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derechos humanos

la cuestión de la responsabilidad


El modo correcto de tratar el legado de la tortura.
La aparente confusión del gobierno de Obama sobre si perseguir judicialmente a los funcionarios del gobierno anterior por cometer torturas no es sorprendente. Dos principios fundamentales chocan sobre este asunto, y no es fácil llegar a una conclusión justa que reconcilie a ambos.
Por un lado, tenemos la sagrada tradición estadounidense de transferir pacíficamente el poder de un partido a otro cada cuatro u ocho años sin ciclos de venganzas e investigaciones criminales. Una cosa es investigar a Richard Nixon por autorizar interceptaciones y allanamientos secretos, fuera de los canales normales del gobierno, con el objetivo de obtener ventajas políticas personales. Pero otra cosa es llevar a justicia decisiones autorizadas a través de todos los canales correctos, con el apoyo del Congreso o al menos en conocimiento del Congreso, con lo que todo el mundo considera que era el noble propósito de proteger a los estadounidenses contra un atentado terrorista. Una vez que escoges ese camino, ¿dónde paras? ¿Deberían Bill Clinton, Sandy Berger y sus equipos ser procesados judicialmente o acusados en un proceso civil de abandono de deberes por la muerte de tres mil personas el 11 de septiembre de 2001, considerando que permitieron conscientemente que Osama bin Laden escapara de Sudán y se refugiara en Afganistán? ¿Qué pasaría si el próximo gobierno cree que Barack Obama comete un crimen de guerra cada vez que permite que la Fuerza Aérea lance misiles en Pakistán, matando a civiles inocentes en un país con el que no estamos en guerra?
Esas preocupaciones se exacerban cuando el país está en guerra, como de hecho lo estamos, aunque la vida de todos los días la mayoría de los estadounidenses no lo demuestra. Los terroristas de al Qaeda están todavía complotando para causarnos daño, quizás a una escala mucho mayor que en 2001, y el país necesita que sus guardianes en las fuerzas armadas, la CIA y en otras instituciones se concentre en defender al país contra esa amenaza, y no a sí mismos de acciones legales. El gobierno de Obama tiene que atraer al gobierno a los mejores, y luego esperar que estos cumplan resueltos en los momentos más difíciles. Nada de eso ocurrirá si nuestro servicio público se ve en la necesidad de contratar rutinariamente a abogados privados y de vaciar las cuentas bancarias.
Y, sin embargo, por el otro lado, tenemos esto: que funcionarios estadounidenses aprobaron y realizaron torturas. El submarino [asfixia por inmersión; hacer creer al detenido que va a ser ahogado], para tomar el caso más extremo, ha sido reconocido durante décadas, por leyes internacionales y estadounidenses, como más allá de lo intolerable, y fue utilizado cientos de veces durante el gobierno de Bush. Eric H. Holder Jr., fiscal general de Estados Unidos, ha declarado de plano que es ilegal. En un país fundado sobre el imperio de la ley, un presidente no puede hacer desaparecer la criminalidad en virtud de razones políticas, incluso las más nobles. Cuando Estados Unidos ve que se practica la tortura en otras partes del mundo, plantea exigencias bastante simples: Deje de hacerlo, y castiga -al menos identifica para llamarlos a rendir cuentas- a los responsables, de modo que la práctica no se vuelva a repetir. ¿Cómo puede un país que pretende ser un ejemplo moral exigir menos que eso de sí mismo?
La respuesta no reside en esos demócratas del Congreso ansiosos de llevar a juicio a todo el gobierno de Bush. Tampoco se encuentra, como ha descubierto esta semana el presidente Obama, en sus esperanzados llamados a mirar hacia el futuro antes que quedarnos en el pasado. Como han descubierto otros países, el pasado perseguirá al presente hasta que sea investigado y tratado. Y aunque tengamos recelo de que la justicia internacional invada la soberanía de gobiernos democráticos, también es verdad que si Estados Unidos no examina su propio pasado, otros países tendrán mejores motivos para hacerlo.
De cierto modo, ese examen ya ha empezado. El comité de inteligencia del Senado está haciendo una revisión. El Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, que hizo la vista gorda cuando podía haber hecho una diferencia, ha emitido un útil informe. La Oficina de Responsabilidad Criminal del ministerio de Justicia está examinando la conducta de los abogados del gobierno de Bush. Parece que, después de una semana de permanente cobertura de prensa y memoranda legales publicados en los últimos días, no hay mucho más que saber.
Pero persisten lagunas en el conocimiento público sobre cómo la tortura se convirtió en una política oficial de Estados Unidos y cómo se implementó esa política. La eficacia de las ‘técnicas mejoradas de interrogatorio’ sigue estando en discusión. No sabemos si algunos de los interrogatorios fueron más allá incluso de lo que había aprobado el ministerio de Justicia. El alcance del conocimiento del Congreso y su aprobación sigue incierto. Y como observaría el ex ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld, no sabemos lo que no sabemos.
Así que persiste, y lo hemos argumentado durante largo tiempo, la necesidad de formar una comisión bipartidista compuesta por líderes respetados para realizar una investigación exhaustiva. Obama debería tomar la iniciativa de formar una comisión semejante. Debería realizar su trabajo deliberadamente y hacer públicas sus conclusiones.
Al final, una comisión semejante no podrá dar respuesta a todas las preguntas. Nunca sabremos qué pudieron haber contado los detenidos si los interrogadores hubiesen insistido con métodos más humanos. No podemos medir el daño causado a Estados Unidos y sus soldados en la secuela de Abu Ghraib y Guantánamo. Pero una comisión presidencial produciría la versión más completa y menos acalorada posible.
Una vez terminada la tarea [de la comisión], las persecuciones judiciales serán la única opción. Basados en lo que sabemos hoy, no creemos que sea la mejor opción. Por razones detalladas en los primeros párrafos de este editorial, somos extremadamente reticentes a perseguir a abogados y funcionarios que actuaron en la creencia de que lo hacían en interés del país en momentos de grave peligro. Si se violaron leyes, el Congreso o el presidente pueden optar por una amnistía. En las zonas turbias, el gobierno puede ejercer su discreción judicial. Pero el trabajo de la comisión no debería ser prejuzgado. Y la prudencia de no procesar, si se demuestra que es el curso más sabio, será mejor respetada, aquí y en el extranjero, si es seguida por un proceso de examen exhaustivo y serena deliberación.

