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esclavitud en fábricas chinas


[Ching-Ching Ni] La cantidad de personas rescatadas en redadas policiales del trabajo forzado sobrepasa las quinientas, y el escándalo sigue acosando al gobierno.
Pekín, China. Era un estudiante de gastronomía que andaba buscando trabajo por primera vez cuando un desconocido le ofreció trabajar en un restaurante. Aceptó ávidamente. Pero en lugar de eso el chico de veinte fue llevado a una fábrica de ladrillos en el campo donde le obligaron a trabajar como esclavo, con apenas alimento, sin paga y con frecuentes golpizas que casi le costaron la vida.
Sin embargo, Zhang Yinlei tuvo suerte.
Fue uno de los 548 trabajadores que fueron rescatados durante redadas en fábricas de ladrillos en el centro y norte de China, donde niños de hasta ocho años y hombres secuestrados habían sido vendidos como esclavos por sesenta y cinco dólares cada uno. La mayoría de ellos fueron liberados esta semana en allanamientos en miles de fábricas en dos provincias.
El caso ha causado tanto escándalo en China que la prensa oficial anunció el viernes que el presidente Hu Jintao había ordenado personalmente una pronta investigación.
El trabajo infantil y las duras condiciones de trabajo eran materiales de las películas de propaganda usadas por los comunistas chinos para desacreditar a las sociedades capitalistas. Hoy son un hecho en un país impulsado por su propia ansia de riquezas, a menudo a expensas de los pobres.
Las autoridades chinas, preocupadas por la reputación del país como fábrica de trabajo esclavo del mundo, están tratando de limpiar su imagen, especialmente ahora que se aproximan los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008.
Sin embargo, los embarazosos informes continúan acosándoles.
China fue acusada esta semana de emplear a niños de hasta doce años para producir recuerdos relacionados con los Juegos. Las autoridades rechazaron el informe de PlayFair 2008, con sede en Bruselas. La agencia de noticias oficial Nueva China dijo que durante las vacaciones se había contratado a estudiantes de seis escuelas secundarias y dos primarias para empaquetar "cuadernos, no productos relacionados con los Juegos".
El último escándalo -la esclavitud en las fábricas de ladrillos- no habría salido a la luz si un grupo de cuatrocientos hombres con hijos desaparecidos no hubiese enviado un llamado colectivo pidiendo ayuda en internet. Acusaron a las autoridades locales de hacer la vista gorda ante los abusos y dijeron que unos mil niños habían sido secuestrados en la provincia de Henan y enviados a la cercana provincia de Shanxi por traficantes de seres humanos que secuestraron a sus hijos en las cercanías de estaciones de trenes y terminales de buses o engañándoles con promesas de trabajos bien pagados.
Como consecuencia, más de 35 mil policías de la provincia de Henan y 14 mil de la de Shanxi allanaron cerca de diez mil fábricas, y detuvieron al menos a ciento cuarenta sospechosos, informó el viernes la agencia de noticias. Se esperan más allanamientos y detenciones.
Antes de las redadas, algunos padres habían realizado sus propias misiones de rescate.
"Hemos salvados a más de cien niños en quince ocasiones", dijo Chai Wei, cuyo hijo de 17 desapareció en abril en una calle cerca de su casa. Chai y otros dos hombres con hijos desaparecidos se unieron y viajaron a cientos de pequeñas fábricas de ladrillos buscando a sus hijos.
Algunos padres actuaron encubiertos. No podían creer lo que vieron.
"Empiezan a trabajar a las cinco de la mañana y a veces no terminan sino pasada la medianoche", contó Chai. "No les pagan y les alimentan con agua y pan. Si tratan de huir, les rompen las piernas. Algunos fueron enterrados vivos. Vimos a la policía excavar dos cuerpos. Uno era de un chico de dieciocho años. El otro, diecinueve".
Los padres contaron que la mayor parte de las veces en que se dejaban ver, los niños eran ocultados. Si no, dijeron, habitualmente había un enfrentamiento y a veces matones a la paga de los dueños golpearon y expulsaron a los familiares.
"Habían perdido toda su libertad", dijo Zhang Shanlin, el padre de uno de los rescatados, de veinte años. "Vi a seis agresivos perros guardianes y siete matones. Golpeaban a los que no se afanaban en el trabajo. No tenían ninguna posibilidad de escapar". Su hijo se había negado a trabajar y tenía toda su espalda quemada por la imposición de ladrillos calientes.
"Otro joven trató de huir y le quemaron la cara, excepto la boca", contó Chai. "Para que pudiera comer y seguir trabajando".
No se prestaba tratamiento médico a los lesionados y se los dejaba en hacinadas y sucias barracas donde los hombres, que no se habían aseado en meses, tenían sus cuerpos cubiertos de llagas. El pelo les llegaba a la cintura, dijo Chai.
Zhang contó que su hijo fue finalmente enviado a un hospital después de informes de internos sobre las brutales condiciones laborales provocaran un allanamiento. Cuando fueron liberados, algunos de los trabajadores estaban tan aturdidos y atemorizados que apenas podían hablar.
"Mi hijo me dijo que si no hubiésemos venido a rescatarlo, hoy no estaría vivo", dijo Zhang.
Una de las razones por las que ese inhumano tratamiento había durado tanto, dicen los padres, son las conexiones. El dueño de la empresa implicada en el caso del hijo de Zhang es el hijo de un funcionario del Partido Comunista de la región y la policía se mostraba reluctante a tocarlo.
"Por supuesto que él sabía lo que estaba pasando en la fábrica de ladrillos", dijo Zhang. "Venía a la fábrica varias veces a la semana, y entregaba el carbón y la electricidad para que funcionara la fábrica".
Pese a la batida, cientos de padres más, incluyendo a Chai, todavía tienen que encontrar a sus hijos.
"No sé si lo encontraremos alguna vez", dijo Chai. "Esto duele como una herida de cuchillo. Cada día que pasa y no lo encontramos, es un día más que vive en peligro".

