Blogia
mQh

áfrica

otra masacre en darfur


En el sur del país, signos de otra masacre.
Nairobi, Kenia. Funcionarios de la Unión Africana y de Naciones Unidas están estudiando informes sobre una nueva masacre en Darfur, en la que según testigos tropas del gobierno sudanés y sus milicias aliadas mataron a más de treinta civiles, cortando las gargantas de varios hombres que estaban rezando en una mezquita y disparándole por la espalda a un niño de cinco años cuando trató de escapar.
De acuerdo a varios vecinos de Muhagiriya, una pequeña ciudad al sur de Darfur, dos columnas de tropas gubernamentales uniformadas, junto con dos docenas de milicianos de paisano, rodearon la ciudad a eso del mediodía del 8 de octubre y atacaron el mercado.
Muhagiriya fue el bastión de uno de los numerosos grupos rebeldes de Darfur, pero según testigos había pocos rebeldes en esos momentos y las fuerzas del gobierno volcaron sus armas -de fuego y cuchillo- contra los civiles.
Ayoub Jalal, mecánico de coches, dijo que su padre estaba rezando en una mezquita cuando irrumpieron los soldados. "Los arrastraron afuera y les abrieron la garganta", dijo Jalal, que fue entrevistado por teléfono.
Tanto Naciones Unidas como la Unión Africana dijeron que decenas de civiles habían sido asesinados y que los testigos identificaron a los atacantes consistentemente como soldados del gobierno y hombres armados aliados. Sin embargo, ninguna organización pudo verificar independientemente quiénes eran los responsables.
El gobierno sudanés negó toda participación, pero testigos dijeron que tropas uniformadas acribillaron a todo el que trataba de escapar, incluyendo un grupo de niños.
"Yo conocía bien al niño más pequeño, de cinco años", dijo Sultan Marko Niaw, un anciano de la tribu, que también habló por teléfono. Dijo que el nombre del niño era Guran Avium, agregando: "Un soldado le disparó por la espalda".
La crueldad del ataque, tal como fue descrito por testigos y confirmado por organizaciones de ayuda que trabajan en el área, hizo recordar los primeros días del conflicto en Darfur, cuando tropas gubernamentales y milicias aliados masacraron a miles de civiles, de acuerdo a grupos de derechos humanos. Pero Muhagiriya puede ser sintomática de un problema todavía más grave ahora que muchos grupos armados de Darfur -rebeldes, milicias árabes e incluso soldados sudaneses- luchan por hacerse con territorios antes de una importante conferencia de paz más tarde este mes.
"Todos están tratando de reposicionarse antes de las negociaciones para una tregua y antes de las discusiones sobre quién controla qué", dijo Sam Ibok, asesor de la Unión Africana estrechamente involucrado en la preparación de las negociaciones de paz.
Ibok dijo que había oído informes sobre civiles asesinados por soldados del gobierno en Muhagiriya y estaba esperando que la Unión Africana concluya su investigación. Pero dijo que las acusaciones ya estaban causando graves preocupaciones y complicando los esfuerzos de paz porque "ahora la gente se ve muy escéptica" y cree "que el gobierno no está interesado en la paz".
Dijo que las descripciones del ataque se ajusta al panorama general de Darfur en estos días, con fuerzas rebeldes actuando cada vez más agresivamente en las semanas preliminares a las conversaciones de paz y el gobierno sudanés respondiendo con un intento de "recuperar esas áreas antes de la tregua".
Funcionarios de la Unión Africana que están investigando las acusaciones de otro ataque contra civiles, en Haskanita, la mayor parte de la cual fue arrasada. Los rebeldes dicen que el gobierno saqueó la ciudad, matando a cien personas, después de un ataque rebelde contra una base cercana de la Unión Africana.
No está claro por qué el asesinato de civiles debe ser parte de esta ecuación, pero desde que explotara el conflicto de Darfur al oeste de Sudán en 2003, las masacres de civiles han sido un tema recurrente. Funcionarios de Naciones Unidas calculan en 200 mil personas las bajas mortales. Más de dos millones de personas han sido expulsadas de sus hogares.
El gobierno sudanés ha negado firmemente las acusaciones de que sus tropas hayan saqueado pueblos y asesinado a sus habitantes, y Muhagiriya no es una excepción.
"Esas son informaciones completamente falsas", dijo, funcionario del despacho del gobernador en Darfur del Sur, cuando se le preguntó sobre los informes. "Esas fueron peleas internas entre los movimientos", agregó, sin especificar qué movimientos.
Un equipo de la Unión Africana que visitó Muhagiriya en los días posteriores al ataque no encontró evidencias de que helicópteros del gobierno hubieran bombardeado y castigado a la ciudad, como decían algunos vecinos.
"Sobre eso podemos estar seguros", dijo el general Martin Luther Agwai, comandante de las tropas de paz en Darfur.
Pero en cuanto a las identidades de los hombres armados que atacaron la ciudad, no está seguro. "Es verdad que la ciudad fue arrasada", dijo. "Es verdad que hay heridos y algunos muertos. Todos son hechos acontecidos".
Muhagiriya, con una población de 23 mil personas, está dividida por las mismas tensiones étnicas que han destruido gran parte de Darfur, vale decir espinudos problemas por tierras entre nómades árabes y agricultores no árabes. La ciudad estuvo controlada por el único grupo rebelde que firmó un acuerdo de paz con el gobierno en 2006. Pero el antagonismo entre esos dos lados han estado subiendo en los últimos tiempos y después del ataque asesores del líder del grupo, Minni Minnawi, dijo que se estaban retirando del acuerdo de paz.
Miles de personas han huido de Muhagiriya y están acampando en una pequeña base de la Unión Africana, para protegerse.
James Smith, director de Aegis Trust, un grupo anti-genocida que opera en la región, dijo que los aldeanos en Muhagiriya "nos confirmaron que tropas del gobierno y janjaweed atacaron deliberadamente a civiles desarmados", refiriéndose a las milicias árabes que apoyan al gobierno.
Solidarités, una organización de ayuda francesa que distribuye alimentos en la zona, dijo que tres socorristas sudaneses murieron en el ataque. En un informe también se dice que "hay muchas personas heridas y necesitamos asistencia médica.
"Muchas casas y tiendas fueron saqueadas", dijo. "Muchas familias perdieron todo".
En entrevistas separadas, varios vecinos dijeron que habían visto a los soldados llevarse sus propiedades en camiones del gobierno.
Naciones Unidas envió a Muhagiriya la semana pasada un equipo de evaluación para tomar fotografías de los destrozos y entrevistar a los aldeanos sobre el ataque.
"Todas las IDP [personas desplazadas internamente] creen que se trató de una operación conjunta del gobierno y la milicia", dijo Radhia Achouri, portavoz de Naciones Unidas. "Pero no podemos confirmarlo independientemente". Dijo que el equipo de Naciones Unidas estaba investigando problemas de derechos humanos y protección civil, pero que su trabajo no era investigar ‘quién hizo qué'".
Las negociaciones de paz en Darfur, que deben empezar en Libia en menos de dos semanas, ya tiene dificultades.
Varios líderes rebeldes han dicho que boicotearían las conversaciones. Otros no se pueden poner de acuerdo en quiénes los representarán. Entretanto, Darfur continúa desmoronándose: las tribus árabes están peleando entre sí; tropas de gobierno han ocupado varias ciudades; está aumentando el bandidaje; y diez soldados de la Unión Africana fueron matados el mes pasado después de que un grupo rebelde disidente atacara su base.
Naciones Unidas y la Unión Africana están expandiendo la fuerza de paz a 26 mil soldados, de siete mil y pronto empezarán a llegar más cascos azules. Pero hay que mantener la paz -por eso son tan cruciales las conversaciones en Libia.
"Hay mucho escepticismo en cuanto a las negociaciones mismas", dijo Ibok, el asesor de la Unión Africana, agregando que Naciones Unidas y la Unión Africana se habían comprometido a realizar a tiempo las conversaciones.
Otra pega es que el tratado de paz que puso fin a la guerra civil en el sur de Sudán, que es visto como un modelo para terminar la guerra en Darfur, parece estar al borde del colapso. La semana pasada ex rebeldes sureños que firmaron la paz con el partido gobernante de Sudán en 2005, se retiraron del gobierno de unidad nacional como forma de protesta. La guerra en el sur ha costado la vida a 2.2 millones de personas. El partido gobernante de Sudán, dirigido por el presidente Omar Hassan al-Bashir, indicó el martes que estaba dispuesto a discutir las demandas de los sureños.
Al mismo tiempo, ex rebeldes en el sur están realizando un encuentro para que los líderes rebeldes de Darfur se preparen para las inminentes negociaciones en Libia. Varios líderes rebeldes de Darfur dijeron que no estaban dispuestos a negociar con el gobierno y que deben primero resolver diferencias internas.

