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nueva misión en iraq


[Chaim Kaufmann] Una nueva misión en Iraq: impedir las limpiezas étnicas.
Lo que sea que el presidente Bush y sus asesores prefieran creer, ahora es demasiado tarde para parar la guerra civil sunní-chií en el centro y sur de Iraq. El propuesto ‘refuerzo' de 20 y pico tropas norteamericanas adicionales no cambiará esta realidad.
La limpieza étnica no es solamente una expresión de odio o una manera de vengarse; a menudo es una respuesta estratégica racional a temores fundados sobre la seguridad. Mientras más atrocidades se cometen en cualquier guerra civil étnica, más miedo tendrán unos de otros en ambas comunidades. La gente de los dos lados siente que depende de las milicias comunales para protegerles, incluso si esas mismas milicias están asesinando a miembros de la otra comunidad y contribuyendo a la escalación de la guerra.
En cierto punto de inflexión, ya no será posible que alguna autoridad, en ambas comunidades, pueda reunir partidarios determinados y suficientemente fuertes como para poner fin a la limpieza étnica que surgen en sus propias comunidades. Pasado ese punto, la guerra no podrá ser detenida sino hasta que las comunidades en guerra estén suficientemente separadas. Ya no importa cómo empezó la guerra, ni siquiera si la mayoría de los miembros de ambas comunidades quieren realmente una guerra étnica. La limpieza étnica continuará hasta que prácticamente todos los vecindarios urbanos mixtos, las ciudades y los distritos rurales hayan sido separadas, mientras las fuerzas que representan a los más fuerte de esas comunidades siguen matando o ahuyentando a miembros de la otra. El resultado será una escisión de facto.
Tras el atentado contra la mezquita de Samarra en febrero pasado, quedó claro que la guerra en Iraq había pasado ese punto de inflexión. Importantes líderes de las comunidades sunníes y chiíes, incluyendo a clérigos, hicieron enérgicos esfuerzos para reducir el aumento de los asesinatos religiosos, pero sin tener ningún impacto mesurable.
Desde 2003, más de dos millones de iraquíes han huido de sus hogares y casi cinco mil más lo hacen diariamente. Cientos de ciudades, pueblos y distritos urbanos en Iraq, que eran étnicamente mixtos hace cuatro años, ya no lo son.

Si la Escisión Es Inevitable
Pese a las fuertes presiones norteamericanas para que compartan el poder, no hay suficiente apoyo para esta posición entre los chiíes (ni entre los kurdos). Incluso si se pudiera de algún modo lograr acuerdos de paz, ningún lado impondría los acuerdos sobre su propia comunidad. Si existió alguna vez la posibilidad de que Estados Unidos determinara el curso futuro de la política iraquí, esa posibilidad murió hace algún tiempo.
Una encuesta en septiembre, del Programa sobre Opiniones en Política Internacional, constató que el 82 por ciento de los chiíes iraquíes dicen que estamos perjudicando, no mejorando, la situación de seguridad; el 71 por ciento de los chiíes quiere que nos marchemos dentro de un año, y el 62 por ciento piensa que los ataques contra los soldados norteamericanos son justificados. Las opiniones chiíes frente a la presencia militar norteamericana se han endurecido desde entonces, tanto por desacuerdos en política como algunas enfrentamientos reales. Íntimamente, muchos chiíes ya nos han arrojado al tacho de basura de su historia. Las opiniones sunníes sobre Estados Unidos son todavía más negativos, pero importan menos, porque son el lado más débil.
Algunos políticos y analistas académicos proponen ahora una escisión controlada de Iraq como una manera de poner fin a los asesinatos sectarios. Los opositores a la escisión dicen que podría provocar todavía más refugiados, y no pondría fin a la guerra.
Los dos lados en este debate están haciendo la pregunta equivocada. La cuestión ya no es si debemos dividir Iraq, sino si podemos impedir que Iraq se escinda él mismo.
Probablemente no. El hecho de que prácticamente todos los sunníes y la mayoría de los chiíes todavía se opone a la escisión, no es relevante; la estructura de la situación los obliga a actuar de manera tal que están dividiendo al país de todos modos.
Finalmente habrá una línea de separación de facto -incluso si partes de ella cruzan derechamente por Bagdad. La supervivencia hará que ambos lados se aseguren de que la línea sea muy difícil de cruzar; las barreras y puestos de control que las fuerzas norteamericanas están tratando de instalar en partes de Bagdad, se multiplicarán por todas partes.
Un aumento de las tropas norteamericana no cambiará nada de esto. La presencia de las fuerzas de la coalición en Iraq probablemente aminoró la escalada de la guerra civil sunní-chií -en contraste, Bosnia pasó de una situación no violenta a una guerra a toda escala en un solo mes, marzo de 1992-, pero no pudo pararla.
A principios de noviembre, los jefes militares norteamericanos en Iraq admitieron que un esfuerzo de tres meses para concentrar nuestros recursos en la seguridad de la población en Bagdad ni siquiera había logrado impedir que la situación siguiera deteriorándose. Un aumento de las tropas del orden de un 14 o 14 por ciento no hará hoy posible, lo que antes era imposible.
Ni siquiera está claro si los esfuerzos de desarme de las milicias implicadas en limpiezas étnicas, tales como los esfuerzos norteamericanos actuales contra elementos parias de la milicia chií Ejército Mahdi, reducirán realmente la pérdida de vidas. Las mismas milicias se encargan de la seguridad de sus propias comunidades.

