clases medias apoyan a golpistas
4 de diciembre de 2009
"Las clases medias altas votaron en masa". Berta Cáceres, líder del Movimiento Feminista en Resistencia de Honduras. La dirigente de la resistencia al golpe de Estado afirmó que el domingo pasado los más pudientes hicieron fila para votar. Y que se vivirán momentos más difíciles, porque "se están legalizando las violaciones a los derechos humanos".
[María Laura Carpineta] Honduras. Berta Cáceres no aparenta sus 38 años, tampoco es fácil adivinar que es madre de cuatro hijos. Menos aún, una de las dirigentes más combativas de la Resistencia hondureña. Pero no bien se larga a hablar, la dulzura de las facciones de su rostro y la amabilidad de sus gestos se pierden en la desesperación y la frustración del relato. "Se están legalizando las violaciones a los derechos humanos y van a ser tiempos difíciles", pronosticó la líder del movimiento Feministas en Resistencia y una veterana dirigente del Copinh, el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras.
De paso por Buenos Aires para participar de la segunda Conferencia Internacional por la Abolición de las Bases Militares Extranjeras, Cáceres habló ayer con Página/12. La ratificación del golpe que votó el miércoles el Congreso no la había ni sorprendido ni deprimido. "Era lógico", señaló entre resignada y desinteresada, mientras terminaba su desayuno.
A Cáceres no le interesa discutir sobre el acuerdo que no fue ni las negociaciones que no llegaron a ningún lado. En los últimos meses le tocó recorrer comisarías buscando a tres de sus once hermanos. A su hermana mayor la torturaron, y aunque logró sacarla de la cárcel, todavía está procesada por sedición. Los militares y los golpistas conocen su nombre, pero aun así su mirada está puesta en el futuro. Es lo único que le queda.
¿Las detenciones y la represión disminuyeron cuando terminaron las manifestaciones masivas en las calles?
La Resistencia dejó de movilizarse masivamente, pero aumentó su trabajo organizativo en las comunidades. Mirá, nosotros nos parábamos enfrente de la Universidad Pedagógica y no podíamos caminar ni media cuadra que ya nos empezaban a golpear, a tirar gases. Por eso cambiamos, pero la represión también cambió. La dictadura empezó a hacer ataques directos a los barrios para que la gente se diera cuenta de que estamos viviendo en un Estado de sitio real. Los barrios se habían organizado para manifestarse a la noche, en la supuesta seguridad de sus barrios y entre sus vecinos. ¿Qué hicieron los militares? Ellos se metieron y reprimieron de forma tremenda a los jóvenes. Después de reprimir, golpear y torturar a los jóvenes que estaban al frente de las barricadas, se fueron casa por casa tirando gases lacrimógenos, como si estuvieran repartiendo diarios. No les importa nada, si hay niños, ancianos o enfermos. Rompieron una puerta tras otras hasta plantar el terror en los barrios. Y como si no fuera suficiente, en poco tiempo lograron instalar la cultura del orejismo (informantes). Puede ser un vecino cualquiera... se han construido casi un ejército de orejas.
¿La dictadura logró polarizar y dividir en todos los sectores de la sociedad hondureña?
Está bien polarizada la situación. Fíjese lo que pasó el 29 noviembre en ese circo que hicieron. Nunca las clases medias altas habían salido a votar en tanta cantidad. Ellos fueron los que hicieron fila para votar. En los barrios, donde se acumula la mayoría de la población, ahí la mayoría se quedó en sus casas. Yo estuve en Tegucigalpa y después crucé todas las comunidades del oriente del país hasta llegar a Paraíso (ciudad cercana a la frontera con Nicaragua). Era un desierto, un desprecio de la gente a ese circo. Hubo barrios que no dejaron que entraran las urnas, en otros no votaron más que el 20 o el 30 por ciento de los vecinos. Pero fue una situación muy difícil. La represión en la semana anterior a las elecciones fue dura, durísima, y el día de las elecciones eran miles de soldados, reservistas y policías.
Y a pesar de eso casi ni se escucharon denuncias en los últimos días...
Es que la dictadura es muy inteligente y no pone a los militares frente a las cámaras de los medios internacionales. Pero yo lo vi. En Tegucigalpa había tanques con ametralladoras 60, oiga bien, ¡ametralladoras 60! ¿Para qué lo necesitan si somos un pueblo de-sarmado, pobre? Y eso no pasó solamente en Tegucigalpa, sino en todo el país. Yo no soy de Tegucigalpa, soy de un lugar que se llama La Esperanza, una región indígena en la parte suroccidental del país. En mi pueblo, tres semanas antes de las elecciones anduvieron con tanquetas y ametralladoras. Primero llegaron unos funcionarios golpistas para derribar una placa de agradecimiento al pueblo cubano por su ayuda después del huracán Mitch. Se la llevaron y pusieron una en honor de Micheletti y las fuerzas armadas. Al día siguiente llegaron 800 reservistas y detrás de ellos, Romeo Vázquez Velázquez (jefe de las fuerzas armadas) con Micheletti para inaugurar la placa. Dos días después pasó el candidato presidencial liberal Elvin Santos y 48 horas después tenía que venir el otro candidato, Porfirio Pepe Lobo, pero no pudo porque le organizamos una manifestación grande.
