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cine

murió fons rademakers


A los 86. Dirigió ‘El asalto' [De aanslag/The Assault], con el que ganó un Oscar.
Fons Rademakers, el director cuya película ‘El asalto' le ganó una Academy Award como mejor película extranjera, murió el jueves de enfisema en Amsterdam. Tenía 86 años.
Rademakers era conocido por un estilo narrativo teatral, y formaba parte de un pequeño número de directores holandeses -incluyendo al director Paul Verhoeven, que hizo ‘Instinto básico' [Basic Instinct]- que produjeron largometrajes de alto presupuesto durante una larga carrera.
‘El asalto' [De aanslag], que también le ganó un Golden Globe, cuenta la historia de un niño cuya familia es asesinada por los alemanes durante la ocupación nazi de Holanda tras tenerlos erróneamente como cómplices del asesinato de un colaboracionista.
Rademakers se hizo también conocido por su película de 1976, ‘Max Havelaar', sobre la corrupción y explotación en Indonesia durante la época en que estaba sometida al dominio colonial holandés.
Ambas películas, y otras que hizo Rademakers, se basaron en novelas holandesas clásicas, y su trabajo fue criticado a veces como derivativo.
"Bueno, sabes, Shakespeare y Molière tampoco crearon sus temas", dijo después de ganar un Oscar.
Alphonse Marie Rademakers nació el 5 de septiembre de 1920 en Roosendaal, Holanda, y estudió actuación en la Academia de Artes Dramáticas de Amsterdam.
Durante la Segunda Guerra Mundial se alistó en el ejército holandés y fue capturado por los alemanes, que lo dejaron marcharse porque no se consideraba que los actores fueran una amenaza. No volvió al frente y, en 1943, huyó a Suiza.
Después de la guerra empezó a trabajar con los directores Vittorio De Sica y Jean Renoir y dirigió y actuó en producciones teatrales antes de hacer su primera película, ‘Village on the River'. Eso le significó su primera nominación a una Academy Award, como mejor película extranjera en 1959.
Su última película proyectada en Estados Unidos fue ‘Juicio a un desconocido' [The Rose Garden], una película en inglés de 1989 con Liv Ullman, Maximilian Schell y Peter Fonda que estudiaba los efectos del Holocausto.
Lo sobreviven su esposa Lili y sus hijos Fons y Alfred.

24 de febrero de 2007
23 de febrero de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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hija de desaparecidos


[Ty Burr] Criada por cómplices de los asesinos de sus padres.
Este es un dilema que provocaría pánico entre el público de ‘High School Musical': Imagina que llegas un día a la escuela y te dicen que no eres la que pensabas que eras. Que eres adoptada; que tus verdaderos madre y padre fueron secuestrados por el gobierno y probablemente murieron en una fosa. Que tienes una nueva familia que te quiere en casa, a partir de ahora.
Esta no es solamente la trama de ‘Cautiva' [Captive], la película argentina de 2003 que inaugura hoy el MFA, sino la verdadera historia de la película, repetida incontables veces. De los nueve mil estudiantes, trabajadores y activistas que ‘desaparecieron' a manos de la junta militar que gobernó al país de 1976 a 1983, muchos dejaron atrás bebés y niños que fueron criados por familias partidarias del régimen. Casi ochenta de ellos se han reunido con sus familiares legítimos; nadie sabe cuántos más hay.
Hace dos décadas, ‘La historia oficial' [The Official Story] (1985), que fue galardonada con un Oscar, trató este tema desde el punto de vista de una madre adoptiva que sospecha sobre el origen de su nuevo bebé. ‘Cautiva' podría ser la versión de ese hijo adulto. A los 15, Cristina (Bárbara Lombardo) es una apacible y guapa colegiala católica con una vida interior de la que sólo captamos fragmentos. Se desliza fluidamente por la adolescencia, a diferencia de su compañera de curso, Angélica (Mercedes Funes), que despotrica contra la hipocresía de sus profesores de historia que suavizan los detalles de esa remota ‘guerra sucia'.
Cristina es sacada de clases para que acuda al despacho de un juez, acompañada por una monja, un abogado y un psicólogo: Se trata de una reunificación familiar por mandato del estado. Le dicen que en realidad es Sofía Lombardi, y que su madre la dio a luz en la cárcel antes de desaparecer. Los análisis de ADN lo prueban; así su abuela (Susana Campos) se echa a llorar cuando reconoce los rasgos de su hija en el rostro de la chica desconocida.
La primera reacción de Cristina, por supuesto, es de terror. Sus cariñosos padres adoptivos, un ex policía federal (Osvaldo Santoro) y su esposa (Silvia Bayle), echan humo ante la arrogancia del gobierno antes de dejar que, poco a poco, se imponga la verdad. Su nueva familia tiene todos los derechos jurídicos y emocionales sobre Cristina/Sofía, pero ¿cuáles son sus derechos? ¿A quién debe lealtad? La respuesta es obvia, pero no para ella; ‘Cautiva' muestra cómo la rabia sin dirección de la niña se convierte en compasión a medida que se va enterando del destino de sus padres.
Parte historia de detective, parte saga de un era política, y todas esas crisis de identidad adolescente, ‘Cautiva' es la primera película escrita y dirigida por Gastón Biraben, que ha trabajado en Hollywood como editor de sonido desde principios de los años noventa. Ese profesionalismo se advierte en su fina película, así como en una ocasional tendencia hacia un melodrama más superficial de lo que merece la situación. La película es inusualmente equilibrada y elude la polémica, pero aunque Lombardo entrega una actuación de creciente seguridad, su personaje es una plantilla demasiado vacía como para que ‘Cautiva' cause gran efecto.
Contundentemente, la escena más fuerte e inquietante de la película es el recuerdo de alguien del nacimiento de Sofía. Sólo después de oírlo nos damos cuenta de que la chica puede comenzar su vida. Desgraciadamente, para entonces la película se acerca a su fin.

tburr@globe.com
boston.com/ae/movies/blog

24 de febrero de 2007
9 de febrero de 2007
©new york times
©traducción mQh
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murió janet blair


