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opinión

oposición sospechosa


El CNT no ha dado a conocer los nombres de la mayoría de sus miembros, en parte por razones de seguridad, en parte porque son impresentables como dirigentes de un sedicente movimiento democrático.
[Juan Gelman] Es la de Libia. Una averiguación conjunta sobre el terreno del Centro de Investigación y Estudio del Terrorismo y de Ayuda a las Víctimas del Terrorismo (Ciret-AVT, por sus siglas en francés) y del Centro francés de investigaciones sobre inteligencia (Cf2R) lleva a esa conclusión: la oposición al dictador Khadafi es sospechosa. Seis expertos de ambos think-tanks parisinos visitaron Trípoli y Tripolitania del 31 de marzo al 6 de abril y luego Benghazi, capital de los rebeldes, del 19 al 25 de abril. Mantuvieron encuentros con representantes de los dos bandos, evaluaron la situación imperante y elaboraron un informe de 44 páginas, el primero de este género (www.ciret-avt.com y www.cf2r.com). Sus conclusiones no son muy alentadoras.
Las dos primeras: los jihadistas jugaron y aún juegan un papel predominante en el alzamiento contra Trípoli y "los verdaderos demócratas" representan sólo una minoría. En el informe se identifican cuatro fracciones en el Consejo Nacional de Transición (CNT) opositor, que ha sido reconocido por varias potencias como la verdadera autoridad del país con Francia a la cabeza. Salvo en la caída de Khadafi, poco pueden acordar los miembros de voluntad democratizadora del CNT con los de los otros tres sectores: el que quiere reinstaurar la monarquía que derrocó el déspota en 1969, el de extremistas que pujan por el establecimiento de un Estado islámico y el constituido por ex figuras del régimen que abandonaron al líder por razones diversas, como el oportunismo, desde luego. Hay, no obstante, algunas coincidencias no precisamente democráticas.
Es muy clara la de los islamitas y los monárquicos: Idris I, el rey depuesto, era jefe de la Hermandad Senussi, que los autores del informe describen como "una secta musulmana antioccidental que practica un culto austero y conservador de la fe islámica". Para decirlo de otro modo: son monárquicos-fundamentalistas. El más prominente de los que dejaron a Khadafi, y presidente de la CNT, es Mustafá Abdul Jalil, "un tradicionalista" que los jihadistas apoyan. Tiene en su haber, entre otras, la historia de las enfermeras búlgaras.
Jalil presidía la Corte de Apelaciones de Trípoli cuando, a fines del 2006, un tribunal condenó a la ejecución a cinco enfermeras búlgaras y a un médico palestino por infectar deliberadamente con el virus del sida a más de 400 niños en un hospital de Benghazi. El tribunal había hecho a un lado sin piedad el testimonio de expertos, incluso de algunos Premios Nobel, que certificaron que el virus existía en el hospital desde años antes de que se contratara a los acusados (www.nationalreview.com, 20/12/06). Hubo apelaciones y Jalil apoyó en dos ocasiones el fallo del tribunal. Finalmente, luego de negociar con Francia, Khadafi concedió la libertad a los seis candidatos al pelotón de fusilamiento.
El informe señala la presencia en el CNT de representantes del grupo de combatientes islámicos de Libia, al que evalúa como "el pilar de la insurrección armada". "De este modo –asienta–, la coalición militar que dirige la OTAN apoya una rebelión que incluye a terroristas islámicos." Recuerda que Cirenaica fue una proveedora esencial de reclutas de Al Qaida para Irak, "así que nadie puede negar que los rebeldes libios que hoy Washington respalda, apenas ayer eran jihadistas que mataban a soldados estadounidenses".
El CNT no ha dado a conocer los nombres de la mayoría de sus miembros, en parte por razones de seguridad, en parte porque son impresentables como dirigentes de un sedicente movimiento democrático. Sucede con Abdul Hakim al Hasadi, autodeclarado reclutador para Al Qaida, que el informe califica de "líder de los rebeldes libios". De los 31 integrantes del CNT, su vitrina sólo presenta a 13, "gente con reputación de ser democrática, simpática, atractiva", declaró Yves Bonnet, ex jefe de los servicios secretos franceses y uno de los autores del estudio (www.english.rfi.fr, 13/6/11). Los 18 restantes, a saber.
Eric Decéné, director del Cf2R, regresó de una gira por Túnez, Egipto y Libia con pesimismo sobre el alcance de la "primavera árabe". Admite "la aspiración a más libertad" de la población de esos países, pero estima que el cambio de los equipos dirigentes puede ser el umbral de una gran frustración. "No creo en la espontaneidad de esas ‘revoluciones’, preparadas desde hace varios años", señaló al diario La Tribune (www.latribune.fr, 1/6/11). "En la semana que precedió a los acontecimientos –agregó–, los altos mandos de los ejércitos de Túnez y de Egipto estuvieron en Washington, que asegura lo esencial de sus respectivas financiaciones, a fin de que EE.UU. les diera luz verde para sacar a regímenes" muy desgastados.
Gobierna Egipto una junta militar de la que forman parte el jefe del Estado Mayor y el ex director de los servicios de inteligencia. En Túnez, los viejos colaboradores del ex autócrata Ben Ali son mayoría en la nueva administración. Para Decéné, todo se trató de una renovación de dirigencias que, "con el acuerdo de Washington, organizaron –sin estruendo– golpes de Estado aprovechando una ola de protestas populares que explotaron con inteligencia". Lo que hoy se llama "un cambio en la continuidad" y el príncipe de Salinas "un cambio para que nada cambie".
30 de junio de 2011
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filiaciones argentinas


Y si por la cualidad histórica, por inferencias de cuño epocal y la específica naturaleza de los hechos se puede decir que aquellas personas adoptadas son hijos de desaparecidos en los años del terrorismo de Estado, el veredicto científico puede arrojar por muchas razones, tanto esa como otras conclusiones.
[Horacio González] No sólo en momentos excepcionales ocurre que la política de un país se relacione o superponga tan íntimamente con los lazos de parentesco sanguíneos o con la creación política de nuevos parentescos. Es que ellos son la materia simbólica de una organización invisible de la sociedad, que la antropología del siglo XX estudió bajo diversos nombres, entre otros, el de "estructuras de parentesco". En cambio, los folletines del siglo anterior habían descubierto lo provechosos que podían ser esos grandes temas, como el de los hijos negados, ilegítimos, abandonados, falsos o desconocidos herederos, con identidades trastrocadas o bien lanzados como una maldición del destino para que encontrasen afinidades opuestas a las que indicaba su nacimiento. Edipo, antes y ahora, resulta siempre ejemplar. La literatura de todas las épocas supo vulgarizar estas torsiones del destino. La gran fábula de Ciniras y Mirra en la Metamorfosis de Ovidio, entre tantas otras obras sustanciales, revela también la fuerza atractiva del incesto y, a través de ella, de los arcanos de la configuración familiar.
