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Legendaria actriz de cine y teatro.
[Elaine Woo] Murió Elizabeth Taylor, la glamorosa reina de las estrellas del cine americano, cuyos logros como actriz fueron a menudo eclipsados por su arrobadora belleza y sus dramas en la vida real. Tenía 79 años.
Hospitalizada hace seis semanas por una unsificiencia cardiaca congestiva, Taylor murió en la mañana del miércoles en el Cedars-Sinai Medical Center de Los Angeles, acompañada por sus cuatro hijos, informó la publicista Sally Morrison.
Durante una carrera que se extendió por más de seis décadas, la legendaria belleza con ojos de color violeta ganó dos premios Oscar y actuó en más de cincuenta películas, compartiendo tablas con actores como Spencer Tracy, Montgomery Clift, Marlon Brando y Richard Burton, con el que se casó dos veces. Se dejó inspirar por un ‘Who’s Who’ de directores, incluyendo a George Cukor, Joseph L. Mankiewicz, George Stevens, Vincente Minnelli y Mike Nichols.
Después de desaparecer de la pantalla, siguió siendo un personaje fascinante, bendecida y maldecida a la vez por la extraordinaria fama que moldeó su vida en todas sus fases: Fue una niña estrella que floreció con gracia para convertirse en una chica ingenua; una mujer fatal en la pantalla y en la vida real; una astuta buhonera de perfumes caros; una de las primeras activistas en la lucha contra el SIDA.
Algunas actrices, como Katharine Hepburn e Ingrid Bergman, ganaron más premios y elogios de la crítica, pero ninguna se acercó al poder de la Taylor sobre el imaginario colectivo. En la mente del público, era una enigmática diosa para la que hacer de Cleopatra como lo hizo ella con tanta notoriedad, no implicaba una diferencia muy grande de la realidad.
Taylor, escribió una vez el crítico del New York Times, Vincent Canby, "creció a plena vista de un público voraz para el que los triunfos y desastres de su vida personal se convirtieron automáticamente en extensiones de sus actuaciones en la pantalla. Ella es diferente a todos nosotros".
Sus pasiones fueron leyenda. Le encantaba comer, lo que, a medida que pasaban los años, condujo a publicitadas guerras contra el sobrepeso. Adoraba a los hombres, llegando a salir con muchos de los más ricos y famosos del mundo, incluyendo a Frank Sinatra, Henry Kissinger y Malcolm Forbes, y se casó ocho veces, incluyendo dos visitas al altar con Burton.
Adoraba las joyas, coleccionado enormes y caras chucherías del mismo modo que los niños coleccionan juguetes.
"Sería muy elegante reencarnarse como un gran anillo en un dedo de Elizabeth Taylor", bromeó una vez Andy Warhol sobre la mujer que era dueña del anillo de diamantes Krupp de 33 carates -un regalo de Burton que ella lucía a diario. Transmitía al mundo que era una dama con terribles ganas de vivir.
Pero Taylor también atrajo la mala fortuna. De acuerdo a un cronista, sufrió más de setenta enfermedades, lesiones y accidentes que requirieron hospitalización, incluyendo una apendicetomía, una traqueotomía de urgencia, un esófago perforado, una histerectomía, disentería, un ojo ulcerado, vértebras rotas, flebitis, cáncer a la piel y una operación de trasplante de cadera. En 1997 se hizo extirpar un tumor cerebral benigno. Según contaba, estuvo cuatro veces a punto de morir.
En 2004 reveló que tenía una insuficiencia cardiaca congestiva y agobiantes problemas espinales que le provocaban constantes dolores. Durante gran parte de su vida luchó con el alcohol y los barbitúricos.
Fue descrita a menudo como la típica heroína de Tennessee Williams, una caracterización que Taylor no refutó.
Quiere decir, le dijo una vez a Los Angeles Times, "[que soy una persona] fogosa, llena de dramas. Estoy segura de que lo dicen con simpatía. Las heroínas de Tennessee son todas nerviosas. Están todas al borde del desastre".
En la noche del 6 de octubre de 1991, dos docenas de helicópteros con fotógrafos y periodistas revolotearon por el cielo sobre el rancho del cantante Michael Jackson en el condado de Santa Bárbara. Pese a una armada de balones de aire caliente lanzados como escudo contra miradas intrusas, un paracaidista con una cámara adosada a su casco logró aterrizar a unos metros de la novia de 59 años y su novio de 39.
Así se casaron Taylor y el obrero de la construcción Larry Fortensky -en medio del bullicio de Hollywood y conjeturas sobre si el octavo matrimonio de la estrella de cine no sería su último.
¿Quién podría saberlo? Lo único seguro era que Elizabeth Taylor adoraba a los hombres.
"Yo soy más la mujer de mi esposo", confesó una vez.
Tenía diecisiete cuando el Marido No. 1 puso sus ojos en ella. Era Conrad Nicholson Hilton Jr., el atractivo vástago del clan hotelero Hilton. Su matrimonio de 1960, abrumado por la fama de Taylor y la adicción a las apuestas, alcoholismo y conducta agresiva de Hilton, duró ocho meses.
El No. 2 fue Michael Wilding, un actor británico veinte años mayor que ella, cuya amabilidad ofreció a Taylor un puerto seguro. Tuvieron dos hijos: Michael Howard, nacido en 1953, y Christopher Edward, nacido en 1955. Se divorciaron en 1957, después de cinco años de matrimonio.
El No. 3 fue Mike Todd, un elegante productor (‘La vuelta al mundo en ochenta días’ [Around the World in 80 Days]), que sería uno de los dos grandes amores de su vida. Después de un monólogo de más de una hora sobre por qué deberían casarse y sellar el acuerdo con un diamante de treinta carates, decidieron casarse en 1957. Llevaban casados algo más de un año cuando, el 22 de marzo de 1958, Todd murió en un accidente de avión en Nuevo México, dejando a Taylor viuda a los veintiséis años.
En los días posteriores a la muerte de Todd, Eddie Fisher -el ídolo de la canción que era el mejor amigo de Todd y marido de la actriz Debbie Reynolds- pasó largas horas junto a Taylor, llorando con ella mientras leían las miles de cartas y telegramas de condolencia. Cuando el consuelo mutuo se convirtió en romance, Fisher rompió con Reynolds y se casó con Taylor en 1959.
Después de la boda, la carrera de Taylor alcanzó nuevas alturas, pero la de Fisher decayó, lo que creó una apertura para el segundo gran amor en la vida de Taylor.
El futuro Marido No. 5 conoció a Taylor un domingo tarde en una piscina. "Decidí que era la mujer más asombrosamente independiente, bella, distante e inaccesible que había visto en mi vida", escribió Burton en una entrada en su diario de vida citada en la biografía del actor de Gales de Melvyn Bragg, de 1988. Era, dijo Burton, "más bella que cualquier fantasía pornográfica".
Él y Taylor empezaron una tumultuosa aventura en Roma en el plató de ‘Cleopatra’, la película épica sobre la reina egipcia que murió de amor. Debido a que ambos eran grandes estrellas casadas con otros, su adulterio causó un escándalo mundial. Un miembro del Congreso introdujo un proyecto de ley para prohibirles la entrada a Estados Unidos y el Vaticano condenó su "vagancia erótica".
La mala publicidad, escribió la columnista de Hollywood Louella Parsons, "tendría que haberlos matado". Otros bromearon que sólo estimulaba a las estrellas enamoradas. Después de una separación de dos años, Taylor se divorció de Fisher a principios de 1964 y se casó con Burton.
El suyo fue un matrimonio a gran escala. Ella le regaló un Van Gogh, él la colmó de invalorables gemas, incluyendo el gigantesco diamante Krupp y un pendiente de diamantes, rubíes y esmeraldas en forma de corazón de veinticinco carates, hecho originalmente para la novia del hombre que construyó el Taj Mahal. Burton también sobrepujó al magnate del transporte marítimo, Aristóteles Onassis, en la puja por adquirir un anillo de diamantes de 69 carates de 1.1 millones de dólares de Cartier, en Nueva York, que llegó a ser conocido como el diamante Taylor-Burton.
La pareja más famosa de Estados Unidos no solamente gastaba de manera extravagante su dinero, sino también peleaban y bebían en exceso. Cuando finalmente su unión terminó, Burton dijo al London Daily Mail: "No puedes golpear un cartucho de dinamita contra otro y esperar que no estallen". Fueron divorciados por una corte suiza el 26 de junio de 1974.
Al año siguiente volvieron a unirse ante un jefe tribal en Botsuana, África. Menos de un año después, en 1976, se volvieron a separar en Haití, pero su amor continuó.
Taylor dijo que si Burton no hubiese sufrido una fatal hemorragia cerebral en Ginebra en 1984, probablemente se habrían casado por tercera vez. "Estuve terriblemente enamorada de él hasta el día de su muerte", dijo. Tiempo después de su muerte, guardaba una copia de su última carta -escrita tres días antes de su deceso- en mesita de noche. Permitió que muchas de las cartas fueran publicadas en el libro ‘Furious Love’, de Sam Kushner y Nancy Schoenberger (2010).
El Marido No. 6 apareció cuando la diosa de la pantalla necesitaba un acompañante para un banquete en homenaje a la Reina Isabel y el entonces presidente Ford. La embajada británica la apareó con John Warner, un rudo ex secretario de la Armada y culto granjero de Virginia. Se casaron en 1976. En 1978 fue elegido al Senado de Estados Unidos.
Aunque Taylor fue una dedicada activista de la campaña, concluyó que no estaba preparada para el papel de esposa de un político. Mientras Warner pasaba largas horas en Washington, ella mataba el tiempo mirando televisión y comiendo hasta que su peso alcanzó los 81 kilos en un cuerpo de un metro sesenta. "Creo que nunca me sentí tan sola en mi vida como cuando fui esposa de un senador", escribió en ‘Elizabeth Takes Off’, su autobiografía y libro de dieta de 1988.
Buscando algún alivio en la actuación, trabajó en la producción de ‘The Little Foxes’ de Lillian Hellman en Broadway, y pasó un año de gira. En 1982 puso término a su carrera como esposa del senador y se mudó a una mansión en Bel-Air.
Para fines de 1983, estaba quemada, abotagada y abusando del alcohol y las pastillas. Confrontada por su familia y estrecho amigo Roddy McDowall, se internó en el Betty Ford Center en Rancho Mirage, donde durmió en un dormitorio colectivo, siguió una rutina de limpieza y, como contó más tarde a la escritora Dominick Dunne, fue "pelada hasta el fondo" en sesiones de terapia de grupo. Su anuncio público de que estaba siguiendo un tratamiento por abuso de substancias estimuló a otros famosos, incluyendo a Liza Minnelli, a revelar sus propios problemas.
La nueva y sobria Taylor mantuvo su salud recuperada durante unos años, hasta que el dolor que le ocasionó una vértebra aplastada la envió de vuelta a las pastillas y al alcohol. De acuerdo a una investigación algunos años después del fiscal general de California, sus adicciones fueron facilitadas por tres de sus médicos personales, que le recetaron más de mil prescripciones de analgésicos, tranquilizantes, antidepresivos y estimulantes durante siete años.
En su segunda visita al Betty Ford Center en 1988, conoció a Fortensky, un obrero de la construcción casado dos veces que estaba siendo tratado por su adicción al alcohol. Después de salir de la clínica, Taylor lo invitó a varias parrilladas de fin de semana en Bel-Air y asistió con él a las reuniones de Alcohólicos Anónimos. Más tarde le contaría a la columnista de chismes Liz Smith, que le atraía Fortensky porque "no era un chulo, y yo tampoco soy una chula".
Después de la boda en 1991, Fortensky trató de reanudar su rutina como trabajador, levantándose antes del alba para dirigirse a su trabajo en unas obras. Al final del día dejaba sus botas sucias junto a la puerta de la mansión, se duchaba y se sentaba a cenar con su esposa a eso de las seis de la tarde. El régimen le parecía exótico a Taylor, que en 1992 contó a la revista Life: "Yo acostumbraba a acostarme a la una o dos de la mañana. Pero ahora estábamos acostándonos a las diez de la noche, y tengo que admitir que me gustaba".
Pero el encanto desapareció cuando Fortensky dejó de trabajar. Invocando diferencias irreconciliables, Taylor pidió el divorcio en 1996 y abjuró del matrimonio.
"No quiero ser un símbolo sexual", dijo una vez. "En lugar de eso me gustaría ser el símbolo de una mujer que quizás comete errores, pero de una mujer que ama".