chingching.ni@latimes.com

21 de junio de 2007
16 de junio de 2007
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murió kurt waldheim


[Tracy Wilkinson] El ex secretario general de Naciones Unidas que ocultó su pasado nazi. A los 88.
Murió el jueves Kurt Waldheim, el erudito diplomático que sirvió como secretario general de Naciones Unidas y presidente de Austria, pero descendió del podio mundial como paria después de que se revelara su pasado nazi. Tenía 88 años.
La prensa austriaca informó que Waldheim, que fue hospitalizado el mes pasado con una infección calenturienta, murió de insuficiencia cardiaca en Viena.
La acusación que definió el legado y memoria de un diplomático de toda la vida se construyó en torno a una borrosa fotografía en blanco y negro que mostraba al joven Waldheim -alto, delgado y en uniforme- cuando peleaba en una unidad del ejército nazi que fue acusada de atrocidades en tiempos de guerra en los Balcanes. Otras piezas de evidencia incluyeron bitácoras e informes de inteligencia, presuntamente con su firma, describiendo masivas deportaciones de judíos griegos a campos de exterminio.
La controversia en torno a Waldheim fue particularmente problemática para Austria, obligándola a un tardío reconocimiento de la complicidad del país en los crímenes nazis. Austria se había presentado como una víctima del Tercer Reich, antes que como su colaboradora, mucho después de que Alemania empezara a pagar reparaciones y a prohibir a los grupos neo-nazis.
El desconocimiento inicial de Waldheim de su pasado nazi y su ofuscación reflejaron las de su país. Y aunque el escándalo en torno a él levantó nuevas y ponzoñosas nubes de antisemitismo, cuando finalmente abandonó la vida pública, caído en desgracia, Austria también empezó un lento proceso de reconocimiento de sus pecados.
Waldheim se había elevado al pináculo de la diplomacia internacional y era candidato a la presidencia de Austria cuando su pasado finalmente le alcanzó. Ganó las elecciones de 1986, y menos de un año después el gobierno de Estados Unidos le prohibió formalmente la entrada al país, mencionando evidencias que demostraban que había "colaborado o participado" en la persecución de prisioneros aliados, miembros de la resistencia yugoslava, judíos y otros civiles. La prohibición norteamericana no se levantó nunca.
Durante gran parte de su adultez, Waldheim afirmó que había sido enrolado en el ejército alemán después de que Alemania ocupara Austria, pero que pasó gran parte de la guerra en una facultad de derecho en Viena debido a una herida de metralla que sufrió en el Frente Oriental en 1941. Esa afirmación la repitió en dos autobiografías y repetidas veces ante periodistas. Finalmente, sin embargo, se vio obligado a reconocer que continuó formando parte de las fuerzas armadas como oficial de la inteligencia, y que había estado estacionado, de 1942 a 1945, en Grecia y Yugoslavia, sitios donde tomaron lugar algunas de las masacres más horrorosas de la guerra.
Sin embargo, continuó negando toda participación en crímenes de guerra. Sólo después de que una comisión formada por eminentes historiadores concluyera en 1988 que Waldheim sabía de las deportaciones y otras atrocidades y no había hecho nada para impedirlas, el ex secretario general de Naciones Unidas admitió que sabía lo que estaba haciendo el régimen nazi. Pero incluso entonces evadió toda responsabilidad moral.
"Deducir que ese conocimiento constituye algún tipo de delito es simplemente incorrecto", dijo a un periodista de la televisión austriaca.
Casi diez años más tarde, aceptó que mentir sobre su pasado había sido un error. Más allá de eso, sin embargo, continuó negando toda participación activa en las masivas ejecuciones y abusos y responsabilizó de su caída a una conspiración de los judíos americanos.
"Como miembro del ejército alemán hice lo que fue necesario para sobrevivir el día, el sistema, la guerra -ni más ni menos", escribió en su libro de 1966, ‘The Answer'.

