semillas del terror
[Bryan Bender] Según estudio en Iraq, la guerra es el factor que más contribuye al terrorismo.
Washington, Estados Unidos. Nuevas investigaciones del gobierno de Arabia Saudí y un laboratorio ideológico israelí -que han analizado meticulosamente los antecedentes familiares y motivos de cientos de extranjeros que entran a Iraq para combatir a Estados Unidos- han constatado que la inmensa mayoría de esos combatientes extranjeros no son antiguos terroristas y se radicalizaron debido a la guerra.
Los estudios, que juntos ofrecen la imagen más detallada disponible de combatientes extranjero, arrojan serias dudas sobre la aseveración del presidente Bush de que los responsables de algunos de los peores actos de violencia son terroristas que han aprovechado la oportunidad de convertir a Iraq en el "frente central" de la guerra contra Estados Unidos.
"Los terroristas saben que el resultado [en Iraq] les dejará o más fuertes o muertos", dijo Bush en su discurso por televisión nacional del mes pasado sobre la guerra en Fort Bragg en Carolina del Norte. "Así que han empezado una campaña de terror y destrucción". Los militares norteamericanos están luchando contra los terroristas en Iraq, repitió este mes, "para no tener que enfrentarnos a ellos aquí en casa".
Sin embargo, los interrogatorios de casi 300 saudíes capturados mientras trataban de entrar clandestinamente en Iraq y estudios de caso de más de 3 docenas de otras que se hicieron volar en atentados suicidas muestran que la mayoría habían acatado los llamados de clérigos y activistas para expulsar a los infieles de tierra árabe, de acuerdo a un estudio del investigador saudí Nawaf Obaid, un analista formado en Estados Unidos al que el gobierno saudí encargó el estudio y proporcionó acceso a funcionarios e inteligencia saudíes.
Un estudio israelí separado sobre 154 combatientes extranjeros compilados por un importante investigador del terrorismo constató a que pesar de la presencia de algunos operativos de Al Qaeda en la organización de voluntarios, "la inmensa mayoría de los árabes no-iraquíes matados en Iraq no han participado nunca en ninguna actividad terrorista antes de su llegada a Iraq".
"Sólo unos pocos estuvieron implicados en alguna insurgencia islámica en Afganistán, Bosnia o Chechenia", dice el estudio israelí. De los 154 combatientes analizados, sólo un puñado mostró asociaciones con el terrorismo en el pasado, incluyendo a seis cuyos padres pelearon contra la Unión Soviética en Afganistán, se lee en el informe compilado por Global Research en el Centro de Investigación de Relaciones Internacionales, en Herzliya, Israel.
Funcionarios de la inteligencia americana, que hablaron a condición de conservar el anonimato, y especialistas en terrorismo, pintaron un retrato similar de los terroristas suicidas que causan el caos en Iraq: Ante de la guerra de Iraq, no eran extremistas islámicos tratando de atacar a Estados Unidos, como hizo Al Qaeda hace cuatro años, sino parte de una nueva generación de terroristas que responden a los llamados a defender a los musulmanes ante los "cruzados" e "infieles".
"El presidente tiene razón en que Iraq es el principal frente en la guerra contra el terrorismo, pero es un frente creado por nosotros", dijo Peter Bergen, un especialista en terrorismo de la independiente Fundación Nueva América, un laboratorio ideológico de Washington.
Los combatientes extranjeros son sólo un pequeño porcentaje de los insurgentes en Iraq, apenas un 10 por ciento, según funcionarios de la inteligencia y fuerzas armadas estadounidenses. El general al mando en Iraq dijo el mes pasado que unos 600 combatientes extranjeros habían sido capturados o matados por fuerzas de la coalición desde las elecciones iraquíes del 30 de enero. Se cree que la resistencia más amplia, que suma decenas de miles, está compuesta por antiguos soldados iraquíes, partidarios de Saddam Hussein, y miembros de la minoría sunní musulmana de Iraq.
Pero el impacto de los combatientes extranjeros ha sido enorme. Son acusados de los ataques suicidas casi diarios contras las fuerzas norteamericanas e iraquíes. Sus proezas han sido responsables de gran parte de las carnicerías recientes que llegan a primera plana, contribuyendo a la reducción del apoyo a la guerra de parte de la opinión pública norteamericana.
Han habido casi 500 atentados con coche-bomba desde que la coalición norteamericana traspasara la soberanía a un gobierno interino iraquí hace un año, indican estadísticas militares norteamericanas. En los últimos dos meses, coches-bomba y atentados suicidas han matado a casi 1.400 personas, de acuerdo a la Associated Press.
Bush ha mencionado a los combatientes extranjeros como una de las razones de las continuadas operaciones militares norteamericanas en Iraq. Su argumento, repetido a menudo, es que "los terroristas del mundo" han escogido Iraq para oponerse.
"Algunos están en desacuerdo con mi decisión de sacar del poder a Saddam Hussein, pero todos estamos de acuerdo en que los terroristas del mundo han convertido ahora a Iraq en un frente central de la guerra contra el terrorismo", dijo Bush en un discurso emitido por radio el mes pasado.
Los combatientes extranjeros son como Saud Bin Muhammad Bin Saud Al-Fuhaid, de acuerdo a la investigación de Obaid, que será publicada por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington, este verano. Descrito como en sus veinte, Fuhaid se hizo volar el 24 de marzo, tres días después de entrar a Iraq desde Siria, de acuerdo a informes de periódicos y entrevistas con su familia.
Obaid encontró pocas evidencias de que Fuhaid fuera un extremista antes de la invasión de Iraq en 2003. Como muchos de los jóvenes de Arabia Saudí que conforman la mayoría de los combatientes extranjeros, el estudiante de la Universidad del Imán al oeste de Riyadh no era inicialmente un yihadista radical, de acuerdo a las informaciones de reportajes de diarios saudíes y operaciones de inteligencia. De hecho, aparentemente, cambió de opinión repentinamente.
Se cree que Fuhaid viajó a través de Siria para pelear en Iraq, pero una vez que llegó dijo a su familia que volvería a casa, de acuerdo a una esquela de defunción publicada en diarios saudíes y en internet. "Sin embargo, durante ese tiempo se encontró con unos amigos que se estaban marchando a Iraq y le dijeron que iban a declarar la yihad con sus hermanos de Iraq", decía el aviso. "Fue en ese momento que nuestro mártir cambió de opinión y les dijo que iría a Iraq con ellos y llamó a sus padres para decirles que no volvería a casa".
Obaid dijo en una entrevista desde Londres que su estudio saudí constató que "el grupo más grande son chicos que vieron imágenes de la guerra en la televisión y están leyendo en internet. O ven el nombre de un primo en una lista o a un tipo de su tribu, y creen que tienen la responsabilidad de ir".
Otros combatientes, que llegan a Iraq desde Oriente Medio y África del Norte, son más viejos, a fines de sus veinte o treinta, y tienen familia, de acuerdo a las dos investigaciones. La inmensa mayoría de ellos no tenía nada que ver con Al Qaeda antes del 11 de Septiembre", dijo Reuven Paz, autor del estudio israelí. "No estoy seguro de si el pueblo americano está realmente consciente de la enorme influencia de la guerra en Iraq, no sólo sobre los musulmanes, sino en todo el mundo árabe".
Los estudios de caso de combatientes extranjeros indicaron que consideraban la guerra de Iraq como un ataque contra la religión musulmana y la cultura árabe, dijo Paz.
Por ejemplo, mientras que los ataques no provocados del 11 de septiembre de 2001, fueron ampliamente condenados por los clérigos como violaciones de la ley musulmana, muchos líderes religiosos en Arabia Saudí y otros países árabes han promulgado fatweas, o edictos religiosos, diciendo que declarar la guerra santa en Iraq es justificado por el Corán debido a que es defensiva por naturaleza. A fines de octubre, 26 clérigos en Arabia Saudí dijeron que pelear en Iraq era el deber de todo musulmán.
"Son personas que no recibieron adiestramiento en Pakistán o Chechenia, y terminaron en Iraq porque pensaban que defender a Iraq es la obligación de todos los musulmanes", dijo Rita Katz, directora del Instituto de Búsqueda de Entidades Terroristas Internacionales, de Washington, y nativa de Iraq.
Una indicación de que un mayor grado de solidaridad árabe es un importante factor es que son casi todos árabes, y no musulmanes de otros países, como los que se alistaron para pelear en Afganistán, Bosnia, y Chechenia. Otro motivo, dicen los estudios y los analistas, es el centenario conflicto entre las versiones sunníes y chiíes del islam. Todos los combatientes extranjeros son sunníes, de acuerdo a los análisis, y muchos de sus objetivos son musulmanes chiíes de la mayoría de Iraq, que han ganado poder político en Bagdad por primera vez en cientos de años.
Ali Alyami, director del Centro por la Democracia y Derechos Humanos de Arabia Saudí, dijo que creía que el arraigado cisma entre los 1.2 billones de musulmanes del mundo -alrededor de 1 billón de ellos, sunníes- explica mejor el fenómeno del combatiente extranjero. Observó en una entrevista que los estrategas norteamericanos no parecen comprender los conflictos históricos dentro del islam que juegan un papel en la guerra de Iraq.
"Decir que debemos luchar contra ellos en Bagdad para no tener que luchar contra ellos en Boston implica que hay un número finito de gente, y si los acorralas en Iraq los puedes matar a todos", dijo Bergen. "La verdad es que los hemos hecho crecer por lo que hicimos en Iraq".
Funcionarios de la inteligencia están preocupados de que algunos "alumnos iraquíes" utilicen las relaciones trabadas en los campos de batalla de Iraq y vuelvan a sus países natales como endurecidos terroristas islámicos.
El Consejo de Inteligencia Nacional de la CIA concluyó en un informe antes este año que "Iraq y otros posibles conflictos en el futuro podrían proporcionar reclutamiento, terrenos de adiestramiento, habilidades técnicas y destrezas lingüísticas a una nueva clase de terroristas que se han profesionalizado' y para quienes la violencia política se puede transformar en un fin en sí mismo".
Se puede escribir al autor a: bender@globe.com.
17 de julio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. Nuevas investigaciones del gobierno de Arabia Saudí y un laboratorio ideológico israelí -que han analizado meticulosamente los antecedentes familiares y motivos de cientos de extranjeros que entran a Iraq para combatir a Estados Unidos- han constatado que la inmensa mayoría de esos combatientes extranjeros no son antiguos terroristas y se radicalizaron debido a la guerra.Los estudios, que juntos ofrecen la imagen más detallada disponible de combatientes extranjero, arrojan serias dudas sobre la aseveración del presidente Bush de que los responsables de algunos de los peores actos de violencia son terroristas que han aprovechado la oportunidad de convertir a Iraq en el "frente central" de la guerra contra Estados Unidos.
"Los terroristas saben que el resultado [en Iraq] les dejará o más fuertes o muertos", dijo Bush en su discurso por televisión nacional del mes pasado sobre la guerra en Fort Bragg en Carolina del Norte. "Así que han empezado una campaña de terror y destrucción". Los militares norteamericanos están luchando contra los terroristas en Iraq, repitió este mes, "para no tener que enfrentarnos a ellos aquí en casa".
Sin embargo, los interrogatorios de casi 300 saudíes capturados mientras trataban de entrar clandestinamente en Iraq y estudios de caso de más de 3 docenas de otras que se hicieron volar en atentados suicidas muestran que la mayoría habían acatado los llamados de clérigos y activistas para expulsar a los infieles de tierra árabe, de acuerdo a un estudio del investigador saudí Nawaf Obaid, un analista formado en Estados Unidos al que el gobierno saudí encargó el estudio y proporcionó acceso a funcionarios e inteligencia saudíes.
Un estudio israelí separado sobre 154 combatientes extranjeros compilados por un importante investigador del terrorismo constató a que pesar de la presencia de algunos operativos de Al Qaeda en la organización de voluntarios, "la inmensa mayoría de los árabes no-iraquíes matados en Iraq no han participado nunca en ninguna actividad terrorista antes de su llegada a Iraq".
"Sólo unos pocos estuvieron implicados en alguna insurgencia islámica en Afganistán, Bosnia o Chechenia", dice el estudio israelí. De los 154 combatientes analizados, sólo un puñado mostró asociaciones con el terrorismo en el pasado, incluyendo a seis cuyos padres pelearon contra la Unión Soviética en Afganistán, se lee en el informe compilado por Global Research en el Centro de Investigación de Relaciones Internacionales, en Herzliya, Israel.
Funcionarios de la inteligencia americana, que hablaron a condición de conservar el anonimato, y especialistas en terrorismo, pintaron un retrato similar de los terroristas suicidas que causan el caos en Iraq: Ante de la guerra de Iraq, no eran extremistas islámicos tratando de atacar a Estados Unidos, como hizo Al Qaeda hace cuatro años, sino parte de una nueva generación de terroristas que responden a los llamados a defender a los musulmanes ante los "cruzados" e "infieles".
"El presidente tiene razón en que Iraq es el principal frente en la guerra contra el terrorismo, pero es un frente creado por nosotros", dijo Peter Bergen, un especialista en terrorismo de la independiente Fundación Nueva América, un laboratorio ideológico de Washington.
Los combatientes extranjeros son sólo un pequeño porcentaje de los insurgentes en Iraq, apenas un 10 por ciento, según funcionarios de la inteligencia y fuerzas armadas estadounidenses. El general al mando en Iraq dijo el mes pasado que unos 600 combatientes extranjeros habían sido capturados o matados por fuerzas de la coalición desde las elecciones iraquíes del 30 de enero. Se cree que la resistencia más amplia, que suma decenas de miles, está compuesta por antiguos soldados iraquíes, partidarios de Saddam Hussein, y miembros de la minoría sunní musulmana de Iraq.
Pero el impacto de los combatientes extranjeros ha sido enorme. Son acusados de los ataques suicidas casi diarios contras las fuerzas norteamericanas e iraquíes. Sus proezas han sido responsables de gran parte de las carnicerías recientes que llegan a primera plana, contribuyendo a la reducción del apoyo a la guerra de parte de la opinión pública norteamericana.
Han habido casi 500 atentados con coche-bomba desde que la coalición norteamericana traspasara la soberanía a un gobierno interino iraquí hace un año, indican estadísticas militares norteamericanas. En los últimos dos meses, coches-bomba y atentados suicidas han matado a casi 1.400 personas, de acuerdo a la Associated Press.
Bush ha mencionado a los combatientes extranjeros como una de las razones de las continuadas operaciones militares norteamericanas en Iraq. Su argumento, repetido a menudo, es que "los terroristas del mundo" han escogido Iraq para oponerse.
"Algunos están en desacuerdo con mi decisión de sacar del poder a Saddam Hussein, pero todos estamos de acuerdo en que los terroristas del mundo han convertido ahora a Iraq en un frente central de la guerra contra el terrorismo", dijo Bush en un discurso emitido por radio el mes pasado.
Los combatientes extranjeros son como Saud Bin Muhammad Bin Saud Al-Fuhaid, de acuerdo a la investigación de Obaid, que será publicada por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington, este verano. Descrito como en sus veinte, Fuhaid se hizo volar el 24 de marzo, tres días después de entrar a Iraq desde Siria, de acuerdo a informes de periódicos y entrevistas con su familia.
Obaid encontró pocas evidencias de que Fuhaid fuera un extremista antes de la invasión de Iraq en 2003. Como muchos de los jóvenes de Arabia Saudí que conforman la mayoría de los combatientes extranjeros, el estudiante de la Universidad del Imán al oeste de Riyadh no era inicialmente un yihadista radical, de acuerdo a las informaciones de reportajes de diarios saudíes y operaciones de inteligencia. De hecho, aparentemente, cambió de opinión repentinamente.
Se cree que Fuhaid viajó a través de Siria para pelear en Iraq, pero una vez que llegó dijo a su familia que volvería a casa, de acuerdo a una esquela de defunción publicada en diarios saudíes y en internet. "Sin embargo, durante ese tiempo se encontró con unos amigos que se estaban marchando a Iraq y le dijeron que iban a declarar la yihad con sus hermanos de Iraq", decía el aviso. "Fue en ese momento que nuestro mártir cambió de opinión y les dijo que iría a Iraq con ellos y llamó a sus padres para decirles que no volvería a casa".
Obaid dijo en una entrevista desde Londres que su estudio saudí constató que "el grupo más grande son chicos que vieron imágenes de la guerra en la televisión y están leyendo en internet. O ven el nombre de un primo en una lista o a un tipo de su tribu, y creen que tienen la responsabilidad de ir".
Otros combatientes, que llegan a Iraq desde Oriente Medio y África del Norte, son más viejos, a fines de sus veinte o treinta, y tienen familia, de acuerdo a las dos investigaciones. La inmensa mayoría de ellos no tenía nada que ver con Al Qaeda antes del 11 de Septiembre", dijo Reuven Paz, autor del estudio israelí. "No estoy seguro de si el pueblo americano está realmente consciente de la enorme influencia de la guerra en Iraq, no sólo sobre los musulmanes, sino en todo el mundo árabe".
