un año por matar a niño iraquí
Un soldado estadounidense fue sentenciado a un año de cárcel por su responsabilidad en la ejecución de un adolescente iraquí en agosto de 2004, informaron hoy fuentes militares.
El sargento Alban Cárdenas fue condenado por una corte marcial en el tribunal de la Primera División de Caballería en Camp Liberty, periferia de Bagdad, dijeron las fuentes a la prensa.
El adolescente iraquí había sido herido en una operación de las fuerzas de ocupación en Sadr City, suburbio chiita de Bagdad.
Cárdenas es el segundo soldado norteamericano que compareció ante la corte marcial por la muerte del adolescente iraquí, tras la condena a tres años de prisión contra el sargento Johnny Horne.
La unidad que integraban los dos sargentos abrió fuego el 18 de agosto de 2004 contra un vehículo al que consideraron sospechoso en la zona de Sadr City, que se trataba en verdad de un camión de basura.
Kassim Hassam, de 16 años, quien trabajaba junto a su familia recogiendo basura, quedó gravemente herido y fue ejecutado, decisión que la defensa de los militares consideró un acto de compasión para evitar mayores "sufrimientos".
El sargento Horne, de 30 años, fue condenado el 11 de diciembre a tres años de prisión, tras declararse culpable del asesinato del adolescente, y fue degradado a soldado raso, con retiro de su salario y baja deshonrosa.
El tribunal militar encontró a Horne culpable de asesinato no premeditado y conspiración para cometer asesinato, ya que pidió a un compañero de armas que cometiera el mismo crimen.
Horne integraba la Compañía C del primer Batallón del 41 Regimiento de Infantería.
14 de enero de 2005
©diario hoy
El sargento Alban Cárdenas fue condenado por una corte marcial en el tribunal de la Primera División de Caballería en Camp Liberty, periferia de Bagdad, dijeron las fuentes a la prensa. El adolescente iraquí había sido herido en una operación de las fuerzas de ocupación en Sadr City, suburbio chiita de Bagdad.
Cárdenas es el segundo soldado norteamericano que compareció ante la corte marcial por la muerte del adolescente iraquí, tras la condena a tres años de prisión contra el sargento Johnny Horne.
La unidad que integraban los dos sargentos abrió fuego el 18 de agosto de 2004 contra un vehículo al que consideraron sospechoso en la zona de Sadr City, que se trataba en verdad de un camión de basura.
Kassim Hassam, de 16 años, quien trabajaba junto a su familia recogiendo basura, quedó gravemente herido y fue ejecutado, decisión que la defensa de los militares consideró un acto de compasión para evitar mayores "sufrimientos".
El sargento Horne, de 30 años, fue condenado el 11 de diciembre a tres años de prisión, tras declararse culpable del asesinato del adolescente, y fue degradado a soldado raso, con retiro de su salario y baja deshonrosa.
El tribunal militar encontró a Horne culpable de asesinato no premeditado y conspiración para cometer asesinato, ya que pidió a un compañero de armas que cometiera el mismo crimen.
Horne integraba la Compañía C del primer Batallón del 41 Regimiento de Infantería.
14 de enero de 2005
©diario hoy
cazadores y cazados en iraq
[Karl Vick] Fuerzas iraquíes deben hacer frente a continuados ataques de los rebeldes.
Bagdad, Iraq. Los hombres enmascarados en las calles de la capital iraquí se ven a sí mismos como los buenos de la película. Instalando puestos de control y corriendo entre los coches, a pie, los agentes de policía, soldados y guardias nacionales iraquíes asumen una postura claramente defensiva: los rifles en alto, pasamontañas.
"Es parte del uniforme", dijo Ahmed, un teniente primero con un pasamontañas de lana negra metido hasta el cuello de su chaqueta de camuflaje. Tanto la chaqueta como el pasamontañas son ahora el uniforme normal de las fuerzas de seguridad del gobierno interino iraquí, las tropas recientemente adiestradas que hacen doble servicio como cazadores y cazados.
Ahmed y cuatro otros comandos de la policía dicen que no hacen nada sin sus pasamontañas, no permiten que se usen sus nombres en publicaciones y no cuentan a sus vecinos cómo se ganan la vida.
"Yo digo que trabajo instalando azulejos", dice Wisam, 20, que vive en el sur de Bagdad.
"Yo digo que soy mecánico de coches", dice Abu Jaffar, después de salir de su escondite detrás de un camión sobre el que se ha montado una ametralladora. Incluso con su pasamontañas se ha ocultado después de divisar a un vecino bajándose de un autobús a unos 9 metros de allí.
La intimidación se ha transformado en la principal herramienta de los insurgentes que tratan de frustrar al gobierno iraquí, que está tratando de realizar elecciones parlamentarias a nivel nacional al mismo tiempo que afianza una fuerza de seguridad nacional que de a los votantes una posibilidad de llegar a los colegios electorales.
Cientos de iraquíes han perdido la vida en las últimas semanas, y el miedo que los insurgentes dicen que quieren causar en la población iraquí de 25 millones se extiende todavía más con cada asesinato y con los panfletos en los que se amenaza a todos los que participen en las elecciones.
El lunes el subdirector de la policía de Bagdad y su hijo fueron asesinados a balazos frente a su casa mientras que varios guardias nacionales en Baiji, una base rebelde a unos 200 kilómetros al norte de Bagdad, dijeron que 142 guardias habían renunciado.
Un día antes se encontraron tres cuerpos en las afueras de la ciudad de Samarra en el centro-norte del país. Eran jóvenes, tenían las manos atadas a la espalda y presentaban múltiples impactos de bala en la cabeza. Al menos uno de ellos era un agente de policía. Un miembro del ayuntamiento de Riyadh, en el Triángulo Sunní, fue arrojado en el maletero de un coche por hombres armados.
"Solicitamos este trabajo para proteger a nuestro pueblo, incluso aunque los del llamado Ejército de Ansar al-Sunna me amenazaron cuatro veces", dice Hisham Sattar Jabbar, un comando de la policía, mientras atendía a unos colegas heridos en el sitio de una fuerte explosión que mató al menos a diez personas el 4 de enero.
"Ellos dicen que trabajamos para los norteamericanos", dice Jabbar. "Pero nosotros trabajamos con la gente y para la gente".
La opinión pública parece apoyar ese sentimiento. Sondeos de opinión muestran que los iraquíes apoyan a los nuevos servicios de seguridad tan decididamente como apoyan al liderazgo religioso del país, un grupo que recibe más apoyo que cualquiera otra institución.
El apoyo es particularmente alto para la policía, cuyos agentes son reclutados en las ciudades donde trabajan.
Para incomodidad de funcionarios norteamericanos, sin embargo, que tienden a desconfiar de las unidades de policía locales, eso a menudo significa que sirven como barómetro de la aceptación pública de la resistencia.
En Mosul, la tercera ciudad más importante de Iraq, la fuerza policial de 5.000 miembros se desintegró el 10 de noviembre cuando olas de guerrilleros asaltaron las comisarías de policía para abrir un nuevo frente después de la ofensiva norteamericana en curso contra Faluya. Dos meses más tarde, la norteña ciudad sigue sin una fuerza de policía local.
Casi al mismo tiempo, la fuerza de policía de Ramadi, 50 kilómetros al oeste de Faluya, también desertaron en masa. Casi un mes más tarde, casi la mitad de sus 1.600 agentes estaban de vuelta en el trabajo, dijeron agentes.
"La gente los apoya", dijo el coronel Muhammed Nuri. "Antes, cuando salíamos a patrullar, la gente ni nos miraba. Ahora, la gente nos apoya, nos ofrecen té y agua".
Por impopular que sea la presencia norteamericana, con la gran mayoría de los iraquíes pidiendo la retirada de las tropas norteamericanas, de acuerdo a los sondeos de opinión, los insurgentes están consumiendo su aceptación.
Habitantes de Ramadi -que han visto como las tropas norteamericanas destruyeron casi completamente Faluya para recuperar la ciudad de manos de los rebeldes- han expresado un aumentado apetito de orden público. Dicen que reprocharon a los guerrilleros por usar los vecindarios residenciales para montar ataques contra las tropas norteamericanas y poner así en peligro a sus familias de encontrarse atrapadas en el fuego cruzado.
"Queremos seguridad y orden en la ciudad. Estamos cansados de la gente armada", dijo Talib Ashur, que se acercó a la comisaría de Ramadi a presentar una denuncia sobre una disputa de propiedad. Normalmente el problema sería resuelto a través de negociaciones tribales informales, pero Ashur quería hacer un punto.
"Tenemos que acudir a la ley, porque es nuestro destino", dijo. "Esos hombres armados no estarán siempre. Vivirán uno o dos meses más, quizás todavía menos que eso".
De momento, sin embargo, un buen número de ellos siguen vivos, como recordó un comandante a un puñado de animados jóvenes agentes durante la visita de un periodista iraquí. Los reclutas han pintado encima de las pintadas de los insurgentes en una pared de la comisaría con provocadores lemas propios, como "Nuestra vida es larga, la vuestra corta". Pero cuando aceptaron posar para una fotografía de grupo, su comandante intervino.
"No es necesario correr riesgos", aconsejó Nuri. "Si esas fotos se publican, os matarán uno por uno".
La amenaza contra las fuerzas de seguridad iraquíes es mayor en el corazón del territorio sunní, donde la resistencia ha crecido a medida que disminuyen las fortunas políticas de sus residentes desde el derrocamiento de Saddam Hussein.
En las regiones al norte y oeste de Iraq central, la presión contra la votación o contra acciones que pudieran dar credibilidad al gobierno interino y sus patrocinadores norteamericanos es intensa, aunque rara vez articulada.
Cuando los encuestadores del Instituto Republicano Internacional financiado por Estados Unidos, que está ayudando a los iraquíes a preparar las elecciones, preguntaron a los musulmanes sunníes por qué no pensaban votar, el 74 por ciento dio como respuesta "no responde".
"Mi marido recibió muchas amenazas, a veces por carta, a veces por hombres armados que entraron violentamente a nuestra casa", dice Mona Mosa, una habitante de Baiji. La semana pasada, la policía le entregó el cuerpo sin cabeza de su marido.
Hasballah Shati, 50, ex piloto de guerra, hizo frente a las amenazas y continuó trabajando como traductor en una base norteamericana. Estaba fumando una pipa de agua frente a su casa y tres hombres armados se lo llevaron. Su mejor amigo, Zamil Hussein, recordó que uno de los secuestradores llevaban zapatillas blancas, porque se mancharon con el maquillaje de la esposa de Shati cuando se echó a sus pies rogando por la vida de su marido.
"La campaña de intimidación es extraordinariamente dura", dijo un importante funcionario de la embajada norteamericana. "Es muy difícil de combatir".
La estrategia anti-insurgencia implementada por las tropas norteamericanas e iraquíes, de acuerdo a otro diplomático occidental, se ha estancado en semanas de implacables redadas dirigidas contra las redes clandestinas de insurgentes.
"Estamos haciendo un montón de cosas para eliminar a los partidarios secundarios de los insurgentes", dijo el diplomático.
Al mismo tiempo, los insurgentes han trabajado para infiltrar a las fuerzas de seguridad iraquíes. Comandantes norteamericanos e iraquíes reconocen abiertamente que las filas del nuevo ejército y policía son rutinariamente comprometidas por los rebeldes.
El mismo problema amenaza al gobierno civil iraquí: En octubre un importante funcionario del despacho del primer ministro interino, Ayad Allawi, fue detenido bajo sospechas de proporcionar a los insurgentes las direcciones personales y otros datos de empleados del gobierno que iban a ser asesinados.
Pero las fuerzas de seguridad, uniformadas y en la calle, siguen siendo las más vulnerables.
"En parte es porque son más fáciles de matar", dijo el funcionario norteamericano, que habló a condición de mantener el anonimato. "Pero también porque los insurgentes están preocupados de que esas fuerzas se afiancen".
"Se están transformando en una fuerza muy eficiente", dice el teniente general Thomas Metz, jefe de las fuerzas norteamericanas de tierra en Iraq, "que es exactamente lo que teme el enemigo".
También lo ven así los jefes de policía, a través de los ojos de sus pasamontañas.
"Somos el primer paso en el largo camino hacia la seguridad", dice Abu Jaffar. "Si la gente nos ve trabajando, tendrán coraje para incorporarse el ejército".
Y si se cubren las caras, es sólo para ponerse a la altura de un enemigo invisible, que los atacan desde coches en marcha o con coches-bomba suicidas.