Ayudando a Reinstalarse a Iraquíes
Hace poco, después de un atentado con camión bomba especialmente horroroso en Bagdad, líderes chiíes y funcionarios del gobierno iraquí y hasta el primer ministro Nouri al-Maliki se quejaron de que debido a las acciones norteamericanas contra el Ejército Mahdi, se habían retirado los puestos de control que pudieron haber impedido el atentado. Esta no es la primera vez que líderes chiíes hacen esta queja. La mayoría de los chiíes de Iraq cree sinceramente que las fuerzas norteamericanas les están impidiendo defenderse a sí mismos.
Estados Unidos todavía tiene una misión militar en Iraq cuya conclusión es esencial: la protección de los refugiados. Nuestros 160 mil militares fuertemente armados son más que suficientes para proteger, transportar y reinstalar a aquellos iraquíes que todavía no se han convertido en refugiados, pero probablemente se convertirán a medida que la guerra civil se acerca a su conclusión. Deberíamos identificar las 150 a 200 ciudades, pueblos y zonas urbanas que más riesgo corren de ser limpiadas étnicamente -y quedarnos allá hasta que podamos organizar transportes bien defendidos para los que quieran mudarse.
Estados Unidos debería hacerlo porque es lo correcto. Algunos que podrían, de otro modo, morir en manos de los escuadrones de la muerte, sobrevivirían si las fuerzas norteamericanas les protegieran el tiempo suficiente para reinstalarse en seguridad y sin convertirse en indigentes.
También debemos reconocer que ahora la mayoría de la gente casi en todas partes del mundo nos responsabiliza de todos los males que han caído sobre Iraq desde 2003 -y lo seguirán haciendo por cualquier cosa durante muchos años más. Todo lo que reduzca ese acta de acusación, aunque sea un poco, actúa en aras del interés nacional.
Más allá de esto, debemos repensar cómo estabilizar el futuro de la región. Incluso con las poblaciones sunníes y chiíes en gran parte separadas, Iraq seguirá siendo inestable: su terreno plano, rutas relativamente buenas, y la segunda reserva de petróleo del planeta proporcionan tanto oportunidades como motivos como para que los perdedores de una vuelta lo intenten de nuevo más tarde. Las potencias adyacentes, incluyendo a Turquía, Irán y Arabia Saudí tendrán ahora motivos poderosos para intervenir.
La región más amplia del Golfo Pérsico también se ha visto desestabilizada. Irán y los chiíes de Iraq serán los poderes naturales dominantes de la región, mientras que nuestros actuales aliados en el lado sur del Golfo son débiles no solamente a nivel externo sino internamente. Si sobreviven, lo harán con reformas o acomodándose. La disuasión norteamericana basada en el poderío militar ya no será suficiente.
La situación en Iraq y regiones adyacentes hoy es evocativa de muchos modos de la situación en los Balcanes a fines del siglo diecinueve. Enfrentadas a una configuración profundamente inestable de nacionalismo locales rivales e intereses de potencias mayores, las potencias europeas trataron de manejar la región con una serie de conferencias, tales como el famoso Congreso de Berlín de 1878. Al final, por supuesto, fracasaron en cuanto a la Primera Guerra Mundial, pero no es obvio que la iniciativa estuviera condenada al fracaso desde el principio.
Ahora se necesita algo así como un ‘Congreso de Amán'. Los partidos iraquíes, las potencias regionales y los poderes globales deben forjar modos de solucionar intereses rivales en la cambiada situación para minimizar los riesgos de una guerra todavía mayor que nadie quiere. Cada partido debe explicar a los otros qué políticas pueden esperar, y deben aprender de los rivales lo que no pueden tolerar.
Claramente, pocos partidos que necesiten hablar con sus rivales muestran signos de estar dispuestos a hacerlo. En particular, ni Estados Unidos ni Irán parecen dispuestos a hablar con el otro de manera constructiva. Quizás un logro suficiente para el Primer Congreso de Amán sea el acuerdo de que habrá otro.

Chaim Kaufmann es profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Lehigh.

11 de febrero de 2007
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al-sáder huye a irán


[Anne Gearan] Tras aparentes conflictos en su milicia.
Washington, Estados Unidos. El clérigo anti-norteamericano Muqtada al-Sáder ha huido a Irán anticipándose a una operación de seguridad en Bagdad y el presidente Bush anunció un refuerzo de 21 mil 500 soldados norteamericanos, dijo ayer martes un oficial norteamericano.
Al-Sáder dejó hace algunas semanas su bastión en Bagdad, dijo el oficial. Se cree que Al-Sáder está en Teherán, donde tiene familia. El oficial, que habló a condición de conservar el anonimato para comentar actividades norteamericanas, dijo que fracturas en las operaciones políticas y de la milicia pueden ser parte de la razón de su partida. El traslado será probablemente temporal, dijo el oficial.

13 de febrero de 2007
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bodas en tiempos de guerra


