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derechos humanos

fotógrafo en antesala de la muerte


[Seth Mydans] Desde detrás de una cámara en un centro de torturas de los Khmer Rouge.
Phnom Penh, Camboya. Él tenía un trabajo que hacía, y lo hacía maravillosamente bien, bajo amenaza de muerte, oyendo los gritos de los torturados: fotografiando metódicamente a los prisioneros de los Khmer Rouge y produciendo una inolvidable colección de fotos de fichero policial que se ha convertido en el símbolo visual de las masacres en Camboya.
"Soy simplemente un fotógrafo, no sé nada", dijo que decía a los prisioneros recién llegados cuando les quitaba la venda y ajustaba el ángulo de sus cabezas. Pero sabía, a diferencia de ellos, que todos serían asesinados.
"Yo tenía mi trabajo. Y tenía que proteger mi trabajo", dijo en una entrevista hace poco. "Todos tenemos responsabilidades. A mí no se me dejaba hablar con los prisioneros".
Eso fue hace tres décadas, cuando el fotógrafo, Nhem En, ahora de 47, era miembro del personal de la cárcel de Tuol Sleng, el más infame centro de tortura del régimen de los Khmer Rouge, que causó la muerte de 1.7 millones de personas entre 1975 y 1979.
Esta semana fue llamado a declarar como testigo en el juicio de los líderes de los Khmer Rouge, y entre ellos el comandante de la prisión, Kaing Geuk Eav, conocido como Duch, que ha sido arrestado y acusado de crímenes contra la humanidad.
Aún faltan meses para el juicio, pero los fiscales ya están entrevistado a testigos, revisando decenas de miles de páginas de documentos y firmando órdenes de detención.
Como un cuadro de bajo nivel en la época, Nhem En no corre peligro de ser detenido. Pero tiene la posibilidad de entregar un testimonio personal en el juicio sobre el hombre para el que trabajó durante tres años.
En la entrevista, Nhem En habló con orgullo de vivir de acuerdo a las severas normas de un patrón que era maestro del control negativo.
"Mi trabajo era realmente duro", dijo. "Tenía que limpiar, revelar y secar las fotos yo mismo y llevarlas personalmente a Duch. No podía cometer ni un solo error. Si se perdía una de esas fotos, me matarían".
Pero dijo: "Duch me apreciaba porque soy limpio y organizado. Me regaló un Rolex".
Huyendo con otros cuadros khmer cuando el gobierno fue derrocado por la invasión vietnamita de 1979, Nhem En dijo que trocó su reloj por veinte latas de arroz.
Desde entonces se ha adaptado y prosperado y ahora es teniente de alcalde en el antiguo bastión khmer de Anlong Veng. Se pasó de un partido de oposición al partido del primer ministro Hun Sen, y hoy lleva un reloj de pulsera con los retratos gemelos del primer ministro y su mujer, Bun Rany.

El mes pasado un tribunal internacional arrestó y acusó a un segundo personaje de los Kmer Rouge, que está ahora con Duch en un centro de detención. Se trata de Nuon Chea, 82, el principal ideólogo del movimiento y mano derecha del líder de los Khmer Rouge, Pol Pot, que murió en 1998.
Se espera que otros tres dirigentes sean detenidos en las próximas semanas: el elegante ex jefe de estado khmer, Khieu Samphan, junto con el ex ministro de relaciones exteriores, Ieng Sary, y su esposa y compañera en el comité central, Ieng Thirith.
Todos se beneficiarán con los caprichos de Nuon Chea, que se ha quejado de que la taza turca de su calabozo le causa dolor a las rodillas y le instalaron un inodoro corriente.
Inodoros similares están siendo instalados en otras celdas, dijo el portavoz del tribunal, Reach Sambath. "Así van a disfrutar de inodoros de alto nivel cuando vengan".
No está claro si los casos son combinados. Pero incluso si los acusados no se ven unos a otros, sus declaraciones, armoniosas o discordantes, exhibirán las relaciones de algunas de las personas que en el pasado dirigieron la máquina de matar del país.
En una entrevista de 1999, Duch implicó a Nuon Chea en los asesinatos, mencionando entre otras cosas una directriz que decía: "Matadlos a todos".
La carrera de Nhem En en los Khmer Rouge empezó en 1970 a los nueve cuando fue reclutado en su aldea para ser el tamborilero de una banda revolucionaria. Cuando llegó a los dieciséis, dijo, fue enviado a China para un curso de fotografía de siete meses.
Se convirtió en el jefe de seis fotógrafos en Tuol Sleng, donde al menos catorce mil personas fueron torturadas hasta la muerte o enviadas a campos de exterminio. Sobrevivieron apenas una media docena de prisioneros.
Era un artista, y algunos de sus retratos, cuidadosamente posados e iluminados, se han hecho camino hacia las galerías de arte de Estados Unidos.

Cientos de sus fotos cuelgan ahora en hileras en las paredes de Tuol Sleng -que es ahora un museo-, invitando con sus miradas a los visitantes a que busquen un significado aquí en el centro de la muerte. De hecho, están mirando a Nhem En.
El trabajo era aburrido, dijo: se levantaba a las seis y media de la mañana, seguía un rápido desayuno colectivo de pan y arroz y algo dulce, y debía estar en su puesto de trabajo a las siete para esperar la llegada de los prisioneros. Se los anunciaban por teléfono: a veces uno, a veces un grupo, a veces camionadas de ellos, dijo.
"Llegaban con la vista vendada, y yo tenía que quitarles la tela", dijo.
"Yo estaba solo en el cuarto, así que es a mí a quien veían. Me preguntaban: ‘Por qué me han traído aquí? ¿De qué me acusan? ¿Qué hice mal?'"
Pero Nhem En los ignoraba.
"‘Mire hacia adelante. No incline la cabeza ni a la derecha ni a la izquierda'. Eso es todo lo que les decía", dijo. "Tenía que decirles eso para que la foto saliera bien. Luego se los llevaban al centro de interrogatorios. El deber del fotógrafo era simplemente tomar la foto".

