Amnistía Internacional, en un informe de noviembre sobre el ataque, concluyó que la destrucción parecía haber sido dirigida a locales específicos, destruyendo las casas del rey de la aldea y otros funcionarios.
Y sin embargo, Orumiegha-Bari dijo que estaba agradecido de que fuera el Destacamento Especial Conjunto hubiera atacado la aldea y no sus vecinos en Nembe-Bassimbiri.
"Si la gente de Bassambiri hubiera llegado primero, no habría quedado nadie aquí", dijo el jefe. "Habrían masacrado hasta el último hombre".
La aldea ha pedido al ejército que se quede para proteger a los residentes de sus vecinos.
"No nos gusta que estén aquí, pero es mejor que se queden", dijo Orumiegha-Bari. Con la llegada de los soldados, dijeron los jefes de la aldea, es la primera vez que llegan a Odioma representantes del gobierno federal.
Es difícil determinar quién tiene la culpa de la violencia que ha arruinado este rincón de Nigeria. Algunos aldeanos y grupos de derechos humanos culpan a las refinadoras y sus contratistas, que pagan por el desarrollo económico y emplean a los jóvenes, creando así un incentivo para la violencia comunal. Sin embargo, otros culpan a los gobiernos federal, estatal y local, que reciben y distribuyen millones de dólares a nombre de los residentes locales, pero no parecen producir nunca demasiados beneficios.
"Estos conflictos son el resultado directo del abandono de estas comunidades por parte del gobierno", dijo Nsirimovu. "Si su gobierno se ocupara de ellos, nadie pelearía por estas migajas y pagos de las compañías refinadoras".
Funcionarios federales reconocen que la corrupción es un gran problema, pero señalan que incluso si Nigeria vive un auge petrolero, eso no significa una gran fortuna per cápita. En 2004, después de deducir los costes, el dinero por el petróleo de Nigeria llegó a unos 50 centavos de dólar para cada uno de los 130 millones de habitantes del país, dijeron.
Funcionarios de Shell defendieron su papel en la crisis, diciendo que se retiraron del área tan pronto como surgieron los conflictos sobre la propiedad. Dijeron que era sobre todo asunto de los políticos de Nigeria desarrollar el país, pero agregaron que además de pagar impuestos y derechos, ellos contribuían al 3 por ciento de su presupuesto operacional anual para financiar la ayuda al desarrollo del delta. En 2004, la contribución de la compañía a ese fondo de ayuda fue de casi 70 millones de dólares.
"El gobierno es tan remoto que ven a las refinadoras como lo más parecido a un gobierno aquí", dijo Don S. Bonham, portavoz de Shell en la capital petrolera de Port Harcourt. "El gobierno no ha cumplido con las expectativas".
Las comunidades que pelean por los yacimientos se ubican en la provincia de Bayelsa, que produce un tercio del petróleo de Nigeria y tiene un presupuesto anual de más de 500 millones de dólares para gastar con sus tres millones de habitantes. Pero la mayoría se destina a extravagancias, como una mansión para el gobernador y su vice-gobernador.
"Esto es lo que comemos", dijo Paulgba Tekikuma, un vecino de Obioku, mostrando un pequeño cuenco con diminutos peces y crustáceos mezclados con algo de harina de mandioca. "A veces los bebés enferman con el agua que beben. Pero no tenemos otra".
La gran culpable es la corrupción. En septiembre, el gobernador del estado, Diepreye Alamieyeseigha, fue detenido en Londres y acusado de lavado de dinero, huyendo en noviembre a Nigeria donde goza de inmunidad incluso de los fiscales. Se lo sospecha de haber robado al estado, desde su elección en 1999, cientos de millones de dólares. Desde entonces ha sido desaforado y como consecuencia acusado de corrupción y lavado de dinero en Nigeria. Tras una investigación en 2005, Amnistía Internacional concluyó que "como en muchas disputas violentas entre las comunidades del Delta del Níger, el acceso a los recursos petroleros está en la raíz del incidente de Odioma".
Nsirimovu, el activista de derechos humanos, dijo que el subdesarrollo de la region ha causado y exacerbado la violencia. Hasta que empiece un desarrollo real, "la sangre manará abiertamente en el Delta del Níger", dijo. "Recuerde mis palabras".

1 de enero de 2006

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