[Sabrina Tavernise] Armada con un tul rosado, Habib es como una comandante de bodas en Bagdad.
Bagdad, Iraq. Pregunta: ¿Cómo lo haces para pasar por ocho puestos de control y 45 minutos de enredado tráfico bagdadí bajo un sol de 43 grados, con una tarta de bodas de quince capas de crema pastelera glaseada?
Respuesta: Contrata a Nadia Habib, organizadora de bodas.
Habib, una iraquí cristiana de 53 años, con un fuerte sentido del humor y una pasión por las bodas y las tartas que puede intimidar incluso a sus propios clientes, ha sobrevivido dos guerras -la actual es la tercera- y una década de devastadoras sanciones económicas.
A pesar de las actuales penurias de Iraq, la vida diaria, por extraño que parezca, todavía se mueve para muchos de acuerdo a sus ritmos familiares. La gente forma parejas. Se enamoran. Hacen planes de boda.
"Francamente, nada ha cambiado", dijo Habib, sentado en el enorme salón de banquetes en el club social de Alwiya y hojeando álbumes de matrimonio con ejemplos de elaboradas tartas de matrimonio de años pasados. "Cuando nos casamos, queremos que todo salga perfecto".
Nada ha cambiado, pero todo es diferente. Desde la invasión norteamericana hace tres años, Bagdad, el hogar de un cuarto de la población del país, ha caído en un estado de guerra civil de segunda. Las poblaciones se están desplazando a medida que la violencia religiosa cambia la cara de los barrios antiguamente mixtos. Los conteos de cadáveres en la morgue de Bagdad esta primavera han sido los más altos desde la invasión.
Ahora la ciudad está dividida. Los barrios occidentales han caído en manos de los rebeldes árabes sunníes. Allá ya no son posible las fiestas. En los barrios del este, dominados por musulmanes chiíes, se ha prohibido el canto y el baile, de modo que los cantantes de boda de toda la vida ya no participan en las ceremonias.
Las bodas, bastante difíciles en tiempos de paz, han emergido como pequeñas guerras propias.
A medida que aumenta la violencia, los iraquíes se han replegado en sus hogares, y hay cada vez menos parejas que celebran bodas en lugares públicos. Habib monta entre dos y tres bodas por semana, en comparación con cinco o seis antes de la invasión. Los jardines están fuera de discusión, por temor a los proyectiles de morteros y bombas. Hay muchos menos invitados. En el pasado, los invitados a menudo rondaban los quinientos. Ahora rara vez superan los trescientos. Ahora las bodas se hacen en el día, para que los invitados puedan volver seguros a casa durante el día, antes de que empiece el toque de queda.
Habib, acompañada por su marido, Hekmet Ayub, un risueño hombre de 61 años, parecido a un Santa Claus sin barba, avanza sin miedo. Como una experta portera de hockey desviando y parando pulcramente el disco, sirve diestramente, o se ajusta a cada uno de los deseos de sus clientes.
¿Flores? Lleve falsas. Las verdaderas, todas importadas, ya no se pueden adquirir, debido a que la ruta por tierra desde Jordania se puso peligrosa. ¿Cintas doradas? Es mejor el beige, es más fácil de comprar en mercados que son seguros. ¿Invitaciones hechas a mano? Las imprentas son escasas. Mejor usar un ordenador.
"Cuando quieren algo raro y complicado, me vienen a ver a mí", dice con su melódico y pesado inglés. "He hecho muchas cosas extrañas", dice, riendo.
Lo extraño empezó en los noventa, después de la guerra de Iraq contra Kuwait, cuando los iraquíes, cristianos y musulmanes, empezaron a celebrar sus bodas en clubes sociales en lugar de sus casas, para evitar los astronómicos costes de un banquete. Las bodas se vuelven más teatrales. Una vez Habib escondió a los novios detrás de una cortina en el escenario, en lugar de que cruzaran el pasillo. Las tartas de bodas tradicionales tenían compartimentos secretos que ocultaban palomas enjauladas. Se pusieron de moda las espadas ardiendo.
Habib enumeró sus triunfos como repostera: Una tarta alta que parecía una pila de regalos. Una tarta con una iglesia y un pueblo. Un torre de tres metros de capas de tartas, cada una sobre pedestales, completamente rodeada por balones que se elevaban cuando se cortaba una cuerda, revelando la tarta en su interior. Una tarta rotativa, que paraba cuando la novia la cortaba.
Pero en los últimos tres años, mientras las bombas destrozaban las familias, y asesinatos secretos, a menudo religiosos, han cambiado barrios enteros, las parejas han empezado a preferir las celebraciones breves y simples. "Lo quieren al estilo clásico", dijo, mientras Ayub y sus ayudantes inflaban balones dorados detrás de ella. "Quieren que termine lo antes posible, para que termine bien".
Puede ocurrir cualquier cosa. En junio, una bomba en el barrio Nuevo Bagdad al sudeste, mató a la tía del novio, y la familia tuvo que cancelar la boda. En febrero, después del atentado contra el santuario chií que desencadenó una oleada de asesinatos religiosos, y luego el toque de queda, se cancelaron varias bodas. Una pareja se casó temprano en la mañana y se marcharon a Jordania, sin fiesta. En todos los casos Habi se quedó con tartas de boda que no podía vender. En promedio, un par de tartas cuesta unos 140 dólares.
"Ahora, cuando hago una tarta, me da miedo", dice. "No sé si la terminarán o no".
La repostería tiene sus propias frustraciones. Bagdad tiene sólo una hora de energía eléctrica cada cuatro horas, y la mayoría de las casas tienen otras dos fuentes: el generador del vecindario, operado por un despreciado ‘encargado del generador', y un pequeño generador casero. El precio oficial de la gasolina, con la que funcionan los generadores, es diez veces más caro que hace un año. El voltaje de los generadores es diferente que el del tendido de las ciudades, lo que obliga a las familias a comprar los aparatos en pares.
Habib trabaja en una pequeña extensión de su casa. Tiene siete congeladores y tres neveras, y elementos de repostería de todo tipo. Una nevera está repleta de flores. Su jardín, dijo, está atiborrado de contenedores de combustible, y dos generadores grandes.
"Clausuré el jardín", dijo.
La violencia en las calles de la ciudad ha sido un serio problema para la planificación de bodas. Antiguamente las invitaciones se imprimían a mano en la calle de Mutanabi, una zona de librerías en el centro de Bagdad, pero ahora muy poca gente trabaja en el oficio y la zona es, de todos modos, demasiado peligrosa, dice Habib. A fines del mes pasado, Ayub quería ir a Bab al-Sharji, la zona del mercado local donde se encuentra de todo, desde uniformes de policía hechizos y flores artificiales (que es lo que quería comprar). Habib le advirtió que no fuera. Ese tarde, una bomba mató a varias personas allá.
"Estamos siempre preocupados, incluso cuando nos reímos", dice, sacudiendo los dedos sobre en su pecho. "Yo me siento nerviosa hasta que se sirve la tarta y termina la fiesta".
Uno de los problemas más grandes es simplemente movilizarse en la ciudad. Una vez, en camino a recoger una tarta, un enorme convoy de todoterrenos americanos bloquearon la calle durante tanto tiempo que no pudo volver a tiempo para la boda. La novia hizo frenéticas llamadas telefónicas, pero Habib no pudo hacer nada.
El lunes condujo desde su barrio al nordeste de Bagdad hacia el Club Hindiya, en Karrada. Es un trayecto de 20 minutos sin tráfico, pero desde que el nuevo gobierno implementara el último plan de seguridad, en el que las tropas iraquíes operan cientos de nuevos puestos de control en la ciudad, ahora toma casi una hora. Para cuando llegó al club, las tartas, apiladas en tres capas en el maletero de un sedán Mercedes, habían empezado a verse aceitosas.
"Mi crema pastelera es fuerte", dice, segura de sí misma. "No se derrite fácilmente".
Como ocurre a menudo, el club se negó a encender el aire acondicionado antes de la ceremonia. Ese ahorrativo hábito es una obstáculo insuperable en un salón de bodas particularmente caluroso. Habib colocó ingeniosamente las tartas en los asientos de su coche, y dejó el motor encendido, con el aire acondicionado funcionando, hasta poco antes de que llegara la pareja.
"¿Te enteras de cómo trabajamos?", dice, secándose el sudor de la cara con una mano y hurgando enfadada en su bolsa por un pequeño ventilador, y ofreciendo otro a la periodista.
Cerca, la hija de Habib estaba planchando un mantel de lino blanco con un ventilador girando directamente sobre su cara. Tres ayudantes, todos vecinos, incluyendo a un conocido entrenador de fútbol, se afanaban en el salón, con cintas y alfileres entre los dientes, y fajos de tule rosado debajo de los brazos. Un niño caminaba entre los balones, reventándolos. Los adultos se estremecían con el estruendo.
Las parejas no dejaban de llegar. La semana pasada en el club Alwiya, Rim, 25, una técnico dental, y Amar, 29, programador informático, estaban radiantes sentados con Ayub, revisando la colocación de los invitados en un trozo de papel. Unos familiares los introdujeron hace unos meses a casa de Rim. Amar no podía dejar de mirarla.
"Me late el corazón", dijo, con una sonrisa avergonzada.
La sensación de peligro intensifica los sentimientos de la gente.
"Como si fuéramos a morir en cualquier momento", dijo.
Habib metió la cuchara.
"Está bien que estemos viviendo sin ley", dijo. "Realmente, es admirable".

Sahar Nageeb contribuyó al reportaje de este artículo.

13 de febrero de 2007
4 de julio de 2006
©new york times
©traducción mQh
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la intervención de irán