Kurt Waldheim nació en un pueblo en las afueras de Viena el 21 de diciembre de 1981, el primogénito de un inspector de escuela católico y conservador. Pese a sus humildes orígenes, Waldheim pudo ingresar a la universidad, donde estudió derecho y diplomacia en Viena. Fue entonces que las tropas de Hitler invadieron y anexaron Austria en la Anschluss de 1938.
El padre de Waldheim, Walther, fue encarcelado durante un breve período por sus opiniones anti-nazis y despedido de su trabajo. Investigaciones posteriores demostraron que Kurt Waldheim, a pesar de sus reclamos de que nunca perteneció a una organización nazi, aparentemente se unió a una asociación de estudiantes nazi tres semanas después de la anexión y luego ingresó en las filas de los camisas marrones, un grupo paramilitar nazi. Waldheim contó a un entrevistador que se había incorporado a ese grupo solamente para proteger a su familia, una táctica adoptada por muchos que vivieron la ocupación nazi.
En 1939 Waldheim se alistó en la Wehrmacht alemana. Como se sabe ahora, peleó en el Frente Oriental hasta que fue herido en diciembre de 1941. Tras su recuperación, volvió al servicio activo en la primavera de 1942 y fue transferido al servicio del general Alexander Lohr, un austriaco que dirigió una serie de brutales campañas contra la resistencia yugoslava y envió a cerca de cuarenta mil judíos griegos a Auschwitz. Los hombres de Lohr exterminaron pueblos enteros. Después de la guerra, Lohr fue condenado y ejecutado como criminal de guerra.
La participación precisa de Waldheim en estas brutalidades sería un tema de debate e investigación durante años. Inmediatamente después de la guerra una comisión aliada para crímenes de guerra recomendó procesarlo como criminal de guerra. Por la razón que fuese, él y otros miles de oficiales nazis eludieron su procesamiento en el caos de la Europa de posguerra.
Los aliados otorgaron a Austria una especie de salvoconducto, que la libró de pagar reparaciones y sufrir otros castigos impuestos a Alemania.
Así, aparentemente libre de toda culpa, al finalizar la guerra Waldheim entró al servicio diplomático austriaco. Talentoso y ambicioso, ascendió rápidamente y para 1955, cuando terminó la ocupación aliada de Austria, fue enviado a Naciones Unidas, ocupando un escaño en la institución a la que sería asignado repetidas veces en una larga carrera diplomática que incluyó un período de dos años como ministro de relaciones exteriores de Austria.
Pese a la resistencia de China como nuevo miembro, Waldheim fue elegido secretario general de Naciones Unidas y asumió el cargo en 1972. Fue elegido para un segundo término en 1976 y pudo haber ganado todavía un tercero si China no hubiese insistido en instalar a un candidato del Tercer Mundo, dando su respaldo al último sucesor de Waldheim, el peruano Javier Pérez de Cuellar.
Aparte la oposición de China, Waldheim atraía a las superpotencias rivales -Estados Unidos y la Unión Soviética- que lo veían como no ideológico y poco controvertido. O, como dijeron sus críticos de entonces, complaciente y pasivo.
"Estoy feliz de no ser un cometa intelectual", dijo Waldheim a un grupo de periodistas reunidos en su opulento apartamento en la Quinta Avenida, en Manhattan, cuando fue elegido por primera vez para dirigir Naciones Unidas.
"No creo que se puedan resolver los problemas de Naciones Unidas de esa manera. Lo que necesita Naciones Unidas es un enfoque tranquilo", dijo. "Un cabeza caliente no serviría para nada en esta situación. Un secretario general que fuese un activista no duraría más de un año".
En esos días, antes del oprobio del escándalo, Waldheim fue a menudo caracterizado como un "diplomático elegante". En la compañía de su vivaz esposa, la ex Elisabeth Ritschl, era el epítome de la aristocracia del Viejo Mundo, un galante caballero con trajes hechos a medida que besaba a las mujeres en la mano, se destacaba en el circuito de cócteles y banquetes y rebosaba un obsequioso encanto.
Un relato publicado en Los Angeles Times en 1971 describe a Waldheim como "un diplomático conservador a la hora de vestirse, de maneras elegantes y el colmo de la discreción".
Durante su mandato, cosechó elogios por su conducción de las negociaciones para organizar un misión de paz de Naciones Unidas después de la guerra árabe-israelí de 1973 y durante un poco exitoso intento de mediar en la crisis de los rehenes en Teherán en 1980, desafió a una indignada turba de iraníes que blandían piernas de madera y muñones, que eran, se decía, víctimas de torturas durante el reinado del Shah Mohammed Reza Pahlavi).
Pero para muchos críticos, Waldheim personificaba su opinión de Naciones Unidas como un organismo desdentado o una débil herramienta en manos de las potencias dominantes.
Incapaz de ganar un tercer término como secretario general, Waldheim dejó Naciones Unidas en 1982 y trabajó como profesor invitado de diplomacia en la Universidad de Georgetown en Washington durante los siguientes dos años.
En 1985 lanzó su candidatura por la presidencia de Austria, una posición en gran parte ceremonial pero que sin embargo quería arrebatar de manos del Partido Socialista, que la llevaba ocupando hacía dieciséis años.
Luego, en marzo en 1986, durante la campaña, empezaron a circular demoledoras revelaciones. El Congreso Judío Mundial y una revista de investigaciones austriaca, publicaron documentos que detallaban la participación de Waldheim en organizaciones nazis y su servicio militar en los Balcanes. La biografía oficial de Waldheim, que había defendido con tanta aplicación durante años, era un mentira.
Waldheim no puso en duda la autenticidad de los documentos y trató de explicar sus acciones como decisiones difíciles que uno debe tomar durante un reinado de terror para poder sobrevivir y proteger su familia y futuro. Y se retrató a sí mismo como víctima de una campaña de desprestigio orquestada por fuerzas foráneas.
Aparentemente se ganó la simpatía del electorado austriaco y fue elegido presidente con el 54 por ciento de los votos. Su elección provocó un escándalo internacional, especialmente cuando el Congreso Judío Mundial y la prensa norteamericana y europea continuaron publicando nuevas revelaciones sobre el pasado de Waldheim.
Se informó, por ejemplo, que había recibido una condecoración especial en 1942 de parte de Ustasha, el régimen marioneta nazi en Croacia, por "conducta valerosa" durante la brutal represión de la guerrilla y de civiles en Bosnia. (En esa época, Croacia y Bosnia eran parte de Yugoslavia).
Un año después de las primeras revelaciones, el ministerio de Justicia de Estados Unidos dio el inusual paso de colocar el nombre del presidente de Austria en ese momento en una ‘lista bajo observación', prohibiéndolo la entrada a Estados Unidos.
Entre los hechos en los que estuvo implicado, dijeron funcionarios estadounidenses, se encuentra el transporte de civiles a campos de trabajos forzados nazis, la deportación de los judíos de las islas griegas y de Banja Luka, en la parte serbia de Bosnia, a campos de exterminio; las ejecuciones de rehenes en acciones de represalia; la aprobación y difusión de propaganda llamando al exterminio de los judíos.
El gobierno austriaco, con la esperanza de mitigar el escándalo, nombró una comisión histórica especial para revisar las evidencias contra Waldheim. Su informe de 1988 concluyó que "participó repetidas veces en acciones ilegales [de los nazis] facilitando con ello su ejecución" y no hizo nada para impedirlo.
Un estrecho aliado político de Waldheim desechó la comisión por estar llena de enemigos de Waldheim -"judíos y socialistas"- y por tanto no fiable. La comisión no dijo que Waldheim participara personalmente en las matanzas, y el ex secretario general se apoyó en este punto para afirmar que en lo esencial había sido exonerado.
Pero para la mayor parte del resto del mundo, Waldheim estaba arruinado y desacreditado. Él, y por extensión toda Austria, fue aislado y excluido. Algunos países se negaron a tener algo que ver con él y fue despojado de numerosas funciones ceremoniales.
Continuó conservando algunos amigos importantes, que a su vez sufrieron igualmente por su asociación. Nada menos que Simon Wiesenthal, el famoso cazador de nazis de Viena, se negó a llamar a Waldheim un criminal de guerra, aunque estaba seguro de que Waldheim sabía más de lo que había admitido. Esa posición le ganó a Wiesenthal el repudio de muchos grupos judíos.
Y su compatriota austriaco, Arnold Schwarzenegger invitó a Waldeim a su boda con Maria Shriver en 1986, un mes después de se hiciera público el pasado de Waldheim. Waldheim mismo no asistió, pero envió un presente, llevando a Schwarzenegger hiciera lo que los participantes describieron como un brindis muy emocional en honor a Waldheim. (Más tarde, cuando era candidato a gobernador de California, ayudantes de Schwarzenegger dijeron que se había dado cuenta de que la invitación y el brindis había sido un error "estúpido", un error que -si hubiera sabido entonces lo que supo después- no habría cometido. Pero este jueves el despacho del gobernador no comentó el deceso de Waldheim).
El Papa Juan Pablo II recibió a Waldheim en el Vaticano con ocasión del primer viaje del presidente austriaco fuera del país, un reconocimiento que provocaría más tarde una indignación generalizada en todo el mundo judío y en Washington.
Waldheim capeó las protestas en el extranjero, los llamados a su renuncia en casa e incluso la ducha fría de algunos miembros de su propio partido político. Se negó a renunciar, pero finalmente, reconociendo "años de tribulaciones, dificultades y desilusiones", decidió no presentarse a las elecciones por un segundo término de seis años.
La polémica en torno a mí dentro y fuera de Austria, me ha dolido", dijo. "Pese a eso, he tratado de permanecer fiel a mis valores y de servir a mi patria".
Se retiró en 1992. Jamás volvería a asumir una función pública fuera de Austria.
El nuevo secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, viajó a Viena y se reunió con Waldheim en febrero; los ayudantes de Ban se apresuraron a describir la visita como "privada y personal".
Le sobreviven su esposa, Elisabeth, y tres hijos.

