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paramilitares forman partido


Los paras quieren participar en las próximas elecciones colombianas. Se ha formado el partido paramilitar.
Colombia. Después de perpetrar múltiples matanzas, ahora los paras desmovilizados quieren participar del debate democrático y la política. Los antiguos miembros del grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) formaron ayer un partido propio para intervenir en los próximos comicios en medio de una campaña electoral que ya registró un saldo de 29 muertos. Luego del anuncio de la fundación del Movimiento Nacional de Autodefensas Desmovilizadas, la Fiscalía colombiana ordenó indagar a la ex congresista oficialista Rocío Arias, la vocera del nuevo partido de los ex paras, justamente por presuntos nexos con los paramilitares.
A pocos días de las elecciones regionales en Colombia, los ex paramilitares colombianos concretaron un plan que venían pergeñando desde hace varios años, incluso antes de que abandonaran las armas. En un plenario de dos días realizado en Medellín, unos cincuenta ex miembros de las AUC resolvieron la creación de su nuevo partido político. "Hemos creado el Movimiento Nacional de Autodefensas Desmovilizadas, con el objetivo de participar a partir de la fecha en el debate democrático y político del país", informaron los ultraderechistas en un comunicado difundido por internet con fecha de ayer.
Asimismo, la nueva organización precisó que no intervendrá en las elecciones municipales y departamentales que se realizarán este domingo en Colombia. "No estamos participando como movimiento en las justas electorales próximas, sin perjuicio de las aspiraciones individuales de desmovilizados, avalados por diversas agrupaciones partidistas, que por lo demás son legítimas, pues de lo contrario sería contradictorio que pudiéramos elegir, pero no ser elegidos", indicaron.
"Sin embargo, esto no implica que no estemos dispuestos a participar en el diseño de las políticas públicas que se adopten en el país, porque en la medida en que las ideas sean debatidas y confrontadas democráticamente, serán enriquecidas y representarán los intereses de las mayorías nacionales", informaron los ex integrantes de las AUC, una organización que participó en el descuartizamiento de campesinos y el asesinato de sindicalistas.
En medio de una campaña signada por la matanza de candidatos, los desmovilizados rechazaron la ola de atentados y aseguraron que están no vinculados con los nuevos grupos ultraderechistas que han surgido en el país tras el desarme de las AUC. "No compartimos la combinación de todas las formas de lucha y nos deslindamos de la utilización de las armas para obtener reivindicaciones de corte político", afirmaron.
La asamblea reciente de los ex mercenarios designó como portavoz de la formación a Antonio López, un ex jefe político del disuelto Bloque Cacique Nutibara (BCN). El BCN estaba dirigido por ‘Don Berna', alias de Diego Fernando Murillo, actuaba en Medellín y zonas rurales cercanas y tras la primera desmovilización masiva de paramilitares se disolvió en noviembre de 2003. Pero el proceso de paz del gobierno del presidente Álvaro Uribe con las AUC concluyó a mediados de 2006 luego del desarme de más de 31.000 mercenarios.
Por otra parte, el Movimiento de los desmovilizados nombró como vocera civil a la polémica ex congresista Rocío Arias, quien ayer fue procesada por la Fiscalía General. Representante de la Cámara en el período 2002-2006, la ex legisladora expresó desde ese lugar su admiración por los mandos de las AUC y defendió el diálogo de la organización con el Ejecutivo.
Sin embargo, ahora la vocera deberá presentarse a la Justicia tras ser acusada de participar de la ‘parapolítica'. Este conflicto actualmente compromete a 39 congresistas y ex parlamentarios, quince de los cuales están tras las rejas y casi todos forman parte de la coalición de gobierno que apoya al presidente Alvaro Uribe. "El proceso fue abierto para determinar la supuesta responsabilidad de Arias en la suscripción de acuerdos con grupos de autodefensa, con el fin de favorecerse electoralmente, y ser elegida al Congreso en el año 2002", señaló ayer en un escueto comunicado la Fiscalía.

25 de octubre de 2007
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condenan a jefes paras


Un tribunal sentenció a Salvador Mancuso y Carlos Castaño a cuarenta años de cárcel por los asesinatos de dirigentes sindicales.
El sindicalismo colombiano se anotó una victoria. Por primera vez en la historia del país, los máximos líderes paramilitares fueron condenados por los secuestros y asesinatos de dirigentes gremiales. Un tribunal especialmente creado para juzgar los casos que impulsa la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sentenció a Salvador Mancuso y Carlos Castaño –asesinado hace tres años– a cuarenta años de cárcel y a pagar una indemnización a las familias de las víctimas de más de dos millones de dólares. Sin embargo, Mancuso sólo cumplirá una pena de ocho años, gracias a la amnistía que firmó en 2004 cuando se desmovilizó. El gobierno de Álvaro Uribe ya dio señales de que apoyará los otros cientos de procesos que se están preparando, probablemente para destrabar la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) que estaba siendo rechazado por los sindicatos estadounidenses y los legisladores demócratas.
El fallo contra Mancuso, Castaño y otro paramilitar de menor rango, Uber Bánquez Martínez, es parte del primer paquete de sentencias de esta corte especial. En total fueron nueve casos, en los que también se condenó a un subteniente del ejército, tres soldados y un civil, todos a cuarenta años de cárcel. No obstante, en cuatro de los procesos los jueces determinaron que los asesinatos de los sindicalistas no tenían nada que ver con su actividad gremial. Uno de ellos es el de Manuel Charris, un trabajador de la carbonera Drummond asesinado en junio de 2001. A pesar de las denuncias de la OIT y de su familia y del sospechoso récord de muertes que acosa a la empresa norteamericana en el país, la Justicia colombiana decidió que Charris fue acribillado para robarle los 647 mil dólares que recién había sacado del banco.
Muchos dirigentes gremiales todavía tienen sus reservas sobre los resultados de esta primera parte de los juicios. De todas maneras, todavía queda un largo camino por recorrer. Ya hay otros 16 juicios en espera de un fallo y cerca de 1400 denuncias por tratar. Son los casos que lograron más resonancia, principalmente a nivel internacional. Pero la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) ya tiene planeado presionar para agregar todos los asesinatos, secuestros y desapariciones documentados. Según un informe que difundirán próximamente, 2832 líderes sindicales y trabajadores agremiados murieron violentamente entre 1986 y agosto pasado. "Aún hay impunidad en los casos contra sindicalistas, porque pocos se atreven a denunciar. La mayoría de situación se vive en el campo, donde hay miedo. Se ha aumentado el desplazamiento", resaltó Witney Chávez, presidente del sindicato de maestros Fecode.