"Los terroristas son cobardes", dice Abu Jaffar. "No se atreven a enfrentarse a nosotros".
Salih Saif Aldin en Baiji y Bassam Sebti en Baghdad contribuyeron a este reportaje.
11 de enero de 2005
13 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
"Es parte del uniforme", dijo Ahmed, un teniente primero con un pasamontañas de lana negra metido hasta el cuello de su chaqueta de camuflaje. Tanto la chaqueta como el pasamontañas son ahora el uniforme normal de las fuerzas de seguridad del gobierno interino iraquí, las tropas recientemente adiestradas que hacen doble servicio como cazadores y cazados.
Ahmed y cuatro otros comandos de la policía dicen que no hacen nada sin sus pasamontañas, no permiten que se usen sus nombres en publicaciones y no cuentan a sus vecinos cómo se ganan la vida.
"Yo digo que trabajo instalando azulejos", dice Wisam, 20, que vive en el sur de Bagdad.
"Yo digo que soy mecánico de coches", dice Abu Jaffar, después de salir de su escondite detrás de un camión sobre el que se ha montado una ametralladora. Incluso con su pasamontañas se ha ocultado después de divisar a un vecino bajándose de un autobús a unos 9 metros de allí.
La intimidación se ha transformado en la principal herramienta de los insurgentes que tratan de frustrar al gobierno iraquí, que está tratando de realizar elecciones parlamentarias a nivel nacional al mismo tiempo que afianza una fuerza de seguridad nacional que de a los votantes una posibilidad de llegar a los colegios electorales.
Cientos de iraquíes han perdido la vida en las últimas semanas, y el miedo que los insurgentes dicen que quieren causar en la población iraquí de 25 millones se extiende todavía más con cada asesinato y con los panfletos en los que se amenaza a todos los que participen en las elecciones.
El lunes el subdirector de la policía de Bagdad y su hijo fueron asesinados a balazos frente a su casa mientras que varios guardias nacionales en Baiji, una base rebelde a unos 200 kilómetros al norte de Bagdad, dijeron que 142 guardias habían renunciado.
Un día antes se encontraron tres cuerpos en las afueras de la ciudad de Samarra en el centro-norte del país. Eran jóvenes, tenían las manos atadas a la espalda y presentaban múltiples impactos de bala en la cabeza. Al menos uno de ellos era un agente de policía. Un miembro del ayuntamiento de Riyadh, en el Triángulo Sunní, fue arrojado en el maletero de un coche por hombres armados.
"Solicitamos este trabajo para proteger a nuestro pueblo, incluso aunque los del llamado Ejército de Ansar al-Sunna me amenazaron cuatro veces", dice Hisham Sattar Jabbar, un comando de la policía, mientras atendía a unos colegas heridos en el sitio de una fuerte explosión que mató al menos a diez personas el 4 de enero.
"Ellos dicen que trabajamos para los norteamericanos", dice Jabbar. "Pero nosotros trabajamos con la gente y para la gente".
La opinión pública parece apoyar ese sentimiento. Sondeos de opinión muestran que los iraquíes apoyan a los nuevos servicios de seguridad tan decididamente como apoyan al liderazgo religioso del país, un grupo que recibe más apoyo que cualquiera otra institución.
El apoyo es particularmente alto para la policía, cuyos agentes son reclutados en las ciudades donde trabajan.
Para incomodidad de funcionarios norteamericanos, sin embargo, que tienden a desconfiar de las unidades de policía locales, eso a menudo significa que sirven como barómetro de la aceptación pública de la resistencia.
En Mosul, la tercera ciudad más importante de Iraq, la fuerza policial de 5.000 miembros se desintegró el 10 de noviembre cuando olas de guerrilleros asaltaron las comisarías de policía para abrir un nuevo frente después de la ofensiva norteamericana en curso contra Faluya. Dos meses más tarde, la norteña ciudad sigue sin una fuerza de policía local.
Casi al mismo tiempo, la fuerza de policía de Ramadi, 50 kilómetros al oeste de Faluya, también desertaron en masa. Casi un mes más tarde, casi la mitad de sus 1.600 agentes estaban de vuelta en el trabajo, dijeron agentes.
"La gente los apoya", dijo el coronel Muhammed Nuri. "Antes, cuando salíamos a patrullar, la gente ni nos miraba. Ahora, la gente nos apoya, nos ofrecen té y agua".
Por impopular que sea la presencia norteamericana, con la gran mayoría de los iraquíes pidiendo la retirada de las tropas norteamericanas, de acuerdo a los sondeos de opinión, los insurgentes están consumiendo su aceptación.
Habitantes de Ramadi -que han visto como las tropas norteamericanas destruyeron casi completamente Faluya para recuperar la ciudad de manos de los rebeldes- han expresado un aumentado apetito de orden público. Dicen que reprocharon a los guerrilleros por usar los vecindarios residenciales para montar ataques contra las tropas norteamericanas y poner así en peligro a sus familias de encontrarse atrapadas en el fuego cruzado.
"Queremos seguridad y orden en la ciudad. Estamos cansados de la gente armada", dijo Talib Ashur, que se acercó a la comisaría de Ramadi a presentar una denuncia sobre una disputa de propiedad. Normalmente el problema sería resuelto a través de negociaciones tribales informales, pero Ashur quería hacer un punto.
"Tenemos que acudir a la ley, porque es nuestro destino", dijo. "Esos hombres armados no estarán siempre. Vivirán uno o dos meses más, quizás todavía menos que eso".
De momento, sin embargo, un buen número de ellos siguen vivos, como recordó un comandante a un puñado de animados jóvenes agentes durante la visita de un periodista iraquí. Los reclutas han pintado encima de las pintadas de los insurgentes en una pared de la comisaría con provocadores lemas propios, como "Nuestra vida es larga, la vuestra corta". Pero cuando aceptaron posar para una fotografía de grupo, su comandante intervino.
"No es necesario correr riesgos", aconsejó Nuri. "Si esas fotos se publican, os matarán uno por uno".
La amenaza contra las fuerzas de seguridad iraquíes es mayor en el corazón del territorio sunní, donde la resistencia ha crecido a medida que disminuyen las fortunas políticas de sus residentes desde el derrocamiento de Saddam Hussein.
En las regiones al norte y oeste de Iraq central, la presión contra la votación o contra acciones que pudieran dar credibilidad al gobierno interino y sus patrocinadores norteamericanos es intensa, aunque rara vez articulada.
Cuando los encuestadores del Instituto Republicano Internacional financiado por Estados Unidos, que está ayudando a los iraquíes a preparar las elecciones, preguntaron a los musulmanes sunníes por qué no pensaban votar, el 74 por ciento dio como respuesta "no responde".
"Mi marido recibió muchas amenazas, a veces por carta, a veces por hombres armados que entraron violentamente a nuestra casa", dice Mona Mosa, una habitante de Baiji. La semana pasada, la policía le entregó el cuerpo sin cabeza de su marido.
Hasballah Shati, 50, ex piloto de guerra, hizo frente a las amenazas y continuó trabajando como traductor en una base norteamericana. Estaba fumando una pipa de agua frente a su casa y tres hombres armados se lo llevaron. Su mejor amigo, Zamil Hussein, recordó que uno de los secuestradores llevaban zapatillas blancas, porque se mancharon con el maquillaje de la esposa de Shati cuando se echó a sus pies rogando por la vida de su marido.
"La campaña de intimidación es extraordinariamente dura", dijo un importante funcionario de la embajada norteamericana. "Es muy difícil de combatir".
La estrategia anti-insurgencia implementada por las tropas norteamericanas e iraquíes, de acuerdo a otro diplomático occidental, se ha estancado en semanas de implacables redadas dirigidas contra las redes clandestinas de insurgentes.
"Estamos haciendo un montón de cosas para eliminar a los partidarios secundarios de los insurgentes", dijo el diplomático.
Al mismo tiempo, los insurgentes han trabajado para infiltrar a las fuerzas de seguridad iraquíes. Comandantes norteamericanos e iraquíes reconocen abiertamente que las filas del nuevo ejército y policía son rutinariamente comprometidas por los rebeldes.
El mismo problema amenaza al gobierno civil iraquí: En octubre un importante funcionario del despacho del primer ministro interino, Ayad Allawi, fue detenido bajo sospechas de proporcionar a los insurgentes las direcciones personales y otros datos de empleados del gobierno que iban a ser asesinados.
Pero las fuerzas de seguridad, uniformadas y en la calle, siguen siendo las más vulnerables.
"En parte es porque son más fáciles de matar", dijo el funcionario norteamericano, que habló a condición de mantener el anonimato. "Pero también porque los insurgentes están preocupados de que esas fuerzas se afiancen".
"Se están transformando en una fuerza muy eficiente", dice el teniente general Thomas Metz, jefe de las fuerzas norteamericanas de tierra en Iraq, "que es exactamente lo que teme el enemigo".
También lo ven así los jefes de policía, a través de los ojos de sus pasamontañas.
"Somos el primer paso en el largo camino hacia la seguridad", dice Abu Jaffar. "Si la gente nos ve trabajando, tendrán coraje para incorporarse el ejército".
Y si se cubren las caras, es sólo para ponerse a la altura de un enemigo invisible, que los atacan desde coches en marcha o con coches-bomba suicidas.
"Los terroristas son cobardes", dice Abu Jaffar. "No se atreven a enfrentarse a nosotros".
Salih Saif Aldin en Baiji y Bassam Sebti en Baghdad contribuyeron a este reportaje.
11 de enero de 2005
13 de enero de 2005
©washington post
©traducción mQh
no hay armas de destrucción masiva en iraq
Luego de cerca de dos años de investigaciones infructuosas, Estados Unidos cesó de buscar armas de destrucción masiva (ADM) en Iraq, aunque sin llegar a la conclusión de que la guerra en Irak ha perdido su principal justificación.
Washington, Estados Unidos. El vocero de la Casa Blanca, Scott McClellan, declaró el miércoles que el grupo de inspectores estadounidenses en Irak, el ISG (Iraq Survey Group), había prácticamente cesado sus investigaciones en Irak, y que el informe publicado en octubre, que concluye en la ausencia de ADM en ese país, no será sustancialmente modificado.
McClellan reafirmó que "el régimen de Saddam Hussein tenía la intención y la capacidad necesaria en lo que se refiere a las armas de destrucción masiva" y que trataba de burlar las sanciones de las Naciones Unidas para fabricarlas u obtenerlas.
En respuesta, la jefa del ala demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, exigió explicaciones al presidente George W. Bush.
"Tras una búsqueda que llevó cerca de dos años y millones de dólares, y una guerra que costó miles de vidas, no se han encontrado armas de destrucción masiva, ni se ha demostrado evidencia de que esas armas fueron trasladadas a otro país", dijo Pelosi en un comunicado.
"Ahora que la búsqueda terminó, el presidente Bush necesita explicarle al pueblo estadounidense porque se equivocó, por tanto tiempo, sobre las razones de la guerra".
Un responsable estadounidense interrogado por la AFP indicó, por su parte, que millones de documentos fueron analizados por inspectores de la ISG que se encontraban "en alguna parte de Medio Oriente".
"Si hay pistas, las mismas serán exploradas", aseguró ese responsable, dejando entrever que Estados Unidos se rehúsa a admitir definitivamente la ausencia de ADM en Iraq bajo el régimen de Saddam Hussein.
El jefe de la ISG, Charles Duelfer había presentado el 6 de octubre un informe preliminar indicando que Iraq renunciaba a sus armas de destrucción masiva en 1991 y no tenía un programa de armas químicas, biológicas o nucleares al momento de la invasión estadounidense en marzo 2003, contrariamente a lo que había afirmado la administración Bush, en base a los datos provistos por los servicios de inteligencia.
Un senador demócrata en favor de la guerra, Joseph Lieberman, reiteró su posición el miércoles. "El hecho de que no hayamos descubierto grandes provisiones de ADM no significa que Saddam Hussein no las tuviera", dijo Lieberman a la televisón Fox.
"Los que es importante ahora", respondió McClellan, "es examinar lo que no funcionó con la información que acumulamos durante 12 años, y que habíamos acumulado anteriormente, y corregir los problemas".
McClellan recordó que el presidente decidió en octubre encarar una reforma en profundidad de los servicios de inteligencia estadounidenses, en base a las recomendaciones que él pidió a una comisión especial.