tracy.wilkinson@latimes.com

20 de junio de 2007
15 de junio de 2007
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informe sobre el tráfico de personas


[Nora Boustany] Listado menciona a países aliados. El Departamento de Estado agrega a países árabes a su lista de peores infractores.
El Departamento de Estado agregó ayer a siete países, entre ellos cuatro aliados árabes, a su lista de peores infractores que no han logrado erradicar el tráfico de personas y el trabajo forzado, que calificó como "una forma moderna de esclavitud".
El informe anual de 236 páginas, ahora en su séptima edición, agregó a Bahrain, Kuwait, Omán y Qatar a su lista negra de peores infractores, junto con Argelia, Guinea Ecuatorial y Malasia. Los países en la lista pueden sufrir sanciones hasta que se introduzcan reformas importantes.
La lista ya incluía a Birmania, Cuba, Irán, Corea del Norte, Arabia Saudí, Sudán, Siria, Uzbekistán y Venezuela. Laos, Belice y Zimbabue fueron sacados de la lista el año pasado.
Los dos países más populosos del mundo, China e India, fueron mantenidos en una lista intermedia, lo que quiere decir que su lucha contra el tráfico de personas es considerado deficiente, pero no lo suficiente como ser sancionados de inmediato por Estados Unidos.
El representante Christopher H. Smith (republicano de New Jersey), que patrocinó el proyecto de ley que exige el informe, dijo que el informe de este año fue demasiado blando con China e India. En su opinión, deberían ser colocados en la lista de peores infractores.
El informe documenta los esfuerzos de gobiernos extranjeros de impedir el tráfico de personas para su explotación sexual y trabajo forzado. Estudia si los países persiguen a los traficantes y tratan de proteger a las personas más vulnerables, tales como mujeres y niños.
Establece un sistema de evaluación de tres niveles, con los peores casos ubicados en el tercer nivel y sujetos a sanciones inmediatas tales como prohibición de préstamos o venta de artículos de seguridad. Se otorga un período de gracia de varios meses a países de la lista de observación del segundo nivel para darles tiempo para introducir reformas. El presidente, sin embargo, puede prescindir de sanciones.
Los países árabes fueron colocados en la parte de abajo de la lista en parte porque muchos de sus trabajadores extranjeros que mantienen en funcionamiento sus infraestructuras son maltratados. El tráfico sexual en los países de los Balcanes y en las antiguas repúblicas soviéticas es también común en los países árabes, donde la costumbre prohíbe la prostitución de las mujeres locales.
Smith dijo que "India en particular, y China, son países del tercer nivel". En años anteriores, dijo, países como Grecia, Turquía, Israel y Corea del Sur ocuparon lugares en el tercer nivel. "Tan pronto como se los colocó en esa categoría, los gobiernos allá cerraron los prostíbulos, arrestaron a los intermediarios y liberaron a las mujeres", agregó Smith.
El informe dice que el noventa por ciento del tráfico en India ocurre dentro del país, y que hay incluso niñas de trece años obligadas a convertirse en esclavas sexuales.
Smith dijo que creía que India fue colocada en la lista de observación para evitar las sanciones norteamericanas.
Observó que en China la política de un hijo por familia resulta en abortos de fetos de niñas. Para el 2020, dijo, cuarenta millones de chinos no podrán encontrar esposa, creando "así un enorme imán para el tráfico".
"El segundo nivel de la lista de observación no debería ser un aparcadero donde los países pueden permanecer indefinidamente. Se debe ejercer presión sobre esos países", dijo Mark P. Lagon, el recién nombrado director de la oficina de control y lucha contra el tráfico de personas del Departamento de Estado, con ocasión de la publicación del informe ayer. "En el caso de India, vamos a trabajar seriamente y a revisar su historial para ver si es necesario una revaluación de su posición".
El tráfico de personas echa por tierra toda pretensión de que un país es democrático, dijo Lagon. "Si se trata a las personas como si fueran seres subhumanos que pueden ser esclavizados, entonces el gobierno no está a la altura de sus principios democráticos", dijo.

