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últimos días del che


[Susana Viau] Diarios del final de vida. Entre cercos militares y un asma que lo muerde, el comandante escribe.
Argentina. Asma (del latín ‘asthma', jadeo): enfermedad de los bronquios, caracterizada por accesos ordinariamente nocturnos e infebriles, con respiración difícil y anhelosa, tos, expectoración escasa y estertores sibilantes (Diccionario de la Real Academia). Angustia (del latín ‘angustia', angostura, dificultad). 1) aflicción, congoja; 2) temor opresivo sin causa precisa; 3) aprieto, situación apurada; 4) sofoco, sensación de opresión en la región torácica; 5) dolor o sufrimiento; 6) náuseas, 7) p. us. estrechez del lugar o del tiempo (Diccionario de la Real Academia). A mediados de julio, una palabra comienza a reiterarse con monótona periodicidad en las pequeñas libretas que el Che garabatea con letra de médico: asma. En abril, las fuerzas regulares han hecho debutar el napalm y los meses que siguen son cada vez más duros: el contingente guerrillero no puede establecer contacto con ‘Joaquín' (Juan Vitalio Acuña), el campesino de la Sierra Maestra ascendido a capitán a quien Guevara ha designado su 2º jefe militar en la selva boliviana, a cargo de la retaguardia. La columna insurgente tiene otros problemas: están bloqueados los contactos con La Paz y con Manila, que en lenguaje cifrado no es otra ciudad que La Habana; en abril han muerto dos de sus cuadros, ‘el Rubio' (Jesús Sánchez Gayol) y, lo peor, el capitán ‘Rolando' (o ‘San Luis', Eliseo Reyes), elegido para comandar un eventual segundo frente. Una bala le rompió el fémur y arrasó la arteria. El Che escribirá: "Hemos perdido al mejor hombre de la guerrilla y, naturalmente, uno de sus pilares, compañero mío desde que, siendo un niño, fue mensajero de la columna 4 hasta la invasión y esta nueva aventura revolucionaria. De su muerte oscura, sólo cabe decir para un hipotético futuro que pudiera cristalizar: "Tu cadáver pequeño de capitán valiente ha extendido en lo inmenso su metálica forma". Extraña expresión de afecto que, además, apela a Pablo Neruda para homenajear al caído en ese "día negro". Un homenaje privado, personal, reservado a la intimidad de su libretita, el lugar privilegiado donde el Che volcará sus momentos de malestar y también la otra palabra que comienza a hacerse presente: "angustia". Frente a sus hombres, sin embargo, despide a ‘Rolando' –‘San Luis'– Eliseo al modo austero de un comandante. El jefe de su custodia, también compañero desde Sierra Maestra y jefe de servicios, el capitán Harry Villegas Tamayo, ‘Pombo', reseñará en su propio diario que ‘Fernando' (tal el nombre de guerra con que el Che había sustituido al de ‘Ramón') les dice: "Hemos perdido a uno de nuestros más valiosos cuadros, tanto como dirigente político o como militar, pues ya era un combatiente probado. Para mí, en lo personal, ha sido una gran pérdida, porque además de todas estas cualidades era un hombre formado bajo nuestra dirección". El ex ministro de Industria de la Revolución Cubana había reconocido en un conversación con Régis Debray que carecía del carisma de Fidel y, entonces, a su aparente distancia la había elevado a categoría de virtud, la había convertido en una condición del mando.

La Era del Pájaro
El desánimo, las primeras deserciones, los conflictos personales y el hambre, paliado apenas con palmitos y pequeñas aves cazadas con hondas ("parece que entramos en la era del pájaro", estampó con sorna el Che en su diario de campaña) habían comenzado a instalarse en el grupo guerrillero compuesto por una mayoría de cubanos, élite militar en la que –para desmentir los insidiosos rumores acerca de las diferencias políticas con Fidel– revistaban tres altos mandos (comandantes), dos primeros capitanes, siete capitanes, dos primeros tenientes y dos tenientes. A ellos se habían sumado cuadros rebeldes del Partido Comunista Boliviano (Roberto ‘Coco' Peredo, su hermano Osvaldo ‘Inti' –‘sol', en quechua– Peredo y la joven estudiante paceña Loyola Guzmán, encargada de organizar el apoyo urbano al foco) y un puñado de militantes de base. La dotación se completaba con un pequeño número de miembros del ELN peruano, a cuya cabeza estaba Juan Pablo Chang ‘el Chino', y con la germano-argentina Haydée Tamara Bunke, ‘Tania', enlace y agente de inteligencia por sus contactos con el mundo empresario y funcionarios del gobierno. El cuadro, coyunturalmente, lo completaban el sociólogo francés Régis Debray, pro cubano y encargado de regresar a París para organizar la solidaridad de los intelectuales con la guerrilla del Che, y otro argentino, Ciro Bustos –vinculado a Jorge Ricardo Masetti y el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP)– cuya misión consistía en reunir a los argentinos resueltos "a subir" para integrarse a la lucha armada en Bolivia. Al regresar a La Paz, acompañados por el fotógrafo inglés George Roth –un individuo extraño al que se le adjudicaron relaciones con la CIA–, Debray (‘Danton') y Bustos (‘Carlos') caen en poder del ejército e informan de la presencia de Ernesto Guevara en el país. Bustos sostendría luego que no tuvo otro recurso "que admitir lo innegable". Para mayor desagrado del Che, y en un exceso de locuacidad, Bustos y Debray dan cuenta al enemigo de los alcances continentales del plan.
‘Tania', enferma, no ha podido regresar a La Paz y queda en la retaguardia con ‘Joaquín', de quien la columna principal no ha vuelto a tener noticias: "Hay indicios de que éste se ha movido hacia el norte", se apunta en el balance del mes. Las consecuencias nefastas del cruce de los combatientes con el campesino Honorato Rojas, el 9 de febrero, se medirán más tarde. Tan poca importancia le adjudican en ese momento al encuentro que el Che lo mencionará a la ligera en su block: "El Médico curó los hijos, engusanados, y a otro pateado por una yegua y nos despedimos". Al final, aclara, sin saber que es para la historia: "(El campesino se llama Rojas)". A fin de junio, la guerrilla sufre una nueva baja: en un encuentro con los soldados, ‘Tuma' (Carlos Coello) es herido de muerte, un balazo le destroza el hígado. Deciden operarlo con "lo que tienen", pero ‘Tuma' no supera la intervención. "Día negro para mí", asegura el Che y agrega: "Con él se me fue un compañero inseparable de todos los últimos años, de una fidelidad a toda prueba y cuya ausencia siento desde ahora casi como la de un hijo. Al caer pidió que se me entregara el reloj (...) Lo llevaré toda la guerra". Pombo no lo lloró menos: "El hígado se le salía por la herida (...) Con esta pérdida sentí que parte de la vida me abandonaba pues Tuma era para mí algo más que un combatiente, fue mi compañero, mi hermano, mi amigo...".
Esos días y los que vendrán son una tortura para el Che, el asma lo acosa y su intensidad hace disminuir el acopio de medicación: "Mi asma sigue dando Guerra", señala (3 de julio), "el asma me trató duro y se van acabando los míseros calmantes" (27 de julio); "Ricardo (...) es otra pérdida sensible por su calidad. Somos 22, entre ellos dos heridos, Pacho y Pombo, y yo, con el asma a todo vapor" (31 de julio); "el asma me apuró bastante y estuve toda la noche despierto" (30 de julio); "hoy se cumplen 9 meses exactos de la constitución de la guerrilla con nuestra llegada. De los 6 primeros, dos están muertos, uno desaparecido y dos heridos; yo con asma que no sé cómo cortarla" (7 de agosto); "parece que la pava me hace mal, pues me dio un poco y se la regalé a Pacho" (11 de agosto); "...mi asma tiende a aumentar desde ayer; ahora tomo tres tabletas al día" (13 de agosto); "el noticiero dio noticias de la toma de la cueva (con señales tan precisas que no puedo dudar. Ahora estoy condenado a padecer asma por un tiempo no definible" (14 de agosto). La cueva ha sido "cantada" por dos bolivianos desertores. De ellos, Coco Peredo dirá que han sido sacados de los burdeles, descalificando así de manera implacable los criterios de reclutamiento de su compatriota Moisés Guevara. Lo cierto es que en la cueva cercana a la casa que ha servido de primer asentamiento de la guerrilla han caído medicamentos, fotos, mapas, documentación y 21 pasaportes que permiten al ejército hacer una muy acertada composición de lugar. De todo lo incautado los servicios de inteligencia deducen que están en presencia de una fuerza de 50 hombres (el Che los había unificado en un solo grupo de 47), de los que unos 12 son cubanos (en realidad, 14) y que, de ellos, cuatro han estado en el Congo con el Che (‘Tuma', ‘Pombo', ‘Moro' (el médico Octavio Concepción de la Pedraja) y ‘Papi' (José María Martínez Tamayo).