29 de octubre de 2007
25 de octubre de 2007
©new york times
©traducción mQh
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fbi quiere mejorar acusaciones


[Josh Meyer] En casos de al-Qaeda. Estados Unidos teme que evidencias obtenidas en interrogatorios de la CIA sean inadmisibles en tribunales por crímenes de guerra.
Washington, Estados Unidos. El FBI está reconstruyendo discretamente las acusaciones contra Khalid Shaikh Mohammed y otros catorce líderes acusados de al-Qaeda, retenidos en Bahía Guantánamo, Cuba, impulsado en parte por temores de que años de interrogatorios de la CIA hayan producido evidencias que son inadmisibles o demasiado polémicas como para presentarlas en sus próximos tribunales por crímenes de guerra, dijo funcionarios de gobierno interiorizados de las pesquisas.
El proceso es embarazoso para el gobierno de Bush, que mantuvo a los hombres incomunicados durante años en el extranjero y permitía que la CIA utilizara métodos coercitivos para extraer de ellos información que no serían admisibles en un tribunal norteamericano -y podrían no ser admitidas en sus comisiones militares, dijeron ex funcionarios y juristas. Incluso si se admitiera la información proveniente de interrogatorios de la CIA, dijeron, sería probablemente un riesgo concentrar los juicios en las actividades de la agencia y no en los acusados.
Las investigaciones del FBI, que implican a unos trescientos agentes y analistas en un ‘destacamento Guantánamo', se vienen realizando desde hace dos años. Fueron encargadas por el ministerio de Defensa poco después de resoluciones judiciales que indicaban que Mohammed -el autoproclamado cerebro de los atentados terroristas del 11 de septiembre- y los otros miembros de al-Qaeda deberían tener alguna forma de juicio en el que se presentasen evidencias, de acuerdo a funcionarios policiales federales.
El destacamento ha revisado la inteligencia disponible, entrevistado a los quince líderes de al-Qaeda acusados y viajado a varios países para hablar con testigos y reunir evidencias para ser presentadas al tribunal, dijeron los funcionarios policiales federales. Como la mayoría de los otros entrevistados para este artículo, hablaron a condición de conservar el anonimato, mencionando la sensibilidad de las investigaciones, que están siendo coordinadas con el Pentágono.
Un oficial norteamericano estacionado en Pakistán que ha participado en la cacería de los cabecillas de al-Qaeda desde 2001, dijo que hace cuatro meses había sido entrevistado por agentes del FBI en Washington. Estaban "investigando agresivamente a KSM y todas las cosas en las que estuvo implicado", dijo, refiriéndose al terrorista acusado por sus iniciales.
El FBI está especialmente interesado en Mohammed, el que durante los más de tres años que pasó retenido por la CIA se fanfarroneaba de que había matado al periodista Daniel Pearl, del Wall Street Journal, y organizado más de dos docenas de atentados terroristas. Varios funcionarios antiterroristas dijeron que creían que Mohammed confesó algunos delitos falsamente, incluyendo el asesinato de Pearl, bajo apremios o para obscurecer el papel jugado por operativos que puedan estar libres todavía.
El juicio de Mohammed será el centro de mesa de las comisiones militares, que podrían ocurrir recién el próximo año. Sin embargo, algunos funcionarios norteamericanos familiarizados con ellas dijeron que los tribunales podrían ser retrasados durante años por impugnaciones jurídicas.
Los esfuerzos del FBI parecen ser en parte una protección en caso de que las comisiones sean consideradas inconstitucionales o no ocurran nunca, o se cierre el centro de detención militar de Bahía Guantánamo. Con esas perspectivas, las autoridades tendrían que dejar en libertad a los prisioneros, transferirlos a custodia militar en otro lugar, enviarlos a otro país o hacer que la policía reúna suficientes evidencias para acusarlos de terrorismo en tribunales federales norteamericanos, dijeron actuales y pasados funcionarios contraterroristas y juristas.
"Creo que no es una sorpresa que hayan tenido que llamar al FBI para limpiar el caos que dejó la CIA con su programa de detenciones secretas", dijo Jumana Musa, de Amnistía Internacional. "Sería inteligente usar evidencias que no provengan de detenciones secretas, interrogatorios y torturas".
El agente especial Richard Kolko, portavoz del FBI, dijo que las investigaciones eran una prolongación natural de un continuado esfuerzo de las agencias. "El FBI apoyará el juicio de KSM y otros detenidos de alto valor poniendo su experiencia y conocimiento investigativo y evidencias a disposición del equipo de la fiscalía", dijo. Refirió otras preguntas al ministerio de Defensa.
El comandante de la Armada, Jeffrey D. Gordon, portavoz del Pentágono, dijo que el ministerio de Defensa estaba trabajando estrechamente con sus contrapartes de las otras agencias en la "redacción de la acusación contra KSM y otras decenas de hombres en Guantánamo acusados de cometer violaciones a la ley de guerra -incluyendo los atentados del 11 de septiembre de 2001, el atentado con el USS Cole y los atentados contra las embajadas en África del Este en 1988".
Ninguno de los dos, ni el portavoz de la CIA George E. Little quisieron comentar sobre si las investigaciones del FBI estaban siendo realizadas para reforzar las deficiencias en las acusaciones contra Mohammed y los otros que son, al menos en parte, el resultado de los interrogatorios de la CIA.
Funcionarios del FBI entrevistados para este artículo enfatizaron que las pesquisas del buró no pueden ser vistas como un rechazo de las labores de la CIA, observando que la principal responsabilidad de la agencia de espionaje ha sido reunir inteligencia para impedir futuros atentados, y no recabar evidencias para el juicio.
Pero algunos antiguos y actual funcionarios norteamericanos dijeron que los temores sobre la potencial inadmisibilidad de los interrogatorios de la CIA, y las polémicas que los rodean, fueron las principales razones por las que fueron enviados los agentes del FBI a reunir más evidencias, y en algunos casos volver a entrevistar a sospechosos y testigos.
El FBI y la CIA parecen encaminadas hacia un enfrentamiento sobre el tema de los interrogatorios de los detenidos desde poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Desde el principio el FBI ha jugado un papel central en la cacería de los cabecillas de al-Qaeda, ayudando a la CIA, a las fuerzas armadas y a gobiernos extranjeros a perseguirlos y procesar evidencias contra ellos. Agentes del FBI ayudaron inicialmente a entrevistar a algunos de los sospechosos, con la intención de reunir evidencias para una juicio penal.
Después de la captura de Mohammed en marzo de 2003 en Pakistán, algunos agentes del FBI y fiscales federales dejaron en claro que lo querían juzgar ante un jurado. El cabecilla de al-Qaeda ha sido acusado por un gran jurado en Nueva York en 1996 por su papel en una presunta trama en Filipinas para hacer volar aviones de pasajeros en vuelo sobre el Océano Pacífico.
Pero la CIA decidió más agresivamente encargarse de los interrogatorios de Mohammed y otros importantes detenidos de al-Qaeda, empezando con Abu Zubeida, coordinador de los campamentos de adiestramiento que fue capturado en Pakistán en 2002. Actuales y antiguos funcionarios del FBI dijeron que la agencia de espionaje empezó a usar métodos coercitivos, tales como simulacro de asfixia por inmersión, en un intento de lograr que los detenidos hablaran inmediatamente sobre los planes de la red terrorista.
Funcionarios de la CIA dijeron al Times que con el interrogatorio de Zubeida el FBI no estaba obteniendo las informaciones sobre ataques inminentes que ellos sabían que sí poseía, y que sus técnicas ‘mejoradas' finalmente eran mejores y más rápidas. Actuales y antiguos funcionarios del FBI dijeron que esas técnicas de la CIA producían confesiones falsas.
Para mediados de 2002, varios ex agentes y altos funcionarios de escritorio dijeron que habían empezado a quejarse de que el programa de interrogatorios de la CIA era equivalía a tortura y que crearía serios problemas en el camino, especialmente si el gobierno de Bush se veía obligado a permitir que los sospechosos de al-Qaeda enfrentaran a sus acusadores en tribunales.
Algunos se dirigieron al director del FBI, Robert S. Mueller III, de acuerdo a ex funcionarios del buró. Dijeron que Mueller impidió que los agentes tuvieran incluso papeles de apoyo en los interrogatorios para evitar exponerlos a riesgos jurídicos, en la creencia de que las opiniones de la Casa Blanca y el ministerio de Justicia que autorizan las técnicas coercitivas debían ser revocadas.
"Esos tipos estaban usando métodos que no queríamos que se aplicaran", dijo un alto funcionario policial. "La CIA determinó que iban a torturar a los detenidos, y nosotros tomamos la decisión de no estar implicados".
Un funcionario del FBI que se ha jubilado desde entonces, dijo que él también se quejó por la falta de evidencias utilizables y por las declaraciones admisibles que se estaban recolectando. "Sabíamos entonces que tendríamos problemas. Pero nadie nos escuchó", dijo. "Ahora tienen que aplicar la política que adoptaron. No sé si alguien pensó en las consecuencias".
Otro agente jubilado del FBI que ayudó a dirigir las investigaciones del buró sobre al-Qada dijo que una falla fundamental en el proceso judicial fue que los terroristas acusados deben usar el derecho a enfrentarse a sus acusadores en un tribunal -incluso si es militar. Y es probable que la CIA prohíba que sus agentes suban al estrado para ser interrogados sobre sus técnicas de interrogatorio y otros aspectos altamente clasificados del programa de detenidos de la agencia de espías.
"Se han colocado ellos mismos en una situación muy delicada", dijo el ex agente. "Tienen que hacer todo de nuevo porque tienen que presentar declaraciones limpias de esos detenidos, y deben ser obtenidas por gente de las agencias policiales que puedan prestar declaración. Los agentes de la CIA no van a decir nada, ni deberían".
El portavoz del Pentágono, Gordon, y el portavoz del CIA, Little, dijeron que no se había tomado una decisión sobre cuánta información reunida por la CIA, incluyendo los interrogatorios, será admitida como evidencia por las comisiones. También dijeron que era muy pronto para saber si los agentes de la CIA declararían o no, aunque las salas donde sesionarán las comisiones militares, dijo Gordon, serán habilitadas con tabiques para proteger la identidad de los testigos y con botón de silencio para proteger los testimonios clasificados.
"Cuando se trata de detenidos de alto valor", dijo Little, "se debe en gran parte a los esfuerzos de la CIA -aplicando un proceso legal, efectivo y seguro- los que llevaron a estos terroristas a compartir inteligencia concreta y operacional que nuestro gobierno utilizó para identificar a otros terroristas y desbaratar sus planes".
Algunos ex funcionarios del FBI y analistas jurídicos dijeron que incluso si las evidencias reunidas mediante interrogatorios de la CIA fueran declaradas admisibles, perderían mucha credibilidad debido a las acusaciones de coerción y torturas.
Funcionarios de la CIA dijeron que ellos nunca torturaron a los detenidos y que operaron dentro de la ley.
Finalmente algunos de los sospechosos de terrorismo confesaron. Pero las técnicas coercitivas provocan el escepticismo de algunos funcionarios de la CIA en cuanto a si se puede creer en sus confesiones, para no mencionar si se las podría defender en algún tribunal, dijo un ex agente encubierto contraterrorista de la CIA.
La decisión de minimizar el papel del FBI en el interrogatorio de sospechosos "fue considerada por muchos como un error, en parte porque los agentes de la CIA no tienen experiencia suficiente para determinar qué es evidencia y qué no", dijo el funcionario. "Y ahora tenemos todas esas consecuencias".
Musa, de Amnistía Internacional, dijo: "La gente como KSM debería rendir cuentas. Y la real tragedia sería que el tema central de las comisiones no fuera la conducta de Mohammed y los otros, sino la conducta de la CIA".
Funcionarios policiales federales creen que han reunido suficiente evidencias admisibles para juzgar a los detenidos de alto valor. "Hemos hecho todo de nuevo, y toda está en orden", dijo un funcionario. "Así que ¿cuál es el problema?"

