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edad de la impunidad


Estados Unidos pierde autoridad moral para exigir razonabilidad y moderación.
Los líderes de Sudán enviaron la semana pasada una carta advirtiendo a gobiernos que no entreguen tropas para los cascos azules de Naciones Unidas en Darfur. Obviamente, en Khartoum se creen gallitos. ¿Pero por qué no? El Consejo de Seguridad -o más al punto, las grandes potencias que controlan el Consejo de Seguridad- dejaron claro que no enviarán tropas para detener el genocidio a menos que Sudán lo apruebe primero.
Luego está el caso de Irán, que todavía está, desafiantemente, enriqueciendo uranio. Y los norcoreanos, que dejaron pasmado al resto del mundo cuando hicieron estallar esta semana lo que dijeron que era un arma nuclear.
Bienvenidos a la nueva era de impunidad.
No se suponía que iba a ser así. Se suponía que la guerra de Iraq y la guerra del tipo ‘con nosotros o contra nosotros' contra el terrorismo de Bush asustaría tanto a los tipos malos que no se atreverían a contrariar a Estados Unidos. Pero ha ocurrido lo contrario. El presidente Bush ha despilfarrado tanto la autoridad moral de Estados Unidos -para no mencionar nuestros recursos militares- que los esfuerzos para inducir o imponer una conducta correcta de adversarios (y aliados) suenan huecos.
Hay un montón de culpables en cuanto al envalentonamiento de estados parias. Los chinos han estado protegiendo a Sudán y Corea del Norte. Los rusos han estado protegiendo a Irán. Si no fuera por Iraq y otros problemas de Bush, habría modos de eludir esos obstáculos. Cuando los rusos bloquearon la intervención de Naciones Unidas en Kosovo, el presidente Clinton logró que la OTAN pusiera fin a las matanzas.
Bush parece estar profundamente preocupado por Darfur. Pero Estados Unidos se ha estirado tanto en Iraq que nadie en la Casa Blanca ha mencionado la posibilidad de enviar a la OTAN para parar la limpieza étnica que ya ha causado más de 200 mil muertos y desplazado a más de dos millones de personas.
Cerrar nuestros ojos los próximos dos años no es la respuesta. Washington necesita reafirmar su autoridad, no importa lo abollada que esté, en todos esos frentes.
Sospechamos que las revisiones de carga y la reducción del comercio militar y de lujo no serán suficientes para hacer que Corea del Norte retroceda. Pero habiendo empezado con eso, Bush debe decir a China y Rusia que toda relación futura será juzgada por sus esfuerzos para presionar a Corea del Norte.
Pekín y Moscú encontrarán más difícil decir no si Bush hace una promesa clara -sin dedos cruzados en la espalda- de que no tratará de derrocar al gobierno norcoreano si abandona sus armas nucleares. Bush debe hacer el mismo y poco ambiguo ofrecimiento a Irán. En cuanto a Darfur, Khartoum se puede sentir menos chula si Bush anunciara que tomará la iniciativa en cuanto a pedir tropas para los cascos azules, mientras pide a la OTAN que empiece a elaborar planes para una posible intervención en caso de que Naciones Unidas decida no hacer nada.
Ayer en su rueda de prensa, Bush dijo que los abusos en Abu Ghraib "nos daña internacionalmente". Agregó rápidamente que el mundo ha logrado que los perpetradores rindan cuenta.
Tememos que se necesitará más que el juicio de unos pocos gendarmes de bajo nivel para reparar los daños, sea en Abu Ghraib, Guantánamo, las cárceles secretas o todo el desastre de la guerra de Iraq. Tampoco debe haber impunidad en casa.

12 de octubre de 2006
©new york times
©traducción mQh
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no me comí a mi papá