El pensamiento antiguo jamás abandonó la consideración sobre los lazos de sangre, pero los consideró destinados a un drama esencial. No establecían el conocimiento y el respeto, sino el peligro y la violencia. En vez de ser lo que conocemos y dominamos, serían lo desconocido o lo que nos vulnera. No es de ahora que la teoría política siente un desgarrón insoluble, cual es el de recalar muy fácilmente en las relaciones entre Estado y sociedad civil, en el mismo momento en que no puede omitir otra insondable esfera, intermediaria entre ambas o que directamente las desacomoda radicalmente: la de la familia. No son tres estadios que se suceden armoniosamente –familia, sociedad, Estado–, sino que están siempre entrelazados en combinaciones diversas y contradictorias, ya sea que las filiaciones sanguíneas se ubiquen dentro del Estado –asegurando sucesiones dinásticas y otras formas de construcción de linajes– o que ciertos tipos de Estado surjan directamente de las prácticas totémicas de los grupos familiares arcaicos o modernos.
Los esfuerzos del pensamiento histórico para imaginar un itinerario de la cultura cada vez más desprendido de las bases biológicas, y por lo tanto proponer formas familiares sustitutas a las que provee la genealogía, son la utopía política más sorprendente y más laboriosa por lo menos desde la crisis general del positivismo científico, ocurrida a mediados del siglo pasado. Una obra tan estremecedora como la del antropólogo Lévi-Strauss terminó de situarse a contramano de la cultura general de nuestro tiempo cuando llamó a estudiar los planteles biológicos de la historia, que emanaban de la prohibición del incesto, lo que podía ser visto tanto como la creación de la sociedad a partir de neutralizar el intercambio sexual intrafamiliar como un indispensable tabique construido por la civilización, aunque siempre amenazado por el sustrato biológico de la vida. El mundo contemporáneo, con su llamado a considerar el tema de las familias como un orden no biológico a ser replanteado por medios espirituales profundos, se convierte en un ensayo fundamental de nueva sociabilidad, desafiando a la razón política una vez más. Si por un lado las revoluciones contemporáneas se consideran obligadas a rever el orden doméstico tradicional –recuérdense los ensayos soviéticos a este respecto–, por otro lado recrudecen las necesidades de afirmar filiaciones como forma de recobrar la dimensión de "verdad, memoria y justicia", tal como ocurre en el caso argentino. Estos tres valores trascendentales siempre estuvieron ligados a la libertad de interpretación filosófica, pero la forma que adquirió el terrorismo de Estado los religó a una nueva literalidad, obligada entre otras cosas a estudiar con instrumentos científicos la cuestión general de la filiación.
Marx decía en su famoso ‘18 Brumario’ que el falaz Napoleón Tercero había encontrado su destino político en la prohibición del código francés de investigar las paternidades y procedencias familiares. Una bella sociedad apócrifa. Es evidente que una sociedad que vive bajo libertad filiatoria (no hay obsesión por las identidades) puede ser políticamente más creativa que una que vive bajo el canon de las estructuras de parentesco visibles y certificadas. Pero la situación se invierte cuando existe un poder criminal que proyecta una reconstrucción filiatoria (como la dictadura terrorista argentina) incautando a recién nacidos para darles una desmentida biológica a los que definía como enemigos políticos, designándolos en el papelerío oficial como "banda de delincuentes". Era un siniestro acto refundacional de familias, fuerza biopolítica de extremo reaccionarismo pues significaba concebir aquellos actos políticos insurgentes como un "germen vivo" que captado en su inicio "hereditario" era posible desviar culturalmente. Era el culturalismo sustituto de los poderes estatales despóticos y más que eso, capaces además de dar muerte extirpando el nombre. Es aquí que se imponen políticas de investigación de las filiaciones como formas elementales de la reconstrucción social; es decir, saber la forma última de la verdad, que en este caso es la verdad genealógica.
Los pensamientos revolucionarios siempre apostaron ("proustianamente") a ser hijos de una época antes que de las familias. Y a formar familias alternativas cuyo lazo superior estaba fundado en la emoción histórica, en los nuevos apellidos que ofrecía en su bitácora de adopciones el libre tiempo nuevo. Pero éste es un sentimiento extendido en toda colectividad militante. Entendida en todo su poder de designación, ella establece nuevas familias que aspiran a una superioridad ética respecto de la familia burguesa, que se forja a través de la propiedad, el secreto y una forma menoscabada de la clandestinidad pulsional. Todo esto protege o le da un encuadre verosímil a las luchas por la herencia (concepto que el anarquismo quiso eliminar de la legislación, opinando que era la piedra basal del capitalismo). El peronismo llegó a llamar la atención de los jóvenes existencialistas de fines de los años ’50, que en su entusiasmo copiativo quisieron ver a Perón y Evita como personajes sartreanos, con potencialidad socialmente transformadora debido a los rasgos de bastardía en sus linajes familiares, esto es, a través de las transgresoras realidades en su ascendencia. De una manera u otra, el llamado de la política como potencial generador de familias opcionales está en correlación paradójica con el rasgo actual que permite definir una verdad familiar identitaria a través de Bancos de Datos que acumulan señales genéticas.
El caso de la familia Noble Herrera es específico del momento de conmoción que vive la sociedad argentina en relación con las filiaciones. Los desarrollos de la ingeniería genética durante todo el siglo XX pusieron en un lugar predominante al descubrimiento del ADN, molécula vinculada a la transmisión hereditaria celular abarcando secuencias intergeneracionales. La hipótesis de que esas células almacenan "información" no sólo la convierten en un acontecimiento paralelo al desarrollo de las ciencias de la información o a las tecnologías comunicacionales, sino a la investigación de enfermedades e identidades genéticas de los seres vivos. No se puede disimular la radical importancia que tiene esta intervención de la ciencia contemporánea en los más delicados problemas vinculados a un desciframiento social donde verdad, patrimonio y herencia son conceptos que se desplazan desde la biología a la política. Si en el juego político la verdad está en disputa, en su contraparte biológica está fijada en códigos genéticos patrimoniales.