Los estudios de caso de combatientes extranjeros indicaron que consideraban la guerra de Iraq como un ataque contra la religión musulmana y la cultura árabe, dijo Paz.
Por ejemplo, mientras que los ataques no provocados del 11 de septiembre de 2001, fueron ampliamente condenados por los clérigos como violaciones de la ley musulmana, muchos líderes religiosos en Arabia Saudí y otros países árabes han promulgado fatweas, o edictos religiosos, diciendo que declarar la guerra santa en Iraq es justificado por el Corán debido a que es defensiva por naturaleza. A fines de octubre, 26 clérigos en Arabia Saudí dijeron que pelear en Iraq era el deber de todo musulmán.
"Son personas que no recibieron adiestramiento en Pakistán o Chechenia, y terminaron en Iraq porque pensaban que defender a Iraq es la obligación de todos los musulmanes", dijo Rita Katz, directora del Instituto de Búsqueda de Entidades Terroristas Internacionales, de Washington, y nativa de Iraq.
Una indicación de que un mayor grado de solidaridad árabe es un importante factor es que son casi todos árabes, y no musulmanes de otros países, como los que se alistaron para pelear en Afganistán, Bosnia, y Chechenia. Otro motivo, dicen los estudios y los analistas, es el centenario conflicto entre las versiones sunníes y chiíes del islam. Todos los combatientes extranjeros son sunníes, de acuerdo a los análisis, y muchos de sus objetivos son musulmanes chiíes de la mayoría de Iraq, que han ganado poder político en Bagdad por primera vez en cientos de años.
Ali Alyami, director del Centro por la Democracia y Derechos Humanos de Arabia Saudí, dijo que creía que el arraigado cisma entre los 1.2 billones de musulmanes del mundo -alrededor de 1 billón de ellos, sunníes- explica mejor el fenómeno del combatiente extranjero. Observó en una entrevista que los estrategas norteamericanos no parecen comprender los conflictos históricos dentro del islam que juegan un papel en la guerra de Iraq.
"Decir que debemos luchar contra ellos en Bagdad para no tener que luchar contra ellos en Boston implica que hay un número finito de gente, y si los acorralas en Iraq los puedes matar a todos", dijo Bergen. "La verdad es que los hemos hecho crecer por lo que hicimos en Iraq".
Funcionarios de la inteligencia están preocupados de que algunos "alumnos iraquíes" utilicen las relaciones trabadas en los campos de batalla de Iraq y vuelvan a sus países natales como endurecidos terroristas islámicos.
El Consejo de Inteligencia Nacional de la CIA concluyó en un informe antes este año que "Iraq y otros posibles conflictos en el futuro podrían proporcionar reclutamiento, terrenos de adiestramiento, habilidades técnicas y destrezas lingüísticas a una nueva clase de terroristas que se han profesionalizado' y para quienes la violencia política se puede transformar en un fin en sí mismo".
Se puede escribir al autor a: bender@globe.com.
17 de julio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
dujail, una ciudad chií
[John F. Burns] Fue sangrientamente reprimido en época de Saddam Hussein.
Dujail, Iraq. Las cicatrices de lo que ocurrió después de un intento de asesinato contra Saddam Hussein, el 8 de julio de 1982, son dolorosamente evidentes en esta ciudad predominantemente chií a 56 kilómetros al norte de Bagdad.
La gente baja la voz cuando hablan de sus padres, hermanos e hijos que terminaron en los calabozos, sus destinos desconocidos hasta que el derrocamiento de Hussein 21 años después desencadenara el saqueo del cuartel general de la policía secreta en Bagdad que reveló archivos de las ejecuciones. El paisaje en Dujail es preponderantemente de tierras baldías llenas de malezas, un crudo testamento a la destrucción de miles de hectáreas de palmas de dátiles y huertos frutales después de que los conspiradores dispararan contra el convoy de Hussein desde matorrales al borde de la ciudad.
Ahora, en Dujail se ha cerrado el círculo para Hussein.
Funcionarios del Tribunal Especial iraquí instalado para juzgar al ex dictador y sus principales asociados han dicho que esperaban poder enjuiciarlo a fines de año por la muerte de casi 160 hombres y niños de Dujail, todos chiíes, algunos apenas adolescentes. Algunos fueron matados a balazos inmediatamente después del intento de asesinato, pero 143 de ellos -9 de ellos de edades entre 13 y 15- fueron ejecutados tres años más tarde por el tribunal revolucionario de Hussein. La gente de la ciudad dice que muchos otros siguen desaparecidos -al menos 200, según unas versiones- y tienen la esperanza de que el juicio revele al menos algo sobre sus destinos.
De momento, sus familias sólo tiene desteñidas fotografías de sus familiares desaparecidos en bodas, graduaciones escolares y salidas veraniegas, e historias del momento en que desaparecieron, secuestrados en la calle o sacados de sus casas por escuadrones de la policía secreta que entraron a Dujail en los días posteriores al atentado contra Hussein.
En las calles y callejones de la ciudad bañada por el sol, una extensión de indescriptibles y arruinadas estructuras de concreto e improvisadas de dos y un piso, mezquitas sin cúpula junto a la principal carretera hacia el norte rico en petróleo de Iraq, la perspectiva de ver a Hussein, 68, recibiendo una posible sentencia de muerte, ha causado alivio -al menos a las tres cuartas partes de la población que son chiíes, aunque no para los muchos de la minoría árabe sunní de la ciudad, donde todavía hay gente leal a Hussein.
"Enjuiciar a Saddam por lo que hizo aquí será bueno para Dujail, y para todo Iraq, porque mucha gente en este país, y en Dujail, todavía lo ve como una especie de dios", dijo Ali Haj Hussein, 37, un chií que perdió a siete hermanos en las ejecuciones que siguieron al intento de asesinato, incluyendo a uno, Hussein, 19, que antes de morir confesó a su padre que él había sido uno de los que había disparado contra el gobernante iraquí.
La visita a Dujail fue una excursión en territorio enemigo para Saddam Hussein. En 1982 llevaba su tercer año como presidente, estaba todavía consolidando su poder, y muchos en la ciudad, con una población de unos 75.000 personas, lo despreciaban por haber empezado la guerra contra Irán, el vecino chií de Iraq, dos años antes. Los chiíes aquí dicen que Hussein mostró siempre desconfianza ante la presencia de un enorme enclave chíi, incluyendo a Dujail, y la ciudad cercana de Balad, en lo más profundo del corazón árabe sunní de Iraq -y al lado de la principal carretera de Bagdad a Tikrit, la ciudad natal de Hussein.
Un partido religioso chií conservador, Dawa, con un brazo armado que había lanzado ataques terroristas contra el gobierno de Hussein, tenía fuerte apoyo en Dujail, y vio en su visita una oportunidad de vengar los asesinatos cometidos por el gobierno de cientos de seguidores y simpatizantes de Dawa. Los conspiradores llamaron la misión Operación Bint Huda, en honor de la hermana del fundador de Dawa, el ayatollah Muhammad Bakr al-Sadr, un prominente clérigo chií. Los dos fueron ejecutados en 1980.
Otros crímenes por lo que Hussein es probable que sea procesado, en juicios separados, incluyen la campaña de Anfal -la palabra árabe significa botín'- de fines de los años ochenta, en la que murieron 150.000 kurdos, muchos de ellos matados a balazos y arrojados en fosas comunes, otros asesinados con ataques de gases venenosos; el ataque con armas químicas contra la ciudad kurda de Halabja, en marzo de 1988, que mató a unas 5.000 personas, que es probable que sea tratado como un caso separado; y la represión de una rebelión chií en el sur de Iraq en 1991, de la que se cree que terminó con la vida de unas 150.000 personas. El tribunal también está investigando las ejecuciones de más de 200 dirigentes del Partido Baaz después de que Hussein se hiciera con el poder en 1979.
Pero el juicio de Dujail sentará la norma de los otros, y los abogados de Hussein han dejado claro que piensan utilizar todos los recursos legales para denunciar los juicios como espectáculos, manipulados por los abogados norteamericanos que dirigen la Oficina de Enlace para Crímenes del Régimen, una agencia de la embajada norteamericana que ha sido el pilar jurídico y económico del tribunal.
"A Saddam Hussein se lo conoce en todo el mundo como en el hombre que dijo No a Estados Unidos, y también lo hará ante el tribunal", dijo Ziad Najdawi, un jordano que forma parte de un equipo internacional de abogados defensores.
"Pueden hablar todo lo que quieran, de ejecuciones y armas químicas y fosas comunes, pero nosotros decimos que todo es "mentira, solamente mentiras. Todo aquí está contaminado por Estados Unidos".
En la tarde del verano hace 23 años, cuando Hussein vino a Dujail, fue recibido con ráfagas de fuego desde los palmares del lado norte de la ciudad, dicen los supervivientes. Los primeros en salir a la calle fueron los jóvenes; días antes habían oído rumores de que iba a ocurrir algo importante. Helicópteros del ejército habían estado sobrevolando cerca de la ciudad, y vehículos oficiales de Bagdad entraban y salían del lúgubre y custodiado cuartel general del Partido Baaz, junto a la calle que sale de Dujail hacia la principal carretera norte-sur.
"Era casi las 2:30 de la tarde cuando oímos decir que Saddam había llegado, así que salimos a la calle a verlo, y sus guardaespaldas empezaron a dispararnos, y mataron a tres amigos míos", dijo Ghalib Hussein Abbas, 42, ahora chofer de tractores, y entonces un desempleado de 19.
Mientras corrían a sus casas, la gente de la ciudad vio volver a los helicópteros, disparar contra las aldeas entre los palmares desde donde habían atacado los conspiradores.
Dos días más tarde, dijo un superviviente, se levantó el toque de queda de 24 horas cuando los altavoces anunciaron que los tenían familiares desaparecidos se acercaran a la sede del Partido Baaz y buscara entre las hileras de cadáveres que yacían expuestos en el patio anterior del edificio. Para algunos, fue una trampa. De acuerdo a declaraciones de testigos ante el tribunal, cuatro de los hombres que serán enjuiciados junto a Hussein se habían reunido en el edificio para dirigir la venganza contra la ciudad: su hermanastro, Barzan Ibrahim al-Tikriti, director de la policía secreta Mukhabarat en 1982; Taha Yasin Ramadan, primer ministro y más tarde vice-presidente del Partido Baaz; y dos funcionarios baazistas locales, Abdullah al-Musheikhi y su hijo, Mizher al-Musheikhi. Otro acusado será Awad Hamad al-Bandr al-Sadoon, ex presidente del tribunal revolucionario.
Primero en pequeños grupos, luego en grupos más grandes, detuvieron a 1.500 personas, hasta 30 personas de algunas familias, y empezaron un viaje hacia los campos de Hussein -primero hacia un centro de detención en Tikrit, más tarde en un centro de detención de la policía secreta y finalmente en la cárcel de Nugra as-Salman, un viejo fuerte británico en el desierto a lo largo de la frontera árabe sunní. Algunos supervivientes, que fueron dejados en libertad en 1986, dicen que las desoladoras condiciones en la prisión causaron la muerte de varias docenas de prisioneros, incluyendo a mujeres, niños y bebés. Los 143 que fueron colgados no lograron sobrevivir su detención en Bagdad, donde Sadoon, el jefe del tribunal revolucionario, los envió a las cámaras de ejecución en la prisión de Abu Ghraib en las afueras de Bagdad.
Informes de chiíes de la localidad dicen que Hussein burló desde el principio a los conspiradores. Al entrar a la ciudad, dicen esas versiones, los líderes tribales le obsequiaron un coche, y lo marcaron, siguiendo la tradición tribal, con las manos untadas en la sangre de corderos sacrificados. Sin embargo, Hussein, dicen los chiíes de Dujail, vio el regalo como una posible premonición de asesinato y devolvió el coche, insistiendo en que los líderes tribales y algunos de sus ayudantes viajaran en él -a su muerte, según dicen las versiones, cuando los conspiradores dispararon contra el coche.
A unas horas después del tiroteo, Hussein se subió al tejado de la principal clínica de la ciudad y dijo a la multitud que él no era "un cobarde que puede ser ahuyentado de vuestra ciudad", pero aseguró a su audiencia que no habría represalias. "Nos dijo que los hombres que habían intentado matarlo eran una pequeña banda de traidores y que nosotros no seríamos confundidos con la gente mala de Dujail", dijo Kassem Aalbuhaider, ahora tendero, entonces de 12.
Pero incluso mientras Hussein hablaba, dijo Aalbuhaider, la policía secreta ya estaba trabajando. "Se llevaron a familias enteras, incluso a viejos, mujeres y niños pequeños", dijo.
A las semanas empezaron a erradicar con excavadoras los palmares y huertos, que siguieron hasta que fueron destrozadas 100.000 hectáreas. En 1992, después de la primera Guerra del Golfo, Hussein volvió a Dujail por primera vez, y dijo a los líderes tribales que los páramos serían replantados, con cultivos de lluvia, pero sin palmas ni huertos. Pero tomó 12 años más, y el derrocamiento de Hussein, antes de que la ciudad pudiera empezar de otro modo a recuperarse de lo que la gente de la ciudad llama ahora simplemente karitha, el desastre.
Ahora los pedestales donde estuvieron las estatuas y retratos de Hussein en los principales cruces de la ciudad están vacíos, y en las calles cuelgan los retratos de clérigos de barba blanca que son los iconos de los chiíes religiosos. La sede del Partido Baaz sirve ahora como mezquita chií. Pero los tótems que más parecen importar son las palmeras de dátiles que alguna gente de la ciudad empezó a plantar discretamente a mediados de los años noventa como homenaje a los que murieron.
Una tarde reciente, Hussein, el vecino que perdió a siete hermanos en las mazmorras, llevó a un visitante a las plantaciones de la familia en las afueras de la ciudad y a través de un huerto de palmeras todavía pequeñas dedicado a ellos: Faleh, Hussein, Mahmud, Mohsen, Muhammad, Saad y Salim. "Aquí me siento como rey", dijo, sonriendo ampliamente cuando se estiró a tocar las frondas de dátiles de las palmas. "Iraq ha renacido como estos árboles. Estamos recién empezando, pero una vez que Saddam haya sido juzgado y ejecutado, creemos que Dujail volverá a surgir".
Razzaq al-Saiediand Khalid al-Ansary contribuyó al reportaje para este artículo.
16 de julio de 2005
3 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
Dujail, Iraq. Las cicatrices de lo que ocurrió después de un intento de asesinato contra Saddam Hussein, el 8 de julio de 1982, son dolorosamente evidentes en esta ciudad predominantemente chií a 56 kilómetros al norte de Bagdad.La gente baja la voz cuando hablan de sus padres, hermanos e hijos que terminaron en los calabozos, sus destinos desconocidos hasta que el derrocamiento de Hussein 21 años después desencadenara el saqueo del cuartel general de la policía secreta en Bagdad que reveló archivos de las ejecuciones. El paisaje en Dujail es preponderantemente de tierras baldías llenas de malezas, un crudo testamento a la destrucción de miles de hectáreas de palmas de dátiles y huertos frutales después de que los conspiradores dispararan contra el convoy de Hussein desde matorrales al borde de la ciudad.
Ahora, en Dujail se ha cerrado el círculo para Hussein.
Funcionarios del Tribunal Especial iraquí instalado para juzgar al ex dictador y sus principales asociados han dicho que esperaban poder enjuiciarlo a fines de año por la muerte de casi 160 hombres y niños de Dujail, todos chiíes, algunos apenas adolescentes. Algunos fueron matados a balazos inmediatamente después del intento de asesinato, pero 143 de ellos -9 de ellos de edades entre 13 y 15- fueron ejecutados tres años más tarde por el tribunal revolucionario de Hussein. La gente de la ciudad dice que muchos otros siguen desaparecidos -al menos 200, según unas versiones- y tienen la esperanza de que el juicio revele al menos algo sobre sus destinos.
De momento, sus familias sólo tiene desteñidas fotografías de sus familiares desaparecidos en bodas, graduaciones escolares y salidas veraniegas, e historias del momento en que desaparecieron, secuestrados en la calle o sacados de sus casas por escuadrones de la policía secreta que entraron a Dujail en los días posteriores al atentado contra Hussein.
En las calles y callejones de la ciudad bañada por el sol, una extensión de indescriptibles y arruinadas estructuras de concreto e improvisadas de dos y un piso, mezquitas sin cúpula junto a la principal carretera hacia el norte rico en petróleo de Iraq, la perspectiva de ver a Hussein, 68, recibiendo una posible sentencia de muerte, ha causado alivio -al menos a las tres cuartas partes de la población que son chiíes, aunque no para los muchos de la minoría árabe sunní de la ciudad, donde todavía hay gente leal a Hussein.