[Tina Susman] Oficiales norteamericanos ofrecen evidencias de intervención iraní en Iraq,
Bagdad, Iraq. Oficiales de la defensa e inteligencia norteamericanas denunciaron hoy lo que dijeron eran sólidas pruebas de que Irán está proporcionando bombas para atacar a tropas norteamericanas e iraquíes y acusaron al líder supremo de Irán de orquestar la introducción clandestina de esos artefactos por la frontera Irán-Iraq.
En una rueda de prensa realizada aquí en condiciones inusualmente secretas, oficiales norteamericanos, que se negaron a ser identificados por sus nombres y no permitieron cámaras ni grabadoras en la sala de conferencias, mostraron mesas cubiertas con hardware e hicieron una presentación de diapositivas con lo que dijeron reforzaba las denuncias norteamericanas de la intervención iraní en la situación de seguridad en Iraq.
Uno de los oficiales, un experto en explosivos, acunaba los restos de lo que dijo era un penetrador EFP hecho en Irán, en la mesa frente a él. El oficial dijo que el artefacto, que parecía una lata de café grande, relleno con una substancia gris y arenosa, era responsable de la muerte de al menos 170 soldados norteamericanos y de otros países desde que fueran usadas por primera vez en Iraq en junio de 2004.
También en exhibición en la rueda de prensa había unas tres docenas de cañones de ametralladora de 61 milímetros y morteros de 81 milímetros; dos proyectiles anti-tanque; contenedores marítimos para morteros; un pedazo de metal de un explosivo iraní; y los carnés de identidad, metidos en bolsitas transparentes, de dos hombres arrestados por agentes norteamericanos en Irbil, al norte de Iraq, el mes pasado.
El analista de inteligencia dijo que los hombres eran agentes iraníes que estaban tratando de cambiar de aspecto y echaron documentos al inodoro cuando irrumpieron los agentes norteamericanos. El hardware, dijeron, era claramente iraní, debido al método de su manufactura, o debido a otras características únicas.
La revelación se produjo en medio de la incomodidad de funcionarios del gobierno iraquí, que han dejado en claro que no quieren estar en el fuego cruzado entre Estados Unidos e Irán, los más importantes partidarios del gobierno iraquí que son rivales. Desde diciembre, agentes norteamericanos han detenido a varios oficiales iraníes en Iraq. La semana pasada, Irán acusó a Estados Unidos de ser responsable del secuestro de un diplomático iraní en las calles de Bagdad.
Las últimas acusaciones norteamericanas contra Iraq, atacando al líder supremo de Irán, el ayatollah Ali Khamenei, ciertamente tensarán las relaciones entre Washington y Teherán. De acuerdo a un oficial norteamericano aquí, agentes de la Fuerza Quds, de Irán, una unidad de los Guardias Revolucionarios Iraníes, estuvo implicada en la introducción de explosivos en Iraq.
"Ellos reportan directamente al líder supremo", dijo el oficial de inteligencia de los agentes Quds. Otro oficial dijo que el material proporcionado en la rueda de prensa era solamente una muestra de las pruebas, pero que debido a consideraciones de seguridad, no se podían proporcionar más.
La violencia persistió en la capital y otras partes de Iraq hoy domingo. Al menos quince personas murieron cuando un terrorista suicida estrelló su camión contra una furgoneta de la policía en Dour, una ciudad sunní al norte de Bagdad. Testigos dijeron que los explosivos estaban ocultos debajo de una carga de heno y que la potencia de la explosión dañó un hospital, el correo, dos escuelas y otros edificios cerca de la comisaría.
El atentado ocurrió a eso de las nueve de la mañana, cuando los policías iraquíes se reunían para trabajar, y destruyó la comisaría, dijo un testigo, agregando que la calle quedó sembrada de metralla y partes de cuerpos.
En otros ataques del domingo, hombres armados atacaron una comisaría de policía en la ciudad de Muthena, en el sur de Iraq, con armas de fuego, matando a un civil; un coche bomba estalló en el barrio de Mansour en Bagdad, matando a una persona.
La violencia se produjo pese a las promesas norteamericanas e iraquíes de un nuevo plan de seguridad para estabilizar Iraq, un plan sobre el que Nouri dijo este domingo que continuaría con barridas en todo Bagdad esta semana.

11 de febrero de 2007
©los angeles times
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vidas rotas por la guerra