[Edmund Sanders] Naiomi tenía que empezar a ir a la escuela cuando sus parientes la tildaron de bruja y la echaron a la calle.
Kinshasa, Congo. Naomi Ewowo había recién perdido a sus padres cuando su familia la tildó de bruja. Tenía cinco años.
Tras la inesperada muerte de sus padres a menos de un mes de intervalo, la educación de Naomi quedó en manos de familiares que trataban de hacer frente a la tragedia. Pidieron consejos a un ‘profeta' vecino, que les advirtió que entre ellos se escondía una hechicera. Pronto los ojos de todos se volcaron sobre la más joven y débil de la familia.
"Me acusaron de matar a mis padres", dice Naomi, ahora de diez, moviendo nerviosamente sus cortas piernas debajo de la silla. Finalmente la niña fue expulsada por sus familiares y vivió en la calle hasta que, hace tres meses, se mudó a un refugio.
"Dicen que me comí a mi padre. Pero no es verdad. No soy una bruja".
En un continente donde reina la creencia en la magia negra y en los espíritus malignos, la caza de brujas no es nada nuevo, y se ataca habitualmente a mujeres más viejas y solteras. Pero en la República Democrática del Congo hay un nueva interpretación de esta antigua inquisición. La mayoría de los que se dice que participan en la brujería y hechicería son niños, y esas acusaciones son la principal causa del abandono infantil.
De los 25 mil niños que se estima viven en las calles de Kinshasa, la capital, más del sesenta por ciento fueron expulsados de sus casas por sus parientes, que los acusaron de brujería, dicen amigos de la protección a la infancia. La práctica está tan extendida que la nueva constitución del Congo, adoptada en diciembre, incluye una disposición que prohíbe las acusaciones de brujería contra niños.
Una de las causa es el aumento del fundamentalismo religioso, de las iglesias protestantes y de los profetas auto-proclamados. En Kinshasa más de dos mil iglesias ofrecen servicios de ‘liberación' para expulsar a espíritus malignos en los niños, dice el grupo Human Rigths Watch.
"Algunos de los profetas que dirigen estas iglesias han ganado una enorme fama, atrayendo a cientos de feligreses a sus lucrativos servicios dominicales debido a su famoso ‘éxito' en ceremonias de exorcismo de niños", dijo el grupo en un informe de abril.
Pero el verdadero culpable es la pobreza crónica, dicen algunos expertos. Décadas de dictaduras, inestabilidad y guerra han destruido el tejido social del país, destrozando sus tradicionales sistemas de apoyo familiar y tribal. No es una coincidencia que la inmensa mayoría de los niños acusados provengan de hogares pobres y deshechos. La mayoría son huérfanos o han perdido a uno o los dos padres por divorcio o abandono.
Cuando los familiares son incapaces o no quieren alimentar una boca adicional, buscarán motivos para deshacerse del niño, dijo Charlotte Wamu, asesora de Solidarity Action for Distressed Children, que ayuda a los niños de la calle. En África, echar a la calle a un miembro de la familia, incluso si se trata de un familiar lejano, es considerado una vergüenza, y las acusaciones de brujería proporcionan una justificación conveniente y difícil de desaprobar.
"Es siempre la madrastra la que acusa de brujería al hijastro, no a sus propios hijos", dijo Wamu. "El brujo es el hijo de tu hermano muerto, nunca tus propios hijos".
Naomi, hija única del segundo matrimonio de su padre, dijo que su familia nunca la aceptó, ni a ella ni a su madre.
Cuando murieron los padres de Naomi en 2001, sus parientes la llevaron de un profeta a otro buscando un modo de expulsar de ella sus ‘espíritus malignos'. A veces el exorcismo consistía en una rápida oración, otra veces implicaba algo más.
Un predicador encerró a Naomi en un cuarto durante tres días sin alimento ni agua, dijo la niña. "Yo quería escaparme para beber agua, pero pensé que eso sólo empeoraría mi situación", dijo.
Probablemente tenía razón. Las ceremonias de exorcismo infantil pueden consistir en brutales tratamientos, incluyendo palizas, quemaduras y el uso de agua salada, aplicada oral o analmente, para ‘purgar' a los niños, dice el grupo Save the Children.
Un profeta auto-proclamado de Kinshasa, Pakoki Keni Emmanuel Suliman, empezó una entrevista con una enérgica oración y terminó intentando venderme diamantes de contrabando, los que escondía en su cartera.
Desde su iglesia Promised Temple, que dirige desde su casa, Pakoki hace alarde sus talentos ante uno de sus clientes.
"¿Dejaste que los espíritus malignos entraran en ti?", ruge el fornido y barbudo predicador ante un tembloroso niño de nueve años. "¡Debes confesar! ¡Cuenta la verdad! Entonces voy a rezar por ti, una vez más". El niño confesó debidamente que, después del último exorcismo, había ‘matado' a dos personas. Su hermano mayor también había sido tratado varias veces.
Pakoki dijo que él nunca aceptaba dinero, aunque se pedía a los parientes que compraran unas sábanas blancas, a dieciocho dólares cada una, que eran ondeadas y usadas para envolver a los niños durante los exorcismos.
"Yo rezo y ellos se curan", dijo.
Las confesiones forzosas dejan a muchos niños confundidos y con sentimientos de culpa.
"Empiezan a creer que han hecho algo malo o de que realmente son brujos", dice Evariste Kalumuna, director del centro de rescate que sacó a Naomi de la calle. Contó que cuando disciplinaba a los niños, ellos a veces lo amenazaban con sus supuestos poderes.
"Me dice cosas como: ‘ Cuidado. Soy un brujo. Te puedo hacer daño'", contó Kalumuna. "Créeme, si realmente fueran brujos, yo habría muerto hace mucho tiempo".
Hace poco, cuando hablé con Naomi, al principio insistió en que ella no creía en la brujería. Pero más tarde, acusó a su abuelo paterno de brujería, diciendo que la visitaba a ella y a su madre en sus sueños.
Con una voz baja y áspera, y unos ojos intensos y en forma de almendras, Naomi es una narradora nata, y cuenta la escena de su madre en su lecho de muerte como si fuera el episodio de uno de los culebrones nigerianos que ve a veces en la televisión. Imita la frágil voz de su madre gritando el nombre de su abuelo antes de morir.
Esas dramáticas narraciones han empeorado sus relaciones con su familia.
"Estamos convencidos de que es una bruja", dice Rachel Nazombo, 25, la hermanastra mayor de Naomi.
Los ocho hermanastros de Naomi comparten dos apretados cuartos en una barriada al este de Kinshasa. Pegada con todo orgullo en la pared de la salita hay un anuncio de una revista de algo sobre lo que familia no puede sino soñar: una cocina de estilo occidental, con un horno de acero inoxidable y armarios de madera.
Los hermanos dicen que la muerte de los padres de Naomi es una demostración de brujería. Incluso en un país donde la esperanza de vida ha caído a los 42 años debido a las enfermedades y la pobreza, la muerte prematura es a menudo difícil de aceptar. Dos muertes que ocurren en un lapso tan breve sólo pueden ser causadas por un hechizo, dicen los miembros de la familia.
¿Cuáles son las pruebas contra Naomi? Los predicadores y profetas de la localidad han confirmado sus sospechas, dicen. Y un primo de tres años una vez gritó el nombre de Naomi durante una pesadilla. De acuerdo a la familia, Naomi también confesó que era bruja cuando la familia la confrontó hace un año.
Cuando le dije que Naomi negaba que fuera una bruja, Nazombo sacudió su cabeza.
"No lo quiere confesar", dijo la hermana. "Tú no sabes lo astuta que puede ser la gente que vive de noche".
Después de que la familia la expulsara, Naomi sobrevivió en las calles vendiendo las pocas ropas que tenía. Más tarde se dedicó a vender carbón y a robar antes de que un colaborador la encontrara y llevara al refugio.
Wamu, su terapeuta en el refugio, empezó a visitar a la familia para hablar sobre la reunificación. Los parientes se pusieron tiesos cuando vieron acercarse a Naomi y Wamu. Algunos incluso se negaron a mirar a la niña.
Una tarde hace poco, Wamu llegó en su quinta visita, pero esta vez sin Naomi.
"La familia debería vivir junta", suplicó.
"Queremos ayudarla a encontrar una vida mejor, pero primero tiene que expulsar a los malos espíritus", respondió el hermanastro mayor de Naomi. "Ella no quiere ser ayudada".
Antes de aceptar a Naomi, la familia quería que varios predicadores verificaran que ya no era una bruja. Wamu desalentó la idea, sabiendo que eventualmente encontrarían a un profeta dispuesto a declarar que veía malos espíritus. En lugar de eso, enfatizó las obligaciones que tenía la familia para con la niña.
Estuvieron un rato sin decir nada. "Sabemos que es nuestra responsabilidad", dijo Flory Nazombo, 23, el mayor en la familia. "Es nuestra hermana. No podemos abandonarla". Prometió que alguien en la familia visitaría a Naomi para hablar sobre su regreso a casa.
Wamu asintió y apuntó su número de teléfono para el joven. Era la apertura que había estado esperando.
Cuando salió de la casa, Wamu desbordaba de esperanza, aunque se habían logrado menos de la mitad de los intentos de reunificación.
"Creo que esta noche hemos hecho importantes progresos", dijo. "Salió bien".
Tres semanas más tarde, nadie de la familia de Naomi se había aparecido por el refugio. El hermano no había llamado. Y Wamu estaba planeando la sexta visita.