Y si por la cualidad histórica, por inferencias de cuño epocal y la específica naturaleza de los hechos se puede decir que aquellas personas adoptadas son hijos de desaparecidos en los años del terrorismo de Estado, el veredicto científico puede arrojar por muchas razones, tanto esa como otras conclusiones. Por primera vez, un obvio corolario histórico-político podría no ser corroborado por la inevitable –y en este caso saludable, si no se dudara de su motivación profunda– decisión de confiar al aparato de la ciencia más especializado, elementos para un dictamen que encierra una potencial conmoción capaz de arrojar una luz adicional sobre un pasado inmediato, vejatorio de la condición humana.
Por su parte, Hebe de Bonafini, a partir de un razonamiento sobre sus hijos desaparecidos, llevó más lejos que nadie la idea de una familia no sanguínea basada en acciones de reconquista de las conciencias que buscaron en el horror y la desgracia familiar un motivo de inenarrable violencia. O bien, buscando en la estirpe de los desfallecidos, un motivo de nueva filialidad. Eran riesgosas situaciones que pueden conjugar ciertos rasgos de salvacionismo con floraciones profundas del alma colectiva popular, cual es la adopción filial in extremis. A la inversa que los Noble Herrera. Aquí es probable que el gesto adoptivo expresara la supuesta superioridad de un sector social para reconocer, adherir y a la vez desculpabilizarse del horror y carnicería sabidamente producidos en las tinieblas y socavones del país. Había un gesto de aristocrática concesión hacia el otro lado de la frontera, a través del gesto majestático y empresarial de torcer destinos, de inventar vidas sobre las vidas de otros.
En cambio, Hebe arriesga nuevas filialidades arrojando una atrevida mirada sobre todas las grietas de la sociedad, viéndolas como potenciales habitáculos de un crimen primitivo, a redimir. Pensamiento transpolítico o impolítico, que se entremezcla a la difícil coyuntura y mostrando que en los momentos de máxima tensión social, siempre se discute sobre relaciones de parentesco. Amplificadas o metaforizadas, implican proseguir la historia a partir de gestos últimos a ser revelados en una sociedad que intenta exonerarse de un crimen primordial. Hebe jugando en los confines de un difícil rescate. Los otros, promoviendo un folletín que –salvo juicio científico: he aquí lo curioso de la situación–, quiere reproducir el origen oscuro de la propiedad buscando la alteridad de la sangre para reeducarla.
Se desea ahora dar un golpe mortal al gobierno hablando de aciaga cooptación, la facultad de traer hacia sí al que estaba destinado a otra cosa, por medio de un poder ilícito que alteraría lo virtuoso. ¿Cómo así? ¿No es que la cooptación es un caso de construcción asociativa artificial que exige el secreto de un procedimiento antes que la módica astucia de los convocantes? ¿No se ve que este mal concepto para entender lo que pasa está en un lugar en el que debería haber una consideración profunda sobre una sociedad que llegó al difícil punto de tener que pasar a través de la verdad de la ciencia, para perfeccionar su conocimiento de la verdad? ¿No son los que parecen almas libres, errantes en sus pobres certezas, los que no saben que están cooptados? Definición para esta actualidad en curso: la política, entendida como autónomas filiaciones electivas, es lo contrario a la cooptación.
[El autor es director de la Biblioteca Nacional.]
29 de junio de 2011
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los angeles restringe criaderos


La ordenanza del condado de Los Angeles reprime duramente abusos de ‘fábricas de mascotas’. Se imponen exigencias severas a las operaciones de crianza comercial con más de cincuenta perros, sometiéndolas a inspecciones más frecuentes y más horas mínimas de dotación de personal. Editorial de Los Angeles Times.
Estados Unidos. Las ‘fábricas de mascotas’ son los criaderos de perros -grandes y, demasiado a menudo, negligentes y crueles. Las hembras son frecuentemente sobrecargadas con ciclos de celo consecutivos hasta el extremo de que sus huesos se rompen y pierden sus dientes. Cientos, incluso miles de perros y cachorros de crianza pueden terminar hacinados en jaulas sucias, denuncian activistas por el bienestar animal, que han realizado numerosas filmaciones en video de manera encubierta en algunos de los peores criaderos en todo el país.
Pero como las granjas de ganadería intensiva, los criaderos de perros son perfectamente legales. Están sujetas a normas de la Ley de Bienestar Animal tan mínimas que incluso el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, que las implementa y otorga permisos para las operaciones, insta a los operadores a superarlas. Cerrarlas es difícil. En Missouri, donde hay más operaciones comerciales de crianza de perros que en cualquier lugar en todo el país, un proyecto que limita las operaciones a la crianza de cincuenta perros que fue aprobada por los votantes el año pasado, está ahora en peligro de ser desmantelada por la Legislatura del estado. Un proyecto en California incluía restricciones similares en cuanto al tamaño de las operaciones, fue aprobado en ambas cámaras de la Legislatura, pero vetado por el entonces gobernador Arnold Schwarzenegger en 2009. (Explicó que aunque condenaba el maltrato animal, el proyecto de ley iba demasiado lejos.)
Si los gobiernos encuentran difícil limitar el número de animales de una operación de crianza comercial, los legisladores podrían al menos hacer más estricto su control. Eso es lo que hizo esta semana la Junta de Supervisores del condado de Los Angeles cuando aprobó una ordenanza, presentada por el supervisor Michael D. Antonovich, que regulará más estrechamente a todos -criadores, peluqueros caninos, operadores de caniles- los que alberguen más que algunas mascotas.
Pero las exigencias más estrictas de la ley cubren las operaciones de crianza con más de cincuenta perros, sometiéndolas a inspecciones más frecuentes de funcionarios de control animal, un extenso examen veterinario anual de cada perro de más de un año de edad y más horas mínimas de dotación de personal. (Los criaderos deben contar con personal dieciocho horas al día.) La ley prohíbe la cruza de hembras de menos de un año. Tres días después de que una hembra de a luz, debe ser separada de otros perros adultos y llevada con su camada a otro área de albergue donde pueda atender a sus cachorros.
Todas las operaciones animales, sin importar su tamaño, deben contar con detectores de humo en buen estado y con equipos de extinción de incendios. Y todos los animales puestos a la venta deben contar con un microchip o provistos de un tatuaje antes de su venta o cuando cumplan cuatro meses de edad. "Si vemos animales enfermos, queremos poder localizarlos", dijo Marcia Mayeda, directora del Departamento de Control y Cuidado Animal del condado, que tiene por misión implementar la ordenanza.
La nueva ley no es tan severa como quisieran algunas organizaciones de protección animal. Dale Bartlett, de la Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos, observa que la ley no exige que las hembras descansen entre periodos de celo, aunque dice que es de todos modos una ordenanza buena e importante.