25 de abril de 2009
14 de abril de 2009
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las consecuencias de la tortura


Una vez descubierto que el gobierno de Bush autorizó torturas inmorales e ilegales, la justicia debe intervenir, le guste o no al presidente Obama.
[Eugene Robinson] Las numerosas vías de investigación de las técnicas abusivas de interrogatorio del gobierno de Bush conducen todas a un hecho inconveniente y persistente: la tortura no es solamente inmoral. Además es ilegal. Esto quiere decir que una vez que conozcamos toda la verdad, la ley nos obliga a hacer algo sobre ello.
Comprensiblemente, el gobierno de Obama no quiere empantanarse en el desgarrador y prolongado drama jurídico que casi ciertamente será parcial y divisivo. Pero no estoy seguro de que sea posible pasar por alto las implicaciones criminales de lo que ya sabemos, para no decir nada de lo que podamos encontrar en una investigación exhaustiva de una ‘comisión de verdad’ con acceso a todos los testigos y documentos relevantes.
Sobre el aspecto moral, el gobierno ha sido franco y recto. Una de las primeras medidas del presidente Obama fue declarar que Estados Unidos dejará de utilizar el submarino y otros métodos de interrogatorio abusivos, diciendo que esas perversiones no se correspondían con los valores y tradiciones de nuestro país. El fiscal general Eric Holder dijo en su audiencia de confirmación que "el submarino es tortura". Esta refrescante y admirable claridad contrasta fuertemente con la niebla de sofistería leguleya con la que el gobierno de Bush envolvía sus cárceles secretas.
Sin embargo, sobre el aspecto legal el equipo de Obama ha sido mucho menos definitivo. Esto es lo que Dennis Blair, director de la inteligencia nacional dijo a su personal sobre los memoranda de los interrogatorios en un memorándum la semana pasada: "Me gustaría pensar que yo no hubiese aprobado esos métodos en el pasado, pero no condeno a los que tomaron esa decisión en esos momentos, y voy a defender absolutamente a los que realizaron esos interrogatorios en el marco de órdenes recibidas".
Obviamente, esto no tiene ningún sentido. Si Blair no hubiese sancionado "esos métodos" -algunos de los cuales claramente, en mi opinión, se corresponden con la definición legal de tortura-, entonces ¿por qué habría de defender a los que ordenaron esos abusos y a los que los llevaron a cabo?
Al menos Blair, encargado de dirigir a los agentes que realizaron esos abusos, tiene un motivo para confundirse sobre el asunto de la responsabilidad. Y podemos agradecerle por refutar definitivamente el argumento más comúnmente citado en apoyo de la tortura: que el submarino, la privación de sueño, las posiciones estresantes y otros malos tratos eran necesarios para obtener información vital para proteger a los estadounidenses de otro atentado de al Qaeda.
"La información de alto valor provino de interrogatorios en los que se utilizaron esos métodos", escribió Blair en el memo. Pero en otra declaración agregó que "no hay modo de saber si se hubiese obtenido esa misma información mediante otros métodos".
Sí, la gente se quiebra con la tortura y cuentan lo que saben, junto con lo que no saben y lo que piensan que quieren oír sus torturadores. Pero no hay modo de saber si esa información valiosa no hubiese podido ser extraída mediante métodos de interrogatorio tradicionales y legales.
Incluso si los expertos ofrecen visiones divergentes sobre la efectividad de la tortura, hay un punto sobre el que no pueden estar en desacuerdo: viola la ley estadounidense y el derecho internacional.
¿Qué abusos son legalmente tortura? Eso depende probablemente de cuál de las varias normas legales posiblemente aplicables se utilice. Como mínimo, sin embargo, está claro para mí que el submarino [simulacro de asfixia por agua] ciertamente será considerado ilegal si se lo somete a un examen judicial. La práctica ha sido considerada tortura al menos desde la época de la Inquisición española -excepto, aparentemente, en la Oficina de Asesoría Legal del ministerio de Justicia durante el gobierno de George W. Bush.
No sé qué más descubriremos si se forma una comisión independiente de investigación de algún tipo. Pero lo que ya sabemos es suficiente para
asegurarnos de que, tarde o temprano, los métodos violentos de interrogatorio autorizados por Bush, Dick Cheney y otros funcionarios serán revisados de acuerdo a la ley. Nuestro sistema, dejado a su aire, no está diseñado para que los actos ilegales sean revelados y luego ignorados.
Desde el punto de vista del gobierno de Obama, las alternativas pueden ser desagradables e incluso inaceptables. Nadie quiere ver hundirse a los interrogadores de bajo nivel de la CIA por hacer lo que sus superiores les dijeron que era legal, especialmente si los superiores no son llamados a rendir cuentas. Pero presentar cargos criminales contra los funcionarios de más alto nivel del gobierno anterior no tiene precedentes, y no está claro adónde podría conducir un proceso semejante.
Sin embargo, va a ser difícil parar este tren. El imperio de la ley es uno de los principios más apreciados de este país. No es una opción. Nuestras leyes contra la tortura exigen que sean acatadas, y exigen que sean aplicadas.