Elizabeth Rosemond Taylor nació en Londres el 27 de febrero de 1932 como hija de padres americanos. Su madre, una ex actriz de teatro llamada Sara Sothern, y su padre, marchante Francis Taylor, la llevaban a ella y su hermano Howard a pasar las vacaciones junto al mar, rodeados de criadas y montones de juguetes. Los adultos consentían a la pequeña Elizabeth, que tenía ojos luminosos, piel de alabastro en un rostro enmarcado por mechones negro azabache y una pequeña mancha de nacimiento en su mejilla derecha que su madre resaltaba con un lápiz cosmético.
Cuando tenía siete años, su familia se mudó a Beverly Hills, donde Francis administró una galería de arte en el Beverly Hills Hotel. Con su atrayente aspecto de mujercita y una madre que la empujaba agresivamente a participar en audiciones, Elizabeth fue descubierta por un cazador de talentos y pronto firmó un contrato con Universal Pictures. En 1942, a los diez años, debutó en el cine en una comedia que no llamó la atención, ‘There’s One Born Every Minute’. Pronto estuvo ganando más que su padre, cuyo resentimiento por esto profundizó su dependencia del alcohol, llevándolo también a golpear ocasionalmente a su hija. "Dejé de ser niña desde el momento mismo en que empecé a trabajar en películas", le contó al escritor Paul Theroux en 1999.
Cambió de estudio en 1943 cuando la Metro-Goldwyn-Mayer necesitaba a una chica inglesa, amante de los perros, para un pequeño papel en ‘Lassie, la cadena invisible’ [Lassie Come Home]. Elizabeth se hizo con el rol y se convirtió en una de las actrices de reparto de MGM.
Los críticos no la detectaron sino después de que MGM la incluyera en el reparto de ‘Fuego de juventud’ [National Velvet] como Velvet Brown, una niña que sueña con correr en la carrera de obstáculos Grand National de Inglaterra. "No diría que sea particularmente dotada como actriz", escribió James Agee en The Nation en 1944. "Sin embargo, me impresionó, si puedo utilizar una apreciación conservadora, su vertiginosa belleza. Apenas si me interesa que sepa actuar o no".
Después del éxito de ‘Fuego de juventud’, fue difícil para Taylor controlar su vida. Su contrato, contó más tarde, "me convirtió en parte del mobiliario de MGM" durante los siguientes dieciocho años. El estudio elegía sus roles, controlaba sus apariciones en público, seleccionaba sus amigos y se encargó de su primera boda. Después de una serie de papeles como adolescente, tuvo su primer papel principal con Robert Taylor en el desdeñable melodrama ‘Traición’ [Conspirator] (1950). Tuvo suficiente éxito como para ser observada por el Harvard Lampoon, que la fastidió por "persistir tan valerosamente en su carrera, pese a una total incapacidad para actuar".
En 1951 contestó a esos escépticos con su trabajo en ‘Un lugar en el sol’ [A Place in the Sun], dirigida por Stevens. Con el papel de una inquieta y sexualmente ansiosa chica de la alta sociedad que se siente atraída por un joven amante de clase baja, Taylor ganó los primeros elogios de la crítica como actriz adulta.
Shelley Winters, que fue la rival de clase baja de Taylor en la película, dijo en 1985 que ‘Un lugar en el sol’ todavía "era lo mejor que había hecho. Elizabeth tenía una profundidad y una simpleza que eran realmente extraordinarios".
Más tarde Stevens la contrató para otro exigente papel en ‘Gigante’ [Giant] (1956), una película épica sobre dos generaciones de tejanos. Fue la esposa del ganadero Rock Hudson, y James Dean, que murió en un accidente de automóvil antes del estreno de la película, era en la película un salvaje y joven vaquero. Los críticos saludaron su talento, su "asombrosa revelación de insospechados dones", escribió el Times de Londres.
Sus siguientes tres películas le reportaron tres nominaciones a un Oscar.
La primera fue por ‘El árbol de la vida’ [Raintree County], una producción de 1957 dirigida por Edward Dmytryk, en la que Taylor es una fogosa belleza del sur al borde de la locura.
La siguiente nominación fue por su retrato de Maggie en ‘La gata sobre el tejado de zinc’ [Cat on a Hot Tin Roof] (1958), de Tennessee Williams. Taylor fue la guapa e insaciable esposa de Paul Newman, el hijo, alcohólico y homosexual latente, del propietario de una plantación en Mississippi. Aunque la actriz quedó viuda en medio del rodaje cuando el avión de Todd se estrelló, logró convertir su trabajo en una actuación que sería considerada ampliamente como la mejor de su carrera adulta.
"Era una actriz intuitiva", dijo Newman años después sobre la mujer que nunca tuvo una clase de actuación. "Siempre me sentí espantado por su ferocidad, y por cómo podía usar sus emociones tan rápidamente. Mirarla actuar era un privilegio".
Su tercera nominación reconoció su trabajo en ‘De repente, el último verano’ [Suddenly, Last Summer], otra historia de Williams, que exploraba la locura, la homosexualidad y el canibalismo. El éxito comercial de ‘De repente, el último verano’, puso a Taylor por primera vez entre los primeros diez éxitos de taquilla. Siguió estando entre las primeras diez todos los años durante la década siguiente.
En 1961 ganó su primer Oscar por su retrato de una prostituta en un atormentado romance con un hombre casado en ‘Una mujer marcada’ [Butterfield 8]. Aunque odiaba su rol y el guión, lo aceptó porque así terminaban sus obligaciones contractuales con MGM.
Su siguiente proyecto fue ‘Cleopatra’ para la Twentieth Century Fox. Taylor no quería el papel principal y exigió un millón de dólares. Según Fisher, finalmente ganó siete millones de dólares cuando le pagaron sus derechos y otros honorarios.
Con un costo final sin precedentes de 62 millones de dólares, la película inició una nueva era de excesos en Hollywood. Casi llevó a la ruina a Fox, que se vio obligada a vender su plató de exteriores colindante con Beverly Hills a una inmobiliaria, que convirtió esos 800 mil metros cuadrados en Century City.
La producción también dio inicio al periodo más turbulento de la vida de Taylor. Durante el rodaje en Roma, contrajo neumonía y fue sometida de urgencia a una traqueotomía. Estuvo durante días cerca de la muerte.
Después de su recuperación, cuando volvió al plató de ‘Cleopatra’ los titulares de los diarios en todo el mundo empezaron a revelar detalles sobre su aventura con Burton. Cuando la película fue finalmente estrenada en 1963, las reseñas fueron brutales, pero el público concurrió en masa a ver a sus desvergonzadas estrellas.
Taylor apareció con Burton en varias películas, incluyendo ‘Hotel Internacional’ [The V.I.P.s] (1963); ‘Castillos en la arena’ [The Sandpiper] (1965); ‘Doctor Fausto’ [Doctor Faustus], ‘Los comediantes’ [The Comedians] y ‘La mujer indomable’ [The Taming of the Shrew] (todas de 1967); ‘Boom!’ (1968); ‘Bajo el bosque lácteo’ [Under Milk Wood] y ‘Pacto con el diablo’ [Hammersmith Is Out] (ambas de 1972); y una película para la televisión titulada aptamente ‘Se divorcia él, se divorcia ella’ [Divorce His, Divorce Hers] (1973). Los críticos consideraron la mayoría de sus colaboraciones como insignificantes.
La excepción ocurrió en 1966, cuando la elegante pareja fue contratada para ‘¿Quién le teme a Virginia Woolf?’ [Who’s Afraid of Virginia Woolf?], el drama de angustias maritales de Edward Albee.