"Enjuiciar a Saddam por lo que hizo aquí será bueno para Dujail, y para todo Iraq, porque mucha gente en este país, y en Dujail, todavía lo ve como una especie de dios", dijo Ali Haj Hussein, 37, un chií que perdió a siete hermanos en las ejecuciones que siguieron al intento de asesinato, incluyendo a uno, Hussein, 19, que antes de morir confesó a su padre que él había sido uno de los que había disparado contra el gobernante iraquí.
La visita a Dujail fue una excursión en territorio enemigo para Saddam Hussein. En 1982 llevaba su tercer año como presidente, estaba todavía consolidando su poder, y muchos en la ciudad, con una población de unos 75.000 personas, lo despreciaban por haber empezado la guerra contra Irán, el vecino chií de Iraq, dos años antes. Los chiíes aquí dicen que Hussein mostró siempre desconfianza ante la presencia de un enorme enclave chíi, incluyendo a Dujail, y la ciudad cercana de Balad, en lo más profundo del corazón árabe sunní de Iraq -y al lado de la principal carretera de Bagdad a Tikrit, la ciudad natal de Hussein.
Un partido religioso chií conservador, Dawa, con un brazo armado que había lanzado ataques terroristas contra el gobierno de Hussein, tenía fuerte apoyo en Dujail, y vio en su visita una oportunidad de vengar los asesinatos cometidos por el gobierno de cientos de seguidores y simpatizantes de Dawa. Los conspiradores llamaron la misión Operación Bint Huda, en honor de la hermana del fundador de Dawa, el ayatollah Muhammad Bakr al-Sadr, un prominente clérigo chií. Los dos fueron ejecutados en 1980.
Otros crímenes por lo que Hussein es probable que sea procesado, en juicios separados, incluyen la campaña de Anfal -la palabra árabe significa botín'- de fines de los años ochenta, en la que murieron 150.000 kurdos, muchos de ellos matados a balazos y arrojados en fosas comunes, otros asesinados con ataques de gases venenosos; el ataque con armas químicas contra la ciudad kurda de Halabja, en marzo de 1988, que mató a unas 5.000 personas, que es probable que sea tratado como un caso separado; y la represión de una rebelión chií en el sur de Iraq en 1991, de la que se cree que terminó con la vida de unas 150.000 personas. El tribunal también está investigando las ejecuciones de más de 200 dirigentes del Partido Baaz después de que Hussein se hiciera con el poder en 1979.
Pero el juicio de Dujail sentará la norma de los otros, y los abogados de Hussein han dejado claro que piensan utilizar todos los recursos legales para denunciar los juicios como espectáculos, manipulados por los abogados norteamericanos que dirigen la Oficina de Enlace para Crímenes del Régimen, una agencia de la embajada norteamericana que ha sido el pilar jurídico y económico del tribunal.
"A Saddam Hussein se lo conoce en todo el mundo como en el hombre que dijo No a Estados Unidos, y también lo hará ante el tribunal", dijo Ziad Najdawi, un jordano que forma parte de un equipo internacional de abogados defensores.
"Pueden hablar todo lo que quieran, de ejecuciones y armas químicas y fosas comunes, pero nosotros decimos que todo es "mentira, solamente mentiras. Todo aquí está contaminado por Estados Unidos".
En la tarde del verano hace 23 años, cuando Hussein vino a Dujail, fue recibido con ráfagas de fuego desde los palmares del lado norte de la ciudad, dicen los supervivientes. Los primeros en salir a la calle fueron los jóvenes; días antes habían oído rumores de que iba a ocurrir algo importante. Helicópteros del ejército habían estado sobrevolando cerca de la ciudad, y vehículos oficiales de Bagdad entraban y salían del lúgubre y custodiado cuartel general del Partido Baaz, junto a la calle que sale de Dujail hacia la principal carretera norte-sur.
"Era casi las 2:30 de la tarde cuando oímos decir que Saddam había llegado, así que salimos a la calle a verlo, y sus guardaespaldas empezaron a dispararnos, y mataron a tres amigos míos", dijo Ghalib Hussein Abbas, 42, ahora chofer de tractores, y entonces un desempleado de 19.
Mientras corrían a sus casas, la gente de la ciudad vio volver a los helicópteros, disparar contra las aldeas entre los palmares desde donde habían atacado los conspiradores.
Dos días más tarde, dijo un superviviente, se levantó el toque de queda de 24 horas cuando los altavoces anunciaron que los tenían familiares desaparecidos se acercaran a la sede del Partido Baaz y buscara entre las hileras de cadáveres que yacían expuestos en el patio anterior del edificio. Para algunos, fue una trampa. De acuerdo a declaraciones de testigos ante el tribunal, cuatro de los hombres que serán enjuiciados junto a Hussein se habían reunido en el edificio para dirigir la venganza contra la ciudad: su hermanastro, Barzan Ibrahim al-Tikriti, director de la policía secreta Mukhabarat en 1982; Taha Yasin Ramadan, primer ministro y más tarde vice-presidente del Partido Baaz; y dos funcionarios baazistas locales, Abdullah al-Musheikhi y su hijo, Mizher al-Musheikhi. Otro acusado será Awad Hamad al-Bandr al-Sadoon, ex presidente del tribunal revolucionario.
Primero en pequeños grupos, luego en grupos más grandes, detuvieron a 1.500 personas, hasta 30 personas de algunas familias, y empezaron un viaje hacia los campos de Hussein -primero hacia un centro de detención en Tikrit, más tarde en un centro de detención de la policía secreta y finalmente en la cárcel de Nugra as-Salman, un viejo fuerte británico en el desierto a lo largo de la frontera árabe sunní. Algunos supervivientes, que fueron dejados en libertad en 1986, dicen que las desoladoras condiciones en la prisión causaron la muerte de varias docenas de prisioneros, incluyendo a mujeres, niños y bebés. Los 143 que fueron colgados no lograron sobrevivir su detención en Bagdad, donde Sadoon, el jefe del tribunal revolucionario, los envió a las cámaras de ejecución en la prisión de Abu Ghraib en las afueras de Bagdad.
Informes de chiíes de la localidad dicen que Hussein burló desde el principio a los conspiradores. Al entrar a la ciudad, dicen esas versiones, los líderes tribales le obsequiaron un coche, y lo marcaron, siguiendo la tradición tribal, con las manos untadas en la sangre de corderos sacrificados. Sin embargo, Hussein, dicen los chiíes de Dujail, vio el regalo como una posible premonición de asesinato y devolvió el coche, insistiendo en que los líderes tribales y algunos de sus ayudantes viajaran en él -a su muerte, según dicen las versiones, cuando los conspiradores dispararon contra el coche.
A unas horas después del tiroteo, Hussein se subió al tejado de la principal clínica de la ciudad y dijo a la multitud que él no era "un cobarde que puede ser ahuyentado de vuestra ciudad", pero aseguró a su audiencia que no habría represalias. "Nos dijo que los hombres que habían intentado matarlo eran una pequeña banda de traidores y que nosotros no seríamos confundidos con la gente mala de Dujail", dijo Kassem Aalbuhaider, ahora tendero, entonces de 12.
Pero incluso mientras Hussein hablaba, dijo Aalbuhaider, la policía secreta ya estaba trabajando. "Se llevaron a familias enteras, incluso a viejos, mujeres y niños pequeños", dijo.
A las semanas empezaron a erradicar con excavadoras los palmares y huertos, que siguieron hasta que fueron destrozadas 100.000 hectáreas. En 1992, después de la primera Guerra del Golfo, Hussein volvió a Dujail por primera vez, y dijo a los líderes tribales que los páramos serían replantados, con cultivos de lluvia, pero sin palmas ni huertos. Pero tomó 12 años más, y el derrocamiento de Hussein, antes de que la ciudad pudiera empezar de otro modo a recuperarse de lo que la gente de la ciudad llama ahora simplemente karitha, el desastre.
Ahora los pedestales donde estuvieron las estatuas y retratos de Hussein en los principales cruces de la ciudad están vacíos, y en las calles cuelgan los retratos de clérigos de barba blanca que son los iconos de los chiíes religiosos. La sede del Partido Baaz sirve ahora como mezquita chií. Pero los tótems que más parecen importar son las palmeras de dátiles que alguna gente de la ciudad empezó a plantar discretamente a mediados de los años noventa como homenaje a los que murieron.
Una tarde reciente, Hussein, el vecino que perdió a siete hermanos en las mazmorras, llevó a un visitante a las plantaciones de la familia en las afueras de la ciudad y a través de un huerto de palmeras todavía pequeñas dedicado a ellos: Faleh, Hussein, Mahmud, Mohsen, Muhammad, Saad y Salim. "Aquí me siento como rey", dijo, sonriendo ampliamente cuando se estiró a tocar las frondas de dátiles de las palmas. "Iraq ha renacido como estos árboles. Estamos recién empezando, pero una vez que Saddam haya sido juzgado y ejecutado, creemos que Dujail volverá a surgir".
Razzaq al-Saiediand Khalid al-Ansary contribuyó al reportaje para este artículo.
16 de julio de 2005
3 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
una familia iraquí
[Thanassis Cambanis] Con cicatrices difíciles de curar.
Bagdad, Iraq. Benin Hamid, ahora un coqueto niño de cuatro, acuna el pato amarillo de peluche que ha sido su constante compañero en una vida corta puntuada por una invasión y dos revueltas que lo ha obligado a él y a su familia a huir de su casa en Ciudad Sáder.
Nunca le ha puesto nombre al pato, y no está claro si recuerda a su hermano mayor y sus dos hermanas, que fueron matadas con su tía un catastrófico día en abril de 2004 cuando la casa fue impactada por un mortero.
La vida continúa en la casa de Hamid, un revoltijo de dos pisos de cuartos que contienen a cuatro cicatrizadas familias cuyo desigual progreso desde la invasión norteamericana refleja las luchas de muchos en la barriada musulmana chií donde viven.
La familia Hamid ha sobrevivido, pero apenas, en los últimos 26 meses.
Repetidas visitas de un periodista de Globe ofreció un panorama de un extenso clan cuyos miembros se han mantenido vestidos y alimentados gracias a su ingenio, pero tienen un historial decididamente mezclado a la hora de conservar el optimismo.
El padre de Benin, Adnan, 34, que se supone que es el principal sostén de la familia, ha perdido la esperanza de encontrar trabajo y no se puede concentrar durante mucho tiempo en su hijo de 1 año, Hassan. Todavía tiene en sus ojos la mirada perdida de hace más de dos años cuando impactó el mortífero mortero, y recitó los nombres de sus hijos muertos: Mohammed, Rokaya, Aya.
En un año perdió su enorme barriga, y ahora es el más flaco de los hermanos.
Desesperado por no poder mantener a su familia, el año pasado Adnan soltó los periquitos cantores que había comprado durante una ola de optimismo en el verano, después de la muerte de sus hijos.
Saluda cariñosamente a los visitantes, pero luego se sienta en un rincón de la salita mientras sus hermanos responden por él algunas preguntas simples.
"No se ha recuperado nunca. No volverá nunca a ser él mismo", dijo su hermano Akeel, 28, cuando Adnan salió del cuarto a por refrescos para sus huéspedes.
Zainab, 26, su esposa, es tan enérgica como retraído su marido. Cuando estaba embarazada de Hassan y las muertes de sus tres hijos estaban todavía demasiado frescas en la memoria, Zainab se sentaba a llorar en el suelo, rechazando impotente a su hija superviviente cuando esta se acercaba a buscar consuelo.
Ahora, sin embargo, tiene a Hassan en su regazo, y lo alimenta con una mezcla de galletas machacadas y leche de un vaso mientras Benin (el apodo que se le pegó a Bunayah) juega con sus faldas.
"El agua causa diarrea", dijo Zainab, explicando por qué sólo da a sus hijos leche procesada cuando puede comprarla. Ciudad Sáder, una miserable sección de la capital, también ha sufrido una epidemia de fiebre tifoidea debido a las filtraciones del alcantarillado en el agua potable.
Gran parte del buen humor y alegría viene de Kaiss, 31, el hermano que perdió una pierna en el ataque y casi murió de gangrena. Parece haber superado la depresión.
Cojea todos los días hacia una esquina frente a la casa con su mal ajustada prótesis, a vender cigarrillos. El trabajo no le reporta demasiado dinero, pero lo hace salir de casa y sentirse productivo.
Ha tratado de trabajar como barrendero de la municipalidad. "Me despidieron a los tres días, debido a que soy inválido", dijo Kaiss.
Los doctores le dijeron que debía reajustar su prótesis de 200 dólares cada seis meses, para amoldarla a su muñón, pero eso es un lujo fuera del alcance del presupuesto de la familia.
La familia Hamid acusó a la milicia de Saddam Fedayeen, que trató de resistir la invasión norteamericana, de disparar el mortero que impactó en la casa durante los últimos días de la invasión norteamericana en abril de 2003.
Identificaron el proyectil como de fabricación rusa a partir de los fragmentos del proyectil que recogieron, determinando para su satisfacción que no había sido disparado por los americanos. Asumieron que los militantes del Partido Baaz estaban castigando a Ciudad Sáder por su calurosa bienvenida de las tropas estadounidenses.
El primer año después de la invasión, los hombres de la familia Hamid encontraron trabajo en proyectos de reconstrucción financiados por los americanos, y ganaron suficiente dinero como para comprar la prótesis de Kaiss y un televisor para la casa.
Pero en 2004 los trabajos desaparecieron. En abril y agosto, las revueltas del Ejército Mahdi transformaron Ciudad Sáder en un violento campo de batalla, y la familia Hamid tuvo que refugiarse en la casa del hermano más rico, Ali, que vivía en la Calle de Haifa, en la ribera occidental del Tigris.
Nadie Ha Llamado A la Puerta
En enero de este año, justo antes de las elecciones, ese hermano -cuyos ingresos provenían de su trabajo en una fábrica mantenían a los otros hermanos durante tiempos difíciles- murió en un fuego cruzado entre insurgentes y norteamericanos en la Calle de Haifa.
Ya no hay un saco de harina de reserva en la cocina, y los Hamid no tienen pollo para la tradicional cena familiar de los viernes, como acostumbraban; ahora sólo tienen okra o verduras de la temporada.
La abuela, que rara vez completa una frase o dice algo coherente como antes, habla agriadamente sobre la indiferencia del gobierno ante las familias de los mártires. "No nos han dado nada. Nadie ha venido a llamar a nuestra puerta".
Sin embargo, las reacciones de los miembros de la familia a sus penurias han sido siempre personales; todavía están agradecidos de que las tropas americanas han derrocado a Saddam Hussein, y son indiferentes ante los líderes iraquíes, políticos y religiosos, cuyas palabras retumban de vez en vez sobre los tejados durante las oraciones del viernes o en la televisión en los telediarios.
Mientras el gobierno iraquí no proporcione trabajos o beneficios a la familia Hamid, seguirá siendo un fantasma.
"No interesamos a los partidos políticos; sólo quieren dinero y trabajo para los miembros de sus propios partidos", dijo Akeel.
Kaiss agregó: "No vamos a las oraciones del viernes. Estamos hasta la tusa de eso. Ahora preferimos rezar en casa".
Víctimas Olvidadas
Kaiss quiere una pensión del gobierno porque quedó lisiado durante la guerra. Aparentemente, su situación es kafkiana: el gobierno iraquí le daría una pensión de incapacidad si fuera casado, y no puede encontrar una mujer que quiere casarse con un hombre sin trabajo y con sólo una pierna.
"No se puede cambiar un régimen sin hacer víctimas", dijo. "Pero ¿no se podría prestar más atención a las víctimas?"
Sin embargo, un sutil cambio ha tomado lugar en la dinámica de la familia. Mientras los hermanos mayores, que poseen habilidades vendibles como herreros, se hunden en un silencio cada vez más profundo y se quejan de la falta de futuroi, Kaiss y su hermano Akeel, que no tiene calificaciones ni negocios, todavía hacen bromas y hablan del futuro.
Mientras Benin da brincos en sus rodillas, Kaiss se pregunta si sus familiares podrán encontrarle una novia. Akeel alimenta al bebé Hassan con una botella y desordena su pelo. Ambos parecen estar de pie frente a su deprimido hermano, Adnan.
Mientras los hombres se sientan en la pequeña salita, esperando que se sirva el almuerzo del viernes, Adnan se niega a responder cómo se imagina la vida en cinco años. Pero se anima cuando es interrogado por las expectativas para sus hijos.
"Las cosas pueden mejorar. Podrán abrir una cuenta en el banco. Quiero que vayan a la universidad. Quizás puedan marcharse de Iraq a algún país europeo", dijo Adnan, que no terminó la secundaria. "Nosotros ya no tenemos futuro, pero para nuestros hijos todavía hay tiempo".
Se puede escribir al autor a: tcambanis@ globe.com.