Las nuevas regulaciones cubren sólo algunas zonas del condado de Los Angeles, un área que no exactamente un centro de criaderos de mascotas. Sin embargo, fue el descubrimiento de un criadero en el Antelope Valley en malas condiciones, y con una severa situación de hacinamiento, en 2008, la que espoloneó la promulgación de la ordenanza municipal. En la actualidad hay seis operaciones de crianza comercial en las áreas rurales, cada una con entre noventa y 245 hembras de crianza, y todas ellas con sus cachorros. Así que el número de animales afectados por la ordenanza es significativo.
Es difícil de entender que alguien intente comprar un cachorro de un criadero cuando lo puede hacer en una tienda de mascotas, pero los activistas de la protección animal dicen que eso es lo que ocurre. De momento, es labor de los gobiernos locales realizar controles más estrictos de las operaciones comerciales a gran escala. "Lo que queremos es que al final del día los legisladores estudien la ordenanza y digan: ‘La podemos hacer más estricta’", dijo Elizabeth Oreck, que dirige la campaña sobre los criaderos de mascotas de la Best Friends Animal Society.
De momento, la nueva ley del condado es un paso positivo hacia la identificación y reforma de la crianza irresponsable.
28 de junio de 2011
18 de marzo de 2011
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cc traducción mQh

el dolor que no se olvida


Todos los problemas tienen solución mediante el diálogo. Y el político, el gobernante deben proponerse el diálogo como única arma de poder. Porque si no caeríamos en reconocer a la guerra como única solución para los problemas entre los pueblos. Y eso finalmente significa la muerte.
[Osvaldo Bayer] Bonn, Alemania. El jueves pasado se cumplieron setenta años de la invasión de Hitler a la Unión Soviética. Hecho que se recordó con suma tristeza aquí, en Alemania. Se calcula que en la última guerra mundial murieron millones de seres humanos. Millones, no miles. Unos historiadores hablan de veinte millones de soviéticos muertos y, últimamente, el historiador Viktor Koslov, de la Academia de Ciencias de Moscú, señala que hay que calcular aproximadamente en 40 millones los soldados y civiles de esa nacionalidad que perdieron la vida. Los alemanes, por su parte, han calculado en dos millones el número de sus soldados caídos.
Todavía ni los historiadores ni los sociólogos ni los psicólogos ni los ensayistas han podido encontrar una explicación de por qué Alemania, después de haber perdido la Primera Guerra Mundial de 1914-1918, un cuarto de siglo después, en 1939, inició la Segunda Guerra Mundial. Después de esa guerra de trincheras –donde los jóvenes de ambos lados se abrían el vientre con las bayonetas en los asaltos entre esos mutuos fosos enfrentados– se llegó al extremo de las matanzas crueles con el bombardeo de ciudades abiertas y se terminó, por parte desde Estados Unidos, arrojando bombas atómicas a ciudades de miles de habitantes.
¿Qué pasó con el ser humano? Es lo que se pregunta la nueva generación de alemanes. En un país con universidades plenas de sabiduría, con una tradición filosófica de búsquedas interminables, con movimientos pacifistas históricos. Sí, con aquel libro de Erich María Remarque –la mejor obra antibélica– llamado ‘Sin novedad en el frente’, que obtuvo el Premio Nobel en 1928. El dolor, la estupidez de las armas de fuego, la vaciedad de las órdenes militares, la vocación de asesinos que de pronto adquieren todos los jóvenes que son enviados al frente.
Justamente sobre eso, un libro ha conmocionado a esta sociedad últimamente. ‘Soldados’ es su título y es un compendio de protocolos sobre tres palabras: "luchar, matar y morir".
Son declaraciones de soldados que intervinieron en guerras. Queda claro allí cómo los jóvenes al vestir uniforme y llevar armas comienzan a sentirse todopoderosos. En su análisis del libro, Felix Ehring señala que la guerra "convierte al soldado en asesino porque el matar es la fácil meta de su acción." El libro es un compendio de declaraciones de veteranos de guerra. Allí se muestra cómo se transforma el ser humano cuando se le da la orden de matar y el soldado lo toma como un privilegio. Es que para él es normal ya verse rodeado de cadáveres en su vida diaria. La misma sensación siente el soldado cuando entra en ciudades enemigas y ve a las mujeres de sus enemigos. Se cree con derecho a tomarlas y violarlas. Lo mismo sienten los pilotos de los bombarderos. Uno de los pilotos entrevistados dice, con orgullo: "Para nosotros, los pilotos de caza, era una especie de prólogo del placer cuando desde lo alto perseguíamos con fuego de ametralladoras a soldados enemigos a través de los campos". Lo mismo los pilotos de bombarderos cuando comienzan a arrojar bombas sobre las poblaciones civiles. Sentirse dioses con la consigna de que eso es positivo porque así se "aprende a defender a la Patria". Dice Ehring sobre las declaraciones de las experiencias como soldados: "No se encuentran contradicciones, todos conocen el matar y el morir", por supuesto el morir de los "otros", los seres humanos llamados "enemigos", y esos ex soldados toman como "innecesario" el lamentarse por haber hecho eso. A los ex soldados no les gustaba hablar sobre sus propios sentimientos, al contrario, les gustaba relatar cómo le daban al contrario. Matar seres humanos en la guerra se convierte en una especie de deporte y el ganador es quien mata más gente "enemiga".
Los autores del libro ‘Soldados’, Sönke Neitzel y Harald Welzer, tuvieron la suerte de dar con archivos de la guerra donde figuran esas declaraciones de soldados, suboficiales y oficiales sobre su misión. Y llegan a estas conclusiones: "Los uniformados creían con absoluta fe en los valores militares como dureza, rigor y cumplimiento del deber, que es la obediencia ciega ante la orden de mando. También el fusilamiento de civiles indefensos pertenece a ese deber. Lo hicieron pues, primero por la obediencia debida y más tarde por propia iniciativa. En la guerra, la persona civil es siempre una meta potencial. Y los autores del libro, luego de un estudio profundo, sostienen que soldados, policías y miembros de servicios de informaciones piensan todavía así, que ése es su "oficio".
Qué bien que vendría un estudio similar en la Argentina, investigar el porqué del comportamiento de jefes, oficiales y subalternos de las Fuerzas Armadas, policías y empleados de los servicios de informaciones durante la aplicación del método de la desaparición de personas. Por ejemplo, estudiar si los pilotos de aviones que arrojaron prisioneros vivos al mar sentían el mismo poder que aquellos pilotos que bombardearon y bombardean desde la altura ciudades indefensas. Algo que tienen que estudiar profundamente los nuevos profesores de las instituciones militares para que no se repita nunca más la atmósfera que se vivió entre los miembros de las Fuerzas Armadas durante la dictadura.