A los 85 años. La actriz se destacó en películas de los años cuarenta, y más tarde en televisión y teatro.
Murió Janet Blair, la vital actriz que apareció en varios musicales y comedias de los años cuarenta, y luego se mudó a la televisión y colaboró con estrellas como Sid Caesar y Henry Fonda. Tenía 85 años.
Blair murió el lunes por complicaciones de una neumonía en el Centro Médico de San Juan [St. John's Health Center] de Santa Mónica, dijeron sus hijos Amanda y Andrew Mayo.
Blair estaba cantando con la banda de Hal Kemp en el Coconut Grove de Los Angeles en 1941 cuando fue descubierta por un cazador de talentos de Columbia Pictures poco antes de que Kemp muriera en un accidente automovilístico. Blair había hecho una audición con el líder del grupo a los dieciocho años, gracias a los oficios de un amigo de la familia.
Cuando los músicos decidieron dispersarse tras la muerte de Kemp, Blair firmó un contrato con Columbia por cien dólares a la semana y cambió de carrera.
Languidecería en películas B hasta que Rosalind Russell la recomendó para el rol protagonista de la comedia ‘Mi hermana Elena' [My Sister Eileen].
Ganó los elogios de la crítica por su papel como la guapa pero problemática hermana de Russell, y sus papeles mejoraron rápidamente.
Apareció junto a George Raft en el musical de gángsteres de 1942, ‘Broadway', y con Cary Grant y una oruga bailarina en la comedia de fantasía de 1944 ‘Érase una vez' [Once Upon a Time]. Fue la enamorada en ‘Los fabulosos Dorsey' [The Fabulous Dorseys], la película de 1947 con los líderes de banda Jimmy y Tommy Dorsey, y apareció junto a Red Skelton en el inesperado éxito de taquilla de 1948, ‘The Fuller Brush Man'.
También trabajó con Don Ameche y Jack Oakie en ‘Something to Shout About', un musical de 1943 con música de Cole Porter que incluía la canción ‘You'd Be So Nice to Come Home To'.
Pero después de la película de espadachines de 1948, ‘La flecha negra' [The Black Arrow], Columbia la dejó caer y ella le dio la espalda a Hollywood, iniciando una carrera en el teatro y la televisión.
"Renuncié a Hollywood y al cine porque me daban papeles en los que yo era la chica que decía: ‘Oh, Red!' en las películas de Skelton", explicó. "Me daban nada más que papeles de princesa. Y una chica se cansa de ser princesa todo el rato".
En lugar de eso, asumió el papel de Mary Martin, de Nellie Forbush, en la versión de gira de ‘South Pacific', participando en más de mil doscientas representaciones en tres años.
Desde fines de los años cuarenta hasta mediados de los cincuenta, actuó en programas en la época dorada de la televisión, como ‘The Ford Theatre Hour', ‘Philco Television Playhouse', ‘Lux Video Theatre' y ‘The U.S. Steel Hour'.
Retornó al cine en 1957, actuando con Skelton nuevamente en ‘Public Pigeon No. 1'. Después de esta sólo participó en un puñado de películas.
Se incorporó al histórico programa de televisión ‘Caesar's Hour' en 1956, cuando Sid Caesar estaba buscando una reemplazante de Nanette Fabray. Lo abandonó después de una temporada, quejándose de que no le habían dado "la oportunidad que me hicieron creer que me darían".
Volvió a las series de televisión en 1971 como la esposa de Fonda en ‘The Smith Family'.
Nació en 1921 como Martha Janet Lafferty en Altoona, Pensilvania, y estudió en escuelas públicas, cantando en el coro de la iglesia. Más tarde adoptó el nombre de un condado de Pensilvania al rebautizarse como Janet Blair.
La sobreviven sus dos hijos de su segundo matrimonio, con el productor y director Nick Mayo, que terminó en divorcio. Su primer matrimonio, con el arreglador musical Louis Busch, también terminó en divorcio.

23 de febrero de 2007
21 de febrero de 2007
©los angeles times
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un cura pedófilo


[Gina Piccalo]'Líbranos del mal' [Deliver Us From Evil], que hace la crónica del legado de abusos de Oliver O'Grady, lo ha convertido en un paria en su tierra.
‘Líbranos del mal', un documental sobre el sacerdote pedófilo Oliver O'Grady y su devastador legado, le ha significado a su director múltiples premios y una nominación al Oscar. Ahora la película está levantando nuevas controversias y litigios desde Los Angeles hasta Irlanda, donde O'Grady vive ahora.
Estrenada en Estados Unidos en otoño pasado, ‘Líbranos del mal' detalla los veinte años de abusos que cometió el irlandés O'Grady en la zona de Stockton, desde 1971 hasta su detención en 1993, y concluye que el cardenal Roger M. Mahony, entonces obispo de Stockton, sabía de los abusos, pero de todos modos trasladó y promovió a O'Grady.
La película muestra a O'Grady dando al director Amy Berg lo que él llama "la confesión más honesta de toda mi vida". Su éxito cinematográfico está no solamente llamando la atención sobre Mahony, sino también ha provocado que más víctimas en Estados Unidos e Irlanda entablen demandas civiles y acusaciones criminales que podrían terminar con O'Grady en la cárcel en Irlanda, donde el delito de abuso sexual de menores no prescribe. Allá, la película ya lo ha convertido en una suerte de paria nacional, reconocido en la calle, acosado por los periodistas y conocido por la policía.
‘Líbranos del mal', que llegó a las primeras planas en Irlanda desde que Lionsgate Films lo estrenara en Los Angeles el verano pasado, tendrá su primera gran proyección hoy en Festival Internacional de Cine de Dublín Jameson.
Defensores irlandeses de víctimas de abuso sexual de menores dicen que la franqueza de O'Grady en la película lo ha hecho vulnerable al vigilantismo, y están preocupados de que el lanzamiento de la película en Irlanda pueda empujarlo a ocultarse nuevamente. El ex sacerdote de 61 años se ha mudado cuatro veces en los últimos dos años, y el celular que tenía en octubre pasado está fuera de servicio. En el otoño pasado, O'Grady le dijo a Berg que se sentía de algún modo aliviado de confesar en la película pero también se preparaba para hacer frente a las inevitables secuelas.