30 de agosto de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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guerra santa contra etiopía


[Guled Mohamed y Mohamed Ali Bile] Cabecillas musulmanes llaman a somalíes a prepararse para la guerra.
Mogadiscio, Somalia. Cabecillas islámicos dijeron a los somalíes el viernes que se preparen para la guerra contra Etiopía, mientras testigos informaron que tropas etiopes se estaban acercando a Mogadiscio, la capital.
"Somalia está siendo atacada, y los somalíes deben defender su territorio", dijo Sharif Ahmed, un importante jefe musulmán. "Todo aquel que tome partido por Etiopía será considerado un traidor".
Hizo el llamado cuando miles de personas se echaban a las calles de Mogadiscio para congregarse en torno a los nuevos gobernantes musulmanes y protestar contra la incursión de tropas etiopes con la intención de proteger al gobierno somalí interino de las fuerzas islámicas.
En una procesión de camiones, coches y motos, los habitantes recorrieron la estropeada ciudad, que la milicia musulmana recuperó el mes pasado del control de señores de la guerra respaldados por Estados Unidos. Los transeúntes saludaron y aplaudieron cuando los organizadores de la manifestación dirigían la caravana a través de zonas controladas previamente por los señores de la guerra.
El rápido aumento de la milicia musulmana ha amenazado la autoridad del gobierno formado en 2004 para dirigir el país de diez millones de habitantes de la anarquía hacia la paz. Los países occidentales respaldan en principio al presidente somalí Abdullahi Yusuf, pero reconocen que su gobierno tiene poco poder militar o político.
Los somalíes dijeron que soldados etiopes habían avanzado más allá de la frágil base provincial del gobierno en Baidoa, 240 kilómetros al noroeste de la capital, hacia las ciudades de Buur Hakaba y Baledogle.
Un portavoz del gobierno etiope dijo que había aceptado una petición del gobierno de Somalia de acudir en su ayuda en caso de que las milicias musulmanas atacaran Baidoa, pero que todavía no había enviado tropas al otro lado de la frontera. El gobierno somalí dijo que la gente estaba confundida porque sus fuerzas llevaban uniformes que les habían dado los etiopes.
La subsecretaria de estado para Asuntos Africanos, Jendayu Frazer, pidió el viernes cautela a Etiopía en cuanto a no enredarse en Somalia, aunque no confirmó los informes de que tropas etiopes habían entrado al país.
Salad Ali Jelle, vice-ministro de información somalí, dijo que hasta tres mil soldados del gobierno estaban patrullando las calles de Baidoa para frustar cualquier ataque de la milicia musulmana, pero negó que fuera etiopes.
Pero testigos dijeron que cientos de soldados etiopes se encontraban en Baidoa protegiendo las instalaciones del gobierno, entre las que se incluyen el parlamento, el palacio presidencial y el aeropuerto.

22 de julio de 2006
©washington post
©traducción mQh
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milicias se apoderan de mogadiscio