[Sabrina Tavernise] Tras la muerte de los niños de la calle en un atentado, para muchos padres la vida perdió sentido.
Bagdad, Iraq. Si los costes de la guerra se midieran en términos de vidas humanas, un bloque en el sudeste de Bagdad ha pagado más de lo que le corresponde.
Una calurosa mañana hace dos veranos, 34 niños murieron en un estallido de humo y metal. Estaban recogiendo caramelos que les arrojaban desde un vehículo blindado norteamericano. El camión del terrorista suicida nunca aminoró su marcha.
En esta guerra están muriendo más de tres mil iraquíes al mes. Gruesamente hablando, casi el total de muertes en los atentados del 11 de septiembre contra el World Trade Center y el Pentágono o todos los soldados norteamericanos muertos desde el inicio de la guerra. Pero detrás de los titulares y estadísticas, la mayor parte de la guerra se vive en salas de estar iraquíes y en bloques como estos, donde las familias luchan con el intenso dolor de las pérdidas.
Y mientras los estrategas de la guerra norteamericana debaten sobre cómo seguir adelante, los iraquíes de esta cicatrizada cuadra se han quedado estancados en el pasado, en la mañana del 13 de julio de 2005, cuando el tiempo se detuvo y para ellos empezó verdaderamente la guerra.
"Ahora nuestra vida no es vida, es una especie de sueño", dice Qais Ataiwee Yaseen, cuyos dos hijos, de ocho y once, murieron ese día. "La vida no tiene sabor. Yo mismo me doy náuseas".
En los primeros años de la guerra, la calle -una polvorienta y sucia calle de cemento, que conecta la autopista del sudeste de Bagdad con el vecindario de Naariya- era en general tranquila, el hogar de varias familias chiíes y sunníes que habían vivido juntas durante años.
Pero la crueldad de la guerra intervino cuando atacó el terrorista, que aparentemente quería impactar un convoy de blindados americanos aparcados al final de la calle. Murieron un soldado norteamericano y 34 nacionales iraquíes. Todos eran niños, y todos tenían menos de quince años. El más joven tenía seis. En total, 29 familias perdieron hijos; una perdió a tres.
Durante los segundos que siguieron a la explosión, para Sattar Hashim, 39, un guardia de seguridad cuyo hijo había salido a mirar a la patrulla norteamericana, el mundo se redujo a un niño. Hashim rebuscó frenéticamente entre los escombros, justo frente a la puerta de su casa, ahora una escena grabada en su memoria. Encontró a su hijo inconsciente, su cuerpo destrozado por la metralla.
"Ruego a Dios que nadie en este mundo tenga que vivir una situación semejante", dice, recordando la escena sentado en su sala de estar, apenas amueblada, con las cortinas corridas. "Como si los hubieran colocado en el suelo. Piernas. Brazos. Cabezas. Cuerpos todavía quemándose".
Su hijo murió en el quirófano de un hospital varias horas después de la explosión.
Los atentados suicidas a menudo paran los relojes cercanos, estropeando los delicados mecanismos. El minutero se paraliza en el momento en que detona la bomba, y los equipos de limpieza encuentran los relojes colgando torcidos de las paredes horas después, con el momento de la detonación marcado para siempre en el reloj.
Para los padres de Naariya, los relojes se paralizaron a las diez menos quince. Las muertes esa mañana hicieron un hoyo en la vida de la cuadra, y más de un año después, mucha gente no ha podido volver a poner sus vidas en orden. Algunos se han alejado de sus parejas. Otros han cambiado de trabajo o han dejado de ir al trabajo completamente. En todas partes se te hace recordar: Las clases son más pequeñas. Los torneos de fútbol para mayores de quince ya no se realizan. Coleccionar bichos ya no es un pasatiempo.
El dolor hizo que ocurrieran cosas extrañas. Yaseen perdió su don con los números y se descubrió explicándose torpemente frente a clientes en la ferretería donde había trabajado durante años. Finalmente, renunció. Para Zahra Hussein, la madre de Hamza, de once, leer y escribir se hizo difícil. Había perdido la capacidad de concentrarse y veía mal.
Hadi Faris, padre de Hamza, dejó de trabajar como chofer. No podía controlar sus pensamientos y concentrarse en la ruta y tomar decisiones rápidas se convirtió en algo muy pesado.
"No dejo de pensar en que la vida es barata, en que muere tanta gente inocente", dice, sentado frente a un calentador de queroseno en el pequeño cuarto de invitados.
Después de algunos meses, solicitó trabajo como guardia en la escuela de su hijo. De algún modo le reconfortaba hacer lo que, tras la muerte de su hijo, iba a poder hacer lo que no había hecho nunca durante su vida: proteger.
"Sentía que todos los niños eran como Hamza", dice. "Mi principal trabajo era protegerlos a todos ellos".
Para los niños que sobrevivieron, la vida se convirtió en un sitio desierto y sosegado. Adel Ali, 12, perdió a cuatro de sus mejores amigos, a la mayoría del equipo de fútbol y a toda la brigada de ciclistas. Todos ellos habían compartido un momento de felicidad bajo la forma de tarta de cumpleaños con velitas -la primera vez para algunos niños-, apenas días antes de la explosión. La experiencia quedó registrada en una borrosa fotografía de nueve niños pequeños haciendo morisquetas. Excepto dos, todos los demás murieron.
Adel pasa las tarde solo en casa. En la tarde temprano, juega al fútbol con los niños mayores. Ellos no conocen los nombres de los jugadores famosos que él y sus amigos se daban unos a otros cuando jugaban bien. No conocen la increíble alegaría de andar en bici, sosteniendo una cuerda juntos. No saben nada de su soledad.
"Acostumbrábamos a jugar juntos, y los adultos jugaban en otro lugar", dice Adel, sus pequeños dedos abriendo y cerrando la cremallera del cuello de su jersey de lana.
El atentado parecía haber sido calculado para hacer que los iraquíes despreciaran a los norteamericanos, en una estrategia que finalmente se impondría y cambiaría la dirección de la guerra. Pero mientras algunos de los padres entrevistados parecían haber adquirido ese odio, muchos no lo tenían e incluso expresaban respeto. Faris dijo que inmediatamente después del atentado vio a un soldado con el brazo destrozado tratando de recoger a un niño herido.
Más norteamericanos llegaron a la zona semanas después y llevaron pequeñas baratijas a las casas en lo que los iraquíes asumen que era algo así como una propuesta de paz.
"Nunca lastimamos a los norteamericanos, y ellos nunca a nosotros", dijo Faris.
Entre iraquíes, un tema recurrente de la guerra es su completa falta de control de acontecimientos caóticos y en constante cambio. Como víctimas de un accidente de carretera en una autopista desierta, viven en dolor esperando que alguien les ayude.
Yaseen se siente acosado por la impotencia que sintió esa mañana cuando encontró a su hijo pequeño, Ali, todavía vivo. Se había quemado gravemente y le faltaban los pies.
"Me dije a mí mismo: dos pies, no es nada", dijo. Pero el niño murió horas después.
"No pude hacer nada por él", dijo Yaseen. "No pude salvarlo".
Los recuerdos se agolpean en momentos inconvenientes. Yaseen recuerda cuando su hijo mayor, Abbas, que amaba a los bichos, le rogó que no colocara veneno para hormigas, diciéndole: "Ellos también tienen familias y casas".
Esa mañana Ali, llamado el Inglés Ali por su pulcritud y admiración de los norteamericanos, sólo había tenido pan como desayuno.
"Estoy como muerto", dijo Yaseen, llorando, cubriéndose la cara con las manos. "No tengo ambiciones. No tengo objetivos en mi vida. He perdido todo".
Su esposa e hija se han mudado, y él se ha recluido en su apartamento, un cuarto de tres metros 6 por cuatro veinte. Dejó de afeitarse. El cuarto está ahora lleno de cosas amontonadas, como cestas de ropa sucia, viejos juguetes de los niños y un moisés de metal.
"Vivo en este cuarto", dijo. "Duermo en este cuarto. Como aquí. Esta es mi vida. Es como su estuviera en la cárcel".
Entretanto, la guerra se encalla y el bloque no es inmune a los cambios.
En febrero, chiíes pobres causaron disturbios en vecindarios en todo el este de Bagdad. Naariya empezó a perder sunníes. Pronto aparecieron al otro lado de su calle, frente a la casa de Yaseen, pintadas frescas con letras negras alabando a un clérigo chií.
Tres familias chiíes de Diyala, una violenta provincia al norte de Bagdad, llegaron con la aturdida mirada de los refugiados que acaban de perder todo, excepto la vida.
"Nadie sonríe", dice Hussein. "Podrías jurar que han perdido a alguien".
Los ataques de militantes sunníes contra chiíes empezaron a disminuir, y algunas familias del bloque empezaron a preguntar por los antecedentes de los vecinos nuevos.
Una pequeña estatua erigida en memoria de los niños fue hecha estallar, y colocaron una bomba debajo de una palmera cercana, pero no explotó. Durante el festivo del Ramadán en octubre, unos 250 hombres sunníes desaparecieron del barrio. Sus cuerpos aparecieron en diferentes barrios varios días después.
Hashim se enteró de los secuestros, pero tuvo miedo de preguntar por ellos.
"Despertamos un día", dijo, "y se había marchado una familia". La detonación de 2005 hizo un agujero en la pavimento frente a su casa, y él hizo, después, construir una alta barrera antiexplosiva. La barrera tenía la ventaja de impedir que se viera el cráter en la calle todos los días.
Para Adel, el niño de 12 cuyos amigos murieron, los recuerdos volvieron a brotar. Poco después del atentado de julio, llevó su bicicleta al balcón de su casa y la lanzó por encima. Estaba enfadado por lo que había ocurrido, dijo Hussein. Hace un mes, su vida se hizo todavía más aislada: mataron a un guardia y un maestro de su escuela, y el padre de Adel empezó a reterlo en casa.
Los niños vuelven de manera inesperada. La hermana de Hamza ve la cara de su hermano en un niño que vive en una casa en el camino a la escuela. A veces, ella le regala caramelos. Yaseen ve a menudo a sus hijos en sus sueños.
En uno de estos, Abbas le pregunta por qué está llorando. Habló de su propio funeral de una manera que lo tranquilizó. "Trató de hacerme las cosas fácil", dijo Yaseen.
Hablando de las muertes, Hashim dijo: "Hizo un hoyo, un tremendo hoyo. Antes la calle pasaba llena. Los coches tenían que aminorar. Ahora está desierta".

Hosham Hussein contribuyó al reportaje.

