Blogia
mQh

áfrica

sátira y libertad en marruecos


[Craig Whitlock] En Marruecos, periodista se trasforma en un problema para la familia real.
Casablanca, Marruecos. El más notorio periodista satírico de Marruecos saca un bolígrafo y muestra lo fácil que es meterse en líos. Garabatea sobre una hoja de papel, bosquejando las torrecillas de un castillo y un bocadillo saliendo de la torre. ¿Se atreve a dibujar otra caricatura sobre el rey?
Ali Lmrabet sonríe, pero no dice nada. Deja el bolígrafo. En Marruecos es un delito grave insultar al Rey Mohammed VI o burlarse de la monarquía. Después de pasar seis meses en la cárcel justamente por eso, Lmrabet decide adoptar alguna precaución, por ahora.
Con entradas y exceso de paso, con una mancha de tinta en el bolsillo de su camisa y gafas amarradas con cinta de pegar, Lmrabet no se ve como si fuera una amenaza para el régimen monárquico en Marruecos. Pero el periodista y antiguo editor de lo que era quizás la revista satírica más desenfrenada del mundo árabe se ha hecho de poderosos enemigos.
"No soy un revolucionario. No hago más que defender la libertad de expresión", dijo Lmrabet en una entrevista hace poco en un polvoriento despacho en Casablanca. "Nunca he dicho que tengamos que cambiar al rey -no, no, no. Pero dije algo sobre lo que está haciendo el rey, que no me gustan. ¿Es eso un delito?"
La respuesta a esa pregunta es un blanco en movimiento en Marruecos, que en los últimos años ha presenciado el rápido desarrollo de una vibrante prensa libre que no tiene iguales en África del Norte o el Medio Oriente.
Ahora diarios y revistas tienen permiso para criticar al gobierno como les plazca, un importante cambio con respecto a los días del padre del rey, Hassan II, que murió en 1999 después de 38 años en el trono. Bajo Hassan II, la información era controlada tan estrechamente que incluso el nombre de su esposa era considerado un secreto de estado. Miles de opositores a la monarquía fueron encarcelados.
Criticar a la monarquía sigue siendo oficialmente un tabú. Pero con el entusiasmo por las libertades recién adquiridas, los periodistas en Marruecos están probando los límites. En enero, una revista tuvo la audacia de dar detalles sobre los hábitos de gastos de la familia real -270 millones de dólares, que pagan los contribuyentes. Aunque el informe provocó un escándalo público, la publicación no fue sancionada.
Pocos han llevado las cosas tan al extremo como Lmrabet, que en 2001 fundó una revista satírica en francés llamada Demain, y una versión en árabe, Doumain, que fueron causaron sensación y fueron éxitos instantáneos por su uso de un crítico humor que se burlaba de los políticos, y de Mohammed VI.
Aunque las revistas tomaron el cuidado de no poner verde al rey, por nombre o por cara, las caricaturas no dejaban mucho a la imaginación. Una mostraba a los cortesanos haciendo cola para besar un gigantesco pie frente al castillo. Otra mostraba sacos de dinero amontonándose en un palacio. Los artículos hacían veladas referencias a la vida amorosa de importantes funcionarios de gobierno.
La cobertura generó abundantes críticas, que retrataban a Lmrabet como un despiadado editor que ataca a la gente sin consideración por los hechos.
"No puedo decir nada sobre el valor profesional de Lmrabet, pero como persona puedo decir que se hace de nuevos enemigos con cada día", dijo uno de sus blancos, el ministro de Justicia Mohamed Bouzoubaa. "Creo que debería darse cuenta y comportarse".
Al mismo tiempo, Lmrabet ha recibido apoyo de círculos inesperados. El príncipe Moulay Hicham, primo del rey, se ha pronunciado a favor del editor.
"Ha hecho su profesión de cruzar las líneas rojas. Muchas veces este periodismo ha sido excesivo e injusto", dijo el príncipe en una conferencia telefónica. "Pero ahora no se trata de Ali Lmrabet, sino de la libertad de expresión, que para mí es un tema mucho más importante".
El 21 de mayo de 2003, Lmrabet fue condenado a cuatro años de cárcel por "insultar al rey" y "perjudicar a la monarquía". Pero antes que silenciarlo, el castigo transformó a Lmrabet en una causa célebre.
Incluso en la cárcel Lmrabet dio muestras de su facilidad para las relaciones públicas. Se declaró en huelga de hambre y generó tanta atención que ganó 50.000 dólares en premios de organizaciones internacionales dedicadas a la protección de los periodistas y de la libertad de expresión. Después de seis meses tras las rejas, fue perdonado por el rey y dejado en libertad.
Desde entonces tratando de reiniciar la publicación, para incomodidad del gobierno, que públicamente mantiene su compromiso hacia las nuevas medidas sobre la libertad de expresión, pero no está exactamente ansioso de darle de nuevo a Lmrabet una plataforma.
En marzo, después de meses de batalla con los reguladores de los medios de comunicación, Lmrabet recibió un permiso temporal, permitiéndole empezar una nueva revista. En una entrevista de esa época, sin embargo, predijo que el gobierno continuaría colocando obstáculos en su camino. "Creo que la voy a publicar de nuevo, pero también creo que me lo van a poner muy difícil", dijo.
Esta semana se demostró que tenía razón. Un juez de Rabat lo encontró culpable de difamación por unos comentarios que hizo en una entrevista en otro diario, en la que cuestionó las afirmaciones del gobierno sobre la condición de los refugiados en Sahara occidental. Como castigo, fue multado con 6.000 dólares y excluido de la práctica del periodismo durante 10 años.
Aunque no está claro si la condena será aplicada, el grupo de Reporteros Sin Fronteras, con sede en París, calificó la decisión de "una seria mancha para la libertad de expresión y la prensa en Marruecos", y agregó: "Es obvio que las autoridades marroquíes quieren silenciar a Ali Lmrabet en momentos en que se preparaba para editar un nuevo diario".