14 de junio de 2007
13 de junio de 2007
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cae criminal fugitivo serbio


[Dusan Stojanovic] Detienen a criminal serbo-bosnio. Era el número 3.
Belgrado, Serbia. Un ex general serbio-Bosnio al que los fiscales de Naciones Unidas consideran como el tercer criminal de guerra fugitivo más buscado en los Balcanes fue detenido el jueves en la frontera serbo-bosnia, informaron funcionarios serbios.
Zdravko Tolimir era ayudante del comandante militar serbo-bosnio en tiempos de guerra, el general Ratko Mladic, durante la masacre de ocho mil musulmanes bosnios en Srebrenica en 1995, la peor carnicería cometida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Olga Kavran, portavoz de la fiscal para crímenes de guerra de Naciones Unidas para la ex Yugoslavia, Carla Del Ponte, dijo que el despacho de la fiscalía había sido informado del arresto de Tolimir por Milorad Dodik, el primer ministro de la república de Bosnia bajo control de los serbios.
Serbia y la república de Dodik han estado bajo presión por parte de la corte internacional, la Unión Europea y Estados Unidos para que entreguen a los restantes criminales de guerra serbios.
Como sospechoso, Talimir ha sido considerado por los fiscales de Naciones Unidas como el segundo en rango después de Mladic y del líder político en tiempos de guerra, el serbo-bosnio Radovan Karadzic. Los dos siguen fugitivos.
Tolimir, del que se dice que se ha encargado de la evasión de Mladic durante años, fue arrestado después de una barrida realizada con helicópteros y unidades antiterroristas en la región fronteriza, de acuerdo a funcionarios serbios.
Kavran dijo que se estaban ultimando detalles para su traslado a la cárcel del tribunal en los alrededores de La Haya.
Como un alto oficial de inteligencia y seguridad en la guerra de Bosnia entre 1992 y 1995, Tolimir está acusado por el tribunal de cuatro cargos de crímenes contra la humanidad, incluyendo asesinatos y persecuciones en virtud de criterios políticos, raciales y religiosos.
La acusación dice que "cometió, planificó, instigó, ordenó y ayudó y alentó la planificación, preparación y ejecución de crímenes contra no-serbios durante la guerra", incluyendo Srebrenica.

1 de junio de 2007
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acusan a espía de envenenamiento


[Kim Murphy] Gran Bretaña acusa a un ex agente de la KGB de homicidio por envenenamiento.
Londres, Gran Bretaña. Fiscales británicos dijeron hoy que tenían suficientes pruebas para acusar a un ex agente de la KGB rusa de asesinato en el caso del disidente ruso Alexander Litvinenko, que fue envenenado por un isótopo radioactivo que ingirió aparentemente con una taza de té.
Poniendo fin a meses de investigación y empezando un nuevo capítulo diplomático en el complejo caso, la Fiscalía de la Corona anunció que pedirá la extradición inmediata de Andre Lugovoy, un consultor de seguridad privado en Moscú que se reunió con Litvinenko horas antes de que este se sintiera enfermo.
"He concluido que la evidencia que nos envió la policía es suficiente para acusar a Andrei Lugovoy del asesinato de Litvinenko, por envenenamiento", dijo Ken Macdonald, director de procesos públicos.
Dijo que el gobierno pediría que Lugovoy "sea llevado rápidamente a un tribunal londinense para ser procesado por este crimen extraordinariamente grave".
La constitución de Rusia no permite la extradición de sus ciudadanos, y se espera que el caso resulte en un nuevo y contencioso obstáculo diplomático a las relaciones entre Gran Bretaña y Rusia, ya maltratadas por los poco exitosos intentos de extraditar a otros dos disidentes rusos que han obtenido asilo político en Gran Bretaña.
"Este fue un crimen grave. Estamos pidiendo, y esperamos la completa cooperación de las autoridades rusas para entregar al autor a la justicia británica", dijo Margaret Beckett, ministro británica de Relaciones Exteriores. Dijo que el mensaje fue "redactado en términos severos" y entregado al embajador ruso, que fue llamado esta mañana al ministerio de Relaciones Exteriores.
Una portavoz del ministerio dijo que el gobierno "no especulará" sobre lo que podría pasar si, tal como se espera, Rusia rechaza la petición de extradición.
"Estamos esperando la respuesta. Este fue un crimen muy grave que no puede quedar impune", dijo.
Litvinenko, un ex investigador del crimen organizado para los servicios secretos rusos, murió el 23 de noviembre, tres semanas después de reunirse con Lugovoy y otros rusos en un bar en el exclusivo hotel Mayfair, que sigue clausurado, así como la casa de Litvinenko.
Cayó enfermo inmediatamente después de la reunión y languideció durante semanas en la cama de un hospital londinense, debilitándose gradualmente, perdiendo el pelo y sufriendo disfunciones de sus órganos vitales.
Las autoridades británicas encontraron más tarde huellas importantes de polonio radioactivo 210, el químico usado para matar a Litvinenko, en el avión en el que viajó Lugovoy, así como en el cuarto de hotel que ocupó.
La inmensa mayoría del suministro mundial de polonio 210 es fabricado en un laboratorio estatal ruso ultrasecreto cerca de la ciudad de Samara.
Lugovoy, un ex agente de la KGB que dirige una firma consultora en seguridad privada en Moscú, ha negado toda implicación en el envenenamiento y sugiere que él fue expuesto al polonio durante una reunión anterior con Litvinenko. Dijo que se estaba reuniendo con disidentes rusos para discutir un posible acuerdo de negocios.
En Moscú, los fiscales dijeron que no excluyen la posibilidad de que Lugovoy sea procesado por un tribunal ruso.
"Un ciudadano ruso que ha cometido un delito en el territorio de un país extranjero debe ser procesado en Rusia con las pruebas reunidas por el estado extranjero", dijo a periodistas la portavoz de la fiscalía, Marina Gridneva.
Dijo que las autoridades rusas estudiarían "en detalle" las acusaciones en relación con su propia investigación sobre la muerte de Litvinenko.
La agencia de noticias Interfax informó hoy tarde que Lugovoy había insistido en que él no era culpable de la muerte de Litvinenko y "promete hacer sensacionales revelaciones sobre el caso de Litvinenko".
La agencia de noticias citó a Lugovoy diciendo que no había recibido ninguna notificación oficial de los cargos.
"Nunca he tenido motivos ni objetivos ni subjetivos para cometer el crimen del que me acusan en Londres", dijo. "He creído siempre que el poder judicial británico está por encima de este tipo de conjeturas", agregó, diciendo que se sentía "consternado por esta actitud prejuiciada e injusta" y que no se quedaría callado.
Amigos y familiares de Litvinenko, que fue durante largo tiempo un crítico del gobierno ruso del presidente Vladimir V. Putin y que en su lecho de muerte emitió una declaración acusando a Putin de estar implicado en su envenenamiento, se mostraron discretamente deleitados.
"Ahora, antes que nada, son acusados a los ojos de la opinión pública. Debido a que toda persona razonable sabe que esto fue un trabajo sucio ordenado por el gobierno", dijo Alex Goldfarb, un amigo de Litvinenko de toda la vida que ha escrito un libro sobre su muerte, ‘Death of a Dissident: The Poisoning of Alexander Litvinenko and the Return of the KGB', en colaboración con la viuda de Litvinenko, Marina.
Marina Litvinenko se reunió hoy con el embajador ruso en Gran Bretaña a petición de la embajada rusa.
"El embajador ruso me dijo que se había perjudicado la reputación del gobierno ruso por los comentarios en torno al asesinato de mi marido. Le sugerí que la mejor manera de recuperar la reputación de Rusia sería colaborando plenamente con la petición de extradición. Eso probaría que no hubo participación del gobierno", dijo en una declaración después de la reunión.
"Para mí es importante que mi marido no haya muerto en vano, y que los que cometieron el asesinato sean llevados a justicia en el Reino Unido".