25 de abril de 2009
14 de abril de 2009
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de secuestrado a terrorista 2


Acusado de ser poco más que un combatiente talibán de bajo nivel, Abdallah al-Ajmi fue capturado y retenido por Estados Unidos durante casi cuatro años. Después de su liberación, hizo volar una avanzada del ejército iraquí. 2a entrega: Señales ominosas.
[Rajiv Chandrasekaran] Arrestado en Pakistán en diciembre de 2001, Ajmi formó parte de la primera oleada de sospechosos de terrorismo en ser trasladados a Guantánamo. Fue "ingresado" el 17 de enero de 2002, vestido con un mono naranja, esposado de las muñecas y tobillos y colocado en una celda de tela metálica al aire libre.
En Guantánamo, no se usaban nombres. Hay demasiados Ahmed y Abdallah. Y trascribir del árabe al inglés produce a menudo inconsistencias. Para los guardias que patrullaban al otro lado de la alambrada, Ajmi era conocido por su Número de Serie de Internación, 220. Lo llamaban ISN 220. O Detenido 220. O simplemente 220.
Ajmi pasaba sus días básicamente en su celda. Durante sus primeros años allá, los detenidos no tenían acceso a materiales de lectura, excepto ejemplares del Corán. Los interrogatorios, que ocurrían aleatoriamente y podían durar algunos días, eran los únicos cambios de la monotonía.
A principios de 2002, la familia de Ajmi y otras once familias kuwaitíes contrataron a un importante bufete de abogados estadounidense para que examinaran el destino de sus familiares desaparecidos en Afganistán. Entonces, nadie sabía si estaban o no en Guantánamo: las fuerzas armadas norteamericanas consideraban confidencial el destino de los prisioneros. Pero los primeros bufetes a los que se aproximaron las kuwaitíes rechazaron sus peticiones. Les dijeron que defender a sospechosos de terrorismo en los meses posteriores a los atentados del 11 de septiembre de 2001 eran jugar con materiales políticamente radioactivos. Finalmente, un cazatalentos que trabajaba para los kuwaitíes llamó a Wilner, que entonces era socio en Washington del bufete de Shearman & Sterling.
Wilner es un especialista en comercio internacional, no un experto en derecho humanitario, y su currículum era mucho más convencional que los de algunos de los abogados que habían rechazado a los kuwaitíes: St. Albans, Yale, la Corte Suprema. Llevaba más de treinta años ejerciendo la abogacía en Washington. No sabía si algunos de los kuwaitíes eran inocentes, pero eso no le importaba. Lo que sí le importaba eran dos principios jurídicos básicos: que Estados Unidos no debía mantener incomunicados a los detenidos y que incluso los sospechosos de terrorismo tienen derecho a defenderse. Le dio al cazatalentos la respuesta que los otros no quisieron.
Otros socios de Shearman no estaban contentos con la decisión de Wilner de representar a loskuwaitíes, y algunos se lo hicieron saber. Wilner dijo a sus críticos que Shearman no ganaría nada con el caso: la firma donaría todos los honorarios, que finalmente llegaron al millón y medio de dólares, a obras de beneficencia.
Algunas semanas después, se dirigió en avión a Kuwait para reunirse con los familiares de los detenidos. Vio a dos hermanos de Ajmi y a su padre, un hombre mayor de barba gris, nariz puntuda y ojos penetrantes. Todavía lo logra olvidar la angustiada petición de su padre de que lo ayudara a obtener la libertad de su hijo.
Fue durante ese viaje que Wilner se enteró dónde estaban los doce hombres. El Departamento de Estado informó al gobierno kuwaití que ocho de ellos estaban en Guantánamo. En pocos días el Comité Internacional de la Cruz Roja confirmó que los otros cuatro también se encontraban allá.
Pero cuando Wilner trató de ver a sus clientes, los militares no lo dejaron. El gobierno de Bush afirmaba que los detenidos en Guantánamo no tenían derecho a ser representados por abogados civiles.
Así que Wilner presentó una querella, alegando que Ajmi y los otros once kuwaitíes merecían que un juez federal revisara su detención. El caso se consolidó con otro recurso de habeas corpus, Rasul contra Bush, y finalmente se hizo camino hasta la Corte Suprema, que, en junio de 2004, resolvió que los detenidos de Guantánamo tenían derecho a impugnar su encarcelamiento en tribunales federales.
Aunque tomaría otros cuatro años para que se viera el habeas corpus, debido a los planteamientos jurídicos adicionales presentados por el gobierno de Bush y los intentos del congreso de aprobar un compromiso, el impacto práctico más significativo de la resolución sobre Rasul fue que allanó el camino para que abogados como Wilner pudieran visitar a sus clientes.
La última semana de diciembre de 2004, después de meses de discusiones con el Pentágono sobre las normas y la logística -el ministerio de Defensa insistió al principio que se le debía permitir el control de las conversaciones entre el abogado y sus clientes-, el equipo de Shearman llegó a Guantánamo.
Para la visita Ajmi fue instalado en una pequeña cabaña de metal. Sus piernas fueron encadenadas a un ojete en el suelo. Una de sus manos fue atada a su propio cinturón.
La abogado que habló con él, Kristine Huskey, le llevó una caja de baclava de una panadería de Detroit y le explicó que formaba parte del equipo de abogados en Washington que lo estaba representando. Le dijo que su familia se había reunido con Wilner. Incluso le mostró un DVD de sus familiares.
Wilner y Huskey querían ganarse la confianza de los detenidos, que no tenían modo de saber si realmente eran abogados o simplemente otro grupo de interrogadores. "Teníamos que convencerlos de que estábamos ahí para representarlos", dijo Huskey. "Apenas si les dimos la posibilidad de decir algo, para que no nos dijeran: ‘¿Quiénes son ustedes? Lárguense’".
Sus temores no eran completamente infundados. En reuniones posteriores, contó Wilner, que es judío, uno de los detenidos kuwaitíes, Fouad Mahmoud al-Rabiah, le dijo que uno de sus interrogadores le dijo que debía desconfiar de sus abogados debido a su religión. "¿Cómo puedes confiar en un judío? Durante toda la historia los judíos han traicionado a los musulmanes. ¿Crees tú que tus abogados, que son judíos, no te traicionarán?", le dijo el interrogador, según Rabiah.
En esa primera reunión, Huskey recuerda a Ajmi como "amable y reservado". Le dijo que estaba agradecido de que lo estuviese defendiendo y por el tiempo que dedicaba a su caso. Le preguntó por su familia, y parecía resignado sobre su detención. "Pese a los malos tratos, estamos felices de estar aquí. Es la voluntad de Dios", le dijo a Huskey.
Pero había también señales ominosas. El sargento que lo llevó a la cabina le advirtió a Ajmi que había un "problema de conducta". A diferencia de la mayoría de los detenidos, Ajmi llevaba pantalones naranja cortos. Huskey vio las cicatrices en sus rodillas. Le parecía que Ajmi había sido arrastrado por los guardias. Le preguntó, pero él no quiso hablar sobre el tema, excepto para decir que sus secuestradores "habían denigrado al islam" y que había tenido "un problema" con los guardias.
Otro de los kuwaitíes le dijo que a Ajmi le habían quitado la manta y su ejemplar del Corán por su mala conducta. Pero no sabía qué había hecho Ajmi.
Huskey no presionó a Ajmi para que le contara qué estaba haciendo antes de ser detenido, y él no dijo nada sobre el asunto, excepto la declaración: "Estoy aquí como enemigo combatiente, y saldré de aquí como enemigo combatiente. Dile eso a mi familia".