Y aquí nace la pregunta: ¿por qué esos miembros de las Fuerzas Armadas, de la policía y de los servicios se sintieron de pronto omnipotentes y creyeron ser dueños de la vida y la muerte de todos? Con el derecho a matar, torturar, hacer desaparecer, regalar los niños de las prisioneras. Es decir, ¿se sintieron con los mismos atributos que soldados en un país enemigo? ¿Como pilotos de bombardeos de ciudades civiles? ¿Es el poder que da el uniforme? ¿Es el poder que les dan las instituciones políticas (o económicas) a los uniformados en los momentos de peligro? ¿No es hora de comenzar el debate en Naciones Unidas y en los organismos internacionales para cambiar el sistema de autocustodia llevado a cabo por la humanidad desde que existe la historia, con su repetición de crímenes oficiales cada vez más asesinos y de la violencia al servicio del poder y no de la paz interior y exterior de los pueblos?
¿Por qué no intentar de una vez por todas el diálogo frente a la violencia de la represión? ¿Es tan difícil? La represión no es otra cosa que la omnipotencia del poder. En vez de ideas nuevas y conciliación, el palo. El gas lacrimógeno. El bañar en agua helada al enemigo en pleno invierno. Y si no, la bala. Cuando el enemigo no aprende bastan tres o cuatro muertos para que arruguen todos. Esa es la consigna del poder. El buen gobernante nunca tiene que perder la paciencia.
Debe creer en el diálogo. En la participación de la sociedad para buscar soluciones a los problemas.
A Europa ha llegado la noticia de la represión de los maestros santacruceños en Buenos Aires. La sociedad debe decirse como primer paso al diálogo: "Con los maestros nunca la violencia". Porque es como si aplicáramos la violencia contra nuestros hijos y nuestros nietos, que son sus alumnos. Todos los problemas tienen solución mediante el diálogo. Y el político, el gobernante deben proponerse el diálogo como única arma de poder. Porque si no caeríamos en reconocer a la guerra como única solución para los problemas entre los pueblos. Y eso finalmente significa la muerte.
26 de junio de 2011
25 de junio de 2011
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las nuevas antígonas


Aquella imagen de las Madres dando vueltas en silencio en la Plaza de Mayo recorrió el planeta, desbarató cualquier maniobra publicitaria de la Junta, desnudó el oprobio.
[Mario Goloboff] Argentina. Fue especialmente significativo para el mundo, que poco y mal nos miraba, el hecho de que, desde lo femenino, hubiesen venido el golpe moral y la acusación más irrefutable contra la última dictadura cívico-militar en la Argentina. Juntando retroactivamente símbolos, todo ese impulso y lo que lo movió podrían condensarse en aquellos versos de John Donne, el mayor poeta metafísico inglés del siglo XVII: "For graves have learn’d that Woman-head / To be to more then one a Bed" ("Pues las tumbas han aprendido esa condición femenina / De ser lecho para más de uno").
Desglosándolos, y recogiendo de ellos sólo la alusión a la función materna, la circunstancia de que fueran madres las que reclamaran por la ausencia de signos de los secuestrados por la Junta multiplicó, sin duda, el ya enorme horror de la represión de un Estado en situación de ilegalidad absoluta, y marcó para siempre a sus detentadores con la señal del genocidio. Constituyó un alerta, un punto de partida, un sacudón imprescindible para nuestra propia sociedad (no siempre consciente ni siempre atenta a las atrocidades que se cometían), y para la sociedad internacional: aquella imagen de las Madres dando vueltas en silencio en la Plaza de Mayo recorrió el planeta, desbarató cualquier maniobra publicitaria de la Junta, desnudó el oprobio, ayudó de modo primordial, en fin, a su desenmascaramiento, a su impopularidad, a su caída.
La participación de la mujer en la vida civil argentina databa de largo tiempo antes, y en los últimos se había registrado una inmersión casi masiva de jóvenes que, verbal y corporalmente, fueron engrosando agrupaciones sociales, estudiantiles y políticas y pagando también su tributo frente a la represión. La presencia femenina, pues, no era ya especialmente novedosa. Sin embargo, nunca un hecho que no podía dejar de ser político (el reclamo y la acusación a gobernantes) había alcanzado tan alta dimensión moral. Podría agregarse que en la historia de la humanidad han sido contadas las veces en que política y ética han confluido naturalmente, y que esta ocasión puede figurar entre ellas.
Nuevas Antígonas reclamando por el derecho a enterrar a sus muertos o, como no dejaron de exigirlo durante mucho tiempo, su aparición con vida, encerraban en sus demandas, si no la posibilidad fáctica de que su satisfacción fuese ya posible, los únicos términos adecuados para la alta dignidad que investían. Por ser las "Madres" (también, hoy, las "Abuelas"), y por cubrir y asumir con ello la conciencia huérfana de toda una sociedad que, a veces cómplice, otras indiferente, no siempre demasiado democrática ni respetuosa del otro, había permitido la entronización de la barbarie.
Intuyendo que tan profundo y vasto movimiento tenía que representar y ser consecuencia de procesos internos muy significativos en el seno de una sociedad y, a su vez, que arrastrar otros cambios, supuse alguna vez que se encontraría en la literatura escrita por mujeres la visión más cabal de lo que había sucedido durante estos años.
Hace bastante tiempo, en octubre de 1989, al escribir todavía desde Francia para la revista Babel, de Buenos Aires, una columna que titulaban "La mesa de luz", y comentar mis lecturas del momento (entre otras, la del libro de George Steiner, justamente titulado ‘Les Antigones’), decía respecto de éste: "Varios cientos de páginas que no agotan, claro está, todas sus repercusiones, pero que dan sólidas pautas para empezar a comprender a nuestras Madres, clamando por esos cuerpos fuera del tiempo y de la tierra, del territorio que a ellos les pertenece y al que deben todavía recuperar con la debida inhumación, la consustanciación en humus, la justicia". Y luego de formularme la pregunta de siempre ("¿Cómo entender, cómo entender?"), y de intentar contestarla por distintas vías, concluía: "Celebro también que, por diversos azares, se hayan concentrado últimamente libros escritos, en su mayoría, por mujeres. Trato de leerlos y de entenderlos en su casual conjunto, como si el ojo femenino, detenido en la ficción, fuese el único capaz de darme claves que en otro caso escaparían. ‘Canon de alcoba’, de Tununa Mercado (el eros cotidiano tratado con un lenguaje espléndido); ‘Ciudades’, de Noemí Ulla (viajes poco compulsivos por el difícil terreno de las formas); ‘Abisinia’, de Vlady Kociancich (misterioso relato en el cual el manejo de los pronombres y del procedimiento construye prácticamente "el tema"); ‘La sueñera’, de Ana María Shua (juegos nada inocentes con la palabra, donde su soberanía lo confunde todo); ‘La rompiente’, de Reina Roffé (la historia que nunca podrá, realmente, ser contada)".