13 de enero de 2005
©mi punto
Washington, Estados Unidos. El vocero de la Casa Blanca, Scott McClellan, declaró el miércoles que el grupo de inspectores estadounidenses en Irak, el ISG (Iraq Survey Group), había prácticamente cesado sus investigaciones en Irak, y que el informe publicado en octubre, que concluye en la ausencia de ADM en ese país, no será sustancialmente modificado. McClellan reafirmó que "el régimen de Saddam Hussein tenía la intención y la capacidad necesaria en lo que se refiere a las armas de destrucción masiva" y que trataba de burlar las sanciones de las Naciones Unidas para fabricarlas u obtenerlas.
En respuesta, la jefa del ala demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, exigió explicaciones al presidente George W. Bush.
"Tras una búsqueda que llevó cerca de dos años y millones de dólares, y una guerra que costó miles de vidas, no se han encontrado armas de destrucción masiva, ni se ha demostrado evidencia de que esas armas fueron trasladadas a otro país", dijo Pelosi en un comunicado.
"Ahora que la búsqueda terminó, el presidente Bush necesita explicarle al pueblo estadounidense porque se equivocó, por tanto tiempo, sobre las razones de la guerra".
Un responsable estadounidense interrogado por la AFP indicó, por su parte, que millones de documentos fueron analizados por inspectores de la ISG que se encontraban "en alguna parte de Medio Oriente".
"Si hay pistas, las mismas serán exploradas", aseguró ese responsable, dejando entrever que Estados Unidos se rehúsa a admitir definitivamente la ausencia de ADM en Iraq bajo el régimen de Saddam Hussein.
El jefe de la ISG, Charles Duelfer había presentado el 6 de octubre un informe preliminar indicando que Iraq renunciaba a sus armas de destrucción masiva en 1991 y no tenía un programa de armas químicas, biológicas o nucleares al momento de la invasión estadounidense en marzo 2003, contrariamente a lo que había afirmado la administración Bush, en base a los datos provistos por los servicios de inteligencia.
Un senador demócrata en favor de la guerra, Joseph Lieberman, reiteró su posición el miércoles. "El hecho de que no hayamos descubierto grandes provisiones de ADM no significa que Saddam Hussein no las tuviera", dijo Lieberman a la televisón Fox.
"Los que es importante ahora", respondió McClellan, "es examinar lo que no funcionó con la información que acumulamos durante 12 años, y que habíamos acumulado anteriormente, y corregir los problemas".
McClellan recordó que el presidente decidió en octubre encarar una reforma en profundidad de los servicios de inteligencia estadounidenses, en base a las recomendaciones que él pidió a una comisión especial.
13 de enero de 2005
©mi punto
verdades sobre las elecciones en iraq
En las condiciones actuales, las elecciones pueden provocar una guerra civil.
Cuando en Estados Unidos se debatía sobre si invadir o no Iraq, había un resultado en que todos concordaban que debía ser evitado por todos los medios: una guerra civil entre los sunníes y chiíes, que crearía inestabilidad en todo Oriente Medio y daría a los terroristas una nueva e ingobernable región que podrían usar como base de operaciones. Las elecciones próximas -largo tiempo anunciadas como el comienzo de un nuevo Iraq democrático- parecen cada vez más como el inicio de ese tenebroso guión. Es hora de hablar de posponer las elecciones.
Si Iraq ha de sobrevivir como nación, debe crear un gobierno en el que gobierne la mayoría -y en este caso eso significa los chiíes- y donde las minorías tengan una protección garantizada de sus derechos básicos y suficiente influencia a la hora de tomar decisiones importantes. Los kurdos, los sunníes no árabes que viven en el nordeste del país, parecen creer que las elecciones les otorgarán lo que más anhelan: una relativa autonomía para dirigir sus propios asuntos como parte de una federación iraquí. Pero los árabes, que constituyen un 20 por ciento de la población, se han apartado cada vez más. El más importante partido sunní se ha retirado del actual gobierno interino y casi todos los más importantes políticos árabes sunníes están llamando ahora sea a posponer las elecciones o a boicotearlas. Dada la violencia en las regiones sunníes, incluso los votantes que quieren participar pueden dudar en acercarse a las urnas. En algunos lugares, los colegios electorales quizás no abran en absoluto.
Un aplazamiento -que tendría que durar un período fijo de sólo dos o tres meses- no resolvería todos los problemas de seguridad. Pero enviaría una señal a los árabes sunníes de que sus preocupaciones son tomadas en serio. Eso por sí mismo sería importante para asegurarles de que la mayoría chií no está tratando de pisotear sus derechos. El gobierno interino debería convocar a una reunión de emergencia de los líderes más importantes de todas las principales comunidades iraquíes para presentar un esquema y procedimientos electorales que optimicen la capacidad de los grupos de la minoría para contar con una representación adecuada. Los líderes sunníes, a cambio, tendrían que prometer que participarán en las elecciones que se convoquen posteriormente.
Preocuparse de si los sunníes serán o incluidos en el gobierno no significa que se simpatice con sus resentimientos más básicos. Durante el régimen de Saddam Hussein, la minoría sunní cosechó casi todas las cosas buenas que tenía Iraq al mismo tiempo que se pisoteaban los derechos de los chiíes y kurdos. Esos días terminaron, y los sunníes simplemente han aceptado el hecho de que nunca volverán a disfrutar de la vieja y enorme porción de la tarta. Pero si Iraq ha de superar su larga historia de hostilidades comunales, los chiíes deben demostrar que no tratarán a los sunníes de la manera en que los sunníes los trataron a ellos.
Para entender lo que está pasando en Iraq, hay que imaginar el estado de ánimo de los sunníes -no los repugnantes terroristas que disparan contra los trabajadores electorales y asesinan a civiles con coches-bomba y minas, sino la gente corriente, incluyendo a esos hombres y mujeres de clase media cuyas vidas han sido arruinadas desde la invasión.
Estados Unidos y sus aliados cometieron muchos graves errores en su tratamiento de los sunníes. El más importante fue la temprana decisión de licenciar al ejército iraquí y un decreto, revocado más tarde, que dejó en la calle a decenas de miles de maestros, doctores y otros profesionales que habían pertenecido al Partido Baaz al excluirles de funciones en el estado -incluyendo a mucha gente que se habían incorporado al partido para no meterse en problemas.
Desde entonces, los sunníes han descubierto que el Ejército norteamericano -que muchos consideraban como omnipotente- no les protege ni de los criminales ni de los terroristas que han estado operando en la región desde el derrocamiento del régimen de Hussein. Forzados a recluirse en sus casas para eludir a los secuestradores y terroristas suicidas, han tenido un montón de tiempo para contemplar el hecho de que los norteamericanos tampoco han cumplido con su promesa de mejorar las infraestructuras y proporcionar electricidad y agua potable. Más recientemente, civiles sunníes que han llevado el peso de los ataques contra los insurgentes de los norteamericanos, como el de Faluya, que devastó las áreas residenciales y dejó a miles de personas sin hogar.
Mucho de esto pudo haber sido evitado si la invasión norteamericana hubiese sido conducida con más tino, pero ahora es la realidad y los norteamericanos no la pueden reparar. Un gobierno elegido democráticamente podría construir una fuerza de seguridad iraquí eficiente y ganar la guerra contra las guerrillas, cuyos ataques hacen la vida día a día imposible en las provincias sunníes. Pero ese gobierno tendría que incluir a todas las facciones.
Un amplio espectro de líderes sunníes, incluyendo a algunos de los más moderados y pro-occidentales, están llamando a postergar las elecciones. Tienen buenas razones para temer que tal como están las cosas ahora, mucha de su gente no querrá o no podrá participar en las elecciones. La semana pasada un importante comandante de operaciones en Iraq dijo que grandes áreas de cuatro provincias predominantemente sunníes, incluyendo a Bagdad, son actualmente demasiado inseguras como para que la gente vote. El primer ministro Ayad Allawai admitió ayer que hay al menos algunos "bolsones" en el país donde votar puede ser muy peligroso.
Si las elecciones se realizan finalmente en las condiciones actuales, el nuevo gobierno podría terminar igualmente con poco o nada de representación sunní para cuando se redacte la nueva Constitución. Los vencedores de las elecciones, que serán inevitablemente chiíes, podrían, por supuesto, nombrar a representantes sunníes. Pero la nueva Constitución iraquí incluirá inexorablemente disposiciones que causarán el descontento sunní, y la gente que apruebe esa Constitución necesita la legitimidad que se obtiene con las elecciones.
Parece claro en retrospectiva que las elecciones deberían haber sido organizadas según líneas provinciales o por circunscripción, un esquema que habría asegurado la representación de la minoría. También habría permitido al gobierno interino seguir adelante con la votación en las regiones chiíes y kurdas este mes al mismo tiempo que se posponen en las cuatro provincias azotadas por la violencia, otorgando a los sunníes la perspectiva de elegir más tarde su cuota de legisladores. Los organizadores de Naciones Unidas son los que cometieron errores en esto. Tomaron sus decisiones bajo la presión del gobierno de Bush de presentar un plan simple que pudiera ser implementado para el 30 de enero. Pero ahora parece que habría sido mejor aceptar las deficiencias inherentes en un sistema regional para conseguir la sólida protección de los sunníes.
A pesar de todas las chácharas sobre dejar que las autoridades interinas gobiernen Iraq, el presidente Bush es quien tiene la última palabra en asuntos importantes, como cuándo realizar las elecciones, mientras las tropas americanas son las única efectivas en el país. Ha insistido siempre aferrarse al 30 de enero. Bush dice que las cosas marcharán mejor una vez que empiece la votación. Ciertamente esperamos que tenga razón, pero dudamos que sea tan optimista sobre los resultados como lo pretende en público.
Muchos norteamericanos -y muchos iraquíes- están preocupados de que si las elecciones son aplazadas, los terroristas se sentirían envalentonados de haber ganado. Ese en realidad podría ser así en los próximos meses. Pero el resultado sería superado de lejos por los peligros que emanarían de una guerra civil, con un territorio sunní transformado en tierra de nadie donde los terroristas se moverían a voluntad. Otros argumentan que la guerra civil es probablemente inevitable, y que es mejor realizar las elecciones. Ese tipo de pesimismo puede tener justificaciones. Pero dadas las horrendas posibilidades, deberíamos hacer todo lo posible por evitar esa guerra. Un aplazamiento de las elecciones ofrecería al menos un rayo de esperanza, y empujaría a Iraq en la dirección que necesita emprender desesperadamente: hacia una democracia en la que todos los grupos religiosos y étnicos tengan algo que decir.
Bush no necesita llamar él mismo a postergar las elecciones. Simplemente debe quitar la presión a las autoridades iraquíes, y hacerles saber que tienen el poder de tomar la decisión que crean que es mejor para su país. Algunos miembros del gobierno interino, incluyendo a gente cercana al primer ministro Iyad Allawi, han mostrado algún interés en posponer las elecciones si hubiera alguna posibilidad de ganar la participación sunní, y otros han dicho en privado que favorecen ese desarrollo.
Las preliminares de las elecciones toman lugar en una época en que hay especulaciones sobre si el presidente Bush usará la investidura del nuevo gobierno elegido como la ocasión para declarar la victoria y comenzar a retirar las tropas estadounidenses. Si semejante idea acecha incluso en la esquina más remota de la mente de Bush, debería al menos hacer todo lo que esté en su poder -incluyendo un necesario aplazamiento- para impedir que esas elecciones sean algo más que el disparo de salida de una guerra civil.
13 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
Cuando en Estados Unidos se debatía sobre si invadir o no Iraq, había un resultado en que todos concordaban que debía ser evitado por todos los medios: una guerra civil entre los sunníes y chiíes, que crearía inestabilidad en todo Oriente Medio y daría a los terroristas una nueva e ingobernable región que podrían usar como base de operaciones. Las elecciones próximas -largo tiempo anunciadas como el comienzo de un nuevo Iraq democrático- parecen cada vez más como el inicio de ese tenebroso guión. Es hora de hablar de posponer las elecciones.Si Iraq ha de sobrevivir como nación, debe crear un gobierno en el que gobierne la mayoría -y en este caso eso significa los chiíes- y donde las minorías tengan una protección garantizada de sus derechos básicos y suficiente influencia a la hora de tomar decisiones importantes. Los kurdos, los sunníes no árabes que viven en el nordeste del país, parecen creer que las elecciones les otorgarán lo que más anhelan: una relativa autonomía para dirigir sus propios asuntos como parte de una federación iraquí. Pero los árabes, que constituyen un 20 por ciento de la población, se han apartado cada vez más. El más importante partido sunní se ha retirado del actual gobierno interino y casi todos los más importantes políticos árabes sunníes están llamando ahora sea a posponer las elecciones o a boicotearlas. Dada la violencia en las regiones sunníes, incluso los votantes que quieren participar pueden dudar en acercarse a las urnas. En algunos lugares, los colegios electorales quizás no abran en absoluto.