Taylor engordó once kilos y se puso una peluca canosa y relleno extra para representar a Martha, la desaliñada, deslenguada y muy educada esposa del calzonudo profesor universitario que era Burton. Se dice que la aterraba el reto de darle vida a un personaje tan alejado de su propia elegante persona.
Nichols y los Burtons y los otros dos miembros del reparto -George Segal y Sandy Dennis- se aislaron para ensayar en privado y cerraron el plató durante el rodaje. Poco a poco, contó Taylor, se fue sintiendo tan cómoda en su ‘traje de Martha’, que la pudo interpretar más espontáneamente.
Los críticos derrocharon elogios sobre su actuación, calificándola como la mejor de su carrera. La película ganó cinco estatuillas, incluyendo la segunda de Taylor a la mejor actriz. También ganó premios de la National Board of Review, la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood, el Círculo de Críticos de Cine de Nueva York y lo que es ahora la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión.
Su siguiente película, ‘Reflejos de un ojo dorado’ [Reflections in a Golden Eye] (1967), con Brandon, mostró a Taylor como una actriz seria, pero lo que siguió fue una avalancha de malas películas que facilitaron que los críticos la volvieran a ignorar. Su voz, débil e inflexible, era considerada una de sus principales limitaciones.
Sin embargo, tuvo un rango sorprendentemente amplio de roles, incluyendo una traviesa actuación como la pesada esposa de la película ‘Salvaje y peligrosa’ [X Y & Zee], de 1972. La crítico de cine Pauline Kael, de la revista New Yorker, dijo que Taylor opacó "totalmente a los otros dos buenos actores [Michael Caine y Susannah York]".
Taylor retrató a una estrella de cine avejentada en ‘El espejo roto’ [The Mirror Crack’d] (1980), una adaptación estelar de la novela de Agatha Christie. También chapoteó en películas para la televisión y volvió al teatro, cosechando tibias reseñas en Broadway por su papel en ‘The Little Foxes’ [La loba], en 1981. En 1983 se reunió profesionalmente con Burton en la farsa ‘Private Lives’ [Vidas privadas] de Noel Coward, una obra sobre una pareja divorciada cuyo romance vuelve a encenderse tras un encuentro casual. "En ‘Vidas privadas’ la vida no imita al arte", escribió el crítico del New York Times, Frank Rich. "Lo borra".
Al decaer su carrera como actriz, se volcó a los negocios. En 1987 introdujo el perfume Elizabeth Taylor’s Passion, que se vendía en un frasco púrpura con forma de corazón a 165 dólares la onza. Llegaría a convertirse en una de los cuatro perfumes femeninos mejor vendidos en Estados Unidos, con beneficios de unos setenta millones de dólares al año. En los años noventa introdujo otro perfume exitoso, White Diamonds.
Entre sus últimas actuaciones se cuenta el modesto rol como suegra de Fred Flintstone en el estreno de ‘Los Picapiedra’ [The Flinstones] en 1994, la versión con actores reales de Universal de la serie de dibujos animados. El crítico Leonard Maltin describió su actuación como "deliciosamente divertida". También prestó su voz a un personaje de la popular serie animada, ‘Los Simpsons’ [The Simpsons], en Fox Television.
En 2001, fue protagonista con Debbie Reynolds en la película de ABC ‘Esas chicas fabulosas’ [These Old Broads], en la que Reynolds es una envejecida actriz de Hollywood y Taylor, su agente. La película -escrita por Carrie Fisher, la hija de Reynolds con el hombre que la había abandonado por Taylor hace cuatro décadas- puso un final feliz a uno de las peleas más famosas de Hollywood.
Taylor dijo que le hubiese gustado recibir más roles de carácter, pero el mercado era limitado para reinas del glamour en la tercera edad. Tampoco podía desaparecer poco a poco: cada uno de sus movimientos era todavía munición para la prensa sensacionalista. "Así que pensé, si me vas a cagar, te usaré", dijo a Vanity Fair en 1992. "Podía coger la fama que resentía y utilizarla para algo bueno".
Taylor tenía muchos amigos gays, y a medida que se expandía la epidemia del SIDA, algunos de ellos estaban muriendo. En 1985 se convirtió en la celebridad más prominente en dar su apoyo a lo que era entonces una causa muy poco elegante. Aceptó presidir el primer evento a beneficio de la lucha contra el SIDA, una cena para recoger fondos de la organización sin fines de lucro AIDS Project Los Angeles.
Empezó a llamar a sus amigos para pedirles apoyo. Algunas de las estrellas más grandes de Hollywood (se dice que Sinatra fue uno de ellos) la ignoraron. Taylor redobló sus esfuerzos, acompañada en sus esfuerzos por el asombroso anuncio de que Hudson, el guapo ídolo de matiné y co-estrella de ‘Gigante’ había contraído la temida enfermedad. Estuvo junto a Hudson, del mismo modo que años más tarde ayudaría al ídolo de la canción pop Jackson durante la lucha de este último para defenderse de las acusaciones de abuso sexual infantil.
Gracias a la fama de Taylor y a la simpatía pública por Hudson, los fondos recaudados para la lucha contra el SIDA superaron el millón de dólares y la cena atrajo a dos mil quinientos invitados, incluyendo a la ex Primera Dama, Betty Ford. Hudson estaba demasiado enfermo como para asistir, pero utilizó la ocasión para presentar una declaración pública sobre su enfermedad.
Randy Shilts, que escribió la pionera crónica sobre el SIDA ‘And the Band Played On’, dijo que Taylor marcó un antes y un después.
"Elizabeth Taylor logró que el SIDA fuera tratado en ‘Entertainment Tonight’, y no puedes subestimar el valor de ese tipo de cobertura", dijo Shilts. "Hizo que la enfermedad fuera algo sobre lo que la gente respetable también podía hablar".
Taylor fundó luego, con la doctora Mathilde Krim, la primera organización nacional dedicada a financiar la investigación sobre el SIDA, la American Foundation for AIDS Research, o AmFAR. En 1991 fundó la Elizabeth Taylor AIDS Foundation, que subsidiaba directamente educación y cuidado de pacientes de SIDA. Denunció al presidente George H.W. Bush, acusándolo de no hacer nada sobre el SIDA; apoyó el test del SIDA; y enfatizó la responsabilidad personal en la prevención de la enfermedad. "La gente no debería dejar de tener sexo -yo sería la última en proponerlo-, sino que hacerlo de manera segura", dijo. "Es importante".
Su trabajo sobre el SIDA le significó la Legión de Honor, la más alta distinción civil de Francia, en 1987, y el Premio Jean Hersholt Humanitarian de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas en 1993. En 2000, la Reina Isabel la nombró Dame Commander de la Orden del Imperio Británico, un honor equivalente al nivel de caballero.
Gracias a sus esfuerzos finalmente se recaudarían más de 270 millones de dólares para la prevención y cura del SIDA.
A fines de 2007 hizo un raro retorno al teatro para reunir otro millón de dólares en una actuación a beneficio de la amarga ‘Love Letters’, de A.R. Gurney, en Paramount Studios. Los miembros del Gremio de Guionistas de Estados Unidos dejaron provisoriamente sus letreros de protesta para permitir que Taylor y sus invitados apoyaran el evento sin culpa o rencor. Después de que su conmovedora charla pusiera al público de pie, la frágil actriz se levantó de su silla de ruedas para recibir la ovación. Era todavía majestuosa, y le chorreaban los diamantes.
Además de sus hijos Michael y Christopher Wilding, la sobreviven sus hijas Liza Todd y Maria Burton; su hermano Howard Taylor; diez nietos y 4 biznietos.
7 de abril de 2011
23 de marzo de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

murió helen stenborg


Actriz de teatro y cine. Fue nominada a un Tony.
Murió el martes en su departamento en Manhattan la actriz de teatro, cine y televisión Helen Stenborg, que fue nominada a un Tony y fue la esposa del difunto actor Barnard Hughes y madre del director Doug Hughes, según informó el agente de prensa Chris Boneau. Tenía 86 años. No se reveló la causa de su muerte.
Stenborg fue nominada a un Tony por su rol como la pirómana Sarita Myrtle en ‘Waiting in the Wings’, de Noel Coward, en 1999. Ella y su marido celebraron sus bodas de oro en el escenario en una pieza de Coward y fueron galardonados con los Drama Desk Awards for Lifetime Achievement en 2000. Él murió en 2006.
La última actuación de Stenborg en Broadway fue en 2002, en ‘The Crucible’ [Las brujas de Salem], de Arthur Miller, con Liam Neeson y Laura Linney. Otras actuaciones en Broadway fueron la producción ‘A Month in the Country’, en 1995, y ‘A Life’, de Hugh Leonard, en 1980-81.
Perteneció toda la vida al Circle Repertory Company, de Nueva York, y apareció en las producciones originales de ‘The Hot L Baltimore’, de Lanford Wilson, y ‘Talley and Son’, por la que ganó un Premio Obie en 1986.
Sus créditos en el cine incluyen el corto ‘Mi mamá sueña con los discípulos de Satán’ [My Mother Dreams the Satan’s Disciples in New York], que recibió un Oscar, y pequeños roles en ‘Los tres días del cóndor’ [Three Days of the Condor’] ‘La duda’ [Doubt] y otras películas. También trabajó en el culebrón ‘Another World’.
Con si marido, recorrió el país con la compañía nacional de ‘Da’, de Hugh Leonard, pieza galardonada con un Tony y por la que Hughes ganó el Tony al mejor actor en 1978.