26 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh

el candidato africano


[Craig Timberg] El chamán espiritual de Nigeria considerado en el Vaticano. Candidato papal de la vieja escuela fomentó el crecimiento de la iglesia.
Onitsha, Nigeria. La leyenda del cardenal Francis Arinze, candidato para ser el primer Papa de África en 1.500 años, se deriva de un momento de crisis en el centro de la Nigeria católica. A principios de los años setenta el gobierno ordenó a todos los sacerdotes europeos y estadounidenses -la mayoría de la jerarquía católica de la época- que se marcharan del país.
La purga política dejó a Arinze y a un puñado de sacerdotes nigerianos con una tarea gigantesca y pocos recursos para emprenderla, dijeron aquí autoridades de la iglesia. Pero Arinze, el primer arzobispo nacido en África en este sucio centro comercial junto al río Níger, se movilizó rápidamente para remplazar con nigerianos a los occidentales expulsados.
Nombró a laicos, incluyendo a mujeres, en posiciones claves, dijeron líderes de la iglesia. Recorrió la región en su destartalado Peugeot blanco, reclutando jóvenes para el sacerdocio mediante llamados apremiantes y simples. Con su maestría del idioma y cultura de la región, esos nuevos sacerdotes finalmente demostraron ser más eficientes que los extranjeros a la hora de conquistar nuevos fieles.
El rápido cambio hacia un liderazgo nigeriano, dicen aquí muchos, ayudó a transformar esta arquidiócesis en una de las comunidades católicas de más rápido crecimiento en África, que a su vez es el continente donde la iglesia crece más rápidamente que cualquier otra. Desde la purga de los sacerdotes nacidos en el extranjero, en el territorio que era antes supervisado por Arinze los miembros de la iglesia se han quintuplicado a través de una combinación de conversiones y el floreciente tamaño de las familias católicas. Dos de cada tres habitantes de la zona son católicos.
Cuando en 1985 Arinze se trasladó a un cargo en el Vaticano, después de casi 18 años como arzobispo de Onitsha, dejó atrás una iglesia construida a su imagen: devota, humilde, profundamente conservadora en cuestiones morales y distintamente africana. Son las mismas cualidades, dijeron católicos aquí, que Arinze, 72, llevaría al papado si fuera elegido para suceder a Juan Pablo II en el cónclave que empieza el lunes. Analistas del Vaticano colocan a Arinze entre el puñado de principales contendientes, junto con al menos dos latinoamericanos.
Las opiniones decididamente tradicionales de Arinze en asuntos sexuales han provocado algunas críticas. En un discurso en Washington en 2003, denunció la homosexualidad y la pornografía; el año pasado sugirió que los católicos que apoyan el aborto deberían ser excluidos de la santa comunión.
Entre los católicos nigerianos, las charlas sobre la posibilidad de que Arinze se transforme en Papa provocan una mezcla de euforia y escepticismo. Muchos dudan que una iglesia que ha sido manejada tanto tiempo por europeos elija a un líder africano, incluso si la iglesia se ha desplazado decisivamente hacia el sur. América Latina y África, junto con regiones en desarrollo en otros continentes, son ahora el hogar de dos tercios de todos los católicos. De1 1.1 billón de católicos del mundo, unos 150 millones viven en África, y unos 19 millones de esos viven en Nigeria.
"Alguna gente dice que si no fuera por su color, Arinze ciertamente es el más cualificado", dijo George Adimike, 26, un locuaz seminarista de aquí envuelto en una larga sotana blanca y sandalias negras. "Si tuviéramos un Papa africano, mostraría que la humanidad es algo universal".
Adimike es uno de los más de 1.000 seminaristas preparándose para el sacerdocio en la región sur de Nigeria. En el campus de Onitsha las oraciones empiezan a las 5:20 de la mañana. Cuando se anuncia el amanecer, los jóvenes ya han estado meditando durante una hora para preparar la misa, dicha en lengua ibo al suave ritmo de tambores.
El seminario universitario más reciente, que abrió sus puertas en 2000 para responder al aumento de las matrículas, fue llamado en honor al Padre Michael Tansi, un antiguo profesor de Arinze que fue beatificado en 1998, colocándolo en ruta para transformarse en el primer santo de África occidental. Hay una estatua de Tansi en el jardín del campus y su cara intensa y con gafas adorna las sotanas ceremoniales que llevan aquí algunos sacerdotes.
Rebosante de seminaristas, la arquidiócesis de Onitsha envía cada vez más frecuentemente a sus jóvenes sacerdotes al Chad, Camerún, Sierra Leona e incluso a Europa y Estados Unidos, donde el reclutamiento de nuevos sacerdotes ha estado quedándose atrás. La fe católica se ha convertido convincentemente en el más importante producto de exportación de una región que contribuye con pocas otras cosas al mundo aparte pastillas de freno y aceite de palma.
"Aquí la iglesia es todavía joven, así que la gente tiene mucho entusiasmo, como fue antes en Europa y América", dijo Ignatius M.C. Obinwa, rector del seminario. "Ahora nos toca a nosotros producir sacerdotes y enviarlos a evangelizar a otros lugares. Nos han alimentado. Ahora nos toca alimentarles a ellos".
Incluso más allá de los ordenados jardines del seminario, el vigor del movimiento religioso construido por Arinze es difícil de pasar por alto: Muchos camiones en las carreteras llevan dibujos de Jesús en sueltas sotanas o mensajes cristianos como "Jesús Es el Camino". En tenderetes junto al camino, entre pilas de basura, se venden coloridas estatuas de tamaño natural de Jesús y la Virgen María. Se puede ver a las monjas cruzando las miserables y peligrosas calles de Onitza en el asiento trasero de motocicletas.
Los primeros misioneros católicos llegaron desde Europa en 1885, y la mayoría de ellos pagó el precio último, al morir de malaria y otras enfermedades tropicales. Pero la tribu ibo dominante aquí, cuya religión tradicional tenía elementos de sacrificio y rituales similares a los del catolicismo, empezó a aceptar la nueva fe. Eso fue especialmente verdad después de que misioneros irlandeses empezaran a construir a principios del siglo 20 las primeras escuelas de la región, tentando a muchos practicantes de la religión ibo tradicional a enviar a sus hijos a escuelas dirigidas por misioneros, la mayoría blancos.
Cada vez más nigerianos empezaron a ocupar puestos de autoridad en la iglesia con Tansi y más tarde con Arinze, que fue criado como ibo pero se convirtió al catolicismo a los 9 años. Fue nombrado arzobispo en 1967, al comienzo de la guerra en el estado separatista de Biafra, con la que los ibo y otras tribus del sudeste trataron de independizarse de un gobierno autoritario. Tras el fin de esa guerra en 1970, los victoriosos federales del gobierno expulsaron a los sacerdotes nacidos en el extranjero por haber supuestamente apoyado la causa de los rebeldes.
Después de organizar una visita del Papa Juan Pablo II a Onitsha en 1982, Arinze se trasladó al Vaticano en 1985 y finalmente se transformó en el asesor del Papa en cuestiones rituales y sacramentales. También fue el enlace con otras religiones, como el islam, lo que le permitió usar su experiencia en Nigeria, donde el norte es predominantemente musulmán.
Desde su posición en el Vaticano, Arinze se ha transformado en una figura controvertida para muchos católicos americanos debido a sus rígidas opiniones doctrinarias. Arinze anunció durante las elecciones presidenciales norteamericanas de 2004 que a los católicos que no actuaban contra el aborto -un grupo que incluía al nominado presidencial demócrata John F. Kerry- no debería dejárseles tomar la eucaristía durante misa.
Un año antes, Arinze provocó conmoción y protesta en la Universidad de Georgetown, cuando como orador de la graduación denunció lo que llamó amenazas contra la vida de familia.
"La familia está siendo atacada en muchas partes del mundo", dijo a los estudiantes. "Está siendo atacada por una mentalidad enemiga de la vida, que vemos en la contracepción, en el aborto, en el infanticidio y en la eutanasia. Se la desdeña y es trivializada en la pornografía, profanada por la fornicación y el adulterio, hecha objeto de burla por la homosexualidad, saboteada por uniones irregulares y cortada en dos por el divorcio".
Esas declaraciones no son controvertidas en Onitsha, o entre los católicos en la mayoría de los países africanos, donde la homosexualidad es a la vez ilegal y considerada anti-natural. La doctrina del Vaticano contra el aborto, la eutanasia y la contracepción provocan aquí poco disentimiento. Y aunque los seminaristas reconocen la dificultad de mantener sus votos de castidad, dicen que el sacrificio es central en su concepción del sacerdocio.
"Yo tengo impulsos sexuales", reconoció Augustine Umeh, 27, un seminarista de suave voz. Pero agregó: "Si estás solo, toda tu mente y todo lo demás se centrarán en la iglesia, en la gente de la parroquia".
"Si la iglesia dijera que los sacerdotes se pueden casar, abandonaríamos el seminario", declaró Umeh. "Nosotros apreciamos el celibato".
Para Umeh y otros jóvenes, la notoria corrupción y desigualdades sociales en Nigeria también sirven como inspiración para hacerse sacerdotes. Dicen que hay pocas otras opciones que les permitan mantenerse apartados de los tratos comerciales ilícitos que son centrales en la política y los negocios aquí.
Pero más que nada, estos fervientes jóvenes católicos dicen que han recibido un llamado de Dios para servir, como sus héroes Tansi y Arinze antes que ellos.
En sus dos décadas en el Vaticano, Arinze ha seguido siendo un visitante regular de Onitsha y también de su aldea natal Eziowelle, a una media hora por caminos de tierra profundamente surcados. Una visita programada para agosto puede ser todavía más significativa para los seminaristas que se gradúen en Onitsha, que serán ordenados por Arinze.
Sin embargo, teniendo en cuenta el cónclave, saben que pueden intervenir otras fuerzas.
"Si lo eligen Papa", dijo Livins Ugocsukwu, 29, "¿quién sabe?"