16 de julio de 2005
4 de julio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Benin Hamid, ahora un coqueto niño de cuatro, acuna el pato amarillo de peluche que ha sido su constante compañero en una vida corta puntuada por una invasión y dos revueltas que lo ha obligado a él y a su familia a huir de su casa en Ciudad Sáder.Nunca le ha puesto nombre al pato, y no está claro si recuerda a su hermano mayor y sus dos hermanas, que fueron matadas con su tía un catastrófico día en abril de 2004 cuando la casa fue impactada por un mortero.
La vida continúa en la casa de Hamid, un revoltijo de dos pisos de cuartos que contienen a cuatro cicatrizadas familias cuyo desigual progreso desde la invasión norteamericana refleja las luchas de muchos en la barriada musulmana chií donde viven.
La familia Hamid ha sobrevivido, pero apenas, en los últimos 26 meses.
Repetidas visitas de un periodista de Globe ofreció un panorama de un extenso clan cuyos miembros se han mantenido vestidos y alimentados gracias a su ingenio, pero tienen un historial decididamente mezclado a la hora de conservar el optimismo.
El padre de Benin, Adnan, 34, que se supone que es el principal sostén de la familia, ha perdido la esperanza de encontrar trabajo y no se puede concentrar durante mucho tiempo en su hijo de 1 año, Hassan. Todavía tiene en sus ojos la mirada perdida de hace más de dos años cuando impactó el mortífero mortero, y recitó los nombres de sus hijos muertos: Mohammed, Rokaya, Aya.
En un año perdió su enorme barriga, y ahora es el más flaco de los hermanos.
Desesperado por no poder mantener a su familia, el año pasado Adnan soltó los periquitos cantores que había comprado durante una ola de optimismo en el verano, después de la muerte de sus hijos.
Saluda cariñosamente a los visitantes, pero luego se sienta en un rincón de la salita mientras sus hermanos responden por él algunas preguntas simples.
"No se ha recuperado nunca. No volverá nunca a ser él mismo", dijo su hermano Akeel, 28, cuando Adnan salió del cuarto a por refrescos para sus huéspedes.
Zainab, 26, su esposa, es tan enérgica como retraído su marido. Cuando estaba embarazada de Hassan y las muertes de sus tres hijos estaban todavía demasiado frescas en la memoria, Zainab se sentaba a llorar en el suelo, rechazando impotente a su hija superviviente cuando esta se acercaba a buscar consuelo.
Ahora, sin embargo, tiene a Hassan en su regazo, y lo alimenta con una mezcla de galletas machacadas y leche de un vaso mientras Benin (el apodo que se le pegó a Bunayah) juega con sus faldas.
"El agua causa diarrea", dijo Zainab, explicando por qué sólo da a sus hijos leche procesada cuando puede comprarla. Ciudad Sáder, una miserable sección de la capital, también ha sufrido una epidemia de fiebre tifoidea debido a las filtraciones del alcantarillado en el agua potable.
Gran parte del buen humor y alegría viene de Kaiss, 31, el hermano que perdió una pierna en el ataque y casi murió de gangrena. Parece haber superado la depresión.
Cojea todos los días hacia una esquina frente a la casa con su mal ajustada prótesis, a vender cigarrillos. El trabajo no le reporta demasiado dinero, pero lo hace salir de casa y sentirse productivo.
Ha tratado de trabajar como barrendero de la municipalidad. "Me despidieron a los tres días, debido a que soy inválido", dijo Kaiss.
Los doctores le dijeron que debía reajustar su prótesis de 200 dólares cada seis meses, para amoldarla a su muñón, pero eso es un lujo fuera del alcance del presupuesto de la familia.
La familia Hamid acusó a la milicia de Saddam Fedayeen, que trató de resistir la invasión norteamericana, de disparar el mortero que impactó en la casa durante los últimos días de la invasión norteamericana en abril de 2003.
Identificaron el proyectil como de fabricación rusa a partir de los fragmentos del proyectil que recogieron, determinando para su satisfacción que no había sido disparado por los americanos. Asumieron que los militantes del Partido Baaz estaban castigando a Ciudad Sáder por su calurosa bienvenida de las tropas estadounidenses.
El primer año después de la invasión, los hombres de la familia Hamid encontraron trabajo en proyectos de reconstrucción financiados por los americanos, y ganaron suficiente dinero como para comprar la prótesis de Kaiss y un televisor para la casa.
Pero en 2004 los trabajos desaparecieron. En abril y agosto, las revueltas del Ejército Mahdi transformaron Ciudad Sáder en un violento campo de batalla, y la familia Hamid tuvo que refugiarse en la casa del hermano más rico, Ali, que vivía en la Calle de Haifa, en la ribera occidental del Tigris.
Nadie Ha Llamado A la Puerta
En enero de este año, justo antes de las elecciones, ese hermano -cuyos ingresos provenían de su trabajo en una fábrica mantenían a los otros hermanos durante tiempos difíciles- murió en un fuego cruzado entre insurgentes y norteamericanos en la Calle de Haifa.
Ya no hay un saco de harina de reserva en la cocina, y los Hamid no tienen pollo para la tradicional cena familiar de los viernes, como acostumbraban; ahora sólo tienen okra o verduras de la temporada.
La abuela, que rara vez completa una frase o dice algo coherente como antes, habla agriadamente sobre la indiferencia del gobierno ante las familias de los mártires. "No nos han dado nada. Nadie ha venido a llamar a nuestra puerta".
Sin embargo, las reacciones de los miembros de la familia a sus penurias han sido siempre personales; todavía están agradecidos de que las tropas americanas han derrocado a Saddam Hussein, y son indiferentes ante los líderes iraquíes, políticos y religiosos, cuyas palabras retumban de vez en vez sobre los tejados durante las oraciones del viernes o en la televisión en los telediarios.
Mientras el gobierno iraquí no proporcione trabajos o beneficios a la familia Hamid, seguirá siendo un fantasma.
"No interesamos a los partidos políticos; sólo quieren dinero y trabajo para los miembros de sus propios partidos", dijo Akeel.
Kaiss agregó: "No vamos a las oraciones del viernes. Estamos hasta la tusa de eso. Ahora preferimos rezar en casa".
Víctimas Olvidadas
Kaiss quiere una pensión del gobierno porque quedó lisiado durante la guerra. Aparentemente, su situación es kafkiana: el gobierno iraquí le daría una pensión de incapacidad si fuera casado, y no puede encontrar una mujer que quiere casarse con un hombre sin trabajo y con sólo una pierna.
"No se puede cambiar un régimen sin hacer víctimas", dijo. "Pero ¿no se podría prestar más atención a las víctimas?"
Sin embargo, un sutil cambio ha tomado lugar en la dinámica de la familia. Mientras los hermanos mayores, que poseen habilidades vendibles como herreros, se hunden en un silencio cada vez más profundo y se quejan de la falta de futuroi, Kaiss y su hermano Akeel, que no tiene calificaciones ni negocios, todavía hacen bromas y hablan del futuro.
Mientras Benin da brincos en sus rodillas, Kaiss se pregunta si sus familiares podrán encontrarle una novia. Akeel alimenta al bebé Hassan con una botella y desordena su pelo. Ambos parecen estar de pie frente a su deprimido hermano, Adnan.
Mientras los hombres se sientan en la pequeña salita, esperando que se sirva el almuerzo del viernes, Adnan se niega a responder cómo se imagina la vida en cinco años. Pero se anima cuando es interrogado por las expectativas para sus hijos.
"Las cosas pueden mejorar. Podrán abrir una cuenta en el banco. Quiero que vayan a la universidad. Quizás puedan marcharse de Iraq a algún país europeo", dijo Adnan, que no terminó la secundaria. "Nosotros ya no tenemos futuro, pero para nuestros hijos todavía hay tiempo".
Se puede escribir al autor a: tcambanis@ globe.com.
16 de julio de 2005
4 de julio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
tropas están listas
[Bassem Mroue] Jaafari dice que tropas iraquíes pueden controlar algunas ciudades. Tropas americanas podrían alejarse de ciudades.
Bagdad, Iraq. Las tropas iraquíes están listas para controlar algunas ciudades como un primer paso hacia la retirada de soldados americanos y otros, dijo ayer el primer ministro iraquí. Pero se negó a fijar un calendario de retirada.
Subrayando la prolongada crisis de seguridad, pistoleros mataron ayer a cuatro activistas iraquíes de derechos humanos en Bagdad, un coche-bomba mató al menos a tres personas en la norteña ciudad de Kirkuk, y un soldado estadounidense murió tras quedar herido en la explosión de una mina anti-personal.
El primer ministro Ibrahim al Jafaari advirtió no fijar un calendario para que se retiren las tropas extranjeras "en momentos en que no estamos listos" para hacer frente a los insurgentes.
Pero dijo que la seguridad en 18 provincias -especialmente el sur chií y el norte controlado por los kurdos- ha mejorado de tal modo que las fuerzas iraquíes podrían encargarse de mantener el orden en las ciudades allá.
"Podemos empezar el proceso de retirada de las fuerzas multinacionales en esas ciudades hacia fuera de la ciudad como un primer paso para fijar un calendario del proceso de retirada", dijo Jafaari en una rueda de prensa con el subministro de Asuntos Exteriores norteamericano, Robert Zoellick. "No queremos que nos sorprenda la decisión de retirarse cuando no estamos preparados".
Los comentarios de Jafaari tenían por intención parcialmente templar los crecientes llamados de árabes sunníes y otros a que los estadounidenses abandonen Iraq. El primer ministro, que es chií, dijo ayer al parlamento que todo plan de retirada sea "una decisión iraquí con un calendario iraquí -no con el calendario de los terroristas".
Gran parte de las 135.000 tropas americanas están estacionadas en bastiones insurgentes considerados demasiado peligrosos como para que los iraquíes puedan tomar control.
Zoellick dijo que Washington estaba determinado a apoyar al nuevo gobierno iraquí y que el nivel de fuerza de las tropas norteamericanas "se basará en las condiciones en que las tropas iraquíes puedan operar para dar cuenta de la resistencia".
Sin embargo, el ministerio de Defensa quiere retirar algunas tropas de Iraq el próximo año, en parte debido a que la intervención está estirando demasiado al Ejército y el Cuerpo de Marines a medida que aumentan las bajas. Comandantes norteamericanos creen que la presencia de una importante fuerza americana está generado apoyo tácito a la violencia anti-americana.
El fin de semana pasado, el diario The Mail on Sunday, de Londres, publicó un memorándum filtrado del gobierno británico que muestra que Gran Bretaña está considerando reducir sus tropas de 8.500 a 3.000 a mediados del próximo año. El memorándum también mencionaba un "fuerte deseo de las fuerzas armadas norteamericanas de reducir significativamente las tropas" después de la elección del nuevo gobierno iraquí en diciembre.
14 de julio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Las tropas iraquíes están listas para controlar algunas ciudades como un primer paso hacia la retirada de soldados americanos y otros, dijo ayer el primer ministro iraquí. Pero se negó a fijar un calendario de retirada.Subrayando la prolongada crisis de seguridad, pistoleros mataron ayer a cuatro activistas iraquíes de derechos humanos en Bagdad, un coche-bomba mató al menos a tres personas en la norteña ciudad de Kirkuk, y un soldado estadounidense murió tras quedar herido en la explosión de una mina anti-personal.
El primer ministro Ibrahim al Jafaari advirtió no fijar un calendario para que se retiren las tropas extranjeras "en momentos en que no estamos listos" para hacer frente a los insurgentes.
Pero dijo que la seguridad en 18 provincias -especialmente el sur chií y el norte controlado por los kurdos- ha mejorado de tal modo que las fuerzas iraquíes podrían encargarse de mantener el orden en las ciudades allá.
"Podemos empezar el proceso de retirada de las fuerzas multinacionales en esas ciudades hacia fuera de la ciudad como un primer paso para fijar un calendario del proceso de retirada", dijo Jafaari en una rueda de prensa con el subministro de Asuntos Exteriores norteamericano, Robert Zoellick. "No queremos que nos sorprenda la decisión de retirarse cuando no estamos preparados".
Los comentarios de Jafaari tenían por intención parcialmente templar los crecientes llamados de árabes sunníes y otros a que los estadounidenses abandonen Iraq. El primer ministro, que es chií, dijo ayer al parlamento que todo plan de retirada sea "una decisión iraquí con un calendario iraquí -no con el calendario de los terroristas".
Gran parte de las 135.000 tropas americanas están estacionadas en bastiones insurgentes considerados demasiado peligrosos como para que los iraquíes puedan tomar control.
Zoellick dijo que Washington estaba determinado a apoyar al nuevo gobierno iraquí y que el nivel de fuerza de las tropas norteamericanas "se basará en las condiciones en que las tropas iraquíes puedan operar para dar cuenta de la resistencia".
Sin embargo, el ministerio de Defensa quiere retirar algunas tropas de Iraq el próximo año, en parte debido a que la intervención está estirando demasiado al Ejército y el Cuerpo de Marines a medida que aumentan las bajas. Comandantes norteamericanos creen que la presencia de una importante fuerza americana está generado apoyo tácito a la violencia anti-americana.
El fin de semana pasado, el diario The Mail on Sunday, de Londres, publicó un memorándum filtrado del gobierno británico que muestra que Gran Bretaña está considerando reducir sus tropas de 8.500 a 3.000 a mediados del próximo año. El memorándum también mencionaba un "fuerte deseo de las fuerzas armadas norteamericanas de reducir significativamente las tropas" después de la elección del nuevo gobierno iraquí en diciembre.
14 de julio de 2005
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muertes en comisaría
[John F. Burns] Diez sunníes mueren torturados y asfixiados en comisaría tras ser secuestrados en hospital.
Bagdad, Iraq. Los ampliamente temidos comandos policiales iraquíes intentaron el martes explicar cómo al menos 10 hombres y niños árabes sunníes, uno de sólo 17, murieron por asfixia después de que una unidad del comando los capturara en la sala de emergencia de un hospital y los encerrara en una furgoneta policial bajo temperaturas veraniegas de más de 38 grados Celsius.
Mientras los familiares recogían los cuerpos de la principal morgue de Bagdad y los llevaron a un pueblo cerca de Abu Ghraib para su sepultura, el ministro del Interior Bayan Jabr se reunía con dos generales de la policía que dirigen las unidades de comando, preparando una declaración que el despacho de Jabr dijo que se daría a conocer el miércoles.
Uno de los oficiales, el general de brigada Rashid Flaieh, reconoció en una conferencia telefónica que las víctimas murieron por asfixia dentro de lo que describió como "una furgoneta blindada". Pero negó informes de un sobreviviente de que las víctimas habían sido retenidas en la furgoneta durante más de 12 horas, diciendo que habían estado ahí "sólo 2 horas". También rechazó aseveraciones de doctores que examinaron los cuerpos, que las víctimas, además de morir asfixiadas, habían sido torturadas con descargas eléctricas.
"La furgoneta tenía aire acondicionado", dijo, "pero tenían un problema y fue la falta de oxígeno la que causó las muertes".
Para los comandos, muchos de ellos veteranos del ejército, policía y unidades de la inteligencia de Saddam Hussein, el incidente fue el último de una larga serie de incidentes en que han sido acusados de utilizar métodos violentos aprendidos durante los años de terror de Hussein. Los doctores que presenciaron que las víctimas fueron arrastradas desde el hospital, identificaron a los hombres del gobierno como miembros de la notoria Primera Brigada de los comandos, pero el general Flaieh dijo que la unidad implicada era una fuerza de policía paramilitar separada, conocida como Fuerza de Seguridad Especial.
Lo cierto es que las muertes proporcionaron un nuevo revés en las relaciones entre el gobierno de transición respaldado por Estados Unidos, en funciones desde hace 10 semanas, y la minoría árabe sunní del país, que se siente indignada y frustrada por la transferencia del poder a la mayoría chií que representa el nuevo gobierno. Las acusaciones de maltratos a manos de los comandos policiales ha sido uno de los principales obstáculos a los que se enfrenta el nuevo gobierno en sus intentos por atraer a grupos árabes sunníes al proceso de redacción de la nueva constitución y preparando las elecciones en diciembre. Los comandos tienen algunos comandantes sunníes, pero la mayoría de la base son chiíes.
Oficiales americanos involucrados en el proyecto de 11 billones de dólares para adiestrar y equipar al ejército y policía iraquíes han reconocido en privado que conocen instancias en que los comandos de la policía han violando los derechos de los detenidos utilizando varias formas de maltratos físicos. Un oficial veterano dijo que los comandantes americanos han insistido a generales iraquíes que los abusos hacen el juego de los insurgentes y deberían parar. "Pero a fin de cuentas, esta es una guerra iraquí, y los iraquíes la van a hacer a su modo", dijo el oficial, en una conversación a la que accedió a condición de no ser mencionado.
Muchos de los maltratos fueron reportados en un informe emitido en enero por Human Rigths Watch, que concluyó que las fuerzas de seguridad iraquíes estaban cometiendo "torturas y otros maltratos sistemáticamente".