24 de octubre de 2007
16 de octubre de 2007
©new york times
©traducción mQh
rss


hombres de negocios de china


[Howard W. French y Lydia Polgreen] El nuevo poder en África. Hombres de negocios de China prosperan en África.
Lilongwe, Malawi. Cuando Yang Jie se marchó de casa a los dieciocho, hizo lo que la gente en la mísera provincia de Fujian en China viene haciendo durante generaciones: emigrar a la búsqueda de una mejor vida en el extranjero.
Lo que lo hace diferente es su destinación. En lugar de las patrias adoptivas tradicionales, como Estados Unidos y África, adonde la gente de la provincia de Fujian se ha marchado en números de cientos de miles, él prefirió este pequeño país sin salida al mar en el sur de África.
"Antes de marcharme de China", dijo Yang, ahora de 25 años, "pensaba que África era un gran desierto". Así que pensó que habría una alta demanda de helados, y con dinero que reunió entre familiares y amigos, fundó su propia fábrica en las afueras de Lilongwe, la capital de Malawi. De hecho, el clima es subtropical, pero eso no ha impedido que su fábrica de helados se haya convertido en la más grande del país.
Historias como estas han hecho legión en África en los últimos cinco, a medida que cientos de miles de chinos han descubierto el continente, saliendo a hacer negocios en una parte del mundo que había sido terra incognita. Hace poco la agencia de noticias Xinhua calculaba que al menos 750 mil chinos estaban trabajando o vivían durante prolongados periodos en el continente, lo que era un reflejo de la profundidad de los lazos económicos entre China y África, que llegó a los 55 billones de dólares en el comercio en 2006, en comparación con menos de diez millones de dólares una generación antes.
Incluso cuando Yang llegó aquí en 2001, dijo, pasaban semanas en las que no veía a ningún viajero de su país. Pero tan ciertamente como han prosperado sus inversiones en el país, dijo, también se ha asentado una numerosa comunidad de inmigrantes chinos y ahora manejan todo, desde pequeñas fábricas hasta clínicas médicas y sociedades mercantiles.
Durante la ola previa de interés chino en África en los años sesenta y setenta, una época de socialismo radical y proclamas de solidaridad con el Tercer Mundo, las compañías europeas y estadounidenses dominaron las economías de la mayor parte del continente. Aquí y allá, sin embargo, los chinos hicieron notar su presencia, a menudo en cuadrillas de trabajo estatales, monótonamente vestidos, construyendo estadios, vías férreas y autopistas, machacando rocas y haciendo otros trabajos manuales.
Hoy, en muchos de los países donde se han asentado nuevos inmigrantes chinos, como el Chad, se pueden encontrar farmacias, salones de masaje y restaurantes especializados en una variedad de cocinas chinas regionales; la presencia occidental, antes dominante, ha menguado firmemente, y consiste hoy esencialmente de expertos de ayuda humanitaria de agencias internacionales o trabajadores de las petroleras, que viven detrás de altas murallas en enclaves fuertemente custodiados.
Al principio, este nuevo éxodo chino fue impulsado en gran parte boca a boca, cuando pioneros como Yang enviaban a casa noticias sobre abundantes oportunidades en una parte del mundo donde muchas economías son subdesarrolladas o están en ruinas, y donde incluso muchas cosas que se dan por sentado en los países más ricos esperan a constructores e inversores.
Condiciones como estas a menudo disuaden a inversionistas occidentales, pero para muchos de estos jóvenes empresarios chinos, las emergentes economías de África son particularmente atractivas porque son pequeñas y accesibles. La competencia es a menudo débil o no existente, y para los clientes africanos, los bajos precios de muchas mercaderías y servicios chinos los hacen más asequibles que sus equivalentes occidentales.