17 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh

darfur no puede esperar


A pesar de las conferencias, la situación en Darfur sigue siendo desesperada.
Durante más de una docena de años antes de que el gobierno sudanés empezara a matar a sus ciudadanos en la región occidental de Darfur -una carnicería que continúa-, combatía a rebeldes en el sur. El jueves, una veintena de países prometió 4.5 billones de dólares en los próximos dos años para tratar de impedir la muerte por hambre de los que ya se encuentran devastados por la violenta guerra civil anterior, en parte construyendo carreteras y otras obras de infraestructura. Eso representa un alentador inicio de las reparaciones de una inmensa área del país, pero no mejora la suerte de la gente de Darfur.
La guerra norte-sur duró 21 años y terminó con la vida de 2 millones de personas antes de que se firmara un tratado de paz en enero.
Los sureños, la mayoría de los cuales son cristianos o animistas, y el norte fundamentalmente árabe musulmán acordaron compartir los beneficios del petróleo y accedieron a que el sur resuelva en una votación de aquí a seis años si continuará siendo parte del país.
En Darfur, el número de bajas es mucho más bajo -decenas de miles de muertos debido a la violencia, a las enfermedades y al hambre-, pero la rebelión contra el gobierno empezó allí hace sólo dos años. Las capitales del mundo están haciendo lo correcto para terminar con lo que el antiguo ministro de Relaciones Exteriores calificó de genocidio, pero se necesita una respuesta más robusta para impedir otro Ruanda.
El mes pasado Estados Unidos tardíamente se apartó del camino y accedió a que el Tribunal Penal Internacional de Naciones Unidas juzgue a los sudaneses acusados de asesinar a residentes de Darfur, la mayoría de los cuales son africanos negros, no árabes. El gobierno ha apoyado a las milicias árabes en las campañas de asesinatos que han desplazado a decenas de miles de personas hacia campamentos de refugiados.
Estados Unidos había propuesto instalar un tribunal separado en África para juzgar a los acusados. Washington se ha negado a unirse a casi 100 otros países que ratificaron el tratado que establece el Tribunal Penal Internacional, preocupado de que soldados y civiles estadounidenses puedan ser objeto de persecuciones políticas. Otros países dicen que el tratado tiene salvaguardas que lo impiden, pero ofrecieron garantías de que ciudadanos estadounidenses en Sudán serán excluidos de acusaciones del tribunal.
Pero más importante que los juicios, es terminar con las matanzas. Naciones Unidas y la Unión Africana, cuyos países tienen 2.000 soldados en misión de paz en Darfur, informaron que 350 milicianos habían arrasado con una aldea la semana pasada, "matando, quemando y destruyendo todo lo que encontraron a su paso".
Naciones Unidas ha autorizado 10.700 soldados en misión de paz para el sur de Sudán; al menos la mitad deberían ser enviados a Darfur, donde la urgencia es más grande.
No se puede permitir que Darfur espere otra década o más a que terminen las limpiezas étnicas. Más que otra conferencia en la que algunos países prometan billones de dólares más en ayuda para reconstruir aldeas, plantar nuevas cosechas y llevar de vuelta a los refugiados, es conveniente aumentar ahora las fuerzas de la Unión Africana y asegurarse de que cuenten con los equipos y medios de transporte necesarios para terminar con el último baño de sangre.