Stenborg nació el 24 de enero de 1925 y se mudó a Nueva York cuando era adolescente.
4 de abril de 2011
24 de marzo de 2011
©los angeles times

los rolling stones según godard


Video. ‘Sympathy for the Devil’, el registro de una grabación histórica. El director francés filmó el proceso entero de creación de una de las canciones emblemáticas de la banda de Jagger y Richards. Las cámaras de Godard se pasearon por el estudio en una época particularmente fértil y caótica de los Stones.
[Horacio Bernades] Que Godard filme a los Stones tal vez suene raro hoy en día, pero en los ’60 no lo era tanto. En plena etapa de cine político, recién lanzadas ’La chinoise’ y ’Week End’, hacia fines de esa década el realizador de ’Sin aliento’ aterrizó en Londres, con la intención de hacer una película sobre el aborto. Abortada esa idea, Godard cambió bruscamente de ángulo y se puso en contacto con Los Beatles, que no manifestaron el menor interés en ponerse a sus órdenes. Alentados por la modelo y actriz Anita Pallenberg, miembro de su círculo más íntimo, los que dieron el sí a mediados del ’68 fueron los Stones. Jagger y los suyos pulían por entonces un tema nuevo, que iría a parar a Banquete de pordioseros y cuyo entero proceso de creación permitieron filmar a Godard. Se trataba, créase o no, de ‘Sympathy for the Devil’. La película resultante conoció dos títulos: el que le puso Godard, típicamente matemático (‘1 + 1’ o ‘One Plus One’), y el del productor, ligeramente más marketinero: ‘Sympathy for the Devil’. Exhibida por primera vez en noviembre de 1968, un mes antes del lanzamiento de Beggar’s Banquet, con el título del mítico temazo circula ahora por aquí –donde la película jamás se estrenó– una impecable copia en DVD, lanzada por el sello Emerald un par de meses atrás.
Como quien talla un bloque de historia, Godard planta sus cámaras en el estudio y filma todo lo que ve. La estructura de bloques por paneles que divide el estudio de la Decca, por ejemplo. Estructura que, llamativamente, tiende a mantener a Charlie Watts, Bill Wyman y Brian Jones dentro de sus respectivas burbujas. Recuérdese: a sus problemas con las drogas, en ese último año de vida Jones le sumaba el hecho de que su flamante ex novia (Pallenberg) era ahora la novia de un compañero de grupo (Richards). Estado de fragilidad que seguramente explica que no siempre se lo vea participando de las sesiones. Apretando los labios, Watts se concentra en sus palillos, mientras a Wyman –pulóver rosa, pantalones rojos, botas al tono– se lo ve tan ausente o aburrido como siempre. Las cámaras de Godard se pasean por el estudio en travellings acompasados y majestuosos (parece como si fuera Max Ophuls el que filmara), captando los más mínimos detalles. Richards toca en patas, las cuerdas de la guitarra española de Jones sobresalen como pelos mal cortados, Jagger mira a cámara y pregunta: "Ça va?".
Aportando a la documentación de la música del siglo XX uno de sus archivos más preciosos, la composición de ‘Sympathy for the Devil’ pasa, con el espectador como testigo, de una primitiva versión acústica y sin percusión hasta (casi) la definitiva. Incluyendo los solos de Keith Richards y Nicky Hopkins, las congas, los grititos de Jagger y el uh-uh del coro, integrado por Stones & Friends (se divisa, entre otros, a Pallenberg y el productor musical Jimmy Miller). Unico y doloroso manchón, obra del productor (por algo Godard lo fajó y abandonó la sala, el día en que la película se presentó en el Festival de Londres), la idea de dejar oír, completo y en off, el corte final del tema, levantado del disco y sonando como paradójicamente incrustado. En manos de los hermanos Maysles o D. A. Pennebaker, 1 + 1 habría sido una sola: el registro directo de la grabación de un pedazo de historia musical. Para Godard, en cambio, nada nunca es sólo 1.
Además de una novela erótico-política que se lee en off (novela en la que el Papa desvirga a una chica y Marilyn va del brazo con el Che), el otro 1 son aquí varias series de fragmentos intersectados. Cuestión de inscribir lo que sucede en el estudio de la Decca en un marco de época, haciendo chocar, de paso, el documental con la representación y la alegoría política. En esos fragmentos Anne Wiazemsky (protagonista favorita de JLG en esa época) hace de Eva Democracia, unas chicas pintan consignas godardianas en las paredes ("Sovietnam", "Cinemarxismo" y así), alguien lee Mi lucha en voz alta, Panteras Negras también leen en voz alta a LeRoi Jones (sin lectura en voz alta no habría Godard, ya se sabe), mientras acopian fusiles y ejecutan a chicas blancas. Parafraseando tal vez el final de El desprecio, lo último que se ve es la grúa que se levanta y se va, llevando el cuerpo asesinado de Eva Democracia, entre una bandera roja y una negra. Si Godard nunca sería el que es sin el factor metalingüístico, el Godard de esa época no existiría sin el gusto por la alegoría.
28 de marzo de 2011
26 de marzo de 2011
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murió sam chwat


Patólogo del habla. Actores olvidaban, y aprendían acentos bajo su dirección.
[Elaine Woo] Sam Chwat era un maestro en el dominio de los acentos y enseñó a Robert De Niro a hablar como un ex convicto de las montañas Apalaches, a Olympia Dukakis como un sobreviviente del Holocausto y a Peter Boyle como un racista del Sur Profundo. Un Henry Higgins moderno, también preparó a actores para que perdieran sus acentos, ayudó a Julia Roberts a deshacerse de su deje nativo de Georgia y a Tony Danza de su acento del Brooklyn. Chwat incluso se reformó a sí mismo, acallando su acento neoyorquino para prevenir que sus clientes imitaran las claves erróneas.
Chwat murió de un linfoma no Hodgkin el 3 de marzo en Long Island, Nueva York, donde dirigía el Sam Chwat Speech Center, que ayudó a miles de personas con problemas de habla. Entre sus clientes se contaban ejecutivos que trataban de eliminar acentos molestos y políticos que buscaban transitar más fluidamente entre la voz usada en los pasillos del poder y la que se usa cuando se corteja a votantes en casa. Tenía 57 años.
En el mundo altamente especializado de los profesores de dialecto de Hollywood, Chwat ocupaba un lugar único. Mientras que muchos de sus colegas tenían experiencia como actores, él era un patólogo del habla certificado que utilizaba el conocimiento que adquiría trabajando con víctimas de derrame, tartamudos y personas con incapacidades de desarrollo para ayudar a los actores a hablar como sus personajes.
"Era muy respetado", dijo Robert Easton, decano de los profesores de dialecto de Hollywood, sobre Chwat la semana pasada. "Era más que excepcional en la gama de acentos" que enseñaba.