La Venganza de Mario Monje
Pese a los argumentos chauvinistas del dirigente del Partido Comunista Boliviano (PCB) Mario Monje, el Che se niega a traspasarle el mando militar. En consecuencia, de allí el Che no recibirá ni hombres, ni apoyo logístico, ni nada. La visita de Monje al campamento termina en un rotundo fracaso, con una comida poblada de tensiones y un durísimo enfrentamiento con los hermanos Peredo. El boicot del PCB, el retraso de las operaciones de apoyo en Argentina, la falta de contacto con La Habana y con la Paz hacen crecer el aislamiento del grupo que marcha, combate y triunfa en los combates mientras se debilita moral y físicamente. Como una paradoja, la patrulla harapienta que lleva meses buscando a su retaguardia y pierde uno a uno sus mejores hombres, crece sin proponérselo, en términos de leyenda. Claro que de la leyenda ni se vive ni se come y Dariel Alarcón (‘Benigno'), otro viejo revolucionario cubano, pondrá en evidencia el estado de ánimo del ya a esas alturas bautizado ELN con una frase: "la nostalgia en la selva es una compañera bien tristona, ciertamente".
El 27 de agosto "el día transcurre en una desesperada búsqueda de una salida"; el 28 es "gris y algo angustioso"; el 29 resulta "un día pesado y bastante angustioso"; el 30 "la situación se torna angustiosa". En el balance, agosto "ha sido el mes más malo en lo que va de guerra", sin contactos y sin esperanzas de tenerlos. La disnea del Che no afloja. En algunas ocasiones, para respirar, se recuesta de espaldas, arqueado, con un tronco debajo del torso; en otras, les pide a sus hombres que le hagan masajes para descontracturarlo. Ellos le recuerdan que él mismo ha dicho que hay un enorme componente psíquico en la enfermedad. Y allí, en Ñancahuazu, todo convoca a lo peor: la humedad, la vegetación, los fríos, los calores, el cansancio y la angustia del derrumbe.
Al llegar septiembre, al hambre se ha sumado la sed. Pasan hasta tres días sin una gota de agua y en ese tiempo algunos desesperados tomarán su propia orina, con secuelas de vómitos y calambres. El Che no logra evitar un par de episodios de furia: en uno de ellos apuñala a su yegua, para convertirla en alimento; en otro, al ver que Antonio (Olo Pantoja), por error, ha disparado sobre su propia tropa, lo toma de la camisa. Antonio –se cuenta en ‘Pombo, un hombre en la guerrilla del Che', Buenos Aires, Editorial Colihue, 2007)– le dice: "Fernando, coño, ningún hombre me ha hecho esto". Su indignación calma a Guevara, que lo suelta y pide disculpas. No lo saben, pero quizá lo intuyan: ya no habrá buenas nuevas. En esos primeros días descubren que han vuelto sobre sus pasos y están, por segunda vez, en las proximidades de la casa de Honorato Rojas. La vivienda está vacía, sólo quedan víveres y unos chivos. Los arrieros les relatarán que la mujer de Honorato se ha quejado al ejército porque los soldados han golpeado al marido. El 2, revela el Che, "la radio trajo una noticia fea sobre el aniquilamiento de diez hombres dirigidos por un cubano llamado Joaquín en la zona de Camiri". Fernando, el Che, cree, quiere creer, que la versión es falsa y sólo busca desalentarlos. Se equivoca: el 31 de agosto, Honorato Rojas ha entregado a Joaquín y su gente al ejército, que les tiende una emboscada cuando se aprestan a vadear el río Grande. Las bajas fueron Apolinar Aquino Quispe (‘Polo'), Freddy Maymura Hurtado (‘Ernesto' o ‘Médico'), Gustavo Machín Hoed de Beche (‘Alejandro'), Moisés Guevara (‘Moisés'), Israel Reyes (‘Braulio'); Walter Arancibia (‘Walter'), Haydée Tamara Bunke Bider (‘Tania'), la única mujer en la guerrilla rural, y el jefe Juan Vitalio Acuña (‘Joaquín'). El médico Restituto Cabrera Flores ("Negro") logra huir pero es capturado y asesinado cuatro días después. "Fue identificado por Ciro Roberto Bustos –precisó Pombo–, todo indica que él estaba colaborando con el ejército." El golpe es demoledor. Para mayor decepción, la radio anuncia la detención de Loyola Guzmán.
La columna sigue su marcha. El 24 de septiembre arriban a un caserío conocido como Loma Larga. Los campesinos le aconsejan al Che que tome por el camino de La Higuera porque puede encontrarse con los soldados. El Che desconfía y prefiere hacer caso a su propia intuición y "se mete por abajo, por el Yuro". Al salir de La Higuera los sorprende la Compañía Galindo y caen Miguel (Manuel Hernández Osorio), Coco (Roberto Peredo Leigue) y Julio (Mario Gutiérrez Ardaya). En el Resumen del Mes, el Che debe escribir en su diario que "La tarea es zafar y buscar zonas más propicias". Será necesario ocultarse para hacer creer al ejército que han logrado huir de la zona. Pasan tres días ocultos en el cañadón. En la noche del tercer día logran romper el cerco. "Nacimos dos veces", le comenta a Pacho. Pacho reconocerá que "sólo la voz del Che hace que la gente camine". Están sedientos, buscan desesperadamente agua. El seis de octubre la encuentran. En la madrugada del 8 reinician la caminata por la cañada del Yuro. Al Chino (Juan Pablo Chang) se le pierden "sus espejuelos" y lo hace casi a ciegas. El Che lo toma a su cuidado para que nadie le recriminara su falta de aptitudes para la lucha rural. No pueden cumplir con las previsiones: a la una y media del mediodía comienza un tiroteo. Los soldados al mando de Gary Prado han descubierto a dos guerrilleros moviéndose en la quebrada. Pombo y Urbano (Leonardo Tamayo Núñez), desde su puesto en lo alto, escuchan que la balacera se hace más intensa "por la Quebrada del Yuro arriba". El Che desaparece del puesto de mando. Lo descubren en su intento de huir. Antes ha ordenado a los heridos y se parapeta junto a Pacho (Alberto Fernández Montes de Oca), Willy (Simón Cuba), Chino, Antonio y René como grupo de contención. Una ráfaga lo hiere en la pantorrilla y un plomo le quiebra el caño del fusil; a su pistola 9 milímetros se le ha caído el cargador. El Che y Willy son los únicos que sobreviven al ataque. Willy lo carga y, se narra, grita a los soldados que se detengan: "Este es el Che Guevara y lo van a respetar". La historia posterior recoge datos verosímiles pero difícilmente corroborables: que en camino hacia la escuela de La Higuera se ofreció a curar soldados heridos, que al ser amarrados tranquiliza al capitán Gary Prado con un "no se preocupe, capitán, esto ya terminó". En la ciudadela de Miraflores, entre tanto, el ministro de Guerra, general Ovando Candia, el jefe del Estado Mayor Juan José Torres, el comandante del Ejército, general Lafuente Soto y otros dos altos oficiales dictan la sentencia de muerte: el Che prisionero será siempre un factor de agitación y revuelta. La orden la ejecuta un suboficial, Mario Terán. De los siete impactos que contabilizó la autopsia, dos, el del corazón y el de la garganta, fueron necesariamente mortales. Terán, la vieja que le sirvió su última comida, una sopa de maní, y muchos otros quisieron tener su souvenir y se fotografiaron junto al cuerpo del jefe guerrillero asesinado.
Uno de sus mejores biógrafos, Paco Ignacio Taibo, tuvo el tino de refutar la tesis, extendida entre enemigos y charlatanes, de que las disidencias políticas y las miserias de la Revolución impulsaron al Che a abandonar Cuba y encontrar su destino en el Congo, primero, y en Bolivia después. No obstante, Taibo no consigue evitar que su educación de narrador se imponga a la visión militante del protagonista de su obra y, validando lo que ha querido negar, conjetura: "Hay además una tentación de volver al pasado, salir de las penurias de la dificilísima construcción del socialismo y volver a la época de la gloria, de la que la memoria filtra lo peor y va dejando el regusto de los mejores momentos, las solidaridades, las entregas totales, la adrenalina fluyendo, el olor de la pólvora y, por qué no, el heroísmo". Se lo puede pensar de otra manera: entre los libros que Ernesto Che Guevara seleccionó para llevar a Bolivia, se encontraban dos textos de León Trotsky, que conocía mucho mejor que los historiadores el alma del militante, un espécimen que, como dijo en el entierro de Esenin, a pesar de los pesares, ama la época que le toca vivir porque "es su patria en el tiempo".