Estas críticas se suman a los que recuerdan que los paramilitares que serán juzgados sólo cumplirán una pequeña parte de sus condenas, ya que la gran mayoría está amparada en la Ley de Justicia y Paz. Las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), la principal fuerza paramilitar del país y la principal sospechosa de estar detrás de la persecución sindical, se desmovilizaron en los últimos años, bajo la condición de que el gobierno de Uribe no los extradite ni obligue a cumplir penas mayores de ocho años. Por eso, Mancuso y los otros paramilitares acusados están muy tranquilos. "El problema es que los paramilitares están detrás de la mayoría de los crímenes contra los sindicalistas del país", destacó Jaime Bamboa, presidente de la Unión Sindical Obrera. Para el dirigente gremial, esto no sólo significará que no habrá una justicia plena, sino que además les quita el incentivo a los paras de delatar a los autores intelectuales.
Para los analistas colombianos, el apoyo de Uribe a las investigaciones de la represión sindical tiene un claro objetivo político. A principio de mes una importante delegación norteamericana, dirigida por el secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez, desembarcó en Bogotá para mostrar la cara democrática y pacífica del país. El mandatario colombiano trató de convencer a cuatro congresistas demócratas, un republicano y un independiente del "éxito" de su política de seguridad.
Sin embargo, en Estados Unidos el clima sigue adverso. "El presidente Álvaro Uribe y su gobierno no han hecho lo suficiente para enviar a la Justicia a los matones paramilitares y a sus patrocinadores políticos, responsables de generalizadas violaciones de los derechos humanos", escribió recientemente The New York Times en su editorial. Al mismo tiempo, la Confederación Sindical Internacional, que representa a 168 millones de trabajadores de 153 países, contradecía al presidente Uribe y denunciaba que la persecución gremial había crecido el año pasado, alcanzando las 78 muertes. "Colombia sigue siendo el país más mortífero del mundo para los sindicalistas", sentenció la organización en su Informe Anual sobre las Violaciones de los Derechos Sindicales 2006.

24 de octubre de 2007
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israelíes y paramilitares colombianos


[Sergio Rotbart y María Laura Carpineta] Los agentes israelíes formaron paras. El rol de los mercenarios israelíes abre un abanico de extrañas complicidades.
El entrenamiento que recibieron los primeros y más notorios líderes paramilitares por parte de ex oficiales del ejército israelí vinculados con los servicios de inteligencia de ese país, de Estados Unidos y de Colombia, demuestra la injerencia oficial y la de gobiernos extranjeros en la creación del aparato represivo.
Antes de desaparecer misteriosamente, Carlos Castaño, quizás el paramilitar más poderoso que haya conocido Colombia, escribió en sus memorias: "Mi idea de las fuerzas paramilitares la copié de los israelíes". La frase pasó inadvertida, opacada por los escalofriantes relatos de las masacres que ordenó como comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Sin embargo, detrás de ella se esconde uno de los capítulos menos conocidos de la historia reciente del país: los mercenarios. Los mercenarios entrenaron y armaron a los paramilitares en sus primeros años, bajo el auspicio de los empresarios y las fuerzas armadas. Hay muchos interrogantes con respecto a su paso por Colombia, pero todos los testigos de aquella época coinciden en un mismo nombre: Yair Klein.
Klein nació en 1943 en el kibutz Nitzanim, una de las cooperativas comunales creadas por el movimiento sionista en Palestina desde principios del siglo XX. En 1962, 14 años después de la creación del Estado de Israel, se incorporó voluntariamente a la brigada de paracaidistas de su joven ejército. En poco tiempo llegó a ser instructor de la escuela de paracaidistas y, luego, oficial en un cuerpo de elite entrenado para cumplir ‘misiones especiales'. En esa unidad militar, se dedicaba a asesinar árabes-palestinos que colaboraban con las fuerzas de seguridad israelíes y eran sospechosos de haberse convertido en dobles agentes. "Cuando un soplón fijaba una cita que no coincidía con los planes de las altas esferas, entonces estaban seguros de que nuestros soplones se habían convertido en dobles agentes. Era la oportunidad para liquidarlos. Yo recibía la orden personalmente de un superior. Liquidé a personas sin mirarlos a la cara. Al día siguiente eran recogidos por el servicio de seguridad", contó muchos años después al semanario Tel Aviv.
En el ejército israelí, Klein llegó a ser subcomandante de esa unidad de elite, llamada Harub. Cuando fue desmantelada, a mediados de los años '70, volvió al cuerpo de paracaidistas, en el que ascendió hasta el puesto de subjefe de la zona del valle de Beit Shean, lindante con el norte de Cisjordania. Allí volvió a sus ‘misiones especiales'. Comandó operativos de captura de milicianos y refugiados palestinos que intentaban ingresar desde Jordania al territorio dominado por Israel.
Se retiró del ejército en 1977 y, un año más tarde, montó la empresa Spearhead (Punta de Lanza), por intermedio de la cual se dedicaba a la exportación de armas y equipamiento militar. La compañía es casi secreta. No aparece en Internet, excepto mencionada en artículos periodísticos, y no se conoce ni su directorio, ni sus actuales actividades.

Mi Hombre en Medellín
Después de un frustrado negocio con las falanges libanesas, Klein decidió probar suerte en Colombia. Las versiones varían sobre quién lo tentó. Para la Justicia colombiana, el mercenario fue invitado por el Cartel de Medellín de Pablo Escobar, por entonces camuflado por una asociación que nucleaba a los grandes hacendados del Magdalena Medio. El dinero, sin embargo, lo había puesto Uniban, la principal exportadora de bananas del país. Aunque la empresa no estaba radicada en la zona, había acordado que una vez formados y entrenados los grupos contraguerrilleros se expandirían a sus tierras para garantizarles seguridad.
La otra versión la difundió el propio Klein hace siete años. "Estuve en Colombia por invitación de los norteamericanos y punto. Todo lo que Estados Unidos no puede hacer porque le es prohibido intervenir en asuntos de gobiernos extranjeros, lo hace pero, por supuesto, por otros medios. Yo obré con licencia y permiso en Colombia", le confió a la revista bogotana Semana. Klein no se refería a permisos legales. Tanto el gobierno israelí como el colombiano le negaron la licencia para vender armas y asesorar en ese país. Sin embargo, el extranjero tuvo alguna ayuda oficial.
Un informe del servicio de inteligencia colombiano, el DAS, aseguraba ya en 1990 que todos los mercenarios que llegaban a Puerto Boyacá –sede de los campamentos de entrenamiento– lo hacían escoltados por oficiales o personal civil del ejército. Esto fue confirmado más tarde por Luis Meneses, un capitán retirado, condenado por pasarse al bando paramilitar. Según testificó, fue el ejército el que invitó al mercenario israelí y a sus compañeros de armas a entrenar a los incipientes paras. No sólo eso. La institución habría puesto los 80 mil dólares que costaban los ‘seminarios' y las armas.
Por el contrario, nunca se pudo comprobar la participación de Estados Unidos en esta historia. Sin embargo, una serie de documentos desclasificados del Departamento de Estado y de Defensa demuestran que los servicios de inteligencia norteamericanos sabían quién era Klein y qué estaba haciendo en Colombia. Incluso dedican todo un informe a desarrollar su perfil y sus posibles contactos con el poder económico y político del país sudamericano. Su nombre también aparece en una larga lista de "conocidos narcotraficantes" de la región. El azar hizo que sobresaliera por quedar en medio de dos nombres famosos: el entonces todopoderoso Pablo Escobar y el actual presidente Álvaro Uribe.

La Mala Educación
De lo que no hay ninguna duda, en cambio, es sobre los ‘seminarios de capacitación' que impartió durante su estadía en Colombia. El folleto de su empresa, Spearhead, prometía entrenamientos físicos, clases teóricas y ejercicios reales sobre el uso de explosivos, armas de guerra y equipo de espionaje. El primer curso lo dictó, junto a otros dos ex compañeros del ejército israelí, a principio de 1988. Duró dos meses y se realizó en una granja del Cartel. El propio Escobar y los otros jefes narcos pasaban de vez en cuando por la estancia para controlar su inversión. Pagaron 2500 dólares por alumno, aunque de los 80 que empezaron sólo 34 aprobaron. El resto abandonó o murió en alguno de los ejercicios de combate. La mayoría de los que sobrevivieron se ganaron un lugar en el segundo curso.
Esta vez eligieron la Ciénaga de Palagua –también en Boyacá–, justo al lado de los campos de la empresa petrolera norteamericana Texaco. Eran sólo 22 alumnos y se especializaron en explosivos. Les enseñaron todos los tipos de bombas más o menos caseras –de control remoto, con reloj, con cables, baterías, etc.–. El costo fue de entre 75 y 80 mil dólares y sólo cuatro lograron aprobarlo. Klein también aprovechó estos meses para incluir unas clases sobre tortura. "Se colgaba a la víctima de los pies y debajo de la cabeza se hacía una fogata, dejando que se queme de a poco", testificó el paramilitar Alonso Baquero, alias Vladimir.
Los egresados de estos campamentos –entre ellos los hermanos Castaño, Carlos y Fidel, para muchos los padres de las fuerzas paramilitares– fueron responsables de más de una decena de masacres y atentados. En su haber se cuentan los ataques en los noventa contra la central del DAS, la revista El Espectador, el asesinato del gobernador de Antioquia Antonio Betancur y las masacres campesinas en Magdalena Medio. En 2001, una Corte colombiana condenó a Klein y al resto de los mercenarios a diez años de prisión en ausencia.
La cooperación militar entre Israel y Colombia continúa hasta el día de hoy. Recientemente la prensa de Tel Aviv reveló que un general del ejército (en reserva), Israel Ziv, es uno de los asesores de asuntos de seguridad del gobierno de Álvaro Uribe. Sin embargo, Bogotá sigue sin poder pasar el mal trago de Klein. En agosto pasado, el mercenario fue detenido en el aeropuerto de Moscú por Interpol. En menos de 24 horas, la Cancillería colombiana ya tenía listo el pedido de extradición, que probablemente no prospere debido a las presiones del gobierno israelí. El ex coronel sigue manteniendo muy buenos contactos en su país, entre ellos la actual presidenta de la Corte Suprema, Dorit Beinish, la misma que evitó que lo condenaran por su participación en el escándalo mundial Irán-Contras. Para muchos analistas, Uribe quedó bien por intentarlo, pero tampoco se esforzó demasiado por sacar a la luz el caso. Después de todo, Klein todavía representa un capítulo de la historia colombiana que muchos en Bogotá quieren dejar atrás.

21 de octubre de 2007
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novia de escobar acusa a presidente


[Francesc Relea] Para la novia de Escobar, Uribe es "narcopresidente". La ex amante del narco más famoso de Colombia rompió el silencio para acusar a Álvaro Uribe y otros políticos de mantener vínculos con el narcotráfico.
Desde Miami, Estados Unidos. La figura del narcotraficante Pablo Escobar, abatido hace 14 años, sacude todavía a la clase política colombiana. Virginia Vallejo, de 57 años, novia-amante durante más de un lustro del jefe del Cartel de Medellín, la organización criminal más poderosa que ha actuado en Colombia, ha roto un largo silencio para hablar del pasado y el presente de su país. "El silencio me salvó. Soy el único superviviente, los demás están muertos", dice. En el libro ‘Amando a Pablo, odiando a Escobar' (Random House Mondadori), Vallejo arremete contra destacados líderes políticos a quienes atribuye estrechos vínculos con el gran capo de la droga.
Refugiada en Estados Unidos a la espera de obtener asilo político, Virginia Vallejo concedió una larga entrevista a El País, la primera desde su salida de Colombia hace más de un año. Desaparecida de escena desde hacía más de una década, en la que proliferaron chismes y rumores de la peor especie, la presentadora de televisión, reportera, modelo y actriz vuelve a la palestra como un testigo incómodo para los políticos colombianos. El presidente, Álvaro Uribe Vélez, se ha apresurado a rechazar las acusaciones del libro de Vallejo.
"El narcoestado soñado por Pablo Escobar tiene hoy más vigencia que nunca en Colombia", dice la diva de los años '80. "Los narcotraficantes prosperaron en Colombia no porque fueran unos genios, sino porque los presidentes eran muy baratos", dice Vallejo, y menciona tres nombres como los narcopresidentes: Alfonso López Michelsen, Ernesto Samper y Alvaro Uribe.
Del actual presidente de Colombia, Álvaro Uribe, Vallejo dice que el jefe del Cartel de Medellín lo idolatraba. Asegura que el gobernante, en su etapa de director de la Aeronáutica Civil (1980-1982), "concedió docenas de licencias para pistas de aterrizaje y centenares para los aviones y helicópteros sobre los que se construyó toda la infraestructura del narcotráfico".
"Pablo solía decir: ‘si no fuera por este muchacho bendito tendríamos que estar nadando hasta Miami para llevar la droga a los gringos. Ahora, con nuestras propias pistas no nos para nadie. Pista propia, aviones propios, helicópteros propios...' Sacaban la mercancía hasta Cayo Norman, en las Bahamas, cuartel de las operaciones de Carlos Lehder, y de allí a Miami, sin problemas." Virginia Vallejo está dispuesta a defender públicamente y ante un detector de mentiras todo lo escrito y declarado.
Fueron los años dorados de Pablo, los Ochoa, Gonzalo Rodríguez Gacha el Mexicano, Lehder.
Transportaban hasta 300 kilos de cocaína por hora y día. Estaban en el lugar perfecto a la hora perfecta, aunque al final todos tuvieron un destino trágico. En tres años estos tipos pasaron de ser lijadores de lápidas, desvalijadores de automóviles, a tener fortunas de 3000 millones de dólares. "Cuando conocí a Pablo no sabía que tenía tanto dinero. Me enteré por las revistas Forbes y Fortune que lo situaban como el séptimo hombre más rico del mundo", comenta Vallejo.
Otro episodio que ilustra los supuestos vínculos entre Uribe y Escobar es la muerte de Alberto Uribe Sierra, padre del presidente, en 1983, a manos del quinto frente de la guerrilla de las FARC. "Pablo quería mucho a Alvarito –explica la ex novia de Escobar–. Cuando las FARC mataron al padre de Uribe en un intento de secuestro, Pablo les envió un helicóptero para recoger los restos. El hermano, Santiago, se estaba desangrando. Se encontraban en una hacienda lejana de Medellín, donde no había helicópteros ni infraestructura aeronáutica de ningún tipo. Pablo dio la orden de enviar el helicóptero. Me lo contó unos días después. Sintió mucho aquella muerte. Estaba muy triste. Me dijo: ‘Quien crea que esto es un negocio fácil, está muy equivocado. Esto es un reguero de muertos. Todos los días tenemos que enterrar amigos, socios y parientes'. Me dijo que él también podía ser uno de los muertos, y me preguntó si estaría dispuesta a escribir su historia".
Según el National Security Archive, un grupo de investigación no gubernamental basado en la George Washington University, Álvaro Uribe fue un amigo cercano de Pablo Escobar, que colaboró con el Cartel de Medellín. El mismo grupo de investigación difundió una lista de los narcotraficantes colombianos más importantes en 1991, elaborada por los servicios de inteligencia estadounidenses, en la que Escobar ocupaba el puesto 79 y Uribe el 82.
Antes de escapar de Colombia, Virginia Vallejo intentó dar su testimonio en el juicio contra el ex ministro de Justicia Alberto Santofimio, acusado de ser el inductor del asesinato del candidato presidencial liberal Luis Carlos Galán, en 1989. "Mi testimonio habría involucrado a toda la clase política de Colombia", asegura. Sospechosamente, la etapa de exposición de pruebas se cerró con una rapidez inusual, y la declaración de Virginia Vallejo se difundió en televisión pero no se incorporó al sumario. Santofimio fue condenado el jueves pasado a 24 años de prisión por homicidio con fines terroristas.
La planificación y financiación del crimen fueron atribuidas a Pablo Escobar, jefe del Cartel de Medellín. Según la antigua novia del narcotraficante, Santofimio era el candidato de Escobar para las elecciones presidenciales y el enlace del capo con los jerarcas del Partido Liberal, "sobre todo con el ex presidente López Michelsen, el hombre más poderoso de Colombia hasta el año pasado, cuando murió, a los 94 años".
Vallejo asegura que en su presencia "Santofimio instigó por lo menos en tres ocasiones a Pablo a eliminar a Luis Carlos Galán. Lo conté en julio pasado al diario Miami Herald. A los pocos días, el diario El Tiempo y el Partido Liberal cerraron filas en torno a Santofimio, para proteger al hombre que conoce el precio de toda la clase política de Colombia".
Virginia Vallejo huyó de su país con ayuda norteamericana. A las 6 de la mañana del 18 de julio de 2006, tres vehículos blindados armados con ametralladoras de la embajada de Estados Unidos en Bogotá la trasladaron desde su casa al aeropuerto. Poco después un avión de la DEA, la agencia antidrogas de EE.UU., despegaba rumbo a Miami. "Fui a la Embajada de EE.UU., me reuní con el agregado del Departamento de Justicia, Jerry MacMillan, a quien ofrecí cooperación en el juicio a los hermanos Rodríguez Orejuela, que iba a empezar seis semanas después en Estados Unidos. El funcionario abrió sus ojos como platos cuando oyó que era amante de Escobar."
En Miami la interrogaron durante cinco días. En el juicio a los Rodríguez Orejuela había congelada una fortuna de 2100 millones de dólares. En contra de lo que han publicado diversos medios informativos, Virginia Vallejo no disfruta de la condición de testigo protegido en EE.UU. "Finalmente me dijeron: ‘Usted no nos sirve para el caso de los Rodríguez Orejuela, la vamos a devolver a Colombia'. Les he explicado cómo corrompieron a la clase política y a dos presidentes de la República. ¿No les sirve esto? Me exprimieron como una naranja, les entregué todos los nombres de los políticos comprometidos con el narco, les hablé de la relación de Uribe con Escobar... Me dijeron que nada de eso les servía en el proceso a los Rodríguez Orejuela. Que me enviarían de regreso a mi país y me protegería el fiscal colombiano. Yo les dije que no, que la esposa del contable de los Rodríguez Orejuela estaba muerta por haberse montado él en un avión de la DEA. Les dije que me quedaba en Miami y pedí asilo político". Los trámites pueden durar años. Mientras tanto, la presentadora de televisión no puede salir de territorio estadounidense. "Mi destino en Colombia sería la tortura y la muerte. Uribe me declaró la guerra a través de todos los micrófonos."
¿Por qué ha decidido hablar después de 20 años de silencio, cuando éste ha sido su mejor protección? "Porque se conjugaron cuatro procesos judiciales simultáneamente, es como una cuestión del destino. Estaba el proceso por el magnicidio de Luis Carlos Galán contra Alberto Santofimio Botero; la Comisión de la Verdad investigando el ataque al Palacio de Justicia de 1985; había un proceso en EE.UU. contra los hermanos Rodríguez Orejuela, y había otro proceso también en Estados Unidos contra los dueños de la multinacional que me había despojado de todo mi patrimonio. Yo era el testigo clave en cuatro procesos gigantescos, dos de ellos magnicidios históricos en Colombia y dos procesos enormes en Estados Unidos".

17 de octubre de 2007
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el legado del che


[Patrick J. McDonnell] Han pasado cuarenta años desde que el militante revolucionario fuera ejecutado en una escuela boliviana. Para los gobiernos de izquierdas de América Latina, sigue siendo un ídolo.
La Higuera, Bolivia. Fue una larga lucha, pero los cubanos finalmente conquistaron este perdido villorrio andino, cuatro décadas después de que Ernesto Che Guevara fuera ejecutado en la escuela de adobe de aquí.
Médicos cubanos se ocupan de la salud, educadores cubanos se encargan de las clases de alfabetización y en la biblioteca donada por los cubanos destacan libros de historietas con el Che como superhéroe. Un monumental busto del revolucionario con boina que ayudó a Fidel Castro a hacerse con el poder en Cuba domina la plaza mayor.
"Los grandes hombres como el Che no mueren nunca", dijo Ubanis Ramírez, uno de los cientos de médicos y maestros cubanos importados por el izquierdista presidente boliviano, Evo Morales, cuyo despacho luce un retrato de Guevara hecho con hojas de coca. "Su ejemplo estará siempre con nosotros".
Simpatizantes de todo el planeta se reúnen en este remoto rincón de Bolivia para conmemorar el cuarenta aniversario de la captura y asesinato de Guevara, un héroe de los militantes de izquierda y marca global cuyo refinado rostro adorna camisetas, carteles, carátulas y tatuajes.
Hoy, el legado ideológico de este revolucionario nómade se asoma más grande que nunca en América Latina, apoyado por la elección de una ‘ola rosada' de gobiernos de izquierda desde Nicaragua hasta Argentina. El socialismo está de vuelta y los cubanos son parte de la marcha, y el Che es la desafiante personificación de todo el movimiento.
Para sus críticos, Guevara era un megalómano de gatillo fácil cuyo violento ejemplo condujo a miles a la muerte en inútiles insurrecciones que sólo endurecieron la represión militar desde Guatemala hasta Chile.
Pero para las legiones de seguidores que participan de su culto, Guevara es el idealista predestinado al fracaso, el guerrillero que leía poesías y el "más completo ser humano de nuestra época", en palabras de Jean-Paul Sartre.
"Nuestra causa está avanzando y ya no tenemos que irnos a la montaña a pelear como el Che", dijo Osvaldo Peredo, que preside la Fundación Che Guevara, de Bolivia, y perdió dos hermanos en la guerrilla, uno de ellos luchando junto al Che.
Los médicos cubanos y los petrodólares de Hugo Chávez, de Venezuela, forman parte del nuevo arsenal de una insurrección pacífica que Guevara, abocado a la lucha armada, no podría siquiera haber imaginado.
"Finalmente se está cumpliendo el sueño del Che", dijo el ministro mexicano de asuntos exteriores, Jorge Castañeda, un biógrafo de Guevara que describe al Che más como un porfiado fanático que como inspirado visionario. "La exportación de la revolución cubana está finalmente teniendo éxito en América Latina, gracias a Chávez y su petróleo".
Un legendario jefe guerrillero de la Revolución Cubana que expulsó al dictador Fulgencio Batista en 1959, Guevara trastabilló en sus propias luchas en los años sesenta. Prácticamente exiliado de Cuba después de diferencias con Castro y los protectores soviéticos de Cuba, sufrió una ignominiosa derrota junto con los rebeldes antinorteamericanos en el Congo antes de su muerte en un apartado cañón boliviano al final de una quijotesca campaña de once meses.
Pero cuarenta años después, Guevara obtiene altos puntajes en el reñido campo de batalla de la memoria, emergiendo como una especie de santo laico, congelado a los 39 años entre el Verano de Amor y el abismo de 1968. Hollywood tiene al Che como taquillero: el director Steven Soderbergh está rodando una nueva película biográfica con Benicio del Toro como el Che.
"Hoy el Che está asociado en la conciencia colectiva con valores: su ética, sus principios, su disposición a perder la vida por un ideal", escribió hace poco su biógrafo Pacho O'Donnell en el semanario argentino Veintitrés.
Guevara, un médico sin formación militar formal, también era algo más, dicen sus críticos: un prolífico verdugo, un dogmático y totalitario y co-diseñador del estado policial y aparato de adoctrinamiento de Cuba.
Sus detractores contienden que, para sus admiradores, su breve vida se más a la de James Dean que a la del Presidente Mao, pero sus políticas estaban más cercanas al Camarada Stalin que a Mahatma Gandhi.
"Lo que queda es una especie de aura idealista y romántica", dice Jorge Lanara, un periodista argentino que ha escrito sobre Guevara. "Es más cultural que político".
Guevara, empecinado en crear "muchos Vietnam", escogió la mísera Bolivia en parte por su proximidad a su tierra natal, Argentina, donde esperaba iniciar una revolución. Hoy los voluntarios cubanos en Bolivia viven por el credo ‘Seremos como el Che', el lema típico de la isla comunista.
"Nosotros, pioneros comunistas, hemos jurado ser como el Che", dijo José Valledaris, 45, un ingeniero cubano que estaba regando los arbustos en el mausoleo de Guevara en una pista de aterrizaje que perteneció a los militares cerca de Vallegrande, donde fueron los arrojados y enterrados en una zanja los cuerpos de Guevara y seis compañeros combatientes hace cuarenta años. "Estoy aquí para seguir la tradición del Che".
Un remozada lavandería detrás del Hospital del Señor de Malta se ha convertido en una de las paradas más veneradas del ‘Tour del Che'. Fue aquí que unos triunfantes militares bolivianos exhibieron el cuerpo de Guevara como un trofeo de guerra encima de una batea de cemento, y donde Freddy Alborta fotografió la figura del Che -tan reminiscente de Cristo- ya muerto, pálido y con los ojos abiertos: un símbolo que se distribuyó por todo el mundo. Los peregrinos del Che garabatean rayadas de recuerdo incluso en las grietas.
"El hombre no es más que sus ideas", escribió alguien en francés.
Otro agregó, en italiano: "El que habla con el corazón no muere nunca".
Alguien escribió en español: "Esperamos sus órdenes, comandante".
Hace diez años, unos restos óseos que pertenecían aparentemente al rebelde, fueron desenterrados y llevados a Cuba, aunque persisten las dudas sobre si los huesos realmente son los de Guevara.
En un irónico giro del destino, la prensa ha informado que entre los que fueron sometidos a una cirugía óptica gratuitamente por médicos cubanos, se encontraban nada menos que Mario Terán, el soldado boliviano que mató a Guevara.
"Hace cuatro décadas después de que Mario Terán intentara destruir un sueño y un ideal, el Che Guevara vuelve para ganar otra batalla", informó el Granma, el diario cubano del Partido Comunista. "Ahora viejo, el señor Terán podrá, una vez más, apreciar los colores del cielo y de la selva, disfrutar de las sonrisas de sus nietos y mirar partidos de fútbol".
Aquí en La Higuera, la imagen del Che es tan ubicua como en cualquier internado universitario. Desharrapados campesinos vocean recuerdos del Che y tratan de ganar algo ofreciéndose de guías turísticos o repitiendo dudosas anécdotas sobre el Che.
Aquí, no hay mejor negocio que el Che.
"No sé mucho sobre el Che, pero atrae a los turistas y eso es bueno", dijo Limbert Arteaga, 29, alcalde de la cercana ciudad de Pucara, que supervisaba una feria de salud sobre la tuberculosis organizada por médicos cubanos. "Sé que fue un hombre bueno que trató de ayudar a los demás".
Algunos aldeanos están incluso dispuestos, a cambio de un modesta propina, a mostrar sus altares caseros a Santo Ernesto, una vista que probablemente habría horrorizado a Guevara, que era ateo.
"Al Che le pedimos que no nos pase nada", dijo Manuel Cortez, 62, que vive a unos metros de la escuela donde fue asesinado el Che y que ahora es un museo. "Tenemos fe en el Che".
Hoy los sentimientos con respecto al Che son claramente diferentes a los de hace cuarenta años, cuando los campesinos se mostraban desconfiados y desconcertados. En su diario de la campaña boliviana, Guevara escribe que se sentía abatido por la hostilidad de los lugareños a los que había venido a liberar, tan distintos de los campesinos de la Sierra Maestra cubana.
"Las masas campesinas no nos ayudan en nada; al contrario, nos traicionan", escribió una exasperado Guevara una semana antes de su asesinato.
Para cuando él y los desaliñados restos de su guerrilla llegaron aquí, cientos de comandos adiestrados por Boinas Verdes norteamericanos les estaban dando esperando. Fue capturado el 8 de octubre después de quedar herido en un pie en una balacera en un denso barranco conocido como El Churo, a unos tres kilómetros de aquí. Tras meses de privaciones, pesaba 45 kilos. Una bala había inutilizado su carabina y perforado su característica boina.
"Estaba completamente desmoralizado, nada como en la foto del heroico guerrillero", dijo el general boliviano retirado, Gary Prado, capitán del escuadrón que capturó a Guevara. "Se estaba muriendo de hambre, de sed, desaliñado. Daba pena mirarlo".
Aunque Guevara habría jurado no ser capturado nunca vivo, Prado dice que el revolucionario se rindió aparentemente aliviado. "Soy el Che Guevara y tengo más valor vivo que muerto", dijo a sus captores, según Prado.
Fue esposado y conducido a la escuela.
Al día siguiente, el presidente René Barrientos, un general entrenado por Estados Unidos, decidió que Guevara debía ser ejecutado inmediatamente. El oficial Terán se ofreció para matar a Guevara, disparándole poco después de la una de la tarde, de acuerdo a algunas versiones.
Las últimas palabras de Guevara, ampliamente difundidas pero probablemente apócrifas, fueron: "Dispara, cobarde, que vas a matar a un hombre".
La autopsia daba cuenta de ocho heridas de bala, pero ninguna en la cara que pronto se distribuiría por todo el planeta.
Ernesto Guevara, santo para algunos, demonio para otros, aventurero e implacable enemigo del capitalismo, estaba muerto. Acababa de nacer el mito del Che inmortal.