Han venido a sumarse desde entonces tantos y tantos otros libros que siguen dibujando esa cartografía interior: los de poemas de Diana Bellessi, de María Negroni, de Laura Klein; los textos de Griselda Gambaro; numerosos relatos y novelas (de la misma Tununa Mercado, de Rosalba Campra, de Luisa Valenzuela, de Liliana Heer, de Perla Suez). Seguramente en aquella nota, y aun ahora, omito, por injusto olvido, algunos nombres, pero este conjunto me parece suficientemente representativo de lo que estoy tratando de entender, que no es una antología literaria más o menos reciente, sino un proceso de vinculación muy íntima entre política y literatura, entre feminidad e historia.
Como decía, en estilos diferentes, con voces diferentes, con pertenencias políticas ciertamente diferentes, nuestras escritoras trabajan sobre una herencia y un destino comunes. Tal vez el significante que más las vincula, la memoria, represente el núcleo conceptual, ideológico y simbólico alrededor del cual giran muchas de las vicisitudes de esta trama. Un núcleo que, además, parece bien asentado en lo femenino. Depositarias, diría antropológicas, de la memoria (porque son las que engendran, porque son las que alimentan y guardan el fuego, las que continúan la especie, las que quedan cuando casi nada queda), las mujeres estarían destinadas a cumplir, entre muchos otros, este papel. La memoria, entonces, se presenta como su patrimonio: ese ejercicio de salvación y de conservación de restos, fragmentos del pasado, de recuperación de vivencias, de figuras, en un señalamiento inapelable de responsabilidades. La memoria como lo que se rescata en la lucha, para asegurar una permanencia sin la cual nada nuevo puede siquiera empezar a construirse.
La memoria, pues, cual lo incanjeablemente femenino. Porque, para volver al principio de la reflexión, debería recordar que, como tan bien ha señalado alguna vez Charles P. Segal, conocido estudioso del mundo antiguo, "el conflicto entre Creonte y Antígona no solamente opone la ciudad a la casa, también opone el hombre a la mujer. Creonte identifica su autoridad política con su identidad sexual". Y el propio Steiner agrega en ‘Les Antigones’: "En última instancia, se trata entonces de un conflicto entre las concepciones masculinas y las femeninas, entre la manera como cada sexo conduce la vida humana, conflicto hecho, como ningún otro, de semejanzas paradójicas y de contradicciones implacables. Antígona habla, casi literalmente, "a partir de la matriz", desde un punto central atemporal de impulsión carnal y de intimidad con la muerte". Y es, me parece, desde ese centro que la madre siente la necesidad de hacer entender a los otros el valor de los gestos, de las actitudes, de las palabras y, sobre todo, de la vida.
24 de junio de 2011
23 de junio de 2011
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la construcción de la memoria


Procesos de subjetivación y horizontes de legitimidad. La clase dominante elabora la memoria colectiva, y de este modo se transmiten las tradiciones y los mandatos. En tanto, las luchas sociales producen cambios en la ley, que promueven transformaciones en las condiciones de subjetivación.
[Analía Buzaglo y Laura Capella] Argentina. Queremos tomar un aspecto que nos parece fundamental en la polémica con ciertos defensores de un psicoanálisis a histórico, al argumentar que tomar enfoques que consideren lo que se ha dado en llamar memoria social o colectiva tendría que ver con la idea de la existencia de un inconsciente colectivo, lo cual sería una falsedad desde el punto de vista psicoanalítico.
De ninguna manera consideramos que exista un inconsciente colectivo, sino que entendemos que la Memoria Colectiva, en el sentido en que Maurice Halbwachs (1950) la toma desde lo filosófico, bien podemos considerarla desde el concepto de discurso según la teoría lacaniana.
Para Halbwachs no hay dos memorias --la individual y la social - sino una sola y ésta resulta de una articulación social. Este autor sostiene que en cada sociedad la clase dominante genera una memoria colectiva que constituye el soporte de la memoria colectiva de toda la sociedad.
Considera también que la memoria depende del lenguaje y esto implica la prueba de que se recuerda por medio de constructos sociales, pues el lenguaje no se puede concebir sino en el seno de una sociedad.
Por otro lado, esta concepción de memoria podemos vincularla con el concepto marxista de que: "Las ideas dominantes en cualquier época no han sido nunca más que las ideas de la clase dominante" (Marx Engels, 1848). A su vez esta concepción de ideología, para el marxismo, podemos relacionarla con la del Discurso Amo, en tanto también definición del inconsciente y del sujeto. Es desde esta concepción que consideramos se transmiten las tradiciones, los temores, los prejuicios, la idea de lo prohibido y permitido, los mandatos familiares y sociales, es desde esta concepción que podemos decir que somos hablados.
Consideramos, entonces, la dimensión socio histórica en la constitución subjetiva y en la producción de subjetividad. En relación a esto último que lo vinculamos a la idea de una "cura a aportar, ya no a tal o cual, sino a la cultura y su malestar" (Lacan; 1960).
Las históricas luchas sociales han introducidos e intentan producir importantes cambios en la ley positiva, tales como la Ley de Expropiación, la Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes --que modifica la anterior del patronato de la infancia -, la Ley de Protección contra la violencia familiar, la Ley de matrimonio igualitario, la ley de Salud Mental, entre otras.
Estos cambios, a su vez, promueven profundas, aunque lentas, transformaciones en las condiciones de subjetivación; por lo que la continuidad de las luchas sociales es indispensable, tanto para la apropiación de esos cambios por los mismos protagonistas, cuanto para la asunción de éstos por la sociedad en su conjunto. Lo cual expresa la diferencia entre lo que se considera lo legal y lo legítimo. En ese sentido es que hablamos de horizontes de legitimación en tanto posibilidad y no como certeza.
El psicoanálisis piensa al colectivo social y al sujeto constituidos a partir de "una fractura incurable y sin solución" (cita de Jorge Alemán, 2009). Justamente, esa falta de plenitud lograda para el colectivo social lejos de ser considerada un déficit es lo que permite pensar en una transformación imprevisible, siempre pendiente.