7 de octubre de 2007
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ecuador hacia nueva constitución


[Chris Kraul] Izquierda ecuatoriana rescribirá Constitución.
Quito, Ecuador. El domingo los votantes allanaron el camino para que el presidente socialista Rafael Correa trate de ‘reinventar' a Ecuador, el país más inestable políticamente del continente, otorgando a sus partidarios una mayoría de escaños en la nueva asamblea constituyente.
Los sondeos en las urnas muestran a la lista de la Alianza Nacional de Correa encabezando las elecciones en varias provincias. El encuestador Hugo Barber, de la firma Datanalysis, de Quito, dijo que esperaba que los candidatos de Correa ocupen al menos setenta de los 130 escaños de la asamblea.
Eso permitiría que Correa redacte la vigésima constitución del país para ponerla en línea con sus planes confesamente socialistas, y acercar a su país a Venezuela y a su carismático presidente antinorteamericano, Hugo Chávez.
Ecuador es considerado un aliado en las campañas norteamericanas contra el tráfico de drogas, y permite vuelos regionales de inspección desde su base aérea de Manta. Pero Correa prometió no renovar el permiso para la base militar norteamericana.
El presidente dijo a periodistas el domingo noche que con la mayoría en la nueva asamblea, su bloque podría pedir la disolución del congreso.
La asamblea constituyente se reunirá en noviembre. Una nueva constitución debe contar con la aprobación de tercios de los votos, en un referéndum.
Correa asumió el cargo en enero prometiendo reformar el ineficiente y corrupto sistema de partidos del Ecuador. Ha sido vago en cuanto a qué debería incluir la nueva Constitución, pero ha insinuado que puede solicitar a la asamblea poner fin a la limitación de un mandato único para los presidentes. También se espera que pida a la asamblea volver a redactar la ley para permitir la nacionalización de los recursos naturales del país, incluyendo el petróleo.
Un economista educado en Estados Unidos, Correa emplea una retórica que a veces es tan antinorteamericana como la de Chávez, refiriéndose a Estados Unidos como "el imperio".
El séptimo presidente ecuatoriano en una década, Correa ha tocado algunos puntos delicados, pero su índice de aprobación sigue estando por sobre el cincuenta por ciento. Aunque las elites, particularmente las de Guayaquil (el centro económico) no lo apoyan, la mayoría de los ecuatorianos respalda sus reformas, dijeron analistas. Un conteo parcial el domingo mostró que Correa cuenta con el 52 por ciento de los votos de la provincia de Guayas, hogar de Guayaquil.
"Estos resultados muestran que hay un divorcio entre los centros de poder y la mayoría del pueblo ecuatoriano", dijo el domingo noche Ricardo Noboa Bejarano a un periodista de televisión.
"Este es una importante victoria para el gobierno", dijo el ex vicepresidente Eduardo Peña.
El analista Sebastián Hurtado, de la firma consultora Profitas, dijo que los buenos resultados de Correa eran el resultado de una oposición débil y desorganizada. Otros dijeron que fueron la expresión del descontento de los votantes con la orientación capitalista que no ha logrado producir beneficios económicos. Correa ha prometido rechazar el pacto comercial entre Estados Unidos y Ecuador.
Algunos temen lo que consideran una inclinación autoritaria de Correa, que evocaría a su mentor Chávez. "Correa ha tomado el programa venezolano como un manual para Ecuador", dijo Hurtado.
Correa ha estado batallando sin cuartel contra la prensa durante su mandato de nueve meses y, como Chávez, quiere fundar un canal de televisión estatal, con una subvención estatal de cinco millones de dólares de Chávez. Hace poco el gobierno compró el Telégrafo, uno de los diarios más antiguos del país.
El presidente se aferra a un revolucionario y ex presidente ecuatoriano, Eloy Alfaro Delgado, como se aferra Chávez de Simón Bolívar, y lo convirtió en el espíritu protector de su ‘socialismo para el siglo 21', una frase que prestó de Chávez.
Observadores electorales de la Organización de Estados Americanos criticaron el uso que hace Correa de eventos públicos y anuncios para influir en los comicios, pero no constataron irregularidades.

chris.kraul@latimes.com

1 de octubre de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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ciudad mortífera


[Simón Romero] Las guerras de la cocaína han convertido a puerto colombiano en la ciudad más mortífera del país.
Buenaventura, Colombia. Los visitantes de esta ciudad que dicen que esta ciudad no es segura, tienen toda la razón. Los frecuentes tiroteos resuenan en los barrios bajos que rodean al puerto, el más importante del país en la costa del Pacífico. A medida que las ciudades más grandes se van calmando, Buenaventura ha emergido como el centro urbano más mortífero en la larga guerra interna de Colombia.
Los soldados controlan casi todos los coches en los puestos de control de la serpenteante carretera que sale de Cali. Hace poco las guerrillas lanzaron un ataque de mortero contra el cuartel de la policía. El señorial Hotel Estación, una gema neo-clásica construida en 1928, frecuentado por los gerentes que vienen a ultimar negocios con coches importados o exportando café, está custodiado por decenas de soldados en tenida de combate.
"Es como si tuviésemos un pequeño Haití en Colombia", dijo el teniente Nikolai Viviescas, 25, un agente de policía trasferido desde Bogotá hace seis meses. "Es como si fuera otro país".
Aunque Bogotá, la capital, y otras ciudades han logrado más seguridad y son suficientemente prósperas como para olvidar por un rato el conflicto civil que se viene estirando por cuatro décadas, Buenaventura es una historia aparte.
El año pasado, los homicidios en esta ciudad de unos 300 mil habitantes aumentaron en un treinta por ciento, dando a Buenaventura la tasa de homicidio más alta del país: 144 por cada cien mil habitantes, más que siete veces la tasa de Bogotá y cuatro la de Medellín. Y este año, según la policía, ya van 22 muertos.
La inmensa mayoría de los homicidios son producto de pequeños conflictos territoriales por el control de las barriadas en la periferia de la ciudad, hectáreas de chozas de madera construidas sobre palafitos en el mar. Desde estos muelles improvisados, dice la policía y oficiales navales, zarpan lanchas rápidas cargadas con cocaína hacia destinaciones en el norte. La geografía de Buenaventura, crucial para la conexión de Colombia al flujo comercial global, también tiene atractivo estratégico para los narcotraficantes.
Pese a recibir más de cinco mil millones de dólares de ayuda para combatir el narcotráfico y las guerrillas de parte de Estados Unidos durante esta década, convirtiéndolo en el mayor receptor de ayuda norteamericana en el hemisferio, Colombia sigue siendo el más importante productor de cocaína del mundo y el abastecedor del noventa por ciento de la cocaína que se consume en Estados Unidos.
Los barones de la droga, los rebeldes y las pandillas paramilitares renacidas, todos convergen en Buenaventura para reclutar a vecinos de las barriadas como sus soldados.
La policía dice que muchos de los combatientes rebeldes pertenecen al Frente Urbano de Manuel Cepeda Vargas, una célula del principal grupo rebelde FARC, con sede en Cali, y lucha contra las Autodefensas Campesinas del Pacífico, compuestas mayormente por ex paramilitares.
"Nada de esta guerra tiene que ver con ideologías", dijo Antero Viveros, director de un grupo comunitario en Lleras, una enorme barriada controlada por las guerrillas. "Se trata de drogas, de miembros de una etnia matando a otros".
Pese a su emergencia como la ciudad más peligrosa de Colombia, la gente desplazada por la guerra en el campo todavía ven a Buenaventura como un refugio. Unos 42 mil refugiados han llegado aquí desde 1998, la mayor parte afro-colombianos de áreas rurales, de acuerdo al gobierno federal. Estos refugiados inflan las filas de lo que deben ser las barriadas más pobres de Colombia.
"Si tienes hambre, harás cualquier cosa para sobrevivir", dijo Fernando Núñez, 29, vecino de Lleras, que se gana la vida reparando celulares viejos.
El presidente Álvaro Uribe ha criticado en duros términos la violencia aquí y envió nuevos comandantes policiales y de la armada a la ciudad a principios de año. Unos dos mil soldados y agentes de policía, que también llevan uniformes de combate y portan armas semiautomáticas, patrullan Buenaventura.
Sin embargo, los críticos dicen que las autoridades han ignorado durante mucho tiempo los problemas de Buenaventura, en parte porque los afro-colombianos reciben apenas atención del gobierno federal. Grupos no-gubernamentales dicen que los afro-colombianos conforman el cuarto de los 44 millones de habitantes del país, dando a Colombia, según algunos criterios, la población negra más grande en el mundo hispano. Y más de ochenta por ciento de los habitantes de Buenaventura, son negros.