Legado de Abusos
O'Grady viajó por primera vez desde Irlanda a California en agosto de 1971. Sirvió en parroquias en Stockton, Lodi, Turlock y San Andreas. El ex sacerdote fue detenido en 1993, condenado por 21 cargos de abuso sexual de menores y cumplió siete años en la Prisión Estatal de Mule Creek, cerca de Sacramento. En 1998 un jurado adjudicó a dos de las víctimas de O'Grady una suma récord de treinta millones de dólares, que fue más tarde reducida a siete millones. Las nuevas demandas -una presentada por un norteamericano, la otra por un irlandés- están siendo vistas en el condado de San Joaquín, pero ambas mencionan como demandados a la Diócesis de Stockton, así como a la archidiócesis irlandesa de Cashel y Emly. La archidiócesis irlandesa preparó a O'Grady para el sacerdocio y los demandantes, que dicen que sufrieron abusos a manos de O'Grady, aseguran que funcionarios eclesiásticos irlandeses sabían que era un pedófilo antes de su ordenación y destinación en California.
En diciembre, un juez californiano negó al demandante norteamericano jurisdicción legal para demandar a la archidiócesis irlandesa. Esa decisión será recurrida. Los abogados del irlandés dicen que presentarán la demanda a fines de mes.
El fiscal de Stockton, Larry Drivon, que trató el caso de 1998 que envió a O'Grady a la cárcel y ha estado involucrado en 425 casos de abusos por el clero en California, dijo que aunque no es probable que la película redunde en nuevos litigios, presentaba un demoledor retrato de Mahony. Al mismo tiempo, dijo, la película refuerza el conocimiento público sobre los abusos de sacerdotes y alentará a las víctimas a denunciarlos más a menudo.
"Creo que hay niños que deben nacer que nunca serán molestados debido al impacto de esta película", dijo.
En la película, O'Grady dice que él mismo fue victima de abusos sexuales a manos de sacerdotes y que durante varias décadas informó repetidas veces a sus superiores sobre su atracción por los niños.
Sin embargo, a pesar de los informes sobre sus abusos redactados por policías, psicólogos y feligreses en Stockton, Lodi y Turlock, O'Grady no fue nunca removido del servicio. En lugar de eso, fue trasladado y promovido.
La película detalla cómo, como obispo de Stockton, Mahony protegió a O'Grady, que había confesado años antes haber abusado de una niña de once años. En 1984, envió a O'Grady para ser evaluado por un psiquiatra de la localidad, que dijo que el sacerdote tenía un "severo defecto de maduración" y sugirió que "quizás Oliver no es realmente adecuado para el sacerdocio". Sin embargo, Mahony promovió a O'Grady para servir como pastor de una parroquia rural, donde abusó de tres víctimas.
En una deposición en video, partes de la cual fueron incluidas en la película, Mahony dice que no sabía nada de los abusos. Conocía solamente los informes sobre la atracción que sentía O'Grady hacia los niños. Mahony afirma que un sacerdote no debiese ser removido automáticamente por expresar su atracción sexual hacia niños de nueve años.

Retrato en Cuestión
La Archidiócesis de Los Angeles rechaza fuertemente el retrato que se presenta en la película de la supervisión de O'Grady por Mahony. El portavoz de la archidiócesis, Tod Tamberg, dijo en un e-mail que las "acusaciones contra la iglesia" del director Berg, "específicamente contra el cardenal Mahony, son deliberadamente engañosas. La película está lejos de ser una versión completa y correcta de lo que ocurrió y son, en realidad, recuerdos interesados de un criminal manipulador (como O'Grady lo admite en la película)".
Las acusaciones de abusos que han surgido a superficie hace poco, se remontan a 37 años y algunas fueron corroboradas por las declaraciones de O'Grady en ‘Líbranos del mal' y en cartas que escribió a las víctimas.
"La gente tiene miedo y cuando salga esta película, van a tener todavía más miedo si él todavía anda por la calle", dijo un irlandés de 47 años, que dice que O'Grady abusó de él a fines de los años sesenta y principio de los setenta cuando era monaguillo en Limerick y O'Grady estaba estudiando en el Seminario de San Patricio en Thurles. "A fin de cuentas, las cosas contra él se acumulan... Este es un país pequeño y muy pueblerino. Las cosas pueden llegar a primera plana muy rápidamente". Él ha entablado una demanda civil contra O'Grady.
Ann Jyono, de Lodi, que describe años de manipulación y abusos por O'Grady en ‘Líbranos del mal', dice que O'Grady abusó de ella durante una visita de sus padres a Limerick en los años setenta. Planea presentar una demanda criminal contra O'Grady ante las autoridades irlandesas. Si lo juzgan y condenan, O'Grady podría terminar en la cárcel en Irlanda.

Cartas de Disculpas
En una de las escenas más escalofriantes, O'Grady dice que envió cartas de disculpas a varias de sus víctimas californianas. Cuando habla sobre esta correspondencia, O'Grady romantiza sus delitos, sugiriendo incluso que sus víctimas puedan estar ansiosas de oír de él. Otro antiguo feligrés de Lodi, ahora un hombre de 43 años con dos hijos jóvenes, entabló una demanda civil contra él en diciembre, después de que Berg le entregara una carta de disculpas de O'Grady.
El hombre, identificado en la demanda como "John DHD Doe", dice que sufrió tres años de abusos sexuales, de los ocho a los once años, en episodios que siempre tuvieron lugar en la casa del párroco. La carta de O'Grady era la prueba que necesitaba para contárselo a su familia.
"Todavía no puedo poner en palabras lo que me hizo", dijo en una llamada reciente. "Tengo ganas de llorar. No puedo hablar".
A cambio de un estipendio mensual de ochocientos dólares de la Diócesis de Stockton, que empezará a los 65, O'Grady abandonó voluntariamente el sacerdocio. Fue deportado a Irlanda en 2001 y vive en Thurles desde hace cuatro años, y está siguiendo un tratamiento psiquiátrico para su pedofilia en el Instituto Granada de Dublín. La Diócesis de Stockton paga la terapia de O'Grady. Después de que fragmentos de la deposición de O'Grady de 2005 fueran transmitidos en Irlanda, O'Grady desapareció. En la película, se lo muestra caminando por las calles de Dublín, con una maleta en la mano. Periodistas irlandeses lo descubrieron en el otoño pasado cuando ‘Líbranos del mal' fue estrenado en Estados Unidos. Estaba viviendo en un modesto apartamento dublinés.
A O'Grady parece gustarle la atención. Dijo a periodistas del Mirror irlandés que él se inscribiría voluntariamente en el Registro Nacional de Delincuentes Sexuales (no fue incluido, por razones que no están claras) y que había dejado de abusar de niños. Y aunque vive a apenas unos metros de un jardín de recreo, dijo al diario: "Tomo precauciones para no entrar en contacto con los niños... A menudo veo a niños en el autobús, y me doy cuenta, ‘Cielos, estoy en un bus con niños', pero no soy una amenaza".
Un artículo de periódico declaraba a O'Grady "peor que Charles Manson o Jack el Destripador". Tras estos informes, O'Grady volvió a desaparecer.
A mediados de diciembre, se apareció por una tienda de artículos de arte al norte de Dublín, pidiendo a su dueño, según se dice, "papel de color del que usan los niños". El dueño de la tienda lo reconoció y se negó a venderle.