Expansión China
You Xianwen vendió su firma de instalación de tuberías en Chengdou, al sudoeste de China, para trasladarse a Addis Ababa, la capital de Etiopía, para unirse a una nueva compañía con un socio chino que conoció online. "Somos de una región de gente especialmente independiente", dijo You, 55. "Mis hermanos y hermanas respaldaron mi decisión de venirme aquí. De hecho, dicen que si las cosas me salen bien, ellos también se vendrán a África".
You dijo que había considerado otros países africanos antes de decidirse por Etiopía, incluyendo Zambia. "Felizmente no me marché para allá", dijo, explicando que se había asustado con las recientes protestas contra los chinos en ese país.
Su nueva empresa, ABC Bioenergy, construye aparatos que generan gas combustible de residuos corrientes, proporcionando lo que You dijo que sería una fuente barata de energía alternativa en un país donde el suministro de electricidad es errático y caro.
El socio de You aquí, Mei Haijun, llegó primero a Etiopía hace diez años a trabajar en una fábrica de textiles de construcción china y desde entonces se casó con una mujer etiope, con la que tiene un hijo. "Cuando llegué aquí podías pasarte dos meses sin ver a otro chino", dijo. "Pero ahora es otra época. Hay vuelos a China todos los días".
El aumento del tráfico aéreo entre China y países como Etiopía tiene ahora a las compañías chinas peleándose por agregar nuevas rutas, a medida que el gobierno chino y las grandes compañías chinas aumentan sus intereses en África.
Gran parte de esa actividad refleja un intenso apetito por el petróleo y los recursos naturales africanos que China necesita para su sector manufacturero, aunque las grandes compañías chinas se han convertido en formidables competidores también en otros sectores, especialmente en caros contratos de obras públicas. China está construyendo importantes vías férreas en Nigeria y Angola, grandes represas en Sudán, aeropuertos en varios países y nuevas carreteras casi en todas partes.
Uno de los grandes constructores de carreteras, China Road and Bridge Construction [Constructora de Puentes y Caminos], ha empezado donde las brigadas de solidaridad de una generación anterior dejaron las cosas. La compañía, propiedad del gobierno chino, tiene 29 proyectos en África, muchos de ellos financiados por el Banco Mundial y otros prestamistas, y tiene oficinas en 22 países africanos.
En un reciente vuelo de Aerolíneas Etiopes de Addis Ababa a Pekín colmado de contratistas chinos, trabajadores de Road and Bridge y otras compañías intercambiaron notas sobre las sorpresas que les aguardan en los países en los que trabajan, y discutieron sobre las dificultades en el aprendizaje del portugués y francés en lugares como Mozambique y la Costa de Marfil.
Los africanos ven el flujo de chinos con una mezcla de anticipación y temor. Los dirigentes empresariales en Chad, un país de África central con vínculos petrolíferos profundos con China, se están preparando para lo que sospechan que será un ejército de trabajadores e inversores chinos.
"Estamos esperando un gran flujo de al menos cuarenta mil chinos en los próximos años", dijo Renaud Dinguemnaial, director de la Cámara de Comercio del Chad. "Esta llegada masiva puede ser una ventaja para la economía, pero también estamos preocupados. Cuando lleguen, ¿traerán sus propios trabajadores, se quedarán en sus casas, enviarán el dinero a casa?"
En Zambia, donde en los últimos años han surgido sentimientos antichinos, los comerciantes en el mercado central de Lusaka, la capital, dijeron que si los chinos quieren venir al África, deberían hacerlo como inversores, para construir fábricas, y no como pequeños comerciantes que compitan por clientes que ya son escasos por artículos baratos como chancletas y camisetas.
"Los chinos dicen que vienen aquí como inversores, pero están haciendo negocios como nosotros", dijo Dorothy Mainga, que vende zapatillas Puma y camisetas Harley Davidson de imitación en el Mercado de Kamwala en Lusaka. "Están vendiendo las mismas cosas que vendemos nosotros a precios baratos. Nosotros pagamos aranceles e impuestos, y ellos usan sus conexiones para evadir el pago de impuestos".
Aunque los trabajadores chinos del petróleo han sido secuestrados en Nigeria e Etiopía, donde en mayo un movimiento armado separatista mató a nueve de ellos, la creciente presencia china en el continente ha provocado pocos incidentes serios.
Sin embargo, los malentendidos son comunes, e inevitablemente surgen resentimientos. En muchos países los africanos se quejan de que los trabajadores chinos hagan trabajos para los cuales los trabajadores locales están mejor calificados o podrían ser rápidamente adiestrados. "Nos contenta saber que hay chinos aquí", dijo Dennis Phiri, 21, estudiante universitario en Malawi, que está estudiando para ingeniero. "El problema con las compañías chinas es que reservan las buenas posiciones para su propia gente. Los africanos son contratados solamente para funciones insignificantes".
Otra crítica frecuente es que los chinos forman clanes, protegiéndose unos a otros noche y día.
En Addis Ababa, en lo que es un arreglo típico de la mayoría de las grandes compañías, los doscientos trabajadores chinos de la Road and Bridge Corporation viven en un recinto comunal, comen alimentos preparados por cocineros traídos desde China y reciben servicios médicos básicos de un doctor chino.
"Después de un día te preguntas qué estás haciendo aquí, así que seguimos trabajando", dijo Cheng Qian, el gerente nacional de la compañía constructora de caminos en Etiopía. Agregó que su familia no lo había visitado nunca en siete años que llevaba trabajando aquí.

Ambivalencia Africana
A veces el estilo chino ha creado serias fricciones con trabajadores africanos. En un importante hotel aquí en Lilongwe, los huéspedes del desayuno
miraban asombrados a un agitado vendedor viajero chino que, transpirando profusamente, gritaba a sus empleados minutos antes de que empezaran sus tiradas sobre los suplementos nutritivos.
"Vosotros decís que no es vuestra culpa, pero el modo en que estáis haciendo las cosas es simplemente estúpida, estúpida", barboteó el hombre frente a un puñado de ayudantes africanos, que se veían humillados. "Es que sois increíbles".
Cuando el vendedor finalmente salió del salón, los miembros del personal del restaurante se reunieron cerca de la puerta y ventilaron su disgusto. "No necesitamos que gente como esa venga aquí y nos colonicen de nuevo", dijo uno.
Después de casi siete años en Malawi, Yang Jie, el fabricante de helados, parecía saberlo mejor. Saludando a sus trabajadores en la fábrica de helados, empieza el día preguntando: "¿Cómo dormisteis anoche?"
Uno respondió rápidamente: "Muy bien", sonando un tanto formal.
"No me mientas", respondió Yang, con una maliciosa y amistosa sonrisa. "Está bien si me cuentas tus problemas".

Howard W. French informó desde Lilongwe y Addis Ababa, Etiopía, y Lydia Polgreen desde Lusaka, Zambia, y Dakar, Senegal.

29 de agosto de 2007
©new york times
©traducción mQh
rss


ministro intentó matar a sacerdote


[Celean Jacobson] Ministro de la época del apartheid se declara culpable de conspiración para matar utilizando venenos.
Pretoria, Suráfrica. Un ex ministro de gobierno a cargo de un cuerpo de policía que asesinó a decenas de activistas contra el apartheid se declaró el viernes culpable de intento de homicidio en una conspiración para asesinar a una autoridad de la iglesia impregnando su ropa con veneno.
Según el acuerdo, que puso fin al primer proceso de un ministro del gobierno racista, el ex ministro de Ley y Orden, Adriaan Vlok, no será enviado a la cárcel provisto que no cometa nuevos crímenes en los siguientes cinco años.
El ex jefe de policía de Vlok, Johannes Van der Merwe, logró un acuerdo idéntico, en el que los acusados asistirán a las autoridades en el procesamiento de otros crímenes de la era del apartheid.
La víctima escogida, Frank Chikane, entonces secretario general del Consejo de Iglesias sudafricano y ahora un importante asesor del presidente Thabo Mbeki, dijo que ha perdonado a Vlok y aprueba el acuerdo.
"Estoy contento que todo esto haya terminado y podamos seguir avanzando", dijo Chikane. "Espero que lo que pasó hoy pueda ser usado en el futuro para resolver otros problemas pendientes".
El año pasado Vlok lavó los pies de Chikane como un gesto de expiación por la conspiración de 1989.
Después del acto, Vlok le dio la mano e intercambió números de teléfono con Chikane y expresó su "sincero arrepentimiento" por el intento de homicidio.
"Me gustaría decir: ‘Obedece al Señor y Él sanará la tierra", dijo Vlok, 70.
Otros tres ex oficiales de seguridad de alto rango fueron sentenciado a cinco años de prisión diferida, que tampoco deberán cumplir si no cometen otros delitos en los próximos cinco años.
El portavoz de la Superintendencia de la Fiscalía Nacional [National Prosecuting Authority], Panyaza Lesufi, dijo que los acusados colaborarán en los nuevos procesos, que podrían abrir el camino para una rendición de cuentas más completa de los crímenes del régimen del apartheid.
El fiscal nacional, Vusi Pikoli, saludó el veredicto como una "victoria" para Suráfrica.
Vlok fue ministro de Ley y Orden de 1986 a 1989, cuando se estima que fueron detenidas y torturas unas treinta mil personas. En 1989 surgieron acusaciones de que escuadrones de la muerte de la policía podían estar implicados en el asesinato de más de cien activistas políticos.
Los sobrevivientes de las torturas y familiares de personas que desaparecieron o fueron asesinadas por las fuerzas de seguridad del apartheid se manifestaron frente al tribunal el viernes, así como los familiares de los que murieron en atentados con bombas cometidos por el brazo militar del Congreso Nacional Africano, que ahora gobierna al país. Después de trece años de democracia multiracial, todavía subsisten profundas divisiones entre la mayoría negra y la minoría blanca.
Vlok compareció ante la Comisión de Verdad y Reconciliación, instituida para ayudar al país a arreglar cuentas con el pasado. Fue uno de los cerca de mil sudafricanos que obtuvieron amnistía a cambio de confesar los crímenes cometidos durante desgarradoras audiencias que tomaron dos años. Nunca pidió ser indultado por el intento de asesinato contra Chikane.

18 de agosto de 2007
©fwdailynews
©traducción mQh
rss


sacerdote fue asesinado


[Rob Jillo] Investigación en Kenia determina que muerte de sacerdote hace siete años fue homicidio.
Nairobi, Kenia. La muerte de un sacerdote estadounidense que criticaba abiertamente al gobierno keniata fue homicidio, y no suicidio como había determinado una investigación anterior, resolvió el miércoles un tribunal keniata. El tribunal también ordenó que el gobierno inicie una nueva pesquisa.
Por invitación del gobierno keniata, el FBI había enviado a un equipo para investigar la muerte del Padre John Kaiser en 2000, que concluyó que el sacerdote católico se había probablemente suicidado.
La juez principal, Maureen Odero, que presidió la instrucción sobre su muerte, describió el trabajo del FBI como "gravemente deficiente". Pero dijo que en base a las evidencias disponibles, no podía identificar claramente al asesino de Kaiser.
Un portavoz del FBI en Washington se negó el miércoles noche a hacer comentarios.
Kaiser -67, nativo de Perham, Minnesota, que llevaba 35 años viviendo en Kenia- fue encontrado muerte junto a una transitada autopista entre la ciudad de Naivasha y Nairobi, la capital, el 24 de agosto de 2000. Su escopeta yacía a su lado, y su camioneta estaba en una zanja a unos de diez metros.
Al menos tres agentes del FBI informaron en abril de 2001 que Kaiser sufría de depresión y que probablemente se había pegado un tiro en la cabeza. Pero el informe de más de ochenta páginas no fue un informe policial formal y el FBI reconoció que "este análisis no es un substituto de una investigación exhaustiva y bien planificada y no debiera ser considerado determinante".
Sus conclusiones fueron rechazadas por el difunto senador norteamericano, Paul Wellstone, demócrata de Minnesota, y los colegas de Kaiser, y crecieron los llamados a una nueva pesquisa.
Inicialmente, los policías en la escena del crimen dijeron que creían que había sido asesinado y que la escena fue intervenida para hacerla parecer un suicidio.
"El tribunal rechaza completamente el informe del FBI y en particular la conclusión y resultados de que el Padre Kaiser se quitó su propia vida", dijo Odero. "En base a las evidencias previas a esta pesquisa, el tribunal concluye que el Padre Kaiser encontró la muerte como resultado de un homicidio culposo".
"Es un gran trabajo", dijo Mbuthi Gathenji, el abogado que representa a la familia Kaiser y a la orden de los Misioneros de Mill Hill. "Nuestro objetivo era acabar con la teoría del suicidio y esperamos que ahora las investigaciones sean más profesionales".
Kaiser era conocido por su trabajo en favor de los derechos humanos, y había acusado a algunos de los políticos más poderosos de Kenia de ser responsables de la violencia política de 1991-1992 que fue implementada bajo la pretensión de conflictos tribales.
También ayudó a un grupo de niñas adolescentes a presentar cargos por violación contra un ex y poderoso miembro del gabinete.
La pesquisa tomó cuatro años para concluir, porque al mes de empezar en agosto de 2003, hubo una purga de agentes judiciales corruptos e ineficientes que significó que un tercio de los magistrados keniatas perdieran sus trabajos, exacerbando problemas como la falta de personal y un enorme rezago del poder judicial keniata.

4 de agosto de 2007
©fwdailynews
©traducción mQh
rss


ocho mil criminales en libertad


Ruanda: Liberan a ocho mil detenidos.
Alrededor de 8.000 detenidos, condenados por haber participado en el genocidio de Ruanda en 1994, fueron liberados hoy.
En los últimos años fueron liberados alrededor de 60.000 detenidos por las mismas razones, precisó la Radio Nairobi.
Todos fueron considerados culpables de delitos menores y cumplieron varios años de prisión.
La decisión de liberar a tantos detenidos se debe en parte al hacinamiento de las prisiones de Ruanda.
Muchos familiares de las víctimas reaccionaron ante la liberación de tantos detenidos.
En 1994 en cien días cerca de 800.000 ruandeses de etnia tutsi fueron literalmente exterminados por miembros de hutu.
En la ciudad de Harare, en Tanzania opera desde fines de 1994 un Tribunal penal internacional de la ONU, que juzga a los principales responsables del genocidio.

19 de febrero de 2007
©la nación
rss


juicio por niños soldados


[Nora Boustany] Órdenes judiciales para el juicio del caudillo congolés acusado de reclutar a niños.
El Tribunal Penal Internacional resolvió el lunes que el caudillo congolés Thomas Lubanga Dyilo, acusado de reclutar a niños soldados de hasta diez años para enviarlos a pelear, será el primer procesado por el recién establecido tribunal.
En una audiencia pública en La Haya, el juez presidente Claude Jorda anunció que la evidencia presentada por los fiscales era suficiente para "establecer sólidas bases para creer" que Lubanga es responsable de "crímenes de guerra, que consistieron en el alistamiento y reclutamiento de niños de menos de quince años".
Lubanga, 46, dirigía un grupo en la guerra civil que estalló en el Congo en 1998, incluyendo fuerzas de numerosos países vecinos. Fue detenido en Kinshasa en marzo de 2005 y trasladado a una cárcel de alta seguridad cerca del Mar del Norte holandés al año siguiente. Padre de siete hijos, es doctor en psicología.
Jorda dice que los niños fueron "llevados a matar" en conflictos entre hema étnicos y lendu en la región de Ituri, y que algunos combatientes de menos de quince, murieron. Muchos de los soldados niños fueron sistemáticamente sedados para inhibirles el miedo a la guerra, dijo.
Tres niños y tres niñas, uno de ellos de sólo diez años cuando estalló la guerra civil, estaban entre los entrevistados en la preparación de la acusación.
Reconocido por 104 países, el Tribunal Penal Internacional debe reemplazar el actual sistema de tribunales ad hoc que persiguen a sospechosos de crímenes de guerra en conflictos específicos, tales como las guerras étnicas en la antigua Yugoslavia. Estados Unidos ha rehusado reconocerlo, diciendo que es probable que los procedimientos del tribunal sean politizados y resulten en injustos procesamientos de nacionales estadounidenses.
Lubanga niega la acusación de reclutamiento. Abogados de su equipo de defensa han dicho que el proceso es una maniobra política y compararon a su cliente, presidente de la Unión de Patriotas Congoleses, con Nelson Mandela, de Sudáfrica. Lubanga estaba tratando de impedir que los recursos naturales del Congo -oro, diamante y madera- fueran robados por extranjeros, dijeron.
Naciones Unidas calcula que al año al menos 300 mil niños soldados son enlistados en unidades militares contra su voluntad, a menudo secuestrados cuando iban o volvían de la escuela,
La semana pasada un informe de Human Rights Watch, de Nueva York, acusó a Karuna, un grupo de Sri Lanca disidente de los rebeldes de los Tigres de Tamil, de secuestrar a cientos de niños en el este de Sri Lanka, en complicidad con el gobierno y fuerzas armadas del país, para desplegarlos contra los rebeldes.
La decisión del tribunal el lunes "significa el principio del fin de la completa impunidad que ha prevalecido para los horribles crímenes en el Congo oriental", dijo Richard Dicker, director del programa de justicia internacional para Human Rights Watch, en una conferencia telefónica desde Nueva York. "Al mismo tiempo, esto sólo puede ser el comienzo". Llamó a presentar otros cargos, aparte del reclutamiento.
Raj Purohit, miembro del grupo de derechos Citizens for Global Solutions, de Washington, calificó la resolución del lunes como "un paso muy importante, el de perseguir a los reclutadores... Es un titular, no la bala mágica. Junto a Tribunal Penal Internacional, deberíamos lograr que instituciones financieras internacionales, como el Banco Mundial y otras, estuvieran dispuestas a ayudar a financiar programas de reintegración para reinsertar a los niños soldados en la sociedad".
Otro paso que está siendo considerado, dijo, es la dispensación especial para niños soldados durante negociaciones de paz, de modo que sean tratados como víctimas y no como criminales.

