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américa latina

marcha contra la impunidad


Copan el centro de Montevideo para revocar la ley de caducidad. El próximo domingo, junto a las presidenciales, los uruguayos tendrán que decidir si revocan o no la ley de impunidad a través de un referéndum. Ayer cerró la campaña del "Sí" en la capital uruguaya con un acto multitudinario.
Montevideo, Uruguay. La campaña para revocar la Ley de Caducidad llegó ayer a su fin en Uruguay con una marcha que copó el centro de Montevideo. Tan sólo un día después de que la Corte Suprema de ese país fallara la inconstitucionalidad de la norma que impidió juzgar a los militares y policías acusados de violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura (1973–1985), unas treinta mil personas se movilizaron desde la Plaza Cagancha, en el kilómetro cero de la capital, hasta el Obelisco, bajo la consigna "El último 20 con Ley de Impunidad". "Se está cerrando un ciclo en el que todos los poderes del Estado están dictaminando que la Ley de Caducidad es inconstitucional", aseguró ayer Luis Puig, secretario de Derechos Humanos de la central obrera PIT-CNT, una de las principales impulsoras del referéndum.
Es que el tiempo apremia. El próximo domingo, junto a las presidenciales, los uruguayos tendrán que decidir si revocan o no la ley de impunidad a través de un referéndum. El fallo de la Corte, divulgado en la misma semana de las elecciones, se aplica sólo al caso analizado. Abrir la puerta a todos los posibles juicios sería un proceso más largo que ganar la consulta.
Ayer, en la marcha, el color rosado que identifica a la papeleta del "Sí" se hizo visible a lo largo de dos kilómetros en el centro de la ciudad. El Premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel; la nieta del escritor Juan Gelman e hija de desaparecidos, Macarena Gelman, y el escritor uruguayo Eduardo Galeano, entre otros, dijeron presente. Sin embargo, para que la ley sea revocada, hace falta la mitad más uno de los votos. Según las últimas encuestas, el "Sí" sólo llega al 47 por ciento, con casi un 12 por ciento de electores indecisos.
Por eso, ayer, la asociación Hijos de Uruguay pasó a la ofensiva y se lanzó de lleno a convencer a la ciudadanía para que vote por el "Sí". "Una oportunidad única para evitar futuras violaciones a los derechos humanos por parte del Estado" fue el título de la convocatoria. Los pedidos de los hijos de detenidos desaparecidos fueron contundentes.
Macarena Gelman instó a la sociedad uruguaya a ponerse en el lugar de las víctimas. "Si no entendemos que lo que nos pasó nos pasó a todos, por lo menos habría que ponerse en el lugar de a quienes nos pasó", reclamó. Y, acto seguido, valoró la decisión de la Corte al tiempo que instó a ir por más. "El fallo es un punto de partida y un antecedente más que importante en un momento en que todas las partes del Estado están en consonancia en relación con este tema. Pero más allá de la declaración de inconstitucionalidad, es fundamental la expresión del pueblo uruguayo a favor de anular la ley", agregó.
Victoria Julien, otra integrante de la asociación, remarcó el significado histórico de derogar la norma. "Anular esta ley tiene que ver con la solidaridad, es una oportunidad para reivindicar a nuestros padres y a la sociedad", afirmó la militante. "Sería un cambio cultural enorme en el país", insistió.
Amaral García, finalmente, lanzó su pedido señalando que es tiempo de que se haga justicia. "Yo estoy harto de que haya sucedido esto hace tantos años y todavía no haya justicia. Terminar con esta norma nos involucra a todos, pese a que algunos hayan sido las víctimas más directas de la represión que otros", enfatizó. "La anulación de la ley permitirá a los violadores de los derechos humanos dar su testimonio ante la Justicia. No estoy diciendo revancha ni conmutación de pena, digo que tienen derecho a pedir disculpas", explicó el miembro de Hijos.
La Ley de Caducidad fue promulgada en 1986 y ratificada por un plebiscito en 1989. El fallo de la Corte del día lunes fue el primero en la historia del país en declarar su inconstitucionalidad. Los jueces, para dictar su decisión, tomaron el caso de Nibia Sabalsagaray, militante comunista secuestrada y torturada hasta la muerte en 1974.

21 de octubre de 2009
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inconstitucional ley de amnistía