Entre estos incluyó atiborrar a los detenidos "en pequeñas celdas donde sólo pueden estar parados" y privar a los detenidos de alimento y agua. El informe dijo que otras técnicas de torturas utilizadas por las fuerzas iraquíes incluían descargas eléctricas en partes sensible del cuerpo, incluyendo los lóbulos y los genitales, y golpizas con cables, mangueras y otros implementos.
Entre los grupos sunníes que emitieron amargas protestas el martes por la muerte por sofocación, se encontraban varios que estuvieron estrechamente involucrados en las negociaciones que mitigaron el boicot sunní de las elecciones de enero, agregando 15 árabes sunníes al comité de 55 miembros que redactará la constitución.
Ese acuerdo, concluido la semana pasada, ya ha demostrado su fragilidad, y líderes chiíes, como el primer ministro Ibrahim al-Jafaari se han mostrado ansiosos de limitar las tensiones entre chiíes y sunníes mientras empiezan discusiones sobre temas conflictivos, como el papel del islam en el código penal iraquí y, fuera del proceso de redacción de la constitución, sobre las exigencias sunníes de un calendario para la retirada de las tropas estadounidenses.
Un reñido punto en las versiones de los sucesos del domingo fue qué estaban haciendo en Bagdad los hombres que murieron. Personeros de un importante grupo sunní, la Asociación de Clérigos Musulmanes, declararon el martes que habían hablado con un superviviente, al que identificaron como Diya Adnan Saleh, que dijo que él era uno de los 12 albañiles de Abu Ghraib, que había llegado a Bagdad en un minibús el domingo temprano y se había dirigido hacia un sitio en el distrito de Amariya donde contratistas de la construcción contrataban a gente para trabajos ocasionales. Funcionarios del grupo de clérigos se negaron a proporcionar una dirección de contacto para Saleh, diciendo que se encontraba entre los deudos que asisten a los funerales en el pueblo de Krosheen, cerca de Abu Ghraib.
Los funcionarios dijeron que el minibús que transportaba a los hombres, incluyendo a tres estudiantes de la secundaria, uno de ellos de 17, cuatro estudiantes universitarios y un hombre más adulto con dos de sus hijos, fue atacado con armas de fuego por tropas iraquíes en Amariya.
Según otra versión, de un agente de policía que dijo que había hablado con algunos de los comandos después de que las víctimas murieran sofocadas, dijo que el fuego provino de tropas americanas después de que un convoy de todoterrenos Humvee hubiera sido impactado por una bomba improvisada. Un portavoz de la Tercera División de Infantería, responsable de la seguridad de Bagdad, dijo que no había informaciones sobre ningún incidente en el que hubieran participado tropas americanas en Amariya, el domingo.
Pero el general Flaieh, el funcionario policial, insistió en que los hombres en el minibús eran insurgentes que habían huido de Amariya después de ser atacados por tropas iraquíes que les provocaron tres bajas, incluyendo un hombre que murió.
Funcionarios del ministerio del Interior que dijo que estaban al tanto de una investigación sobre la muerte de los hombres, y que habló a condición de no ser nombrado, observaron que las víctimas provenían de dos tribus árabes sunníes, los Dulaimi y los Zobaa, que han estado profundamente implicadas en la resistencia. Los funcionarios también observaron que el área de Abu Ghraib, de donde son los hombres, ha sido un importante bastión de la resistencia. Todas las versiones concuerdan en que después del tiroteo, el minibús condujo unos 11 kilómetros de vuelta, a través del noroeste de Bagdad, al Hospital Noor en Shuala, un distrito predominantemente chií cercano a Abu Ghraib. El general Flaieh dijo que hombres de la Unidad Especial de Seguridad, con bajas propias después del tiroteo de los americanos en Amariya, llegaron poco después y fueron informados por guardias del hospital de que en el pabellón de emergencia se estaba tratando a unos insurgentes heridos.
"Cuando entraron los comandantes al pabellón con los hombres heridos, reconocieron las caras y ropas de algunos de ellos y dijeron que eran los que les habían atacado", dijo el doctor Khudair Abbas Muhammad, el director del hospital.
"En ese momento, algunos de los hombres de Abu Ghraib empezaron a correr", dijo, "pero los comandos los persiguieron y se armó un caos. Finalmente, los comandos los capturaron a todos, incluyendo a los heridos, y se los llevaron. Eso era todo lo que sabíamos, hasta que oímos que los cadáveres de la mayoría de ellos fueron entregados el lunes al Hospital Yarmouk, en Bagdad".
Un agente de una unidad policial asignada al Hospital Yarmouk, que pidió guardar el anonimato por temor a represalias, dijo que un oficial de los comandos policiales de la Primera Brigada, el coronel Muhammad Hmood, llegó al hospital el domingo por la noche, unas 14 horas después de las detenciones en el Hospital Noor. El agente dijo que el coronel Hmood condujo a los asistentes a cuatro furgonetas Chevrolet cerradas con ocho cuerpos y cuatro hombres inconscientes, dos de los cuales murieron luego. "El coronel dijo que los hombres eran terroristas que habían atacado a un convoy americano, y que se habían asfixiado por accidente", dijo el agente de policía.
El agente dijo que uno de los hombres que llegaron inconscientes al hospital Yarmouk, pero después se recuperó, era Saleh, el sobreviviente mencionado por la Asociación de Clérigos Musulmanes. "Diya Saleh nos dijo: Los comandos del ministerio del Interior que nos detuvieron en el Hospital Noor, nos metieron a una furgoneta, nos sacaron de ahí y nos torturaron'", dijo el agente. "Llamamos a los doctores para examinar a los hombres que todavía respiraban y luego vino un forense y examinó los cadáveres. Dijo que habían sido torturados, con lesiones causadas por descargas eléctricas".
El lunes antes del alba, dijo el agente de policía, llegaron otros cuatro comandos de la policía, en un sedán negro Daewoo, con tres de ellos con el uniforme negro de los comandos y un cuarto de paisano. El agente dijo que cuando los comandos pidieron saber dónde estaba Saleh, los hombres asignados a la unidad de policía en el hospital pensaron que habían llegado a matarlo, para eliminarlo como testigo. "Así que llamamos a los oficiales de Mahmoun", dijo el agente, mencionando la comisaría local de policía, y "les pedimos que nos ayudaran. Cuando ellos oyeron eso, los comandos desaparecieron".
El agente de policía agregó: "Lo que pasó con esos hombres de Abu Ghraib fue un crimen contra el pueblo iraquí. Cuando los familiares llegaron a recuperar los cuerpos, les oí decir muchas cosas malas sobre la policía. Con crímenes de este tipo, no es difícil entender por qué los insurgentes atacan a la policía. Los que tienen autoridad deberían poner fin a este tipo de crímenes".
Khalid al-Ansary, Layla Isitfan, Thayer Aldaami, Qais Mizher, Ali Adeeb y Mofeed Agha contribuyeron al reportaje de este artículo.
13 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Los ampliamente temidos comandos policiales iraquíes intentaron el martes explicar cómo al menos 10 hombres y niños árabes sunníes, uno de sólo 17, murieron por asfixia después de que una unidad del comando los capturara en la sala de emergencia de un hospital y los encerrara en una furgoneta policial bajo temperaturas veraniegas de más de 38 grados Celsius.Mientras los familiares recogían los cuerpos de la principal morgue de Bagdad y los llevaron a un pueblo cerca de Abu Ghraib para su sepultura, el ministro del Interior Bayan Jabr se reunía con dos generales de la policía que dirigen las unidades de comando, preparando una declaración que el despacho de Jabr dijo que se daría a conocer el miércoles.
Uno de los oficiales, el general de brigada Rashid Flaieh, reconoció en una conferencia telefónica que las víctimas murieron por asfixia dentro de lo que describió como "una furgoneta blindada". Pero negó informes de un sobreviviente de que las víctimas habían sido retenidas en la furgoneta durante más de 12 horas, diciendo que habían estado ahí "sólo 2 horas". También rechazó aseveraciones de doctores que examinaron los cuerpos, que las víctimas, además de morir asfixiadas, habían sido torturadas con descargas eléctricas.
"La furgoneta tenía aire acondicionado", dijo, "pero tenían un problema y fue la falta de oxígeno la que causó las muertes".
Para los comandos, muchos de ellos veteranos del ejército, policía y unidades de la inteligencia de Saddam Hussein, el incidente fue el último de una larga serie de incidentes en que han sido acusados de utilizar métodos violentos aprendidos durante los años de terror de Hussein. Los doctores que presenciaron que las víctimas fueron arrastradas desde el hospital, identificaron a los hombres del gobierno como miembros de la notoria Primera Brigada de los comandos, pero el general Flaieh dijo que la unidad implicada era una fuerza de policía paramilitar separada, conocida como Fuerza de Seguridad Especial.
Lo cierto es que las muertes proporcionaron un nuevo revés en las relaciones entre el gobierno de transición respaldado por Estados Unidos, en funciones desde hace 10 semanas, y la minoría árabe sunní del país, que se siente indignada y frustrada por la transferencia del poder a la mayoría chií que representa el nuevo gobierno. Las acusaciones de maltratos a manos de los comandos policiales ha sido uno de los principales obstáculos a los que se enfrenta el nuevo gobierno en sus intentos por atraer a grupos árabes sunníes al proceso de redacción de la nueva constitución y preparando las elecciones en diciembre. Los comandos tienen algunos comandantes sunníes, pero la mayoría de la base son chiíes.
Oficiales americanos involucrados en el proyecto de 11 billones de dólares para adiestrar y equipar al ejército y policía iraquíes han reconocido en privado que conocen instancias en que los comandos de la policía han violando los derechos de los detenidos utilizando varias formas de maltratos físicos. Un oficial veterano dijo que los comandantes americanos han insistido a generales iraquíes que los abusos hacen el juego de los insurgentes y deberían parar. "Pero a fin de cuentas, esta es una guerra iraquí, y los iraquíes la van a hacer a su modo", dijo el oficial, en una conversación a la que accedió a condición de no ser mencionado.
Muchos de los maltratos fueron reportados en un informe emitido en enero por Human Rigths Watch, que concluyó que las fuerzas de seguridad iraquíes estaban cometiendo "torturas y otros maltratos sistemáticamente".
Entre estos incluyó atiborrar a los detenidos "en pequeñas celdas donde sólo pueden estar parados" y privar a los detenidos de alimento y agua. El informe dijo que otras técnicas de torturas utilizadas por las fuerzas iraquíes incluían descargas eléctricas en partes sensible del cuerpo, incluyendo los lóbulos y los genitales, y golpizas con cables, mangueras y otros implementos.
Entre los grupos sunníes que emitieron amargas protestas el martes por la muerte por sofocación, se encontraban varios que estuvieron estrechamente involucrados en las negociaciones que mitigaron el boicot sunní de las elecciones de enero, agregando 15 árabes sunníes al comité de 55 miembros que redactará la constitución.
Ese acuerdo, concluido la semana pasada, ya ha demostrado su fragilidad, y líderes chiíes, como el primer ministro Ibrahim al-Jafaari se han mostrado ansiosos de limitar las tensiones entre chiíes y sunníes mientras empiezan discusiones sobre temas conflictivos, como el papel del islam en el código penal iraquí y, fuera del proceso de redacción de la constitución, sobre las exigencias sunníes de un calendario para la retirada de las tropas estadounidenses.
Un reñido punto en las versiones de los sucesos del domingo fue qué estaban haciendo en Bagdad los hombres que murieron. Personeros de un importante grupo sunní, la Asociación de Clérigos Musulmanes, declararon el martes que habían hablado con un superviviente, al que identificaron como Diya Adnan Saleh, que dijo que él era uno de los 12 albañiles de Abu Ghraib, que había llegado a Bagdad en un minibús el domingo temprano y se había dirigido hacia un sitio en el distrito de Amariya donde contratistas de la construcción contrataban a gente para trabajos ocasionales. Funcionarios del grupo de clérigos se negaron a proporcionar una dirección de contacto para Saleh, diciendo que se encontraba entre los deudos que asisten a los funerales en el pueblo de Krosheen, cerca de Abu Ghraib.
Los funcionarios dijeron que el minibús que transportaba a los hombres, incluyendo a tres estudiantes de la secundaria, uno de ellos de 17, cuatro estudiantes universitarios y un hombre más adulto con dos de sus hijos, fue atacado con armas de fuego por tropas iraquíes en Amariya.
Según otra versión, de un agente de policía que dijo que había hablado con algunos de los comandos después de que las víctimas murieran sofocadas, dijo que el fuego provino de tropas americanas después de que un convoy de todoterrenos Humvee hubiera sido impactado por una bomba improvisada. Un portavoz de la Tercera División de Infantería, responsable de la seguridad de Bagdad, dijo que no había informaciones sobre ningún incidente en el que hubieran participado tropas americanas en Amariya, el domingo.
Pero el general Flaieh, el funcionario policial, insistió en que los hombres en el minibús eran insurgentes que habían huido de Amariya después de ser atacados por tropas iraquíes que les provocaron tres bajas, incluyendo un hombre que murió.
Funcionarios del ministerio del Interior que dijo que estaban al tanto de una investigación sobre la muerte de los hombres, y que habló a condición de no ser nombrado, observaron que las víctimas provenían de dos tribus árabes sunníes, los Dulaimi y los Zobaa, que han estado profundamente implicadas en la resistencia. Los funcionarios también observaron que el área de Abu Ghraib, de donde son los hombres, ha sido un importante bastión de la resistencia. Todas las versiones concuerdan en que después del tiroteo, el minibús condujo unos 11 kilómetros de vuelta, a través del noroeste de Bagdad, al Hospital Noor en Shuala, un distrito predominantemente chií cercano a Abu Ghraib. El general Flaieh dijo que hombres de la Unidad Especial de Seguridad, con bajas propias después del tiroteo de los americanos en Amariya, llegaron poco después y fueron informados por guardias del hospital de que en el pabellón de emergencia se estaba tratando a unos insurgentes heridos.
"Cuando entraron los comandantes al pabellón con los hombres heridos, reconocieron las caras y ropas de algunos de ellos y dijeron que eran los que les habían atacado", dijo el doctor Khudair Abbas Muhammad, el director del hospital.
"En ese momento, algunos de los hombres de Abu Ghraib empezaron a correr", dijo, "pero los comandos los persiguieron y se armó un caos. Finalmente, los comandos los capturaron a todos, incluyendo a los heridos, y se los llevaron. Eso era todo lo que sabíamos, hasta que oímos que los cadáveres de la mayoría de ellos fueron entregados el lunes al Hospital Yarmouk, en Bagdad".
Un agente de una unidad policial asignada al Hospital Yarmouk, que pidió guardar el anonimato por temor a represalias, dijo que un oficial de los comandos policiales de la Primera Brigada, el coronel Muhammad Hmood, llegó al hospital el domingo por la noche, unas 14 horas después de las detenciones en el Hospital Noor. El agente dijo que el coronel Hmood condujo a los asistentes a cuatro furgonetas Chevrolet cerradas con ocho cuerpos y cuatro hombres inconscientes, dos de los cuales murieron luego. "El coronel dijo que los hombres eran terroristas que habían atacado a un convoy americano, y que se habían asfixiado por accidente", dijo el agente de policía.
El agente dijo que uno de los hombres que llegaron inconscientes al hospital Yarmouk, pero después se recuperó, era Saleh, el sobreviviente mencionado por la Asociación de Clérigos Musulmanes. "Diya Saleh nos dijo: Los comandos del ministerio del Interior que nos detuvieron en el Hospital Noor, nos metieron a una furgoneta, nos sacaron de ahí y nos torturaron'", dijo el agente. "Llamamos a los doctores para examinar a los hombres que todavía respiraban y luego vino un forense y examinó los cadáveres. Dijo que habían sido torturados, con lesiones causadas por descargas eléctricas".
El lunes antes del alba, dijo el agente de policía, llegaron otros cuatro comandos de la policía, en un sedán negro Daewoo, con tres de ellos con el uniforme negro de los comandos y un cuarto de paisano. El agente dijo que cuando los comandos pidieron saber dónde estaba Saleh, los hombres asignados a la unidad de policía en el hospital pensaron que habían llegado a matarlo, para eliminarlo como testigo. "Así que llamamos a los oficiales de Mahmoun", dijo el agente, mencionando la comisaría local de policía, y "les pedimos que nos ayudaran. Cuando ellos oyeron eso, los comandos desaparecieron".
El agente de policía agregó: "Lo que pasó con esos hombres de Abu Ghraib fue un crimen contra el pueblo iraquí. Cuando los familiares llegaron a recuperar los cuerpos, les oí decir muchas cosas malas sobre la policía. Con crímenes de este tipo, no es difícil entender por qué los insurgentes atacan a la policía. Los que tienen autoridad deberían poner fin a este tipo de crímenes".
Khalid al-Ansary, Layla Isitfan, Thayer Aldaami, Qais Mizher, Ali Adeeb y Mofeed Agha contribuyeron al reportaje de este artículo.
13 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
marcha de los muertos
[David Rohde] Bosnios musulmanes rehacen ruta de los que fueron asesinados en 1995.