Sergei L. Loiko en Moscú y Alicia Lozano en Londres contribuyeron a este reportaje.

25 de mayo de 2007
22 de mayo de 2007
©los angeles times
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papa acusa a los ricos


[John Hooper] En su primer libro como cabeza de la iglesia católica, Benedicto XVI cita nada menos que a Karl Marx.
El Papa acusa a los países ricos de despojar a sus hermanos pobres. El Pontífice muestra su lado antimaterialista y anticapitalista en un escrito donde analiza, entre otras cosas, la parábola del buen samaritano.
El Papa Benedicto XVI parece acercarse al movimiento antiglobalización al atacar a las naciones ricas por haber "expoliado y saqueado" al África y otras regiones pobres del mundo.
En un extracto del primer libro que escribe desde que fue elegido Papa, publicado el 4 de abril por el diario italiano 'Corriere Della Sera', se destacan los aspectos apasionadamente antimaterialistas y anticapitalistas de su pensamiento.
Inesperadamente, el Papa cita también, en términos aprobatorios, a Karl Marx y su análisis del hombre contemporáneo como víctima de la alienación. El libro del Papa, de 400 páginas, titulado 'Jesús de Nazaret', será publicado el 16 de abril, para que coincida con su cumpleaños número 80.
En el extracto publicado por el diario romano se incluyen los pensamientos de Benedicto XVI acerca de la parábola del buen samaritano, que fue en ayuda de un viajero que era repudiado por otros transeúntes tras haber sido desnudado y golpeado por ladrones.
Mientras muchos comentaristas acusan a las naciones ricas de no actuar como el samaritano, el Papa va más allá y los compara a ladrones. "Si aplicamos (la historia) a las dimensiones de la sociedad globalizada, vemos cómo nos miran los pueblos del África, que han sido expoliados y saqueados", escribió. "Nuestro estilo de vida (y) la historia en que estamos inmersos los han desnudado y siguen desnudándolos", agrega.
Según el Pontífice no es sólo material. "Los hemos herido también espiritualmente", dijo. "En lugar de ofrecerles a Dios (y con ello acoger todo lo precioso y grande de sus tradiciones), les hemos traído el cinismo de un mundo sin Dios en donde sólo cuentan el poder y la ganancia".
Sus juicios pueden ser vistos como una condena al colonialismo. Pero también podrían leerse como una confesión del fracaso de la actividad misionera de la propia Iglesia Católica Romana, que a menudo se hacía presente tras la conquista y la colonización.

Muchas Manos Sucias
El Papa Benedicto XVI dice en seguida que los pobres del mundo en desarrollo no son las únicas personas que pueden ser consideradas víctimas que necesitan ayuda de un buen samaritano. Dice que los narcóticos, el tráfico de personas y el turismo sexual han "desnudado y atormentado" a muchos, dejándoles "vacíos, incluso en un mundo de abundancia material".
Al describir la alienación humana, Marx "entregó una clara imagen del hombre que ha caído víctima de los malhechores". Pero el Papa escribió que Marx no logró llegar al nudo del tema "porque sólo desarrolló sus pensamientos en la esfera material".
La vacuidad de la vida moderna es un tema que conmueve al Papa. Dijo a una congregación, durante un servicio de Domingo de Ramos, que "los ingresos, los éxitos y la carrera no deben ser la visión final de la vida". Empleó el mismo sermón para advertir sobre la condenación de quienes se ensucian las manos en los negocios o en la política, diciendo que sólo aquellos cuyas manos no estén "manchadas de corrupción" pueden esperar llegar hasta Dios.