16 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

católicos en áfrica


[John Donnelly] Algunos católicos desafían a Roma, modelando sus iglesias de acuerdo a las necesidades y costumbres del continente.
Poortjie, Sudáfrica. Todas las noches en la casa de Mokhali, la casa Payi, y en cientos de otros hogares en las extensas villas miseria al sur de Johanesburgo, la gente agradece en sus oraciones por la iglesia católica.
Algunos pertenecen a otras iglesias, pero no importa. Los católicos les han dado nueva vida en su lucha contra el sida, repartiendo drogas antirretrovirales, visitando sus casas para cuidar de los enfermos y dando comida a los huérfanos.
"Si no fuera por la iglesia, no tendríamos tratamiento", dijo Matumelo Mokhadi, 34, que con su hija de 11, Relebohile, empezaron a recibir medicación para el sida hace tres meses. "Estoy viva gracias a Dios".
Mientras la iglesia católica se prepara para iniciar una nueva era con un nuevo Papa, sus iglesias africanas están forjando senderos diferentes al de sus iglesias hermanas de otros continentes, en gran parte en respuesta a los apremiantes problemas de los pobres entre ellos. En toda África, algunos de los problemas más grandes están relacionados con el sida, la pobreza, la tiranía política, y cómo una parroquia retiene su color africano -y sigue siendo relevante para sus feligreses.
Pero las reglas del Vaticano y las realidades africanas chocan a menudo y las consecuencias pueden ser severas y divisivas, y a veces llevan a algunos en la iglesia a tomar decisiones privadas que contradicen los dictados de Roma.
Esto es particularmente verdad con el trabajo sobre el sida. El Vaticano se opone al uso de condones en toda circunstancia como parte de su oposición a la contracepción que dificulta la transmisión de la vida. Pero algunos sacerdotes y monjas los reparten privadamente de todos modos. Hay otros ejemplos de colisión de culturas: La gente recuerda un incidente en el que un sacerdote sacrificó a una cabra en la misa -un ritual de purificación tradicional en África que algunos católicos apoyan, pero que dejó a las autoridades de la iglesia horrorizadas. Fue un ejemplo extremo, dijeron varios funcionarios de la iglesia, de los muchos incidentes en los que las costumbres locales se han incorporado en la liturgia.
"A veces, las enseñanzas de la iglesia son una cosa y las prácticas de la gente son totalmente diferentes", dijo Zanetta Jansen, socióloga y miembro de la Iglesia de San Martín de Porres, una congregación fundamentalmente negra en el barrio Sunnyside de Pretoria.
Funcionarios de la iglesia de Senegal a Lesoto, hablando a condición de conservar el anonimato, han dicho en entrevistas en los últimos dos años, que han repartido condones en algunos casos, como por ejemplo cuando un marido es sero positivo y el otro no tiene el virus, o cuando la gente tiene normalmente sexo fuera de sus relaciones oficiales. Jansen también ha oído historias en áreas rurales de Sudáfrica.
Su interpretación es que "el mensaje de compasión y empatía humana es, tanto como su doctrina, parte de la iglesia. No quieren condenar a la gente si no se puede abstener" del sexo.
Esta batalla sobre la posición de la iglesia en la sociedad, y su relevancia para la vida de la gente, ocurre en una época en que las iglesias africanas de todas las denominaciones están creciendo más rápidamente que todas las otras desde los primeros tiempos de la cristiandad.
Se estima en 390 millones los cristianos en África actual, casi tres veces más que hace 35 años, y casi la mitad de la población del continente. Los católicos son casi 120 millones de los cristianos; el crecimiento de la iglesia católica no está ni cerca del de los grupos evangélicos, pero el poder de sus números fue reconocido por el Papa Juan Pablo II hace diez años cuando dijo: "Parece que ha llegado la hora de África" dentro de la iglesia.
Mientras el corazón de la iglesia católica está en Roma y el centro espiritual de la cristiandad está en Jerusalén, pronto el centro geográfico de los cristianos estará Nigeria. Los demógrafos lo llaman el "centro de gravedad" de la fe -el punto en el planeta donde vive el mismo número de creyentes al norte, sur, este y oeste.
Ese punto está cerca de la casa del cardenal Francis Arinze, de Nigeria, que se crió como animista -un creyente en los espíritus del mundo natural- en la tribu ibo, pero se convirtió al cristianismo. Después de una larga carrera en el Vaticano, durante la cual supervisó las relaciones con otras religiones, Arinze, 72, es ahora frecuentemente mencionado como sucesor del difunto Papa y quizás el primer pontífica negro en 1.500 años. Otros candidatos prominentes son de América Latina y Europa.
A pesar del vigor de la cristiandad en África, la iglesia católica está acosada de varios problemas aparentemente intratables. Uno de ellos tiene que ver con las tensiones con los musulmanes, especialmente en la división norte-sur en Nigeria y Sudán. En el área en torno a la ciudad de Jos en la meseta central de Nigeria, por ejemplo, han estallado en varias ocasiones en los últimos cinco años choques violentos entre cristianos y musulmanes, dejando miles de muertos.
Otro es que los líderes católicos a menudo reciben poco apoyo cuando denuncian temas de injusticia social. El Liberia, el arzobispo Michael Taylor ayudó a dirigir la exitosa campaña que finalmente derrocó al presidente Charles Taylor; este mes, Pius Ncube, arzobispo de Bulawayo en Zimbabwe, llamó a una revuelta pacífica contra el presidente Robert Mugabe antes de las elecciones del 31 de enero, pero fue una voz en el desierto.
Pero los problemas más apremiantes de la iglesia en algunas áreas es que las iglesias pentecostales y evangélicas han estado atrayendo en grandes cantidades a los católicos a sus filas con promesas de que los predicadores pueden curar sus enfermedades y con servicios emocionales incluyendo confesiones públicas.
Sin embargo, un servicio católico en una iglesia africana negra no es un asunto formal, no pareciéndose casi en nada a los que se hacen en las parroquias blancas en Estados Unidos o Europa. Ayer en el servicio de la Iglesia de San Martín de Porres, las voces de 500 feligreses flotó por las calles de Pretoria. Los feligreses bailaron en línea para recibir la comunión. La misa duró casi dos horas.
"Los africanos no vienen a la iglesia a sentarse; vienen a participar", dijo el Padre Craigh Laubscher, secretario del Departamento Ecuménico y de Diálogo Interreligioso de la Conferencia de Obispos Católicos Sudafricanos, en Pretoria. "El año pasado fui a una iglesia en Europa y estaba muerta. Yo quería traer a todo el mundo a África y mostrarles cómo hacemos las cosas aquí".
Pero hay límites. Estos se hicieron aparentes hace tres años cuando un sacerdote en el área de Pretoria sacrificó una cabra durante un servicio. Provocó un comentarios de la Conferencia Arzobispal de Pretoria sobre la cultura local invadiendo la liturgia de la iglesia. Un resultado fue la exclusión de los sacrificadores de cabras.
"Fue abusar de la liturgia", dijo Sor Jordana Maher, la coordinadora litúrgica nacional de la conferencia. "La sangre de las cabras sería inútil" como símbolo durante la misa. No todo el mundo estuvo de acuerdo en cómo se solucionó el problema.
En Orange Farm, Sor Elaine Pearton, que dirige el programa católico de tratamiento del sida, dijo que los obispos católicos deberían dialogar con las congregaciones antes de tomar medidas.
El sacrificio de la cabra, dijo, tenía por intención mostrar que el derramamiento de sangre significa que se da nueva vida a la tierra, que entonces nutrirá a los feligreses. "La decisión de la conferencia dividió en dos a la parroquia", dijo Pearton.
En comparación, la iniciativa de la iglesia sobre el sida ha estado relativamente libre de controversia y es muy apreciada.
"La iglesia católica se acercó a comunidades pobres, marginadas, como Orange Farm, antes de que el gobierno definiera su política de tratamiento, y eso significó un cierto grado de coraje", dijo Mark Heywood, tesorero nacional de la Campaña para el Tratamiento, el grupo lobbista más activo de África en pro de la difusión del tratamiento anti-sida.
Heywood no oculta sus críticas de la posición de la iglesia sobre el condón. "Sigue siendo una terrible abolladura en su respuesta general" de que están dispuestos a hacer compromisos sobre cuestiones sexuales, dijo. "Si un nuevo Papa conduce a más propaganda conservadora contra los condones, o procura más espacio, es una pregunta importante. En este punto de la epidemia, esas preguntas son fundamentales para el futuro de África".
En África del Sur, los grupos católicos están tratando con drogas antirretrovirales a unas 2.300 personas, más que en algunos países africanos. En Orange Farm, un racimo de villas miseria con 1.5 millones de habitantes, o más que todo Botswana, hay menos de 100 personas en programas de tratamiento del sida -todos gestionados por proyectos católicos.
"Estamos cuidando de los que son abandonados por el resto de la sociedad", dijo Pearton un día la semana pasada, sentada en su clínica de Orange Farm. "Desde el principio, la iglesia ha rellenado la brecha cuando no ha habido suficiente ayuda para la agente, y es el caso de la gente con sida".
A un kilómetro y medio de los surcados caminos de Orange Farm, Beauty Payi, 69, es una de las beneficiarias indirectas de la iglesia. Había estado preocupada de que su hija, Ruth, 35, muriera pronto de sida. Entonces se enteraron del programa de la iglesia. Ahora, después de dos meses de tratamiento, Ruth Payi todavía anda por ahí con alguna dificultad, pero Beauty Payi tiene nuevas esperanzas.
"Rezo para que mi hijo se recupere, que Dios aumente sus años de vida", dijo Beauty Payi, mirando a su frágil hija, ella misma una madre de tres hijos. "Agradezco a los católicos por ayudarla".