Julie Tate contribuyó a este reportaje.

24 de abril de 2009
22 de febrero de 2009
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memos detallan torturas


Memoranda sobre interrogatorios detallan los violentos métodos empleados por la CIA.
[Mark Mazzetti y Scott Shane] Washington, Estados Unidos. El ministerio de Justicia hizo públicos el jueves detallados memoranda que describen las brutales técnicas de interrogatorio utilizadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), en momentos en que el presidente Obama trataba de tranquilizar a la agencia diciendo que los operativos de la CIA implicados [en las torturas] no serían procesados.
En decenas de páginas de fría prosa jurídica, los métodos aprobados por el gobierno de Bush para extraer información de altos operativos de al Qaeda son descritos con meticuloso detalle -como mantener despiertos a los detenidos durante once días seguidos, colocarlos en cajas oscuras y apretadas o meter insectos en las cajas para exacerbar sus temores.
Los métodos de interrogatorio fueron autorizados a principios de 2002, y algunos fueron utilizados hasta 2005 en las cárceles secretas de la CIA en el extranjero. Las técnicas fueron uno de los secretos más celosamente guardados del gobierno de Bush, y los documentos liberados el jueves tarde son las versiones públicas más extensas del programa.
Algunos altos funcionarios del gobierno de Obama, incluyendo al fiscal general Erik H. Holder Jr., han dicho que una de las catorce técnicas aprobadas, el submarino, es una técnica de tortura ilegal. Estados Unidos procesó a algunos interrogadores japoneses en los juicios por crímenes de guerra después de la Segunda Guerra Mundial por la aplicación del submarino y otros métodos detallados en los memoranda.
La liberación de los documentos se produjo después de un amargo debate que dividió al gobierno de Obama, en el que la CIA se opuso a la propuesta del ministerio de Justicia de hacer públicos los detalles del programa secreto de la CIA. Alimentó la urgencia del debate el fin del plazo -el jueves- para la presentación de una querella interpuesta por la Unión Americana de Libertades Civiles, que había demandado al gobierno para la liberación de los memoranda del ministerio de Justicia.
Juntos, los cuatro memoranda otorgan una descripción extraordinariamente detallada de los métodos de la CIA y la larga lucha del ministerio de Justicia, en el marco de las detalladas descripciones de esas tácticas brutales, por ajustarlas con el derecho internacional y la legislación nacional. Algunos pasajes describen los métodos de desnudar a los prisioneros, lanzarlos contra las paredes, privarles del sueño durante períodos prolongados y rociarlos con agua fría de hasta 5 grados, alternándolos con elaborados alegatos sobre la Convención Internacional contra la Tortura.
Los documentos fueron liberados con un mínimo de correcciones, indicando que el presidente Obama se opuso a actuales y antiguos funcionarios de la CIA que durante semanas presionaron a la Casa Blanca para que no diera a conocer detalles sobre técnicas específicas de interrogatorio. Leon E. Panetta, el director de la CIA, había argumentado que revelar esas informaciones sentaba un peligroso precedente para revelaciones futuras sobre las fuentes y métodos utilizados en inteligencia.
Una preocupación más urgente para la CIA es que las revelaciones puedan dar un nuevo impulso a las propuestas de realizar una investigación exhaustiva de los programas antiterroristas del gobierno de Bush y posibles procesos en el futuro.
A minutos de la liberación de los memoranda, el senador Patrick J. Leahy, el demócrata de Vermont que preside el Comité Judicial del Senado, dijo que los memoranda ilustraban la necesidad de la comisión de investigación independiente propuesta por él, que ofrecería inmunidad a cambio de testimonios francos.
Obama condenó lo que llamó "un capítulo oscuro y doloroso de nuestra historia" y dijo que las técnicas de interrogatorio no volverán a ser usadas nunca más. Pero también repitió su oposición a una investigación exhaustiva del programa, diciendo que "no ganaremos nada gastando nuestro tiempo y energía buscando culpables en el pasado".
Obama dijo que los agentes de la CIA que actuaron siguiendo la asesoría legal del ministerio de Justicia no serían procesados, pero dejó abierta la posibilidad de que quienes hubieran actuado sin una autorización legal pudieran todavía enfrentarse a cargos criminales. No trató el tema de si los abogados que autorizaron el uso de esas técnicas de interrogatorio recibirán o no algún tipo de castigo.
Las cuatro recomendaciones legales hechas públicas en una demanda por la Ley de Libertad de Información entablada por la Unión Americana de Libertades Civiles, fueran escritas en 2002 y 2005 por la Oficina de Asesoría Legal del ministerio de Justicia, la más alta autoridad a la hora de interpretar la ley para el poder ejecutivo.
El primero de los memoranda, de agosto de 2002, fue firmado por Jay S. Bybee, que dirigía la Oficina de Asesoría Legal, y dio la primera y detallada autorización legal para la aplicación del submarino y otros tratos rudos. Los otros tres, firmados por Steven G. Bradbury, aseguraban a la agencia, en mayo de 2005, que sus métodos seguían siendo legales, pese al uso de múltiples métodos combinados y a la prohibición internacional de tratos "crueles, inhumanos o degradantes".
Todas las recomendaciones legales sobre los interrogatorios fueron revocadas por Obama el segundo día en el cargo, cuando también prohibió los interrogatorios violentos y ordenó el cierre de las cárceles secretas de la CIA.
En los memoranda, los autores del ministerio de Justicia enfatizaban las precauciones que debía tomar la CIA, incluyendo la supervisión de personal médico y la urgencia de obtener información para impedir atentados terroristas. Repetían las afirmaciones de la CIA sobre la efectividad de las técnicas, pero observaban que los interrogadores no podían distinguir siempre a los prisioneros que retenían información de los que ya no tenían nada más que decir.
Los memoranda incluyen lo que de hecho son extensos fragmentos del manual de interrogatorios de la agencia, explicando con precisión cómo deben usarse los métodos. El submarino, por ejemplo, consiste en sujetar al prisionero a una camilla inclinada en un ángulo de "10 a 15 grados" y arrojar agua sobre una tela que deberá cubrir la nariz y la boca, "desde una altura aproximada de 15 a 45 centímetros" durante no más de cuarenta segundos cada vez.
Pero una nota al pie de página de un memorándum de 2005 deja en claro que las reglas no eran siempre acatadas. El submarino fue utilizado "con mucho más frecuencia que lo que se indicó inicialmente" y con "mayores volúmenes de agua" que las pequeñas cantidades descritas en las reglas, dice un memorándum, mencionando un informe del inspector general de la CIA en 2004.
La mayoría de los métodos han sido descritos previamente en informes de prensa y en un informe del Comité Internacional de la Cruz Roja de 2006, que entrevistó a catorce detenidos. Pero una táctica no conocida previamente y propuesta por la CIA -pero nunca utilizada- contra Abu Zubaydah, un operativo terrorista, implicaba explotar lo que se pensaba que era su miedo a los insectos.
"Tal como lo entendemos, están pensando en informar a Zubaydah que van a colocar un insecto peligroso en la caja, pero en realidad meterán un insecto inofensivo, como una cuncuna", dice un memorándum.
Bybee, Bradbury y John Yoo, que fue el principal autor de los memoranda sobre interrogatorios de 2002, están siendo investigados por la oficina de ética del ministerio de Justicia sobre su análisis legal de los interrogatorios. Los funcionarios describieron el borrador del informe sobre ética, de la Oficina de Responsabilidad Profesional, como altamente crítico, pero se ha aplazado su conclusión para que los investigados tengan la posibilidad de responder.
La  Unión Americana de Libertades Civiles dijo que los memoranda describían claramente conductas criminales y subrayó la necesidad de nombrar a un prosecutor especial para investigar quién autorizó y ejecutó las torturas.
Pero Dennis C. Blair, director de la inteligencia nacional, advirtió que los memoranda fueron escritos en momentos en que los agentes de la CIA trataban frenéticamente de impedir una repetición de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
"Esos métodos, leídos en un día asoleado, brillante y seguro de abril de 2009, parecen muy vívidos e inquietantes", dijo Blair en una declaración escrita. "Pero vamos a defender absolutamente a los que se apoyaron en esos memoranda".