Este mes, cuando el presidente nombró a Paula Marcela Moreno Zapata como ministro de Cultura, fue la primera vez que una afro-colombiana ascendía a una posición de gabinete en la historia del país. Sin embargo, analistas políticos y grupos activistas negros dicen que el nombramiento fue hecho con el propósito de apaciguar a los demócratas en Washington, que se quejan de la exclusión racial en Colombia mientras consideran un acuerdo comercial.
"La guerra en Buenaventura no va a terminar con acciones simbólicas de Bogotá", dijo Rosaliano Riascos, un nativo de Buenaventura que huyó de la ciudad después de una oleada de asesinatos de los paramilitares hace unos años. Riascos, que preside un grupo negro independiente de Bogotá, dijo que la última vez que fue a Buenaventura fue el año pasado, a ver a su madre. "Hoy Buenaventura es tierra de nadie".
La entrada a Lleras es como la de cualquier otra villa miseria en Colombia, con chozas hechas con bloques de cemento y unas pocas calles pavimentadas. Pero más adentro en la barriada, las viviendas son de madera desechada, y los recién llegados se apretujan en cobertizos adosados a casas más antiguas. Barriles oxidados recogen el agua lluvia de los tejados de zinc, la única fuente de agua fresca.
Las aguas residuales burbujean por entre caminos de tierra llenos de basura antes de desembocar en el mar. Los equipos estereo hacen resonar vallenatos y reggaetón. Y casas apenas iluminadas se elevan por encima del agua sobre delgados pedazos de madera.
Muchos de los vecinos de estas casuchas dudan en identificarse, por temor a represalias por lo que habrían podido decir. Un hombre de edad mediana, ofreciendo a un visitante un vaso de ron desde las escaleras de la casa, dijo que había trabajado como estibador en el puerto hace años, hasta que perdió el empleo. "Ahora", dijo, "no hago nada".
Algunos economistas tienen a Buenaventura como un ejemplo de los riesgos de exponer a las fuerzas del mercado a algunas economías en desarrollo. María del Pilar Castillo, economista de la Universidad del Valle, en Cali, dijo que muchos vecinos perdieron su seguridad económica cuando se privatizó el muelle del ayuntamiento hace más de diez años, reduciendo su fuerza de trabajo y reduciendo las prestaciones.
Con los impuestos que fluyen a través del puerto de Buenaventura se van en gran parte directamente al gobierno central, el ayuntamiento cosecha pocos beneficios del comercio internacional, incluso cuando la economía colombiana tiene un crecimiento de más de seis por ciento al año. Así que los pobres de Buenaventura, con una tasa de desempleo de un 28 por ciento, recurren al tráfico de drogas.
"Aquí no hay otra industria viable, no hay otros trabajos viables", dijo Ana María Mercedes Cano, directora de la Cámara de Comercio de Buenaventura. "Vivimos en una situación donde hay violencia en todas partes".
Cada vez caen más civiles en el fuego cruzado. Las guerrillas fueron acusadas a principios de año por un atentado en el que murieron cinco personas, incluyendo un agente de policía, cuando su camión policial fue atacado con un mortero improvisado. Funcionarios de seguridad aquí dicen que las leyes, que son relajadas con los menores (que son quienes ejecutan la mayoría de los ataques), hacen difícil la tarea de reducir los homicidios.
"Tenemos un sistema judicial diseñado para Suiza, pero aquí no está Suiza", djo el coronel Yamil Moreno, jefe de policía de Buenaventura. En el mismo aliento, el coronel Moreno, que fue transferido aquí desde el norte, describió cruelmente a los agonizantes combatientes de Buenaventura.
"Esos vagabundos", dijo, "sólo sirven para beber, bailar y matar".

1 de octubre de 2007
22 de mayo de 2007
©new york times
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asesinato en guatemala