Andrés D'Alessandro contribuyó a este reportaje.

patrick.mcdonnell@ latimes.com

11 de octubre de 2007
8 de octubre de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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cruzada contra el vicio


[Christopher Toothaker] Chávez defiende virtudes venezolanas, gravando los vicios
Caracas, Venezuela. El presidente Hugo Chávez ha empezado una cruzada moral en Venezuela predicando contra vicios que van desde el alcohol hasta el colesterol, prometiendo poner coto a la importación de whisky y sacando a los camiones cerveceros de las calles.
Su gobierno anunció el lunes un aumento de los impuestos al alcohol y el tabaco, y Chávez también contempla nuevos y fuertes impuestos sobre artículos de lujo, tales como coches elegantes y obras de arte.
Son todos proyectos de Chávez para estimular a los venezolanos a adoptar la mentalidad del ‘Hombre Nuevo', un socialista revolucionario con la pureza de propósito de un monje. Chávez menciona a menudo la vida del icónico héroe de Cuba, Ernesto Che Guevara, como un modelo ideal, y se queja de que muchos valores venezolanos no valgan la pena.
"Somos uno de los países que consume más whisky per cápita en el mundo. Deberíamos avergonzarnos", dijo Chávez hace poco en televisión nacional. "No estoy dispuesto a seguir gastando dólares para importar whisky en esas cantidades. ¿Qué tipo de revolución es esta? ¿La revolución del whisky? ¿La revolución de las 4x4? No, esta es una revolución de verdad".
Sin embargo, las ventas de 4x4 y de whisky están en pleno apogeo, y un buen número de venezolanos no cree que deban disculparse por ello. No será fácil para Chávez persuadir a su gente de que se despojen de su materialismo de centro comercial y hábitos de bebida.
"Si bebo una botella de whisky, es porque trabajé para hacerlo. Me sacrifiqué y por eso puedo beber lo que quiera", dijo el tendero Ernesto González, 49, que miraba embobado las 4x4 y coches de lujo en un concesionario en Caracas donde la gente bebía cerveza y piña colada.
Sin embargo, Chávez tiene otros planes. El lunes, el director de impuestos internos, José Vielma Mora, dijo que el gobierno reforzará las restricciones de divisas para compañías que importen licores, especialmente whisky. Eso obligará a muchas compañías a comprar dólares en el mercado negro -que actualmente se vende a dos veces la tarifa oficial- para, por ejemplo, importar Chivas Regal, lo que aumentará considerablemente el precio.
El gobierno también planea aumentar los impuestos -hasta un cincuenta por ciento- de toda una gama de bebidas alcohólicas, mientras que los cigarrillos aumentarán del 52, al setenta por ciento.
Chávez está también preocupado de que muchos venezolanos beben cerveza en la calle. Fastidiado por la venta ilegal de cerveza en las barriadas, ha advertido que los camiones cerveceros que vendan alcohol directamente en la calle serán requisados.
Todo aquel que quiera beber, debe hacerlo en la intimidad de sus hogares, dijo.
"He ordenado a la Guardia Nacional que detengan y requisen los camiones que recorran las calles vendiendo alcohol como si se tratase de helados", dijo. "Eso no lo vamos a permitir".
El presidente tiene una larga lista de otras recomendaciones para el ‘Hombre Nuevo': no usar demasiada salsa picante en las comidas, hacer ejercicios regularmente, consumir productos bajos en colesterol, respetar la velocidad máxima. También quiere que los padres dejen de comprar muñecas Barbie a sus hijas -y de aumentarles los pechos.
"Ahora algunos dicen: ‘Cuando mi hija cumpla quince, le vamos a poner tetas falsas' ¡Qué cosa tan horrible! Es la última degeneración imaginable", dijo Chávez a un atiborrado auditorio.
"¿Estoy exagerando?", preguntó. "¡No!", respondió la multitud.
Chávez cree que la cultura de su país ha sido corrompida por los valores capitalistas norteamericanos. Dice que se necesita un nuevo código moral humanista.
Naturalmente, los venezolanos están esperando que Chávez dé el ejemplo. El ex comandante paracaidista dice que no bebe alcohol, y que nunca fuma en público.
"Realmente, yo no bebo. A veces fumo un cigarrillo, pero nunca lo hago en público, porque es un mal ejemplo", dijo a la Associated Press en una entrevista reciente. "Muy de vez en vez. Lo hice en algunos momentos".
Sus sermones sobre vicios y virtudes pueden crear la impresión de que Chávez es un hombre pacato y desabrido, pero también le gusta festejar, a su propio modo.
Dice que se relaja jugando béisbol o jugando a los bolos al aire libre. Y durante sus prolongadísimos discursos rompe de vez en vez a cantar -tan a menudo que un asesor compiló un CD con sus éxitos de toda la vida, que aún no está a disponible.
"Ahí canto yo, pero suena terrible", dijo Chávez.
Como ex comandante de un escuadrón de tanques, a Chávez también le gusta ponerse al volante de un jeep venezolano Tiuna, lo que hizo en agosto con la estrella de Hollywood, Sean Penn. Pero dice que no le interesan las 4x4 ni otras cosas materiales.
Andrés Medina, 39, observando los coches en el salón de exhibición, dijo que estaba de acuerdo con Chávez, pero que es difícil abandonar los viejos hábitos.
"La sociedad se beneficiaría con los valores socialistas", dijo. "Pero va a ser difícil cambiar la cultura".

10 de octubre de 2007
©fwdailynews
©traducción mQh
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lo quisieron matar en la higuera