Al autor se puede escribir a: donnelly@globe.com.

13 de abril de 2005
©boston globe
©traducción mQh

51 sudaneses acusados


[Warren Hoge] Fiscal de Tribunal Internacional compone lista de 51 sospechosos sudaneses de crímenes contra la humanidad.
Naciones Unidas. El fiscal jefe del Tribunal Criminal Internacional TCI recibió una lista de 51 sospechosos de la campaña de matanzas étnicas en la región de Darfur en Sudán, que le hizo llegar el secretario general Kofi Annan, abriendo el camino para los tribunales por crímenes de guerra de La Haya.
La lista confidencial, que se dice que incluye los nombres de importantes funcionarios del gobierno sudanés, milicianos, oficiales del ejército y comandantes rebeldes, fue compilada en enero por una comisión de Naciones Unidas. Reportó entonces que se cometieron en Darfur crímenes de guerra "no menos serios y atroces que el genocidio" y recomendó su enjuiciamiento por el tribunal internacional.
En los meses que van de la compilación de la lista y la resolución del Consejo de Seguridad el jueves que asignó los juicios al Tribunal Criminal Internacional, el Consejo hizo frente a las vehementes objeciones de Estados Unidos al tribunal. El gobierno de Bush cedió después de que el Consejo accediera a una formulación en la resolución que exime a estadounidenses de ser procesados por el tribunal.
Annan entregó la lista al funcionario del tribunal Luis Moreno Ocampo en el mismo sobre sellado que fue presentado a la comisión en enero. En respuesta, Moreno Ocampo, un antiguo abogado de derechos humanos de Argentina, dijo: "Ahora tenemos una tarea común: terminar con la cultura de la impunidad".
En las oficinas del tribunal en La Haya, los funcionarios tomaron posesión de nueve grandes cajas que contienen miles de documentos de la comisión documentando extensas violaciones, asesinatos e incendios provocados por milicias árabes itinerantes que con consideradas responsables del desplazamiento forzoso de 2.4 millones de aldeanos africanos negros y de la muerte de hasta 300.000 personas en Darfur.
Serge Brammertz, el fiscal instructor, dijo que era demasiado pronto como para decir cuándo se emitirán órdenes de detención y acusaciones, y expresó su esperanza de que Sudán colabore con el tribunal.
Sudán ha dicho que se negará a entregar a cualquiera de sus ciudadanos que deba enfrentarse a un juicio en el extranjero y que procesará por propia cuenta a los sospechosos de crímenes de guerra. El presidente Omar al-Bashir hizo un juramento público el lunes, diciendo "tres veces en el nombre del Señor Todopoderoso nunca entregaré a un nacional sudanés a un tribunal extranjero".
Moreno Ocampo dijo que "evaluaría cuidadosa e independientemente" los procedimientos que el gobierno sudanés dice que están siendo implementados en Kartum. También pidió a individuos, gobiernos, la Unión Africana y Naciones Unidas que colaboren con las pesquisas.
En Kartum decenas de miles de sudaneses se manifestaron el martes a favor de una campaña del gobierno denunciando la resolución del Consejo de Seguridad ordenando el enjuiciamiento de los sospechosos de crímenes de guerra por el tribunal internacional. Se pararon para demostrar ante las sedes locales de las embajadas del Reino Unido y Estados Unidos, y de Naciones Unidas.

6 de abril de 2005
©new york times
©traducción mQh

onu aprueba tribunal para sudán


[Nick Wadhams] Naciones Unidas han aprobado resolución sobre sospechosos de crímenes de guerra en Sudán. A cambio de concesiones, Estados Unidos suspende el veto.
Naciones Unidas. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó anoche una resolución para procesar a sudaneses sospechosos de crímenes de guerra en el Tribunal Criminal Internacional, después de que Estados Unidos revirtiera su posición y accediera a no usar su derecho a veto.
Estados Unidos obtuvo importantes concesiones, incluyendo las garantías que exigía para que los estadounidenses que trabajan en Sudán no sean entregados ni al Tribunal Criminal Internacional ni a los tribunales de otros países si eran acusados de crímenes en Sudán.
Mientras observaba el secretario general Kofi Annan, el consejo votó 11-0 con 4 abstenciones -Estados Unidos, Argelia, Brasil y China.
"Esta resolución marca un cambio decisivo, ya que envía un mensaje más allá de Darfur a todos esos culpables de crímenes contra la humanidad y de crímenes de guerra que han creído demasiado a menudo que están más allá del brazo de la justicia", dijo el embajador francés ante Naciones Unidas, Jean-Marc de la Sablière.
La embajadora interina de Estados Unidos ante Naciones Unidas dijo que Estados Unidos todavía "objeta en lo fundamental" a la corte, pero estaba resuelto a hacer algo sobre Sudán.
"Es importante que la comunidad internacional hable con una sola voz para ayudar a fomentar responsabilidades efectivas", dijo Patterson.
Incluso con concesiones legales, la decisión de Estados Unidos de no vetar fue un cambio importante. El presidente Bush se ha opuesto activamente al tribunal, y los diplomáticos norteamericanos han dicho repetidas veces que se oponían a cualquier variación que presentara el caso de Sudán ante el tribunal.
El miércoles funcionarios del gobierno de Bush dijeron que considerarían dejar de lado sus objeciones para usar el Tribunal Criminal Internacional para juzgar a sospechosos sudaneses a camio de las garantías legales que obtuvo para sus ciudadanos. Pero la amenaza de un veto estadounidense estuvo presente cuando los diplomáticos buscaron un lenguaje aceptable para todos.
Francia, Reino Unido y otros siete países miembros del Consejo de Seguridad han ratificado los estatutos del Tribunal Penal Internacional, y otros dos han firmado y se espera que los ratifiquen. En total, participan 98 países en el tratado y 139 son signatarios.
El documento es el último de tres resoluciones del Consejo de Seguridad con el objetivo de ejercer presión sobre Sudán para que termine la crisis en Darfur, donde el número de muertos en el conflicto entre milicias respaldadas por el gobierno y rebeldes en Darfur se calcula que ha alcanzado las 180.000 personas.
Una resolución refuerza el embargo de armas e impone el congelamiento de capitales y prohibición de viajar de los que se oponen a los esfuerzos de paz. La otra enviará 10.000 tropas en misión de paz de Naciones Unidas para supervisar el acuerdo de paz entre el gobierno y los rebeldes sureños que terminó con 21 años de guerra civil. El consejo espera que la resolución también ayudará a Darfur a avanzar en el camino de la paz.
Un veto a la tercera resolución pudo haber sido políticamente perjudicial y torpe debido a que el proceso de los sospechosos de crímenes de guerra habría quedado en el limbo y debido a que Estados Unidos era el principal partidario de acusar a funcionarios sudaneses de genocidio en Darfur.
El gobierno de Bush quería un tribunal africano para juzgar a los acusados de crímenes de guerra, pero la propuesta de Estados Unidos contaba con poco apoyo.
La decisión de Estados Unidos de permitir que el tribunal procese a los responsables de crímenes de guerra podría agriar a los conservadores para quienes el tribunal es un cuerpo sin responsabilidad que no puede ser confiado. Entre los opositores se encuentra John Bolton, subsecretario de estado para el control de armas y la seguridad internacional y nominado para ser el próximo embajador estadounidense ante Naciones Unidas.
El borrador refiere los casos de Darfur desde el 1 de julio de 2002, al Tribunal Criminal Internacional. Esa fue la recomendación de una comisión de Naciones Unidas que concluyó en enero que en la región occidental de Sudán se habían cometido crímenes contra la humanidad -pero no genocidio.
Las negociaciones finales giraron sobre el lenguaje del párrafo sexto de la resolución, que dice que los ciudadanos de países que no han ratificado el tratado que establece el tribunal sólo pueden ser procesados por sus tribunales nacionales. Varios diplomáticos dijeron que lo objetaron porque el temido párrafo seis debilitaba seriamente al tribunal criminal.