6 de enero de 2007
10 de febrero de 2007
©new york times
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vice-ministro era terrorista infiltrado


[Louise Roug] Detienen a vice-ministro de salud iraquí. Se le sospecha participación en asesinatos. Desviaba dinero hacia la milicia de Sáder.
Bagdad, Iraq. Tropas iraquíes y estadounidense lanzaron el jueves una campaña contra la red de patronaje que apoya al clérigo extremista anti-norteamericano Muqtada Sáder, deteniendo a un funcionario iraquí de alto rango por su vinculación con los asesinatos de funcionarios del ministerio de Salud y el desvío de millones de dólares hacia una milicia chií.
Fuerzas especiales iraquíes respaldadas por tropas norteamericanas ocuparon el complejo del ministerio de Salud en el centro de Bagdad, deteniendo al vice-ministro de Salud, Hakim Zamili, seguidor de Sáder.
Fue el segundo allanamiento en el ministerio en seis meses, pero la primera detención de un funcionario de alto nivel.
"Este es el primer pez grande visible", dijo un asesor norteamericano de los militares iraquíes tras la detención de Zamili. "Hay que ver qué pasa. Tiene que ser el comienzo de una purga".
Oficiales norteamericanos dicen que la milicia de Sáder, Al Madhi, es uno de los grupos más mortíferos en Iraq, y ha asesinado a miles de civiles y soldados.
Sáder, que ha emergido como un importante caudillo político, ha surgido gracias a su control de escaños en el parlamento y pistoleros en las calles.
Controla ramas de servicios claves con enormes presupuestos, como los ministerios de salud y transporte, y proporciona protección a sus seguidores, dicen oficiales norteamericanos e iraquíes.
La detención de Zamili provocó de inmediato protestas entre los legisladores chiíes asociados a Sáder, que la describieron como un secuestro ilegal y un ataque contra la "dignidad de los iraquíes".
La reacción del campo de Sáder y en las calles fue inusualmente apagada, dando pie a teorías de que el clérigo chií es neutral en los primeros días de la campaña de seguridad en Bagdad.
El ministerio de Salud está controlado por Sáder, dicen autoridades iraquíes y norteamericanas. Es una casa del horror donde los funcionarios desaparecen en camino a reuniones, para no saberse nunca más de ellos.
Controlar los ministerios significa controlar a los cientos de hombres armados que controlan las puertas, más un presupuesto de billones de dólares y miles de puestos de trabajo.
Funcionarios norteamericanos ya no visitan el destartalado ministerio. Incluso para estadounidenses, que normalmente se desplazan en burbujas de seguridad, el nivel de amenaza es alto, dijo el asesor norteamericano.
En la morgue cercana, árabes sunníes han sido secuestrados y asesinados mientras trataban de recuperar los cuerpos de sus familiares, obligando a las familias a abandonar a sus seres queridos y violar así las reglas musulmanas sobre la sepultura.
Médicos sunníes de las provincias han dejado de aparecerse por el ministerio de Salud. Mencionan el peligro y la sensación de que a los sunníes se les niega el acceso a medicinas y equipos, lo que ha resultado en innumerables muertes.
Pacientes sunníes y chiíes denuncian los sobornos y corrupción en todo el sistema.

¿Amenazas Y Sobornos?
En la declaración sobre el allanamiento, los militares norteamericanos no mencionan a Zamili. La declaración menciona como detenido a un "alto funcionario del ministerio de Salud" y dice que está vinculado al asesinato de Ali Mahdawi, director de salud de una provincia sunní que fue secuestrado en junio pasado en el ministerio junto a sus guardaespaldas.
"Se sabe que amedrentaba y amenazaba abiertamente a los funcionarios que no estaban de acuerdo con él y cuestionaban sus acciones", dice la declaración, que también afirma que el vice-ministro solicitaba sobornos por contratos y desvió millones de dólares a la milicia Al Mahdi.
Un tercio del presupuesto del ministerio de Salud se destina al pago de salarios, lo que lo convierte en una rica fuente de patronaje.
El Ejército Al Mahdi también es acusado de utilizar las ambulancias del ministerio para transportar a los milicianos.
En adición, agencias norteamericanas han gastado al menos 493 millones de dólares de los fondos de reconstrucción de Iraq en salud pública. La mayoría de las nuevas clínicas construidas en Iraq están ubicadas en barrios chiíes.
Un ayudante del primer ministro Nouri Maliki, que habló a condición de conservar el anonimato, llamó la detención de Zamili un "arresto importante". El ayudante dijo que se creía de Zamili que era responsable del secuestro de otro ministro de Salud, que fue secuestrado en su casa en noviembre pasado. Desde entonces no se sabe nada de él.

"Nadie Se Libra"
Aunque no hubo comentarios oficiales desde el despacho de Maliki, el ayudante dijo que el primer ministro había sido informado sobre el allanamiento, lo que demostraba que "nadie se libra".
El ministro de Salud, Ali Shammari, chií, calificó el allanamiento de una "violación de la soberanía de Iraq".
"Humillaron a los funcionarios, rompieron los cristales y las puertas", dijo Shammari. Se mostraron en televisión nacional imágenes de polvorientas huellas de botas en las puertas, que sugieren que los soldados echaron las puertas abajo a patadas.
Shammari y un grupo de legisladores asociados a Sáder dijeron que los cargos contra Zamili eran falsos. Exigieron su liberación.
"Este secuestro ha demostrado que no solamente están atacando al gobierno de Iraq, sino también la dignidad de los iraquíes", dijo Nassar Rubaie, un legislador chií leal a Sáder, en una declaración.
Una delegación de políticos chiíes se quejó ante Maliki, también chií y que depende de Sáder en cuanto a su apoyo político. En el pasado Maliki ha ordenado la libertad de sospechosos chiíes de alto rango detenidos por tropas norteamericanas e iraquíes.
Pero oficiales norteamericanos esperan que el allanamiento y detención representen un desvío de la falta de voluntad del gobierno de perseguir a las milicias chiíes.
En agosto, soldados norteamericanos e iraquíes allanaron el ministerio de Salud, buscando a víctimas de secuestros. Arrestaron entonces a siete guardaespaldas de Shammari y confiscaron grandes cantidades de dinero y documentos.
Cada vez más Maliki toma partido contra las milicias, diciendo que su gobierno perseguirá tanto a milicias sunníes como chiíes.
El allanamiento se produce menos de 48 horas después de una reunión convocada por Maliki para ordenar a los comandantes militares iraquíes en Bagdad que persigan a todo aquel que viole la ley, independientemente de su afiliación religiosa o política.
"Quizás, solamente quizás, este es un indicio de que los círculos políticos no intervendrán", dijo el asesor estadounidense.
La violencia continuó en todo el país.
Un coche bomba mató a quince personas en Aziziyah, al sudeste de Bagdad, y proyectiles de mortero mataron a siete en la provincia de Babil, al sur de la capital. Tiroteos, bombas y proyectiles de mortero mataron al menos a otras 52 personas en todo el país, dijeron las autoridades.
De estas, veinte fueron encontradas en la capital.
Los militares norteamericanos anunciaron la muerte de cuatro marines en la provincia de Al Anbar. Murieron en ataques separados el miércoles, dijeron los militares.
Las muertes llevan a al menos 30 el número de soldados norteamericanos muertos durante la primera semana de febrero, de acuerdo a icasualties.org, una página web que informa sobre las bajas de la coalición.
Al menos 3,115 soldados norteamericanos han muertos en Iraq desde la invasión norteamericana de 2003, dice la página web.
Los militares norteamericanos también dijeron que un bombardeo aéreo norteamericano mató el jueves a trece presuntos rebeldes al nordeste del barrio de Amirirya, en Bagdad.

roug@latimes.com

Zeena Kareem y Raheem Salman contribuyeron a este reportaje.