Un aplazamiento -que tendría que durar un período fijo de sólo dos o tres meses- no resolvería todos los problemas de seguridad. Pero enviaría una señal a los árabes sunníes de que sus preocupaciones son tomadas en serio. Eso por sí mismo sería importante para asegurarles de que la mayoría chií no está tratando de pisotear sus derechos. El gobierno interino debería convocar a una reunión de emergencia de los líderes más importantes de todas las principales comunidades iraquíes para presentar un esquema y procedimientos electorales que optimicen la capacidad de los grupos de la minoría para contar con una representación adecuada. Los líderes sunníes, a cambio, tendrían que prometer que participarán en las elecciones que se convoquen posteriormente.
Preocuparse de si los sunníes serán o incluidos en el gobierno no significa que se simpatice con sus resentimientos más básicos. Durante el régimen de Saddam Hussein, la minoría sunní cosechó casi todas las cosas buenas que tenía Iraq al mismo tiempo que se pisoteaban los derechos de los chiíes y kurdos. Esos días terminaron, y los sunníes simplemente han aceptado el hecho de que nunca volverán a disfrutar de la vieja y enorme porción de la tarta. Pero si Iraq ha de superar su larga historia de hostilidades comunales, los chiíes deben demostrar que no tratarán a los sunníes de la manera en que los sunníes los trataron a ellos.
Para entender lo que está pasando en Iraq, hay que imaginar el estado de ánimo de los sunníes -no los repugnantes terroristas que disparan contra los trabajadores electorales y asesinan a civiles con coches-bomba y minas, sino la gente corriente, incluyendo a esos hombres y mujeres de clase media cuyas vidas han sido arruinadas desde la invasión.
Estados Unidos y sus aliados cometieron muchos graves errores en su tratamiento de los sunníes. El más importante fue la temprana decisión de licenciar al ejército iraquí y un decreto, revocado más tarde, que dejó en la calle a decenas de miles de maestros, doctores y otros profesionales que habían pertenecido al Partido Baaz al excluirles de funciones en el estado -incluyendo a mucha gente que se habían incorporado al partido para no meterse en problemas.
Desde entonces, los sunníes han descubierto que el Ejército norteamericano -que muchos consideraban como omnipotente- no les protege ni de los criminales ni de los terroristas que han estado operando en la región desde el derrocamiento del régimen de Hussein. Forzados a recluirse en sus casas para eludir a los secuestradores y terroristas suicidas, han tenido un montón de tiempo para contemplar el hecho de que los norteamericanos tampoco han cumplido con su promesa de mejorar las infraestructuras y proporcionar electricidad y agua potable. Más recientemente, civiles sunníes que han llevado el peso de los ataques contra los insurgentes de los norteamericanos, como el de Faluya, que devastó las áreas residenciales y dejó a miles de personas sin hogar.
Mucho de esto pudo haber sido evitado si la invasión norteamericana hubiese sido conducida con más tino, pero ahora es la realidad y los norteamericanos no la pueden reparar. Un gobierno elegido democráticamente podría construir una fuerza de seguridad iraquí eficiente y ganar la guerra contra las guerrillas, cuyos ataques hacen la vida día a día imposible en las provincias sunníes. Pero ese gobierno tendría que incluir a todas las facciones.
Un amplio espectro de líderes sunníes, incluyendo a algunos de los más moderados y pro-occidentales, están llamando a postergar las elecciones. Tienen buenas razones para temer que tal como están las cosas ahora, mucha de su gente no querrá o no podrá participar en las elecciones. La semana pasada un importante comandante de operaciones en Iraq dijo que grandes áreas de cuatro provincias predominantemente sunníes, incluyendo a Bagdad, son actualmente demasiado inseguras como para que la gente vote. El primer ministro Ayad Allawai admitió ayer que hay al menos algunos "bolsones" en el país donde votar puede ser muy peligroso.
Si las elecciones se realizan finalmente en las condiciones actuales, el nuevo gobierno podría terminar igualmente con poco o nada de representación sunní para cuando se redacte la nueva Constitución. Los vencedores de las elecciones, que serán inevitablemente chiíes, podrían, por supuesto, nombrar a representantes sunníes. Pero la nueva Constitución iraquí incluirá inexorablemente disposiciones que causarán el descontento sunní, y la gente que apruebe esa Constitución necesita la legitimidad que se obtiene con las elecciones.
Parece claro en retrospectiva que las elecciones deberían haber sido organizadas según líneas provinciales o por circunscripción, un esquema que habría asegurado la representación de la minoría. También habría permitido al gobierno interino seguir adelante con la votación en las regiones chiíes y kurdas este mes al mismo tiempo que se posponen en las cuatro provincias azotadas por la violencia, otorgando a los sunníes la perspectiva de elegir más tarde su cuota de legisladores. Los organizadores de Naciones Unidas son los que cometieron errores en esto. Tomaron sus decisiones bajo la presión del gobierno de Bush de presentar un plan simple que pudiera ser implementado para el 30 de enero. Pero ahora parece que habría sido mejor aceptar las deficiencias inherentes en un sistema regional para conseguir la sólida protección de los sunníes.
A pesar de todas las chácharas sobre dejar que las autoridades interinas gobiernen Iraq, el presidente Bush es quien tiene la última palabra en asuntos importantes, como cuándo realizar las elecciones, mientras las tropas americanas son las única efectivas en el país. Ha insistido siempre aferrarse al 30 de enero. Bush dice que las cosas marcharán mejor una vez que empiece la votación. Ciertamente esperamos que tenga razón, pero dudamos que sea tan optimista sobre los resultados como lo pretende en público.
Muchos norteamericanos -y muchos iraquíes- están preocupados de que si las elecciones son aplazadas, los terroristas se sentirían envalentonados de haber ganado. Ese en realidad podría ser así en los próximos meses. Pero el resultado sería superado de lejos por los peligros que emanarían de una guerra civil, con un territorio sunní transformado en tierra de nadie donde los terroristas se moverían a voluntad. Otros argumentan que la guerra civil es probablemente inevitable, y que es mejor realizar las elecciones. Ese tipo de pesimismo puede tener justificaciones. Pero dadas las horrendas posibilidades, deberíamos hacer todo lo posible por evitar esa guerra. Un aplazamiento de las elecciones ofrecería al menos un rayo de esperanza, y empujaría a Iraq en la dirección que necesita emprender desesperadamente: hacia una democracia en la que todos los grupos religiosos y étnicos tengan algo que decir.
Bush no necesita llamar él mismo a postergar las elecciones. Simplemente debe quitar la presión a las autoridades iraquíes, y hacerles saber que tienen el poder de tomar la decisión que crean que es mejor para su país. Algunos miembros del gobierno interino, incluyendo a gente cercana al primer ministro Iyad Allawi, han mostrado algún interés en posponer las elecciones si hubiera alguna posibilidad de ganar la participación sunní, y otros han dicho en privado que favorecen ese desarrollo.
Las preliminares de las elecciones toman lugar en una época en que hay especulaciones sobre si el presidente Bush usará la investidura del nuevo gobierno elegido como la ocasión para declarar la victoria y comenzar a retirar las tropas estadounidenses. Si semejante idea acecha incluso en la esquina más remota de la mente de Bush, debería al menos hacer todo lo que esté en su poder -incluyendo un necesario aplazamiento- para impedir que esas elecciones sean algo más que el disparo de salida de una guerra civil.
13 de enero de 2005
©new york times
©traducción mQh
baazistas coordinan resistencia
[John Hendren] Miembros del partido pan-árabe de Saddam Hussein coordinan resistencia. Matrimonio de conveniencia con terroristas islámicos.
Tikrit, Iraq. Jefes militares estadounidenses dicen que una nueva evaluación de la resistencia iraquí los ha llevado a concentrarse en 34 antiguos líderes del Partido Baaz, de los que creen que están financiando y dirigiendo los ataques contra las tropas norteamericanas y sus aliados.
El general del Ejército John P. Abizaid y otros importantes funcionarios del ministerio de Defensa entrevistados en Iraq dijeron que gran parte de la violencia insurgente es llevada a cabo por una red de células regionales que coordinan flojamente sus operaciones con antiguos funcionarios del partido dominante de Saddam Hussein.
Los líderes rebeldes a menudo operan desde Siria y en la ciudad natal de Hussein, Tikrit, dijeron los funcionarios.
"Hay un nivel de coordinación táctica y dirección que proviene de los restos del Partido Baaz, y creo que una cierta cantidad de esta coordinación táctica viene siendo orquestada en Siria", dijo Abizaid, el jefe del Comando Central que dirige la guerra en Iraq.
Funcionarios militares han confesado que cuentan con informaciones muy limitadas sobre la resistencia debido a una falta de informes fiables de inteligencia. En algunos casos datos no confirmados han provenido de fuentes cuestionables. En otros, la información es demasiado anticuada como para permitir que las tropas estadounidenses puedan capturar a líderes rebeldes, dijeron funcionarios.
Pero jefes militares dijeron que han estado recibiendo más datos sobre la resistencia e informes de mayor calidad en las últimas semanas.
"Nos he hemos concentrado en esos 34 tipos en la creencia de que si hay una estructura de liderazgo emergente en el antiguo movimiento del régimen, esos 34 tipos son los que tendrán las riendas", dijo otro importante funcionario militar, que habló a condición de mantener el anonimato.
La nueva información ha permitido a los estrategas militares discernir mejor la cara de la resistencia, dijeron funcionarios, y ha hecho un retrato de las guerrillas dirigidas por antiguos funcionarios del régimen, que son predominantemente sunníes.
Funcionarios militares estadounidenses dicen que evidencias recientes sugieren que antiguos miembros de las unidades de combate de Hussein han estado implicados en los ataques contra tropas norteamericanas.
"Vemos que un montón de los ataques que están cometiendo ahora muestran evidencias de que son planificados y ejecutados por gente con experiencia militar", dijo el general de brigada de la Fuerza Aérea Erv Lessel, lugarteniente del general George W. Casey, el más importante jefe militar en Iraq. "Hay algunos antiguos guardias republicanos y guardias republicanos de unidades especiales implicados en estos ataques".
Funcionarios militares norteamericanos dicen que la resistencia parece carecer de un líder central, aunque creen que el antiguo general Izzat Ibrahim, uno de los más importantes asesores de Hussein, ha dirigido muchos de los ataques contra la coalición encabezada por Estados Unidos en la región de Tikrit.
"Hay reuniones de organización de elementos del antiguo régimen. Pero no hay ningún cuco por encima de ellas. No hay una figura como Saddam a la que todos deben lealtad y que esté a cargo de la resistencia", dijo un alto funcionario del ministerio de Defensa.
Citando informes del servicio secreto, funcionarios militares norteamericanos dijeron que Ibrahim y otros antiguos miembros del Partido Baaz se reunieron en noviembre cerca de la frontera siria en para discutir la estrategia.
También estuvieron presentes en esa reunión, dijeron los funcionarios, Mahdi Nasr Ibeidi, que supervisa los asuntos financieros; Mohammed Yunis, que actuó como ayudante de Ibrahim en una base al este de Bagdad; Ahmed Hassan Kaka, un líder rebelde de la norteña ciudad de Kirkuk; Ramadan Zaidan Jaburi, ayudante de Kaka; Mohammed Rijad Haddushi Nasser, líder de las operaciones del grupo en Tikrit y Baiji; y Yassir Sabawi Ibrihim Hassan, un mensajero.
Se cree que los líderes baazistas están financiando la resistencia con billones de dólares que los funcionarios de Hussein supuestamente cogieron de los cofres del gobierno en los días previos al derrumbe del gobierno, dijeron funcionarios.Abizaid y otros estrategas militares creen que los líderes de estos grupos también determinan las tácticas a usar contra las fuerzas de la coalición e iraquíes.
Los esfuerzos de Estados Unidos para capturas a los insurgentes han sido estorbados por Siria, dijeron funcionarios. "Hemos sido muy claros con Siria de que estamos muy consternados por el hecho de que las células baazistas operen desde Siria. Tienen acceso a dinero, y tienen acceso a rutas de contrabando", dijo Abizaid.