Continúa Pesquisa en Los Angeles
En Estados Unidos, la investigación criminal de la Archidiócesis de Los Angeles y de Mahony continúa ahora que el despacho del fiscal de distrito del condado de Los Angeles ganó el litigio para obtener acceso a los historiales personales del clero.
"Queremos que la gente sepa que todavía estamos investigando", dijo Sandi Gibbons, portavoz del despacho del fiscal de distrito. "Durante mucho tiempo fuimos bloqueados por las acciones de la archidiócesis para impedir el acceso a los historiales. La investigación está de nuevo bien encaminada".

gina.piccalo@latimes.com

18 de febrero de 2007
17 de febrero de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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espía doble del opus dei


[Desson Thomson] ‘Breach' explora nuevo ángulo en la historia del topo del FBI, pero seis años después el misterio de por qué lo hizo sigue intacto.
¿Por qué el más importante cazador de espías del FBI -un guerrero de la Guerra Fría que profesó su amor por Dios, la familia, la patria y J. Edgar Hoover- vendió a los rusos los secretos más delicados del país?
Es una pregunta que sigue sin respuesta en Washington, la ciudad donde Robert Hanssen fue detenido el 8 de febrero de 2001, por la peor filtración de seguridad en la historia del FBI.
Desde entonces ha desconcertado no sólo a su familia, amigos y colegas, sino también un número incontable de autores, psicólogos forenses, criminalistas y analistas de inteligencia. Y, además, esa pregunta se agrava por el enigma de Hanssen mismo: un agente del contraespionaje que durante 22 años entregó materiales clasificados a los gobiernos rusos y soviéticos sin ser detectado; un devoto de la orden católica Opus Dei, que invitaba a un amigo a observarlo cuando hacía el amor con su mujer; que compró un Mercedes-Benz para una striptisera de Washington; y que estaba obsesionado por la pornografía.
Seis años después de la captura de Hanssen, una nueva película se vuelve a hacer esa desconcertante pregunta con una historia previamente desconocida: la de Eric O'Neill, un operativo de vigilancia de 27 años cuyo trabajo era vigilar estrechamente a Hannsen mientras el FBI actuaba para atraparlo. La historia de O'Neill no aparece en ninguno de los varios libros que se escribieron sobre Hanssen desde su captura porque -hasta hace poco- el FBI le prohibió hablar públicamente.
Dirigida por Billy Ray, ‘Breach' no ofrece revelaciones del estilo de ‘Rosebud' para explicar la traición de Hanssen. Pero coloca al público en la misma desconcertante situación en la que se encontró O'Neill mismo (Ryan Phillippe) en enero de 2001: posando como el ayudante de oficina de Hanssen (Chris Cooper), ganándose su confianza e informando sobre todos sus movimientos hasta que el agente doble cometió el error crucial que provocó su detención. Hanssen fue arrestado un mes más tarde, después de meter una bolsa para la basura llena de materiales clasificados debajo de una pasarela en el Parque Foxstone en el condado de Fairfax -una ‘remesa' de espías destinada a sus contactos rusos.
"Creo que debe haber unas 500 historias que se pueden contar sobre Hanssen", reconoce Ray. "Después de todo, había quinientos agentes trabajando en ese caso. Pero de los quinientos, sólo había uno que pasaba encerrado con él en el mismo cuarto todos los días: Eric".
Hanssen, que cumple 63 años en abril, pasará el resto de su vida en la cárcel federal Supermax en Florence, Colorado. Sólo después de reconocerse culpable en 2002 -y después de la mayoría de la media docena de libros publicados sobre el caso- O'Neill fue finalmente autorizado a contar su historia. Y llevó su proyecto de ‘Breach' a Hollywood.
Lo que explica por qué el Eric O'Neill verdadero y Ray llegan a estar juntos en un restaurante -justo al otro lado de la calle de la sede del FBI- para revisar el incomprensible acertijo que es Robert Hanssen.
Los dos reconocen que ellos están contando sólo una pequeña parte de la historia y concuerdan en que, en términos de explicar los motivos de Hanssen, ‘Breach' sólo puede ofrecer conjeturas informadas. Pero eso es lo más cerca que pueden hacer para invocar al espía, insiste Ray, que ha leído todas las investigaciones disponibles sobre Hanssen y puede recitar de memoria las teorías existentes sobre él.
"Su padre dijo que él era un perdedor", empieza Ray. "No quería quedar mal ante su esposa. Estaba indignado porque lo habían pasado por alto en los ascensos. Los rusos lo trataban como si fuera James Bond y eso fue lo que lo hizo actuar".
Pero Ray, cuya película de 2003 ‘El precio de la verdad' [Shattered Glass] exploraba los motivos de otro intrigante de Washington, el periodista embaucador Stephen Glass, tiene su propia interpretación.
"La verdad es que no lo conocemos", dice Ray, 43, de aspecto juvenil y voz suave. "¿Y, por último, importa por qué hizo lo que hizo? Su mujer tendrá que pensar por qué hizo lo que hizo. Pero yo no gasté demasiado tiempo pensando en esto. Creo que Chris Cooper pasó un tiempo pensando en esto. ¿Por qué escribió Stephen Glass todo esos artículos falsos que escribió? Te puedo ofrecer cincuenta razones -todas totalmente válidas. Pero a fin de cuentas, lo hizo. Y yo creo que, en última instancia, eres lo que haces".
Para Ray, lo esencial era que Hanssen "carecía de timón moral. Carecía de esa parte de las reacciones instintivas que te dice: ‘No puedo hacer esto. Es ilegal. Es inmoral, peligroso y equivocado'".
"Creo que el timón moral estaba ahí, pero simplemente lo ignoraba", contrarresta O'Neill, un hombre pulcro y de ojos brillantes de 33 años, ahora abogado de contratos del gobierno en Washington. "Sabía lo que era correcto, pero se inventaba excusas. Y debido a que su religión era tan importante en su vida -y él sabía que estaba haciendo cosas inmorales, dañando a otros-, creía de sí mismo que era malo y que estaba condenado".
Irónicamente, ‘Breach' es también fascinante por lo que no dice, y por cómo estas historias -encontradas en numerosos artículos y en libros documentales como ‘Spy: The Inside Story of How the FBI's Robert Hanssen Betrayed America', de David Wise, y ‘The Bureau and the Mole', de David A. Vise- plantean interrogantes todavía más desconcertantes sobre Hanssen.
"A fin de cuentas, ¿quién conoce el alma de un espía doble?", se pregunta el autor de ‘Spy', Wise. "¿Sabe un espía qué lo impulsa a traicionarlo todo: a su mujer, a su país, a sí mismo? Es un asunto complicado".
En el caso de Hanssen, mientras más cosas descubren estos escritores, más siniestro y más elusivo se vuelve el espía.
En un artículo de 2001, el autor de asuntos de espionaje James Bamford, que conoció personalmente a Hanssen, recuerda que a Hanssen "le gustaba hablar de la inmoralidad del aborto y de los peligros de la Paternidad Planificada". Y cuando Bamford finalmente accede, a petición de Hanssen, a asistir a una de las reuniones del Opus Dei, el hombre del FBI "se deleitaba en esa sociedad cerrada de creyentes devotos, como un hermano de una fraternidad dando la mano según un ritual secreto".
Pero "oculto en lo más profundo de esa fachada devota y anticomunista", escribió Bamford en el New York Time Magazine, "había una psiquis desconcertante, bifurcada. Un doctor Yekyll y míster Hanssen".
Un hombre solitario, alto y melancólico -apodado el ‘empresario de pompas fúnebres' por los oscuros trajes que llevaba siempre-, Hanssen llevó una misteriosa doble vida en prácticamente todas las facetas de su vida. Como director de la unidad soviética del FBI, estaba a cargo de desenmascarar a espías enemigos, pero, de acuerdo a documentos judiciales, libros e informes publicados, se estima que durante 22 años recibió 1.4 millones de dólares por entregar materiales clasificados a los regímenes soviéticos y rusos.
(Esos materiales incluían detalles de los planes de contingencia del gobierno norteamericano para sobrevivir un ataque nuclear, las identidades de agentes soviéticos que trabajaban para Washington, y la existencia de un túnel de espionaje de varios millones de dólares construido debajo de la embajada soviética aquí).
Hanssen se escabullía temprano del trabajo para poder asistir a las manifestaciones contra el aborto, pero no tuvo escrúpulos para enviar a tres hombres a la muerte -agentes dobles rusos cuyas identidades vendió a Moscú. Y de acuerdo al libro de Vise, Hanssen no trabajó nunca tanto para los enemigos de su país que cuando entregó informaciones comprometedoras para el gobierno de Clinton sobre el intento de encubrimiento de las contribuciones financieras de la China comunista.
"Tienes que entender que él estaba compartimentado", dice Vise. "¿Cómo, si no, podía estar casado y ser padre, ir a misa todos los días y cometer traición al mismo tiempo?"
De acuerdo a los libros de Wise y Vise y otros, Hanssen pasaba parte de su tiempo secular en ‘clubes de caballeros' en el centro de Washington. Trabó amistad con varias striptiseras, incluyendo a Priscilla Sue Galey, a la colmó de varios miles de dólares en dinero y joyas. (Es a ella a quien le compró el Mercedes).
En una ocasión llevó a Galey a Hong Kong, mientras asistía a una conferencia del FBI allá. Sin embargo, para su sorpresa, Hanssen nunca intentó acostarse con ella. Él estaba, le dijo, tratando de acercarla a Dios. Sin embargo, nunca informó a su esposa Bonnie sobre su trabajo como misionero.
La película sólo alude a esto, pero en la mayoría de los libros sobre Hanssen, este reservó la peor traición a su mujer, Bonnie -la que, por las condiciones de su pensión, no puede hablar sobre su marido con periodistas. Aparentemente la adoraba, pero sin embargo difundió materiales sobre sus relaciones sexuales en internet, e incluso instaló una cámara de vigilancia secreta en su dormitorio -sin que ella lo supiera- de modo que un amigo de su infancia pudiera mirarlos cuando hacían el amor durante sus visitas.
Este hombre terriblemente reservado también quería ser descubierto, dice Vise; "de otro modo, a sus ojos, el mundo nunca tendría la posibilidad de ver lo demoníacamente inteligente que era, logrando evitar que lo descubrieran durante dos décadas".
Eso estaba claro para O'Neill ese día de enero de 2001, cuando entró a la oficina de Hanssen para empezar su misión clandestina. Como muestra la película, su nuevo jefe lo instruyó de inmediato sobre el tipo de espía al que había que buscar. Sería en "el peor lugar posible", tratando de causar el mayor daño y por el mejor arreglo económico.
"Y ahí estaba él", dice O'Neill. "Al otro lado del escritorio, sentado en el peor lugar posible, con acceso a todo. Así que empecé esa relación pensando: ‘¿Estamos jugando al gato y al ratón? ¿Quién es el gato, quién el ratón? ¿Es simplemente mi tutor o me está diciendo: ‘Sé lo que está pasando. A ver si puedes descubrirme. No puedes, porque no eres más que un estúpido cadete'".
Pero O'Neill tuvo la última palabra en ese crisol de relación. El día del inminente arresto de Hanssen, sabiendo que nunca lo volvería a ver libre, O'Neill se despidió de él de otro modo que como acostumbraba.
"Le dije: ‘¿Jefe?" Se volvió y me dijo: ‘¿Sí?' Le dije: ‘Lo alcanzaré más tarde'".