9 de febrero de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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podría ser peor en iraq


[Karen DeYoung y Walter Pincus] Lucha interna podría extenderse, según informe de inteligencia.
Un largamente esperado Estimado Nacional de Inteligencia [National Intelligence Estimate NIE] sobre Iraq, presentado ayer al presidente Bush por la comunidad de inteligencia, esboza una situación cada vez más peligrosa sobre la que Estados Unidos no tiene control y existe la fuerte posibilidad de un empeoramiento, de acuerdo a fuentes familiarizadas con el documento.
En una discusión sobre si Iraq ha llegado a una situación de guerra civil, el documento clasificado del estimado NIE de noventa páginas no ofrece ninguna conclusión y mantiene perspectivas de mejoramiento. Pero alberga rayos de optimismo en medio de una profunda incertidumbre sobre si los líderes iraquíes serán capaces de superar los intereses sectarios para luchar contra los extremistas, establecer instituciones nacionales efectivas y poner fin a la corrupción desenfrenada.
El documento enfatiza que aunque las actividades de al-Qaeda en Iraq siguen siendo un problema, han sido superadas por la violencia entre iraquíes como la principal fuente de conflicto y la amenaza más inmediata a los objetivos de Estados Unidos. Irán, al que el gobierno ha acusado de aprovisionar y dirigir a extremistas iraquíes, también es mencionado, pero no como lo más importante.
La presentación del estimado, que proyecta eventos en Iraq en los próximos dieciocho meses, ocurre en medio de crecientes debates y escepticismo en el Capitolio sobre la estrategia de guerra del gobierno. En una serie de contenciosas audiencias en las dos últimas semanas, los legisladores han cuestionado fuertemente el nuevo plan de Bush para el despliegue de 25 mil 500 soldados norteamericanos y la dependencia del gobierno del gobierno del primer ministro iraquí Nouri al-Maliki.
Ayer, en agrias observaciones al general George W. Casey Jr., el comandante saliente en Iraq, el senador John McCain (republicano de Arizona) observó que "las cosas se han puesto marcada y progresivamente peores" durante los dos años y medio del mandato de Casey y "la situación en Iraq ahora se puede describir como grave y deteriorándose. Lamento que nuestra ventana de oportunidad para revertir el momento esté cerrándose". Casey declaraba ante el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado sobre su nominación al cargo de jefe del estado mayor del ejército.
Aunque McCain apoya el despliegue de tropas adicionales, ha propuesto una resolución del Senado con estrictos criterios para medir el progreso del gobierno y fuerzas armadas iraquíes. La resolución de McCain y otras propuestas bipartidistas no vinculantes que expresarían variados grados de desaprobación del plan de Bush serán debatidas en el hemiciclo del Senado la semana próxima.
Los legisladores han sido igualmente críticos de la comunidad de inteligencia, recordando repetidas veces que la mayoría de los argumentos clave, en el NIE de octubre de 2002 sobre las armas de destrucción masiva de Iraq, eran erróneos. Ese análisis concluyó que Saddam Hussein había acumulado armas químicas y biológicas y estaba "recomponiendo" su programa de armas nucleares. Se convirtió en el fundamento de la decisión del gobierno de Bush -y de la autorización parlamentaria- de invadir Iraq.
"Uno de los rumores que más han circulado aquí, es que la comunidad de inteligencia le da al gobierno o al presidente lo que este quiera a modo de inteligencia", dijo la senadora Dianne Feinstein (demócrata de California) al Almirante de la Marina, John M. McConnell, el nominado de Bush al cargo de director de la inteligencia nacional, durante la confirmación de McConnell en la audiencia de ayer.
Sin aceptar directamente la premisa de Feinstein, McConnell dijo que la comunidad de inteligencia había aprendido lecciones "importantes" en los últimos años y que "hay una intensa concentración en la independencia". McConnell y otros han dejado en claro que el nuevo NIE sobre Iraq había sido sometido a un extenso análisis para poner a prueba sus conclusiones.
Un ayudante del congreso dijo que el NIE se lo habían sido descrito como "desagradable pero muy detallado". Una fuente familiarizada con su contenido, dijo que contenía varias desavenencias que eran exhibidas prominentemente para que los funcionarios estuvieran al tanto de todo desacuerdo al interior de la comunidad de inteligencia -un cambio significativo con respecto al documento de 2002, que hacía el listado de las desavenencias más importantes en notas al pie de página en caracteres pequeños.
El senador Christopher S. Bond (republicano de Montana), vice-presidente del comité de inteligencia del Senado, dijo explícitamente a McConnell que "no vamos a aceptar evaluaciones sobre la seguridad nacional sin examinar la inteligencia sobre la que se basan las evaluaciones, y creo que este comité tiene la obligación de aplicar una debida diligencia cuando se trata de documentos tan importantes". Previos intentos del comité de obtener materiales para respaldar un NIE sobre Irán, dijo Bond, "fueron recibidos con resistencia".
El director saliente de la inteligencia nacional, John D. Negroponte, informó ayer al presidente sobre el NIE sobre Iraq, y el documento estará disponible para el congreso hoy temprano. Una versión desclasificada de dos páginas de sus evaluaciones claves, será subida a la página web del DNI.
Fuentes familiarizadas con el estimado accedieron ayer a comentarlo en términos generales a condición de que no revelaran su identidad y no fueran citados directamente. Pero Negroponte y otros en la comunidad de inteligencia han hecho frecuentes referencias a sus conclusiones en declaraciones recientes.
El martes, Negropont se refirió al NIE en su declaración ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado. "Iraq pasa por un momento precario. Eso quiere decir que la situación podría deteriorarse, aunque hay perspectivas de una creciente estabilidad" que depende de la determinación del gobierno y líderes políticos iraquíes de iniciar pasos para poner fin a la violencia sunní-chií y a "la voluntad de las fuerzas de seguridad iraquíes de perseguir a elementos extremistas de todas las tendencias", dijo.
El congreso, que encargó el NIE sobre Iraq en agosto pasado, ha presionado a la comunidad de inteligencia para que completara a tiempo para considerar la nueva estrategia de Bush. Funcionarios de inteligencia han insistido en que sus mejores expertos están trabajando en el proyecto al mismo tiempo que estaban satisfaciendo las demandas de los funcionarios de los informes de inteligencia actuales.
Los NIES abarcan informes de toda la comunidad de inteligencia y son escritos por el Consejo Nacional de Inteligencia.