[Carolyn Curiel] Goldman deja la novela por un instante para dedicarse al asesinato del obispo Girardi.
Como novelista, Francisco Goldman ha excavado en la miseria y la magia guatemaltecas, más especialmente en su semi-autobiográfica ‘La larga noche de los pollos blancos' [Long Night of White Chickens], en la que el protagonista investiga el asesinato de una joven mujer que era como una hermana para él. En ‘El arte del crimen político' [The Art of Political Crimen], su primer libro no literario, Goldman vuelve a Guatemala a tratar de resolver un crimen de verdad, el asesinato del obispo Juan Gerardi Conedera, que defendía los derechos humanos. A veces un poco como Columbo, Jason Bourne y Seymour Hersh, Goldman nos entrega la anatomía de un crimen mientras nos abre una ventana hacia un mal comprendido país vecino que flirtea con la anarquía. Todavía más, presenta una acusación largo tiempo debida contra brutales criminales de guerra que no solamente ordenaron ese asesinato, sino también contribuyeron a una generación de atrocidades.
Gerardi fue asesinado cuando volvía a su residencia en Ciudad de Guatemala el 26 de abril de 1998. Dos días antes había publicado un informe de cuatro tomos sobre la guerra civil que terminó oficialmente en 1996, después de cobrarse la vida de unas doscientas mil personas en apenas cuatro décadas. La población indígena maya, que constituye el cuarenta por ciento de la gente de Guatemala, y la mayoría de los cuales son pobres, es la que más sufrió: sus aldeas fueron arrasadas, para que el temor indujera el servilismo. Sin embargo, la comisión del obispo ofreció escalofriantes versiones de primera mano de torturas y masacres realizadas por un ejército empecinado en eliminar del país a las guerrillas de extrema izquierda. A menudo se dejaba de lado la distinción entre aldeanos y rebeldes armados, y los activistas, sindicalistas y miembros de la iglesia llegaron a ser considerados como enemigos del estado.
En América Latina ha sido un tema familiar, pero en Guatemala la violencia parece haber sido particularmente salvaje. Goldman, cuya madre es guatemalteca y pasó la mayor parte de su juventud en el país, explica el asesinato del obispo en el contexto de una desafortunada historia en la que el bien intencionado apoyo norteamericano de operaciones militares y de inteligencia ayudó a crear una clase privilegiada dedicada a su propia perpetuación.
Gerardi creía que su informe, ‘Guatemala: Nunca más', ayudaría a prevenir futuras atrocidades. Sabía que despeinaría algunas charreteras, incluso considerando la amnistía otorgada a los militares en los acuerdos de paz. Ya había sobrevivido un intento de asesinato y había pasado tres años en el exilio en Costa Rica. Durante años, escribe Goldman, los militares espiaron ilegalmente a Gerardi y siguieron sus movimientos. El día que fue aporreado, uno de sus asesinos, el sargento primero Obdulio Villanueva, salió clandestinamente de su celda (donde estaba cumpliendo sentencia por un asesinato anterior) para las pocas horas que necesitaba para cometer el crimen. Los vagabundos parados en las afueras de la casa del obispo ya habrían recibido alimento y refrescos con fármacos. Los asesinos no contaron con que un taxista que pasaba apuntaría el número de la matrícula del vehículo militar que había en el lugar.
El intrincado e informado reportaje de Goldman sobre el asesinato y el juicio hace recordar ‘Noticia de un secuestro', de Gabriel García Márquez, donde traza el secuestro de 1990 de diez prominentes colombianos (dos de los cuales fueron asesinados) a manos de narcotraficantes que buscaban impedir las extradiciones a Estados Unidos. Pero la tarea de Goldman era más complicada. Pasó varios años investigando el caso, sabiendo que incluso los guatemaltecos habían dejado de estar interesados en el tema. Entiende que se está enfrentando a matones, pero se arroja en las turbias profundidades sonsacando detalles de investigadores de la iglesia católica y de Naciones Unidas. Siguiendo las pistas, forja lo que pasa por una amistad con un cómplice e informante maya que encuentra oculto en México, el que se acerca bastante escalofriantemente a Hannibal Lecter.
Penetrando heroicamente en un soto de mentiras y desinformaciones, Goldman elogia a los patriotas de Venezuela, aquellos que siguen haciendo su trabajo en empleos ingratos entre amenazas y cosas peores. Antes de que el juicio llegue a un veredicto, los fiscales reciben amenazas de muerte, algunos testigos potenciales mueren misteriosamente, la casa de un juez es atacada con granadas y los detectives, especialmente aquellos conocidos como los Intocables, son interceptados. Después del veredicto, hallan muerto al hermano del fiscal, desmembrado.
Elaborados intentos de retratar los asesinatos como otra cosa -un crimen pasional homosexual, un ataque de un pastor alemán artrítico (que muere antes de que se limpie su nombre), un asalto de una banda que salió mal- fracasan rotundamente. Una comisión de tres jueces condena no solamente a Villanueva, sino también a un ex comandante de la contrainsurgencia, el coronel Byron Disrael Lima Estrada; su hijo capitán; y un sacerdote que tenía una habitación en la residencia del obispo (y que es terriblemente culpable de guardar secretos para proteger su vida). Las sentencias más largas, treinta años para los militares, son más tarde reducidos a veinte, aunque Villanueva es asesinado (quizás convenientemente) durante un motín en una cárcel.
Pero la justicia sigue siendo incompleta. Goldman sugiere que el cerebro del asesinato puede estar libre todavía, y puede tratarse de Otto Pérez Molina, un ex general que está haciendo campaña para ser presidente con un programa de ley y orden (la segunda vuelta está convocada para el 4 de noviembre). Goldman efectivamente desecha como propaganda los intentos de exculpar a Pérez Molina y los militares de toda responsabilidad en el asesinato de Gerardi.
La teoría de Goldman y la culpabilidad del general ha llamado la atención en Guatemala, donde cincuenta candidatos y activistas políticos han muerto en la más mortífera campaña electoral en la historia de Guatemala. Entretanto, la violencia relacionada con las pandillas y las drogas están al alza, lo mismo que los ataques contra mujeres. Contra este telón de fondo, incluso una fábula sobre el abuso de poder podría palidecer.

Libro reseñado
The Art of Political Murder. Who Killed the Bishop?
Francisco Goldman
Ilustrado
396 pp.
Grove Press
$25

Carolyn Curiel es miembro del directorio de The Times. Fue embajadora norteamericana en Belize.

29 de septiembre de 2007
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mQh
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presidente radical con estabilidad


[Simón Romero] Un presidente radical lleva estabilidad a Bolivia.
Cochabamba, Bolivia. Los noticieros de la noche hablan de un país al borde de la balcanización. La Paz y Sucre se riñen sobre qué ciudad debería ser la capital. Santa Cruz, al este, clama por autonomía. El gobierno de la provincia que incluye esta bullente ciudad en los Andes ha llamado a dimitir al presidente Evo Morales.
Pero Morales, el primer gobernante indio de Bolivia desde la conquista española hace cinco siglos, sabe de qué se trata, ya que él mismo fue organizadores de protestas durante años como el líder de los campesinos cocaleros del país, que resistieron furiosamente los intentos americanos de erradicar sus cultivos.
"Pase a mi oficina", dijo Morales al principio de una entrevista a las 5:45 de la mañana un viernes. Abrió la puerta de una desnuda oficina en un edificio destartalado aquí que alberga a la Federación del Trópico, que representa a los cocaleros de las selvas del centro de Bolivia. Cuando pasa por Cochabamba, donde posee una modesta casa, conduce sus asuntos presidenciales en esta oficina.
Los hábitos de trabajo de Morales, inspirados en la costumbre de los cocaleros de levantarse antes del amanecer, no ha cambiado desde que fue elegido presidente en 2006. Las camionetas de la comitiva del presidente se han subido a la acera. Un BMW, uno de los tres que usa en Bolivia, está aparado cerca. Lo mismo su jet privado.
Pese a las preocupaciones de que el radicalismo de Morales creara un caos económico y político en Bolivia, la realidad de su mandato en que el país es relativamente estable. Las divisiones sociales y la pobreza siguen arraigadas, pero Morales ha sorprendido a muchos, incluyendo a la comunidad empresarial, con su poder de persistencia.
Cuando se le pregunta sobre los problemas de Bolivia, replica con la precisión de un economista. "Uno de los debates más furiosos en mi gabinete es si deberíamos gastar o no nuestras reservas en divisas extranjeras", dijo, explicando que estas reservas se han más que duplicado desde que asumiera el cargo en enero de 2006, a unos cuatro billones de dólares. En un guiño a la ortodoxia económica, Morales dijo que "de momento no quiero hacerlo".
Bolivia sigue siendo uno de los países más pobres de América Latina, con un sesenta por ciento de la población de 9.1 millones de habitantes atascados en la pobreza, haciendo que esos debates sean cruciales. Sin embargo, los resultados de una de las políticas de Morales en particular -la nacionalización de la industria del petróleo el año pasado- ha sorprendido incluso a los escépticos.
Temida como una medida radical, la nacionalización fue de hecho una renegociación de los términos con los que se han quedado las compañías de energía extranjeras en Bolivia, atraídas por las abundantes reservas de gas natural. Los ingresos por petróleo y gas natural aumentaron al 13.3 por ciento del producto interno bruto en 2006, de un cinco por ciento en 2004, de acuerdo al Centro de Investigaciones en Economía [Center for Economic and Policy Research] de Washington.
Ese aumento ha colocado a Bolivia en su situación económica más envidiable en años, con un crecimiento de casi un cuatro por ciento esperado para este año. Los economistas también observan que la coca está haciendo remontar la economía boliviana, con un aumento del tráfico hacia el vecino Brasil.
Con un toque de ironía, las clases altas urbanas, muchos de cuyos miembros son explícitamente críticos de Morales, se están beneficiando de la nueva estabilidad y vitalidad económica. Con un cocalero en el poder, los activistas cocaleros ya no bloquean la principal autopista en Santa Cruz, que permite que las exportaciones de la provincia lleguen a importantes mercados. Igualmente, en partes de la zona sur de La Paz están prosperando y los constructores corren para satisfacer la demanda de edificios de apartamentos cómodos. Aquí en Cochabamba, con un nuevo cineplex de seis millones de dólares sacado de los suburbios de California, ilustra que los inversores están invirtiendo dinero en nuevos proyectos.
Un largometraje que se espera en las pantallas del país para el próximo mes, es ‘Evo Pueblo', en el que director Tonchi Antezana describe los orígenes de Morales en el pueblo indio aimará de Orinoca. El relato novelizado muestra sus períodos en que trabajó en fábricas de ladrillos y que tocaba la trompeta en bandas locales, y su radicalismo como jefe de los cocaleros.
La película refleja la fascinación en Bolivia con Morales, que nunca terminó la secundaria y sigue soltero a los 47. En las manifestaciones multitudes alzan pancartas celebrando los informes de que Morales ha sido mencionado como un posible receptor del Premio Nobel de la Paz. Dos periodistas, Darwin Pinto y Roberto Navia han causado sensación con una biografía no autorizada titulada ‘Un tal Evo' [Someone Called Evo], que cuenta las aventuras amorosas del presidente y su subida al poder.
En el frente político, sus críticos dicen que Morales se está inclinando hacia el autoritarismo, tratando rudamente de palabra a los opositores y una propuesta de sus partidarios de que pueda ser reelegido indefinidamente. Y algunas medidas parecen erráticas e inspiradas por el presidente Hugo Chávez de Venezuela, como su decisión este mes de cerrar lazos diplomáticos con Irán al tiempo que anuncia el visado para visitantes norteamericanos.
"Chávez ve la creación de una gran patria latinoamericana, una visión que comparto", dijo Morales, defendiendo su ayuda de Venezuela, mientras critica la ayuda extranjera que pone condiciones como la erradicación de la coca. Sigue siendo el presidente de la Federación del Trópico, diciendo que volverá al cultivo de la coca cuando termine la presidencia.
De momento Morales, con vaqueros y zapatillas de tenis, parece cómodo tras alcanzar los índices de aprobación más altos de cualquier otro presidente de la historia reciente. Ahuyenta a los asesores y guardaespaldas, prefiriendo hacer las entrevistas solo. Bromea sobre sus esfuerzos de mejorar su tiro en el frontón, un deporte similar al juego de pelota popular entre los bolivianos.
"Estamos creando otro modo de hacer gobierno, pero no es fácil", dijo Morales en un español cuidadosamente enunciado mientras el sol aparecía por encima de Cochabamba. "Los retos surgen todos los días".
Se irrita con las críticas de la elite de piel clara de Bolivia. Incluso como presidente, dijo, todavía sufría la discriminación, mencionando los desaires e insultos de la comunidad empresarial en Santa Cruz, un bastión de la oposición a su gobierno.
"Yo pensaba que si llegaba al palacio presidencial, terminaría la discriminación", dijo, recordando que a su madre la impidieron entrar a la plaza de Oruro cuando Morales era un adolescente que crecía en esa ciudad. "Ahora me doy cuenta de que la descolonización de nuestra sociedad tomará más tiempo del esperado".