30 de enero de 2007
©washington post
©traducción mQh
rss

la esclavitud de los niños en áfrica


[Sharon LaFranière] El mundo de la esclavitud, a los ojos de un niño de seis.
Kete Krachi, Gana. Justo antes de que dieran las cinco de la mañana, cuando sobre el Lago Volta el cielo aún estaba oscuro, Mark Kwadwo fue despertado en su rincón en el húmedo suelo de tierra. Era hora de ir a trabajar.
Tiritando con el frío del amanecer, ayudó a remar en una canoa a un kilómetro y medio de la playa. Durante cinco horas más, mientras sus colegas arrojan la red de pesca, pulgada a pulgada Mark saca el agua para impedir que la canoa zozobre.
Su último bocado era del día anterior. Su remo de madera roto era tan pesado que apenas si podía levantarlo. Pero obedecía atentamente todas las órdenes de Kwadwo Takyi, el robusto hombre de 31 en la parte de atrás de la canoa, que reparte palizas liberalmente.
"No me gusta aquí", susurró, fuera del alcance de Takyi.
Mark Kwadwo tiene seis años. De unos 13 kilos y medio, con calzoncillos y una camiseta Little Mermaid, se ve más como niño grande que como marinero. Es demasiado pequeño como para entender por qué está en este pueblo de pescadores, a dos días caminando de su casa.
Pero los otros tres niños mayores que trabajan con él saben por qué. Como Mark, son siervos, prestados por sus padres para que trabajen para Takyi por apenas veinte dólares al año.
A menos que esta servidumbre termine en tres o cuatro año, estarán atrapados como los peces en sus redes, obligados a trabajar catorce horas al día, siete días a la semana, en una actividad que incluso pescadores adultos aquí califican de agotadora y, a veces, peligrosa.
Los niños del señor Takyu -conscriptos en un campo de trabajos forzados en miniatura, privados de escuela, de la satisfacción de sus necesidades básicas y de su libertad- son parte de un enorme tráfico en niños que mantienen en vida a las pescaderías, canteras, plantaciones de cacao y arroz y mercados callejeros de África occidental y central. Las niñas son empleadas domésticas, panaderas, prostitutas. Los niños son peones de campo, carretoneros, carroñeros en minas de piedras preciosas y oro abandonadas.
El tráfico de niños no es de ninguna manera algo únicamente africano. En Oriente Medio los niños son obligados a criar camellos, a tejer alfombras en India y llenan los burdeles en todo el mundo en desarrollo.
La Organización Internacional del Trabajo, una agencia de Naciones Unidas, calcula que 1.2 millones de niños al año son vendidos como esclavos en un negocio ilegal que genera hasta diez mil millones de dólares al año.
Los estudios muestran que los niños son más vulnerables en Asia, América Latina y África.
Los niños de África, los más pobres del mundo, conforman gruesamente un sexto del tráfico, según la organización del trabajo. Los datos son escandalosamente escasos, pero sugieren una victimización a gran escala de los niños africanos.
Un estudio de 2002, realizado bajo supervisión de la organización del trabajo, estima que unos 12 mil niños son vendidos y comprados para trabajar en las plantaciones de cacao solamente en la Costa de Marfil. Los niños, que no tienen familiares en la región, limpian las plantaciones con machetes, manejan pesticidas y abren las vainas de cacao.
En un análisis de febrero, la Unicef dice que el tráfico de niños está aumentando en África central y occidental, provocado por los enormes beneficios y controlado parcialmente por redes organizadas que transportan niños dentro y entre los países.
"Sabemos que en África es un enorme problema", dice Pamela Shifman, funcionaria de protección del menor en la sede de Unicef en Nueva York. "Un montón de eso es visible. Se ve a los niños que son explotados. Lo ves. Alguien llevó a los niños al lugar donde están. Alguien está explotando su vulnerabilidad".
Aparte de eso, preguntó: "¿Cómo llegaron aquí?"
John R. Miller, director de la Oficina de Seguimiento y Lucha Contra el Tráfico de Personas, dijo que el término tráfico no transmitía la brutalidad de lo que estaba ocurriendo.
"Un niño no consiente", dijo. "La pérdida de opción, el engaño, el uso del embuste, obligar a alguien a trabajar por nada o por muy poco, las amenazas... es esclavitud".
Algunas familias de África occidental lo ven más como una estrategia de supervivencia. En una región donde casi dos tercios de la población viven con menos de un dólar al día, la compensación por la pérdida temporal de un niño impide que el resto de la familia pase hambre. Algunos padres dicen que sus hijos están mejor aprendiendo un oficio que muriéndose de hambre en casa.
En realidad, en gran parte de la sociedad africana, la idea de que los niños deben estar al cuidado de sus padres no es algo evidente.
Es frecuente que los padres presten a sus hijos incluso a parientes lejanos si pareciera que con ello tendrán una posibilidad de educarse y más oportunidades.
Sólo en los últimos seis años ha quedado en claro cómo los traficantes sacan provecho de esta costumbre, para vender y comprar niños, a veces con menos ceremonia que cuando se compra o vende una cabra.
En 2001, 35 niños, la mitad de ellos de menos de quince años, fueron descubiertos en un carguero en un puerto de Benin. Dijeron que habían sido embarcados a Gabón, para trabajar.
En 2003, la policía nigeriana rescató a 194 niños desnutridos de canteras de piedra al norte de Lagos. Al menos trece niños habían muerto y estaban enterrados cerca de los fosos, dijo la policía.
El año pasado, la policía nigeriana tropezó con 64 niñas, de catorce años y menores, metidas en un camión frigorífico construido para cargar pescado congelado. Habían viajado cientos de kilómetros desde Nigeria central, dijo la policía, y debían trabajar como criadas en Lagos.
En respuesta a esos informes, los países africanos han aprobado toda una carga de leyes contra el tráfico, adoptando o reforzando, solamente el año pasado, una docena de leyes.
El año pasado, hubo cerca de 200 procesos contra traficantes en el continente, cuatro veces más que en 2003, de acuerdo a la oficina de tráfico de personas del ministerio de relaciones exteriores.
Algunos países alientan a las aldeas a formar sus propios comités de vigilancia. En Burkina Fasso, esos comités, junto con la policía, liberaron en 2003 a 644 niños que estaban en poder de traficantes. Sin embargo, funcionarios oficiales en la región dicen que sólo se detecta una pequeña facción de las víctimas.
Gana, un país del tamaño de Oregón de 21 millones de personas, todavía no ha procesado a nadie con la nueva ley contra el tráfico de personas adoptada en diciembre pasado. Pero el gobierno ha tomado otras medidas -incluyendo la eliminación de la matrícula escolar -que obligaba a los jóvenes a abandonar la escuela-, aumentar los registros de nacimiento de modo que los niños tengan identidades legales y hacer pequeños préstamos a unas mil doscientas madres para darles alternativas al préstamo de sus hijos.
La Organización Internacional para las Migraciones, una agencia inter-gubernamental fundada después de la Segunda Guerra Mundial para ayudar a los refugiados, también ha lanzado un programa financiado por Estados Unidos para rescatar a los niños del poder de la industria pesquera.
Desde 2003, dice la organización, se ha rescatado a 587 niños en la región del Lago Volta, de Gana, que han sido trasladados a refugios para darles tratamiento psicológico y médico, y luego reunirse con sus padres o familiares.
"Firmamos un contrato social con los pescadores", dijo Eric Peasah, el representante de área de la agencia en Gana. "Si tienen diez niños, les decimos: ‘Suelten a cuatro, y no pueden tener más, o los llevaremos a juicio'. Una vez que firman, nosotros volvemos y les decimos que queremos que liberen a más".