15 de febrero de 2007
©washington post
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bezzerides, parco y proletario


[Tom Vallance] Era el guionista preferido por estrellas como Humphrey Bogart y Robert Mitchum.
Albert Isaac Bezzerides, novelista, guionista, camionero e ingeniero, nació en Samsun, Turquía, el 9 de agosto de 1908; casado dos veces (un hijo, una hija); murió en Woodland Hills, California, el 1 de enero de 2007.
El ex camionero e ingeniero que se convirtió en novelista y guionista, A.I. Bezzerides se caracterizó en una escritura severa, sin pretensiones, que escribió concisos diálogos para varias películas ‘sociales' de Warners en los años cuarenta, incluyendo el clásico road movie ‘La pasión ciega' [They Drive By Night].
Su estilo parco era preferido por héroes de la pantalla de la estatura de Humphrey Bogart, George Raft y Robert Mitchum, y alcanzó particular fama con su apasionante adaptación, asombrosamente nihilista, de la policial ‘El beso mortal' [Kiss Me Deadly] (1955), convirtiendo un tomo de literatura barata en una de las películas de cine negro más logradas, que es considerada como la obra maestra de su director Robert Aldrich y la más importante influencia de la new wave francesa.
Nacido en 1908 en Turquía, de madre americana y padre griego, Albert Isaac Bezzerides tenía sólo un año cuando sus padres emigraron a Estados Unidos, donde creció en el Valle de San Joaquín, una zona en Fresno, California, reputada por su abundancia de patios frutales y densamente poblada por inmigrantes de Armenia y Europa.
‘Buzz' Bezzerides trabajó primero como camionero, luego estudió ingeniería eléctrica en la Universidad de California en Berkeley, antes de dejarlo para trabajar como ingeniero mientras realizaba su ambición de escribir. Su primera novela, ‘The Long Haul', de 1938, basada en sus propias experiencias como camionero, fue comprada por Warners y se convirtió en la película ‘La pasión ciega' (1940), adaptada por Jerry Wald y Richard Macaulay.
George Raft y Humphrey Bogart aparecieron como choferes de transportes que luchan contra la explotación y la fatiga cuando trabajan para empezar sus propias empresas. Ann Sheridan es la camarera del restaurante cuyas conversaciones con los camioneros flirteaba con los límites del código Hays; la película presentaba un panorama convincente del ambiente de los camioneros. Con la dinámica dirección de Raoul Walsh, la película fue un éxito, tanto de taquila como de crítica.
El estilo de Bezzerides y su inclinación por lo que el novelista George Pelicanos llama la ‘literatura proletaria' se correspondían con la reputación de los estudios Warner de preferir las películas polémicas, contundentes y duras, y le ofrecieron un contrato. "Había estado trabajando como ingeniero en el Departamento de Agua y Electricidad, escribiendo en mi tiempo libre", recordó Bezzerides: "Había escrito dos novelas, ‘The Long Haul' (1938) y ‘Mercado de ladrones' (1949). Se basaban en cosas que había visto con mi padre, o solo. Yo trabajaba con mi padre, en los camiones, yendo al mercado a comprar mercaderías. Había corrupción y trataban de estafarte. Cuando vendía uva, la casa empaquetadora lo estafaba en el precio para venderlas más caras en Nueva York. Cuando yo fui chofer de camión no lo toleraba. Un tipo trató de robarme de esa manera, así que cogí una viga, dispuesto a matarlo".
Su primera película profesional fue ‘Juke Girl' (1942), una historia sobre los jornaleros itinerantes de Florida, rodada casi enteramente en locación en Salinas, California. Ann Sheridan y Ronald Reagan fueron las estrellas de la infravalorada película, que contaba las penurias de los campesinos en manos de despiadados barones de la tierra. Bezzerides escribió entonces el diálogo para la inyección moral de Bogart sobre la guerra en el mar en ‘Acción en el Atlántico Nortre' [Action in the North Atlantic] (1943), aunque John Howard Lawson se llevó los créditos de pantalla.
Tras mudarse a Paramount, Bezzerides colaboró con Robert Rossen, en el guión para el ricamente colorido melodrama de ‘Furia del desierto' [Desert Fury] (1947), con Lizabeth Scott, Burt Lancaster y John Hodiak como sus protagonistas, pero recordada especialmente por sus (para la época) descaradas insinuaciones de que el matón jugador de Hodiak (Wendell Corey) tiene sentimientos homosexuales hacia su jefe. En 1949, se filmó la segunda novela de Bezzerides sobre camioneros, ‘Mercado de ladrones', con el mismo título, y el autor se encargó del guión. Dirigida por Jules Dassin, es altamente considerada, aunque Bezzerides objetó algunos cambios que tuvo que hacer. Recordaba, cuenta Dassin: "Quiero a Valentina Cortesa como la prostituta, así que rescríbela para ella". Él tenía que trabajar con ella. Íbamos a tener a Shelley Winter, la que hubiera sido perfecta. Esta italiana, Cortesa, ¿qué tenía que hacer en esta historia? Pero la rescribí".
A Bezzerides le pidió entonces Humphrey Bogart, que había empezado su propia compañía de producción, que rescribiera el guión de ‘El traficante' [Sirocco] (1951), una historia de traficantes de armas de los años veinte, en Siria. No fue una película muy distinguida, y ‘Sirocco' es recordada principalmente por el comentario que hace su heroína, Marta Toren, a Bogart: "Eres tan feo. ¿Cómo puede un hombre tan feo, ser tan guapo?"
Para ‘La casa en la sombra' [On Dangerous Ground] (1952), Bezzerides hizo un convincente retrato de un violento poli (Robert Ryan), que es "violento con los delincuentes, porque puedo racionalizarlo. Para él, los criminales son criminales, no gente". Enviado al norte del estado a una comunidad rural a resolver el asesinato de una niña, el poli aprende la compasión con la hermana ciega (Ida Lupino) del asesino y en el guión original de Bezzerides, vuelve a la ciudad con una nueva perspectiva. Bezzerides la describió como una "super película".
Pero no le satisfizo ‘La huella del gato' [Track of the Cat] (1954), que escribió para el director William Wellman:

"Se prendó tanto de mi primer borrador que no quería cambiar ni una sola palabra, aunque le dije que yo necesitaba acortarlo y que estaba sobrescrito. Bob Mitchum, sin embargo, fue fantástico. Arreglaba las escenas que debían ser pulidas, y su actuación logró que funcionara. Yo lo tenía por un tipo maravilloso, aunque era cínico.
"Hicimos otra película, ‘Traición en Atenas' [The Angry Hills] (1959), y le pregunté: ‘¿Por qué estás haciendo esta mierda?' Estábamos en locación. Me dijo: ‘No he estado nunca en Grecia'".

Aldrich fue el director del guión de cine más famoso de Bezzeride, ‘El beso mortal' [Kiss Me Deadly], cuyo estreno causó gran impacto y fue saludado en Francia como una obra de arte, donde ejerció una influencia reconocida en películas como ‘Disparad al pianista' [Tirez sur le pianiste], de François Truffaut y ‘Lemmy contra Alphaville' [Alphaville] de Jean-Luc Godard. Con carta blanca concedida por Aldrich, Bezzerides transformó la novela en una película negra apocalíptica y ultra-paranoica, dirigida por un director descrito por Truffaut como "un joven director que todavía no piensa en la moderación".
Interrogado sobre su notable adaptación, Bezzerides dijo: "La gente me pregunta sobre los significados ocultos del guión, sobre la bomba atómica, sobre el mccarthismo, qué significa la poesía y otras cosas. Y sólo puedo decir que no pensé en ello cuando la escribí... Me estaba divirtiendo. Quería que todas las escenas, todos los personajes, fueran interesantes. Una chica se acerca a Ralph Meeker, la hago ninfomaníaca. Ella lo abraza y besa la primera vez que lo ve. Le dice: ‘No sabes a nadie que yo conozca'. A mí me enloquecen los coches, así que yo pongo ahí todas esas historias con los coches y la mecánica. Yo era ingeniero y en esa película le di al detective el primer contestador telefónico. La estaba pasando bien".
En 1956, Bezzerides escribió una adaptación de sesenta minutos para la televisión, ‘Mercado de ladrones', retitulada ‘Overnight Haul', y empezó a escribir de manera regular para la televisión, contribuyendo guiones a programas como ‘Gunsmoke', ‘77 Sunset Strip' y ‘Bonanza'. En 1965 creó, en colaboración, la exitosa serie de vaqueros, ‘The Big Valley', montada en el Valle de San Joaquín y como Barbara Stanwyck como la matriarca del rancho.
En 2005, fue tema de un documental, ‘Buzz', para el que fue entrevistado en su casa en Woodland Hills, California; algunas reseñas describían al nonagenario Bezzerides como "obstinado e irritable". Hasta su muerte estaba escribiendo una nueva novela, ‘First Kill'.