¿Cómo sigue la Resistencia ahora que el golpe está totalmente consumado?
Nosotros como movimiento, una fuerza política y social, tenemos desafíos importantes. Uno de ellos es readecuar, reacomodar la fuerza social y la experiencia que hemos adquirido en una nueva correlación de fuerzas político-electorales para encaminar la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente Popular y Democrática. Ese es ahora uno de los puntos vitales de la Resistencia; sólo una Constituyente puede revertir verdaderamente el golpe de Estado. Los golpistas se equivocaron porque creyeron que la resistencia popular iba a durar solamente cuatro días, pero el pueblo hondureño dio un paso de madurez. Ahora sí sabe la importancia que tiene una Asamblea Constituyente para recuperar soberanía popular, todo tipo de derechos y refundar el país. Lo importante es darle continuidad a lo que venimos haciendo y también trabajar por la construcción de una alternativa político-electoral. Los golpistas no se van a quedar cómodos, les vamos a dar un dolor de cabeza.
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[María Laura Carpineta] Honduras. La democracia hondureña recibió ayer el tiro de gracia. El Congreso nacional ratificó anoche el golpe de Estado cuando alcanzó los 65 votos necesarios para poner fin a cualquier esperanza de una restitución democrática, aun si era tardía y a medias. "No hubo ni discusión, vinieron decididos", aseguró, casi susurrando, el diputado Marvin Ponce en medio de la sesión. El y otros treinta y tres legisladores confiaban en que el presidente electo, Porfirio Lobo, presionaría a su bancada para aprobar la vuelta del mandatario derrocado Manuel Zelaya. Pero no bien comenzó el debate, sufrieron una nueva decepción. "Nos manifestamos a favor de la ratificación del decreto 141/2009 aprobado el 28 de junio", sentenció Rodolfo Irías, jefe de la bancada nacionalista. Era el punto final. El partido que ganó las elecciones del domingo había abandonado el doble discurso para sumarse, sin sutilezas, a las filas golpistas.
Quito, Ecuador. El Consejo de Defensa de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) concluyó este viernes una reunión extraordinaria en Quito, donde acordó discutir una propuesta que prohíba a futuro la instalación de bases militares extranjeras en la región al aprobar en Quito "una nueva doctrina de seguridad", informó este viernes el gobierno ecuatoriano, que ejerce la secretaría pro témpore del mecanismo.
Honduras. Luego de haber sido arrestado por la policía hondureña, se encontró este martes el cadáver del coordinador del Frente Nacional contra el golpe de Estado, Luis Gradis Espinal, de quien se desconocía su paradero desde el pasado domingo.
[María Laura Carpineta] Honduras. Manuel Zelaya tiene todas las razones para estar enojado, pero no lo demuestra. Atiende el teléfono desde la embajada brasileña en Tegucigalpa con un tono amable, opacado sólo por el cansancio de quien vive encerrado y asediado desde hace dos meses. El presidente hondureño derrocado perdió la pulseada y lo sabe. Cuanto más se acercan las elecciones del domingo próximo, más patente se vuelve su impotencia. "Estamos en la lucha del más fuerte, y la verdad es que no sabemos qué va a pasar", reconoció ayer por la tarde. No quiere adelantar sus próximos pasos, pero deja todas las puertas abiertas. En diálogo con Página/12 no descartó el exilio ni negociar con el próximo presidente hondureño. "Mis diferencias son políticas, no personales", se escudó.
[Alex Renderos y Tracy Wilkinson] Ciudad de México y San Salvador. En un signo de los extraordinarios cambios que se preparan en El Salvador, el lunes el gobierno otorgó la más importante medalla del país a seis sacerdotes jesuitas asesinados por el ejército hace exactamente veinte años.
[ Santiago O’Donnell] La crisis de Honduras sigue sin resolverse, pero con la campaña electoral en marcha ya se vislumbran algunos posibles escenarios. Desde la perspectiva de Washington, la solución multilateral que ellos preferían fue intentada y fracasó cuando se cayó el llamado Acuerdo de San José-Tegucigalpa.
La semana pasada el gobierno de Obama facilitó lo que pareció un promisorio acuerdo para poner fin a la crisis política hondureña. Desgraciadamente, esta semana ya empezó a deshilacharse. Los líderes de facto de Honduras están retrasando [el proceso de conciliación], provocando al presidente Manuel Zelaya, al que derrocaron en un golpe militar hace cuatro meses, a emitir un ultimátum desde su refugio en la embajada brasileña en Tegucigalpa, la capital de Honduras.