El gobierno de Bush ha advertido severamente a Siria que obstruya el movimiento de combatientes y contrabandistas en sus fronteras y reprima a los militantes que usan su territorio. Este mes el vice-ministro de Asuntos Exteriores, Richard L. Armitage, visitó la capital siria, Damasco, para entregar ese mensaje así como otras demandas norteamericanas.
El Congreso aprobó imponer sanciones a Siria, pero el gobierno de momento sólo ha utilizado la sanción más tibia autorizada por la ley. El presidente ha insinuado que adoptará una posición más dura, pero Armitage dijo a la televisión manejada por Estados Unidos Al Hurra, que Bush todavía no ha tomado ninguna decisión.
"Está esperando los resultados de la postura siria antes de tomar una decisión sobre qué hacer", dijo Armitage.
Funcionarios sirios en Washington no pudieron ser localizados para que comentaran estas noticias, pero han dicho en respuesta a reproches anteriores que han redoblado sus esfuerzos para controlar las fronteras en respuesta a preocupaciones del gobierno interino iraquí y el gobierno de Bush.
No está claro cómo exactamente colaboran los grupos baazistas con los combatientes islámicos extranjeros, tales como Abu Musab Zarqawi, un jordano que se proclamó líder de la organización Al Qaeda, de Osama bin Laden, en Iraq. Pero se cree que los dos grupos se comunican y colaboran al menos de manera floja en lo que los funcionarios describen como un matrimonio de conveniencia provisional.
"Creo que hay un nivel de coordinación entre Zarqawi y algunas células baazistas", dijo Abizaid. "Hay cierta coordinación a un nivel rudimentario en Iraq. Y ciertamente hay una red organizacional dentro de la red terrorista de Zarqawi que muestra habilidad para organizar actividades terroristas contra un amplio espectro de objetivos en Iraq".
Abizaid advirtió que los líderes del antiguo régimen que se alíen a los extremistas no gozarán de amnistía, aun si entregan las armas.
La mayor parte de los líderes no podrán ser rehabilitados de todos modos, dijo un importante funcionario militar. "Hay algunos que van a morir", dijo el funcionario. "Zarqawi es uno de ellos. Está en la lista, y de ella se sale de una sola manera".
Sonni Efron en Washington contribuyó a este reportaje.
12 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Tikrit, Iraq. Jefes militares estadounidenses dicen que una nueva evaluación de la resistencia iraquí los ha llevado a concentrarse en 34 antiguos líderes del Partido Baaz, de los que creen que están financiando y dirigiendo los ataques contra las tropas norteamericanas y sus aliados.El general del Ejército John P. Abizaid y otros importantes funcionarios del ministerio de Defensa entrevistados en Iraq dijeron que gran parte de la violencia insurgente es llevada a cabo por una red de células regionales que coordinan flojamente sus operaciones con antiguos funcionarios del partido dominante de Saddam Hussein.
Los líderes rebeldes a menudo operan desde Siria y en la ciudad natal de Hussein, Tikrit, dijeron los funcionarios.
"Hay un nivel de coordinación táctica y dirección que proviene de los restos del Partido Baaz, y creo que una cierta cantidad de esta coordinación táctica viene siendo orquestada en Siria", dijo Abizaid, el jefe del Comando Central que dirige la guerra en Iraq.
Funcionarios militares han confesado que cuentan con informaciones muy limitadas sobre la resistencia debido a una falta de informes fiables de inteligencia. En algunos casos datos no confirmados han provenido de fuentes cuestionables. En otros, la información es demasiado anticuada como para permitir que las tropas estadounidenses puedan capturar a líderes rebeldes, dijeron funcionarios.
Pero jefes militares dijeron que han estado recibiendo más datos sobre la resistencia e informes de mayor calidad en las últimas semanas.
"Nos he hemos concentrado en esos 34 tipos en la creencia de que si hay una estructura de liderazgo emergente en el antiguo movimiento del régimen, esos 34 tipos son los que tendrán las riendas", dijo otro importante funcionario militar, que habló a condición de mantener el anonimato.
La nueva información ha permitido a los estrategas militares discernir mejor la cara de la resistencia, dijeron funcionarios, y ha hecho un retrato de las guerrillas dirigidas por antiguos funcionarios del régimen, que son predominantemente sunníes.
Funcionarios militares estadounidenses dicen que evidencias recientes sugieren que antiguos miembros de las unidades de combate de Hussein han estado implicados en los ataques contra tropas norteamericanas.
"Vemos que un montón de los ataques que están cometiendo ahora muestran evidencias de que son planificados y ejecutados por gente con experiencia militar", dijo el general de brigada de la Fuerza Aérea Erv Lessel, lugarteniente del general George W. Casey, el más importante jefe militar en Iraq. "Hay algunos antiguos guardias republicanos y guardias republicanos de unidades especiales implicados en estos ataques".
Funcionarios militares norteamericanos dicen que la resistencia parece carecer de un líder central, aunque creen que el antiguo general Izzat Ibrahim, uno de los más importantes asesores de Hussein, ha dirigido muchos de los ataques contra la coalición encabezada por Estados Unidos en la región de Tikrit.
"Hay reuniones de organización de elementos del antiguo régimen. Pero no hay ningún cuco por encima de ellas. No hay una figura como Saddam a la que todos deben lealtad y que esté a cargo de la resistencia", dijo un alto funcionario del ministerio de Defensa.
Citando informes del servicio secreto, funcionarios militares norteamericanos dijeron que Ibrahim y otros antiguos miembros del Partido Baaz se reunieron en noviembre cerca de la frontera siria en para discutir la estrategia.
También estuvieron presentes en esa reunión, dijeron los funcionarios, Mahdi Nasr Ibeidi, que supervisa los asuntos financieros; Mohammed Yunis, que actuó como ayudante de Ibrahim en una base al este de Bagdad; Ahmed Hassan Kaka, un líder rebelde de la norteña ciudad de Kirkuk; Ramadan Zaidan Jaburi, ayudante de Kaka; Mohammed Rijad Haddushi Nasser, líder de las operaciones del grupo en Tikrit y Baiji; y Yassir Sabawi Ibrihim Hassan, un mensajero.
Se cree que los líderes baazistas están financiando la resistencia con billones de dólares que los funcionarios de Hussein supuestamente cogieron de los cofres del gobierno en los días previos al derrumbe del gobierno, dijeron funcionarios.Abizaid y otros estrategas militares creen que los líderes de estos grupos también determinan las tácticas a usar contra las fuerzas de la coalición e iraquíes.
Los esfuerzos de Estados Unidos para capturas a los insurgentes han sido estorbados por Siria, dijeron funcionarios. "Hemos sido muy claros con Siria de que estamos muy consternados por el hecho de que las células baazistas operen desde Siria. Tienen acceso a dinero, y tienen acceso a rutas de contrabando", dijo Abizaid.
El gobierno de Bush ha advertido severamente a Siria que obstruya el movimiento de combatientes y contrabandistas en sus fronteras y reprima a los militantes que usan su territorio. Este mes el vice-ministro de Asuntos Exteriores, Richard L. Armitage, visitó la capital siria, Damasco, para entregar ese mensaje así como otras demandas norteamericanas.
El Congreso aprobó imponer sanciones a Siria, pero el gobierno de momento sólo ha utilizado la sanción más tibia autorizada por la ley. El presidente ha insinuado que adoptará una posición más dura, pero Armitage dijo a la televisión manejada por Estados Unidos Al Hurra, que Bush todavía no ha tomado ninguna decisión.
"Está esperando los resultados de la postura siria antes de tomar una decisión sobre qué hacer", dijo Armitage.
Funcionarios sirios en Washington no pudieron ser localizados para que comentaran estas noticias, pero han dicho en respuesta a reproches anteriores que han redoblado sus esfuerzos para controlar las fronteras en respuesta a preocupaciones del gobierno interino iraquí y el gobierno de Bush.
No está claro cómo exactamente colaboran los grupos baazistas con los combatientes islámicos extranjeros, tales como Abu Musab Zarqawi, un jordano que se proclamó líder de la organización Al Qaeda, de Osama bin Laden, en Iraq. Pero se cree que los dos grupos se comunican y colaboran al menos de manera floja en lo que los funcionarios describen como un matrimonio de conveniencia provisional.
"Creo que hay un nivel de coordinación entre Zarqawi y algunas células baazistas", dijo Abizaid. "Hay cierta coordinación a un nivel rudimentario en Iraq. Y ciertamente hay una red organizacional dentro de la red terrorista de Zarqawi que muestra habilidad para organizar actividades terroristas contra un amplio espectro de objetivos en Iraq".
Abizaid advirtió que los líderes del antiguo régimen que se alíen a los extremistas no gozarán de amnistía, aun si entregan las armas.
La mayor parte de los líderes no podrán ser rehabilitados de todos modos, dijo un importante funcionario militar. "Hay algunos que van a morir", dijo el funcionario. "Zarqawi es uno de ellos. Está en la lista, y de ella se sale de una sola manera".
Sonni Efron en Washington contribuyó a este reportaje.
12 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
escuadrones de la muerte en iraq
El gobierno de Bush considera introducir escuadrones de la muerte en Iraq para asesinar a rebeldes y simpatizantes.
El ministerio de Defensa norteamericano considera apoyar y posiblemente adiestrar escuadrones de la muerte iraquíes que serán desplegados contra los rebeldes sunníes y sus simpatizantes en Iraq y Siria. Así informa la revista estadounidense Newsweek en un artículo en su página web. En Siria se encontrarían muchos de los dirigentes de la resistencia.
Esta nueva aproximación a la creciente resistencia en Iraq es llamada en Washington la opción salvadoreña', según Newsweek, que cita a "militares entendidos" que estarían al tanto de "intensas discusiones" sobre el asunto en el ministerio de Defensa. En el país centroamericano de El Salvador el gobierno norteamericano apoyó en secreto en los años ochenta a grupos de extrema derecha que dieron cacería a los rebeldes de izquierda y sus simpatizantes para asesinarlos. También asesinaron a muchos civiles.
"En lo que estamos todos de acuerdo es en que las cosas no pueden seguir así", según un oficial del Ejército a Newsweek. "Tenemos que encontrar una manera de pasar a la ofensiva contra los rebeldes. Ahora estamos a la defensiva. Y estamos perdiendo". El gobierno interino del premier Iyad Allawi es, según Newsweek, el más decidido partidario de la "opción salvadoreña".
La idea sería enviar unidades de las Fuerzas Especiales a Iraq para asesorar, apoyar y posiblemente adiestrar a grupos paramilitares iraquíes. Estos grupos serían formados con combatientes kurdos y/o miembros de las milicias chiíes. Un punto de discusión es si los grupos paramilitares deberían asesinar o detener a los detenidos para ser interrogados en ubicaciones secretas, según Newsweek.
Otro punto de discusión es quién debería responsabilizarse de esas operaciones: el ministerio de Defensa o la CIA. Desde el escándalo de las torturas en la cárcel de Abu Ghraib muchos funcionarios militares estadounidenses recelan de operaciones que contradicen el código militar. Por otro lado, los funcionarios civiles y miembros de las Fuerzas Especiales que las operaciones encubiertas de la CIA son menos eficientes que las que podrían llevar a cabo las Fuerzas Especiales.
11 de enero de 2005
©volkskrant
©traducción mQh
Esta nueva aproximación a la creciente resistencia en Iraq es llamada en Washington la opción salvadoreña', según Newsweek, que cita a "militares entendidos" que estarían al tanto de "intensas discusiones" sobre el asunto en el ministerio de Defensa. En el país centroamericano de El Salvador el gobierno norteamericano apoyó en secreto en los años ochenta a grupos de extrema derecha que dieron cacería a los rebeldes de izquierda y sus simpatizantes para asesinarlos. También asesinaron a muchos civiles.
"En lo que estamos todos de acuerdo es en que las cosas no pueden seguir así", según un oficial del Ejército a Newsweek. "Tenemos que encontrar una manera de pasar a la ofensiva contra los rebeldes. Ahora estamos a la defensiva. Y estamos perdiendo". El gobierno interino del premier Iyad Allawi es, según Newsweek, el más decidido partidario de la "opción salvadoreña".
La idea sería enviar unidades de las Fuerzas Especiales a Iraq para asesorar, apoyar y posiblemente adiestrar a grupos paramilitares iraquíes. Estos grupos serían formados con combatientes kurdos y/o miembros de las milicias chiíes. Un punto de discusión es si los grupos paramilitares deberían asesinar o detener a los detenidos para ser interrogados en ubicaciones secretas, según Newsweek.