Konjevic Polje, Bosnia y Herzegovina. Unos 500 hombres musulmanes bosnios salieron a las 7:30 de la mañana del domingo desde esta tranquila aldea agrícola al este de Bosnia en el tercer y último día de su repetición de la marcha de la muerte' esta semana hace una década.
Con banderas bosnias y bosnias musulmanas, los hombres completaron su solemne repetición de la ruta que hicieron unos 15.000 hombres musulmanes durante la guerra de Bosnia. En julio de 1995, habían huido aterrados del pueblo de Srebrenica después de que tropas ligeramente armadas de Naciones Unidas no les protegieran ante el avance de las fuerzas serbias. Los serbios mataron a más de 7.000 de los musulmanes que huían, en emboscadas y ejecuciones en masa que los jueces en los juicios por crímenes de guerra declararon genocidio.
El domingo, la columna de musulmanes marchó a través de los bosques aquí estuvo nuevamente rodeada de cientos de serbios armados, pero esta vez los serbios eran agentes de policía encargados de la protección de los manifestantes.
Zoran Rosuljas, un policía serbio que dio la mano a uno de los manifestantes durante la ruta, dijo que no tenía "problemas" con proteger a los musulmanes 10 años después de una guerra que mató a más de 200.000 personas. Interrogado sobre si se sentía cómodo con sus antiguos enemigos, respondió rápidamente. "¿Por qué no?", dijo. "¿Por qué no?"
El apretón de manos fue sólo una de las escenas curiosas en el último día de la marcha de 65 kilómetros para protestar por el hecho de que dos de los líderes serbios acusados de cargos de genocidio por los asesinatos, Radovan Karadzic y Ratko Mladic, todavía no han sido capturados. Se espera a unas 50.000 personas asistan el lunes a las ceremonias que conmemoran el décimo aniversario de la caída de Srebrenica. Se enterrarán los cuerpos de 610 hombres exhumados de una fosa común, que fueron identificados con análisis de ADN.
Cuando empezaban ayer domingo la última fase -en realidad, una repetición al revés de la marcha original, para llegar a Srebrenica-, los hombres pasaron por la aldea de Nova Kasaba, el sitio de dos fosas comunes cavadas por soldados serbios. A principio de 2001, algunas familias musulmanas se mudaron al área bajo protección de fuerzas militares americanas que patrullaron esta parte de Bosnia hasta 2004.
Mehmet Muharemovic, 50, un campesino en la aldea, dijo que no había tenido problemas con serbios de la localidad o la policía serbia. Interrogado sobre un gallinero construido encima de una de las fosas comunes después de haber sido exhumado, dijo que pertenecía a otro granjero musulmán que había retornado. "No es un problema", dijo, encogiéndose de hombros, con un cigarrillo colgando de sus labios. "Todos perdimos a alguien. ¿Qué vamos a hacer?"
Mientras los hombres marchaban por caminos de tierra y senderos en la montaña que hace una década estuvieron llenos de miles de aterrados musulmanes, conversaban calmamente. Ali Hodzic Naziv, el hombre que se dio el apretón de manos con el agente de policía serbio, dijo que estaba marchando en memoria de sus dos hijos adolescentes, que desaparecieron en algún lugar de estos bosques.
Naziv, 53, un hombre robusto que fue evacuado de Srebrenica para un tratamiento médico después de que fuera herido en la pierna izquierda en 1993, tenía dolor después de dos días de caminata. Pero dijo que se hacía sentirse mejor ver la ruta que sus hijos, que se habían quedado atrás, habían tomado en sus últimas horas.
"Tengo que aferrarme a mis hijos", dijo mientras se esforzaba subiendo un lodoso sendero. "Llegaré, si Dios quiere".
Amir Halicic, un ensortijado hombre de 20, dijo que estaba marchando para comprender lo que había sentido su padre cuando huyó en 1995. Dijo que su padre le había contado que él tenía demasiado miedo como para atravesar otra vez esos bosques.
Halicic, de 10 cuando la caída de Srebrenica, dijo que había huido separándose de su madre y abuelo. Dos de ellos sobrevivieron. "No tuve infancia", dijo. "A mi abuelo mataron frente a mí".
Cerca de la cabeza de la columna marcha un hombre alto y tostado por el sol que dijo que volvía por primera vez a Srebrenica después de 10 años. Este hombre, Gary Kremer, fue uno de los cirujanos que trabajaba para los soldados holandeses que fueron intimidados por las fuerzas serbias aquí en 1995. Dijo que un musulmán que había conocido durante la guerra lo había invitado a la marcha. Sobrevivientes de Srebrenica, que se han quejado amargamente de que los holandeses no habían hecho lo suficiente para protegerlos, parecían tratarlo bien.
Los cambios eran evidentes. Cuando se encontraron en un sitio fragmentos de calaveras la columna se detuvo para recordar a los asesinados en un emboscada, los musulmanes se acercaron a sacar fotografías de los restos con las cámaras de sus móviles. Junto a la ruta abundan las casas y mezquitas reconstruidas, y campos recién plantados en lo que en 1995 era una tierra de nadie con sus casas incendiadas.
Pero la realidad de lo que ocurrió, y las continuas guerras de Bosnia, se impuso cuando la marcha terminaba. La marcha se detuvo junto a una fosa común parcialmente abierta cerca de Srebrenica. Mirando a los fémures, calaveras y tibias expuestas, algunos de los agotados manifestantes se echaron a llorar.
11 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
Konjevic Polje, Bosnia y Herzegovina. Unos 500 hombres musulmanes bosnios salieron a las 7:30 de la mañana del domingo desde esta tranquila aldea agrícola al este de Bosnia en el tercer y último día de su repetición de la marcha de la muerte' esta semana hace una década.Con banderas bosnias y bosnias musulmanas, los hombres completaron su solemne repetición de la ruta que hicieron unos 15.000 hombres musulmanes durante la guerra de Bosnia. En julio de 1995, habían huido aterrados del pueblo de Srebrenica después de que tropas ligeramente armadas de Naciones Unidas no les protegieran ante el avance de las fuerzas serbias. Los serbios mataron a más de 7.000 de los musulmanes que huían, en emboscadas y ejecuciones en masa que los jueces en los juicios por crímenes de guerra declararon genocidio.
El domingo, la columna de musulmanes marchó a través de los bosques aquí estuvo nuevamente rodeada de cientos de serbios armados, pero esta vez los serbios eran agentes de policía encargados de la protección de los manifestantes.
Zoran Rosuljas, un policía serbio que dio la mano a uno de los manifestantes durante la ruta, dijo que no tenía "problemas" con proteger a los musulmanes 10 años después de una guerra que mató a más de 200.000 personas. Interrogado sobre si se sentía cómodo con sus antiguos enemigos, respondió rápidamente. "¿Por qué no?", dijo. "¿Por qué no?"
El apretón de manos fue sólo una de las escenas curiosas en el último día de la marcha de 65 kilómetros para protestar por el hecho de que dos de los líderes serbios acusados de cargos de genocidio por los asesinatos, Radovan Karadzic y Ratko Mladic, todavía no han sido capturados. Se espera a unas 50.000 personas asistan el lunes a las ceremonias que conmemoran el décimo aniversario de la caída de Srebrenica. Se enterrarán los cuerpos de 610 hombres exhumados de una fosa común, que fueron identificados con análisis de ADN.
Cuando empezaban ayer domingo la última fase -en realidad, una repetición al revés de la marcha original, para llegar a Srebrenica-, los hombres pasaron por la aldea de Nova Kasaba, el sitio de dos fosas comunes cavadas por soldados serbios. A principio de 2001, algunas familias musulmanas se mudaron al área bajo protección de fuerzas militares americanas que patrullaron esta parte de Bosnia hasta 2004.
Mehmet Muharemovic, 50, un campesino en la aldea, dijo que no había tenido problemas con serbios de la localidad o la policía serbia. Interrogado sobre un gallinero construido encima de una de las fosas comunes después de haber sido exhumado, dijo que pertenecía a otro granjero musulmán que había retornado. "No es un problema", dijo, encogiéndose de hombros, con un cigarrillo colgando de sus labios. "Todos perdimos a alguien. ¿Qué vamos a hacer?"
Mientras los hombres marchaban por caminos de tierra y senderos en la montaña que hace una década estuvieron llenos de miles de aterrados musulmanes, conversaban calmamente. Ali Hodzic Naziv, el hombre que se dio el apretón de manos con el agente de policía serbio, dijo que estaba marchando en memoria de sus dos hijos adolescentes, que desaparecieron en algún lugar de estos bosques.
Naziv, 53, un hombre robusto que fue evacuado de Srebrenica para un tratamiento médico después de que fuera herido en la pierna izquierda en 1993, tenía dolor después de dos días de caminata. Pero dijo que se hacía sentirse mejor ver la ruta que sus hijos, que se habían quedado atrás, habían tomado en sus últimas horas.
"Tengo que aferrarme a mis hijos", dijo mientras se esforzaba subiendo un lodoso sendero. "Llegaré, si Dios quiere".
Amir Halicic, un ensortijado hombre de 20, dijo que estaba marchando para comprender lo que había sentido su padre cuando huyó en 1995. Dijo que su padre le había contado que él tenía demasiado miedo como para atravesar otra vez esos bosques.
Halicic, de 10 cuando la caída de Srebrenica, dijo que había huido separándose de su madre y abuelo. Dos de ellos sobrevivieron. "No tuve infancia", dijo. "A mi abuelo mataron frente a mí".
Cerca de la cabeza de la columna marcha un hombre alto y tostado por el sol que dijo que volvía por primera vez a Srebrenica después de 10 años. Este hombre, Gary Kremer, fue uno de los cirujanos que trabajaba para los soldados holandeses que fueron intimidados por las fuerzas serbias aquí en 1995. Dijo que un musulmán que había conocido durante la guerra lo había invitado a la marcha. Sobrevivientes de Srebrenica, que se han quejado amargamente de que los holandeses no habían hecho lo suficiente para protegerlos, parecían tratarlo bien.
Los cambios eran evidentes. Cuando se encontraron en un sitio fragmentos de calaveras la columna se detuvo para recordar a los asesinados en un emboscada, los musulmanes se acercaron a sacar fotografías de los restos con las cámaras de sus móviles. Junto a la ruta abundan las casas y mezquitas reconstruidas, y campos recién plantados en lo que en 1995 era una tierra de nadie con sus casas incendiadas.
Pero la realidad de lo que ocurrió, y las continuas guerras de Bosnia, se impuso cuando la marcha terminaba. La marcha se detuvo junto a una fosa común parcialmente abierta cerca de Srebrenica. Mirando a los fémures, calaveras y tibias expuestas, algunos de los agotados manifestantes se echaron a llorar.
11 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
playboy recrea conejitas
[Mimi Avins] Cavalli actualizará traje de conejitas. El nuevo uniforme, todavía por crear, se exhibirá en un Club Playboy que abrirá sus puertas en Las Vegas.
El traje de conejita de Playboy, el uniforme de las camareras escasamente vestidas que han estado moviendo la cola durante 45 años, será re-interpretado por el diseñador Roberto Cavalli. El nuevo aspecto de las conejitas, que todavía no ha sido creado, será llevado por las empleadas de un Club Playboy que abrirá sus puertas en marzo en Las Vegas en el Palms Resort & Casino [Balneario y Casino].
El uniforme original de las conejitas fue introducido por primera vez en el primer Club Playboy de Chicago en 1960. Según se dice diseñado por la novia de un gerente de Playboy, y su madre, era un bañador de una pieza de diseño similar con cuello, puños y una lanosa cola blanca. Con los años, se recortó un poco en las piernas, y se agregó una chapa con el nombre de la conejita. Por supuesto, hay un traje de coneja en el museo de la Smithsonian.
Los años sesenta y setenta fueron años de auge para los exclusivos clubes Playboy. Mujeres con traje de conejita trabajaban como camareras y anfitrionas en 35 locales en Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón y Filipinas. Lauren Hutton y Deborah Harry trabajaron como conejitas antes de alcanzar la fama como modelo y cantante, respectivamente. Gloria Steinem llevó el uniforme durante tres semanas, y luego escribió sobre sus experiencias como liebre de cola blanca, y Barbara Walters se disfrazó con orejas y cola de conejo alguna vez para sus pesquisas. Unas 250.000 mujeres han llevado el traje, que fue el primer uniforme comercial en ser inscrito en la Oficina de Patentes y Marcas Comerciales de Estados Unidos.
Cavalli era un opción lógica para el conejo. El diseñador ha construido su marca presentando llamativos estilos que a menudo muestran más piel que telas. Los estampados animales son una constante de sus colecciones -normalmente motivos de zebra y leopardo, pero su afinidad por la criaturas de la selva lo hacen sentirse en casa diseñando para mujeres vestidas de conejo.
El diseñador de 64 años, que vive en Florencia, ha estado suficiente tiempo en el negocio como para recordar los días de disco, cuando prosperaron los Clubes Playboy. Su línea de mujeres debutó en los años setenta, y disfrutó de una nueva popularidad a mediados de los años noventa. Beyoncé Knowles, Jennifer López y Alicia Keys han sido frecuentemente fotografiadas llevando Cavalli.
El último Club Playboy cerró sus puertas en 1988, aunque mujeres en trajes de conejo continuaron apareciendo en las páginas de Playboy. "Cuando tenemos eventos comerciales, como el Super Tazón, las Playmates asisten con su traje de conejitas", dijo Jay Jay Nesheim, portavoz de Playboy. "Si uno de nuestros anunciantes quiere tener conejitas en su evento, las tendrá".
Hay boutiques de Cavalli en Rodeo Drive y en las Forum Shops en Caesars Palace. Pero no es probable que los nuevos trajes de conejitas se pongan a la venta. Playboy ha controlado estrechamente los uniformes auténticos. Algunos de ellos se han subastado en internet, donde reportaron varios miles de dólares.
Playboy Enterprises ha cedido su nombre al nuevo club, que será gestionado por N9NE, una compañía que posee varios restaurantes y clubes nocturnos en Las Vegas y Chicago.
El club se instalará en una torre actualmente en construcción, donde el ático será llamado la mansión del cielo de Hugh Hefner, diseñada en estilo solterón y de avanzada tecnología del fundador de Playboy.
"Hefner alojará aquí cuando venga a Las Vegas", dijo Nesheim. "Estamos todavía en la fase de planificación del nuevo traje de conejita. Hef revisará los bosquejos. Le gusta estar involucrado en todo lo que tiene que ver con la marca Playboy. Y el traje de conejita lo lleva muy adentro en su corazón".
11 de julio de 2005
8 de julio de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh
El traje de conejita de Playboy, el uniforme de las camareras escasamente vestidas que han estado moviendo la cola durante 45 años, será re-interpretado por el diseñador Roberto Cavalli. El nuevo aspecto de las conejitas, que todavía no ha sido creado, será llevado por las empleadas de un Club Playboy que abrirá sus puertas en marzo en Las Vegas en el Palms Resort & Casino [Balneario y Casino].El uniforme original de las conejitas fue introducido por primera vez en el primer Club Playboy de Chicago en 1960. Según se dice diseñado por la novia de un gerente de Playboy, y su madre, era un bañador de una pieza de diseño similar con cuello, puños y una lanosa cola blanca. Con los años, se recortó un poco en las piernas, y se agregó una chapa con el nombre de la conejita. Por supuesto, hay un traje de coneja en el museo de la Smithsonian.
Los años sesenta y setenta fueron años de auge para los exclusivos clubes Playboy. Mujeres con traje de conejita trabajaban como camareras y anfitrionas en 35 locales en Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón y Filipinas. Lauren Hutton y Deborah Harry trabajaron como conejitas antes de alcanzar la fama como modelo y cantante, respectivamente. Gloria Steinem llevó el uniforme durante tres semanas, y luego escribió sobre sus experiencias como liebre de cola blanca, y Barbara Walters se disfrazó con orejas y cola de conejo alguna vez para sus pesquisas. Unas 250.000 mujeres han llevado el traje, que fue el primer uniforme comercial en ser inscrito en la Oficina de Patentes y Marcas Comerciales de Estados Unidos.
Cavalli era un opción lógica para el conejo. El diseñador ha construido su marca presentando llamativos estilos que a menudo muestran más piel que telas. Los estampados animales son una constante de sus colecciones -normalmente motivos de zebra y leopardo, pero su afinidad por la criaturas de la selva lo hacen sentirse en casa diseñando para mujeres vestidas de conejo.
El diseñador de 64 años, que vive en Florencia, ha estado suficiente tiempo en el negocio como para recordar los días de disco, cuando prosperaron los Clubes Playboy. Su línea de mujeres debutó en los años setenta, y disfrutó de una nueva popularidad a mediados de los años noventa. Beyoncé Knowles, Jennifer López y Alicia Keys han sido frecuentemente fotografiadas llevando Cavalli.