25 de septiembre de 2007
14 de septiembre de 2007
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los mataron a quemarropa


Informe forense sobre los rehenes en Colombia. La versión de la guerrilla de que sus once rehenes muertos cayeron en un fuego cruzado durante un ataque al campamento de las FARC no encajaría con las conclusiones de los forenses.
Dos de los once ex diputados colombianos que murieron en cautiverio en junio pasado tenían disparos en la cabeza y otros dos fueron tiroteados a quemarropa. Así lo explicó la Comisión Forense Internacional en un informe que entregó ayer a la Organización de Estados Americanos (OEA). Los médicos no quieren especular sobre quién les habría disparado, si los mismos guerrilleros de las FARC, que los tenían de rehenes, o el ejército colombiano u otra fuerza irregular en un fallido intento de rescate militar. "Determinar quién es responsable en base a la información que tenemos ahora es especulación", se justificó el coordinador de los forenses, James Young, al presentar el informe ante el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza.
La comisión forense se creó el mes pasado a pedido del gobierno del presidente colombiano, Álvaro Uribe, y con el aval de la cúpula de las FARC. Su misión era determinar la forma en que murieron los once rehenes. Desde que la guerrilla anunció en julio pasado que habían fallecido, el país entero espera saber qué sucedió. La guerrilla aseguró en sus comunicados que un grupo militar –oficial, paramilitar o mercenario– atacó el campamento en el que tenían a los diputados provinciales en una misión de rescate. Los rehenes quedaron en medio del fuego cruzado, sostuvieron las FARC, y fallecieron. La versión del gobierno es un poco diferente. En primer lugar, Bogotá rechazó haber ordenado una operación militar y, aunque no podía garantizar que no hubiesen sido paramilitares o mercenarios, se inclinó por la versión de que habrían sido ejecutados por sus captores. Varios ministros y funcionarios de Uribe se esforzaron en las últimas semanas en destacar esa posibilidad.
El informe de la comisión forense describió el tipo de disparos que habían recibido los cuerpos de los ex diputados provinciales del departamento de Valle. "Todas las muertes fueron resultado de múltiples disparos de bala. En la mayoría de los casos vienen de diferentes direcciones", explicó Young. "En nueve de los casos, los disparos fatales son en el pecho y/o en el abdomen. En dos casos fueron en la cabeza", agregó el coordinador del grupo. El médico forense también destacó que aunque encontraron evidencias de que los rehenes recibieron disparos a una distancia muy corta, no tenían pruebas suficientes para afirmar que habían sido ejecutados.
Dado el clima de expectativa nacional creado alrededor del caso, Young intentó ser muy cauto. Recordó que la comisión forense no tuvo acceso al lugar de los hechos, ni a las armas homicidas ni a los testigos de los supuestos enfrentamientos. "Hay límites a las conclusiones que pueden sacarse", señaló. La comisión está compuesta, además de Young, por el médico danés Hans Petter Hougen, la portuguesa María Cristina Mendonça, el argentino Luis Fondebrider y el canadiense David Sweet. Este último es un patólogo especializado en odontología.
El equipo de médicos tuvo contacto con los cadáveres recién cuando un grupo de la Cruz Roja Internacional los trasladó a Cali esta semana. La organización humanitaria, con el aval de la guerrilla y del gobierno de Uribe, había negociado la entrega de los cuerpos directamente con las FARC, que después de varias semanas de rumores terminaron señalando una región selvática, que todavía no fue oficialmente identificada.
En el plano político, mientras tanto, el gobierno de Uribe intentó ponerles un freno a las ambiciones del presidente y ahora mediador Hugo Chávez. El canciller colombiano Fernando Araújo recalcó ayer que el mandatario bolivariano no es un negociador del gobierno de Uribe, sino que simplemente oficia como mediador para acercar a las partes. "El gobierno será el que convenga directamente con las FARC cualquier negociación para la liberación de los secuestrados, pero la participación de representantes de otros países se hace en el entendido de que lo que busca es facilitar ese encuentro entre los representantes del gobierno y los voceros del grupo ilegal", explicó el ministro desde Europa, donde realiza una gira para promocionar los esfuerzos gubernamentales para conseguir la liberación de los 45 rehenes canjeables en manos de las FARC. Araújo también buscó tranquilizar a sus aliados extranjeros y garantizó que no intentarán ningún rescate militar.