1 de abril de 2005
6 de abril de 2005
©boston globe
©traducción mQh

fantasmas en el palacio


[Sharon LaFraniere] Una historia de fantasmas se pone fantasmagórica para periodistas de Malawi.
Ilongwe, Malawi. El presidente de Malawi, Bingu wa Mutharika, pasó este mes una semana en la sede de la Unión Europea en Bruselas, puliendo su imagen como líder progresista comprometido con estrategias modernas para montar a su empobrecido país en el siglo 21.
Cuando volvió a casa lo recibió una lluvia de informes de prensa de que había desalojado su palacio de 300 habitaciones porque creía que estaba infestado de fantasmas. Dos periodistas citaron al asesor espiritual del presidente diciendo que el presidente había llamado a líderes religiosos para que expulsaran a los malos espíritus. Un tercer periodista informó que el presidente sentía que unos roedores invisibles se le arrastraban por encima en las noches.
No es impensable que un antiguo economista del Banco Mundial como Mutharika, ducho experto en materias sobre cómo controlar la inflación e impulsar el desarrollo, se inquiete sobre la posibilidad de espíritus. En muchas partes del África sub-sahariana las supersticiones tradicionales coexisten perfectamente con la sensibilidad moderna.
Pero no es verdad, de acuerdo a Mutharika. "Todavía no he visto fantasmas", dijo al volver de Europa. "Nunca les he tenido miedo".
Determinados a sepultar la historia, los funcionarios enviaron antes del amanecer del 15 de marzo a 20 agentes de policías a arrestar a dos periodistas de la ciudad más grande del país, Blantyre, en el sur de Malawi. Los periodistas fueron llevados a una comisaría aquí en la ciudad capital a unos 480 kilómetros, encarcelados durante una noche y ahora corren el riesgo de ser procesados bajo una ley de la época colonial que prohibía ridiculizar al presidente.
Ahora la cuestión no es tanto si Mutharika cree o no en fantasmas, sino si cree firmemente o no en la libertad de prensa.
Ishmael Wadi, el fiscal nacional, dice que los informes de prensa fueron demasiado irresponsables como para ser ignorados. Si la asociación de prensa local no accede a llamar la atención de los periodistas, dijo, él iniciaría acciones judiciales que les podrían enviar a la cárcel durante dos años.
"No se ha establecido la presencia de fantasmas", dijo en una conferencia telefónica hace una semana. "Decir que el presidente no puede pasar la noche en su propia casa porque tiene miedo de los fantasmas es para mí una acusación grave".
Los críticos dicen que Mutharika, 71, ha retrocedido al pasado menos que democrático de Malawi. "Parece que el presidente ve fantasmas en todas partes", dijo Robert Jamieson, editor del semanario Chronicle.
Boniface Dulani, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Malawi, dijo que pensaba que Mutharika había exagerado. "Pensábamos que usar la policía era algo del pasado", dijo.
Si el presidente se lo hubiese simplemente tomado a la risa, dicen esos analistas, la historia se habría desvanecido en los anales de los cuentos de Malawi sobre mansiones encantadas.
Había informes, por ejemplo, de unos misteriosos enanos que visitaban regularmente al primer jefe de estado de Malawi, Hastings Kamuzu Banda, en la Palacio Sanjika, otra residencia presidencial en Blantyre. Su sucesor, Baliki Muluzi, también sospechó de la existencia de espíritus en Sanjika, de acuerdo a Wille Zingani, su antiguo agregado de prensa.
"Nadie podía dormir en la noche", escribió Zingani en un artículo preparado la semana pasada para ser publicado en The Nation, un diario de aquí.
Lo que más molestó a Mutharika, sugieren entrevistas con ayudantes, era la creencia de que él hubiera escapado aterrorizado del palacio de Lilongwe. El fiscal insiste en que es descaradamente falso. "No se ha mudado de la casa presidencial", dijo Wadi.
Pero incluso si se hubiese mudado, dicen aquí analistas, los malawíes se lo tomarían con calma.
"Todos entienden que el tema de los fantasmas y espíritus es una realidad", dijo Jamieson, el editor de Chronicle. "Hablamos sobre eso todo el tiempo. No es un tema tabú, no lo es. La única diferencia es que se trataba del presidente".
Ken Lipenga, el ministro de Información de Mutharika está ahora luchando contra un fiasco de relaciones públicas. En una entrevista telefónica la semana pasada, sugirió que el presidente no supo de antemano nada sobre las detenciones.
"No lo he discutido con él, pero no creo que el presidente haya realmente ordenado detener a esos periodistas", dijo. "No es su estilo. Mi interpretación es que la opinión del presidente es que esta historia no es importante".
Con todo, como un espíritu nefasto, se niega a desaparecer. Uno de los detenidos, Mabvuto Banda, un bien conocido periodista político para The Naiton, ha mostrado lo que dice es un casete con una entrevista telefónica en la que el asesor espiritual del presidente, el reverendo Malani Mtonga, confirma que estaba rezando para expulsar del palacio a los malos espíritus.
Interrogado sobre si el presidente sabía que sus dos predecesores habían rehuido el palacio por temor a los fantasmas, Mtonga respondió: "El presidente, a diferencia de Kamuzu y Muluzi, no cree en encantamientos. Cree en el poder de la oración. Por eso decidió vivir en el palacio".
Es verdad que los dos predecesores de Mutharika prefirieron residir en Blantyre. Hasta ahora, sin embargo, el palacio de Lilongwe ha sido notorio no como el sitio de espíritus malignos, sino como un monumento a los pervertidos excesos de los mortales.
Banda, que gobernó Malawi de 1964 a 1994, erigió el edificio de estilo rococó a un coste de 100 millones de dólares, a pesar de la horrenda pobreza de su país. Tomó dos décadas completar sus 300 habitaciones, dos pistas de helicópteros, un zoológico y un salón de banquetes para 600 personas sentadas.
Su sucesor, Muluzi, dijo que la "obscena opulencia" del palacio era un insulto para los 11 millones de malawíes. En la década pasada, los funcionarios han jugado con la idea de transformarlo en un hotel de cinco estrellas, transformarlo en un centro de conferencias o simplemente demoliéndolo.
Para cuando Mutharika fue elegido en mayo, las fuentes del palacio estaban secas, el aire acondicionado estaba permanentemente fuera de servicio y el jardín era un bosque de malezas.
Mutharika decidió rehabilitarlo, y se mudó a él en diciembre, diciendo que costaba menos vivir en la capital.
Su secretario Lipenga dice que el palacio es una "monstruosidad", pero no fantasmagórico. "Yo mismo no he visto ni vivido ni sentido nada que sugiera la presencia de fantasmas", dijo.
Pero, agregan los escépticos, él no ha pasado nunca la noche ahí.