josh.meyer@latimes.com

26 de octubre de 2007
21 de octubre de 2007
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jimmy carter denuncia torturas


Según ex presidente Jimmy Carter, Estados Unidos está torturando a prisioneros.
Washington, Estados Unidos. Estados Unidos tortura a sus prisioneros y viola así el derecho internacional, declaró el miércoles el ex presidente Jimmy Carter, agregando que el presidente Bush hace definiciones personales de tortura.
"Por primera vez en mi vida nuestro país ha abandonado los principios básicos de derechos humanos", dijo Carter en CNN. "Hemos declarado que las Convenciones de Ginebra no se aplican a los detenidos en la cárcel de Abu Ghraib y en Bahía Guantánamo, y hemos declarado que podemos torturar a los prisioneros y privarlos de la formulación de cargos".
Bush, en respuesta a un informe del New York Times sobre memoranda secretos del ministerio de Justicia el 4 de octubre, que justifican el uso de "severas técnicas de interrogatorio", defendió el viernes los métodos proclamando que "este gobierno no tortura".
Carter dijo que los métodos de interrogatorio mencionados por el Times, incluyendo "golpes en la cabeza, simulacros de asfixia por inmersión y exposición a temperaturas gélidas", constituyen tortura "si se utilizan las normas internacionales que definen tortura... ciertamente en los últimos sesenta años desde que se proclamara la Declaración Universal de Derechos Humanos.
"Pero no podemos hacer nuestras propias definiciones de derechos humanos y luego decir que no violamos esos derechos", dijo Carter.
En una entrevista que fue emitida el miércoles por la BBC, Carter describió al vicepresidente Dick Cheney como "un militante que eludió servir en las fuerzas armadas".
Carter dijo también que Cheney ha sido "un desastre para nuestro país. Creo que tiene demasiada influencia sobre el presidente George Bush".
La portavoz de Cheney, Megan Mitchell, se negó a comentar las acusaciones de Carter.
"No vamos a responder a este tipo de retórica", dijo.
En la entrevista con CNN, el ex presidente demócrata desaprobó el campo de los candidatos presidenciales republicanos.
"Parecen que están tratando de superarse unos a otros en cuanto a quién declara primero la guerra a Irán, quién quiere mantener abierta la cárcel de Guantánamo y ampliar su capacidad... cosas de ese tipo", dijo Carter.
Dijo que no estaba de acuerdo con las posiciones adoptadas por los senadores demócratas Hillary Clinton y Barak Osama, que se han negado a prometer que retirarán las tropas norteamericanas de Iraq dentro de los siguientes cuatro años si este próximo año son elegidos presidentes.