[Craig Timberg] Moderados pierden puestos claves en las milicias musulmanas.
Johannesburgo, Sudáfrica. Un grupo de líderes musulmanes moderados que se apoderaron de la capital de Somalia hace un mes, han sido desplazados en los últimos días por extremistas empecinados en fundar allá un estado islámico estricto, de acuerdo a analistas políticos somalíes y otros.
Responsable del desplazamiento es Hassan Dahir Aweys, al que Naciones Unidas y Estados Unidos consideran un terrorista con vínculos con Al Qaeda. El nombramiento de Aweys el 24 de junio como jefe de las milicias islámicas que gobiernan Mogadiscio, la capital de Somalia, ha sido seguida del nombramiento de otros lugartenientes afines en otros puestos claves y la degradación de moderados como el líder anterior, Sharif Ahmed, dicen analistas.
Entre los que han caído en desgracia se encuentra Abdurahman Osman, un ciudadano americano nacido en Somalia que, el mes pasado, emergió como portavoz de las milicias musulmanas y como la cara moderada hacia el mundo exterior. Invitó a periodistas occidentales a Mogadiscio y se reunió el mes pasado, a nombre de las milicias musulmanas, con Jendayi E. Frazier, subsecretario de estado estadounidense, en Nairobi.
Osman renunció la semana pasada, dos días después de que Aways se hiciera con el control de las milicias. El lunes reservó un billete de avión hacia Minnesota, un indicio definitivo de su pérdida de fe.
"Ahora no tengo nada que ver con esa gene", dijo Osman desde Nairobi. "Estoy tan deprimido que en las últimas tres noches casi he perdido la cordura".
Mogadiscio cayó el 5 de junio en manos de las milicias musulmanas vinculadas con los tribunales religiosos que son respaldadas por una coalición de hombres de negocios, activistas civiles y líderes tradicionales de familias importantes de la ciudad. Expulsaron a un grupo de odiados señores de la guerra y laicos que gozaban del apoyo de Estados Unidos a cambio de la captura de sospechosos de terrorismo.
Mucha gente en Mogadiscio saludó el cambio debido a que las milicias musulmanas proporcionaron la primera apariencia de gobierno desde 1991.
La delincuencia callejera cayó en picado. Las tiendas abrieron hasta pasado el ocaso, la primera vez en años. Muchos vecinos acogieron la idea de la sharia, o ley religiosa, en una sociedad donde el islam ha reinado, tradicionalmente, una versión moderada del islam. Pocas mujeres llevan pañuelo en Mogadiscio, y las escuelas son normalmente mixtas en cuanto al sexo.
Los primeros indicios del cambio se produjeron cuando los milicianos obligaron a cerrar los teatros en algunos barrios, que mostraban el campeonato mundial de fútbol y películas que consideran demasiado explícitas sexualmente. Algunas mujeres jóvenes optaron por cubrirse la cabeza, y algunos jóvenes se cortaron el pelo.
El asesinato el 23 de junio de un periodista sueco, Martin Adler, pareció señalar el creciente poder en Mogadiscio de los elementos más extremistas. Aweys asumió al día siguiente y pronto anunció que intentaría extender su interpretación de la ley islámica a todo el país. También anunció que cinco presuntos violadores serían lapidados hasta la muerte, en conformidad con la ley islámica.
"Ganaron los extremistas", dijo Omar Jamal, director de Centro Jurídico Somalí de St. Paul, Minnesota. "Los extremistas tomaron la delantera en este movimiento, así que pueden imponer su visión de la ley islámica".
La situación se ha exacerbado en los últimos días, dicen algunos somalíes.
El viernes, Osama bin Laden emitió una grabación aplaudiendo el éxito de las fuerzas musulmanas en Mogadiscio. El domingo, los 53 países de la Unión Africana anunciaron planes para enviar tropas de paz a Somalia, a pesar de las vehementes objeciones de las milicias en Mogadiscio, que han dejado en claro repetidas veces su oposición a la intervención de tropas extranjeras.
También se han enfriado las relaciones entre las milicias y el nominal gobierno nacional, que cuenta con el respaldo de la Unión Africana y de Naciones Unidas. Aunque en gran parte inoperante en Somalia, el gobierno fue inicialmente cortejado por las milicias como un modo de ganar legitimidad internacional. En una reunión de un día en Sudán en 22 de junio, los dos grupos acordaron reconocerse mutuamente.
Pero la alianza del gobierno nacional con el gigante vecino de Somalia, Etiopía, ha enfurecido a las milicias, que temen un ataque, según analistas. El periodista sueco fue asesinado en una manifestación para protestar contra la intervención de tropas extranjeras cuando estaba filmando la quema de una improvisada bandera etiope. La turba estaba gritando "Abajo Etiopía" y, también, "Abajo Estados Unidos", dijo un testigo.
El miedo a Etiopía, que libró una guerra fronteriza con Somalia a fines de los años setenta, es tan profundo en Mogadiscio que la decisión de la Unión Africana de enviar tropas de paz es vista principalmente como un pretexto para que Etiopía envíe a sus militares, más numerosos y más sofisticados, contra las milicias musulmanas. En la ciudad abundan los rumores de que las tropas etíopes ya han cruzado la frontera y también que Eritrea, el rival de Etiopía en el norte, está enviando armas a las milicias.
Algunos somalíes abrigan la esperanza de que la misma floja coalición de hombres de negocios, activistas y viejos líderes de los clanes que ayudaron a expulsar a los señores de la guerra pronto se volcarán contra las milicias, a medida que su poder las hace más descaradas.
Ali Iman Sharmarke, hombre de negocios y periodista en Mogadiscio, dijo que creía que las milicias musulmanas perderían poder si se ponían muy estrictos en cuanto a su interpretación de la ley religiosa. "La gente los empezará a odiar tanto como odiaban a los señores de la guerra", dijo Sharmarke, desde Nairobi. "Los moderados no van a comulgar con bin Laden".
Pero Jamal dijo que era cada vez más evidente que los extranjeros -bin Laden, Naciones Unidas, Estados Unidos, la Unión Africana, Etiopía, Eritrea- eran los que estaban determinando las cosas, no los somalíes.
"Parece que nadie se ocupará de los intereses de los somalíes", dijo. "Ahora mismo la situación es muy, muy mala".

4 de julio de 2006
©washington post 4 de julio de 2006
©washington post
©traducción mQh
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somalíes retan al destino