6 de abril de 2007
©la nación
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murió maría julia hernández


[Sam Enríquez y Alex Renderos] A los 68. La activista salvadoreña por los derechos humanos reveló las brutalidades cometidas durante la guerra civil en su país.
María Julia Hernández, una conocida activista por los derechos humanos que defendió a las víctimas durante la prolongada guerra civil en El Salvador y cuidó a sus familias en los años posteriores, murió el viernes de un ataque al corazón. Tenía 68 años.
Como directora de la Tutela Legal, un grupo de derechos humanos patrocinado por la iglesia católica, Hernández había viajado al país centroamericano a recoger evidencias y entrevistar a los sobreviviente de masacres durante el sangriento conflicto que terminó en 1992 con un acuerdo de paz gracias a la intervención de Naciones Unidas.
"Nuestro reto y promesa más profundos, nuestra razón de ser, son las víctimas, que fueron en general los pobres de El Salvador", dijo sobre su trabajo en un discurso en 2004.
Revelar abusos de los llamados escuadrones de la muerte era un trabajo peligroso. Miles de personas fueron amenazadas o asesinadas por soldados, agentes de policía y grupos paramilitares de extrema derecha que combatían contra las guerrillas de izquierda. Críticos de las fuerzas de seguridad del gobierno eran rápidamente clasificados como simpatizantes de los rebeldes.
Antes de iniciar una investigación, Hernández recitaba sus oraciones, recordó su colega David Morales: "Bueno, Dios, o lo veo hoy y me dará más tiempo para seguir luchando".
Hernández y sus colegas recorrieron El Salvador tomando fotos de los muertos y llevando una cuenta de las víctimas que excedía de lejos las cifras del gobierno. Funcionarios de la embajada norteamericana de San Salvador a mediados de los ochenta, criticaron sus esfuerzos por llamar la atención internacional sobre el conflicto, sugiriendo veladamente que ella podía ser simpatizante de las guerrillas.
"Quizá es mejor que no tenga familia", dijo Hernández, que era soltera y no tenía hijos, al Times en 1984. Durante la guerra, la gente se acercaba a su oficina y hojeaba los álbumes fotográficos para reconocer a familiares y amigos desaparecidos.
Hernández empezó su trabajo, hace 25 años, en Tutela Legal, una oficina creada por el arzobispo Óscar Romero. Romero, que formaba parte de un grupo de sacerdotes atacados por oficiales salvadoreños debido a su declarado apoyo de los pobres y por sus críticas de los abusos militares, fue asesinado a balazos en 1980 mientras daba misa.
Ese año también observó el aumento de la ayuda militar norteamericana al gobierno salvadoreño, precipitado por los temores del gobierno de Reagan de una revolución comunista en la región.
Hernández y otros han sostenido durante largo tiempo que esas armas fueron usadas por los escuadrones de la muerte respaldados por el gobierno, que asolaban el país asesinando a civiles sospechosos de ayudar a los guerrilleros.
Durante la guerra civil murieron decenas de miles de personas, muchas de ellas enterradas en tumbas anónimas, sin que nadie explicara nada o emitiera algún aviso a la familia. Cientos de miles de otras partieron al exilio, incluyendo California.
Hernández, abogado, había dicho que ella creía que su misión era ayudar a las familias a conocer el destino de los familiares desaparecidos y llevar a justicia a sus asesinos. Estaba convencida de que la mayoría de los asesinatos durante la guerra civil fueron cometidos por las fuerzas de gobierno, una afirmación que fue rechazada por los funcionarios, que consideraban que su oficina era parcial y de izquierdas.
Después de la firma de los acuerdos de paz en Ciudad de México en 1992, trató de iniciar acciones legales por las matanzas de civiles a manos de soldados de diciembre de 1981, en El Mozote y otras tres aldeas en el nordeste de San Salvador. Oficiales salvadoreños y norteamericanos dijeron que las muertes se produjeron durante una batalla de tres días con las fuerzas de la guerrilla, pese a informes contrarios de las aldeas.
Más tarde un grupo de antropólogos forenses confirmaron que cientos de civiles desarmados, incluyendo mujeres y niños, habían sido asesinados; muchos de ellos habían sido torturados antes de su muerte. Funcionarios de la defensa salvadoreña dijeron que es imposible identificar a los soldados responsables.
La muerte de Hernández el viernes coincidió con el funeral de Romero, hace exactamente 27 años, dijo Silvia Guillén, de la Fundación para el Estudio para la Aplicación del Derecho, una organización de derechos humanos.
"Su muerte es una enorme pérdida para los que trabajamos en derechos humanos", dijo. "Y nos deja con la responsabilidad".

sam.enriquez@latimes.com
Enríquez informó desde Ciudad de México, y Renderos desde San Salvador.

4 de abril de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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criminalidad y política


columna de mérici
El diario argentino Página 12 publicó en estos días un escalofriante reportaje sobre la represión durante la última dictadura en Argentina, especialmente sobre los crímenes cometidos por soldados y agentes represivos en la jurisdicción del Primer Cuerpo del Ejército. Las actividades de este grupo están siendo todavía investigadas por un tribunal bonaerense.
El fiscal a cargo de la investigación "analiza la utilización de una decena de empresas de seguridad manejadas por represores para el robo de bienes de desaparecidos, el lavado del dinero que les robaban y el secuestro extorsivo de empresarios". Este grupo secuestraba y detenía a personas acusadas de los más inverosímiles delitos y, antes de eliminarlas mediante métodos igual de crueles que los usados por los militares chilenos, les robaban, haciéndoles firmar traspasos de propiedad y bienes.
También se dedicaban al secuestro de empresarios -que lejos estaban de ser sospechosos de ser de izquierdas. Siempre la afiliación política de los acusados -y posteriormente desaparecidos- y supuestos delitos fueron una excusa para torturarlos y matarlos vil y cobardemente y hacerse con su dinero o propiedades.
Que los militares adoptaron esta política de robo y expoliación de sus pretendidos enemigos políticos como política oficial lo demuestra el hecho de que un hijo del criminal Emilio Massera, fue encausado por este motivo cuando se descubrió posteriormente que se apropió de las tierras del empresario Vitorio Cerutti.
El grupo militar dedicado a estas labores -que hacen recordar los abusos a que fueron sometidos los judíos por los nazis- seleccionaba a detenidos ricos o adinerados para acusarlos de terrorismo, torturarlos y eliminarlos y apoderarse de sus bienes, que se encontraban en alguno de los varios campos de concentración donde los militares retenían a sus víctimas: Orletti, El Atlético, El Banco, El Vesubio y El Olimpo. En el proceso actual hay 63 imputados, 40 de los cuales en poder de la justicia.
Una de las actividades de estos militares era procesar los bienes y propiedades robados a los desaparecidos. Para ello, el general Otto Paladino, jefe del servicio secreto de la dictadura, fundó una empresa llamada Magister Seguridad Integral, que hacía de fachada para legalizar los bienes robados. En esta terrible trama había implicados de los niveles más altos del aparato represivo de la dictadura, como el general Massera; el jefe de la policía bonaerense, y el jefe del Primer Cuerpo del Ejército, Guillermo Suárez Mason.
Según la fiscalía que lleva el proceso, "los hechos revelan que los funcionarios aprovecharon la represión para apropiarse de bienes de las víctimas para realizar los más variados emprendimientos. No hay dudas de que la represión ilegal y el robo fueron de la mano y que el aparato del Terrorismo de Estado inventó las herramientas para asegurarse el éxito de sus acciones criminales".