Para reducir significativamente el tráfico de niños, dice Marilyn Amponsah Annan, que está a cargo de problemas de la infancia a nombre del gobierno de Gana, los adultos deben estar convencidos de que los niños tienen derecho a la educación, a ser protegidos, a no sufrir las tensiones de la adultez y, en resumen, que tienen derecho a la infancia.
"Se ven muchos niños con los pescadores", dice. "¡Esas manitas, esos cuerpos pequeñitos! Siempre es muy triste, porque este es un mundo de adultos.
"Tenemos que educar a estas comunidades porque no saben hacer otra cosa. Creen que esto es lo que tienen que hacer para sobrevivir".
Esa es la defensa favorita de los pescadores en Kete Krachi, a un día de camino por las densas selvas de la capital de Gana, Accra. La pesca es la principal fuente de subsistencia para los estimados nueve mil habitantes de la zona. Los niños la mantienen funcionando.
Aquí casi todas las canoas llevan al menos a un par de niños, algunos de cinco o seis, a menudo bajo la supervisión de un adolescente. Una docena de niños, entrevistados en sus canoas o mientras cosían las deterioradas redes en tierra, dijeron que era un trabajo demoledor, con semanas de trabajo de cien horas y frecuentes golpizas. A todos les invadía el temor de zambullirse en las turbias aguas del lago para desenganchar una red, y no volver a salir.
Un niño de diez años dijo que él a veces está tan cansado que se queda dormido remando. Interrogado sobre cuándo descansaba, otro niño hizo una pausa mientas remendaba una red, aparentemente confundido. "Es lo que usted ve ahora", dijo.
Nunca ven la miseria que ganan. Los pescadores dicen que ellos pagan a los padres o familiares en diciembre, normalmente en viajes a las aldeas de las familias durante las vacaciones de diciembre.
El único solaz de los niños parece ser la naturaleza compartida de su miseria, una camaradería de niños perdidos que no han visto a sus familiares durante años, no controlan su destino y, en algunos casos, fueron engañados con falsas promesas de educación o de un pronto retorno a casa.
En Nkomi, una frondosa isla en el lago, Kwasi Tweranim, un adolescente, y Kwadwo Seaako, de doce o tres años, parecían unidos por el temor y el resentimiento hacia su patrón. Los dos lucen cicatrices de pulgadas de largo en sus cabezas, donde, dijeron, les golpeaba con un remo de madera.
"Me zambullí a desenredar la red y cuando salí mi patrón dijo que había dejado una parte abajo", dijo Kwasi. "Luego vi todo negro y desperté en otro bote. Sólo me salvó la gracias de Dios".
Kwadwo, tartamudeando fuertemente, dijo que había sido castigado porque la red se había enredado en el agua.
No todos los pescadores son tan despiadados. Christian Lissah emplea a ocho niños de menos de trece, la mayoría de ellos parientes lejanos. Dice que sabe que muchos niños son tratados peor que bestias de carga, y que algunos se han ahogado.
"En general, este no es un buen oficio, porque la gente maltrata a los niños", dijo. Sin embargo, dijo que no podía imaginar cómo hacer de la pesca un negocio rentable sin el trabajo de los niños y depende de amigos y conocidos para mantener la oferta -a cambio de una comisión.
"Tienes que encontrar a gente de orígenes humildes, que necesite dinero", dijo. "Algunas personas están ansiosas de librarse de sus hijos".
Los padres de Mark Kwadwo, Joe Obrenu y su esposa Ama, lo vendieron sin lamentarlo. Obrenu es pescador en las costas de Aboadzi, una ciudad montañosa bañada por el sol en el Golfo de Guinea, y su esposa seca la faena para venderla. Pero a menudo se quedan sin comida, dice la tía de Mark, Adwoa Awotwe. En los últimos años han vendido a cinco de sus hijos, dijo, incluyendo a la hermana de nueve de Mark, Hagar, que hace trabajos domésticos para el señor Takyi.
Obrenu consigue niños de sus vecinos, a veces para su eterno pesar. "Fue el hambre, para tener un poco más de dinero; hoy no he comido en todo el día", dice Efua Mansah, cuyo hijo de siete, Kwabena, se subió hace cuatro años a un pequeño bus azul con Takyi para hacer el trayecto de 400 kilómetros hacia Kete Krachi.
Desde entonces sólo lo ha visto dos veces. En todo ese tiempo, Takyi le ha pagado 66 dólares, dijo, y gastó un tercio de la suma en buses y lanchas que usó para ir a cobrar el dinero.
En su choza de un espacio decorada con botellas de plástico vacías, luchó por contener las lágrimas. "Quiero que mi hijo vuelva a casa", dijo.
Mark también lloró cuando le llegó su turno de partir este año, contó su tía, de modo que su madre le dijo que Takyi lo llevaría a ver a su padre. En lugar de eso, fue llevado al recinto de chozas de adobe de Takyi, a un cubículo de medio metro cuadrado con un diminuto ventanuco. Lo comparte con otros cinco niños, tábanos y unos cubos con carnadas para la pesca.
En dos días nunca cruzó una sonrisa los delicados rasgos de Mark. Rara vez dijo algo, excepto asentir o sacudir la cabeza. "Me golpearon en la casa. No recuerdo qué hice, pero me golpeó con la palmeta", dijo sobre el señor Takyi.
Takyi, que duerme y trabaja con la misma camiseta gris, es terriblemente franco sobre su casa. A los niños les puede dar de comer dos veces al día, y no puede vestirlos adecuadamente. Él mismo ha estado remando en el lago desde que tenía ocho años.
"Sé cómo se sienten los niños", dijo. "Porque yo no fui a la escuela y este es el trabajo que tengo que hacer. Yo también lo encuentro difícil".
Sin embargo, no duda en romper una rama de un árbol cercano para despertar a los niños para el turno de medianoche.
"Aquí casi todos los niños son muy problemáticos", se quejó. "Quiero que sean humildes, pero no obedecen mis órdenes".
Una mañana hace poco, su joven equipo, envueltos en delgadas mantas para mantenerse abrigados, caminaron en la oscuridad hacia la playa.
Se subieron a dos canoas estables, aunque hacían agua, buscando en el agua un pedazo de esponja que marcaba dónde habían enganchado la red a troncos de árboles sumergidos. Kwabena, 11, se sacó sus pantalones cortos y se zambulló con un chico de dieciocho para desgancharla, jalándola en un momento con sus dientes.
Mark no domina el ritmo de los remos. Takyi dijo que el niño llora cuando el agua está muy brava o tiene frío. No sabe nadar. Si la canoa zozobra, dijo Takyi, él lo salvará.
"No puedo pagar lo que se les paga a los niños mayores", dijo Takyi cuando Mark sacaba el agua de la canoa con el culo rebanado de una botella de plástico de aceite de cocina. "Es por eso que tenemos que hacer esto. Cuando tenga el dinero, conseguiré otro".
En la otra canoa, Kwame Akuban y Kofi Quarshie sacaban peces de la red con el aire de prisioneros que esperan que termine su condena.
Kofi, 10, dijo que su madre le había dicho que sus ganancias alimentarían a la familia. Pero sospecha que tuvo otro motivo. "No me quieren", dijo quedamente.
Kwame, 12, dijo que sus padres le habían prometido retirarlo al cabo de un año, para mandarlo a la escuela.
"Hace tres años que llevo aquí y no me estoy yendo a casa, y no estoy feliz", dijo, tranquilo.
Como obedeciendo una indicación, Takyi gritó: "Saca más rápido los peces, o te daré con la palmeta".
Huir es una fantasía común entre los niños. Kofi Nyankom, que es del mismo pueblo que Mark y llegó hace tres años, a los nueve, fue uno de los pocos que lo intentó realmente.
En diciembre pasado llegó semi desnudo al pueblo, con la espalda convertida en una masa de cardenales. Dijo que Takyi lo había atado y dado de latigazos.
George Achibra, un funcionario de educación del distrito, pidió la intervención de la policía y Takyi fue obligado a dejar marcharse a Kofi.
Pero Takyi trajo un substituto en cuestión de semanas -más joven, más desamparado, más sumiso. Se llamaba Mark Kwadwo.