El fallo puede ser clave en los comicios del domingo, donde se consulta por la anulación o no de una ley que ha permitido amnistiar hechos ocurridos bajo la dictadura.
Montevideo, Uruguay. La Corte Suprema de Justicia de Uruguay declaró hoy la "inconstitucionalidad" de una amnistía que favoreció a militares en el caso del asesinato de una militante comunista perpetrado bajo la dictadura en 1974, informó a la AP uno de los abogados de la familia de la víctima.
El abogado Juan Errandonea dijo que el fallo determina que el juez Rolando Vomero puede reiniciar las actuaciones judiciales para intentar dar con los responsables de la muerte en una unidad militar de Nibia Sabalsagaray, de militancia comunista. Ella fue apresada por militares y apareció muerta 10 días después.
Raúl Oxandabarat, director de comunicaciones institucionales de la Suprema Corte dijo que todavía no estaba en disposición de dar pormenores, porque "se está haciendo llegar (la resolución) a las partes".
Errandonea dijo a la AP que "hemos recibido la notificación en estos momentos y puedo anticipar que es favorable a la inconstitucionalidad de la ley de amnistía".
El fallo fue aprobado con cuatro votos a favor y uno en contra, de los cinco miembros de la Suprema Corte y sienta un precedente en cuanto a la aplicación de esa ley, y tiene un fuerte contenido simbólico pues establece un precedente ante de las elecciones del próximo domingo.
En esos comicios, se incluye una papeleta que consulta a la población si se anula o no la llamada Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, que ha permitido amnistiar hechos ocurridos bajo la dictadura militar (1973-1985).
Dicha ley fue sancionada en 1986, plebiscitada en 1989 con el 54% a favor de los votos y admitida por la Suprema Corte de Justicia de la época.
El abogado penalista y de derechos humanos Óscar López Goldaracena afirmó a la AP que el fallo está "reforzando los argumentos que esa ley establecía la impunidad de los militares".
Adujo que las sociedades no pueden seguir amparando estas leyes si no son "sociedades hipócritas que no cumplen con acuerdos internacionales", que declaran delito de lesa humanidad las violaciones a los derechos humanos.
El ex vicepresidente de la República y constitucionalista Gonzalo Aguirre, ha sostenido que no es legal "anular una ley ya plebiscitada" por el pueblo y admitida por la Suprema Corte de Justicia.
El abogado insistió que este fallo es sólo para este caso, pero indicó que "que refuerza la convicción para el domingo que la ley debe ser anulada por el voto en la papeleta rosada y esto determinará la reapertura de decenas de casos que no pudieron ser juzgados al estar amparados por la ley".
López Goldaracena dijo que otro punto es que si se vota la ley de anulación el domingo, desaparecerá la "prescripción de algunos delitos por la cantidad de años de cometidos". Es decir que podrán ser juzgados todos los militares de la dictadura entre 1973 y 1985 que puedan estar involucrados en delitos de "lesa humanidad".
De hecho, sin embargo, la ley ya ha sido eludida y una decena de uniformados retirados están presos preventivamente desde 2006 por haber actuado en episodios de represión fuera del Uruguay dentro del ‘Plan Cóndor’ montado por las dictaduras del cono sur americano.
También cumplen prisión preventiva el ex presidente devenido dictador Juan M. Bordaberry imputado de complicidad en 14 homicidios y su ex canciller Juan C. Blanco por otros cuatro asesinatos de uruguayos en Argentina. Blanco tiene otras causas pendientes sobre desaparición de personas. Estos dos están presos desde 2007.

19 de octubre de 2009
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nueva solución para honduras


