los kurdos y la constitución
[Peter W. Galbraith] La minoría kurda rechaza las disposiciones fundamentalistas de la constitución.
Erbil, Iraq. No hay muchos lugares en Iraq donde los residentes quieran celebrar el Día de la Independencia de Estados Unidos. Pero en la región autónoma del Kurdistán en Iraq, el nuevo gobierno elegido decidió ofrecer una fiesta del 4 de Julio para sus aliados americanos. Fueron invitados importantes funcionarios de la coalición, junto con civiles estadounidenses; se ordenaron comidas y bebidas (los kurdos laicos sirven y beben alcohol) y el primer ministro de Kurdistán había preparado un discurso. Luego el diplomático americano más importante de la región planteó un ultimátum: Si los kurdos no izaban la bandera de Iraq, no asistiría a la fiesta. Los kurdos se negaron y la fiesta fue cancelada.
La actual bandera iraquí fue elegida por el Partido Baaz de Saddam Hussein para significar la unidad de las tierras árabes. Para los kurdos no-árabes la bandera es no sólo un símbolo de su condición de segunda clase, sino también lo asocian con las atrocidades -incluyendo el uso de gases venenosos- del antiguo régimen. Muchos de los líderes árabes de Iraq se han mostrado comprensivos con respecto a la sensibilidad kurda. Cuando visitan la región, no se preocupan por la bandera.
Para los kurdos de Iraq, el episodio de la bandera resume la ingratitud de Estados Unidos por su papel como un aliado de la guerra para derrocar a Saddam Hussein y el más decidido partidario de las políticas de posguerra de Estados Unidos. Observan que los diplomáticos estadounidenses no tienen problemas con visitar a políticos chiíes que exhiben retratos del ayatollah Khomeini, de Irán, y que Estados Unidos ha insistido en la inclusión de los árabes sunníes, muchos de ellos antiguos baazistas, en la comisión que redacta la constitución. El primer ministro de Iraq, Ibrahim Jafaari, fue cálidamente recibido en la Casa Blanca, aunque su partido, Dawa, estuvo en la lista de organizaciones terroristas del ministerio de Asuntos Exteriores, debido al atentado kamikaze contra la embajada norteamericana en Kuwait.
La indiferencia de Estados Unidos frente a las preocupaciones kurdas pueden tener consecuencias importantes. Los kurdos están discutiendo con la mayoría chií del comité de redacción de la constitución sobre los principios sobre los que debe fundarse el nuevo Iraq.
El borrador de la mayoría haría de Iraq una "república federal musulmana". Los derechos de las mujeres serán fuertemente limitados a medida que la ley islámica remplace el código civil relativamente moderno en materias de herencia, divorcio y tutoría de los hijos. El documento es anti-judío, y niega a los judíos de Iraq los derechos que otorga a otros iraquíes. La mayoría chií está incluso proponiendo la incorporación del marjah -el principal clérigo chií de Iraq- en la constitución, un paso que daría al ayatollah Sistani poderes similares a los que tenía Khomeini en la primera década de la República Islámica de Irán.
Los kurdos se oponen a todas estas medidas. Son laicos e insisten en que cualquier referencia al carácter musulmán de Iraq debería ser contrapesada por una declaración de que ninguna ley puede violar los derechos humanos fundamentales. Están orgullosos de los progresos que han hecho las mujeres durante los 14 años de autonomía kurda en el norte de Iraq y no quieren retroceder. No comparten nada de la antipatía que sienten los árabes iraquíes hacia los judíos.
Con una población casi unánimemente a favor de la independencia, los líderes kurdistanos insisten en que Iraq debe tener una estructura federal que les permita conservar su sistema político laico, orientado hacia Occidente, incluso si el resto de Iraq cae bajo el dominio de los partidos religiosos. Están alarmados por la creciente influencia iraní en Bagdad y en el sur chií, que consideran que un Kurdistán autónomo y fuerte es un obstáculo para la extensión de la influencia de Irán.
La constitución no puede ser aceptada sin la aprobación de los kurdos, y los kurdos quieren estar en posición de apartarse de una constitución que sea reaccionaria y demasiado centralista. Pero, en lugar de apoyar al gobierno de Bush, sienten una intensa presión para hacer compromisos para cumplir con la fecha límite del 15 de agosto.
Aunque el gobierno de Bush profesa una política de no intervención en deliberaciones constitucionales, ha estado presionando activamente contra una disposición que daría a regiones de Iraq control sobre los recursos naturales. Tras depender de pagos de Bagdad en el pasado, los kurdos saben que una autonomía significativa exige el control de su propio petróleo. Aparentemente el gobierno de Bush cree que una región chií en el sur sería menos favorable hacia las refinadoras norteamericanas que el ministerio del Petróleo dirigido por chiíes en Bagdad, pero en realidad es poco probable que haya una diferencia. Para desesperación de los kurdos, no ha habido de parte de los estadounidenses una preocupación similar con respecto a las disposiciones anti-judías o misóginas en la propuesta de constitución.
Estados Unidos debería adoptar una postura sincera de no intervención en la nueva constitución. El contenido es mucho más importante que cumplir con el plazo para su redacción, y el gobierno de Bush no debería castigar a los mejores amigos de Estados Unidos en Iraq si se distancian de un documento que contradice de manera tan frapante los valores democráticos que el presidente Bush dice ahora son la razón de nuestra continuada presencia en el país.
Peter W. Galbraith, ex embajador estadounidense en Croacia, es un diplomático en el Centro de Control de Armas y No-Proliferación.
26 de julio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Erbil, Iraq. No hay muchos lugares en Iraq donde los residentes quieran celebrar el Día de la Independencia de Estados Unidos. Pero en la región autónoma del Kurdistán en Iraq, el nuevo gobierno elegido decidió ofrecer una fiesta del 4 de Julio para sus aliados americanos. Fueron invitados importantes funcionarios de la coalición, junto con civiles estadounidenses; se ordenaron comidas y bebidas (los kurdos laicos sirven y beben alcohol) y el primer ministro de Kurdistán había preparado un discurso. Luego el diplomático americano más importante de la región planteó un ultimátum: Si los kurdos no izaban la bandera de Iraq, no asistiría a la fiesta. Los kurdos se negaron y la fiesta fue cancelada.La actual bandera iraquí fue elegida por el Partido Baaz de Saddam Hussein para significar la unidad de las tierras árabes. Para los kurdos no-árabes la bandera es no sólo un símbolo de su condición de segunda clase, sino también lo asocian con las atrocidades -incluyendo el uso de gases venenosos- del antiguo régimen. Muchos de los líderes árabes de Iraq se han mostrado comprensivos con respecto a la sensibilidad kurda. Cuando visitan la región, no se preocupan por la bandera.
Para los kurdos de Iraq, el episodio de la bandera resume la ingratitud de Estados Unidos por su papel como un aliado de la guerra para derrocar a Saddam Hussein y el más decidido partidario de las políticas de posguerra de Estados Unidos. Observan que los diplomáticos estadounidenses no tienen problemas con visitar a políticos chiíes que exhiben retratos del ayatollah Khomeini, de Irán, y que Estados Unidos ha insistido en la inclusión de los árabes sunníes, muchos de ellos antiguos baazistas, en la comisión que redacta la constitución. El primer ministro de Iraq, Ibrahim Jafaari, fue cálidamente recibido en la Casa Blanca, aunque su partido, Dawa, estuvo en la lista de organizaciones terroristas del ministerio de Asuntos Exteriores, debido al atentado kamikaze contra la embajada norteamericana en Kuwait.
La indiferencia de Estados Unidos frente a las preocupaciones kurdas pueden tener consecuencias importantes. Los kurdos están discutiendo con la mayoría chií del comité de redacción de la constitución sobre los principios sobre los que debe fundarse el nuevo Iraq.
El borrador de la mayoría haría de Iraq una "república federal musulmana". Los derechos de las mujeres serán fuertemente limitados a medida que la ley islámica remplace el código civil relativamente moderno en materias de herencia, divorcio y tutoría de los hijos. El documento es anti-judío, y niega a los judíos de Iraq los derechos que otorga a otros iraquíes. La mayoría chií está incluso proponiendo la incorporación del marjah -el principal clérigo chií de Iraq- en la constitución, un paso que daría al ayatollah Sistani poderes similares a los que tenía Khomeini en la primera década de la República Islámica de Irán.
Los kurdos se oponen a todas estas medidas. Son laicos e insisten en que cualquier referencia al carácter musulmán de Iraq debería ser contrapesada por una declaración de que ninguna ley puede violar los derechos humanos fundamentales. Están orgullosos de los progresos que han hecho las mujeres durante los 14 años de autonomía kurda en el norte de Iraq y no quieren retroceder. No comparten nada de la antipatía que sienten los árabes iraquíes hacia los judíos.
Con una población casi unánimemente a favor de la independencia, los líderes kurdistanos insisten en que Iraq debe tener una estructura federal que les permita conservar su sistema político laico, orientado hacia Occidente, incluso si el resto de Iraq cae bajo el dominio de los partidos religiosos. Están alarmados por la creciente influencia iraní en Bagdad y en el sur chií, que consideran que un Kurdistán autónomo y fuerte es un obstáculo para la extensión de la influencia de Irán.
La constitución no puede ser aceptada sin la aprobación de los kurdos, y los kurdos quieren estar en posición de apartarse de una constitución que sea reaccionaria y demasiado centralista. Pero, en lugar de apoyar al gobierno de Bush, sienten una intensa presión para hacer compromisos para cumplir con la fecha límite del 15 de agosto.
Aunque el gobierno de Bush profesa una política de no intervención en deliberaciones constitucionales, ha estado presionando activamente contra una disposición que daría a regiones de Iraq control sobre los recursos naturales. Tras depender de pagos de Bagdad en el pasado, los kurdos saben que una autonomía significativa exige el control de su propio petróleo. Aparentemente el gobierno de Bush cree que una región chií en el sur sería menos favorable hacia las refinadoras norteamericanas que el ministerio del Petróleo dirigido por chiíes en Bagdad, pero en realidad es poco probable que haya una diferencia. Para desesperación de los kurdos, no ha habido de parte de los estadounidenses una preocupación similar con respecto a las disposiciones anti-judías o misóginas en la propuesta de constitución.
Estados Unidos debería adoptar una postura sincera de no intervención en la nueva constitución. El contenido es mucho más importante que cumplir con el plazo para su redacción, y el gobierno de Bush no debería castigar a los mejores amigos de Estados Unidos en Iraq si se distancian de un documento que contradice de manera tan frapante los valores democráticos que el presidente Bush dice ahora son la razón de nuestra continuada presencia en el país.
Peter W. Galbraith, ex embajador estadounidense en Croacia, es un diplomático en el Centro de Control de Armas y No-Proliferación.
26 de julio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
¿empezó la guerra civil?
[John F. Burns] ¿Cómo lo sabremos?
Bagdad, Iraq. Las primeras señales de que importantes funcionarios estadounidenses en Iraq estaban revisando sus planes sobre qué podían hacer en Iraq, se detectaron hace un año. A medida que Iraq reasumía su soberanía después del período de ocupación americana, el nuevo equipo estadounidense que llegó entonces, encabezado por el embajador John D. Negroponte, tenía un término fulminante para el optimista enfoque de sus predecesores, dirigidos por L. Paul Bremer III.
El nuevo equipo llamó a los americanos salientes, "ilusionistas", por su convicción de que Estados Unidos podía crear una democracia jeffersoniana sobre las ruinas de la brutalidad medieval de Saddam Hussein. Un comandante estadounidense empezó su primer encuentro con periodistas americanos, preguntando: "Bien, señores, díganme: ¿creen ustedes que los sucesos nos permiten el lujo de la esperanza?"
Entonces estaba claro que el gobierno, a pesar de su optimismo en público, había empezado a fijar metas más modestas para la concepción idealista de Iraq. Lo modestas que eran ha quedado en claro en los 12 meses que han pasado desde entonces.
Desde el momento en que las tropas norteamericanas cruzaron la frontera hace 28 meses, el espectro que cuelga sobre la aventura americana aquí ha sido que Iraq, libre de la tiranía de Hussein, puede estar tan fracturado -por la política y la religión, por la cultura y la geografía, y por la desconfianza y enemistad sembrada por los años de represión de Hussein- que terminará inevitablemente en una guerra civil.
Si ocurre, advirtieron opositores a la invasión norteamericana, las tropas estadounidenses podrían encontrarse en fuego cruzado de sunníes y chiíes, kurdos y turcomanos, laicos y creyentes -reducidos en la peor de las circunstancias, al objetivo común de un puñado de milicias concurrentes.
Ahora, los acontecimientos indican más que nunca la posibilidad de que esa pesadilla se puede transformar en realidad. En las últimas semanas la resistencia ha alcanzado nuevas alturas de sostenida brutalidad. La violencia se ha concentrado en asesinatos sectarios, en los que insurgentes sunníes atacan a cientos de civiles chiíes y kurdos con atentados suicidas. Hay informes de que escuadrones de la muerte chiíes, algunos con vínculos con el ministerio del Interior, se han vengado secuestrando y matando a clérigos y líderes de la comunidad sunní.
Los últimos 10 días han presenciado tal aceleración de estos asesinatos, especialmente por los insurgentes, que mucho iraquíes dicen que la guerra civil ya empezó.
Parece claro que al menos algunos funcionarios en Washington entienden la gravedad de la situación, según se desprende de comentarios hechos en el Centro de la Prensa Extranjera en Washington hace dos semanas por Zalmay Khalilzad, que llega esta semana a Bagdad como sucesor de Negroponte. En sus observaciones, Khalilzad abandonó una costumbre de los funcionarios americanos cuando hablan de Iraq: hablar de la guerra civil sólo si los periodistas tocan el tema, y luego desdeñarlo como imposible. Usando el término dos veces en un párrafo, habló de la guerra civil como algo que Estados Unidos debe evitar cueste lo que cueste.
"Iraq está en el cruce entre dos visiones completamente diferentes", dijo. "Los terroristas extranjeros y los intransigentes baazistas quieren que Iraq caiga en una guerra civil".
El nuevo embajador tocó una cuerda positiva cuando dijo: "Iraquíes de todas las comunidades y sectas, como la gente en todas partes, quieren paz y estabilidad". Sin embargo, su aviso sigue siendo la cautela: "Yo no subestimo las dificultades de la situación presente".
Una noción de las dudas que afligen a los funcionarios americanos aquí ha sido una restricción de las optimistas evaluaciones militares que presentan normalmente los generales, junto con un recurso a estadísticas cuidadosamente preparadas para mostrar progresos en la represión de los insurgentes que está divorciado de las realidades en el terreno. Un ejemplo de la nueva métrica' ha sido una avalancha de cifras sobre la construcción del ejército y la fuerza de policía iraquíes -un programa conocido por muchos periodistas que han estado incrustados en operaciones conjuntas, como acosado por un adiestramiento inadecuado, pobre liderazgo, armamento inapropiado y baja moral.
Oficiales involucrados en la dirección del programa presentan cifras que suenan impresionantes, incluyendo el hecho, a mediados de junio, de que las fuerzas iraquíes han recibido 306 millones de municiones, gruesamente unas 12 balas para cada uno de los 25 millones de iraquíes. Pero cuando un oficial estadounidense fue interrogado sobre si los americanos podrían terminar armando a los iraquíes para una guerra civil, se detuvo un momento, y luego asintió. "Quizás", dijo.
Las semillas de una guerra confesional desatada han estado siempre presentes en el más amplio contexto de la guerra -del tipo que destruyó gran parte del Líbano. La resistencia se ha enraizado en la minoría árabe sunní, descontenta por el derrocamiento de Hussein, y la mayoría de sus víctimas han sido chiíes, la comunidad mayoritaria que ha sido la principal beneficiaria política de la desaparición de Hussein. Han muerto centenas de chiíes en sus mezquitas y mercados, víctimas de emboscadas de los insurgentes y bombas, y sus muertes han sido celebradas en los sitios de internet islámicos de Abu Musab al-Zarqawi, el jefe de Al Qaeda en Iraq, que ha llamado "monos" a los chiíes, diciendo que su religión es una afrenta para Dios.
El fin de semana pasado fue el turno de la pequeña ciudad de Mussayib, donde murieron al menos 71 personas cuando un terrorista suicida se hizo volar debajo de un camión cisterna frente a la mezquita principal. Hasta ahora, el más importante clérigo chií de Iraq, el gran ayatollah Ali al-Sistani, ha llamado a los chiíes a no vengarse y concentrarse en el proceso electoral respaldado por Estados Unidos, que llevó a los partidos chiíes a la victoria en enero y es probable que se repita en las elecciones para un gobierno pleno de cinco años en diciembre.
Pero esta vez el ayatollah, agotada su paciencia, pidió que el gobierno de transición, que dirigen chiíes, que "defienda al país de su aniquilación".
Si eso fue un llamado a una acción militar más severa contra los insurgentes, cayó en una situación que se ha convertido todavía en más volátil en los últimos meses debido a señales de que chiíes de la línea dura han empezado a contraatacar. Han habido persistentes informes, principalmente en Bagdad, sobre escuadrones de la muerte chiíes con uniformes de policía, secuestrando, torturando y asesinando a clérigos árabes sunníes acusados de ser insurgentes. Dieciséis horas más tarde, fueron entregados a la morgue los cuerpos de 10 personas, tras morir por sofocación en una furgoneta policial cerrada con techo de metal a una temperatura de casi 49 grados Celsius.
Las nuevas fuerzas iraquíes, aclamadas por el gobierno de Bush como claves para una eventual retirada de las tropas estadounidenses, parecen igual de propensas a provocar una guerra civil, que a prevenirla. Los 170.000 hombres ya adiestrados son en gran parte chiíes y kurdos, en una proporción incluso más alta que el 80 por ciento que representan esos grupos en la población. Aunque hay miles de árabes sunníes en las fuerzas, incluyendo a algunos generales, las unidades iraquíes que son enviadas a los lugares más peligrosos son a menudo dominadas por chiíes y kurdos, algunos reclutados de milicias étnicas profundamente hostiles a los árabes sunníes.
La rabia que provoca esto fue expresado por Dhari al-Bedri, un profesor de la Universidad de Bagdad con una casa en Samarra, una ciudad sunní. "El ejército iraquí en Samarra es Badr y Dawa, y Pesh Merga", dijo, mencionando las milicias de los dos partidos políticos chiíes más grandes, y de los kurdos. "La gente no cree que el ejército venga a ayudarles, sino a castigarles. La gente los odia".
Los americanos esperan que el proceso político en curso logre finalmente un consenso bastante amplio para aislar a los duros de todos los lados. Las posibilidades de que eso ocurra, aunque magras, parecieron aumentar algo con un acuerdo este mes que incorporó a 15 árabe sunníes al comité parlamentario de 55 miembros encargado de redactar la constitución. Pero cuando dos de los sunníes involucrados en el proceso fueron matados a balazos en Bagdad la semana pasada, otros miembros sunníes acusaron a los chiíes del asesinato, y dijeron que los chiíes recalcitrantes no querían hacer compromisos.
A pesar de estos sombríos desarrollos, los comandantes estadounidenses han continuado sugiriendo la posibilidad, para el próximo verano, de una reducción inicial de algunas de las 140.000 tropas estacionadas aquí, dependiendo de los progresos en la creación de unidades iraquíes efectivas. Algunos oficiales de alto rango han dicho en privado de la posibilidad de que se ordene la reducción de tropas independientemente de lo que ocurra en la guerra, y que la justificación será que Iraq -sus políticos y sus combatientes- tendrán finalmente que encontrar modos de superar por sí mismos sus propias divisiones.
Estados Unidos, parecen decir estos oficiales, no lo puede hacer todo, y si los iraquíes están empeñados en superar sus diferencias violentamente -en el peor de los casos en una guerra civil-, eso, al final, será su voluntad soberana.
25 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Las primeras señales de que importantes funcionarios estadounidenses en Iraq estaban revisando sus planes sobre qué podían hacer en Iraq, se detectaron hace un año. A medida que Iraq reasumía su soberanía después del período de ocupación americana, el nuevo equipo estadounidense que llegó entonces, encabezado por el embajador John D. Negroponte, tenía un término fulminante para el optimista enfoque de sus predecesores, dirigidos por L. Paul Bremer III.El nuevo equipo llamó a los americanos salientes, "ilusionistas", por su convicción de que Estados Unidos podía crear una democracia jeffersoniana sobre las ruinas de la brutalidad medieval de Saddam Hussein. Un comandante estadounidense empezó su primer encuentro con periodistas americanos, preguntando: "Bien, señores, díganme: ¿creen ustedes que los sucesos nos permiten el lujo de la esperanza?"
Entonces estaba claro que el gobierno, a pesar de su optimismo en público, había empezado a fijar metas más modestas para la concepción idealista de Iraq. Lo modestas que eran ha quedado en claro en los 12 meses que han pasado desde entonces.
Desde el momento en que las tropas norteamericanas cruzaron la frontera hace 28 meses, el espectro que cuelga sobre la aventura americana aquí ha sido que Iraq, libre de la tiranía de Hussein, puede estar tan fracturado -por la política y la religión, por la cultura y la geografía, y por la desconfianza y enemistad sembrada por los años de represión de Hussein- que terminará inevitablemente en una guerra civil.
Si ocurre, advirtieron opositores a la invasión norteamericana, las tropas estadounidenses podrían encontrarse en fuego cruzado de sunníes y chiíes, kurdos y turcomanos, laicos y creyentes -reducidos en la peor de las circunstancias, al objetivo común de un puñado de milicias concurrentes.
Ahora, los acontecimientos indican más que nunca la posibilidad de que esa pesadilla se puede transformar en realidad. En las últimas semanas la resistencia ha alcanzado nuevas alturas de sostenida brutalidad. La violencia se ha concentrado en asesinatos sectarios, en los que insurgentes sunníes atacan a cientos de civiles chiíes y kurdos con atentados suicidas. Hay informes de que escuadrones de la muerte chiíes, algunos con vínculos con el ministerio del Interior, se han vengado secuestrando y matando a clérigos y líderes de la comunidad sunní.
Los últimos 10 días han presenciado tal aceleración de estos asesinatos, especialmente por los insurgentes, que mucho iraquíes dicen que la guerra civil ya empezó.
Parece claro que al menos algunos funcionarios en Washington entienden la gravedad de la situación, según se desprende de comentarios hechos en el Centro de la Prensa Extranjera en Washington hace dos semanas por Zalmay Khalilzad, que llega esta semana a Bagdad como sucesor de Negroponte. En sus observaciones, Khalilzad abandonó una costumbre de los funcionarios americanos cuando hablan de Iraq: hablar de la guerra civil sólo si los periodistas tocan el tema, y luego desdeñarlo como imposible. Usando el término dos veces en un párrafo, habló de la guerra civil como algo que Estados Unidos debe evitar cueste lo que cueste.
"Iraq está en el cruce entre dos visiones completamente diferentes", dijo. "Los terroristas extranjeros y los intransigentes baazistas quieren que Iraq caiga en una guerra civil".
El nuevo embajador tocó una cuerda positiva cuando dijo: "Iraquíes de todas las comunidades y sectas, como la gente en todas partes, quieren paz y estabilidad". Sin embargo, su aviso sigue siendo la cautela: "Yo no subestimo las dificultades de la situación presente".
Una noción de las dudas que afligen a los funcionarios americanos aquí ha sido una restricción de las optimistas evaluaciones militares que presentan normalmente los generales, junto con un recurso a estadísticas cuidadosamente preparadas para mostrar progresos en la represión de los insurgentes que está divorciado de las realidades en el terreno. Un ejemplo de la nueva métrica' ha sido una avalancha de cifras sobre la construcción del ejército y la fuerza de policía iraquíes -un programa conocido por muchos periodistas que han estado incrustados en operaciones conjuntas, como acosado por un adiestramiento inadecuado, pobre liderazgo, armamento inapropiado y baja moral.
Oficiales involucrados en la dirección del programa presentan cifras que suenan impresionantes, incluyendo el hecho, a mediados de junio, de que las fuerzas iraquíes han recibido 306 millones de municiones, gruesamente unas 12 balas para cada uno de los 25 millones de iraquíes. Pero cuando un oficial estadounidense fue interrogado sobre si los americanos podrían terminar armando a los iraquíes para una guerra civil, se detuvo un momento, y luego asintió. "Quizás", dijo.
Las semillas de una guerra confesional desatada han estado siempre presentes en el más amplio contexto de la guerra -del tipo que destruyó gran parte del Líbano. La resistencia se ha enraizado en la minoría árabe sunní, descontenta por el derrocamiento de Hussein, y la mayoría de sus víctimas han sido chiíes, la comunidad mayoritaria que ha sido la principal beneficiaria política de la desaparición de Hussein. Han muerto centenas de chiíes en sus mezquitas y mercados, víctimas de emboscadas de los insurgentes y bombas, y sus muertes han sido celebradas en los sitios de internet islámicos de Abu Musab al-Zarqawi, el jefe de Al Qaeda en Iraq, que ha llamado "monos" a los chiíes, diciendo que su religión es una afrenta para Dios.
El fin de semana pasado fue el turno de la pequeña ciudad de Mussayib, donde murieron al menos 71 personas cuando un terrorista suicida se hizo volar debajo de un camión cisterna frente a la mezquita principal. Hasta ahora, el más importante clérigo chií de Iraq, el gran ayatollah Ali al-Sistani, ha llamado a los chiíes a no vengarse y concentrarse en el proceso electoral respaldado por Estados Unidos, que llevó a los partidos chiíes a la victoria en enero y es probable que se repita en las elecciones para un gobierno pleno de cinco años en diciembre.
Pero esta vez el ayatollah, agotada su paciencia, pidió que el gobierno de transición, que dirigen chiíes, que "defienda al país de su aniquilación".
Si eso fue un llamado a una acción militar más severa contra los insurgentes, cayó en una situación que se ha convertido todavía en más volátil en los últimos meses debido a señales de que chiíes de la línea dura han empezado a contraatacar. Han habido persistentes informes, principalmente en Bagdad, sobre escuadrones de la muerte chiíes con uniformes de policía, secuestrando, torturando y asesinando a clérigos árabes sunníes acusados de ser insurgentes. Dieciséis horas más tarde, fueron entregados a la morgue los cuerpos de 10 personas, tras morir por sofocación en una furgoneta policial cerrada con techo de metal a una temperatura de casi 49 grados Celsius.
Las nuevas fuerzas iraquíes, aclamadas por el gobierno de Bush como claves para una eventual retirada de las tropas estadounidenses, parecen igual de propensas a provocar una guerra civil, que a prevenirla. Los 170.000 hombres ya adiestrados son en gran parte chiíes y kurdos, en una proporción incluso más alta que el 80 por ciento que representan esos grupos en la población. Aunque hay miles de árabes sunníes en las fuerzas, incluyendo a algunos generales, las unidades iraquíes que son enviadas a los lugares más peligrosos son a menudo dominadas por chiíes y kurdos, algunos reclutados de milicias étnicas profundamente hostiles a los árabes sunníes.
La rabia que provoca esto fue expresado por Dhari al-Bedri, un profesor de la Universidad de Bagdad con una casa en Samarra, una ciudad sunní. "El ejército iraquí en Samarra es Badr y Dawa, y Pesh Merga", dijo, mencionando las milicias de los dos partidos políticos chiíes más grandes, y de los kurdos. "La gente no cree que el ejército venga a ayudarles, sino a castigarles. La gente los odia".
Los americanos esperan que el proceso político en curso logre finalmente un consenso bastante amplio para aislar a los duros de todos los lados. Las posibilidades de que eso ocurra, aunque magras, parecieron aumentar algo con un acuerdo este mes que incorporó a 15 árabe sunníes al comité parlamentario de 55 miembros encargado de redactar la constitución. Pero cuando dos de los sunníes involucrados en el proceso fueron matados a balazos en Bagdad la semana pasada, otros miembros sunníes acusaron a los chiíes del asesinato, y dijeron que los chiíes recalcitrantes no querían hacer compromisos.
A pesar de estos sombríos desarrollos, los comandantes estadounidenses han continuado sugiriendo la posibilidad, para el próximo verano, de una reducción inicial de algunas de las 140.000 tropas estacionadas aquí, dependiendo de los progresos en la creación de unidades iraquíes efectivas. Algunos oficiales de alto rango han dicho en privado de la posibilidad de que se ordene la reducción de tropas independientemente de lo que ocurra en la guerra, y que la justificación será que Iraq -sus políticos y sus combatientes- tendrán finalmente que encontrar modos de superar por sí mismos sus propias divisiones.
Estados Unidos, parecen decir estos oficiales, no lo puede hacer todo, y si los iraquíes están empeñados en superar sus diferencias violentamente -en el peor de los casos en una guerra civil-, eso, al final, será su voluntad soberana.
25 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
otras tácticas de resistencia
[Dexter Filkins y David S. Cloud] A pesar de esfuerzos de Estados Unidos en Iraq, las guerrillas se reagrupan.
Bagdad, Iraq. Simplemente, cada día están más fuertes.
A pesar de meses de afirmaciones de que sus fuerzas estaban en las últimas, las guerrillas y los terroristas que luchan contra la aventura americana aquí parecen estar más violentos, más flexibles y más sofisticados que nunca.
Una serie de atentados recientes, incluyendo la ejecución de líderes sunníes moderados y el secuestro de diplomáticos extranjeros, han significado para muchos iraquíes que el proceso democrático que se está desarrollando desde que los estadounidenses restauraran la soberanía iraquí en junio de 2004, no ha logrado aislar a los insurgentes y, en realidad, se ha convertido en un objetivo.
Después de concentrar sus esfuerzos de dos años y medio en expulsar a los 138.000 soldados norteamericanos, los insurgentes parecen estar cambiando sus tácticas hacia la polarización política y confesional del país -aparentemente para provocar una guerra civil- y el aislamiento del gobierno iraquí en el extranjero.
Y los insurgentes están escogiendo sus blancos con mayor precisión, y ejecutan y dramatizan sus atentados con mayor sofisticación que en el pasado.
Jefes militares estadounidenses dicen que el número de ataques contras fuerzas americanas e iraquíes se ha mantenido constante durante el último año, con un promedio de 65 al día.
Pero los americanos reconocen la creciente sofisticación de los ataques de los insurgentes y su capacidad de recomponer sus filas tan rápidamente como es necesario.
"Estamos capturando y matando a un montón de insurgentes", dijo un importante oficial de la inteligencia del ejército, que habló a condición de conservar el anonimato, porque no estaba autorizado a hacer pública su declaración. "Pero son remplazados demasiado rápidamente para que podamos impedir sus operaciones. Siempre hay otro insurgente dispuesto a ocupar el lugar de un caído".
Al mismo tiempo, los americanos reconocen que no tienen una mejor comprensión de los mecanismos internos de la resistencia ni han parado el flujo de combatientes extranjeros, de los que se cree que llevan a cabo la mayoría de los atentados suicidas. La resistencia, una improbable amalgama entre recalcitrantes del Partido Baaz y militantes islámicos, ha eludido la comprensión de agentes de la inteligencia estadounidense desde el derrocamiento del gobierno de Saddam Hussein hace 27 meses.
El peligro es que la violencia pueda abrumar los intentos -respaldados intensamente por los americanos- actualmente en curso de integrar a los árabes sunníes de Iraq en la vida política normal, dejando a la comunidad más resentida que nunca y sentando las bases de más violencia y probablemente de la guerra civil.
Fakhri al-Qaisi, un líder sunní conservador, advirtió que si no se revertía pronto el aislamiento de los sunníes de Iraq, los insurgentes se harían todavía más fuertes.
"Ellos harán bombas suicidas, y nosotros seguiremos destruyéndolos", dijo Qaisi.
Esos resultados parecen ser exactamente lo que los insurgentes están tratando de lograr.
El martes insurgentes enmascarados mataron a balazos a dos líderes sunníes moderados que estaban colaborando en la redacción de la constitución permanente de Iraq. Los asesinatos, llevados a cabo en medio de una ajetreada calle de Bagdad con un fuerte tráfico, parecen estar calculados para ahogar la voz de los sunníes moderados, e impedir que otros quieran remplazarlos.
El efecto inmediato es derechamente favorable a los insurgentes: líderes sunníes moderados anunciaron que estaban suspendiendo sus esfuerzos de ayudar a redactar la constitución, presentando varias condiciones para su retorno.
Los insurgentes han matado a más líderes sunníes moderados que antes, pero el asesinato el martes de Mejbil al-Sheik Isa y Damin al-Obeidi fueron especialmente sorprendentes: los hombres fueron asesinados después de meses de que líderes chiíes iraquíes y funcionarios estadounidenses trataran de integrar a loa sunníes moderados como ellos al proceso constitucional.
El asesinato de los líderes sunníes se produce justo tres días después de uno de los peores atentados suicidas desde la invasión estadounidense, y tenía claramente la intención de empujar al país hacia un conflicto confesional declarado.
El domingo pasado, en la ciudad chií de Musayyib, a unos 65 kilómetros al sur de Bagdad, un terrorista suicida se metió debajo de un camión lleno de gas líquido y se hizo volar, iniciando una gigantesca bola de fuego que mató a más de 70 personas y dejó heridas al menos a 156. El camión, que se convirtió él mismo en una gigantesca bomba, había sido robado a punta de pistola en el oeste de Iraq y aparcado junto a una mezquita chií.
La mortandad del atentado, y su obvia intención sectaria, provocaron inusuales expresiones de alarma del gobierno chií de Iraq, que hasta ahora se habían expresado confiados de la capacidad de Iraq de eludir una guerra sectaria. El gran ayatollah Ali al-Sistani, el líder chií más importante del país, llamó al gobierno dominado por los chiíes, a "defender a este país de su aniquilación".
El martes los rebeldes volvieron a atacar, secuestrando a un importante diplomático argelino en Iraq y un colega. Los pistoleros capturaron a Ali Billaroussi, el enviado, y Azzedine Belkadi, en Mansour, uno de los mejores vecindarios de Bagdad, a plena luz del día.
El secuestro de los dos diplomáticos se produjo después del secuestro y asesinato antes este mes, de Ihab al-Sharif, el diplomático egipcio, que había sido el primer embajador del mundo árabe en Iraq. Los secuestros parecían estar destinados a intimidar a gobiernos extranjeros, especialmente musulmanes, para que traben relaciones diplomáticas completas con el naciente gobierno iraquí.
Como con el asesinato de los líderes sunníes moderados, los secuestros parecen, de momento, haber logrado exactamente lo que querían los insurgentes. Ningún gobierno árabe ha sido enviado a este país.
En Bagdad se cree corrientemente que los recientes éxitos de la resistencia se deben en parte en la debilidad del gobierno iraquí. Los líderes sunníes asesinados, por ejemplo, viajaban con un solo guardia, al que uno de los líderes sunníes había pagado de sus propios bolsillos. Las súplicas de los dos líderes sunníes al gobierno iraquí de que se les proporcionara protección no habían sido honoradas.
Y en el caso del atentado con bomba en Musayyib, funcionarios iraquíes dijeron que el camión de gas, propiedad del ministerio del Petróleo, había sido robado por insurgentes cuando se dirigía desde Bagdad a Faluya varios días antes del atentado. Para llegar a Mussayib, el camión pasó probablemente por varios puestos de control militares y de la policía y, sin embargo, había logrado llegar a su destino.
El sábado la policía dijo que un árabe sunní de un pueblo cercano a Faluya admitió que formaba parte del grupo que realizó el atentado y confirmó que había secuestrado el camión de gas y enviado al terrorista suicida. El hombre fue detenido después de un tiroteo en el que murieron dos sospechosos.
Sin embargo, parte de la explicación de la flexibilidad de la resistencia es su propia astucia. Jefes militares estadounidenses creen que la ola de secuestros de diplomáticos se produjo después de que el militante jordano Abu Musab al-Zarqawi formara una célula en Bagdad específicamente para el secuestro de diplomáticos.
En otro desarrollo reciente en la resistencia -y una posible explicación de su capacidad para introducir reclutas de todo el mundo árabe- es el alcance y sofisticación de sus relaciones públicas.
La mayoría de los principales grupos insurgentes -como Al Qaeda en Mesopotamia y Ansar al Sunna- publican regularmente actualizaciones en la red sobre sus proezas. Rara vez pasa un día sin que uno de los grupos no anuncie un nuevo atentados con videos o notas impresas.
Un comunicado emitido el viernes por Ansar al Sunna, por ejemplo, se fanfarroneaba de un ataque contra un Humvee norteamericano en la norteña ciudad iraquí de Samarra. El Humvee, decía el comunicado, había sido destruido con un "paquete explosivo".
"Los cuatro cruzados que lo tripulaban fueron matados", decía la nota.
"Dios es grande", concluía la nota, del modo usual. "Gloria a Dios, su Mensajero, y gloria a los creyentes".
Eric Schmitt contribuyó al reportaje de este artículo desde Washington, y John F. Burns desde Baghdad.
25 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Simplemente, cada día están más fuertes.A pesar de meses de afirmaciones de que sus fuerzas estaban en las últimas, las guerrillas y los terroristas que luchan contra la aventura americana aquí parecen estar más violentos, más flexibles y más sofisticados que nunca.
Una serie de atentados recientes, incluyendo la ejecución de líderes sunníes moderados y el secuestro de diplomáticos extranjeros, han significado para muchos iraquíes que el proceso democrático que se está desarrollando desde que los estadounidenses restauraran la soberanía iraquí en junio de 2004, no ha logrado aislar a los insurgentes y, en realidad, se ha convertido en un objetivo.
Después de concentrar sus esfuerzos de dos años y medio en expulsar a los 138.000 soldados norteamericanos, los insurgentes parecen estar cambiando sus tácticas hacia la polarización política y confesional del país -aparentemente para provocar una guerra civil- y el aislamiento del gobierno iraquí en el extranjero.
Y los insurgentes están escogiendo sus blancos con mayor precisión, y ejecutan y dramatizan sus atentados con mayor sofisticación que en el pasado.
Jefes militares estadounidenses dicen que el número de ataques contras fuerzas americanas e iraquíes se ha mantenido constante durante el último año, con un promedio de 65 al día.
Pero los americanos reconocen la creciente sofisticación de los ataques de los insurgentes y su capacidad de recomponer sus filas tan rápidamente como es necesario.
"Estamos capturando y matando a un montón de insurgentes", dijo un importante oficial de la inteligencia del ejército, que habló a condición de conservar el anonimato, porque no estaba autorizado a hacer pública su declaración. "Pero son remplazados demasiado rápidamente para que podamos impedir sus operaciones. Siempre hay otro insurgente dispuesto a ocupar el lugar de un caído".
Al mismo tiempo, los americanos reconocen que no tienen una mejor comprensión de los mecanismos internos de la resistencia ni han parado el flujo de combatientes extranjeros, de los que se cree que llevan a cabo la mayoría de los atentados suicidas. La resistencia, una improbable amalgama entre recalcitrantes del Partido Baaz y militantes islámicos, ha eludido la comprensión de agentes de la inteligencia estadounidense desde el derrocamiento del gobierno de Saddam Hussein hace 27 meses.
El peligro es que la violencia pueda abrumar los intentos -respaldados intensamente por los americanos- actualmente en curso de integrar a los árabes sunníes de Iraq en la vida política normal, dejando a la comunidad más resentida que nunca y sentando las bases de más violencia y probablemente de la guerra civil.
Fakhri al-Qaisi, un líder sunní conservador, advirtió que si no se revertía pronto el aislamiento de los sunníes de Iraq, los insurgentes se harían todavía más fuertes.
"Ellos harán bombas suicidas, y nosotros seguiremos destruyéndolos", dijo Qaisi.
Esos resultados parecen ser exactamente lo que los insurgentes están tratando de lograr.
El martes insurgentes enmascarados mataron a balazos a dos líderes sunníes moderados que estaban colaborando en la redacción de la constitución permanente de Iraq. Los asesinatos, llevados a cabo en medio de una ajetreada calle de Bagdad con un fuerte tráfico, parecen estar calculados para ahogar la voz de los sunníes moderados, e impedir que otros quieran remplazarlos.
El efecto inmediato es derechamente favorable a los insurgentes: líderes sunníes moderados anunciaron que estaban suspendiendo sus esfuerzos de ayudar a redactar la constitución, presentando varias condiciones para su retorno.
Los insurgentes han matado a más líderes sunníes moderados que antes, pero el asesinato el martes de Mejbil al-Sheik Isa y Damin al-Obeidi fueron especialmente sorprendentes: los hombres fueron asesinados después de meses de que líderes chiíes iraquíes y funcionarios estadounidenses trataran de integrar a loa sunníes moderados como ellos al proceso constitucional.
El asesinato de los líderes sunníes se produce justo tres días después de uno de los peores atentados suicidas desde la invasión estadounidense, y tenía claramente la intención de empujar al país hacia un conflicto confesional declarado.
El domingo pasado, en la ciudad chií de Musayyib, a unos 65 kilómetros al sur de Bagdad, un terrorista suicida se metió debajo de un camión lleno de gas líquido y se hizo volar, iniciando una gigantesca bola de fuego que mató a más de 70 personas y dejó heridas al menos a 156. El camión, que se convirtió él mismo en una gigantesca bomba, había sido robado a punta de pistola en el oeste de Iraq y aparcado junto a una mezquita chií.
La mortandad del atentado, y su obvia intención sectaria, provocaron inusuales expresiones de alarma del gobierno chií de Iraq, que hasta ahora se habían expresado confiados de la capacidad de Iraq de eludir una guerra sectaria. El gran ayatollah Ali al-Sistani, el líder chií más importante del país, llamó al gobierno dominado por los chiíes, a "defender a este país de su aniquilación".
El martes los rebeldes volvieron a atacar, secuestrando a un importante diplomático argelino en Iraq y un colega. Los pistoleros capturaron a Ali Billaroussi, el enviado, y Azzedine Belkadi, en Mansour, uno de los mejores vecindarios de Bagdad, a plena luz del día.
El secuestro de los dos diplomáticos se produjo después del secuestro y asesinato antes este mes, de Ihab al-Sharif, el diplomático egipcio, que había sido el primer embajador del mundo árabe en Iraq. Los secuestros parecían estar destinados a intimidar a gobiernos extranjeros, especialmente musulmanes, para que traben relaciones diplomáticas completas con el naciente gobierno iraquí.
Como con el asesinato de los líderes sunníes moderados, los secuestros parecen, de momento, haber logrado exactamente lo que querían los insurgentes. Ningún gobierno árabe ha sido enviado a este país.
En Bagdad se cree corrientemente que los recientes éxitos de la resistencia se deben en parte en la debilidad del gobierno iraquí. Los líderes sunníes asesinados, por ejemplo, viajaban con un solo guardia, al que uno de los líderes sunníes había pagado de sus propios bolsillos. Las súplicas de los dos líderes sunníes al gobierno iraquí de que se les proporcionara protección no habían sido honoradas.
Y en el caso del atentado con bomba en Musayyib, funcionarios iraquíes dijeron que el camión de gas, propiedad del ministerio del Petróleo, había sido robado por insurgentes cuando se dirigía desde Bagdad a Faluya varios días antes del atentado. Para llegar a Mussayib, el camión pasó probablemente por varios puestos de control militares y de la policía y, sin embargo, había logrado llegar a su destino.
El sábado la policía dijo que un árabe sunní de un pueblo cercano a Faluya admitió que formaba parte del grupo que realizó el atentado y confirmó que había secuestrado el camión de gas y enviado al terrorista suicida. El hombre fue detenido después de un tiroteo en el que murieron dos sospechosos.
Sin embargo, parte de la explicación de la flexibilidad de la resistencia es su propia astucia. Jefes militares estadounidenses creen que la ola de secuestros de diplomáticos se produjo después de que el militante jordano Abu Musab al-Zarqawi formara una célula en Bagdad específicamente para el secuestro de diplomáticos.
En otro desarrollo reciente en la resistencia -y una posible explicación de su capacidad para introducir reclutas de todo el mundo árabe- es el alcance y sofisticación de sus relaciones públicas.
La mayoría de los principales grupos insurgentes -como Al Qaeda en Mesopotamia y Ansar al Sunna- publican regularmente actualizaciones en la red sobre sus proezas. Rara vez pasa un día sin que uno de los grupos no anuncie un nuevo atentados con videos o notas impresas.
Un comunicado emitido el viernes por Ansar al Sunna, por ejemplo, se fanfarroneaba de un ataque contra un Humvee norteamericano en la norteña ciudad iraquí de Samarra. El Humvee, decía el comunicado, había sido destruido con un "paquete explosivo".
"Los cuatro cruzados que lo tripulaban fueron matados", decía la nota.
"Dios es grande", concluía la nota, del modo usual. "Gloria a Dios, su Mensajero, y gloria a los creyentes".
Eric Schmitt contribuyó al reportaje de este artículo desde Washington, y John F. Burns desde Baghdad.
25 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
kurdos piden estado
[Ellen Knickmeyer] Minoría étnica quiere la independencia en Iraq.
Bagdad, Iraq. Líderes kurdos han pedido que la nueva constitución iraquí garantice a la minoría kurda el derecho a votar por la independencia en ocho años, dijo el viernes un miembro kurdo del comité constitucional.
El llamado a un referéndum sobre la secesión de Iraq es el más declarado intento hacia la independencia desde la caída del presidente Saddam Hussein.
Saadi Barzanchani, un miembro kurdo del comité nacional que redacta la constitución, dijo que los kurdos probablemente votarían por seguir siendo parte de Iraq si el país se convertía en la democracia que habían prometido líderes estadounidenses e iraquíes. "Ocho años es suficiente tiempo para saberlo", le dijo en una entrevista.
Barzanchani dijo el parlamento regional de Kurdistán tomó la decisión de presionar por una garantía del derecho a voto en la nueva constitución, que el comité está tratando de terminar para el 15 de agosto.
Muchos árabes sunníes, un grupo minoritario que gobernó el país durante ochenta años, se oponen a la independencia kurda y al intento de autonomía de algunos árabes chiíes en el sur del país. Los chiíes constituyen la mayoría de la población iraquí.
"Iraq es un país unido. Yo llamo a los patriotas a oponerse a esta brutal campaña e insisto en que Ira debería ser un solo país, un país y un gobierno", dijo Mahmoud Sumaidaie, un clérigo sunní, en un sermón de las oraciones de los viernes en una mezquita de Bagdad. "No queremos separarnos. Iraq será la patria de los sunníes, chiíes, kurdos y otras minorías".
Los países que limitan con Iraq se han opuesto durante largo tiempo a un estado propio de los estimados 3.5 millones de kurdos iraquíes, que representan una fracción de los aproximadamente 20 millones de kurdos que viven en la región que se extiende desde Turquía hasta Irán, pasando por la antigua Unión Soviética. Los vecinos de Iraq temen que permitir la independencia de los kurdos iraquíes alentará los intentos separatistas en sus propios países.
Funcionarios estadounidenses se han opuesto consistentemente a las esperanzas de los aliados kurdos iraquíes, diciendo que un Kurdistán sin salida al mar, rodeado de vecinos hostiles, no sería viable.
Barzanchani dijo que la secesión era "el derecho legítimo de todas las partes de Iraq". Argumentó que garantizar a las regiones el derecho a separarse si el gobierno central los descuidaba era "una de las garantías más fuertes de la unidad" de Iraq.
Los kurdos constituyen entre un 15 y 20 por ciento de la población de Iraq. En los años ochenta, Hussein lanzó una campaña de represión de los kurdos que terminó con la vida de más de 100.000 personas en el norte de Iraq, de acuerdo a grupos internacionales de derechos humanos. Hussein también aplastó una revuelta kurda después de la Guerra del Golfo Pérsico. Más tarde fuerzas norteamericanas impusieron una zona de exclusión aérea que dio a los kurdos suficiente protección para declarar la autonomía.
El presidente iraquí Jalal Talabani, kurdo, ha dijo que quiere que la región kurda siga siendo parte de Iraq. Pero sentimientos nacionalistas impregnan su país.
Más del 90 por ciento de los votantes encuestados en Kurdistán durante las elecciones nacionales de enero, dijeron que querían la independencia, de acuerdo a un sondeo citado frecuentemente realizado en los colegios electorales.
El debate sobre cuánta autonomía permitir a los kurdos en el norte, a los chiíes en el sur, y a los sunníes en el centro y oeste del país se ha convertido en uno de los temas más difíciles que debe ser resuelto antes de que Iraq tenga una nueva constitución.
Líderes kurdos se han mostrado audaces en sus reivindicaciones. Esta semana revelaron un mapa -que quieren que sea anexado a la nueva constitución- que reclama cientos de kilómetros de territorio que se entiende hasta el sur de Bagdad. El territorio incluye la rica en petróleo y disputada ciudad de Kirkuk.
Otro funcionario kurdo, Mullah Bakhtiyar, dijo más tarde a la Associated Press, que las extensas fronteras eran una "línea roja" para los kurdos y que estaban determinados a mantenerla.
Un diplomático occidental llamó el viernes a los miembros del comité constitucional a mostrar "flexibilidad y realismo".
El diplomático, que habló con periodistas en Bagdad en el entendimiento de que no sería nombrado, también a los redactares de la constitución que mantuvieran la fecha límite del 15 de agosto, para tener un borrador de la constitución aprobado por la Asamblea Nacional. La constitución será entonces sometida a votación de los iraquíes.
"Si esto sigue así otros seis meses más, va a parecer que el proceso ha sido bloqueado", dijo el diplomático.
El diplomático dijo también que un borrador que vio el viernes había eliminado una estipulación de que asuntos familiares como el divorcio y las herencias fueran reguladas por las leyes de la secta religiosa de un individuo. Algunos iraquíes temían que la ley religiosa podría ser usada para limitar los derechos de las mujeres. El funcionario, sin embargo, enfatizó que la redacción de la constitución estaba cambiando todos los días.
El trabajo en la constitución continúa a pesar de la retirada de más de una docena de árabes sunníes después del asesinato el martes de un miembro sunní del comité.
En un atentado el viernes, una bomba improvisada mató a un marine estadounidense al oeste de Bagdad, y agencias de prensa informaron que pistoleros habían herido a un capitán del ejército iraquí y matado a su esposa de 23 años. La pareja se había casado el día anterior.
Bassam Sebti y Omar Fekeiki contribuyeron a este reportaje.
23 de julio de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Líderes kurdos han pedido que la nueva constitución iraquí garantice a la minoría kurda el derecho a votar por la independencia en ocho años, dijo el viernes un miembro kurdo del comité constitucional.El llamado a un referéndum sobre la secesión de Iraq es el más declarado intento hacia la independencia desde la caída del presidente Saddam Hussein.
Saadi Barzanchani, un miembro kurdo del comité nacional que redacta la constitución, dijo que los kurdos probablemente votarían por seguir siendo parte de Iraq si el país se convertía en la democracia que habían prometido líderes estadounidenses e iraquíes. "Ocho años es suficiente tiempo para saberlo", le dijo en una entrevista.
Barzanchani dijo el parlamento regional de Kurdistán tomó la decisión de presionar por una garantía del derecho a voto en la nueva constitución, que el comité está tratando de terminar para el 15 de agosto.
Muchos árabes sunníes, un grupo minoritario que gobernó el país durante ochenta años, se oponen a la independencia kurda y al intento de autonomía de algunos árabes chiíes en el sur del país. Los chiíes constituyen la mayoría de la población iraquí.
"Iraq es un país unido. Yo llamo a los patriotas a oponerse a esta brutal campaña e insisto en que Ira debería ser un solo país, un país y un gobierno", dijo Mahmoud Sumaidaie, un clérigo sunní, en un sermón de las oraciones de los viernes en una mezquita de Bagdad. "No queremos separarnos. Iraq será la patria de los sunníes, chiíes, kurdos y otras minorías".
Los países que limitan con Iraq se han opuesto durante largo tiempo a un estado propio de los estimados 3.5 millones de kurdos iraquíes, que representan una fracción de los aproximadamente 20 millones de kurdos que viven en la región que se extiende desde Turquía hasta Irán, pasando por la antigua Unión Soviética. Los vecinos de Iraq temen que permitir la independencia de los kurdos iraquíes alentará los intentos separatistas en sus propios países.
Funcionarios estadounidenses se han opuesto consistentemente a las esperanzas de los aliados kurdos iraquíes, diciendo que un Kurdistán sin salida al mar, rodeado de vecinos hostiles, no sería viable.
Barzanchani dijo que la secesión era "el derecho legítimo de todas las partes de Iraq". Argumentó que garantizar a las regiones el derecho a separarse si el gobierno central los descuidaba era "una de las garantías más fuertes de la unidad" de Iraq.
Los kurdos constituyen entre un 15 y 20 por ciento de la población de Iraq. En los años ochenta, Hussein lanzó una campaña de represión de los kurdos que terminó con la vida de más de 100.000 personas en el norte de Iraq, de acuerdo a grupos internacionales de derechos humanos. Hussein también aplastó una revuelta kurda después de la Guerra del Golfo Pérsico. Más tarde fuerzas norteamericanas impusieron una zona de exclusión aérea que dio a los kurdos suficiente protección para declarar la autonomía.
El presidente iraquí Jalal Talabani, kurdo, ha dijo que quiere que la región kurda siga siendo parte de Iraq. Pero sentimientos nacionalistas impregnan su país.
Más del 90 por ciento de los votantes encuestados en Kurdistán durante las elecciones nacionales de enero, dijeron que querían la independencia, de acuerdo a un sondeo citado frecuentemente realizado en los colegios electorales.
El debate sobre cuánta autonomía permitir a los kurdos en el norte, a los chiíes en el sur, y a los sunníes en el centro y oeste del país se ha convertido en uno de los temas más difíciles que debe ser resuelto antes de que Iraq tenga una nueva constitución.
Líderes kurdos se han mostrado audaces en sus reivindicaciones. Esta semana revelaron un mapa -que quieren que sea anexado a la nueva constitución- que reclama cientos de kilómetros de territorio que se entiende hasta el sur de Bagdad. El territorio incluye la rica en petróleo y disputada ciudad de Kirkuk.
Otro funcionario kurdo, Mullah Bakhtiyar, dijo más tarde a la Associated Press, que las extensas fronteras eran una "línea roja" para los kurdos y que estaban determinados a mantenerla.
Un diplomático occidental llamó el viernes a los miembros del comité constitucional a mostrar "flexibilidad y realismo".
El diplomático, que habló con periodistas en Bagdad en el entendimiento de que no sería nombrado, también a los redactares de la constitución que mantuvieran la fecha límite del 15 de agosto, para tener un borrador de la constitución aprobado por la Asamblea Nacional. La constitución será entonces sometida a votación de los iraquíes.
"Si esto sigue así otros seis meses más, va a parecer que el proceso ha sido bloqueado", dijo el diplomático.
El diplomático dijo también que un borrador que vio el viernes había eliminado una estipulación de que asuntos familiares como el divorcio y las herencias fueran reguladas por las leyes de la secta religiosa de un individuo. Algunos iraquíes temían que la ley religiosa podría ser usada para limitar los derechos de las mujeres. El funcionario, sin embargo, enfatizó que la redacción de la constitución estaba cambiando todos los días.
El trabajo en la constitución continúa a pesar de la retirada de más de una docena de árabes sunníes después del asesinato el martes de un miembro sunní del comité.
En un atentado el viernes, una bomba improvisada mató a un marine estadounidense al oeste de Bagdad, y agencias de prensa informaron que pistoleros habían herido a un capitán del ejército iraquí y matado a su esposa de 23 años. La pareja se había casado el día anterior.
Bassam Sebti y Omar Fekeiki contribuyeron a este reportaje.
23 de julio de 2005
©washington post
©traducción mQh
purga chií en tribunal
[John F. Burns] Tribunal conmocionado por intento de Chalabi de remplazar al staff.
Bagdad, Iraq. El tribunal iraquí que prepara el juicio de Saddam Hussein se encuentra sacudido por el despido de nueve importantes miembros del staff y la amenaza de despedir a 19 más, incluyendo al juez instructor.
El trastorno estalló a la vista pública el martes cuando un ayudante de Ahmad Chalabi, el antiguo protegido del Pentágono que es vice-primer ministro en el gobierno de transición, confirmó que Chalabi había empezado a exigir el despido de ex miembros del Partido Baaz gobernante de Hussein, de sus posiciones en el personal del tribunal como jueces, fiscales y administradores. Chalabi dice que los 28 hombres que ha mencionado para su despido son inelegibles bajo la ley iraquí para un empleo en el tribunal debido a su pertenencia a ese partido.
No quedó inmediatamente claro si sus intentos desbaratarán el calendario del juicio, que debe empezar en septiembre. Un ayudante de Chalabi, Ali Feisal, dijo el martes que Chalabi había aplazado su intento de despedir al juez instructor, Raid Juhi, y otros del tribunal de 65 miembros para no "interrumpir" el trabajo del tribunal o el calendario del juicio de Hussein, pero que el despido de antiguos baazistas continuaría a medida que se nombraba a sus remplazantes.
Las acciones de Chalabi han causado alarma entre importantes funcionarios americanos aquí, incluyendo a los de la Oficina de Enlace para Crímenes del Régimen, que juega un papel crucial tras los bastidores en la supervisión del trabajo del tribunal. Funcionarios americanos han expresado su preocupación directamente al primer ministro Ibrahim al-Jaafari, que ha intervenido en un intento, de momento infructuoso, de refrenar el asalto de Chalabi contra el tribunal, dicen funcionarios iraquíes.
Un funcionario iraquí, insistiendo en no ser identificado debido a que pone en peligro su posición en el tribunal, dijo que un funcionario estadounidense había advertido al gobierno de Jaafari que Estados Unidos, que retiene en prisiones militares a Hussein y a más de 80 de sus principales subalternos, que si continuaban las riñas, los "llevaría a La Haya", en referencia al tribunal internacional allá.
Funcionarios de la embajada norteamericana no quisieron comentar sobre este u otros aspectos de las labores de la Oficina de Crímenes del Régimen, que ha gastado más de 35 millones de dólares para contribuir a las investigaciones del tribunal y para construir un tribunal especial, y no ha ocultado en los últimos meses su exasperación ante los intentos de políticos iraquíes de interferir con las labores del tribunal.
Esos funcionarios dijeron que algunos dirigentes iraquíes no se han dado cuenta del daño que se causaría a la credibilidad del tribunal si su independencia judicial fuese comprometida. El tribunal ha sido criticado por juristas internacionales, muchos de los que han argumentado que Estados Unidos debió haber accedido antes a transferir a Hussein y sus asociados a un tribunal internacional similar al de La Haya que ha juzgado a los dirigentes implicados en las guerras de los Balcanes en los años noventa.
La riña sobre los ex miembros del Partido Baaz es la crisis más seria hasta el momento en la turbulenta historia del Tribunal Especial iraquí, instalado por las autoridades de la ocupación estadounidense hace 16 meses para investigar y juzgar atrocidades cometidas durante el gobierno de 24 años de Hussein.
Desde que Iraq recuperara formalmente su soberanía en junio del año pasado, dos gobiernos iraquíes, el primero encabezado por Ayad Allawi, el segundo por Jaafari, han tratado de controlar el tribunal, por el rendimiento político que imaginan que obtendrán los que decidan el destino de Hussein y otros miembros de su elite gobernante.
Chalabi no ha ocultado su frustración el año pasado por el despido de su sobrino, Salem Chalabi, un abogado educado en Estados Unidos, como el director del tribunal. El despido fue ordenado por Allawi, el ex primer ministro, que es un primo distanciado de Chalabi y un rival entre los políticos que compiten por el apoyo de chiíes laicos.
Un funcionario del tribunal despedido hace algunos días fue Amar al-Bekhri, nombrado por Allawi para remplazar a Salem Chalabi.
Otros despedidos son el director de seguridad del tribunal y el jefe del programa de protección de testigos, de acuerdo a funcionarios del tribunal. Ambos, dijeron los funcionarios, fueron cruciales para los planes de un temprano juicio de Hussein y tres de sus principales asociados en la ejecución de 150 hombres y jóvenes tras un intento de asesinato contra Hussein en 1982.
Chalabi era el favorito de importantes funcionarios del Pentágono para ser el primer presidente en un Iraq post-Hussein. Pero se separó de sus protectores americanos tras el derrocamiento de Hussein, acusado de entregar información engañosa al ministerio de Defensa antes de la invasión de 2003 sobre el programa de Hussein para producir armas ilícitas, y, después de la invasión, de pasar informaciones secretas norteamericanas a Irán. Hace poco, ha formado una alianza política con Moktada al-Sáder, el clérigo chií que dirigió el año pasado dos insurrecciones contra las fuerzas americanas.
Chalabi ha intentado sacar a antiguos baazistas del tribunal en su papel como director del llamado comité de desbaazificación, establecido bajo la ocupación para investigar a antiguos miembros del Partido Baaz solicitando trabajo en el gobierno post-Hussein. Con decenas de miles de antiguos baazistas tratando de retomar sus carreras en cualquier cosa, desde las fuerzas armadas hasta la enseñanza, el puesto es poderoso, y crucial para Chalabi, que carece de apoyo popular en Iraq.
No respondió a peticiones de una entrevista sobre la purga del tribunal, refiriéndose a informes a Feisal, el director del comité de desbaazificación.
En la carta exigiendo el despido de nueve funcionarios, Chalabi citó el estatuto de fundación del tribunal que excluye a antiguos miembros del Partido Baaz de posiciones en el tribunal. Los despidos de años recientes fueron ordenados por Jamal Mustafa, jefe del tribunal, que dijo a los que perdieron sus trabajos, incluyendo a Bekhri, el presidente, que la carta de Chalabi no le dejaba otra opción que acatar la ley.
Feisal dijo en una entrevista que Chalabi había preparado una segunda lista de 19 funcionarios, incluyendo a Juhi, que tendría que ser retirado para cumplir con la norma. Dijo que el comité estaba preparado para esperar a que el tribunal nombre remplazos de los 19 antes de insistir en sus despidos, y ser paciente sobre el nombramiento de nuevos jueces.
Importantes funcionarios del tribunal dijeron que las acciones de Chalabi ignoraban una realidad del Iraq de Hussein, que era que todos los fiscales, jueces y funcionarios de alto nivel de los tribunales debían ser miembros del Partido Baaz. Con el respaldo de funcionarios americanos, esos funcionarios han pedido al gobierno de Jaafari que reforme el estatuto y adopte las normas válidas para otras dependencias del gobierno iraquí, que sólo excluye a los baazistas que pertenecían a los cuatro primeros rangos de la jerarquía del partido.
De acuerdo a esa norma, dicen funcionarios del tribunal, Juhi, Bekhri y otros jueces y fiscales en la lista de Chalabi podrían ser perdonados. Pero Feisal dijo que el comité presionaría a los miembros del parlamento para que se opongan al aligeramiento de la norma cuando apruebe el nuevo estatuto, probablemente la próxima semana.
"Hemos tomado contacto con muchos miembros de la Asamblea Nacional, y tenemos la impresión de que la mayoría de ellos se opondrán a cualquier cambio", dijo.
20 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. El tribunal iraquí que prepara el juicio de Saddam Hussein se encuentra sacudido por el despido de nueve importantes miembros del staff y la amenaza de despedir a 19 más, incluyendo al juez instructor.El trastorno estalló a la vista pública el martes cuando un ayudante de Ahmad Chalabi, el antiguo protegido del Pentágono que es vice-primer ministro en el gobierno de transición, confirmó que Chalabi había empezado a exigir el despido de ex miembros del Partido Baaz gobernante de Hussein, de sus posiciones en el personal del tribunal como jueces, fiscales y administradores. Chalabi dice que los 28 hombres que ha mencionado para su despido son inelegibles bajo la ley iraquí para un empleo en el tribunal debido a su pertenencia a ese partido.
No quedó inmediatamente claro si sus intentos desbaratarán el calendario del juicio, que debe empezar en septiembre. Un ayudante de Chalabi, Ali Feisal, dijo el martes que Chalabi había aplazado su intento de despedir al juez instructor, Raid Juhi, y otros del tribunal de 65 miembros para no "interrumpir" el trabajo del tribunal o el calendario del juicio de Hussein, pero que el despido de antiguos baazistas continuaría a medida que se nombraba a sus remplazantes.
Las acciones de Chalabi han causado alarma entre importantes funcionarios americanos aquí, incluyendo a los de la Oficina de Enlace para Crímenes del Régimen, que juega un papel crucial tras los bastidores en la supervisión del trabajo del tribunal. Funcionarios americanos han expresado su preocupación directamente al primer ministro Ibrahim al-Jaafari, que ha intervenido en un intento, de momento infructuoso, de refrenar el asalto de Chalabi contra el tribunal, dicen funcionarios iraquíes.
Un funcionario iraquí, insistiendo en no ser identificado debido a que pone en peligro su posición en el tribunal, dijo que un funcionario estadounidense había advertido al gobierno de Jaafari que Estados Unidos, que retiene en prisiones militares a Hussein y a más de 80 de sus principales subalternos, que si continuaban las riñas, los "llevaría a La Haya", en referencia al tribunal internacional allá.
Funcionarios de la embajada norteamericana no quisieron comentar sobre este u otros aspectos de las labores de la Oficina de Crímenes del Régimen, que ha gastado más de 35 millones de dólares para contribuir a las investigaciones del tribunal y para construir un tribunal especial, y no ha ocultado en los últimos meses su exasperación ante los intentos de políticos iraquíes de interferir con las labores del tribunal.
Esos funcionarios dijeron que algunos dirigentes iraquíes no se han dado cuenta del daño que se causaría a la credibilidad del tribunal si su independencia judicial fuese comprometida. El tribunal ha sido criticado por juristas internacionales, muchos de los que han argumentado que Estados Unidos debió haber accedido antes a transferir a Hussein y sus asociados a un tribunal internacional similar al de La Haya que ha juzgado a los dirigentes implicados en las guerras de los Balcanes en los años noventa.
La riña sobre los ex miembros del Partido Baaz es la crisis más seria hasta el momento en la turbulenta historia del Tribunal Especial iraquí, instalado por las autoridades de la ocupación estadounidense hace 16 meses para investigar y juzgar atrocidades cometidas durante el gobierno de 24 años de Hussein.
Desde que Iraq recuperara formalmente su soberanía en junio del año pasado, dos gobiernos iraquíes, el primero encabezado por Ayad Allawi, el segundo por Jaafari, han tratado de controlar el tribunal, por el rendimiento político que imaginan que obtendrán los que decidan el destino de Hussein y otros miembros de su elite gobernante.
Chalabi no ha ocultado su frustración el año pasado por el despido de su sobrino, Salem Chalabi, un abogado educado en Estados Unidos, como el director del tribunal. El despido fue ordenado por Allawi, el ex primer ministro, que es un primo distanciado de Chalabi y un rival entre los políticos que compiten por el apoyo de chiíes laicos.
Un funcionario del tribunal despedido hace algunos días fue Amar al-Bekhri, nombrado por Allawi para remplazar a Salem Chalabi.
Otros despedidos son el director de seguridad del tribunal y el jefe del programa de protección de testigos, de acuerdo a funcionarios del tribunal. Ambos, dijeron los funcionarios, fueron cruciales para los planes de un temprano juicio de Hussein y tres de sus principales asociados en la ejecución de 150 hombres y jóvenes tras un intento de asesinato contra Hussein en 1982.
Chalabi era el favorito de importantes funcionarios del Pentágono para ser el primer presidente en un Iraq post-Hussein. Pero se separó de sus protectores americanos tras el derrocamiento de Hussein, acusado de entregar información engañosa al ministerio de Defensa antes de la invasión de 2003 sobre el programa de Hussein para producir armas ilícitas, y, después de la invasión, de pasar informaciones secretas norteamericanas a Irán. Hace poco, ha formado una alianza política con Moktada al-Sáder, el clérigo chií que dirigió el año pasado dos insurrecciones contra las fuerzas americanas.
Chalabi ha intentado sacar a antiguos baazistas del tribunal en su papel como director del llamado comité de desbaazificación, establecido bajo la ocupación para investigar a antiguos miembros del Partido Baaz solicitando trabajo en el gobierno post-Hussein. Con decenas de miles de antiguos baazistas tratando de retomar sus carreras en cualquier cosa, desde las fuerzas armadas hasta la enseñanza, el puesto es poderoso, y crucial para Chalabi, que carece de apoyo popular en Iraq.
No respondió a peticiones de una entrevista sobre la purga del tribunal, refiriéndose a informes a Feisal, el director del comité de desbaazificación.
En la carta exigiendo el despido de nueve funcionarios, Chalabi citó el estatuto de fundación del tribunal que excluye a antiguos miembros del Partido Baaz de posiciones en el tribunal. Los despidos de años recientes fueron ordenados por Jamal Mustafa, jefe del tribunal, que dijo a los que perdieron sus trabajos, incluyendo a Bekhri, el presidente, que la carta de Chalabi no le dejaba otra opción que acatar la ley.
Feisal dijo en una entrevista que Chalabi había preparado una segunda lista de 19 funcionarios, incluyendo a Juhi, que tendría que ser retirado para cumplir con la norma. Dijo que el comité estaba preparado para esperar a que el tribunal nombre remplazos de los 19 antes de insistir en sus despidos, y ser paciente sobre el nombramiento de nuevos jueces.
Importantes funcionarios del tribunal dijeron que las acciones de Chalabi ignoraban una realidad del Iraq de Hussein, que era que todos los fiscales, jueces y funcionarios de alto nivel de los tribunales debían ser miembros del Partido Baaz. Con el respaldo de funcionarios americanos, esos funcionarios han pedido al gobierno de Jaafari que reforme el estatuto y adopte las normas válidas para otras dependencias del gobierno iraquí, que sólo excluye a los baazistas que pertenecían a los cuatro primeros rangos de la jerarquía del partido.
De acuerdo a esa norma, dicen funcionarios del tribunal, Juhi, Bekhri y otros jueces y fiscales en la lista de Chalabi podrían ser perdonados. Pero Feisal dijo que el comité presionaría a los miembros del parlamento para que se opongan al aligeramiento de la norma cuando apruebe el nuevo estatuto, probablemente la próxima semana.
"Hemos tomado contacto con muchos miembros de la Asamblea Nacional, y tenemos la impresión de que la mayoría de ellos se opondrán a cualquier cambio", dijo.
20 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
nuevos amigos de iraq
[Robert Scheer] Son peligrosos. Son fundamentalistas. Son fanáticos.
El domingo, la guerra contra el terrorismo de George W. Bush, fue colocada cabeza abajo -y esta vez hasta el presidente se pueda dar cuenta. Eso es porque cuando "nuestros hombres" en Iraq empiecen a aliarse firmemente con un país del eje del mal', tienen que sonar algunas alarmas, ¿no?
Me refiero a la declaración conjunta emitida en Teherán por los jefes de estado de Iraq e Irán: "Hoy necesitamos un esfuerzo común y doble para hacer frente al terrorismo, que se puede extender en la región y en el mundo", dijo el primer ministro iraquí Ibrahim Jafari, que visitó Irán con 10 de sus ministros, después de una visita similar de su ministro de Defensa. La declaración emitida por él y sus contrapartes iraníes anuncia la colaboración mutua entre los dos vecinos, que incluirá un oleoducto que cruza las fronteras, propuestas de seguridad conjuntas e informaciones de los servicios secretos compartidas.
¡Repentinamente, todo el mundo está contra el terrorismo!
Me gustaría que fuera así. Pero no lo es. Pensad que en Teherán, Jafari también rindió tributo al padre de la teocracia iraní, al visitar el santuario del ayatollah Ruhollah Khomeini. Que el fanatismo de Khomeini está todavía más que vivo en el Irán de hoy, quedó claro con la elección el mes pasado de uno de sus Guardias Revolucionarios originales como el nuevo presidente del país.
Al hacer el peregrinaje al Irán chií, el gobierno chií iraquí también estaba prestando homenaje a los revolucionarios chiíes iraquíes que les dieron refugio y apoyo, incluyendo a Jafari mismo, que pasó aquí 10 años de exilio. Jafari también reiteró una declaración anterior en la que su gobierno ofreció excusas por el papel de Iraq en la larga guerra con Irán. (Qué embarazoso que el ministro de Defensa, Donald Rumsfeld, cuando esa guerra era considerada por el gobierno del presidente Reagan como un modo conveniente, aunque terriblemente sangriento, de distraer y debilitar Irán).
Ahora, gracias a la invasión norteamericana, se está formando una nueva alianza entre Irán e Iraq que amenaza con desestabilizar todavía más la vida política de Oriente Medio. No se suponía que fuera a pasar esto.
La forzada democratización de Iraq, de acuerdo a sus arquitectos neo-conservadores, debía asegurar el petróleo para Estados Unidos, proteger a Israel, abrir mercados para empresas occidentales y, ah, claro, quizás disminuir el terrorismo. Sin embargo, después de la invasión, Estados Unidos, recibido decididamente con más hostilidad y menos flores que las esperadas, se mostró renuente a permitir elecciones, debido a que su resultado probablemente no sería el de un gobierno flexible.
Entonces el gran ayatollah Ali Sistani, el líder religioso chií, amenazó con sacar a sus partidarios a la calle a protestar contra la ocupación si no se permitían elecciones con el principio de una persona un voto. Y cuando quedó claro los "malos" podrían ganar las elecciones que Estados Unidos fue obligado a convocar, la Casa Blanca de Bush, de acuerdo a un artículo de Seymour Hersh en el último New Yorker, trató de comprar votos para el antiguo operativo de la CIA, Iyad Allawi.
Cuando la lista electoral de Allawi fue sólidamente derrotada, ¿qué hizo Bush? Sin ningún resultado positivo en Iraq desde la exitosa invasión militar y las alentadoras elecciones dos años después, no tuvo otra opción que aceptar a los vencedores -la mayoría chií, la mayoría fundamentalista- como los salvadores de un Iraq democrático y libre.
Lamentablemente, no son nada de eso. En Basra, donde han estado en el poder desde la invasión norteamericana, los matones religiosos son los que controlan efectivamente el poder y aplican medidas teocráticas sobre la conducta de las mujeres y otros derechos humanos básicos todavía más opresivas que el vecino Irán.
Incluso peor, su victoria ha alentado un furioso resentimiento sunní, y la acompañante resistencia que ha estado atacando a civiles chiíes con el claro objetivo de provocar una guerra étnica. Durante el fin de semana, más de 100 personas fueron matadas por terroristas suicidas. Sistani mismo denunció lo que llamó ominosamente "guerra genocida".
Enfrentados a esta espantosa posibilidad, ¿sorprende realmente encontrar al gobierno iraquí buscando la ayuda del poderoso Irán? No, pero ciertamente representa un problema para la Casa Blanca, que se encuentra ahora sacrificando diariamente a soldados estadounidenses para apuntalar a un aliado activo del país del que denunciamos, con alguna plausibilidad, que financia a grupos terroristas anti-israelíes y otros y que está empecinado en hacer su propia bomba atómica.
En alguna parte, un tipo llamado Osama bin Laden seguro que se está riendo.
20 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
El domingo, la guerra contra el terrorismo de George W. Bush, fue colocada cabeza abajo -y esta vez hasta el presidente se pueda dar cuenta. Eso es porque cuando "nuestros hombres" en Iraq empiecen a aliarse firmemente con un país del eje del mal', tienen que sonar algunas alarmas, ¿no?Me refiero a la declaración conjunta emitida en Teherán por los jefes de estado de Iraq e Irán: "Hoy necesitamos un esfuerzo común y doble para hacer frente al terrorismo, que se puede extender en la región y en el mundo", dijo el primer ministro iraquí Ibrahim Jafari, que visitó Irán con 10 de sus ministros, después de una visita similar de su ministro de Defensa. La declaración emitida por él y sus contrapartes iraníes anuncia la colaboración mutua entre los dos vecinos, que incluirá un oleoducto que cruza las fronteras, propuestas de seguridad conjuntas e informaciones de los servicios secretos compartidas.
¡Repentinamente, todo el mundo está contra el terrorismo!
Me gustaría que fuera así. Pero no lo es. Pensad que en Teherán, Jafari también rindió tributo al padre de la teocracia iraní, al visitar el santuario del ayatollah Ruhollah Khomeini. Que el fanatismo de Khomeini está todavía más que vivo en el Irán de hoy, quedó claro con la elección el mes pasado de uno de sus Guardias Revolucionarios originales como el nuevo presidente del país.
Al hacer el peregrinaje al Irán chií, el gobierno chií iraquí también estaba prestando homenaje a los revolucionarios chiíes iraquíes que les dieron refugio y apoyo, incluyendo a Jafari mismo, que pasó aquí 10 años de exilio. Jafari también reiteró una declaración anterior en la que su gobierno ofreció excusas por el papel de Iraq en la larga guerra con Irán. (Qué embarazoso que el ministro de Defensa, Donald Rumsfeld, cuando esa guerra era considerada por el gobierno del presidente Reagan como un modo conveniente, aunque terriblemente sangriento, de distraer y debilitar Irán).
Ahora, gracias a la invasión norteamericana, se está formando una nueva alianza entre Irán e Iraq que amenaza con desestabilizar todavía más la vida política de Oriente Medio. No se suponía que fuera a pasar esto.
La forzada democratización de Iraq, de acuerdo a sus arquitectos neo-conservadores, debía asegurar el petróleo para Estados Unidos, proteger a Israel, abrir mercados para empresas occidentales y, ah, claro, quizás disminuir el terrorismo. Sin embargo, después de la invasión, Estados Unidos, recibido decididamente con más hostilidad y menos flores que las esperadas, se mostró renuente a permitir elecciones, debido a que su resultado probablemente no sería el de un gobierno flexible.
Entonces el gran ayatollah Ali Sistani, el líder religioso chií, amenazó con sacar a sus partidarios a la calle a protestar contra la ocupación si no se permitían elecciones con el principio de una persona un voto. Y cuando quedó claro los "malos" podrían ganar las elecciones que Estados Unidos fue obligado a convocar, la Casa Blanca de Bush, de acuerdo a un artículo de Seymour Hersh en el último New Yorker, trató de comprar votos para el antiguo operativo de la CIA, Iyad Allawi.
Cuando la lista electoral de Allawi fue sólidamente derrotada, ¿qué hizo Bush? Sin ningún resultado positivo en Iraq desde la exitosa invasión militar y las alentadoras elecciones dos años después, no tuvo otra opción que aceptar a los vencedores -la mayoría chií, la mayoría fundamentalista- como los salvadores de un Iraq democrático y libre.
Lamentablemente, no son nada de eso. En Basra, donde han estado en el poder desde la invasión norteamericana, los matones religiosos son los que controlan efectivamente el poder y aplican medidas teocráticas sobre la conducta de las mujeres y otros derechos humanos básicos todavía más opresivas que el vecino Irán.
Incluso peor, su victoria ha alentado un furioso resentimiento sunní, y la acompañante resistencia que ha estado atacando a civiles chiíes con el claro objetivo de provocar una guerra étnica. Durante el fin de semana, más de 100 personas fueron matadas por terroristas suicidas. Sistani mismo denunció lo que llamó ominosamente "guerra genocida".
Enfrentados a esta espantosa posibilidad, ¿sorprende realmente encontrar al gobierno iraquí buscando la ayuda del poderoso Irán? No, pero ciertamente representa un problema para la Casa Blanca, que se encuentra ahora sacrificando diariamente a soldados estadounidenses para apuntalar a un aliado activo del país del que denunciamos, con alguna plausibilidad, que financia a grupos terroristas anti-israelíes y otros y que está empecinado en hacer su propia bomba atómica.
En alguna parte, un tipo llamado Osama bin Laden seguro que se está riendo.
20 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
25 mil civiles muertos
[Alissa J. Rubin] Muchos iraquíes fueron matados por militares norteamericanos; otros, por criminales e insurgentes, entre la invasión y el 19 de marzo.
Bagdad, Iraq. La violencia en Iraq ha terminado con la vida de 25.000 civiles, y dejado 42.500 heridos en los años que van desde la invasión norteamericana en marzo de 2003, de acuerdo a una detallada compilación y análisis de boletines de prensa dado a conocer el martes por un par de grupos británicos que se oponen a la guerra.
El informe se publica en medio de otras 24 horas de violencia en Iraq, que mataron al menos a 29 personas, incluyendo a un dirigente político, varios agentes de policía, un obrero y ocho jornaleros civiles en una base militar norteamericana.
Al compilar la diaria letanía de los muertos -agregando cifras a las bajas reportadas en cerca de 10.000 boletines de prensa-, Iraqbodycount.org y el Grupo de Investigación de Oxford han creado lo que llaman un "temprano análisis de los costes humanos conocidos de la intervención militar. "Es el informe más detallado sobre bajas civiles desde que comenzara la guerra".
El gobierno estadounidense no lleva la cuenta de las bajas civiles iraquíes y aunque el ministerio de Sanidad iraquí compila certificados de defunción, no empezó a hacerlo sistemáticamente sino en 2004, y no los publica regularmente.
El hallazgo básico de los grupos de derechos es que "ningún sector de la sociedad iraquí ha escapado a la violencia", dijo el profesor John Sloboda, uno de los autores del informe.
Los datos cubren el período que va desde el inicio de la invasión norteamericana el 20 de marzo de 2003, hasta el 19 de marzo de 2005. Las estadísticas no incluyen muertes que ocurrieron durante los últimos cuatro meses, que ha sido uno de los períodos más violentos.
Desde que empezara la guerra, han muerto 1.762 soldados norteamericanos, junto con 92 tropas británicas y 100 otras tropas de la coalición norteamericana, de acuerdo a la Associated Press. No hay estadísticas fiables sobre el número de bajas de los combatientes enemigos e insurgentes.
Hallazgos claves del informe incluyen:
-Mujeres y niños constituyen un 18 por ciento de los civiles matados.
-Casi la mitad de las muertes ocurrieron en Bagdad.
-30 por ciento de las muertes ocurrieron durante la fase de la invasión.
Los autores del estudio utilizaron el termino "agente desconocidos" para los asesinos cuya identidad no pudo ser determinada en los informes de prensa. Por ejemplo, cuando tres personas fueron fatalmente heridas frente a una mezquita, es difícil decir si representa el acto de un insurgente, un delito común o violencia sectaria.
De los matados por los insurgentes, delincuentes o agentes desconocidos, 9.5 por ciento fueron claramente matados por insurgentes, y 36 por ciento por criminales y agentes desconocidos, de acuerdo al informe.
Expertos de fuera observaron que, debido a la dificultad de reunir información fiable en Iraq y al inevitable prejuicio político, la información era casi ciertamente incompleta. Sin embargo, "las altas cifras de bajas revelan la testarudez de las fuerzas contra la coalición", dijo Anthony H. Cordesman, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un laboratorio ideológico de Washington.
"Sospecho que es un mensaje a todos nosotros de que esta es una lucha contra-insurgente muy seria, que está muriendo gente en grandes cantidades. Ciertamente, cuando miras los datos, el hecho de que tantos sean inocentes, es importante", dijo Cordesman, un analista militar que es especializa en Iraq.
Pero dijo que los informes sobre el número de gente muerta y heridos en la guerra a menudo se confunden y es difícil saber "cuántos eran realmente civiles".
Aunque Iraqbodycount se opone a la guerra, su informe ha sido reconocido por expertos como una cuidadosamente detallada compilación de datos, además de conclusiones que reflejan los puntos de vista de los autores.
El nuevo informe es particularmente vulnerable a críticas planteadas por Cordesman de que puede haber contado a alguna gente como civiles mientras que de hecho eran aliados de la resistencia. En una guerra de guerrillas, es a menudo difícil determinar quién es un combatiente y quién un transeúnte."Hacer ese juicio es una de las cosas más difíciles que hacemos", dijo Hamit Dardagan, uno de los autores del estudio. "Hacemos una evaluación basándonos en el contexto de cada artículo revisado, y la mayor parte de nuestras dudas sobre las cifras se deben a eso", dijo.
De acuerdo al estudio, hasta el 19 de marzo habían muerto 24.865 civiles. Los autores dijeron que exigían que cada muerte contada fuera documentada por al menos dos agencias de prensa.
Las fuerzas armadas norteamericanas emitieron una declaración subrayando que no atacaban a civiles, un punto que se hizo eco de comentarios oficiales del gobierno iraquí sobre el informe. Sin embargo, los funcionarios no rechazaron cifras específicas en el informe.
"Las fuerzas de la coalición no han atacado a la población civil iraquí durante la Operación Libertad Iraquí. Hemos hecho todo lo posible para controlar que los civiles no sean perjudicados durante nuestras operaciones", dijo el teniente coronel del ejército, Steven A. Boylan, portavoz de las fuerzas multinacionales, en un e-mail en respuesta a una pregunta del Times.
"Sabemos que la pérdida de vidas inocentes es una tragedia, algo que las fuerzas de seguridad iraquíes y la fuerza multinacional se esfuerzan cuidadosamente por evitarlas cada día que pasa" continuó Boylan.
Las fuerzas armadas norteamericanas y el gobierno iraquí enfatizaron que han sido los insurgentes los que atacan a civiles.
"No deberíamos ignorar que elementos del antiguo régimen, terroristas e insurgentes han hecho una práctica de atacar deliberadamente a no-combatientes; de usar a civiles como escudos humanos; y de operar y realizar ataques contra las fuerzas de la coalición en áreas habitadas por civiles", dijo Boylan.
En una declaración, el portavoz del gobierno iraquí, Laith Kubba, calificó el informe de "equivocado", diciendo que "la plaga del terrorismo ha matado a más iraquíes que las fuerzas multinacionales. En los últimos días, por ejemplo, los terroristas atacaron a niños jugando en la calle, matando a 24 de ellos, y en otro atentado mataron a casi 100 personas en Musayyib.
"Las fuerzas internacionales tratan de evitar las bajas civiles, mientras que los terroristas atacan a civiles y tratan de matar a todos los que pueden", dice la declaración de Kubba.
De hecho, cifras detalladas en el informe cuentan una historia más matizada que el sumario de cifras de la organización.
Un análisis más detenido de las bajas civiles causadas por los militares norteamericanos muestran que ocurrieron principalmente en tres períodos. La gran mayoría ocurrió entre el 20 de marzo y el 9 de abril de 2003. Los otros dos picos fueron durante la batalla de Faluya en 2004, cuando las tropas americanas lanzaron operaciones de gran escala destinadas a erradicar a los insurgentes en las que también murieron civiles, de acuerdo al informe.
En contraste, el número de civiles muertos a consecuencia de atentados de los insurgentes, criminales e individuos desconocidos fue casi cero durante y justo después de la más importante fase de la guerra, pero luego subió firmemente y en la mayoría de los meses superaron de lejos las muertes causadas por Estados Unidos.
"No es un panorama alentador para ningún lado", dijo Dardagan.
Para la mayoría de los iraquíes, especialmente en las grandes ciudades, la violencia se ha convertido en un modo de vida. Ahora muchos restringen sus actividades diarias debido al temor.
Amir Taei, 27, que tiene un diploma universitario en matemáticas y ciencias, dice que ya no sale por la noche en su vecindario bagdadí de clase media para charlar y jugar videojuegos con sus compinches. Hace poco, uno de sus amigos del barrio fue matado a balazos cuando trabajaba en su pequeña tienda vendiendo refrescos.
"Se llamaba Akil Hakim. Estaba en los treinta, casado, tres hijos, y era muy pobre. Un coche coreanos con tres hombres armados... lo mataron con una ametralladora con silenciador", dijo Taei.
"No sabemos por qué lo mataron, pero la gente dice que él estaba siempre hablando sobre la resistencia y alabando al actual gobierno". Hakim era un musulmán chií, agregó.
Taei tiene miedo de salir porque "quizás un grupo desconocido nos está vigilando. Nuestro barrio era antes uno de los más seguros".
Borzou Daragahi en Baghdad y John Hendren en Amán, Jordania, contribuyeron a este reportaje.
20 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. La violencia en Iraq ha terminado con la vida de 25.000 civiles, y dejado 42.500 heridos en los años que van desde la invasión norteamericana en marzo de 2003, de acuerdo a una detallada compilación y análisis de boletines de prensa dado a conocer el martes por un par de grupos británicos que se oponen a la guerra.El informe se publica en medio de otras 24 horas de violencia en Iraq, que mataron al menos a 29 personas, incluyendo a un dirigente político, varios agentes de policía, un obrero y ocho jornaleros civiles en una base militar norteamericana.
Al compilar la diaria letanía de los muertos -agregando cifras a las bajas reportadas en cerca de 10.000 boletines de prensa-, Iraqbodycount.org y el Grupo de Investigación de Oxford han creado lo que llaman un "temprano análisis de los costes humanos conocidos de la intervención militar. "Es el informe más detallado sobre bajas civiles desde que comenzara la guerra".
El gobierno estadounidense no lleva la cuenta de las bajas civiles iraquíes y aunque el ministerio de Sanidad iraquí compila certificados de defunción, no empezó a hacerlo sistemáticamente sino en 2004, y no los publica regularmente.
El hallazgo básico de los grupos de derechos es que "ningún sector de la sociedad iraquí ha escapado a la violencia", dijo el profesor John Sloboda, uno de los autores del informe.
Los datos cubren el período que va desde el inicio de la invasión norteamericana el 20 de marzo de 2003, hasta el 19 de marzo de 2005. Las estadísticas no incluyen muertes que ocurrieron durante los últimos cuatro meses, que ha sido uno de los períodos más violentos.
Desde que empezara la guerra, han muerto 1.762 soldados norteamericanos, junto con 92 tropas británicas y 100 otras tropas de la coalición norteamericana, de acuerdo a la Associated Press. No hay estadísticas fiables sobre el número de bajas de los combatientes enemigos e insurgentes.
Hallazgos claves del informe incluyen:
-Mujeres y niños constituyen un 18 por ciento de los civiles matados.
-Casi la mitad de las muertes ocurrieron en Bagdad.
-30 por ciento de las muertes ocurrieron durante la fase de la invasión.
Los autores del estudio utilizaron el termino "agente desconocidos" para los asesinos cuya identidad no pudo ser determinada en los informes de prensa. Por ejemplo, cuando tres personas fueron fatalmente heridas frente a una mezquita, es difícil decir si representa el acto de un insurgente, un delito común o violencia sectaria.
De los matados por los insurgentes, delincuentes o agentes desconocidos, 9.5 por ciento fueron claramente matados por insurgentes, y 36 por ciento por criminales y agentes desconocidos, de acuerdo al informe.
Expertos de fuera observaron que, debido a la dificultad de reunir información fiable en Iraq y al inevitable prejuicio político, la información era casi ciertamente incompleta. Sin embargo, "las altas cifras de bajas revelan la testarudez de las fuerzas contra la coalición", dijo Anthony H. Cordesman, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un laboratorio ideológico de Washington.
"Sospecho que es un mensaje a todos nosotros de que esta es una lucha contra-insurgente muy seria, que está muriendo gente en grandes cantidades. Ciertamente, cuando miras los datos, el hecho de que tantos sean inocentes, es importante", dijo Cordesman, un analista militar que es especializa en Iraq.
Pero dijo que los informes sobre el número de gente muerta y heridos en la guerra a menudo se confunden y es difícil saber "cuántos eran realmente civiles".
Aunque Iraqbodycount se opone a la guerra, su informe ha sido reconocido por expertos como una cuidadosamente detallada compilación de datos, además de conclusiones que reflejan los puntos de vista de los autores.
El nuevo informe es particularmente vulnerable a críticas planteadas por Cordesman de que puede haber contado a alguna gente como civiles mientras que de hecho eran aliados de la resistencia. En una guerra de guerrillas, es a menudo difícil determinar quién es un combatiente y quién un transeúnte."Hacer ese juicio es una de las cosas más difíciles que hacemos", dijo Hamit Dardagan, uno de los autores del estudio. "Hacemos una evaluación basándonos en el contexto de cada artículo revisado, y la mayor parte de nuestras dudas sobre las cifras se deben a eso", dijo.
De acuerdo al estudio, hasta el 19 de marzo habían muerto 24.865 civiles. Los autores dijeron que exigían que cada muerte contada fuera documentada por al menos dos agencias de prensa.
Las fuerzas armadas norteamericanas emitieron una declaración subrayando que no atacaban a civiles, un punto que se hizo eco de comentarios oficiales del gobierno iraquí sobre el informe. Sin embargo, los funcionarios no rechazaron cifras específicas en el informe.
"Las fuerzas de la coalición no han atacado a la población civil iraquí durante la Operación Libertad Iraquí. Hemos hecho todo lo posible para controlar que los civiles no sean perjudicados durante nuestras operaciones", dijo el teniente coronel del ejército, Steven A. Boylan, portavoz de las fuerzas multinacionales, en un e-mail en respuesta a una pregunta del Times.
"Sabemos que la pérdida de vidas inocentes es una tragedia, algo que las fuerzas de seguridad iraquíes y la fuerza multinacional se esfuerzan cuidadosamente por evitarlas cada día que pasa" continuó Boylan.
Las fuerzas armadas norteamericanas y el gobierno iraquí enfatizaron que han sido los insurgentes los que atacan a civiles.
"No deberíamos ignorar que elementos del antiguo régimen, terroristas e insurgentes han hecho una práctica de atacar deliberadamente a no-combatientes; de usar a civiles como escudos humanos; y de operar y realizar ataques contra las fuerzas de la coalición en áreas habitadas por civiles", dijo Boylan.
En una declaración, el portavoz del gobierno iraquí, Laith Kubba, calificó el informe de "equivocado", diciendo que "la plaga del terrorismo ha matado a más iraquíes que las fuerzas multinacionales. En los últimos días, por ejemplo, los terroristas atacaron a niños jugando en la calle, matando a 24 de ellos, y en otro atentado mataron a casi 100 personas en Musayyib.
"Las fuerzas internacionales tratan de evitar las bajas civiles, mientras que los terroristas atacan a civiles y tratan de matar a todos los que pueden", dice la declaración de Kubba.
De hecho, cifras detalladas en el informe cuentan una historia más matizada que el sumario de cifras de la organización.
Un análisis más detenido de las bajas civiles causadas por los militares norteamericanos muestran que ocurrieron principalmente en tres períodos. La gran mayoría ocurrió entre el 20 de marzo y el 9 de abril de 2003. Los otros dos picos fueron durante la batalla de Faluya en 2004, cuando las tropas americanas lanzaron operaciones de gran escala destinadas a erradicar a los insurgentes en las que también murieron civiles, de acuerdo al informe.
En contraste, el número de civiles muertos a consecuencia de atentados de los insurgentes, criminales e individuos desconocidos fue casi cero durante y justo después de la más importante fase de la guerra, pero luego subió firmemente y en la mayoría de los meses superaron de lejos las muertes causadas por Estados Unidos.
"No es un panorama alentador para ningún lado", dijo Dardagan.
Para la mayoría de los iraquíes, especialmente en las grandes ciudades, la violencia se ha convertido en un modo de vida. Ahora muchos restringen sus actividades diarias debido al temor.
Amir Taei, 27, que tiene un diploma universitario en matemáticas y ciencias, dice que ya no sale por la noche en su vecindario bagdadí de clase media para charlar y jugar videojuegos con sus compinches. Hace poco, uno de sus amigos del barrio fue matado a balazos cuando trabajaba en su pequeña tienda vendiendo refrescos.
"Se llamaba Akil Hakim. Estaba en los treinta, casado, tres hijos, y era muy pobre. Un coche coreanos con tres hombres armados... lo mataron con una ametralladora con silenciador", dijo Taei.
"No sabemos por qué lo mataron, pero la gente dice que él estaba siempre hablando sobre la resistencia y alabando al actual gobierno". Hakim era un musulmán chií, agregó.
Taei tiene miedo de salir porque "quizás un grupo desconocido nos está vigilando. Nuestro barrio era antes uno de los más seguros".
Borzou Daragahi en Baghdad y John Hendren en Amán, Jordania, contribuyeron a este reportaje.
20 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
supervivientes de saddam
[Qassim Abdul-Zahra y Bassem Mroue] Durante más de 20 años, Khamisa Youssef había soñado con el día en que Saddam Hussein pagara por la muerte de su marido y sus seis hijos. Ahora, dice, ese día está cerca.
Dujail, Iraq. Funcionarios iraquíes anunciaron ayer el primer caso criminal contra Hussein por la masacre en 1982 de aldeanos chiíes, incluyendo a la familia de Khamisa, en esta ciudad a unos 80 kilómetros al norte de Bagdad. El tribunal tiene 45 días para fijar la fecha del juicio.
La represión fue en venganza por un intento de asesinato montado por los aldeanos en la cúspide del poder de Hussein. Investigadores iraquíes dicen que al menos 150 fueron personas asesinadas, pero vecinos de la ciudad dicen que muchos más han desaparecido. Hussein y otros tres acusados de la masacre pueden ser condenados a muerte si se les encuentra culpables.
"No sé si mis hijos participaron en el intento de asesinato", dijo Khamisa, 75, sentada frente a un versión enmarcada del Corán en su modesta casa. "Quiero que matan a Saddam y sus ayudantes del mismo modo que mataron a mis hijos".
Muchos vecinos conservan un profundo odio por Hussein, convencidos de que cualquiera sea la participación de otros, estaban siguiendo sus órdenes.
"Si lo viera ahora, lo mataría con un cuchillo afilado", dijo Khamisa.
"Pero incluso si hago eso", agregó, "seguiré insatisfecha, porque mató a mi marido y a mis hijos".
Ha pasado casi una generación desde los sucesos del 8 de julio de 1982. Sin embargo, para la gente de esta comunidad agrícola, próspera en el pasado, junto a la principal carretera entre Bagdad y Mosul, las imágenes siguen vivas.
Cuando se acercaba la caravana de automóviles para reunirse con líderes tribales, ráfagas de balas estalló desde los palmares en la parte norte de la ciudad. La venganza fue rápida. Helicópteros del ejército iraquí dispararon contra los vecinos. Otros fueron detenidos y encarcelados. Muchos fueron ejecutados.
Khamisa, que se identificó a sí misma sólo con su nombre de pila y el de su padre, como es costumbre en el país, nunca volvió a ver a su marido, Abed Ali Hassan, o sus seis hijos después de que los detuvieran.
Ella pasó cuatro años en la cárcel, dos en la cárcel de Abu Ghraib, y el resto en la cárcel de Nograt Salman, en la frontera saudí.
Los vecinos dicen que la represión fue orquestado por tres matones de Hussein que también serán enjuiciados: su medio hermano, Barzan Ibrahim al-Tikriti; el ex vice-presidente Taha Yassin Ramadan; y Awad Hamad al-Bandar, un ex funcionario baazista.
Un enclave chií en un área predominantemente sunní, Dujail fue un bastión del Partido Dawa, entonces prohibido, que organizó el intento de asesinato y cuyos miembros incluyen al primer ministro Ibrahim al-Jafaari. Dawa se oponía a Hussein por su invasión de las partes dominadas por los chiíes de Iraq en 1980.
"Apoyamos al Partido Dawa y el Consejo Supremo porque luchan contra los baazistas", dijo Abdullah Hikmat, que tenía 6 años en la época de la masacre. "Espero que Saddam y su banda sean ejecutados. Nos robó nuestro dinero y nuestras propiedades.
"Para mí, ejecutar a Saddan es mejor a que nos devuelvan las propiedades robadas".
Con Hussein derrocado y bajo custodia norteamericana, el partido Dawa mantiene una oficina en el centro de la ciudad junto a otro importante partido chií, el Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq.
Muchas tiendas exhiben fotografías de líderes religiosos chiíes, como el gran ayatollah Ali al-Sistani, el difunto Mohammed Baqir al-Hakim, y el fundador del Partido Dawa, Mohammed Baqir al-Sáder, al que el gobierno de Hussein ejecutó en 1980.
"Estamos orgullosos de que esta ciudad será recordada siempre como el lugar donde casi matamos a Saddam en la cúspide de su poder", dijo Kadhim Jaafar Ali, 78, cuyo hijo Karim fue asesinado tras ser acusado de participar en el intento de asesinato.
19 de julio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Dujail, Iraq. Funcionarios iraquíes anunciaron ayer el primer caso criminal contra Hussein por la masacre en 1982 de aldeanos chiíes, incluyendo a la familia de Khamisa, en esta ciudad a unos 80 kilómetros al norte de Bagdad. El tribunal tiene 45 días para fijar la fecha del juicio.La represión fue en venganza por un intento de asesinato montado por los aldeanos en la cúspide del poder de Hussein. Investigadores iraquíes dicen que al menos 150 fueron personas asesinadas, pero vecinos de la ciudad dicen que muchos más han desaparecido. Hussein y otros tres acusados de la masacre pueden ser condenados a muerte si se les encuentra culpables.
"No sé si mis hijos participaron en el intento de asesinato", dijo Khamisa, 75, sentada frente a un versión enmarcada del Corán en su modesta casa. "Quiero que matan a Saddam y sus ayudantes del mismo modo que mataron a mis hijos".
Muchos vecinos conservan un profundo odio por Hussein, convencidos de que cualquiera sea la participación de otros, estaban siguiendo sus órdenes.
"Si lo viera ahora, lo mataría con un cuchillo afilado", dijo Khamisa.
"Pero incluso si hago eso", agregó, "seguiré insatisfecha, porque mató a mi marido y a mis hijos".
Ha pasado casi una generación desde los sucesos del 8 de julio de 1982. Sin embargo, para la gente de esta comunidad agrícola, próspera en el pasado, junto a la principal carretera entre Bagdad y Mosul, las imágenes siguen vivas.
Cuando se acercaba la caravana de automóviles para reunirse con líderes tribales, ráfagas de balas estalló desde los palmares en la parte norte de la ciudad. La venganza fue rápida. Helicópteros del ejército iraquí dispararon contra los vecinos. Otros fueron detenidos y encarcelados. Muchos fueron ejecutados.
Khamisa, que se identificó a sí misma sólo con su nombre de pila y el de su padre, como es costumbre en el país, nunca volvió a ver a su marido, Abed Ali Hassan, o sus seis hijos después de que los detuvieran.
Ella pasó cuatro años en la cárcel, dos en la cárcel de Abu Ghraib, y el resto en la cárcel de Nograt Salman, en la frontera saudí.
Los vecinos dicen que la represión fue orquestado por tres matones de Hussein que también serán enjuiciados: su medio hermano, Barzan Ibrahim al-Tikriti; el ex vice-presidente Taha Yassin Ramadan; y Awad Hamad al-Bandar, un ex funcionario baazista.
Un enclave chií en un área predominantemente sunní, Dujail fue un bastión del Partido Dawa, entonces prohibido, que organizó el intento de asesinato y cuyos miembros incluyen al primer ministro Ibrahim al-Jafaari. Dawa se oponía a Hussein por su invasión de las partes dominadas por los chiíes de Iraq en 1980.
"Apoyamos al Partido Dawa y el Consejo Supremo porque luchan contra los baazistas", dijo Abdullah Hikmat, que tenía 6 años en la época de la masacre. "Espero que Saddam y su banda sean ejecutados. Nos robó nuestro dinero y nuestras propiedades.
"Para mí, ejecutar a Saddan es mejor a que nos devuelvan las propiedades robadas".
Con Hussein derrocado y bajo custodia norteamericana, el partido Dawa mantiene una oficina en el centro de la ciudad junto a otro importante partido chií, el Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq.
Muchas tiendas exhiben fotografías de líderes religiosos chiíes, como el gran ayatollah Ali al-Sistani, el difunto Mohammed Baqir al-Hakim, y el fundador del Partido Dawa, Mohammed Baqir al-Sáder, al que el gobierno de Hussein ejecutó en 1980.
"Estamos orgullosos de que esta ciudad será recordada siempre como el lugar donde casi matamos a Saddam en la cúspide de su poder", dijo Kadhim Jaafar Ali, 78, cuyo hijo Karim fue asesinado tras ser acusado de participar en el intento de asesinato.
19 de julio de 2005
©boston globe
©traducción mQh