[Marc Lacey] Reportaje anterior a la toma de la ciudad por milicias fundamentalistas, un periodista describe el horror que viven los emigrantes somalíes.
Boosaaso, Somalia. Afortunadamente, Farhia Ahmed Muhammad sabía nadar. Mientras la desvencijada lancha pesquera que la señorita Muhammad y otras 94 almas desesperadas habían abordado para salir de Somalia en el otoño pasado, se acercaba a la costa yemení, los contrabandistas los obligaron a lanzarse por la borda al mar embravecido e infestado de tiburones.
No se atrevieron a resistir. Los contrabandistas ya habían matado a dos hombres simplemente porque habían suplicado que les dieran agua. "No fue que lo pidiéramos", dijo Muhamma, 17. "Simplemente nos arrojaron al mar".
No es muy difícil entender por qué quiere la gente salir de Somalia, con su brutal guerra de clanes, su agobiante sequía y su desesperada pobreza. En las últimas semanas la intensificación de la lucha entre musulmanes y señores de la guerra somalíes ha dejado cientos de muertos y muchos más heridos en Mogadiscio, la hacinada capital de Somalia, provocando un éxodo todavía más grande. Pero llegar a Yemen por mar, una entrada ilegal a trabajos en Oriente Medio, implica riesgos que compiten con los que se corren en tierra.
En el mejor de los casos, el viaje a través del Golfo de Aden toma dos noches, si las mareas son las correctas, el motor de la lancha no se estropea y la Guardia Costera Yemení no intercepta la embarcación. Pero puede pasar una semana o más si algo sale mal, o el viaje puede ser abortado a mitad de camino, y los contrabandistas pueden decidir echar al mar a los pasajeros.
"Sabemos que hay dos posibilidades: la vida o la muerte", dice Abdi Kareem Muhammad Mahmoud, 21, que huyó de Mogadiscio la semana pasada con una herida de bala en un pie y llegó a la costa somalí con la esperanza de llegar a Yemen. "Nos dijeron que podríamos lograrlo o que podrían arrojarnos al mar y morir. Pero quiero intentarlo. Después de todos los peligros por los que he pasado, ¿qué importan algunos más?"
Para los habitantes de Mogadiscio el riesgo es alto. Las milicias asociadas a los infames señores de la guerra de la capital -los que, de acuerdo a varios analistas de África, son pagados por agentes secretos americanos para localizar y capturar a miembros de Al Qaeda- se han estado enfrentando en las últimas semanas y meses con pistoleros contratados por líderes musulmanes para tratar de hacerse con el control de la anárquica ciudad.
Los violentos incidentes recientes en la capital son los peores desde que cayera el último gobierno central de Somalia hace quince años, y la mayoría de los cientos de bajas han sido civiles cogidos por el fuego cruzado.
Pero el número de bajas en el mar ha sido todavía más alto.
Desde septiembre han muerto unas mil personas mientras intentaban hacer el trayecto desde la costa norte de Somalia hasta Yemen a través del mar. Y eso es simplemente una estimación, ya que nadie sabe cuántas lanchas, todas ellas cargadas hasta los topes, intentan la travesía desde las playas de la remota región de Puntland en el nordeste de Somalia.
El único modo de estimar el horror es contar los cuerpos que aparecen en las playas y escuchar las espeluznantes historias que cuentan los sobrevivientes.
Después de ser obligada a arrojarse al mar, Muhammad estaba tan debilitada que apenas si pudo llegar a la playa en Yemen, donde permaneció por un corto período antes de volver a Somalia.
Milagrosamente, todos los pasajeros de su lancha sobrevivieron, incluyendo seis niños que había a bordo.

Los contrabandistas somalíes son una especie despiadada. Cobran entre 30 y 100 dólares por la travesía, lo que es bastante ya que apiñan entre 80 y 200 personas en una lancha pesquera. Y el pago no garantiza para nada un pasaje seguro.
Si el mar se pone muy bravo, pueden arrojar por la borda a algunos pasajeros para aligerar la embarcación. Si alguien se atreve a resistir durante el viaje, un golpe con un palo o la culata de un arma de fuego es el castigo inevitable. Las mujeres solas corren el riesgo de ser molestadas sexualmente por la tripulación, en las noches.
Pero es cuando aparece la Guardia Costera Yemení y el dueño de la lancha corre el riesgo de perder su embarcación que las cosas empeoran. Es probable que la tripulación obligue a lanzarse al agua a todos los pasajeros, a punta de pistola. Si alguno titubea, la tripulación a veces ata las manos de los pasajeros y los arrojan al mar, o simplemente les disparan.
"La situación es tan mala como parece", dice Dennis McNamara, el asesor especial de Naciones Unidas para gente desplazada, que visitó Boosaaso esta semana para instar a las autoridades locales a tomar medidas contra lo que llamó una de peores y más desdeñadas rutas de tráfico ilegal del mundo.
Los emigrantes somalíes atraviesan un terreno duro hasta Boosaaso, una destartalada ciudad portuaria. Allá se incorporan refugiados etiopes, que escapan de persecuciones políticas o van a la búsqueda de una vida mejor en los países del Golfo Pérsico.
Esos emigrantes, con otros de lugares tan lejanos como Zambia al sur, se congregan en cobertizos aquí junto al mar, donde tratan de reunir el dinero para el viaje.
Muchos tenían el dinero, pero fueron asaltados en el camino. El trabajo es escaso en Boosaaso, así que reunir dinero puede tomar años y años de trabajo.
"Esta gente es la más pobre entre los pobres", dice McNamara, que recorrió sus chozas de madera, sin agua corriente ni retretes y tan amontonados que estallan a menudo incendios, que obligan a todo el mundo a empezar de nuevo.
Si reúnen el dinero, los emigrantes buscan a un intermediario, que les susurra la ubicación de un punto de encuentro en las afueras de la ciudad.
Los emigrantes se dirigen en grupo a una remota parte de la playa, donde abordan las lanchas protegidos por la oscuridad.
"Es muy peligroso y se corre el riesgo real de ser arrojado al mar", dice Batsieva Zerihum, de la Organización Internacional para las Migraciones, que aconseja a los emigrantes etiopes reunidos en Boosaaso que abandonen su viaje y vuelvan a casa.
"Les hablo, pero todos quieren intentarlo. Hay personas que lo han intentado cuatro veces, y siguen intentandolo".