15 de septiembre de 2007
©página 12
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paramilitares se reagrupan en colombia


[Juan Forero] Milicias paramilitares se reagrupan y forman pandillas criminales.
Bogotá, Colombia. El comercio de la cocaína en Colombia no ha sido nunca controlado por un solo elenco de personajes.
En los años ochenta, Pablo Escobar y otros llamativos cowboys de la cocaína, manejando miles de millones de dólares y ejércitos de asesinos a sueldo, casi puso de rodillas al estado. Sus muertes dieron paso a grupos más discretos, los llamados baby cartels, que encargaban a pandillas externas cosas como el transporte de drogas y asesinatos. Entonces apareció una milicia paramilitar que dependía de la cocaína para financiar su guerra contra los rebeldes marxistas, una violenta fase que el gobierno dice que terminó con el desarme de las milicias el año pasado.
Ahora, en la última fase del incesante comercio de drogas de Colombia, nuevas pandillas criminales, dirigidas por comandantes paramilitares de nivel medio, han emergido en casi la mitad de los 32 estados colombianos. Las autoridades aquí estiman que los grupos -inmersos en la violencia y equipados como ejércitos- tienen una fuerza combinada de entre tres a cinco mil miembros. Se cree que casi el 17 por ciento de ellos son antiguos miembros de los paramilitares.
Su emergencia -descrita en entrevistas en dos regiones fuertemente afectadas por el tráfico de drogas y en informes recientes de la Organización de Estados Americanos, el gobierno colombiano y Naciones Unidas- está socavando la desmovilización que según las autoridades ha permitido retirar de una larga y turbia guerra a 32 mil milicianos.
"El peligro es que estos grupos tengan una enorme fuente de ingresos que proviene del narcotráfico y les permite desarrollarse, reclutar hombres y continuar dominando a la población", dice Sergio Caramagna, jefe del equipo de la OEA que supervisó el proceso de desarme durante tres años.
El documento de la OEA y otros informes concluyen que los nuevos grupos no tienen un comando central o el alcance nacional ni los objetivos políticos de las Fuerzas Unidas de Autodefensa de Colombia, la poderosa coalición de grupos paramilitares que fue oficialmente desmovilizada. Esa organización, conocida por las iniciales españolas AUC, trabajaba estrechamente con unidades del ejército colombiano y políticos corruptos para combatir el apoyo a las guerrillas de izquierda, lanzando campañas que terminaron con el asesinato de miles de civiles.
El objetivo central de los nuevos grupos es controlar el lucrativo tráfico de drogas de Colombia, y atacan a los individuos o grupos que encuentran en su camino. Al mismo tiempo, algunos de esos grupos están usando las mismas tácticas por las que eran conocidos los grupos militares: atacar a las guerrillas y activistas de derechos humanos y expulsar a los campesinos de las tierras agrícolas.
Los analistas políticos dicen que la emergencia de los grupos se explica porque el gobierno no logró identificar a los comandantes de niveles medios, algunos de los cuales se hicieron pasar por milicianos corrientes durante las ceremonias de desmovilización.
Decenas, si no cientos, de esos comandantes de nivel medio vieron la oportunidad de obtener el poder e influencia que nunca tuvieron, dice Iván Duque, ex comandante paramilitar, y Rafael García, ex operativo de inteligencia condenado por colaborar con los grupos paramilitares. Esos comandantes fueron capaces de dirigirse a los milicianos ordinarios que nunca vieron nada del estipendio del gobierno ni de los talleres que se formaron con el desarme como una alternativa viable a seguir delinquiendo.
"Estos tipos no saben hacer nada, excepto disparar y matar gente", dijo García. "Y si no encuentran trabajo, seguirán haciendo lo que saben hacer".
En el estado de César, al nordeste del país, donde políticos y milicianos paramilitares formaron una alianza para apoderarse de las arcas estatales y manipular las elecciones, poco parece haber cambiado. Después de la desmovilización de las AUC, un grupo que se llama a sí mismo Águilas Negras ingresó, en diciembre de 2005, a la parte sur del estado con 150 hombres fuertemente armados para cometer masacres en varios poblados.
Los informes muestran que ese y otros grupos han asumido, desde entonces, el control de la lucrativa línea de cocaína a través de la porosa frontera venezolana. Como las AUC, los nuevos grupos han tratado de influir en la política de la región en anticipación de las elecciones locales este próximo mes, dijo Alejandra Barrios, director de la Misión de Observación Electoral de Bogotá, que supervisa las elecciones. En agosto asesinaron a un políticos, y otros han sido amenazados.
"Los llaman grupos nuevos, pero para mí son los mismos grupos de antes: lo nuevo es su nombre", dijo Alfonso Palacio, un candidato a alcalde en el pueblo de La Jagua, que dice que ha sido atacado por esos grupos.
Funcionarios de gobierno dicen que el porcentaje de ex combatientes de las AUC en los nuevos grupos, es bajo. Y el general Óscar Naranjo, jefe de la Policía Nacional, dijo en una entrevista que, desde marzo de 2006, la policía, el ejército y los fiscales federales han arrestado a 1700 milicianos. "Para nosotros, combatir y neutralizar a esos hombres, es una prioridad".
Funcionarios estadounidenses, aunque reconocen el problema, dicen que los nuevos grupos no pueden compararse con las AUC antiguas, que según el gobierno de Bush fueron desmanteladas con la ayuda norteamericana.
"Obviamente es desalentador que no se desmovilice todo el mundo o que los grupos continúen traficando drogas y atacando a personas en Colombia", dijo por teléfono desde Washington John P. Walters, director de antinarcóticos de la Casa Blanca. "Pero, por otro lado, el gran logro fue reducir el poder y la capacidad de los grupos que estaban operando antes del proceso de desmovilización".
Rafael Pardo, escritor y ex senador colombiano, dice que el gobierno ha subestimado la naturaleza del peligro. Él y otros han dicho que el porcentaje de ex milicianos paramilitares en los grupos emergentes puede ser mucho más alto que lo que dice el gobierno, porque es probable que las AUC no llegaran en realidad nunca a los 32 mil miembros.
Entretanto, el Grupo Internacional de Crisis, una organización de Bruselas que estudia conflictos en todo el mundo, dijo en un largo informe que en algunos casos el compromiso de las fuerzas gubernamentales en la lucha contra estos grupos han sido bajo debido a la corrupción, relacionada con las drogas, o debido a que la prioridad sigue siendo el combate contra las guerrillas.
"La nueva generación de paramilitares es la nueva cara del negocio del narcotráfico y la transformación de los paramilitares en una organización dedicada exclusivamente al narcotráfico", dijo Jeremy McDemott, autor del informe del Grupo Crisis. "Pero es igualmente peligroso para las instituciones porque el poder corruptivo del tráfico de drogas es tan relevante como siempre".
Los desarrollos están siendo observados estrechamente por los demócratas y algunos republicanos en Washington, que han detenido el tratado de libre comercio con Colombia debido a preocupaciones por violaciones de derechos y lo que dicen que ha sido un proceso de desmovilización defectuoso.
"La idea de la desmovilización era buena, pero el hecho de que ellos pudieran reagruparse tan fácilmente y obtener armas, creo que es inquietante", dijo el senador Patrick J. Leahy (demócrata de Vermont), que preside el subcomité de asignaciones del Senado para operaciones en el exterior.
Entre las regiones más problemáticas se encuentra el ralamente poblado estado de Nariño, al sudoeste del país. Allá han emergido nuevos grupos que luchan por el control de las rutas de transporte de la cocaína al tiempo que amenazan los derechos de los trabajadores y los líderes indígenas, a los que acusan de tener lazos con los rebeldes. "Quieren intimidarnos, hacernos callar porque estamos luchando por nuestros derechos", dijo Robinson Pai, líder de la comunidad awa.
Aunque 689 milicianos de una unidad paramilitar conocida como los Libertadores del Sur se desmovilizaron el 30 de julio de 2005, investigadores de la OEA constataron pocos cambios en la dinámica del conflicto en Nariño. El número de homicidios se disparó de 491 en 2004 a 797 en 2006.
En entrevistas en las onduladas montañas en los alrededores de la ciudad de Egido, funcionarios y campesinos pobres dijeron que los grupos son conocidos bajo varios nombres: Nueva Generación, Águilas Negras, la Mano Negra y los Machos. Pero se cree que sus líderes, quizás más que en otros lugares, siguen siendo los antiguos comandantes paramilitares.
Un poderoso señor de la guerra, Carlos Mario Jiménez, había participado en la desmovilización, pero las autoridades lo acusaron de que continuaba dirigiendo desde la cárcel a los grupos paramilitares. El presidente Álvaro Uribe puso fin hace poco a los privilegios especiales que le habrían permitido recibir una sentencia leve si confesaba sus crímenes, y ahora Estados Unidos se está preparando para pedir su extradición.
"El gobierno insiste en que los paramilitares se han desmovilizado y no siguen operando", dijo Nancy Villota, una abogado de uno de los principales grupos de derechos humanos de Nariño. "Nuestra experiencia muestra que no han vuelto simplemente porque nunca se han marchado a ninguna parte. Han estado siempre aquí".