Charlie Savage contribuyó al reportaje.

23 de abril de 2009
16 de abril de 2009
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de secuestrado a terrorista 1


Acusado de ser poco más que un combatiente talibán de bajo nivel, Abdallah al-Ajmi fue capturado y retenido por Estados Unidos durante casi cuatro años. Después de su liberación, hizo volar una avanzada del ejército iraquí. Primera entrega.
[Rajiv Chandrasekaran] Poco más de dos años después de salir de la cárcel militar de Bahía Guantánamo, Abdallah Saleh al-Ajmi se arrodilló frente a una muralla blanca, cogió boca abajo el cañón de un rifle AK-47 y leyó un mensaje frente a una cámara de video.
La desaliñada barba que su hijo acostumbraba mesarse había sido completamente afeitada, dejándole solo un pequeño bigote. Sus largos y rizados mechones habían desaparecido; le habían cortado el pelo al rape. También había desaparecido el gorro blanco que llevaba a menudo y toda semblanza del buen humor que le conocía su familia. Parecía huraño y enfadado -todavía amargado por haber sido retenido durante casi cuatro años en un centro de detención de alta seguridad norteamericana en la costa sudeste de Cuba.
"Loado sea Dios, que me libró de la cárcel de Guantánamo y me hizo unirme al Estado Islámico de Iraq", entonó. Mientras la cámara proyectaba una enorme sombra detrás de su cabeza, movió su dedo y prometió: "Con el permiso de Dios, iremos donde Dios, que la gloria sea con él. Entraremos en los nidos de la apostasía".
A las 6:15 del 23 de marzo de 2008, poco después de hacer el video, Ajmi condujo un camión cargado con 2250 a 4500 kilos de explosivos, ocultos en lo que parecían ser sacos de harina blanca, hacia una base del ejército iraquí en las afueras de Mosul. Arremetió contra la entrada del puesto de control y pasó entre los disparos de los centinelas, protegido por ventanillas a prueba de balas y una cabina cubierta por un blindaje improvisado.
La explosión del Domingo de Pascuas mató a trece soldados iraquíes, hirió a otros 42 y dejó un cráter de nueve metros de ancho. Es el acto de violencia más atroz cometido por un ex detenido de Guantánamo.
Mientras el presidente Obama da los primeros tentativos pasos hacia el cumplimiento de su promesa de campaña de cerrar Guantánamo, el caso de Abdallah Ajmi se ha convertido en un símbolo del desconcertante reto que enfrenta su gobierno al decidir el destino de los sospechosos de terrorismo retenidos por Estados Unidos, un proceso que casi ciertamente resultará en la liberación de otros detenidos de entre los aproximadamente 245 que ahora se encuentran detenidos en Cuba.
Lo que hace que el pasaje de Ajmi de detenido a terrorista sea tan desconcertante para altos funcionarios de gobierno es el hecho de que no estaba considerado como uno de los peores. No pertenecía al grupo de operativos de al Qaeda considerados detenidos de ‘alto valor’; tampoco era considerado como alguien que representara una amenaza a largo plazo importante para Estados Unidos.
En comparación con lo que se creía que habían hecho otros detenidos de Guantánamo, la principal acusación contra él -que peleó con los talibanes- no tenía nada de especial. En su Tribunal de Revisión de la Condición de Combatiente, no fue acusado de haber cometido ningún acto violento específico, excepto "haber tomado parte en dos o tres balaceras con la Alianza del Norte", de acuerdo a un sumario de las evidencias presentadas por los militares.
Como dijo un ex funcionario del gobierno de Estados Unidos implicados en temas de detenidos, Ajmi "no estuvo nunca en las listas de las diez personas que pensábamos que volverían a luchar".
Desde su muerte, las agencias de inteligencia estadounidenses han tratado de determinar cuándo se convirtió Ajmi en un yihadista. ¿Fue a fines de los años noventa, cuando cayó bajo el influjo de un predicador radical mientras servía en el ejército de Kuwait? ¿O fue en 2001, cuando dijo que se había unido a los talibanes? ¿O fue tras salir en libertad en 2005, cuando los extremistas que lo esperaban en casa lo saludaron como "el León de Guantánamo"?
¿O es la respuesta quizás más alarmante: Que su descenso en un extremismo impenitente fue la consecuencia no intencionada de su encarcelamiento?
Esta versión del trayecto religioso y político de Ajmi se basa en entrevistas con sus abogados en Washington y Kuwait, su familia y funcionarios del gobierno estadounidense familiarizados con su caso, así como en documentos militares, actas judiciales en Estados Unidos y Kuwait y otros documentos proporcionados por fuentes cercanas al caso.
El abogado de Washington, Thomas Wilner, que representó a Ajmi cuando estuvo detenido en Estados Unidos y lo visitó más de media docena de veces durante su detención, está convencido de que conoce la respuesta sobre el destino de su ex cliente.
"¿Qué le pasó?", preguntó Wilner retóricamente. "Fue Guantánamo".
Wilner recuerda la primera carta que recibió de Ajmi:

Al docto abogado Tom

Estimado Señor:

¿Cómo está y cómo está su simpático equipo? Espero que esté usted bien. Dígame cómo está, Sr. Tom, y qué está pasando en el mundo exterior...
Señor Tom, me gustaría decirle que estoy bien, y también todos mis hermanos...
Le agradezco, Sr. Tom, y le envío mis recuerdos.

El alegre detenido, Juhayman Al Ajmi.

Y esta es la última carta que recibió:

Al vil y depravado Thomas, descendiente de monos y cerdos podridos.
Le saludo con un puntapié, un escupo y una bofetada en su podrida, fea, hosca y mentirosa cara. Espero que reciba esta carta quemándose en el infierno y recibiendo una buena golpiza de los hombres que deben ser contados...
Thomas, mañana me reuniré con usted.
Y le golpeo con una afilada espada india de dos filos.
Eso lo cortará en pedazos, que serán arrojados a las hienas, para que se alimenten, ataquen y muerdan, y a todos las otras bestias salvajes.
Firme e intransigentemente, Juhayman Al Ajmi.

Julie Tate contribuyó a este reportaje.

22 de abril de 2009
22 de febrero de 2009
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torturado 183 veces


Dos detenidos fueron torturados con el submarino -amenaza de asfixia por inmersión- 266 veces.
[Scott Shane] Interrogadores de la CIA usaron el submarino, la técnica de amenaza de asfixia por inmersión que altos funcionarios del gobierno de Obama han descrito como tortura ilegal, 266 veces en dos prisioneros claves de al Qaeda, muchas más veces de las que habían informado inicialmente.
En agosto de 2002, los agentes de la CIA aplicaron el submarino al menos 83 veces a Abu Zubaydah, de acuerdo a un memorándum legal de 2005 del ministerio de Justicia. Abu Zubaydah ha sido descrito como un operativo de al Qaeda.
En 2007 un ex agente de la CIA, John Kiriakou, contó al telediario ABC News y otras agencias de prensa que Abu Zubaydah había sido sometido a esta tortura sólo durante 35 segundos antes de que accediera a contar todo lo que sabía.
El memorándum de 2005 también dice que, en marzo de 2003, la CIA sometió al submarino 183 veces a Khalid Shaikh Mohammed, el autodefinido cerebro de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.
El New York times informó en 2007 que Mohammed había sido sometido más de cien veces a severos métodos de interrogatorio, hasta el punto que los agentes de la CIA temieron que pudieran haberse extralimitado y detuvieron su interrogatorio. Pero la cantidad precisa de veces y la naturaleza exacta del método de interrogatorio no eran conocidos entonces.
La liberación de estos datos es probable que se convierta en parte del debate sobre la moralidad y eficiencia de los métodos de interrogatorio que el ministerio de Justicia declaró legales durante el gobierno de Bush, aunque Estados Unidos los había considerado históricamente como tortura.
El presidente Obama piensa visitar la sede de la CIA el lunes y hacer públicos sus comentarios sobre los empleados, así como reunirse en privado con algunos funcionarios, informó el domingo noche un portavoz de la agencia. Será su primera visita a la agencia, cuyo uso de severos métodos de interrogatorio condenó a menudo durante la campaña presidencial y cuyas cárceles secretas ordenó cerrar el segundo día de su mandato.
Agentes de la CIA se habían opuesto a la liberación del memorándum sobre los interrogatorios, fechado el 30 de mayo de 2005, que era uno de los cuatro memoranda legales secretos que Obama ordenó hacer públicos el jueves.
Obama dijo que los agentes de la CIA que aplicaron el submarino y otros métodos severos de interrogatorio con la autorización del ministerio de Justicia no serían procesados. Ha sugerido repetidas veces que se opone a las propuestas parlamentarias de formar una ‘comisión de la verdad’ para examinar los programas antiterroristas del gobierno de Bush, incluyendo los interrogatorios y las interceptaciones ilegales.
El Comité de Inteligencia del Senado empezó una investigación -de un año y a puertas cerradas- del programa de interrogatorios de la CIA, en parte para evaluar las afirmaciones de funcionarios del gobierno de Bush de que el tratamiento brutal de los prisioneros, incluyendo arrojar violentamente a los prisioneros contra las paredes, encadenarlos en posiciones estresantes durante días y encerrarlos en cajas pequeñas, fue necesario para obtener información.
El hecho de que el submarino fue utilizado tantas veces puede hacer surgir dudas sobre su efectividad, así como sobre las afirmaciones de funcionarios del gobierno de Bush de que sus métodos eran utilizados siguiendo instrucciones estrictas.
Una nota al pie de página de otro memorándum de 2005 del ministerio de Justicia, liberado el jueves, dice que el submarino fue utilizado más frecuentemente y con mayor volumen de agua de lo que permitían las reglas de la CIA.
Las nuevas informaciones sobre la cantidad de veces que se usó el método del submarino se hicieron públicas durante el fin de semana, cuando varios blogueros, incluyendo el blog emptywheel de Marcy Wheeler, las descubrieron en el memorándum del 30 de mayo de 2005.
Las frases en el memorándum que contenían esa información habían sido corregidas en algunas copias, pero eran visibles en otras. Informes iniciales sobre los memoranda en el New York Times y otras publicaciones no incluían las cifras.
Michael V. Hayden, director de la CIA durante los dos últimos años del gobierno de Bush, no quiso hacer comentarios cuando le preguntaron en el programa ‘Fox News Sunday’ si Mohammed había sido sometido 183 veces a ese método de tortura. Dijo que creía que esa información seguía siendo clasificada.
Un portavoz de la CIA, localizado el domingo noche, igualmente se negó a hacer comentarios sobre las nuevas informaciones.
Hayden dijo que se había opuesto a la liberación de los memoranda, pese a que el presidente Obama ha dicho que esas técnicas no volverán a ser utilizadas nunca más, porque dirían a al Qaeda "los límites últimos a los que podría llegar cualquier estadounidense para interrogar a un terrorista de al Qaeda".
También puso en duda un artículo publicado el sábado en el New York Times que decía que Abu Zubaydah no había revelado nada después de ser torturado, diciendo que creía que después de ser sometido a técnicas no especificadas, Abu Zubaydah había entregado información que facilitó la captura de otro terrorista, Ramzi Binalshibh.
El artículo del Times, basado en informaciones de ex agentes de inteligencia que hablaron a condición de conservar su anonimato, dijeron que Abu Zubaydah había revelado muchas informaciones antes de que fuera sometido a esta tortura y después de que los guardias le hubiesen desnudado, encerrado en una celda fría e impedido dormir durante la noche. El artículo decía que los interrogadores en la cárcel secreta de Tailandia creían que había entregado toda la información que tenía, pero funcionarios en la sede les ordenaron someterlo al submarino.
No reveló nuevas informaciones después de ser torturado, decía el artículo, una conclusión que parece ser respaldada por una nota al pie de página de un memorándum de 2005 del ministerio de Justicia que dice que, en su caso, el uso de métodos severos parece haber sido "innecesario".