11 de octubre de 2007
©washington post
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plaga de violaciones en congo


[Jeffrey Gettleman] Ola de violaciones agudiza drama de la guerra en el Congo.
Todos los días diez nuevas mujeres y niñas que han sido violadas se acercan a su hospital. Muchas han sido atacadas con tanto sadismo, con sus entrañas destrozadas con bayonetas, golpeadas con pedazos de madera, que sus sistemas digestivos y reproductivos ya no pueden ser curados.
"No sabemos por qué están ocurriendo esas violaciones, pero una cosa está clara", dijo el doctor Mukwege, que trabaja en la provincia del Kivu del Sur, el epicentro de la epidemia de violaciones del Congo. "Lo hacen para destruir a las mujeres".
El este del Congo está atravesando por otro de sus estallidos de violencia, y esta vez parece que las mujeres están siendo atacadas sistemáticamente a una escala nunca vista antes. De acuerdo a Naciones Unidas, en 2006 se denunciaron 27 mil agresiones sexuales solamente en la provincia de Kivu del Sur, y puede ser apenas una fracción del número total en todo el país.
"La violencia sexual en el Congo es la peor del mundo", dice John Holmes, subsecretario general de asuntos humanitarios de Naciones Unidas. "La enorme cantidad, la violencia indiscriminada, la cultura de la impunidad... Es atroz".
Se suponía que los días de caos habían sido superados en el Congo. El año pasado, este país de 66 millones de habitantes realizó unas históricas elecciones que costaron quinientos millones de dólares y debían en teoría poner fin a las varias guerras y rebeliones en el Congo, y su tradición de gobiernos épicamente malos.
Pero las elecciones no han reunificado al país ni han fortalecido de manera significativa la posición del gobierno congoleño para terminar con las tropas renegadas, muchas de ellas extranjeras. El sistema judicial y las fuerzas armadas apenas si funcionan y funcionarios de Naciones Unidas dicen que las tropas del gobierno congoleño se encuentran entre los peores infractores cuando se trata de violaciones. Grandes tramos del país, especialmente en el este, siguen siendo zonas anárquicas donde los civiles viven a merced de grupos fuertemente armados que han hecho de la guerra su modo de vida y sobreviven atacando aldeas y secuestrando mujeres por rescate.
De acuerdo a las víctimas, uno de los grupos más recientes es llamado de los ‘rastas', una misteriosa banda de fugitivos con el pelo liado que viven en lo más profundo de la selva, llevan chandal y jerseyes de Los Angeles Lakers y se caracterizan porque queman a bebés, secuestran a mujeres y cortan literalmente en pedazos a cualquiera que encuentren en el camino.
Funcionarios de Naciones Unidas dijeron que los llamados rastas fueron en el pasado parte de las milicias hutu que huyeron a Ruanda después de cometer genocidio allá en 1994, pero ahora parece que se han escindido y se especializan en atrocidades independientes.

Honorata Barinjibanwa, una chica de 18 años de pómulos prominentes y cabizbaja, dijo que fue secuestrada en una aldea durante un ataque de los rastas en abril y mantenida como esclava sexual hasta agosto. La mayor parte del tiempo lo pasó amarrada a un árbol, y todavía se pueden ver en su delicado cuello las marcas de las cuerdas. Los hombres la soltaban algunas horas al día para violarla en grupo, dijo.
"Estoy débil, tengo hambre, no sé cómo reiniciar mi vida", dijo en el Hospital Panzi, en Bukavu, donde fue llevada tras ser liberada por sus secuestradores.
También está embarazada.
Aunque la violación ha sido siempre un arma de guerra, los investigadores dicen que temen que en el Congo el problema se haya convertido en un fenómeno social más amplio.
"Ya no tiene nada que ver con la guerra", dijo Alexandra Bilak, que ha estudiado a los varios grupos armados en los alrededores de Bukavu, a orillas del Lago Kivu. Dijo que el número de mujeres maltratadas e incluso asesinadas por sus maridos había aumentado y que la brutalidad hacia las mujeres se había convertido en algo "casi normal".
Malteser International, una organización de ayuda europea que gestiona varias clínicas en el este del Congo, estima que este año tratará unos ocho mil casos de violencia sexual, en comparación con los 6.338 del año pasado. La organización dijo que en una ciudad, Shabunda, el 70 por ciento de las mujeres dijeron que estaban siendo brutalizadas sexualmente.
En el Hospital Panzi, donde Mukwege realiza hasta seis operaciones relacionadas con casos de violación, todas las camas están ocupadas por mujeres que yacen de espaldas mirando el techo, con bolsas de colostomía colgando junto a ellas debido a las lesiones internas.
"Todavía tengo dolor y siento escalofríos", dijo Kasindi Wabulasa, una paciente que fue violada en febrero por cinco hombres. Los hombres colocaron el caño de un rifle AK-47 contra el pecho de su marido y lo obligaron a mirar, diciéndole que si cerraba sus ojos le dispararían. Cuando terminaron, dijo Wabulasa, lo mataron de todos modos.
En casi todos los casos denunciados, los culpables son descritos como hombres jóvenes y armados, y en las colinas engañosamente bellas aquí, no escasean: soldados del gobierno, mal pagados y a menudo renegados; milicias locales llamadas mai-mai, que se embadurnan con aceite antes de entrar en batalla; miembros de grupos paramilitares originalmente de Ruanda y Uganda que han desestabilizado el área en los últimos diez años a la búsqueda de oro y otros minerales que se puede extraer del territorio congoleño.
Los ataques continúan, a pesar de la presencia de la fuerza de pacificación más grande de Naciones Unidas en el mundo, con más de 17 mil soldados.
No perdonan a nadie. Mukwege dijo que su paciente más vieja tenía 75, la más joven, tres.
"Algunas de estas niñas, cuyas entrañas han sido destruidas, son tan jóvenes que no entienden qué les pasó", dijo Mukwege. "Me preguntan si podrán tener hijos alguna vez, y es difícil mirarlas a los ojos".
Nadie -médicos, socorristas, investigadores congoleños y occidentales- pueden explicar exactamente por qué está ocurriendo esto.
"Ese es el problema", dijo André Bourque, un consultor canadiense que trabaja con grupos de ayuda en el este del país. "La violencia sexual en el Congo alcanza niveles que no se han visto nunca en ninguna parte. Es incluso peor que Ruanda durante el genocidio".
La impunidad puede ser uno de los factores que la explican, agregó Bourque, diciendo que pocos victimarios son alguna vez castigados.
Muchos socorristas congoleños negaron que el problema fuera cultural e insistieron en que las violaciones generalizadas no eran el producto de algo enraizado en la manera en que los hombres tratan a las mujeres en la sociedad congoleña. "Si ese fuera el caso, esto se habría visto hace mucho tiempo", dijo Wilhelmine Ntakebuka, que coordina un programa contra la violencia sexual en Bukavu.
En lugar de eso, dijo, la oleada de violaciones parece haber empezado a mediados de los años noventa. Eso coincide con las bandas de milicianos hutu que escaparon hacia las selvas del Congo después de exterminar a unos ochocientos mil tutsi y hutu moderados durante el genocidio de Ruanda hace trece años.
Holmes dijo que aunque las tropas del gobierno pueden haber violado a miles de mujeres, la mayoría de los ataques más violentos han sido realizados por milicias hutu.
"Son personas que participaron en el genocidio y están psicológicamente destruidas", dijo.
Bourque llama a este fenómeno una "reversión de valores" y dijo que podía generarse en áreas fuertemente traumatizadas que han estado implicadas en la guerra durante muchos años, como en el este del país.
Este lugar, uno de los paisajes más escénicos, verdes y montañosos de África central, continúa repercutiendo con las secuelas del genocidio en el país vecino. Cerca de Bukavu ha habido enfrentamientos hace poco entre el ejército congoleño y Laurent Nkunda, un general disidente que dirige una formidable fuerza rebelde. Nkunda es un tutsi congoleño que ha acusado al ejército congoleño de apoyar a las milicias hutu, lo que el ejército niega. Nkunda dice que su grupo está simplemente protegiendo a los civiles tutsi para impedir que vuelvan a ser agredidos.
Pero sus hombres no son mucho mejor.