2 de febrero de 2007
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terroristas del ejército del cielo


[Louise Roug y Saad Fakhrildeen] Secta que anuncia el Juicio Final estaría en el centro de batalla iraquí.
Nayaf, Iraq. Las autoridades dicen que fuerzas iraquíes y estadounidenses han luchado contra los discípulos de un renegado líder musulmán que llamaba a matar a los peregrinos chiíes.
En una época abrumada por la guerra y la confusión, un supuesto mesías surge de las arenas del desierto, predicando el fin de los tiempos. Se reúne con sus combatientes por el apocalipsis en las afueras de una ciudad sagrada, pero lo traicionan.
Al amanecer, fuerzas del gobierno cercan al mesías y sus seguidores, matándolo a él y a cientos de otros.
El pretendido argumento del culto del Ejército del Cielo, y de su jefe, Dhyaa Abdul-Zahra, parecen provenir de una época remota.
Pero las tropas iraquíes y estadounidenses que libraron una intensa batalla contra cientos de discípulos del renegado líder musulmán en las cercanías de la antigua ciudad de Nayaf el domingo, se encontraron con un enemigo moderno. Estaban armados no solamente de un poco ortodoxo fervor religioso, sino también de armas de alta tecnología, dijeron oficiales iraquíes.
Los detalles del enfrentamiento siguen siendo sumarios y contradictorios. Pero la batalla del domingo ilustra el hecho de que Iraq se ha convertido en terreno fértil para extremistas de varias tendencias, antes que la incubadora regional de movimientos moderados imaginados por los arquitectos norteamericanos de la guerra.
El lunes, en su primer informe detallado del enfrentamiento, los militares norteamericanos dijeron que habían capturado a más de cien hombres armados. Un helicóptero se estrelló durante la batalla, muriendo dos miembros de la tripulación.
El informe norteamericano no proporciona detalles sobre la naturaleza de los misteriosos combatientes, diciendo solamente que se trataba de ‘milicias'.
Más de 36 horas después del asalto inicial, oficiales iraquíes calculan el número de bajas entre los combatientes de 150 a 400.
No quedó claro cómo habían llegado los oficiales a estas estimaciones.
Las autoridades religiosas de Nayaf, responsables de la sepultura de los cuerpos, dijeron que al lunes noche sólo habían recibido ocho muertos. Otros oficiales iraquíes dijeron que en el campo de batalla quedaban todavía muchos cadáveres.
Un asesor norteamericano de las fuerzas de seguridad iraquíes advirtió sobre los exagerados informes de bajas del gobierno iraquí.
"Hay rumores en todas partes", dijo. "La situación es muy anormal".
Oficiales iraquíes defendieron una extraordinaria historia que, de ser verdad, significaría que una numerosa unidad paramilitar bien armada se habría desarrollado debajo de la nariz de las fuerzas de seguridad del país.
"¿Cómo es que nadie la vio?", se preguntaba el asesor norteamericano.
Oficiales iraquíes dijeron que los militantes se habían escondido con sus mujeres y niños, reuniendo alimento y armas en la aldea de Zergha, al otro lado del río Eúfrates en Nayaf. De acuerdo a algunos informes, había mujeres y niños entre las bajas del intenso asalto por tierra y aire.
Abdul-Zahra era una figura carismática, dijeron funcionarios iraquíes, cuya historia evoca a los fanáticos religiosos norteamericanos Jim Jones y David Koresh.
Los funcionarios dijeron que Abdul-Zahra, también conocido como Thamir Abu Gumar, fue detenido dos veces durante el régimen de Saddam Hussein por haber declarado que era el imán Mahdi, el venerado santo musulmán chií que desapareció hace más de mil años y cuyo retorno, según se dice, anunciará una nueva justicia.
Tras el derrocamiento de Hussein con la invasión norteamericana de 2003, el grupo de Abdul-Zahra parecía ser un movimiento político legítimo "que crecía con las nuevas libertades cívicas", dijo Ali Jarew, el asesor provincial de seguridad.
Pero pronto, Abdul Zahra, en los treinta, empezó a decir a sus seguidores que él era la reencarnación del imán Ali bin Abi Talib, otro venerado santo chií.
Jared describió a Abdul-Zahra como un hombre alto, de piel clara, duro y guapo. Sus seguidores serían sunníes y chiíes, iraquíes y extranjeros, hombres y mujeres.
Aparentemente han llegado a creer que el hombre del pequeño pueblo chií de Hillah era Mahdi, y el caos de la disolución de Iraq un presagio del apocalipsis venidero.
En una declaración, el gabinete iraquí describió el Ejército del Cielo como un "grupo ideológicamente corrupto" dirigido por un hombre con "un pasado turbio".

Construyendo un bastión entre los huertos en las afueras de Nayaf, sus miembros excavaron trincheras, almacenaron alimentos, cosieron uniformes iraquíes falsos y asignar cambios de guardia mientras se preparaban para luchar contra los peregrinos que celebraban uno de días más sagrados del calendario chií, dijeron oficiales.
Oficiales iraquíes dijeron que la secta incluía a venerados clérigos chiíes en Nayaf, a los que llamaba farsantes e impostores que merecían la muerte.
Fuerzas iraquíes empezaron a vigilar al grupo hace unos diez días. Utilizaban infiltrados y recibieron datos de un inminente ataque.
Funcionarios iraquíes dijeron que dieron "al grupo la posibilidad de rendirse", pero sus miembros no reaccionaron. "Prefirieron enfrentarse a nuestras fuerzas", dice la declaración del gabinete.
Fuerzas de seguridad iraquíes dijeron que habían rodeado el bastión del grupo antes de atacar.
Atacando preventivamente, dijeron las fuerzas de seguridad iraquíes, desbarataron una bien armada y letal secta que iba a realizar devastadores ataques contra santuarios y clérigos de Nayaf.
Pero oficiales ofrecieron una versión bastante diferente de cómo empezó la batalla. Dijeron que el grupo, fuertemente armado, atacó primero utilizando granadas de mano y lanzagranadas en un ataque contra un convoy de soldados, policías y comandos iraquíes que habían sido enviados a investigar el dato sobre un inminente atentado contra peregrinos chiíes.
Los combatientes se habían refugiado en elaboradas trincheras, dijeron oficiales iraquíes.
"Era obvio que tenían una buena preparación militar y grandes cantidades de armas", dice la declaración del gabinete. "Estaban listos para la guerra".
Miembros de la secta lograron interrumpir la frecuencia de radio del ejército iraquí, dijo un soldado iraquí.
"Cuando empezamos a llamarlos por sus nombres y a que se alejaran del walkie-talkie, empezaron a decirnos: ‘Somos los mensajeros que hemos llegado para salvaros. Somos los seguidores de Mahdi", dijo el soldado.
El grupo también tenía sofisticados equipos médicos y dos quirófanos, dijo un oficial iraquí.
Durante la larga batalla, los combatientes del Ejército del Cielo capturaron a un soldado iraquí herido, dijo Jarew. Lo trataron en el recinto y lo devolvieron a sus compañeros con un mensaje.
Decía: "El imán volverá", de acuerdo a Jarew.
Oficiales iraquíes dijeron que ese tipo de sectas surgen en todas partes.
Ni Estados Unidos ha sido inmune a los lapsos de inteligencia y atentados terroristas, dijo Abdul Hussein Abtan, el gobernador de Nayaf, refiriéndose a los atentados del 11 de septiembre.
Dijo que había visto los restos del líder de la secta.
"Su cuerpo está a mi lado", dijo Abtan. "Gracias Dios, ese hombre es el que dice que es el imán que mataron".

roug@latimes.com

Roug informó desde Bagdad y Fakhrildeen desde Nayaf. Borzou Daragahi, Zeena Kareem y Saif Hameed en Bagdad contribuyeron a este reportaje.

30 de enero de 2007
©los angeles times
©traducción mQh

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