29 de octubre de 2006
©new york times
©traducción mQh
rss

grave situación en darfur


[Nora Boustany] Funcionario de Naciones Unidas califica situación en Dardur de horrorosa.
Actos atroces ocurren todos los días en la región de Darfur en Sudán a niveles "horrorosos", dijo ayer un alto funcionario de derechos humanos de Naciones Unidas, agregando que los países en la región estaban "negando" la situación.
La alta comisionada para derechos humanos de Naciones Unidas, Louise Arbour, dijo en una reunión del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra que el gobierno sudanés y sus aliados de la milicia llamada janjaweed eran "responsables de graves violaciones de los derechos humanos internacionales y de las leyes humanitarias".
"Las atrocidades deben parar", dijo.
El reproche de Arbour se produce después de que el Consejo de Derechos Humanos, compuesto por 47 miembros, rechazara una resolución de países europeos y Canadá llamando a Sudán a procesar judicialmente a los responsables de la violencia. En lugar de eso, el consejo adoptó una resolución instando a las partes involucradas en el conflicto a "poner inmediatamente fin a las violaciones en curso" para proteger especialmente a los "grupos vulnerables".
El conflicto empezó a principios de 2003 cuando los rebeldes tomaron las armas contra el gobierno, el que respondió armando y financiando a los Janjaweed, dicen grupos de derechos humanos. Han muerto 450 mil personas por enfermedades y la violencia, y 2.5 millones se han visto desplazadas.
En otra reunión, el subsecretario de Naciones Unidas para asuntos humanitarios, Jan Egeland, dijo que era "muy extraño" que el consejo "guardara silencio sobre Darfur durante tanto tiempo".
"Obviamente no se han reunido con las mujeres violadas ni con los civiles maltratados. Ellos no ven lo que está ocurriendo de verdad", dijo Egeland.
Entretanto, el coordinador humanitario de Naciones Unidas, Manuel Aranda de Silva, dijo en Kartum, la capital de Sudán, que la partida forzada de una organización de ayuda noruega de Darfur este mes había dejado a 300 mil personas sin ayuda.
El ministro de Asuntos Exteriores de Noruega, Raymond Johansen, dijo en una entrevista telefónica desde Oslo que el Consejo de Refugiados Noruego había gestionado el mayor campo para personas desplazadas de Darfur y había sido expulsado por su decidida defensa de los civiles y víctimas de violaciones, y por su mandato de proteger a la gente vulnerable.
Las condiciones en Darfur eran ahora "muy graves", dijo Johansen, que ha visitado en dos ocasiones la región.
El Consejo de Refugiados Noruego dejó Darfur el 10 de noviembre. Las autoridades sudanesas dijeron que el grupo reportó falsamente ochenta casos de violación en las afueras de un campamento en el sur de Darfur y lo acusó de espionaje por informar sobre movimientos de tropas sudanesas, según informó la agencia de noticias Reuters.
"La administración del campo por el Consejo de Refugiados Noruego en el sur de Darfur, el campo de personas desplazadas más grande en el país, ha sido una espina en el ojo para Kartum desde el comienzo mismo", dijo Johansen. El grupo ha documentado la violencia, incluyendo ataques contra mujeres que se han aventurado fuera de los campos a recoger leña.

1 de diciembre de 2006
©associated press
©traducción mQh
rss