La primera vez que Asho Ali Baree, 34, hizo el viaje, la lancha tuvo problemas con el motor y el capitán les pidió a los pasajeros que rezaran.
Lo hicieron, y la lancha, de algún modo, logró volver a Somalia.
Le dieron otra oportunidad de cruzar, lo que la convirtió en más afortunada que los pasajeros de otra lancha que zarparon una noche sólo para ser dejados, cuatro días más tarde, más abajo en la costa somalí diciéndoles que habían llegado a Yemen.
"Me puse furiosa", dijo Adisu Sisai, 18, un etiope que perdió 50 dólares pero que ha comenzado a ahorrar nuevamente el dinero.
Este año se conoció una de las historias más horribles cuando más de cien personas murieron en el mar después de que la tripulación las obligara a arrojarse al mar a medio camino. Un niño de diez años llamado Badesa fue mantenido a bordo para que limpiara la lancha en su regreso a Boosaaso. Ahora se está recuperando de desnutrición y del shock en un hospital. Sus secuestradores siguen libres.
Es un secreto a voces que la gente poderosa en Puntland, incluyendo algunos vinculados a importantes políticos, poseen muchas de las lanchas implicadas en el tráfico, pero no son perseguidos por las autoridades.
Los somalíes que llegan a Yemen tienen derecho a los beneficios de un campo de refugiados allá. Pero ese no es el objetivo de nadie.
El objetivo es conseguir un trabajo bien pagado, cualquier cosa por encima de 50 dólares al mes en esta parte del mundo, y por ello arriesgan sus vidas.
Muchos son deportados, a menudo en una pista de aterrizaje en las afueras de Mogadiscio, lejos de las aldeas donde empezaron su travesía.
Otro peligro acecha en las costas somalíes. La policía, aunque ineficaz a la hora de parar el contrabando, a veces detiene a los emigrantes, aunque las bases legales para hacerlo son poco claras.
Hace poco, el jefe de policía, el coronel Muhammad Rashid Jama, hizo desfilar a tres hombres y una mujer en el terreno de una comisaría. Todos confesaron haber tratado de llegar a Yemen.
Un hombre, Abdi Ahmed Muhammad, 28, tenía una venda en la cabeza, y dijo que un contrabandista le había golpeado con la culata de un rifle. El contrabandistas había aceptado su dinero, pero luego se negó a admitirlo en la lancha que salía, dijo.
La mujer, Amal Hussein Ali, 37, dijo que había dejado a siete niños en Mogadiscio para salir a buscar trabajo en Yemen, para criarlos. Como viuda, corría el riesgo de pasar tres años en la cárcel, dijo la policía.
"Todos sienten compasión por ella", dijo el coronel Jama. "Yo siento compasión por ella. Pero ella se convirtió en una delincuente, y yo soy un agente de Puntman que debe proteger la Constitución".
Cuando funcionarios de Naciones Unidas protestaron ante las autoridades de Puntland sobre la detención de los emigrantes en lugar de detener a los contrabandistas, los funcionarios alteraron sus versiones. La gente detenida, incluyendo a la señorita Ali, eran los contrabandistas, dijeron.
Algunas lanchas han sido estropeadas. Pero los funcionarios dicen que ellos se encuentran impedidos de hacer algo debido al hecho de que las leyes locales no prohíben explícitamente el tráfico de seres humanos.
Así que el flujo continúa, alimentado por la desesperación y la codicia. Mahmoud, cuidando su pie herido y acosado por muchos años de vivir la pesadilla, dijo que se quería marchar a otro lugar, más tranquilo, al otro lado del mar.
"Cuando miro el mar, pienso que dejaré todo esto y me iré", dijo. "Espero lograrlo".

29 de mayo de 2006
©new york times
©traducción mQh
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hambre y elecciones en el congo