Un relato que lo dice todo sobre el supuesto carácter político de las dictaduras argentinas, termina el reportaje de Página 12: "Torres [un gendarme implicado que confesó] se refirió, en otra causa, a cómo en varias oportunidades los asesinos se terminaban peleando por el ‘botín', allí donde mataban y saqueaban. Relató que eso ocurrió en el operativo donde fueron asesinados Lucía Adela Révora de De Pedro y Carlos Guillermo Fassano, que fueron llevados ya muertos al Olimpo. En la casa había 150.000 dólares, que los represores se disputaron en un enfrentamiento donde un principal terminó muerto y otros dos heridos. En los días posteriores, vaciaron la casa, en la calle Belén 335, en Floresta".

Las sucesivas dictaduras argentinas implantaron también la práctica de dejar que las detenidas dieran a luz a sus bebés, si las apresaban embarazadas o quedaban embarazadas tras ser violadas por los militares y policías, para matarlas luego y regalar o vender sus bebés a parejas de militares que no podían tener hijos. Los militares también recurrieron al tráfico de armas para aumentar sus ingresos. Y, como ya se mencionó, a los secuestros de hombres de negocios ricos.

¿Cómo es posible que haya ocurrido algo así? Quiero decir, ¿puede todavía creer alguien que las dictaduras argentinas -como la chilena, de la que fueron aliadas, y otras dictaduras en América Latina- se fundaron en un proyecto político? Después de todos los antecedentes de que se dispone, sería absurdo. El pretendido objetivo de impedir el comunismo en nuestros países es simple y llanamente una falacia. No quiere decir esto que no hubiese personas y grupos que propusiesen la implantación violenta de un régimen comunista, pero decir que estos, aparte ser un problema más bien policial, en realidad ponían en peligro la estabilidad democrática de nuestros países es simplemente falso. (En algunos sistemas jurídicos, valga el alcance, no basta con que alguien confiese un delito o una intención; es necesario además probar que su confesión es verídica). Por lo demás, no tengo que probar que la constitucionalidad democrática la rompieron grupos de militares parias.
Pero si ese objetivo ridículo era una falacia, ¿por qué ocurrió lo que ocurrió? Mi teoría es relativamente simple y se aplica especialmente al caso chileno: en primer lugar, Estados Unidos no quería de ninguna manera que hubiese una solución pacífica a los problemas que vivía Chile en 1973. Para nada le convenía el referendo al que quería convocar Allende, ni le convenía el gobierno de unidad nacional que tenía este en mente. Había que provocar un régimen autoritario y criminal costase lo que costase. (Me baso en declaraciones de Nixon y Kissinger durante la investigación que se hizo después a fines de los años ochenta).
En segundo lugar, las clases ricas chilenas querían recuperar su poder: no solamente se habían quedado sin tierras (debido a la reforma agraria), sin bienes inmobiliarios extravagantes (por la reforma de propiedad urbana), sin sus abusivos recursos y prácticas financieras (por la reforma bancaria), sino además habían dejado de dirigir el país desde un punto de vista social. Simplemente ya no contaban. Estas clases sedujeron o contrataron, y en algunos compraron directamente a jefes militares y mercenarios civiles para poner orden, deshacer las reformas y los avances de las clases pobres (en salud, en previsión social, en ingresos, en situación general, en educación) y volver a ocupar sus antiguas posiciones de privilegio.
A cambio de ello, les ofrecieron privilegios similares a los que gozaban las clases ricas mismas. En otras palabras, les hacían un hueco bajo el sol del privilegio y la explotación de las clases humildes. Y entre esos privilegios se incluía el matar y robar impunemente. La condición, el acuerdo tácito, obviamente, fue que las víctimas debían ser personas de izquierda o al menos debían ser acusadas de ser de izquierdas, lo que, aún sin ser delito, ciertamente les condenaba a muerte. Y las clases ricas, nuevamente ocupando los escaños del poder judicial y económico del país, harían la vista gorda.
De aquí viene, creo yo, el tráfico de cocaína, el tráfico de armas, las expropiaciones y robos de bienes y propiedades de personas y organizaciones de oposición a la dictadura, la fundación de empresas financieras falsas para detectar, robar y asesinar a hombres de negocios ricos.
La dictadura chilena, como la argentina, fueron dictaduras impuestas por grupos de delincuentes comunes, de vulgares criminales codiciosos que utilizaron falsamente argumentos políticos e ideológicos para imponer su poder. Estos grupos de delincuentes cometieron crímenes terribles y jueces y antiguos políticos de derechas guardaron silencio, porque esos criminales garantizaban su retorno a la situación de privilegio que habían perdido. (Esos jueces y esos políticos todavía viven y todavía ejercen su poder). Los argumentos ideológicos de los militares eran un simple barniz que les permitía matar a inocentes y ofrecer a esas víctimas inocentes como terroristas para cobrar sus pagas y mostrar su lealtad a sus patrones. Eso explica la violencia de esas décadas.

Los invito a leer el reportaje en Página 12 . O en mQh .

30 de marzo de 2007
©mérici
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