Otro punto de discusión es quién debería responsabilizarse de esas operaciones: el ministerio de Defensa o la CIA. Desde el escándalo de las torturas en la cárcel de Abu Ghraib muchos funcionarios militares estadounidenses recelan de operaciones que contradicen el código militar. Por otro lado, los funcionarios civiles y miembros de las Fuerzas Especiales que las operaciones encubiertas de la CIA son menos eficientes que las que podrían llevar a cabo las Fuerzas Especiales.
11 de enero de 2005
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injerencia iraní en elecciones en iraq
[Edmund Sanders] Las conexiones con Teherán se han transformado en un blanco favorito de la campaña. Algunos denuncian injerencia.
Bagdad, Iraq. A medida que Iraq se tambalea hacia las elecciones este mes, su vecino Irán emerge como uno los temas más candentes de la campaña electoral.
El franco ministro de Defensa de Iraq disparó uno de los primeros salvos el mes pasado, acusando a la lista favorita, la Alianza Iraquí Unida, de estar controlada por Teherán y que estaba decidida a "construir una dictadura islámica y lograr que los clérigos con turbantes gobernaran Iraq".
El ministro, Hazem Shaalna, es chií, pero es candidato de una lista rival, más secular. Parte de la atención prestada a Irán es puramente electoral. A la luz la rivalidad histórica de esos países y de la guerra de ocho años de los años ochenta, la mención de Iraq es un modo conveniente de atacar a los candidatos, asustar a los ciudadanos y galvanizar a los votantes, dicen expertos. Muchos líderes de la principal alianza de partidos, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq, pasaron años en el exilio en Irán tras huir del régimen de Saddam Hussein.
Pero el debate está también planteando serios problemas sobre qué tipo de gobierno elegirán los iraquíes el 30 de enero, qué papel debería jugar la religión en la Constitución y qué influencia puede tener Irán en la nueva generación de líderes iraquíes.
"Es a la vez politiquería electoral y una preocupación real. El debate es en qué sentido esos partidos políticos iraquíes son en realidad una quinta columna de Irán", dijo un importante diplomático occidental en Bagdad, que habló a condición de mantener el anonimato.
"Irán obviamente tiene influencia aquí. Tienen a todo tipo de gente haciendo todo tipo de cosas, la mayoría de las cuales desaprobamos enérgicamente".
A diferencia de la mayor parte de Oriente Medio, los chiíes constituyen una mayoría en Iraq e Irán. En Iraq, los chiíes fueron durante largo tiempo oprimidos por Hussein, que pertenece a la minoría sunní.
En Irán, los clérigos chiíes dirigieron una revolución contra la monarquía, e instalaron un gobierno manejado por los ayatollahs. Los críticos dicen que Irán espera ver surgir una teocracia similar en Iraq.
El rey de Jordania Abdullah II acusó a Irán de haber hecho entrar clandestinamente a un millón de personas en Iraq para que voten este mes, una acusación que funcionarios iraníes calificaron de ridícula y de "insulto" para Iraq.
El presidente iraquí interino Ghazi Ajil Yawer, un sunní que encabeza su propia lista de candidatos, levantó el espectro de una "creciente" geopolítica dominada por los chiíes que se extendería desde Irán hasta Iraq, pasando el Líbano.
Candidatos rivales, tanto sunníes como chiíes, acusan que Irán está invirtiendo secretamente millones de dólares en los principales partidos chiíes de Iraq.
Tropas estadounidenses que controlan la frontera con Iraq confiscaron hace poco casi 200.000 dólares supuestamente ingresados clandestinamente desde Irán. Pero en ausencia de leyes sobre el financiamiento de las campañas electorales y dada la larga y porosa frontera con Irán, trazar el origen del dinero hacia países extranjeros sigue siendo difícil, dijeron funcionarios.
"El problema es que no se puede probar", dijo el jeque Jamal Din, un clérigo chií que es un candidato opositor a la alianza. "Pero todo el mundo sabe que el Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq fue creado y formado por los iraníes. Está cien por cien en los bolsillos de Irán".
En el sur de Iraq los vínculos entre Irán y los partidos chiíes son innegables.
Suministros que van desde motocicletas hasta radios de onda corta han estado entrando a través de la frontera para ayudar en la planificación y preparación de las elecciones. Funcionarios del servicio secreto iraní se pasean abiertamente por los pasillos de las oficinas de los partidos y a veces se prefiere hablar persa. Retratos del líder supremo de Irán, el ayatollah Ali Khamenei, cuelgan de las paredes de las oficinas del partidos e incluso en oficinas del gobierno.
En una reciente visita a las oficinas del gobernador de Basra, el primer ministro interino iraquí Iyad Allawi preguntó sarcásticamente: "¿Estoy en Basra o en Irán?"
Líderes de la Alianza Unida Iraquí dicen que ellos no tienen ninguna intención de instalar una teocracia al estilo iraní, pero sí quieren que se incorporen principios islámicos en la Constitución.
"Nunca hemos llamado a la formación de un gobierno islámico que se parezca a Irán", dijo Abdelaziz Hakim, presidente del Consejo Supremo. "Nuestras intenciones son claras".
Al mismo tiempo, los líderes insisten en que el próximo gobierno iraquí, independientemente de quién lo forme, necesitará forjar mejores relaciones con Irán en interés de la paz y estabilidad regionales.
"Estados Unidos no va a estar aquí siempre", dijo Mowaffak Rubaie, el asesor de la seguridad nacional de Iraq y un candidato de la alianza. "Irán sí estará siempre".
La mayor parte de los ataques van dirigidos contra los dos partidos más populares de la alianza, el Consejo Supremo y el Partido Islámico Dawa. Puestos fuera de la ley por Hussein, que los llamó traidores, ambos partidos buscaron refugio en Irán durante los años ochenta y noventa.
El más importante clérigo chií de Iraq, el gran ayatollah Ali Sistani, que ayudó a formar la alianza y es el principal partidario de las elecciones del 30 de enero, nació en Irán. Se mudó a Iraq en 1951 y habla árabe con un ligero acento iraní.
Importantes líderes de los dos partidos también pasaron un tiempo en Irán, incluyendo a Hakim, al físico nuclear Hussein Shahristani del Consejo Supremo y a Ibrahim Jafari del partido Dawa. La lista de candidatos incluye al que fue alguna vez el protegido del Pentágono, Ahmad Chalabi, que ha forjado lazos más estrechos con Irán desde que cayera en desgracia con Estados Unidos en el verano pasado.
Pero los miembros de la lista de 228 candidatos de la alianza se erizan a la sugerencia de que su lista es un peón de Irán, calificando esos ataques de campaña de desprestigio de parte de rivales desesperados.
"Somos una de las listas más fuertes, así por supuesto otra gente está tratando de asustar a los votantes", dijo Abel Abdul Mahdi, el ministro de Finanzas iraquí y miembro de la alianza. "Pero no lo lograrán. Al contrario, esos ataques hacen que la lista esté más unida y más movilizada".
A diferencia de las elecciones en Estados Unidos, los ciudadanos en Iraq votarán por una sola lista de candidatos, que obtendrán escaños en la asamblea nacional provisional de acuerdo a los votos que logren. La asamblea redactará entonces una nueva Constitución.
Los ciudadanos iraquíes se muestran ambivalentes sobre el tipo de gobierno que preferirían y sobre el rol que debería jugar en él la religión, de acuerdo a sondeos recientes.
En agosto, un sondeo de 2.846 iraquíes realizado por el Instituto Republicano Internacional reveló que un 85 por ciento concuerdan en que la ley islámica debería ser la "única base" de la legislación y de la nueva Constitución. A otra pregunta, sólo un 37 por ciento prefiere un sistema secular que proteja los derechos de todos los grupos, de acuerdo al instituto, un grupo por democracia asociado al Partido Republicano estadounidense.
En noviembre, los encuestados parecían todavía más divididos, con un 50 por ciento a favor de la separación entre estado y religión y un 42 por ciento afirmando que la religión debería tener un "papel especial" en el estado.
Funcionarios iraníes dicen que esperan que las elecciones de este mes produzcan un vecino más seguro y estable y estimulen a potencias extranjeras -especialmente a Estados Unidos- a no inmiscuirse en asuntos iraquíes.
"La participación de todos los segmentos nacionales y patrióticos es considerada un paso vital para que los iraquíes manejen sus propios asuntos y para la retirada del país de las tropas extranjeras", dijo la semana pasada en ministro de Asuntos Exteriores iraní, Kamal Kharrazi.
Kharrazi boicoteó la semana pasada una conferencia en Jordania sobre el futuro de Iraq, una decisión que fue interpretada ampliamente como una protesta por las acusaciones del rey de que Irán estaba introduciendo votantes en Irán.
Los candidatos de la alianza eluden el tema de si Irán está financiando directamente a los partidos. Cuando fueron presionados, los participantes dijeron que la alianza no acepta fondos de Irán, pero que los partidos individuales sí pueden hacerlo. Los partidos, incluyendo al Consejo Supremo y Dawa, se han negado a decir si reciben dinero de Irán.
Al mismo tiempo, los líderes de la alianza insisten en que el dinero no es un asunto importante. La lista de candidatos calcula gastar unos 750.000 dólares en la campaña, dijo el jeque candidato Human Hamudi. "Nuestra lista está bendecida por el gran ayatollah Sistani", dijo. "No necesitamos dinero".
Y si la alianza necesitara fondos adicionales, no buscaría la ayuda de Irán, dijo Chalabi. En respuesta a un informe reciente de que Irán supuestamente envió 20 millones de dólares a partidos chiíes claves en Iraq, dijo: "Hay un montón de dinero en Iraq. No es difícil reunir esa cantidad de dinero".
Una opción de financiamiento que está siendo considerada es pedir a los clérigos chiíes que entreguen una parte del dinero de las colectas que reciben en las mezquitas, que llegan a varios cientos de miles de dólares al mes, dijo Hamudi.
Funcionarios estadounidenses en Iraq que observan detenidamente a Irán, tratan de separar los mitos de la realidad.
El sistema electoral está designado para hacer difícil que un solo grupo domine el nuevo gobierno, pero diplomáticos estadounidenses dicen que no les preocupa la posibilidad de una gran victoria chií porque dudan que los iraquíes apoyen un gobierno al estilo iraní.
"Confío en que los iraquíes, y la comunidad chií en particular no importe el gobierno de los ulemas", dijo un funcionario occidental que trabaja en las elecciones, y que habló a condición de mantener el anonimato.
"Irán es un país muy diferente. Los partidos chiíes no son el caballo de Troya de una especie de golpe iraní en Iraq o en otra parte. Son sobre todo y en primer lugar leales a Iraq".
Ashraf Khalil en Baghdad y Othman Ghanim en Basra contribuyeron a este reportaje.
9 de enero de 2005
11 de enero de 2005
©los angeles times ©traducción mQh
Bagdad, Iraq. A medida que Iraq se tambalea hacia las elecciones este mes, su vecino Irán emerge como uno los temas más candentes de la campaña electoral.El franco ministro de Defensa de Iraq disparó uno de los primeros salvos el mes pasado, acusando a la lista favorita, la Alianza Iraquí Unida, de estar controlada por Teherán y que estaba decidida a "construir una dictadura islámica y lograr que los clérigos con turbantes gobernaran Iraq".
El ministro, Hazem Shaalna, es chií, pero es candidato de una lista rival, más secular. Parte de la atención prestada a Irán es puramente electoral. A la luz la rivalidad histórica de esos países y de la guerra de ocho años de los años ochenta, la mención de Iraq es un modo conveniente de atacar a los candidatos, asustar a los ciudadanos y galvanizar a los votantes, dicen expertos. Muchos líderes de la principal alianza de partidos, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq, pasaron años en el exilio en Irán tras huir del régimen de Saddam Hussein.
Pero el debate está también planteando serios problemas sobre qué tipo de gobierno elegirán los iraquíes el 30 de enero, qué papel debería jugar la religión en la Constitución y qué influencia puede tener Irán en la nueva generación de líderes iraquíes.
"Es a la vez politiquería electoral y una preocupación real. El debate es en qué sentido esos partidos políticos iraquíes son en realidad una quinta columna de Irán", dijo un importante diplomático occidental en Bagdad, que habló a condición de mantener el anonimato.
"Irán obviamente tiene influencia aquí. Tienen a todo tipo de gente haciendo todo tipo de cosas, la mayoría de las cuales desaprobamos enérgicamente".