[Lydia Polgreen] El hambre y las enfermedades erosionan la democracia en el Congo.
Aveba, Congo. La primera vez que el ejército congoleño trató de recuperar esta aldea del control de las milicias que han estado luchando por ella desde el supuesto fin de la guerra civil en 2002, los soldados del gobierno desertaron y huyeron. Eso fue en enero.
El segundo intento, un mes después, también fracasó, a pesar del fuerte respaldo de las tropas de Naciones Unidas que tratan de estabilizar el país antes de las elecciones en julio, la primera en más de cuatro décadas. En lugar de combatir a las milicias, los soldados se amotinaron y saquearon la base de los cascos azules aquí.
Fue sólo después del tercer intento, en mayo, que la milicia fue finalmente expulsada, empujada a lo más profundo de la selva ecuatorial.
Pero mientras el estado puede tener el control, de momento, el intento ha engendrado una crisis propia. Miles de personas han inundado la aldea, exhaustas y demacradas después de haber esperado en la selva el fin de los combates, perpetuando el hambre y las enfermedades que mantienen al Congo en sus garras tras una mortífera guerra civil de cinco años.
En menos de una década, se calcula que murieron cuatro millones de personas, la mayoría de ellas por hambre y enfermedades causadas por el conflicto. Ha sido el conflicto más mortífero desde la Segunda Guerra Mundial, en el que murieron más de mil personas por día. Para muchos aquí, la supervivencia, no las elecciones, es el hito histórico.
"Huimos porque no queríamos morir en nuestras casas", dijo Ngava Ngosi, uno de los miles atrapados en la mortífera odisea de escapar de la aldea a la selva y de vuelta de nuevo en un caos aparentemente interminable al este del Congo. "Pero en la selva también morimos".
La batalla de Aveba, una de una serie de aldeas pequeñas, pero de gran valor estratégico en la región de Ituri, rica en minerales, ilustra el peligroso camino que debe cubrir el Congo en su ruta hacia la paz y la democracia.
Las elecciones presidenciales y parlamentarias de julio serán el primer momento de autodeterminación para la mayoría de los angoleños; la última elección multipartidista tuvo lugar en 1965. El Congo fue gobernado durante 32 años por Mobutu Sese Seko, que lo bautizó Zaire y mantuvo al país secuestrado por un gobierno rapaz y autoritario.
Desde el derrocamiento de Mobutu en 1997, el país, rebautizado como República Democrática del Congo, se ha visto atrapado entre las garras homicidas de milicias rivales, nacionales y respaldadas por países vecinos.
La guerra terminó oficialmente desde el acuerdo de paz entre las facciones que lo firmaron hace cuatro años, pero la transición a la paz aún debe empezar. La lucha ha continuado intermitentemente en el confuso y complejo conflicto, que empezó cuando Ruanda y Uganda respaldaron un movimiento rebelde para derrocar a Mobutu, que murió en Marruceos en 1997. La guerra se descontroló cuando el movimiento rebelde se volvió contra sus patrocinadores extranjeros.
La elección debe trazar una línea entre ese pasado caótico y un futuro con más esperanzas. Pero el proceso de prepararse para las elecciones ha sido extraordinariamente difícil en las turbulentas y violentas regiones del este, donde las milicias han hecho la guerra contra las tropas de gobierno por el control de las lucrativas industrias mineras del diamante y del cobre, y, a corto plazo, la elección puede causar tantos problemas como los que resuelve.
"Le quebramos la espalda a las milicias, pero todavía prevalece la incertidumbre", dijo el mayor Obeid Anwar, comandante de una compañía de cascos azules paquistaníes estacionados en Aveba. "Obstaculiza que la gente vuelva a sus vidas normales. Esta incertidumbre tiene muchas caras y provoca un montón de sufrimiento".
Miles de civiles han huido de las operaciones para erradicar los bastiones de las milicias, escapando hacia la selva, donde hacen frente al hambre y a las enfermedades. A veces no está claro si huían de las milicias, que violaban y saqueaban en su paso por las aldeas, o de los soldados congoleños, que hacían prácticamente lo mismo.
La falta de disciplina en el ejército, una amalgama de antiguos rebeldes y soldados del gobierno fusionados en una fuerza nacional según el acuerdo de paz, ha sido otro problema. Su salario oficial es menos de un dólar al día, e incluso así no se les paga regularmente. Durante largo tiempo acostumbrados a vivir del saqueo, los soldados de gobierno son acusados frecuentemente de violaciones a los derechos humanos, incluyendo violaciones y asesinatos.
[Naciones Unidas está investigando un informe publicado el 18 de junio en The Observer, un semanario británico, sobre un ataque con morteros realizado por cascos azules contra una aldea habitada por civiles como parte de una ofensiva en Ituri en abril pasado. El informe se basa en un video de un periodista británico que viaja con las tropas de Naciones Unidas].
En Aveba, base de la compañía del mayor Anwar, los civiles han empezado a volver poco a poco de la selva, esperando hallar alimento y seguridad. La mayoría proviene de aldeas circundantes, así que se han instalado como okupas, ocupandolas casas y comiendo las cosechas de los que huyeron.
En la Iglesia de la Asamblea Evangélica en el centro de la aldea, cientos de personas duermen apretujadas, como sardinas, tratando de conservar el calor en el frío aire de montaña.

Aproline Avurasi llegó a Aveba a principios de junio, con sus cinco hijos. Sólo traían lo que podían acarrear: un cuenco de metal relleno con andrajos y el poco alimento que tenían, y algunos implementos de cocina envueltos en la ropa. Se instalaron en la iglesia, esperando encontrar ayuda. No encontraron nada, excepto más miseria.
"En la selva nos estábamos muriendo de hambre", dijo Avurasi. "Aquí también pasamos hambre".
Tres enfermeras, ellas mismas desplazadas por el conflicto, han levantado una clínica en una casa abandonada. Una organización de ayuda médica les dio varias cajas de suministros básicos, y, a los tres días, fueron inundadas por más de 300 pacientes.
Un hombre, enfermo de lo que las enfermeras creían que era meningitis, yacía casi inerte en una andrajosa estera de juncos. Un hombre con una herida de bala en el pie -fue herido por soldados cuando huía-, yace en el suelo en la atiborrada sala de espera, cubierto por un sucio pedazo de tela. Una fila de mujeres sosteniendo a sus bebés enfermos se extendía hasta la puerta.
"No tenemos los equipos para hacer mucho, pero al menos tratamos de consolar a la gente", dijo Adirudu Yanga, una de las enfermeras de la clínica improvisada.
El mayor Anwar dijo que había suplicado por más ayuda a las agencias de socorro para las familias reunidas aquí, pero no había llegado nada.
"Me siento avergonzado de ver a toda esa gente viviendo en la iglesia", dijo. "Les prometí ayuda, pero no ha llegado nada".
Agencias de ayuda en Bunia, la capital regional, han luchado para trabajar en el área. Las milicias y bandidos siguen en el campo, aunque hayan sido expulsados de sus guaridas en las montañas, y atacan a los convoyes de ayuda para hacerse con alimentos, medicinas y dinero.
[Las enfermedades son incontrolables. El 22 de junio, Médicos Sin Fronteras pidieron ayuda para combatir una plaga de neumonía en el nordeste, mencionando 144 casos, y dijeron que el área hace frente a "un estallido fuera de control", informó la agencia France-Presse].
La penuria es increíble: Una agencia italiana, Cesvi, trató de llevar alimentos a Aveba, pero se topó tanta gente desplazada en Geti, que dejó sus suministros en el camino.
En Geti, a 16 kilómetros al este de Aveba, cientos de personas llegan cada día, buscando comida y seguridad. La familia Kanoya, unas dos docenas de personas, esperaban debajo de un bananero a Tchoni Mugero, su patriarca, para levantar un refugio improvisado de hojas y ramas. Les tomó tres días reunir suficientes materiales para construir una casa, y en el entretanto han estado durmiendo a la intemperie.
"Nunca habíamos sufrido tanto", dijo Djimo Charles Kanoya, miembro de la familia. "Pasamos un mes en la selva. Los niños tienen hambre y frío".
Más que comida, la gente necesita mantas y plástico para refugiarse del frío de la montaña en la noche.
En el hospital de Geti, Ngele Anyodi, una enfermera, dijo que los niños estaba muriendo de enfermedades y desnutrición todos días debido a que no podían llegar a hospitales mejor equipados.
"Este hospital fue saqueado durante el conflicto", explicó, mostrando las oficinas robadas, los laboratorios y la farmacia desprovistas de microscopios, medicinas y equipos médicos. "No podemos cuidar aquí a los enfermos. No tenemos con qué".
En realidad, la enfermera a cargo -aquí no hay médicos- también es una paciente, de malaria.
La elección puede estar a la vuelta de la esquina, pero votar, dijo, es lo último que tiene en la cabeza. Los muertos, dijo, no pueden votar.
"Necesitamos ayuda", suplicó Anyodi. "Primero tenemos que sobrevivir".