Willermine Mulihano dice que fue violada dos veces -primero por milicianos hutu hace dos años, y luego, en julio, por soldados de Nkunda. Dos soldados la sujetaron con las piernas abiertas mientras otros tres se turnaron para violarla.
"Cuando pienso en lo que pasó", dijo, "me siento aprensiva y desolada".
También se siente sola. Su marido se divorció de ella después de la primera violación, diciendo que estaba enferma.
En algunos casos, las agresiones se dirigen contra civiles atrapados en el fuego cruzado entre grupos en conflicto. En un pueblo cerca de Bukavu donde en mayo violaron a 27 mujeres y mataron a 18 civiles, los atacantes dejaron una nota en mal swahili diciendo a los aldeanos que la violencia continuaría mientras hubiera tropas del gobierno en la zona.
Las tropas de Naciones Unidas aquí están aumentando sus esfuerzos para proteger a las mujeres.
Hace poco iniciaron lo que llaman ‘focos nocturnos': tres camiones con soldados entran a la selva y mantienen sus focos encendidos toda la noche como señal, tanto para civiles como para grupos armados, que los soldados han llegado. A veces, cuando llega el día, se encuentran hasta tres mil aldeanos durmiendo en el suelo junto a los camiones.
Pero el problema parece mayor que los recursos destinados a combatirlo.
El Hospital de Panzi tiene 350 camas, y aunque se está construyendo un nuevo pabellón específicamente para víctimas de violaciones, el hospital envía a las mujeres de regreso a sus pueblos antes de que estén completamente recuperadas, debido a que necesita el espacio para la interminable fila de nuevos ingresos.
Mukwege, 52, dijo que recordaba los días en que Bukabu era conocida por sus espectaculares vistas del lago y parques nacionales cercanos, como Kahuzi-Biega.
"Antes había por aquí un montón de gorilas', dijo. "Pero ahora han sido remplazados por bestias mucho más salvajes".

8 de octubre de 2007
©new york times
©traducción mQh
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jóvenes con chalecos de fuerza