20 de enero de 2007
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asesinos en serie de hollywood


[Stephen Hunter] La significación y locura de los asesinos en serie de Hollywood.
Sobre los asesinos en serie existe en realidad solamente una pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué matan -una y otra vez- algunos hombres, sin remordimiento, aparentemente por el placer de la auto-expresión?
Grandes escritores han tratado de ofrecer una respuesta, pero es un problema tan manifiesto y directo, que apela más a las mentes más primitivas, y, así, es más comúnmente estudiado por piratas talentosos, como el escritor de novelas de horror norteamericano, Thomas Harris. Ha hecho toda una carrera con un asesino en serie, Aníbal [Hannibal] Lecter, el erudito intelectual y hedonista, sibarita y bebedor, amante de Italia y de la ópera, un regordete encantador con los ojos tan profundos como el espacio más allá de Pluto, al que le gusta comer gente, acompañándola a veces con habas y un rico Chianti.
Ahora Harris nos ofrece la historia del origen de Aníbal el Caníbal en doble formato: como libro (publicado en diciembre) y como película (esta semana), compartiendo el título de ‘Hannibal Rising'.
Sin embargo, nada más que por coincidencia, dos otras películas que examinan los orígenes de esa particular manifestación del asesino en serie también ocuparán, o lo harán dentro de poco, un lugar en el mercado. El brillante, aunque sombrío cuento de hadas con parábola política, ‘El laberinto del faudo' [Pan's Labyrinth], de Guillermo del Toro, es una película sobre un asesino en serie, aunque no sea más que por obra de una poderosa deducción. Luego está el análisis mucho más mundano de la sordidez de un asesino en serie de verdad, el caso de un chiflado que se hace llamar ‘Zodiac', que sembró el terror en San Francisco a fines de los años sesenta y principios de los setenta. Se piensa que mató a al menos cinco personas y que escribió, como Jack el Destripador, a los diarios. La historia es narrada en el docudrama de marzo, ‘El asesino del zodíaco' [Zodiac], del director David Fincher, que también dirigió en ‘Los siete pecados capitales' [Seven] a otro asesino en serie.
Pero terminamos con un curioso Cinto de Orión de asesinos en serie en varios modos de expresar significados diversos: Por supuesto, Aníbal aparece en la versión más romántica, con su amor por el canto y la música, su arte a la hora de cocinar cerezas y su conocimiento de la arquitectura del Renacimiento, su insistencia en eliminar sólo a los menos refinados del abrevadero. En ‘El asesino del zodíaco' tenemos un asesino en serie más proletario, más basado en los hechos, más realista. En realidad, Zodiac trata de sonar florido en sus cartas y con sus amaneramientos, como incluir criptogramas, pero se engaña a sí mismo: Es vicioso, miserable e ignorante y mata sin elegancia ni inteligencia, con una pistola o un cuchillo, para luego escapar. Es tan elegante como la gonorrea, pero, desgraciadamente, mucho más letal. Finalmente está el capitán Vidal en ‘El laberinto del fauno', que mata y tortura, y carece de conciencia de sí mismo. Está tratando de lograr algo, y si encuentra obstáculos humanos, los eliminará; pero para él, la aplicación de muerte a la vida no es una forma de arte, es simplemente el medio para un fin. De los tres, es el más escalofriante; y tristemente, el más banal.
De los tres, ciertamente Aníbal es el más divertido, una especie de Sherlock Holmes invertido, un hombre de tal sabiduría y perspicacia y didáctico dinamismo que dirigió no solamente a asesinos en serie menores, sino también a dos agentes del FBI: Will Graham (William Petersen en ‘Cazador de hombres' [Manhunter] y Edward Norton en ‘El dragón rojo' [Red Dragon] y más notoriamente Clarice Starling (Jodie Foster en ‘El silencio de los corderos' [The Silence of the Lambs] y Julianne Moore en ‘Aníbal' [Hannibal].
Dentro de estas películas (y libros) se buscaba a otros asesinos en serie. De lejos el más prosaico y menos interesante es Francis Dolarhyde, en ‘El dragón rojo', de Harris, que "fue moldeado de la manera habitual: alto IQ, aislamiento, deformación física, violentos maltratos de los padres, asco de sí mismo metamorfoseado en mortífera vanidad, personalidad obsesiva y fantasías de omnipotencia. Sabes, uno de esos. Luego estaba el mutante retorcido, Jaime ‘Buffalo Bill' Gumb, de ‘El silencio de los corderos', asesinando a jóvenes mujeres porque quería probarse sus pieles. Era sórdido, ultra-espeluznante; era la versión nada de romántica.
Encuentro fascinante a Aníbal: un asesino genial, tan inteligente que podía reconstituir un crimen en nada de tiempo y revelárselo a sus torturadores de la policía a cambio de pequeños regalos, y posiblemente, finalmente, la palanca para fugarse. Mirarlo es como ver a Michael Jordan pelear con un enano, y el placer no reside en su victoria (que está asegurada) sino en la absoluta elegancia e impecable precisión de su victoria.
Eso dicho, es un engaño.
Su transformación en un asesino en serie es algo sospechosa. Tratando de proveerle de un pasado tan exótico como posible (para explicar su exotismo como es un ejemplar homicida), Harris le dio un pasado exótico digno de una novela de Eric Ambler, aderezos de Europa oriental teñido por una visión romántica de Oriente, sazonada en el espasmo más violento de la historia. Y que pedigrí: Fue educado en la tradición judía de los ashkenazi (su tutor fue Jakov), en la tradición caballeresca europea (su ancestro, Aníbal el Severo, un gran caballero a fines de la Edad Media), luego empapado en esteticismo japonés (la mujer de su tío, Lady Murasaki, una aristócrata japonesa) y el empirismo occidental (su formación médica en Francia). Esta estrafalaria mezcla explica su erudición, su entorno, su voluntad -pero no su patología. Esa es la contribución de la Segunda Guerra Mundial, donde el caldero del Frente del Este, atrapado entre los ejércitos alemán y ruso (y además asediado por saqueadores psicóticos), se hizo con la manía del asesinato en masa cuando, después de perder de manera monstruosa a sus padres en la guerra, vio cómo su adorada hermanita era matada y devorada por lobos humanos.