29 de marzo de 2005
1 de abril de 2005
©new york times
©traducción mQh

esclavos de sudán


[Robyn Dixon] Los esclavos sudaneses obtienen la libertad por un precio. La mayoría de ellos esperan ansiosos la emancipación, pero el desarraigo consterna a algunos de sus hijos.
Malual Kon, Sudán. El mapa de la vida de Majik está grabado en las cicatrices en su cuerpo. Son las huellas de golpizas violentas, su castración, el tiempo que fue dejado colgando de una cuerda amarrada al cuello. Pero el dolor y el trauma han borrado casi todas las demás cicatrices de la historia de su niñez.
No tiene idea de qué edad tiene ni cuál es su nombre de familia. Por las marcas y color de su iniciación, es obvio que es miembro de la dominante tribu dinka en el sur de Sudán. Pero dice que es árabe y el hombre que lo mantuvo como esclavo en el norte de Sudán es su padre.
"No sé si soy niño o adulto", dice, asombrado, cuando una pequeña multitud de aldeanos aquí reían disimuladamente sobre su confusión. Desprovisto de identidad, familia u hogar, no puede imaginar nada sobre su futuro, excepto que, debido a que le robaron su masculinidad, no se podrá casar nunca. Cuando lo piensa, agacha la cabeza con silenciosa tristeza.
"Todo lo que hago es comer y dormir, comer y dormir", dijo Majok, que fue llevado al sur de Sudán en enero por la Comisión para la Erradicación del Secuestro de Mujeres y Niños CEAWC, una organización fundada por el gobierno sudanés en 1999 tras la indignación internacional por la esclavitud a que son sometidos los sureños por los norteños, que hablan árabe y se identifican como árabes.
El acuerdo firmado en enero para poner fin a la guerra civil de 21 años entre el norte de Sudán, principalmente musulmán, y el sur predominantemente cristiano y animista, ha abierto el camino de un resurgimiento de los esclavos que retornan desde el norte. La CEAWC programa traer este año 7.000 secuestrados, casi 10 veces más que el año pasado.
Sudán era malamente conocida por la esclavitud hasta que fue conquistada por los británicos en el siglo 19. Pero la práctica fue revivida durante la guerra civil a mediados de los años ochenta, cuando el gobierno dominado por los árabes armó a las milicias conocidas como muraheleen para combatir a los rebeldes del sur, más o menos como ha recientemente armado a las milicias contra los rebeldes de Darfur al oeste del país.
Los murahaleen gozaron de carta blanca para asaltar aldeas, robar ganados, mata hombres, violar mujeres y secuestrar a sureños, incluyendo a miles de niños, para hacerlos trabajar como esclavos.
Aunque los relatos personales de esclavitud en el Sudán han estado emergiendo desde mediados de los años noventa, los retornos a gran escala ofrecen un conocimiento más amplio de la magnitud de las operaciones esclavistas de los murahaleen.
Los retornados llegan en el polvoriento calor, apiñados encima de camiones, algunos con terribles historias de secuestros organizados -negados durante años por el gobierno- de sureños para ser esclavizados en el norte.
Pero estos retornos a casa desafían una definición fácil. La felicidad de los retornados más viejos, deleitados con su libertad después de años de esclavitud, maltratos y matrimonios forzados, a menudo contrasta con la consternación y asombro de sus hijos nacidos en el norte. Adolescentes o en sus veinte, se sienten árabes, hablan sólo árabe y extrañan sus casas en el norte y sus padres árabes.
Han retornado, a veces contra su voluntad, a una región donde los derechos individuales pueden ser supeditados a decisiones familiares o tradiciones tribales, donde las mujeres y niños son considerados propiedad de sus parientes masculinos en el sur, que creen que ellos les pertenecen.
Agencias de ayuda como la UNICEF y Save the Children UK han cuestionado los métodos de CEAWC, mencionando informes de que el grupo ha reunido gente sin corroborar si son realmente esclavos, si las mujeres y niños quieren dejar el norte o incluso si tienen casas o familia donde volver. Algunos críticos acusan a CEAWC de atraer a gente con promesas engañadoras de que se satisfarán todas sus necesidades en Sudán del Sur.
Muchos esclavos y secuestrados retornan con esperanzas poco realistas. No saben nada de la aguda escases de servicios, agua y alimentos aquí en la árida y remota provincia sureña de Bah el Ghazal, golpeada por dos décadas de guerra. Algunos se consternan ante las privaciones que encuentran, y unos pocos incluso se han dado vuelta y retornado al norte.
A fines de enero, un convoy de unos cinco, viejos y grandes camiones Ford, adornados con manojos de cubos plásticos de agua como guirlandas de flores bulbosas, entró al pueblo comercial de Warawar, uno de los principales puntos de cruce desde el norte. Cientos de personas exhaustas bajaron de ellos.
Algunos admitieron que no eran antiguos esclavos, sino refugiados que habían pedido que los transportaran en los camiones de CEAWC para no hacer el viaje a casa caminando. Pero el portavoz de la CEAWC, James Aguer, insistió en que todos las 479 personas eran antiguos esclavos y sus hijos.
Pasaron la fría primera noche en el suelo en un recinto de Malual Kon.
"Me sorprendió, porque estábamos durmiendo en el suelo, a la intemperie", dijo Achol Deng, 45, que volvió con su padre, Cuor Koot, y sus tres hijos después de vivir más de dos décadas en el norte. A los pocos días, la mayoría de los recién llegados fueron enviados a sus pueblos.
Aboc Awet, ahora de 21, era una niña cuando fue secuestrada por milicias árabes y apuñalado en la cara y la espalda. La pusieron encima del techo de un largo y lento tren hacia el norte. Lloró todos los días del viaje de un mes, y extrañó a su madre. Recuerda que enormes manadas de polvoriento ganado robado caminaban a los lados.
"El tren era muy, muy largo. Todo el tren estaba lleno de gente secuestrada, dentro y arriba. Había mucha, mucha gente", dijo Awet. Los árabes atacaron todas las aldeas en el camino, volviendo cada vez con más ganado y secuestrados.