[Eduardo Videla] Internados en una clínica porteña. Encontraron a menores internados junto a mayores y a dos chicos atados a la cama.
Buenos Aires, Argentina. La Justicia investiga las condiciones en que están internados niños, jóvenes y adultos en una clínica psiquiátrica del barrio de Palermo. La denuncia fue radicada por una defensora de menores, quien tras una inspección sorpresiva a la institución detectó, entre otras irregularidades, niños internados, sujetados con chalecos de fuerza y atados a la cama. La denuncia fue efectuada el viernes 7 de septiembre último y el mismo día concurrió al lugar el fiscal en lo Contravencional Carlos Andrés Gómez Ríos, quien pudo comprobar las "condiciones infrahumanas" en que se hallaban internados algunos pacientes, según reveló a este diario una fuente del Ministerio Público porteño. El fiscal investiga además el presunto hostigamiento de los responsables de la clínica hacia la defensora y una colaboradora que la acompañaba, para que cese la inspección.
La institución denunciada es la Clínica de Psicopatología Nuestra Señora de Luján, que funciona en la calle Cabrera 3373, en el barrio de Palermo. Se trata de una institución que tiene convenio con la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia de la Nación, desde donde le derivan pacientes judicializados por patologías psiquiátricas.
El caso se generó a partir de la visita a la institución de la defensora pública de menores e incapaces en lo civil, María Carolina Paladini. La funcionaria concurrió al lugar, en su condición de coordinadora de la Comisión de Seguimiento del Tratamiento Institucional de Niñas, Niños y Adolescentes de la Defensoría General de la Nación, cuya misión es supervisar las condiciones de internación de los menores alojados tanto en los llamados institutos correccionales como en clínicas psiquiátricas.
La visita, a su vez, se había originado en la denuncia presentada por la tutora pública oficial Liliana Iurman, sobre la posible sujeción de pacientes con chalecos de fuerza en esa clínica psiquiátrica. "No encontramos a este chico, ya que había sido trasladado a otra institución, pero vimos en una de las salas a una chica de 22 años enchalecada y atada con una soga a la cama, a la que una enfermera le daba la comida", contó la defensora a Página/12. La enfermera explicó que la chica estaba en esa situación por orden médica "debido a que se tornaba muy agresiva y podía autoagredirse o agredir a terceros".
En su denuncia, la defensora relató que la enfermera no tenía asistente y atendía sola a nueve pacientes; que las jóvenes internadas estaban "vestidas con prendas en estado deplorable" y que era "notorio el olor a orina que se encontraba en el ambiente".
En otro sector del mismo piso, la defensora se encontró con el lugar de internación de los varones, donde "había menores y mayores juntos", y en un pequeño cuarto, ocho personas almorzando. "Allí detectamos una puerta cerrada y cuando la abrimos vimos a un chico de 17 años que estaba maniatado a la espalda, boca abajo, atado con una soga a la cama, que cuando nos vio, levantó la cabeza y nos dijo: ‘Mamá'", relató Paladini a este diario.
"Les pedí la orden médica que indicara esa forma de sujeción, pero dijeron que no la encontraban –agregó la funcionaria–. Al final, la enfermera reconoció que no podía con todos, entonces ataba a este chico para que después darle de comer a él solo."
Como si ese cuadro no fuera suficiente, la funcionaria judicial detectó la presencia en el lugar de un adolescente que no presentaba un cuadro severo, como el resto de los internados. Le respondieron que se encontraba allí "en forma transitoria, debido a la falta de camas".
Las condiciones de internación quedaron plasmadas en fotografías, que fueron tomadas por una colaboradora de la defensora. "Aunque no se tomaron fotos de pacientes, sino de las condiciones edilicias, una enfermera comenzó a increparnos y llamó al personal de seguridad", relató Paladini. "Eran tres personas, uno de ellos, llamado Gabriel, era el más agresivo y alterado. Nos decían que estábamos en el lugar sin autorización", agregó.
Fue entonces que, según relató Paladini, apareció el director de la institución, el médico Luis Dacuña, quien intentó justificar el clima reinante entre su personal argumentando: "Están un poco alterados, muy susceptibles, debido a las denuncias y auditorías que se hacen".
Las cosas no terminaron allí: las dos mujeres fueron llevadas a la dirección, donde fueron interrogadas "en forma intimidatoria y amenazante" por el director, el abogado de la clínica, Germán Giménez, y el mencionado Gabriel. "No había forma de hacerles entender la función de la Comisión de Seguimiento y las inspecciones que se hacen en ese marco", explicó Paladini.
Por esa circunstancia, la defensora presentó una denuncia en la Comisaría 21ª, por la presunta contravención de hostigamiento. Esa denuncia fue radicada en la Fiscalía Nª 5, a cargo de Carlos Gómez Ríos, quien de inmediato concurrió al lugar y comprobó que "las condiciones en que se encuentran los internos son de terror", según confió una fuente de la fiscalía. El fiscal pidió un informe al Gobierno de la Ciudad para constatar si la clínica se encuentra correctamente habilitada. Ayer, la doctora Paladini ratificó su denuncia ante esa fiscalía.
En forma paralela, una copia de la denuncia fue girada a la Fiscalía de Instrucción en lo Criminal N° 2, donde se investiga el delito de "abandono de persona".
La sujeción de pacientes psiquiátricos no está prohibida expresamente por la ley, pero sí por la Convención Internacional sobre Salud Mental y por la Convención Internacional de los Derechos del Niño. Como resultado de la inspección, también pudo saberse que los niños allí internados no tienen juguetes ni material didáctico.
El centro asistencial cuestionado tiene convenio con la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, que deriva pacientes judicializados que necesitan internación por problemas psiquiátricos. Página/12 consultó a la secretaría su opinión sobre lo ocurrido, pero no obtuvo respuesta en esa dependencia.

26 de septiembre de 2007
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murió adrián esquino lisco


[Adam Bernstein] Líder espiritual. Trabajó para la comunidad indígena de El Salvador y dio a conocer las atrocidades cometidas durante la guerra civil de doce años en su país.
Murió Adrián Esquino Lisco, que alcanzó prominencia en El Salvador como líder espiritual de la comunidad indígena y que llamó la atención sobre las atrocidades cometidas durante la guerra civil de 1980-92. Tenía 68.
Esquino Lisco murió el 8 de septiembre por insuficiencia renal y otras complicaciones de la diabetes en un hospital en San Salvador.
La pequeña comunidad indígena de El Salvador, casi el uno por ciento de siete millones de habitantes, soportó durante largo tiempo sangrientos conflictos con el gobierno, que lo han dirigido mayormente oficiales del ejército y oligarcas.
Campesino y artesano, Esquino Lisco llegó a las primeras planas internacionales denunciando un ataque del ejército contra una cooperativa agrícola campesina en 1983 en Las Hojas, un villorrio en el oeste del país. Contó que los soldados habían reunido a 74 hombres, les habían amarrado por la espalda y los habían matado disparándoles a la cabeza. Un juez federal informó sobre dieciocho muertes.
Esquino Lisco y sus partidarios responsabilizaron a los terratenientes ricos molestos con la cooperativa agrícola, que consideraban subversiva. La reforma agraria había florecido brevemente a fines de los años setenta, pero fue pronto revocada, causando toda una generación de resentimiento de todas las partes.
Una comisión federal en El Salvador formada para estudiar las violaciones a los derechos humanos no llegó a ninguna parte, según se dice por presiones del ejército. A principios de los años noventa, los oficiales que habían dirigido las tropas en Las Hojas recibieron amnistía en el marco de un plan de paz centroamericano.

Esquino Lisco, de origen nahoa, nació el 2 de diciembre de 1938 en la Comarca San Ramón, en la provincia de Sonsonate al oeste del país. Un hermano mayor es una de las decenas de miles de víctimas indígenas en la insurrección campesina de 1932, reprimida violentamente por una dictadura.
En 1954, el padre de Esquino Lisco empezó la Asociación Nacional de Indígenas Salvadoreños, para conservar las costumbres, ceremonias y lengua de los pueblos maya, lenca y nahoa. Esquino Lisco heredó el título de jefe espiritual en 1976 y dijo que atraía a miles de partidarios.
Durante años la organización funcionó tranquilamente en la preservación del legado indígena. A fines de los años setenta, Esquino Lisco participó en conferencias internacionales de pueblos indígenas que lo puso en contacto con comunidades nativas en América del Norte. La asociación fue reconocida legalmente por el gobierno salvadoreño en 1980, durante el mandato del presidente José Napoleón Duarte, que también les prometió una reforma agraria.
A seis años de la guerra civil, Esquino Lisco visitó Washington para consultar con influyentes miembros del Congreso. Francisco Acosta, un activista de El Salvador, de Maryland, dijo que el trabajo de Esquino Lisco con el Congreso dio por resultado la liberación de cien presos políticos indios en El Salvador.
Después de esos logros, Esquino Lisco debió hacer frente a una serie de asaltos contra su reputación, y su familia continuó recibiendo amenazas. Margarito, el hijo de Esquino Lisco, recibió asilo político con su familia en Maryland después de que fuera golpeado y mujeres de su familia fueran violadas a principios de los años noventa por lo que describieron como escuadrones de la muerte del gobierno.
En 1999, un informe del Departamento de Estado sobre prácticas de derechos humanos decía que Lisco estaba acusado de corrupción y de mentir por un segmento de la asociación, y la policía lo detuvo por ocupar ilegalmente propiedades de la organización después de que fuera removido como jefe.
Fue exonerado de cargos de fraude criminal, acusaciones que dijo que estaban motivadas políticamente por el partido de extrema derecha, Arena. Continuó siendo el líder espiritual de la asociación hasta que entregó el cargo a Margarito hace dos años.
Su primera esposa, Mercedes Crespin Zacapa, murió en abril. Una hija de ese matrimonio murió en 1993. Entre los que la sobreviven se encuentra Elba Pérez, con quien se casó hace tres meses, y ocho hijos de su primer matrimonio.