Por otra parte: "La dislocación entre lo real y la realidad puede dar lugar a un antagonismo, pero sólo si éste se construye, si se inventa; nunca viene de manera inmanente, garantizado. Tampoco está garantizado que ese antagonismo, en el caso de que emerja, tenga per se una orientación emancipatoria. Todo eso exige la presencia de lo que llamamos lo político, la presencia de la construcción política" (también tomado de Jorge Alemán; cita de 2011).
El discurso psicoanalítico, como reverso del discurso del amo, propone la producción de un nuevo discurso amo, menos "tonto", que produzca menos sufrimiento. En palabras de Alemán: "La única manera que, pienso, puede advertirnos del contragolpe inevitable de la hostilidad de la ley que nosotros mismos hemos fundado es aceptar, tal y como Lacan propuso en su lectura de Antígona de Sófocles, que una experiencia ética requiere siempre, por lo menos en su matriz, responder a una instancia que nos demanda algo excesivo; algo que nos supera".
[Las autoras son psicólogas. Fragmento del trabajo ‘Procesos de subjetivación y horizontes de legitimidad’, presentado en el III Congreso Argentino Latinoamericano de Derechos Humanos: ‘Repensar la Universidad en la diversidad latinoamericana’, realizado en Rosario.]
24 de junio de 2011
23 de junio de 2011
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hay guerra en libia


Te pongas como te pongas, en Libia hay una guerra. El gobierno de Obama, tratando de eludir la Ley de Poderes de Guerra, ha torcido el significado mismo de la palabra ‘guerra’. Según el presidente, si no hay bajas estadounidenses, no es guerra. Es otra cosa.
[Jonathan Schell] El gobierno de Obama ha ofrecido una extraordinaria justificación para iniciar su guerra contra Libia sin la aprobación del Congreso que exige la Constitución y la Ley de Poderes de Guerra de 1973.
Aviones de guerra norteamericanos despegan, invaden el espacio aéreo libio, localizan sus blancos, dejan caer sus bombas, que están matando e hiriendo a civiles y destruyendo cosas. Uno la puede considerar una guerra buena o mala, pero ciertamente es una guerra.
Sin embargo, el gobierno de Obama insiste en que no es una guerra. ¿Por qué? Porque de acuerdo a ‘Las actividades de Estados Unidos en Libia’, un informe de 32 páginas escrito por el gobierno y dado a conocer la semana pasada, "las operaciones estadounidenses no incluyen ninguna lucha sostenida ni intercambios activos de fuego con fuerzas militares hostiles, ni implican la presencia de tropas estadounidenses en suelo libio, ni hay bajas estadounidenses ni existe ninguna amenaza seria contra Estados Unidos ni ninguna posibilidad de una escalada en un conflicto caracterizado por esos factores."
En otras palabras, el balance de fuerzas está tan inclinado a favor de Estados Unidos que no hay ningún estadounidenses muriendo ni existe ninguna amenaza a su vida. Parece que la guerra se define como guerra cuando mueren estadounidenses -cuando morimos nosotros. Cuando mueren sólo ellos -los libios-, entonces es otra cosa que todavía no tiene nombre.
Esta manera de pensar no puede sino ser clasificada como extraña y depende, a su vez, de un hecho extraño: que, en nuestros días, en realidad es posible, por primera vez en la historia, que algunos países libren una guerra sin sufrir ni un rasguño. Esto casi se logró cuando se bombardeó Serbia en 1999, cuando sólo se perdió un avión de guerra norteamericano (el piloto fue rescatado).
El epítome de esta nueva guerra es el avión no tripulado Predator, que se ha convertido en el emblema del gobierno de Obama. Sus operadores humanos pueden estar sentados en la Base de la Fuerza Aérea de Creech en Nevada, o en Langley, Virginia, mientras los aviones sobrevuelan Afganistán, Pakistán, Yemen o Libia, arrojando destrucción desde el aire. Una guerra librada en estas condiciones no implica bajas para quienes la hacen porque ninguno de sus soldados está cerca del campo de batalla -si esta es en realidad la palabra correcta para describir lo que está ocurriendo.
De este extraño modo de pensar se derivan igualmente extrañas conclusiones, y estos extraños hechos. En el antiguo orden de cosas, un ataque contra un país era simplemente un acto de guerra. Ahora el gobierno de Obama dice que si el enemigo no puede responder, no hay guerra.
De lo que se sigue que los rivales de Estados Unidos ahora tienen un nuevo motivo para que, aunque no puedan compararse con nosotros, al menos nos provoquen algún daño. Sólo entonces podrán tener derecho a las protecciones legales (que las hay) de las guerras autorizadas. Sin eso, están a merced de los caprichos del presidente.
La Ley de Poderes de Guerra permite que el presidente inicie operaciones militares sólo cuando el país es atacado directamente, cuando hay "una emergencia nacional creada por un ataque contra Estados Unidos, sus territorios o posesiones, o contra sus fuerzas armadas". Sin embargo, el gobierno de Obama justifica sus acciones en el caso de la intervención en Libia precisamente sobre la base de que no hay ninguna amenaza para las fuerzas invasoras, mucho menos para el territorio nacional".
Hay un paralelo aquí con el gobierno de George W. Bush sobre el tema de la tortura (aunque no, obviamente, un paralelo entre la guerra misma, a la que me opongo pero cuyos méritos podrían debatirse razonablemente, y la tortura, que es completamente injustificable). El presidente Bush quería que la tortura que quería que se aplicara no fuera considerada tortura, así que pidió a los abogados del Ministerio de Justicia que escribieran justificaciones que sonasen legales para excluir ciertas formas de tortura, tales como el submarino, de la definición de la palabra. Esas prácticas se llamaron entonces "técnicas mejoradas de interrogatorio".
Ahora Obama quiere que su guerra en Libia no sea una guerra, de modo que se las ha ingeniado para definir un cierto tipo de guerra -en la que no hay bajas estadounidenses- no como guerra (aunque sin el apoyo total de sus propios abogados). Junto con Libia, también está atacando a una buena palabra inglesa: guerra.
En estas operaciones semánticas del poder sobre el lenguaje, se separa una palabra de su significado aceptado comúnmente. Los significados de las palabras son uno de los pocos denominadores comunes que comparten las comunidades. Cuando se pone en duda la significación aceptada de las palabras, nadie puede usar las palabras en cuestión sin provocar debates espurios, como ocurrió con la palabra ‘tortura’.