Nadie sabe cuánta gente fue secuestrada para ser utilizada como esclavos, ni cuántos siguen esclavos. Un estudio de 2003 por el Rift Valley Institute, con sede en Londres y Kenia, documentó por nombre 12.000 secuestros, permaneciendo 11.000 personas desaparecidas y 5.000 asesinatos.
La CEAWC dice que fueron secuestradas 20.000 personas, y se calcula que al menos 20.000 niños han nacido en la esclavitud. El portavoz Aguer dijo que la CEAWC y el Comité Dinka, un grupo de activistas en el norte, han retornado a 4.000 esclavos entre 1989 y 2004.
Pero un grupo religioso con base en Suiza, Solidaridad Cristiana Internacional SCI, menciona frecuentemente denuncias de jefes tribales sureños de que se ha secuestrado a 200.000 personas y declara que han comprado y liberado a 80.000 de ellos.
A fines de los años noventa, la SCI fue condenado por UNICEF y criticaba por Human Rights Watch por su polémica decisión de comprar esclavos para liberarlos. Los críticos dicen que la mayoría de la gente cuya libertad se compró no eran secuestrados y el dinero fue embolsado por intermediarios inescrupulosos que montaron los eventos.
El portavoz de la SCI, Max-Peter Stussi, dijo que las acusaciones de que mucha de la gente redimida no eran esclavos, eran infundadas.
Después de su largo viaje hacia el norte, Awet dice que fue llevada a una aldea llamada Dar el Afat, y se transformó en una de las cinco esclavas de su secuestrador, Ibrahim Salim. Debió sufrir duras palizas cuando trabajaba de mañana a noche recogiendo agua y leña, limpiando y cocinando. Tres niños poseídos por la familia de Salim se ocupaban del ganado y de las cabras. Dijo que todas las familias de la aldea tenían esclavos.
"Algunas familias tenían dos esclavos, algunas tres", dijo. "La gente los compraba en la aldea, o a veces los esclavos eran llevados a las casas, para que la gente los comprara".
Después de tres años, Salim se casó con ella. Dice que aceptó porque tenía miedo de que si decía que no, él la mataría. Ahora tiene una bebita, pero perdió otros dos bebés cuando dio a luz después de salvajes golpizas de su suegro.
Awet no lamenta que la hayan liberado de Salim y su violento padre. Espera encontrar un nuevo marido en el sur, que procure por ella.
Cuor Koot, que dice que tiene 60 o más, fue secuestrado hace más de dos décadas cuando los murahaleen atacaron su pueblo de Amath.
Esclavizado en el norte durante dos años, trabajó en una plantación de cacahuetes y mijo con cerca de 60 esclavos más, vigilados por pistoleros árabes. Dice que era golpeado diariamente, una vez tan brutalmente que perdió la conciencia.
"Ellos te podían atar de manos y pies y degollarte. Así es cómo matan", dijo. Después de fugarse una noche, Koot pasó el resto de los años trabajando sin paga en el norte.
Koot dijo que en el norte "nos trataban mal, como si no fuéramos personas, apenas esclavos. No teníamos ningún derecho". Pero su felicidad de volver a casa se ve atenuada cuando se da cuenta de que era más fácil ganar dinero en el norte.
"Me quedé atónito cuando volví y vi las condiciones. No sé cómo voy a cuidar de los niños aquí. He oído decir que Naciones Unidas me ayudará. Ellos dijeron: ‘Si vuelves a tu aldea, te daremos de todo'".Trata de ser optimista, esperando semillas y herramientas y lluvia, para plantar. Su hija, Achol Denh, dice que le gustaría volver al norte. Después de ser secuestrada, fue hecha esposa por un árabe llamado Ali, que siempre la trató con cariño y respecto.
Su hija Sara Ali, 20, quedó horrorizada con la mudanza, pero como joven mujer en esta tradicionalista sociedad, no tiene nada que decir sobre su futuro. Su abuelo la casará tan pronto como pueda, para hacerse con el precio de la novia, de dos vacas, que aliviaría los problemas de la familia para volver a establecerse.
"Yo soy árabe. Quiero volver. Este lugar es malo para mí", dijo Sara Ali. "Creo que no podré vivir aquí. Este lugar está muy alejado y dejé a mi padre solo.
"Pero no me dejan volver. Si fuera por mí, me habría marchado".
Deng dijo que otra gente dinka en el norte le contaron que si ella volvía a su aldea, no tendría que volver a trabajar. Pero Deng, que dice que nunca se sintió como esclava que hacía el trabajo doméstico para su familia, no tendrá aquí faenas más livianas. Las mujeres en Bahr el Ghazal trabajan largas horas recogiendo leña, cocinando, cuidando de los niños, plantando y a menudo caminando durante horas sólo para recoger agua.
"Estoy consternada porque mis hijos no viven confortables", dijo Deng. "Estoy preocupada de que mis hijos se mueran. Mis hijos estaban acostumbrados a comer bien allá, pan y carne".
El portavoz Aguer dijo que mucha gente esclavizada cuando eran niños ya no hablan dinka y muchos han perdido a sus padres. Algunos se resistieron a las invitaciones de CEAWC de volver al sur, pero lo atribuye al miedo.
"Incluso ahora la gente tiene miedo", dijo. "Cuando se aparece la CEAWC a recogerlos, dicen no. Tienen miedo de ser asesinados".
Aguer negó las acusaciones de que la CEAWC recorre las aldeas norteñas reuniendo a los sureños, pero el proceso que describió -negociaciones con los dueños de esclavos- contradice las historias de los retornados. Muchos de ellos describieron los vehículos de la CEAWC, y la gente subiéndose caóticamente a ellos, a menudo con enfadados maridos árabes persiguiéndoles.
Majok, el joven lleno de cicatrices que fue castrado en la infancia, está feliz de no tener que trabajar todo el día sin que le paguen, ocupándose del ganado de su ‘padre' árabe. Pero no tiene dónde ir ni nada que hacer en Malual Kon, donde su trastorno mental y confusión lo transforman en un personaje de ridículo. Nadie sabe aquí quién lo envió.
Si alguna vez conoció el cariño, lo ha olvidado. "No sé si mi padre me quería o no", dice, con tristeza.

30 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
"