A diferencia de la mayor parte de Oriente Medio, los chiíes constituyen una mayoría en Iraq e Irán. En Iraq, los chiíes fueron durante largo tiempo oprimidos por Hussein, que pertenece a la minoría sunní.
En Irán, los clérigos chiíes dirigieron una revolución contra la monarquía, e instalaron un gobierno manejado por los ayatollahs. Los críticos dicen que Irán espera ver surgir una teocracia similar en Iraq.
El rey de Jordania Abdullah II acusó a Irán de haber hecho entrar clandestinamente a un millón de personas en Iraq para que voten este mes, una acusación que funcionarios iraníes calificaron de ridícula y de "insulto" para Iraq.
El presidente iraquí interino Ghazi Ajil Yawer, un sunní que encabeza su propia lista de candidatos, levantó el espectro de una "creciente" geopolítica dominada por los chiíes que se extendería desde Irán hasta Iraq, pasando el Líbano.
Candidatos rivales, tanto sunníes como chiíes, acusan que Irán está invirtiendo secretamente millones de dólares en los principales partidos chiíes de Iraq.
Tropas estadounidenses que controlan la frontera con Iraq confiscaron hace poco casi 200.000 dólares supuestamente ingresados clandestinamente desde Irán. Pero en ausencia de leyes sobre el financiamiento de las campañas electorales y dada la larga y porosa frontera con Irán, trazar el origen del dinero hacia países extranjeros sigue siendo difícil, dijeron funcionarios.
"El problema es que no se puede probar", dijo el jeque Jamal Din, un clérigo chií que es un candidato opositor a la alianza. "Pero todo el mundo sabe que el Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq fue creado y formado por los iraníes. Está cien por cien en los bolsillos de Irán".
En el sur de Iraq los vínculos entre Irán y los partidos chiíes son innegables.
Suministros que van desde motocicletas hasta radios de onda corta han estado entrando a través de la frontera para ayudar en la planificación y preparación de las elecciones. Funcionarios del servicio secreto iraní se pasean abiertamente por los pasillos de las oficinas de los partidos y a veces se prefiere hablar persa. Retratos del líder supremo de Irán, el ayatollah Ali Khamenei, cuelgan de las paredes de las oficinas del partidos e incluso en oficinas del gobierno.
En una reciente visita a las oficinas del gobernador de Basra, el primer ministro interino iraquí Iyad Allawi preguntó sarcásticamente: "¿Estoy en Basra o en Irán?"
Líderes de la Alianza Unida Iraquí dicen que ellos no tienen ninguna intención de instalar una teocracia al estilo iraní, pero sí quieren que se incorporen principios islámicos en la Constitución.
"Nunca hemos llamado a la formación de un gobierno islámico que se parezca a Irán", dijo Abdelaziz Hakim, presidente del Consejo Supremo. "Nuestras intenciones son claras".
Al mismo tiempo, los líderes insisten en que el próximo gobierno iraquí, independientemente de quién lo forme, necesitará forjar mejores relaciones con Irán en interés de la paz y estabilidad regionales.
"Estados Unidos no va a estar aquí siempre", dijo Mowaffak Rubaie, el asesor de la seguridad nacional de Iraq y un candidato de la alianza. "Irán sí estará siempre".
La mayor parte de los ataques van dirigidos contra los dos partidos más populares de la alianza, el Consejo Supremo y el Partido Islámico Dawa. Puestos fuera de la ley por Hussein, que los llamó traidores, ambos partidos buscaron refugio en Irán durante los años ochenta y noventa.
El más importante clérigo chií de Iraq, el gran ayatollah Ali Sistani, que ayudó a formar la alianza y es el principal partidario de las elecciones del 30 de enero, nació en Irán. Se mudó a Iraq en 1951 y habla árabe con un ligero acento iraní.
Importantes líderes de los dos partidos también pasaron un tiempo en Irán, incluyendo a Hakim, al físico nuclear Hussein Shahristani del Consejo Supremo y a Ibrahim Jafari del partido Dawa. La lista de candidatos incluye al que fue alguna vez el protegido del Pentágono, Ahmad Chalabi, que ha forjado lazos más estrechos con Irán desde que cayera en desgracia con Estados Unidos en el verano pasado.
Pero los miembros de la lista de 228 candidatos de la alianza se erizan a la sugerencia de que su lista es un peón de Irán, calificando esos ataques de campaña de desprestigio de parte de rivales desesperados.
"Somos una de las listas más fuertes, así por supuesto otra gente está tratando de asustar a los votantes", dijo Abel Abdul Mahdi, el ministro de Finanzas iraquí y miembro de la alianza. "Pero no lo lograrán. Al contrario, esos ataques hacen que la lista esté más unida y más movilizada".
A diferencia de las elecciones en Estados Unidos, los ciudadanos en Iraq votarán por una sola lista de candidatos, que obtendrán escaños en la asamblea nacional provisional de acuerdo a los votos que logren. La asamblea redactará entonces una nueva Constitución.
Los ciudadanos iraquíes se muestran ambivalentes sobre el tipo de gobierno que preferirían y sobre el rol que debería jugar en él la religión, de acuerdo a sondeos recientes.
En agosto, un sondeo de 2.846 iraquíes realizado por el Instituto Republicano Internacional reveló que un 85 por ciento concuerdan en que la ley islámica debería ser la "única base" de la legislación y de la nueva Constitución. A otra pregunta, sólo un 37 por ciento prefiere un sistema secular que proteja los derechos de todos los grupos, de acuerdo al instituto, un grupo por democracia asociado al Partido Republicano estadounidense.
En noviembre, los encuestados parecían todavía más divididos, con un 50 por ciento a favor de la separación entre estado y religión y un 42 por ciento afirmando que la religión debería tener un "papel especial" en el estado.
Funcionarios iraníes dicen que esperan que las elecciones de este mes produzcan un vecino más seguro y estable y estimulen a potencias extranjeras -especialmente a Estados Unidos- a no inmiscuirse en asuntos iraquíes.
"La participación de todos los segmentos nacionales y patrióticos es considerada un paso vital para que los iraquíes manejen sus propios asuntos y para la retirada del país de las tropas extranjeras", dijo la semana pasada en ministro de Asuntos Exteriores iraní, Kamal Kharrazi.
Kharrazi boicoteó la semana pasada una conferencia en Jordania sobre el futuro de Iraq, una decisión que fue interpretada ampliamente como una protesta por las acusaciones del rey de que Irán estaba introduciendo votantes en Irán.
Los candidatos de la alianza eluden el tema de si Irán está financiando directamente a los partidos. Cuando fueron presionados, los participantes dijeron que la alianza no acepta fondos de Irán, pero que los partidos individuales sí pueden hacerlo. Los partidos, incluyendo al Consejo Supremo y Dawa, se han negado a decir si reciben dinero de Irán.
Al mismo tiempo, los líderes de la alianza insisten en que el dinero no es un asunto importante. La lista de candidatos calcula gastar unos 750.000 dólares en la campaña, dijo el jeque candidato Human Hamudi. "Nuestra lista está bendecida por el gran ayatollah Sistani", dijo. "No necesitamos dinero".
Y si la alianza necesitara fondos adicionales, no buscaría la ayuda de Irán, dijo Chalabi. En respuesta a un informe reciente de que Irán supuestamente envió 20 millones de dólares a partidos chiíes claves en Iraq, dijo: "Hay un montón de dinero en Iraq. No es difícil reunir esa cantidad de dinero".
Una opción de financiamiento que está siendo considerada es pedir a los clérigos chiíes que entreguen una parte del dinero de las colectas que reciben en las mezquitas, que llegan a varios cientos de miles de dólares al mes, dijo Hamudi.
Funcionarios estadounidenses en Iraq que observan detenidamente a Irán, tratan de separar los mitos de la realidad.
El sistema electoral está designado para hacer difícil que un solo grupo domine el nuevo gobierno, pero diplomáticos estadounidenses dicen que no les preocupa la posibilidad de una gran victoria chií porque dudan que los iraquíes apoyen un gobierno al estilo iraní.
"Confío en que los iraquíes, y la comunidad chií en particular no importe el gobierno de los ulemas", dijo un funcionario occidental que trabaja en las elecciones, y que habló a condición de mantener el anonimato.
"Irán es un país muy diferente. Los partidos chiíes no son el caballo de Troya de una especie de golpe iraní en Iraq o en otra parte. Son sobre todo y en primer lugar leales a Iraq".
Ashraf Khalil en Baghdad y Othman Ghanim en Basra contribuyeron a este reportaje.
9 de enero de 2005
11 de enero de 2005
©los angeles times ©traducción mQh
subrepresentación sunní causa problemas
[Steven R. Weisman] Funcionarios estadounidenses acusan a Naciones Unidas de problemas con el sistema electoral en Iraq.
Washington, Estados Unidos. En su lucha por transferir la soberanía nuevamente a Iraq en la primavera pasada, el gobierno de Bush tomó algunas difíciles decisiones sobre la composición del sistema político y sobre cómo se podían realizar en Iraq unas elecciones rápidas y justas. Pero ahora una decisión que pasó desapercibida sobre los procedimientos de las elecciones ha vuelto a penar a funcionarios del gobierno, apenas semanas antes de que la votación tenga lugar, dijeron hoy funcionarios de gobierno y de Naciones Unidas.
La decisión fundamental consistió en fijar una votación nacional para una nueva asamblea constituyente, antes que elecciones por distritos electorales y provincias. Con una violenta resistencia extendiéndose por las áreas sunníes del país, ahora parece que si votan pocos sunníes, se distorsionará el balance en la legislatura y se arrojarán dudas sobre la legitimidad de las elecciones.
De acuerdo a los funcionarios que se ocupan de la planificación de las elecciones, la decisión fue impuesta por las realidades de un Iraq inestable y por la implacable presión para acelerar la votación en el país hacia fines de enero de 2005, como pedían muchos iraquíes. Para cumplir con esa meta, se pensó, no había tiempo para realizar un censo o para la tarea políticamente delicada de trazar los límites de las circunscripciones electorales.
Una circunscripción electoral nacional hacía más fácil satisfacer las exigencias de los antiguos exiliados instalados en el poder en Bagdad de dejar que millones de iraquíes que viven en el extranjero voten en las elecciones, y las demandas de otros para asegurar que un 25 por ciento de los legisladores sean mujeres. Los expertos razonaron que sería mucho más fácil encontrar mujeres para las listas de candidatos a nivel nacional que para cada uno de los muchos distritos más pequeños.
"Estudiamos un montón de alternativas y las presentamos a los iraquíes y a todo el mundo", dijo un funcionario involucrado en el proceso de decisiones. "Básicamente, una circunscripción nacional resolvía un montón de problemas y hacía nuestras vidas mucho más fácil".
Pero ahora, con la violenta resistencia y más de 7.000 candidatos, muchos en alianza con otros candidatos, presentarse de candidato para los 275 escaños a nivel nacional deja en claro las desventajas del actual sistema, según funcionarios estadounidenses, iraquíes y de Naciones Unidas.
Primero, dicen esos funcionarios, no hay ninguna posibilidad de posponer las elecciones selectivamente en los distritos atenazados por la resistencia. En segundo lugar, se espera que una participación electoral baja en quizás un quinto del país, donde vive la mayoría de los sunníes, probablemente disminuya las posibilidades de los candidatos que son populares en esas regiones.
Este problema está desalentado a los sunníes de participar como candidatos y de hacer campaña y un fracaso de esos candidatos para obtener votos proporcionales a su parte de la población iraquí, podría ser fácilmente reforzada por el distanciamiento sunní con respecto a la mayoría chií.
Así, las elecciones que debían unir a Iraq y apagar la resistencia pueden producir el resultado opuesto, en parte debido al modo en que han sido organizadas.
En un discurso el jueves en la New America Foundation, un instituto de política pública en Washington, Brent Scowcroft, el antiguo asesor de seguridad nacional del presidente Georgw H.W. Bush y declarado crítico de la guerra, advirtió del peligro de que las elecciones empeoren el conflicto. "Las elecciones iraquíes, antes de ser un prometedor punto de partida, pueden potencialmente profundizar el conflicto", dijo.
El problema de la sub-representación de los sunníes en una futura legislatura ya ha provocado algunas discusiones entre funcionarios norteamericanos, iraquíes y de Naciones Unidas para hacer ajustes después de la votación. Entre las ideas que están siendo discutidas se encuentran simplemente agregar escaños a la legislatura de 275 miembros, o garantizar que el futuro gobierno y comités de redacción de la Constitución tengan un porcentaje fijo de representantes sunníes.