15 de septiembre de 2007
5 de septiembre de 2007
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cuba, refugio de rebeldes


[Simón Romero] Cuba, el lugar de nacimiento de grupo guerrillero, se convierte en refugio.
La Habana, Cuba. La cena con los guerrilleros fue un asunto civilizado. Un Mercedes con chofer, gentileza del gobierno de Cuba, llevó a los invitados a la quinta donde alojan a menudo los líderes de uno de los grupos rebeldes más resistentes de Colombia cuando están en la ciudad.
Francisco Galán, ex seminarista de larga barba blanca, sirvió copas de ron Añejo de Caldas y repartió cigarrillos de un paquete de Marlboro Lights. Antes de sentarse a disfrutar de una cena de pargo rojo, un festín usualmente reservado a turistas ricos, Pablo Beltrán, el negociador jefe del Ejército de Liberación Nacional, ELN, ofreció un brindis por Cuba.
Por Cuba: un apropiado tributo para un país que ha nutrido aquí a la insurgencia desde sus orígenes en los años sesenta y se ha convertido en una especie de refugio para los envejecidos rebeldes, que llegan aquí de vez en vez para tratamientos médicos.
También es, paradójicamente, el lugar donde los revolucionarios están tratando pacíficamente de poner fin a su movimiento después de décadas de violenta lucha contra una serie de gobiernos pro-norteamericanos. Este es uno de los pocos lugares donde el ELN se siente suficientemente seguro como para participar en negociaciones sobre una tregua con el gobierno colombiano.
"La Habana es un lugar donde las cosas marchan en cámara lenta, en comparación con otras ciudades", dijo Beltrán, 53, que pasó de sus estudios en ingeniería del petróleo en la universidad a colocar bombas para volar oleoductos y secuestrar a empleados de compañías extranjeras. "Es el lugar perfecto para negociar con tranquilidad y contemplar qué hacer después".
En esta ciudad en gran parte destartalada, lejos de las amenazas de asesinato o incluso de delitos fortuitos, el relativo lujo del que gozan los líderes del ELN lo dice todo sobre los cambios sufridos por Cuba y Colombia -y quizás sobre lo que ellos mismos han cambiado. Las relaciones entre Colombia, con un gobierno conservador, y Cuba, son cordiales, pese a sus filosofías políticas en extremo diferentes.
Y después de años de aislamiento y conflicto, los rebeldes parecen satisfechos, una vez terminadas las negociaciones del día, como para visitar los clubes de jazz de esta ciudad y pasear por el malecón sin tener que cuidarse las espaldas.
Los líderes del ELN, incluyendo a Beltrán y Galán, son principalmente hombres en la cincuentena que han pasado sus vidas adultas enmarañados en una guerra, en campamentos en las montañas o en calabozos. Galán, cuyo nombre verdadero es Gerardo Antonio Bermúdez, viaja hasta aquí desde Medellín, donde ha estado viviendo desde que saliera de la cárcel hace poco.
Beltrán, que nació como Israel Ramírez Pineda, viaja desde los campamentos rebeldes en la región fronteriza entre Venezuela y Colombia. Juan Carlos Cuéllar, otro comandante del ELN en la mesa de negociaciones, salió con permiso de su celda en una cárcel en las afueras de Medellín.
El ELN se formó cuando un grupo de sacerdotes entusiasmados con las ideas de la teología de la liberación, se aliaron con colombianos que habían estudiado en La Habana a principios de la revolución castrista. Juntos juraron desalojar a la elite rica de Colombia.
El actual líder del ELN, Nicolás Rodríguez, que utiliza el nombre de guerra Gabino, se unió al grupo a mediados de los años sesenta, cuando era un adolescente campesino.
El grupo se convirtió en el favorito de Castro entre los movimientos guerrilleros extranjeros, junto con los rebeldes en Bolivia a los que dirigía el Che Guevara en la época de su muerte en 1967.
Después, durante años, Cuba hizo lo que pudo para exportar su revolución a Colombia, inclusive permitiendo a los rebeldes que usaran a Cuba como un puesto de escucha. El ELN fue diezmado por tropas contrainsurgentes en los años setenta, pero se reagrupó y concentró sus ataques contra la infraestructura petrolera en manos de compañías extranjeras.
En años más recientes, Cuba adoptó un papel de apoyo diferente cuando las batallas con las milicias paramilitares de extrema derecha y otros grupos rebeldes empezaron a socavar la fortaleza del ELN. Y Colombia, que rompió relaciones diplomáticas con Cuba a principio de los años ochenta por el apoyo que prestaba Castro a los grupos revolucionarios, cambió su posición. El presidente Álvaro Uribe, el más estrecho aliado del gobierno de Bush en América del Sur, ha mejorado sus relaciones con Cuba, y los dos países han estado conversando sobre cómo reducir las barreras comerciales.
Los comandantes del ELN visitan ahora Cuba por razones más prácticas que ideológicas. A veces llegan clandestinamente para someterse a tratamientos médicos. Se dice que Manuel Pérez, el sacerdote español que precedió a Rodríguez como líder del ELN, fue tratado aquí por complicaciones con una hepatitis antes de su muerte en 1998, a los 54 años.
Y luego están las varias rondas de negociaciones para una tregua. Para estas, Cuba se ha ofrecido actuar como anfitrión, pero también ha proporcionado a los rebeldes una quinta en El Laguito, un recinto amurallado con casas de antes de la revolución reservadas meticulosamente para su uso por dignatarios extranjeros.
De momento, la paz sigue siendo un objetivo distante. Las conversaciones recientes terminaron el mes pasado con una nota de amargo desacuerdo. El ELN rechazó la propuesta de que sus líderes sean transferidos fuera de Colombia. (Otra ronda de negociaciones se ha iniciado esta semana en Venezuela, pero los detalles no se han dado a conocer). Entretanto, el futuro papel de Cuba como base de negociaciones permanece incierto.
Y también es incierto el futuro de los soldados del ELN. No es el grupo revolucionario más grande de Colombia. Tampoco es especialmente activo, y en los últimos años ha evitado acciones como el secuestro, en 1999, de un avión de Avianca.
El grupo, clasificado como terrorista por Estados Unidos, todavía se sostiene a sí mismo con extorsiones y secuestros, guardando unos doscientos secuestrados, y dice que tiene cinco mil miembros; analistas militares dicen que eso es una exageración.
"El ELN no está ni en paz ni en guerra", dijo León Valencia, ex comandante ELN que escribe sobre temas de seguridad en Bogotá.
Gran parte de la vida de los comandantes transcurre en una zona gris: para aquellos que todavía son buscados por las autoridades colombianas se han suspendido las órdenes de detención para permitirles viajar a las negociaciones.
La Habana es quizás el único lugar donde los revolucionarios escapan al sentimiento de vivir en el limbo. Aquí, son casi visitantes normales. Aparte de visitar los clubes de jazz, a veces pasean por las calles de la Vieja Habana, donde el trasfondo de cotorreos en ruso ya no lo producen asesores de ese país, sino entusiastas turistas bronceados por el sol.
A veces, después de cenar en su quinta, los guerrilleros caminan hacia un lago cercano, cercado de mansiones que pertenecieron antes a la clase rica cubana. A veces, los negociadores del gobierno colombiano, que alojan en el mismo recinto, tienen la misma idea y las dos delegaciones suelen toparse inadvertidamente.
"Nos saludamos con cordialidad", dijo Beltrán, "y seguimos cada uno nuestra ruta".

9 de septiembre de 2007
©new york times
©traducción mQh
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