21 de abril de 2009
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vergüenza de las cárceles californianas


Una comisión de jueces ha presentado un plan porque, una vez más, los legisladores le han fallado al estado. Un editorial de Los Angeles Times.
Ahora que una comisión formada por tres jueces federales ha llamado a California a reducir su población carcelaria en casi un tercio, resolviendo en realidad que nuestro inoperante gobierno del estado es incapaz de supervisar el sistema carcelario, nos hace preguntarnos qué otros deberes legislativos podrían ser delegados al poder judicial. ¿La rezonificación? ¿Las escuelas? ¿El presupuesto? No sería exactamente democrático, pero terminaría con la anarquía en Sacramento.
La orden judicial sobre las cárceles no es definitiva y puede ser recurrida, pero es una declaración inconfundible sobre el espectacular fracaso de nuestros legisladores. En las cárceles de California las condiciones de vida son tan malas, y el nivel de atención médica que reciben los reos tan bajo, que el estado está violando las protecciones garantizadas por la Constitución de Estados Unidos. En otras palabras, no tienes que viajar a Bahía Guantánamo para encontrar violaciones a los derechos humanos y de las leyes estadounidenses: simplemente basta con ir a Lompoc.
Las cárceles de California fueron diseñadas para albergar a 84 mil reos, pero alojan ahora a 158 mil. No es un problema nuevo; la crisis de la sobrepoblación viene empeorando desde hace varias décadas, y los expertos en la comisión han sugerido repetidas veces a los legisladores cómo superarla. La Comisión Independiente sobre Control de la Población Carcelaria [Blue Ribbon Commission on Inmate Population Management] de 1990 recomendó cambios en las disposiciones obligatorias de sentencia y las políticas sobre la libertad condicional que han sido reafirmadas numerosas veces desde entonces, más recientemente en informe de la Comisión Little Hoover de 2007. Estas reformas fueron diseñadas para reducir la población carcelaria sin que aumente la delincuencia, concentrando los recursos del estado en los reos realmente peligrosos y aliviando el control de los que no representan una amenaza significativa. Sin embargo, no han sido implementadas nunca por la legislatura, en parte porque sus miembros no quieren por nada del mundo que se los vea como blandos con respecto a la delincuencia.
Por supuesto, hace falta algo más que la reforma de las sentencias y del régimen de libertad condicional para hacer sustentable nuestro sistema carcelario. También se requiere dinero. Parte de la carga del estado será traspasada a los condados, en la medida en que los reos sean enviados a centros comunitarios de rehabilitación, construidos y mantenidos con el dinero de los contribuyentes. Eso probablemente enfurecerá a los votantes, que aprueban continuamente leyes duras contra la delincuencia, como la Propuesta 9 (la ley de Marsy), de noviembre, pero no quieren pagar más impuestos para cubrir esos costes agregados. Debido a que los políticos carecen del coraje para poner fin al círculo vicioso, dejan en manos de una comisión de jueces la solución del problema.
Antes que cooperar con la decisión de la comisión, funcionarios correccionales de California piensan apelar. Entretanto, el gobernador Arnold Schwarzenegger y el fiscal general Jerry Brown han presentado una moción para poner fin a la supervisión judicial del sistema de salud en las prisiones, pese a que las condiciones todavía no están a la altura de las normas constitucionales, esforzándose de este modo por mantener un status quo que es una desgracia nacional. Caso cerrado, Sus Señorías.