25 de septiembre de 2007
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©traducción mQh
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hermano no. 2 dice que es inocente


[Ek Madra]"Soy inocente", dijo el Hermano No. 2 de los Khmer Rouge.
Phnom Penh, Camboya. Nuon Chea, el Hermano Número 2 de los Khmer Rouge defendió su inocencia cuando compareció ante el tribunal camboyano de Naciones Unidas para los ‘campos de la muerte' por cargos de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, declaró el tribunal el viernes.
De acuerdo a un resumen dado a conocer dos días después de la acusación, el mano derecha de Pol Pot dijo que no tenía responsabilidad en la muerte de 1.7 millones de personas. Muchas fueron torturadas y ejecutadas. Otras murieron de hambre, exceso de trabajo o enfermedades.
Durante los cuatro años del régimen de los Khmer Rouge, de 1975 a 1979, el poder real estuvo en manos del Comité Militar del movimiento ultra-maoísta del que no era miembro, dijo Nuon Chea.
"No teníamos contacto directo con las bases y no sabíamos lo que estaba ocurriendo", dijo al tribunal. Dijo que durante ese período había perdido a cuarenta familiares.
El título oficial de Nuon Chea en el régimen, que entonces era respaldado por Pekín, era de Subsecretario del Partido Comunista de Kampuchea, como llamaban a Camboya los Khmer Rouge, una función que según investigadores lo ponía a cargo de la seguridad del partido y del estado.
Este incluía el tenebroso centro de interrogatorios y torturas de Phnom Penh, S-21, en la escuela secundaria de Tuol Sleng. Se sabe que ahí, en el recinto cercado de alambres de púa, murieron 14 mil prisioneros. Sobrevivieron unos diez, que narraron lo que ocurría en su interior.
En una entrevista para una revista en 1999, el jefe de S-21, Duch, acusado en julio de crímenes contra la humanidad, dijo que Nuon Chea le había dado órdenes directas de matar a 300 soldados en una purga del partido en 1978.
"Me llamó y me dijo: ‘No te molestes en interrogarlos: simplemente mátalos'. Y yo lo hice", dijo Duch.
Duch también describió la ejecución de ocho occidentales capturados. "Nuon Chea me ordenó quemar sus cuerpos y no dejar huesos", dijo.

"No Soy Cruel"
Nuon Chea criticó la focalización de los historiadores y tribunales en las atrocidades cometidas durante los tres años, ocho meses y veinte días que duró el régimen de los Khmer Rouge.

Se preguntó por qué se daba tan poca atención a las muertes antes de 1975, una referencia implícita a los ‘bombardeos secretos' de Estados Unidos contra Camboya y a las purgas anti-comunistas del rey Norodom Sihanouk y del régimen pro-norteamericano que lo reemplazó en 1970 después de un golpe de estado.
Igualmente criticó la falta de jurisdicción del tribunal para investigar las atrocidades cometidas después de la invasión vietnamita que derrocó a Pol Pot a principio de 1979.
El octogenario guerrillero, que caminaba con un bastón cuando llegó al tribunal, dijo que "no era cruel, pues fui monje budista", se lee en el resumen.
"Declaró que quiere informar al pueblo de Kampuchea y a todo el mundo sobre los verdaderos enemigos de Camboya, especificando que es un patriota y no un cobarde, y que no tiene intenciones de huir y manchar así el honor de su país", concluyó.
Nuon Chea ha contratado a Son Arun, un abogado de su ciudad natal de Battambang, a pese a la oferta de ayuda jurídica de varios destacados abogados internacionales.
Son Arun, que perdió a tres hermanos y una hermana durante el régimen de Pol Pot, dijo que Nuon Chea le había pedido un inodoro occidental, gafas nuevas y una dieta a base de pescado y verduras en su calabozo en el recinto del tribunal de 56 millones de dólares.
"Me dijo que encuentra incómodos los inodoros de taza turca, porque está viejo", dijo Son Arun.
Nuon Chea también quiere tener acceso a televisión por cable y a cuidados médicos las 24 horas del día, dijeron funcionarios del tribunal.
El control médico en el Hospital Calmette de Phnom Penh el viernes reveló que Nuon Chea se encuentra bien de salud, dijo el portavoz del tribunal Reach Sambath. "Está en buena forma. Está bien", dijo.

21 de septiembre de 2007
©reuters
©traducción mQh
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fiscales piden voluntad política