El último Club Playboy cerró sus puertas en 1988, aunque mujeres en trajes de conejo continuaron apareciendo en las páginas de Playboy. "Cuando tenemos eventos comerciales, como el Super Tazón, las Playmates asisten con su traje de conejitas", dijo Jay Jay Nesheim, portavoz de Playboy. "Si uno de nuestros anunciantes quiere tener conejitas en su evento, las tendrá".
Hay boutiques de Cavalli en Rodeo Drive y en las Forum Shops en Caesars Palace. Pero no es probable que los nuevos trajes de conejitas se pongan a la venta. Playboy ha controlado estrechamente los uniformes auténticos. Algunos de ellos se han subastado en internet, donde reportaron varios miles de dólares.
Playboy Enterprises ha cedido su nombre al nuevo club, que será gestionado por N9NE, una compañía que posee varios restaurantes y clubes nocturnos en Las Vegas y Chicago.
El club se instalará en una torre actualmente en construcción, donde el ático será llamado la mansión del cielo de Hugh Hefner, diseñada en estilo solterón y de avanzada tecnología del fundador de Playboy.
"Hefner alojará aquí cuando venga a Las Vegas", dijo Nesheim. "Estamos todavía en la fase de planificación del nuevo traje de conejita. Hef revisará los bosquejos. Le gusta estar involucrado en todo lo que tiene que ver con la marca Playboy. Y el traje de conejita lo lleva muy adentro en su corazón".
11 de julio de 2005
8 de julio de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh
casa de muchos espíritus
[Reed Johnson] Unidos por su trabajo con Frida Kahlo y Diego Rivera, un par de artistas cuidan el legado cultural de una casa histórica.
Empinándose por encima de la estrecha acera, la Casa de la Malinche se parece a una fortaleza del siglo 16, y, con los años, este sólido edificio ha tenido su parte de invasiones y reformas, no todas acogedoras. Se cree que sus secciones más antiguas se remontan a 500 años. La leyenda dice que el conquistador español Hernán Cortés utilizó una primera versión de la casa como un retiro mientras él y sus soldados asolaban el imperio azteca. En una de sus varias vidas previas, la estructura hizo las veces de cárcel municipal. Más tarde, fue un monasterio.
En otra etapa, parte de su planta baja fue cortada en pedazos y convertida en una farmacia. "Ha tenido muchos usos en su historia", dice Rina Lazo, que ha vivido en la Casa de la Malinche con su marido y colega artista Arturo García Bustos durante las últimas cuatro décadas.
Incluso hoy, dice la pareja, la vieja casa funciona como una especie de inexpugnable ciudadela en esta ruidosa, agresiva y contaminada metrópolis de 20 millones de habitantes. Situada estratégicamente al borde un apacible parque en el histórico distrito de Coyoacán de la ciudad, la Casa de la Malinche es un tranquilo y civilizado amortiguador contra las embestidas del exorbitante tráfico en la calle, chillones vendedores callejeros y los miles de visitantes y turistas que marchan por el barrio los fines de semana.
La casa tiene un complejo pedigrí simbólico. Su tocaya, la Malinche, era una mujer india de habla náhuatl que fue la intérprete de Cortés y también compartió la cama del conquistador (la malinche' se traduce como la mujer del capitán'). Debido a que ayudó a los españoles a derrotar y someter a los pueblos indígenas de México, ha sido considerada como una traidora nacional, una femme fatale, en contraste con la adorada heroína nacional, la Virgen de Guadalupe.
Hoy, la casa de caliza, ladrillos y adobe es no sólo un oasis para sus dueños: es también un bastión de los valores culturales tradicionales mexicanos, que Lazo y García creen que están actualmente bajo sitio. Está repleta de arriba a abajo, de arte: esculturas precolombinas, muebles antiguos y una impresionante colección de pinturas, dibujos e impresiones, incluyendo obras de los tres padrinos fundadores del modernismo mexicano: Diego Rivera, Frida Kahlo y David Alfaro Siqueiros.
Para Lazo y García, la relación con este legendario patrimonio artístico es a la vez palpable y personal. Lazo pasó 10 años trabajando como asistente de Rivera, cuyos monumentales murales contribuyeron a definir la identidad post-revolucionaria del país y cuyo peso icónico se inclina sobre el arte mexicano del siglo 20 como el volcán Popocatépetl en los márgenes sur de la ciudad.
García fue estudiante y discípulo de Kahlo, la esposa intermitente de Rivera. Desde los años de su muerte en 1954, la cicatrizada vida de Kahlo, sus coloridos trajes y excéntrico e introspectivo arte -tan diferente del de su marido- la han convertido en una mártir feminista internacional y una diva póstuma. También la han transformado en estrella de cine, en la persona de la actriz Salma Hayek, la que retrató a Kahlo en la película de Miramax de 2002, Frida'.
Pero no nos adelantemos.
Eh, es demasiado tarde. Lazo y García guían al visitante a través de su salón atiborrado de arte, una casual mención de la película sobre la primera pareja de arte mexicano lanza a Lazo en un animado monólogo. "Es triste, porque es una buena película que pudo haber sido mejor", dice. Sí, reconoce Lazo, hubo montones de escenas de fiestas nocturnas y montones de alcohol en los viejos días, pero no las bacanales libidinosas que pretende la película. Lazo y García deberían saberlo, pues eran huéspedes regulares en la antigua casa de Kahlo, la Casa Azul, ahora un museo a menos de una docena de manzanas de Coyoacán.
La pareja también cree que la película minimizó el ardiente compromiso de Kahlo y Rivera con las causas políticas de izquierdas. "Y el lesbianismo no hacía parte de eso", dice Lazo, negando la tradicional percepción de la bisexualidad de Kahlo. "Es un invento". O más bien, dice, esta imagen de Kahlo puede haber sido fomentada por el malicioso marido, Rivera, al que le encantaba dejar caer bombas sociales, incluso inventados. "Frida era una enamorada, pero de los hombres, no de las mujeres", dice Lazo con la determinación de un caso cerrado.
Una extensa matriz de varios pisos que ocupa hasta la cuarta parte de una manzana, la Casa de la Malinche fue concebida a una escala dramática que se ajusta a sus dueños actuales. El dormitorio principal, con su banco de piel de jaguar y elevado catre, podría ser un plató para la producción de Las mil y una noches'. La biblioteca, atiborrada hasta las vigas de libros de arte, da a un patio enmarcado de buganvillas.
Cuando llegas al descanso de la escalera principal, te encuentras con una enorme lechuza de aires doctorales llamada Tecolotzin, en honor a un gobernante azteca. "Tiene cara inteligente, pero quién sabe si es verdad", dice García divertido, mirando a la bestia en su gigantesca jaula. "No escribió Don Quijote' ni nada por el estilo".
La Casa de la Malinche es una obra maestra, pero no un museo. Antes de que Lazo y García lo compraran a principio de los años sesenta, la casa de casi 930 metros cuadrados ha soportado décadas, sino siglos, de lento deterioro. La mantención es cara, y sus dueños de ocupan de su decorado y mantención con los ojos expertos del artista.
Pero la casa, felizmente, no tiene el pavoneo, la obsesión de estar listo-para-la-foto de muchas casas de diseñadores'. Se puede ver un pedazo de peladuras de pintura en el techo, materiales para artistas en alguna esquina. Como sus dueños, la Casa de la Malinche es cálida y acogedora.
El segundo piso del salón, donde Lazo y García hacen gran parte de sus labores de anfitriones, rinde homenaje a sus famosos mentores -el maestro Rivera y la maestra Kahlo, como se refiere la pareja a ellos. Dotada de un techo alto y la luz natural filtrándose a través de las altas ventanas, la habitación está ordenada en torno a dos sofás y un largo banco de madera y cuero. Una alfombra de motivos geométricos de Estambul y un stand de libros antiguo agregan marcados acentos.
Pero al entrar a la habitación, tus ojos instantáneamente se tornan hacia las paredes. Hay una naturaleza muerta de Lazo, con un montón de cocos, a la manera cubista, como Cézanne. Y más allá, su retrato de la hija única de la pareja, Rina García Lazo, una arquitecto que vive abajo con sus dos hijitos.
A unos metros, planeando como una aparición, está el retrato de tamaño natural de una escultural mujer con un vestido azul. Lazo la identifica como una amante de Henry Ford, el autocrático magnate de los coches cuyo hijo Edsel llevó a Rivera a Michigan a principio de los años treinta, para realizar los murales de Detroit Industry' en el Instituto de las Artes de Detroit. Junto a ella, cuelga el dibujo de Kahlo titulado La Copa', de fines de los años treinta, o cuarentas, que muestra una embarcación hecha con las cabezas de gente que representa a diferentes razas o grupos étnicos.
Pequeño. Críptico. Vagamente horripilante. Muy Frida.
En otra pared hay un dibujo inconcluso de Rivera, que llama la atención por su inscripción del maestro a su entonces joven aprendiz: "Para Rina Lazo, que me ayuda a pintar y a vivir".
"Tuvimos la suerte de estar cerca de esos grandes maestros, José Clemente Orozco, Rivera, Siqueiros y Frida", dice García, entre cuyas piezas mejor conocidas se encuentran los murales del palacio del gobierno municipal en el sureño estado de Oaxaca. "Sí, fue una época maravillosa", dice Lazo. A menudo, dice Lazo, quisiera que más de su tiempo en la Tierra se hubiera yuxtapuesto con el de esa extraordinaria era.
En sus años mozos, García y Lazo estuvieron inmersos en una embriagadora mezcla de acción política y apasionada devoción al arte que giraba en torno a Kahlo, Rivera y sus colegas. La pareja los conoció cuando el maestro ordenó a Lazo, su asistente, que ayudara a García a hacer carteles para una manifestación política. "Eso nos unía mucho: el interés artístico, y la política, y las preocupaciones, todo", dice García.
En realidad, después de tantas décadas de ajuste mutuo de las rutinas y contornos, Lazo y García afinan tan ajustadamente como las vigas del suelo. Lazo, una sorprendente mujer con un chal de cremoso color hueso y una cascada de joyas de oro, originaria de Guatemala, tiene una personalidad más histriónica y lleva la palabra. Su marido más circunspecto, que creció en Ciudad de México, escucha y habla cuidadosamente, mirando con cariño a su esposa y metiéndose en la conversación cuando ella se equivoca con un nombre u olvida una fecha. A pesar de su todavía incendiario idealismo político, se las arreglan para mantener a distancia los problemas del mundo con un dulce e irónico humor.
De crucial importancia en este matrimonio, y creativa asociación, es la creencia compartida en el valor perdurable de métodos artísticos de siglos de antigüedad, la preferencia por lo hecho a mano, no generado en un ordenador. La pareja tiene poco interés en el arte prefabricado, casas insulsas, vecindarios sin vida, vidas monótonas.
Al entrar en la Casa de la Malinche, a través de una pesada puerta de madera que da directamente a la acera pública, es como retroceder a una era de ritmo más calmo, más contemplativa. Inmediatamente a la izquierda, un pasillo de piedra conduce al taller de grabados de la pareja, llena de maquinarias de grabado antiguas. "Esta técnica está en desuso", concede García, "pero es maravillosa. La usó Rembrandt, la usó Goya".
García confiesa que está todavía aprendiendo a trabajar en diseño en ordenadores. "Me siento desafiada cuando estoy frente al tablero". Como artista, dice, le parece más fácil expresar sus sentimientos y emociones cuando modela con barro. Su esposa está de acuerdo, y lamenta la pérdida gradual de las habilidades tradicionales de la pintura con pincel. "La pintura a mano va a desaparecer, y con ella el corazón", dice Lazo. "Yo digo que no volverá a nacer otra Frida Kahlo en el futuro".
Pero la devoción a métodos y creencias sancionadas por el tiempo no significa necesariamente vivir en el pasado. De entre pilas dispersas de dibujos, grabados, frescos y acuarelas, García saca uno de sus últimos trabajos, una pequeña imagen blanco-y-negro de un hombre de aire desanimado sentado al borde de una gran ciudad. Detrás de él asoman dos torres de edificios y un avión a reacción.
"El 11 de Septiembre", dice García, "y un artista muy preocupado por el mundo, por el futuro del mundo".
A veces el artista trata de abrazar al mundo y consolarlo. Otra, él o ella debe mantenerlo a un brazo de distancia, o te vuelves loco, lo pueden asegurar Lazo y García.
En Coyoacán, como en otros barrios históricos de Ciudad de México, se libra una batalla para preservar las cualidades únicas e irremplazables que hacen tan atractiva el área, no sólo para los residentes, sino también para extranjeros. Junto con muchos de sus vecinos, Lazo y García han estado peleando contra una propuesta para construir un teatro al aire libre de 900 asientos, que estaría ubicado en la pequeño y encantador parque al otro lado de su casa.
Aunque sus proponentes han dicho que el teatro será usado para conciertos de música clásica y cosas similares, la pareja sospecha que abrirá la puerta a diversiones más agresivas. Creen que el parque debería ser un sitio para pasear, encontrarse con amigos y un pensativo descanso, y no, en palabras de Lazo, un lugar donde "uno viene a divertirse y bailar cumbia".
Poco a poco, teme la pareja, el fino carácter del barrio está siendo engullido por el tráfico comercial y urbanistas que huelen una tendencia lucrativa cuando la hay. En los últimos años, varios de los amigos de la pareja se han marchado de Coyoacán a la búsqueda de prados más tranquilos.
"Aquí, los vecinos, que quieren conservar este lugar, como debe ser, como un centro histórico, por su historia, por sus monumentos", dice Lazo. Ella y su marido se alegran de que las murallas de los viejos fundamentos de la Casa de la Malinche sean de unos 90 centímetros. "¡Mira lo anchas que son las murallas!", dice Lazo, pasando su mano por su granosa superficie."Nos ayudan a protegernos de los ruidos de la calle, de los coches".
La pareja cree que las paredes más gruesas de la casa corresponden a las de la estructura original de un piso donde Cortés y La Malinche vivieron durante un año, probablemente hacia 1521 o 1522. De acuerdo a García, Cortés eligió establecerse en Coyoacán porque la gran capital azteca de Tenochtitlán (hoy el centro de Ciudad de México) , tras ser saqueada por los españoles, estaba llena de cuerpos descompuestos.
En los siglos posteriores, la casa asumió otros aspectos, incluyendo su fase como monasterio. Luego, en los años de 1860, el presidente liberal Benito Juárez implementó sus famosas reformas agrarias y el monasterio y sus terrenos cayeron en manos de una familia campesina que había hecho las tortillas de los monjes. Lazo dice que parte de los terrenos todavía eran usados para cultivar maíz cuando ella y su marido se mudaron aquí hace 40 años.
En los años treinta, la casa llamó la atención de José Vasconcelos, el poderoso ministro de educación mexicano que encargó a Rivera, Siqueiros y otros artistas a pintar los grandes murales públicos que debían articular una visión de la identidad mexicana después del levantamiento revolucionario de 1910-1920.
Consciente del valor histórico de la Casa de la Malinche, Vasconcelos compró la casa. Aunque nunca vivió en ella, dice Lazos, Vasconcelos reconstruyó sus tejados y restauró o remplazó sus vigas derrumbadas.
Finalmente la casa pasó a manos de la hija de Vasconcelos, doña Carmen Vasconcelos. En esa época, a principio de los años sesenta, Lazo y García estaban viviendo en un apartamento y buscando un lugar más grande con suficiente espacio como para instalar un taller artístico y su hija recién nacida. Convencieron a doña Carmen de les alquilara la casa, que más tarde fue puesta a la venta. La pareja vio su oportunidad.
"Nadie quería la casa, porque era vieja, y era de una época en que todo el mundo estaba dejando de lado sus viejas casas y mudándose a unas más modernas", dice Lazo.
Ella y García habían justo recibido un dinero por unos murales que habían pintado para el deslumbrante nuevo Museo de Antropología de la ciudad. Reuniendo su dinero, pudieron comprar la casa. "El hecho es que doña Carmen estaba muy contenta", dice Lazo. "Nos dijo: Ah, ningún mexicano quería comprar esta casa, eran siempre extranjeros, y yo no la quería vender a extranjeros'. Es por eso que le alegró y nos la vendió a nosotros".
Reconstruir la casa, y tratar de restaurarla en algo aproximado a su diseño original fue, para la pareja, un proyecto de 10 años de la pareja. Gradualmente lograron reconstruir muchas de las antiguas habitaciones y encontrar puertas y ventanas antiguas, y enrejados para remplazar los antiguos. Volvieron a abrir ventanas tapiadas en la cocina y excavaron tabiques antiguos, ocultos. Hoy, la Casa de la Malinche goza de la condición de monumento colonial registrado, y "no se ha hecho ni un solo cambio" sin la aprobación oficial, dice Lazo.
El atardecer se está escabullendo, y nos traen una botella de fina tequila y unos sabrosos quesos de Oaxaca. Afuera, es la hora pique. Pero apenas penetran sonidos a través de las firmes murallas de piedra mientras la pareja obsequia a su huésped con más historias y opiniones sobre arte, política, todo.