Nacido en Nueva York el 29 de marzo de 1953, Chwat egresó del Sarah Lawrence College en 1974 y se licenció en patología del habla en la Universidad de Columbia en 1977. Empezó su vida profesional como terapeuta del habla en un hospital de Nueva York.
En 1980 Chwat recibió una llamada telefónica desde una importante cadena de supermercados pidiendo su ayuda para un empleado cuya oportunidades de ascenso en su carrera eran obstaculizadas por su pesado acento portorriqueño. Su éxito con ese cliente -que después ganaría un ascenso- llevó a Chwat a empezar su consulta privada.
Su primer cliente de Hollywood fue Andie MacDowell. Pidió su ayuda para no repetir su experiencia con la película ‘Greystoke, la leyenda de Tarzán’ [Greystoke] de 1984, en la que los productores contrataron a Gleen Close para doblar los diálogos de MacDowell debido a que su acento de Carolina del Sur era considerado demasiado prominente.
Poco después, una desconocida Roberts se apareció por la oficina de Chwat. "Su manager dijo que recibiría una variedad más amplia de roles si perdía su acento sureño", contó Chwat al Atlanta Journal-Constitution en 2002. Después de trabajar con Chwat varias veces a la semana durante meses, la actriz se consiguió un definitivo rol en ‘Mystic Pizza’, de 1988. Chwat fue tan efectivo a la hora de eliminar los rastros lingüísticos de las raíces de Roberts que la actriz tuvo que practicar para recupera su acento sureño para ‘Magnolias de acero’ [Steel Magnolias], la película de 1989 ambientada en una pequeña ciudad de Luisiana.
Su trabajo más duro debe haber sido supervisar a De Niro para la película de 1991, ‘El cabo del miedo’ [Cape Fear; El cabo del terror]. Para prepararlo para su papel como el violador condenado de las montañas Apalaches, De Niro hizo que un investigador grabara conversaciones con decenas de delincuentes violentos en las cárceles de los Apalaches. Chwat revisaba todas las cintas con De Niro hasta que decidían qué voz serviría como modelo para el actor. Chwat creó un programa de ‘substituciones de sonido’ que De Niro utilizó para reemplazar elementos de su acento neoyorquino. Por este rol fue nominado a un Oscar al mejor actor.
Algunos críticos consideran que la siguiente colaboración de Chwat con De Niro fue menos exitosa. Ayudó al actor de Nueva York a suavizar sus aes y a marcar las erres para representar a un hombre de Seattle en la película ‘Vida de este chico’ [This Boy’s Life; Mi vida como hijo], de 1993. Un reseñador del New York Times se burló del acento de De Niro por sonar "como si tuviese un montón de inexplicable irlandés". Chwat reaccionó enviando una carta al editor retando a cualquiera a encontrar "algún esquema extranjero" en el habla de De Niro.
Con los años, Chwat fue frecuentemente criticado por ayudar a inmigrantes que querían sonar como nativos. Esos críticos acusaban a Chwat de contribuir a la homogeneización cultural, aunque él veía sus servicios como una ayuda a la asimilación de aquellos que lo deseaban.
Su trabajo le hizo viajar por todo el planeta, contó su esposa Susan Lazarus Chwat, que le sobrevive con tres hijas y una hermana. "Pasó un mes en Pakistán justo antes del [los atentados] 11 de septiembre de 2001, donde fue a trabajar con centros de llamados", recordó en una entrevista la semana pasada. "No querían que la gente que llamaba supieran dónde estaban. Les ayudaba a sonar más como estadounidenses".
21 de marzo de 2011
13 de marzo de 2011
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murió charles jarrott


Director de cine y televisión, entre otras películas de ‘María, Reina de Escocia’.
Murió el viernes en la residencia del Motion Picture Home en Woodland Hills, el director de cine y televisión británico Charles Jarrott, mejor conocido por las producciones de Hal Wallis, ‘Anne of the Thousand Days’ y ‘María, Reina de Escocia’ [Mary, Queen of Scots], según informó Jaime Larkin, portavoz del Fondo de Cine y Televisión. Sufría de cáncer a la próstata. Tenía 83 años.
Aunque ‘Ana de los mil días’ [Anne of the Thousand Days] fue nominada diez veces a un Oscar, entre ellos a la mejor película, y ‘María, Reina de Escocia’ (1971) recibió cinco nominaciones a un Oscar, el trabajo de Jarrott en el género de las películas de época no fue reconocido nunca por la academia. Entre otras películas dirigidas por él se encuentran el melodrama ‘Del otro lado de la noche’ [The Other Side of the Night], de 1977, y el remake musical de ‘Horizonte perdido’ [Lost Horizon], de 1973.

Jarrott nació el 16 de junio de 1927 en Londres y durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en la Real Armada Británica después de que su madre le permitiera enrolarse como adolescente. Empezó en el mundo del espectáculo como director de escena y actor. Empezó a dirigir producciones de teatro y televisión en Inglaterra antes de mudarse a Canadá, donde actuó y dirigió.
Para la televisión dirigió, entre otras producciones, ‘El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde’ [The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde], con Jack Palance, que fue transmitida en el ABC en 1968, y ‘Pobre niña rica: la historia de Barbara Hutton‘ [Poor Little Rich Girl: The Barbara Hutton Story], con Farrah Fawcett, en 1987.
17 de marzo de 2011
5 de marzo de 2011
©los angeles times
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murió gary winick


Director de cine y pionero del cine digital.
[Valerie J. Nelson] Murió Gary Winick, revolucionario productor y director de películas digitales independientes que encontró el éxito general con películas como ‘El sueño de mi vida’ [13 Going on 30; Si tuviera treinta] y ‘Cartas a Julieta’ [Letters to Juliet]. Tenía 49 años.
Winick, al que diagnosticaron un cáncer al cerebro hace dos años, falleció el domingo en el Centro Médico Beth Israel de Nueva York, informó Niels Mueller, un colaborador de toda la vida.
Cuando Winick asistió el Festival de Cine Sundance en 2002, ni siquiera tenía un agente. Proyectó su sexta película como director, ‘Tadpole’, una comedia sobre la adolescencia rodada en dos semanas con cámaras digitales y un presupuesto de 150 mil dólares.
Después de que ganara el premio del festival a la mejor dirección, y Miramax le pagara cinco millones de dólares por los derechos de distribución de ‘Tadpole’, lo empezó a llamar Hollywood.
Su primer proyecto de dirección con un gran presupuesto fue la comedia de fantasía romántica ‘El sueño de mi vida’, de 2004, con Jennifer Garner, sobre una niña de trece que despierta un día y descubrir que tiene treinta.
Le siguió ‘La telaraña de Carlota’, un remake de acción en vivo de 2006 que The Times llamó "encantadora y suave" en 2008. Winick la consideraba "la cosa más difícil que he hecho en mi vida".
"Trabajar con animales es bonito durante quince minutos; después es una frustración inimaginable", dijo Winick a Rocky Mountain News en 2006. Para el papel de Wilbur, el cerdo que se salvó del matadero, se usaron 47 cerdos y una sola toma podía demorar días.
Después de ser intervenido por el cáncer al cerebro, Winick dirigió su última película, ‘Cartas a Julieta’, estrenada el año pasado. La película de viaje y romance entre generaciones fue "un placer culpable", escribió la crítico Betsey Sharkey en el Times en 2010.
También dirigió la comedia de revancha ‘Guerra de novias’ [Bride Wars], de 2009, con Kate Hudson y Anne Hathaway.
Los algo más de dos años que Winick pasó haciendo ‘La telaraña de Carlota’ desvió su atención de InDigEnt (Independent Digital Entertainment), la compañía de producción digital que co-fundó en 1999 y que se convirtió en la empresa líder de la industria digital.
Con InDigEnt, Winick "vio la oportunidad de atraer a jóvenes talentos uniendo la economía del video digital con la creativa intimidad del medio", escribió Patrick Goldstein en el Times en 2002.
InDigEnt ganó notoriedad por las películas producidas por Winick, como ‘La cinta’ [Tape] (2001), con Ethan Hawke y Uma Thurman; ‘Intimidades’ [Personal Velocity: Three Portraits] (2002), que ganó el premio del jurado del Sundance; y el drama cómico ‘Retrato de April’ (2003), por el que la actriz Patricia Clarkson fue nominada a un Oscar.
Las pequeñas cámaras digitales hacían trabajar mejor a los actores, decía Winick.
"Realmente no tienes que sentir la presencia de ese gran mecanismo que es el cine, dijo al Washington Post en 2002. "En lugar de eso, lo haces con una pequeña cosa de plástico, que se cae frecuentemente al suelo."

Gary Scott Winick nació el 31 de marzo de 1961 en Nueva York, hijo de Alan Winick, abogado, y su esposa Penny.
Tras graduarse en la Tufts University en 1984, Winick se licenció en Bellas Artes en la Universidad de Texas y el Instituto del Cine Americano.
En 1995 llamó la atención con su ‘Dulce vacío’ [Sweet Nothing], una historia con moraleja sobre la adicción al crack, con Mira Sorvino. Tres años después, hizo ‘El Código Tic’ [The Tic Code], un drama sobre el síndrome de Tourette.
"No te imaginas la cantidad de jóvenes cineastas que se inspiran en Gary", dijo Caroline Kaplan, una productora de ‘Cartas a Julieta’. "Ayudaba a los que estaban a su lado a dar lo mejor de sí mismos."
Su hermano mayor, Mark, murió de un ataque al corazón, en diciembre.
Además de sus padres, le sobreviven su novia Emily McDonnell; su madrastra Virginia Winick; y su padrastro, Ted Williams, todos de Nueva York.
14 de marzo de 2011
1 de marzo de 2011
©los angeles times
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murió jane russell


Sirena de la pantalla tuvo su sensacional debut en ‘El forajido’.
[Claudia Luther] Murió el lunes en su casa en Santa María, la actriz Jane Russell, la sirena de cabellos negros cuyo sensacional debut en la película ‘El forajido’ [The Outlaw] de 1943 inspiró al productor Howard Hughes para desafiar el poder y la estricta moralidad de la clasificación cinematográfica de Hollywood. Tenía 89 años.
Russell, que más tarde utilizaría su sensual imagen para lograr efectos cómicos con Bob Hope, Marilyn Monroe y otras grandes estrellas, tenía problemas respiratorios y murió después de una breve enfermedad, informó su familia.
La provocadora actuación de Russell en ‘El forajido’ -y las fotos publicitarias que la mostraban posando con una blusa escotada, recostada contra una pila de heno- marcó un giro histórico en la sexualidad en el cine. Se convirtió en una auténtica estrella y en una chica de calendario favorita de los soldados durante la Segunda Guerra Mundial. En su honor, las tropas en Corea bautizaron con su nombre dos cerros sitiados.
Apareció en otras dieciocho películas en los años cuarenta y cincuenta, y aunque sólo algunas fueron memorables, sigue siendo una favorita de la época por sus irónicos retratos de las diosas del sexo que parecen divertirse con sus propios efectos.
"Ese gracioso erotismo es raro en Hollwyood, y tenemos la suerte de que se le permitiera adornar tantas películas de aventuras", escribió el historiador y crítico de cine David Thomson sobre Russell, a la que definió como "físicamente gloriosa".
Entre las mejores películas de Russell se encuentran ‘Rostro Pálido’ [The Paleface], en la que fue la decidida Calamity Jane con el irresponsable dentista Hope en una parodia de ‘El virginiano’ [The Paleface] y ‘Los caballeros las prefieren rubias’ [Gentlemen Prefer Blondes], un musical en el que fue Dorothy, la morena amiga íntima de la ambiciosa Lorelei Lee (Marilyn Monroe). En ‘Los caballeros las prefieren rubias’, las dos actrices ejecutaron una formidable interpretación de la exitosa canción de Jule Styne-Leo Robin, ‘Diamonds Are a Girl’s Best Friend’.
Russell apareció en algunas películas en los años sesenta y terminó su carrera en el cine en 1970 como Alabama Tigress en ‘Más oscuro que el ámbar’ [Darker Than Amber], una adaptación al cine de la novela de misterio de John D. McDonald. Reemplazó a Elaine Stritch en ‘Company’ en Broadway durante varios meses en 1971, pero después de esto su carrera se limitó en general a apariciones en clubes nocturnos, teatros y otras presentaciones en vivo.
Para las generaciones posteriores, Russell -a la que Hughes diseñó un sostén de voladizo que contribuyó a su fama- fue conocida como ‘la Dama del Sujetador’ por su papel como portavoz de los sujetadores Plyatex para "mujeres curvilíneas".

Ernestine Jane Geraldine Russell nació el 21 de junio de 1921 en Bemidji, Minnesota, aunque su familia se mudaría luego a California del Sur cuando ella era todavía niña. Después de la Escuela Secundaria Van Nuys, trabajaba como modelo y recepcionista cuando su foto llamó la atención de un agente de reparto que trabajaba para Hughes. El magnate estaba realizando una búsqueda nacional de mujeres pechugonas guapas para el papel de Rio McDonald, que se enamora de Billy the Kid en ‘El forajido’.
Tras una audiencia, le dieron el papel a Russell.
Hughes, que se ocupó de la dirección de la película después de Howard Hawks, se propuso explotar al máximo los recursos de su hallazgo. Incluso llegó a instruir a sus ingenieros que diseñaran un sujetador especial tipo ménsula, sin costuras visibles, que mostrara algo más sus pechos que la ropa interior convencional. Russell contó que encontró "ridículo" el artilugio y llevó su propio sujetador.
"Podía diseñar aviones, pero no era Mr. Playtex", escribió Russell en su autobiografía de 1985, ‘Jane Russell: My Past and My Detours’.
Al ver los resultados de los esfuerzos de Hughes en 1941, Joe Breen, que implementaba la censura, se horrorizó, diciendo que no "había visto nunca nada tan completamente inaceptable como las fotos de los pechos del personaje de Rio", que eran "escandalosamente enfatizados y, en casi todas las tomas, casi completamente al desnudo".
Ordenó a Hughes a borrar decenas de fotos de los pechos de Russell. Hughes no sólo se negó a ello, si no que azuzó la polémica resultante para darle publicidad a la película. Publicó los carteles de Russell en la pila de heno con frases como ‘¿Te imaginas revolcándote con Russell?’ y ‘¡Mala. ¡Caprichosa! ¡Magnífica!’ En una maniobra publicitaria aérea escribieron ‘El forajido’ en el cielo y luego, cuidadosamente, trazaron dos círculos con un punto en el centro de cada uno.
Hughes también inventó la frase: "¿Cuáles son las dos razones que explican la fama de Jane Russell?’ (Más tarde, el cómico Hope utilizó una variante, introduciendo a la actriz como "las dos y única Jane Russell".)
La película fue proyectada brevemente en 1943, para ser retirada mientras Hughes estudiaba revisiones y maximizaba la publicidad. Fue proyectada más ampliamente en 1946 sin la aprobación de la censura. La película "no es aburrida", aseguraba un reseñador de Los Angeles Times a sus lectores que aunque el personaje de Russell era incidental en la trama, "la explotación de su atractivo físico es tan insistente como se anunció."
Atraídos por la notoriedad de la película, los cinéfilos acudieron en masa al teatro. Para cuando los censores la aprobaron en 1949, ya había recaudado millones de dólares. Como escribió James R. Petersen en la revista Playboy en 1997, "Hughes demostró que una película puede ignorar la censura y hacer dinero". Siguieron otros desafíos de la censura, incluyendo, en particular, a ‘El hombre del brazo de oro’ [The Man With the Golden Arm], del director Otto Preminger en los años cincuenta. A fines de los sesenta, la censura fue reemplazada por el sistema de clasificación de la Asociación de la Industria Cinematográfica de Estados Unidos, que permitió la proyección de películas explícitamente sexuales o violentas si las audiencias eran restringidas sobre la base de la edad.
La famosa guerra de Hughes contra la censura fue retratada en ‘El aviador’ [The Aviator], la película biográfica de Martin Scorsese de 2004 en la que Leonardo DiCaprio es Hughes. En la película, Hughes se presenta ante al censor armado con fotografías en primer plano de Russell y otros prominentes pechos de la época.
Russell cooperó con la campaña publicitaria de Hughes, pero censuró las imágenes escandalosamente reveladoras.
Profundamente religiosa durante toda su vida, lamentó retrospectivamente la implacable atención dedicada a su generosa figura.
Aunque llegó a despreciar las provocadoras fotografías que la habían convertido en estrella a los diecinueve, sucumbió a la presión de su publicista para usar una de las más sensuales para la cubierta de su autobiografía.
En su vida personal, al contrario de su imagen pública más bien escandalosa, Russell era políticamente conservadora y evangélica años antes de que la frase se hiciera popular. Una vez promovió la lectura de la Biblia en las escuelas públicas.
Ella y su primer marido -su novio de la Escuela Secundaria Van Nuys, Bob Waterfield, que se convertiría en una estrella del fútbol americano de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) y los Cleveland (más tarde Los Angeles) Rams- estuvieron casados durante veintitrés años hasta que se divorciaron en 1967. Adoptaron a tres niños -Tracy, Thomas y Robert (Buck), que la sobreviven, junto con seis nietos y diez biznietos.
Russell contó en su autobiografía que antes de su matrimonio con Waterfield tuvo un aborto chapucero, que pensaba que podría haber afectado su capacidad para ser madre. Las dificultades de la pareja con la adopción, la inspiró a fundar el Fondo Internacional para la Adopción Mundial [World Adopting International Fund], que ayudó a colocar a decenas de miles de niños en hogares adoptivos. La organización se disolvió en 1998.
Después de su divorcio de Waterfield, Russell se casó con el actor Roger Barrett, que murió de un ataque al corazón tres meses después de su boda en 1968. Su matrimonio con John Calvin Peoples en 1974, un hombre de negocios en el área inmobiliaria, duró hasta su muerte en 1999.
Tras la muerte de su tercer marido, Russell se mudó de su hacienda en Montecito a Santa María, hogar de su hijo menor y su familia. Para 2006, una degeneración macular comenzó a afectar su vista.
A los 84, con los cabellos plateados y todavía escultural, actuaba frecuentemente, con amigos, en una revista al estilo de los años cuarenta en un pequeñísimo teatro en el Hotel Radisson local, lejos de Las Vegas, donde había empezado su carrera como cantante en 1957.
Resumiendo su carrera en el cine, Russell escribió en su autobiografía que nunca pudo hacer las películas que le hubiese gustado.
"Excepto por la comedia, en el departamento de actuación no me conocía nadie", dijo. "Definitivamente fui víctima de la caracterización de Hollywood".
13 de marzo de 2011
28 de febrero de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