Hmmm. ¿Suena convincente? No tan convincente como Dolarhyde o Buffalo Bob, cuya miseria parece provenir de fuentes más tradicionales, como padres abusivos, deformación física, aislamiento, sensibilidad patológica, alto IQ, baja estima de sí mismo y, finalmente, abundantes oportunidades. Peor, la transformación de Aníbal es inoportunamente ofensiva para los millones que vivieron esas experiencias tan completamente depravadas (léase cualquier memoria de algún sobreviviente de un campo de concentración) como el joven Aníbal y sin embargo lograron reincorporarse en la sociedad, poniendo sus traumas a un lado y llevando vidas productivas y decentes. La tragedia de la Segunda Guerra Mundial no fue la muerte de Mischa Lecter y la construcción de Aníbal Lecter; fue la muerte de cien millones de inocentes.
Sin embargo, se puede inferir el significado que tenía para Harris. Su explicación de Aníbal es un juego entre la naturaleza (su alto IQ, sus extraordinarias capacidades) y la crianza (después de todo, fue amamantado en los crímenes en masa de la guerra). Ausentes esas, Aníbal está de lo más bien. Con ambos, es un monstruo, pero un monstruo que (al menos en los libros) se queda con la chica. Es casi anti-freudiano (no que eso sea malo) en el sentido de que responsabiliza a influencias externas cuando en realidad es casi siempre un torcido torrente entre padres e hijos lo que crea a estos malos niños malos.
Con el asesino del Zodíaco, estamos en terreno más conocido. Otra vez, ayuda a recordar que ya existe la versión romántica de este invertebrado: en ‘Harry el Sucio' [Dirty Harry], el decisivo éxito de Clint Eastwood en 1971, un asesino en serie que se llama ‘Escorpión' a sí mismo, tiene aterrorizada a San Francisco. Un joven actor llamado Andy Robinson se quedó con el papel (y la ironía es que su actuación hizo que la película funcionaria, mucho más que la de Eastwood).
Robinson, bastante guapo, tenía una satánica intensidad que parecía provenir desde dentro, y una voz extraña, profunda y ceceante a la vez. Coqueteaba con lo afeminado (Escorpión le dice Harry cuando a este le ordenan entregar su Magnum 44: "¿Por qué? ¡Tú tienes una más grande!") Su boca ancha y sensual sacaba gemidos de placer o gritos de dolor en agudo contraste con la flemática e impasible jeta del sucio Harry. Era el asesino en serie como estilista camp, y es un momento seminal en ‘El asesino del zodíaco', cuando los polis de San Francisco encargados de capturar al asesino asisten a una proyección de ‘Harry el Sucio' y ven sus propios esfuerzos exagerados a la escala de una tira cómica.
El asesino en serie que emerge de ‘El asesino del zodíaco' es el que más cerca está del lunático Buffalo Bill. ‘El asesino del zodíaco' se basa en el libro del mismo título de Robert Graysmith (Jake Gyllenhaal), que se obsesionó tanto con el caso que dejó su trabajo en el San Francisco Chronicle y dedicó lo esencial de su vida a buscar al tipo que los polis no pudieron localizar. Sus penurias fueron recompensadas con un éxito de ventas, una respetable carrera como escritor de novelas de crímenes verdaderos (siguieron varios otros libros) y ahora esta película.
Problema: Su asesino en serie no es muy interesante. Si se le despoja de la inculta fanfarronería de las cartas a los diarios y los juegos con las contraseñas secretas, no queda mucho más que un matón de calle corriente que roba y, a veces, mata. Es una figura banal, un asesino de tombola en una gran ciudad en el planeta Tierra. Depende tanto de la torpeza de la policía como de su propia y sobrevalorada ‘brillantez' para eludir su captura.
El capitán Vidal (Sergio López), en la nominada ‘El laberinto del fauno' es el más terrorífico. Se le podría llamar el asesino por deber. Parece no estar obsesionado, o no sentir ninguna necesidad de ello. Pero su problema es la vanidad: Se ve a sí mismo como el centro de la existencia, como el altísimo ego de su época, como el que sabe. A sí mismo no se consideraría nunca malo, sino más bien un honesto servidor de la civilización. No le preocupa ni lo más mínimo eliminar a los que se le oponen, principalmente a los andrajosos y variopintos guerrillero republicanos heredados de la Guerra Civil Española (que terminó en 1939), a los que ahora caza hasta la muerte en ese terrible año de 1944.
La historia es presentada desde el punto de vista de un niño, y de Ofelia (Ivana Baquero), 12, es la única que se da cuenta de inmediato de que el guapo, dominante y viril hombre, que rescata a su pobre madre de la desolación de la viudez, es realmente mucho más malo que en sus fantasías de cuento de hadas. Pero las depredaciones del capitán Vidal -a diferencia de Aníbal, que es teatral, o de Zodiac, que escribe cartas)- no son carismáticas. Aunque causa más víctimas, su forma de asesinato más típica es la ejecución de prisioneros, sin ritual ni sadismo ni placer. Nunca se le pasa por la mente que eso es malo. Él y el estado son lo mismo; todo lo demás es otredad maleable, sin importancia. Su identificación con el monolítico aparato del Generalísimo es tan total que cuando se arrodilla, coloca fríamente el cañón de su Luger contra la sien de un guerrillero herido y aprieta el gatillo, parece no darse cuenta, tal como aplastar a un bicho realmente no queda registrado en la conciencia de la mayoría de la gente. No oye los gritos. Los puede disfrutar, pero no es -y esto, me doy cuenta, puede ser controvertido- realmente un sádico, en el sentido de que obtenga gratificación sexual cuando inflige dolor. Es el ego. Es así como Vidal deja su marca en el mundo, dejando una marca en la carne.
A diferencia de Aníbal y Zodiac, no mata porque tenga que matar o quiera matar, sino porque es una necesidad ocupacional. Es parte del negocio. Lo que lo define no es la muerte que causa, sino el uniforme que lleva y la valentía de la que se enorgullece, su linaje guerrero, que añora entregar intactos a su hijo nonato.
¿Qué nos dicen, al final, sobre esta conducta humana blasfema? No nos ofrecen muchas respuestas, pero consideradas en conjunto, entregan un mensaje nihilista. El consenso es que esas cosas no destiñen. Sólo tienes que mirar los titulares para darte cuenta de la deprimente razón que tienen.

10 de febrero de 2007
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murió bezzerides


A los 98. Escribía películas de misterio.
Los Angeles, Estados Unidos. A.I. Bezzerides, novelista convertido en guionista y conocido por sus clásicos del cine negro de después de la Segunda Guerra Mundial, como ‘El beso mortal' [Kiss Me Deadly], ‘La casa en la sombra' [On Dangerous Ground] y ‘Mercado de ladrones' [Thieves' Highway], murió el 7 de enero después de una breve enfermedad, informó su hija. Tenía 98 años.
Bezzerides trabajaba como ingeniero de comunicaciones para el Departamento de Agua y Electricidad de Los Angeles cuando su novela de 1938, ‘Long Haul', fue llevada al cine como ‘La pasión ciega' [They Drive by Night], un melodrama de 1940 con George Raft y Humphrey Bogart como dos hermanos camioneros.
La primera película de Bezzeride fue ‘Juke Girl', una historia de 1942 sobre campesinos inmigrantes con Ann Sheridan y Ronald Reagan. Se hizo conocido con ‘Mercado de ladrones', la película policial dirigida por Jules Dassin basada en la novela de Bezzeride de 1949; ‘La casa en la sombra', el drama pasional de 1952 de Nicholas Ray; y ‘El beso mortal', el thriller de Robert Aldrich.

9 de febrero de 2007
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