Micheletti debería renunciar. Zelaya debería renunciar a su deseo de restitución. En Thje Wall Street Journal.
[Lanny J. Davis] En julio pasado, Estados Unidos, la Organización de Estados Americanos y la Unión Europea se reunieron para convencer a las divididas fuerzas de Honduras  de alcanzar una solución a la controversia por la remoción del ex presidente Manuel Zelaya. El proceso de mediación fue dirigido por el presidente costarricense, Óscar Arias, y fue respaldado por la secretario de Estado, Hillary Clinton.
Pero ese proceso, llamado el ‘Acuerdo de San José’, de Arias, no resultó en ningún acuerdo en absoluto. Una opinión, apoyada por Estados Unidos, la OEA y la UE -así como por Zelaya y sus partidarios- es que Zelaya fue derrocado ilegalmente sin un juicio justo. De acuerdo a este campo, la única solución es restituirlo en la presidencia.
La vista opuesta -compartida por la mayoría de los líderes de opinión de la sociedad civil hondureña, los cuatro principales candidatos a la presidencia, la Iglesia Católica, y prácticamente todas las instituciones del gobierno civil- es que Zelaya actuó ilegalmente cuando intentó extender su mandato por medio de un referéndum. Así que su remoción del cargo como resultado de una decisión unánime de la Corte Suprema y una abrumadora mayoría del Congreso, estuvo enteramente justificada.
Lo que ha hecho la situación todavía más intratable es que EUA, la OEA y la UE han sugerido enérgicamente que no reconocerán los resultados de las elecciones presidenciales del 29 de noviembre. Adoptaron esta posición sin tomar en cuenta que el proceso electoral es supervisado, de acuerdo a la Constitución hondureña, por el Tribunal Supremo Electoral. El tribunal es completamente independiente de la rama ejecutiva dirigida por Roberto Micheletti.
Estas decisiones administrativas han producido un irónico y embarazoso escenario: EUA aparentemente no está dispuesto a reconocer elecciones libres y honestas en Honduras, con observadores internacionales; esto al mismo tiempo que está a punto de reconocer al presidente de Afganistán, que fue elegido en un proceso electoral hoy visto como fraudulento.
¿Así qué hacer?
En los últimos días ha emergido un plan B. Partidarios creíbles de Zelaya se han estado reuniendo con los cuatro principales candidatos a la presidencia hondureña, representantes del gobierno interino de Micheletti y otros miembros de la sociedad civil.
Las conversaciones han sido descritas por los presentes en la habitación como el "Diálogo de Guaymuras", en referencia al nombre indígena del país en el periodo precolombino. Lo que se discute son algunas disposiciones del Acuerdo de San José, como la necesidad de una moratoria de los procesos por crímenes políticos, lo que fue interpretado como que se aplicaba tanto contra Zelaya como contra los responsables de su deportación.
Una resolución exitosa del Diálogo de Guaymuras debería garantizar: la renuncia, después de las elecciones, de Micheletti y la renuncia de Zelaya a su intención de ser restituido como presidente; la sucesión, como prevista en la Constitución, de un presidente interino entre el día de las elecciones y el día de la investidura; un gobierno de unidad nacional con representación de todos los segmentos de la sociedad civil; y, lo más importante, compromisos vinculantes con una serie de reformas constitucionales y económicas dirigidas a una distribución más equitativa de la riqueza.
Para Zelaya, aceptar su renuncia a su derecho a ser restituido como presidente en estas circunstancias no debería ser un sacrificio muy grande, porque la Constitución le prohíbe presentarse para un segundo término. Incluso si fuera restituido, después del 29 de noviembre, sería un presidente inútil por menos de dos meses hasta la investidura del nuevo presidente el 26 de enero de 2010. Si logran lo que quieren en la actual discusión, sus partidarios habrán ganado importantes reformas legales, sociales y económicas.
Zelaya también podría decir que él nunca dejó de ser presidente, así que "renunciaría". Las autoridades constitucionales en Honduras lo llamarán renuncia, pues en su opinión ya no es presidente. Y están aliviados de que se haya marchado y no pueda socavar la legitimidad de las elecciones presidenciales próximas. Es un buen compromiso diplomático para los dos lados.
Pero dados los informes de ayer sobre las discusiones de continuada intransigencia de las dos partes, esto parece demasiado optimista. Si Zelaya se niega a "renunciar" o a desistir de su intención de ser restituido, que es una clara posibilidad, deberíamos esperar que EUA y los otros países de la OEA y de la UE no sientan obligadas a insistir en su restitución. Deberían reconocer la elección del nuevo presidente, y la crisis terminaría. Honduras sería restituida en su legítimo papel como una república constitucional estable y leal aliado de EUA.

El autor es un abogado de Washington y representa a la rama hondureña del Latin American Business Council. En 1996-98 fue asesor especial del presidente Bill Clinton, y, en 2005-06, miembro del Privacy and Civil Liberties Board del presidente George Bush.

17 de octubre de 2009
8 de octubre de 2009
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dictador hondureño da largas


Principio de acuerdo para salir de la crisis política en Honduras. Después de una semana de reuniones, los negociadores zelayistas y golpistas lograron consensuar un texto que incluye la restitución del presidente derrocado Manuel Zelaya, pero aún falta la firma del dictador Roberto Micheletti.
[María Laura Carpineta] Honduras. En Honduras los negociadores zelayistas y golpistas lograron consensuar un texto que incluye la restitución del presidente derrocado Manuel Zelaya, pero aún falta la firma del dictador Roberto Micheletti. Formalmente es sólo un paso, pero los zelayistas ya sufrieron la intransigencia de último momento de la dictadura otras veces y, por eso, no se animan a demostrar ni una pizca de optimismo. "Ahora se va a verificar si el régimen de facto acepta la restitución de Zelaya. En el texto se aceptó, pero falta lo más importante y lo más difícil, la decisión política", advirtió el asesor del mandatario depuesto, Rasel Tomé. Mientras tanto, en el Palacio de Gobierno, los golpistas jugaban, una vez más, con la indefinición y la ambigüedad.
"El diálogo sobre este punto ha sido cordial y ambas partes hemos alcanzado importantes avances", señaló un comunicado oficial.
Según adelantó el mismo Micheletti, una de las diferencias que aún separa a los zelayistas y los golpistas es qué órgano estatal debe autorizar la restitución de Zelaya. "Están pidiendo que sea el Congreso el que determine si puede regresar o no, pero éste es un asunto legal, definitivamente es de la Corte Suprema de Justicia", comentó ante las cámaras de televisión el dictador.
Si ése fuera el único punto en discordia, significaría que las dos partes aceptaron, al menos como principio, la vuelta de Zelaya a la presidencia hondureña. Pero al caer la noche los golpistas también destruyeron esa ilusión. "Micheletti dijo que él no estaría de acuerdo con que fuera el Congreso el que restituyera a Mel, pero eso no importa porque no es lo que se está discutiendo. En la mesa de diálogo todavía no se acordó la restitución de Zelaya", le explicó a este diario el vocero del Palacio de Gobierno, César Cáceres.
Más allá de los rumores y las versiones periodísticas, lo único que se sabía con certeza anoche era que los dos equipos de negociadores habían llegado a un acuerdo, después de una semana de discutir. El texto incluye los puntos ya consensuados –gobierno de unidad nacional, renuncia a la amnistía general y a una eventual Asamblea Constituyente, respeto a las elecciones generales de noviembre y una comisión verificadora internacional, que investigue lo sucedido en Honduras y haga cumplir el acuerdo– y agregaron la frutilla de la torta: la restitución del presidente constitucional.
El texto fue bautizado como el Plan Tegucigalpa y los detalles quedaron solamente entre los seis negociadores y los círculos íntimos de Zelaya y Micheletti. Sin embargo, dentro de la resistencia zelayista ya comenzaron a recolectar los votos de los diputados nacionales para garantizar la aprobación en el Congreso, si el acuerdo sale hoy, cuando vence el plazo impuesto por Zelaya la semana pasada. Necesitan que 65 diputados levanten la mano y anulen la resolución que aprobó ese mismo pleno hace más de tres meses. La madrugada que los militares echaron a Zelaya del país en piyamas, la mayoría de los diputados aprobó su destitución y nombró como su reemplazante a Micheletti.
Según una fuente zelayista que se encarga de negociar con los diputados, al cierre de esta edición contaban con el apoyo seguro de 27 legisladores y habían empezado a hablar con la segunda bancada, la del Partido Nacionalista. Esa fuerza política es la favorita para quedarse con la presidencia en las próximas elecciones y, por eso, están tan interesados como los zelayistas en encontrar una solución. "Si se logra la restitución de Zelaya, se pueden realizar las elecciones y las respetaremos", recordó Tomé, uno de los asesores que acompaña al presidente derrocado en la embajada brasileña, en el corazón de Tegucigalpa.
Pero mientras algunos sectores golpistas están coqueteando con la idea de cerrar un acuerdo y normalizar la situación para dar luz verde a las elecciones, los políticos y militares que ocupan el Palacio de Gobierno no muestran fisuras ni dudas. "Hasta este momento no hay ningún acuerdo final en torno de este punto y en el día de mañana (jueves) los equipos de negociaciones retomaremos el diálogo", sentenció Micheletti a la tarde, destruyendo las esperanzas de un acuerdo inmediato.
A tal punto la intransigencia de la dictadura era palpable ayer, que el presidente Zelaya salió a repetir que está dispuesto a renegociar el texto que había sido consensuado hacía apenas unas horas. "Si hay cambio en el texto se vuelve a la mesa y se vuelve a discutir", reiteró el hombre que hace más de cien días intenta recuperar su cargo.
Hacia la noche ya era evidente que no había un acuerdo cerrado. Hoy los dos equipos de negociadores se volverán a reunir frente a la mesa de diálogo en un céntrico hotel en Tegucigalpa.

15 de octubre de 2009
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abusos policiales en honduras


Fuerzas de seguridad hondureñas son acusadas de abuso de autoridad.
[Elisabeth Malkin] Tegucigalpa, Honduras. Rosamaría Valeriano Flores volvía a casa después de visitar una clínica de salud pública y se encontró de pronto en una multitud de gente que se alejaba de una manifestación de apoyo al derrocado presidente Manuel Zelaya. Cuando cruzaba la plaza mayor de la capital hondureña, un grupo de soldados y agentes de policía la empujaron al suelo y la golpearon con sus porras.
Dijo que los hombres le rompieron casi todos sus dientes superiores, le quebraron las costillas y le abrieron la cabeza. "Un policía me escupió en la cara y me dijo: ‘Te voy a matar’", dijo, agregando que dejaron de golpearla cuando un oficial de policía les gritó que la estaban matando.
Valeriano, 39, visitó la semana pasada la oficina de una organización de derechos humanos de Tegucigalpa, para hablar sobre la agresión, que ocurrió el 12 de agosto. Cuando contaba la historia, hablando entre dientes para ocultar la pérdida de sus dientes, mostró una cicatriz en su cráneo y las costillas del lado izquierdo, todavía doloridas.
Desde que Zelaya fuera derrocado por el golpe del 28 de junio, las fuerzas de seguridad han tratado de detener la oposición con golpizas y detenciones masivas, denuncian organizaciones de derechos humanos. Desde el golpe, once personas han sido asesinadas, de acuerdo al Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras, o Cofadeh.
Según organizaciones de derechos humanos, la cantidad de violaciones y su intensidad han aumentado desde que Zelaya volviera clandestinamente a Honduras hace dos semanas, refugiándose en la embajada brasileña.
Las organizaciones describen un ambiente de creciente impunidad, con las fuerzas de seguridad actuando sin trabas de restricciones legales. Sus atribuciones han sido reforzadas por un decreto de emergencia que permite que la policía detenga a cualquiera que signifique una amenaza.
"En los años ochenta hubo asesinatos políticos, torturas y desapariciones", dijo Bertha Oliva, coordinadora general de Cofadeh, en una entrevista la semana pasada, recordando la represión política de la llamada guerra sucia del país. "Eran crímenes secretos y selectivos. Pero ahora hay una represión masiva y hostilidad hacia todo el mundo. Lo hacen a la luz del día, sin escrúpulos, sin nada que los detenga".
En medio de la represión, una delegación de cancilleres de la Organización de Estados Americanos debe llegar a la capital Tegucigalpa el miércoles en un intento de reiniciar la negociaciones entre representantes de Zelaya y Roberto Micheletti, el gobernante de facto.
Adelantándose a la reunión, Micheletti dijo que levantaría el decreto el lunes. Los abusos podrían tener un efecto desalentador sobre las elecciones presidenciales convocadas para el 29 de noviembre. El gobierno de facto y sus partidarios dicen que las elecciones cerrarán el capítulo sobre el golpe y sus secuelas, pero las Naciones Unidas, Estados Unidos y otros gobiernos han declarado que no reconocerán la votación si se realiza en las condiciones actuales.
"Las elecciones son un riesgo, porque la gente no votará", dijo Javier Acevedo, abogado del Centro de Investigación y Promoción de los Derechos Humanos en Tegucigalpa. "Los soldados y policías en los colegios electorales serán los mismos que han estado implementando la represión".
Investigadores de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos visitaron el país en agosto, y constataron sistematicidad en el uso desproporcionado de la fuerza, detenciones arbitrarias y control de la información.
La organización pidió al gobierno de facto que proporcione las medidas de protección adecuadas a decenas de políticos, dirigentes sindicales, maestros, funcionarios de organizaciones de derechos humanos y periodistas, que denuncian que han sido seguidos y amenazados.
El gobierno de facto respondió que se necesitaban medidas fuertes contra los partidarios de Zelaya, a los que describieron como vándalos -una descripción respaldada por los anuncios del gobierno en la televisión mostrando buses quemados y barricadas en la calle. Algunas demostraciones se han vuelto violentas. Algunos partidarios de Zelaya han roto vitrinas y quemado llantas en barricadas callejeras. El gobierno declaró que, desde el golpe, han muerto tres personas.
Micheletti dijo que los investigadores de la Comisión Interamericana tenían prejuicios, observando que su presidente, Luz Patricia Mejía, es venezolana. La mayoría de la elite política y económica hondureña temía que Zelaya tratara de copiar la versión venezolana de socialismo, a medida que avanzaba hacia una alianza con el presidente de ese país, Hugo Chávez.
Las instituciones de derechos humanos del gobierno hondureño no han reaccionado con vigor frente a las violaciones de los derechos humanos, dicen partidarios.
La fiscal de derechos humanos, Sandra Ponce, está de vacaciones, de acuerdo a informes en la prensa. Ramón Custodio, el comisionado de derechos humanos del gobierno que luchó contra la represión en los años ochenta, en general apoyó el golpe, aunque criticó algunas acciones del gobierno de facto.
Los grupos que eran vulnerables a que se violasen sus derechos humanos antes del golpe corren ahora más riesgos. Por ejemplo, desde el golpe han habido seis asesinatos de homosexuales o travestís, de acuerdo a organizaciones de derechos homosexuales. Hasta 2008, el promedio de esos asesinatos era de tres a seis víctimas al año.
Al día siguiente del retorno de Zelaya, la policía dispersó con gases lacrimógenos una demostración de sus partidarios frente a la embajada brasileña. Cuando la gente huía, las fuerzas de seguridad arrojaron bombas a las oficinas de Cofadeh, a unas cuadras de distancia. La acción, cree Oliva, pretendía impedir que los abogados de Cofadeh pudieran intervenir tomando declaraciones o pidiendo la libertad de los que eran detenidos.
Desde el retorno de Zelaya, las fuerzas de seguridad han estado allanando en barrios pobres que son la base de su popularidad. "Entran a las barriadas para intimidar a la gente", dijo Acevedo, el abogado. En ese tiempo, el centro ha documentado un creciente nivel de violencia. Algunos investigadores han visto más de dos docenas de personas con heridas de bala en hospitales, y algunos detenidos tenían sus manos rotas y habían sido quemados con cigarrillos, dijo.
Aunque la policía y los soldados andan buscando a los activistas que han estado organizando la resistencia, la barrida recoge a cualquiera que se ponga en el camino.
Yulian Lobo dijo que su marido fue arrestado en el barrio de Villa Olímpica y acusado de posesión de una granada. "No salió de ninguna parte", dijo, agregando que su marido, un conductor, no había participado en las manifestaciones a favor de Zelaya.
Lesbia Marisol Flores, 38, es una activista de la resistencia, pero cuando la policía la golpeó estaba esperando en una parada del autobús después de asistir al velatorio de una mujer de veinticuatro que murió después de haber sido atacada con gases lacrimógenos frente a la embajada brasileña el 22 de septiembre.
"Eran ocho agentes y llevaban la cara cubierta", dijo, agregando que la habían escogido al azar de entre la gente que estaba en la parada. "No tenían motivos. Ahora es su hobby".

14 de octubre de 2009
5 de octubre de 2009
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guerra de honduras en los medios


Guerra por Honduras se refleja estrepitosamente en los medios. "Las mentiras de Manuel Zelaya", entona una severa voz mientras se proyecta en la pantalla una imagen de Zelaya, el depuesto presidente de Honduras. Luego, con el tintineo de una caja registradora, pasan imágenes del sombrero de cowboy de Zelaya, caballos, un avión privado.
[Elizabeth Malkin y Marc Lacey] Tegucigalpa, Honduras. Cuando era presidente, Zelaya compraba joyas, pagaba viajes y mantenía a sus caballos con dinero que había robado del Banco Central y de Hacienda, de acuerdo a un anuncio de televisión del gobierno de facto. Aparecen titulares de diarios hondureños en la pantalla, como si con eso se demostrase la verdad de las acusaciones.
El reclame, y otros parecidos, son anuncios habituales en la televisión y la radio hondureñas, donde la furiosa guerra política que divide a Honduras se desarrolla en medio de afirmaciones de todo tipo, sin importar si se basan o no en hechos reales. El retorno de Zelaya al país el lunes ha aumentado el volumen de la guerra en los medios -una guerra en la que la voz del gobierno es la que suena con más ruido, aunque Zelaya es un combatiente igualmente diestro y resbaladizo.
"Zelaya tiene un plan terrorista", afirma otro anuncio del gobierno, acusando al presidente depuesto de utilizar la embajada brasileña, donde se ha refugiado, como su comando general. Eso vino después de un ominoso aviso de que "tropas extranjeras y aviones militares" habían entrado a territorio hondureño.
Los anuncios del gobierno son el ejemplo más extremo de las acusaciones se que han convertido en la dieta habitual de las ondas radiofónicas.
Incluso antes de que Zelaya fuera derrocado por el golpe el 28 de junio, la televisión y los diarios, controlados por un puñado de hombres de negocios ricos, se volvieron contra él. Aparte del canal de televisión estatal, el gobierno de Roberto Micheletti, el presidente de facto, tiene muchas avenidas para desacreditar, sino difamar, a Zelaya.
El miércoles noche, por ejemplo, el canal del gobierno informó, sin mencionar la fuente, que Brasil había prometido restituir a Zelaya a cambio de una silla permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Pero Zelaya tiene sus propios medios aliados, especialmente la emisora Radio Globo, que transmite día y noche, abriendo sus micrófonos a los oyentes y repite su propio conjunto de rumores y falsedades. Zelaya llama frecuentemente a la radio y a otros en el mundo, haciendo sus propias denuncias escandalosas: que han pagado a comandos israelíes para que lo maten; que lo están envenenando en secreto por gas y radiación; que Micheletti está preparando tomar por asalto la embajada brasileña.
"Nadie en Honduras dice la verdad cien por cien", dice Alejandro Villatoro, dueño de Radio Globo y diputado aliado de Zelaya. Dijo que los informes sobre represión de parte de policías y soldados que se había convertido en pan de todos los días, no eran comentados en los medios aliados con el gobierno.
Claramente el gobierno lleva ventaja, dijo, observando que él y sus periodistas fueron arrestados brevemente el día del golpe. Esa experiencia lo ha convencido de mantener la emisora en el aire, incluso aunque el gobierno bloquee frecuentemente sus programas (el último programa bloqueado era cuentos de niños para la hora de acostarse).
Desde el golpe los anunciantes han retirado sus anuncios, de modo que debe financiar de su bolsillo el presupuesto de quince mil a veinte mil dólares de la emisora.
Cada lado argumenta que está contrarrestando las mentiras de los otros. "Nuestro objetivo es contar la verdad a la gente", dijo un asesor de medios del gobierno que pidió no ser identificado porque no estaba autorizado para hablar a nombre del gobierno. "Los otros están dirigiendo una campaña de desinformación".
Las acusaciones opuestas continuaron cuando las dos partes discuten qué fue lo que provocó la crisis. De acuerdo a un análisis reciente de los aspectos jurídicos del caso preparado por la Biblioteca Jurídica del Congreso en Washington, tanto Zelaya como los que lo derrocaron han violado la ley.
En el caso de Zelaya, el presidente no acató las resoluciones de tribunales que le ordenaban suspender una encuesta sobre si los ciudadanos querían reformar la Constitución. Finalmente el fiscal general presentó una demanda ante la Corte Suprema acusando a Zelaya de traición y abuso de autoridad, entre otros cargos. Eso llevó a la orden de arresto que fue ejecutada el 28 de junio.
Pero Zelaya no fue arrestado formalmente cuando los soldados allanaron su casa. En lugar de eso, el ejército lo detuvo, lo llevó al aeropuerto y lo subió a un avión hacia Costa Rica [parando antes en el aeropuerto de la base militar norteamericana de Palmerola], aunque la Constitución hondureña prohíbe que un ciudadano hondureño sea entrega a autoridades extranjeras.
Las fuerzas armadas dijeron que decidieron expulsar a Zelaya del país para reducir la posibilidad de que su detención causara disturbios. Después de defender inicialmente esa decisión, algunos miembros del gobierno de facto han llegado a considerarla como un error.
Norma C. Gutiérrez, especialista en derecho internacional que preparó el análisis jurídico para los legisladores estadounidenses el mes pasado, criticó a las dos partes. Lo esencial: la acusación contra Zelaya tenía argumentos válidos en el derecho constitucional y penal. Pero no así su expulsión del país.

Elisabeth Malkin informó desde Tegucigalpa, y Marc Lacey desde Ciudad de México.

12 de octubre de 2009
24 de septiembre de 2009
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©traducción mQh

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diputado se insolenta con cancilleres


Negociaciones en Honduras para poner fin a la crisis. Representantes del derrocado presidente Manuel Zelaya y del gobernante de facto, Roberto Micheletti, se reúnen en Tegucigalpa.
[Alex Renderos y Tracy Wilkinson] Tegucigalpa, Honduras. Representantes del presidente hondureño Manuel Zelaya y de las autoridades de facto que lo depusieron en un golpe en junio, se reunieron el miércoles en un intento de poner fin a la crisis que ha dividido y aislado a este empobrecido país.
Con ministros y diplomáticos extranjeros a la mano para conciliar a las partes profundamente polarizadas, empezó una tensa ronda de negociaciones destinadas a rescatar a Honduras de lo que un participante llamó "la oscuridad, el caos infinito, el miedo y la incertidumbre".
"Hemos venido a buscar soluciones concretas para una situación que no puede continuar", dijo José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos, que está supervisando las negociaciones.
No se espera que se avance muy rápidamente. Los principales protagonistas, Zelaya y el hombre que lo derrocó, Roberto Micheletti, no se reunirán cara a cara y no quedó claro que estuvieran dispuestos a hacer concesiones, especialmente sobre el punto más polémico: el retorno de Zelaya a la presidencia.
Las negociaciones del miércoles fueron las primeras desde mediados de julio, cuando el presidente costarricense, Óscar Arias, presentó un plan de doce puntos que fue finalmente rechazado por Micheletti.
Los diplomáticos dijeron que han detectado un nuevo ímpetu que podría conducir a una solución. Honduras está sufriendo las consecuencias de sanciones internacionales impuestas en castigo por el golpe, incluyendo la pérdida de cientos de millones de dólares en ayudas y en comercio que el país necesita desesperadamente. Washington también canceló las visas de viaje de Micheletti y otros altos funcionarios y hombres de negocios.
Y muchos hondureños, incluyendo a los que respaldaron el golpe, expresan crecientes temores de que la continuación de la convulsión política ponga en peligro las elecciones del 29 de noviembre.
"Las esperanzas de Honduras, y del mundo, dependen del grado en que ambos, Zelaya y Micheletti... acepten que la situación actual es insostenible", dijo el diario hondureño El Heraldo en un editorial del miércoles. La comunidad internacional respalda a Zelaya en su exigencia de restitución.
Según el plan propuesto por Arias, que es también un Premio Nobel de la Paz, Zelaya asumiría la presidencia con poderes limitados como parte de una coalición de gobierno. Su mandato termina en enero.
Micheletti se ha negado obstinadamente a aceptar la propuesta de restitución de Zelaya. Pero algunos de los aliados de Micheletti han empezado a titubear.
El embajador estadounidense en Honduras, Hugo Llorens, mantuvo varias reuniones secretas con hombres de negocios y políticos insistiendo en que acepten la restitución de Zelaya, de acuerdo a participantes.
Zelaya, un rico empresario maderero cuyo giro hacia la izquierda enfureció a las poderosas elites hondureñas tradicionales, fue derrocado el 28 de junio. Oficiales militares lo detuvieron en su casa en la madrugada y lo subieron a un avión en dirección a Costa Rica [parando antes de la base aérea norteamericana de Palmerola], en el primer golpe militar en América Central en los últimos dieciséis años. Hace dos semanas, Zelaya volvió clandestinamente al país y se refugió en la embajada de Brasil.
Micheletti y sus partidarios acusan a Zelaya de querer utilizar una posible reforma constitucional para hacerse reelegir, una medida considerada ilegal por el Congreso y tribunales.
Las negociaciones del miércoles empezaron con una ceremonia formal en el Hotel Clarion en Tegucigalpa, presidida por Insulza, de la OEA. Las delegaciones de tres miembros, que representan a los dos lados, se reunieron luego a puertas cerradas.
Micheletti sonó conciliador en la víspera de las negociaciones, prometiendo llevar un "nuevo espíritu" al diálogo. Pero el miércoles noche, confrontó colérico a los diplomáticos de la delegación de la OEA, entre los cuales un alto funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos, denostándolos por no mostrar suficiente simpatía por su causa.
"No tenemos miedo de Estados Unidos, ni del Departamento de Estado, ni de México ni Brasil", gritó ante los sorprendidos diplomáticos. "Pero tenemos miedo cuando se trata de Zelaya".
Los partidarios del presidente derrocado han expresado preocupación de que las fuerzas golpistas usen las negociaciones para ganar tiempo -una advertencia que el presidente reiteró este miércoles.
La crisis en Honduras ha contrariado a los diplomáticos en todo el hemisferio. Washington no ha sido capaz de resolver esta crisis por sí solo, pese a su influencia tradicionalmente fuerte en el pequeño país centroamericano.
Los partidarios hondureños del golpe afirman que han salvado al país de lo que llaman "socialismo", pero la mayoría del resto del mundo ve el golpe como un retroceso hacia el tormentoso pasado latinoamericano.
Víctor Meza, ministro del Interior de Zelaya que dirige a su equipo en las negociaciones, dijo que la crisis ha mostrado que aunque Honduras logró construir instituciones democráticas, todavía carece de una "cultura democrática".
"En la democracia los errores se corrigen con más democracia, no con golpes de estado", dijo.

8 de octubre de 2009
©los angeles times 
©traducción mQh
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diputado levanta estado de sitio


El dictador de Honduras admitió ademas la posibilidad de una restitución de Zelaya. La medida, reclamada el día anterior por el presidente constitucional Manuel Zelaya como condición previa para dialogar, pareció sintonizar con el clima de negociaciones que se vive en Tegucigalpa. Mañana llega la misión de la OEA.
Honduras. La dictadura hondureña dio ayer un paso atrás. A 24 horas de la llegada de la misión de cancilleres de la OEA a Tegucigalpa, el gobierno de facto anunció ayer el levantamiento del estado de sitio. Concesión o táctica, la medida, reclamada el día anterior por el presidente constitucional Manuel Zelaya como condición previa para dialogar, pareció sintonizar con el clima de negociaciones que se vive en la capital del país centroamericano. La llegada de tres congresistas republicanos de origen cubano-estadounidense en apoyo a la dictadura marcó la ocasión. "Yo quiero darle la noticia al mundo entero y qué más grato que estando presente esta ilustre dama para decirles que hemos derogado en Consejo de Ministros el decreto, todo el decreto, completamente", anunció ayer el dictador Roberto Micheletti escoltado por la representante del estado de Florida Ileana Ros-Lehtinen, símbolo del ala dura de su partido que llegó a Honduras junto a sus colegas Lincoln y Mario Díaz Balart. "El país está volviendo a la tranquilidad", justificó el legislador que usurpó la presidencia el 28 de junio pasado.
Gracias al decreto, emitido hace una semana, las libertades constitucionales fundamentales habían sido anuladas. Amparada en ese marco, la dictadura no sólo impidió por completo cualquier tipo de manifestación callejera de la resistencia democrática, sino que además clausuró Radio Globo y Canal 36, únicos dos medios nacionales afines a Zelaya que seguían transmitiendo en el país.
El anuncio, sin embargo, no estuvo solo en las novedades del día. Ayer, por primera vez en los cien días que lleva la dictadura centroamericana, Micheletti admitió la posibilidad de una restitución de Zelaya en su cargo de presidente. De inmediato lo matizó, se atajó diciendo que no era una decisión que él podía tomar e incluso dio a entender que ello tendría lugar tras los comicios del 29 de noviembre, asegurándose de ese modo que Zelaya volviese al poder por un período de tiempo en extremo corto y con un presidente electo como garante de la transición. Hasta ayer, no obstante, la restitución del mandatario legítimo, al menos públicamente, no se admitía siquiera como punto de discusión.
"Hay una razón para sentarse a dialogar, que es la patria primero; la restitución es una aspiración del señor Zelaya que habría que escucharla ya con mejores planteamientos, con planteamientos legales. De todos modos, esa decisión tendría que tomarla la Corte Suprema, ya que el señor Zelaya tiene asuntos legales pendientes", arguyó Micheletti. Y aclaró: "Si se dieran las elecciones en el país, transparentes, y elegimos al nuevo presidente, de ahí para allá se puede hablar de cualquier escenario, de cualquier solución".
En ese marco de tiempo de descuento previo a la instalación de una mesa negociadora, y con la alusión a una vuelta al cargo tras los comicios, Zelaya volvió a la carga y le exigió a Micheletti que firme su restitución cuanto antes. "Se debe suscribir de manera inmediata el Acta de San José en el marco jurídico nacional e internacional con los otros poderes del Estado, con los cancilleres de la OEA como testigos de honor", afirmó el mandatario derrocado a través de un comunicado.
Más aún, Zelaya afirmó que para lograr la firma de los acuerdos no saldrá de su refugio. La sede diplomática brasileña, según el hondureño, es el escenario ideal para sellar su vuelta. "La embajada proporciona el marco de seguridad nacional e internacional para la suscripción de estos acuerdos por ambas partes, donde se va a garantizar la transparencia y el respeto a la integridad física, los derechos constitucionales y la vida del presidente", señaló a través de un comunicado.
A tono con las negociaciones que se desarrollan por lo bajo, la eventual restitución de Zelaya no fue ayer lo único que se le escuchó decir al dictador Micheletti. Don Roberto, como se lo llama en su país, afirmó ayer, impávido, que se propone sancionar a quienes sacaron a Zelaya del país a punta de fusil. "Definitivamente es una decisión que tomaron algunos sectores y van a ser castigados de conformidad con la ley", señaló. A su lado, la congresista norteamericana Ros-Lehtinen avalaba el contrasentido.

6 de octubre de 2009
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