[Nora Boustany] Fiscales de crímenes de guerra hacen un llamado a la acción. En una inusual convención en Nueva York, fiscales llaman a la comunidad internacional a entregar a acusados de crímenes de guerra.
Chautauquia, Nueva York, Estados Unidos. Esta semana una convención sin precedentes de fiscales de crímenes de guerra -los que buscan justicia para atrocidades recientes y dos que hicieron historia en los juicios a los nazis en Nuremberg hace 62 años- hicieron un llamado colectivo a la comunidad internacional para que detengan a criminales de guerra todavía libres y se los entreguen para ser juzgados.
En la reunión en este pintoresco enclave victoriano con vistas a un pequeño puerto deportivo, los fiscales trataron de reavivar el legado de Nuremberg y enviar un mensaje a los fiscales de crímenes de guerra de todo el mundo de que no hay nadie por encima de la ley.
En la reunión también se criticó enérgicamente a Estados Unidos por no respaldar completamente el Tribunal Penal Internacional [TPI] y por no respetar las Convenciones de Ginebra en cuanto a la detención e interrogatorio de sospechosos de terrorismo.
"Nadie está por encima de la ley. La ley es justa, y el imperio de la ley es más poderoso que el poder de las armas", dijo David M. Crane, el primer fiscal del Tribunal Especial de Sierra Leona, resumiendo el comunicado final del grupo con el título de Primera Declaración de Chautauqua, firmada por nueve fiscales internacionales a cargo de importantes juicios por crímenes de guerra en el siglo pasado. Crane es ahora profesor de derecho penal internacional en la Universidad de Siracusa.
El llamado menciona a los cabecillas serbo-bosnios Ratko Mladic y Radovan Karadzic; Joseph Kony, líder del Ejército de Resistencia del Señor, de Uganda; Ahmad Muhammad Harun, ministro de estado de Sudán acusado de organizar ataques contra civiles en Darfur, y Félicien Kabuga, de Ruanda, entre otros.
"Nosotros no tenemos poderes coercitivos. Dependemos de los estados miembros. Necesitamos que los estados procedan a las detenciones exigidas por las fiscalías. Si no, nuestras labores serán inútiles", dijo Hassan Bubacar Jallow, del Tribunal Penal Internacional para Ruanda. "¿La justicia que buscamos, es la justicia que quieres?", preguntó, recordando a los presentes que los deseos y necesidades de las víctimas tienen que ser consideradas más cuidadosamente.
La idea central de las intervenciones el miércoles durante las reuniones públicas y cerradas de la asamblea fue que algunos sospechosos de crímenes de guerra seguían en libertad debido a cuestiones políticas y que su detención pondría fin a la cultura de la impunidad.
"Ahora entregar a los fugitivos es una decisión política, no jurídica. Nosotros hemos hecho nuestro trabajo", dijo Crane sobre los acusados. "Que lo sepan los señores de la guerra y presidentes del mundo. Por poderosos que seáis, por fuertes que seáis, por temidos que seáis, la ley está por encima de vosotros. La ley os derribará", dijo Desmond de Silva, fiscal segundo del tribunal de Sierra Leona.
Los nueves fiscales que asistieron al encuentro fueron Whitney R. Harris y Henry T. King Jr. de; Tribunal Militar Internacional de Nuremberg; Luis Moreno-Ocampo, del TPI; Jallow, del tribunal para Ruanda; Crane, de Silva y Stephen Rapp del tribunal de Sierra Leona; David Tolbert de Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia; y Robert Petit, de las Salas Extraordinarias de los tribunales de Camboya.
Después de tratar los avances desde los juicios de Nuremberg y los retos que subsisten, firmaron solemnemente la declaración. El TPI tiene su sede permanente en La Haya, y el resto son tribunales ad hoc instalados por Naciones Unidas, Estados Unidos y otros estados.
En el vestíbulo de la asamblea se rumoreaba que el ex presidente liberiano Charles Taylor le costaba al tribunal de Sierra Leona unos mil dólares al día por las dos celdas en el recinto asignado por las autoridades holandesas para el TPI. Taylor detestaba algunas comidas holandesas, como el pescado ahumado y las croquetas y exigía "alimentos culturales". Después de recibir permiso para pedir cacahuetes y hojas de mandioca en una tienda de abarrotes especial, dijo Rapp, Taylor se quejó de que tuviera que preparar su propia comida. El oneroso caso de Sierra Leona se viene arrastrando desde 2002 debido a retrasos exigidos por los jueces y ha provocado una investigación de Naciones Unidas.
Entre los jóvenes fiscales y sus colegas mayores de Nuremberg reinó la camaradería y conciencia histórica. Crane recordó cómo, después de tres años en Sierra Leona y todavía descomprimiéndose del horror de las atrocidades, preguntó al veterano de Nuremberg, King, qué se necesitaba para superar el dolor.
"Unos tragos de whisky", fue la respuesta. Considerando que el trago de whisky en el Grand Hotel de Nuremberg costaba 20 centavos, era el remedio más barato, dijo King, 88.
En 1988, Moreno-Ocampo se acercó a otro fiscal de Nuremberg, Benjamin Ferencz, para ayudarle a entender un fastidioso misterio sobre los históricos juicios: ¿Por qué exactamente 22 altos oficiales nazis en la primera ronda de juicios? "Había sólo 22 sillas en la sala del Palacio de Justicia", respondió Ferencz, pragmático, refiriéndose al edificio del tribunal con menores daños en Alemania en ese tiempo. Ferencz dijo en una entrevista telefónica que no podía asistir a la convención de Chautauqua debido a un abultado programa de viajes.
Los rumores en los pasillos de la reunión decían que Ferencz y King, aunque se admiraban mutuamente, eran también rivales, ya que el primero es un graduado de Harvard, y el otro, de Yale. También contaba la diferencia de edad. King era probablemente el fiscal más joven en Nuremberg, cuando de hecho Ferencz, nacido el 11 de marzo de 1920, era apenas unos meses más joven. King se había ocupado del caso de Albert Speer, que dirigía la maquinaria de producción de guerra alemana y al que King describe como una ventana en el alma de Adolf Hitler. Ferencz se encargó de los escuadrones de la muerte Einsatzgruppen.
Harris, que cumplió 95 en vísperas de la convención de Chautauqua, contó que había mirado a la cara a Rudolf Hess y tomado su confesión: "Dirigí Auschwitz hasta diciembre de 1943 y calculo que se ejecutaron y exterminaron allí, en cámaras de gas y hornos, a unos dos millones y medio de víctimas".
Harris y otros en la convención sugirieron que la guerra como método para resolver disputas internacionales no podía seguir siendo tolerado y que la agresión debía redefinirse como un crimen contra la humanidad.
Sobre el actual azote del terrorismo que proviene de difusos rincones del mundo, Crane dijo: "La guerra global contra el terrorismo confunde a la gente. Pero podemos derrotarlos; nosotros tenemos justicia, leyes y libertad".
"Esta es una guerra ideológica de veinte a treinta años, y la ganaremos si respetamos la ley. Tenemos el as de espadas en nuestra mano: la libertad. Todo el mundo quiere ser libre en su religión, libre para expresarse y libre de necesidades. El fin de la Guerra Fría nos enseñó eso", dijo.
King, de lejos el más abierto de los participantes, dijo que los temores a los que se enfrenta el mundo hoy no son nuevos y que Nuremberg demostró que el imperio de la ley no era "una cosa frágil, y que fortalece a las democracias, incluso cuando se le aplica a aquellos que la niegan a otros".
King acusó a Estados Unidos, que impulsó a los aliados en la Segunda Guerra Mundial a crear el tribunal para los criminales de guerra nazi, de "actuar contra los principios de Nuremberg". Se refería a un memorándum del saliente ministro de Justicia, Alberto Gonzales, en el que llama las Convenciones de Ginebra "pintorescas", y criticó al gobierno de Bush por suspender su respaldo al Tribunal Penal Internacional.

20 de septiembre de 2007
1 de septiembre de 2007
©washington post
©traducción mQh
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