23 de junio de 2006
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muerte al otro lado del océano


[Miranda Leitsinger] Querían llegar a Europa. La lancha pesquera llegó a Barbados, con sus cadáveres.
San Juan, Puerto Rico, Estados Unidos. Salieron de África en vísperas de Navidad para buscar una vida mejor en Europa. En lugar de eso, la oxidada lancha los llevó a la muerte mientras cruzaba 3.200 kilómetros de Océano Atlántico, terminando su travesía en la isla de Barbados, en el Caribe.
Para cuando un pescador encontró la lancha el 30 de abril, los cuerpos de once jóvenes a bordo estaban prácticamente momificados por el sol y la sal. Uno había escrito una nota de despedida antes de morir.
"Me gustaría enviar a mi familia en Bassada [Senegal] algo de dinero. Por favor, discúlpenme y adiós", dice la nota, encontrada entre los cuerpos.
Parecía haber sido escrita por un senegalés llamado Diao Souncar Dieme y contenía números de teléfono de su hermano y mejor amigo, dijo el miércoles el fiscal general Dale Marshall.
Con rutas de viaje hacia Europa a través de Marruecos cada vez más selladas, los emigrantes están lanzándose a rutas cada vez más alejadas de la costa del noroeste de África, algunos viajando más de 2.400 kilómetros en atiborrados botes pesqueros para llegar a Europa. Los botes a menudo se extravían o rompen, flotando a la deriva en el Atlántico o naufragando durante tormentas.
Aparentemente, la lancha salió de Senegal, en la costa occidental de África, con 52 personas a bordo, dijo Marshall. De seis metros de largo y un pequeño puente de mando, se dirigía probablemente hacia las Islas Canarias, España, una entrada a Europa ubicada en el Atlántico a unos 320 kilómetros de la costa sur de Marruecos.
"Este es el fin de mi vida en este gran mar marroquí", escribió el desorientado pasajero.
La policía encontró en la lancha, dinero en euros, un itinerario de viaje y un billete de avión de la Senegal Airways.
La policía española pidió a Interpol, la organización internacional de policía, que ayudara a encontrar a un español en las Islas Canarias que presuntamente organizó el desgraciado viaje y cobró a los emigrantes entre 1.540 y 1.930 dólares cada uno, informó el domingo el diario español El País.
Una funeraria de Barbados preserva en estos momentos los once cadáveres. "El problema es realmente tratar de identificar a esos individuos", dijo Marshall.
Un equipo de Interpol examinó la lancha y los cuerpos, y se ha solicitado la intervención de un segundo equipo.

2 de junio de 2006
©washington post
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soldados de la onu abusan de niñas


[Alphonso Toweh] Informe dice que hombres en posiciones de autoridad canjean sexo con niñas en Liberia.
Monrovia, Liberia. Soldados de la ONU, socorristas y maestros tienen sexo con niñas liberianas de hasta ocho años a cambio de dinero, alimentos o favores, poniendo en peligro los proyectos de reconstrucción de un país destruido por la guerra, afirma un informe dado a conocer ayer.
Save the Children UK dijo que un alarmante número de niñas están siendo explotadas sexualmente por hombres en posiciones de autoridad en los campos de refugiados y en la comunidad más amplia, a veces por tan poco como una botella de cerveza, un transporte en un vehículo o por mirar una película.
"Esto no puede continuar", dijo Jasmine Whitbread, presidente de Save the Children UK. "Los hombres que utilizan posiciones de poder para aprovecharse de niños deben ser denunciados y despedidos".
El documento de 20 páginas dice que vecinos informaron sobre la explotación sexual de parte de soldados de la ONU en todas las localidades donde hay contingentes de la fuerza de pacificación de la ONU, UNMIL, subrayando el persistente problema de los abusos sexuales por fuerzas de la ONU.
Las acusaciones de abusos sexuales han asolado las operaciones de la ONU en Liberia, Costa de Marfil, Haití y la República Democrática del Congo, donde la organización mundial ha acusado a sus miembros de su fuerza de pacificación más importante de violación, pedofilia y por dar a niños alimentos y dinero a cambio de sexo.
Las tropas de la ONU en Liberia dijeron en una declaración que desde principios de 2006 se han reportado ocho casos de explotación y abuso sexual en los que están implicados empleados de la ONU.
Uno de esos casos ha sido comprobado y el empleado ha sido suspendido.
"Nos horroriza cualquier tipo de explotación o abuso sexuales por socorristas, sean internacionales o liberianos. Es inaceptable", dijo Jordan Ryan, coordinador humanitario de la ONU en Liberia, a la radio BBC desde Monrovia.
Save the Children instó al nuevo gobierno liberiano, a las agencias de la ONU y a donantes a instalar una oficina oficial de un ombudsman para garantizar que esas acusaciones sean investigadas.
Los países que contribuyen tropas a la fuerza de Naciones Unidas también debieran asegurarse de que los soldados que explotaron sexualmente a niños sean procesados y que aquellos encontrados culpables sean retirados de la fuerza, dijo.
El informe llamó la atención sobre la relación entre la ayuda humanitaria, la pobreza y el sexo en acusaciones particulares de que algunos hombres implicados en la distribución de raciones alimenticias exigieron sexo a cambio de ello.

9 de mayo de 2006
©boston globe
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