murió john miner


Investigó la muerte de Marilyn Monroe.
[Dennis McLellan] Murió John W. Miner, ex fiscal de distrito del condado de Los Angeles que investigó la muerte de Marilyn Monroe en 1962 y en los últimos años causó sensación al revelar el contenido de las cintas privadas que la actriz grabó para su psiquiatra antes de su muerte. Tenía 92 años.
Miner, que creía que las cintas ayudaron a probar que Monroe no era suicida, murió de causas naturales el 25 de febrero en un hospital de Los Angeles -informó Keya Morgan, que entrevistó a Miner para un libro de próxima aparición y un documental sobre la muerte de Monroe.
"John Miner era un abogado extraordinario", dijo el Dr. Cyril Wecht, abogado y patólogo forense, que conoció a Miner en 1963.
"Poseía una aguda mente jurídica, tenía un refinado intelecto y el deseo y la voluntad de aprender todo lo que podía sobre las varias especialidades científicas forenses para ser aplicadas a casos individuales", dijo Wecht.
Durante sus años como director de la sección médico-legal de la fiscalía, Miner estuvo presente en las autopsias de Monroe, del senador Robert F. Kennedy y de las víctimas de los asesinatos de Manson, y estuvo involucrado en los juicios de los casos Kennedy y Manson.
"Estaba encargado de cerciorarse de que las muestras corporales y artefactos fueran conservados adecuadamente para los juicios", contó Morgan, que entrevistó a Miner muchas veces en los últimos años para sus proyectos sobre Monroe.
Fue en las primeras horas del 5 de agosto de 1962 cuando la subcomisaría de policía de Los Angeles West recibió la llamada de que Monroe había muerto en su casa en Brentwood.
La autopsia conducida por el Dr. Thomas Noguchi, entonces médico forense adjunto, concluyó que Monroe, de 36 años, había muerto por una aguda intoxicación con barbitúricos, y su muerte fue clasificada como "probable suicidio".
El informe de la autopsia decía que "el estómago está casi completamente vacío. No se observa ningún residuo de píldoras".
"El nivel tóxico era tan alto que debe haber ingerido entre sesenta y setenta píldoras", dijo Morgan.
"Miner dijo que era el caso más extraño en la historia de Estados Unidos, porque todas las muestras corporales desaparecieron de un día para otro, incluyendo el hígado, el riñón y el estómago y sus contenidos, que podrían haber establecido definitivamente que ella no se suicidó", dijo Morgan.
Miner, que creía que a Monroe le habían suministrado un enema del barbitúrico Nembutal, nunca cambió su opinión de que Monroe no se suicidó. Creía firmemente que había sido asesinada.
A su creencia de que Monroe no era suicida, contribuyeron las cintas que la actriz había grabado para su psiquiatra, el Dr. Ralph Greenson.
Como informó un reportaje de primera plana de Times en 2005, Greenson permitió a Miner escuchar las cintas de Monroe durante su investigación de 1962, a condición de que no revelara nunca el contenido.
Miner contó que había tomado "extensas" notas, "casi literalmente", de las cintas. Times informó que Miner rompió su promesa muchos años después de la muerte del psiquiatra sólo porque algunos biógrafos de Monroe sugirieron que Greenson debería ser considerado un sospechoso en la muerte de la estrella.
Cuando eso ocurrió, Miner pidió a la viuda de Greenson que lo liberara de su promesa.
Entre las cosas sobre las que Monroe habló en esas cintas, de acuerdo a las notas de Miner, estaba su adoración de Clark Gable, un encuentro sexual con Joan Crawford, el fracaso de sus matrimonios con Joe DiMaggio y Arthur Miler y su deseo de ser tomada en serio como actriz.
Monroe también elogió al presidente John F. Kennedy, pero sin indicar que habían tenido una aventura.
Hablando sobre Robert F. Kennedy, fiscal general de Estados Unidos, Monroe dijo: "Como ves, no hay sitio en mi vida para él. No tengo el coraje de confrontarlo y herirlo. Quiero que alguien le diga que se acabó. Pensé en pedírselo al presidente, pero no pude hablar con él".
Según informó el Times, Miner sostuvo que los que leyeran la transcripción llegarían todos a la conclusión de que "no era posible que esta mujer se haya suicidado. Tenía planes de futuro muy específicos".
Pese a los que encontraron creíble a Miner, el periodista del Times, Robert W. Welkos escribió que "aceptar la historia de Miner es dar un paso de fe: él es el único hombre vivo que todavía reclama haber oído las cintas. Greenson murió en 1979, y Miner creía que había destruido las cintas".
Una revisión del caso Monroe en 1982 de la fiscalía concluyó que no habían "evidencias creíbles que sustenten la teoría del asesinato".

Miner nació el 20 de diciembre de 1918 en Cleveland Heights, Ohio. Se licenció y doctoró en la Universidad de California en Los Angeles, UCLA, y tuvo una práctica privada antes de incorporarse a la fiscalía de distrito en 1959. En 1963 empezó a enseñar en el Instituto de Psiquiatría, Derecho y Ciencias de la Conducta, de la Universidad de Carolina del Sur, USC. Renunció a la fiscalía en 1970.
Le sobreviven una hija y un hermano.
5 de marzo de 2011
4 de marzo de 2011
©los angeles times