La decisión de organizar las elecciones de esta manera fue tomada por L. Paul Bremer III a fines de su mandato como administrador estadounidense de Iraq. Sus ayudantes dicen que la decisión le fue impuesta por expertos de Naciones Unidas, que argumentaron que no había otro modo de asegurar más rápidamente las elecciones.
La decisión fue discutida en Washington, pero no está claro si fue formalmente aprobada por la Casa Blanca.
Fue ensombrecida por otras decisiones de Bremer, especialmente sus esfuerzos de convencer al gran ayatollah Ali al-Sistani, el más respetado clérigo chií en Iraq, de aplazar las elecciones hasta enero.
Pero la decisión sobre la circunscripción nacional es ahora lamentada por algunos miembros del equipo de Bremer.
"Tenía buenas intenciones, pero fue un error", dijo Larry Diamond, un antiguo asesor que es ahora investigador de la Hoover Institution de la Universidad de Stanford.
"Está claro ahora que una de las mayores preocupaciones que motivaron el boicot sunní es su temor de que queden seriamente sub-representados en este sistema".
Otro antiguo asesor de Bremer, Michael Rubin, ahora investigador residente del American Enterprise Institute, argumenta que el sistema favorece a los partidos chiíes dominantes con organizaciones nacionales por sobre los candidatos locales conocidos sólo en sus regiones. Esto a su vez refuerza la ansiedad sunní sobre la votación, dice.
Otros antiguos asesores de Bremer dicen que nunca hubo la intención de cimentar el dominio chií de Iraq. Dicen que mientras hubieran preferido elegir a los nuevos legisladores de circunscripciones más pequeñas, los problemas prácticos eran abrumadores. Otros también dicen que mientras ellos se concentraron en la transición, dejaron en manos de Estados Unidos la mecánica de las elecciones.
"El embajador Bremer estaba dispuesto a escuchar los argumentos de varios expertos en elecciones", dijo Dan Senor, portavoz de la ocupación norteamericana el año pasado. "Los expertos de Naciones Unidas nos dijeron inequívocamente que si se utilizaba otro sistema, las elecciones no podrían realizarse a fines de enero".
Carina Perelli, jefe de la misión de ayuda electoral de Naciones Unidas, llegó a esa conclusión basándose en la evaluación de los problemas prácticos después de consultar con iraquíes, dijo el funcionario. El factor decisivo era la promesa norteamericana de realizar las elecciones en enero de 2005.
"En ese plazo, y dados los elementos con que contábamos, era la mejor opción posible que teníamos", dijo Perelli en una entrevista. "Si los iraquíes insistían en sostener las elecciones el 30 de enero, esta era la mejor opción con el mínimo de descontento de votantes y candidatos".
Bremer se negó a comentar este artículo, dijo Senor. Pero varios funcionarios norteamericanos dijeron que, al recordar la deferencia hacia Perelli y su equipo, no estaban tratando de responsabilizarla de una mala decisión. Más bien, dijeron, en esa época todos entendieron que era la decisión correcta y el modo más justo de realizar las elecciones.
En el sistema que se usará este mes, la mayoría de los candidatos participan en bloque y recibirán los votos como grupos. Pero varios funcionarios observaron que un candidato que se presenta solo y obtiene una 275ava parte de la votación nacional obtendrá un escaño en la asamblea, y que candidatos que son populares en sus comunidades no tendrán problemas en reunir esa cantidad de votos, incluso a pesar de la situación de inseguridad.
La mayoría de los antiguos funcionarios de la ocupación dijeron que había consenso sobre la decisión de Bremer de que trazar los límites de las circunscripciones electorales en medio de la ocupación habría dividido a los iraquíes. "Estábamos siempre chocando con el problema de la representatividad", dijo un funcionario en Bagdad. "Sabíamos que había un ambiente de conflicto. ¿Para qué hacer planes para elecciones que en sí mismas crearían más oportunidades de fricciones?"
Pero algunos funcionarios dijeron que los asesores de Bremer estaban ahora culpando a Perelli por esa decisión. Uno de ellos dijo que había asistido a una reunión con Condoleeza Rice, la asesora de seguridad nacional y futura ministro de estado, en la que ella simplemente se desatendió de la decisión y dijo que la había tomado Naciones Unidas.
9 de enero de 2005
11 de enero de 2005
©new york times ©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. En su lucha por transferir la soberanía nuevamente a Iraq en la primavera pasada, el gobierno de Bush tomó algunas difíciles decisiones sobre la composición del sistema político y sobre cómo se podían realizar en Iraq unas elecciones rápidas y justas. Pero ahora una decisión que pasó desapercibida sobre los procedimientos de las elecciones ha vuelto a penar a funcionarios del gobierno, apenas semanas antes de que la votación tenga lugar, dijeron hoy funcionarios de gobierno y de Naciones Unidas.La decisión fundamental consistió en fijar una votación nacional para una nueva asamblea constituyente, antes que elecciones por distritos electorales y provincias. Con una violenta resistencia extendiéndose por las áreas sunníes del país, ahora parece que si votan pocos sunníes, se distorsionará el balance en la legislatura y se arrojarán dudas sobre la legitimidad de las elecciones.
De acuerdo a los funcionarios que se ocupan de la planificación de las elecciones, la decisión fue impuesta por las realidades de un Iraq inestable y por la implacable presión para acelerar la votación en el país hacia fines de enero de 2005, como pedían muchos iraquíes. Para cumplir con esa meta, se pensó, no había tiempo para realizar un censo o para la tarea políticamente delicada de trazar los límites de las circunscripciones electorales.
Una circunscripción electoral nacional hacía más fácil satisfacer las exigencias de los antiguos exiliados instalados en el poder en Bagdad de dejar que millones de iraquíes que viven en el extranjero voten en las elecciones, y las demandas de otros para asegurar que un 25 por ciento de los legisladores sean mujeres. Los expertos razonaron que sería mucho más fácil encontrar mujeres para las listas de candidatos a nivel nacional que para cada uno de los muchos distritos más pequeños.
"Estudiamos un montón de alternativas y las presentamos a los iraquíes y a todo el mundo", dijo un funcionario involucrado en el proceso de decisiones. "Básicamente, una circunscripción nacional resolvía un montón de problemas y hacía nuestras vidas mucho más fácil".
Pero ahora, con la violenta resistencia y más de 7.000 candidatos, muchos en alianza con otros candidatos, presentarse de candidato para los 275 escaños a nivel nacional deja en claro las desventajas del actual sistema, según funcionarios estadounidenses, iraquíes y de Naciones Unidas.
Primero, dicen esos funcionarios, no hay ninguna posibilidad de posponer las elecciones selectivamente en los distritos atenazados por la resistencia. En segundo lugar, se espera que una participación electoral baja en quizás un quinto del país, donde vive la mayoría de los sunníes, probablemente disminuya las posibilidades de los candidatos que son populares en esas regiones.
Este problema está desalentado a los sunníes de participar como candidatos y de hacer campaña y un fracaso de esos candidatos para obtener votos proporcionales a su parte de la población iraquí, podría ser fácilmente reforzada por el distanciamiento sunní con respecto a la mayoría chií.
Así, las elecciones que debían unir a Iraq y apagar la resistencia pueden producir el resultado opuesto, en parte debido al modo en que han sido organizadas.
En un discurso el jueves en la New America Foundation, un instituto de política pública en Washington, Brent Scowcroft, el antiguo asesor de seguridad nacional del presidente Georgw H.W. Bush y declarado crítico de la guerra, advirtió del peligro de que las elecciones empeoren el conflicto. "Las elecciones iraquíes, antes de ser un prometedor punto de partida, pueden potencialmente profundizar el conflicto", dijo.
El problema de la sub-representación de los sunníes en una futura legislatura ya ha provocado algunas discusiones entre funcionarios norteamericanos, iraquíes y de Naciones Unidas para hacer ajustes después de la votación. Entre las ideas que están siendo discutidas se encuentran simplemente agregar escaños a la legislatura de 275 miembros, o garantizar que el futuro gobierno y comités de redacción de la Constitución tengan un porcentaje fijo de representantes sunníes.
La decisión de organizar las elecciones de esta manera fue tomada por L. Paul Bremer III a fines de su mandato como administrador estadounidense de Iraq. Sus ayudantes dicen que la decisión le fue impuesta por expertos de Naciones Unidas, que argumentaron que no había otro modo de asegurar más rápidamente las elecciones.
La decisión fue discutida en Washington, pero no está claro si fue formalmente aprobada por la Casa Blanca.
Fue ensombrecida por otras decisiones de Bremer, especialmente sus esfuerzos de convencer al gran ayatollah Ali al-Sistani, el más respetado clérigo chií en Iraq, de aplazar las elecciones hasta enero.
Pero la decisión sobre la circunscripción nacional es ahora lamentada por algunos miembros del equipo de Bremer.
"Tenía buenas intenciones, pero fue un error", dijo Larry Diamond, un antiguo asesor que es ahora investigador de la Hoover Institution de la Universidad de Stanford.
"Está claro ahora que una de las mayores preocupaciones que motivaron el boicot sunní es su temor de que queden seriamente sub-representados en este sistema".
Otro antiguo asesor de Bremer, Michael Rubin, ahora investigador residente del American Enterprise Institute, argumenta que el sistema favorece a los partidos chiíes dominantes con organizaciones nacionales por sobre los candidatos locales conocidos sólo en sus regiones. Esto a su vez refuerza la ansiedad sunní sobre la votación, dice.
Otros antiguos asesores de Bremer dicen que nunca hubo la intención de cimentar el dominio chií de Iraq. Dicen que mientras hubieran preferido elegir a los nuevos legisladores de circunscripciones más pequeñas, los problemas prácticos eran abrumadores. Otros también dicen que mientras ellos se concentraron en la transición, dejaron en manos de Estados Unidos la mecánica de las elecciones.
"El embajador Bremer estaba dispuesto a escuchar los argumentos de varios expertos en elecciones", dijo Dan Senor, portavoz de la ocupación norteamericana el año pasado. "Los expertos de Naciones Unidas nos dijeron inequívocamente que si se utilizaba otro sistema, las elecciones no podrían realizarse a fines de enero".
Carina Perelli, jefe de la misión de ayuda electoral de Naciones Unidas, llegó a esa conclusión basándose en la evaluación de los problemas prácticos después de consultar con iraquíes, dijo el funcionario. El factor decisivo era la promesa norteamericana de realizar las elecciones en enero de 2005.
"En ese plazo, y dados los elementos con que contábamos, era la mejor opción posible que teníamos", dijo Perelli en una entrevista. "Si los iraquíes insistían en sostener las elecciones el 30 de enero, esta era la mejor opción con el mínimo de descontento de votantes y candidatos".
Bremer se negó a comentar este artículo, dijo Senor. Pero varios funcionarios norteamericanos dijeron que, al recordar la deferencia hacia Perelli y su equipo, no estaban tratando de responsabilizarla de una mala decisión. Más bien, dijeron, en esa época todos entendieron que era la decisión correcta y el modo más justo de realizar las elecciones.
En el sistema que se usará este mes, la mayoría de los candidatos participan en bloque y recibirán los votos como grupos. Pero varios funcionarios observaron que un candidato que se presenta solo y obtiene una 275ava parte de la votación nacional obtendrá un escaño en la asamblea, y que candidatos que son populares en sus comunidades no tendrán problemas en reunir esa cantidad de votos, incluso a pesar de la situación de inseguridad.
La mayoría de los antiguos funcionarios de la ocupación dijeron que había consenso sobre la decisión de Bremer de que trazar los límites de las circunscripciones electorales en medio de la ocupación habría dividido a los iraquíes. "Estábamos siempre chocando con el problema de la representatividad", dijo un funcionario en Bagdad. "Sabíamos que había un ambiente de conflicto. ¿Para qué hacer planes para elecciones que en sí mismas crearían más oportunidades de fricciones?"
Pero algunos funcionarios dijeron que los asesores de Bremer estaban ahora culpando a Perelli por esa decisión. Uno de ellos dijo que había asistido a una reunión con Condoleeza Rice, la asesora de seguridad nacional y futura ministro de estado, en la que ella simplemente se desatendió de la decisión y dijo que la había tomado Naciones Unidas.
9 de enero de 2005
11 de enero de 2005
©new york times ©traducción mQh