Sí, acceden Lazo y García, el futuro político y económico de México es incierto. Sí, la inmigración y la globalización plantean inquietantes preguntas en todo el hemisferio.
Y sí, dice la pareja, tienen pensado quedarse en su vecindario y seguir peleando, por México y por Coyoacán. En los días de apogeo de Rivera y Kahlo, dice García, los mexicanos querían cambiar su sociedad "apasionadamente". Ahora, cree, el país hace frente a un reto comparable.
"Nos movía la idea de construir un mundo nuevo", dice de los viejos días. "Fue retrasado. Pero tenía que volver a brotar, aunque muchos años después, y debe adoptar nuevas formas".
Como la Casa de la Malinche.
10 de julio de 2005
19 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Empinándose por encima de la estrecha acera, la Casa de la Malinche se parece a una fortaleza del siglo 16, y, con los años, este sólido edificio ha tenido su parte de invasiones y reformas, no todas acogedoras. Se cree que sus secciones más antiguas se remontan a 500 años. La leyenda dice que el conquistador español Hernán Cortés utilizó una primera versión de la casa como un retiro mientras él y sus soldados asolaban el imperio azteca. En una de sus varias vidas previas, la estructura hizo las veces de cárcel municipal. Más tarde, fue un monasterio.En otra etapa, parte de su planta baja fue cortada en pedazos y convertida en una farmacia. "Ha tenido muchos usos en su historia", dice Rina Lazo, que ha vivido en la Casa de la Malinche con su marido y colega artista Arturo García Bustos durante las últimas cuatro décadas.
Incluso hoy, dice la pareja, la vieja casa funciona como una especie de inexpugnable ciudadela en esta ruidosa, agresiva y contaminada metrópolis de 20 millones de habitantes. Situada estratégicamente al borde un apacible parque en el histórico distrito de Coyoacán de la ciudad, la Casa de la Malinche es un tranquilo y civilizado amortiguador contra las embestidas del exorbitante tráfico en la calle, chillones vendedores callejeros y los miles de visitantes y turistas que marchan por el barrio los fines de semana.
La casa tiene un complejo pedigrí simbólico. Su tocaya, la Malinche, era una mujer india de habla náhuatl que fue la intérprete de Cortés y también compartió la cama del conquistador (la malinche' se traduce como la mujer del capitán'). Debido a que ayudó a los españoles a derrotar y someter a los pueblos indígenas de México, ha sido considerada como una traidora nacional, una femme fatale, en contraste con la adorada heroína nacional, la Virgen de Guadalupe.
Hoy, la casa de caliza, ladrillos y adobe es no sólo un oasis para sus dueños: es también un bastión de los valores culturales tradicionales mexicanos, que Lazo y García creen que están actualmente bajo sitio. Está repleta de arriba a abajo, de arte: esculturas precolombinas, muebles antiguos y una impresionante colección de pinturas, dibujos e impresiones, incluyendo obras de los tres padrinos fundadores del modernismo mexicano: Diego Rivera, Frida Kahlo y David Alfaro Siqueiros.
Para Lazo y García, la relación con este legendario patrimonio artístico es a la vez palpable y personal. Lazo pasó 10 años trabajando como asistente de Rivera, cuyos monumentales murales contribuyeron a definir la identidad post-revolucionaria del país y cuyo peso icónico se inclina sobre el arte mexicano del siglo 20 como el volcán Popocatépetl en los márgenes sur de la ciudad.
García fue estudiante y discípulo de Kahlo, la esposa intermitente de Rivera. Desde los años de su muerte en 1954, la cicatrizada vida de Kahlo, sus coloridos trajes y excéntrico e introspectivo arte -tan diferente del de su marido- la han convertido en una mártir feminista internacional y una diva póstuma. También la han transformado en estrella de cine, en la persona de la actriz Salma Hayek, la que retrató a Kahlo en la película de Miramax de 2002, Frida'.
Pero no nos adelantemos.
Eh, es demasiado tarde. Lazo y García guían al visitante a través de su salón atiborrado de arte, una casual mención de la película sobre la primera pareja de arte mexicano lanza a Lazo en un animado monólogo. "Es triste, porque es una buena película que pudo haber sido mejor", dice. Sí, reconoce Lazo, hubo montones de escenas de fiestas nocturnas y montones de alcohol en los viejos días, pero no las bacanales libidinosas que pretende la película. Lazo y García deberían saberlo, pues eran huéspedes regulares en la antigua casa de Kahlo, la Casa Azul, ahora un museo a menos de una docena de manzanas de Coyoacán.
La pareja también cree que la película minimizó el ardiente compromiso de Kahlo y Rivera con las causas políticas de izquierdas. "Y el lesbianismo no hacía parte de eso", dice Lazo, negando la tradicional percepción de la bisexualidad de Kahlo. "Es un invento". O más bien, dice, esta imagen de Kahlo puede haber sido fomentada por el malicioso marido, Rivera, al que le encantaba dejar caer bombas sociales, incluso inventados. "Frida era una enamorada, pero de los hombres, no de las mujeres", dice Lazo con la determinación de un caso cerrado.
Una extensa matriz de varios pisos que ocupa hasta la cuarta parte de una manzana, la Casa de la Malinche fue concebida a una escala dramática que se ajusta a sus dueños actuales. El dormitorio principal, con su banco de piel de jaguar y elevado catre, podría ser un plató para la producción de Las mil y una noches'. La biblioteca, atiborrada hasta las vigas de libros de arte, da a un patio enmarcado de buganvillas.
Cuando llegas al descanso de la escalera principal, te encuentras con una enorme lechuza de aires doctorales llamada Tecolotzin, en honor a un gobernante azteca. "Tiene cara inteligente, pero quién sabe si es verdad", dice García divertido, mirando a la bestia en su gigantesca jaula. "No escribió Don Quijote' ni nada por el estilo".
La Casa de la Malinche es una obra maestra, pero no un museo. Antes de que Lazo y García lo compraran a principio de los años sesenta, la casa de casi 930 metros cuadrados ha soportado décadas, sino siglos, de lento deterioro. La mantención es cara, y sus dueños de ocupan de su decorado y mantención con los ojos expertos del artista.
Pero la casa, felizmente, no tiene el pavoneo, la obsesión de estar listo-para-la-foto de muchas casas de diseñadores'. Se puede ver un pedazo de peladuras de pintura en el techo, materiales para artistas en alguna esquina. Como sus dueños, la Casa de la Malinche es cálida y acogedora.
El segundo piso del salón, donde Lazo y García hacen gran parte de sus labores de anfitriones, rinde homenaje a sus famosos mentores -el maestro Rivera y la maestra Kahlo, como se refiere la pareja a ellos. Dotada de un techo alto y la luz natural filtrándose a través de las altas ventanas, la habitación está ordenada en torno a dos sofás y un largo banco de madera y cuero. Una alfombra de motivos geométricos de Estambul y un stand de libros antiguo agregan marcados acentos.
Pero al entrar a la habitación, tus ojos instantáneamente se tornan hacia las paredes. Hay una naturaleza muerta de Lazo, con un montón de cocos, a la manera cubista, como Cézanne. Y más allá, su retrato de la hija única de la pareja, Rina García Lazo, una arquitecto que vive abajo con sus dos hijitos.
A unos metros, planeando como una aparición, está el retrato de tamaño natural de una escultural mujer con un vestido azul. Lazo la identifica como una amante de Henry Ford, el autocrático magnate de los coches cuyo hijo Edsel llevó a Rivera a Michigan a principio de los años treinta, para realizar los murales de Detroit Industry' en el Instituto de las Artes de Detroit. Junto a ella, cuelga el dibujo de Kahlo titulado La Copa', de fines de los años treinta, o cuarentas, que muestra una embarcación hecha con las cabezas de gente que representa a diferentes razas o grupos étnicos.
Pequeño. Críptico. Vagamente horripilante. Muy Frida.
En otra pared hay un dibujo inconcluso de Rivera, que llama la atención por su inscripción del maestro a su entonces joven aprendiz: "Para Rina Lazo, que me ayuda a pintar y a vivir".
"Tuvimos la suerte de estar cerca de esos grandes maestros, José Clemente Orozco, Rivera, Siqueiros y Frida", dice García, entre cuyas piezas mejor conocidas se encuentran los murales del palacio del gobierno municipal en el sureño estado de Oaxaca. "Sí, fue una época maravillosa", dice Lazo. A menudo, dice Lazo, quisiera que más de su tiempo en la Tierra se hubiera yuxtapuesto con el de esa extraordinaria era.
En sus años mozos, García y Lazo estuvieron inmersos en una embriagadora mezcla de acción política y apasionada devoción al arte que giraba en torno a Kahlo, Rivera y sus colegas. La pareja los conoció cuando el maestro ordenó a Lazo, su asistente, que ayudara a García a hacer carteles para una manifestación política. "Eso nos unía mucho: el interés artístico, y la política, y las preocupaciones, todo", dice García.
En realidad, después de tantas décadas de ajuste mutuo de las rutinas y contornos, Lazo y García afinan tan ajustadamente como las vigas del suelo. Lazo, una sorprendente mujer con un chal de cremoso color hueso y una cascada de joyas de oro, originaria de Guatemala, tiene una personalidad más histriónica y lleva la palabra. Su marido más circunspecto, que creció en Ciudad de México, escucha y habla cuidadosamente, mirando con cariño a su esposa y metiéndose en la conversación cuando ella se equivoca con un nombre u olvida una fecha. A pesar de su todavía incendiario idealismo político, se las arreglan para mantener a distancia los problemas del mundo con un dulce e irónico humor.
De crucial importancia en este matrimonio, y creativa asociación, es la creencia compartida en el valor perdurable de métodos artísticos de siglos de antigüedad, la preferencia por lo hecho a mano, no generado en un ordenador. La pareja tiene poco interés en el arte prefabricado, casas insulsas, vecindarios sin vida, vidas monótonas.
Al entrar en la Casa de la Malinche, a través de una pesada puerta de madera que da directamente a la acera pública, es como retroceder a una era de ritmo más calmo, más contemplativa. Inmediatamente a la izquierda, un pasillo de piedra conduce al taller de grabados de la pareja, llena de maquinarias de grabado antiguas. "Esta técnica está en desuso", concede García, "pero es maravillosa. La usó Rembrandt, la usó Goya".
García confiesa que está todavía aprendiendo a trabajar en diseño en ordenadores. "Me siento desafiada cuando estoy frente al tablero". Como artista, dice, le parece más fácil expresar sus sentimientos y emociones cuando modela con barro. Su esposa está de acuerdo, y lamenta la pérdida gradual de las habilidades tradicionales de la pintura con pincel. "La pintura a mano va a desaparecer, y con ella el corazón", dice Lazo. "Yo digo que no volverá a nacer otra Frida Kahlo en el futuro".
Pero la devoción a métodos y creencias sancionadas por el tiempo no significa necesariamente vivir en el pasado. De entre pilas dispersas de dibujos, grabados, frescos y acuarelas, García saca uno de sus últimos trabajos, una pequeña imagen blanco-y-negro de un hombre de aire desanimado sentado al borde de una gran ciudad. Detrás de él asoman dos torres de edificios y un avión a reacción.
"El 11 de Septiembre", dice García, "y un artista muy preocupado por el mundo, por el futuro del mundo".
A veces el artista trata de abrazar al mundo y consolarlo. Otra, él o ella debe mantenerlo a un brazo de distancia, o te vuelves loco, lo pueden asegurar Lazo y García.
En Coyoacán, como en otros barrios históricos de Ciudad de México, se libra una batalla para preservar las cualidades únicas e irremplazables que hacen tan atractiva el área, no sólo para los residentes, sino también para extranjeros. Junto con muchos de sus vecinos, Lazo y García han estado peleando contra una propuesta para construir un teatro al aire libre de 900 asientos, que estaría ubicado en la pequeño y encantador parque al otro lado de su casa.
Aunque sus proponentes han dicho que el teatro será usado para conciertos de música clásica y cosas similares, la pareja sospecha que abrirá la puerta a diversiones más agresivas. Creen que el parque debería ser un sitio para pasear, encontrarse con amigos y un pensativo descanso, y no, en palabras de Lazo, un lugar donde "uno viene a divertirse y bailar cumbia".
Poco a poco, teme la pareja, el fino carácter del barrio está siendo engullido por el tráfico comercial y urbanistas que huelen una tendencia lucrativa cuando la hay. En los últimos años, varios de los amigos de la pareja se han marchado de Coyoacán a la búsqueda de prados más tranquilos.
"Aquí, los vecinos, que quieren conservar este lugar, como debe ser, como un centro histórico, por su historia, por sus monumentos", dice Lazo. Ella y su marido se alegran de que las murallas de los viejos fundamentos de la Casa de la Malinche sean de unos 90 centímetros. "¡Mira lo anchas que son las murallas!", dice Lazo, pasando su mano por su granosa superficie."Nos ayudan a protegernos de los ruidos de la calle, de los coches".
La pareja cree que las paredes más gruesas de la casa corresponden a las de la estructura original de un piso donde Cortés y La Malinche vivieron durante un año, probablemente hacia 1521 o 1522. De acuerdo a García, Cortés eligió establecerse en Coyoacán porque la gran capital azteca de Tenochtitlán (hoy el centro de Ciudad de México) , tras ser saqueada por los españoles, estaba llena de cuerpos descompuestos.
En los siglos posteriores, la casa asumió otros aspectos, incluyendo su fase como monasterio. Luego, en los años de 1860, el presidente liberal Benito Juárez implementó sus famosas reformas agrarias y el monasterio y sus terrenos cayeron en manos de una familia campesina que había hecho las tortillas de los monjes. Lazo dice que parte de los terrenos todavía eran usados para cultivar maíz cuando ella y su marido se mudaron aquí hace 40 años.
En los años treinta, la casa llamó la atención de José Vasconcelos, el poderoso ministro de educación mexicano que encargó a Rivera, Siqueiros y otros artistas a pintar los grandes murales públicos que debían articular una visión de la identidad mexicana después del levantamiento revolucionario de 1910-1920.
Consciente del valor histórico de la Casa de la Malinche, Vasconcelos compró la casa. Aunque nunca vivió en ella, dice Lazos, Vasconcelos reconstruyó sus tejados y restauró o remplazó sus vigas derrumbadas.
Finalmente la casa pasó a manos de la hija de Vasconcelos, doña Carmen Vasconcelos. En esa época, a principio de los años sesenta, Lazo y García estaban viviendo en un apartamento y buscando un lugar más grande con suficiente espacio como para instalar un taller artístico y su hija recién nacida. Convencieron a doña Carmen de les alquilara la casa, que más tarde fue puesta a la venta. La pareja vio su oportunidad.
"Nadie quería la casa, porque era vieja, y era de una época en que todo el mundo estaba dejando de lado sus viejas casas y mudándose a unas más modernas", dice Lazo.
Ella y García habían justo recibido un dinero por unos murales que habían pintado para el deslumbrante nuevo Museo de Antropología de la ciudad. Reuniendo su dinero, pudieron comprar la casa. "El hecho es que doña Carmen estaba muy contenta", dice Lazo. "Nos dijo: Ah, ningún mexicano quería comprar esta casa, eran siempre extranjeros, y yo no la quería vender a extranjeros'. Es por eso que le alegró y nos la vendió a nosotros".
Reconstruir la casa, y tratar de restaurarla en algo aproximado a su diseño original fue, para la pareja, un proyecto de 10 años de la pareja. Gradualmente lograron reconstruir muchas de las antiguas habitaciones y encontrar puertas y ventanas antiguas, y enrejados para remplazar los antiguos. Volvieron a abrir ventanas tapiadas en la cocina y excavaron tabiques antiguos, ocultos. Hoy, la Casa de la Malinche goza de la condición de monumento colonial registrado, y "no se ha hecho ni un solo cambio" sin la aprobación oficial, dice Lazo.
El atardecer se está escabullendo, y nos traen una botella de fina tequila y unos sabrosos quesos de Oaxaca. Afuera, es la hora pique. Pero apenas penetran sonidos a través de las firmes murallas de piedra mientras la pareja obsequia a su huésped con más historias y opiniones sobre arte, política, todo.
Sí, acceden Lazo y García, el futuro político y económico de México es incierto. Sí, la inmigración y la globalización plantean inquietantes preguntas en todo el hemisferio.
Y sí, dice la pareja, tienen pensado quedarse en su vecindario y seguir peleando, por México y por Coyoacán. En los días de apogeo de Rivera y Kahlo, dice García, los mexicanos querían cambiar su sociedad "apasionadamente". Ahora, cree, el país hace frente a un reto comparable.
"Nos movía la idea de construir un mundo nuevo", dice de los viejos días. "Fue retrasado. Pero tenía que volver a brotar, aunque muchos años después, y debe adoptar nuevas formas".
Como la Casa de la Malinche.
10 de julio de 2005
19 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh