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oposición a ley antiterrorista


El gobierno de Tony Blair, acusado de preparar un estado policial, podrá difícilmente imponer la nueva versión de su legislación antiterrorista, frente a una oposición que por una vez se unió en contra y a los juristas que ya consideran está condenada a fracasar.
Londres, Gran Bretaña. El 26 de enero, al anunciar la revisión de la ley antiterrorista de 2001, que originó un mini "Guantánamo bis", según Amnistía Internacional (en referencia a la prisión estadounidense en Cuba), el ministro del Interior Charles Clarke pensaba quitarse de encima el problema heredado de su predecesor David Blunkett.
Para hacer cambiar esta legislación, que permite detener de manera ilimitada, sin juicio ni acusación, a los extranjeros acusados de terrorismo, Charles Clarke había encontrado la solución: darles la casa por cárcel a los sospechosos, extranjeros o británicos, colocarles un brazalete electrónico, intervenir sus teléfonos y prohibirles internet.
Pero nada más que el anuncio ya generó cólera.
Es "el tipo de medidas contra Aung San Suuj Kyi en Birmania", acusó Louise Christian, abogada de cuatro británicos recientemente repatriados de Guantánamo.
Otros hicieron la comparación con Zimbabue o Corea del Norte.
"Frente al terrorismo se necesita una respuesta proporcionada, no poderes que hacen que el gobierno se convierta en policía, juez y jurado", insistió Edward Nally, presidente de la Law Society, organización que representa a 90.000 abogados ingleses y galeses.
"Estas medidas serán sin lugar a dudas en contravención con la convención europea de los derechos humanos", predijo Roger Leng, profesor de derecho criminal en la universidad de Warwick (centro).
"El problema es simple: no es posible derogar el derecho a un proceso equitativo", explicó. La Cámara de los Lores (la más alta instancia judicial británica) debería entonces, una vez más, calificar esta legislación de ilegal".
El propio Attorney General (ministro de Justicia) Lord Peter Goldsmith, consejero jurídico del gobierno, temía que las nuevas proposiciones fuesen condenadas por los La Cámara de los Lores, según la prensa británica.
El gobierno Blair, que ya en diciembre se vio obligado a reconsiderar su legislación terrorista luego de un primer veredicto de la Cámara de los Lores, se ve una vez más en el punto de partida.
Tanto más cuanto que las proposiciones de Charles Clarke son rechazadas unánimemente por la oposición conservadora y liberal-democrática, habitualmente dividida.
Insistiendo sobre la necesidad de un proceso, tanto los Laboristas como los liberales democráticos defienden la utilización de la intervención telefónica como prueba. También quieren que se cree una nueva figura jurídica de inculpación, la de "preparación de actos terroristas".
Otras tantas proposiciones rechazadas por el gobierno.
Esta semana, las piruetas de Charles Clarke en el caso de "C", uno de los 12 extranjeros sospechosos de terrorismo y detenidos sin cargo, demuestran el lío en que está metido.
El 31 de enero en la noche, "C" era un "peligro importante" para la seguridad nacional. El 1 de febrero era liberado súbitamente de la prisión de Belmarsh, después de tres años.
Ni siquiera su abogada podía creerlo.
"Es una muestra del futuro terrible que nos espera si podemos ser detenidos sobre las base de informaciones calificadas como secreto de Estado o por el capricho de un hombre político", acusó Shami Chakrabarti, presidenta de Liberty, asociación de defensa de las libertades civiles.

4 de febrero de 2005
©mi punto"

fallas disminuyeron participación sunní


[Anne Barnard] A medida que llegan los informes de los observadores electorales en Iraq, varios partidos políticos denuncian violaciones electorales y problemas logísticos el domingo que dicen que contribuyó a disminuir la participación de los descontentos sunníes musulmanes del país.
Bagdad, Iraq. En Kirkuk, donde árabes sunníes contienden con los kurdos por el control, líderes sunníes dijeron que funcionarios kurdos abrieron colegios electorales en barrios kurdos, pero obligaron a los aldeanos árabes a caminar largas distancias.
En Aadhamiya, un barrio sunní de Bagdad, la mayoría de los locales de votación ni siquiera abrió y en aquellos que sí lo hicieron, muchos sunníes descubrieron que sus nombres no aparecían en las listas de votantes, dijeron observadores de partido.
Y en Samawa, en el sur predominantemente chií, una mujer dijo a un observador del Partido por la Monarquía Constitucional que una empleada electoral le había amenazado de que si no votaba por una lista de prominentes candidatos de los partidos islamitas chiíes, los clérigos anularían su matrimonio.
El presidente interino de Iraq, Ghazi al-Yawer, reconoció ayer que decenas de miles de votantes fueron excluidos porque los locales de votación se quedaron sin papeletas. De acuerdo a los presidentes de dos partidos cuyos esfuerzos de llegar a votantes sunníes fueron elogiados por diplomáticos estadounidenses, muchos de esos votantes que quedaron fuera eran sunníes de las áreas claves en el norte, incluyendo a la agitada ciudad de Mosul y Kirkuk.
La Comisión Electoral Independiente de Iraq ha hecho promesas generales de que estudiará todas las acusaciones. El conteo de los votos para determinar el resultado y la participación puede tomar una semana o diez días. La violencia y las intimidaciones también han sido acusadas de mantener a los sunníes alejados de las urnas.
"Las elecciones tuvieron lugar en condiciones difíciles, esto sin ninguna duda impidió que pudiera votar un número de ciudadanos de varias áreas", dijo ayer Abdul Hussein al-Hindawi, director de la comisión.
Mishaan Jaburi, cuyo Partido Nacional ha propuesto que no todos los antiguos miembros del Partido Baaz deben ser excluidos de gobiernos iraquíes futuros, y Sharif Ali, familiar del depuesto rey de Iraq y presidente del Partido Monarquía Constitucional, dijeron que entrevistas ayer que los problemas de la votación en Mosul, Kirkuk y regiones centrales sunníes como Samarra y Ramadi alejarían a los sunníes.
"Creo que la orden vino de Bagdad", dijo Jaburi, que dijo que los operadores electorales "se organizaron para mantener alejados a los sunníes de las urnas".
Funcionarios estadounidenses e iraquíes estaban preocupados antes de la votación de que una baja participación sunní arrojaría dudas sobre la legitimidad de las elecciones. Diplomáticos estadounidenses pidieron a líderes sunníes que participaran. También pidieron a un influyente grupo de clérigos que retirara su llamado a boicotear las elecciones.
En la sede del Partido Monarquía Constitucional, que atrae tanto a votantes sunníes como chiíes que miran con nostalgia el período de relativa estabilidad de Iraq durante la monarquía instalada por los británicos a mediados del siglo 20, los colaboradores del partido se ocupaban en las oficinas ayer de firmar carta de protesta dirigidas a la comisión electoral.

3 de febrero de 2005
©boston globe
©traducción mQh

mueren reclusos en motín


Soldados de EEUU matan a cuatro prisioneros en un motín en Um Qasr. Otros seis presos resultan heridos.
Bagdad, Iraq. Al menos cuatro prisioneros han muerto como consecuencia de los disparos de soldados estadounidenses durante un motín en el campo de detención para "prisioneros de seguridad" Camp Bucca de la localidad de Um Qasr, al sur de Iraq.
El incidente, en el que resultaron heridos otros seis presos, ocurrió a primera hora de la tarde de este lunes, durante un tiroteo desatado tras una inspección rutinaria en una de las secciones del campamento.
"El motín se propagó con rapidez a otras tres zonas, donde los prisioneros comenzaron a lanzar piedras y a construir algún tipo de arma con los materiales que tenían en las celdas", según la explicación del Ejército de EEUU.
"Los guardias trataron entonces de mantener la calma con advertencias verbales, pero al no conseguirlo, hicieron uso de la fuerza no letal", aseguraron fuentes militares.
Según el comunicado oficial, "tras 45 minutos en los que se multiplicó el peligro, [los soldados] tuvieron que hacer uso de la fuerza letal. El incidente ha quedado bajo investigación".
La nota reparte la culpa del incidente entre los soldados y los amotinados, y señala que el nombre de los fallecidos ha sido comunicado al Gobierno interino iraquí y al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

1 de febrero de 2005
©el mundo

mueren reclusos en motín


Soldados de EEUU matan a cuatro prisioneros en un motín en Um Qasr. Otros seis presos resultan heridos.
Bagdad, Iraq. Al menos cuatro prisioneros han muerto como consecuencia de los disparos de soldados estadounidenses durante un motín en el campo de detención para "prisioneros de seguridad" Camp Bucca de la localidad de Um Qasr, al sur de Iraq.
El incidente, en el que resultaron heridos otros seis presos, ocurrió a primera hora de la tarde de este lunes, durante un tiroteo desatado tras una inspección rutinaria en una de las secciones del campamento.
"El motín se propagó con rapidez a otras tres zonas, donde los prisioneros comenzaron a lanzar piedras y a construir algún tipo de arma con los materiales que tenían en las celdas", según la explicación del Ejército de EEUU.
"Los guardias trataron entonces de mantener la calma con advertencias verbales, pero al no conseguirlo, hicieron uso de la fuerza no letal", aseguraron fuentes militares.
Según el comunicado oficial, "tras 45 minutos en los que se multiplicó el peligro, [los soldados] tuvieron que hacer uso de la fuerza letal. El incidente ha quedado bajo investigación".
La nota reparte la culpa del incidente entre los soldados y los amotinados, y señala que el nombre de los fallecidos ha sido comunicado al Gobierno interino iraquí y al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

1 de febrero de 2005
©el mundo

corrupción en iraq


EEUU perdió rastro de USD 8.800 millones destinados a Iraq.
Washington, Estados Unidos. La Autoridad Provisional iraquí que dirigió el administrador civil estadounidense Paul Bremer perdió el rastro de 8.800 millones de dólares que habían sido transferidos a ministerios iraquíes en un caso que involucra fraudes, sobornos y apropiaciones indebidas de fondos, según la revista Time.
En un informe que divulga en su edición del lunes, Time señala que la ex Autoridad civil dejó "grandes porciones de los 8.800 millones (de dólares) del tesoro iraquí pasibles de ser usadas en fraudes, sobornos y apropiaciones indebidas de fondos", según una auditoría del gobierno estadounidense.
El informe fue escrito por Stuart Bowen, un renombrado abogado de Texas designado por Washington como inspector general sobre la reconstrucción iraquí.
Según la publicación, el reporte de Bowen consigna una contabilidad poco rigurosa e información inadecuada durante el periodo en que Bremer dirigió la administración de la Autoridad Provisional iraquí.
El informe de la revista sostiene que Bremer, quien recientemente fue condecorado con la Medalla presidencial de la Libertad por el presidente estadounidense, George W. Bush, criticó la auditoría de Bowen por errores de concepto e inexactitudes en una "indignada respuesta de ocho páginas".
A última hora del domingo, la oficina de Bowen no había respondido a los intentos de la AFP para obtener un comentario.

31 de enero de 2005
©univisión

cuando las urnas vencen a las armas


[Robert Fisk] Iraq votó ayer masivamente en las primeras elecciones libres y transparentes de la historia del país. Concurrió entre el 60 y el 70 por ciento del electorado inscripto, lo que fue una derrota para el sabotaje de los rebeldes.
Aun cuando las explosiones tronaban sobre Bagdad, llegaron por centenares y luego por miles, familias enteras, hombres mayores lisiados sostenidos por sus hijos, niños a su lado, bebés en los brazos de sus madres, hermanas y tías y primos. Así es como los musulmanes chiítas de Bagdad votaron ayer. Caminaron tranquilamente hacia la escuela del mártir Mohamed Bakr Hakim en Jadriya, sin hablar, a través de calles sin tránsito, la presión del aire cambiando a su alrededor mientras los morteros llovían sobre los complejos de la embajada británica y norteamericana, y el primero de los kamikazes del día se inmolaba junto con sus víctimas –la mayoría de ellas, chiítas– a un par de kilómetros de allí.
Los kurdos votaron, también, por decenas de miles, pero los sunnitas –20 por ciento de la población de Iraq, cuya insurgencia era la razón principal para esta elección– boicotearon o fueron intimidados fuera de los centros de votación. Y, sí, por supuesto, hubo la violencia que todos esperábamos. Hubo nueve suicidas con bombas en Bagdad, el mayor número en suicidarse en un mismo día en cualquier lugar del Medio Oriente. Un mercenario y un soldado, ambos norteamericanos, estuvieron entre los primeros en morir en Bagdad cuando unos morteros explotaron en el centro de los edificios administrativos bajo control norteamericano, ubicados en plena capital; luego, más de veinte votantes (cuatro asesinados cerca de un centro de votación en la ciudad de Sadr) fueron abatidos; antes del amanecer llegaron las noticias de que un C-130 Hércules de transporte de la Royal Air Force se había estrellado a 720 kilómetros al noroeste de Bagdad en ruta hacia la ciudad de Balad (bajo control de los insurgentes), donde hay una gran base aérea norteamericana. En total, al menos 50 hombres y mujeres fueron asesinados en Iraq.
Pero fue la visión de esos miles de chiítas, las mujeres vestidas en su mayoría con la envoltura negra del ‘hejab'; los hombres en sus abrigos de cuero y largas túnicas, los niños jugando a su lado, lo que cortaba la respiración. Si Osama bin Laden había llamado a estas elecciones una apostasía, esta gente, que representa el 60 por ciento de Iraq, no siguió sus amenazas wahhabitas. Vinieron a reclamar el poder al que tienen derecho en su tierra (por lo que el ayatolá Alí al Sistaní, el gran "marja" de los chiítas en Iraq, los llamó a votar) y que es mejor que los norteamericanos y los británicos lo entienda. Porque si esta elección resulta en una coalición parlamentaria que divide a los chiítas y convierte a su partido mayoritario en la oposición, entonces la insurgencia sunnita se convertirá en un levantamiento nacional.
"Vine hasta aquí", me contó un joven en el centro de votación de Jadriya "porque nuestro gran ‘marja' nos dijo que votar hoy, era más importante que rezar y ayunar." Un anciano, cuya esposa lo sostenía del brazo, de barba blanca, rebosaba de alegría y gozo. "Mi nombre es Abdul Rudha Abu Mohamed y estoy muy contento hoy", dijo. "Deben elegir un presidente para nosotros y debe ser uno para todos los iraquíes, y debemos tener justicia." Incluso el funcionario electoral local estaba al borde de las lágrimas. Taleb Ibrahim admitió que había participado en una de las elecciones unipersonales de Saddam, pero que este día marcaba el momento en que los chiítas de Iraq –después de rehusar vengarse contra sus opresores baatistas– mostrarían su magnanimidad. Aún cuando los sunnitas estaban boicoteando los comicios, dijo, "hay un viejo dicho: ‘si el padre se enoja, no tendremos problemas con sus hijos'." Nos aseguraremos que estos hijos –los sunnitas– tengan el mismo derecho con nosotros."
A lo largo de cada kilómetro de la ciudad de Bagdad, era la misma historia; familias enteras, las mujeres arrastrando sus vestidos en el polvo, moviéndose como uno solo, hacia los centros de votación mientras en el aire resonaban las explosiones. Inmediatamente después de que la votación comenzó a las 7 de la mañana, hubo 30 detonaciones en Bagdad, en el espacio de menos de dos minutos, pero igual ellos llegaban como en una salida familiar de día feriado. Las bombas eran como latidos del corazón en Iraq ayer y podíamos escuchar el ruido sordo de las explosiones, incluso sobre los Apaches norteamericanos de vuelo rasante que tronaban sobre nosotros a cada minuto. Sin embargo, a lo largo de las rutas desiertas, los vecinos se paraban a conversar, compartir cigarrillos y tomar té, y mostrarse entre ellos la tinta púrpura indeleble en sus pulgares, que los funcionarios usaron para asegurarse de que no hubiera doble voto. Fue el más seguro y a la vez el más peligroso de los días.
En un centro de votación, pregunté al primero de los jóvenes soldados iraquíes que debían revisarnos –todos usando pasamontañas de lana negra envolviendo sus rostros para no ser identificados– si tenía miedo. "No importa", dijo muy firme. "Estoy listo para morir por este día. Tenemos que votar. " Siete horas después, hablé con él nuevamente, y ahora él también tenía la tinta indeleble en su pulgar. "Es como si tu pudieras cambiar tu futuro o tu fe," dijo. "Sólo hemos tenido golpes militares y revoluciones anteriormente." Nosotros votábamos por "Sí" o por "Sí." "Ahora votamos por nosotros mismos."
Era fácil ser sensiblero sobre estas palabras, embeberlas del falso optimismo de las cadenas de televisión occidentales y del sinsentido sobre este día "histórico" iraquí –porque sólo habrá sido histórico si cambia al país– y muchos temen que no lo hará. Ninguno de los que encontré ayer cree que la insurgencia terminará (muchos creen que se volverá más feroz) y los chiítas en los centros de votación dijeron al unísono, que ellos estaban votando también para deshacerse de los norteamericanos en Iraq, no para legitimar su presencia. Este es el mensaje que los norteamericanos y los británicos pueden desconocer, para su propio riesgo.
A lo largo de las calles, los norteamericanos desplegaron miles de tropas ayer, la mayoría de ellas tratando de mostrar algún respeto por la gente que las miraban, en vez de amenazarlas con sus rifles, que es como se comportan usualmente ahora en las peligrosas autopistas de la capital. Un capitán Buchanan de Arkansas incluso aventuró un pensamiento político. "Es una lástima que los sunnitas no estén votando: ellos pierden" dijo. Pero, por supuesto, es también una pérdida para Iraq y en un modo directo pierden los chiítas, y también posiblemente para Norteamérica. Porque sin el vital componente de la minoría, ¿quién creerá en el nuevo parlamento o la constitución, que supuestamente, producirá o que será producida por el nuevo gobierno?
Le pregunté a un guardia de seguridad musulmán sunnita ayer cuál pensaba que sería el futuro de su país. El no había votado, por supuesto –en muchas ciudades sunnitas sólo abrió un tercio de los centros de votación– pero había pensado mucho en torno a esta pregunta. "No pueden darnos "democracia" así como así", dijo. "Este es uno de vuestros sueños, occidentales y foráneos. Antes, tuvimos a Saddam y él era un hombre cruel y nos trató cruelmente. Pero lo que ocurra después de esta elección es que ustedes nos darán una gran cantidad de pequeños Saddam."

31 de enero de 2005
© The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
©Traducción: Alicia B. Nieva.
©página 12

mujeres en el nuevo iraq


[Ángeles Espinosa] Las mujeres iraquíes han pagado su precio en las guerras de Sadam Husein, en las que perdieron a maridos, padres o hijos. Estas víctimas representan el 55% de una población que supera los 25 millones de habitantes. Hoy, muchas afrontan graves problemas de delincuencia y temen quedar excluidas del debate público en el nuevo Iraq.
Maria Madik ha tirado la toalla. Después de tres guerras y 12 años de sanciones, el caos que se ha instalado en su país tras la invasión estadounidense le ha hecho aceptar un trabajo fuera de Iraq. Muchas otras iraquíes seguirían su camino si tuvieran ocasión. Las mujeres son la mitad del país que ha llevado la peor parte desde que en la calle reina la violencia.
La exigencia de que constituyan un tercio de las candidaturas les garantiza un porcentaje de los escaños de la Asamblea Nacional, pero no su participación en la sociedad, por la que deben seguir luchando.
Las iraquíes también pagaron su precio en las guerras de Sadam. Viudas, huérfanas o tempranamente privadas de sus hijos muertos en combate, hoy representan el 55% de una población que supera los 25 millones de habitantes. Sin embargo, la dictadura les proporcionaba una seguridad física que se evaporó con la llegada de las tropas norteamericanas y la desaparición del aparato policial.
El año pasado, la Organización para la Libertad de las Mujeres en Iraq (OLMI) reveló que durante los primeros 12 meses de ocupación habían recogido testimonios de más de 400 violaciones, un delito casi desconocido hasta entonces. Luego, el estruendo de los coches bomba ha encubierto sus denuncias.
Los peligros reales y percibidos de violencia sexual han creado un clima de miedo y ayudado a los sectores más reaccionarios de la sociedad a apartar a las iraquíes de la vida pública. Los asesinatos de Aquila al Hachemi (miembro del Consejo de Gobierno, el 20 septiembre de 2003) o de Wijdan al Juzai (candidata del Movimiento Progresista Independiente, el 24 de diciembre de 2004) han sido sólo los más prominentes. Nadie lleva la cuenta de cuántas traductoras, lavanderas o maestras han perdido la vida por causas políticas o simplemente criminales.
Para Lahib al Samarrai, el mensaje está claro: "Quieren convencernos de que el lugar de la mujer está en casa y cualquier actividad pública va contra la particular interpretación del islam que hacen un puñado de fanáticos".
Pero Lahib, que trabaja como secretaria de dirección, es una sunní laica y liberal, y las iraquíes no están organizadas en un bloque compacto. La prueba de fuego será la redacción de la Constitución en la Asamblea Nacional que salga de las elecciones del domingo. Un avance de lo que se juegan las mujeres se vivió el año pasado cuando los islamistas del Consejo de Gobierno (tanto sunníes como chiíes) trataron de derogar la Ley del Estatuto Personal, el código de familia vigente en Iraq desde 1959, y pasar sus competencias a la jurisdicción religiosa de cada comunidad.
La mayoría de las iraquíes, fueran de la confesión que fueran, pusieron el grito en el cielo. Yanar Mohamed, una de las líderes de la OLMI, recibió amenazas de muerte por su campaña en contra de esa medida, que puso de relieve el riesgo que representa la adopción de la ley islámica. Sin embargo, las candidatas de los partidos islamistas se hacen eco de las opiniones de los clérigos para los que la sharía (ley islámica) debe de ser la fuente de la Constitución, lo que en última instancia limitaría el papel de la mujer en la sociedad.
"Un gobierno guiado por el islam protege los derechos de la mujer", aseguró Yunan al Ubaidi, candidata de la Alianza Unida Iraquí, durante una reciente visita a Ammán para asistir a un seminario de formación de líderes políticos. "Quienes critican que nuestra Constitución esté basada en el islam no reconocen la rica historia islámica de Iraq", subrayó.
Es lo mismo que defienden los clérigos desde los púlpitos de sus mezquitas. Y la mayoría de los candidatos favoritos en las elecciones del domingo son clérigos convertidos en políticos. Sin duda, las iraquíes laicas temen que las elecciones sancionen un liderazgo religioso. Como advierte Hana Edwar, una candidata que encabeza una organización paraguas de 80 grupos de mujeres, "incluso los iraquíes que se describen como liberales no creen en absoluto que las mujeres deban tener un papel destacado en el proceso político". Maria Madik une a su condición de mujer su pertenencia a la minoría cristiana, una comunidad que también se siente amenazada por el avance islamista, pero sobre todo es una joven llena de entusiasmo y energía. Si el nuevo Iraq cierra el paso a las decenas de miles de mujeres que como ella quieren trabajar por su país, se privará de un empuje muy valioso para el desarrollo social y retrasará su avance hacia la modernidad.

27 de enero de 2005
29 de enero de 2005
©periodista digital
©el país

mujeres en el nuevo iraq


[Ángeles Espinosa] Las mujeres iraquíes han pagado su precio en las guerras de Sadam Husein, en las que perdieron a maridos, padres o hijos. Estas víctimas representan el 55% de una población que supera los 25 millones de habitantes. Hoy, muchas afrontan graves problemas de delincuencia y temen quedar excluidas del debate público en el nuevo Iraq.
Maria Madik ha tirado la toalla. Después de tres guerras y 12 años de sanciones, el caos que se ha instalado en su país tras la invasión estadounidense le ha hecho aceptar un trabajo fuera de Iraq. Muchas otras iraquíes seguirían su camino si tuvieran ocasión. Las mujeres son la mitad del país que ha llevado la peor parte desde que en la calle reina la violencia.
La exigencia de que constituyan un tercio de las candidaturas les garantiza un porcentaje de los escaños de la Asamblea Nacional, pero no su participación en la sociedad, por la que deben seguir luchando.
Las iraquíes también pagaron su precio en las guerras de Sadam. Viudas, huérfanas o tempranamente privadas de sus hijos muertos en combate, hoy representan el 55% de una población que supera los 25 millones de habitantes. Sin embargo, la dictadura les proporcionaba una seguridad física que se evaporó con la llegada de las tropas norteamericanas y la desaparición del aparato policial.
El año pasado, la Organización para la Libertad de las Mujeres en Iraq (OLMI) reveló que durante los primeros 12 meses de ocupación habían recogido testimonios de más de 400 violaciones, un delito casi desconocido hasta entonces. Luego, el estruendo de los coches bomba ha encubierto sus denuncias.
Los peligros reales y percibidos de violencia sexual han creado un clima de miedo y ayudado a los sectores más reaccionarios de la sociedad a apartar a las iraquíes de la vida pública. Los asesinatos de Aquila al Hachemi (miembro del Consejo de Gobierno, el 20 septiembre de 2003) o de Wijdan al Juzai (candidata del Movimiento Progresista Independiente, el 24 de diciembre de 2004) han sido sólo los más prominentes. Nadie lleva la cuenta de cuántas traductoras, lavanderas o maestras han perdido la vida por causas políticas o simplemente criminales.
Para Lahib al Samarrai, el mensaje está claro: "Quieren convencernos de que el lugar de la mujer está en casa y cualquier actividad pública va contra la particular interpretación del islam que hacen un puñado de fanáticos".
Pero Lahib, que trabaja como secretaria de dirección, es una sunní laica y liberal, y las iraquíes no están organizadas en un bloque compacto. La prueba de fuego será la redacción de la Constitución en la Asamblea Nacional que salga de las elecciones del domingo. Un avance de lo que se juegan las mujeres se vivió el año pasado cuando los islamistas del Consejo de Gobierno (tanto sunníes como chiíes) trataron de derogar la Ley del Estatuto Personal, el código de familia vigente en Iraq desde 1959, y pasar sus competencias a la jurisdicción religiosa de cada comunidad.
La mayoría de las iraquíes, fueran de la confesión que fueran, pusieron el grito en el cielo. Yanar Mohamed, una de las líderes de la OLMI, recibió amenazas de muerte por su campaña en contra de esa medida, que puso de relieve el riesgo que representa la adopción de la ley islámica. Sin embargo, las candidatas de los partidos islamistas se hacen eco de las opiniones de los clérigos para los que la sharía (ley islámica) debe de ser la fuente de la Constitución, lo que en última instancia limitaría el papel de la mujer en la sociedad.
"Un gobierno guiado por el islam protege los derechos de la mujer", aseguró Yunan al Ubaidi, candidata de la Alianza Unida Iraquí, durante una reciente visita a Ammán para asistir a un seminario de formación de líderes políticos. "Quienes critican que nuestra Constitución esté basada en el islam no reconocen la rica historia islámica de Iraq", subrayó.
Es lo mismo que defienden los clérigos desde los púlpitos de sus mezquitas. Y la mayoría de los candidatos favoritos en las elecciones del domingo son clérigos convertidos en políticos. Sin duda, las iraquíes laicas temen que las elecciones sancionen un liderazgo religioso. Como advierte Hana Edwar, una candidata que encabeza una organización paraguas de 80 grupos de mujeres, "incluso los iraquíes que se describen como liberales no creen en absoluto que las mujeres deban tener un papel destacado en el proceso político". Maria Madik une a su condición de mujer su pertenencia a la minoría cristiana, una comunidad que también se siente amenazada por el avance islamista, pero sobre todo es una joven llena de entusiasmo y energía. Si el nuevo Iraq cierra el paso a las decenas de miles de mujeres que como ella quieren trabajar por su país, se privará de un empuje muy valioso para el desarrollo social y retrasará su avance hacia la modernidad.

27 de enero de 2005
29 de enero de 2005
©periodista digital
©el país