[Luis Bruschtein] Hace 40 años apresaban al Che Guevara para fusilarlo en La Higuera, Bolivia. Primero se lo dio por muerto en el combate de la quebrada de Yuro, después lo fusilaron.
Hace cuarenta años era apresado el Che y al día siguiente fusilado. Era el hombre que se pondría de pie para esperar a la muerte. Su verdugo, inseguro, desbordado, apretaría el gatillo y ese instante llenaría su cabeza con una pesadilla interminable. El mito del Che Guevara, los significados insondables de la sonrisa de su cadáver sobre una mesa de la lavandería de Vallegrande, empezaban a caminar por el mundo, por el terreno agreste de los sueños, anhelos y expectativas. Había comenzado otra guerrilla, ya no en los montes ni en las selvas, sino en el imaginario de nuevas generaciones. Una tras otra le dieron nuevas vidas, lo reconstruyeron según sus deseos y realidades, y es probable que el Che que hoy es imaginado no sea el Che de los '60, pero al mismo tiempo lo sigue siendo.
Cuando se realizan cientos de homenajes en todo el mundo, otros tantos se esfuerzan en simultáneo para presentarlo como el símbolo de la derrota y el fracaso. Se lo acusa por la violencia guerrillera de los años '60 y '70, o se lo muestra como un idealista solitario, enfrentado a Fidel y los cubanos. Pero la excusa de la desmitifación no alcanza a mellar al mito. La grandilocuencia de los desmitificadores, que evaden significados en sus propios miedos, termina por alimentar la figura del hombre fusilado en La Higuera. Porque el Che no ha sobrevivido en el imaginario de los jóvenes y los pueblos como un líder dogmático y se sobrepasa a sí mismo incluso como expresión de una época. Como Espartaco, que dejó de ser el líder de la Guerra de los Gladiadores contra el Imperio Romano para convertirse en el símbolo de todas las guerras de esclavos contra sus amos, la figura del Che se desprendió de sus luchas terrenales y pasó a representar todas las luchas contra la injusticia, lo opuesto al egoísmo y al individualismo.
El misterio de esta transpolación casi metafísica de lo carnal a lo imaginario a escala planetaria, como es el caso del Che, ha llevado a que se escriban decenas de biografías, ensayos, enfoques de su vida, para tratar de develarlo, de explicar la razón de que millones de personas en todo el mundo lo convirtieran en el emblema de sus rebeldías, de sus ansias de justicia o de la esperanza de que la humanidad deje de ser predadora de sí misma.
Y su figura sigue generando situaciones inesperadas. La semana pasada los hijos del Che fueron invitados por una universidad iraní donde se iba a realizar un acto de homenaje a su padre. Pero el homenaje terminó en escándalo cuando los líderes estudiantiles iraníes presentaron al Che como un dirigente religioso anticomunista, lo que motivó que los cubanos se retiraran ofendidos. Ayer, poco antes de que Los Pumas jugaran contra Escocia, su capitán Agustín Pichot expresó su admiración por el jefe guerrillero. "Era uno de los nuestros", aclaró, haciendo referencia a que Ernesto Guevara fue aficionado al rugby antes de su proyección revolucionaria. Además de jugar ese deporte, fundó la revista Tackle y firmaba sus artículos con el seudónimo de Furibundo de la Serna, o Fuser. En Cuba, en cambio, se realizan partidas de ajedrez en su homenaje ya que era otro de sus entretenimientos favoritos. Y hay clubes de motociclistas con su nombre, sobre todo después de la película ‘Diarios de motocicleta'.
Pero quizá la señal más sorprendente del derrotero que emprendió su figura después de la muerte sean los grandes homenajes que se están realizando ahora en Bolivia, en la misma zona donde murió en una carrera contra el tiempo y sus enemigos. Los mismos campesinos que no alcanzaron a conocerlo y que no comprendieron o no aceptaron su convocatoria a la lucha en aquel momento, con el paso del tiempo lo han convertido en una especie de santo. Desde 1967, el año de su muerte, hasta ahora, la historia del Che circuló silenciosamente de boca en boca, de campesino a campesino, sin medios y sin intención política. El Che no aparecía en los diarios ni en las radios, su recuerdo era denostado cuando no ignorado por los mensajes oficiales y tampoco hubo fuerzas políticas que impulsaran el fenómeno. Los pocos que habían tenido contacto con él durante la campaña guerrillera contaron sus porciones de recuerdos, lo que habían visto y escuchado, y esas pequeñas historias, como la gota que horada la piedra, se convirtió en leyenda. Hoy es una figura venerada por los campesinos bolivianos y algunos lo llaman San Ernesto de La Higuera.
Hay una frase del Che sobre su nacionalidad: "Me he sentido mexicano en México, cubano en Cuba y siempre argentino en todas partes". Porque su relación con Argentina también se fue develando varios años después de su muerte. Esa faceta argentina apareció durante muchos años desdibujada detrás del revolucionario internacionalista. Cuando comenzaron a aparecer las memorias de quienes lo acompañaron en Bolivia, como el cubano Pombo o el francés Regis Debray, aparece Argentina como una de sus preocupaciones centrales. Bolivia era la cabecera de playa desde donde partirían columnas rebeldes hacia Perú y Argentina, para avanzar luego hacia todo el continente. El periodista Jorge Ricardo Massetti, que había fracasado al lanzar un foco guerrillero en la provincia de Salta, era el Comandante Segundo. El Comandante Primero debería haber sido el Che, cuando se afianzara la guerrilla en Bolivia.
Proveniente de una familia antiperonista, su relación con el peronismo tampoco fue tan lineal como muchas veces lo han presentado. "Te confieso con sinceridad –dice en una carta poco conocida a su madre, Celia– que la caída de Perón me amargó profundamente, no por él, por lo que significaba para toda América, pues mal que te pese y a pesar de la claudicación forzosa de los últimos tiempos, Argentina era el paladín de todos los que pensamos que el enemigo está en el Norte." Hay una carta a Ernesto Sabato, escrita poco después del triunfo de la Revolución Cubana, donde expresa duras críticas a la llamada Revolución Libertadora, acusándola de servir a los intereses de la "oligarquía vacuna". Una de sus relaciones más estrechas entre la izquierda argentina era John William Cooke y su esposa Alicia Eguren. Influenciada por su hijo, Celia Guevara de la Serna se acercó en los años '60 al Movimiento de Liberación Nacional, un grupo de izquierda cercano a los sectores del peronismo revolucionario. Esa posición del Che desentonaba con la mayoría de la izquierda argentina en esos años, pero prenunciaba la relectura que se haría pocos años después sobre el peronismo.
El Che dejó también una considerable obra escrita, desde sus relatos sobre la Revolución Cubana, hasta sus discursos y polémicas. Sería insensato abordar esa producción intelectual como si se tratara de un dogma cerrado. Varios de sus escritos están definitivamente marcados por una coyuntura especial, una marca que se acentúa por la clara intención pedagógica del autor, como el ‘Manual de la guerra de guerrillas', que es simplemente eso. Pero en toda su producción se distingue una vocación humanista central, y en su debate sobre los estímulos morales o materiales a la producción, el Che delinea la futura crisis de la Unión Soviética. La mayor parte de su argumentación hace eje en la importancia de los procesos culturales ligados a la transformación económica, algo que en los textos marxistas ortodoxos de aquella época no era común, y que en la actualidad, tras la caída de la URSS, prácticamente nadie se atreve a negar. Ese debate, que involucró a la izquierda de todo el mundo, también estaba referido a una coyuntura concreta que era la organización económica de Cuba tras la revolución, pero plantea pistas y abre puertas, algunas de las cuales han sido muy desarrolladas posteriormente sobre las problemáticas para la construcción de una sociedad no capitalista.
A cuarenta años de su muerte en la sierra boliviana, la figura del Che Guevara ha sobrevivido al odio de sus enemigos y al amor de sus exegetas dogmáticos. Y se ha instalado como emblema de las luchas de los pueblos contra las injusticias, un lugar que a él le hubiera gustado.

8 de octubre de 2007
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a 40 años del asesinato del che


[Jon Lee Anderson] Hace 40 años nació el mito. Icono pop y símbolo de la revolución, se cumplen 40 años del asesinato de Ernesto ‘Che' Guevara.
La noche del 9 de octubre, cuando el Che estaba maniatado y tendido en el suelo de la escuela en La Higuera, Aleida se despertó bruscamente con una sensación inexplicable de que su esposo estaba en grave peligro. La premonición fue tan fuerte que a la tarde siguiente, cuando aparecieron en su puerta los hombres enviados por Fidel desde La Habana, ella los esperaba.
Durante meses había recibido las noticias de Bolivia con angustia creciente: Fidel la visitaba regularmente para mantenerla al tanto y ella sabía que la situación del Che era mala. Aleida se encontraba en los montes Escambray, donde había conocido al Che, para realizar una investigación de campo. Había reanudado sus estudios de Historia en la Universidad de La Habana, como la había instado él para "mantenerse ocupada".
En La Habana, Fidel analizaba los informes de Bolivia con una mezcla de recelo y preocupación creciente. El 9 de octubre informaron de que el Che había caído y luego que estaba "muerto a causa de sus heridas". Cuando llegó la primera fotografía del cuerpo que se decía que era suyo, Fidel observó un cierto parecido, pero no pudo creer que aquel cadáver demacrado fuera el del hombre que había partido de Cuba once meses antes.
Apenas llegó a La Habana, Aleida se reunió con Fidel y juntos estudiaron los informes y las fotografías. Al principio se negaron a creerlo, pero cuando Aleida identificó la caligrafía del Che en las fotos del diario secuestrado, ya no quedaron dudas.
En medio de la ola de rumores, Fidel se dirigió a la nación el 15 de octubre en un discurso televisado. Confirmó que los informes sobre la muerte del Che eran "desgraciadamente ciertos", decretó tres días de duelo oficial y anunció que desde entonces el 8 de octubre sería el Día del Guerrillero Heroico en conmemoración del último combate del Che.
Aleida sufrió un colapso emocional. Fidel la llevó con los niños a su casa y la atendió durante una semana. Después los instaló en otra casa, donde estaban incomunicados y lejos de la atención del público. La visitaba todos los días, y gradualmente ella empezó a recuperarse.
Orlando Borrego [uno de sus más cercanos colaboradores] sufrió una crisis emocional que duró varios meses. Según él, la muerte del Che lo afectó más que la de su padre. Al principio su dolor quedó en suspenso mientras reconfortaba a Aleida y los niños, pero luego lo golpeó con fuerza. "Fue como si perdiera el equilibrio. No podía hacerme la idea de que el Che estaba muerto, tenía sueños recurrentes en los que se me aparecía con vida", recordó.

Como el Che
La noche del 18 de octubre, en la Plaza de la Revolución de La Habana, Fidel se dirigió a uno de los auditorios más grandes de su vida. Casi un millón de personas asistieron al velatorio nacional del Che. Con voz enronquecida por la emoción, Fidel rindió un fervoroso homenaje a su antiguo camarada, al que exaltó como la encarnación de las virtudes revolucionarias. "Si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que no pertenece a este tiempo, un modelo de hombre que pertenece al futuro, ¡de corazón digo que ese modelo sin una sola mancha en su conducta, sin una sola mancha en su actitud, sin una sola mancha en su actuación, ese modelo es el Che! Si queremos expresar cómo deseamos que sean nuestros hijos, debemos decir con todo el corazón de vehementes revolucionarios: ¡queremos que sean como el Che!"
La tarde del 9 de octubre, el cuerpo empapado de sangre del Che fue colocado en una camilla sujeta al tren de aterrizaje de un helicóptero y transportado sobre los áridos cerros de Vallegrande. Lo acompañaba Félix Rodríguez, vestido con uniforme de capitán del Ejército boliviano. Poco después de aterrizar se perdió en la multitud y desapareció.
Días después se encontraba nuevamente en Estados Unidos para informar a sus jefes en la CIA. Llevaba consigo algunas reliquias de su viaje, entre ellas uno de varios relojes Rolex del Che y un resto de tabaco a medio fumar sacado de su pipa y envuelto en papel; más adelante lo pondría en una burbuja de cristal encajada en la culata de su revólver preferido. Pero el recuerdo más insólito que aún conserva es la falta de aliento que empezó a padecer poco después de su llegada a Vallegrande. "Al caminar en el aire fresco de la montaña, me di cuenta de que jadeaba y se me hacía difícil respirar. El Che estaba muerto, pero su asma, un mal que nunca había padecido en mi vida, se me había transmitido. Aún hoy mi crónica falta de aliento es un recuerdo constante del Che y sus últimas horas de vida en la aldea de La Higuera", escribió Rodríguez 25 años después.
Colocado sobre una pila de hormigón en el lavadero del jardín del Hospital Nuestro Señor de Malta, de Vallegrande, el cuerpo del Che permaneció en exhibición esa noche y todo el día siguiente con la cabeza alzada y los ojos pardos muy abiertos. Para detener la descomposición, un médico le abrió la garganta y le inyectó formaldehído. Una multitud de soldados, pobladores curiosos, fotógrafos y periodistas desfilaron junto al cuerpo, que daba la macabra impresión de estar vivo. Entre las monjas del hospital, la enfermera que lavó el cadáver y las mujeres de Vallegrande se difundió rápidamente la impresión de que presentaba un parecido extraordinario con Jesucristo; varias de ellas cortaron mechones de su cabello para conservarlos como talismanes.

Desaparecido
El teniente coronel Andrés Selich y el mayor Mario Vargas Salinas se hicieron fotografiar junto al cuerpo. Selich se llevó el portafolio de cuero del Che y uno de varios relojes Rolex; el capitán Gary Prado se quedó con otro. El verdugo Mario Terán se llevó la pipa. El coronel Zenteno Anaya se llevó como trofeo personal la dañada carabina M-2 y autorizó a Prado a repartir el dinero hallado en poder del Che varios miles de dólares y una buena cantidad de pesos bolivianos entre los suboficiales y la tropa.
A esas alturas se había resuelto que el Che no tendría tumba. Sus restos, como los de sus camaradas que habían muerto antes, acabarían ‘desaparecidos'. Para contrarrestar las expresiones de incredulidad procedentes de La Habana, el general Alfredo Ovando Candía propuso decapitar al Che y conservar su cabeza como prueba. Félix Rodríguez, quien aún se encontraba en Vallegrande, dice que calificó la propuesta de "excesivamente bárbara" y propuso que conservaran un dedo. Ovando Candía cedió en parte: le amputarían las manos. La noche del 10 de octubre se realizaron dos máscaras mortuorias de cera y se tomaron las impresiones digitales; se amputaron las manos para ser conservadas en frascos de formaldehído. Dos peritos forenses de la policía argentina llegaron para comparar las huellas con las del expediente de ‘Ernesto Guevara de la Serna' en Buenos Aires; coincidían totalmente.
En las primeras horas del 11 de octubre, el cuerpo del Che fue enterrado, como siempre, por el teniente coronel Andrés Selich, acompañado, según él, por el mayor Mario Vargas Salinas y otro oficial en calidad de testigo. La viuda de Selich dice que lo arrojaron a una tumba secreta abierta por una excavadora bajo la maleza cerca del campo de aviación de Vallegrande; en otra tumba colectiva enterraron a seis de sus camaradas.
Esa mañana llegó Roberto, el hermano del Che, con la esperanza de identificarlo y llevarse los restos, pero ya era tarde. El general Ovando Candía dijo que lo lamentaba, pero ya habían incinerado el cadáver. Esta y otras versiones contradictorias de los generales bolivianos empezarían a circular durante los días siguientes, y el paradero de los restos del Che sería un enigma sin solución durante los 28 años siguientes.
A Roberto, de expresión sombría y traje oscuro tan parecido a su célebre hermano y a la vez tan distinto , no le quedaba otra cosa que hacer que volver a Buenos Aires, donde lo esperaban su padre y sus hermanos. Todos aceptaron la triste noticia menos la tía Beatriz, quien jamás reconoció la muerte de su sobrino preferido ni aceptó hablar del asunto.

Fragmento del libro ‘Che Guevara, una vida revolucionaria', de Jon Lee Anderson.

7 de octubre de 2007
©la nación
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