21 de abril de 2009
12 de febrero de 2009
©los angeles times 
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para qué sirve la tortura


¿Dio resultado la amenaza del submarino [asfixia por inmersión]? Obama protege a los interrogadores de la CIA frente a acusaciones. La Casa Blanca y el Senado estudian si los duros métodos de interrogatorio fueron o no efectivos. Los informes deben determinar si esos métodos volverán a ser usados por Estados Unidos.
[Greg Miller] Washington, Estados Unidos. La publicación de los memoranda internos sobre interrogatorios durante el gobierno de Bush esta semana respondieron a preguntas largo tiempo formuladas sobre las técnicas utilizadas por la CIA para hacer hablar a los prisioneros, pero abrió un debate en Washington sobre la efectividad de esos métodos.
La Casa Blanca y el Comité de Inteligencia del Senado están en las primeras fases de las pesquisas destinadas a indagar sobre el tema, que después de casi ocho años tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 sigue siendo uno de los más controvertidos en la comunidad de inteligencia.
En respuesta a esos esfuerzos, la CIA ha empezado a reunir miles de despachos clasificados que contienen informes diarios de las cárceles secretas de la agencia, identificando los métodos de interrogatorio utilizados con detenidos de alto valor y la información obtenida.
El resultado de los estudios podría influir en si el gobierno estadounidense volverá a utilizar alguna vez las tácticas de interrogatorio que fueron descritas como fundamentales para la recolección de información durante el gobierno del presidente Bush, pero prohibidas por el presidente Obama a la primera semana en su cargo.
En una indicación de lo sensible que se ha convertido el tema, los críticos de la decisión de liberar los memoranda de la Casa Blanca dijeron que al hacerlo se saboteaba al grupo de trabajo de la Casa Blanca casi antes de que empezara.
El ex director de la CIA, Michael V. Hayden, dijo que la publicación de los memoranda "pone en discusión el estudio ordenado por el presidente porque impedirá que esas técnicas vuelvan a ser utilizadas debido a que nuestros enemigos conocerán todos nuestros métodos". Hayden y otros también cuestionaron el propósito de continuar examinando la efectividad del programa de la CIA si no hay perspectivas de que se puedan volver a utilizar ni los menos severos de esos métodos.

La Liberación de los Memoranda
En una declaración emitida el jueves explicando su decisión de liberar los memoranda, Obama sugirió que se había cerrado la puerta, diciendo que su decisión había sido motivada en parte por su deseo "de asegurar que las acciones descritas en ellos no vuelvan a ocurrir nunca más".
La Casa Blanca y la Oficina del Director de la Inteligencia Nacional se negaron a proporcionar detalles sobre las labores del grupo de trabajo, que Obama formó en enero para examinar el tema de los interrogatorios.
El grupo de trabajo fue encargado de evaluar los métodos de interrogatorio de la CIA y de hacer recomendaciones sobre si la agencia debería recibir autorización para utilizar métodos que van más allá de los límites del Manual de Campo sobre Interrogatorios del Ejército de Estados Unidos. Una portavoz del director de la Inteligencia Nacional se negó a hacer comentarios, excepto para decir que el grupo de trabajo continuaría sus labores.
Se dice que el grupo de trabajo estudiará los métodos de interrogatorio utilizados por el FBI, las Fuerzas Armadas y la CIA.
El Comité de Inteligencia del Senado ha iniciado una investigación separada que se concentra exclusivamente en evaluar la efectividad de los métodos utilizados por la CIA tras los atentados del 11 de septiembre.
Un asesor demócrata del Senado involucrado en el asunto dijo que la liberación de los memoranda no entorpecía la investigación. Hasta ahora, dijo el asesor, "lo único que se sabe sobre estas técnicas es lo que han dicho [el ex vicepresidente] Dick Cheney, Hayden y otros".
El asesor también puso en dudas las sugerencias de que la publicación de esos métodos los hace inútiles.
"No hay ningún secreto sobre los interrogatorios del FBI y las fuerzas armadas, pero todavía son efectivas", dijo el asesor, hablando a condición de preservar el anonimato debido a que no está autorizado a hablar sobre el tema.

Cárceles Secretas
Los memoranda liberados el jueves ofrecen una visión de las actividades de las cárceles secretas norteamericanas en todo el mundo. Un documento de 2002, por ejemplo, describe la creciente frustración entre operativos de la CIA con el nivel de cooperación que estaban recibiendo de un alto operativo de al Qaeda, llamado Abu Zubaydah.
"El equipo de interrogadores tiene la certeza de que posee información adicional que se niega a confesar", incluyendo potenciales conspiraciones contra Estados Unidos, escribió un funcionario del ministerio de Justicia.
Los interrogadores se quejaban de que Zubaydah, acusado de ser un facilitador clave de la red terrorista, se había acostumbrado a los métodos utilizados con él, y querían autorización para entrar en una ‘fase de mayor presión’.
Finalmente Zubaydah fue sometido a una batería de métodos de interrogatorio, incluyendo impedirle dormir, obligarlo a meterse en una caja pequeña y amenazarlo con ahogarlo mediante la técnica conocida como el submarino.
Los documentos no proporcionan detalles sobre los resultados de los métodos. Bush y funcionarios de la inteligencia norteamericana dijeron que Zubaydah proporcionó subsecuentemente datos cruciales que permitieron que la CIA capturara a otros operativos de al Qaeda, incluyendo al auto-proclamado cerebro de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Khalid Shaikh Mohammed, y desbaratar varias otras conspiraciones.
Funcionarios de la inteligencia estadounidense pasados y actuales dijeron que los despachos de la CIA sobre Zubaydah y otros prisioneros sostienen fuertemente la proposición de restaurar la capacidad de la agencia para utilizar algunos métodos coercitivos de interrogatorio, incluso si no se le permite el recurso a métodos más severos, como la amenaza de asfixia por inmersión.
Pero los críticos han cuestionado el valor de las informaciones proporcionadas por Zubaydah, así como la necesidad del uso de los métodos mejorados.

19 de abril de 2009
©los angeles times 
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