Ningún eufemismo para ‘guerra’ ha logrado imponerse, aunque poco después de iniciar sus ataques contra Libia, un funcionario de gobierno propuso la frase "acción militar kinésica", y, más recientemente, en ese informe de 32 páginas, el término preferido fue "operaciones militares limitadas".
¿Cómo logró el gobierno meterse en semejante camisa de fuerza? En una entrevista con el New York Times, el asesor jurídico del Departamento de Estado, Harold Koh arrojó algo de luz sobre el asunto. Muchos administradores y legisladores se han mostrado en desacuerdo con la Ley de Poderes de Guerra, diciendo que pone en entredicho los poderes inherentes de la presidencia. Otros, tales como el vicefiscal adjunto John Yoo, han argumentado que la clara formulación de la Constitución de que el Congreso "debe declarar la guerra" no significa lo que la mayoría de los lectores piensa, dando al presidente luz verde para declarar guerras de todo tipo.
Koh se ha opuesto durante largo tiempo a estas interpretaciones y de cierto modo, incluso ahora, sigue siendo consistente. Hablando a nombre del gobierno, todavía sostiene la atribución del Congreso para declarar guerra y la constitucionalidad de la Ley de Poderes de Guerra. "No estamos diciendo que el presidente pueda llevar al país a la guerra por su propia cuenta", dijo al Times. "No estamos diciendo que la Resolución de Poderes de Guerra sea inconstitucional o que debería ser derogada o que debemos negarnos a consultar con el Congreso. Estamos diciendo que la naturaleza limitada de esta misión en particular no es del tipo de ‘hostilidades’ implicadas en la Resolución de Poderes de Guerra."
Así, en una curiosa manera, el deseo de evitar poner en discusión una ley existente ha obligado a atacar al diccionario. Para que el gobierno pudiera iniciar una guerra sin ninguna forma de aprobación parlamentaria, tenía que desafiar o la ley o el inglés.
Prefirió atacar el inglés.
[El autor es miembro del Nation Institute y catedrático de la Universidad de Yale. Es autor de varios libros, incluyendo ‘The Unconquerable World: Power, Nonviolence, and the Will of the People.’]
23 de junio de 2011
21 de junio de 2011
©los angeles times
cc traducción mQh

revolución anticapitalista


Los condenados de la tierra no quieren seguir viviendo como antes y los ricos comienzan a percibir que no podrán seguir dominando como antes. Ojalá.
[Atilio A. Boron] En un pasaje memorable del ‘Manifiesto Comunista’ Marx y Engels sostienen que con su ascenso la burguesía desgarró impiadosamente el velo ideológico que impedía que hombres y mujeres percibieran la verdadera naturaleza de sus relaciones sociales ahogando "el sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta".
La actual crisis del capitalismo y las crecientes protestas y movilizaciones populares en contra de las políticas de ajuste promovidas por el FMI, el BM y el Banco Central Europeo corrobora que las palabras del Manifiesto son de una fuerza profética incomparable. La nueva crisis general del capitalismo ha sumergido las ilusiones fomentadas por los mentores y beneficiarios de la democracia liberal "en las aguas heladas del cálculo egoísta". Como decía una de las pancartas enarboladas en la Puerta del Sol de Madrid "esto no es una crisis, es una estafa". Y de la mano de ese doloroso descubrimiento iba otro: la estafa no sólo se ejecutaba en el terreno económico. No menor era el fraude montado en el ámbito político al haber inducido al grueso de la población a creer que la sórdida e inescrupulosa plutocracia bajo cuya férula se desenvolvían sus vidas era una democracia. Por eso las quejas y reclamos exigiendo una "real democracia ya", una "democracia verdadera" que reemplace a la pseudodemocracia cuyo interés excluyente es la preservación de la riqueza de los ricos y el poderío de los poderosos.
La crisis tuvo por efecto hacer consciente a los pueblos del mundo desarrollado que tanto ellos como nosotros en el Sur global somos víctimas de un sistema que, habiéndose despojado de los ropajes que ayer disimulaban su verdadera naturaleza, somete a unos y otros a "una explotación abierta, descarada, directa y brutal". Y que lo que llaman democracia es en realidad la dictadura de la oligarquía financiera, que como lo recordaba el Che en la Conferencia de Punta del Este, es incompatible con la democracia.
Días atrás el Financial Times de Londres hizo público un informe sobre las remuneraciones que percibían los máximos ejecutivos de las más grandes empresas. La nota decía que "en lo que respecta a los banqueros la era de la contención (salarial) ha terminado". En 2010, mientras el mundo continuaba su caída libre hacia el desempleo de masas, las ejecuciones hipotecarias y el empobrecimiento generalizado de la población, la "retribución media de los máximos responsables de los 15 mayores bancos europeos y estadounidenses aumentó un 36 por ciento, hasta (alcanzar una media anual de) 9,7 millones de dólares". En España, conmovida hasta sus cimientos por la oleada de manifestaciones de los "indignados", el presidente del BBVA, Francisco González, se conforma con ganar unos 8.000.000 de dólares al año mientras que su colega del Banco Santander, el más importante de España, fue más ambicioso y calmó su ansiedad al ver recompensado sus esfuerzos en pro de sus ahorristas con trece millones de dólares.
Ante esta situación cabe preguntarse por el destino de estas orgullosas y arrogantes pseudo democracias, desmitificadas al calor de una crisis que demostró que son fraudulentos regímenes políticos puestos al servicio de las oligarquías y la opresión de los pueblos. ¿Serán estas protestas y movilizaciones el precipitante de una revolución anticapitalista? Difícil de saber, aunque parece ser cierto que "los de abajo no quieren y los de arriba no pueden seguir viviendo como antes", para usar la clásica formulación de Lenin.
Las protestas que hoy conmueven a Europa tal vez puedan ser la antesala de una revolución anticapitalista, pero ésta es un proceso, no un acto. La lucha de clases y la resistencia al imperialismo y sus "perros guardianes" en el sistema financiero mundial (el FMI, el BM, el BCE) pueden hacer que lo que al principio comenzó como una protesta contra el desempleo, la reducción salarial y los recortes en las prestaciones sociales terminen siendo el motor que impulse una hasta hace poco improbable e imprevisible revolución en el corazón del capitalismo desarrollado. Es demasiado pronto para saber, Pero lo que sí sabemos es que de ahora en más las cosas serán distintas: que los condenados de la tierra no quieren seguir viviendo como antes y los ricos comienzan a percibir que no podrán seguir dominando como antes. Son condiciones necesarias –si bien no suficientes– de una revolución, lo cual no es poca cosa.
[* El autor es director del PLED del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.]
22 de junio de 2011
21 de junio de 2011
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